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La novela de la tierra hispanoamericana.

Por su desmesura y contundencia, la naturaleza americana deslumbro a los primeros europeos que desembarcaron en Guanhani en 1492. Incluso sabemos que autores como German Arciniegas y Enrique Anderson Imbert consideran al Diario de Cristobal Colon como la primera obra de la literatura latinoamericana. En este Nuevo Mundo se volcaron todas las fantasias del hombre renacentista y llego a pensarse que America era el sitio esperado para fundar la utopia. Recordemos que la prodigalidad de nuestra tierra y la calidez de nuestro clima llevaron a Colon a pensar que, enfrente de las costas de Venezuela, se hallaba la entrada al paraiso terrenal.

Con el paso de los anos, misioneros y soldados, poetas, cuentistas y novelistas fueron descubriendo los distintos rostros de nuestra geografia y se ocuparon del llano y de la sierra, del mar y del desierto, del rio y del estero, del bosque y de la selva, de los lagos y los acantilados. En diferentes momentos, autores como los argentinos Erly Daniery e Iber Verdugo recogieron un sentir generalizado: como a la naturaleza americana le venia chica la palabra paisaje, habia que utilizar la expresion tierra, porque esta tiene resonancias indomitas que la alejan de la pasividad que revela la primera. Esta dicotomia se esgrimio durante muchos anos para distinguir la literatura iberoamericana de la europea, con excepcion, claro, de las letras rosas, con las que solia aceptarse afinidad.

En 1958, Gloria Giner de los Rios publico en la Imprenta Universitaria una vasta antologia titulada El paisaje de Hispanoamerica a traves de su literatura. Un amoroso y detenido escrutinio arrojaba estos datos: de la selva se ocuparon Juana de Ibarbouru, Jose Eustasio Rivera, Romulo Gallegos, Ciro Alegria, Manuel Galvez y Alfonso Reyes. De la pampa y el llano hablaron Enrique Amorim, Manuel Ugarte, Enrique Larreta, Jorge Isaacs, Rufino Blanco Fombona, Alcides Arguedas y Jesus Castellanos. Del yermo y las dunas se ocuparon Ezequiel Martinez Estrada y Francisco Coloane. De sierras, volcanes y montanas escribieron Ricardo Guiraldes, Mariano Latorre, Miguel Cane, Ruben Dario y Mariano Azuela. Los rios estan plasmados en las obras de Ezequiel Martinez Estrada, Rufino Blanco Fombona, Horacio Quiroga, Hugo Wast y Diomedes de Pereyra. Lagos y lagunas aparecen en los libros de Alcides Arguedas, Arturo Uslar Pietri y Jose Vasconcelos. Costas c islas resplandecen en obras de Jose Vasconcelos, Jesus Castellanos, Carlos Montenegro, Justo Sierra, Martin Luis Guzman, Gabriela Mistral y Leopoldo Lugones. Benjamin Subercaseux no dejo de celebrar parcela alguna de la geografia chilena y Pablo Neruda toco en el Canto general todos los rincones del continente.

La misma Gloria Giner de los Rios, al final de su documentadisimo libro, conociendo el caracter poco domestico de nuestras fuerzas teluricas, captaba momentos en que la naturaleza brama en forma de huracanes, aguaceros y terremotos.

Las lineas hasta aqui expuestas ofrecen una vision descriptiva, exteriorista y pasiva porque la naturaleza solo encuentra su sentido pleno cuando entra en contacto con los hombres y con los intereses de los hombres. Asi pues, avancemos un poco en esta breve reflexion.

En 1845, para analizar la realidad argentina, Domingo Faustino Sarmiento publico Facundo, que nacio motivado por una problematica muy local, la argentina, y sin embargo se amplio a nivel continental. Facundo afirmaba que la realidad se encontraba polarizada entre civilizacion y barbarie. La civilizacion encarnaba en los ejemplos de Europa y Estados Unidos, el progreso, la emigracion y la urbanizacion. La barbarie eran los negros y los habitantes autoctonos de America, con sus pampas, sus selvas y sus caserios provincianos.

En De la barbarie a la imaginacion (1976), Rafael Humberto Moreno-Duran demostro que la dicotomia civilizacion y barbarie fue fomentada por la burguesia positivista que veia en la civilizacion no solo un canal de progreso, sino un beneficio para ella. Cuando en 1900 Jose Enrique Rodo publica su Ariel, llega un nuevo malentendido que ahonda la division entre las dos opciones que no se comprendieron como fases distintas de un mismo proceso: la civilizacion desprendida del utilitarismo norteamericano, se dijo, carece de espiritualidad. En consecuencia, como una consecuencia mecanica, digamos, los elementos atribuidos a la barbarie resultaran de una enganosa nobleza.

