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Las ideas sobre la ley y el pueblo en la construccion y consolidacion de la Republica chilena (1810-1860).

Ideas about the Law and the Nation in the Construction and Consolidation of the Chilean Republic, 1810-1860

INTRODUCCION

Los comienzos de la Republica en Chile no fueron faciles y al igual que en otras naciones en formacion de America Latina se vieron marcados por una serie de conflictos, que iban desde resolver situaciones heredadas del periodo colonial hasta lograr la cohesion de los grupos dirigentes para configurar un nuevo orden politico y social. Esta ultima tarea, que empezo a tomar forma en las guerras de Independencia, pero en especial durante los gobiernos de corte conservador (Jose Joaquin Prieto, Manuel Bulnes y Manuel Montt) (1), estuvo basada principalmente en la puesta en marcha de una nueva institucionalidad republicana, en una normativa del mismo caracter y en la pervivencia de medidas represivas y moralizadoras hacia los sectores populares, tenidos estos desde epocas tempranas como agentes de desorden. En este sentido, el periodo que hemos escogido para analizar el tema, es decir, entre los anos 1810 a 1860 representa una coyuntura de transicion hacia modernas formas republicanas y penales, pero que aun conserva de los siglos de dominio espanol su mirada fundamentalmente despectiva y estigmatizadora del bajo pueblo urbano y rural.

Al respecto, los prejuicios que tomaron lugar en el periodo indicado, que por lo demas se remontan decadas atras, constituyen desde nuestro punto de vista un antecedente directo que ayuda a explicar la rapida proliferacion de una mirada mas "cientifica", la que desde la decada de 1880 dio la criminologia positivista a los delincuentes y criminales. Sobre ello, es preciso indicar que el discurso criminologico que se impuso desde esa fecha en adelante solo retomo las criticas, recelos y temores hacia los pobres y su pobreza, los tacho de sinonimos de desorden y los acuso de delitos e inmoralidades (2). El panorama juridico-penal de la primera mitad del siglo XIX chileno permite corroborarlo (3), al igual que otras investigaciones desarrolladas por Carlos Salinas, Marcelo Neira y Marcos Fernandez Labbe (4). Dentro de esa misma logica, para los contemporaneos la criminologia confirmo en el laboratorio el arraigado rumor sobre la peligrosidad natural o inherente de los sectores populares.

Para acercarnos a la comprobacion de esta hipotesis creemos necesario vincular en esta reflexion a la historia politica y social, no contemplandolas como compartimentos separados, sino intentando buscar las conexiones entre ellas que nos ayuden a trazar un panorama mas profundo y matizado de los anos revisados. Asi, consideramos que el concepto de orden politico y social se vuelve una herramienta analitica necesaria que no solo se queda en el plano de la historia de las ideas, sino que tambien genera reacciones o respuestas desde todo el tejido humano al que afecta. De ahi que busquemos la mas amplia variedad de fuentes que puedan entregarnos una vision global del problema. En todo caso, es evidente que debemos tener en cuenta las limitaciones del material, en especial en cuanto a lo que se refiere al bajo pueblo. Sin embargo, estimamos que es posible acercarse indirectamente a el, al menos a traves de las voces de quienes dicen representarlo. Valga en todo caso recordar que el discurso represivo, que coexiste con un discurso de caracter moralizador, es el que al fin y al cabo termina imponiendose y reproduciendo los temores y prejuicios ya aludidos.

1. EDIFICANDO EL ESCENARIO REPUBLICANO: CONCEPTOS Y DIAGNOSTICOS

Una vez iniciada la emancipacion chilena en 1810, se plantearon numerosas dudas sobre la futura organizacion del territorio, las que solo encontrarian una respuesta adecuada a medida que avanzaron los anos. La clase dirigente del periodo 1810-1840, busco institucionalizar un Estado republicano con separacion de poderes, regimen representativo y reconocimiento del concepto de soberania popular como algo inherente a el, lo que no implicaba, como lo ha expresado acertadamente Ana Maria Stuven, "la aceptacion y menos la puesta en practica de las consecuencias de democratizacion social e inclusion politica que esos conceptos traian consigo" (5). Esto no era casual, pues tambien en el continente europeo el liberalismo redefinia los principios que lo habian movido a la lucha contra las monarquias. No obstante, prescindia de extender la igualdad a la esfera de lo economico y lo hacia de forma muy limitada en cuanto a lo politico. Con un concepto de ciudadania basado en la posesion de propiedad dicha igualdad se reducia tambien en el plano social (6).

Esta situacion dio como resultado que la definicion del orden politico y social del nuevo Estado republicano estuviera en manos de unos pocos, de una elite que habia adoptado un lenguaje revolucionario e igualitario en teoria, pero que una vez en el poder no busco precisamente extender privilegios o crear instancias de dialogo social. Existia, por tanto, un desfase entre los referentes ideologicos de la modernidad y las caracteristicas de una sociedad que continuaba basandose en vinculos corporativos, de dependencia, y con una masa de poblacion fundamentalmente rural y analfabeta. Este escenario provocaba ademas que no existiera una socializacion moderna del concepto de "pueblo", el que representaba la aparicion de ideales abstractos y de nuevos actores que a su vez originaban otro concepto clave, esto es, el de "ciudadano", sobre cuya base se formaba la soberania publica. Este planteamiento aun no era plenamente incorporado al universo de significados politicos que manejaba la elite. Lo que es mas, la "plebe colonial" parecia tener mayor presencia a los ojos de las autoridades por sus actos delictivos o su ignorancia (7), antes que por ser la base de un nuevo regimen de gobierno. Desde temprano se habia insistido en los desmanes del populacho, quien se aprovechaba de la coyuntura revolucionaria solo para cometer desmanes:

"Los crimenes se multiplican a proporcion de la impunidad de los delincuentes. Ellos seguramente se lisonjean con el falso concepto de que el rigor de la pena haya de minorarse en los dias que se proclama la libertad. Esto es confundirla con la licencia, y tomar los abusos por principios. Una piedad mal entendida eriza el pais de robos y asesinatos" (8).

Una excepcion, aunque no se tiene claridad sobre cual fue en realidad su verdadero efecto social, se encuentra en la proclama revolucionaria del franciscano Antonio Orihuela dirigida a "los infelices que formais el bajo pueblo" tales como artesanos, labradores, mineros, etc. Este texto de 1811 reproduce no solo el nuevo lenguaje igualitario de entonces, sino que ademas permite indagar acerca de las creencias de desigualdad o de "naturaleza diversa" que estaban detras de muchas de las actitudes y medidas represivas de los grupos dirigentes. De ahi la necesidad de llamar la atencion a los sectores populares y recordarles que

"[...] sois hombres de la misma naturaleza que los condes, marqueses y nobles; que cada uno de vosotros es como cada uno de ellos, individuo de sus cuerpos grandes y respetable que se llama Sociedad: que es necesario que conozcan y les hagais conocer esta igualdad que ellos detestan como destructora de su quimerica nobleza. Levantad el grito para que sepan que estais vivos, y que teneis un alma racional que os distingue de los brutos, con quienes os igualan, y os hacen semejantes a los que vanamente aspiran a la superioridad sobre sus hermanos" (9).

