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Las conceptas de Pasto defensoras de la justa causa durante la guerra de Independencia, 1812-1824.

The concepts of Pasto defenders of the just cause during the war of Independence, 1812-1824

As irmas da Imaculada Conceicao de Pasto <<Conceptas de Pasto>> defensoras da justa causa durante a Guerra da Independencia, 1812-1824

Introduccion

En America Hispanica, la Independencia fue una epoca en la cual numerosas mujeres, de diferentes lugares y procedencias, se comprometieron con causas que consideraron justas, aun a costa de perder su tranquilidad o su vida. Asuncion Lavrin escribio al respecto: <<Las mujeres tuvieron participacion en las sublevaciones, conspiraciones y tumultos populares en la epoca colonial, pero fue durante las guerras de Independencia cuando en toda la America espanola tuvieron la oportunidad de tomar parte a gran escala en los cambios politicos>>. (1)

Debido a la pertinencia de la tematica, en la historiografia colombiana varios autores han estudiado la contribucion femenina en ese periodo, enfatizando en algunas biografias de mujeres calificadas como heroinas, entre ellas: Antonia Santos, Mercedes Abrego, Mercedes Nieto (2) o Policarpa Salavarrieta, la figura que mayor atencion atrae entre los estudiosos, quienes la consideran la principal heroina del pais; destacan sus origenes, sus acciones politicas, su valentia, inteligencia, juventud y belleza. (3)

Otros autores (4) reivindican a cuatro heroinas republicanas residentes en Pasto: Andrea Velasco, Luisa Figueroa, Domitila Sarasti y Dominga Burbano, quienes fueron apresadas y fusiladas en 1813, tras su intento de liberar a Joaquin Caicedo y Cuero y a Alejandro Macaulay, dirigentes comprometidos con la Independencia. En cambio, las gestas de las mujeres realistas vencidas en la contienda son menos conocidas. En los escritos de Evelyn Cherpak y de Jenny Londono las acciones de las mujeres independentistas, tuvieran recursos o no, fueron analizadas con mayor profundidad, pero las realistas son apenas mencionadas. (5)

Nuevas interpretaciones surgieron del trabajo de Martha Lux, quien, a partir de abundantes fuentes primarias, analizo la activa participacion politica, social, economica e ideologica de mujeres republicanas y realistas. Lux destaco como numerosas damas de ambos bandos procuraron el bienestar de los hombres de su familia y la proteccion de sus bienes, aunque algunas de ellas lograron sus propositos usando como argumento la supuesta indefension femenina. Con todo, la autora cuestiona los estereotipos de sumision y pasividad que les han sido otorgados a las mujeres. Asi mismo, desmitifica al reducido grupo de heroinas, mostrando que muchas mujeres fueron violentadas y asesinadas por defender su ideologia o para amedrentar a la sociedad. (6)

De otro lado, algunos historiadores han estudiado someramente la postura ideologica de las enclaustradas en la guerra. El franciscano Roberto Maria Tisnes senalo que, en Santafe de Bogota, monjas de los cinco conventos citadinos abrazaron las ideas republicanas, influenciadas por sus familias, y que aportaron a esa causa: cartas, rezos y donaciones. (7) Pilar Foz y Foz, por su parte, establece que las religiosas de La Ensenanza de Santafe, dedicadas a la educacion femenina, desarrollaron una conciencia criolla americana cuyo pensamiento politico evoluciono hacia la Independencia, mediadas por su capellan y la elite intelectual, quienes tenian en ese claustro hijas estudiantes y parientes monjas. (8) Entretanto, en Popayan, las carmelitas simpatizantes del rey fueron aleccionadas por su capellan con el fin de que defendieran la Independencia. (9) En la misma linea, Luis Alberto Ramirez sostiene que las clarisas de Merida (Venezuela) se dividieron entre realistas y patriotas: las primeras siguieron las directrices del clero y las segundas se adhirieron a las posturas politicas de sus familiares, muchos de ellos militares independentistas. Las realistas, respaldadas por la Iglesia, emigraron a Maracaibo. Esta separacion se dio entre 1816 y 1827, cuando acabo el cisma. (10)

Para los anteriores investigadores, las enclaustradas se alinearon a la postura politica asumida por sus familiares o a los sacerdotes de su entorno. Con esa interpretacion sesgaron el analisis, pues negaron la posibilidad que tenian las monjas de discernir por ellas mismas que posicion politica iba de acuerdo con sus creencias e intereses. En el caso de las conceptas (11) pastusas, varios autores como Ezequiel Marquez, Sergio Elias Ortiz, Alfonso Ibarra Revelo, Roberto Botero y Jose Rafael Sanudo (12) describieron sus acciones pro realistas--como guardar armas en el convento y luego entregarlas a los realistas u ocultar a los militantes realistas en el monasterio--, aunque sin explicar las motivaciones de tales decisiones. Anos despues, en 2009, Lydia Ines Munoz escribio el primer articulo acerca de la posicion realista de las conceptas en Pasto. Munoz establecio que las monjas, en union con sus coterraneos, apoyaron al rey y a Dios porque consideraron que defendian una justa causa religiosa, politica y social, y que respaldaron ese proposito con los indios de su servicio y sus bienes, asumiendo los riesgos de esos actos. (13)

En esos anos, las religiosas se caracterizaron por su participacion politica, que consistio en las acciones que emprendieron y las reacciones que asumieron como respuesta a las decisiones de los lideres politicos y a las politicas de gobierno. (14) En este caso particular, los lineamientos republicanos que algunos foraneos deseaban implementar en Pasto por la fuerza.

En este contexto, en el articulo se analiza por que las conceptas de Pasto tomaron una posicion politica realista al margen de su superior, el sacerdote Aurelio Rosero, defensor de la Independencia. De esta forma, se continua la interpretacion iniciada por Munoz, profundizando en otras causas sociales y politicas que explican por que las monjas se inclinaron por esa opcion, al tiempo que se destacan los nexos que establecieron con los lideres realistas entre 1822 y 1824, en particular con Agustin Agualongo, (15) principal responsable de ese movimiento. Ademas, se establecen las formas mediante las cuales las monjas se involucraron en la confrontacion: por ejemplo, el respaldo politico y economico que prestaron a la causa al permitir que mujeres, ninas y realistas se refugiaran en su hacienda de Sandona en momentos algidos del combate. Asi mismo, el escrito ofrece nuevas interpretaciones a la historiografia de America Latina, en la que poco se ha investigado acerca de las motivaciones politicas y la accion de los monasterios femeninos durante esta guerra, lo cual se constituye en un tema fundamental para analizar la contienda desde otras perspectivas.

El texto que sigue se divide en cuatro partes: en la primera se analiza la defensa que hicieron los moradores de Pasto de la justa causa; la segunda trata sobre el proceso politico y las monjas; la tercera indaga sobre el actuar de las religiosas, y la cuarta explica el apoyo economico que el monasterio ofrecio a los realistas.

La defensa de los moradores de Pasto de la justa causa

San Juan de Pasto, cuya fecha de fundacion es discutida y situada entre 1537 y 1539, es una de las ciudades mas antiguas de Colombia. Los espanoles la poblaron al observar la presencia de nativos, la fertilidad de las tierras, el clima sano y su relativa cercania a minas aluviales. El Camino Real que unio a Suramerica cruzaba esa zona. La economia colonial giro en torno al agro, las artesanias y a un comercio de mediana importancia, cuyos principales destinos fueron los distritos mineros, la Audiencia de Quito y la Gobernacion de Popayan. En Pasto, al igual que en muchas ciudades hispanoamericanas, los miembros de las familias mas acomodadas se repartian los cargos publicos del cabildo. (16)

Durante la Colonia, su jurisdiccion estuvo dividida entre Popayan y Quito. La primera ciudad se encargaba de los asuntos economicos, militares y politicos, y la segunda era responsable de los temas judiciales y administrativos; igualmente, todos los religiosos y las monjas de Pasto dependieron tanto del obispo de Quito como de las casas provinciales ubicadas en esa ciudad.

La agitacion politica que a principios del siglo XIX sacudio a Espana y a sus colonias, pronto se extendio a Pasto. En Quito, en 1809, se establecio la Junta Suprema, que segun sus integrantes presidiria a nombre de Fernando VII, mientras el rey recuperaba la peninsula o venia a gobernar en America. La Junta, mediante una carta, invito a los pastusos a sumarse a esa iniciativa, pues su proposito era controlar las ricas minas auriferas de la costa Pacifica de la actual Colombia y dominar a Panama, ambicionada por su localizacion estrategica. (17)

Esa misiva la rechazo el cabildo de Pasto. A partir de ese hecho, sus integrantes justificaron su posicion politica desde la denominada <<justa causa>>, que consistio en defender al rey, a la religion catolica, a Dios, a la madre patria y sus derechos. (18) Para ellos resultaba inaceptable romper su juramento de fidelidad al monarca. La defensa fue la expresion de la autodeterminacion de un pueblo que tenia un proyecto de vida en el contexto de la monarquia y que resistio frente al proyecto liberal-republicano, porque considero que el nuevo modelo trastocaba sus costumbres, su economia, sus posesiones, su manera de ser y su organizacion social. (19) Incumplir con sus arraigados preceptos fue considerado como actos de agravios, deslealtad y deshonra, actitudes que eran rechazadas por la sociedad. (20)

La elite tambien buscaba resguardar sus prerrogativas politicas, economicas y sociales, que se manifestaban en el poder que les otorgaba el monopolio de los cargos publicos: teniente de gobernador, alferez real, regidores o miembros del cabildo, alcaldes de primer y segundo voto, entre otros cargos. Algunos de esos funcionarios pertenecieron a la familia Santacruz, que condujo el realismo local (1809-1816) e, incluso, desde unos anos atras, era la mas reconocida del lugar por su liderazgo economico, politico y social. Entre 1799 y 1819, doce de sus miembros ocuparon diferentes cargos en el cabildo citadino y en pueblos de indios. (21) En menor medida tambien ejercieron influencia en la provincia de Los Pastos, (22) en donde el presbitero Juan de Santacruz era el parroco de Tuquerres. (23) La familia estaba emparentada con otros linajes destacados en el medio: Delgado, De la Villota, Polo y Segura. Por su parte, don Tomas de Santacruz y Caicedo fue teniente gobernador en 1810 y coronel del ejercito del rey entre 1810 y 1814, al tiempo que encabezo la defensa del nexo pastuso con la Corona.

