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Las paradojas del autoritarismo: ejercito, campesinado y etnicidad en el Peru, siglos XIX al XX.

The paradoxes of authoritarianism: army, peasants, and ethnicity in Peru, from XIX to XX centuries

Resumen

Partiendo de procesos politicos recientes en el Peru, que incluyen una guerra civil y la emergencia de un movimiento militarista pro-indigena y ultranacionalista, este ensayo examina la relacion historica entre campesinado y ejercito durante los siglos XIX al XXI. Se especula sobre los cambios producidos con el transito de un ejercito caudillista en el siglo XIX a un ejercito profesional en el XX. El ensayo cuestiona la expandida idea de que la sierra rural y sus habitantes estuvieron excluidos de la vida nacional y de la ciudadania "desde siempre" y postula que la participacion campesina en las guerras civiles del siglo XIX fue un canal de insercion del campesinado en la politica nacional, promoviendo una forma incipiente de conciencia ciudadana. Pero a medida que el ejercito se profesionaliza, la relacion entre instituciones armadas y campesinado se hace mas jerarquica y vertical. Este proceso es paralelo a la consolidacion de los primeros regimenes civiles constitucionales del siglo XX, en los que paradojicamente la exclusion del campesinado se acrecienta. En ultima instancia, fueron las dictaduras (civiles y militares) las que hicieron mayor eco que los gobiernos democraticos constitucionales de los intereses del campesinado.

Palabras clave: ejercito, militares, campesinado, indigenismo, etnicidad, ciudadania, autoritarismo, profesionalizacion, guerra civil

Abstract

Inspired by recent political processes in Peru that include a civil war and the emergence of a militaristic and ultranationalist pro-indigenous political movement, this essay examines the historical relationship between the peasantry and the army from the nineteenth to the twenty-first centuries. It speculates on the changes that the transition from a caudillista army in the nineteenth century to a professional army in the twentieth century brought about. The essay questions the widespread idea that the rural highlands and their inhabitants were excluded from the national life and citizenship "for ever" and contends that peasant participation in the civil wars of the nineteenth century was a channel for insertion of the peasantry into national politics and fostered an incipient form of citizenship consciousness. Yet, as the army professionalized, the relationship between the armed institutions and the peasantry became increasingly more hierarchical and vertical. This process was parallel to the consolidation of the first constitutional civilian regimes of the twentieth century, in which, paradoxically, the exclusion of the peasantry became more severe. In the final instance, it was the dictatorships (both civilian and military) those to be more receptive than the constitutional democracies to the interests of the peasantry.

Keywords: army, militaries, peasantry, indigenismo, ethnicity, citizenship, authoritarianism, professionalization, civil war.

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"Este texto es un ensayo, genero en el que se prescinde del aparato critico para proponer de manera directa una interpretacion. Escrito desde una circunstancia particular y sin temor por los juicios de valor, el ensayo es muchas veces arbitrario, pero en su defensa cabria decir que no busca establecer verdades definitivas o conseguir la unanimidad; por el contrario, su eficacia queda supeditada a la discusion que pueda suscitar. Es un texto que reclama no lectores -asumiendo la connotacion pasiva del termino- sino interlocutores; debe, por eso mismo, sorprender y hasta incomodar. El riesgo que pende siempre sobre el ensayista es el de exagerar ciertos aspectos, y por consiguiente omitir matices, pasando por alto ese terreno que siempre media entre los extremos: los claroscuros que componen cualquier cuadro".

Alberto Flores-Galindo, La Tradicion Autoritaria

El ejercito es no solo la mas antigua de las tres ramas que conforman las fuerzas armadas en el Peru, sino que es la institucion estatal que ha estado historicamente mas vinculada al campesinado. Los campesinos andinos constituyeron la columna vertebral de los ejercitos caudillistas del siglo XIX y siguieron siendo la principal fuente de soldados y reclutas a lo largo del veinte. Asimismo, es en los poblados rurales donde los militares de un ejercito mas moderno han sido destacados innumerables veces a servir. La relacion entre militares y campesinos es central en cualquier intento de entender la historia politica del Peru, la naturaleza de su estado y sus tensiones sociales y etnicas. ?Por que entonces no contamos con un estudio integral que de cuenta de ella?

Una primera explicacion es la compartimentalizacion de los campos de conocimiento. Sociedad rural, sociedad civil, militares, Estado y etnicidad se han estudiado como temas separados mas que de manera interrelacionada, pese a que la division entre sociedad civil y militares, y entre sociedad civil y Estado, que hoy damos por sentada, no fue tal en tiempos anteriores a la profesionalizacion del ejercito y de endemica fragilidad estatal, como fue el siglo XIX. En segundo lugar, esta la expandida idea de que el campesinado indigena no paso de ser mudo espectador o carne de canon en los conflictos caudillistas del XIX, o bien que se mantuvo indiferente a los mismos (1). Si bien, contra estas tesis, los estudios pioneros de Nelson Manrique y Florencia Mallon de la decada del ochenta subrayaron el papel activo del campesinado peruano -a traves de la formacion de guerrillas- durante la guerra Chile (1879-1883), se trato de un conflicto externo, que fueron excepcionales en nuestra historia, y no de una guerra civil, que fue la norma. Hasta hoy, y al margen quiza del trabajo de Nils Jacobsen y Alejandro Diez Hurtado sobre la sierra norte en las postrimerias del siglo XIX y de nuestros propios estudios sobre la provincia de Huanta en las decadas del 1820 al 1840, la participacion del campesinado andino en las guerras caudillistas en el siglo XIX permanece sin ser explorada (2). Por su parte, los estudios sobre la participacion politica del campesinado en el Peru del siglo XX se enfocaron tradicionalmente en las llamadas "luchas campesinas", es decir, en una historia de "resistencia" o rebeliones anti-estatales que, o bien excluia a los militares, o los presentaba como el enemigo natural del campesinado. Finalmente, estudios de sintesis sobre el ejercito republicano, incluso los mas criticos, ponderados y sociologicamente orientados como los de Victor Villanueva, han soslayado a la sociedad rural (3).

La guerra interna que desangro al Peru en las decadas de los ochenta y noventa y su actual secuela politica, exigen replantear estos esquemas. En aquella coyuntura sucedio algo solo en apariencia paradojico: la mayor parte de campesinos, organizados en "rondas" y comites de autodefensa, en vez se alinearse con la insurgencia maoista de Sendero Luminoso, jugaron en ultima instancia un rol central en su derrota, de la mano con el ejercito. Una mirada retrospectiva sugiere que las alianzas militarcampesinas fueron igualmente decisivas en momentos anteriores de nuestra historia.