En estricto rigor y mas alla de las intenciones discursivas el bajo pueblo urbano y rural habia permanecido indiferente a los acontecimientos surgidos despues de 1810. Esto se dio en gran medida porque la discusion teorica y conceptual sobre la materializacion de un Estado republicano era ajena a su realidad inmediata. Desde fines del periodo colonial la vida cotidiana de la gran mayoria de la poblacion chilena estaba marcada por la precariedad, las fluctuaciones economicas, las medidas represivas de la corona y los escasos intentos de moralizacion (10). Las campanas de la Independencia tampoco indicaban que el escenario descrito fuera a cambiar de una manera significativa con posterioridad, pues para "el bajo pueblo, la ruptura iniciada por la elite solamente significo un cambio en la administracion del pais y una consolidacion de los mecanismos de exclusion que se habian perfeccionado en las pasadas decadas" (11). Por lo general la plebe era movilizada para alguna batalla y reclutada cuando disminuian las fuerzas de combate, pero no existia una mayor valoracion hacia ella, ni sus acciones respondian a una defensa consciente de sus propios intereses.

Por otra parte, la disyuntiva entre ideales modernos y creencias tradicionales, o si se quiere entre formas de pensamiento y de mentalidad divergentes, marcaria las percepciones futuras no solo sobre la forma de administrar y mantener un nuevo orden social republicano, sino ademas sobre las clases populares, vistas no como "actores" o protagonistas de un proceso, sino mas bien como agentes de desorden. Segun se expresaba en un articulo del periodico Viva la Patria, se debia entender que la "plebe chilena no tenia opinion; pero como no podia tenerla debia participar del azote" (12). Por ello, desde dicha optica, el bajo pueblo seguia siendo estigmatizado como ocurria durante los siglos coloniales, pero no como un sector peligroso para la monarquia, sino ahora para el correcto funcionamiento de la Republica.

Si bien el Estado y la Nacion fueron productos del proyecto politico y cultural de una elite que busco representarse a traves de una institucionalidad y de un incipiente espacio publico, seria exagerado pensar que esta sola situacion bastaba para garantizar la coexistencia pacifica o para moldear a la sociedad ya existente. Mas aun cuando el regimen republicano, bajo el principio contractual que lo justificaba legitimaba su accion por el control o represion de los que trataban de alterar el marco definido por las leyes. Por ende, no debe llamar la atencion que al mismo tiempo se debatiera sobre las ideas y la reforma de las costumbres que debian inspirar y orientar orientar las conductas de la poblacion en el futuro. Fue en dicho debate que los temores reales o imaginarios comenzaron nuevamente a aflorar, pues se temio a la anarquia como consecuencia de la falta de un orden politico y social. El miedo a los saqueos, al bandidaje y a las insurrecciones, entre otras formas de violencia, iba junto a la visualizacion de atentados contra la hegemonia de la etica y a las expresiones culturales que mantenian cohesionado al grupo dirigente (13). Dicho grupo, por lo demas, era entendido como socialmente homogeneo, con fuertes lazos de parentesco, una profunda religiosidad, auto referido como poseedor legitimo de la autoridad del Estado y portador de valores que iban a permitir establecer las normas para la sociabilidad politica.

El nuevo orden institucional republicano debia apoyarse entonces sobre un orden social, y tal orden requeria de una cuidadosa elaboracion que abarcara toda la organizacion politica, economica y social del pais (14). En tal escenario era primordial dejar en claro el papel que debian tomar la administracion de Justicia y la Educacion. Asi, mientras la primera era concebida como una "voluntad constante y perpetua de dar a cado uno lo que le pertenecia" e implicaba la "penalizacion o castigo publico" de los delitos (15), la segunda se entendia como un valor necesario para sustentar dicho orden institucional y social. Es este sentido, ambas eran complementarias.

La aceptacion de un nuevo orden frente al pasado colonial fue un proceso lento que debio poner enfasis en la nocion de un cambio gradual que evitase toda forma de descontrol. De acuerdo con Ana Maria Stuven, la palabra "orden" se volvio recurrente a partir de la consolidacion institucional que siguio a la batalla de Lircay en 1830, e incluso pudo establecerse una relacion con el termino "confianza", que se convertiria en el pilar sobre el que descansaria el consenso social. Asi como el orden se oponia a la anarquia, la confianza se oponia la inseguridad. De este modo la confianza se convertiria con los anos en una estricta idea de apego al orden, un elemento que tambien provoco futuras transformaciones:

"Es importante referirse al cambio porque la instauracion de la republica, asi como la comprension que se tenia del ideario liberal en la epoca, implicaban el reconocimiento de vivir un periodo de transicion hacia un nuevo orden sociopolitico, que hoy sabemos se confunde con la modernidad. El temor a la anarquia siempre provoco reacciones de rechazo al cambio; la confianza respecto de su control del poder politico y social permitio la implementacion de politicas mas liberales y la distension de los mecanismos de control social que ejercia la elite [...] la nocion de orden trasciende un significado meramente politico, y permea toda la discusion en torno a la creacion de la nacion. Se relaciona directamente con el cambio social y con las visiones que sobre este surgen, desde la revolucion ilustrada hasta los sucesos revolucionarios europeos" (16).

La sensacion de que la sociedad se encontraba bajo control y de que el cambio no alteraba los pilares sobre los cuales se apoyaba el poder de la clase dirigente estaba estrechamente vinculada a la nocion de orden. La oposicion entre este concepto y el de "anarquia" habia guiado gran parte de la construccion institucional del periodo, ademas de constituir una de las bases sobre las que se programaba el aprendizaje politico de la Nacion (17). Por ello, "cuando la clase dirigente se sentia confiada de la vigencia del orden, tenia una mejor disponibilidad hacia los requisitos de la modernidad y la actualizacion de la republica; el temor al caos la llevaba, en cambio, a privilegiar el orden social y los esquemas de sociabilidad de una sociedad tradicional por sobre cualquier otro valor politico" (18).