Con respecto a los asuntos economicos, en 1809 el cabildo considero que la unica forma que tenia la Junta Suprema de Quito para adelantar su proyecto politico era establecer nuevas rentas, porque los erarios de esa ciudad resultaban insuficientes a la hora de solventar los gastos que planeaba; en aras de cubrir ese deficit, los quitenos echarian mano de <<todo el patrimonio de Jesucristo>>, consistente en la venta o usurpacion de los bienes de la Iglesia, intromision en el patronato, abuso del diezmo y establecimiento de nuevos tributos, lo que provocaria en la poblacion una <<intolerable mendicidad>>. (24) Con ese planteamiento, demostraban su preocupacion frente a la posibilidad de ser castigados con nuevos impuestos. En el fondo, buscaron defender su estatus economico, que desde 1770 fue afectado por largos veranos y plagas de langostas que ocasionaron una crisis en la agricultura junto a un desabastecimiento de productos, tanto para el consumo local como para el comercio, al tiempo que generaron pobreza entre sus habitantes. (25)

Desde el inicio de la disputa, los indigenas de los veintiun pueblos de indios que rodeaban a la ciudad, asi como los de otras poblaciones cercanas, se involucraron en el conflicto. Segun Marcela Echeverri, apoyaron lo que ella denomina el <<realismo popular>>, porque a partir de 1809 diversas autoridades hicieron alianzas con los nativos: a cambio de su respaldo en la confrontacion--basicamente sirviendo como cargueros--, las autoridades ofrecieron suprimir el tributo, que era un ingreso importante para las rentas coloniales. Esa posicion no fue estatica: entre 1815 y 1820, con la llegada a la Nueva Granada del reconquistador Pablo Morillo y el retorno al autoritarismo en Espana, los indigenas perdieron esos beneficios, porque los caciques, en aras de recuperar su poder frente a la Corona, decidieron que sus comunidades continuaran pagando el tributo. (26) Los nativos fueron aliados porque sentian que con la Independencia se ponia en riesgo la estructura social y cultural en la cual vivian: los resguardos, las cofradias, los cacicazgos y cierto amparo del rey a traves de los protectores de indios. Lo anterior aseguraba su identidad y reproducia su subsistencia material y simbolica como grupo. (27) A mediano plazo, sus temores se cumplieron: en la Constitucion de 1821 se decreto la disolucion de los resguardos y la supresion de tributos. (28) Pero esa medida no cubrio a los nativos de Pasto debido a su posicion politica. Igualmente, la participacion de mestizos y blancos pobres fue decisiva en el curso de las confrontaciones, tema que no se ha investigado.

Un factor que agravo las diferencias entre los habitantes de la ciudad y politicos de otras ciudades fueron las cartas agresivas y descalificadoras que mandaron los foraneos. Las propuestas que estos le presentaron al ayuntamiento de Pasto inicialmente eran conciliatorias, pero luego se tornaron violentas y amenazantes, porque la postura de los pastusos frenaba sus objetivos. Algunos de los emisarios fueron la Junta Suprema de Quito (1809); Joaquin Caicedo y Cuero, presidente de la Junta Suprema de Popayan (1811); Alejandro Macaulay, comandante y luego coronel del ejercito del Superior Gobierno de la Provincia de Popayan (1812); Antonio Narino, teniente general y presidente del estado de Cundinamarca (1814), y Simon Bolivar (1823-1824). (29) En este contexto, la Junta Suprema de Popayan le escribio al cabildo de Pasto, el 4 de julio de 1812: <<La ruina de Pasto ha llegado y esta ciudad infame y criminal va a ser reducida a cenizas>>. (30) Los extranos no crearon las condiciones para entender los argumentos de sus contrincantes, solo querian imponer sus ideas. Aparentemente, para los defensores de la Independencia sus planteamientos eran los unicos validos. Como ya se establecio, los pastusos se sentian a gusto con los valores, que a su vez eran cuestionados por los defensores de las Juntas o de la Independencia.

En Pasto, las decisiones del cabildo contaron con el apoyo de amplios grupos, como resultado de una identidad regional, un sentido de pertenencia y una lealtad, lo cual le permitio ser el principal actor politico y militar entre 1809 y 1822. (31) Esas acciones no fueron excepcionales. Para Annick Lemperiere los cabildos fueron los actores principales de los acontecimientos politicos. (32) Los argumentos que los cabildantes esgrimieron desde 1809 se revelaron con claridad en la misiva que le enviaron a Narino el 4 de abril de 1814:
   Nosotros, en fuerza de los principios santisimos que le
   compendiamos en nuestro oficio, hemos vivido satisfechos
   y contentos con nuestras leyes, gobiernos, usos
   y costumbres.

   Por uno y otro extremo hemos padecido violencias,
   incendios, robos y escandalos y hasta ahora no podemos
   comprender con que autoridad se han formado
   estas revoluciones, pretendiendo por la fuerza, o sujetarnos
   o destruirnos al mismo tiempo que se decanta
   la libertad.

   [...] pero es inevitable, o defendernos o morir por los
   sagrados principios que nos conducen. (33)


Parte de esa situacion se debia a que la sociedad pastusa desconfiaba de las nuevas ideas que le resultaban dificiles de comprender. German Carrera analizo el caso venezolano, una interpretacion que es valida para todas las colonias espanolas. Carrera muestra que para la poblacion era mas sencillo entender la figura del rey que la de la Republica: <<era un concepto abstracto, dificilmente comprensible para la mayoria de la poblacion. En cambio, el rey era un principio de la vida que no necesitaba ser probado>>. Ademas refirio como Coro y Maracaibo fueron realistas durante la Independencia, y propuso la siguiente reflexion: <<?Estaban obligados, controlados, politicamente y militarmente, o se trataba en realidad de una sociedad que no se hallaba mal bajo el dominio del Rey?>>. (34)

Entre 1809 y 1824, los exitos militares y politicos que alcanzaron los pastusos se debieron al compromiso resuelto de amplios sectores de la poblacion. La participacion femenina fue fundamental: trasportaron armas, municiones y comunicaciones; cocinaron; atendieron a los combatientes heridos; enganaron a los adversarios y animaron a sus familiares. Mujeres de todas las condiciones demostraron valentia y decision para defender sus valores, (35) entre ellas se destacaron las conceptas, quienes, al igual que sus coterraneos, rechazaron los planteamientos republicanos que se intentaron imponer en su ciudad.

El proceso politico y las monjas

La presencia de las religiosas en la ciudad era antigua. El Real y Religioso Monasterio de la Pura y Limpia Concepcion de Nuestra Senora, de la Segunda Orden de Nuestro Serafico Padre San Francisco, se establecio en Pasto en 1588. Este, que fue el unico claustro femenino que se abrio en la ciudad, el tercero que se creo en la actual Colombia y uno de los quince conventos femeninos fundados en este territorio durante la Colonia, surgio como respuesta a las peticiones de los habitantes para que sus hijas pudieran acceder a la vida monacal, y, desde el comienzo, dependio del obispo de Quito. (36)

En la America colonial las comunidades religiosas femeninas desempenaron varios papeles, entre ellos: rezaban por sus contemporaneos, intercedian por las almas del purgatorio, organizaban celebraciones religiosas, prestaban dinero, eran propietarias de numerosos bienes inmuebles, educaban a ninas. (37) Por esas razones, en sus entornos eran apreciadas y respetadas como personas dedicadas a la mas elevada forma de vida.

Este monasterio, como muchos otros del continente, tuvo muchos roles sociales: fue el espacio en el que algunas damas, obedeciendo los dictamenes de sus padres o sacerdotes, o por vocacion religiosa, tomaron la decision de volverse monjas; era el hogar de numerosas mujeres de diversas etnias y condiciones economicas, como expositas o ninas en estado de indefension, laicas que vivieron en el claustro--algunas de ellas para escapar de relaciones complicadasy empleadas domesticas que se ocupaban de diferentes labores. El claustro en menor grado cumplio funciones de control social: lugar de reclusion para esposas <<rebeldes>> llevadas por sus conyuges o carcel femenina. (38) Tambien tenia importancia en la vida regional, pues a el ingresaban jovencitas oriundas de otros lugares, como Barbacoas. En 1825, en el claustro habitaban veintinueve mujeres, entre monjas, profesas y novicias, segun se registro en el censo de 1825. Entre tanto, la poblacion total de la provincia de Pasto era de 27 295 personas. (39)

En ese medio, los familiares de quienes eran candidatas a ingresar al convento debian cancelar una dote. El valor de esa contribucion influyo en el estatus de las religiosas: cuando los parientes cancelaban una dote de mil pesos, ocupaban los cargos de mayor jerarquia y usaban un velo de color negro; mientras que cuando los responsables consignaron quinientos pesos, las enclaustradas cubrian su cabeza con un velo blanco y eran las responsables de los oficios --como panaderia o porteria--.

