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La renuncia de Benedicto XVI a la luz de la historia.

Resumen: La renuncia de Benedicto XVI al ejercicio del oficio de Obispo de Roma, y como tal, Papa y Sucesor de san Pedro, constituye un hito en la historia de la Iglesia Catolica. Con tal motivo se han recordado algunos supuestos precedentes si bien es cierto que tan solo puede considerarse como tal el de Celestino V, quien ademas de renunciar regulo canonicamente dicha posibilidad.

Palabras clave: Historia de la Iglesia, Papas, Renuncia, Benedicto XVI, Celestino V.

Abstract: Benedict XVI's resignation to the exercise of the Bishop of Rome's office represents a landmark in the Catholic Church's history. On that account, some alleged precedents are remembered, although it remains true that only that of Celestine V--who, besides resigning, canonically regulated the possibility to do so--can be considered as such.

Keywords: Church History, Popes, Resignation, Benedict XVI, Celestine V.

The Resignation of Benedict XVI in the Light of History

El pasado 11 de febrero Benedicto XVI anunciaba la renuncia al ejercicio de su ministerio como obispo de Roma y sucesor de san Pedro, que se hizo efectiva el dia 28 a las ocho de la tarde. La sorpresa ante dicha decision fue unanime. No se recordaba nada semejante en la historia reciente de la Iglesia. A raiz de este acontecimiento--sin duda, historico--se comenzaron a divulgar otros casos supuestamente similares pero que, stricto sensu, no pueden equipararse, a excepcion de la renuncia de Celestino V en 1294. Unos por la ausencia de datos derivada de la antiguedad a la que se remontan, el resto, por no tratarse propiamente de renuncias libres sino de deposiciones forzadas.

Tambien se ha hablado de que algunos pontifices calibraron la posibilidad de dimitir y, en vista de ello, incluso tuvieron escrita la renuncia; por ejemplo, Pio VII (1800-1823) para el caso de verse apresado por Napoleon y sometido a sus dictados. Lo mismo se sospecha que ocurrio, mucho mas recientemente, en los casos de Pablo VI y de Juan Pablo II, en el supuesto de que la enfermedad les impidiera de facto continuar rigiendo la Iglesia. En cualquier caso, nunca se Hevo a efecto. El mismo Benedicto XVI habia dejado abierta la puerta a esta posibilidad en la entrevista concedida al periodista Peter Seewald, tal y como se recoge en el libro Luz del mundo: <<Si el Papa llega a reconocer con claridad que fisica, psiquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, tambien el deber de renunciar>>. No obstante, precisaba que <<se puede renunciar en un momento sereno, o cuando ya no se puede mas. Pero no debe huir en el peligro y decir: que lo haga otro>> (1).

Nadie, sin embargo, podia prever que poco mas de dos anos despues de dicha entrevista se acogeria a esta posibilidad de renunciar al pontificado, reconocida expresamente en el Codigo de Derecho Canonico (c. 332 [seccion] 2) (2).

CELESTINO V Y LA POSIBILIDAD DE RENUNCIAR AL PONTIFICADO

Para encontrar un caso semejante al de Benedicto XVI hay que remontarse a finales del siglo XIII, cuando Celestino V no solo renuncio al pontificado sino que establecio juridicamente tal posibilidad, que hasta ese momento no estaba aun regulada.

Tras la muerte de Nicolas IV (1288-1292), un largo conclave de dos anos y tres meses puso en claro que el colegio cardenalicio, compuesto por tan solo doce purpurados, dividido como estaba entre la fidelidad a las poderosas familias de los Colonna y de los Orsini, era incapaz de encontrar un candidato de consenso para la Sede de Pedro. Reunidos en Perugia en otono de 1293, y bajo la presion del rey Carlos II de Napoles, los cardenales veian clara la necesidad de resolver lo antes posible la situacion. En esas circunstancias, el decano del Sacro Colegio, el franciscano Latino Malabranca, menciono la amenaza de castigos divinos vertida por un religioso ermitano, Pedro Angelerio--al que el pueblo veneraba como un autentico santo--, en el caso de que los cardenales no eligieran urgentemente al nuevo Papa. Sus palabras surtieron un efecto inmediato y; de forma unanime, el 5 de julio de 1294 se decantaron precisamente por aquel monje que vivia retirado en una celda junto al monte Morrone, cerca de L'Aquila.

