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La naturaleza juridica de la obra religiosa con dimension historico-artistica y su incidencia en el ordenamiento.

Resumen: La generalizacion del consumismo cultural, sintoma de la progresiva decadencia de la formacion e instruccion de las personas, ha llevado a buena parte de la doctrina juridica a primar una pretendida dimension <<cultural>> de la obra religiosa de arte sobre su esencia religiosa. En esta tesitura, se analiza, desde una metodologia y perspectiva historico-juridica, normativa y jurisprudencial la naturaleza juridica de la obra de arte religiosa. Los pilares sobre los que se articula este estudio son la intencionalidad y derechos del autor de la obra, la voluntad o voluntades productoras del negocio juridico que da origen a la obra y la percepcion social de la produccion artistica a lo largo de los siglos. Al margen de cuestiones en torno al derecho de propiedad sobre ellas o a la jerarquizacion o preeminencia de criterios en su utilizacion actual, esta reflexion busca determinar los constitutivos juridicos esenciales de la obra de arte religiosa.

Palabras clave: Arte religioso, Propiedad intelectual, Negocio juridico.

Abstract: The spread of cultural consumption, which may be symptomatic of a gradual and general decline in education standards, has prompted much of legal thinking to privilege the <<cultural>> dimension of religious art over its religious dimension as such. Given this context, the legal nature of religious artworks is explored here using the methodology of a historical-legal, regulatory and jurisprudential perspective. This paper is famed by issues of intentionality and author copyright, the productive will(s) enacted in the legal transaction underlying a given artwork's creation, as well as the social perception of artistic production in different historical periods. in addition to concerns relating to property rights and the ranking or prioritization of criteria as regards current use(s), the purpose of this paper is to establish the essential legal elements of religious artworks as such.

Keywords: Religious art, intellectual property, legal transaction.

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The legal nature of religious art of histofical and/or aesthetic value and its impact on legislotion

<<Un Crucifijo romanico no fue antes que nada una esadtura, la Madonna de CimabueI no era en principio un cuadro, la Atenea de Fidias no fue en principio una estatua>>

(Andre Malraux)

L a problematica que se aborda en este estudio viene suscitada por una pregunta que con cierta frecuencia surge, tanto espontanea o informalmente como desde el supuesto rigor de las variadas actividades universitarias o publicisticas, en los medios academicos en que desarrollo mi actividad docente: ante una obra arquitectonica, escultorica, pictorica o de orfebreria de caracter religioso, pero que por su antiguedad o belleza es considerada como historica o artistica, ?que ha de prevalecer social y juridicamente su dimension religiosa o su connotacion <<cultural>> (2), en cuanto realidad historica o artistica? Cuestion que, en los ultimos anos, ha generado abundante bibliografia tanto en el foro academico y juridico espanol como europeo (3).

1. INTRODUCCION

Dada la actual movilidad y fluidez de los entornos o marcos religiosos y culturales, cada vez es mayor el numero de personas concernidas por lo que acontece en torno a espacios y objetos religiosos. Si bien es verdad que, dadas las necesidades y exigencias de la mera conservacion de tan rico patrimonio religioso, las autoridades publicas estan llamadas a desempenar una funcion importante en este proceso, no lo es menos que en lo que podriamos denominar politica historico-patrimonial tambien ha de tenerse presente el gran numero de personas que progresivamente se ven implicadas o concernidas por muebles o inmuebles de caracter sacro, desde el creyente que vive y manifiesta su fe en y a traves de estos bienes hasta el grupo de alumnos que visitan un santuario romanico en una jornada academica, pasando por el turista curioso o por el que busca el pacifico retiro y acogida de una pequena Iglesia en pleno campo o bien el que diariamente reserva un pequeno hueco de su jornada para el breve reposo espiritual en una centrica Iglesia de ciudad. El status de los bienes y edificios religiosos en la sociedad actual se ha tornado tan complejo que la gran diversidad de puntos de vista desde los que se aborda su tratamiento puede acabar, como no hace mucho advertia el Profesor Joncheray, manipulando y vaciando de sentido un patrimonio secular que, sin duda alguna, es irrenunciable sena de identidad de la civilizacion occidental (4).

1.1. Una matizacion conceptual

Dentro de la indeterminada equivocidad del termino -cultura,, cabe, sin embargo, recordar una interesante circunstancia en torno a lo que podriamos considerar origen remoto del concepto <<cultura,,, aun cuando su concrecion terminologica fuese bastante posterior (5). Si, a pesar de su equivocidad significativa, asumieramos la <<cultura>> como un saber de <<segundo grado,,; es decir, como saber y tendencia o deseo que tienen como objeto no la realidad, sea fisica o ideal, y ni siquiera el propio sujeto personal, sino el conocimiento en si mismo siempre, por supuesto, referido al pasado y nunca al futuro, se podria ofrecer como fecha que datara el inicio de la <<cultura>> el 14 de enero de 1506. Dia en que durante la excavacion de los cimientos de una casa en el Colle Oppio fue hallado un conjunto escultorico clasico, hecho bastante habitual en la epoca y en el subsuelo romano. Lo que convierte en especiales hallazgo y escultura es el comentario que sobre ella realizo Giuliano da Sangallo, arquitecto papal, nada mas verla: ,Questo e il Laoconte di cui fa menzione Plinio>>.

Al valor intrinseco de la obra, debido a su antiguedad y factura, se anadia el juicio directo sobre la misma emitido por un autor tan prestigioso como Plinio y un texto de tanta autoridad como su Naturalis Historia. Fue precisamente aquella valoracion historico-critica la que hizo del Laoconte un modelo de perfeccion escultorica y una obra maestra. Es muy significativo que anos despues, Giorgio Vasari que en su Vite de'piu eccellenti architetti, pittori e scuhori italiani supeditaba el disfrute de la obra de arte al conocimiento de su autor y de las circunstancias historica de su creacion, hiciese coincidir aquel descubrimiento arqueologico con el inicio de un nuevo modo de acercarse a la obra de arte que, entre los contemporaneos de Vasari, comenzo a considerarse y calificarse como la forma moderna de contemplar y acercarse al arte (6).

