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La retorica del miedo en la prensa bogotana de 1834.

The Rhetoric of Fear in the Bogota Press of 1834

INTRODUCCION

La historiografia colombiana senala que la consolidacion de la nacion, luego de la independencia y desde la perspectiva de las elites, se articulo en un plano formal, entendido este como el intento de construir un proyecto republicano a traves de las formulas que el derecho publico podia brindar. Desde luego, la ley formal no coincidio con la realidad social (1). En consecuencia, surge la idea de profundizar tanto en una historia del derecho que no desconozca esa realidad y la pueda integrar al estudio historico de la ley, como en los mecanismos de elaboracion y difusion del control social, inmanentes a la construccion del ideario de la nacion. De este modo, el miedo despierta interes en este intento, visto tal miedo como regulador de conductas, como precedente y finalmente como motivo de las normas publicas que adelantaron el proyecto nacional neogranadino.

En este trabajo se recurre a una perspectiva del mundo juridico (2) que desborda el analisis conceptual del derecho positivo para incluir un gran repertorio de fenomenos sociales. Por lo tanto, el mundo juridico puede ser concebido como una categoria amplia de relaciones, actitudes y manifestaciones que no encajarian dentro del marco estricto de referencia del derecho escrito y vigente, pero que se pueden entender en su conjunto como un sistema de regulacion de la sociedad. Asi, los eventos caoticos que alteraron el orden decimononico en Bogota son facilmente identificables y es posible asociarlos con la preparacion de proyectos y con la expedicion de reglamentos, cuyo caracter coercitivo permanente o extraordinario pretendio normalizar aquellos eventos (3).

En primer lugar, en este trabajo se senalara la importancia del uso de los conceptos de miedo y de retorica en la historia. Posteriormente, se ilustrara la proyeccion deliberada del miedo empleada por la elite bogotana para convencer al publico de la ciudad acerca de la necesidad de un cuerpo de normas penales y policivas. Luego, se destacaran los elementos retoricos con los que la elite, o un sector de ella, construyo la identidad de los sectores populares que se asocio, generalmente, a una nueva personalidad juridica: el delincuente (4). A la vez, se quiere demostrar como esta emocion colectiva, el temor, afianzo los lazos constitutivos de la propia identidad de la elite bogotana.

La decada de 1830, especialmente el ano 1834, representa un momento historico en el que cobran vigor los limites, aun en reconfiguracion, de las fronteras sociales bogotanas. Una poblacion flotante en la capital del pais amenazaba la continuidad de los privilegios que marcaron el orden social durante la colonia. Efectivamente, tal orden fue trasgredido con simples alteraciones de la urbanidad y llegando incluso hasta la vagancia, la mendicidad, la prostitucion y los delitos contra la propiedad y las personas. Ante tal panorama la elite bogotana reacciono buscando normas que reafirmaran el orden establecido o crearan las bases de uno nuevo. Tambien estos anos registran un cambio sustancial en la vida politica del Estado colombiano. Al iniciar la decada, la disolucion del proyecto supranacional dio paso a un modelo nacional, cuya forma legal se expreso en la constitucion de 1832, en tanto que la realidad politica reflejo la inestabilidad del acuerdo formalista a traves de la traicion, la sedicion y en 1839 con La Guerra de los Supremos. En este marco, la instrumentalizacion juridica requeria con urgencia de un soporte racional, objetivo y sistematizado.

El cuerpo del discurso que interesa en este analisis toma las relaciones pragmaticas entre los miembros divergentes de la sociedad y las generaliza en abstracciones nominales a traves de un gran poder semantico, recurrente en la retorica publica del grupo dominante (5). En este intento, la elite despliega un capital cultural (6) importante para consolidar su posicion privilegiada a la vez que busca simbolos de distincion, pues se ve forzada a compartir sus experiencias y el espacio fisico de la ciudad con la marginalidad marginalidad social. De hecho, la prensa se convierte en el campo de batalla de las opiniones e ideas favorables al discurso de la exclusion.

El nuevo ideario del derecho liberal establecio la igualdad juridica de los sujetos, pero en la implementacion de este proyecto surgieron dos serios problemas para la elite bogotana. El primer problema, la inequidad politica, genero temores considerables en el grupo dominante, pues se pensaba que los sectores populares aspirarian a un control politico equitativo. Esta situacion se agudizaba al no existir un referente de autoridad afianzado en la decada de 1830. El segundo problema, los referentes de diferenciacion social legados del regimen colonial, se hacian menos visibles bajo el nuevo orden juridico en construccion. No obstante, estos referentes aun revitalizaban la idea de la frontera social que se transmitia a traves de la prensa de la ciudad. A esto se sumo el hecho de que la igualdad explicita, en el derecho codificado, no conllevo necesariamente a la superacion de la sociedad estamentaria.

En el plano moral, la rivalidad por el poder politico se traslado, en la ciudad, a los espacios de difusion, tales como los libelos y los articulos de prensa que enfrentaron a los defensores de la moral eclesiastica con los promotores de la moral liberal. El nexo en este antagonismo hizo posible focalizar a los sectores populares como seres inmorales predispuestos al delito. Entonces, surgio una naturaleza del pueblo cuyas caracteristicas de miseria e irracionalidad ocultaban sus virtudes. Fue asi como la construccion del sujeto moral antecedio la construccion del sujeto juridico.

1. usos del miedo y de la retorica eN la historia

El caracter general de la historia del miedo en la civilizacion de occidente y sus instrumentos teoricos y tematicos han sido planteados fundamentalmente por el historiador Jean Delumeau. Siguiendo a este autor, el miedo es una emocion choque individual o colectiva. La operacion de este mecanismo emotivo esta precedida por senales que alertan de un peligro capaz de amenazar la conservacion. Asi, el miedo produce una alteracion en el comportamiento. Sus efectos fisiologicos son circunstanciales, su presentacion es variada segun cada individuo y, generalmente, implica una liberacion de energia exterior como una reaccion de defensa (7). Dado que el miedo puede ser colectivo, vale la pena reiterar que su naturaleza se inscribe en el estudio de los fenomenos sociales. Delumeau advierte que en la historiografia positivista el miedo no ha sido presentado como un tema central, puesto que este ha sido asociado a la cobardia Por el contrario, esta historiografia da cuenta de un marcado interes por el triunfo, el progreso y el exito.

Georges Lefebvre muestra un enfoque historico de los aspectos politicos y sociales del miedo durante la Revolucion Francesa (8). El autor analiza las causas y las dinamicas del panico revolucionario y del reaccionario. Destaca como se difundieron a traves de la opinion publica las imagenes de la destruccion de las instituciones politicas y reconstruye las rutas de los flujos migratorios asociados a la miseria y al bandidaje. Lefebvre recuerda las consecuencias politicas del miedo y su caracter infundado. Asimismo pone de presente los miedos de la sociedad francesa al hambre, a los pobres, a los mendigos y a los enfermos. En otro ejemplo de la historiografia francesa, Georges Duby confronta los miedos de la sociedad medieval y de la actual, y acentua la idea de una angustia compartida entre los hombres en torno al orden natural y al orden metafisico (9). Una perspectiva interdisciplinaria sobre el miedo realizada recientemente en el Peru por Claudia Rosas Lauro (10) integra distintos enfoques y una sintesis teorica. En la determinacion historica del miedo colectivo surgen variables y elementos a considerar, tales como la subversion del orden socio-politico, cuya dimension mas cotidiana es la delincuencia (11); tambien se suma a estos elementos constitutivos del miedo la distorsion de la realidad que ejerce el mundo imaginario. Un trabajo similar publicado en Colombia, El miedo. Reflexiones sobre su dimension social y cultural (12), parte de la misma preocupacion que la compilacion peruana; sus motivos son eventos del presente que no necesariamente tienen una dependencia con los miedos del pasado que, sin embargo, si ayudan a desatar su mordaza explicativa. Desde este punto de vista, el miedo se toma como ordenador de la sociedad, bien sea un miedo natural, miedo a la peste, o cultural, miedo al otro. La ciudad se ha convertido en un espacio predilecto para la difusion del miedo, puntualmente en su periferia. De hecho, la dinamica del miedo urbano es acumulativa y se alimenta, en parte, de dos factores: por un lado, de la busqueda permanente de expectativas y promesas de seguridad y, por el otro, de la misma realidad insegura (13). El ambito del miedo tambien se amplia a traves de mecanismos de la comunicacion, tales como el rumor y la ambiguedad, entre otros.

