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La obra filosofica de Antonio Millan-Puelles.

This article analizes the most important contributions from Antonio Millan-Puelles to philosophical thinking. From The Theory of the Pure Object to The Structure of Subjectivity MillanPuelles captures the best from idealism and phenomenology in order to establish how thinking the real is posible. It also explains the metaphysical anthropology of Millan-Puelles asa synthesis of intimacy a/ad transcendence in human's subjectivity.

Keywords: Antonio Millan-Puelles, idealism, realism, objectivity.

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Antonio Millan-Puelles fallecio en Madrid el 22 de marzo de 2005, a los 84 anos, tras una larga enfermedad llevada con el ejemplar espiritu cristiano y fortaleza personal que caracterizo toda su vida en esta tierra. Nos ha dejado el maestro de filosofia y el amigo entranable. Nos quedan muchos recuerdos indelebles y una obra de extraordinario valor, que estudiaremos a lo largo de muchos anos.

Para los que todavia guardamos la esperanza de un pensamiento riguroso y libre, la intempestiva figura del filosofo autentico se presenta como una gozosa realidad. Su obra serena desmiente a gritos los imperativos de conformismo y resignacion. Abre sendas donde la marana aparece mas cerrada. Establece nuevos puntos de partida que cuestionan los supuestos consagrados. Rompe la costra de los lugares comunes y deja ver esa realidad que sigue estando ahi, que late bajo el tupido entramado de los hechos.

Tal es el caso de la obra filosofica que Antonio Millan-Puelles nos ha legado, plasmada en un conjunto de libros cuya envergadura no encuentra parangon en la filosofia espanola reciente. Todavia no es posible hacer un balance cumplido de sus frutos. Afortunadamente, son bastantes los itinerarios de investigacion sobre su pensamiento que van dejando el resultado de libros, articulos y tesis doctorales. Pero ahora es necesario celebrar un ejercicio filosofico que se mueve a la altura de los autores clasicos y esta comprometido con los problemas mas vivos de nuestro tiempo.

Atrapados como estamos por las falacias del historicismo, nos resulta dificil advertir que la unica forma de pensar en serio es insertarse en una tradicion viva. Lo malo de apelar a la improvisacion genial es que se-pretende abrazar un fantasma. Mientras que crisparse en el analisis minucioso de textos venerados puede no arrojar ganancia especulativa alguna. La filosofia es un oficio vinculado a un proposito historico, es decir, una tarea que recuerda y anticipa. La filosofia es una gran tradicion de pensamiento y, justo por ello, un empeno que muere si no progresa. Lo que MillanPuelles ha conseguido de manera magistral es justo estrenar en cada linea de su obra un legado de siglos que no es autorreferencial, que no remite a su propia literalidad, sino a temas y problemas que se continuan y, por tanto, se renuevan.

Millan-Puelles ha entendido, casi desde los comienzos de su aventura intelectual, que es precisamente esa tradicion que en Platon y Aristoteles comienza, y que encuentra en Tomas de Aquino referencias decisivas, la que mejor permite entablar un dialogo coherente con otras tradiciones y llegar a sintesis que supongan autenticos avances.

Es verdad que todo genuino empeno filosofico permanece alli donde comienza. La investigacion doctoral de Millan-Puelles sobre la naturaleza del ente ideal en Husserl y Hartmann le va a proporcionar una serie de claves que no abandonara en toda su carrera filosofica. Esta veta ontologica y gnoseologica no agota su camino especulativo, que abarca el entero territorio de la filosofia, desde la etica a la antropologia, desde la teodicea a la filosofia politica. Pero el realismo metafisico que esa vena alimenta constituye su arran que y su fundamento, el hilo conductor que nunca se dejara de la mano. Por eso me voy a fijar principalmente en ella a lo largo de esta evocacion escrita por un discipulo agradecido.

Lo paradojico del idealismo estriba en que considera como reales las estructuras objetivas a las que el conocimiento intelectual humano tiene que recurrir para pensar la realidad. Mientras que, simetricamente, la paradoja del realismo estriba en que considera como ideales las estructuras objetivas a las que el conocimiento intelectual humano tiene que recurrir al pensar la realidad.