El proyecto: motivaciones y advertencias

Este ensayo sintetiza algunas hipotesis de un proyecto de investigacion que se propone estudiar la relacion historica entre los campesinos y el ejercito en el Peru desde los inicios de la republica hasta el presente. El proyecto tiene dos propositos fundamentales. Primero, calibrar el papel de los militares en la movilizacion politica del campesinado y su incorporacion a la politica nacional. Segundo, dilucidar la genesis y racionalidad de las ideologias autoritarias y militaristas que han dominado la escena politica peruana en las ultimas decadas, tanto desde el gobierno (i.e., Fujimori, Velasco), como desde la insurgencia (Sendero Luminoso, etnocacerismo). La investigacion se propone observar como el paso de un ejercito de caudillos, dependiente de montoneras y guerrillas en el siglo XIX, a un ejercito profesional con soldados y oficiales formados en escuelas militares en el siglo XX, afecta la relacion entre la sociedad rural, el Estado y la sociedad nacional. Uno de los factores que acompanan este transito es la creciente separacion entre sociedad civil y militares que hasta ese entonces era bastante porosa y que muchas veces se da por sentada. En un plano mas contemporaneo del analisis, proponemos que a partir del ultimo tercio del siglo XIX, los gobiernos militares y los regimenes civiles autoritarios en el Peru han tenido mayores iniciativas -- y un exito mayor-- que los gobiernos civiles constitucionales en implementar politicas estatales destinadas a favorecer al los sectores campesinos, es decir, incorporarlos a los beneficios del Estado y la ciudadania.

Como hipotesis preliminares de un proyecto en ciernes, las ideas que presento en este ensayo no pretenden ser definitivas; mi objetivo es darlas a conocer para estimular una discusion. Este es un texto, como diria Flores Galindo, que "reclama no lectores --asumiendo la connotacion pasiva del termino-- sino interlocutores; debe, por eso mismo, sorprender y hasta incomodar". "El riesgo que pende siempre sobre el ensayista" prosigue el historiador, "es el de exagerar ciertos aspectos, y por consiguiente omitir matices, pasando por alto ese terreno que siempre media entre los extremos: los claroscuros que componen cualquier cuadro" (Flores-Galindo 1999:23). Nos permitimos tomar ese riesgo en este espacio. Pero antes valgan unas precisiones adicionales sobre mis motivaciones para emprender esta investigacion.

En lo inmediato el tema me atrajo, como lo he afirmado en la presentacion del dossier, por la necesidad de explicar el surgimiento e impacto del llamado movimiento etnocacerista, un grupo ultra-nacionalista e indigenista de origen militar surgido paralelamente al colapso del regimen fujimorista en el ano 2000. A este interes se suman razones semiautobiograficas, a saber, mi creciente perplejidad respecto a la ausencia de estudios sobre el nacionalismo militar del velascato, o gobierno del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), periodo cuya memoria --si acaso se invoca-- sigue produciendo reacciones visceralmente negativas en la mayoria de sectores de la opinion publica, tanto de derecha como de izquierda. Para mi, sin embargo (como muchos de mi generacion), que vivi el periodo como nina escolar de clase media limena (y no como propietaria de una hacienda o diario expropiados, o una politica deportada) , Velasco fue el gobernante gracias a quien por primera vez escuche en television y radio, con relativa frecuencia, el quechua -- lengua vilipendiada y estigmatizada socialmente por su asociacion con los campesinos andinos y empleadas domesticas--; con este gesto el gobierno buscaba sembrar orgullo y borrar el estigma que se cierne (aun hoy) sobre esta lengua y, sobre todo, sobre quienes la hablan. Otra de las experiencias que marco mi percepcion del velascato fue cuando el gobierno militar, en un afan simbolico de cerrar las brechas sociales, hizo que todos los escolares vistieramos un uniforme unico, lo que no dejo de causar molestia entre quienes en mi colegio, religioso y particular, se ufanaban de sus uniformes verdes Markyknoll, que marcaban una diferencia con los de las "cholas" (la palabra es fuerte, pero asi se habla/hablaba y sentia), particularmente en los desfiles por fiestas patrias. Ahora todos seriamos iguales. Y esa igualdad incomodaba a muchos, pero como era disposicion del "gobierno revolucionario de la fuerza armada", habia que acatar. Sin embargo, el orden oligarquico ya en crisis, al que Velasco propino quiza el mas duro golpe de su historia, sobrevivio gracias en parte una faccion del propio ejercito, que derroco al enfermo general y luego se posesiono del gobierno. Una vez en el poder, empezo a desmantelar, una a una, sus reformas. Durante esta (eufemisticamente llamada) "segunda fase" del gobierno militar, se entrego el poder a los civiles, quienes en 1980 eligieron como presidente, ironicamente, al mismo gobernante a quien Velasco habia depuesto en 1968: Fernando Belaunde, representante de una clase alta que vivio de espaldas al pais real (y rural) y sus abismos sociales. A Belaunde le tocaria afrontar los primeros cinco anos de la insurgencia mas sanguinaria en la historia del pais y America Latina: Sendero Luminoso, cuya rebelion no fue solo contra su gobierno sino contra el sistema democratico en si mismo, como tan elocuentemente lo expreso su primer atentado terrorista: el bombardeo de un anfora de las elecciones presidenciales en un pequeno pueblo andino en 1980. Para consumar la ironia, se trataba de la primera eleccion presidencial del siglo XX en las que votaban los analfabetos. Belaunde, celebremente caricaturizado por la prensa como un anciano que vivia cegado por una nube que era una prolongacion de sus cejas de patriarca envejecido, culpo de los primeros atentados de su gobierno a la "infiltracion comunista extranjera". Cuando reparo que el enemigo anidaba en casa, delego el asunto a los militares, en especial a la infanteria de marina, quienes ante la imposibilidad de capturar al enemigo se dedicaron a arrasar aldeas y matar campesinos, desplegando una violencia que competia con la de Sendero, e inimaginable en los doce anos anteriores de gobierno militar. La historia sigue y toma otros giros, pero por el momento dejemosla aqui.