La retorica no presenta una definicion absoluta que la haga facilmente comprensible. En la historia sobresalen dos tendencias de la retorica. Ante todo, la retorica clasica que hace alusion al ejercicio de los sofistas. Esta practica nacio en el litigio judicial griego del siglo V a.C., y en el importaba mas la organizacion del discurso: "Esta retorica argumenta a partir no de lo verdadero sino de lo que parecia verdadero, de lo probable" (14). A esta tendencia se opuso la retorica antigua, tecnica del discurso persuasivo indispensable en la discusion y en la decision reflexiva. Aristoteles entendio la retorica antigua como la tecnica que permitia obrar en los hombres a traves del logos (15). La diferencia entre una y otra se puede sintetizar en que la retorica clasica, a traves de los siglos, quedo reducida al ornato del estilo. En tanto, la retorica antigua se mantuvo como la tecnica del discurso persuasivo.

En la modernidad, la retorica cayo en desuso dado que operaba principalmente sobre la opinion. Esto le permitio ser pensada en los terminos de la retorica clasica, es decir, como el arte del buen decir. De ahi que su valor conceptual haya caido en un extremo vacio para la filosofia (16). Por otra parte, el filosofo del derecho y de la accion, Chaim Perelman insiste en ligar la retorica, inspirado en Aristoteles, a la teoria, a la logica y a la razon. Asi, la retorica entra en el terreno de la tecnica argumentativa. No sorprende, pues, que la retorica se dirija a la produccion y a la adhesion del publico a una tesis. Este ejercicio complejo adquiere trascendencia social cuando participan activamente tanto el orador como su auditorio: "Toda sociedad que reconoce la importancia de tales actos, puede organizarlos y hacerlos obligatorios" (17). Aunque la argumentacion se proponga influir en el publico, modificando sus convicciones, lo hace menos por la imposicion de la voluntad de manera coactiva que por el discurso convincente, "[...] aquel cuyas premisas y argumentos son universalizables, es decir, aceptables, en principio, por todos los miembros del auditorio universal" (18).

La retorica renace a partir de la segunda mitad del siglo XX como una tendencia intelectual con los trabajos realizados en Gran Bretana por Sthephen Edelson Toulmin y la obra del frances Oswald Ducrot (19). No obstante, en esta investigacion es definitiva la obra de Perelman, puesto que rescata la retorica como la tecnica de argumentacion eficaz y en la que "eficacia" significa la adhesion y modificacion de la opinion de un publico universal. Perelman analiza el genero discursivo judicial: "Para Perelman los argumentos modelan sus estructuras en una situacion retorica sobre el esquema juridico y definida por la presencia, en definitiva, de un auditorio-juez" (20). Sin embargo, este esquema es aplicable a cualquier genero discursivo que se proponga generar o modificar la opinion publica.

En sintesis, la reflexion metodologica de este trabajo se basa en la nueva retorica de Perelman, aquella que permite develar la construccion retorica de tipo clasico en el discurso de la prensa bogotana de 1834. El esquema retorico destaca tanto las tecnicas retoricas de argumentacion, como las estrategias discursivas de encubrimiento y distorsion de sentido conocidas como falacias argumentativas. Estas ultimas sirven para mostrar el abuso del poder que se desprende de la actuacion de los sujetos creadores del discurso (21).

2. LOS FACTORES OBJETIVOS DEL MIEDO BOGOTANO

El siglo XIX significo para la historia de Bogota la transicion a la modernidad. El orden social de la colonia dio paso al orden republicano y Bogota dejo de ser una aldea para convertirse lentamente y hasta las primeras decadas del siglo veinte en un centro urbano de tipo burgues capitalista. Asi pues, uno de los cambios fue el demografico. Aunque el aumento de la poblacion fue oscilante no derivo, necesariamente, necesariamente, en un crecimiento espacial. De ahi que el primer aumento registrado entre 1831 a 1835 no conllevo a una expansion de la ciudad. En lugar de ello, a juicio del historiador German Mejia, Bogota padecio un fenomeno de compactacion. Siguiendo a Mejia, los servicios urbanos ofrecidos por la ciudad, es decir, vivienda, educacion, cultura, empleo, servicios publicos y seguridad, entre otros, llenaban las expectativas de una poblacion que llegaba a unos 20.000 habitantes en 1820. Sin embargo, tanto mas se aproximaba la mitad de siglo, mas escasos resultaban dichos servicios (22). Entre 1830 y 1835, los flujos migratorios resultaron en una serie de presiones demograficas sobre la ciudad, lo que incidio en que las relaciones sociales de los bogotanos -propias de los lugares publicos-, tales como los intercambios economicos y las confrontaciones socio raciales, adquirieran una magnitud mayor. Esto se pudo notar en la idea generalizada de la elite respecto a una invasion de pobres, vagos y enfermos en las calles, plazas y recintos religiosos de Bogota.

Los pobres se han ubicado en Bogota tanto en el nucleo urbano como en su periferia y generalmente en los cerros, al oriente. Al iniciar el siglo XIX, la masa de pobres la formaban, por una parte, comerciantes empobrecidos, empleados y artesanos, entre quienes encontramos carpinteros, ebanistas, sastres, herreros, zapateros y otros mas. En otro extremo de la pobreza aparecian los muy pobres: peones, mendigos, enfermos y tambien la poblacion itinerante de indios. La jerarquia social se trasladaba al vestuario y a las formas de la arquitectura urbana. Los ricos residian en casonas y en quintas. Los pobres ocupaban casas, tiendas, bohios y ranchos; las casas y las tiendas solian ser oscuras, sin ventilacion y con piso de tierra. Los bohios y los ranchos eran endebles y cubiertos con techos de paja. Hacia 1800, los barrios de San Victorino, el Principe y la Catedral tenian una presencia mayoritaria de tiendas y bohios (23). A lo largo del siglo, las tiendas fueron arrendadas para servir como dormitorios o como lugares de trabajo (24).

En 1834, una crisis sociopolitica se apodero de la republica; la sedicion y la traicion politica estuvieron presentes en las cronicas oficiales entre 1832 y 1834: en abril de 1832 se descubrio una rebelion que fue conjurada oportunamente; el 23 de julio de 1833 se condeno a 48 sediciosos, 18 de los cuales fueron ejecutados (25); en octubre de 1834 se frustro un levantamiento militar gracias a "la vigilancia de las autoridades y la lealtad de la guarnicion [que hicieron posible descubrir] a los facciosos" (26). Durante ese ano la imagen de Bogota para la prensa nacional y local era la de una ciudad presa del caos: prostitucion desmedida, indigencia, mendicidad, vagancia y delincuencia. La politica inestable ponia en riesgo al regimen del presidente Francisco de Paula Santander, quien autorizo la represalia contra los delitos politicos por razon de Estado. La economia registraba indices desfavorables, los que se pronunciaban con la falsificacion de la macuquina, la moneda corriente de la epoca. En este sentido, se hablaba del colapso de los mercados de la provincia, especificamente en Anolaima, Choconta y en otros pueblos donde no circulaba moneda. De otro lado, la version oficial admitia la crisis de los comerciantes bogotanos, pero la explicaba en la perdida del monopolio que la capital habia gozado durante la colonia y que le permitio captar ingresos por la redistribucion de los bienes a las provincias (27).

Una decada atras, un enviado del gobierno ingles, John Potter Hamilton, describio algunos aspectos fisicos de Bogota durante su visita oficial a Colombia en 1823. La tendencia naturalista de Hamilton se vio interrumpida por el desorden publico que altero sus lineas; su percepcion de la mendicidad urbana se agudizo al advertir que "caminando por la Calle Real (o calle principal), donde estan ubicados los principales almacenes, se siente uno disgustado a toda hora al presenciar mendigos mostrando sus llagas [...]" (28). La inquietud del viajero ingles se convirtio en enfado al presenciar como los mendigos y enfermos se atrevian a "coger" las piernas de los peatones al tiempo que realizaban horrorosos gestos y contorsiones. Este cuadro alternaba con la insalubridad, el desaseo y la presencia de gallinazos en el mercado. En otro aspecto, el miedo a la noche bogotana hizo que el extranjero sugiriera instalar un sistema de iluminacion en la ciudad que le permitiria "[...] al pasajero pasear de noche con mas comodidad y seguridad bajo los muros sombrios de los monasterios, conventos y casas, sin el temor de recibir un machetazo o de que lo ahoguen en el agua del [rio] Bogota" (29).

Una decada despues, las denuncias sobre la efectividad de la policia tenian tal frecuencia que las lineas de los publicistas hacian notar el atentado a los bienes y a las propiedades de personajes importantes de la elite bogotana:

"En menos de quince dias han sido asaltadas las casas de los doctores Jose Antonio Amaya, i Juan Bautista Esteves, i la imprenta del ciudadano Nicomedes Lora, de las cuales han sido estraidas varias cantidades de dinero, i otros efectos. Creemos que esto haya sucedido porque se ha relajado la vigilancia que antes tenia el jefe politico, i por haber reducido el consejo municipal a un numero mui pequeno de ajentes de policia. Suplicamos a aquel magistrado i a esta corporacion que tomen mas interes por la vigilancia de las propiedades" (30).