En muchas ocasiones, parte de la dote consistio en propiedades rurales. Como consecuencia de esos aportes, con el trascurrir del tiempo, la comunidad se consolido como una de las primeras terratenientes de la localidad. A comienzos del siglo XIX contaba con cinco propiedades; cuatro en clima frio, contiguas la una de la otra, proximas a la urbe y cercanas al Camino Real. Sus nombres eran Chapal, Panchindo, Botana y Chavez. La quinta hacienda, Sandona, de clima templado, estaba a 48 km de la ciudad. Otros bienes del claustro fueron: un molino hidraulico de cereales en la ciudad, tiendas para alquilar y aproximadamente 55 censos que ayudaron a establecer. (40)

De los predios rurales obtuvieron bienes para su subsistencia como: cereales, tuberculos, frutas, ganado en pie para sacrificar, lacteos, miel de cana, lana y lena, entre otros elementos. (41) Parte de esos recursos les sirvieron para cumplir con algunos de los compromisos laborales que tenian con el personal que trabajaba en sus propiedades: aproximadamente 80 indios y mayordomos que laboraban en las haciendas, capellan, administrador, molinero, notario del convento, musicos y cerca de 40 criadas que les servian en el claustro. (42)

En esos anos, debido a la produccion de las fincas, al alto numero de indios que trabajaba en ellas y a los ingresos que recibian de los censos, la importancia del monasterio en la economia local era innegable. (43) Por otro lado, en la poblacion, ante la ausencia de establecimientos de instruccion femenina, las religiosas se encontraron entre las mujeres mas estudiadas de su entorno, ya que para profesar debian saber leer, escribir, rezar en latin y elaborar obras manuales. (44) Las anteriores caracteristicas contribuyeron a que las enclaustradas tuvieran un estatus social y economico alto dentro de su territorio y a que gozaran del respeto de sus coetaneos.

Pasando al plano politico, la defensa de las conceptas a la Santa Causa se manifesto desde los primeros anos del proceso. En septiembre de 1811, Pasto estaba rodeado de enemigos: al sur, se encontraban las tropas quitenas dirigidas por Pedro Montufar y Feliciano Checa, que representaban a la Junta Suprema de Quito, y, al norte, se hallaban los hombres al mando de Joaquin Caicedo y Cuero. El 16 de septiembre de 1811, tras deliberar acerca de la situacion en un cabildo abierto, el ayuntamiento de Pasto capitulo pues no tenia alternativa. (45) Esa accion no freno a los quitenos que, el 22 de ese mes, saquearon la ciudad y cometieron muchos desafueros. Luego, ingresaron los hombres dirigidos por Caicedo y Cuero y los del sur se retiraron. (46)

El 8 de octubre, Caicedo y Cuero animo a un punado de pastusos republicanos a declarar la autonomia mediante el Acta de Independencia de Pasto. Asi, controlaron la ciudad hasta mayo de 1812. (47) En ese grupo hubo algunos sacerdotes como Aurelio Rosero, capellan de las conceptas y posteriormente capellan de las tropas de Caicedo, Jose Paz y Burbano y Jose Palacios. (48) El intento fue pasajero, pues la iniciativa politica no se gano la voluntad de sus coterraneos. En mayo de 1812, los realistas, encabezados por el militar Ramon Zambrano y el sacerdote Pedro Jose Sanudo, reorganizaron a los antiguos combatientes, quienes con ayuda de los moradores de El Patia vencieron a los republicanos; Caicedo y Cuero fue apresado. (49)

En esa derrota, las religiosas jugaron un papel decisivo. De hecho, los miembros del cabildo destacaron su actuacion: <<porque en las calles se fueron proveyendo los nuestros de cartuchos y fusiles que habian tenido ocultos, habiendoles proveido de uno en uno aun las religiosas del Monasterio de Conceptas de esta ciudad>>. (50) En julio de 1812, dos meses despues de la retoma de la ciudad, los patriotas de Popayan instruyeron al coronel comandante Alejandro Macaulay para liberar a Caicedo y Cuero, junto con los oficiales prisioneros, y recuperar las armas.

Con respecto a las concepcionistas le ordenaron: <<El Gobierno tiene entendido que el Convento de Monjas ha tomado una parte activa en la insurreccion y mal ejemplo, en lugar de servir de estimulo a la virtud. Si asi fuere, se pondra de acuerdo con el Reverendo Obispo de Quito para remitir alla a todas las monjas, destruyendo esa casa de desedificacion>>. (51)

El parrafo muestra como las acciones de las religiosas fueron conocidas fuera de su ambito, asi como la posicion intransigente de los payaneses contra ellas; a Macaulay no le ordenaron usar las palabras sino la fuerza, expulsarlas a Quito y acabar con el convento para que dejara de arrastrar a la poblacion con su supuesto mal ejemplo. Esas recomendaciones se incumplieron, porque el cabildo de Pasto acordo con Macaulay entregar a Caicedo y Cuero, ademas de las tropas, a cambio de que los foraneos regresaran a Popayan. Pero los dos dirigentes contravinieron lo pactado: en su intento de continuar a Quito, fueron apresados y fusilados el 26 de enero de 1813.

Ese compromiso pro realista que asumieron las monjas resulto nitido en los apartes de una carta escrita por la abadesa Manuela de la Concepcion el 13 de junio de 1813:
   [...] que a mas de haber estado nosotros dirigiendo
   insesantemente nuestras tibias oraciones al Dios de
   los Ej'ercitos por la prosperidad de las reales armas;
   y de haber padecido muchas vej'aciones y maltratos,
   por haber hablado siempre a favor de la Santa
   Causa granjearnos toda la indignacion del prelado
   a mas de todo esto son notorias y constantes los
   servicios que hizo este Monasterio para que entrasen
   triunfantemente la expedicion de Patia a esta
   ciudad, (52) auxiliandolos con los indios de nuestras
   fincas, con fusiles, polvoras y demas pertrechos que
   teniamos ocultos, socorriendolos igualmente con
   cuantos comestibles se pudo para que tomasen esfuerzo
   las tropas. (53)


Del parrafo anterior se concluye que para las enclaustradas era justo luchar a favor del rey, ya que estaban convencidas de la bondad y de la probidad de la Santa Causa. Sin embargo, por su postura politica fueron victimas de diversas agresiones proferidas por varios religiosos, entre ellos su capellan Rosero, decidido defensor de la Republica, quien luego fue designado vicario de la ciudad. A pesar de la presion de los sacerdotes --en el contexto de una sociedad patriarcal--, las monjas se mantuvieron fieles a sus ideas.

Esa actuacion de las enclaustradas marco su activa posicion a lo largo de la guerra de Independencia; se convirtieron en importantes actores politicos, demostrando a la comunidad local y foranea su firme defensa de los valores hispanicos y catolicos. Ademas de rezar a favor de la causa, establecieron varios precedentes: apoyaron a los rebeldes con ayuda de los indigenas de sus haciendas, a quienes autorizaron para que participaran en combates; ofrecieron los productos que se daban en sus propiedades; permitieron que sus aliados escondieran armas y municiones en el monasterio, amparadas en la condicion de inviolabilidad del recinto y creyendo que este no seria allanado por los militares. La centrica ubicacion del convento en el costado suroriental de la Plaza Mayor, les permitio a los milicianos guarecerse en caso de peligro. Igualmente, la vecindad de la institucion con El Ejido facilito la huida de los insurrectos cuando las fuerzas enemigas los acechaban. Con esos procederes, las religiosas adquirieron una bien ganada fama de rebeldes entre los militares.