Si textos como La voragine y Don Segundo Sombra son mucho mas que bucolismo y telurismo locales, obras como las de Roberto Arlt y Juan Carlos Onetti, pero sobre todo La region mas transparente (1958), de Carlos Fuentes, dan paso a las ciudades no tanto por hastio frente a las selvas y las pampas, sino porque la ruralia ya no era toda nuestra realidad. Es decir, la novelistica urbana expresa esa realidad a la que habian llegado los campesinos del interior para emplearse como obreros. Este fenomeno, que tan bien documentaron las obras de Jose Maria Arguedas y Jose Luis Gonzalez hizo nacer la novela urbana. Asi pues, los ambitos de la barbarie (la pampa, la selva) y de la civilizacion (la gran urbe) no son opciones que se plantearan los escritores, sino exigencias que la realidad les imponia.

Las estrellas del boom llegaron a mofarse de los novelistas salvajes y cometieron verdaderos excesos, como Guillermo Cabrera Infante que descalificaba la grande y dolorosa obra de Jose Maria Arguedas. Cuando en un concurso continental de novela El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegria, le gano a El pozo, de Juan Carlos Onetti, muchos lectores se escandalizaron y afirmaron que se habia premiado un anacronismo que fomentaba la imagen exotica que los europeos y los norteamericanos gustan de ver en la literatura hispanoamericana. Hoy sabemos que son igualmente importantes las dos novelas citadas, y a nadie escapa que libros como Cien anos de soledad o Los pasos perdidos son salvajes y modernos, utilizan elementos del mas acendrado telurismo y sus propuestas, su calidad y su tecnica las ponen al lado de los mas modernos logros novelisticos.

Mucho se ataco a la narrativa telurica y con esta actitud Luis Alberto Sanchez escribio un libro que le dio fama y problemas: America, novela sin novelistas. Este libro, que apareciera originalmente en la decada de los treinta, en su segunda edicion, publicada por Ercilla en Santiago de Chile, insistia en cl prologo: "Nosotros, los indoamericanos, los americanos en general, somos todavia un continente, o dos continentes, demasiado sometidos al ambiente".

En 1949, Maria de los Angeles Mendieta publico El paisaje en la novela de America, otro libro amoroso que veia a la naturaleza como personaje que contribuye a la creacion de un panteismo sobrecogedor y destacaba que el hombre llega a consustanciarse con el paisaje y en el proyecta sus emociones. Ademas, tuvo el acierto de rescatar un elemento que por obvio se habia dejado de lado: si consideramos que la naturaleza es uno de los elementos que forjan el caracter de los hombres, no hay razon para regatear su importancia en las manifestaciones artisticas.

En la decada de los sesenta, la avalancha del boom vino a glorificar los experimentos formales y la narrativa urbana cosmopolita. La prosa regional y telurica dejo de ser moderna y su abundancia, hay que aceptarlo, produjo cierto hastio. Mario Vargas Llosa, mientras escribia en Paris su novela La casa verde, leyo cuanto libro selvatico estuvo a su mano y el recuerdo que guarda de aquellas lecturas en las que esperaba conocer el mundo que necesitaba mombrar en su novela amazonica, no es nada halagueno: lo que encontro fueron mentiras y pintoresquismo, descripciones aburridas y falsas aventuras.

Una de las mas fuertes ramas de la narrativa telurica fue precisamente la novela de la selva, la recreacion del infierno verde que se instauro como una tradicion a partir de 1924, cuando Jose Eustasio Rivera publico La voragine. En esta tradicion pueden insertarse Maria, de Jorge Isaacs, Cumanda, de Juan Leon Mera, algunos cuentos de Ventura Garcia Calderon, los Cuentos de la selva de Horacio Quiroga, Toa, de Cesar Uribe Piedrahita, Canaima, de Romulo Gallegos, La serpiente de oro, de Ciro Alegria y Llanura soledad y viento, de Manuel Gonzalez Martinez, entre otras.

No cabe duda que la realidad tiene un papel fundamental en la determinacion de los temas que se imponen a los escritores. Asi la sociedad preindustrial y rural permitio el auge del nativismo y el costumbrismo, que la industrializacion y el crecimiento de las ciudades impusieron trabajos cosmopolitas centrados en los problemas del hombre de las grandes urbes. Sin embargo, en los ultimos anos, si escuchamos las propuestas de autores como el chileno Luis Sepulveda, el brasileno Marcio Souza o el mexicano Leonardo da Jandra, tal parece que hay una vuelta a la naturaleza. Incluso escritores espanoles como Juan Madrid y Fernando Diaz Plaja estan realizando su propio viaje al Amazonas. Lo que hace un siglo fue el infierno verde, hoy parece el paraiso perdido y todo se encuentra en un contexto mas complejo. Si Manuel Garrido, en Estar de mas en el globo sostiene que nuestro planeta es una especie de Titanic que ya hace agua por la contaminacion, la explosion demografica y el consumismo, Fernando Ainsa ha levantado la voz y en La reconstruccion de la utopia afirma que es posible, con una vision etica y moderna, reconstruir un mundo habitable.
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Title Annotation:breve analisis de la novela latinoamericana
Author:Torres, Vicente Francisco
Publication:Siempre!
Date:Nov 7, 2004
Words:1660
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