El anterior articulo coincidio con la Prensa Bogotana, que informo los detalles del robo. Se estimo la suma robada en cuatro o cinco mil pesos; la tecnica de los ladrones consistio en abrir las puertas con llaves falsas y amordazar a los sirvientes mientras los duenos asistian a las sesiones del Congreso. La Prensa Bogotana demando la accion de la autoridad y la sancion de un codigo en la materia (31). La impresion que dejan estos testimonios es la extension de la inseguridad que se apodero de una ciudad donde ni en la carcel se estaba seguro. El siguiente relato fue tomado del diario de un miembro del ejercito que debia cumplir su deber como guardia de la carcel. Evidentemente, esta tarea era asumida como una penitencia: "[...] me toco la guardia de la carcel a la que le tiemblo siempre, [...] comienzo a desconfiar hasta de mi mismo; por otra parte como los capitanes son por naturaleza incorruptibles, cualquier desgracia que acontezca el que paga es constantemente el infeliz subalterno, i esta es una de mis desgracias" (32). Tan peligrosa como la carcel lo era una banda de timadores, "los monigotes", quienes embaucaban a los ricos al solicitarles su misericordia y a los pobres los golpeaban y robaban. Tambien causaban miedo las "muchachadas": jovenes ebrios que no se detenian ante la autoridad eclesiastica y que por el contrario se entregaban al desenfreno de una moral libertina, esto es, jugaban, bailaban y exageraban el trato sexual con las prostitutas (33).

El paisaje descrito por Hamilton anos atras no distaba mucho del siguiente informe de 1834:

"Hemos notado con bastante disgusto que ya en esta ciudad no se toman casi medidas de policia, se ven vagar en las calles i mercados publicos a hombres y mujeres asquerosos contaminados con enfermedades que pueden diseminarse con la mayor facilidad, i cuyo aspecto en vez de compacion exita el horror" (34).

El informe destaca la condicion de "dejacion" de una mujer demente que deambulaba en las calles bogotanas. A renglon seguido, se hace manifiesto que:

"Nosotros [los articulistas] en nombre de la humanidad, como escritores publicos, i como ciudadanos pedimos a los encargados de la policia que vijilen con esactitud en este punto ya para aliviar a los desgracios pasientes y ya para evitar los grandes males que deben precisamente resultar de la omision de un cargo tan importante" (35).

Los anteriores fragmentos esbozan un cuadro elaborado partir de tres fenomenos. El primero, en el plano social, articula exageradamente el miedo al contacto personal con los mendigos y los enfermos en los espacios publicos; el segundo fenomeno es el rechazo a la irracionalidad en lugares tales como las calles, las iglesias y el mercado; el ultimo fenomeno pertenece al orden juridico, y tiene que ver con la identidad de la elite expresada a traves de una nueva conciencia colectiva que el articulista entroniza mediante la auto-calificacion de ciudadanos.

En la Bogota de 1834 algunos creian que un codigo de policia deberia anteceder al codigo criminal. En efecto, se pensaba que las medidas policivas serian mas eficientes que la enunciacion de medidas punitivas, puesto que "[...] la sociedad gana poco castigando a los delincuentes, una ves [sic] que faltaron a la lei, se ha conocido que es preciso buscar cuidadosamente el medio de prevenir los actos con que maliciosamente puede danarse" (36). El autor del articulo se referia a la ley de mayo de 1826, la que establecia la pena capital para salteadores y ladrones a mano armada. Pero la medida "draconiana" no habia logrado contener los robos. Mas aun, los afectados tomaban justicia por mano propia. Este fue el caso de un hombre, quien en una noche lluviosa mato a un viajero que se refugiaba en su propiedad al confundirlo con un ladron. Se dijo que el victimario actuo por la ola de inseguridad que cubria las noches bogotanas, consecuencia, en parte, de la ineficacia de las "vetustas normas juridicas coloniales" (37).

El requerimiento de un formalismo juridico quedo plasmado en varias medidas transitorias, las que desde 1835 otorgaron al poder ejecutivo las facultades para establecer presidios urbanos donde los reos deberian cumplir las penas (38). En cuanto a la policia, desde 1825, fueron expedidos decretos y leyes tendientes a reducir la vagancia y la prostitucion; su vigencia se extendio hasta 1841 cuando quedaron derogadas por el estatuto organico de policia. Las leyes penales espanolas siguieron en curso hasta 1837 tras la aprobacion del primer codigo penal neogranadino, pero ante el panorama politico inestable se expidieron normas punitivas como la ley de 3 de junio de 1833 que reglamento el proceso de las causas de rebelion, sedicion y traicion.

Por otra parte, el cuerpo de policia carecio de un numero suficiente de hombres. Incluso, el total de miembros de este cuerpo ascendia a 58 celadores en 1831 y continuaba siendo insuficiente respecto a la poblacion del canton que llego a 51.038 habitantes en 1834 (39). Desde 1834, mas que el numero de efectivos, la principal dificultad de la policia bogotana continuaria siendo la falta de una legislacion que superara el atomismo juridico de las leyes espanolas. En efecto, el Secretario de Estado, Lino de Pombo, expuso al Congreso las ventajas de un codigo de policia asi:

"En este ramo, uno de los mas importantes de la administracion interna, se siente el vacio de una ley que [...] provea de medios eficaces para precaver a tiempo los delitos contra la sociedad; para extirpar la mendicidad y la vagancia en provecho de los mismos individuos que ahora son victimas de una y otra, con mengua y perjuicio del pais a que pertenecen; para hacer progresar la moral publica; para que nuestras poblaciones se hermoseen y desaparezcan de ellas los focos de infeccion que atacan la salud; para que nuestros caminos y canales se mejoren y conserven en buen estado, se afiance mas positivamente la seguridad individual, y se prevengan las consecuencias fatales que deben traernos muchas practicas viciosas [...]" (40).

Durante los primeros anos de la Republica, a pesar de los vacios juridicos se adelantaron campanas de seguridad. Desde 1829, el jefe de la policia en la ciudad, Ventura Ahumada, habia tomado medidas contra los vagos y la "gente sin oficio", quienes fueron reclutados en el ejercito y conducidos a los talleres de artesanos. De otro lado, las calles bogotanas vieron crecer el numero de prostitutas contra las que tambien actuo "Don Ventura", capturandolas y conduciendolas "hacia menesteres mas limpios y honestos" (41).

La molestia por los vagos y los mendigos, segun Jean Delumeau, se entiende por la necesidad de la sociedad del Antiguo Regimen de buscar las causas objetivas a sus miedos urbanos mas cotidianos (42). En este orden de ideas, la vagancia y la mendicidad surtieron el factor objetivo que alimento el miedo al contagio de las enfermedades y a un sinnumero de males de las calles bogotanas. La vagancia, calificada por Lino de Pompo como una epidemia social que se transmitia de padre a hijo, obligo al Estado a transformar el antiguo hospicio de la capital en una casa de correccion (43). Mas aun, la nocion de la vagancia se afianzo como un sinonimo de la delincuencia, y su orientacion factual resulto mas que incomoda, pues las legislaciones colonial y republicana castigaban este delito a traves de la conscripcion en el ejercito y la armada. Desde el siglo XVIII distintas disposiciones endurecieron las leyes reguladoras de la vagancia: ordenaban la reclusion en las carceles o la conduccion al ejercito y la marina de los vagos habiles y sin oficio. Pese a que algunas de estas medidas continuaron vigentes despues de la independencia, su efectividad quedaba en entredicho y las recomendaciones oficiales sugerian no incorporar vagos debido a sus condiciones personales, con el fin de mantener la disciplina (44); es mas, para 1833 el numero de tropas granadinas fue reducido en 780 hombres de los 3.200 existentes (45). Una dimension del fenomeno social relacionada con el incremento de la poblacion flotante en la capital fue expresada por Florentino Gonzalez, redactor de El Cachaco de Bogota, quien dirigio una advertencia al gobernador de la provincia sobre la situacion, pues: "[...] Vagan por las calles enjambres de hombres i mujeres que pueden ser pobres, pero tambien jente vagabunda i embustera" (46). A mediados de 1833, Gonzalez continuaba denunciando lo siguiente:

"Insoportable es la nube de pordioseros que vagan por las calles de la esta capital, haciendo vergonzoso alarde de sus asquerosas lepras, acometiendo a toda persona, sea que se detenga a conversar o pase de largo, corrompiendo la atmosfera, dando el ejemplo mas pernicioso a la juventud [...]" (47).

De ahi que Gonzalez propusiera una serie de medidas generales como cerrar las chicherias en la ciudad, limpiar las acequias y las esquinas contiguas al rio San Francisco y prohibir los espectaculos publicos. Concretamente exigia de la gobernacion tres puntos para acabar definitivamente con la vagancia: primero, un control puntual sobre las rentas del hospicio; el siguiente punto consistia en la focalizacion de la miseria, propuesta basada en el cumplimiento de una ley de mendicidad que cualificaba al mendigo en tanto que le otorgaba una licencia para el oficio; por ultimo, la prohibicion del transito de los pobres por las calles excepto los dias viernes y sabado, cuando los mendigos autorizados podrian salir a pedir limosna.