El periodo trascurrido entre 1814 y 1821 fue de relativo sosiego para los pastusos, pues algunos de esos anos correspondieron a la Reconquista, politica espanola que consistio en reprimir violentamente a los lideres de la Independencia, cuyos principales nucleos eran Cartagena y Santafe de Bogota. Entretanto, segun la perspectiva de las autoridades espanolas, los triunfos obtenidos por los pastusos fueron reconocidos por ellas: uno, cuando se impusieron a los quitenos (1809). Dos, cuando vencieron, apresaron y cumplieron las ordenes dadas en Quito--ciudad que desde enero de 1812 nuevamente se encontraba bajo la direccion de autoridades hispanicas--, de condenar a muerte a Caycedo y Cuero y a Macaulay (1813). Tres, en el momento del encarcelamiento de Narino, presidente de Cundinamarca (1814-1815), pues esto desperto admiracion entre los partidarios de Espana por la ciudad. Sus moradores fueron exaltados y recibieron cartas de congratulacion. (54) A su vez, el cabildo valoro la participacion de las monjas, pues fortalecian la causa realista y su ayuda era estimada. (55)

La aparente paz que vivieron Pasto y sus alrededores se perturbo a partir del 7 de agosto de 1819, cuando las tropas a favor de la monarquia perdieron la batalla de Boyaca. La derrota condujo al establecimiento de la Republica de Colombia (1819-1830). Despues de la contienda, algunos comandantes y militares espanoles buscaron refugio en Pasto. El 7 de abril de 1822 los destacamentos pro ibericos, comandados por Basilio Garcia, se enfrentaron con los republicanos que encabezaba Bolivar en la batalla de Bombona, proxima a Sandona, en donde no hubo un ganador contundente. Pocas semanas despues del combate, el venezolano envio una capitulacion que el cabildo tuvo que aceptar al enterarse del exito que lograron los ejercitos republicanos en la batalla de Pichincha, el 24 de mayo de 1822. Al caer Quito en manos de los independentistas y siendo Pasto realista, sus habitantes sabian que se enfrentaban solos a los ejercitos de la campana del sur. Fue asi como la elite local firmo la capitulacion en junio de 1822 y acepto la nueva autoridad. (56) El sacerdote Rosero era uno de los clerigos que respaldo a Bolivar, quien le devolvio la confianza designandolo entre los integrantes para elegir a los nuevos funcionarios pastusos de la naciente Republica. (57)

Entre tanto, muchos de sus moradores y los nativos que vivian en la ciudad o en sitios cercanos rechazaron la capitulacion y decidieron continuar defendiendo la Santa Causa. Para Armando Montenegro, las acciones de las guerrillas pastusas independentistas se asemejan a la violencia que vivio Colombia entre 1962 y 2002--fecha en que se publico el libro--, situacion que ha sido catalogada como <<la autonomia>>, <<la inercia>>, o la <<rutinizacion>> del crimen, lo que para los investigadores significa que la violencia se nutre de la propia violencia. (58) Segun el autor, nativos y mestizos continuaron la lucha a favor del realismo con la misma resolucion que demostraron al inicio de los enfrentamientos, al tiempo que senala que fue la propia dinamica de la confrontacion la que genero sentimientos de venganza y resentimiento. Asi, cuando los ediles capitularon, en 1822, los militantes no estaban ni vencidos ni disminuidos, a lo cual se agrega que entre los combatientes hubo una sensacion de invulnerabilidad porque no resultaron derrotados en el curso de la guerra. (59)

En este contexto, nuevamente se demostro el compromiso de las religiosas con los valores ibericos. En los parrafos siguientes se hara enfasis unicamente en la participacion de la comunidad: la rebelion contra el sistema republicano la inicio el coronel espanol Benito Boves y pocas semanas despues, entre octubre de 1822 y junio de 1824, la lidero Agualongo; ese alzamiento fue rechazado por ciertos pastusos, algunos integrantes del clero y autoridades municipales. Bolivar desaprobo ese desacato y envio a varios de sus mejores oficiales para recuperar la zona. En esos meses cruciales la ciudad fue tomada y retomada por los dos bandos. Desde el comienzo de la contraofensiva, las consagradas desempenaron un papel preponderante, pues, de acuerdo con Ortiz, conservaban sus sentimientos monarquicos: <<aunque los hombres estuviesen cansados de luchar las mujeres no lo estaban: [...] las senoras de calidad y las monjas continuaban auxiliando con viveres y dinero a los milicianos>>. (60) Esa postura se reflejo en diferentes actos, como se explicara a continuacion.

El 24 de diciembre de 1822, fecha conocida en la historiografia local como <<La Nochebuena Negra>>, las tropas dirigidas por Antonio Jose de Sucre invadieron Pasto y protagonizaron un combate contra los hombres de Agualongo; durante tres dias saquearon la ciudad y a lo largo de nueve dias las zonas rurales proximas, exceptuando el convento femenino. En el enfrentamiento, los republicanos se percataron de que les disparaban desde ese monasterio, por lo que un veterano forzo las puertas del edificio e ingreso, aunque una religiosa le cerro el paso. (61) Otros militares intentaron violar la clausura, pero la presencia de sacerdotes evito que ingresaran al recinto, en donde se encontraban escondidos los grandes custodios del nexo con Espana: Agualongo, Estanislao Merchancano, Juan Jose Polo y Joaquin Enriquez. (62)

La complicidad de damas de diferentes clases sociales con los insurgentes fue un asunto que molesto a los republicanos, porque obstaculizaba su proyecto. El militar Bartolome Salom, quien en abril de 1823 reemplazo a Sucre en la jefatura de los departamentos del sur, le escribio a Bolivar comentandole sobre las conceptas que fomentaban la rebelion, acerca de las espias y de las conductoras de las comunicaciones. (63) Bolivar le respondio en una carta fechada el 22 de julio de 1823 desde Quito: <<Que las monjas queden todas en su convento, sea cual fuere su opinion>>. (64) Ordenaba dejarlas en paz porque intentaba prevenir problemas mayores si adelantaban el destierro de las religiosas. No obstante, hubo otras pastusas realistas que no corrieron con la misma suerte: fueron expulsadas a Quito y, posteriormente, en julio de 1824, enviadas a Cuenca. Sus nombres eran Maria Mercedes Bravo, Maria Catalina Aux, Maria Zambrano, Maria Antonia Rosero y Ascension Rosero. (65)

En febrero de 1824, durante tres dias, se presentaron combates entre los bandos de Agualongo y Juan Jose Flores, militar de los ejercitos del sur que remplazo a Salom, hasta que los realistas se dispersaron porque se quedaron sin armas y sin municiones; unicamente continuo luchando un grupo dirigido por Agualongo y sus principales hombres, quienes combatieron desde el claustro femenino. Entre el 6 y el 7 el recinto estuvo sitiado por Flores, quien amenazaba con tomarlo a la fuerza si no se entregaban los rebeldes. Rosero medio entre los combatientes y, entretanto, Agualongo abandono el refugio en compania de sus seguidores. El enfrentamiento fue sangriento, y quedaron numerosos muertos y heridos de ambos lados. Ademas, cerca de doscientos pastusos resultaron prisioneros, entre ellos, el comandante Nicolas Lopez y el capitan Ramon Astorquiza, quienes fueron fusilados en la Plaza Mayor mientras sus familiares y militantes eran obligados a presenciar el acto. (66)

A partir del segundo trimestre de 1824, la suerte dejo de acompanar a los militantes de Pasto y sobrevinieron un par de hechos que le pusieron fin al movimiento: la derrota en Barbacoas y el apresamiento y ejecucion de Agualongo en julio de 1824. Para las conceptas que apostaron por el triunfo de los realistas como sus aliadas, esto debio ser dificil de aceptar, puesto que se apago la ultima esperanza en la defensa de sus convicciones.

El actuar de las monjas

Las monjas abrazaron el realismo porque consideraban que las ideas de la Junta de Quito y, luego, las republicanas, eran ateas, lo que las tocaba profundamente en su fuero interior, porque ellas optaron por consagrarse a Dios, y los independentistas, al atacar al creador, amenazaban su vocacion y su estilo de vida. El regimen republicano representaba para ellas un mundo desconocido, lleno de incertidumbre, y las religiosas deseaban preservar sus viejas costumbres, pues estas les daban confianza. En 1809, cuando los cabildantes se refirieron a la preocupacion por nuevos impuestos y por la perdida de sus tierras, no se mencionaron los bienes de las conceptas, sin embargo, en ese contexto se infiere que temieron perderlos, dado que estos les aseguraban los recursos para conservar su calidad de vida. (67)

La estrategica ubicacion del convento, el cual se hallaba en el costado oriental de la Plaza Mayor, a menos de media cuadra de la casa del Cabildo, les permitio a las damas seguir los acontecimientos y escuchar a los bandos del gobierno informar a la poblacion acerca de la evolucion de los hechos politicos. A lo que se agrega que el claustro tenia un mirador; desde ese lugar, fueron testigos privilegiadas de los enfrentamientos o las ejecuciones que se cumplieron en la Plaza Mayor por parte de los militares foraneos cuando ocupaban su poblacion.

La posicion de las religiosas difirio notablemente de la asumida por algunas caucanas de prestigio que respaldaron las ideas libertarias. Para Alonso Valencia Llano, las mujeres de la elite estaban mejor preparadas que las de los otros sectores sociales para entender los cambios que se proponian lograr sus parientes, debido a su participacion en conversaciones privadas y tertulias; porque la educacion que recibian les permitia leer los diversos documentos impresos que circulaban y la correspondencia privada, y porque comprendian las propuestas que fundamentaban el nuevo proyecto politico. (68)

En otras regiones se presentaron situaciones diferentes a la ocurrida entre la elite caucana: algunas heroinas de la Independencia colombianas pertenecieron a sectores populares. (69) En cambio, ciertas conceptas eran integrantes de reconocidas familias pastusas: varias descendientes de la familia de los Santacruz ingresaron al convento. Don Jose Pedro Santacruz era el encargado de cancelar la dote de la religiosa Santa Rosa de San Juan, quien fue abadesa; don Mariano Santacruz respondio por las obligaciones de Mercedes de San Jose y don Francisco Santacruz pago los gastos de la monja Maria de la Encarnacion. (70) Entretanto, dos hijas del capitan realista Nicolas Chavez pertenecieron a la comunidad: Valentina de San Ignacio y Maria de San Nicolas.

