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La velocidad de los cuerpos: mercado, distopia y desecho en Los dias de la peste, de Edmundo Paz Soldan.

The speed of bodies: market, dystopia and waste in Los dias de la peste, by Edmundo Paz Soldan

Introduccion: distopia y realismo

En "Las antinomias de la posmodernidad", incluido en Las semillas del tiempo (1994), Fredric Jameson discurria sobre la represion de la historicidad en la epoca posmoderna. En el texto que cito, Jameson valoraba la ciencia ficcion como un genero particularmente valioso para reflexionar sobre el deseo utopico, a la vez que permitia la conexion del lector con la historia que desemboca en su presente, al proyectarla al futuro. Concluye el critico estadounidense que, en la ciencia ficcion, brilla con fuerza algo que reclama con vehemencia al arte: la elaboracion de una cartografia cognitiva del presente, que permite al individuo iniciar la tarea de establecer relaciones simbolicas entre su realidad y la totalidad social a la que pertenece y, de ese modo, construir posibles programas politicos para su emancipacion (cfr. Jameson, 2000). En Archaeologies of the Future (2005), Jameson ahonda en esa misma idea. Lo interesante de la ciencia ficcion radica en el tipo de lector que demanda, uno que examina las ruinas del pasado (nuestro presente, por ejemplo, en este siglo XXI) en ese futuro, como quien trabaja en un yacimiento, un arqueologo que aisla objetos y traza lineas de sentido entre ellos, en aras de reconstruir, asi, un relato que permita una lectura politica de sociedades como las que muchos habitamos en la actualidad.

Esta dominante arqueologica deviene, en los ultimos anos, cada vez mas frecuente en un buen numero de poeticas a uno y otro lado del Atlantico, que se complacen esteticamente en subrayar los restos inasimilables, obsoletos o heterocronicos en los paisajes contemporaneos (cfr. Montoya Juarez, 2013). En la ultima decada y media, la imaginacion distopica ha colonizado la silueta de numerosos proyectos narrativos anclados en un siglo XXI globalizado. Ello no es extrano, pues como sugieren Gordin, Tilley y Prakash,
   [...] en este universo sujeto a una entropia creciente, uno
   encuentra que hay muchos mas [...] modos de generar distopia que
   utopia. Y, crucialmente, la distopia adopta el aspecto frecuente de
   la experiencia vivida. La gente percibe su medio como distopico
   [...] (2010, p. 2).


Mientras la utopia "nos lleva a un futuro para juzgar el presente, la distopia nos ubica directamente en la oscura y deprimente realidad, para invocar un futuro terrible" (Gordin et al., 2010, p. 2), cada vez mas proximo. (1)

En una entrevista de 2016 a proposito de la publicacion del libro de cuentos Las visiones (2016), Edmundo Paz Soldan se suma a esta idea, aseverando, con respecto a la ciencia ficcion, lo siguiente:

Creo que de la misma manera que en las ultimas decadas la novela policial ha ido desarrollandose hasta convertirse en la gran novela social de nuestro tiempo, la ciencia-ficcion ha ocupado en parte la funcion del realismo, puesto que en la medida que las nuevas tecnologias se han ido convirtiendo en elementos centrales de nuestra vida cotidiana alguien debia hacerse cargo de la reflexion en torno a lo que significa vivir en una sociedad en la que la presencia de las maquinas se hace cada vez mas ubicua y esta reflexion pertenece a la ciencia-ficcion. Lo que sucede es que antes esta reflexion podia proyectarse hacia el futuro, pero el tiempo de las maquinas inteligentes es el nuestro y, por tanto, creo que es o deberia ser normal que en medio de una novela realista se encontrara una escena que, tiempo atras, habriamos definido de ciencia-ficcion (en Iglesia, 2016).

En efecto, en la obra reciente de Paz Soldan, uno de los narradores latinoamericanos que con mas insistencia ha visitado el topico del devenir simulacro de lo real y la penetracion de la tecnologia en la vida cotidiana, podemos leer esta misma dominante arqueologica, propia del genero distopico, mas alla de que sus novelas y libros de cuentos, salvo Iris y Las visiones, no puedan catalogarse como de ciencia ficcion. A mi modo de ver, esta dominante ha sido particularmente visible en los ultimos anos, conformando un ciclo que, hasta el momento, ha dado dos novelas (Iris, 2014, y Los dias de la peste, 2017a) y el volumen de relatos ya citado (Las visiones, 2016).

Me he ocupado con anterioridad por extenso de Iris (cfr. Montoya Juarez, 2017). Me centro, en este articulo, en su, hasta ahora, ultima novela publicada. A lo largo de estas paginas apunto algunas ideas a proposito de esta obra, examinada a la luz de problematicas centrales en la produccion narrativa del autor.

En primer lugar, si bien Los dias de la peste supone un inesperado regreso a la tematica nacional tras una serie de novelas de tendencia centrifuga (cfr. Montoya Juarez, 2011), (2) problematizamos aqui esta afirmacion, mostrando en que medida continua siendo marca identitaria de su obra la hibridacion de lo local y lo global, tanto en lo relativo a los imaginarios narrativos que despliega la novela, como en la serie de referencias intertextuales y transmediales invocadas por el texto.

En segundo lugar, aunque Los dias de la peste se ha leido tambien como una vuelta al realismo tras un excurso por la ciencia ficcion, esta novela carcelaria y pestifera, aparentemente ambientada en Bolivia, leida desde el conjunto de toda la produccion del autor, dialoga perfectamente con determinadas problematicas afines al genero. Formulo, entonces, la segunda tesis que desarrollo: a pesar de que de la novela desaparezcan los hibridos biologico-maquinicos y de que pierdan relevancia los artefactos tecnologicos, en ella la presencia material de los cuerpos resulta quizas aun mas obsesiva y central que en otros textos del autor. En este sentido, Los dias de la peste no parece el inicio de un ciclo, sino, por el contrario, el colofon de una reflexion que acomete buena parte de su produccion narrativa previa.

Asi, la pregunta que arroja la novela podria ser la que se plantea Santiago Alba Rico en su ensayo Ser o no ser (un cuerpo) (2017): (3) ?cual es la velocidad de los cuerpos hoy? ?Cual es su estatuto en una epoca de maxima aceleracion del tiempo capitalista?

Y la respuesta a la que aparentemente apunta la novela, desde una actitud no nostalgica respecto de formas de concepcion de la subjetividad modernas, estriba en la insistencia en la idea de que el cuerpo sigue siendo el deposito de las contradicciones del capitalismo: la conflictiva relacion que sostenemos con los cuerpos nos define como especie, mas su destruccion, su abandono, tambien son la destruccion y el abandono de aquello que mas intimamente nos representa.

A lo largo de la ultima decada y media al menos, la obra del autor boliviano, como quizas ninguna otra en nuestra lengua, se ha ocupado de transcribir las formas en que los procesos globalizadores y la tecnologia reconfiguran el binomio mente/cuerpo en nuestro tiempo; un binomio que, al ser invocado en numerosos pasajes de sus ficciones, suele proyectar heterocronias en las que se solapan historias locales y disenos globales, que subrayan la obsolescencia inscrita en la piel del cuerpo, sobrepujado por la presion que ejerce sobre el la velocidad de escape del neoliberalismo (cfr. Dery, 1998).

