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La muchacha enamorada en la comedia Latina.

INTRODUCCION

Este trabajo--realizado en el marco de un proyecto mayor, destinado a editar y traducir la comedia humanistica latina Symmachus, de Tito Livio Frulovisi--fue sugerido por sendas observaciones de dos estudiosos de la literatura latina del renacimiento, Maria rosa Lida y antonio Stauble. Segun la investigadora argentina, "uno de los rasgos distintivos de la comedia humanistica es su original galeria de jovenes enamoradas, resultado de su entronque con la narracion sentimental de la Edad Media" (455). Stauble, por su parte, senala que los autores de las comedias humanisticas latinas, apartandose de los esquemas de Plauto y Terencio,
   han dado vida a figuras femeninas mas vecinas a aquellas que animan
   muchas novelas de la epoca. Las mujeres, incluso las casadas,
   llegan a ser protagonistas de acontecimientos de los cua les a
   menudo determinan directamente el curso [...]. Son figuras dotadas
   de voluntad y personali dad propias y que constituyen
   verdaderamente un personaje (traduccion mia) (180-181) (2).


El objetivo de este trabajo es caracterizar el personaje de la muchacha enamorada en los dos momentos de mayor relieve--a mi juicio--de la comedia latina: por un lado, la antigua comedia romana de Plauto y Terencio, y, por otro, la comedia latina del temprano Renacimiento--en particular, las comedias Symmachus y Emporia, de Tito Livio Frulovisi--. Procurare, ademas, relacionar los rasgos del personaje con las circunstancias historicas de su creacion. Adicionalmente, ofrezco aqui la primera traduccion a una lengua moderna de un par de pasajes de las mencionadas comedias de Frulovisi.

Quiero senalar, ademas, que durante la elaboracion de este trabajo he tenido en mente con frecuencia La Celestina y, especialmente, como es natural, la figura de Melibea. En ningun momento, sin embargo, he querido proponer eventuales conexiones entre la Tragicomedia y las piezas de Frulovisi aqui examinadas. Por ahora, me he limitado a examinar uno solo de los miembros de la pareja--la comedia latina antigua y la humanistica--, mostrando especialmente aquellos rasgos que pueden ser operatorios para una confrontacion posterior. Todavia, en efecto, quedan cosas por hacer en lo relativo a precisar la condicion de fuentes de La Celestina que tienen "esas comedias latinas compuestas por los eruditos italianos del siglo decimoquinto" (vol. 3, 240), como apuntaba hace ya mas de cien anos Menendez Pelayo. Y es oportuno recordar aqui que es muy probable que Fernando de Rojas haya tenido conocimiento directo de una de "esas comedias latinas": la Philogenia, de Ugolino Pisani, escrita por los mismos anos que Symmachus y Emporia. En efecto, como lo senalo Maria Rosa Lida (1956, 423), un ejemplar de la Margarita Poetica--antologia hecha por el humanista aleman Albrecht von Eyb y publicada por primera vez en Nuremberg en 1472, que trae la comedia de Pisani traducida al aleman--figura en el inventario de los libros legados por Fernando de Rojas a su mujer (Valle Lersundi 382).

LA COMEDIA ROMANA ANTIGUA

Las comedias de Plauto y Terencio (3) ofrecen, en la mayoria de los casos, un mismo argumento base: un joven (adulescens) esta perdidamente enamorado de una cortesana (meretrix), pero no tiene dinero para comprar los servicios de la muchacha, que es administrada por su dueno, un avaricioso lenon (leno). El joven recibe entonces la ayuda de un esclavo de su familia (servus fallax), quien, haciendo gala de su astucia, le consigue el dinero burlando ya sea al propio lenon, ya sea al padre del joven (durus pater).