Cuando el cardenal Pedro Colonna llego con su comitiva hasta el lugar donde habitaba el monje anacoreta, se encontro con un macilento anciano que sobrepasaba los ochenta anos y al que la noticia de su designacion para la Sede de Pedro dejo atonito. Tardo varios dias en dar su consentimiento, aconsejado no solo por los obispos llegados al efecto sino tambien por el rey de Napoles (segun muchos, el autentico artifice de la eleccion). Por fin, a lomos de un asno llego a la ciudad de L'Aquila, donde una inmensa multitud de fieles le recibio con jubilo. Muchos quisieron ver en aquella estampa verdaderamente inusual la realizacion de las profecias de Joaquin de Fiore (1145-1202) segun las cuales llegaria un papa angelical, hombre de gran santidad y espiritu apostolico, que predicaria el Evangelio a rodas las naciones y realizaria grandes milagros; con el se iniciaria el ultimo periodo de la historia de la Iglesia y del mundo.

Dado que era presbitero, el 29 de agosto fue consagrado obispo y, seguidamente, cino la tiara pontificia con el nombre de Celestino V (3) en la iglesia de Santa Marra de Collemaggio de L'Aquila, perteneciente a su propia orden monastica y a la que concedio el jubileo della Perdonanza. Comenzaba asi un efimero pontificado que, sin embargo, entraria de lleno en la historia por su inesperado final.

Pietro Angelerio era el undecimo hijo de una familia de labradores de la region de los Abruzzos (4). Nacido probablemente en Isernia (Molise) hacia 1209-1215 [las fuentes no coinciden en el dato], de joven habia profesado en la orden de San Benito, en el monasterio de Santa Maria di Faifoli, si bien siempre sintio un gran deseo de vida en soledad. Por ello, hacia 1254 se retiro al yermo y puso las primeras piedras para la constitucion de la congregacion de los Hermanos del Espiritu Santo (luego conocida como celestinos (5)), de raices benedictinas pero con vida eremitica, y de cuyo gobierno se desentendio pronto cediendolo a un vicario. Esta nueva orden fue aprobada por Urbano IV en 1263 y confirmada por Gregorio X en 1275. Una de sus senas de identidad era el rigor con el que se vivia la pobreza, lo que acercaba a muchos de sus miembros a las posturas de los denominados espirituales, franciscanos que deseaban vivir en toda su radicalidad la regla y el testamento de san Francisco (6).

Aunque Pietro Angelerio tenia fama de santo, lo cierto es que no estaba preparado para regir la Iglesia, como se reconocio incluso en la bula de su canonizacion: <<ad regimen universalis Ecclesiae inexpertus [erat]>> (7). No dominaba el latin ni sabia nada de intrigas cortesanas ni de negocios seculares. Las circunstancias eran dificiles y se requeria de un experto diplomatico para no sucumbir bajo las presiones de los diferentes monarcas que querian extender sus dominios y su influencia. El rey Carlos li de Napoles, de la dinastia francesa de Anjou, percibio desde el primer momento que aquel anciano monje seria un instrumento facil de manejar, por lo que inmediatamente comenzo a ganarse su confianza. Consiguio que el Papa fijara su residencia en Napoles, en el Castel Nuovo, por lo que la curia tuvo que trasladarse desde Roma a fin de no perder su influencia.