Si leemos la novela contra el background de la produccion narrativa previa de Paz Soldan, la omnipresencia de los cuerpos convertidos en desecho en Los dias de la peste se nos ofrece como un cuestionamiento del horizonte que ciertas teorias del poshumanismo han puesto de relieve. Y es que el cuerpo, experimentado en su debilidad y contingencia, agredido, modificado o abandonado a su suerte, supone el mas llamativo resto arqueologico de nuestro presente; por eso es, particularmente en Los dias de la peste, el absoluto protagonista.

Los dias de la peste: una "vuelta" global a Bolivia

Como hemos apuntado, buena parte de los resenistas celebran Los dias de la peste como un inesperado regreso a Bolivia (4) en la narrativa del autor. Tal vez se olvida que Iris, su novela inmediatamente anterior, asignable al genero de la ciencia ficcion y ambientada en una isla imposible, en un futuro lejano, es una de las novelas mas "bolivianas" de Paz Soldan. Como he analizado en otro trabajo (cfr. Montoya Juarez, 2017), en dicha novela el autor subsana una deuda con la narrativa de la mineria, rindiendo un homenaje a Aluvion de fuego (1935), de Oscar Cerruto.

Resulta relevante para el proyecto narrativo de Paz Soldan el modo original que tiene de trabajar sobre las tradiciones narrativas nacionales y latinoamericanas. Lo hace con la novela del dictador, en El delirio de Turing (2003); con la novela minera, en Iris, y, ahora, con la novela carcelaria, en Los dias de la peste, tradicion que tiene un peso importante en la narrativa del continente, como apunta en su estudio sobre esta obra Jose Manuel Camacho (2018). (5) No obstante, como veremos, este aparente localismo de Los dias de la peste esta fuertemente atravesado por referentes globales que conviene subrayar.

La novela narra el cruce de dos procesos de contaminacion--dos plagas--en el interior de lo que Goffman llamaria una "institucion total" (Goffman, 1972, p. 13) fallida, una prision en un territorio denominado "Los Confines", una provincia en un pais innominado que podemos asumir como Bolivia.

El primer proceso consiste en la expansion de una secta que pretende ser usada por el Presidente y sus seguidores para obtener un redito politico, que acaba siendo prohibida por las autoridades locales, y que provoca finalmente un motin en la prision.

De nuevo, tal vez sea la ciencia ficcion el genero contemporaneo que mejor marida con el analisis de las implicaciones politicas del hecho religioso. Clasicos como Fundacion (1951), de Asimov; "La estrella" (1955), de Arthur C. Clarke, y, sobre todo, Dune (1965), de Frank Hebert, son ejemplos donde lo religioso desempena un papel clave. Acaso podemos leer las deidades fantasticas que aparecen en Los dias de la peste como un eco o influjo del genero fanta-cientifico, (6) como ocurre en Iris.

No obstante, como podriamos leer igualmente en esta novela anterior, las relaciones entre religion, enfermedad y poder (7) tambien suponen un dialogo fuerte con la tradicion narrativa del Continente. Si el episodio de Orlewen, el lider irisino elegido para liderar la revolucion contra la potencia colonizadora, recordaba por momentos a determinados pasajes del comienzo de El reino de este mundo (1949), de Alejo Carpentier, lo mismo puede decirse de la rebelion en curso en el interior de la Casona.

Mas alla de estos influjos, religion y enfermedad como temas literarios han estado conectados tambien en la literatura pestifera desde antiguo. La peste se ha explicado como una maldicion: desde la Atenas de Tucidides, o desde la Tebas de Sofocles, ha sido una de las plagas que castigan los pecados de los hombres. Otro de los referentes de la novela es, obviamente, la obra de Daniel Defoe, Diario del ano de la peste, de 1722 (1969), que ficcionaliza el despliegue de la plaga que acontece en Londres, en 1665. El diario ficticio que es esta novela se detiene en las formas heterodoxas de la religion, fruto del pensamiento magico que surge como respuesta emocional a la crisis, con la subsecuente proliferacion de curanderos, adivinos y otros personajes. Algunas de las visiones que Defoe recoge del testimonio ficticio de los delirios de los enfermos aparecen en la novela de Paz Soldan, versionadas de acuerdo con la mitologia de Ma Estrella, divinidad que se adora en Los Confines. (8)

El segundo proceso que antes mencionabamos, la expansion de una extrana enfermedad para la que no hay cura, hace pensar inmediatamente de nuevo en un referente global. La novela remite al episodio del Ebola de hace unos anos, que los flujos informacionales hicieron circular de acuerdo con una retorica del panico alimentada por lo que Naomi Klein definio como "doctrina del shock" (cfr. Klein, 2007).

La Casona es la carcel de una provincia alejada de la capital, en un pais innominado que, mas precisamente que con Bolivia, podriamos relacionar con el espacio zonal de Rio Fugitivo (9) (el narrador nos cuenta que el personaje de Antuan, el preso escultor, "tomo un tren y al tercer dia llego a Los Confines y lo atrajo el rio serpenteante que lo atravesaba"--2017a, p. 33--). Lo local, lo boliviano, en realidad, aparece ante todo en la novela como efecto de lenguaje. Pese a no referirse su nombre en sus paginas, el argot que manejan los presos (que en muchos casos narran en primera persona), pero tambien los diferentes narradores omniscientes (10) (existen hasta treinta y un diferentes, protagonizando pasajes intercalados y agrupados en las tres secciones de esta complejisima y faulkneriana obra), se inspiran en la coba, lengua de germanias manejada por los presos de las carceles bolivianas, que estudio en los anos ochenta el tristemente desaparecido Victor Hugo Viscarra. (11) "Quivo", "wawa", "turril", "patapila", "hacerse el tigre", "hacerse la puta", "cogotero", "pepas", "torcis", "cafisho", "socapar", "anticucho", "bisnes", "telo", y un largo etcetera se combinan, tambien, con neologismos construidos ad hoc para esta jerga. Asi, "tonchi" (termino presumiblemente adaptado del italiano "escarabajo" para designar la droga--la "sustancia violeta"--), "putaparios" (insectos que ya aparecian en Iris o Las visiones) o el mas poetico "desnublar", entre otros, no figuran recogidos en el diccionario de la Real Academia Espanola, ni siquiera como americanismos, y son moneda comun, sin embargo, en la novela.

El autor reconoce abiertamente haberse inspirado en la prision de San Pedro. El influjo es fuerte. La carcel de La Paz provee noticias, anecdotas, que, sintetizadas y modificadas por la imaginacion literaria, es plausible que ofrezcan material para determinados motivos y personajes. No obstante, no hay una intencion, por parte del autor, de fijar ningun hecho historico como relevante en la novela. Tampoco hay marca temporal alguna que permita asignarle un tiempo externo preciso. Aparentemente, puede anclarse a nuestro tiempo: "internet", "drones", "implantes", "botox", "cirugia" son comunes en la novela. La analogia con algunos acontecimientos reales puede hacer pensar en que el mandato de Lucas Otero, gobernador de la Casona, pueda vincularse al del general Luis Cerruto, gobernador a cargo en el periodo en que acontecieron los mayores escandalos de corrupcion en la historia reciente de San Pedro: visitas de turistas extranjeros al penal, alquileres de celdas para estancias, prostitucion, venta masiva de droga producida en laboratorios clandestinos tanto a reclusos como a visitantes, etc. (12)

Otro referente fundamental para la novela es Marching Powder (2003), libro de no ficcion inspirado en la presencia de su autor como inquilino de San Pedro. El libro de Rusty Young ha influido en la imagen que se ofrece de la prision, que Paz Soldan afirma (13) no haber querido nunca visitar para que no interfiriera en su proyecto. El britanico Thomas McFadden, preso en San Pedro esos anos, protagonista del documental de Young, acaso podria tener su lejana analogia en Glauco, el preso "gringo" de la Casona.

