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Las ultimas horas.

[ILUSTRACION OMITIR]

Podemos apreciar el testimonio de Jose Maria Salazar como extraordinariamente valioso. Nadie conocio tan bien a Morelos en la profundidad de su persona, plenamente consciente a las puertas de la muerte. A ninguno de los jueces de la Jurisdiccion Unida ni de la Inquisicion, ni de la Capitania General, les revelo su conciencia, como al franciscano. Y aunque el sigilo sacramental le impidio contar todo lo que supo, no poco puede colegirse por el estado de animo de Morelos y sus comentarios fuera de confesion, asi como de lo que sabemos de su vida por otra gran cantidad de fuentes. La humanidad de Morelos, las certezas de su fe cristiana y las incertidumbres de su condicion mortal tuvieron en el padre Salazar no solo un confidente, sino un hermano que se compadecia de su suerte y compartia sus angustias. Y desde luego, a pesar de la igualdad que impone la muerte, Salazar tenia presente que aquel reo era un hombre fuera de lo comun, que toda una nacion lo admiraba y ofrecia innumerables sufragios por su entrada definitiva en la gloria.

--Carlos Herrejon

Ya no volvi a ver al senor Morelos hasta el otro dia que lo degradaron, pues a las dos de la tarde que se acabo dicha degradacion, se lo entregaron a Concha, quien lo llevo a la Ciudadela. (1) Al otro dia temprano fui yo a visitarlo y consolarlo. Nada dire de esa degradacion porque no lo vi, ni quise saber cosa alguna, porque me fue muy sensible. Tampoco dire cosa alguna de la ida a los Llanos de Apam, donde se emboscaron en Tortolitas, para atacar a la division. En fin entro en Apam: y alli fue orden del virrey que se quedase de comandante general. No le parecio bien, sino que dejo al senor Bustamante (entonces capitan de San Luis, y Concha ya era coronel tambien de San Luis) en el mismo desamparo, y se vino a San Juan Teotihuacan. Desde aqui empezo a impetrar licencia del virrey, que entraria a contestar y enhorabuena se volveria a Apam; de facto, concedida la licencia, entro otra vez su division a Mexico.

En cuanto la division despues de Tortolitas volvio a entrar a Mexico, (2) yo (el padre Salazar o sea capellan) me volvi luego a ver al senor Morelos; ya me encontre que el senor doctor Guerra (3) y el padre Vidal le estaban dando ejercicios, sin embargo yo continue dando la misa todos los dias temprano. El senor Concha, me parece que volvio a entender en la causa, como que se juzgaba militarmente.

Mas un dia (4) me dijo el senor Concha, en el cuartel que estaba en el meson de Las Animas: "Cuando vaya usted a decir misa a la Ciudadela, no la diga hasta que yo vaya."

Luego entre en cuidado; con efecto, aun estaba yo en el cuerpo de guardia con el oficial, cuando vino un soldado asustado y me dijo: "El senor comandante, que vaya usted pronto al calabozo de Morelos, que ya esta alli."

Fui inmediatamente, ya estaba el senor Morelos hincado; le estaban leyendo ya la sentencia; estaba parado alli el senor Concha y otros dos, no militares, en medio del cuarto. !Cual seria aqui mi sorpresa, pues crei fuese deguello! Pero no paso este acto mas que de encapillarlo desde esa hora, mas como el senor Morelos dijo que si no podia alegar, etcetera. Dijole entonces el senor Concha: "No, no hay mas que tres dias, contados desde hoy. Usted puede hacer, si quiere, lo que hizo Matamoros en Valladolid; puede usted escribir para ver si algunos se indultan. Ahi esta el padre capellan, pidale usted papel, tinta y lo que necesite."

Salida aquella comitiva, dije al senor Morelos: "Corto es el tiempo para escribir y perder el negocio propio; sin embargo, no tardan en llegar el padre Vidal y el doctor Guerra, consuelese usted con ellos, y ahi estoy con el oficial de guardia." Con efecto, me mando pedir tres pliegos de papel y un tintero; y me fui al meson de Las Animas, que estaba hecho cuartel; mas como en la noche vi que se disponian para salir, fui y dije a Concha: "Parece que la division va a salir, yo no salgo; no cuente usted conmigo, estoy malo." "Bien, bien", me dijo.

A las cuatro de la manana se fueron a la Ciudadela, desde donde empezo a mandarme soldados, diciendome que me aguardaba en la Ciudadela, que fuese pronto. Mas yo solo respondia: "Diganle que ya le dije anoche que no salgo." Hasta que fue el ayudante muy apurado: "Esta aquel hombre desesperado." "Esta bien", dije.