Tal orden debia ser institucionalizado y expresado a traves de una normativa, con el fin de intentar superar los planteamientos utopicos y tener asi una existencia concreta. De ahi que la institucionalidad republicana debia reflejar este concepto con una mezcla de autoritarismo y libertad, aunque parecieran terminos antagonicos. Dicha sintesis fue bien representada por el ministro Diego Portales, quien

"ligo el presente con las anoranzas del pasado que sentia la clase politica chilena de comienzos del siglo XIX, afianzando el orden, a fin de llenar el espacio vacio dejado por la perdida de la legitimidad del gobierno monarquico. Ello permitio que en esta alternancia entre el discurso del orden y el de la libertad surgiera nuevamente el discurso libertario" (19).

Pero las ideas, prejuicios y percepciones de Portales respecto de los grupos marginados, que fueron cobrando mayor protagonismo publico desde la decada de 1830 (20), no eran en esencia muy diferentes de practicas anteriores, aunque sin duda la historiografia desde la mas conservadora hasta la mas liberal e izquierdista ha hecho celebres las frases expresadas en sus cartas sobre la necesidad de llevar a la poblacion por el camino del orden y de la virtud: "cuando se hayan moralizado, moralizado, venga el Gobierno completamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los ciudadanos". O expresando igualmente que "el orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche y porque no tenemos hombres sutiles, habiles y cosquillosos: la tendencia casi general de la masa al reposo es la garantia de la tranquilidad publica". El remedio mas empleado nos lleva a otra cita famosa: "el Palo y bizcochuelo, justa y oportunamente administrados, son los especificos con que se cura cualquier pueblo, por inveteradas que sean sus malas costumbres" (21).

No es este el lugar para referirse a Portales y sus ideas respecto del orden politico y social, pues ya existe una bibliografia abundante sobre tal personaje (22). Sin embargo, sus juicios reproducen no solo los esquemas mentales de la elite gobernante, sino en rigor, los de todos aquellos que deseaban diferenciarse de esa plebe estigmatizada como peligrosa, vandalica, desordenada y ociosa, esto es, "barbara". No obstante, se dejaba entrever (idea que tampoco era nueva en su totalidad) que la moralizacion -o "civilizacion de las costumbres" como diria Norbert Elias-(23) podia dar paso a una mayor participacion en el sistema politico futuro, lo que si se distanciaba de las pretensiones humanitarias de fines del siglo XVIII. Tal planteamiento permite senalar que el concepto de orden debia ser entendido como algo cambiante, no estatico, y que se definia historicamente de acuerdo a las percepciones que tenia el sector dirigente sobre las amenazas que enfrentaba. Sin embargo, la elite estaba consciente de que la incorporacion social y el cambio politico debian venir con el tiempo, siendo preciso, para evitar desordenes, que se completara un proceso de evolucion socio-cultural. En este sentido, la Constitucion de 1833, que rigio en el pais hasta 1925, fue sin duda fruto de la conciliacion entre la necesidad de una institucionalidad republicana duradera y los diferentes temores que poblaban el imaginario politico de la clase dirigente. La carta fundamental, entonces, debia ser capaz de suplir el atraso percibido en las costumbres populares con un articulado que impidiera que agentes disociadores u otros grupos sociales e ideologicos intentaran introducirse en el escenario politico. Se creia asi que las costumbres debian estar a la altura de las ideas (24), lo que equivalia a plantear que el pueblo debia tener acceso a los niveles de civilizacion propios de la elite, como requisito para su futura incorporacion al sistema politico. En terminos simples, se buscaba progreso. Solo de este modo se entenderia, como lo afirmara Andres Bello, que "el espiritu de orden es el unico movil de la vida publica" (25). La citada frase que no es un conjunto de palabras sin contenido, pues el jurista venezolano creia firmemente que las leyes eran el reflejo de las interacciones cotidianas que por siglos habian guiado la conducta de los miembros de la sociedad civil. Los individuos serian fieles a las leyes en la medida que estas lograran satisfacer sus intereses, por lo que su existencia "no se concebia en terminos constitucionales formales, sino como la base misma del orden en la sociedad [...] el sistema republicano consistia en el imperio de ella" (26).

Para tal proposito la confianza en la ley y en el derecho era el nexo entre la autoridad necesaria y la "republica posible", como decia el constitucionalista argentino Rafael Alberdi a comienzos de la decada de 1840. El enfasis en estos aspectos era tambien destacado por otro argentino, Domingo Faustino Sarmiento, quien desde las columnas de El Mercurio de Valparaiso afirmaba en 1841 que

"[...] la instruccion que se difunde cada vez mas entre las clases menesterosas, que por serlo se ven arrastradas a atacar la vida y la propiedad de los otros, los esfuerzos que la estadistica moral y criminal hacen para descubrir las causas que mas fomentan los delitos, el sistema de exportacion ensayado con tan felices resultados por algunas naciones europeas, los penitenciarios establecidos en Norte America, en fin, mil otras mejoras intentadas o realizadas por todas partes, con el fin de ahorrar aquellas sangrientas ejecuciones, son otras tantas muestras del sentimiento dominante de los pueblos civilizados, que gimen aun bajo el peso del funesto legado que les han hecho legislaciones envejecidas, y que se perpetuan en medio de nuestras costumbres, [...]" (27).

La caracterizacion de una Republica dirigida por una elite que basaba su cohesion en un consenso poco a poco comenzo a sufrir presiones por parte de los grupos que intentaban abrir el espectro politico e imponer un sistema mas democratico. Mas que detallar las alternativas de este proceso estudiado por Stuven y Collier (28) nos interesa ver como las ideas de cambio tendieron a radicalizarse y a intentar una drastica transformacion social que no era posible lograr de la noche a la manana. Eventos como la designacion de Manuel Montt al Ministerio del Interior -personaje de claro tinte autoritario-, sus desavenencias con otras personalidades politicas del periodo, los desordenes que rodearon la reeleccion del presidente Manuel Bulnes y los fermentos revolucionarios franceses de 1848 que tuvieron su repercusion en Chile originaron medidas drasticas y endurecieron el discurso hacia cualquier agente de desorden politico y social.

2. LOS ACERCAMIENTOS AL PUEBLO: ENTRE EL PREJUICIO Y EL JUICIO

En el escenario antes esbozado la ley y el respeto a la institucionalidad se convirtieron en un pilar de reemplazo para el consenso en torno a una vision mas homogenea de la organizacion de la Republica. La ley se transformo en el medio a traves del que se delimitaban los derechos de los ciudadanos, mientras que a la institucionalidad le correspondia velar por que el gobierno democratico se perfeccionase a la par con el pueblo, aun empleando formas autoritarias. De ahi que el intendente de Valparaiso, Joaquin Prieto, expresara en abril de 1846 frente a los desordenes que se produjeron en torno a la eleccion parlamentaria de ese ano, que se habia visto "removida la hez de la sociedad, y pronta a echarse encima de la ley, de la autoridad y de los buenos ciudadanos" (29). Estos juicios, que revelaban un temor al protagonismo politico y social que podian cobrar los sectores populares, se repetirian una y otra vez retomando imagenes del pasado colonial: "La vista de lo sucedido y la revelada disposicion de un populacho desenfrenado, han causado en los buenos patricios una profunda sensacion, desterrando de sus corazones la confianza que antes los sostenia y que les hacia mirar sin espanto la tendencia anarquica que por un bando se diera a la lucha electoral" (30).