El culto a Ma Estrella, apodada por sus detractores "La Innombrable", deidad de la venganza que aparece en las tallas y dibujos con un cuchillo entre los dientes, convive con la ortodoxia cristiana en la Casona. A "La Innombrable" se le ofrece toda clase de sacrificios animales, e inclusive humanos, como las "santitas", craneos de ceramica o reales que adornan los altares improvisados de la prision. El rito, de nuevo, nos remite al ritual de las "nanitas" (asi llamadas por carecer las calaveras de nariz), que se da en ciertas practicas religiosas sincreticas, de influencia indigena, vigentes en Bolivia.

Sin embargo, de nuevo, esa nota de aparente color local se halla atravesada por referencias globalizadas. Afirma Paz Soldan que, para este ultimo periodo de su narrativa (de Iris en adelante), fue decisivo un viaje que hizo a la India en 2012. En Ma Estrella, a quienes sus fieles rezan la oracion de los "cincuenta y ocho nombres de Ma Estrella" (Paz Soldan, 2017a, p. 39) (mismo numero que la letania lauretana), la iconografia cristiana se confunde con la de la diosa Kali, de aspecto aterrador y habitualmente representada con un cuchillo en la mano.

Otra influencia declarada por el propio autor remite a la India: en concreto, al libro Nueve vidas, de William Darlymple (2010). Una de las historias de este libro es la de una monja jainista que, tras perder a una companera con la que recorria los caminos de la India practicando la ahimsa (o cuidado meticuloso para no matar ninguna vida), enferma ella misma de tuberculosis y malaria, y decide emprender la senda del sallekhana, una muerte ritual a traves de un ayuno lento y sistematico. (14)

El jainismo sirve de modelo para construir la fe de Rigo, tal vez el personaje mas interesante de la novela. Tambien este ha perdido a Marilia, su companera, doctora en un "hospital de pajaros", que resulta un guino al hospital homonimo que aparece en Iris y en uno de los relatos de Las visiones. Rigo expia la culpa por haberla asesinado o, en el mejor de los casos, ayudado a bienmorir, tapandole la cara con una almohada. Rigo, ese "yo" multiple en busca de su autonegacion (o autodisolucion) en una comunidad esquizoide interior al individuo, pretende--a su manera--el sallekhana para expiar su culpa, al cuidar de los enfermos sin proteccion, persiguiendo ser contaminado con el virus letal que circula por la carcel: "Dios Mayor de la Transfiguracion, no me salves. Tomanos cuando termine esto a cambio de lo que hicimos, susurramos. De lo que hice. Restablece el equilibrio pero dejanos luchar contra la plaga" (Paz Soldan, 2017 a, p. 302). (15)

El plural en el discurso de Rigo, en momentos de particular debilidad, como vemos en la cita, desaparece. El viejo "yo" emerge sobre todo cuando se deja llevar por el dolor y la memoria. Esa disolucion del "yo" parece ser, en la novela, una de las formas de adaptarse a la locura que se vive en el penal: el reparto de juego entre la mente y las diferentes partes de un cuerpo que se observan como no pertenecientes al sujeto, construido de acuerdo con formulas identitarias vinculadas a lo poshumano, se propone, no obstante, como una amarga utopia.

En este sentido, la novela propone ir un paso mas alla en la exploracion de la subjetividad poshumana que acomete en novelas anteriores el propio Paz Soldan. Con el personaje de Rigo, la novela construye, en medio del caos imperante, una formula identitaria como salida para el self en un contexto apocaliptico, una salida que no se resuelve positivamente y se revela inutil, si bien permite una lucidez mayor para comprender el funcionamiento del entorno caotico en que viven los personajes. Rigo es, sin duda, uno de los hallazgos mas valiosos de la novela.

Cuerpos, mercado y desecho en Los dias de la peste

En las paginas que siguen pretendo analizar la reflexion sobre las valencias de lo poshumano que se plantean en la novela, leyendo los pasajes narrativos en que esta implicado el juego de metaforas y motivos vinculado a este horizonte, que tan estrechamente ligado ha aparecido al genero de la ciencia ficcion. (16)

Hay que aclarar que si bien hay pocas referencias a hibridos tecnologicos futuristas o no son vigentes pactos de verosimilitud fantacientificos, la reflexion por la problematica relacion de los cuerpos y las mentes, como deciamos, alcanza aqui una excelente formulacion: por un lado, la novela construye un hormiguero de cuerpos-desecho, retenidos en una carcel, por medio de la que Paz Soldan nos ofrece una distopia arraigada en la realidad de su pais; por otro, determinados personajes aparecen construidos de acuerdo con formas de subjetividad que traducen o alegorizan los modos de funcionamiento de medios tecnologicos.

La enfermedad ha sido un topico muy utilizado por Paz Soldan con anterioridad--el cancer, por ejemplo, en varios cuentos de Desencuentros (2004), en Suenos digitales (2000), El delirio de Turing (2003) o Los vivos y los muertos (2009)--, si bien nunca de manera tan protagonica como en esta novela. Aqui, la peste, castigo divino desde la literatura clasica y consecuencia de los pecados (religiosos o laicos) del hombre a lo largo de la historia de Occidente, aparece en el cuerpo social, como pandemia, cuando una cultura o civilizacion determinadas opta por abandonarlo.

Esta es la hipotesis basica que--a mi juicio--conecta la novela con el cuestionamiento del paradigma utopico de numerosas aproximaciones a lo poshumano, un concepto que podriamos definir como un paradigma cultural que emana de la relacion que los seres humanos establecemos con la tecnologia, desde el momento en que transferimos a nuestra relacion con las maquinas parte de nuestra identidad, incorporando la tecnologia a nuestro modo de concebir nuestros cuerpos o nuestra subjetividad.

Resulta necesario, llegados a este punto, pensar cual es el estatuto del cuerpo desde el horizonte teorico de lo poshumano y examinar que sentido tiene el modo en que los cuerpos son presentados en la novela, que lleva a vincularlos a la nocion de "desecho".

Algunas de las mas importantes aportaciones criticas a este paradigma estuvieron ligadas, en los anos ochenta y noventa, con mas o menos precauciones, a una vision utopica respecto de los efectos que la hibridez tecnologica ejercia sobre el cuerpo o la identidad. Por ejemplo, en las teorias ciberfeministas de Haraway (1991) o Hayles (1999), lo poshumano habilitaba una potencial superacion del sujeto liberal patriarcal de la modernidad, destinado a controlar la naturaleza. En un mismo sentido, teoricos de la cibercultura, como Nick Bostrom (2003), habian imaginado posibilidades utopicas para un horizonte poshumano, ya abierto como posibilidad de un transhumanismo futuro, ya como una conexion de mentes, cuerpos y maquinas, que asociaban el concepto a nuevas identidades que permitian pensar lo humano mas alla del idealismo dualista de la modernidad, un horizonte que, ademas de deseable, garantizaba la supervivencia de la especie. Puestos a especular, en un futuro mas o menos lejano, la superacion de los limites corporales resolveria, a decir de Bostrom (2003), el problema de nuestra dependencia de la Naturaleza, disolviendo o aminorando los efectos de la distopia ecologica hacia la que parecemos abocados.