A juicio de la historiadora Estela Restrepo, los pobres de Bogota representaron un doble peligro tanto para la medicina como para el derecho, puesto que fueron vistos como complices o sospechosos, a la vez que fueron considerados como una fuente de contagio. Entonces, se hizo necesario que las autoridades de la ciudad los confinaran, ya fuera en la carcel o en el hospital (48). En el plano juridico, las medidas tendientes a reducir su numero, luego de la promulgacion del codigo penal de 1837, produjeron el traslado de vagabundos a lugares de castigo y trabajos publicos. No obstante la afirmacion de Restrepo, el numero de procesos por vagancia en todo el pais fue insignificante (49). La cantidad de procesos que se llevaron por vagancia en 1837 comparadas con el numero de procesos por delitos como el hurto simple en el mismo ano evidencian que la magnitud del primero no era equivalente con la percepcion que los neogranadinos tenian de ese delito (50). Las elites bogotanas reforzaron sus temores provincianos a las dinamicas del cambio. Como ha senalado Delumeau, la situacion se agrava si "un grupo o un poder amenazados, o que se cree amenazado, y que entonces tiene miedo, tiene tendencia e ver enemigos por todos lados: afuera y aun mas dentro del espacio que quiere controlar" (51). De hecho, el historiador Fabio Zambrano ha indicado como en 1822 y 1848 los poderes gobernantes temieron la extension de la participacion de los sectores populares en el control de la republica: "Este primer esfuerzo por ampliar el espacio politico provoco el surgimiento de la primera reaccion que llamamos 'el miedo al pueblo', a la 'plebe', al 'vulgo'" (52).

En consecuencia, la propagacion de algunos aspectos de la cultura popular fue una preocupacion constante en la prensa. De este modo, Florentino Gonzalez denuncio que "[...] algunos jovenes hacen de tiempo en tiempo bailes, a que convidan una multitud de prostitutas con las cuales se entregan a los excesos de la embriaguez i otros mas vituperables [...]". Pero lo que horrorizaba profundamente a Gonzalez era el contacto de los adolescentes, los hijos de las familias de bien, con hombres sin ocupacion alguna; insistio en el cierre de los establecimientos y la correccion inmediata de los menores ya que "[...] de dejarlos continuar en ese jenero de vida. En esas criminales reuniones se pierde el pudor, se aniquilan los buenos sentimientos del corazon, i desaparecen todas las cualidades nobles que son la base del patriotismo i de las virtudes sociales" (53). En contraste, sobresale la exaltacion de los valores "decentes" que reforzaban la barrera social bogotana. El mismo autor propuso educar a la juventud bajo "los modos cultos que tienen un influjo poderoso en todas las cosas que son objeto de las transacciones particulares y de las publicas"; por tanto, sugirio fomentar los eventos sociales, aquellas "reuniones de la jente bien educada [que] mejoran las costumbres, los modales i conocimientos" (54).

En el orden ideologico, los promotores del utilitarismo benthamista y los defensores de la moral catolica se enfrentaron en la prensa. Esta situacion ahondaba la sensacion de miedo, pues Jeremy Bentham defendio a traves de su radicalismo filosofico la desacralizacion de las leyes penales del Antiguo Regimen e incito a tomar desde la filosofia del derecho una actitud moderna respecto del crimen, la que consistia en dominar las experiencias delictivas bajo las mismas leyes que regian a las ciencias. De ahi que en Bogota se creyera que el vacio juridico dejado por la abolicion de las leyes de Espana desencadenaria el desorden (55). En un plano general, el 20 de enero de 1834 la calamidad de un sismo de considerables repercusiones en Pasto tuvo un resultado simbolico en Bogota: un sentimiento generalizado de temor se reflejo en la prensa y en los documentos oficiales. Un efecto similar causo otro terremoto ocurrido en Santa Marta el 22 de mayo del mismo ano. Las consecuencias del terremoto de Pasto las represento Jose Felix Merizalde (de quien se hablara mas adelante) en sus Lamentaciones: "De la discordia largamente/ sufrio todo el rigor la infeliz Pasto/ su sangre por do quier [sic] tino la tierra/ i aun lejos se ven, desde lejos, en los campos/ los miseros despojos que la muerte/ dejo como trofeos amontonados [...]" (56). El factor objetivo de la conmocion telurica se convirtio en un factor subjetivo y tergiversado a tal grado que realzo los temores a los sismos y catastrofes del pasado, tan distantes como lo acaecido durante el tiempo del ruido (57).

3. LA RETORICA DEL MIEDO DE LOS DICERES

La realidad sirve de sustento para alimentar los contenidos del lenguaje prejuridico. prejuridico. En este caso, dicho lenguaje se nutrio mas de la apariencia violenta y multiforme que de la realidad misma. Las categorias aparentes o simuladas con las que fue expresado el mundo real comprendian la rebelion politica, la guerra, la inseguridad y la enfermedad, pero mas que nada, la miseria. Lo anterior no significa que la percepcion de la realidad no tuviera bases concretas, sino mas bien que en el discurso, la realidad se diluyo en una dimension retorica que logro deformarla y convertirla en el nucleo del miedo.

Los articulos de prensa objetos de este analisis aparecieron entre el 16 de marzo y el 13 de julio del ano 1834 en el semanario Los Diceres, dominical de propiedad del medico Jose Felix Merizalde (1787-1868), quien por la misma epoca tambien escribio en El Zapatero, periodico dedicado a temas de economia politica (58). Los Diceres incluian tanto informes de contenido politico y economico, como articulos de interes general.

Algunos aspectos biograficos de Jose Felix Merizalde explican su posicion privilegiada dentro de la sociedad y tambien permiten vislumbrar la actitud de la elite ilustrada respecto a los sectores populares. Merizalde sirvio a la causa independentista; trabajo en la rama legislativa; entre 1825 y 1844 fue Regidor de Bogota y Vocal de la Junta de Propios; presidio la Camara de Provincia de Bogota; llego a ser Representante al Congreso Nacional, Senador de la Republica y Presidente del Senado en 1844; ademas, fue rector de la Universidad Central de Medicina. Elaboro varios escritos cientificos que reflejaron su interes por las enfermedades contagiosas. Solicito de la Gobernacion de Bogota negar el ingreso de alcoholicos, prostitutas y pacientes con enfermedades venereas, ya que las rentas del hospital no deberian fomentar los vicios (59). Como periodista, Merizalde sufrio criticas muy agudas y su trabajo fue catalogado como un ejemplo de la prensa amarillista.

Los articulos de Merizalde presentados en este texto forman en su conjunto parte de un discurso compartido por la alta sociedad neogranadina, el que constituyo lo que en su momento se considero opinion publica (60). Este discurso antecedio la proyeccion de una nueva cultura juridica en la Republica durante la tercera decada del siglo XIX. Brevemente, estos articulos hacen mencion a: el suicidio de un presidiario y la demora en el procedimiento judicial asociada al incidente; una serie homicidios en el Hospital San Juan de Dios; la situacion insegura de la carcel y la perpetracion de dos infanticidios.

En su argumentacion Merizalde toma como punto de partida un hecho real y pretende establecer un acuerdo con el publico mediante la preferencia por los valores, tanto concretos como abstractos, que se derivan del hecho. Como ilustracion, en uno de los articulos el valor concreto expuesto a la sociedad neogranadina es la seguridad juridica (61), valor tacito en el discurso. Por su parte, el valor abstracto es la justicia, pero es enunciado a traves de una deformacion del ideal burgues de justicia, es decir, de la justicia objetiva o ciega que el autor simula presentandola como justicia subjetiva o tuerta, asi: "Javier Reyes murio en el Hospital [San Juan de Dios] a los siete dias de haber sufrido un golpe en la cabeza". Luego de exponer el hecho real, plantea al publico sus bases axiologicas de equidad para sustentar el acuerdo ya que el cadaver aun no habia sido reconocido legalmente y el homicida continuaba libre por las calles. Inmediatamente Merizalde prosigue: "para que si hay un articulo en la Constitucion que mande enderezar este tuerto [el proceso juridico], se enderece". Finalmente, interroga al publico sobre el acuerdo que anuncia la imposicion de la seguridad juridica, pues "si no se hace diremos que la justicia no va derecha [...] Se reconoce que el poder judicial esta algo apatico. ?A quien tocara estimularlo?" (62). La misma estrategia retorica se observa en el siguiente fragmento:

"Esta ciudad hace anos que no tiene una carcel para hombres, ni comoda, ni segura, de lo que resulta que los criminales se burlan de los castigos impuestos a sus delitos, i los que los sufren porque no logran la fuga, padecen lo que la lei no ha querido que padescan [...] Se dice que los [fondos para construir la carcel] ya se acabaron y que han parado los trabajos con notable perjuicio de la causa publica ?i no habra alguno de esos seres filantropicos [que gestione el arreglo de] una necesidad tan urgente?" (63).