Ya estaba en la Ciudadela un coche con cortinas, y la division formada para marchar. En cuanto el comandante me diviso, que venia con el ayudante, mando sacar a Morelos en brazos, porque tenia grillos, como en todo el tiempo que estuvo en la Ciudadela, y saliendome al encuentro, me dijo: "Entre usted y digale algo, porque ya lo van a llevar." Yo muy apurado le decia: "?Que es esto? ?No le dijo usted ayer que tres dias?" "No, no, ahora mismo, aqui mismo; entre usted al coche."

Con que conflicto, lastima y susto entre al coche, donde ibamos tres: el senor Morelos, un oficial y yo. Empezo la marcha a las cinco y media de la manana, vino por la Ex Acordada, San Diego, Mariscala, hacia Los Angeles, Santiago, calzada de la Villa de Guadalupe, hasta el Pocito, que paro el coche, y aqui fue susto, porque por fuera, y todos los que veian una division de camino y un coche, no sabian, y aun ni lo presumian, que alli fuese el senor Morelos; pero dentro del coche, todo era afliccion, rezo y sobresalto, como de facto fue grande, cuando paro el coche. Mas preguntando al soldado por que paro, dijo: "Porque el comandante esta platicando muy largo con el oficial que esta en la garita y no sabemos el camino que hemos de tomar."

Ni esos piquetes de soldados que habia en Peralvillo y garita de Nuestra Senora, ni aun el oficial con quien contesto Concha, sabian, ni supieron lo que iba dentro del coche, hasta que vino de oficio la ejecucion.

Saliendo de la Villa de Guadalupe, ya, el que esto escribe creyo u opino que ibamos a hacer noche a San Juan Teotihuacan, y los tres dias de capilla se cumplian en Tortolitas. Mas no fue asi, sino que a las once del dia llego y empezo a entrar la division al fuerte que habia en el palacio en que antes recibian a los virreyes; habia foso, contrafoso y puentes levadizos. En fin, parando el coche para entrar a dicho fuerte, salio el padre Salazar del coche deseoso de tomar algo, pues se habia estado (y estuvo hasta las tres y media) en ayunas; luego al brincar del coche, le salio al encuentro Concha y le dijo: "?Donde va usted?" "A tomar algo, que ya no aguanto." "Despues tomara usted lo que quiera; no lo deje usted, pues, ya, ya, y aqui lo van a fusilar."

Ya me contuve confuso, y mas afligido de lo que venia en el coche.

Sacaron al senor Morelos en brazos, y nos metieron en una pieza del zaguan, que sin duda seria antes del portero, bien ahumada, sucia y con montoncitos de paja y cebada; pues alli metieron dos sillas de tule, que en una se sento el senor Morelos y en otra yo, a rezar, a afligirse y a aguardar la hora, que no llego hasta las tres y cuarto, habiendo llegado, como dije, a las once.

Mas conviene refiera yo lo que paso de once a tres y media: solos, afligidos y rezando lo que sabiamos de memoria, porque no teniamos libros, ni Santo Cristo, ni prevencion alguna. El comandante Concha arriba, poniendo sus partes, como hecho todo, y sus oficios, al cura de San Cristobal para que viniese, preparase sepulcro y trajese ataud e indios, etcetera. Y asi nosotros solos, como dije. A eso de las once entro un soldado: "Padre ahi esta un senor cura que pasa de camino, que si quiere usted que entre." Morelos: "Si quiero, que venga, que no se dilate, si nos hace favor." Entro el cura, los deje solos; pero muy presto salio diciendome: "No quiere que le diga nada."

En fin, conoci que a dicho senor cura solo le trajo la curiosidad de conocerlo, y estaba violento por seguir su camino; se fue, y entre yo a seguir. Con efecto, entre a continuar, y mejor, admirar y consolarme por su buena disposicion, conformidad y resignacion con la voluntad de Dios, pues en medio de su mucha sequedad, al parecer; pues parecia que nada pensaba, y en aquel apuro en que estaba no se le daba nada, que de palabras era sumamente callado, que ninguna cosa proferia con extremo, a que todos vieran su arrepentimiento. Me dijo [Morelos] como antes, y entonces con mas expresion: "Padre capellan, Dios hace de sus criaturas lo que le place, las llama por el camino que quiere; conozco que su majestad me llama por este camino para salvarme, no desconfio un punto de su gran misericordia, se que por medio o virtud del sacramento me perdonara mis pecados; pero la penitencia para satisfacer a la Divina Misericordia ha de ser por trabajos, obras meritorias o penas en el purgatorio; y asi a estas les temo, y quisiera la vida para padecer, hacer penitencia y librarme de estas penas del purgatorio que tanto temo. Por tanto, padre capellan, aguardo que usted me ayude: suplico a usted que cuando conozca que han de estar algun tiempo en un lugar, me aplique las misas que llaman de san Gregorio, son treinta; han de ser seguidas y dichas por un mismo sacerdote. Tenga usted esto que me ha quedado; si mas tuviera, mas daria a usted." Me dio una bolsita de seda colorada con dos onzas.