Edificios, tallas, pinturas, piezas de orfebreria que en sus origenes y durante mucho siglos fueron unica y exclusivamente, pues para ello habian sido construidos o creados, objetos de culto, devocion o identidad religiosa han pasado, sobre todo a partir de las primeras decadas del siglo XX, a ser considerados tambien como obras de arte, como elementos integrantes de los de distintas formas denominados Patrimonios Artisticos, Historicos o Culturales. Nada, en principio, cabe objetar a tendencia de estas caracteristicas que dora a la obra religiosa de un a todas luces positivo valor cultural. El problema se plantea en aquellos supuestos en que, de algun modo, se hipertrofia aquella haciendo prevalecer el sobrevenido valor <<cultural>> sobre su inicial caracter, dimension y sentido religiosos, hasta el extremo que no faltan autores que, al referirse a las obras religiosas con valor artistico, hablan de su <<dimension cultual y religiosa como algo "anadido" a su valor culturales(!?). Hipertrofia que, de forma relevante, se manifiesta en la inversion significativa llevada adelante por algunos, como acabamos de senalar, en el lenguaje actual al referirse a la <<dimension religiosa>> de la obra de arte, cuando una somera mirada al conjunto del Patrimonio Historico Artistico tanto en Espana como en Europa demuestra la prevalencia absoluta del de <<naturaleza religiosa>> sobre cualquier otro (7).

Esta es la encrucijada desde la que hilvanamos nuestra reflexion. Y lo vamos a hacer, fieles a la hermeneutica juridica, intentando un acercamiento a la naturaleza de la obra religiosa, en el sentido mas amplio y comprensivo que hoy se pueda dar a creaciones de esta clase, desde la arquitectura hasta las mas delicadas miniaturas. Si hace un momento nos preguntabamos si en la obra religiosa ha de prevalecer su caracter cultural sobre su dimension religiosa, cabe ahora senalar que la posible respuesta viene necesariamente determinada por otra pregunta, que afecta mas radicalmente al ser de la obra de arte religiosa: <<?forma parte "determinante" de la naturaleza juridica de una obra de arte religiosa su dimension religiosa, precisamente en cuanto religiosa?>>.

1.2. Contexto y contenido

Al margen y mas alla de otras cuestiones debatidas hoy en sede juridica, el hilvan y objeto orientadores de este analisis se contraen y limitan al contenido del referido interrogante. No vamos, pues, a prestar atencion a la variedad de cuestiones relacionadas con la propiedad de los bienes religiosos de titularidad eclesiastica reconocidos, a su vez, como de interes cultural. Desde una perspectiva exclusivamente metodologica, consideramos un craso error mezclar lo referido a la propiedad de los bienes religiosos de caracter historico-artistico con lo que afecta a su naturaleza juridica. A cualquier observador con un minimo sentido juridico no se le escapa la escasa incidencia que la cuestion de la propiedad actual de esos bienes tiene en la determinacion de la naturaleza juridica de los mismos: un Rosario cuyas cuentas en oro sean obra de un orfebre del Barroco sera siempre un objeto devocional religioso con valor artistico mas alla de que su actual propietario sea una persona privada que ni siquiera sea creyente o un ente publico (8). Ni entraremos en la sugerente problematica que, a este respecto, plantea la confusa y mediocre, en cuanto a finura juridica se refiere, Ley de Patrimonio Historico Espanol, de 25 de junio de 1985 (9). Ley que poco o nada aporta, desde una perspectiva estrictamente juridica, a la determinacion de la naturaleza de la obra de arte religiosa.

Es sintoma inequivoco de la constante imprecision en que se desenvuelve esta ley el propio parrafo segundo de su articulo primero donde ofrece una mera descripcion generica, que poco aporta a la precision juridica, de lo que se ha de entender por Patrimonio Historico:

<<Integran el Patrimonio Historico Espanol los inmuebles y objetos muebles de interes artistico, historico, paleontologico, arqueologico, etnografico, cientifico o tecnico. Tambien forman parte del mismo el patrimonio documental y bibliografico, los yacimientos y zonas arqueologicas, asi como los sitios naturales, jardines y parques, que tengan valor artistico, historico o antropologico>>.

La propia norma, en el parrafo 3 del mismo articulo, reserva la cualificacion de culturales para aquellos bienes mas relevantes del Patrimonio Historico Espanol que <<deberan ser inventariados o declarados de interes cultural en los terminos previstos en esta Leyo>>. A su vez, el articulo 9 de la propia ley establece en su parrafo 1 que <<gozaran de singular proteccion y tutela los bienes integrantes del Patrimonio Historico Espanol declarados de interes cultural por ministerio de esta Ley o mediante Real Decreto de forma individualizada>>. Lo unico, pues, que queda claro, segun la literalidad de la Ley 16/1985, de 25 de junio, es que la asi denominada <<dimension cultural,, de la obra historica o artistica es un simple formalismo sobreanadido al objeto o edificio artistico y que en nada afecta sustancial y esencialmente a su naturaleza juridica. En sana metodologia juridica y atendiendo al conjunto del articulado de esta ley habria que situarla con mas razon y sentido en el ambito del derecho mercantil que en el de la proteccion, garantia y respeto de la historia. Cuestion distinta es que, por mor de la norma, haya de admitirse que nos hallamos ante una especie de <<patrimonio vinculado>> en razon de la cualificacion de historico, artistico o cultural que le confiere la ley. No es, pues, de extranar que en el parrafo 3 de su articulo 28 se establezca un interesante limite, sobre todo por su radicacion historica, al modo de adquirir la propiedad sobre ellos: <<Los bienes a que se refiere este articulo seran imprescriptibles>; limitacion ya presente en el derecho romano con relacion a los bienes religiosos o de caracter publico: <<Usucapionem recipiunt maxime res corporales, exceptis rebus sacris, sanctis, publicis populi Romani, et civitatium, item liberis hominibus>> (10).

Intentamos, pues, en este estudio, por encima de cualquier portazgo ideologico o politico, plantear la relacion <<obra de arte-dimension religiosa>> desde una frontera estrictamente juridica: precisamente por ello, hemos acudido a un modelo o parametro del bimilenario sistema juridico romano y, a partir de ahi, analizaremos la realidad de la obra artistica desde la perspectiva de su autor y de la relacion juridica que se establece entre la obra religiosa con valor o proyeccion artistica y el entorno personal y social en que nace y se origina. La perspectiva metodologica desde la que abordamos este estudio no es una perspectiva primaria y directamente normativa: abundan en este sentido los trabajos que han abordado el sentido y papel de la dimension historica, artistica o <<cultural>> (?) de la obra religiosa segun la legislacion vigente. Intentare, por el contrario, interrogar a la propia obra de arte por su naturaleza juridica; o, dicho de otro modo, mas que interesarme por lo que una determinada norma pueda establecer en un momento concreto sobre el destino o finalidad de tal o cual obra, buscare, logicamente desde parametros juridicos, lo que la propia obra de arte dice de si misma, de su ser, de sus constitutivos juridicos, pues de lo que de ella digan o establezcan normas ajenas a su ser, aunque vengan impuestas por la coactividad del aparato estatal o internacional, siempre sera irrelevante para el jurista aunque se revistan con el oropel de coyunturales gobernantes o advenedizos leguleyos.