Sin duda con el manejo consciente de este tipo de estrategias retoricas, muchas de ellas falacias argumentativas, Merizalde trataba de convencer a los bogotanos de expedir las leyes penales, pues desde 1833 se habia debatido en las camaras legislativas el proyecto del codigo penal que suscito gran expectativa en la prensa capitalina, hasta su promulgacion en 1837. Para lograr la adhesion a los fines del discurso de la prensa es util recordar a Perelman cuando afirmo que el fin de cualquier discurso busca "reforzar una comunion alrededor de ciertos valores que se tratan de hacer prevalecer y que deberan orientar la accion en el porvenir" (64). Siguiendo esta misma idea para analizar el discurso de Los Diceres, se puede notar que el autor excluyo de sus argumentos el ambiente que rodeaba al evento real y proyecto una nocion situacional del caos para orientar con mas fuerza las expectativas respecto al orden social que de el derivaron. Asi lo ilustran textos como el siguiente:

"Se dice tambien que hace dias que murio un indio Eleuterio del pueblo de Suba de resultas de una herida, i que la diligencia de haber muerto, no ha habido juez que la mande estender en el sumario que se siguio. En fin continuan entrando, saliendo i muriendo los heridos, i reconocimientos no se mandan practica" (65).

La funcion del miedo en el aparato discursivo consistio en cohesionar las opiniones favorables a la reglamentacion de las normas que condujeran a frenar las conductas reales, aquellas que inspiraron tal temor. En este orden de ideas, la naturaleza accidental de los eventos fue tomada como anti-modelo y asociada con la amenaza inminente de que lo accidental se convirtiera en la regla. Merizalde cae en una falacia argumentativa al concluir precipitadamente que el delito perpetrado obedecio a la carencia de sentimientos maternos; este tipo de juicio emotivo del autor no es comprobable. Mas aun, el se sirvio de la ironia para exponer sus opiniones:

"Tampoco es solo ocasionado este crimen horrendo del infanticidio por falta absoluta de los dulces sentimientos en la naturaleza de las madres corrompidas, pues ha sido, mui frecuente en otros paises, el que muchas madres por razon de su miseria han descargado el golpe contra el fruto de sus entranas. !HO! I que sensible es que por primera vez se haya presentado este ejemplo funesto en esta ciudad, donde se sostiene que no hai miseria" (66).

El articulista observa la realidad y la magnifica a traves de estrategias retoricas, evidenciando los accidentes de la sustancia. Asi pues, es posible organizar algunos nombres (realidad) que en el discurso son representados a traves de su accidente o apariencia. Este tipo de pares semanticos son palabras que refieren a la realidad, pero con sentido distorsionado. El siguiente esquema confronta algunas simulaciones y errores que Merizalde pretende exponer a sus lectores. El proposito de las simulaciones es crear una imagen ilusoria que posee escasa o ninguna conexion con el evento real (ver tabla N[grados]1):

El tipo anterior de utilizacion de la retorica es una forma de emplear el razonamiento por disociacion. Esto es, argumentar a traves de la oposicion entre la apariencia y la realidad discriminando entre el adjetivo y el nombre (67). Incluso mediante la disociacion se refuerzan elementos que en principio son antiteticos (68). Cuando se emplea la expresion carcel insegura se esta indicando la ausencia de una carcel segura. De modo que este tipo de orientacion del analisis retorico no es futil para el conocimiento historico, pues es aplicado a un complejo de nociones mas amplio que permite vislumbrar toda una tendencia de pensamiento (69).

En otro de sus aspectos, el esquema realidad-apariencia tambien muestra la pareja de opuestos hecho-derecho, pares semanticos distorsionados. A esto se anade que la exposicion de los datos precede cualquier explicacion, con el fin de atenuar asi las inferencias de incompatibilidad de las nociones empleadas por el escritor de Los Diceres y que el publico pueda notar. En este sentido, la nocion del delito de infanticidio es el hecho, el horrendo crimen, aquel que se maximiza a traves de las circunstancias de la miseria en que se produjo, y finalmente se enlaza con la consecuencia juridica que resulta de la accion del delincuente, esto es, la privacion de la libertad. El siguiente documento refleja fielmente el modelo propuesto:

"Hace meses que se dijo que en la calle del Purgatorio llego un zapatero a su casa a la oracion, sin tener que llevar a su familia que aun no habia comido. Que un hijo suyo luego que lo vio comenzo con gran llanto a pedirle pan, i que el padre enfurecido al ver que no tenia con que saciar el hambre de su tierno hijo lo cojio por los pies i le dio un golpe contra una columna con tanta fuerza, que en ella quedaron derramados los sesos. Se dice, no lo aseguramos, que por este horrendo crimen el frenetico padre esta en la carcel" (70).

Otro ejemplo que ilustra el sistema binario hecho-derecho es el siguiente: "Tal es la espantosa idea del deshonor que aterra, que arrebata a esa desgraciada joven, victima de un seductor mas condenable que ella, i que la obliga en medio de los dolores del parto a dejar que perezca por falta de cuidados el fruto de un criminal. Su razon extraviada deja perecer a un nino, cuyo asesinato es debido al temor de la infamia, queriendo encubrir un crimen cien veces mas horroroso. El moralista al ver el estravio de la razon humana, la deplora i no la rehusa su piedad; pero la justicia humana, unida a la execracion general, hace castigar aquella desgraciada madre" (71).

El autor del discurso, emisor, ejerce como un operador moral y difunde juicios de valor al igual que lo haria cualquier operador juridico. Destaca en su discurso a los sujetos femeninos, pero realza la pasividad e inercia de la mujer en una ponderacion casi natural y recalca tal pasividad e inercia en un escenario de fatalidad insuperable:

"Ella [la infanticida], desde las orillas de la acequia tornaba la vista con su hija entre sus brazos y veia que los placeres y felicidades corrian atropelladamente a las casas de los potentados, a tiempo que ella se veia rodeada de penas y dolores. Ella en fin discurria que en Bogota los amigos solicitos i diligentes se disputaban la ventaja de hacerse felices de socorrerle, i ella abandonada de todos se hallaba con una hija moribunda, sin socorros, sin apoyo i sin esperanza" (72).

Claramente, la posicion de indefension de la mujer se destaco con adjetivos que menoscababan la accion, tales como infelices hijas, mujeres heridas, ninita, hija casi moribunda, desgraciada joven, victima de un seductor, desgraciada madre, mujeres corrompidas, infeliz madre, mujer llorosa, pobre mujer, hija moribunda. Al hacerlo de esta forma el autor ubica a la mujer como dispositivo de obediencia, inferioridad y debilidad. Justamente son estas las cualidades del sujeto juridico, sobre quien en el ambito del nuevo discurso del derecho penal siempre recae la accion, convirtiendose asi en un bien juridico a defender. El equivalente al genero de la mujer coincide con la designacion del autor al sistema jurisdiccional, aquel que identifica mediante los sustantivos administracion y justicia. Respecto al Estado, este es designado con una figura retorica alegorica a traves de la metafora madre comun. En contraste, encontramos al hombre, que es el sujeto activo tanto en la construccion sintagmatica del discurso, como en la teoria del derecho que hacia curso en el siglo XIX y que acepto la nocion de la accion del delincuente. En el ultimo articulo no se habla con el nombre propio del implicado en el infanticidio, sino que es mencionado como sujeto de la accion a traves de sus cualidades, es decir, ser un delincuente y un padre frenetico. Mas aun, se nombra al sujeto por su oficio, el de zapatero.

El discurso indica un futuro incierto al referirse a los bienes juridicos lesionados, en relacion con sus caracteristicas genericas y no particulares de nino y ninita. En otro plano analitico, la relacion adjetivo-nombre, tremenda pena, triste estado, horrendo crimen, buena ley, grandes caudales, gran llanto y la relacion nombre-adjetivo, vida desgraciada, vindicta publica, reo presunto, zelo infatigable, indican la superioridad de alguno de los dos dependiendo de su orden de aparicion en la oracion, pues "cuando una realidad presenta simultaneamente dos aspectos, se puede mostrar la preeminencia de uno de ellos calificandolo por medio de un adjetivo" (73).

Ademas, en los anteriores ejemplos del esquema de opuestos propuesto por Perelman se senalan los enunciados que remiten a su contrario, a lo que se oculta tras el plano explicito en el discurso y que es aplicable a los titulares de los articulos. Asi la humildad indica una naturaleza opuesta en la altivez de los grupos sociales subordinados y los casos lamentables remiten a la prosperidad de la elite bogotana (ver tabla N[grados]2).