Sobrepasado por la vida misma, Celestino V despachaba asuntos cuyo alcance no comprendia bien. Concedia beneficios, titulos y privilegios tal y como se le presentaban; destacan los muchos que otorgo a sus monjes hasta el punto de hablarse de un autentico <<nepotismo monastico>>. Animado por Carlos II, convoco un consistorio en el que nombro doce cardenales, siete de ellos franceses, y todos afines a la causa angevina, y--por el contrario--ninguno romano, introduciendo tambien a dos de sus monjes en el sacro colegio. Las criticas no se hicieron esperar.

Celestino era consciente de que la labor de gobierno de la Iglesia le sobrepasaba. Se refiere que llego a exclamar: <<!Dios mio, mientras procuro la salvacion de las almas, estoy provocando la eterna condenacion de la mia!>>. Todo ello hizo que comenzara a sopesar la posibilidad de renunciar. Al acercarse el Adviento quiso retirarse para rezar y mortificarse, encomendando el gobierno de la Iglesia a un <<triunvirato>> de cardenales, pero consiguieron disuadirle a tiempo. Entonces pidio parecer a sus consejeros mas cercanos y a los cardenales (Gerardo de Sabina, Jean Lemoine, Benedicto Caetani, experto canonista) sobre si existia la posibilidad de que un Papa renunciara a su ministerio (8).

La respuesta fue positiva. El Papa podia libremente hacer uso de su derecho a abdicar, pero solo por motivos muy graves. Ademas, debia comunicarlo en la debida forma ya que no habia autoridad por encima ante la cual presentar la renuncia. Siendo asi, el 10 de diciembre de 1294 Celestino V publico una bula con la que introducia la posibilidad de convocar el conclave tras la renuncia del Papa, y no solo tras su fallecimiento, y por la que restablecia las normas para su celebracion dadas por Gregorio X. Tres dias mas tarde, y tras imponerse a quienes consideraban que no debia renunciar (fundamentalmente los propios monjes de su orden y algunos franciscanos, asi como el monarca napolitano), el 13 de diciembre en un consistorio secreto leyo ante los cardenales la bula por medio de la cual hacia efectiva su renuncia (9). Segun el Liber Pontificalis, <<cessit papatus oneri et honori>> (10).

Acto seguido, se despojo de las vestiduras papales, bajo las cuales seguia llevando el habito, y se sento en el suelo ante la mirada estupefacta de los concurrentes. En la bula hacia constar su incapacidad para ejercer convenientemente el ministerio de sucesor de Pedro, por su edad y falta de experiencia en el gobierno, asi como la libertad que le guiaba en todo momento. Luego concedia a los cardenales via libre para proceder a la eleccion de un nuevo pontifice. Finalizaba asi este brevisimo pontificado, una suerte de <<experimento>> que--en palabras de Mondin--constituyo <<un autentico desastre para la Iglesia>> (11), y que, segun Jedin, sirvio para acabar con <<el sueno del papa angelico>> (12).

El 24 de diciembre, tan solo 11 dias despues de la abdicacion, el colegio cardenalicio elegia a Caetani, que tomo el nombre de Bonifacio VIII (1294-1303). La pretension de Angelerio era regresar a la vida monastica en su antigua celda del monte Morrone, pero el nuevo pontifice considero que podia ser peligroso para la unidad de la Iglesia ya que podia ser utilizado como referente de ciertos grupos de descontentos con su renuncia, partidarios de una reforma en clave joaquinista, es decir, de un radicalismo espiritualista. Lo cierto es que, sobre todo a raiz de algunas decisiones posteriores de Bonifacio VIII, sus opositores comenzaron a propagar la especie de que el anciano Celestino habia sido forzado a renunciar precisamente por el cardenal Caetani, inventando rumores de todo tipo con el fm de cuestionar la legitimidad de su eleccion. Cabe destacar, sin embargo, la postura de Pedro Juan Olivi, franciscano espiritual heredero de Joaquin de Fiore, que a pesar de todo consideraba plenamente valida la renuncia, no obstante el gran perjuicio que suponia para sus tesis el acceso de Bonifacio VIII a la catedra de Pedro (13).