Y tales paradojas se convierten facilmente en malentendidos y equivocos que minan de ambiguedades el suelo por el que el filosofo tiene que avanzar. Se entiende asi la sabiduria de la estrategia adoptada por Millan-Puelles que es, por asi decirlo, la de un ataque en oblicuo que le permite sorprender a las poco ordenadas retaguardias.

Las lineas de fuerza del pensamiento contemporaneo urden su trama en torno al nucleo problematico de la representacion. Cuestion central, porque parece que la realidad no se nos da mas que por mediacion de la representacion objetivante. Aunque, por mas que fuera asi y precisamente por ello mismo, la representacion no es la realidad. Tomar la mediacion por lo mediado constituye la falsedad primordial de una razon perezosa que reina en el ambito, presuntamente univoco, de las propias objetividades.

Al distinguir nitidamente la realidad de su representacion, el panorama de la humana objetividad pierde el espesor cosista que le habia conferido el racionalismo. Gracias al catalizador fenomenologico, Millan-Puelles ha rescatado y expandido ese ambito del ser intencional que los medievales --arabes y latinos-- supieron hacer surgir de la tradicion aristotelica. Es el territorio del sentido, nocion clave de la filosofia contemporanea, tanto analitica como fenomenologica y hermeneutica. La taxonomia de los "tres reinos" hara fortuna en autores tan diferentes como Frege, Hartmann y Popper. Pero, de nuevo, el representacionismo racionalista, todavia operante, acabara por lastrar tales analisis con una invencible tosquedad. Junto a ellos, la analitica de Millan-Puelles destaca por una finura que no se encuentra en ninguno de sus coetaneos. Por poner un solo ejemplo, la aclaracion de la naturaleza de la logica desarrollada por Millan es una pieza doctrinal de notable claridad y precision. Los entes logicos son puras relaciones intencionales, mediaciones objetivas construidas por el intelecto, para articular cientificamente las originarias inmediaciones intelectuales. Tales entes de razon del tipo relacion permiten que, en el ambito del sentido, aflore la perfeccion propia de la inteligencia, es decir, la verdad.

Si la verdad se explica como mera desvelacion o aletheia, al modo heideggeriano, nos encontramos ante un sofisticado naturalismo, porque entonces no se da ningun juego al propio quehacer intelectivo, a ese modo de ser y de operar exclusivo del entendimiento e irreductible a cualquier naturaleza dada, sin el cual la verdad ni siquiera se puede concebir. Si, en el otro extremo, se pretende dotar a la inteligencia de estructuras a priori, al estilo kantiano, el naturalismo mental es aun mas craso, porque --a pesar de las protestas de espontaneidad y autonomia-- el entendimiento mismo resulta en cierta medida reificado. Para superar el naturalismo y poder dar cuenta de ese enigmatico rendimiento que es la verdad, es preciso que se cumplan dos condiciones: primera, que la inteligencia "produzca" --al conocer-- estructuras propias, no tomadas sin mas de las cosas ni copiadas de ellas; segunda, que esas estructuras ni sean reales ni se hagan reales.

Es mas, Millan llega a afirmar en su fundamental obra Teoria del objeto puro que "sin contar con lo irreal no cabe ningun realismo, ni siquiera el de una mera actitud" (1). Y a la elucidacion de lo irreal es a la que denomina precisamente "teoria del objeto puro".

Para pasar del paradigma moderno de la certeza a una edicion nueva del paradigma de la verdad, es necesario elaborar una teoria de la irrealidad, en el marco de una renovada metafisica realista que haya asimilado las lecciones del fracaso del racionalismo y de sus criticas truncadas. Tal es la empresa intelectual llevada a cabo por Millan-Puelles en sus indagaciones acerca de la objetividad pura. Lo que ninguna critica del modelo de la certeza habia advertido hasta ahora es que el error basico del racionalismo --y de los idealismos subsiguientes-- radica en el intento de conferir realidad a las representaciones en cuanto tales, es decir, en el afan de acercar tanto la objetividad a la realidad que ambas dimensiones acaben por confundirse. El "realismo critico" del pasado siglo reitera el error sin pretenderlo y, lo que es peor, sin saberlo.