Fue a partir de esta coyuntura que se inicio una discusion sobre el concepto de "pueblo" que se defendia desde los primeros dias del proceso independentista como el depositario de la soberania popular. Si bien el pueblo podia ser una abstraccion, es decir, el equivalente a la Nacion como proyecto o a un "pueblo elector". Por otra parte, tambien hacia referencia a una clase inferior, cuya unica posibilidad de incorporacion politica y social consistia en su progresiva educacion o "acercamiento a las luces" (31). A pesar de las buenas intenciones la percepcion hacia el pueblo chileno no se habia alejado mucho de lo que se pensaba durante los siglos previos, pues todavia para mediados de la centuria este era caracterizado como "abatido, inculto, negligente, preocupado, lleno de vicios y sin otra virtud que la del valor" (32), aunque este ultimo elemento, forjador de la mitica imagen del roto chileno ignorante pero valiente era ya un aporte del periodo republicano (33). Los comentarios del ministro de Justicia en 1845, Antonio Varas, reflejaban tambien lo expresado:

"La diversa posicion social exige diversa cultura intelectual. Para la clase que vive del trabajo de sus manos i que desde mui temprano se ve precisada a ganar por si la subsistencia, la instruccion primaria es todo lo que puede adquirir. Para la clase que con mas desahogo puede i debe dedicar mas tiempo al cultivo del entendimiento, es preciso proporcionar mas estensos medios de instruccion que las escuelas primarias [...]" (34).

El antes citado Domingo Faustino Sarmiento fue quien mejor bosquejo las primeras aproximaciones de corte "criminologico", aunque empleamos este termino con todas las reservas necesarias para apelar a la conducta de los sectores populares. En una serie de articulos publicados en El Mercurio de Valparaiso, mas que entrar solo a descalificar las costumbres de los grupos bajos de la sociedad, Sarmiento hizo un analisis de los condicionamientos sociales y ambientales que podian estar detras de los actos delictivos. Al respecto, era claro su conocimiento de algunas teorias que buscaban explicar el origen de la naturaleza delictiva:

"Un sentimiento energico de independencia, un amor innato a los grandes peligros, y un valor indomito y arrojado, pueden hacer del hombre que se sienta arrastrado por estas tendencias de la organizacion fisica, un general que llene de gloria a su patria, o un bandido que sea el terror de los caminantes, segun el punto de partida o el camino en que se halle lanzado para satisfacer sus instintos. Las observaciones frenologicas pretenden demostrar que los mismos signos exteriores que acreditan un gran genio comercial pueden servir a caracterizar un ladron famoso, pues en uno y otro domina un deseo vehemente de adquirir" (35).

El papel de las autoridades y de la sociedad civil era importante, pues determinaba no solo las actitudes del presente, sino tambien las del futuro. Tal determinacion se daba porque la marginacion de actividades y la falta real de posibilidades engendraban tanto la ira y el desprecio de los delincuentes hacia la elite y la autoridad, como una permanente intranquilidad. Por esta razon no podia concebirse "una sociedad que les cierra todo camino de mejora y todo cambio de posicion". Por el contrario, se debia estimular un cambio de ambiente social y familiar. Existia, en este sentido, un claro interes de Sarmiento por detectar los origenes de los crimenes, describirlos y llamar la atencion de quienes normalmente se quejaban de la presencia de vagos, mendigos, prostitutas, ladrones y delincuentes en las calles de las ciudades y de las zonas campesinas.

Mas que buscar responsabilidades en la naturaleza de los sujetos populares, Sarmiento creia que era la sociedad en su conjunto la que no habia hecho nada para mejorar la condicion de muchos pobres, quienes por necesidad mas que por gusto finalmente caian en el delito. La privacion de libertad en las carceles y presidios no era vista por el intelectual argentino como una solucion, ni tampoco el envio a colonias penales como la existente en la isla de Mas a Tierra, en el archipielago de Juan Fernandez (36), pues a su entender,

"[...] en medio del aislamiento de toda otra sociedad que la de los hombres encenegados en el, solo produce un nuevo germen de depravacion, el remedio adoptado sera mil veces peor que el mal que intenta curarse, y lejos de librar a la sociedad de las agresiones de estos seres que la han ofendido, solo se habra conseguido aplazar sus ataques, ocupando el tiempo que de ellos se ve libre en degradarse mas" (37).

Pero las palabras de Sarmiento no fueron escuchadas y, en efecto, la experiencia de las colonias penales no estuvo ni siquiera cerca de rendir el fruto que se esperaba, que era precisamente el de evitar los focos de desorden politico y social en el pais (38). Para la clase dirigente la supuesta incorporacion del pueblo al proyecto de gobierno era inviable, puesto que suponia una automatica identificacion de intereses ademas de compartir una misma verdad. Ademas debia considerarse que las condiciones de vida de los sectores populares estaban lejos de facilitar la adquisicion de una mejor educacion que les permitiera convertirse, en algun momento, en miembros activos de la vida ciudadana (39). Las palabras de Francisco Bilbao en su escrito Sociabilidad chilena (1844), en el que expresaba que la necesidad de "renovar las creencias de la plebe, sustituirles la educacion filosofica, es darles su conciencia individual, es afirmar la revolucion. Afirmar la revolucion es entronizar la libertad" (40) se convertian solo en buenas intenciones, pues no habia en realidad una propuesta de transformacion social, sino de oposicion a un orden politico e institucional catalogado de tradicional, vetusto y conservador. Esta falta de representacion llevo a que la campana electoral de 1846 fuera vista como la oportunidad para introducir en la vida politica un grupo social integrado por personas dedicadas a diferentes oficios, cuyo punto en comun era que sus intereses diferian de los de quienes detentaban el poder.

Como lo ha expresado el historiador Luis Alberto Romero: "Cuando la elite miro como vivian los pobres, sumaron los problemas sanitarios con los morales: todo era alli un horrendo revoltijo de miseria y corrupcion, al punto que no podia saberse -asi lo creian--quien era hijo de quien. La prostitucion y el alcoholismo -nuevos o recien descubiertos--completaron a sus ojos el cuadro de degradacion" (41).

