Printer Friendly

La peseta.

La escondi debajo del marmol de la mesita de noche. Entretanto, pensaria que iba a hacer con ella. La habia adquirido en uno de esos viajes de mandados o recados y 'se me habia quedado en el bolsillo.'

Posiblemente me la gastaria en los columpios, en el cine, en lapices de colores, en carpetas o en cartulinas para mis portadas de trabajos religiosos. Tenia que pensarlo. La peseta me hacia sentir bien. No lo podia definir entonces, pero hoy diria que me suponia una cierta libertad cuando todo a mi rededor estaba tan controlado. Me proporcionaba un cierto poder de adquisicion; era eso. Total, entre los dos hombres a pension que mi madre tenia, y no le pagaban, y los ninos del colegio que llevaban buen almuerzo, con todo lo necesario, pense, que no era mala idea tener una cierta reserva.

En nuestra ciudad habia falta de trabajo. Escaseaba la ropa; las mujeres se hacian trajes de los viejos de los maridos. Si se miraba de cerca se podia ver que las faldas estrechas estaban sacadas de los pantalones, !no digamos las chaquetas! Tampoco se podian comprar sabanas o almohadones. En casa, lo de siempre: los dos pensionistas, mas bien brutos, y mi madre tratando de poner algo de comer en la mesa.

No habia nada en mi pequeno mundo que no fuera jugar "al rescate," antes de cenar, mi colegio y sus monjas. En su mayoria las veia absurdas, mandonas. Pero, me ensenaron. Mejor, ellas fueron el vehiculo hacia mis conocimientos primeros. La hermana Frigida era eso, frigida. La soliviantaba con mis cenefas mediocres, puntillas, deshilados, festones. ?Que se yo ...? Todas las labores acababan tenidas de negro, cuyo color pasaba de mis dedos al hilo y luego a las puntadas.

!Lavaos las manos! Pero, ?donde, donde, si los escusados estaban sucios y no habia jabon? Bueno, yo no iba a ensuciar el panuelo que me puso mi madre en el bolsillo por si tenia necesidad de sonarme. En el recreo jugaba fuerte, tocaba todo y acababa con las manos negras. Por eso decidi no preocuparme y acometer las puntadas que hacia y deshacia porque tampoco prestaba atencion; se las mostraba a la hermana y otra vez 'a deshacer.' Lo importante era hablar. Hablar con la companera y ?de que? Facil: de las monjas que tenian mal genio, la de mi curso, y otras.

Hoy leo: En 1944, en Auschwitz ... Poco sabia yo que siete jovenes entre polacos y franceses estaban escribiendo sus nombres y fecha de nacimiento en un papel que introducirian en una botella, y luego en un muro de hormigon de una construccion usada como almacen, proxima a Auschwitz. No eran muy mayores, como muchos de los que vimos mas tarde en fotos, detras de una valla. Ademas, viaje a Auschwitz; vi sus zapatos, sus maletas, sus libros ...

En la misma fecha, se estaba muriendo de hambre la gente de otros campos de concentracion, de los habidos en Espana durante la posguerra. En ese mismo momento, yo escondia mi peseta y elaboraba castillos sin que conociera lo que ocurria, ?pero como podia? Estabamos preocupados con nuestra propia existencia.

Lo de la peseta, creo que era mi afan de tener algo que me abrigara y pense que el dinero lo podia todo. Tenia miedo a quedarme abandonada sola, al descubierto, como les paso a los de Auschwitz, y por eso, quisieron cubrirse depositando sus nombres dentro de una botella, queriendo no morir del todo y de que quiza alguien los reconociera en el futuro, o antes. Por eso decidieron arriesgarse e insertar lo unico que tenian, un nombre, para protegerlo, para protegerse y como en el caso del naufrago, para asi mantener la esperanza.

Sin embargo, ese miedo que se convierte en ego y solo ego, me impidio hacer buen uso de la peseta segun me dijeron, no segun mis canones. Mi madre andaba mal de entradas. Se quejaba de que esa semana no tenia ni para la compra. Los de su pension no respondian, sobre todo uno que le debia mucho. Era de su familia y ella, sin exito, tambien buscaba proteccion en el, por eso aguantaba. Al contrario, el senor se daba al abuso y a querer acallarla cuando le pedia "el dinero." Lo vi. La silla alzada queriendo pegarle. Desde entonces, lo odie para siempre. El, ni acuso mi presencia.