El horizonte poshumano es, como nos recuerda Braidotti, el de un continuum naturaleza-cultura que hoy han disuelto sus fronteras (cfr. Braidotti, 2014), y esto, en su opinion, no ha de ser en absoluto leido negativamente. En ese sentido, Hayles (1999) ya habia apuntado17 que experimentar la crisis de una conciencia asociada a la corporeidad como perdida suponia aferrarnos a ideologias respecto del individuo que encumbraron al sujeto liberal de la modernidad, un sujeto responsable de muchos de los males que nos han traido hasta aqui y, en cualquier caso, dificilmente sostenible en el umbral del siglo XXI.

Teoricos como Clark hablaban de "natural born cyborgs" (2003), en la medida en que todos los seres humanos, de una u otra forma, participamos de un poshumanismo en devenir, y esta idea de poshumanizacion como tendencia de nuestra especie vuelve evidente algo que subrayaba el sociologo Brian Turner:
   [...] cada epoca [...], por la que el Hombre transforma la
   naturaleza con la tecnologia, es tambien un periodo en que la
   naturaleza del Hombre se transforma. [...] cada periodo da lugar a
   [...] un nuevo cuerpo (1994, p. 21).


Como nos recuerda Le Breton, al menos desde los anos sesenta, el individualismo moderno, los medios de masa, la medicina y la tecnologia coadyuvan a la articulacion de un nuevo dualismo que separa hombre de cuerpo, y permite empezar a pensar como posible una frase como es la de "liberacion del cuerpo" (cfr. Le Breton, 2002, p. 9).

Segun Haraway, a fines del siglo XX--mas aun en nuestro siglo--el ciborg nos esta hablando de nuestra propia ontologia (cfr. Haraway, 1991). Es mas, como senala Alba Rico, la relacion que establecemos con nuestros cuerpos define lo que nos hace humanos, en tanto unica especie que "tiene cuerpo en la medida en que esta siempre huyendo de el" (2017, p. 52).

Este deseo de dejar atras el cuerpo se acompana, paradojicamente, de una irremediable nostalgia. Como apuntaba Fernando Broncano, si el ciborg es la consecuencia logica del devenir de nuestra especie, tambien lo es caer en ese viaje en direccion opuesta a la naturaleza, en una melancolia insalvable (cfr. Broncano, 2009) de la que es fruto buena parte de la literatura distopica del siglo XX.

En cualquier caso, sea leido como una consecuencia de lo humano, sea entendido como una ruptura epistemica que cierra un modo de concepcion del self, el horizonte poshumano no parece ser un post mas o una mera moda intelectual. Conviene tomarlo en serio.

Eric Sadin nos plantea un horizonte donde el sujeto humanista, que hasta ahora mantenia un tipo de relacion con las maquinas como extensiones de los sentidos y capacidades humanas, tiene las horas contadas, en favor de una humanidad algoritmicamente asistida, que vera la necesidad de convivir con vidas artificiales no antropomorficas, en muchos sentidos infinitamente mas capaces que los humanos:

Vivimos en los tiempos augurales de una omnisciencia y una omnipotencia tecnologicas. Experimentadas de modo indefinido, suscitan sentimientos de admiracion mas o menos formulados tanto como una fe ambiente en un re-encantamiento posible del mundo, en beneficio de virtudes de apariencia salvadora o magica. Es la delegacion expansiva del poder otorgado a la inteligencia computacional, que no limita su dimension de soberania al ambito de nuestras acciones, sino que se despliega correlativamente bajo una forma simbolica, imponiendo con suavidad sus cualidades literalmente sobrehumanas en contra de toda percepcion historica de alienacion. Es el gran vuelco contemporaneo, sobre el que no sabemos si deriva de una nueva relacion positiva y abierta con la techne, deconstruyendo al pasar numerosas oposiciones ancestrales, o si es el testimonio de otra dinamica de sujecion, esta vez mas discreta o mas perversa (Sadin, 2017, pp. 87-88).

Entre la fascinacion y el miedo, la relacion con las maquinas que vislumbra Sadin nos situa en un estadio subordinado que, en el peor de los casos, podria resultar, no ya poshumano, sino antihumano. No obstante, aunque no interpretemos como anti ese post, las preguntas para resolver son muchas. Entre ellas, como apunta Naief Yehya (2012), esta la de como se resuelve la lucha de clases. Este es el territorio en el que se ubica buena parte de la ciencia ficcion distopica del siglo XXI, que plantea este tipo de preguntas hoy acuciantes: ?que clases o grupos controlaran el proceso de devenir poshumanos? ?Quienes lo estan controlando de facto o lo han hecho en cada momento historico?

Incluso, para algunas recientes aproximaciones ecofeministas a lo poshumano, coincidentes en valorarlo como paradigma cultural postantropocentrico (18) que, relativizando el peso del constructo moderno falogocentrico y eurooccidental, permite atender a otras voces silenciadas por el humanismo clasico, el capitalismo avanzado tambien "genera una forma perversa de lo posthumano, en la medida en que cercena toda interaccion humana y animal [...] y convierte a la vida en si misma en el capital fundamental" (Braidotti, 2014, p. 11). Si pensamos en la pelicula Elysium, de Neill Blonkamp (Baden-Powell, S. et al. y Blonkamp, 2013), puede entenderse bien esto que digo. En palabras del siempre visionario Mark Dery:

Las visiones de un ciberextasis son una seduccion mortal que aleja nuestra atencion de la destruccion de la naturaleza, de la descomposicion del tejido social y del abismo cada vez mayor entre la elite tecnocratica y las masas con salario minimo. El peso de los problemas sociales, politicos y ecologicos hara que el despegue posthumano que deje atras la biologia, la gravedad y el siglo XX acabe estrellandose de nuevo contra la Tierra (1998, p. 24).

?Cual es la lectura que propone la obra de Paz Soldan del estatuto del cuerpo a la luz de estas discusiones? Sin duda, la vision que encontramos en la mayoria de los pasajes en que se tematizan identidades que podemos vincular con este paradigma en sus novelas es, en principio, muy pesimista. Poshumanismo y capitalismo aparecen asociados de modo mayoritario, coadyuvando a la destruccion del sujeto.

De sus ficciones de la ultima decada y media se desprende una vision de lo poshumano en la que el cuerpo continua revelandose como un problema, como la metafora adecuada para mostrar lo que se destruye o entra en crisis con el neoliberalismo, fuerza que promueve la transformacion del estatuto identitario de los personajes.

En Los dias de la peste, por ejemplo, el funcionamiento del mercado neoliberal se representa metonimicamente en la Casona, una maqueta, carcel-mercado, identificada con el principio de realidad en la novela. Como precisa Rigo en una ocasion, "Todo en la Casona era billete, quivo, tela, moneda, pesos" (Paz Soldan, 2017a, p. 88). Pero, una vez mas, esta identificacion no es nueva. Al igual que ocurre en Los dias de la peste, el tratamiento del binomio enfermedad/mercado recorre la tradicion de la narrativa pestifera del siglo XX. Precisamente, en el libro de Camus, intertexto de referencia obligada para Paz Soldan, senala a este proposito el narrador la medida en que el cuerpo enfermo del hombre entabla una conflictiva relacion con el mercado:

Un enfermo necesita alrededor blandura, necesita apoyarse en algo; eso es natural. Pero en Oran los extremos del clima, la importancia de los negocios, la insignificancia de lo circundante, la brevedad del crepusculo y la calidad de los placeres, todo exige buena salud. Un enfermo necesita soledad. Imaginese entonces al que esta en trance de morir como cogido en una trampa, rodeado por cientos de paredes crepitantes de calor, en el mismo momento en que toda una poblacion, al telefono o en los cafes, habla de letras de cambio, de conocimientos, de descuentos (Camus, s. f., p. 2).