Tras haber huido e intentado embarcarse con destino a una isla griega donde unirse a una comunidad de eremitas espirituales, Celestino fue confinado en el castillo de Fumone. Los supuestos malos tratos, e incluso torturas, a los que habria sido sometido fueron tambien invencion de los opositores a Bonifacio VIII. En dicho castillo fallecio el 19 de mayo de 1296. Fue canonizado en 1313 por Clemente V (14).

Muchos de sus contemporaneos no entendieron los motivos de la renuncia. Entre ellos, Dante que en su Divina Comedia parece condenar a Celestino V al infierno, entre los inutiles y egoistas: <<Despues de haber reconocido a alguno me fije mas y conoci la sombra de aquel que, miserable, hizo la gran renuncia>> (canto III, vv. 58-60). Por el contrario, Petrarca entiende la renuncia como un gesto propio <<de un espiritu elevadisimo y libre, que no soporta imposiciones, de un alma verdaderamente santa>> (15). Centrando mejor la opinion que merece la renuncia, Casti reconoce que <<no fue un acto de cobardia pero tampoco de heroismo; constituyo tan solo el cumplimiento de un estricto deber que incumbia a quien habia asumido un oficio desproporcionado a sus propias fuerzas. El deber moral de permanecer en su puesto no podia impedirle buscar el interes mas imperioso del bien comun>> (16). Por su parte, Herde concluye que <<su abdicacion preservo a la Iglesia de males aun mayores>> (17).

OTROS CASOS HISTORICOS QUE NO SON EQUIPARABLES

Fuera del caso anterior, el resto de renuncias, reales o supuestas, no son equiparables a la de Benedicto XVI. Los autores refieren varios casos, si bien las listas de pontifices dimisionarios no concuerdan.

Algunos autores mencionan como primer pontifice en renunciar a san Clemente I (romano), de quien apenas se conservan noticias historicamente fiables. Si resulta cierto que fue desterrado por el emperador Trajano en el ano 97, parece poco probable una renuncia. En el caso de san Ponciano (230-235) tampoco existe certeza absoluta de que renunciara, aunque muchos lo suponen ya que fue desterrado a Cerdena y condenado a trabajos forzados. Se rija incluso la fecha: el 28 de septiembre de 235. El Catalogo Liberiano anota que fue despojado (discinctus est) de su oficio, con el fin de resaltar que no fue una renuncia libre ni espontinea, sino forzada (18).

En esta misma linea se situan los siguientes casos, ya que propiamente se trata no de renuncias, sino de deposiciones violentas. Asi, san Silverio (536-537) fue depuesto por el general bizantino Belisario, que lo desterro a Palmarola, una de las islas Pontinas, donde con toda probabilidad fue forzado a subscribir un documento de renuncia a favor de Vigilio en marzo del ano 537 (19). Algo similar ocurrio en el caso de san Marun I (649-655), obligado a renunciar por el emperador Constante II (20). El Anuario Pontificio indica que tras el arresto y deportacion de san Martin I, ocurrida el 17 de junio del ano 653, se procedio el 10 de agosto del 654 a la eleccion de su sucesor, san Eugenio I (654-657), sin mediar objecion alguna por parte del pontifice depuesto. Por tanto, convivieron ambos desde el 10 de agosto de 654 al 16 de septiembre de 655, en que murio martir san Martin I (21).