Cuando se observan en un contexto historico mayor los hechos que acabo de presentar de modo casi autobiografico, se entendera mejor por que la compleja relacion historica entre campesinos y militares, y entre militarismo y etnicidad, resulta un tema tan urgente como irresistible, en especial para quien ha estado trabajando ya por un largo tiempo la relacion entre el ejercito, el Estado y la sociedad rural en el temprano siglo XIX, cuando el pais vivia desangrado por guerras civiles. (4)

El Peru es, en efecto, un caso verdaderamente desconcertante en America Latina en cuanto a su sistema politico y la relacion que el ejercito ha establecido con las poblaciones indigenas y campesinas. Tres circunstancias historicas recientes lo hacen mas evidente. La primera es el ya mencionado gobierno del general Juan Velasco. Cuando en los anos sesenta y setenta la mayor parte de paises de America Latina estaba regida por dictaduras militares de derecha, altamente represivas, en el Peru el general Velasco Alvarado se enfrento a la oligarquia peruana y al imperio estadounidense con su politica de nacionalizaciones y su legislacion pro-campesina. Velasco emprendio una reforma agraria radical, oficializo el quechua, e hizo del rebelde Inca Tupac Amaru II, ejecutado en 1781 por los espanoles tras liderar una masiva rebelion contra el orden colonial --hasta entonces personaje marginal en los textos escolares--, un icono oficial del gobierno militar.

Un segundo pacto "militar-campesino" se dio entre la segunda mitad de los ochenta y los noventa cuando el campesinado andino hizo frente comun con el ejercito para derrotar la insurgencia del Partido Comunista del Peru-Sendero Luminoso (SL). Pues pese a las vejaciones de que fue objeto tanto por Sendero como por los militares, el campesinado en ultima instancia cerro filas mayoritariamente con el ejercito para derrotar la insurgencia senderista a traves de las llamadas "rondas campesinas", posteriormente bautizadas como "comites de autodefensa". Esta alianza, solo tardiamente oficializada por el gobierno, fue clave en el debilitamiento y la posterior derrota de Sendero Luminoso a nivel nacional. Para entenderla es necesario observar dos factores. Primero, mientras los metodos terroristas de Sendero se tornaban cada vez mas vesanicos y cobraban mas vidas campesinas, las fuerzas armadas, despues de una epoca inicial de represion brutal e indiscriminada, comprendieron que campesino no equivale a senderista, y a partir de la segunda mitad de la decada de 1980 optaron por una tactica de represion selectiva y de acercamiento con el campesinado. Segundo, y relacionado con esto, la alianza entre ronderos y ejercito se entiende mejor cuando se repara que el Peru es el unico caso en la historia reciente de conflictos armados internos en America Latina en que los grupos alzados en armas y no los representantes del Estado fueron responsables de la mayor parte de atrocidades, incluyendo desapariciones, secuestros y asesinatos. De acuerdo al informe de la comision de la Verdad y Reconciliacion (CVR), el Partido Comunista del Peru-Sendero Luminoso (SL), fue el responsable del 54% de las muertes denunciadas a la CVR, mientras el estado y grupos paramilitares del 37%. Nuevamente, ello contrasta drasticamente con otros paises latinoamericanos que sufrieron conflictos armados recientemente. En Guatemala, por citar un caso extremo, el estado fue responsable del 97% de muertes y violaciones de los derechos humanos mientras la guerrilla solo de un 3%. (5)

La tercera coyuntura es mas cercana a la actualidad. En el Peru, la agrupacion politica que en los ultimos anos ha levantado banderas abiertamente pro-indigenas no es un movimiento etnico de bases sino una agru p acion politica militarista fundada por el ex-mayor del ejercito, Antauro Humala, el MNP o Movimiento Nacionalista Peruano, mas conocido como "movimiento etnocacerista". Desestimado inicialmente como un folklorismo anacronico por la mayor parte de analistas, la popularidad de este movimiento crecio en proporcion geometrica en los ultimos anos, notablemente en las zonas rurales y en provincias, como fue evidente en las elecciones presidenciales de este ano. Aunque Ollanta Humala, ex-oficial del ejercito que estuvo asociado con el etnocacerismo, postulo a la presidencia con un partido aparte y tomando distancia de su radical hermano Antauro (hoy preso), lo hizo con una plataforma nacionalista, "anti-neoliberal" , y prococalera, y sin duda capitalizando el trabajo proselitista que Antauro habia realizado, en especial con los re s e rvistas a nivel nacional. Ollanta fue no solo el candidato mas votado en la primera vuelta electoral, sino que obtuvo un significativo 47% en la segunda vuelta; su apoyo fue altisimo a nivel nacional, con excepcion de Lima y la costa norte. Significativamente, en las zonas rurales que mas sufrieron con la guerra interna, los votos por Humala superaron con creces el 80%, no obstante las denuncias por graves abusos de derechos humanos en su contra, presuntamente cometidos durante las campanas contrainsurgentes. Esta aparente paradoja se entiende mejor cuando se repara que a diferencia de la percepcion limena y urbana de los campesinos como meras victimas, muchos de ellos, y en especial los ronderos --una buena p a rte de quienes eran a la vez licenciados del ejercito-- se perciben a si mismos como heroes, agentes de la derrota de Sendero, a quien nadie parecia poder doblegar. (6)

Todo ello contrasta con la realidad de otros paises latinoamericanos, particularmente Ecuador y Bolivia, donde los abanderados de la lucha antirracista, anti-neoliberal y proderechos indigenas fueron organizaciones civiles y politicas de base con gran convocatoria a nivel nacional. ?Por que en el Peru un partido de militares disidentes, ex-soldados y reservistas, asume el papel que en nuestros vecinos andinos tiene el movimiento indigena, el mismo que en el Peru permanece, si bien no politicamente inexistente, cuando menos tenue en comparacion? La pregunta, ya formulada en la presentacion de este dossier, creemos que trasciende una explicacion coyuntural. Ella nos lleva a repensar historicamente la influencia militar en el estudio de la organizacion campesina y los llamados movimientos indigenas. Al mismo tiempo nos invita a reflexionar sobre el potencial popular del autoritarismo militar.

Sin embargo, pese a que la trayectoria del ejercito peruano es excepcional en muchos sentidos, encaja dentro de un contexto andino que no es ajeno al populismo militar y a las alianzas militar-campesinas; con diversas variantes, este tipo alianzas se dio historicamente en Bolivia y Ecuador y (hoy se da) en Venezuela, como enfatizamos tambien en la introduccion al dossier. Los mas divulgados esquemas interpretativos del militarismo en America Latina se han basado por lo general en las dictaduras militares del Cono Sur. Pero estos modelos no pueden dar cuenta de la complejidad politica de los regimenes militares de la region andina central, ya que las dictaduras militares de Chile, Argentina y Brasil no tuvieron que enfrentar el mismo tipo de tensiones etnicas y raciales a las que estuvieron expuestos los militares en Peru, Ecuador y Bolivia, donde se congrega una mayor cantidad de poblaciones indigenas y no blancas. La vieja tesis que concibe al ejercito como un mero "instrumento de la oligarquia" exige ser cuestionada con mas contundencia en la region andina.