2. LA OBRA RELIGIOSA Y SU NATURALEZAJURIDICA EN EL DERECHO ROMANO

Aunque en principio no lo parezca, preguntarse por la naturaleza juridica de una realidad religiosa o de un objeto de veneracion y de culto no es algo nuevo en el ambito de la ciencia juridica: de hecho, fue uno de los grandes caballos de batalla/reflexion de los juristas romanos clasicos asi como de los romanistas modernos (11). Para encuadrar adecuadamente estas paginas, se ha de tener en cuenta un hecho importante e indiscutible: en todos los pueblos antiguos, y de manera especial en Roma, derecho y religion formaban, sobre todo en sus origenes, un todo materialmente sin escision alguna, aunque formalmente diferenciable, e intimamente relacionado (12). La esfera juridica y la esfera religiosa rotan en el interior y vitalizan a la mas amplia esfera de la sociedad que al tiempo que vive de la interaccion de aquellas, las integra, coordina y da sentido. O dicho de otro modo: en la interrelacion <<divino/humano>> o fas/nefas se manifestaba, y al mismo tiempo se sintetizaba, la mas antigua y primigenia concepcion del mundo por parte de los romanos (13).

2.1. Religion, sociedad y derecho: las <<res divini iuris>>

En toda la Antiguedad clasica, de forma especial en Roma sobre todo por lo que afecta a nuestra tradicion juridica, a todo lo referido con la Religion se le reconoce, por esencia, una dimension radicalmente publica. La Religion y sus espacios o formas concretas siempre se <<constituyen>> y <<contemplan>>, en los distintos ambitos sociales, desde el derecho publico, por ser considerados y vividos como <<punto de encuentro y convergencia entre el cielo y la tierra, de la comunidad con los dioses; una plasmacion fisica del pacto reciproco entre ciudadanos y dioses>> (14). Espacios publicos o lugares sagrados que no se restringen a los templos, sino que comprenden edificios o sitios en cuyo interior encontramos edificaciones u objetos revestidos, a su vez, de caracter religioso, desde porticos o capillas hasta columnas votivas, estatuas, asientos (sedes) o altares; asi como espacios culturales: bosques, montes, fuentes, grutas, manantiales, etc. (15) De modo semejante, tambien en Grecia encontramos una situacion similar a la descrita (16). Sin embargo, y para situar adecuadamente las coordenadas interpretativas de la mayor parte de las referencias a los derechos historicos y de forma especial a todo lo relacionado con el Derecho Romano, hemos de tener siempre presente, en orden a evitar danosos anacronismos, que, a veces, la sistematizacion de no pocas instituciones juridicas romanas se ha visto afectada por las propias necesidades u opciones metodologicas de compiladores e interpretes, a pesar de la brillantez y exquisita preparacion de que unos y otros podian hacer gala (17).

Por ello no es posible comprender la importancia que la categoria juridica res divini iuris tuvo en el derecho romano, si se prescinde de la referida relacion existente entre derecho y religion. Los romanos, tanto en su vida publica como en sus relaciones privadas, siempre y en toda ocasion buscaron mantener escrupulosamente la paz y las buenas relaciones con los dioses. En todas sus acciones y empresas procuraban, sobre todo, no <<irritar>> por ningun motivo a divinidad alguna, fuese mayor o menor, importante o no, bien de su propio panteon, ya de las que conformaban el patrimonio religioso de los pueblos con que se relacionaban o conquistaron (18). Dadas las creencias y la clase de sociedad en que vivian los romanos, se puede perfectamente afirmar que <<cualquier obligacion normativa de la conducta y toda manifestacion del sentimiento juridico encuentran forma y contenidos concretos en preceptos de caracter religioso. Las primeras cristalizaciones consuetudinarias del sentimiento juridico, cuando surge la nocion de norma, se actuan en preceptos que la conciencia popular considera intuitivamente conformes con la voluntad divina>> (19). Ya en el siglo XIX, Auguste Bouche-Leclerq ponia de relieve esta peculiaridad del derecho romano, sintetizando competencias y prerrogativas de los sacerdotes en la Roma primitiva:

<<Separar con caracteristicas bien definidas lo que pertenece a los hombres de lo que es propio de los Dioses; distinguir con un analisis lo mas minucioso posible las distintas formas de propiedad divina; fijar y determinar todo esto a base de definiciones y ejemplos>> (20).

La naturaleza juridica de las res divini iuris, en cuanto determinante de una especie o clase de res que no estaban sujetas a la libre disposicion de los privados, nos obliga a hacer una breve referencia al contenido de una de las distinciones mas importantes del derecho romano (21). Nos referimos al binomio ius divinumius humanum (22). En su origen, la distincion entre divino y humano no connotaba referencia alguna a la fuente normativa de la que uno y otro procedian, sino que mas bien hacia relacion al objeto o contenido que implicaba o sobre el que versaba la norma. De este modo, el ius divinum comprenderia el conjunto de normas que regulaban y ordenaban las res que pertenecen a la esfera de lo divino, comprendiendo, por el contrario, el ius humanum el complejo normativo que regulaba materias que no se referian directamente al ambito religioso (23). Solo en un segundo momento, iza divinum adquirio un sentido teocratico frente a la significacion especificamente laica del iza humanum, como refiere, por ejemplo, Ciceron (24), aunque haya que esperar, sorprendentemente, a S. Isidoro de Sevilla para que la acepcion teocratica de ius divinum, o ley divina identificada con lo justo (fas), y la laica de ius humanum, identificada con las costumbres de los hombres (25), oscurecieran definitivamente aquella que inicialmente tuviera entre los juristas romanos.

Para el jurista romano, la expresion "res divini iuris designaba uno de los dos extremos fundamentales de la summa divisio rerum: o dicho de otro modo, la distincion de las res en divini y humani iuris fue el medio ideal utilizado por los romanos para mostrar y sintetizar en una vision global toda la realidad juridica. Ahora bien, si atendemos a las fuentes del derecho romano, podremos observar que las res divini iuris aparecen siempre dotadas de una preeminencia especial sobre las que no pertenecen a esta categoria; asi, por ejemplo, todo lo que tiene relacion directa con las res divini iuris siempre aparece enumerado en primer lugar en la jerarquia de fuentes manejada por los juristas romanos. Y no se trataba de una cuestion relacionada con la mera supersticion o el simple respeto protocolario a una realidad sobrenatural, sino que, por el contrario, era logica consecuencia de la mayor importancia social y juridica que se les reconocia en relacion con cualquier otra cuestion de la vida romana: por esta razon, las resdivini iuris figuraban siempre las primeras en el orden de los asuntos que el consul podia presentar ante el Senado (26).