Como a las tres vino el senor cura de San Cristobal, (5) su vicario, los indios con el ataud, etcetera; pero como subiesen a verse con Concha, este ya se bajo con los padres, y anduvo ya dando sus ordenes y viendo formar la tropa de el y la de aquel fuerte, y ya formada, entro donde estabamos y le dijo: "Senor cura, aqui le traigo a usted al senor cura de San Cristobal y a su vicario, por si quiere usted servirse de ellos." El Senor Morelos se volvio a mi y me dijo: "Padre capellan, no me desampare usted." A lo que yo le respondi: "Que le digan a usted algo, al fin traen libros, Cristo y todo lo que nosotros no tenemos." Lo animaron y les dijo: "Ayudenme y vamos rezando los salmos penitenciales."

Y con efecto luego se hincaron adelante del senor Morelos, que estaba sentado y con grillos. Yo me sali un poco y como vi que ya entraban a sacarlo, llevando en las manos los portafusiles, detras de ellos me entre, y luego que el senor Morelos me vio (los padres aun permanecian hincados), me dijo: "Padre capellan, ?me reconcilia usted?" Saliendose todos y se reconcilio.

A estos movimientos ya entraron de nuevo los soldados y empezaban a ponerle los portafusiles en las manos, y dije al senor Morelos: "?Quiere usted quitarse el capingon?" (6) Y dijo: "Si, me lo quitare." Se lo quito, se zafo el panuelo blanco que tenia en la cabeza; y sacando su montera negra, se la puso y empezo a doblar dicho panuelo, y el mismo se lo estuvo acomodando a los ojos, y comenzo a andar y yo a exhortarlo.

La estacion no fue larga; pero como iba engrillado, nos detuvimos algo y al salir fue refiriendo con fervor cuanto yo le iba diciendo; mas a media estacion se cayo, y me hizo pensar que se iba privando. Un soldado lo fue sopesando o deteniendolo por la espalda. Me desengane que no iba privado, pues cuando el oficial que mando a los que le tiraron, arrastro la espada diciendo: "Hinquelo ahi." El en voz clara dijo: "?Aqui me he de hincar?" A lo que yo segui: "Si aqui, aqui haga usted cuenta que fue el lugar en que Jesucristo redimio su alma, etcetera."

Los soldados que le tiraron todos apuntaron a la espalda, y echandole al suelo de cara, se medio volteo hacia un lado, quejandose en voz fuerte; entraron a tirarle otros cuatro, y como todos le tiraban con respeto y dolor, uno al jalar el gatillo, se le fue el fusil y descargo en la pierna, que le quemo una parte del pantalon. En fin, estuve auxiliando hasta que conoci que era cadaver. Pedi que me trajese el capingon que se habia quitado, y soldados que me ayudasen a quitarle los grillos y acomodarlo en el ataud. Los comandantes me mandaron decir que aguardase a que las tropas pasasen volteando hacia el cadaver; lo que verificado y auxiliado de diez hombres que me mandaron, quite los grillos al cadaver, el capingon lo acomode por mortaja, su banda colorada por cuerda, su montera negra en la cara y cabeza, y acomodado ya de este modo en el ataud, pregunte: "?Donde esta el senor cura?" "Esta --me dijeron--alla arriba con el comandante." "Pues que le avisen." Con efecto, luego vino un piquete de soldados; estaban alli ya los indios, cargaron y se fueron a enterrarlo al pueblo de San Cristobal.

El testimonio completo del padre Jose Maria Salazar puede leerse en "Relacion de fray Jose Maria Salazar sobre la prision y el suplido de Morelos ", compilado en El caudillo del sur: forjador de la nacion mexicana (Secretaria de Investigacion y Estudios Avanzados/Universidad Autonoma del Estado de Mexico, 2015), coordinado por Jorge Olvera Garcia, Rene Garcia Castro y Ana Lidia Garcia Pena.

FRAY JOSE MARIA SALAZAR, sacerdote franciscano de la provincia de San Diego. Desde 1810 a 1815 estuvo al frente del convento de San Antonio en Sultepec. Fue capellan de la tropa del comandante Manuel de la Concha y ultimo confidente de Morelos antes de su ejecucion.

(1) Lunes 27 de noviembre de 1815. (Todas las notas son de Carlos Herrejon.)

(2) Principios de diciembre.

(3) Jose Francisco Guerra.

(4) 20 de diciembre.

(5) Jose Miguel de Ayala.

(6) Capa pequena.
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Title Annotation:Jose Maria Morelos antes de su fusilamiento
Author:Salazar, Jose Maria
Publication:Letras Libres
Date:Dec 1, 2015
Words:2568
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