Lo primero que corresponde senalar es un hecho que, en principio, puede sorprender: que en Plauto y Terencio jamas uno se encuentra con el arrebato impetuoso de jovenes enamoradas. La costumbre antigua no permitia que una doncella enamorada apareciera en escena expresando su intimidad. Esa moral no impedia, es cierto, que se representaran escenas vivas de amor, pero a condicion de que se tratara de una prostituta. Una muchacha libre no era considerada como objeto del mismo amor que una cortesana; cuando ella se casaba, era tratada con respeto, pero no con pasion. En esa Roma, como sabemos, el matrimonio no estaba fundado en el amor, no era la consagracion legal de la atraccion de dos personas, sino una alianza de otra especie. En esa alianza podia surgir el amor, por cierto, pero ello no era necesario, ni siquiera deseado, pues se estimaba que el matrimonio--contrato importante personal y socialmente--debia reposar sobre sentimientos menos fragiles. Ya entonces, pues, se tenia claro aquello de que las promesas de amor no obligan. Las heroinas de la comedia romana, en consecuencia, son, sistematicamente, esclavas o cortesanas que protagonizan un amor ilegitimo, separado del matrimonio, y su participacion directa en la accion dramatica es muy escasa.

En el caso de Plauto, casi todas las muchachas en torno a las cuales se desenvuelve la intriga amorosa coinciden en tener un muy bajo relieve, a pesar de que ellas constituyen, regularmente, el motor de la accion dramatica. El caso de la comedia Casina, por ejemplo, es notable. Alli toda la trama gira alrededor de los esfuerzos del joven Eutinico y de su padre Lisidamo --enzarzados en una poco edificante rivalidad amorosa--por llegar a poseer a la esclava Casina. Y lo mas sorprendente de todo--o lo mas revelador--es que ella no pisa jamas la escena, no dice una sola palabra en toda la obra. Lo que Casina piensa o siente, simplemente no importa.

Cuando, a diferencia de lo que ocurre en Casina, estas muchachas --cortesanas o esclavas--abren la boca para manifestar su amor, lo hacen para expresar un convencional y palido sentimiento, si no meramente el deseo de que se les paguen bien sus servicios. Asi, apenas puede hablarse de amor en las relaciones pasajeras que Plauto nos ofrece de esos muchachos con las jovenes a las que pretenden. Mas que amor, en el sentido en que lo entendemos hoy dia, lo que hay es amorio, aventura, amor sensual y elemental, sin introspeccion ni sentimentalismo, y siempre desde la perspectiva del joven, no de la muchacha.

Hay que reconocer, sin embargo, que medio siglo mas tarde, en el teatro de Terencio, la situacion es en parte distinta. Algo ha cambiado en las costumbres. La meretriz de las comedias de Terencio ya no es considerada simplemente como instrumento de placer, como objeto de un subito y perentorio antojo pasional, propio de la juventud. Ella asoma aqui ya como una companera por la cual el joven puede experimentar una sincera ternura y que, por su parte, puede corresponder con genuino amor. En Terencio, el lector percibe que las relaciones amorosas se han liberado parcialmente de su rudeza primitiva y tienden a espiritualizarse. Eso es lo que se aprecia, por ejemplo, en ese verdadero drama familiar que es Hecyra (La suegra), donde la cortesana Baquis, dando muestras de delicados sentimientos, supera sus propios celos y se preocupa de proteger el bienestar conyugal de su amante. El matrimonio mismo, ademas, ya no es visto como un castigo, sino como la recompensa del amor.

Pero, sumando y restando, habria que decir que en la antigua comedia romana la heroina tiene regularmente un papel reducido y deslavado, nunca determinante en la accion. De ella se habla, pero se ignoran sus sentimientos y se desconoce su personalidad. Esta menoscabada participacion hace recordar aquella sentencia griega del Ayax de Sofocles, segun la cual "a las mujeres el silencio las adorna" (verso 293) (4).

Sabemos que los antiguos romanos fueron tradicionalmente sexistas. Siempre respetaron el matrimonio y el hogar como instituciones, pero fue un respeto sin simpatia, sin afecto. No faltan testimonios de que casarse era para ellos un mal necesario que habia que aceptar por el bien de la Republica. Metelo Numidico, censor el ano 102 a. c., dirigiendose a sus conciudadanos celibes, los exhorta con las siguientes palabras a que, por el bien de Roma, contraigan nupcias:

Si pudieramos vivir sin esposa, conciudadanos, todos estariamos libres de esa molestia; pero ya que la naturaleza ha establecido que no se puede vivir ni muy a gusto con ellas, ni de modo alguno sin ellas, es preciso velar por el bien permanente de la Republica [y casarse], antes que por nuestro breve placer [permaneciendo solteros] (trad. mia) (Gellius I, 6, 2) (5).