La mas sentida aspiracion de los romanos era ser verdaderamente doctos en las res divinae y en el ius divinum. Los ejemplos que nos ofrecen las fuentes literarias son numerosisimos. Podemos destacar, al respecto, la alabanza que Tito Livio hace de Numa Pompilio: <<Inclita iustitia religioque ea tempestate Numae Pompili erat. Curibus Sabinis habitabat consultissimus vir, ut in illa quisquam esse aetate poterat, omnis divini atque humani iuris>> (27). O la gran estima que Justino (28) manifiesta por Jose, el hijo de Jacob en su epopeya egipcia, puesto que <<prodigiorum sagacissimus erat et somniorum primus intelligentiam condidit, nihilque divini iuris humanique ei incognitum videbatur>> (29). Otro tanto puede de cirse del gran elogio que Aulio Gelio dedica al ateniense Dracon (30) por considerarle <<iuris divini et humani peritus>> (31). Actitudes mas que logicas si tenemos en cuenta que, para los romanos, la jurisprudencia no era otra cosa que el perfecto conocimiento <<divinarum humanarumque rerum>> (32). Conceptualizacion que no era otra cosa que consecuencia o concrecion de la propia concepcion del mundo que tenian los romanos y que, como ya hemos senalado, se articulaba en torno a y desde la aporia divino/humano. Otro tanto cabe decir de la summa divisio refuto de la jurisprudencia romana (33) e incluso de la estructuracion o division que M. Terencio Varron realiza en sus Antiquitates entre <<humanas>> y <<divinas>> (34).

2.2. Sobre la naturaleza juridica de las <<res divini iuris>>

?Que eran, pues, para los romanos las res divini iuris? Es decir, ?en que consistia la naturaleza juridica de las res divini iuris? La situacion juridica que determina el caracter propio de la res divini iuris no es, a pesar de que con frecuencia se incide en esta clase de equivoco, su no comerciabilidad (res extra commercium), que en realidad no constituiria mas que una cualidad secundaria, derivada, de las mismas, sino el hecho positivo de ser o bien ressacrae, o sanctae o religiosae. Eran, por el contrario, la sacralidad, la santidad y la religiosidad lo que determinaba el regimen juridico de su no comerciabilidad y no a la inversa. En la sociedad grecorromana la sacralidad o dimension sagrada constituia fundamento tan fuerte y radical en la identificacion social y juridica de edificios, estatuas y lugares que el propio Tertuliano se vio obligado no solo a prevenir a los cristianos respecto a esta <<sacralidad pagana>>, sino que el mismo se impuso la obligacion de utilizar en sus escritos terminos distintos a los usados por griegos y romanos para referirse a Dios, al culto y a los objetos de culto cristiano, como puede comprobarse a lo largo de sus obras Ad Nationes, Apologeticum, De Idolatria. Para este gran apologeta, la sacralidad tradicional, es decir, lo que conlleva y comporta la religion de los antiguos: sus dioses, estatuas, templos, ceremonias y fiestas, asi como todo aquello que directa o indirectamente afecta a su vida social, por ejemplo juegos o espectaculos, deben ser consideradas practicas <<idolatricas>>. Lo que, por otra parte, prueba y pone de relieve el profundo caracter religioso-sacro que estas practicas y costumbres tenian entre griegos y romanos, pues si no hubiese sido asi, de ningun modo Tertuliano los hubiera calificado de idolatricos.

Mas, si analizaramos atentamente las fuentes del derecho romano, sin duda alguna nos encontrariamos con que solo las res divini iuris son descritas o definidas de forma positiva como <<aquellas que son propias del derecho divino>>, mientras que las res humani iuris lo son por la negatividad de no ser divini iuris. La res divini iuris, pues, se constituye en el derecho romano como analogatum princeps del propio concepto juridico de res. En consecuencia, la traduccion exacta de res divini iuris no es, como se suele creer con frecuencia, la de <<cosas que por derecho divino se sustraen al comercio y al patrimonio personal>>, sino que debe ser <<cosas de derecho divino>> o <<del derecho divino>>. Dado, pues, que el ius divinum no es mas que el sistema de normas que se refieren a las res divinae, nuestra atencion, en esta sede, ha de desplazarse del sistema normativo que conforma el ius divinum a la comprension del caracter intrinseco o naturaleza de la res divini iuris o res divina como, con frecuencia, tambien aparecen denominadas en las fuentes (35).

Se trata, pues, en este momento de determinar y precisar la naturaleza juridica del concepto res divina asi como su significado y consecuencias en el ambito del ordenamiento romano. A dos se pueden reducir las corrientes doctrinales mas importantes a la hora de definir y explicar este concepto (36). Para unos, el concepto res divina o res divinae tiene un contenido y sentido radicalmente positivos, ya se entienda por tal <<todo aquello que pertenece a una divinidad determinada>>, o bien <<todo lo que>>, aun no perteneciendo a divinidad alguna, <<ha sido dedicado a cualquiera de ellas>>, adquiriendo en ambos casos el caracter de res nullius in bonis. Un segundo grupo de autores considera que el topos res divinae o res divini iuris no va mas alla de ser un concepto meramente negativo, comprensivo de una esfera extrana al mundo del derecho, cuya intervencion o referencia respecto a ellas seria meramente negativa y se limitaria a sancionar que aquellas son, desde la perspectiva del ordenamiento, res extra commercium: fuera del alcance de los hombres.

Sin embargo, esta concepcion negativa no se compadece en absoluto con el contenido de las fuentes que, incluso en epoca tardia cuando ya se aceptaba sin problema alguno tanto por la doctrina como en la practica la oposicion entre derecho teocratico y derecho laico, presentan un complejo y minucioso entramado normativo relativo a las res divinae. Mas, en el ordenamiento romano, las res divinae gozaban de una doble proteccion: juridica y religiosa; mientras que las res humani iuris solo estaban protegidas juridicamente (37).

Ahora bien, desde un analisis en que se tenga en cuenta la totalidad de las fuentes juridicas y doctrinales del derecho romano, cabe afirmar que ambas corrientes doctrinales inciden en el mismo equivoco: el de intentar una explicacion de la naturaleza de las res divinae considerando su cualidad de divinae como algo accidental, derivado, superpuesto, en lugar de valorarla como una caracteristica originaria. No es, pues, el regimen juridico el que condiciona la naturaleza juridica de la res divina, sino que es la naturaleza juridica de la cosa la que determina el regimen juridico a que ha de adecuarse o someterse. Para los Romanos antiguos las res divinae no eran propiedad de nadie, ni siquiera de los dioses, <<simplemente eran asi: sagradas, santas o religiosas>>. Solo cuando posteriormente, desde los romanos clasicos modernos hasta nuestros dias, el horror al vacio provocado por la ausencia de relacion cosa-propietario se impuso en la evolucion y desarrollo de los ordenamientos, aparece la nocion de la propiedad divina sobre las denominadas res divinae, aun cuando ni social, ni juridica, ni religiosamente incluso la propia consecratio connotaba, como tal, relacion alguna a la posible propiedad de los dioses sobre el bien o los bienes consagrados.