Las demostraciones de autonomia de las religiosas eran conocidas en la ciudad desde 1812. Tal actitud se reafirmo una vez mas en un sonado caso protagonizado en 1820 por varias enclaustradas, como Francisca de San Vicente y Valentina de San Ignacio, cuando, en publico y verbalmente, rechazaron con violencia que algunos sacerdotes--entre ellos, el vicario Rosero (1819-1828)--azotaran a una de sus criadas porque la encontraron en la calle. Segun se concluye, los religiosos estaban en desacuerdo con que las empleadas salieran del claustro, porque estas llevaban y traian mensajes. Para las monjas, esto constituia una intromision en la administracion de su convento, (71) pero su descontento contra Rosero tambien se debia a que era su enemigo politico y un defensor de las ideas republicanas.

Con todo, el nexo politico de las religiosas con el cabildo llego a su fin a medida que el proceso independentista avanzaba. El 8 de junio de 1822, el dia en que el cabildo inicio el armisticio, una monja grito desde la ventana del convento: <<Abajo los insurgentes>>. (72) Insurgentes eran los defensores de la Independencia. Aunque la elite capitulo, como se explico en parrafos anteriores, las enclaustradas perseveraron en la defensa de los valores de la <<justa causa>>. Para sostener su posicion continuaron apoyando a una persona de poco poder social como Agualongo, respaldado por indigenas, mestizos, religiosos y algunos personajes de prestigio.

En estos anos de guerra, las religiosas demostraron su preocupacion por otros grupos de la sociedad. Ante el temor de la inminente presencia de tropas foraneas y del estallido de combates, algunas mujeres y ninas se refugiaron en el convento. Esto ocurrio en la violenta toma de la ciudad en la Navidad de 1822. Semanas despues, el 7 de febrero de 1823, el vicario mando salir a las seglares, quienes le solicitaron que les permitiera quedarse un tiempo mas hasta que pudieran arreglar las puertas de sus moradas, las cuales habian sido destrozadas por los combatientes. (73)

De la misma manera, muchas personas, ante la posibilidad de saqueos a sus residencias, optaron por encargar sus bienes a religiosas conocidas, quienes los depositaron en sus celdas. Asi, por ejemplo, el sacerdote Casimiro de la Barrera le solicito a Maria Rosa de San Joaquin que le guardara sus trastos. (74) Sin embargo, frente a los excesos de los combatientes, el recinto no fue inviolable como se creyo. En plena contraofensiva, un oficial republicano de apellido Ramirez lo saqueo. (75) Igualmente, en mayo de 1823, Agualongo, con algunos de sus hombres, entre ellos Joaquin Enriquez, Jose Gregorio Sarria, el espanol Juan Pena y el venezolano Juan Gallardo, sustrajeron del claustro dos cargas de ropa de Castilla--nombre que recibieron en la Colonia las telas oriundas de Europa--pertenecientes al payanes don Jose Rafael Arboleda. (76) Con esa accion, los pastusos abusaron de la confianza que les dieron sus protectoras y las pusieron en una situacion incomoda frente a Arboleda.

De los actos referenciados se desprende que, en las epocas mas algidas del conflicto, la vida privada del convento fue tensa. En pos de la defensa de sus creencias, las monjas lo usaron con fines politicos e incluso militares, amparadas en la supuesta inviolabilidad de la clausura, lo que provoco muchas dificultades: el riesgo de tener militares acechando en las tapias del convento; la intromision durante dias de militantes pastusos dentro de su claustro, porque aunque estuviesen alejados de la clausura, su presencia y la satisfaccion de sus necesidades alteraba las rutinas, y, finalmente, su vulnerabilidad, pues integrantes de los dos bandos saquearon bienes que eran de su propiedad o que habian sido encomendados a su cuidado.

Respaldo economico

El recrudecimiento de la guerra entre 1822 y 1824 dejo numerosos danos materiales en Pasto y en las zonas rurales cercanas, como resultado de las acciones de militares colombianos, insurgentes de la zona, soldados realistas derrotados en varios lugares que deambulaban por el territorio, nativos y algunos delincuentes; muchos aprovecharon la inestabilidad, la violencia politica reinante y la falta de autoridad y justicia para delinquir. (77) De hecho, la ubicacion de las haciendas del monasterio, proximas al Camino Real, influyo para que se convirtieran en uno de los blancos favoritos de los actores del conflicto, pues alli se <<abastecian>> de bienes. Ahora bien, aunque en esos lugares sin duda se sintio la crudeza de la guerra--hubo saqueo y malos tratos a los indigenas--, no hay datos de muertos.

El sacerdote Jose Paz y Burbano, administrador de temporalidades (78) del Monasterio, rindio un informe en abril de 1825 que comprendia desde septiembre de 1822 hasta febrero de 1825, (79) periodo clave en el proceso de insurgencia y pacificacion de la ciudad. En el, daba cuenta de los constantes saqueos de los que fueron objeto esas propiedades, tanto por parte de los combatientes pastusos, a quienes se les llamo en la epoca <<tropas bochinches>> o simplemente <<bochinches>>, como de los militares republicanos denominados <<tropas de la patria>>, <<tropas de Colombia>>, <<tropas de Sucre>>, <<tropas de Mires>> o <<soldados de la Republica>>. Otros grupos sin propositos politicos tambien se aprovecharon de esos recursos; ellos fueron: los indios de Catambuco y sus vecinos de Pueblo Negro, bandoleros y ladrones. (80)

En el documento, el religioso detallo las numerosas apropiaciones de bienes lideradas, principalmente, por las tropas republicanas y los milicianos de Pasto, entre 1822 y 1824. A pesar de que no hay una secuencia cronologica de los hechos, se describieron los danos que sufrio cada propiedad, se senalo a los responsables de los mismos y se hicieron observaciones sobre las distintas perdidas. A partir de ese informe se identifica el dificil momento que atravesaban las religiosas y todos los que dependian de ellas, puesto que sus cosechas y animales fueron robados por los actores del conflicto. Los responsables de ambos bandos no quisieron o no pudieron controlar a sus hombres, porque necesitaban con urgencia de esos recursos para sostenerse. El saqueo era considerado como un premio para los militares y, en ocasiones, respondia a la demanda y a las exigencias hechas por los superiores en lo referente al envio de animales y alimentos destinados a los batallones republicanos. Se llevaban todo lo que podian, por ejemplo: herramienta agricola, hierba para alimentar a sus caballos o tusas para cocinar. (81)

Paz y Burbano, como muchos religiosos del clero local, estaba en desacuerdo con las acciones emprendidas por sus coterraneos. Aparentemente no se mostro partidario de ningun bando y, aunque critico los excesos de los distintos implicados, trato como <<benemeritos>> a Sucre y a Salom. Tampoco tuvo reparos en decir que <<en diciembre de este mes [14 diciembre de 1823] comenso la destruccion de la ciudad, por la guerra que dentro el Senor General Mires, (82) y no ubo ombre con ombre, ni oficio con oficio, y el molino se destruyo>>. (83)

En esas circunstancias, el auxilio de las conceptas a los realistas fue total cuando les permitieron establecerse en Sandona y disponer de sus bienes para su manutencion. La religiosa Maria Teresa de Santa Rita fue una de las abanderadas de esa iniciativa:
   [...] que todo quedo arruinado por los vandidos de
   Pasto, en todo el tiempo que se mantuvieron en la
   expresada Hacienda de Sandona, manteniendose
   con solo frutos y ganados por orden que de las mismas
   monjas, y en principal de la [Maria Teresa de]
   Santa Rita; asi consta por declaracion que vajo de
   la religion del juramento tiene echa, el mayordomo
   Manuel Diaz [...]. (84)


En la cita queda en evidencia el desafecto de Paz y Burbano hacia los combatientes realistas, a quienes siempre trato de bandidos. Por otro lado, el documento cuestiona la idea generalizada de que los realistas pastusos se amparaban en sus residencias rurales tras los enfrentamientos, (85) ya que en sus pueblos tenian varios limitantes: eran pequenos, sus vecinos los conocian y su cercania a Pasto los convertia en refugios inseguros. Los combatientes de origen urbano no podian esconderse en la ciudad, puesto que resultaba un espacio reducido para ocultarse y podian ser victimas de delaciones. De esta manera, Sandona fue un cobijo que proporciono mayor resguardo, ya que su ubicacion en las riberas del rio Guaitara--entre el rio Patia y el altiplano de Tuquerres e Ipiales--era estrategica, lo cual les facilitaba el control del territorio en el norte y el sur, ademas de la movilizacion por la region. No obstante, su estancia en ese lugar fue transitoria: no solo los militantes pastusos usaron la propiedad y abusaron de ella, tambien los republicanos la ocuparon y saquearon. (86) Cabe anotar, sin embargo, que no se ha podido establecer cuando y por que salieron los milicianos realistas y en que momento entraron los independentistas.

Varios de los <<robos>> que el sacerdote denuncio como actos de los bochincheros fueron acciones aprobadas por las religiosas, en particular en Sandona, entonces no siempre se les puede rotular como saqueos. Agualongo, por ejemplo, contaba con la autorizacion de las monjas para llevarse ganado destinado a sus militantes. En estas circunstancias, ciertos militares no estaban cometiendo un delito, sino aprovechando un beneficio. Su subalterno, Carlos Calvache, escribio y firmo: <<Resibi de mano del senor Manuel Dias [mayordomo de la hacienda Sandona] seys reses para la tropa de orden del Comandante General Don Agustin Agualongo para que conste lo firmo en Chaguayco, (87) 22 de febrero de 1824>>. (88) Este recibo muestra que las monjas o Agualongo intentaron ejercer cierto control sobre algunos bienes que los realistas se llevaron para sostenerse. Ademas, se infiere que hubo un acuerdo entre las religiosas, su mayordomo y militantes realistas.