Ello no debe llevar, por supuesto, ni a la romantizacion de los caudillos decimononicos que caracterizo a ciertas corrientes historiograficas, ni a la apologia de los populismos militares autoritarios de hoy dia. (7) Se trata mas bien de desentranar una ironia: la posible herencia democratizadora del autoritarismo. Y debo reafirmar que hablo de democratizacion social, no politica.

Asimismo, al privilegiar las alianzas entre campesinos y militares no pretendemos desconocer ni minimizar la historia de racismo y violencia que tambien ha empanado esta relacion. La Comision de la Verdad y Reconciliacion ha constatado la existencia de miles de "fosas" o cementerios clandestinos a lo largo y ancho del territorio andino, que dan cuenta de un numero no insignificante de matanzas y masacres cometidas extraoficialmente por los militares en su lucha contra la insurgencia senderista, la mayor parte de ellas correspondientes al periodo llamado "la guerra sucia" (1983-1984). Mi proyecto intentara dar cuenta tambien de este lado tanatico, procurando explicar la aparente contradiccion entre las retoricas pro-indigenas y pro-campesinas presentes en el ejercito y sus practicas racistas y discriminatorias.

Finalmente, al abordar el tema de la imbricacion historica entre militares y campesinos, no es posible hacerlo sin su correlato civil. En el Peru, cuando se contrastan gobiernos militares o de tendencias autoritarias con aquellos que han gobernado bajo las banderas de la democracia, son los ultimos los que han tenido mayores dificultades de ganarse el favor de las masas rurales, al menos a partir del ultimo tercio del siglo XIX. Desde sus origenes, con el civilismo en la decada de 1870, la democracia parlamentaria peruana ha tenido un tinte elitista, o cuando menos abrumadoramente urbano. En efecto, resulta revelador que el periodo mas prolongado en el que el Peru experimento gobiernos civiles ininterrumpidos sea conocido como la Republica Aristocratica (1895-1919), un periodo donde democracia y gobierno de la oligarquia llegan a ser sinonimos. Pareciera pues que en el Peru los momentos de mayor integracion de los campesinos al Estado y a los beneficios de la ciudadania coinciden con momentos autoritarios. Me refiero en particular, pero no exclusivamente, al llamado "oncenio" o gobierno de Augusto B. Leguia, un dictador civil (1919-30), cuyo gobierno reconocio, por primera vez en la historia republicana, la existencia legal de las comunidades indigenas y sus tierras, creo el "Patronato de la Raza Indigena", y se hizo llamar si mismo "defensor" de la misma; y al ya mencionado gobierno de Velasco, de 1968 al 1975. (8)

Al parecer, el fenomeno no seria exclusivo del Peru. Liisa North postula en este dossier que las dictaduras militares de Ecuador posteriores a la decada del 1925 fueron mas proclives que los gobiernos civiles electos a implementar politicas sociales que favorecieran a las mayorias, con la posible excepcion del gobierno de Galo Plaza Lasso (1948-52), (9) mientras Silvia Rivera (1984: 54) ha usado la sagaz expresion "democracia de casta" para referirse al gobierno de las oligarquias civiles en Bolivia.

Hipotesis: una modernizacion excluyente

Mi trabajo intentara probar que los campesinos andinos no fueron pasivos espectadores ni permanecieron historicamente al margen del estado republicano durante la mayor parte del siglo XIX, sino que participaron en la formacion de estado desde sus inicios, entre otras formas, mediante su incorporacion en los ejercitos caudillistas a traves de guerrillas. Es lugar comun afirmar que esta participacion fue resultado de la coaccion o el engano. No pretendo negar la existencia de estas practicas. La crueldad de la leva, o recluta arbitraria, que afectaba desproporcionadamente a las poblaciones rurales analfabetas, fue denunciada numerosa veces por la prensa por intelectuales progresistas y hasta en obras de ficcion de la epoca, sin que por ello se lograra extirpar. (10) Sin embargo, junto a la leva estaban guerrillas, integradas y comandadas por civiles, que actuaron en concierto con el ejercito regular, defendiendo simultaneamente intereses locales, regionales y nacionales.

Las guerrillas eran una adaptacion americana de una forma de lucha que se origino en la peninsula iberica para hacer frente a la invasion de los ejercitos napoleonicos entre 1808 y 1814. Consistian en ejercitos irregulares formados por civiles, usualmente organizados en torno a sus autoridades locales, que actuaban como una fuerza auxiliar del ejercito regular. Como he sostenido en trabajos anteriores, durante la guerra civil de 1834, el triunfo del bando liberal representado por el general Orbegoso, que habia sido defenestrado del poder por un golpe del conservador general Gamarra, se debio en gran parte al apoyo de las guerrillas de Huanta, la sierra de Lima y Huancavelica, que fueron parte de una movilizacion nacional masiva en apoyo de Orbegoso, a la que Basadre denomino la "primera manifestacion popular contra el militarismo en la historia del Peru". En la provincia de Huanta esta participacion fue el resultado de una movilizacion negociada entre caudillos nacionales, autoridades concejales y comunales, lideres montoneros y "notables" (autoridades y personajes influyentes) del lugar. Pese a que los campesinos de comunidades y sus lideres inmediatos estaban en la base de esta piramide social, exigieron y a veces lograron importantes concesiones, como la exoneracion del pago al tributo indigena y nombramientos como autoridades distritales, tales como gobernadores y jueces de paz, pese incuso a ser en algunos casos virtualmente analfabetos. Una situacion similar se produjo en el contexto de la Confederacion Peru-Boliviana (1836-39), en que los campesinos de Huanta volvieron a alinearse con el bando liberal, esta vez representado por el Mariscal Santa Cruz (11).

Las guerrillas fueron asi una instancia en que los pobladores rurales de los estratos sociales mas bajos negociaban su derechos y obligaciones para con el Estado, es decir, su condicion ciudadana en el sentido mas elemental. No sorprende, pues, que los caudillos nacionales usaran profusamente el termino "ciudadano" para convocar a las poblaciones campesinas a sumarse a sus lides. Mi investigacion intentara probar que este escenario no habria sido exclusivo de Huanta o la sierra central ni de la decada de 1830, sino que se dio a lo largo de las guerras civiles del siglo XIX. Confirmar esta hipotesis exigira por supuesto un arduo trabajo de archivos y fuentes primarias en general.