Pero, como nos relata Aulo Gelio, lo mas revelador ocurrio a continuacion: luego que Metelo dijo estas palabras, la discusion que se produjo entre algunos notables que estaban alli presentes no fue acerca de si el censor tenia o no razon en estimar que las esposas eran una molestia--eso, al parecer, estaba fuera de discusion--, sino acerca de si el habia hecho bien o no en reconocer este hecho precisamente ante quienes estaba tratando de convencer de que contrajeran matrimonio.

Poco afecto, pues, se les tenia a las mujeres; poca consideracion. Estos sentimientos se reflejan tambien en el antiguo derecho romano, donde se aprecia una concepcion de la familia propia de una sociedad patriarcal arcaica. El derecho romano, en efecto, consagraba la total dependencia de la mujer, que siempre aparecia tratada como un ser inferior y privada de la mayoria de los derechos de un hombre libre. Ella permanecia siempre como menor de edad, sometida primero a la tutela de su padre, mas tarde a la de su marido y, por ultimo, en caso de enviudar, nuevamente a la de su padre, o a la de sus hermanos si el padre habia muerto. El esposo tenia sobre ella, al menos en teoria, practicamente todos los derechos, incluido el derecho de vida y de muerte, el ius vitae neeisqne, como si ella fuera una esclava.

La idea de que la mujer era un ser inferior se fundaba en la concepcion--de raigambre griega--de que ella no se rige por el logos, sino por el instinto. Para Aristoteles, la mujer es un ser humano inferior: "[...] el macho es por naturaleza superior a la hembra; el uno gobierna, la otra es la gobernada. Este mismo principio se aplica tambien necesariamente a todos los seres humanos" (trad. mia) (Politica 1, 1254 b 13-15) (6). Las principales carencias femeninas eran tres: fuerza, inteligencia y constancia. Respecto a su inconstancia, Virgilio, acunando una expresion que devendria proverbial, dira mas tarde que "la mujer es siempre algo variable y cambiante" (Eneida 4, 569) (7).

Es curioso que, siendo la ley matrimonial de entonces tan favorable para el hombre, tan cuidadosa en velar por las prerrogativas masculinas, haya existido--desde tan antiguo como fines del siglo V a. C., al menos--la necesidad de exhortar con tanto empeno a los hombres a casarse. Sabemos, en efecto, que el ano 403 a. C., por iniciativa de los censores Camilo y Postumio, se les impuso un tributo especial a los hombres que llegaban a cierta edad sin haber contraido nupcias (cf. Valerio Maximo II, 9, 1). No puede uno sino concluir que, ya desde esa epoca, los romanos, por la razon que sea, le tenian aversion al matrimonio. Este sentimiento se prolongo durante mucho tiempo, tanto asi que el propio Octaviano Augusto, casi cuatro siglos mas tarde--el 27 a. C.--, tuvo la idea de instituir la obligacion de casarse. Posteriormente, si, debio renunciar a imponer esta exigencia, tan ajena a la tradicion juridica romana, y en su lugar ideo un sistema de incentivos economicos para los hombres que fundaran un hogar legitimo, especialmente para los que en esos matrimonios tuvieran al menos tres hijos. (Con esta norma, que se la conoce como el ius trium liberorum, Augusto no pretendia aumentar la natalidad--los ciudadanos que podian interesarse por los beneficios de esta legislacion formaban una minoria--, sino darle vigor y consistencia a la clase social de los dirigentes politicos, fundamentales para la suerte del Imperio).