Por supuesto, dicha degradacion se traducia tambien en la relegacion a un segundo plano de los intereses populares y de quienes deseaban una participacion en el sistema politico. Jose Victorino Lastarria en su Manuscrito del Diablo (1849), recordaba precisamente la hipocresia de una clase privilegiada que

"[...] pone en accion todos los medios sociales en cuanto le convienen a su defensa y conservacion: arrogandose la tutela del pueblo, manifiesta desear mucho su progreso, pero no hace jamas por el todo lo que desea. Posesionada como esta del gobierno, muestra propender al engrandecimiento y respetabilidad de la nacion, pero cifra el engrandecimiento en el orden, y hace consistir el orden en conservar todo lo que existe, en no reformar y en no admitir nada de nuevo ni en ideas, ni en administracion, ni en politica, ni en personas" (42).

Para la misma epoca el intendente de Santiago, Jose Miguel de la Barra, no escatimaba epitetos al momento de referirse a los grupos populares como "gentes miserables y sin industria para procurarse medios honrados de subsistencia [que] aumenta el numero de criminales y hace necesaria una particular contraccion de la Intendencia para prevenir y perseguir sus atentados" (43). Por supuesto, estos juicios despectivos no serian los unicos, pero en el discurso politico y social hacia los marginados se empezaron tambien a establecer distinciones. La masa de "rotos", y la "hez de la sociedad" como igualmente se les llamo, comenzo a ser diferenciada de los trabajadores estables y calificados (artesanos, pequenos comerciantes), aunque se siguiera manteniendo una percepcion negativa hacia ellos como agitadores y revoltosos. Entretanto, para vagabundos, mendigos, prostitutas y pobres en general eran recurrentes las opiniones que los veian llanamente como una "mescolanza de palidos mata-perros, de vigilados por la justicia, de horrorosas bacantes, esas frentes estupidas i embadurnadas de vino ?eso es el pueblo? !Vaya pues! Eso es lodo humano [...] en los dias de las grandes crisis, se arrastran esos horribles pigmeos, impuro cardumen que ahulla i que deguella" (44). Pero los trabajadores y otros miembros del bajo pueblo no eran vistos solo como agentes de desorden, sino ademas como elementos manipulables por los opositores al gobierno. Este pueblo, se decia, "no tiene ideas, no tiene principios que le sirvan de premisas para la solucion de sus instintivas deliberaciones" (45). Tal juicio tenia antecedentes, pues dos decadas antes el marino ingles Longeville Vowell habia tenido una percepcion muy similar sobre los sectores populares y sus conductas:

"Los rotosos, asi llamados por andar hechos pedazos, son fornidos, vagamundos, sin Dios ni ley, ni con medios ostensibles de vivir que, si bien raras veces se les ve en epocas de tranquilidad, cuando permanecen en acecho en los barrios de Guanguali y la Chimba, pululan como lobos en las calles, en la expectativa de saqueo o cuando se ofrece alguna reyerta o revolucion. La presencia de esas figuras escualidas y de aspecto salvaje en la Plaza o en otros sitios publicos concurridos, es seguro indicio a los habitantes de Santiago de que se aproxima alguna revuelta politica, pues saben desde tiempo atras que son agentes siempre listos para tomar parte en cualquiera tropelia" (46).

Asi, lentamente tomo forma el temor de la clase dirigente hacia los motines y desordenes que alteraban ese orden legal impuesto y entendido mas bien por unos pocos, pues el grueso de la poblacion del pais buscaba la manera de sobrevivir y encontrar encontrar un canal de representacion a sus demandas (47). No se entendia que el orden y el desorden, ya delimitados en el plano teorico, en realidad se encontraban entrelazados y habian coexistido desde siempre. De hecho, un termino le daba sentido al otro, con lo cual la pretendida estabilidad institucional solo cobraba significado si existia un correlato similar en la esfera economico-social y cultural, situacion que evidentemente no se daba. Por ello trabajadores, artesanos y quienes desempenaban los mas variados oficios eran "criminalizados" por la autoridad, supuestamente por ser seres dociles a doctrinas que buscaban desestabilizar el equilibrio legal e institucional, aparte de ser propensos a participar en agitaciones. Es posible entonces apreciar no solo una imagen irracional, retardada y manipulable de los sujetos que no eran parte de los grupos privilegiados, sino ademas captar las aprehensiones frente a suparticipacion en el espacio publico, situacion que de continuar podia terminar por darles mas coherencia y organizacion. En suma, permitia a los contemporaneos vislumbrar, como lo ha sostenido cierta historiografia social, un movimiento popular (48).

Se apreciaba igualmente en los contestatarios al sistema politico y social vigente una presencia numerica significativa que terminaba por estigmatizarlos como peligrosos e improductivos. Este proceso no es enteramente republicano, a diferencia de lo que se desprende de la lectura de Luis Alberto Romero (49), pues ya se encuentra presente en el periodo colonial. No obstante, es necesario anotar que durante los gobiernos del siglo XIX el citado proceso empieza a tomar nuevos significados, pues segun el grupo especifico que se intente controlar se van definiendo de mejor forma medidas represivas y moralizadoras, con el fin de disciplinar la mano de obra y aumentar su eficiencia. Como recordaba acertadamente Gabriel Salazar en este escenario,

"el discurso del orden escondia un sub-discurso discriminatorio, no solo contra los opositores politicos al regimen, sino tambien contra las capas sociales mas desvalidas de la sociedad. Estas ultimas recibieron tambien garrotazos mercantiles por su rechazo al trabajo forzado ("flojera"), o por su falta de trabajo ("vagabundos"), o por su tendencia al robo ("facinerosos") o por su desapego a las normas existentes ("sin Dios ni ley") o por la imposibilidad de fundar familias estables ("escandalosos")" (50).

En los anos siguientes el fantasma del desorden institucional acecho conjuntamente con el desorden social. Si en las decadas anteriores el pais se habia definido al menos politicamente a partir de la polaridad orden-anarquia y orden-libertad, desde la guerra civil de 1851 el orden seria entendido como un requisito indispensable para el desarrollo de Chile.

En 1855, el presidente Manuel Montt evidenciara un cambio en la tendencia anterior, pues hara hincapie en la consolidacion del progreso y el orden como elementos necesarios para enfrentar el futuro (51), pese a algunas voces criticas surgidas durante la guerra civil de 1859, las que cuestionaran la nocion de orden como entorpecedora del progreso o como instrumento de manipulacion electoral. Tal vision sera retomada por los gobiernos liberales de la segunda mitad del siglo XIX. Asi, la anhelada restauracion del orden ya no parecera perteneciente solo a una determinada postura ideologica, sino mas bien sera un proposito comun para quienes gobiernen.