Complementando provisionalmente mi hipotesis esta una historiografia que ha replanteado el tema de la ciudadania desde el prisma electoral. Una verdadera revolucion de estudios sobre constituciones y elecciones viene cuestionando la arraigada idea de que las poblaciones campesinas analfabetas fueron desde el inicio de la republica legalmente excluidas de la condicion ciudadana. Mas bien, esta historiografia ha llamado la atencion sobre el caracter relativamente inclusivo de las primeras constituciones al definir los criterios de ciudadania, particularmente, los trabajos pioneros de Gabriela Chiaramonti. Chiaramonti sostiene que, siguiendo el patron de la constitucion espanola de 1812 - la primera en otorgar ciudadania a los indios en America-, las constituciones republicanas de 1823 a 1851 (y aun la conservadora de 1839) fueron relativamente generosas en otorgar el sufragio. "El requisito de alfabetizacion, que potencialmente (...) excluia [a los indigenas], aunque estaba previsto en la constitucion de 1823", escribe Chiaramonti, "no se exigio hasta (...) 1844 para los indigenas que residieran en localidades donde faltasen escuelas de educacion primaria" (Chiaramonti 2004: 293). Similares disposiciones, nos dice la autora, subsistieron hasta 1851. Los criterios mas restrictivos para el sufragio empiezan a perfilarse, segun Mauricio Novoa, con la constitucion de 1860, que al establecer las categorias de ciudadanos "activos" y "pasivos", deja "a la gran masa indigena imposibilitada para el ejercicio de los derechos politicos de la ciudadania" (12). Pero Chiaramonti prefiere situar el quiebre en la ley de reforma electoral de 1896, que establece el voto directo y pone como unica condicion de sufragio el saber leer y escribir. En 1896, por primera vez de manera tajante y definitiva, una ley republicana excluye a los analfabetos -y por ende a la abrumadora mayoria indigena- de la ciudadania (13); estos volverian a ejercer su derecho al voto solo en 1980. Si bien los estudios sobre como se aplicaron en la practica estas leyes electorales estan en ciernes, la intencion de las elites gobernantes de restringir el voto al cerrar el siglo es significativa y congruente con hallazgos en otros lugares de America Latina. (14) Lo ironico en el Peru es que la tendencia a restringir el voto es paralela al ascenso politico del civilismo, es decir, del Partido Civil (creado a inicios de la decada de 1870), que supuestamente venia a democratizar la sociedad y la politica tras casi un siglo de gobiernos militares. No en vano Basadre bautizo al periodo de predominio civilista, que coincidio con el periodo mas prolongado de gobiernos civiles en el Peru desde la independencia, como "la Republica Aristocratica" (1895-1919). La ironia se ahonda cuando se repara que el presidente que promulgo la ley electoral de 1896, Nicolas de Pierola, llego al poder no via elecciones sino tras una masiva movilizacion popular, en la que bandas de montoneros (muchos de quienes eran probablemente analfabetos), jugaron un papel central. Una vez en el poder, el propio Pierola se encargo de desbandar esas mismas montoneras y guerrillas para sentar las bases del ejercito profesional que hoy poseemos.

Lo que propongo, cotejando mis investigaciones en el plano militar con la nueva literatura sobre elecciones, no es, por tanto, que la exclusion de los campesinos y poblaciones indigenas analfabetas del estado y de los beneficios de la ciudadania sea una mera invencion, sino que esta exclusion, en su forma mas violenta, es un fenomeno mas reciente; es producto de factores profundamente paradojicos relacionados con el proceso de centralizacion y fortalecimiento del estado, y dentro de los cuales me limitare a considerar dos: a) la profesionalizacion del ejercito y b) la modernizacion de la infraestructura del pais a partir de la expansion del sistema de carreteras a las zonas rurales.

La profesionalizacion del ejercito, que se inicia a fines del siglo diecinueve con la llegada de la Mision Francesa invitada por el presidente Pierola en 1896, supone la creacion de las escuelas de oficiales que hasta hoy tienen vigencia. Esta profesionalizacion vendra a producir un dislocamiento en la relacion que los campesinos habian establecido hasta entonces con el estado, sus sociedades regionales y la sociedad nacional. Mientras los ejercitos caudillistas del siglo XIX dependieron del apoyo de sociedades y economias rurales, incluidos guerrilleros, montoneros, autoridades civiles, arrieros, hacendados y las mujeres que acompanaban a los soldados (o "rabonas"), con la profesionalizacion el ejercito dependera menos de estos factores en la medida en que se convierta en una institucion autonoma, dependiente de un presupuesto estatal. Un ejercito que ha institucionalizado la educacion del soldado devendra mas poderoso institucionalmente y mas influyente politicamente. Asimismo, en la medida en que el ejercito dependa menos de las economias rurales, de sus mujeres y de las guerrillas, se establecera como una entidad crecientemente masculina y distante de las sociedades rurales, de las cuales antes dependio tan estrechamente. (15) La relacion del ejercito con el campesinado no se interrumpe pero cambia de cariz; se vuelve mas jerarquica, dejando a este con cada vez menor capacidad de maniobra politica en la medida en que lo hace mas dependiente del estado, alli donde antes este dependio de los campesinos. Este p roceso, argumentare, se cristaliza con Velasco pero sus origenes pueden rastrearse con Augusto B. Leguia (1919-1930), un dictador civil. En otras palabras, sostendre que la profesionalizacion del ejercito trajo consigo una "proximidad que separa". O, para decirlo en los elocuentes terminos que el historiador James Brooks usara para un contexto y actores muy diferentes, con la profesionalizacion el ejercito y los campesinos "become closer and closer apart". Esta "proximidad que separa", sostendre, ha alimentado los dislocamientos que estan en la base de las ideologias mesianicas y redentoristas por parte del militarismo, con grados que varian de Velasco a Humala. Las doctrinas de seguridad nacional, tipicas de la Guerra Fria, cumplieron su propio rol en alimentar el mesianismo militar y seran consideradas en este analisis.