Caso distinto es el de Benedicto IX, cuyo pontificado fue sumamente azaroso en una epoca denominada con acierto <<como de hierro>> para la Sede de Pedro. Teofilacto, de la poderosa familia de los condes de Tusculo, fue electo pontifice en agosto o septiembre del ano 1032, permaneciendo como tal hasta septiembre de 1044, en que abandono Roma por la intrusion del antipapa Silvestre III. Por segunda vez accedio al trono pontificio en marzo de 1045, ocupandolo dos meses escasos ya que abdico a favor de su mentor Juan Graciano, que tomo el nombre de Gregorio VI (1045-1046). Es un hecho cierto que vinculo la renuncia a la entrega, como compensacion, de una fuerte suma de dinero, por lo que mas tarde el Sinodo de Sutri le condeno por simonia. Por tercera y ultima vez, en octubre de 1047 recuperaba la sede romana hasta el mes de julio del ano siguiente, tras el breve pontificado de Clemente II (1046-1047). Se trata de uno de los casos mas extranos en la larga historia de los papas. La explicacion del caso debe abordarse desde la complicadisima situacion politica y el dominio que ciertas familias venian ejerciendo sobre la eleccion del obispo de Roma, considerado mas como un cargo de rango e influencia, puesto al servicio de los intereses familiares, que como un verdadero ministerio pastoral para el bien de la Iglesia.

Para finalizar este repaso historico por los casos supuestos, o reales, de papas que han renunciado al ministerio, cabe referirse a Gregorio XII (1406-1415), cuya eleccion se efectuo con la condicion expresa de abdicar con el fin de acabar con el Cisma de Occidente. En vistas de lo cual renuncio el 4 de julio de 1415 al acatar el concilio de Constanza y quedo como obispo de Frascati, decano del colegio cardenalicio y legado pontificio en Ancona hasta su fallecimiento en 1417. Por tanto, propiamente no podria hablarse de una renuncia libre y voluntaria sino mas bien de una renuncia condicionada y forzada por un compromiso previo.

CONCLUSION

La renuncia de Benedicto XVI constituye, sin duda, un hito historico en la larga historia de los sucesores de san Pedro. Efectuada tal y como prescribe el Derecho Canonico, abre la puerta a una formula a la que no se habia acogido ningun pontifice desde finales del siglo XIII, en que Celestino V regulo la posibilidad de renunciar al ministerio petrino. En 1966, Pablo VI visito el castillo de Fumone donde habia fallecido Celestino V, ocasion en la que resalto el gesto de su predecesor, efectuado no por cobardia sino por virtud heroica y sentido del deber (22). Mas recientemente, en abril de 2009, y con la triste ocasion del terremoto que asolo la region de Los Abruzos, el papa Benedicto XVI pudo venerar las reliquias de Celestino V, milagrosamente intactas tras el desplome de la iglesia de Santa Maria de Collemaggio en L'Aquila. Quizas, en aquella visita el papa Ratzinger comenzara a considerar en serio el precedente marcado por aquel pontifice ante cuyos restos se encontraba. Personalidades bien distintas, ahora unidas por el mismo gesto--sin duda valiente--de renunciar al gobierno de la Iglesia.

Quizas no resulte aventurado suponer que en un futuro mas o menos lejano otros papas sigan este ejemplo, de forma que ya no suponga una excepcion sino un hecho normal y ordinario, como hasta ahora lo ha sido la conclusion de los pontificados tan solo a raiz de la muerte del Obispo de Roma.

RECIBIDO: 15 DE ABRIL DE 2013 / ACEPTADO: 20 DE MAYO DE 2013

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(1) BENEDICTO XVI, Luz del Mundo. El papa, la Iglesia y los signos de los tiempos. Una conversacion con Peter Seewald, Barcelona: Herder, 2010, 43.

(2) MAJER, P., <<Renuncia del Pontifice Romano>>, en OTADUY, J., VIANA, A. y SEDANO, J. (dirs.), Diccionario General de Derecho Canonico, VI, Pamplona: Universidad de Navarra-Thomson Reuters, 2012, 930-933.