De hecho, se sabe que Agualongo intento proteger los bienes del claustro de la rapina de los soldados de la Campana del Sur y de la delincuencia comun. El 26 de febrero de 1824, mando a sus hombres a que llevaran a Chaguarbamba (89) los viveres para el miercoles de ceniza, los cuales debian ir divididos para que el cargamento resultara menos llamativo. Finalmente, el comandante confio en que sus ordenes se cumplirian. El escrito da cuenta de la inseguridad de la epoca, ya que incluso el supremo guia solicito que se tomaran las precauciones necesarias para que la remesa llegara satisfactoriamente a su destino:
   En el momento que vea usted esta orden, pondra en el
   campo de Chaguarbamba la remeza que debia ir para
   ceniza (90) a las Monjas, que sera de 30 cargas de toda
   especie de viveres; debiendo presisar a los arrendadores
   para que los carguen y las sacara aunque sea en
   partidas de diez en diez. Espero no haya lugar a otra
   cosa. Tanguana (91) febrero 26 de 1824. Agualongo. (92)


La complejidad del conflicto provoco que, por presiones externas o por necesidad, algunas religiosas ofrecieran obsequios a militares republicanos:
   la otrora rebelde Manuela de la Concepcion
   mando a preparar conservas para Flores, y la vicaria
   Rosa de Jesus dio un novillo al general Salom. (93)
   Igualmente, tres enclaustradas salieron de
   su encierro para servirle a Salom como mensajeras
   de una misiva que mando a Agualongo, comunicacion
   que este ultimo rechazo. (94)


Las conceptas les ofrecieron a sus aliados una ayuda fundamental, que les permitio sostenerse durante veintidos meses batallando contra los republicanos, ya que en los ultimos anos de confrontacion no hubo en la ciudad ni en sus alrededores personas con una voluntad politica y una solvencia economica equivalentes a las del claustro. La gente temio las represiones del nuevo regimen o creyo que no tenia sentido seguir luchando. En abril de 1825, derrotada y en plena postguerra, la abadesa Rosa de Jesus recibio el dinero obtenido por las moliendas de trigo y cambio al mayordomo de la hacienda de Panchindo. A Paz y Burbano le desagradaron esas decisiones que se tomaron sin tenerlo en cuenta: (95) aunque la superiora estaba vencida politicamente demostraba la autoridad que aun detentaba.

Conclusiones

En la Colonia, las conceptas gozaron de poder social y economico, y en los anos de Independencia detentaron uno mas: el politico. Durante la confrontacion procedieron con coraje y temeridad en un contexto publico violento. Esto confirmo lo que escribio Bolivar acerca de las pastusas en julio de 1823: <<[...] las mujeres mismas son peligrosisimas>>. (96) Las religiosas como colectivo fueron <<peligrosisimas>>, porque con los recursos que tenian desafiaron a militares como Caycedo y Cuero, Sucre, Salom y Flores, entre otros.

Su autonomia contrastaba con lo que se esperaba de las mujeres en ese momento. Segun la tradicion juridica y social heredada del judeo-cristianismo y de Espana, las mujeres debian someterse a sus padres, esposos o hijos, y eso mismo ocurria al interior de los claustros. (97) Durante un tiempo, las conceptas no fueron la excepcion: dependieron del mitrado quiteno, y, en Pasto, obedecieron al vicario local, aunque desconocieron esas costumbres rebelandose contra los foraneos y, desde los primeros anos de Independencia, contra su <<superior>>, lo que estaba en franca oposicion a lo que se creia que debian ser las damas del siglo XIX: personas pasivas, dependientes de las decisiones de los hombres de las familias e incapaces de asumir el manejo de sus vidas y de sus intereses. No obstante, la obediencia de las monjas a sus superiores tenia numerosas excepciones: el sacerdote Angel Martinez menciono en el siglo XVIII muchos y complejos casos de claustros en America Hispanica en donde las religiosas rechazaron las ordenes de obispos que, segun ellas, atentaban contra sus derechos. (98)

Las monjas, por su condicion religiosa, se libraron de una violencia descarnada. Su actuar politico, como el de los republicanos, tuvo limites: aunque demostraron mucha resolucion, no hay indicios de que hayan combatido o escrito proclamas. Entretanto, los militares, aunque consideraron la posibilidad de trasladarlas a Ecuador, no lo hicieron, ni tampoco asaltaron el claustro a la fuerza. Se infiere que temieron las graves consecuencias que podia provocar esa medida en un territorio que tanto les costaba pacificar.

En cambio, para otras comunidades masculinas en Colombia y de ambos sexos en Peru la situacion fue mas compleja: Bolivar, necesitado de recursos para cumplir con sus promesas republicanas, expropio bienes de los monasterios y suprimio algunos conventos masculinos para conseguir rentas y obtener sedes con el fin de crear instituciones que suplieran a las catolicas en sus tareas caritativas y educativas. (99) De forma abrupta concluia, entonces, un antiguo pacto colonial entre religiosos y autoridades.

Para cerrar, cabe destacar que este articulo, desde las categorias de politica y de genero, intento, por un lado, aportar a una linea de investigacion poco tratada en Colombia, el actuar politico de los claustros femeninos durante la Independencia, y, por otro, contribuir a complementar la historia de las mujeres pastusas; una historia en la que muchas hicieron parte de la resistencia frente a las propuestas republicanas.

doi:10.11144/Javeriana.mys22-44.cpdj

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Zarama Rincon, Rosa Isabel. Vida cotidiana en San Juan de Pasto, 1770-1810. San Juan de Pasto: Fondo Mixto de Cultura--Ministerio de Cultura, 2005.

Recibido: 17 de julio de 2017

Aceptado: 20 de noviembre de 2017

Disponible en linea: 30 de noviembre de 2018

(1) Asuncion Lavrin, comp., Las mujeres latinoamericanas. Perspectivas historicas (Mexico, D.F: Fondo de Cultura Economica, S.A. de C.V, 1985), 19.

(2) Algunos de los autores que trataron sobre este asunto son: Eladio Agudelo, Dona Mercedes Abrego (Cucuta: s.e., 1963); Luis Martinez Delgado, <<Elogio de las mujeres de la Independencia y de la heroina Antonia Santos Plata>>, Boletin de Historia y Antiguedades, no. 657-659 (1969): 369-383; Horacio Rodriguez Plata, Antonia Santos (Genealogia y biografia) (Bogota: Editorial Kelly, 1969); Paulo E. Forero, Las heroinas olvidadas de la Independencia (Bogota: Instituto Colombiano de Cultura, 1972); Jose Dolores Monsalve, Heroinas de la Independencia (prologo de Enrique Gaviria) (Bogota: Academia Colombiana de Historia, 2010).

(3) Beatriz Castro Carvajal, <<Policarpa Salavarrieta>>, en Mujeres, historia y politica, Las mujeres en la historia de Colombia, tomo I, dir. Magdala Velasquez Toro (Bogota: Consejeria Presidencial para la Politica Social, Presidencia de la Republica de Colombia-Grupo Editorial Norma, 1995), 117-131; German Arciniegas, America magica. Las mujeres y las horas (Bogota: Planeta Colombiana Editorial, S.A., 1999), 75-89; Alicia Hincapie Borda, Tras la imagen y la presencia de Policarpa Salavarrieta, <<La Pola>>, (Bogota: FOCO Editores, 2011), 23-32.

(4) Jorge Buendia, <<Las primeras heroinas de Colombia>>, Boletin de Historia y Antiguedades, no. 404-406 (1948): 429-433; Ignacio Rodriguez Guerrero, <<Dominga Burbano, Luisa Gongora, Andrea Velasco y Domitila Sarasti, heroinas pastusas>>, Cultura Narinense, no. 25 (1984): 5-9.

(5) Evelyn Cherpak, <<Las mujeres en la Independencia>>, en Mujeres, historia y politica, Las mujeres en la historia de Colombia, tomo I, dir. Magdala Velasquez Toro (Bogota: Consejeria Presidencial para la Politica Social, Presidencia de la Republica de Colombia-Grupo Editorial Norma, 1995), 83-116; Jenny Londono, Las mujeres en la Independencia (Quito: Campana de lectura Eugenio Espejo, 2009), 138-142.

(6) Martha Elisa Lux, Mujeres patriotas y realistas entre dos ordenes: discursos, estrategias y tacticas en la guerra, la politica y el comercio (Nueva Granada, 1790-1830) (Bogota: Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes, 2014), XV, 72, 80 y 124.

(7) Roberto Maria Tisnes, <<Las monjas y la Independencia>>, en Historia Extensa de Colombia, tomo IV: El clero y la Independencia en Santa Fe (1810-1815) (Bogota: Academia Colombiana de Historia, 1971), 561-571.

(8) Pilar Foz y Foz, Mujer y educacion en Colombia siglos XVI-XIX: aportaciones del colegio de la Ensenanza, 1783-1900 (Santafe de Bogota: Academia Colombiana de Historia, 1997), 238-241.

(9) Tisnes, <<Las monjas>>, 561-571.

(10) Luis Alberto Ramirez, De la piedad a la riqueza: el convento de Santa Clara de Merida 1651-1874 (Merida: Archivo Arquidiocesano, 2005), 216-227.