Por otro lado, el advenimiento de las carreteras a las zonas rurales tiene efectos similares que no advirtiera Polanyi en La Gran Transformacion (1944). La expansion del sistema vial a pueblos que estuviero n interconectados por rutas de arrieraje elimina a los arrieros y pequenos hacendados, personajes claves tanto por su rol articulador en las economias rurales como por su condicion de intermediarios politicos entre caudillos militares y campesinos. La aparicion de las carreteras y, mas recientemente, de las combis (camionetas privadas que ofrecen transporte publico) aumenta la movilidad y promueve diversos grados de asimilacion y de integracion cultural y economica del campesinado a la sociedad urbana y nacional, que han sido bien estudiados. Sin embargo, politicamente se ahondan los dislocamientos. Es decir, los nuevos intermediarios politicos entre los campesinos y el estado no son mas los arrieros, montoneros, alcaldes y hacendados, sino partidos politicos y las ONGs. A diferencia de los antiguos intermediarios, estos vienen, literalmente, de fuera, y tienen poco o nada que ver con la vida material y cotidiana de las comunidades. En este contexto se entroniza la violencia politica de Sendero Luminoso.

Estos dislocamientos politicos, que son producto de la modernizacion del siglo veinte -una modernizacion en muchos sentidos excluyente- han moldeado la percepcion historiografica y politica de los campesinos como historicamente aislados y ajenos a los avatares politicos de la nacion y de la formacion del estado, que es profundamente equivocada.

El factor educativo

La hipotesis que acabo de delinear, al ser puesta a prueba, debera ser matizada al incluir una variable hasta ahora no mencionada: el tema de la educacion. (16) Pues si bien el proceso de profesionalizacion del ejercito marca una distancia economica y material entre el mundo militar y el universo campesino, posibilita, al mismo tiempo el acceso formal del campesinado a las esferas de la instruccion militar al establecerse el servicio militar obligatorio. Anteriormente a este proceso, en las decadas de 1860 y 1870, la agenda de la educacion fue tambien central al m ovimiento civilista, dejando sentir su impacto entre los oficiales del ejercito que estaban mas en contacto con el mundo rural. La importancia del tema amerita una ultima reflexion.

Usualmente se dice que la unica manera en que los campesinos han conocido el estado en las zonas rurales es a traves de policias, militares y autoridades abusivas. No dudo que ello sea cierto en incontable casos. Sin embargo, lo que se dice menos es que fue en los cuarteles donde muchos campesinos aprendieron el castellano y a leer y escribir. Si el ejercito ha sido visto, con razon, junto con la policia, como el brazo represivo del estado, fue tambien un ente "civilizatorio". En Ecuador los militares impartieron educacion a las poblaciones indigenas de manera no muy distinta a la que lo hicieron los misioneros y los maestros, particularmente en las zonas fronterizas de la amazonia, donde no llegaban ni escuela ni iglesia (Ortiz 2006). En Bolivia el servicio militar obligatorio representa para poblaciones rurales muy pobres la unica manera de acceder a la escuela, y constituye un verdadero "rito de pasaje" hacia la condicion de "hombre", y no unicamente en el campo. (17) Segun Juan Ramon Quintana, muchos usan el servicio militar como una fuente de estatus, autoestima y movilidad social que compensa el estigma asociado a una educacion primaria y secundaria inconclusa (Quintana 1998). En el Peru la educacion de los campesinos en los cuarteles tuvo reperc usiones politicas que no han sido suficientemente ponderadas. Por ejemplo, en las primeras dos decadas del siglo XX, los "licenciados" (personas que han realizado su servicio militar) y en algunos casos los sargentos, se conv irtieron en dirigentes campesinos que defend ieron los intereses de sus comunidades fre nte al creciente despojo las haciendas. La historiografia ha pasado virtualmente inadvertido el hecho de que uno de los mas carismaticos lideres campesinos del Cuzco en la epoca de Leguia, Domingo Huarca, fuera un sargento. Huarca, que murio descuartizado por agentes de los gamonales en la provincia de Espinar, tras defender los intereses comerciales de las comunidades indigenas por sobre los de las haciendas, es hasta hoy rememorado como un m a rtir por los comuneros de la provincia. (18) No era un caso aislado. Steven Pent sostiene que la dirigencia del Comite Pro-Derecho Indigena Tawantinsuyu (CPDIT), la primera organizacion pan nacional que agrupaba al campesinado indigena peruano para luchar por sus derechos, estaba compuesta en parte por licenciados, asi como por la plana de maestros voluntarios de las escuelas rurales creadas por dicha organizacion, que en sus origenes conto con el aval del gobierno de Leguia. Pent llega a afirmar que la influencia de licenciados en la dirigencia del movimiento explica en parte no solo la disciplina y organizacion del CPDIT sino sus rasgos marciales, expresados a veces en desfiles donde se proclamaban los "d e rechos indigenas" (19). La historia de los sargentos y licenciados-lidere s campesinos en la epoca de Leguia se repite, aunque en un contexto y con un enemigo muy distintos, con la historia de los ronderos-licenciados en la epoca del senderismo.

Incluso las poderosas organizaciones obreras y campesinas de Bolivia, que no tienen par en el Peru, se nutrieron, en sus inicios, de reservistas que volvian de la Guerra del Chaco. En efecto, los nuevos partidos de izquierda que surgen en las decadas de 1930 y 1940, incluidos el POR, PIR y MNR, tienen como "principal soporte organico ... a las asociaciones de ex-combatientes, que le abrieron el acceso no solo a la nueva generacion militar, sino tambien al emergente sindicalismo obre ro y campesino en distintas regiones del pais" (20).

La historiografia peruana no es ajena a la asociacion entre personajes militares y sublevaciones campesinas. Resaltan, por un lado, el caso del coronel Juan Bustamante, uno de los iniciadores del indigenismo social en el siglo XIX, fundador de la Sociedad Amiga de los Indios, que muriera decapitado en 1868 en una violenta represion contra una rebelion campesina que se le acusaba de haber instigado en la provincia de Huancane (Puno). Por otro lado, esta el ya celebre mayor Teodomiro Gutierrez Cuevas, mas conocido como "Rumi Maqui", asociado con otra rebelion campesina en Puno en 1915. Sin embargo, no se ha reflexionado suficientemente sobre el origen militar de estos personajes. No creo que se trate de meras coincidencias. Nos atrevemos a afirmar, mas aun, que el indigenismo del coronel Bustamante puede haber influido de manera directa en el pensamiento liberal de comienzos del siglo XX, especificamente en las ideas de uno de los mas acerrimos criticos de la politica peruana y el militarismo, Manuel Gonzales Prada. Su celebre frase "no forman el verdadero Peru las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan en la faja de la tierra situada entre el Pacifico y los Andes; la nacion esta formada por las muchedumbres de indios diseminados en la banda oriental de la cordillera", parece una parafrasis de un texto de Juan Bustamante (21). En otras palabras, si bien se ha tratado de ver al ejercito como un ente separado de la sociedad civil, esto es mucho mas acertado en tiempos recientes en que el ejercito se consolida como "institucion cerrada" (22). Muchas veces se olvida que esta separacion fue un producto historico y no un hecho inmutable.