(3) HEMMER, H., <<Celestin V (saint)>>, DTC 13/2, Paris: Letouzey et Ane, 1923, cols. 2062-2064; MOLS, R., <<Celestin V>>, Dictionnaire d'Histoire et de Geographie Ecclesiastiques, XII, Paris: Letouzey et Ane, 1953, cols. 79-101, magnifico articulo con abundante aparato bibliografico. Lo sigue, incluso literalmente, SCHENK, J. E., Centralizacion pontificia y tendencias nacionales, vol. XI de FLICHE, A. y MARTIN, V., Historia de la Iglesia, Valencia: Edicep, 1979, 97-117. Entre las monografias mas recientes pueden destacarse HERDE, P., Colestin V (1294): (Peter vom Morrone), der Engelpapst / mit einem Urkundenanhang und Edition zweier Viten (<<Papste und Papsttum>> 16), Stuttgart: Hiersemann, 1981. Hay traduccion al italiano: HERDE, P., Celestino V: Pietro de Morrone (1294): il papa angelico, L'Aquila: Edizioni Celestiane, 2004. Tambien GOLINELLI, P., Celestino V. II papa contadino, Milano: Mursia Editore, 2006; GATTO, L. y PLEBANI, E., Celestino V, pontefice e santo, Roma: Bulzoni, 2006; GATTO, L. y PLEBANI, E., Celestino V: cultura e societa, Roma: Casa Editrice Universita La Sapienza, 2007 (especialmente, 9-108).

(4) <<S. Pierre Celestin et ses premiers biographes>>, Analecta Bollandiana XVI (1897) 365-487. Las fuentes no son concordantes a la hora de ofrecer algunos datos de la vida. La fuente principal y mas antigua es la Vira, compuesta probablemente por Tomas de Sulmona, uno de sus primeros discipulos, a comienzos del s. XIV (a.c., 393-458). Poco despues aparecio el Opus metricum del cardenal Stefaneschi, cuya edicion critica publico SEPPELT, E X., Monumenta Coelestiniana, Paderborn: F. Schoningh, 1921, 3-146. Existe tambien una Autobiografia apocrifa que aparece en HENSCHENIUS, G. ET AL. (eds.), Acta sanctorum. Maii, W, Antwerp, 1685, 422-429, la cual incluye muchos episodios legendarios segun ha demostrado Seppelt en Monumenta Coelestiniana, XIIILXIV.

(5) DUHR, J., <<Celestins>>, Dictionnaire de Spiritualite Ascetique et Mystique, II/I, Paris: Beauchesne, 1953, cols. 377-385.

(6) GATTO, L., <<Celestino V e Gioacchino da Fiore>>, en GATTO, L. y PLEBANI, E., Celestino V ..., 245-276. Sobre la evolucion del movimiento de los espirituales: MATANIC, A., <<Espirituales>>, en ANCILLI, E. (dir.), Diccionario de espiritualidad, II, Barcelona: Herder, 1983, 11-12.

(7) Acta sanctorum. Maii, IV, o. c., 434.

(8) EASTMAN, J. R., Papal Abdication in Later Medieval Thought, Lewiston (New York): E. Mellen Press, 1990; MARCHETTI LONGHI, G., <<Considerazioni sull'accettazione e rinuncia di Celestino V al pontificato>>, Benedictina 11 (1957) 219-233; PALAZZINI, P., <<San Pietro Celesuno e la rinuncia al Papato>>, Apollinaris 67 (1994) 841-846; GIGLIOTTI, V., <<La renuntiatio papae nella riflessione giuridica medioevale (secc. XIII-XV): tra limite ed esercizio del potere>>, Rivista di Storia del diritto italiano LXXIX (2006) 291-401; IDEM, <<Fit monachus, qui papa fuit: la rinuncia di Celestino V tra diritto e letteratura>>, Rivista di storia e letteratura religiosa 44 (2008) 257-323; IDEM, <<La rinuncia alla tiara nel medioevo: tra scientia del e scientia iuris>>, en PIERI, B. y BRUSCHI, U. (eds.), Luoghi del giure. Prassi e dottrina giuridica tra politica, letteratura e religione. Atti della Giornata di Studio, Bologna: Gedit Edizioni, 2009, 219-265. Sigue resultando de interes LECLERCQ, J., <<La renonciation de Celestin V et l'opinion theologique en France du vivant de Boniface VIII>>, Revue d'Histoire de l'Eglise de France 25 (1939) 183-192.