De lo que no cabe, pues, la menor duda es del hecho de que para todas y cada una de las distintas teorias, explicaciones y corrientes que pretenden y han intentado descubrir y analizar la naturaleza juridica de las res divinae o divini iuris constituye evidencia asumida e indiscutible la fundamental incidencia de su dimension religiosa como constitutivo juridico esencial de todo aquello, bienes muebles o inmuebles, naturales o fabricados por mano humana, que directa o indirectamente se relaciona con la vivencia religiosa de personas, comunidades o sociedades (38). Tanto desde la tecnica juridica romanistica como desde el propio contenido material de las normas de derecho romano, resulta evidente <<que la dimension religiosa trasciende, fundamenta y conforma la naturaleza juridica del bien santo, sacro o religioso>>. Puede, incluso, darse un paso mas, si se tiene en cuenta que la dimension religiosa de la res no solo integra su dimension juridica, sino que la constituye y conforma sustancialmente marcando, ademas, su exclusividad ante el ordenamiento y en el ambito de las relaciones juridicas. Exclusividad juridica determinada por su <<teleologicidad religiosa>> que ha sido tanto, en el derecho romano como en los derechos historicos nacionales hasta bien entrado el siglo XX, una constante que ha trascendido y condicionado a lo largo de siglos el lugar que en las distintas sociedades han ocupado las obras de caracter religioso, al margen de su cualificacion o valor artistico.

3. RELIGIOSIDAD Y JURIDICIDAD DE LA CREACION ARTISTICA

Segun la opcion metodologica asumida en este estudio, nos planteamos a continuacion explicar la incidencia de la dimension y finalidad religiosas en la calificacion y naturaleza juridica de la obra de arte en su doble dimension social: en cuanto bien religioso y como objeto al que, <<posterior y extrinsecamente>>, se ha dado en calificar como <<cultural>>. El contexto o marco desde el que abordaremos esta parte de nuestra reflexion es el de la incidencia o razon juridica que la finalidad e intencionalidad religiosas del creador artistico tienen en la conformacion de la naturaleza juridica de la obra de arte. Y lo haremos a partir del nexo juridico que el propio ordenamiento reconoce como necesario entre el autor, en cuanto creador intelectual, y la obra por el creada. Como nuestro interes se centra en la naturaleza juridica de la obra religiosa, sea arquitectonica, escultorica, pictorica o de orfebreria, etc., articulamos nuestra argumentacion a partir del hecho innegable de que todas las obras de arte de caracter religioso que forman parte, en la actualidad, del Patrimonio Historico, Artistico y Cultural de Espana fueron concebidas por sus autores como obras religiosas dirigidas primaria y directamente al culto o al fomento y satisfaccion de la devocion personal, tanto en su vertiente publica como privada (39). Sin olvidar, por su puesto, tantos casos atestiguados por la historia en que la creacion plastica de caracter religioso era fruto de la propia fe, devocion o religiosidad del artista que realizaba su obra con el unico objetivo de expresar sus creencias del modo y por el medio en que mejor sabia hacerlo, mas alla, e incluso al margen, de los posibles beneficios que el trabajo pudiese reportarle.

3.1. El marco normativo

El Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, aprobada por Ley 22/1987, de 11 de noviembre, garantiza, por principio, el derecho del autor, basandolo en el hecho de su creacion, sobre cualquier obra fruto intelectual de su capacidad, conocimiento o habilidades: <<La propiedad intelectual de una obra literaria, artistica o cientifica corresponde al autor por el solo hecho de su creacion>> (Art. 1). Al determinar, en su Articulo 2, el contenido de este derecho, la misma norma especifica que la propiedad intelectual <<esta integrada por derechos de caracter personal y patrimonial, que atribuyen al autor la plena disposicion y el derecho exclusivo a la explotacion de la obra>>. Y todo ello sin mas limitaciones que las que explicitamente se establezcan por la ley. La misma norma, en su Articulo 10, determina que son objeto de propiedad intelectual <<todas las creaciones originales literarias, artisticas o cientificas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro>>. En la enumeracion, a nuestro entender meramente indicativa y no exclusiva, que la propia norma realiza sobre las creaciones objeto de la propiedad intelectual senala <<las esculturas y las obras de pintura, dibujo, grabado, litografia ... asi como sus ensayos o bocetos y las demas obras plasticas, sean o no aplicadas>> (40).

Como derivacion o consecuencia de los derechos de caracter personal, que segun el ya referido Articulo 2 constituyen parte del contenido del derecho de propiedad intelectual, en el Articulo 14 se regula el contenido y caracteristicas del derecho moral del autor sobre su obra, calificando a los derechos derivados de o conexos con ese denominado derecho moral de <<inalienables>> y anadiendo, con una notoria falta de rigor juridico y sistematico, el epiteto de <<irrenunciables>>. Al margen de esa senalada carencia sistematica cuya demostracion nos alejaria del objeto principal de estas paginas, nos interesa hacer notar lo establecido en el apartado 4 del mencionado Articulo 14 como <<derecho irrenunciable e inalienable>> del autor y que no es otro que el de <<exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformacion, modificacion, alteracion o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legitimos intereses o menoscabo a su reputacion>>. La ley considera de tal importancia, intensidad y trascendencia juridica y personal los derechos enumerados en este apartado que preve una proyeccion social y juridica de los mismos indefinidas en el tiempo, al determinar que, una vez fallecido el autor, el ejercicio de los derechos mencionados en este apartado 4 <<corresponde, sin limite de tiempo, a la persona natural o juridica a la que el autor se lo haya confiado expresamente por disposicion de ultima voluntad>> (Art. 15, 1); recayendo este mismo derecho en sus legitimos herederos caso de que el difunto no hubiese expresado su voluntad explicita al respecto. Concede la ley tal importancia a los mismos que, caso de que no se dieran las previsiones del parrafo 1 del Articulo 15, al no existir ni herederos ni persona designada, en conformidad con lo dispuesto por el Convenio de Berna, es el Estado quien sustituye como legitimario mortis causa en orden a hacer valer los derechos del artista difunto:

<<Siempre que no existan las personas mencionadas en el articulo anterior, o se ignore su paradero, el Estado, las Comunidades Autonomas, las Corporaciones locales y las instituciones publicas de caracter cultural estaran legitimados para ejercer los derechos previstos en el mismo>> (Art. 16) (41).

