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La operacion Masotta, un ensayo biografico.

Contar la vida, volverla contable

Carlos Correa publico La operacion Masotta (cuando la muerte tambien fracasa) en agosto de 1991. (1) Cesar Aira, que en mayo habia editado Copiy Nouvelles impressions du Petit Maroc, lo eligio "libro del ano" en la encuesta de Primer Plano, el suplemento de cultura del diario Pagina/12. (2) La encuesta proponia distintas categorias, Aira lo voto en todas. Que las fechas importan es una leccion cuyas razones aprendimos mejor con su literatura que con la sociologia literaria de procedencia contornista, en la que Correas inicio su formacion intelectual. El metodo Aira ensena que "la necesidad y el azar se conjugan en la historizacion de los hechos" (2001:12). 1991 fue tambien el ano de publicacion de la biografia de Alejandra Pizarnik escrita por Cristina Pina, que Aira utilizo como "paradigma negativo" para escribir la suya, la primera de las suyas, cinco anos despues. (3) Al igual que Copi, uno de los libros en los que comenzo a definir su idea del "mito personal del escritor" (el otro es Nouvelles impressions...), Alejandra Pizarnik fue el resultado de las transcripciones corregidas y resumidas del ciclo de charlas que dicto en el Centro Cultural Ricardo Rojas en 1996. En la charla de apertura, Aira senalaba la aparicion de la biografia de Pina como un "hecho excepcional de la literatura argentina". La excepcionalidad no obedecia a las virtudes de la biografa (quedaba claro, una vez leidos los argumentos de Aira), sino a la carencia de biografias de escritores en nuestra literatura nacional. El registro de la carencia omitia el acontecimiento rubricado en su eleccion unanime de 1991. La operacion Masotta instauraba una excepcion autentica y por partida doble: constituia la emergencia novedosa de una biografia en un medio escaso y era a su vez un libro unico, iconoclasta, en el que la realizacion y el fin del genero confluian.

Dotado de una impunidad creadora desconcertante, Correas escribio La operacion Masotta sin saber como se escribe una biografia y dedico el prologo a presentar una teoria personal del genero. Durante anos y sin proposito establecido, los materiales de y sobre Oscar Masotta, amigo de Correas desde el comienzo de la decada del cincuenta, sobrevivieron a las hogueras periodicas que su piromania le impuso a aquellos con los que no queria saber nada. La voluntad de salvaguardar esos papeles (cartas, dedicatorias, invitaciones) podria atribuirse a una vocacion biografica temprana; al fin y al cabo, toda su obra manifiesta una constante autobiografica. "Volver contable la vida", sostiene Carlos Surghi, "es sin duda el deseo que por detras de la palabra auna la obra de Correas" (2007:200). (4) Deseo e ignorancia marcaron su vinculo con el genero biografico. La convergencia resulta providencial si se acepta que, aun cuando acredite una tradicion de varios siglos, la biografia siempre sera un arte en ciernes. Lanzado al hechizo de la historia que narra, inerme ante el cese de la vida que acabo de contar o expuesto a la contingencia de que un nuevo misterio lo requiera, el biografo siempre esta por empezar. El desconocimiento del genero es a menudo la circunstancia que devuelve a las escrituras de vida la vulnerabilidad necesaria para que prosperen sin coagularse. Cito a Correas:
   Escribo este prologo luego de haber concluido el libro. He
   intentado una biografia limitada de Oscar Masotta y una aun mas
   restringida autobiografia. Comence sin saber que era una biografia;
   he terminado y todavia desconozco el genero literario llamado
   biografia. Mi escritura no me ha sido un instructivo sobre la
   biografia. Mantengo solo la ignorancia inicial; esta ignorancia se
   me ha vuelto un alguien amado y a la vez una incordiante exigencia
   de superarme para envolverla. Entonces, o bien no he sabido aun
   hacerme amar y ensenar por la biografia o bien la ignorancia de la
   biografia es un modo de muerte que me hace destilar mas aspereza
   que la comunmente deseada. Pienso que ambas opciones se hallan en
   mi texto (1991: 9).


Con estas conclusiones se inicia La operacion Masotta: no hay metodo para la escritura biografica y esa falta, la "ignorancia inicial", que Correas tensiona entre lo amado y lo exigido, pone en juego las inclinaciones afectivas del biografo. No se trata solo de afirmar, retomando las clausulas del autor, que la biografia es un "medio de personalizacion" y que por tanto "escribir es escribirse" (1979:9). Ademas de cumplir con esos propositos, La operacion Masotta dramatiza el modo en el que la escritura de una vida afecta al sujeto que narra.

En el reverso imperfecto de la consigna de Juan Manuel Levinas en el prologo a Los reportajes de Felix Chaneton, "toda autobiografia es una heterobiografia" (1984:12), La operacion Masotta podria resultar, entonces, ademas de una "autobiografia restringida" (el reverso exacto), una variante de las escrituras de si mismo, en el sentido etico y retorico en el que Michel Foucault las analiza. ?Cual, si no el anhelo de mejoramiento y transformacion de si que auguran esas escrituras, seria el supuesto comprendido en el enunciado "no he sabido aun hacerme amar y ensenar por la biografia"? Profesor de filosofia y conocedor de los textos antiguos, Correas introduce esta posibilidad solo para defraudarla: cinico y sucinto, el comentario pone en marcha el teatro del fracaso del biografo. Concebida como una "tecnologia del yo", es decir, como el ejercicio espiritual que un individuo realiza sobre si mismo para su cuidado y perfeccionamiento en vias a constituirse en un "sujeto moral" al margen de toda doctrina, la biografia de Masotta tiene el naufragio garantizado. (5) Por un lado, porque la frustracion y el resentimiento son algunas de las pasiones primordiales que la animan y, entonces, el amor a la vida que las escrituras de si mismo requieren para alcanzar sus propositos eticos se ve muy debilitado; por otro lado, porque esas pasiones estan ya codificadas y remiten a valores establecidos a partir de los cuales el biografo compone su imagen de maldito. "El resentimiento, ese 'sentimiento sartreano' que te es tan caro"--le escribe Masotta en una carta que Correas cita (1991:40). La conciencia y el ejercicio del mal, como alternativa de salvacion moral ante una experiencia que se justifica en el hundimiento, resumen el catecismo sartreano, genetiano, del biografo. Su apego pertinaz a un credo que en los anos noventa exhibe con arrogancia la medula anacronica, el mismo con que ajusticia como defecciones los cambios de Masotta desde los anos sesenta, define el rasgo distintivo de la figura de escritor marginal, refractario a las modas, que Correas preve para si mismo desde mucho antes. En este sentido, en el que el biografo no sabe pero tampoco quiere dejarse instruir por la biografia, porque en rigor sabe demasiado como para verse afectado por la vida que narra (sabe, entre otras cosas, del redito literario de la representacion del fracaso), La operacion Masotta resulta la puesta en escena de un sartrismo obstinado y demode, provechoso en terminos de autofiguracion narrativa.