A pesar de todo, no solte la peseta. Y tal vez queria. Pero algo me hacia retenerla debajo del marmol y vigilarla. A escondidas, lo levantaba para ver si todavia estaba en la esquina o se habia caido. Aquel papel donde aparecia la foto de un Franco de frente despejada, no infundiendo confianza, sino empunando su autoridad indiscutible, era mi aliado. A mi, el Generalisimo no me habia hecho nada. Escuchaba que el Glorioso Movimiento era algo positivo que deberia haber ocurrido antes; que defendia nuestros valores nacionales, sobre todo la familia. La mia ... no.

Oi llorar a mi madre. Claro que no distinguia cuando era llanto serio o de congoja, o de que. Hablaba consigo misma sobre su situacion. Luego le rogaba al pensionista que le diera lo de la semana sin ningun resultado.

Yo seguia en las mias. No se si llego un momento en el que el problema no era ya sacar la peseta despues de lo oido, sino el miedo a que si la sacaba me oiria ochenta cosas: desde egoista hasta ... De momento, estaba a salvo; mi madre no sabia que la tenia cerca, pero sin acceso.

Si me hubiera mirado de cerca, si hubiera sabido leerme, hubiera detectado en mi mirada algo extrano, pero no sabia. Nunca acertaba a entender porque camino iba o que pensaba. Le era imposible; ahora lo se. Entonces, no. Y era 'entonces' cuando la necesitaba. Generalmente, el resultado era actuar como la tortuga cuando se ve amenazada: meterse hacia dentro en su concha. Mi mundo era mio y lo unico que me amparaba. Ademas, no se me ocurria discernir sobre cosas de mayores.

La peseta continuaba en su sitio; yo me sentia protegida. Con ella podia comprar muchas cosas en las que sonaba, y por la noche, me iba a la cama segura de que me levantaria abrigada, acogida por algo. Dormia en una cama proxima a la de mi madre. En los otros cuartos vivian los dos pensionistas, que no era mucho, pero le ayudaban, si el esperado sabado le entregaban el dinero debido. El resto salia de lo que cosia o zurcia mi madre. Yo ayudaba con los recados, con el pan, la leche y la mesa para la comida. A veces me tocaba atizar el fuego y barrer la cocina y el patio.

Por fin, el otro pensionista le pago dos semanas y pudo llenar la despensa, no la nevera, porque no existia. Los viveres frescos no podian durar mas de un dia, lo que dificultaba poder almacenar la carne, el pescado y la leche.

Y fue un buen dia, mientras estaba en el colegio, cuando mi madre al limpiar el marmol de la mesilla, donde yo habia tirado el vaso de leche, lo levanto y alli en la esquina, bien doblada, estaba la peseta. !Que puedo decir! A mi llegada tuve la recepcion merecida. Lo peor de todo fueron las amonestaciones, las quejas, su dolor de madre, lo victima que era; yo, hija ingrata y mala, le habia dado el golpe de gracia.

Empece a mirarla sin rendirme, y me dije '!adios mi peseta!'. Considere mi responsabilidad de no haberla aportado en nuestra necesidad. Pero aparte de que no entendia por que debia ceder mi seguridad, tampoco se lo hubiera preguntado. He pensado en esto y creo eche de menos a un adulto sereno, en control, que me hubiera propinado una bofetada y despues me hubiera explicado por que. Pero no. Aquella condicion de victima mostrada, no me merecio respeto o me ayudo a entender.

Se siguieron dias en que poco a poco, comence a sentirme culpable, no porque comprendiera, sino porque se me habia llamado 'mala hija'. Mala ... ?por que? Pero, si mi madre me lo habia dicho, seria verdad.

La peseta, desaparecio. Yo segui insistiendo en guardar el dinero de propinas que me daban, o sobras de recados, creyendo ser lo unico que me serviria de algo: era mi botella. A la larga, buscaba la misma proteccion que los jovenes de Auschwitz.

Por lo demas, siguieron los anos y tarde en deshacerme del complejo de culpabilidad, bien tarde. Fue por lo de ser mala, no por no ceder mi peseta.
COPYRIGHT 2009 University of Northern Colorado, Department of Hispanic Studies
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2009 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Guiral Steen, Maria Sergia
Publication:Confluencia: Revista Hispanica de Cultura y Literatura
Date:Sep 22, 2009
Words:1564
Previous Article:Morir sin Nada.
Next Article:De la serie Analisis perceptibles.

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters