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La trigarancia. Fuerzas armadas en la consumacion de la independencia. Nueva Espana 1820-1821.

RODRIGO MORENO GUTIERREZ, La trigarancia. Fuerzas armadas en la consumacion de la independencia. Nueva Espana, 1820-1821, Mexico, Universidad Nacional Autonoma de Mexico, 2016, 432 pp. ISBN 978-607-028-679-7

Agustin de Iturbide siempre ha sido una figura controvertida en la historiografia. En general, los historiadores adoptan una posicion ambivalente hacia el; pocos aprueban su conducta o juzgan su desempeno en la historia mexicana sin reservas. Nunca ha sido elevado a la estatura de simon Bolivar o Jose de San Martin: casi nadie lo ha visto como el Libertador de Mexico. Cuando el presidente Calles, en 1925, traslado los restos de los heroes de la Independencia al mausoleo debajo del monumento de la Columna de la Independencia, no incluyo los de Iturbide. AI contrario, los forjadores de la patria y los creadores del nacionalismo mexicano nombraron a Hidalgo, allende y Morelos padres de la nacion, identificando la insurreccion de 1810 como el nacimiento del estado moderno. De esta manera, dejaron a Iturbide y el Plan de Iguala de 1821 en el aire. esto no fue, sin embargo, sobrepuesto por motivos ideologicos arbitrarios, sino que represento una inquietud profunda acerca de la verdadera naturaleza del movimiento iturbidista de 1821, que los historiadores han compartido.

Aun asi, la rapidez de la expansion de este movimiento, entre los meses de febrero y septiembre, no deja de asombrar. Este valioso libro nos proporciona una explicacion detallada de como fue posible eso. Construyendo su argumento con base en documentacion primaria y un conocimiento amplio de las fuentes segundarias, Rodrigo Moreno Gutierrez lo ilustra con una serie de tablas y mapas que muestran la composicion y progreso del movimiento. Las circunstancias del exito politico y militar resultan mas claras. Este trabajo es mucho mas que una historia militar, porque el crecimiento del apoyo militar al proyecto concebido en Iguala dependio de circunstancias historicas, politicas y sociales especificas. Podemos identificar tres de estas: el fracaso de la insurgencia para logar la independencia de Nueva Espana; la larga duracion de la contrainsurgencia, pero su fracaso en anular totalmente la causa separatista; la restauracion del sistema constitucional en la Espana metropolitana en marzo de 1820 y en el resto de la Monarquia Hispanica en los meses siguientes. El autor comparte con otros historiadores del periodo, la importancia de relacionar los acontecimientos en Espana con los de Mexico como aspectos de un proceso hispanico comun.

El centro del problema de interpretacion es: ?el iturbidismo fue reaccionario o un movimiento de liberacion?, ?intentaba conservar lo mas posible del sistema virreinal, o fue esencialmente un movimiento constitucionalista? esta claro, en estos dos casos que, el iturbidismo no era ni lo uno ni lo otro, sino ambos. Su naturaleza contradictoria explica su inestabilidad intrinseca, desintegracion rapida, y caida instantanea en 1822-1823. De las tres garantias que dieron al ejercito de Iturbide su nombre --union, independencia, religion-, las dos primeras fueron, como Romeo Flores Caballero escribio en 1968, incompatibles.

Dejando a un lado el caracter moral de Iturbide, tema de intenso debate en la epoca, fue innegable que el pais se encontraba harto de conflictos civiles y la destruccion que estos acarreaban. Iturbide intentaba canalizar este sentimiento en su movimiento, aunque sus propios objetivos pudieron haber sido distintos. Como explica el autor, el proyecto iturbidista presentaba: "por una parte, el de un oficial que, como otros pares suyos habian hecho en dias pasados, volvia a acercarse al rebelde en busca de negociaciones convenientes para que ambas partes evitaran mas sangre y, por otra, el de un conspirador que pretendia nuevos complices" (p. 167).

No debe sorprendernos el hecho de que Iturbide estuviera haciendo un doble juego. Por un lado, se mostraba como beneficiario del privilegio eclesiastico, aliado de los obispos apenados por la legislacion de las Cortes de Madrid, listos, como los de Guadalajara y Puebla, en asistirlo para obtener el poder en la ciudad de Mexico. No confiaban en la capacidad del articulo 12 de la Constitucion de 1812 para garantizar la exclusividad de la religion catolica; ellos sonaban con crear un Estado catolico mexicano. Por el otro lado, resulta dudoso que Iturbide compartiera esa perspectiva. Sin embargo, esta disponibilidad de colaboracion con los obispos sugiere un corporativismo y poca aficion al liberalismo por parte de Iturbide.

El apoyo prestado por el clero distingue el movimiento de Iturbide de la revolucion encabezada por Rafael de Riego, que en marzo de 1820 llevo al poder en Espana a los constitucionalistas liberales. Seria erroneo e ingenuo considerar equivalentes estos dos procesos esencialmente distintos y opuestos. En Mexico, en febrero de 1821, el sistema constitucional ya habia sido restablecido por el virrey Conde del Venadito. Cualquier intento de destituir al gobierno en ese momento era anticonstitucional. Aunque el Plan de Iguala acepto las provisiones de la Constitucion de 1812 para no crear conflicto con la idea de establecer en Mexico un gobierno distinto al de Espana, al mismo tiempo reservo su forma definitiva a unas futuras cortes mexicanas que formularian una constitucion de acuerdo a las condiciones del pais. Cuando el nuevo regimen comenzo a debatir el tema (17 de noviembre de 1821), la Regencia propuso un sistema bicameral, con una camara alta elegida segun la profesion o el estado juridico. Ambas propuestas representaron una partida significativa de los principios liberales de 1812.

Moreno Gutierrez muestra que Iturbide siempre distinguio su movimiento de la insurreccion de 1810. Este ultimo fue la fuente de desorden y desgobierno. En contraste con "las hordas de 1810", el de 1821 represento, como Iturbide escribio al virrey el 24 de febrero, la disciplina, la unidad, y la defensa de la religion, como tambien de la propiedad. De esta manera, significaba continuidad (pp. 275, 277-278, 343-345). Solo faltaba la legitimidad.

La estrategia militar de Iturbide, que el autor subraya detalladamente, suena algo familiar para los estudiosos de la insurgencia de la decada de 1810. Previendo un golpe repentino en la ciudad de Mexico, Iturbide puso en marcha la estrategia de rodear la capital y los valles centrales, avanzando contra ellos desde las provincias. Esta era la estrategia de Morelos, su antiguo enemigo, en 1811-1813, pero este ultimo sucumbio ante una fuerte oposicion realista, que termino siendo exitosa. en contraste, Iturbide obtuvo su cometido en unos meses, como describe Moreno Gutierrez. Lo primero que logro fue, por medio de una traicion descarada, la division del ejercito real, debilitado despues de diez anos de lucha, y la neutralizacion de una parte significativa de los restos de la insurgencia, que en adelante cooperaron con el. Pero, ?que esperaban ganar con el movimiento de Iturbide? Posiblemente la oportunidad de presionar para lograr una independencia total--o quiza fueron seducidos por la promesa, en el Plan de Iguala, de abrir los empleos a todos los talentos, sin importar la casta. De todos modos, resulto irresistible la tentacion de explotar la division de las fuerzas realistas.

Mientras tanto, se puso en contacto con comandantes militares de provincia -generalmente de segundo mando, varios antiguos colegas suyos en la contrainsurgencia. Resulta que el personaje clave fue el brigadier Pedro Celestino Negrete, espanol de Vizcaya y antiguo companero de lucha: otros de segundo rango, como Anastasio Bustamante, Jose Joaquin Herrera y Antonio Lopez de Santa Anna, los tres futuros presidentes de la Republica, y el capitan Antonio de Leon en Oaxaca, tambien se adhirieron. sin embargo, los comandantes principales, como el mariscal de campo Jose de la Cruz en Guadalajara, el brigadier Ciriaco de Llano en Puebla, y el mariscal de campo Jose Davila en Veracruz, guardaron distancia.

Es evidente que la experiencia de la contrainsurgencia fue la clave de la interpretacion del exito de Iturbide. en nuestros estudios sobre ese fenomeno, los historiadores han apuntado la importancia de la formacion de fuerzas irregulares de defensa y resistencia en las localidades asociadas o patrocinadas por los propietarios o cabildos de provincia. Moreno Gutierrez describe el Mexico de 1820-1821 como un campamento armado, en el que habia 44 000 cuerpos de patriotas o realistas rurales. Plantea el problema de la relacion entre ellos y el Ejercito Trigarante, que intentaba convertirlos en sus colaboradores. Por eso, la relacion entre los comandantes y los ayuntamientos constitucionales fue crucial. Debido a la presion constante para tener recursos, especialmente financieros, los cabildos a menudo reaccionaron de manera recalcitrante o negativa. La situacion no dejo de ser precaria porque al mismo tiempo el gobierno constitucional estaba tratando de formar milicias civiles, es decir, cuerpos distintos de los derivados de la contrainsurgencia. El autor destaca que el Trigarante, desde el inicio, se encontraba preocupado por el problema del reclutamiento. Iturbide tenia que recurrir a donaciones, prestamos, imposiciones, apropiaciones de ingresos del Estanco del Tabaco y aumentos de alcabalas para financiar su movimiento.

El autor llama la atencion del golpe de Estado del subinspector de Artilleria Francisco Novella, en la ciudad de Mexico, el 5 de julio de 1821. Fue un intento desesperado por parte de un grupo de oficiales peninsulares para rescatar al regimen del deterioro de la situacion militar en mayo y junio. Ese golpe, que destituyo al Conde Venadito, destruyo definitivamente la legitimidad del regimen espanol, lo que fue debidamente reclamado por los iturbidistas. Sin embargo, una vez que ellos tomaron el poder en Mexico, la nueva cuestion subio del equilibrio de los poderes en el nuevo Imperio Mexicano.

De la historiografia reciente de los acontecimientos de 1820--del que este libro ahora forma parte significativa--, podemos plantear dos propuestas a considerar: 1) que el iturbidismo represento un experimento fallido para perpetuar el sistema heredado del virreinato, aunque precipito, quiza sin querer, la separacion de Nueva Espana de la Monarquia Hispanica. De todos modos, no resolvio (ni intentaba hacerlo) el problema, ya existente, de la distribucion del poder en el pais; 2) que los verdaderos fundadores del Estado mexicano fueron los constituyentes de 1824 quienes, a excepcion del federalismo radical de 1823, respondieron al sentimiento regional y crearon, aunque todavia imperfectamente, un sistema federal que absorbio el constitucionalismo liberal de la epoca, pero en un sistema bicameral.

Brian R. Hamnett

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Author:Hamnett, Brian R.
Publication:Historia Mexicana
Date:Apr 1, 2019
Words:1808
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