(9) La bula no existe. Se conoce parte de su contenido porque fue transcrito en la bula de eleccion de su sucesor Bonifacio VIII: <<Ego Caelestinus Papa Quintus motus ex legittimis causis, idest causa humilitatis, et melioris vitae, et coscientiae illesae, debilitate corporis, defectu scientiae, et malignitate Plebis, infirmitate personae, et ut praeteritae consolationis possim reparare quietem; sponte, ac libere cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori, et do plenam, et liberam ex nunc sacro caetui Cardinalium facultatem eligendi, et providendi duntaxat Canonice universali Ecclesiae de Pastore>>. HENSCHENIUS, Acta sanctorum, 524.

(10) DUCHESNE, L. (ed.), Le liber pontificalis, I, Paris: E. de Boccard, 1955, 467.

(11) MONDIN, B., Dizionario enciclopedico del papi: storia e insegnamenti, Roma: Citta Nuova, 1995, 235.

(12) JEDIN, H., Manual de Historia de la Iglesia, IV, Barcelona: Herder, 1973, 456.

(13) OLIGER, L., <<Petri Johannis Olivi De renuntiatione papae Celestini V. Quaestio et epistula>>, Archivum Franciscanum Historicum XI (1918) 309-373. Celestino V habia dado carta de naturaleza a los espirituales, al margen de la orden franciscana, constituyendolos como rama autonoma. Bonifacio VIII restablecio inmediatamente la unidad y volvio a colocar a los espirituales bajo la jurisdiccion del ministro general franciscano.

(14) Esta inscrito en el martirologio romano el 19 de mayo, fecha de su transito en que se celebra su fiesta, pero como san Pedro Celestino. HENSCHENIUS, Acta sanctorum, 419-536; MARCHETTI LONGHI, G., <<Celestino V>>, en CARAFFA, F. y MORELLI, G. (dirs.), Bibliotheca Sanctorum, III, Roma: Isututo Giovanni XXIII nella Pontificia Universita Lateranense, 1963, 1099-1107.

(15) PETRARCA, F., De vita solitaria, libro II, tract. III, e. XVIII; LUDOWSI, C., <<Giudizio di Francesto Petrarca sulla renuncia di Celestino V>>, Bolletin della Societa di Storia Patria VI (1894) 89-91.

(16) CASTI, E., <<L'Aquila deglo Abruzzi ed il pontificato di Celestino V>>, en DEPUTAZIONE ABRUZZESE DI STORIA PATRIA, Celestino V ed il sesto centenario della sua incoronazione, Aquila: Tip. di G. Mele, 1894, 203.

(17) HERDE, P., <<Celestino V>>, en KASPER, W. ET AL. (dirs.), Diccionario enciclopedico de los papas y del papadado, Barcelona: Herder, 2003, 80.

(18) DUCHESNE, Le liber pontificalis, 5.

(19) Ibid., 295. En Annuario Pontificio per l'anno 2012, Citta del Vaticano: Editrice Vaticana, 2012, 10*.

Se reconoce la renuncia forzada de san Silverio. Belisario impuso a Vigilio (537-555) que, tras el martirio de Silverio, fue reconocido como Papa por el clero romano, sanando asi el vicio existente en su promocion.

(20) MELLONI, A., El conclave. Historia de una institucion, Barcelona: Herder, 2002, 30.

(21) Annuario Pontificio, loc. cit.

(22) PABLO VI, Homenaje a San Celestino V,, 1 de septiembre de 1966 [http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/speeches/1966/documents/hf_p-vi_spe_1966090_1_s-celestino-v_it.html].

Fermin LABARGA

Profesor de Historia de la Iglesia. Universidad de Navarra

Pamplona, Espana

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Author:Labarga, Fermin
Publication:Scripta Theologica
Date:Aug 1, 2013
Words:4790
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