Proteccion del derecho de autor que sobrepasa los limites geograficos y juridicos del ordenamiento espanol, al ser urgido por normas o compromiso de derecho internacional que, a su vez, han influido en el propio derecho interno del Estado. Es el caso de la Convencion de Roma, de 2 de junio de 1928, cuando declara que con independencia de los derechos patrimoniales de todo autor y aun despues de la cesion de estos derechos, este conserva la facultad de reivindicar la paternidad de sus producciones artisticas, asi como el derecho y facultad de oponerse a toda deformacion, mutilacion o cualquier otra modificacion de las obras que creo y que fuesen perjudiciales a su honor o a su reputacion como artista. Ya con anterioridad a la Convencion de Roma, el Articulo 6 bis del Convenio de Berna, de 9 de setiembre de 1886, mediante el que se creo la Union para la proteccion de las obras literarias y artisticas, conformaba juridicamente el derecho que asiste a autores y artistas, con independencia de los derechos patrimoniales que pudieran derivarse de su titularidad en la creacion artistica, de oponerse a cualquier modificacion de su obra, considerindola, caso de que se consumase, como atentado a la obra asi afectada (42). Convenio o Pacto multinacional que fue objeto de sucesivas revisiones y actualizaciones: Berlin, el 13 de noviembre de 1908 (43); Roma, 2 de junio de 1928, a la que acabamos de referimos y que fue ratificada por Espana mediante Ley de 21 de julio de 1932 (44); Bruselas, 26 de junio de 1948 (45); todas ellas completadas por el Convenio Universal de Ginebra, sobre derechos de autor, de 6 de setiembre de 1952, ratificado por Espana el 27 de octubre de 1954 (46). Por medio del Acta de Paris, de 24 de julio de 1971, se actualizo de nuevo el referido Convenio de Berna, actualizacion ratificada por Espana en Instrumento de 1 de marzo de 1974 (47) y de 21 de octubre de 1974 (48).

3.2. La doctrina jurisprudencial

En el marco de la normativa internacional, constitucional e interna, la jurisprudencia espanola ha dejado claramente sentado que la vinculacion moral, intencional y artistica del autor con su obra trasciende cualquier situacion contractual o negocial y, desde una perspectiva estrictamente juridica, se constituye en realidad integrante de la obra de arte misma, porque, como tiene acunado nuestro mas Alto Tribunal, las facultades o derechos morales de los autores, intimamente relacionados con su intencion creativa, son consecuencia necesaria de la paternidad de las obras que ha logrado realizar por su talento, arte, inspiracion e ingenio:

<<En consecuencia, el problema se centra en que, a partir de un mismo hecho, pueden producirse simultaneamente, danos materiales que repercuten en el patrimonio del perjudicado y son susceptibles de evaluacion patrimonial y un dano moral, relacionado o derivado de aquel, que alcanza a otras realidades extrapatrimoniales, bien de naturaleza afectiva, como son los sentimientos, bien referida al aspecto social de la repercusion creadora, y tambien abarca, en proyeccion de heterogeneidad, otras situaciones motivadoras de efectivos y trascendentales danos morales.

>> Trasladando esta consideracion a los derechos de los autores, no se puede dejar de hacerse constar, que a estos hay que reconocerles el derecho a decir su verdad artistica y con ello, si efectivamente la dicen, alcanzan la categoria de creadores e inventores, al tiempo que tambien les asiste, la facultad de comunicar a los demas sus creaciones, que de esta manera se exteriorizan y acrecientan el haber cultural de cada uno y el social de la colectividad receptora, pues el proceso de creatividad, partiendo de un momento culminante e iniciador, cual es la produccion de la obra, en la que el autor se enfrenta en soledad a su inquietud, talento, afanes de busqueda y plasmacion, no se agota con lo hecho, sino que su creacion se perpetua, mediante la proyeccion comunicativa con los que tienen acceso a la misma, formandose de esta manera, un proceso continuado de recreacion>> (49).

Recreacion que, por otra parte, no puede suponer en ningun momento el vaciamiento total o parcial del sentido, intencion y voluntad del creador de la obra, sobre todo en aquello que connota la proyeccion espiritual, intelectual y personal del propio artista en su obra que, con todo derecho, puede denominarse <<creacion>> no en razon del denominado corpus mecanicum de la obra, cuya materialidad puede preexistir a la obra de arte, sino, de forma directa, en lo que afecta al corpus mysticum de la misma que no es otra cosa que el dialogo espiritual/inspiracional que el autor mantiene e insufla a su obra y que se concreta en el aire de permanente vitalidad que hace duradera a la obra de arte. Pues, como el propio Tribunal ha establecido, en el supuesto de los danos involuntarios sufridos por una determinada obra de arte, la tipificacion-valoracion de los mismos no puede limitarse a la evaluacion objetiva de los materialmente sufridos, sino que se ha de realizar una estimacion <<concurrencial>> en la que lo <<relacionado con>> o <<derivado de>> la circunstancia objetiva del dano se contemple en la perspectiva de una situacion personal o subjetiva juridicamente relevante, puesto que, a la hora de realizar una valida apreciacion de los danos, <<ha de partirse, para estimar su concurrencia, de una situacion objetiva, representada por la produccion de danos materiales, que en la presente controversia, resultaron concretos y tasados, y de una subjetiva, en razon a la proyeccion que aquellos pudieran tener en los sentimientos y dimension espiritual del que los sufre, en este caso un artista-pintor, de prestigio y renombre en los ambientes culturales>> (50), completando el Alto Tribunal su argumentacion con el siguiente razonamiento:

<<Evidentemente, la estimacion de los danos morales, no puede supeditarse a que se den pruebas positivas de haber concurrido lucro cesante, sino que, en una progresiva interpretacion de su concepto y dimension, ha de llevarnos a superar estados juridicos cerrados, en busqueda de la mas justa solucion a la cuestion en debate, por ello, aunque se de carencia de probanzas directas de los danos morales, no pueden supeditar ni impedir su valoracion y acogida por los Tribunales de Justicia. El derecho de autor que es inescindible y ha de ser contemplado en unicidad, tiene un contenido plural de facultades propias y proyecciones--abundando en lo expuesto--, que pueden encuadrarse en dos grupos: a) Unos de contenido patrimonial, derivados de la explotacion economica de la obra, y nos lleva a la configuracion de derechos previstos y protegidos en el Ordenamiento Juridico y en la consideracion de propiedad especial, y b) Otro contenido, de caracter personal, que son las facultades o derechos morales de los autores, como consecuencia de la paternidad de las obras, que por su talento, arte, inspiracion e ingenio, ha logrado realizar>> (51).