Este diagnostico no ha hecho mas que agravarse, como venimos senalando. Como apunta Alba Rico, la aceleracion de nuestras sociedades y economias liquidas ataca de una manera definitiva al cuerpo, deposito de un tiempo que se opone al tiempo eucronico del capitalismo neoliberal tecnologico. (19)

El mercado neoliberal ejerce una presion mayuscula sobre los cuerpos y, como parte del mismo proceso, transforma en desecho y arrincona aquello que no puede integrar en su circuito. El cuerpo, un deposito de tiempo, es, a la vez, un "medio de fuga" y un "obstaculo para ir mas deprisa [...]" (Alba Rico, 2017, p. 56). Por eso el hambre, el aburrimiento y la enfermedad, atributos por excelencia del cuerpo, nos fuerzan, apunta Alba Rico (2017, p. 56), a volver a mirarlo en su obscena materialidad, por mucho que la cultura popular y los medios fetichizen, manipulen o nieguen su presencia, por mucho que el sistema pretenda reabsorber, reciclar o reprimir los desechos en el momento historico del fin de las cosas.

El cuerpo es analizado en la novela como un desecho dejado atras y, como apunta el sociologo Gabriel Gatti, quizas los desechos o la basura definan mejor el estatuto sociologico de nuestro tiempo que la pulcritud inmaterial de las redes:

Pienso que la basura es una imagen util para hablar de la disociacion entre las cosas y las palabras o, si se quiere, para hablar de la paradojica articulacion entre unas y otras, entre materialidad y representacion, en la sociedad contemporanea. Resumo entonces: si la pregunta de este escrito se aplica al soporte material de las representaciones que ordenan la realidad social, la respuesta, tan paradojica como esa realidad sobre la que quiere indagar, se encuentra sondeando en los estercoleros de la modernidad, en la basura, esa materia disociada de sus sentidos (Gatti, 2009, p. 2).

La mirada al cuerpo mortal desde su obsolescencia y degradacion, entendiendolo como desecho, como materia "disociada de su sentido", es un leitmotiv de la narrativa de Paz Soldan, en la que una de las metaforas mas productivas es el zombi. Leidos desde el zombi, los reclamos del poshumanismo se vuelven distopicos siempre.

El mito del zombi nos hace conscientes de lo atados que estamos a la fragilidad de nuestros cuerpos. Vueltos definitivamente zombis, devendriamos quizas en poshumanos, o tal vez en no humanos, pero dejariamos de ser sujetos.

El zombi, contracara apocaliptica de cualquier utopia poshumana, nos permite "acceder al mundo que nos rodea desde una vision compleja de la propia cultura" (Fernandez Gonzalo, 2011, p. 194), visibiliza los modos en que el biopoder nos deshumaniza y relega a la esfera de lo inerte. Dicho en palabras de Sarah Lauro y Karen Embry:
   The zombie, we feel, is a more pessimistic but nonetheless more
   appropriate stand-in for our current moment [...] in a global
   economy, where we feed off the products of the rest of the planet,
   and, alienated from our own humanity, stumble forward, groping for
   immortality even as we decompose. [...] Thus, reified as a part of
   the process of production, the subject has already bled into the
   object: we are already dwelling in the zombie's interzone (2008, p.
   93).


Determinados motivos asignables al imaginario de genero--fundamentalmente del terror gotico--permean la estetica realista que la critica ha celebrado en Los dias de la peste. El motivo del zombi resulta visible en una de las primeras escenas de la novela, precisamente cuando Rigo ingresa a la carcel: "Traspusimos el porton de entrada y fuimos llevados a una oficina con una foto enmarcada del Gobernador y afiches de peliculas de zombis" (Paz Soldan, 2017a, p. 14). A partir de esa referencia, el concepto se disemina por la novela. El "loco de las bolsas" recupera el motivo en su discurso. A su vez, este histrionico personaje puede pensarse como una suerte de coro tragico (tragicomico, quizas),20 al estar construido a partir de retazos de voces ajenas provenientes de la radio y la television.

El loco, personaje esquizoide, construye su discurso como un pastiche que hila diferentes referencias pop--musicales y televisivas--de los anos sesenta, setenta y ochenta, cosidas con fragmentos reconocibles de El padre mio (1989), de Diamela Eltit. El personaje funciona en la novela como memoria desmemoriada de la colectividad, recordando a todos una muerte que parece haber tenido lugar hace tiempo:

Lavense las manos, no se toquen, no cojan. Nos vamos a morir de nuevo. [...] Tomen harta agua. Coman bien, pero limpien su comida. Fuiste mia un verano, solamente un verano. Como olvidar tu nombre [...] Y no bailen, porque si no nos vamos a morir de nuevo (Paz Soldan, 2017a, p. 215).

Por otro lado, a nivel estetico, el influjo del cine de terror es evidente en las descripciones espectacularizadas de los contagiados por ese "virus filamentoso" desconocido, que remite, de nuevo, a esos afiches iniciales, pese a no llegarse a traspasar en ningun momento el verosimil realista:

La Paciente Uno se habia levantado de la cama y hecho caer el aparato conectado al cateter por el que se le administraba el suero intravenoso. Las manchas rojizas en el cuello se habian ampliado [...] moretones que invadian su pecho y partes de la cara. Gotas de sangre le salian por la nariz y por las orejas. [...] dio dos pasos [...] se desplomo. En el suelo sufrio convulsiones. [...] Tenia las pupilas dilatadas y se estaba mordiendo la lengua [...] Los musculos del rostro habian perdido consistencia, cansados de sostenerlo, y todo chorreaba, como si el cuerpo estuviera cambiando de estado, dejando de ser solido. Lo que mas impresionaba a Yandira era que la paciente estuviera llorando sangre (Paz Soldan, 2017a, p. 125).

Si, como nos advierte Alba Rico, "la tecnologia deja virtualmente atras el cuerpo como un antepasado mas lento [...]" o "un residuo" (Alba Rico, 2017, p. 59), Los dias de la peste puede leerse como el apeadero de los cuerpos--los despojos--que han venido dejando atras todos los personajes en practicamente todas sus novelas anteriores. Tambien los de esta novela. En este sentido, resulta sintomatico el modo en que todos los personajes huyen de si mismos mediante las diferentes herramientas a su alcance, intracoporales, intercorporales o extracorporales o exosomaticas (cfr. Alba Rico, 2017): el consumo de tonehi; las pastillas lisergicas; el sexo compulsivo con extranos; las ceremonias rituales de Ma Estrella con sustancias alucinogenas (como en las que participa Celeste, la esposa del gobernador Otero); los tatuajes con los que fantasean todos los personajes (una escritura que vuelve legibles los cuerpos sin sentido); el mercadeo con protesis ortopedicas que planean Lillo y el Tullido; el botox y la cirugia estetica que consumen Celeste, El Forense o la doctora Tadic; el visionado compulsivo de porno a cargo de Hinojosa, el jefe de los guardias; la disolucion esquizoide en una comunidad interior al propio "yo" siguiendo el dictado de una secta de Rigo; la violencia extrema y gratuita de Krupa; la negacion del cuerpo cubriendose obsesivamente el rostro, los pies y las manos con bolsas de plastico (el "loco de las bolsas"); la evasion de lo real por medio de juegos de mesa piratas con el ironico nombre de Pandemia; los simuladores virtuales donde gobernadores y jueces juegan a la guerra y ensayan la destruccion de mundos imaginarios, etc.