Lo anterior se ilustra de manera clara en el siguiente fragmento: "Ella [la madre] miraba a los ricos en la pompa, en la esplendidez, en el fausto, en el lujo, i en la abundancia, mientras que ella perseguida de la indiferencia i acompanada de la pobreza carecia de un escaso alimento que formase en sus pechos ese licor nutritivo que necesitaba su hambrienta i desgraciada Agapita" (74).

Merizalde busca, a traves de la reciprocidad entre los elementos de la irracionalidad del suicidio y de los de la mendicidad, expresar un ideal de justicia objetiva en la que los seres de una misma categoria esencial deben ser tratados de la misma manera:

"Santos Balaquera estaba condenado al presidio de esta ciudad. Su situacion era la mas miserable, i diariamente sufria la tremenda pena de verse rodeado de sus infelices hijas que banadas en lagrimas iban a recibir el real que se le daba como presidiario, i con el saciar en parte el hambre que les ocasionaba su triste estado de mendiguez. Situacion tan lamentable le causo aquel acceso de locura que debe preceder a los suicidios, i ?cometio? este horrendo crimen envenenandose. La tarde del 7, del corriente, fue conducido en una manta por los agentes de policia al Hospital San Juan de Dios, en donde apenas llego, exalo el ultimo suspiro, con el que puso un fin horrendo a una vida desgraciada" (75).

Una opinion distinta expresa el autor sobre el suicidio de otro hombre. En este caso, no se trataba de un mendigo o un ser irracional, por lo que acusa la lentitud del aparato judicial y demanda la efectividad de las leyes:

"Se dice, no lo aseguramos, que no se han practicado las diligencias judiciales que andan nuestras leyes en los envenenamientos. No ha mucho tiempo que se verifico el suicidio del senor ?Corrins?, i no sabemos que resultado tuvo, i si se averiguo de donde saco el veneno con que se quito la vida" (76).

El analisis semantico muestra el conjunto de opuestos y sus distintas relaciones. En este caso, la forma como se construyo la sensacion de miedo enunciando los nombres correspondientes a su propio plano, es decir, la inseguridad y la ausencia de poder, y por otro lado ocultando o encubriendo los nombres opuestos, que son la seguridad y la autoridad. Simultaneamente que se ocultaba la sensacion de seguridad, se preparaba la realizacion del tipo de seguridad esperado, esto es, la seguridad de tipo juridico. Al respecto, el Estado neogranadino implemento leyes de caracter urgente, tales como la ley de 10 junio de 1833 que perseguia el hurto, la vagancia, la mendicidad y la prostitucion, y la ley 30 de mayo de 1835 establecia presidios urbanos (77). Dos codigos, el penal y el policivo, fueron aprobados en 1837 y en 1841. Los redactores defendian dichas normas de las criticas de la prensa y aducian eficacia y seguridad.

CONCLUSIONES

En un momento de transicion en el orden juridico que paso de la pluralidad del derecho colonial a la universalidad del derecho liberal burgues, una idea de inseguridad colectiva se propago en Bogota. Este periodo de evolucion revela la necesidad de la elite de lograr la expedicion de un orden juridico codificado para vencer sus miedos colectivos. El empleo de la retorica del miedo fue mas importante que el hecho de asumir medidas de coaccion, simplemente porque estas no existian o porque en el naciente proyecto republicano se hacian poco efectivas. Por tanto, el miedo divulgado en la prensa en sus distintos niveles, bien fuera el miedo a los elementos naturales, sociales o culturales, incito a una opinion favorable respecto a la promulgacion de normas. Se anade a este cuadro de transicion el hecho de que la miseria moral no se distinguio con claridad de la miseria economica. Por tanto, las formas de exclusion economica y social confluyeron en un nivel que necesito trasladarse del mundo factual al nomologico.

Lo anterior significa que la elaboracion de un discurso con un sentido moralista preparo la aparicion de otro discurso de naturaleza juridica. La influencia se dio en la amplificacion de un dispositivo psicologico social reconocido como el miedo, y que es identificable en el estudio de los casos. Basta con senalar el rumor y la ausencia de certeza en los textos: se dice, no sabemos, no lo afirmamos, no hemos visto. Si bien el discurso juridico se constituye a traves de universales como los componentes tecnicos de las normas legales, el discurso moralista del articulista analizado opto por las falacias y la ambiguedad, pero tambien tomo valores particulares y los convirtio en universales por la asociacion que se da entre lo concreto y lo abstracto. De esta forma, allano el camino para la aceptacion de una redaccion juridica donde los sujetos fueron tratados de forma diferencial. La actitud de la elite para conjurar sus miedos distorsiono la realidad acerca de los sectores populares y su imagen fue interpretada en la trama de la sospecha y del delito.

Articulo recibido: 1 de febrero de 2008; AprobAdo: 17 de juni o de 2008; modificAdo: 14 de julio de 2008.

Bibliografia

FUENTES PRIMARIAS

PUBLICACIONES PERIODICAS

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FUENTES PRIMARIAS IMPRESAS

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Este articulo es resultado de los intereses investigativos del autor y no conto con financiacion para su elaboracion. Las italicas en el texto son del autor del articulo.

(1.) "Cuando desaparece el 'pacto colonial' como resultado inmediato de la Independencia, el sistema republicano aparece como el unico modelo de organizacion posible. Pero el discurso igualitario del credo liberal se enmarcaba en una sociedad profundamente desigual". Fabio Zambrano, "El miedo al pueblo: contradicciones del sistema politico colombiano (II)", Analisis: Conflicto social y violencia en Colombia 53 (1988): 13.

(2.) En los estudios juridicos se puede notar que en decadas recientes han emergido nuevos temas y herramientas metodologicas. Cabe destacar la trayectoria del analisis cultural en la historia del derecho, y aunque este movimiento se perciba como una novedad, ocasionalmente como una accion refleja, sorprende por su cantidad y heterogeneidad tanto tematica como bibliografica. En este sentido, un nuevo acceso conceptual del derecho se puede remontar a la primera mitad del siglo XX con Gustav Radbruch, quien lo definio como un fenomeno cultural. De ahi que la historia del derecho comprenda su objeto desde la totalidad cultural de una epoca. Paul Kahn incorpora la investigacion critica al terreno de la cultura juridica. Una propuesta historiografica del derecho, compleja y de rigor critico, la fundamentaron en Europa los juristas historiadores Paolo Grossi y Francisco Tomas y Valiente como herederos de la tradicion de Annales; estos autores renuevan la historiografia juridica al proponer una historia social del derecho. Respecto a las categorias de analisis de estos estudios, en Latinoamerica se percibe una necesidad de traducir lo social como un campo, idea tomada del sociologo Pierre Bourdieu, quien lo concibe como el lugar conformado por actores, intereses y privilegios juridicos; ademas, Bourdieu hace referencia a una historia social comparada de la produccion juridica y del discurso juridico. No obstante la proliferacion investigativa sobre el tema, aun resulta precario el dialogo interdisciplinario, tanto que redunda en debiles explicaciones de la cultura juridica latinoamericana. Cfr. Gustav Radbruch, Introduccion a la Filosofia del derecho (Mexico: Fondo de Cultura Economica, 2002); Pierre Bourdieu y Gunther Teubner, La fuerza del derecho (Bogota: Siglo del Hombre editores -Ediciones Uniandes-Instituto Pensar, 2000); Paul Kanh, Analisis cultural del derecho: una reconstruccion de los estudios juridicos (Barcelona: Gedisa, 2001); Paolo Grossi, El orden juridico medieval (Madrid: Marcel Pons, 1996); Francisco Tomas y Valiente, El derecho penal de la monarquia absoluta (siglos XVI; XVII XVIII) (Madrid: Tecnos, 1969); Codigos y constituciones (Madrid: Alianza, 1989); Mauricio Garcia Villegas y Cesar A. Rodriguez eds., Derecho y sociedad en America Latina: Un debate sobre los estudios juridicos criticos (Bogota: Universidad Nacional-ILSA, 2003).

(3.) Mario Aguilera Pena senala que en la ultima decada del siglo XIX los movimientos de protesta urbana en Bogota sufrieron las represalias de la Regeneracion. Durante este regimen se criminalizo la pobreza y se reprimio la prostitucion. Para suprimir el accionar politico y las protestas de los artesanos (vistos por la prensa catolica como mendigos) se expidieron medidas, algunas constitucionales como las limitaciones de las libertades. Ademas, expidio la Ley de los caballos que autorizaba al presidente exiliar, deportar o encarcelar a quienes pusieran en peligro el orden publico. Cfr. Mario Aguilera Pena, Insurgencia urbana en Bogota: motin, conspiracion y guerra civil 1893-1895 (Bogota: Colcultura, 1995).