(11) Aunque en la actualidad las religiosas del Monasterio de la Concepcion de Pasto prefieren ser llamadas concepcionistas, en la epoca de estudio eran conocidas como conceptas, por tal razon se opto por esta denominacion.

(12) Ezequiel Marquez, <<Pasto>>, Boletin de Estudios Historicos, n.o. 56-60 (1932): 291-313; Alfonso Ibarra Revelo, Agualongo (Pasto: Imprenta del Departamento, 1975), 197, 208, 259, 269, 270 y 293; Sergio Elias Ortiz, Agustin Agualongo y su tiempo (Bogota: Camara de Representantes-Editorial Elocuencia, 1987), 143, 329, 330, 340, 348, 349 y 353; Roberto Botero, General Jose Maria Cordoba, 1799-1829 (Medellin: Bedout, 1970), 266 y 267; Jose Rafael Sanudo, Apuntes sobre la historia de Pasto I-II-III-IV (Pasto: Gobernacion de Narino, 2005), 36, 87, 117 y 125.

(13) Lydia Ines Munoz Cordero, <<Las senoras conceptas y la causa del rey>>, en Manual historia de Pasto, tomo X, ed. Academia Narinense de Historia (San Juan de Pasto: Alcaldia Municipal de Pasto Secretaria de Cultura, 2009), 368-401. Lydia Ines Munoz Cordero, Mujeres del sur en la guerra de la Independencia (San Juan de Pasto: Graficolor, 2011), 104-107.

(14) Angel Rivero, <<Representacion politica y participacion>>, en Manual de Ciencia Politica, sexta edicion, ed. Ramon Pamer Valero (Madrid: Editorial Trotta, 2009), 225-228; Edurne Uriarte, La politica en las sociedades democraticas, tercera edicion (Madrid: Editorial Tecnos-Grupo Anaya, 2010), 17-19, 23.

(15) Agustin Agualongo (Pasto, 1780-Popayan 1824), pintor al oleo. En 1811, inicio su carrera militar en Pasto como soldado voluntario en la Tercera Compania de las Milicias del Rey. En 1822 era teniente coronel y en 1823 fue designado coronel. Desde finales de 1822 fue el principal lider de la resistencia pastusa contra los ejercitos del Sur comandados por Simon Bolivar. Fue fusilado en Popayan. Se resalta de el su valentia, generosidad y la humanidad que demostro frente al adversario. John Potter Hamilton, Viajes por el interior de las provincias de Colombia, tomo II (Bogota: Publicaciones del Banco de la Republica, 1955), 36; Jose Maria Obando, Apuntamientos para la historia (Medellin: Editorial Bedout, 1972), 69; Ibarra Revelo, Agualongo; Ortiz, Agustin Agualongo; Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 140-143.

(16) Rosa Isabel Zarama Rincon, <<Pasto y Coro ciudades realistas durante la Independencia>>, en Manual historia de Pasto, tomo X, ed. Academia Narinense de Historia (San Juan de Pasto: Alcaldia Municipal de Pasto-Secretaria de Cultura, 2009), 184-187.

(17) Carlos Landazuri, <<La independencia del Ecuador (1808-1822)>>, en Nueva historia del Ecuador, tomo VI: Independencia y periodo colombiano, segunda reimpresion, ed. Enrique Ayala (Quito: Corporacion Estado Nacional, 1996), 103-105; Marcela Echeverri, <<Los derechos de indios y esclavos realistas y la transformacion politica de Popayan, Nueva Granada, 1808-1823>>, Revista de Indias [en linea], no. 256 (2009). http://revistadeindias.revistas.csic. es/index.php/revistadeindias/article/viewArticle/679 (consultado el 23 de marzo de 2016), 48.

(18) Gustavo Guerrero, comp., Documentos historicos de los hechos ocurridos en Pasto en la guerra de Independencia (Pasto: Imprenta del Departamento, 1912), 12, 88, 100 y 113.

(19) Carol Estefania Guerrero Bucheli y Gerardo Leon Guerrero Vinueza, El honor en Pasto durante la independencia <<la defensa de la santa causa>> (Pasto: Centro de Estudios e Investigaciones Latinoamericanas (CEILAT), Universidad de Narino, 2011), 11; Guerrero, Documentos, 115.

(20) Guerrero Bucheli y Guerrero Vinueza, El honor, 8, 9.

(21) El religioso Melchor Santacruz fue parroco en Yacuanquer. Jairo Gutierrez Ramos, Los indios de Pasto contra la Republica (1809-1824) (Bogota: Instituto Colombiano de Antropologia e Historia, 2007), 162 y 163. Guerrero Bucheli y Guerrero Vinueza, El honor, 82, 87-91.

(22) La provincia de Los Pastos fue el territorio comprendido entre la margen izquierda del rio Guaitara, hasta la provincia de Barbacoas; al norte limitaba con Almaguer y al sur con Ibarra. En ese lugar se encontraron varios pueblos de indios como Ipiales, Tuquerres, Guachucal y Cumbal. Benhur Ceron Solarte y Rosa Isabel Zarama Rincon, Historia socio-espacial de Tuquerres, siglos XVIXX; de Barbacoas a la perspectiva nacional (San Juan de Pasto: Sistema Nacional de Investigaciones--Departamento de Geografia, Universidad de Narino, 2003), 57.

(23) Tuquerres: municipio del departamento de Narino (Colombia), 01o.05>14> Latitud norte y 77o.37>21>>. Instituto Geografico Agustin Codazzi, Diccionario geografico de Colombia, vol. 4 (Bogota: Instituto Geografico Agustin Codazzi, 1996), 2378.

(24) Guerrero, Documentos, 10-11.

(25) Rosa Isabel Zarama Rincon, Vida cotidiana en San Juan de Pasto, 1770-1810 (San Juan de Pasto: Fondo Mixto de Cultura-Ministerio de Cultura, 2005), 117-138.

(26) Echeverri, <<Los derechos>>, 49-63; Guerrero, Documentos, 52-53.

(27) Gutierrez Ramos, Los indios, 201, 246 y 247.

(28) Gutierrez Ramos, Los indios, 192-193.

(29) Ver en Guerrero los siguientes documentos: cartas de la Junta de Quito, 3-4, 12-13; cartas de Joaquin de Caicedo y Cuero y de la Junta Suprema de Popayan, 73-75, 76-78, 85-86, 97-98; cartas de Alejandro Macaulay, 87, 88, 91-94; Antonio Narino, 109-110, 116.

(30) Guerrero, Documentos, 85.

(31) Guerrero Bucheli y Guerrero Vinueza, El honor, 10.

(32) Annick Lemperiere, <<La historia urbana de America Latina>>, en Historiografia Latinoamericana contemporanea, coords. Ignacio Sosa y Brian F. Connaughton (Mexico: Universidad Nacional Autonoma de Mexico, 1999), 96.

(33) Guerrero, Documentos, 115. En numerosos documentos de esa recopilacion se menciono la fidelidad a la corona espanola: Guerrero, Documentos, 1, 2, 87-89, 101, 102, 111, 126, 129, 131, 133, 136 y 142. En esta, como en otras citas de documentos de la epoca, se conserva la ortografia original de los textos.

(34) German Carrera Damas, Una nacion llamada Venezuela, quinta edicion (Caracas: Monte Avila Editores Latinoamericanos, C.A., 1997), 50, 60 y 61. Hermes Tovar Pinzon sostiene una idea similar en <<Tiempos de guerra e inestabilidad, escritos y testimonios para el estudio de la Independencia de Colombia>>, en Memoria, Historia y nacion: a proposito del Bicentenario de America Latina, comps. Javier Guerrero Baron y Luis Wiesner (Medellin: La Carreta Editores--Universidad Pedagogica y Tecnologica de Colombia, 2010), 42 y 43.

(35) En la recopilacion documental que ordeno Gustavo Guerrero hay varias referencias sobre la activa participacion femenina en la guerra de Independencia. Guerrero, Documentos, 106, 122, 123, 127, 138 y 139.

(36) Sergio Elias Ortiz, El monasterio de las monjas concepcionistas de Pasto desde sus origenes hasta mediados del siglo XVII (1588150) (Pasto: Editorial Cervantes, 1949), 24-34.

(37) Asuncion Lavrin, <<Las esposas de Cristo en Hispanoamerica>>, en Mundo Moderno, tomo II, Historia de las mujeres en Espana y America Latina, dir. Isabel Morant, coords. Margarita Ortega, Asuncion Lavrin y Pilar Perez Canto (Madrid: Ed. Catedra, 2005), 679-685; Josefina Muriel, <<Los conventos de monjas en la sociedad virreinal>>, en Monjas coronadas. Vida conventual femenina en Hispanoamerica, ed. Museo Nacional del Virreinato (Mexico: Conaculta--Instituto Nacional de Antropologia e Historia--Museo Nacional del Virreinato--Ministerio de Cultura (Republica de Colombia) --Museo Nacional de Colombia, 2003), 75, 81 y 82.

(38) Rosa Isabel Zarama Rincon, Pasto, cotidianidad en tiempos convulsionados, 1824-1842 (San Juan de Pasto: Alcaldia de Pasto, 2012), 326-327.

(39) Hermes Tovar Pinzon, Jorge Andres Tovar Mora y Camilo Ernesto Tovar Mora, Convocatoria al poder de numero. Censos y estadisticas de la Nueva Granada (1750-1830) (Bogota: Archivo General de la Nacion, 1994), 91-96.