CONCLUSIONES

Los pasos dados durante las primeras decadas republicanas chilenas fueron fundamentales no solo para ir construyendo paulatinamente una nueva institucionalidad, sino tambien para dar forma y sentido a la normativa publica y privada que regiria los destinos del pais. Dentro de este escenario se hace mas comprensible la organizacion de un orden juridico-penal que regularia -en forma mas sistematica a medida que avanzaran las decadas los intercambios entre los particulares y las relaciones de estos con los poderes del Estado. Asi, a lo largo del siglo XIX y en especial en su segunda mitad se fue construyendo una arquitectura juridica visible, tanto en la Constitucion de 1833 como en la elaboracion de diferentes codigos (Civil en 1855, Penal en 1874, de Procedimiento Penal en 1906) que definieron los principios a los cuales tendrian que ajustarse los comportamientos del cuerpo social.

En ese sentido, el periodo que va desde 1810 a 1860 logra ensenarnos las particularidades de una epoca en la que sus principales actores buscaron ordenar y reordenar los elementos de cambio y permanencia colonial. Dichos elementos encontraron un lugar de vinculo al concebir la idea de construir un orden politico y social basado en medidas represivas, las que a pesar de ser cuestionadas por los simpatizantes de las ideas liberales, fueron igualmente seguidas de cerca por estos una vez que llegaron al poder en la segunda mitad del siglo. Por ende, en esencia muchas de sus acciones no se apartaron de aquellas tomadas durante los gobiernos conservadores con el fin de mantener el orden y disciplinar a la sociedad. Asi, el control del orden politico y social dejo de ser una caracteristica adscrita a una determinada postura ideologica, y de este modo llego a transformarse en un ideal comun de gobierno.

Respecto de los otros protagonistas que hemos mencionado en este estudio, los sectores populares, debemos senalar que la imagen fundamentalmente negativa que se tenia de ellos al caracterizarlos como "rotos errantes y vagabundos" fue construida igualmente a partir de rasgos reales determinados por la criminalidad del periodo, la que encontraba su origen en las fluctuaciones economicas, la falta de trabajo estable y la ausencia de estimulos salariales. De este modo, se buscaba satisfacer las necesidades mediatas e inmediatas de maneras ilicitas. Frente a este panorama, en el que se entrecruzaban juicios exagerados y necesidades efectivas no siempre faciles de separar al momento de establecer un analisis, la respuesta normal fue la de tildar de ociosos, borrachos e inmorales a hombres, mujeres y ninos pertenecientes a esa masa anonima, aquella que era estigmatizada sin mayor razonamiento: "el populacho [...] carece de voluntad propia". Las reacciones ante su presencia se redujeron a limitar sus desplazamientos, a buscar su control moral y laboral a traves del trabajo forzado o recurrir a la privacion de su libertad (52). Tales medidas en conjunto revelaban un temor arraigado ante un "otro" definido a partir de su naturaleza desconocida y asociado instintivamente con lo sordido, lo pecaminoso, la improductividad y por supuesto el delito y el crimen. Estos prejuicios nacieron como resultado de la falta de un conocimiento mas acertado acerca de lo que genericamente se tenia por "pueblo", en la medida que se desconocian sus diferencias internas, caracteristicas, motivaciones y personajes. Esto se produjo porque, como se dijo, se establecio una distincion entre quienes tenian un trabajo que los identificaba (artesanos, proletarios o que desempenaban otros oficios) y el resto de ellos. Faltaba, en este sentido, una actitud de estudio y de observacion de los pobres y su pobreza, la que sin embargo, fue tomando forma a medida que avanzaba el siglo, aunque eso no excluia los prejuicios antes expuestos.

Articulo recibido: 7 de diciembre de 2007; aprobado: 17 de junio de 2008; modificado: 14 de julio de 2008.

Bibliografia

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Este articulo se enmarca dentro del proyecto (1080192, 2008-2010, en el que el autor es coinvestigador) del Fondo Nacional de Desarrollo Cientifico y Tecnologico, FONDECYT, administrado por la Comision Nacional de Investigacion Cientifica y Tecnologica de Chile.

(1.) Para los lectores no familiarizados con la historia politica chilena, los gobiernos de los nombrados Presidentes de la Republica corresponden a los siguientes anos: Jose Joaquin Prieto (1831-1841), Manuel Bulnes (1841-1851) y Manuel Montt (1851-1861).

(2.) La situacion estudiada no es privativa de Chile. Tanto en el continente europeo como en otros lugares de America Latina la asociacion entre pobreza y criminalidad se dio desde temprano, mezclandose prejuicios y verdades al momento de caracterizar a los agentes de desorden politico y social. Para un panorama general, pueden revisarse trabajos como los de Daniel Pick, Faces of Degeneration: A European Disorder, c. 1848-c. 1918 (Cambridge: Cambridge University Press, 1989); Carlos Aguirre y Robert Buffington eds., Reconstructing Criminality in Latin America (Delaware: SR Books, 2000); Ricardo Salvatore, Carlos Aguirre y Gilbert Joseph eds., Crime and Punishment in Latin America (Durham and London: Duke University Press, 2001). Para el caso chileno vease Marco Antonio Leon Leon, "Pobreza, pobres y sociedad en Chile. Desde el Reformismo Borbonico hasta la Republica Conservadora (Siglo XVIII-1870)", en Anales del Instituto de Chile, vol. XXVI, Estudios: La Pobreza en Chile I (Santiago: Instituto de Chile, 2007), 137-206.

(3.) Tal situacion ha sido examinada con mayor detalle en la investigacion doctoral de Marco Antonio Leon Leon, Encierro y correccion. La configuracion de un sistema de prisiones en Chile (1810-1911), Tomo I (Santiago: Facultad de Ciencias Juridicas y Sociales--Universidad Central de Chile, 2003), http:// www.memoriachilena.cl. Otros trabajos del mismo autor tambien corroboran la extension geografica y social de los prejuicios: "Una impresion imborrable de su personalidad. La fotografia carcelaria y la identificacion criminologica en Chile (1870-1940)", Revista Chilena de Historia del Derecho 18 (1999-2000): 311-333; "Los dilemas de una sociedad cambiante: Criminologia, criminalidad y justicia en Chile contemporaneo (1911-1965)", Revista Chilena de Historia del Derecho 19 (2003-2004): 223-277; "Extirpando el "jermen del mal": Visiones y teorias criminologicas en Chile contemporaneo", Cuadernos de Historia 28 (2008): 81-113.