A semanas de la publicacion del libro, la lectura pionera de Hugo Vezzetti indaga el alcance testimonial de esta actuacion. Incluido en el numero 41 de la revista Punto de vista (diciembre de 1991), su articulo "Oscar Masotta y Carlos Correas" propone considerar el volumen como "una historia en primera persona del sartrismo porteno y sus consecuencias en el proyecto de 'inventar un tipo de intelectual'. (Vezzetti, 1991: 36)" La operacion Masotta permitiria "explorar inicialmente los obstaculos de esa identificacion (con Sartre) y las ambiguedades de los mandatos resultantes" (36). Dedicado a los anos cincuenta, el primer capitulo documentaria el desajuste entre los ideales sartreanos de bastardia y marginalidad y las posiciones sociales en las que Correas situa la construccion intelectual del terceto que compartia con Masotta y Juan Jose Sebreli. El capitulo de los anos sesenta testimoniaria, por su parte, el momento inicial del pasaje de Sartre (y Marx) a Lacan y la correspondiente recolocacion de Masotta en el escenario intelectual. En ambas interpretaciones, el interes en el valor documental del texto prevalece por sobre la atencion a su fuerzaperformatica--con ella me refiero tanto a lo que el biografo hace consigo y su sujeto en la escritura, como a lo que el lenguaje, la escritura de una vida, hace con el propio biografo. Esta prevalencia decide para Vezzetti el sentido general del libro. Si bien su comentario pondera el estilo subjetivo como el principal atributo del volumen, "un estilo dotado de una fuerza y una originalidad que no tiene parangon entre lo publicado en los ultimos anos" (35), el ejercicio de la primera persona es apreciado sobre todo por sus efectos deficitarios. Cuando evalua el relato sesgado que Correas compone del Masotta sesentista, la eleccion del biografo se torna descuido. Escribe Vezzeti:
   La declinante y decepcionante decada del sesenta--en la vision de
   Correas--es reconstruida casi unicamente como ciclo de formacion
   del "masottismo": para lo cual debe descuidar una consideracion que
   atienda a esa trayectoria abierta y tematicamente heterogenea (del
   psicoanalisis a la historieta y del "pop-art" a la semiologia y la
   critica literaria). Lo menos que puede decirse es que el Masotta
   sesentista asi propuesto--justamente cuando se acentua la busqueda
   de distancia a traves del analisis de los "textos publicos"--es una
   construccion retroactiva, realizada desde el desemboque en ese rol
   autoungido de evangelizador del lacanismo en dos continentes
   [...] Sucede que si se trata de examinar la colocacion de Masotta
   en el psicoanalisis, la cuestion fundamental--?que hay de
   perdurable en los textos psicoanaliticos de Masotta y en las
   consecuencias teoricas e institucionales de su ensenanza?--es
   inabordable si no se incluye un examen de situacion del campo
   psicoanalitico (36).


Pero Vezzetti sabe que no se trata de eso en La operacion Masotta. "Evidentemente", dira pocas lineas mas abajo, "no entra en los propositos de Correas un ejercicio analitico de la trama de factores que se conjugan en esas dos decadas" (37). ?Por que entonces registrar como una negligencia lo que se sabe es una decision? ?Para que empenarse en senalar la contextualizacion como una falta cuando se reconoce que la tarea escapa a los propositos de Correas?

Consecuente con los intereses que habian orientado sus investigaciones hasta ese momento (La locura en Argentina se publico en 1983 y Freud en Buenos Aires en 1989), Vezzetti lee La operacion Masotta desde los protocolos comunes al grupo Punto de vista, del que es integrante--lo que no significa, por supuesto, que sus aciertos y fallas manifiesten una responsabilidad compartida. Como Aira, aunque sin su unanimidad, Beatriz Sarlo elige el libro de Correas en dos de las ocho categorias propuestas por la encuesta de Pagina/12: "mejor libro nacional" y "mejor libro de no ficcion nacional". El voto de ambos rescata La operacion Masotta de la categoria "libro ignorado", tan ignorado que ninguno de los mas de cincuenta consultados lo incluye siquiera en esa clase. 1991 fue tambien el ano de publicacion de dos estudios fundamentales sobre un segmento del mismo periodo revisitado en el libro de Correas: Nuestros anos sesentas, de Oscar Teran, e Intelectuales y poder en la decada del sesenta, de Silvia Sigal. (6) Guillermo Saavedra, critico de Clarin en ese momento, los elige en la categoria "mejor libro de no ficcion". La coincidencia cronologica debe haber acentuado las expectativas y demandas de testimonio que guiaron la lectura de Vezzetti tanto como contribuido a que sus argumentos perdieran de vista que, desde la contratapa del libro, el testimonio ve amenazado su cumplimiento linea a linea.

Evidentemente escrita por Correas, aunque sin firma, la contratapa, una de las mas extravagantes de la literatura argentina, situa La operacion Masotta en un marco filosofico que asume la complejidad del vinculo biografo y biografiado entre sus puntos de partida. Cito el primer parrafo:
   Que las muertes queden esclarecidas parece tarea policial.
   Esclarecer vidas, tarea filosofica. Pero desde que Hegel confirio
   estatuto filosofico a la policia, ambas tareas se interpenetran. La
   pura y sobresaliente exterioridad que logra la policia
   prontuariando biografias hasta extraer la muerte que pulsa dentro
   de cada vida debe instruir a la filosofia que en el presente busca
   ser filosofia biografica. A Oscar Masotta ha perseguido entregarse
   este modo contemporaneo del pensar filosofico. De Oscar Masotta ha
   tendido a apoderarse este sesgo de la biografia por el que ahora se
   quiere la filosofia. Pero la filosofia, fiel a si misma en el modo
   de no dejar de transformarse, ha de instar asimismo la interioridad
   por la que biografiado y biografo alcancen rachas de vida
   suficientes para ganarse y persistir en el lector.