Un siglo y medio despues de Augusto, la Satira VI de Juvenal (60-140 d. C.) testimonia todavia la tradicional repulsa masculina al matrimonio. La pieza esta dirigida a un tal Postumo, que esta a punto de contraer matrimonio. El proposito de Postumo le parece a juvenal una verdadera locura. El poeta le sugiere que escoja otras formas mejores de suicidarse:
   En verdad, tu solias ser cuerdo. ?Te vas a casar, Postumo? Dime por
   que Furia eres perseguido, por que serpientes (8). ?Puedes soportar
   tener un ama, cuando hay tantas sogas a tu disposicion, cuando se
   hallan abiertas altas y sombrias ventanas, cuando vecino a ti se te
   ofrece el puente Emilio? (trad. mia) (versos 28-32) (9).


Para Juvenal, lo que especialmente vuelve insoportables a las mujeres es el dinero: "Nada hay mas intolerable que una mujer adinerada" (verso 460) (10). Detras de lo cual, como es claro, lo que se esconde es el temor a que la mujer tenga poder, como ya caton lo reconocia en un discurso pronunciado hacia el ano 195 a. c. y dirigido a los varones:

Examinad las leyes sobre asuntos femeninos con las que nuestros mayores procuraron restringir la libertad de las mujeres y someterlas a sus maridos: incluso estando coartadas por tales normas, vosotros apenas sois capaces de dominar a vuestras esposas. ?Que pasara si les permitis desbaratar esas leyes una a una, si las dejais conseguir sus propositos valiendose de la fuerza, si en fin tolerais que se igualen a sus esposos? ?Pensais que podreis soportarlas? Tan pronto como se igualen a vosotros, seran superiores a vosotros (trad. mia) (en Tito Livio 34, 3) (11).

La menguada presencia de la heroina en la comedia romana antigua, en suma, es una manifestacion mas de ese acendrado antifeminismo que encontramos en gran parte de la literatura latina, republicana o imperial, y puede verse como un sintoma de la desmedrada situacion de la mujer en la antigua Roma (12).

LA COMEDIA HUMANISTICA

La asi llamada comedia humanistica latina, fruto del temprano Renacimiento europeo--del periodo llamado precisamente Humanismo--, es la primera manifestacion del teatro profano moderno.

En ausencia de modelos estructurales claros--ya que el teatro de la Edad Media se reducia practicamente a los milagros, los misterios, los autosacramentales y las farsas, ademas de las improvisaciones de los juglares y de los mimos--, la comedia humanistica consiguio dar un gran paso adelante. Su originalidad consistio en haber sido una consciente aproximacion a las formas del teatro latino clasico, pero con personajes y temas nuevos. Fue el primer intento coherente de dramatizar asuntos contemporaneos, muchos de los cuales la tradicion narrativa habia hecho ya contenido de sus obras. La importancia historica de la comedia humanistica latina, mas alla de su mediano merito literario, esta en ser el momento que conecta el teatro latino antiguo con el europeo renacentista y posterior.

Las comedias humanisticas latinas llegadas hasta nosotros son aproximadamente cincuenta, casi todas escritas durante el siglo xV italiano. El tema de la mayoria de ellas es el amor, pero entendido como amorio y presentado con los rasgos que ofrece en la comedia romana y en buena parte de la narrativa medieval: ansioso, basicamente sensual, fisico, urgente, apartado todavia--en general--de las exaltaciones sentimentales del amor cortes. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la comedia antigua, donde, mas que el amor mismo, lo que importa es el ardid ingenioso para lograrlo, lo que aqui interesa es efectivamente el episodio amoroso, sobre todo el episodio de la conquista.

En cuanto a los personajes de estas comedias, junto a algunos de origen plautino o terenciano--como el joven enamorado (adnlescens amans) y el esclavo astuto (servus callidus), por ejemplo--, encontramos otros provenientes de la tradicion narrativa medieval. Es el caso de los clerigos frivolos o corrompidos, los esposos burlados, los campesinos victimas de su simplicidad y de la astucia de los hombres de ciudad, las mujeres que se lamentan de sus desdichas conyugales y que intentan remediarlas con amores extramaritales. Y en medio de estos personajes de nuevo cuno, asoma con fuerza la figura de la muchacha que expresa abiertamente sus sentimientos amorosos, motivo que poco o nada le debe a la comedia romana, donde la heroina, como hemos visto, nunca es figura dominante. En algunas comedias humanisticas vemos a jovenes hijas de familia (virgines) que dan prueba de una iniciativa personal y de una franqueza en temas amorosos que son del todo desconocidas en el teatro clasico.