(4.) Carlos Salinas Araneda, "Portales y la Judicatura", en Portales. El hombre y su obra, comp. Bernardino Bravo Lira (Santiago: Editorial Andres Bello, 1989), 199-233; Marcelo Neira, "El delito femenino en Chile durante la primera mitad del siglo XIX", Mapocho 51 (Santiago, 2002): 119-138; Marcos Fernandez Labbe, Prision comun, imaginario social e identidad. Chile, 1870-1920 (Santiago: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana-Editorial Andres Bello, 2004).

(5.) Ana Maria Stuven, La seduccion de un orden. Las elites y la construccion de Chile en las polemicas culturales y politicas del siglo XIX (Santiago: Ediciones de la Universidad Catolica de Chile, 2000), 29. La vision mas reciente de este problema es entregada por Simon Collier, Chile. La construccion de una Republica, 1830-1865. Politica e ideas (Santiago: Ediciones de la Universidad Catolica de Chile, 2005), 174-175 y ss.

(6.) Pedro Trinidad Fernandez, La defensa de la sociedad. Carcel y delincuencia en Espana (Siglos XVIII-XX) (Madrid: Alianza Editorial, 1991), 78-79.

(7.) Muchos juicios de este tipo, en especial en cuanto a lo que dice con relacion a la ignorancia, se esgrimieron a proposito de la confeccion de los primeros censos de poblacion republicanos. Los inspectores comisionados para dicha tarea eran esquivados por los habitantes, ya fuera por considerar que era una forma oculta de reclutamiento militar, una manera de alzar los impuestos o simplemente por desconfianza hacia los representantes de un Estado que les era desconocido. Andres Estefane Jaramillo, "Un alto en el camino para saber cuantos somos ...". Los censos de poblacion y la construccion de lealtades nacionales. Chile, siglo XIX", Historia I:37 (Santiago: Instituto de Historia, Pontificia Universidad Catolica de Chile, enero-junio de 2004): 33-59.

(8.) El Monitor Araucano, Santiago, 19 de agosto de 1814. Se reproduce un decreto del 16 de agosto de ese ano.

(9.) "Proclama revolucionaria del padre franciscano frai Antonio Orihuela", en Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, 1811 a 1845, comp. Valentin Letelier, Tomo I (Santiago: Imprenta Cervantes, 1887), 358. El destacado es nuestro. Una interpretacion de este texto en Sergio Grez, De la "regeneracion del pueblo" a la huelga general. Genesis y evolucion historica del movimiento popular en Chile (1810-1890) (Santiago: DIBAM-RIL--Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1997), 193-196.

(10.) Sergio Grez, De la "regeneracion del pueblo", 177-219.

(11.) Leonardo Leon, "Reclutas forzados y desertores de la Patria: El bajo pueblo chileno en la guerra de la Independencia, 1810-1814", Historia 35 (2002): 256.

(12.) "Continua el articulo remitido suspenso en el numero anterior", en Viva la Patria. Gazeta del Supremo Gobierno de Chile, Santiago, 21 de mayo de 1817.

(13.) Ana Maria Stuven, La seduccion de un orden, 39; Leonardo Leon, "Reclutas forzados", 259-286.

(14.) De esta manera se relativiza la vision esencialmente institucional y estatal que tuvo la nocion de orden durante el siglo XIX, "ademas de conferir un protagonismo exacerbado a dicho Estado constituyendolo en el unico sujeto de la historia chilena". La vision de que el concepto de orden tampoco debe reducirse a lo meramente institucional se encuentra en Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia contemporanea de Chile I. Estado, legitimidad, ciudadania (Santiago: LOM Ediciones, 1999), cap. 1.

(15.) Joaquin Escriche, Diccionario razonado de legislacion y jurisprudencia (Paris: Libreria de Rosa, Bouret y [C.sup.a], 1851 [[3.sup.a] edicion]), 1132. Vease ademas, Diccionario de la Lengua Espanola (Madrid: Real Academia Espanola (RAE), 1822), 476.

(16.) Ana Maria Stuven, La seduccion de un orden, 43-44.

(17.) Julio Heise Gonzalez, Anos de formacion y aprendizajes politicos. 1810-1833 (Santiago: Editorial Universitaria, 1978); Simon Collier, Ideas y politica en la Independencia chilena. 1810-1833 (Santiago: Editorial Andres Bello, 1977); Bernardino Bravo Lira, El Absolutismo Ilustrado en Hispanoamerica, Chile (1760-1860). De Carlos III a Portales y Montt (Santiago: Editorial Universitaria, 1994); Simon Collier, Chile. La construccion, 31 y ss.

(18.) Ana Maria Stuven, "Una aproximacion a la cultura politica de la elite chilena: concepto y valoracion del orden social (18301860)", Estudios Publicos 66 (otono de 1997): 263.

(19.) Ana Maria Stuven, La seduccion de un orden, 49.

(20.) Para Sergio Grez, durante y despues del periodo de Independencia, "numerosos elementos del 'bajo pueblo' vivieron un despertar e hicieron sus primera experiencias politicas, sumandose a algunos de los bandos en pugna o desarrollando formas propias, 'prepoliticas', de protesta social". Sergio Grez, De la "regeneracion del pueblo", 218.

(21.) Ernesto de la Cruz y Guillermo Feliu Cruz eds., Epistolario de don Diego Portales, 3 Tomos (Santiago: Ministerio de Justicia, 1937-1938), citados los tomos I, 177; tomo II, 228 y tomo III, 486 en su respectivo orden.

(22.) Enrique Brahm G., "Portales en la historiografia", en Portales, el hombre y su obra. La consolidacion del gobierno civil, comp. Bernardino Bravo Lira (Santiago: Editorial Andres Bello, 1989), 443-484; Sergio Villalobos, Portales. Una falsificacion historica (Santiago: Editorial Universitaria, 1989).

(23.) Norbert Elias, El proceso de la civilizacion. Investigaciones sociogeneticas y psicogeneticas (Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1994 [1977]).

(24.) Jose Simon Gundelach, "Memoria sobre los medios empleados por la lei para hacer mas eficaz su influencia en las costumbres", en Anales de la Universidad de Chile (Santiago: 1848): 376.

(25.) El Araucano, Santiago, 14 de mayo de 1831.

(26.) Ivan Jaksic A., Andres Bello: La pasion por el orden (Santiago: Editorial Universitaria, 2001), 212.

(27.) El Mercurio, Valparaiso, 26 de julio de 1841; Obras de Domingo Faustino Sarmiento, Tomo X. Legislacion y progresos en Chile (Buenos Aires: Imprenta y Litografia "Mariano Moreno", 1896), 22.