En su consecuencia, continua el Tribunal: <<la Sala sienta la conclusion de la realidad concurrente, de haber sufrido el promotor del presente recurso de casacion, no solo danos materiales en los cuadros que presto ... sino tambien danos de indole moral, en razon al sufrimiento y lesion a su sensibilidad artistica, al ver mermada la integridad de sus pinturas, por consecuencia de los desperfectos y minoraciones que las afectan, ya que de tal manera "se le causo una grave lesion espiritual", que no puede dejarse de lado y menos marginarla, en la ocasion de este proceso>> (52).

La intencion y pretension del autor, asi como todo el personalisimo e intimo proceso por el que se concibe y realiza una obra de arte, en cuanto elemento teleologico fundamental y, en razon de esta teleologicidad, conformante sustancial de la creacion artistica, aunque tambien este presente y, en cierto modo, dialogicamente actuante en la materialidad de la obra, permanece, sobre todo, con relevancia juridicamente especifica, como <<patrimonio personalisimo de la intima propiedad del autor>>. Tan intimo y personal que es radicalmente inalienable: se podra comerciar con los productos del ingenio, pero jamas con el ingenio que, por ser patrimonio del espiritu o de la mas intima profundidad personal, es esencial y sencillamente extra commercium.

Fundamenta su razonamiento el juzgador en la ya citada Convencion de Roma, de 2 de junio de 1928, en cuanto recoge de manera inequivoca y decisiva que <<con independencia de los derechos patrimoniales de todo autor y aun despues de la cesion de estos derechos, este conserva la facultad de reivindicar la paternidad de sus producciones artisticas, asi como a oponerse a toda deformacion, mutilacion, u otra modificacion de las obras que creo y que fuesen perjudiciales a su honor o a su reputacion. Esta declaracion se conjuga con el precepto 20 de la Constitucion, e incluso, en cuanto a su proteccion, con el 18-1 ...>> (53). Y anade que, como reiteradamente recuerda la Jurisprudencia, Convencion y disposiciones constitucionales posteriores fueron integramente recogidas <<en la Ley de la Propiedad Intelectual, 11 de noviembre de 1987 ... pues normatiza junto a los derechos morales del autor en su articulo 14--y entre estos el de respeto a la integridad de la obra, e impedir cualquier deformacion, alteracion o atentado a la misma, que suponga tanto perjuicio a sus intereses legitimos, como menoscabo a la reputacion del artista--, tambien derechos patrimoniales derivados de la explotacion de su hacer artistico (articulos 17 a 23), e incluso se preven otros derechos (articulo 24), en conexion con los patrimoniales. Hay que hacer constar, asimismo, que la Disposicion Adicional cuarta (sic), de la Ley citada, dispone la ampliacion de dicho articulo 14, a los autores de las obras creadas antes de su entrada en vigor>> (54).

Queda, pues, claro que tanto la intencion como la pretension del autor al crear su obra constituyen una realidad teleologica fundamental en el proceso de creacion artistica y, consecuentemente, de la obra de arte que, a su vez, delimita una esfera intima e inalienable de propiedad del autor sobre su obra. La intencion del autor, en el amplio sentido que esta acepcion adquiere cuando se trata de la creacion artistica, trasciende y sobrepasa cualquier cualidad o status juridico relacionado con o derivado de todo tipo de negocio o situacion juridica o legal externas a su esencial estructura juridica. Intencionalidad y pretension de autor que, en el caso de las obras de arte de caracter religioso, no suele ofrecer la minima dificultad en cuanto a su prueba historica; pues, aun en aquellos supuestos en que se carece de documentos escritos, la objetividad y el uso que de las mismas se ha hecho a lo largo de la historia es aval mas que suficiente de la verdadera naturaleza de aquellas. ?O no quedan claramente probadas por la propia ubicacion de las obras en Iglesias, Monasterios, Conventos, lugares de culto publicos, semipublicos o privados ...?

Ademas, y como tambien recuerda el propio Tribunal Supremo, la vinculacion del autor con su obra, asi como los derechos propios y especificos de la autoria, incluidos en ella tambien algunos de los que versan sobre determinados aspectos materiales de la misma, trasciende y va mas alla de las normales transacciones comerciales:

<<La propiedad intelectual se configura como un derecho de propiedad, con determinadas peculiaridades que justifican su especialidad y que derivan fundamentalmente de la naturaleza de su objeto que es un bien inmaterial, aunque respecto a ello hay que destacar que comprende no solo el derecho sobre el bien inmaterial--"corpus misticum"--sino tambien sobre la cosa corporal, soporte material, en el que recae el derecho--"corpus mecanichum"--y sobre uno y otro recaen acciones correspondientes a la propiedad, debidamente adaptadas, como la reivindicatoria, y acciones especificas que preve la Legislacion especifica de Propiedad Intelectual>> (55).

Dimension "inmaterial" de la obra de arte, o corpus mysticum de la misma, tan real y juridicamente operante que, como ha establecido la jurisprudencia, le corresponde, en igualdad de condiciones con cualquier otro derecho, la pertinente "accion reivindicatoria" en el supuesto de lesion o no reconocimiento de aquel: <<Esta [se refiere a la naturaleza de la accion ejercitada] debe ser calificada como una "accion reivindicatoria", por la que la parte demandante ha reivindicado los derechos sobre una serie de peliculas como "corpus misticum" y los materiales o elementos fisicos de las mismas como "corpus mecanichum">>, (56).

Es decir, por cuanto respecta a los que podriamos denominar <<derechos especificos de autoria>>, nos hallamos, sin duda, ante una autentica res extra commercium, segun puede desprenderse de posterior doctrina del mismo Alto Tribunal:

<<El derecho moral de autor--integrado por un conjunto de derechos inherentes a la persona del autor, y que tiene caracter irrenunciable e inalienable y constituye la mas clara manifestacion de la soberania del autor sobre su obra, como senala el Preambulo de la LPI 22/1987--se regula en los arts. 14 a 16 de esta Ley, disponiendo el numero 4 del art. 14 que corresponde al autor el derecho irrenunciable e inalienable a exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformacion, modificacion, alteracion, o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legitimos intereses o menoscabo a su reputacion>> (57).