Para apreciar sin reducir el caracter vital que Correas le otorga a la relacion entre los sujetos de la biografia, conviene atender al paralelismo que la cita propone cuando atribuye a la exterioridad de los prontuarios policiales la posibilidad de extraer muerte de las vidas y a la interioridad entre biografo y biografiado, la de obtener rachas de vida en el relato. Por si hiciera falta aclararlo, las posiciones enunciativas de Teran y Sigal son contrarias a la de Correas, en tanto ambos se precaven de la proximidad con los sucesos narrados. Aun cuando reconocen ambitos de pertenencia distintos--la historia de las ideas, en el primer caso, y la cronica sociologica, en el segundo--comparten las cautelas. Las "Advertencias" de ambos libros especifican que, a pesar de que el periodo estudiado coincide con las trayectorias intelectuales de los autores, la investigacion ha tomado la distancia necesaria para preservar la materia analizada. Un "constante intento de objetividad" custodia el trabajo de Sigal (1991:11); la esperanza de "haber superado el circulo encantado de la propia subjetividad", el de Teran (1991:12). El tenor subjetivo del estilo de Correas no desdice sin embargo la impresion de Vezzetti cuando senala que en La operacion Masotta "hay muchos nucleos disponibles (...) para la reconstruccion y formacion de identidades, creencias y valores en la zona critica del campo intelectual de esos anos" (1991:36). Pero sucede que mas significativa que la existencia misma de esos nucleos es la audacia con que Correas elige dejarlos vacantes, sorteando las generalizaciones, para que la figura de Masotta, y la de su vinculo con el, crezca, incluso mediante la injuria, hasta la condicion de exponente unico. El Masotta de Correas es un prototipo impar, un mito, en el sentido estricto que el autor le atribuye al termino, un mito, mas que un modelo de las subjetividades de epoca.

La operacion Masotta integra la serie que en la literatura argentina inaugura "Roberto Arlt, yo mismo", el texto en que Masotta apela a Michel Leiris, menos para exponerse al peligro siempre modico y controlado de confesar quien se es--"en toda confesion uno quiere ser absuelto"--que para correr el riesgo de ensayar en la escritura quien se sera en lo escrito. (Leiris 1976:13). "Aprendi de el que para defenderse de la gratuidad del acto de escribir habia que escribir sobre temas que lo pusieran a uno en situacion de peligro, que lo descolocaran ante los demas", escribe Masotta (1968:190). El compromiso era entonces con uno mismo, con la falta de consistencia fundante de la propia subjetividad. Cuando el yo afirma su estabilidad, tarde o temprano se deja oir la discontinuidad que la soporta. Como Masotta, Correas cumple con el deseo de hacer un libro que sea un acto. Un libro-acto en el que asumir el riesgo de dejar de ser uno mismo se muestra como la condicion necesaria para realizarse por completo.

He escrito este libro en una real y entera soledad. No lo he "compulsado" con grupos de amigos ni de interlocutores; no lo he sometido a autoridades sugeridoras; no lo he discutido con representantes institucionales ni con otros testigos e interpretantes del devenir de Oscar Masotta. Yo me basto y mi version de Masotta me es tan unica que solo yo podria agregar o quitar un encomio, una incerteza, un desproposito, un veredicto. Una vez, hablando el y yo de Renee Cuellar, Oscar me dijo: "Creo que es la mujer de vida". Yo no creo, se que Masotta es mi hombre (Correas 1991:16).

Su firmeza subjetiva es estentorea. Ha desistido de toda colaboracion ajena, se ha negado a contrastar versiones, ha elegido limitarse a su estricto archivo personal de documentos y recuerdos, presenta una version unica del biografiado. (7) La clausula deliberadamente ambigua con que se cierra el fragmento ("Masotta es mi hombre"), una ambiguedad paradojica, que leida en si misma suma consistencia al caracter de biografo autosuficiente, arroja un resto de sentido imprevisto, derivado del tenor excesivo que atribuye al vinculo con el biografiado. En la direccion que abre ese resto, Masotta es el hombre, la escritura de una vida, que Correas compone con los impulsos y afectos de la propia; es decir, no solo con los materiales salvaguardados y las decisiones tomadas, sino tambien con las inclinaciones afectivas que desgarran, enrarecen y revitalizan esos materiales al tiempo que extravian o contradicen esas decisiones. "Como en todo acto, lo que esta en juego es un desdoblamiento de la subjetividad y la emergencia de una significacion suplementaria que puede trastornar algunas de las funciones previstas por las convenciones del genero" (Giordano 2011: 136).

La doble implicacion del biografo, consciente e inconsciente, perturba la regla basica y siempre activa de la biografia tradicional. Todavia en 1984 Leon Edel recomienda "que lo mejor que puede hacer un biografo es cultivar su conciencia y reconocer la amenaza constante que el 'envolvimiento' representa para su objetividad" (1990: 52). Como las mejores biografias, La operacion Masotta realiza una vez mas el fin de la forma universal del genero. La ansiedad de Correas entona un requiem apresurado y desprolijo, forzando un falso desacuerdo con Borges--justo con Borges--a quien Aira acababa de ungir "maestro biografo" de la literatura argentina (1991: 59):
   Dice Borges--escribe Correas--que la inocente voluntad de toda
   biografia es ejecutar la paradoja evidente de que un individuo
   quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron
   mas que a un tercero. "Toda biografia": un Borges aplicado a
   alcanzar el eidos de la biografia, pero es una apariencia:
   podriamos citar centenares de presumibles o "reales" biografias que
   aquel eidos no incluye (9).


"Una vida de Evaristo Carriego", las biografias sinteticas de El Hogar, sin ir mas lejos. La disidencia constituye el expediente artero, oportunista, con que el biografo, anacronico en sus disputas (todavia peleando con Borges), justifica apenas la extravagancia de su empresa. Correas no cuenta la historia de Masotta sino la vida de una relacion tensa, amorosa, maquinada en la rivalidad, melodramatica, infamante, en la que se asume coparticipe declarado. "Intento reencontrarme con el Masotta que fue para mi y para el que yo fui." (Correas 1991:13. Las cursivas son mias.).