(4.) El asunto de la identidad de los sectores populares esta inscrito en un proceso, que en el contexto de las grandes ciudades latinoamericanas del siglo XIX bajo regimenes estatales debiles, ha sido demarcado por la historiografia dentro de la escision dicotomica de la sociedad que resulta en una porcion popular y la otra decente. La segunda emplea una de las formas de asignar identidad a la primera; se trata de la identidad atribuida: "[...] aquello que el 'otro' piensa de 'nosotros' contribuye en mayor o menor medida a definir a ese 'nosotros'. La idea que se hace del otro, en este caso la elite, la gente decente o las clases propietarias -los distintos nombres refieren a la cambiante configuracion de la sociedad-, surge por los mismos caminos de la identidad popular [...] implica tambien unos caracteres atribuidos -con mayor o menor certeza--a ese otro: atributos, comportamientos, ideas. Es, sobre todo, el mundo del prejuicio, de la ideologia deformante, de la reaccion descalificadora. Intereses contrapuestos llevan a percibir al otro -la plebe, los trabajadores--como peligroso, vicioso, anormal, subversivo y, en los momentos de generosidad, como a un nino que deber ser guiado y dirigido". Luis Alberto Romero, "Los sectores populares en las ciudades latinoamericanas del siglo XIX: la cuestion de la identidad", Desarrollo economico 27:106 (jul.-sep., 1987): 206.

(5.) German Colmenares destaco la importancia de la retorica en el discurso republicano distinguiendolo del discurso colonial. El primero empleo metaforas y analogias que aludian a la edad clasica; mas aun, su estilo denotaba una estrecha relacion con las ideas ilustradas: "El nuevo lenguaje estuvo compartido por los militares y politicos y fundamentalmente por abogados. Parte de esta retorica procedia de la experiencia intelectual europea y de la resurreccion de un estilo tribunicio corriente durante la Revolucion Francesa [...] El solo lenguaje parecia fundar una nueva sociedad, barriendo los prejuicios de la antigua. Pero la ilusion que creaba el lenguaje no bastaba para alterar estructuras profundas. Solo modificar actitudes." German Colmenares, "El manejo ideologico de la ley en un periodo de transicion", Historia Critica 4 (jul.-dic. 1990): 8-31.

(6.) "El capital cultural es capital informacional, es capital que tiene que ver con la posesion de un tipo de informacion valorada en el espacio social en general o en el campo juridico concreto." Pierre Bourdieu y Gunther Teubner, La fuerza, 70.

(7.) Jean Delumeau, El miedo en Occidente (Madrid: Taurus, 2002), 28-29.

(8.) Georges Lefebvre, El gran panico. La revolucion francesa y los campesinos (Barcelona: Paidos, 1988).

(9.) Georges Duby, Ano 1000, ano 2000. La huella de nuestros miedos (Santiago de Chile: Editorial Andres Bello, 1995).

(10.) Claudia Rosas Lauro ed., El miedo en el Peru. Siglos XVI al XX (Lima: Pontificia Universidad Catolica del Peru-Sidea, 2005).

(11.) Fernando Rosas Moscoso, "El miedo en la historia: lineamientos generales de su estudio", en El miedo en el Peru. Siglos XVI al XX ed. Claudia Rosas Lauro (Lima: Pontificia Universidad Catolica del Peru--Sidea, 2005), 29.

(12.) Jean Delumeau et. al., El miedo. Reflexiones sobre su dimension social y cultural (Medellin: Corporacion region, 2002), 5-20.

(13.) Giandomenico Amendola, La ciudad postmoderna (Madrid: Celeste ediciones, 2000).

(14.) Maria Cristina Martinez, La construccion del proceso argumentativo en el discurso: perspectivas teoricas y trabajos practicos (Cali: Universidad del Valle--Catedra Unesco para la lectura y la escritura, 2005), 30.

(15.) Chaim Perelman, El imperio retorico. Retorica y argumentacion (Bogota: Norma, 1997), 12.

(16.) "El desprecio a la retorica, el olvido de la teoria de la argumentacion han conducido a la negacion de la razon practica. Los problemas de accion han sido reducidos a problemas de conocimiento, es decir, de verdad o probabilidad, o simplemente han sido considerados irrelevantes para la razon". Chaim Perelman, El imperio retorico, 27.

(17.) Chaim Perelman, El imperio retorico, 30.

(18.) Chaim Perelman, El imperio retorico, 39.

(19.) Roberto Marafioti, Recorridos semiologicos: Signos, enunciacion y argumentacion (Buenos Aires: Eudeba, 2004), 209-233.

(20.) Roberto Marafioti, Recorridos semiologicos, 190.

(21.) Maria Cristina Martinez, La construccion del proceso, 13.

(22.) De acuerdo con Mejia, "a partir de 1832 y en los tres anos siguientes, el numero de personas en la ciudad se incremento ?en??11.151 personas, lo que significo una tasa media anual de crecimiento de 11,65%. Esta tasa supero en exceso la parcial para el periodo (1,92%) y la general para el siglo XIX (1,54%), ?tal explosion obedecio a??la conjuncion del crecimiento vegetativo con el flujo migratorio de gran magnitud". Como resultado, "la aglomeracion de las personas sobre el espacio desbordo toda capacidad tecnologica por parte de las instituciones municipales". German Rodrigo Mejia Pavony, Los anos del cambio: Historia urbana de Bogota 1820-1910 (Bogota: Centro Editorial Javeriano--ICANH, 2003), 233, 298, 429 y 430.

(23.) Ana Luz Rodriguez Gonzalez, Cofradias, capellanias epidemias y funerales: Una mirada al tejido social de la independencia (Bogota: Banco de la Republica--El Ancora, 1999), 51-55.

(24.) German Rodrigo Mejia Pavony, Los anos del cambio, 377.

(25.) Uno de los conspiradores de julio de 1833 fue Jose Sarda. Santander, informado de una rebelion en su contra, ordeno detenerlo junto con sus colaboradores. Sarda escapo con la complicidad Manuel Anguiano y Jose Maria Serna. Luego de ser recapturado, Sarda fue sentenciado a muerte a finales de 1833. Serna murio ejecutado y Anguiano fue fusilado el 19 de diciembre de 1833. El Cachaco de Bogota, Bogota, 22 de diciembre de 1834, 167.

(26.) Rufino Cuervo, Documentos oficiales para la historia y la estadistica de la Nueva Granada (Bogota: Imprenta de

(27.) Gaceta de la Nueva Granada, Bogota, 24 de febrero de 1833, 3.

(28.) John Potter Hamilton, Viajes por el interior de las provincias de Colombia (Bogota: Biblioteca V Centenario Colcultura, 1993), 97.

(29.) John Potter Hamilton, Viajes por el interior, 97.

(30.) El Cachaco de Bogota, Bogota, 13 de abril de 1834, 233.

(31.) La Prensa Bogotana, Bogota, 12 de abril de 1834, 48 anverso.

(32.) La Prensa Bogotana, Bogota, 23 de noviembre de 1833, 1.

(33.) Para Florentino Gonzalez, director de varios periodicos, funcionario publico y uno de los lideres politicos de la faccion progresista (posteriormente identificado con el ala radical del partido liberal), el mal ejemplo que daban los muchachos, ademas de las actitudes ya mencionadas, consistia en que "molestaban a las senoritas y asistian ebrios a la misa". El Cachaco de Bogota, Bogota, 22 de diciembre de 1833, 168.

(34.) El Republicano Imparcial, Bogota, No 4, 1834, 1.

(35.) El Republicano Imparcial, Bogota, No 4, 1834, 1.

(36.) El Conciso, Bogota, 23 de marzo 23 de 1834, 2.

(37.) Fundacion Mision Colombia, Historia de Bogota (Bogota: Villegas editores, 1988), 117.

(38.) Republica de La Nueva Granada, "Ley 30 de mayo de 1835", Coleccion de las leyes y decretos espedidos por el Congreso constitucional de la Nueva Granada, en el anos de 1825 (Bogota: Imprenta de J. A. Cualla, 1835), 71.

(39.) Lino de Pombo, "Resumen del censo general de la poblacion de la Republica de la Nueva Granada, 1834". (Bogota: 1834). Biblioteca Nacional de Colombia, Fondo Vergara 160, pieza 2.

(40.) Lino de Pombo, "Exposicion del secretario de Estado en el despacho del interior y relaciones exteriores del gobierno de la Nueva Granada al congreso constitucional del ano 1834 sobre los negocios de su departamento", en Administraciones de Santander 1834-1835, comp. Luis Horacio Lopez Dominguez (Bogota: Fundacion Francisco de Paula Santander, 1990), 14-15.

(41.) Fundacion Mision Colombia, Historia de Bogota, 117.

(42.) Jean Delumeau, El miedo, 177.

(43.) Lino de Pombo, "Exposicion del secretario", 16.

(44.) El 11 de diciembre de 1834 circulo un comunicado del despacho del Ministro del Interior que advertia a los jueces no condenar a los vagos al servicio en la marina. La razon de esta recomendacion se basaba, por un lado, en que muchos de los condenados padecian incapacidades fisicas que les hacian inhabiles para la milicia y, por el otro, en que la gobernacion de Cartagena se veia en la obligacion de asumir su manutencion. Gaceta de la Nueva Granada, Bogota, 14 de diciembre de 1834, 1.

(45.) Gaceta de la Nueva Granada, Bogota, 13 de enero de 1833, 3.

(46.) El Cachaco de Bogota, Bogota, 16 de junio de 1833, 16.

(47.) El Cachaco de Bogota, Bogota, 14 de julio de 1833, 29-30.

(48.) Estela Restrepo, "Vagos, enfermos y valetudinarios, Bogota 1830-1860", Historia y sociedad 8 (mar. 2002): 83-127.

(49.) Los procesos por vagancia no superaron los 101 en 1837, los 43 en 1841, los 4 en 1842, hasta alcanzar el punto de presentarse solo un proceso en 1843; desde 1845 hasta 1852, no se registraron procesos. Cfr. Arturo Quijano, "Estadistica criminal de la Nueva Granada, 1834 a 1853", en Ensayo sobre el derecho penal en Colombia (Bogota: Imprenta y libreria de Medardo Rivas, 1898), 145-148.

(50.) Arturo Quijano, "Estadistica criminal", 145-148.

(51.) Jean Delumeau, El miedo. Reflexiones, 17.

(52.) Fabio Zambrano, "El miedo", 14-15.

(53.) El Cachaco de Bogota, Bogota, 23 de diciembre de 1833, 168.

(54.) El Cachaco de Bogota, Bogota, 4 de agosto de 1833, 46.

(55.) Santander, a quien se adjudica la autoria de un libelo publicado en 1838, ofrece una perspectiva del interregno juridico que precedio a la promulgacion del codigo penal de 1837 en los siguientes terminos: "La alarma de los animos en todas las clases de la sociedad, el panico terror con que se mira [la fecha de vigencia del codigo], tan grande y tan temible como si fuera el dia del juicio final". Anonimo, "Carta dirigida al Redactor del Argos" (Bogota: Imprenta de Nicomedes Lora, 1838), 66. De otra parte, como lo advierte Jaime Jaramillo, durante la transicion del orden colonial al orden republicano, surgio entre los neogranadinos una incertidumbre frente al espacio que debia ocupar el sistema juridico liberal. En tal sentido, en la conciencia nacional opero un desasosiego que perturbo al pais en el siglo XIX. La conmocion yacia en la inspiracion de la lectura de Bentham acerca de la negacion de la religion como "fuerza eficaz para mantener al hombre dentro de la ley por temor a la sancion sagrada". Jaime Jaramillo Uribe, "Bentham y los utilitaristas colombianos del siglo XIX", Ideas y valores 4: 13 (jun. 1962): 26.

(56.) Los Diceres, Bogota, 23 de febrero de 1834, 3.

(57.) El tiempo del ruido hace mencion a un fenomeno que ocurrio en Bogota en la noche del 9 de marzo de 1687. Los efectos del misterioso fenomeno hicieron que los habitantes de la ciudad vivieran una situacion que paso de la angustia al panico colectivo. Entre otras causas se argumento que el ruido fue provocado por la ira divina o por la intervencion del diablo, tambien se decia que el sonido provino de la artilleria de tropas extranjeras. A estas explicaciones se anaden las que asociaban el ruido con las fuerzas teluricas de la naturaleza: las de un gran terremoto y las de inundaciones en la sabana. Tal como lo plantea el historiador Jaime Humberto Borja, el fenomeno natural significo para los bogotanos, durante varios siglos, "un poderoso miedo a lo sobrenatural que establecio culturalmente una marca en el tiempo como referente de algo pasado". Jaime Humberto Borja, "Los tiempos del ruido", Revista Semana 1152 (may.-jun., 2004): 60.

(58.) La Prensa Bogotana, Bogota, 12 de abril de 1834, 48 anverso.

(59.) Adolfo de Francisco Zea, El doctor Jose Felix Merizalde y la medicina de comienzos del siglo XIX en Santafe de Bogota (Santafe de Bogota: Academia Colombiana de Historia, 1997), 49.

(60.) Opinion publica para Merizalde es la "coincidencia de las opiniones particulares en una verdad de que todos estan convencidos" que se origina principalmente en la prensa, y cuyo fin seria ilustrar y corregir al gobierno en asuntos legislativos. Los Diceres, Bogota, 20 de julio de 1834 y 3 de agosto de 1834, 24-25.

(61.) La seguridad juridica que reclamaba la elite de Bogota aludia a la construccion de un orden juridico publico. En este sentido, la necesidad se manifestaba a traves de las ideas expresadas tanto por los funcionarios del Estado como por la prensa de Bogota. Se trataba de la implementacion de leyes positivas que separaran el mundo licito del ilicito. Este concepto es una construccion de la modernidad y entre sus exponentes sobresale Jeremy Bentham.

(62.) Los Diceres, Bogota, 6 de julio de 1834, 4.

(63.) Los Diceres, Bogota, 13 de julio de 1834, 3.

(64.) Chaim Perelman, El imperio retorico, 42.

(65.) Los Diceres, Bogota, 6 de julio de 1834, 4.

(66.) Los Diceres, Bogota, 13 de julio de 1834, 4.

(67.) Chaim Perelman, El imperio retorico, 177.

(68.) "La disociacion de las nociones -como la concebimos nosotrosconsiste en una transformacion profunda, provocada siempre por el deseo de suprimir una incompatibilidad, nacida de la confrontacion de una tesis con otras, ya se trate de hechos o verdades." Chaim Perelman y L. Obschts-Tyteca, Tratado de la argumentacion. La nueva retorica (Madrid: Gredos, 1989), 629.

(69.) En rigor, el empleo del esquema de opuestos le permitio a Lucien Febvre analizar el concepto de Renacimiento, de Michelet. Febvre logro destacar que tal concepto se derivo de la Edad Media y la remplazo, dejando de ser una apariencia de la realidad medieval para constituirse en una nocion de civilizacion. Chaim Perelman y L. Obschts-Tyteca, Tratado de la argumentacion, 644.

(70.) Los Diceres, Bogota, 13 de julio de 1834, 3.

(71.) Los Diceres, Bogota, 13 de julio de 1834, 4.

(72.) Los Diceres, Bogota, 13 de julio de 1834, 4.

(73.) Chaim Perelman, El imperio retorico,73.

(74.) Los Diceres, Bogota, 13 de julio de 1834, 4.

(75.) Los Diceres, Bogota, 16 de marzo de 1834, 3.

(76.) Los Diceres, Bogota, 16 de marzo de 1834, 3.

(77.) Republica de La Nueva Granada, "Ley 30 de mayo de 1835", 71.

Gilberto Enrique

Parada Garcia

Historiador y profesor titular del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Antonio Narino, sede Bogota. Estudiante del programa de Maestria en Historia de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogota y docente auxiliar del mismo departamento. Investigador del grupo Urdimbre de la Universidad Antonio Narino en Bogota. Sus intereses investigativos giran en torno a la Historia del Derecho Publico en Colombia en el Siglo XIX. Actualmente elabora su tesis de Maestria titulada "Ley formal y ley material: El proceso de codificacion del derecho penal en la construccion del Estado Colombiano, 1819-1848". Colaborador en Carla Boccheti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios. Hospital universitario: desde San Juan de Dios hasta la construccion de un nuevo proyecto. Bogota: Rectoria de la Universidad Nacional de Colombia, 2005; coautor de "El pensamiento positivista de Jorge Eliecer Gaitan", Revista Goliardos (2006); geparadag@unal.edu.co; geparadag@gmail.com
ABLA No 1
ANALOGIA DE PAREJAS OPUESTAS EN LOS TITULARES DE LOS DICERES

Accidente (apariencia)    Realidad

carcel insegura           fuga
horrendo crimen           infanticidio
depravacion moral         infanticidio
escoria de los
hombres                   mujer
fruto de un criminal      nino
desesperacion             miseria
indigencia                pobreza
sentimiento profundo      maternidad
objeto de desprecio       humillacion
esplendidez               riqueza
constitucion              ley

ABLA No 2
ANALOGIA DE PAREJAS OPUESTAS EN LOS TITULARES DE LOS DICERES

Titulares (apariencia)     Realidad

seguridad                  desconfianza
humildad                   altivez
hambre                     fortuna
policia                    anarquia
casos lamentables          prosperidad
obras publicas             mundo privado
administracion
de justicia                injusticia
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Author:Enrique, Gilberto; Garcia, Parada
Publication:Revista Historia Critica
Date:Jul 1, 2008
Words:13349
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