Por eso, la prision es elegida en la novela como forma adecuada para proporcionar una reflexion sobre la condicion del cuerpo hoy. Como apunta David Le Breton, en situaciones limite de confinamiento o privaciones, el cuerpo adquiere una existencia dual; la vida cotidiana se vuelve, entonces, una lucha contra el propio cuerpo, que adquiere una autonomia que lo convierte en el "lugar geometrico de toda servidumbre y de todos los sufrimientos" (Le Breton, 2002, p. 94), cayendo la subjetividad en una ensomatosis, o caida en el propio cuerpo, que adquiere la cualidad de lo desechable.

A pesar de sus esfuerzos, los personajes que habitan en Los Confines --en palabras de Rigo, "una multitud que era un desperdicio" (Paz Soldan, 2017a, p. 34)--acaban cayendo o deshaciendose en la materialidad de cuerpos, heces, sangre, enfermedad y muerte.

Como venimos sosteniendo, figuracion distopica y desecho son los dos rasgos mas relevantes de la estetica pazsoldaniana en la novela, que muestra o visibiliza el funcionamiento de un capitalismo a escala, la prision, una institucion fallida donde el Estado se cancela y todos los derechos individuales pasan a manos privadas, se compran y se venden.

Dos articulaciones de lo poshumano: hipercuerpo y subjetividad en red

Como evidencian los ejemplos que acabo de analizar, las aproximaciones mas comunes al conflicto virtualidad/corporeidad en la narrativa de Paz Soldan a menudo aparecen ancladas al humanismo antropocentrico, y ello es un lugar comun sobre todo en su narrativa de los anos dos mil (cfr. Montoya Juarez, 2011). Asi, en novelas como Suenos digitales, El delirio de Turing y en muchos de sus cuentos se revela, como ha senalado Andrew Brown, un poshumano profundamente humano (cfr. Brown, 2010). No obstante, tanto en Iris como en Los dias de la peste esta mirada sobre el problema adopta formulas mas variadas y complejas. Algunas de las mas originales apuntan a la idea de las redes o tienen la Red como modelo y, en el caso especifico de esta novela, excepcionalmente, pueden vincularse con cierto posantropocentrismo: por un lado, la Casona, personaje colectivo y verdadero protagonista del texto, parece constituirse como un hipercuerpo; por otro, uno de los personajes, Rigo, replica esta estructura en red en el interior del individuo.

El filosofo Pierre Levy analizaba los efectos sobre lo corporal de los procesos de virtualizacion y las dinamicas interioridad-exterioridad que las nuevas tecnologias en el campo de la medicina han hecho posibles, empleando la metafora de la cinta de Moebius. Apunta Levy a un proceso de exteriorizacion del cuerpo, multiplicado exponencialmente con el desarrollo de la tecnologia. Segun Levy, se ha hecho publico lo interno y lo publico se ha vuelto privado. El mercado de protesis tecnologicas, las redes medicas de material biologico trasferible entre los sujetos, el desarrollo de organos a partir de celulas, la edicion genetica, son ejemplos del modo en que se vuelven difusos los limites entre lo externo y lo interno, entre lo natural y lo cultural, en la concepcion del cuerpo. Esto es lo que Levy describe con el termino de "hipercuerpo", que afecta en primer lugar a lo cultural, pero tambien a lo biologico mismo:

La carne, la sangre, puestas en comun, abandonan la intimidad subjetiva y pasan al exterior. Pero esta carne publica regresa al individuo trasplantado, al beneficiario de una transfusion, al consumidor de hormonas [...] hoy en dia nos asociamos virtualmente en un cuerpo articulado con quienes participan en las mismas redes tecnicas y medicas. Cada cuerpo individual se convierte en parte receptora de un inmenso hipercuerpo hibrido y mundializado (Levy, 1999, p. 30).

Las ideas de Levy tienen su complemento en lo que Balaguer propone como "hipocuerpo". Afirma Balaguer que, paradojicamente, con la llegada de esa nueva escala de la hipercorporalidad, y su correlato, la inteligencia artificial en red, el estatuto del cuerpo individual se ve presionado de forma inedita: "La nocion de hipocuerpo mas que nada se corresponde con una vivencia de reduccion del cuerpo a una categoria limitada" (Balaguer, 2002), consciente, por tanto, de una nueva obsolescencia o debilidad.

Si aplicamos algunas de estas ideas a la novela, vemos como la Casona puede leerse muy bien como un hipercuerpo, en la medida en que absorbe o pone en circulacion el material biologico de los diferentes seres que la habitan, donde la idea de la conectividad no necesariamente pasa por la de una comunicacion efectiva a escala humana, sino que mas bien funciona segun una escala materica que concilia conectividad e incomunicacion. La analogia mas evidente esta en el mismo virus que se expande por la prision, que obliga a tratamientos intravenosos, transfusiones sanguineas en la sala del colera, intercambio de fluidos en los numerosos episodios donde los personajes tosen, vomitan o sangran unos sobre otros: "El le dio unas palmadas en la espalda y ella tosio en su cara. El retrocedio con un gesto de asco y se limpio la cara con un klinex. Hizo anotaciones en un papel. Se lo dio a la enfermera" (Paz Soldan, 2017a, p. 41). O bien: "Ayer yo habia encontrado a Oaxaca meandolo" (Paz Soldan, 2017a, p. 20). Otro ejemplo, el negocio que pretenden implantar Lillo y el Tullido en la Casona: un mercado de protesis corporales low tech para los presos.

El paratexto inicial del biologo Jacob Uexkull--"todo en el mundo biologico es armonia, todo es melodia" (Paz Soldan, 2017a, p. 7)--se convierte en una clave de sentido que proyecta la idea de lo postantropocentrico sobre toda la novela. Del griego [phrase omitted], la harmonia implica "juntura", "ensamblaje" de lo diverso, de acuerdo con la definicion del Diccionario de la lengua espanola de la Real Academia Espanola (2017). En la novela, el autor se complace en insertar, en cada uno de los pasajes, elementos provenientes de universos perceptivos que cohabitan en la carcel. En todos los pasajes hay referencias a presencias animales aparentemente irrelevantes o silenciosas: "De un corte manaba sangre sobre la ceja izquierda [...] los murcielagos sobrevolaban el patio" (Paz Soldan, 2017a, p. 15); "El juez lo condujo a su escritorio. Pasaron junto a terrarios con dragones barbados, salamandras verdes y varanos de ojos escurridizos" (Paz Soldan, 2017a, p. 43); "La brisa se llevaba pedazos chamuscados de papel de periodico como alas de murcielagos" (Paz Soldan, 2017a, p. 189). Esas presencias no se comunican con los individuos, aunque de alguna manera se hallen conectadas con ellos y, a su vez, integradas al circuito del ente colectivo que es la prision.