Tanto nuestro Tribunal Supremo como las instancias judiciales inferiores siempre han mantenido y mantienen la prevalencia del derecho del autor a la <<integridad>>, en el mas pleno y amplio sentido de la palabra, de su obra sobre los, por otra parte, legitimos derechos dimanantes de la correspondiente relacion contractual que el propio autor haya establecido con el adquirente de su trabajo. La autoria, con todos los elementos y caracteristicas intencionales y personales que la integran, se reconoce, pues, como constitutivo juridico esencial y fundamental de la obra artistica, caracteristica que no se reconoce, ni legal ni jurisprudencialmente, a ninguna otra de las relaciones juridicas que se puedan establecer en torno a la obra artistica y que siempre revisten un caracter secundario, externo, coyuntural, accidental con relacion a su constitucion juridica nuclear.

En este sentido, por ejemplo, se manifestaba de manera inequivoca la Sentencia de la Seccion primera de la Audiencia Provincial de Guadalajara, de 13 de octubre de 2003. En primer lugar, se resalta en ella la capacidad y legitimacion de todo autor para reivindicar el derecho a que se respete, en todos sus aspectos y dimensiones, la integridad de su obra, tal y como ha sido concebida por el, aun cuando, como sucede en el caso de referencia, la obra artistica se halle necesariamente coimplicada en la ordenacion de un espacio de utilidad o uso publico, si bien su propietario sea persona privada (58). Recuerda, ademas, la sentencia, con apoyo en la del Tribunal Supremo de 22 de abril de 1998 y 26 de octubre de 1962, que para obtener el apoyo y cobertura que brinda la Ley de Propiedad Intelectual la obra ha de ser original, en cuanto producto y efecto de la creatividad humana, circunstancia que, de nuevo, incide en la profunda, exclusiva y necesaria relacion entre la intencion-voluntad del autor y la esencia de la obra de arte:

<< ... la proteccion referida nace desde el momento de la creacion de la obra sin necesidad de ningun otro requisito y desde ese momento se reconoce al autor, de ahi la necesidad de que la obra se manifieste o exteriorice a traves de un soporte, material o inmaterial, adecuado a la naturaleza de la obra, y por ello la obra literaria, artistica o cientifica objeto de proteccion es una obra individualizada, la creada por el autor y no los posteriores ejemplares o reproducciones realizadas por aquel o por sus causahabientes en uso del derecho de explotacion, de ahi que se exija que concurran las caracteristicas que la definan como una "creacion original", requisito de originalidad que, segun la sentencia resenada, ha sido entendido por la doctrina en dos sentidos diferentes, subjetivo y objetivo, entendiendose por el primero que la obra es original cuando refleja la personalidad del autor, y por el segundo como novedad objetiva; si bien, mas que a la nota de novedad, se viene anudando la proteccion al hecho de que la obra sea hija de la inteligencia, ingenio o inventiva del hombre, STS 7-6-1995>> (59).

Una de las mas directas e importantes implicaciones y consecuencias del derecho de propiedad intelectual es el reconocimiento del derecho que todo autor tiene a que se respete la integridad de su obra, por encima de los gustos, conveniencias, necesidades o criterios de su propietario. Y ello aunque, como es logico, este posea titulo de propiedad legitimo sobre la obra. Ni siquiera el propietario en segunda, tercera o sucesivas transmisiones puede invocar razon o derecho en orden a la transformacion o menoscabo de la obra de arte recibida:

<<Y sentado cuanto antecede, la consecuencia no puede ser otra que reconocer al actor el derecho a la integridad de la obra, vertiente moral del derecho de autor que proclama el art. 14.4 LPI con el caracter de irrenunciable e inalienable, como asi lo han senalado ademas la Ss.TS 19-7-1989, 20-2-1998 y 15-12-1998, siendo susceptible de ser ejercitado frente a todos, incluidos los adquirentes de la obra (STS 3-6-1991),pues dicho derecho es independiente y compatible con la "propiedad" y otros derechos que tengan por objeto la cosa material a la que esta incorporada la creacion "intelectual" (art. 3.1 LPI); aunque hay que reconocer que la concurrencia de ambos derechos, en cuanto que la integridad de la obra constituye un limite al dominio del propietario material del soporte, puede originar una colision de intereses, el del autor que puede pretender legitimamente que se respete su creacion y el del titular del medio en que se ha plasmado la obra a quien puede interesar su modificacion, cuestion muy discutida por la doctrina ... aunque se viene considerando que el derecho de "propiedad" en tal caso estara limitado por el respeto al derecho moral del autor>> (60).

Todavia se matiza mas la peculiaridad del permanente e inalienable derecho moral, espiritual, personalisimo derecho del autor sobre su obra, cuando la jurisprudencia reconoce sin el menor asomo de duda el derecho propio del autor a ser indemnizado por el padecimiento de danos morales, aun cuando no hubiese sufrido danos o perjuicios materiales, sin que incluso quepa argumentar contra la posible indemnizacion con fundamento en la no existencia de perjuicios materiales:

<< ... planteamiento que no refuta la valoracion de la instancia y que ademas implica ignorar cuales son los perjuicios que se intentan resarcir, ya que de lo que se trata es de indemnizar el dano moral que la infraccion de los derechos de autor comporta, que expresamente preve el art. 135 LPI, ello aun cuando no se pruebe la existencia de perjuicio economico ... al senalar que lo padecio el actor al ver alterada o cercenada de forma sustancial, sin su consentimiento, la integridad de su obra; sustantividad propia de la indemnizacion del dano moral que ya fue apuntada por la STS 3-6-1991 al indicar que a partir de un mismo hecho pueden producirse simultaneamente danos materiales que repercuten directamente en el patrimonio del perjudicado y son susceptibles de evaluacion patrimonial, y un dano moral que alcanza a otras realidades extrapatrimoniales, bien de naturaleza afectiva, como son los sentimientos, bien referida al aspecto social de la repercusion creadora, y tambien abarca otras situaciones motivadoras de efectivos y trascendentales danos morales, en razon del sufrimiento y lesion a la sensibilidad artistica al ver mermada la integridad de la obra, danos de indole moral a los que igualmente aluden las STS 28-12000 y 2 3-10-2 001 en relacion con los producidos en supuestos incardinados en el art. 14.4 LPI>> (61).

Y, por si alguna duda quedara, la sentencia aplica clara y contundentemente la doctrina de la pervivencia y permanencia ultra tempus de la relacion moral y personal del artista con su obra, mas alla y por encima de cualquier otra relacion de caracter juridico que se haya podido establecer entre la obra y terceros, cuando distingue y separa nitidamente los perjuicios patrimoniales, que pudieran derivarse del deterioro material de la obra, del dano moral, objeto de indemnizacion independientemente de la relacionada con la modificacion, alteracion o destruccion del corpus materiale de la obra (62).
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Author:Calvo Espiga, Arturo
Publication:Ius Canonicum
Date:Dec 1, 2012
Words:9791
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