(28.) Ana Maria Stuven, La seduccion de un orden, 137-165; Simon Collier, Chile. La construccion, Parte I y II; vease ademas, Bernardino Bravo Lira, "Gobiernos conservadores y proyectos nacionales en Chile", en Los proyectos nacionales en el pensamiento politico y social chileno del siglo XIX, comps. Manuel Loyola y Sergio Grez (Santiago: Ediciones Universidad Catolica Silva Henriquez, 2002), 39-53.

(29.) Proclama del Intendente de Valparaiso Joaquin Prieto, 1 de abril de 1846, citado en Ana Maria Stuven, La seduccion de un orden, 141. El destacado es nuestro. Segun esta autora, el antiguo consenso, donde todos podian llamarse liberales, democratas y amantes de la libertad, desaparecio a partir de la crisis consensual de 1846.

(30.) El Mercurio, Valparaiso, 15 de marzo de 1846. El destacado es nuestro.

(31.) La categoria abstracta de "pueblo" necesitaba estar dotada de contenidos concretos que, por lo comun, apuntaron a aspectos negativos, salvo cuando se veia en ese "pueblo" un elemento que podia ser "civilizado", pues su naturaleza salvaje o barbara tambien lo hacia, en ciertas circunstancias, mas ductil a una ensenanza bien dirigida que lo incorporarse, dentro de una jerarquia por supuesto, al resto del cuerpo social. Un esquema de las visiones del mundo popular y de los conceptos de pueblo y movimiento social, pueden encontrarse en Julio Pinto, "Movimiento social popular ?hacia una barbarie con recuerdos", en Proposiciones, 24 (Santiago, 1994): 214-219.

(32.) El Progreso, Santiago, 31 de mayo de 1848. Otras percepciones son reproducidas en Simon Collier, Chile. La construccion, 52 y 53.

(33.) Roberto Hernandez C., El roto chileno. Bosquejo historico de actualidad (Valparaiso: Imprenta San Rafael, 1929).

(34.) Antonio Varas, "Memoria del Ministerio de Justicia, Culto e Instruccion Publica, Ano de 1845", en Documentos Parlamentarios tomo II (Santiago: Imprenta del Ferrocarril, 1858), 391. Citado tambien en Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia contemporanea de Chile I, 136.

(35.) Obras de Domingo Faustino Sarmiento, Tomo X, 23.

(36.) El archipielago de Juan Fernandez, cercano a las costas chilenas, esta formado por las islas Alejandro Selkirk ("Mas Afuera"), Santa Clara y la isla Robinson Crusoe o "Mas a Tierra", aparte de otros islotes menores. Dicho archipielago estuvo vinculado a la administracion chilena desde el periodo colonial y sirvio como colonia penal y prision politica, con interrupciones, hasta las primeras decadas del siglo XX.

(37.) Obras de Domingo Faustino Sarmiento, Tomo X, 25-28.

(38.) Marco Antonio Leon Leon, Encierro y correccion, Tomo II, capitulo IV, 273-334.

(39.) Gabriel Salazar, Labradores, peones y proletarios. Formacion y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX (Santiago: Ediciones SUR, 1985), 228-255; Luis Alberto Romero. ?Que hacer con los pobres? Elite y sectores populares en Santiago de Chile. 1840-1895(Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1997), 123-163; Alejandra Brito, "La mujer popular en Santiago (1850-1920)", Proposiciones 24, Santiago, 1994, 280-286.

(40.) Reproducido en Sergio Grez recop., La "cuestion social" en Chile. Ideas y debates precursores (18041902) (Santiago: DIBAM-Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1995), 81.

(41.) Luis Alberto Romero, ?Que hacer con los pobres, 11.

(42.) Reproducido en Sergio Grez recop., La "cuestion social" en Chile, 107-108.

(43.) Memoria que el Intendente de Santiago, Jose Miguel de la Barra, presenta al Supremo Gobierno sobre el estado de la provincia de su mando (Santiago: Imprenta del Progreso, 1846), 5.

(44.) F. Fernandez, "Variedades", La Revista de Santiago 2:3 (1848): 279. Citado por Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporanea de Chile I, 136.

(45.) El Mercurio, Valparaiso, 10 de noviembre de 1845.

(46.) Longeville Vowell, Memorias de un oficial ingles al servicio de Chile durante los anos 1821-1829. Reproducido en Jose Toribio Medina, Viajes relativos a Chile, Tomo II (Santiago: Fondo Historico y Bibliografico Jose Toribio Medina, 1962), 261.

(47.) Luis Alberto Romero, ?Que hacer con los pobres, 171-174; Simon Collier, Chile. La construccion, 232 y ss.

(48.) Maria Angelica Illanes, Chile Descentrado. Formacion socio-cultural republicana y transicion capitalista (1810-1910) (Santiago: LOM Ediciones, 2003), passim.

(49.) Luis Alberto Romero, ?Que hacer con los pobres?, 165-185.

(50.) Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporanea de Chile I, 135.

(51.) Manuel Montt, "Discurso ante el Congreso Nacional, 1 de junio de 1855", en El Pasado Republicano de Chile, o sea coleccion de discursos pronunciados por los Presidentes de la Republica ante el Congreso Nacional, Tomo I (Concepcion: Imprenta de "El Pais", 1899), 318-332.

(52.) Marco Antonio Leon Leon, Encierro y correccion, Tomos II y III; Gabriel Salazar, Labradores, peones, passim; Sergio Grez, De la regeneracion del pueblo, 221-236; Julio Pinto, Trabajos y rebeldias en la pampa salitrera. El ciclo del salitre y la reconfiguracion de las identidades populares (Santiago: Editorial de la Universidad de Santiago, 1998).

Marco Antonio Leon Leon

Licenciado y doctor en historia por la Pontificia Universidad Catolica de Chile. Docente de pre y posgrado en la Universidad ARCIS, de Santiago y Concepcion (Chile) y de posgrado en la Universidad del Bio Bio Chillan (Chile). Director de la Red Chilena de gestion y valoracion de Cementerios Patrimoniales. Se ha especializado en la historia social y cultural de Chile durante los siglos XIX y XX. Entre sus principales publicaciones se encuentran: Encierro y Correccion. La configuracion de un sistema de prisiones en Chile (1800-1911), Tres Tomos. Santiago: Escuela de Derecho, Universidad Central de Chile, 2003; y Documentos para la historia de las prisiones en Chile en el siglo XX (1911-1965). Santiago: Sociedad Chilena de Historia del Derecho, 2008 (en prensa). marcoaleon@hotmail.com
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Author:Leon Leon, Marco Antonio
Publication:Revista Historia Critica
Date:Jul 1, 2008
Words:10477
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