Volver contable la vida implica ante todo asumir la encrucijada temporal que el desdoblamiento subjetivo le impone a la narracion. El tiempo de la biografia no es solo el del escrutinio del dato, el testimonio o el documento historico, sino tambien el del presente de la actividad mitopoetica. El prologo de La operacion Masotta encuentra un anticipo involuntario en el de las Cartas del noviazgo de Soren Kierkegaard que Correas habia escrito mas de una decada antes. Desde su punto de vista, la dinamica del mito no se reduciria a la busqueda del tiempo perdido, sino que consistiria en experimentar--y hacer experimentar--en el presente la virulencia esencial de un pasado estructuralmente inconcluso. Lo ocurrido retornaria tal y como nunca habia sido vivido. La actividad mitopoetica propiciaria "que el acontecimiento preterito volviera a darse en la fuerza de su acontecer, que lo pasado vuelva a pasar; y aqui--remata el autor--es secundario que ese acontecimiento haya sido real o imaginario" (1979:35). El mito no se confundiria con un rescate critico o celebratorio del biografiado sino que operaria su renacimiento en el lenguaje. Compuesta con materiales del pasado, esta vida nueva traeria al presente, animaria y transfiguraria los sucesos preteritos irresueltos. No se opondria a la vida real como lo ilusorio a lo verdadero sino que seria otra vida: la del Masotta de Correas ("el Masotta quefue para mi'). ?Que relacion mantendria este Masotta con el verdadero? ?Cual seria el verdadero? ?El Masotta de Masotta? ?El Masotta de los otros? ?De cuales otros? ?De quienes tuviesen de Masotta un conocimiento objetivo y lo generalizaran por mediacion conceptual, y comenzaran por disolverlo para luego reconstruirlo en la teoria? ?Nos daria este mecanismo por resultado el Masotta real, descripto o explicado? La serie de interrogantes que consigno repite la que Correas proyecta sobre la Regina Olsen de Kierkegaard. La respuesta que brinda prefigura el sentido que orienta su ejercicio biografico.
   Regina misma es la ocasion de su mito, y si entendemos que esa
   "Regina misma" es la singularidad de Regina amada por Kierkegaard:
   mitificar es un trabajo de la afectividad. Y sobrecogerse,
   apasionarse, respetar, odiar..., amar a otro son modos de descubrir
   su singularidad, y asi, la singularidad como tal. Irreductible,
   incomparable, irrepetible, subjetividad absoluta, ?como podria la
   Regina amada ser el referente de un saber objetivo? (23).


Como trabajo de la afectividad, el mito restituye la importancia del saber subjetivo en la escritura de una vida, se afirma como un modo especifico del saber de lo singular. La operacion Masotta muestra aquello que, de no mediar el prejuicio contencioso, Correas habria aprendido con Borges: que la etica de la escritura biografica remite antes a la del ensayista que a la del historiador. El adverbio tiene aqui un valor logico mas que temporal, aunque tambien temporal. Como el ensayista, para Correas el biografo reconoce "en la existencia [...] la fuente de todo saber, el origen no conceptual de toda construccion conceptual, de toda organizacion significativa de la realidad" (53). Dar con la singularidad del otro--tal vez el verbo resulte mas ajustado que "descubrir", en tanto preserva el caracter fortuito del encuentro--implica arriesgarse a experimentar la propia, sustrayendose a las determinaciones generales que agitan las pretensiones de objetividad caracteristicas del conocimiento categorizado. En este sentido, se dira, Masotta es lo que le pasa a Correas--pero si y solo si se acepta que la subjetividad del biografo es siempre la de un sujeto en riesgo: "un hechicero hechizado por sus propias hechicerias, o, mas llanamente, un producto de su propio producto" (28). El "Masotta quefue para mi' es inescindible del "para el que yofui" no solo porque biografo y biografiado se requieran mutuamente, como de hecho sucede, o porque el componente autobiografico sea un factor ineludible del genero, sino tambien, y en lo fundamental, porque la biografia vive del cruce imprevisto de las singularidades de ambos.

"No enseno, cuento"

El vinculo entre biografo y biografiado es un asunto obligado para los lectores y estudiosos del genero por lo menos desde fines del siglo XVIII, cuando James Boswell apunto el controvertido mandato de Samuel Johnson acerca de que "los unicos que pueden escribir la vida de alguien son aquellos que comieron y bebieron y tuvieron trato social con el" (2007: 291). Digo "por lo menos desde entonces" porque dos siglos antes los Ensayos de Montaigne, que se tradujeron de inmediato al ingles y cimentaron la extensa tradicion del ensayismo anglosajon, habian desarrollado buena parte de las cuestiones que la emergencia de Boswell iba a plantear a la biografia. Los Ensayos contienen el germen de la subjetividad moderna. La sentencia de Johnson alentaba una conclusion ya discutible al senalar la ventaja de quien escribe habiendo conversado con su sujeto y quien lo hace limitado a la compulsa de documentos y testimonios de terceros. Seria un error confiarle a esta conclusion el giro propiciado por Boswell. Sin embargo, el acierto de su escritura parece proceder del animo que la alienta. A diferencia de la prosa de Johnson, que careceria del vigor de su oralidad, a punto tal que Thomas De Quincey la elige como contra ejemplo de ese "poder especifico", la escritura de Boswell captaria el ingenio conversacional del biografiado (2016: 22). Virginia Woolf observaba que La vida de Samuel-Johnson habia transfigurado el tenor de las vidas narradas al hacer sencillamente que biografo y biografiado "hablaran con su voz natural". Hablar con voz natural habia sido el proposito de Montaigne desde la nota inicial "Al lector" de sus Ensayos. (8) Los modos y recursos de la conversacion mundana promovieron una nueva forma del saber que, en el caso del ensayo, cuestionaba la sistematicidad y voluntad pedagogica del tratado teologico y, en el de la biografia, el relato ejemplarizante de las acciones y hazanas que acaparaban las variantes heroicas del genero.
   En cuanto oimos esas palabras [las de Boswell y Johnson]--apuntaba
   Virginia Woolf--somos conscientes de que existe entre nosotros una
   presencia de una magnitud incalculable, que seguira resonando y
   reverberando en circulos cada vez mas amplios, por mas que cambien
   los tiempos, por mas que nosotros cambiemos. Es ahi donde todas las
   vestimentas, tapujos y decencias de la biografia caen al suelo. Ya
   no es posible sostener que la vida consiste en actos solamente, o
   en obras realizadas. Consiste mas bien en la personalidad. Se ha
   dado suelta a algo a cuyo lado todo lo demas resultafrio e
   incoloro. Nos vemos libres de una servidumbre que a partir de ese
   instante se nos antoja intolerable. Ya no estamos obligados a pasar
   con solemnidad, con rigidez asfixiante, del campamento militar a la
   camara del consejo. Podemos sentarnos, incluso con los mas grandes,
   con los mejores, alrededor de una mesa. Y podemos conversar. (9)
   (2016: 345. Las cursivas son mias)


La conversacion esta en la base del ensayo y la biografia modernos. En 1742 David Hume celebraba que los hombres dedicados a las cuestiones del intelecto estuviesen superando la division entre eruditos y conversadores que habia empobrecido la tarea de ambos en las decadas anteriores. (10) El mundo de la conversacion cotidiana restituia a las belles lettres el interes por la vida, el placer de las buenas companias, la libertad y agilidad de pensamiento que solo se ejercita en la inmediatez de estos intercambios. El mundo erudito, por su parte, brindaba temas derivados de la historia, la poesia, la filosofia o la politica, que protegian la conversacion de anegarse en una serie continua de observaciones vanas. La biografia y el ensayo ofrecian ambitos proclives a esta convergencia. El recurso a la anecdota, el pormenor, las digresiones, los rumores, atestiguaba el apego de ambos generos a los valores de la conversacion mundana--entre ellos, y para decirlo con la formula de Montaigne, el que establecia que en la conversacion "el azar manda mas que yo" (1997:77). (11) Esta era la ensenanza principal que biografos y ensayistas extraian del trato con los conversadores: escribir como se habla implicaba devolver lo enunciado al sinfin de las enunciaciones, estar dispuesto a perderse a si mismo en lo dicho. Esa experiencia, que sinceraba el modo de relacion con el saber--"no enseno, cuento", Montaigne otra vez--, transformaba para Virginia Woolf la temperatura y el color de la biografia permitiendo que asomara una personalidad.

En 1910 Georg Lukacs habia postulado el parentesco entre ensayo y retrato en un sentido congruente al que podria establecerse entre ensayo y biografia (1985:28-31). Sin embargo, no repare en la comunidad de ambas escrituras sino hasta despues de conocer "La biografia y su forma. Una lectura de Adorno", el texto que Aldo Mazzucchelli presento en el Coloquio "Literatura y vida", organizado en Rosario en junio de 2016. Autor de La peor de lasfieras humanas, una biografia portentosa de Julio Herrera Reissig, Mazzucchelli proponia lo que este libro ya habia demostrado: que las buenas biografias son siempre ensayos biograficos. La idea de ensayo biografico cuestionaba la antinomia entre el lenguaje del escritor y el de la conversacion o la vida publica, con la que Marcel Proust habia impugnado el metodo Sainte Beuve, pionero de la critica biografica. Inspirado en el juicio de Adorno, que distinguia a Sainte Beuve entre los precursores del ensayo moderno, Mazzucchelli proponia la implicacion mutua de ambos dominios sin subsumir uno en otro.

Sugiero la posibilidad de que se haga literatura (aun en un sentido proustiano) con el mundo y la "vida" de un escritor, de modo que las series literarias de uno y otro, del escritor (es decir, la sustancia de su obra, los signos de su corazon) y de su vida (es decir, los signos de la conversacion) se evoquen como series paralelas, se imanten y mimeticen unas con otras y generen un tercer espacio (Mazzucchelli 2016: 3).

Las razones para llamar a ese tercer espacio ensayo biografico, y no biografia a secas, remitian al reconocimiento de que las caracteristicas diferenciales del ensayo adorniano (indisciplina, ametodicidad, parcialidad, amor a lo particular y rechazo de lo general) configuraban tambien los rasgos fundamentales de la escritura biografica. (12) No podria ser de otro modo una vez establecida la falta de identidad entre el orden de la experiencia y el orden del lenguaje. De todos aquellos rasgos, constitutivos de una forma del saber dispuesta a acoger esta falta como punto de partida, el vinculado al uso inmediato y "sin ceremonias" del concepto de Adorno alcanzaba una relevancia especifica en la idea de Mazzucchelli. El ensayo biografico partiria de datos preexistentes, de apilamientos de facticidades, y con ellos resistiria, constantemente y si se pudiese hasta el final, a cualquier ordenamiento prefigurado segun las series de sentido ya existentes. El presupuesto de la tarea confiaba en el caracter indeterminado, coyuntural e impositivo de los conceptos establecidos y proponia como objetivo del ensayo biografico el trabajo de desestabilizacion de los estereotipos vigentes en torno a un personaje y su epoca. El trabajo era en rigor un juego--"Fortuna y juego son esenciales al ensayo", escribio Adorno (1998:247). El juego del relato que, al dejarse llevar por lo amado y lo odiado, en lugar de solo pretender contar las cosas tal y como habian sucedido (en caso de que algo asi fuese posible), elidia las generalidades para concentrarse en una singularidad: la vida nueva resultante de una combinatoria peculiar de datos, sucesos, coincidencias y casualidades. El proposito del ensayo biografico no seria estrictamente contar la vida de una persona, los acontecimientos vividos por el biografiado, sino, para decirlo en los terminos de Correas, "eternizar la singularidad" que deriva del encuentro circunstancial entre biografo y biografiado.

La operacion Masotta cifra el cumplimiento de ese proposito en las virtudes de la anecdota. El dominio de la anecdota, con sus versiones, reverberos e inacabamientos abre la escritura biografica al medio indeterminado de lo imaginario (o lo mitopoetico) y define para Correas el corazon del genero:

Entonces si diremos que "toda biografia"--la conclusion es tambien un cierre abrupto al malentendido sobre Borges--debe contener anecdotas. Solo los pedantes teoricistas y demas ralea desprecian o temen la anecdota: en esta (la anecdota literaria, ya "de vida") la idea se reune con la emocion y ofrece la mayor esperanza de efecto sobre el lector (Correas 1991:10).

La invectiva prolonga sus reparos reiterados contra el llamado "pensamiento contemporaneo", esa modalidad maniaca y corporativa del saber (los calificativos le pertenecen) que Masotta habria encarnado en los anos sesenta. La extemporaneidad, afirma Correas, una vez mas via Kierkegaard, nos permite "tener por un mito 'el pensamiento contemporaneo', un inencontrable eternamente presente, cuya busqueda, en verdad, se decide a traves de este o aquel pensador" (1979:39). ?La defensa de la anecdota insinuaria la desconfianza en el documento? ?Carecerian el documento, y el examen de la obra, agrego, de las bondades de la anecdota para suscitar emocion en el lector? ?Reeditaria Correas el mandato de Johnson? Las respuestas positivas a estos interrogantes propician el consenso de los lectores especializados en torno a la idea de que el libro se debilita tras el capitulo dedicado a los anos cincuenta. (13) En ese momento comienza el relato del alejamiento de Correas y Masotta y, en consecuencia, merma la cantidad de anecdotas compartidas. Sin embargo, aunque la distincion queda entredicha en el prologo, la escritura del libro la desdice. A partir del capitulo sobre los anos sesenta, Correas prioriza el comentario de los escritos de Masotta y de los documentos vinculados a el. La manipulacion y la lectura que hace de esos materiales no difieren demasiado del trato que le brinda a las anecdotas. En uno y otro caso, el biografo no solo se interesa por aprehender el sentido de los textos, sino que tambien se deja capturar por los tonos y senas enunciativas que lo muestran insaturable.

La prescripcion que encabeza la cita--"toda biografia debe contener anecdotas"--introduce una serie breve de primeros momentos con el amigo. La serie culmina con un gesto, "la sonrisa sesgada de Oscar", cuya descripcion puntualiza sin proponerselo el modo en que Correas reconoce, ya no en la anecdota estricta sino en el gesto que la vuelve infinita, "el encuentro de la universalidad del concepto y de la singularidad de la persona" (1979:39). De la contingencia de este encuentro, del trastrocamiento temporal que suscita, procede su sensacion de vida. Cito el fragmento aunque extenso, porque ofrece una resolucion en acto del modo en el que la ocurrencia de lo singular descompone el dominio establecido del concepto.
   Un material al servicio de una anecdota para siempre inconclusa
   habria de ser asimismo mi recuerdo de la imagen visual de la
   sonrisa sesgada de Oscar cuando caminabamos de noche por las calles
   de Boedo. "Para siempre inconclusa", pues si bien esa sonrisa me lo
   entregaba entero, era porque yo deseaba esa sonrisa y porque, segun
   el Kierkegaard que ya leiamos, "la fuerza del deseo consiste en ser
   absoluto en el instante"; solo la ilusion retrospectiva podria
   hacernos figurar que en esa sonrisa estaban ya, verbigracia, las
   posteriores palabras de Oscar ante los gallegos de Vigo. "Para
   siempre inconclusa", porque si las sonrisas combatian entonces el
   horror de y por nosotros mismos, tambien el hombre entero--con su
   pasado, presente y futuro--se hallaba en la sonrisa, aunque de
   manera borrosa e indefinidamente indeterminada. Lo sabiamos, aunque
   no lo hablaramos: cargabamos, si bien con las debidas dichas y
   corajes, con presentes tan abyectos que el elemento del futuro era
   pura e inasible angustia. "Para siempre inconclusa", pues con mi
   muerte morira la sobrevida o el sentimiento de aquella sonrisa
   socarrona que me venia de costado en una noche portena, y cuyo
   sentido y cuyo sinsentido jamas poseere en su entrana, pues el
   segundo no es menos integro que el primero. Como yo tambien
   sonreia, pienso ahora que el sesgo de las sonrisas debian de ser en
   aquel entonces el organo a traves del cual percibiamos el mundo
   para nosotros: una vida y una obra oblicuas, configuracion
   prolongada en larva que muere de consuncion sin poder declarar su
   verdad, pero su verdad de mero sesgo (1991:11).


La anecdota es minuscula, casi inexistente en su trivialidad: Correas y Masotta caminan juntos en la noche portena. Se camina mucho por Buenos Aires en la literatura de Correas. La interferencia del gesto, el retorno del instante en que el amigo sonrie, vuelve interminable la escena. Lo singular se absolutiza; la "sonrisa sesgada de Oscar" (Correas elije llamarlo "Oscar" en este momento) condensa un universo de sensaciones difuso.

Mientras caminan, Correas y Masotta conversan, "alacranean". El alacraneo juvenil, la critica encanallada, describe el temperamento disidente del trio de jovenes intelectuales que integran junto a Sebreli en los anos cincuenta. Socarrones, cancheros, maledicentes, maliciosos, sartreanos. Esta idiosincrasia conocida, perfilada por los estudiosos a lo largo de las decadas, habria agotado el sentido de la anecdota de no verse investida por el afecto que el recuerdo del biografo proyecta sobre la circunstancia. Leida como el detalle realista que dota de verosimilitud a la situacion, la "sonrisa sesgada de Oscar" solo habria sumado una cualidad mas a la socarroneria, el cancherismo y la maledicencia compartidos. Revivida por el deseo del biografo, desvia los sentidos cristalizados de la epoca y descompleta la escena. "Lo que nos suena 'de epoca'--apunta Mazzucchelli (2016: 6)--ya esta sancionado de antemano por el concepto." La potencia de la "sonrisa sesgada" deriva de su capacidad sustractiva: no consuma el significado de la situacion, no describe un modo particular de la misma, sino que la suspende, la indetermina, la vuelve unica y absoluta. Convierte esa sonrisa socarrona en una mueca "cuyo sentido y cuyo sinsentido jamas se poseer[a] en su entrana". Escandida por el gesto, la anecdota no importa por su valor representativo sino por el "momento de verdad" que la atraviesa y desmorona las intenciones ilustrativas. El "momento de verdad" es "laplusvalia de la anecdota", no se aviene a las convenciones mimetica de un realismo escolar, sino que remite a la emergencia de lo ininterpretable en lo dicho, al instante en cual ya no hay nada que decir (Barthes 1987:337). (14)

Contrarios a la suspension, el exceso o la plenitud de sentido hacen fracasar la anecdota. El relato que Correas ofrece del ultimo encuentro con Masotta se lee como el reverso de aquella escena inicial. La injuria agota la fuerza ilocucionaria del episodio. La escritura biografica es capturada por el animo detractor que la inspira desde el comienzo. "?Como invalidar a Oscar Masotta o, en general, como se invalida un hombre?" (1991:178) es la pregunta que punza y disloca todos los enunciados del libro. Los disloca, hace que resuenen, los desestabiliza, pero rara vez consigue que el proposito invalidante se consume en forma univoca. La iniciativa de Correas admite por esta via un precursor literario remoto, acaso ignorado por el autor. La operacion Masotta es heredera tardia e impar de la linea de biografias criticas de Lytton Strachey, acusadas de "desacreditadoras" por el cambio de perspectiva que introducen. Aunque tanto Strachey como Correas experimentan con el descredito y el desprestigio del biografiado--en contextos y con adversarios cuyas diferencias son tan pronunciadas que resulta ocioso senalarlas--en ninguno de los dos casos el efecto del relato se reduce a cumplir este objetivo. (15) Considerado un manifiesto de los biografos del siglo XX, el prefacio de Victorianos eminentes retumba en el prologo y las decisiones compositivas de La operacion Masotta. "Los seres humanos--afirma Strachey--son demasiado importantes para ser tratados como simples sintomas del pasado" (1995:14). En la anecdota final, en los interrogantes con que se cierra, Correas traiciona este convencimiento que, sin embargo, habia inspirado su libro completo.

La trivialidad de la primera escena contrasta con el clima intimidatorio de la ultima: una noche de la primavera de 1973, Correas sale de una libreria de la calle Santa Fe al 2700 cuando un "inmediato y largo automovil negro" se detiene junto al cordon de la vereda, frente a el. Correas se inmoviliza. El relato enumera en primer plano las razones del terror que experimenta, todas historicas y documentables: la brutal masacre de Ezeiza, las ejecuciones diarias de sindicalistas, dirigentes politicos, militantes y exmilitantes, el copamiento del Comando de Sanidad del Ejercito por parte del ERP, el asesinato de Jose Ignacio Rucci. De los cinco individuos trajeados de oscuro, que se encuentran en el interior del auto, uno se baja y entra a la libreria. Correas mira y ve a Masotta en el centro del asiento trasero, en lo profundo, trajeado tambien y corbateado. Ambos se miran, se contemplan sin saludarse y sin hacer signo alguno de reconocimiento. El narrador queda capturado por la imagen de la cara que lo mira y que, como "la sonrisa sesgada de Oscar", hubiera podido volver interminable la anecdota.
   Yo seguia parado y la contemplacion seguia, pues yo no me iria
   hasta que hubiera un signo de acercamiento o Masotta desapareciera.
   Pero no era para mi seguro que Masotta me reconociera: una como
   bruma flotaba ante sus ojos, en una cara muy blanca; mas bien una
   careta sosa o efigie de opa; al fin, una especie de lenta y suma
   tristeza parecio deslizarse por esa cara y darle expresividad.
   ?Tristeza por el?, ?por mi?, ?por los dos? Jamas lo sabre y no me
   importa. El tipito que habia entrado en la libreria volvio y subio
   al automovil. Se cerro la puerta y el automovil partio llevandose a
   Masotta y a sus cuatro acompanantes o escoltas (178).


La ambiguedad domina el instante: Correas no sabe si Masotta lo reconoce, no puede saberlo, no tiene modo de despejar el dilema. La distancia entre ambos se ha vuelto inconmensurable. "En lo profundo" del auto, el amigo se hunde en su imagen: pierde el rostro. De los ojos brumosos a la efigie de opa, su semblante se desfigura: la cara se transforma en careta. Con la tristeza, parece retornar cierta expresividad, pero es solo una apariencia, una impresion que suma al equivoco. ?Habra sido en efecto Masotta el ocupante del auto? El narrador no lo duda un instante, y sorprende que no dude, es raro que no se lo cuestione. Si bien las condiciones politicas del momento, !el ano 1973!, motivan la circunstancia hasta saturarla, los rasgos del personaje, la subjetividad que la biografia ha venido componiendo hasta llegar ahi, no la hacen inmediatamente creible. Masotta en un grupo de tareas paramilitar resulta una enormidad, que quiza la duda o la zozobra del narrador habrian contribuido a verosimilizar. (16) El exceso de certeza se torna aun mas significativo al contrastarlo con otras observaciones de Correas. Unos pocos parrafos mas adelante, escribe: "Y es ahora Oscar quien alienta en mi, y yo, sin nombrarlo ni recordarlo y hasta sin saberlo, seguramente lo alucino" (178). ?Lo habra alucinado en esa ocasion? ?Habra que atribuir el exceso de certeza a la rivalidad alucinada del biografo? Se sabe que en el trance de la fascinacion lo que se ve se apodera de la vista y lo hace interminable. La frase con que Correas continua el relato una vez que el auto se aleja podria confirmar esta posibilidad: "Yo empece a caminar Santa Fe, sin recuerdos, pero sin el olvido, hasta ahora, de la vision de ese momento" (178). De haber concluido con el registro de esta vision incesante, la anecdota hubiera dramatizado el odio alucinado del biografo, la potencia imaginaria de la fascinacion. Sin embargo, las preguntas que la cierran orientan la lectura en la direccion contraria. Correas quiere que la realidad sea efectiva, que la circunstancia sea efectivamente cierta, porque de esa efectividad depende la ejecucion moral (y narrativa, aunque no parece advertirlo) del personaje.
   ?Quien era ese Masotta? ?Un enmascarado, por ultimo un verdadero
   fraudulento? ?Un secuestrado santon o un jefe mafioso rodeado y
   transportado por custodios? Tanto da, pienso, responder
   afirmativamente o negativamente a esas preguntas o a otras que no
   he escrito. Quise solo relatarle al lector "nuestro" ultimo
   encuentro, incierto y subito, pero con un peso de desquiciados anos
   en mi alma (178-9).


Las preguntas desnudan sin esfuerzo su caracter retorico. El usufructo que el biografo hace de la ambiguedad de la escena elimina todo rastro de incertidumbre. La lectura retrospectiva expone el alcance preciso y calculado del episodio al agotar su significado en el interes por sembrar la sospecha sobre el biografiado. El planteo de las alternativas es categorico: victima o victimario, secuestrado o secuestrador. La subjetividad de Masotta queda limitada a encarnar los mas siniestros estereotipos de la epoca. El biografo descree de lo que sabe--"Es tener una enana y erronea opinion de lo anecdotico reducirlo a la exterioridad, es decir, en otros terminos, al apremio de la vida material" (117)--y cede, sin mas, a los favores menudos de la injuria.

https://doi.org/10.24215/18517811e076

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NOTAS

(1) Buenos Aires, Catalogos Editora. Todas las citas corresponden a esta edicion.

(2) AAVV, "Gran encuesta. Aqui estan, estos son", Primer plano, Pagina/ 12, Buenos Aires, 29 de diciembre de 1991.