Por el contrario, la impugnacion del representacionismo llevada a cabo por Millan-Puelles, en lugar de pretender reificar la representacion, la desrealiza. Estamos en las antipodas de la realitas obiectiva cartesiana y postcartesiana: ante algo tan insolito y tan interesante como es la identificacion de la (pura) objetividad con la irrealidad. La estrategica metodica de Millan-Puelles es anticartesiana, en el sentido de que supera el escepticismo a base de mostrar que las representaciones objetivas son en si mismas irreales, en vez de empenarse en recuperar trabajosamene para ellas una realidad extramental que, en rigor, no poseen. Las lanzas del genio maligno se toman canas cuando se aceptan serenamente casi todas sus pretensiones, a saber, que la mayor parte de las representaciones que comparecen ante la conciencia son solamente eso: objetos puros, no "cositas mentales", no dobletes presuntos y problematicos de unas realidades exteriores mediadas, o "re-presentadas" por tales objetos.

La representacion "no es el hacer las veces de lo representado" (2). Lo transobjetual puede ser representado, pero su ser propio no consiste en ser objeto; no se agota en el pasivo ser hecho presente ante la conciencia, que es el efecto del representar activo llevado a cabo por la facultad cognoscitiva. Del objeto puro, en cambio, cabe decir que es puramente objetual. Lo que ni el racionalismo ni la mayor parte de sus criticos han advertido es la irrealidad de lo representado como tal; irrealidad que es necesaria tanto para la realidad de todos los fenomenos reales como para la irrealidad de todos los fenomenos irreales.

Los equivocos que Millan-Puelles disuelve provienen, en gran medida, de una deficiente comprension de la articulacion entre acto y forma en el conocimiento. Se conocen formas, pero el conocimiento mismo no es una forma ni implica la produccion de una forma intencional distinta de la forma real. Lo que hay de propio en el conocimiento no es una presunta forma intencional que hiciera vicarialmente las veces de la forma real: para que haya autentico conocimiento, la forma real y la forma conocida han de ser identicas. Lo que hay de propio en el conocimiento es el ser intencional que la forma adquiere al ser conocida y que es distinto del ser real que la misma forma posee en la naturaleza de las cosas. Lo cual abre la posibilidad de que haya objetos puros, es decir, formas cuyo unico ser sea el ser-conocidas. La irrealidad del serconocido es condicion de posibilidad del conocimiento de lo real y de la patentizacion de lo irreal.

Se registra asi la ya aludida paradoja de que, mientras el idealismo considera como real la objetualidad, el realismo la toma como ideal o irreal. Otra cara de la paradoja en cuestion es el hecho de que "la objetualidad no implica el ser del objeto, sino el del sujeto" (3). Es licito a su modo el cogito, ergo sum; pero no el cogitatum, ergo est. Y esta segunda es la formula especifica del idealismo representacionista, en el que lo problematico no es la existencia del objeto, sino precisamente la existencia del sujeto (como acontece en el caso de la filosofia teorica kantiana). Solo la admision de lo irreal como distinto de lo real abre camino al reconocimiento del peculiar ser de la conciencia. De ahi que tanto el materialismo craso como el idealismo absoluto tengan cerrado el camino de la antropologia. Si Zubiri mantuvo con razon que el hombre es un animal de realidades, Millan-Puelles es igualmente certero cuando sostiene que la capacidad de recordar, imaginar, proyectar y fingir objetos no existentes es indisoluble de la realidad de la conciencia en la subjetividad especificamente humana. Sin tales irrealidades el hombre no seria lo que realmente es.

Es menester explorar cumplidamente las galerias de lo irreal, para mostrar que en cierto modo la realidad es una "excepcion a la irrealidad". Solo que el reconocimiento de tal "excepcion" es decisivo para detectar la irrealidad de las representaciones y trascenderla hacia el conocimiento de la realidad misma, en la medida en que nos resulte accesible.