Bien es cierto que los germenes de esta separacion existian con anterioridad al siglo XX. Desde el momento en que los Borbones en la segunda mitad del sigo XVIII instituyen en sus colonias de ultramar el "fuero militar" para alentar la formacion de milicias que defiendan al reino contra las los imperios rivales y sublevaciones internas, surge la idea de una casta militar que, como la casta religiosa, tiene codigos especificos que la protegen de las leyes que juzgan a la poblacion civil; este sentido de "privilegio de casta" seria heredado por el ejercito de la temprana republica (23). Sin embargo, varios factores impidieron que la linea divisoria entre militares y poblacion civil fuera muy marcada hasta tiempos mas recientes. Uno de ellos es el estado constante de guerras civiles que enfrentaban a los caudillos militares entre si, y no tanto contra poblacion civil; no estaban dadas entonces las condiciones para la emergencia de una "mentalidad militar" definida por oposicion a los civiles. A ello se sumaba la dependencia logistica y humana en que los jefes militares se encontraban con respecto a las poblaciones civiles, principalmente rurales, y que ya hemos mencionado, que impedia un aislamiento radical, incluso espacial, de los militares con respecto a la poblacion civil. A mediados del siglo XIX, cuando se realizaba la odiada leva, los levados eran reclutados en una iglesia o capilla, a falta de un cuartel; esta practica continuo hasta entrado el siglo XX (24). Es solo con la institucionalizacion del ejercito, y el consiguiente fin de las guerrillas y montoneras, en suma, con la profesionalizacion, que el ejercito emerge como una "institucion cerrada" con sus espacios propios y una cultura y valores marcadamente diferenciados de los civiles (25). Este estado de cosas no puede proyectarse al siglo XIX.

Reflexiones finales

Este ensayo ha querido mostrar la utilidad de un enfoque historico para entender procesos politicos y sociales recientes que vinculan al ejercito con el campesinado y las poblaciones llamadas indigenas. Nuestro recorrido por la relacion militares-campesinos ha querido ir mas alla de los lugares comunes sobre militarismo para subrayar la importancia del ejercito en la organizacion y movilizacion politica del campesinado, de un lado, y de otro, el caracter relativamente reciente de la separacion sociedad civil-militares. Asimismo, hemos cuestionado otros presupuestos que con mucha facilidad se proyectan al pasado, pese a que surgieron para explicar realidades mas recientes, como la expandida idea de que la sierra y sus habitantes estuvieron excluidos de la vida nacional y de la ciudadania "desde siempre". La historia no funciona, pues, de forma lineal y progresiva. Es sinuosa y pude ser circular.

Precisamente, la realidad que nos ha convocado a discutir estos temas -una guerra civil reciente entre peruanos- rompe con el patron del ejercito profesional que hemos descrito para el siglo XX y nos remite a un escenario mas afin al siglo XIX, prodigo en guerras civiles. Como entonces, en la reciente guerra civil entre el Estado y Se n d e roLuminoso, el ejerc ito por sus solas fuerzas no pudo batir al enemigo y, como entonces, tambien tuvo que recurrir a la movilizacion campesina -los ro nd eros- que, asumiendo el papel de guerrillero s decimononicos, jugaron un rol decisivo en el desenlace del conflicto interno. Como en el siglo XIX, los militares dependieron incontables veces para su subsistencia de los recursos que les proporcionara la poblacion campesina, los que a veces les eran arrebatados a la fuerz a . La diferencia es que mientras en el siglo XIX los guerrilleros se alineaban en ultima instancia detras de un caudillo militar, los ronderos se organizaban sobre bases comunales.

Pese a que la guerra ha terminado hace ya varios anos, existen aproximadamente 250.000 ronderos que se resisten a ser desarmados. Sobre ello la prensa y los analistas sociales parecieran haber tendido un manto de silencio. Otro silencio, censor o temeroso, pesa sobre la epoca y las reformas de Velasco, muchas de las cuales, por haber quedado inconclusas, se manifiestan hoy como una demanda latente. ?Por que pues sorprenderse que un candidato militar cuestionado por presuntos delitos contra los derechos humanos haya tenido un apoyo tan vasto entre los campesinos en las ultimas elecciones presidenciales? Estas son realidades y silencios a los que es moralmente necesario prestar mayor atencion, esto es, si se quieren evitar nuevos banos de sangre y una vuelta circular al caudillismo de otros tiempos.

(1) Incluso, interpretaciones dedicadas a subrayar el rol activo de los campesinos en los inicios de la republica terminan avalando las tesis mas tradicionales. Por ejemplo, contradiciendose con lo afirmado en la introduccion de su libro, Charles Walker (1999: 212-213) concluye: "los campesinos indigenas permanecieron largamente ajenos a las luchas caudillistas"; y mas aun, "el campesinado indigena del sur andino se resistio a pelear en las guerras que decidieron la lucha caudillista". En similar sentido, ver Paul Gootenberg (1991:145).

(2) Ver Manrique (1981), Mallon (1987:232-279 y 1995), Mendez (2005), Jacobsen y Diez Hurtado (2002). Taylor (1986 y 1990) y Nugent (1997) tambien han analizado el bandolerismo y las montoneras en la sierra norte peruana, pero enfatizando su caracter local y feudal y mas que su conexion con el estado nacional o sus bases campesinas.

(3) Ver Villanueva (1973, 1969, 1972 y 1962). El interes por una historia social de los militares se ha venido incrementando recientemente, pero en el caso peruano sin que toque aun a la sociedad rural. Para el Peru son importantes los estudios en curso de Lourdes Hurtado sobre el ejercito peruano (vease su articulo en este numero de ICONOS) y la exploracion de Humberto Rodriguez Sequeiros en torno a la "La Educacion Pre-Militar en el Peru 1939-1956" (ponencia presentada a LASA-Puerto Rico, Marzo del 2006). Para America Latina uno de los trabajos comparativos mas notables sobre la participacion militar de las poblaciones rurales en la formacion del Estado es el de Fernando Lopez Alves (2000). Para Brasil, Peter Beattie (2001) ha analizado el problema de conscripcion militar y formacion del estado, y Juan Ramon Quintana Taborga (998) lo ha hecho para Boliva en su Soldados y Ciudadanos, Un Estudio Critico sobre el servicio militar obligatorio en Bolivia. Para la colonia destaca el trabajo de Ben Vinson III (2001) sobre milicias de mulatos en Nueva Espana. Respecto a la participacion campesina en los conflictos caudillistas en America Latina en el siglo XIX existe una literatura ya sustancial, destacando los trabajos de Mallon, Manrique, De la Fuente, Gu a rdino, Salvatore, Guy Thompson, referidos a Argentina y Mexico. Pero nuevamente, estos trabajos se limitan al siglo XIX y no abordan las transformaciones operadas en la relacion campesinos-estado con la profesionalizacion del ejercito.