(3) Alejandra Pizarnik se publico en 1998 en Beatriz Viterbo Editora (Rosario) y Alejandra Pizarnik (1936-1972), en 2001, en Ediciones Omega (Barcelona). Ver en este dossier: Analia Capdevila, "La biografia y el 'mito personal del escritor'. Cesar Aira y Alejandra Pizarnik".

(4) La cita retoma parcialmente el precepto de Juan Manuel Levinas, prologuista de Los reportajes de Felix Chaneton de Carlos Correas (Buenos Aires, Editorial Celtia, 1984), "Para contar una vida, hay que volver contable la vida", que elegi como titulo del paragrafo.

(5) Sobre el concepto "tecnologia del yo", su funcion e importancia en el cuidado de si, consultar Michel Foucault, Hermeneutica del sujeto, La Plata, Altamira(s/f).

(6) Ambos, en Puntosur Editores, Buenos Aires. El libro de Sigal tuvo una primera version en frances, publicada por el Centre d'Etude des Mouvement Sociaux (EHESS) en 1986. La edicion de Puntosur lo incluyo en la coleccion "La ideologia argentina", dirigida por Oscar Teran. El libro de Teran se reedito en Siglo XXI Editores en 2013, con un extenso estudio preliminar de Vezzetti. Ese mismo ano, Interzona publico la segunda edicion de La operacion Masotta.

(7) En "Del otro lado del horizonte", de 2001, Sarlo fundamenta el cruce entre ensayo y biografia a partir de este fragmento. No se puede ir mas lejos; todo lo que viene despues, el libro entero ya que estas palabras estan escritas en el prologo, queda bajo el signo del yo. Carlos Correas ha cruzado una linea de proteccion (esa linea que protege al escritor de ficciones y que la critica se ha encargado de sostener) y muestra lo que solo el genero autobiografico muestra en su ley de "verdad". Pero fuera de la autobiografia, en el ensayo-biografia que escribe sobre Masotta, quien dice "Masotta es mi hombre" nos incomoda y nos provoca: ?como confiar de alli en mas? ?como desconfiar? (En Alberto Giordano (ed.), El discurso sobre el ensayo en la cultura argentina desde los 80, Buenos Aires, Santiago Arcos, 2015).

La conclusion atiende al caracter afirmativo de la primera persona y puede leerse como un argumento diferido en favor de la intuicion que en 1991 habria diferenciado el entusiasmo de Sarlo del de Vezzetti. Sobre esta diferencia, ver ademas "Beatriz Sarlo" (entrevista) en Hora, Roy y Trimboli, Javier, Pensar la Argentina. Los historiadores hablan de historia y politica, Buenos Aires, El cielo por asalto.

(8) "De entrada te advierto que con [este libro] no me he propuesto mas fin que el domestico y privado. En el no he tenido en cuenta ni el servicio a ti ni mi gloria. No son capaces mis fuerzas de tales designios. Lo he dedicado al particular solaz de parientes y amigos: a fin de que una vez que me hayan perdido (lo que muy pronto les sucedera), puedan hallar en el algunos rasgos de mi condicion y humor, y asi, alimenten mas completo y vivo, el conocimiento que han tenido de mi persona. Si lo hubiera escrito para conseguir el favor del mundo, habriame engalado mejor y mostrariame en actitud estudiada. Quiero que en el me vean con mis maneras sencillas, naturales y ordinarias, sin disimulo ni artificio: pues pintome a mi mismo" (Michel de Montaigne, Ensayos, Barcelona, Atalaya, 2007).

(9) Virginia Woolf, "La nueva biografia", Horas en una biblioteca, Barcelona, Seix Barral, 2016. (El subrayado es mio).

(10) David Hume, "De la escritura ensayistica", en Fernando Alfon, (seleccion y traduccion), La razon del estilo. Ensayos anglosajones en torno al ensayismo, Rosario, Nube Negra, 2017.

(11) "La ocasion, la compania, el tono mismo de mi voz--agregaba--sacan mejor provecho de mi ingenio que yo cuando lo sondeo y utilizo estando solo [...] Ocurreme tambien el no hallarme cuando me busco y hallarme mas por encontronazo que inquirien 1 do en mi entendimiento" ("Del hablar pronto o tardio").

(12) Teodor W. Adorno, "El ensayo como forma", en Pensamiento de los confines, no. 45, Buenos Aires, octubre de 1998.

(13) El testimonio de Juan Jose Sebrelli, en el corto Ante la ley de Emiliano Jelicie y Pablo Klappenbach, sintetiza esta opinion: "De La operacion Masotta rescato la primera parte sobre la amistad y sobre el clima existencialista de los cincuenta, que esta muy bien. No hay otro, imprescindible para reconstruir ese clima [...] La segunda parte, toda la parte lacaniana y demas, no interesa porque ya ahi Correas no lo veia a Masotta, ya es una cosa mas de estudio y a Correas no le interesaba Lacan, como a mi, no nos interesaba Lacan, lo otro es para rellenar el libro, pero, era inevitable, decae", en https:// www.youtube.com/watch?v=579ZnTlLKwo)

(14) Sobre el concepto de "momento de verdad", consultar de Roland Barthes, "Mucho tiempo he estado acostandome temprano" (El susurro del lenguaje, Barcelona, Paidos, 1987) y La preparacion de la novela. Notas de cursosy seminarios en el College de France, 1978-1979y 1979-1980 (Mexico, Siglo XXI, 2005).

(15) En un sentido diferente y por momentos contrario a este argumento, Leonora Djament otorga una importancia central a la injuria en La operacion Masotta. "La injuria en este libro se vuelve procedimiento critico que produce sentido. Si habitualmente la injuria puede ser tomada como una digresion en la cadena argumentativa que define al ensayo como genero, en Correas, se produce por momentos el modo inverso: la injuria es el centro del libro, el motor semantico, y las argumentaciones suelen ser digresiones o decorativas" ("Diario de una traicion: La operacion Masotta de Carlos Correas", Boletin 16, Centro de Teoria y Critica Literaria de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR), 2011, en http://www.celarg.org/boletines/index.php

(16) Los testimonios de Eduardo Rinesi, Ricardo Piglia y Jorge Lafforgue en Ante la ley coinciden en senalar la inverosimilitud de la escena.

Judith Podlubne, Universidad Nacional de Rosario, Argentina.
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Title Annotation:DOSSIER: Un arte vulnerable. La biografia como forma
Author:Podlubne, Judith
Publication:Orbis Tertius: Revista de teoria y critica literaria
Date:Jun 1, 2018
Words:9620
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