Con tenacidad y precision, Millan-Puelles excluye de lo presuntamente real todo lo que cabalmente no lo es. Queda asi patente su ganancia respecto a la filosofia clasica. Porque el elenco de lo excluido --y, por tanto, de lo estudiado en su teoria de la irrealidad-- no se limita a los objetos que no pueden poseer ninguna existencia distinta de su estar ante la mente (los entes de razon), sino que tambien abraza las ficciones literarias, las imagenes audiovisuales, las meras posibilidades, lo futuro y lo pasado, las ensonaciones y los proyectos. Lo cual implica que el ambito discursivo de tal teoria sea maximamente universal, "supertrascendental", decididamente metafisico y no solo logico y epistemologico. Todo ello al servicio de un realismo que, justo por haberse hecho extremamente vulnerable, presenta una irreprochable acreditacion. Ahora ya sabemos que sin contar con lo irreal no cabe realismo alguno.

Pero ?como ha de estar constituida la humana subjetividad para que sea capaz de irrealidades y, por lo tanto, se halle en franquia para la realidad? El nucleo de la antropologia filosofica de Millan-Puelles --ontologica y gnoseologicamente orientada-- se desarrolla, sobre todo, en La estructura de la subjetividad, donde establece que a la conciencia humana le corresponde un caracter tautologico, inseparable de una ineludible heterologia. Intimidad y trascendencia intencional son los momentos estructurales cuya mutua implacacion ha de mostrar una descripcion rigurosa de la subjetividad. Esta consideracion fenomenologica y ontologica del "yo" como sujeto se encuentra, entonces, tan alejada de un inmanentismo subjetivista como de la perdida de sustancialidad en la intimidad de cada persona, vaciamiento al que aboca una concepcion existencialista de una libertad primordialmente extatica y mundana.

En la linea general de su propuesta de una sintesis humana de naturaleza y libertad, la metafisica antropologica de Millan-Puelles desvela la sintesis de intimidad y trascendencia en la humana subjetividad. Un rigido sustancialismo --que desconociera el radical dinamismo de la naturaleza como principio de actividades especificas-- impediria "salvar" las manifestaciones mas especificas de la vida humana: historia y libertad. Pero la critica historicista y vitalista a ese supuesto sustancialismo, ademas de atribuir a la concepcion clasica de la sustancia un estaticismo ajeno a ella, desconoce que "todas las autodeterminaciones del ser humano son, por mucho que difieran entre si, autodeterminaciones realizadas por uno y el mismo ser" (4).

La conciencia humana esta lejos de ser una conciencia absoluta. Subjetividad y conciencia no son convertibles, como pretende el idealismo. En primer lugar, porque nuestra subjetividad es consciente de haber comenzado, de no haber sido siempre, aunque le esta vedada --le es estructuralmente imposible-- la conciencia de su propio comienzo. Nuestros origenes permanecen innominados, lo cual excluye la completa lucidez. La incepcion radical de la conciencia resulta irremediablemente opaca. Ademas, la conciencia no es incesante sino intermitente. Asi se aprecia, sobre todo, en el sueno y en el "volver en si" tras el.

La propia recuperacion de la conciencia, en el despertar, se encuentra de tal manera vinculada a la esencial facticidad del yo que sin esta resulta incomprensible. Una solemne subjetividad trascendental y absolutamente constituyente --absuelta, pues, de todo condicionamiento heterogeneo de su propia actividad de constituir-- seria inmune a todas las peripecias que nos sobrevienen tanto al dormirnos como al despertamos. Una subjetividad sometida a las alternativas de sueno y vigilia no puede identificarse, en modo alguno, con una conciencia absoluta. Lo que en el sueno se interrumpe es la conciencia, no la subjetividad. Senal cierta de que la subjetividad no es conciencia: es el sujeto radicalmente aptitudinal de ella.

Es una subjetividad de esta indole la que puede constituir el portador de representaciones a las que corresponda o no una realidad representada. La condicion de posibilidad del innegable hecho de que nos vemos enganados por apariencias es una conciencia que no lo es ni de modo puro ni de manera absoluta. Ni al angel ni al bruto se les puede atribuir el honor y la carga de padecer apariencias: solo el hombre es un "animal fantastico", porque --en su unidad-- se abre en el una quiebra gnoseologica, una especie bifurcacion que le puede conducir a la verdad o al error, a la realidad o a la apariencia. Con la particularidad de que la disyuntiva no es aqui excluyente porque el error media necesariamente en el proceso de acercamiento a la verdad, y la realidad solo aparece nimbada por la apariencia.