Sobre estas presencias, la novela no proyecta construcciones o imagenes performativas que les den sentido, no se las "traduce" de acuerdo con esquemas humanos, sino que mantienen un cierto hieratismo. Precisamente, el personaje que explicita una subjetividad mas fragmentada--un "yo" asambleario, de acuerdo con la feliz expresion de Mora (2017), que funciona como un narrador testigo que da voz a las diferentes partes de su propio cuerpo (la piel, el cuerpo, la voz, los ojos, los putaparios, etc.)--es quien mejor se adapta y atisba el funcionamiento de este hipercuerpo. Rigo es el unico personaje que procesa simbolicamente la multiplicidad de universos interiores que coexisten en la carcel, a traves de una religion, la Transfiguracion, tratando de integrar voces interiores y exteriores a el, en una subjetividad multiple y atormentada.

Si el modelo de la des-memoria del "loco de las bolsas" eran la radio y la television, la memoria de Rigo funciona como la descarga aleatoria de datos de la red. En su discurso "recibe" fragmentos de la Exegesis, un libro sagrado que incluye algunas citas levemente modificadas de Cartas biologicas a una dama, de Uexkull (1941):

Son iguales los miles de mundos circundantes de hombres y animales, igual el de unos sujetos que el de las ostras jacobeas, que no acechan en su mundo mas que un determinado movimiento, que actuan como una senal a la que responden aleteando los largos flecos olfativos (Paz Soldan, 2017a, p. 87).

La cita es relevante, porque una de las ideas productivas en la poetica de la novela es, precisamente, esta nocion de "mundo circundante" Para Uexkull (1941), los diferentes seres vivos reaccionan a estimulos especificos de acuerdo con su diseno biologico, configurando un sistema de percepcion, de tal modo que aquellos estimulos para los que no estan programados permanecen invisibles o ausentes de su mundo circundante. Por eso, el campo semantico de la vision/ceguera, de lo que se percibe y toma cuerpo, y de lo invisible o fantasmagorico, resulta una clave de sentido.

Baste citar algunos ejemplos: los hijos de los guardias y los presos se reunen en la Plazuela Ciega; los doctores no son capaces de hallar una explicacion o una cura para el virus, al que juzgan "un fantasma", y a Hinojosa, cuando baja al quinto patio en que ocultan a un preso politico a los ojos del Presidente, en un pasaje que hace pensar en una leyenda minera (alguna de, por ejemplo, Vicente Teran Erquicia (21)), (22) se le aparece un fantasma que no llega a ver:

Krupa lo miro asombrado al llegar a la sala. Estas como si hubieras visto un fantasma, dijo. Lo peor es que no lo vi, respondio Hinojosa. Esos son los mas terribles, Krupa hablo como si supiera del tema (Paz Soldan, 2017a, p. 218).

En la novela, esta idea de mundos que conviven sin percibirse tiene su analogia en el gesto poetico de tematizar reiteradamente iteraciones fractales o recursivas, que trasladan la idea de que, por ejemplo, la misma carcel sea una esfera contenida en otra carcel, a su vez contenida en otra carcel, y asi hasta el infinito: "Odiaba a esos resignados, casi todos, que decian que en la Casona se vivia mejor que afuera. [...] La carcel era la carcel era la carcel" (Paz Soldan, 2017a, p. 65). Se trata, entonces, de lo carcelario como definicion misma del mundo, de acuerdo con el dictum de Giorgio Agamben (cfr. Agamben, 2006): "?Y que hacemos con los presos? ?Los guardias? ?El Gobernador? Trasladar a todos a una nueva prision, construida para resolver el problema. Esa prision se llamara la Casona" (Paz Soldan, 2017a, p. 284).

Esta idea de hipercuerpo-mercado, que absorbe la vida y niega la comunicacion entre sus especies, se ve reforzada en las referencias reiteradas al edificio como un ente supraindividual que funciona como un ser viviente, de acuerdo con una volicion ciega o incognoscible:

Se detiene cerca de una ventana cerrada y escucha un silbido que golpea las paredes, parecido al sonido del viento cuando choca contra una puerta de metal o al del mar embravecido golpeando contra las rocas. Uiiih, uiiih, uiiiih. Provoca angustia, como si cien demonios estuvieran intentando forzar una puerta para escaparse de su guarida. Lya quiere que el silbido desaparezca pero este sale de las paredes, como si fueran su respiracion, y los envuelve (Paz Soldan, 2017a, p. 78).

El ruido del edificio se vuelve audible, sobre todo, en un punto concreto, un interior que es, a la vez, exterior: el cuarto maldito, donde nadie quiere pasar la noche, pues ciclicamente en el suelo reaparecen las manchas de sangre de un celebre inquilino (un cuerpo desaparecido, de nuevo), "El Tatuado", un lider indigena ejecutado cien anos atras. En "Los silbidos", como le ocurre a Juan Preciado, el protagonista de Pedro Paramo (1955), en una novela que inicialmente iba a llamarse Los murmullos, tambien parece posible oir el eco de las voces de los muertos, e incluso la voz de lo no humano, de la materia misma:

Dijo la voz, no tengas miedo, piel, es el edificio, que no sabe hablar y habla asi. Es el ruido del mundo, que habla a traves del edificio. Piel, se una con ese ruido. Eres el mundo y ese ruido tambien lo haces tu (Paz Soldan, 2017a, p. 87).

Sin el concurso de la presencia tematica de la alta tecnologia, Paz Soldan, en Los dias de la peste, construye una subjetividad poshumana articulada en una serie de puntos nodales o grumos de sentido en una red desjerarquizada, una red que se explora en lo macro, como hipercuerpo que refleja la condicion de la vida en el mercado-prision que es la Casona, y en lo micro, en la subjetividad del personaje de Rigo, en quien se manifiesta una identidad descentrada donde "lo humano", en tanto categoria desde la que se piensa el sujeto, se pone radicalmente en crisis:

A esa comunidad que eramos nosotros se habian anadido los putaparios. Debiamos ser hospitalarios con ellos, por mas que fuera dificil. Las manos, la piel, la voz, eran parte del grupo, al igual que los bichos invisibles que anidaban en el cuerpo. Todos, criaturas dentro de la criatura, un mundo dentro de otro mundo dentro de otro mundo, asi hasta el infinito (Paz Soldan, 2017a, p. 100).

A modo de conclusion

Como he senalado, Los dias de la peste es, entre otras cosas, una excelente reflexion sobre la condicion de desecho que adquieren los cuerpos hoy, sobrepujados por la velocidad acelerada del neoliberalismo en el siglo XXI. En la novela se construye un ente colectivo que habitan las identidades sombrias de personajes que castigan o se evaden de la prision de sus propios cuerpos, cuerpos que se deshacen, abismandose en ellos las promesas utopicas de lo poshumano, un concepto arraigado fuertemente, en el tratamiento que de ello hace el autor, a la presion que el neoliberalismo ejerce sobre la subjetividad.

El autor boliviano, en estos ultimos anos, abandonando toda fascinacion por los fuegos artificiales posmodernos o digitales del primer McOndo, proyecta una actitud vigilante, atenta a como lo local emerge y se transforma, tras las promesas fallidas de la globalizacion, o a como, a pesar de los brillos de cierta teoria del poshumanismo, los cuerpos y su circulacion persisten como un problema decisivo de nuestro tiempo. Los dias de la peste da buena cuenta de este solido proyecto narrativo.

Pero, al mismo tiempo, en la novela se plantea al menos un hallazgo, Rigo, de una mayor complejidad. El suyo es un proyecto que se revela ciego, suicida e imposible, en el que quizas podriamos leer un modo distinto de articular literariamente la identidad poshumana. En Rigo, tal vez pueda leerse, como en un espejo deformado, el esbozo de un desideratum para el arte o la literatura. Se trata de una no resuelta y minima valencia utopica del concepto, a contrapelo del pesimismo general de la novela, una utopia formulada como deseo de alcanzar una iluminacion en ese horizonte distopico, anclado a una dura realidad social boliviana, no unicamente por la via de un refugio en la religion, esto es, en lo simbolico o en lo cultural, sino tambien por la via de un radical descentramiento del sujeto antropocentrico. Una voluntad de comunicacion que rebase los compartimentos estancos entre especies y alcance a superar la ceguera limitante con la que confrontamos un mundo caotico. ?Una tarea, acaso, para el arte o la literatura en el siglo XXI?

A mi modo de ver, tal vez sea esta la lectura mas rica que pueda hacerse de la productividad de la metafora de lo poshumano en la narrativa de Paz Soldan: la que afecta al modo en que, en cada novela, el autor repiensa el quehacer artistico, su supervivencia o su posibilidad de cartografiar politicamente el presente!

Recibido: 01/10/2018 | Revisado: 27/11/2018 | Aceptado: 03/12/2018

DOI: 10.17230/co-herencia.16.30.7

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Jesus Montoya Juarez *

jesusmontoya@um.es

* Doctor en Literatura hispanoamericana por la Universidad de Granada. Profesor asociado, Departa mento de Literatura Espanola, Teoria de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Murcia, Espana. orcid: 0000-00018846-9564.

(1) La mas celebre defensa del genero distopico como realista, en los ultimos anos, corre a cargo--tal vez--de Mark Fisher, quien apunta, a proposito de The Children of Men, de Alfonso Cuaron, que la distopia, genero politico de nuestro tiempo, lidia de la mejor forma el sentido de realidad de nuestra epoca (cfr. Fisher, 2016).

(2) Por ejemplo, Los vivos y los muertos (2009), Norte (2011) o Iris.

(3) En el fondo, una pregunta en la linea de las que se hacian teoricos como Mark Dery (en Velocidad de escape. La cibercultura en el final de siglo, 1998) y, antes, Paul Virilio (en Cibermundo, ?una politica suicida?, 1997) y, antes que el, Marshall McLuhan (en Comprender los medios de comunicacion, 1996), y todavia antes que el, Walter Benjamin (en Experiencia y pobreza, 2003): ?que parte de nuestra humanidad dejamos en la casa de empeno por una infima parte de su valor para que se nos sirva una vez mas la pequena moneda de lo actual? El cuerpo, aqui, es, antes que un simbolo, el campo de pruebas que analiza la ficcion.

(4) Sus novelas y cuentos desde 2009 han estado ambientadas en escenarios alejados del pais: Los vivos y los muertos, Norte, Iris y una parte de los cuentos incluidos en el volumen Billie Ruth (2012).

(5) Camacho rememora, en su ensayo, obras clave de la tradicion: El tunel de Ernesto Sabato, El viaje del loco Tafur de Mario Mendoza, El ultimo filo de Renato Prada Oropeza, Match Ball de Antonio Skarmeta, La mujer del policia de Sergio Gomez, Carcel de arboles de Rodrigo Rey Rosa o Transportes Gonzalez e Hija de Maria Amparo Escandon, entre otros. Agradezco al doctor Camacho la generosidad de haberme facilitado la conferencia que leyo en la primavera de 2018 en Olomouc, inedita hasta el momento. Para una lectura politica de la novela resultara muy recomendable la lectura del trabajo de Camacho (2018).

(6) Proveamos una definicion del adjetivo "fanta-cientifico" como relativo a la fanta-ciencia o ciencia ficcion. El termino esta en circulacion en espanol desde comienzos del siglo XX, y fue popularizado en literatura por, entre otros, Leopoldo Lugones. Resulta analogo al de ciencia ficcion, de origen anglosajon. Uso ambos terminos a lo largo del articulo indistintamente.

(7) Punto de inflexion que Camacho lee en Los dias de la peste con respecto a la tradicion de la literatura carcelaria latinoamericana (cfr. Camacho, 2018).

(8) Camacho, en su estudio ya citado, refiere una serie completa de referentes o intertextos que pueden operar en la lectura que hace del motivo pestifero Edmundo Paz Soldan, entre ellos, obviamente, Gabriel Garcia Marquez, autor en el que Camacho es un destacado especialista.

(9) Zona literaria de varias novelas pazsoldanianas anteriores (Suenos digitales, El delirio de Turing, La materia del deseo [2002]) que toma el nombre de la Cochabamba que imagina para sus cuentos policiacos Roby, el protagonista de la novela homonima Rio Fugitivo (1998).

(10) Narradores omniscientes que presentan distintos grados de familiaridad, empleando el estilo indirecto libre, con la optica de los personajes que protagonizan cada escena.

(11) Recogido en su obra Coba: lenguaje secreto del hampa boliviana (1981).

(12) Un alcaide que, paradojicamente, fue encerrado en la propia San Pedro en el ano 2015, condenado por corrupcion. La identificacion con hechos reales no es facil ni interesante; los paralelismos tienen antes que ver con el ambiente de San Pedro que con referentes mas o menos concretos.

(13) En una entrevista en video realizada para el periodico boliviano El Deber (2017b).

(14) Como es sabido, el jainismo plantea, basicamente, la austeridad maxima, una religiosidad sin dioses, la creencia en el ciclo de las reencarnaciones y el respeto a todo ser vivo.

(15) Sin coma antes de pero en la edicion de Malpaso.

(16) El propio Paz Soldan, en un intercambio de correos electronicos que hemos podido mantener, me anuncia que una primera version de la novela transcurria en Iris, y versaba sobre la infancia de Reynolds, militar psicotico que aparece tanto en Iris como en Las visiones. No convencido de continuar explorando ese universo narrativo, decidio reescribir la novela ambientandola en Bolivia.

(17) De un modo que recuerda a los argumentos de Vattimo para abrazar el nihilismo contemporaneo como oportunidad posmetafisica (cfr. Vattimo, 1990).

(18) Pienso en aproximaciones como las de Braidotti, para quien lo poshumano puede pensarse una "brujula" para "indagar en los nuevos modos de comprometerse con el presente de manera no reduccionista, critica, pero no nihilista" (Braidotti, 2014, p. 9).

(19) En terminos de Dery, "velocidad de escape".

(20) Paz Soldan afirma que se inspira en un vagabundo conocido en su ciudad natal, en su juventud, que precisamente llevaba bolsas en manos y pies.

(21) Una de las leyendas mas celebres de cuantas hacen referencia a demonios subterraneos es "La leyenda de El Tio en el socavon Caracoles", publicada en los Cuentos y leyendas (1969) de Vicente Teran Erquicia, recogida en el estudio de Antezana sobre la narrativa minera boliviana (cfr. Antezana, 2011).

(22) Los ecos de la narrativa minera son mas influyentes en Iris. En Los dias de la peste la referencia es menos precisa. Sobre esta cuestion remito a un trabajo previo: Montoya Juarez (2017).
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Author:Montoya Juarez, Jesus
Publication:Revista Co-herencia
Date:Jan 1, 2019
Words:11463
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