(4) Vease mis siguientes trabajos: Mendez (2004, 2005, 2002 y 1997).

(5) Ver Nelson Manrique, "Carta Abierta a Raul Wiener", 6 de Octubre de 2003, documento circulado por internet. Aun si esta cifra fuera exagerada, es un indicador significativo.

(6) Existe una literatura bastante exhaustiva sobre las rondas campesinas (posteriormente bautizadas por el gobierno como "comites de autodefensa") y la derrota de Sendero. Vease De g regori, Coronel, Ponciano del Pino y Orin Starn (1996), Carlos Tapia (1997), Stern (1998). Para un estudio mas general sobre rondas, vease Orin Starn (1999). Para enfoques mas actualizados vease la extraordinaria seccion sobre "Comites de Autodefensa" en el Informe de la Comision de la Verdad y Reconciliacion, tomoII, Seccion segunda: Los actores del conflicto, Capitulo 1: Los actores armados, 1.5. Comites de Autodefensa (CAD), http://www.derechos.org/nizkor/peru/libros/cv/ii/15. html. (Lima, 2003). Para una explicacion sobre la alta votacion de Humala en las zonas rurales mas golpeadas por la guerra interna vease Paez (2006), Caballero Marin (2006) y Pajuelo (2006).

(7) La idealizacion del caudillismo como expresion de los "sentimientos populares" esta bien encarnada en la obra del venezolano Laureano Vallenilla Lanz, Cesarismo Democratico (Obras completas, tomo I, Caracas 1983 [1919,]). Para una discusion critica de las ideas de Vallenilla ver John Lynch (1992: 423-424). El mejor ejemplo de la idealizacion de los caudillos En la historiografia en ingles probablemente sea Bradford Burns (1980).

(8) Postule esta idea con anterioridad en Mendex (2000: 231-248).

(9) Vease tambien North (2004:298-206).

(10) Vease Basadre (2002 [1929]: 120-125).

(11) Vease Mendez (2004, capitulo 7 y epilogo) y Mendez ()Tradiciones Liberales

(12) Ello, pese a que en teoria habria quedado abierta la posibilidad del voto analfabeto. Ver Novoa (2004: 283).

(13) Vease Chiaramonti (1995: 315-316 y 2005: 325-358).

(14) Ver, por ejemplo, Annino (1995). Para la evaluacion mas reciente del tema de ciudadania en los Andes, ver Irurozqui (2005). Para Argentina ver Sabato (1998), para Colombia ver Sanders (2005), para Mexico ver Guardino (2005), para Peru ver Aljovin y Lopez, eds. Historia de las Elecciones.

(15) Solemos pensar al ejercito como una institucion eminentemente masculina, pero en el siglo XIX las mujeres que acompanaban a los soldados en sus campanas, las llamadas rabonas, no se circunscribian al plano domestico sino que formaban parte de las estrategias militares; por ello hay quien las llama "la vanguardia del ejercito". A fines de la decada de 1830, el viajero suizo Joahnn Jakob Von Tscudi escribio: "En los ejercitos hay casi siempre tantas mujeres como hombres. Cuando Santa Cruz entro en Lima, su ejercito consistio de 7,000 hombres seguidos por 6,000 mujeres" (Johann Jakob Von Tschudi 2003:59).

(16) Agradezco a Ivan Caro, Lourdes Hurtado y Eduardo Toche por llamar mi atencion sobre este aspecto.

(17) Comunicacion personal con Enrique Herrera, quien incluso refiere que en Bolivia hay quienes pagan para ser admitidos en el servicio militar (Lima, julio de 2005).

(18) Ver Steven Pent, Tesis de maestria en curso, Programa de Estudios Latinoamericanos e Ibericos, Universidad de California en Santa Barbara.

(19) Ibidem.

(20) Ver Zavaleta (1977:106).

(21) Bustamante escribio: "No solo constituye la nacion peruana la asociacion de individuos moradores de la costa del Peru sino tambien los pueblos de indios del interior ...", a lo cual agrego: "mi lema y mi programa son que los indios no sean excluidos de los beneficios sociales que la esplendente independencia del Peru prodiga a los blancos". Ver Bustamante (1867, citado en Cotler 2005: 37). Para el texto de Gonzales Prada ver sus E nsayos Escogidos, seleccion y prologo de Augusto Salazar Bondy (Lima: Patronato del Libro Peruano, Empresa Grafica Scheuch, 1956), p. 22.

(22) Sobre el concepto de "institucion cerrada" ver Lourdes Hurtado (2004).

(23) Vease Jose Ragas (2005: 40 y 41) y Leon G. Campbell (1978). El estudio por excelencia del ejercito en la epoca caudillista temprana sigue siendo el de Jorge Basadre . La Iniciacion de la Republica (1929-30), recientemente reeditados por la Universidad de San Marcos. Segun Basadre el fuero militar subsistio hasta 1856.

(24) Vease el testimonio de 1851 del viajero E.S. Lavandais en Jorge Basadre, La Iniciacion tomo I, p 96-97. Esta practica subsistio hasta entrado el siglo XX; vease Mario Razzeto (1982: 66).

(25) Sobre la cultura del ejercito peruano en el siglo XX vease Lourdes Hu rtado, "Uniformes, hombres y armas". Segun Nunn (1979), el "profesionalismo militar" surge precisamente cuando los militares desarrollan una "mentalidad uniforme", que se mantiene pese a los cambios de gobierno, y se define en contraposicion a los civiles.

(26) Las cifras corresponden al ano 2004. Agradezco la referencia a Eduardo Toche.

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Cecilia Mendez G.

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Fecha de recepcion: agosto 2006

Fecha de aceptacion y version final: agosto 2006
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Author:Mendez G. Cecilia
Publication:Iconos
Date:Sep 1, 2006
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