(40) Zarama Rincon, Pasto, cotidianidad, 326-327. Para analizar los nexos economicos entre conventos femeninos y los diversos tipos de censos en Cuzco, ver: Kathryn Burns, Habitos coloniales. Los conventos y la economia espiritual del Cuzco (trad. Javier Flores Espinoza) (Lima: Quellca--Instituto Frances de Estudios Andinos, 2008), 87-95, 174-199 y 203-216.

(41) Munoz Cordero, <<Las senoras>>, 364-368. Zarama Rincon, Pasto, cotidianidad, 231-233.

(42) Zarama Rincon, Pasto, cotidianidad, 230-233 y 356-367.

(43) Zarama Rincon, Vida cotidiana, 178-183.

(44) Zarama Rincon, Vida cotidiana, 170.

(45) Guerrero, Documentos, 79-83.

(46) Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 28. Enrique Herrera Enriquez, <<Breve cronologia de agresiones a Pasto en las guerras de independencia>>, en Manual historia de Pasto, tomo X, ed. Academia Narinense de Historia (San Juan de Pasto: Alcaldia Municipal de Pasto--Secretaria de Cultura, 2009), 298-300.

(47) Por poco tiempo, un reducido grupo de pastusos se hermanaron con los movimientos autonomicos de otras ciudades y ubicaron a sus miembros en el cabildo. Gutierrez, Los indios, 173-175.

(48) Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 30.

(49) Herrera, <<Breve cronologia>>, 301.

(50) Jose Manuel Restrepo, Historia de la revolucion de la Republica de Colombia, tomo I (Medellin: Editorial Bedout, 1969), 212. Guerrero, Documentos, 105.

(51) Guerrero, Documentos, 98.

(52) La religiosa hace referencia al 20 de junio de 1812, epoca en la que la ciudad estaba dominada por las tropas de Caycedo y Cuero. En esa fecha, arribaron a la urbe patianos, comandados por el realista afroamericano Juan Jose Caicedo, para combatir junto a los pastusos. Las fuerzas de Caycedo y Cuero luego quedaron sitiadas en sus cuarteles. Edgar Bastidas Urresty, Las guerras de Pasto (Pasto: Ediciones Testimonio, 1979), 58.

(53) Tomado de Edgar Davila Munoz, Historia retrospectiva de una gota de sangre y otros escritos (Bogota: Cargraphics, 2001), 179. Munoz Cordero, <<Las senoras>>, 376.

(54) Ortiz, Agustin Agualongo, 244.

(55) Guerrero, Documentos, 98.

(56) Zarama Rincon, <<Pasto y Coro>>, 190-201.

(57) Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 30.

(58) Armando Montenegro Trujillo, Una historia en contravia: Pasto y Colombia (Bogota: El Malpensante, 2002), 81 y 86.

(59) Montenegro Trujillo, Una historia, 84.

(60) Ortiz, Agustin Agualongo, 329 y 340.

(61) Botero, General Jose Maria, 266 y 267.

(62) Ortiz, Agustin Agualongo, 335.

(63) Ibarra Revelo, Agualongo, 259.

(64) Marquez, <<Pasto>>, 301.

(65) Edgar Ricardo Figueroa Santacruz, <<El destierro de las mujeres pastusas oposicionistas godas, a Pira-1824>>, Manual historia de Pasto, tomo X, ed. Academia Narinense de Historia (San Juan de Pasto: Alcaldia Municipal de Pasto--Secretaria de Cultura, 2009), 415-416. Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 144.

(66) Ortiz, Agustin Agualongo, 353.

(67) Esas inquietudes se cumplieron cuando el Congreso de Colombia ordeno, en 1821, suprimir los conventos masculinos que tuvieran menos de ocho religiosos y transferir sus bienes al Estado. Gutierrez, Los indios, 192-193, 221.

(68) Alonso Valencia Llano, Mujeres caucanas y sociedad republicana (Cali: Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad del Valle, 2001), 32.

(69) Valencia Llano, Mujeres caucanas, 39, 53 y 54.

(70) Nicolas Chavez, Informe del Administrador de temporalidades, 23 de diciembre de 1822, Archivo Historico Universidad de Narino (AHUN), Fondo conceptas, caja no. 3, 1820-1829, ff. 72-86. Munoz Cordero, <<Las senoras>>, 379.

(71) AHUN, Fondo conceptas, caja 3, 1820-1829, ff. 57-70.

(72) Sanudo, Apuntes, 87.

(73) Restrepo, Historia, tomo IV, 422. Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 117. En la guerra de Independencia usualmente las mujeres buscaron proteccion en los conventos femeninos. Vease Valencia Llano, Mujeres caucanas, 38.

(74) Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 117. Zarama, Pasto, cotidianidad, 341. Guardar objetos valiosos en monasterios tambien fue costumbre en otras ciudades. Lux Martelo, Mujeres patriotas, 132.

(75) Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 117.

(76) Sanudo, Apuntes, cuarta parte, 125.

(77) Obando, Apuntamientos, 392-405.

(78) Temporalidad: frutos y cualquiera cosa profana que los eclesiasticos perciben de sus beneficios o prebendas. Real Academia de la Lengua, Diccionario de la lengua espanola, Edicion del Tricentenario. http://dle.rae.es/?id=ZRG6ISw (consultado el 14 de julio de 2017).

(79) Jose Paz y Burbano, Libro fidedigno que contiene la cuenta general de la Administracion de Temporalidades del Monasterio de Monjas, de todos los caudales sus entradas, especies, frutos y gastos que e administrado con equidad, verdad y justicia; de que firmare segun su finiquito al que me remito aserlo, segun mi estado, Pasto, 14 de abril de 1825, Archivo Historico de la Universidad de Narino (AHUN), Fondo conceptas, ff. 1-46.

(80) Paz y Burbano, Libro fidedigno, ff. 10-45.

(81) Paz y Burbano, Libro fidedigno, 15v, 26r y 22v.

(82) Jose Mires (1785-1829): militar espanol, profesor de Antonio Jose de Sucre en la Academia Militar de Caracas, quien opto por la Independencia de America. http://www.enciclopediadelecuador. com/personajes-historicos/gral-jose-mires/ (consultado el 14 de julio de 2017). Efren Aviles Pino, Enciclopedia del Ecuador. http:// www.enciclopediadelecuador.com/personajes-historicos/graljose-mires/ (consultado el 14 de julio de 2017).

(83) Paz y Burbano, Libro fidedigno, f. 14r.

(84) Paz y Burbano, Libro fidedigno, ff. 42 y 42r.

(85) Segun Edgar Bastidas, durante la confrontacion los pastusos rechazaron la vida del cuartel, los ejercicios de adiestramiento y la idea de abandonar el hogar; guardaban las armas en las casas y las sacaban en el momento oportuno; no aceptaban ordenes superiores, sino que se agrupaban en las companias por familias, veredas, profesiones, antes que por razones de organizacion militar. Bastidas Urresty, Las guerras, 96 y 97.

(86) Paz y Burbano, Libro fidedigno, f. 35.

(87) Chaguayco: no se ha podido precisar la ubicacion de este lugar.

(88) AHUN, Fondo conceptas, caja 3, 1820-1830, f. 269.

(89) Chaguarbamba: a esta poblacion se le cambio el nombre por Narino, actual capital del municipio de Narino (departamento de Narino, Colombia); esta ubicada a 17 kilometros de Pasto, aproximadamente. http://www.narino-narino.gov.co/informacion_general. shtml (consultado el 26 de julio de 2015).

(90) Ceniza: hace referencia al miercoles de ceniza y a la cuaresma.

(91) Tanguana: inspeccion de policia del municipio de El Tambo, departamento de Narino (Colombia), Instituto Geografico, Diccionario geografico, vol. 4, 2272.

(92) AHUN, Fondo conceptas, caja 3, anos 1820-1830, f. 267.

(93) AHUN, Fondo conceptas, caja 3, anos 1820-1830, f. 29r y f. 45r.

(94) Obando, Apuntamientos, 65-66.

(95) Paz y Burbano, Libro fidedigno, ff. 6 y 37.

(96) Simon Bolivar, <<Cartas del Libertador comprendidas en el periodo 20 de marzo de 1799 al 31 de diciembre de 1826>>, en Obras completas, comp. y notas Vicente Lecuna, colaboracion de Esther Barret de Nazaris, 2 vols. (La Habana: Editorial Lex, 1947), t. I, 783.

(97) Lux Martelo, Mujeres patriotas, XVI-XVII.

(98) Angel Martinez Cuesta, <<Las monjas en la America colonial>>, Thesaurus [en linea], tomo L, no. 1-3 (1995): 606-615. http://cvc.cervantes.es/lengua/thesaurus/pdf/50/TH_50_123_594_0.pdf (consultado el 15 de julio de 2015).

(99) Burns, Habitos coloniales, 241 y 250-252.

Rosa Isabel Zarama Rincon

Investigadora independiente (Colombia)

rosa_isabelz@hotmail.com

Articulo de investigacion derivado de la tesis doctoral: <<Pasto cotidianidad en tiempos convulsionados: 1824-1842>>.

Leyenda: Primer folio del libro que contiene la cuenta general de la Administracion de Temporalidades del Monasterio de Monjas

Fuente: Archivo Historico de la Universidad de Narino (AHUN), Pasto, Fondo conceptas.
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Author:Zarama Rincon, Rosa Isabel
Publication:Memoria y Sociedad
Date:Jan 1, 2018
Words:13584
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