Segun el paradigma de la verdad, adoptado por Millan-Puelles, el sujeto es siempre trascendente a su propia conciencia. La subjetividad dubitante proporciona otro testimonio a favor de este aserto. Tampoco la duda, ni la certeza de que se duda, son absolutas ni adecuadas. En primer lugar, porque duda y evidencia se limitan mutuamente (aspecto que no tiene en cuenta el paradigma de la certeza). Pero, sobre todo, porque el sujeto no consiste en la certeza que tiene de ambas. El insalvable resto de opacidad que la subjetividad opone a su reflexion es manifestacion de la propia condicion humana. Como somos seres naturalmente libres, como somos "cuasi-cosas" irreductibles a la reificacion, lo propio de nuestro conocimiento no es la claridad de la razon ilustrada ni la ceguera de la inteligencia computacional, sino la penumbra de una naturaleza intelectual ensombrecida, que conoce por medio de preguntas y distiende su indagacion a lo largo del tiempo.

La subjetividad tiene necesariamente un caracter "onto-logico": es capaz de aprehender realidades como tales y de reconocer e incluso forjar irrealidades. Justo por esa indole "onto-logica", la subjetividad puede detectar la inadecuacion de su propia conciencia y simultaneamente su referencia intencional a algo distinto de si y de sus propias determinaciones. Solo a una subjetividad "onto-logica" le cabe tomar algo aparente por real, y posteriormente rectificar esta apreciacion. La apariencia --tomada solo objetivamente-- es un neutrum de realidad e irrealidad. Ante ella, nuestra subjetividad es, hasta cierto punto, libre de tomarla por real o por irreal. En lo cual estriba la dimension volitiva presente en la genesis del error, estrechamente unida con el mismo juicio erroneo. El hombre es el unico ser que puede equivocarse y rectificar, que puede mentir y sincerarse, que --como decia Nietzsche-- "puede prometer" y cumplir o no sus compromisos.

El acto de trascendencia intencional deviene objeto por la reflexion. Unicamente en la reflexion se manifiesta la trascendencia intencional como condicion indispensable para la presencia tematica del objeto y la presencia meramente connotada de la subjetividad. Pero la discusion filosofica de la reflexion se ha visto historicamente viciada por una univocidad en la que vienen a coincidir --por senderos encontrados-- el idealismo de la subjetividad y el naturalismo de la conciencia. Millan-Puelles distingue, con extraordinaria agudeza, tres formas de la autopresencia subjetiva: La reflexividad meramente concomitante o consectaria, la reflexividad originaria y la reflexion tematica o representativa (5).

La obra de Millan Puelles, rigurosamente filosofica, esta penetrada de un inequivoco sentido cristiano. En su antropologia metafisica, la idea de hombre como una criatura --indispensable para superar el naturalismo-- es la inteleccion del ser humano como radicalmente referido a Dios. Mas alla de todo humanismo disminuido, y a la larga insostenible, Antonio Millan-Puelles manifiesta la fecundidad de un pensamiento estrictamente actual que reconoce la envergadura de una existencia autenticamente humana, es decir, digna de nuestra condicion de hijos de Dios.

(1.) A. MILLAN-PUELLES, Teoria del objeto puro. Madrid, Rialp, 1990, p. 18.

(2) Ibid., p. 126.

(3.) Ibid. P. 67.

(4.) A. MILLAN-PUELLES, La estructura de la subjetividad. Madrid, Rialp, 1967, p. 311.

(5.) Cfr. Ibid. pp. 332-350.

Alejandro Llano

Catedratico de Metafisica

Universidad de Navarra

31080 Pamplona-Espana

allano@unav.es
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Author:Llano Cifuentes, Alejandro
Publication:Anuario Filosofico
Date:Dec 1, 2006
Words:3554
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