Quisiera concluir estas lineas ofreciendo el testimonio de dos comedias humanisticas en las que se encuentra este motivo no tradicional de la muchacha enamorada, sintoma claro del nuevo sitial que la mujer fue alcanzando en los ultimos siglos del Medioevo, en los albores del Renacimiento. Se trata de Symmachus y de Emporia, de Tito Livio Frulovisi (ca. 1400-post 1456), ambas representadas en Venecia entre los anos 1432 y 1435. Son piezas de un latin mas plautino que ciceroniano, a ratos peculiar en su estructura y algo ambiguo en su sentido.

De especial importancia nos parece senalar aqui que estas dos comedias no solo no han sido hasta hoy bien editadas criticamente, sino que tampoco, como quedo dicho, han sido traducidas a ninguna lengua moderna. La unica edicion disponible es la de Previte-Orton, de 1932, insuficiente en varios aspectos. Mi texto latino no reproduce el de esta antigua edicion, sino directamente el del unico codice en que han llegado hasta nosotros las comedias de Frulovisi: el manuscrito no. 60 de St. John's College, Cambridge (13). Solo en aquellas ocasiones--pocas--en las que, a mi juicio, se presentaban errores de transmision, he enmendado sus lecturas.

Veamos, en primer lugar, el caso de Symmaehus. El pasaje que de esta comedia recojo corresponde a los parlamentos iniciales de la escena segunda (14), donde la joven Piste y la anciana Estigna se hallan enzarzadas en una discusion. La vieja Estigna le reprocha a Piste lo que, a su juicio, son costumbres demasiado frivolas de parte de las muchachas, quienes deberian vivir recluidas en casa y no andar mostrandose provocativamente a los jovenes. La muchacha, por su parte, reclama para si el derecho a gozar de su inocente libertad (15).

Piste. Virgo sum domi seruata per parentis, ut nostris semper moris fuit. Quod in nobis aer sit, non sine aere uiueremus. Sed dementes isti iuuenes, nos si semel in fenestris uiderint, uelatas quamquam spissis sepibus, ilico se credunt amari.

STIGNA. Si domi staretis neque uestri tanta copia fieret, non essemus orbae nostris liberis.

PISTE. Quaenam est haec copia quam dicis? Mali mores urbis, non uirgines in noxa sumus.

STIGNA. Quos mores? nihil nihil nisi Venus estis.

PISTE. Nescio quid Venerem narres. Monachae sumus. Vestrae fraudes, dolosus animus uester sic facit. Si tales quoque forent omnibus filiae uirgines qualem me uides, nullae de quibus essent futurae deceptiones, nos, quibus insit nihil criminis, magis liberae uiue remus, et adulescentes, qui nos crebro uiderent, modesti haberentur magis.

PISTE. Soy una joven custodiada en casa por sus padres, como ha sido siempre nuestra cos tumbre. Y ya que en nuestros cuerpos hay aire, sin aire no podriamos vivir. Pero basta que esos jove nes dementes nos vean una sola vez en la ventana, aunque sea veladas por tupidos setos, para que al punto crean que estamos enamoradas de ellos.

ESTIGNA. Si ustedes permanecieran en casa y no se prodigaran tanto, no nos veriamos privadas de nuestros hijos.

PISTE. ?De que prodigarse estas hablando? Son las malas costumbres de la ciudad las que tienen la culpa, no nosotras las muchachas.

ESTIGNA. ?Que costumbres? Ustedes no son sino lujuriosas Venus.

PISTE. No se por que hablas de Venus. Nosotras somos verdaderas monjas. Los responsables son los enganos y el espiritu doloso de ustedes. Si todos tuvieran hijas solteras como yo, de las cuales no habria ningun engano que temer, nosotras, en quienes no habria ninguna falta que reprochar, viviriamos mas libres, y los jovenes, que nos verian con frecuencia, se comportarian mas virtuosamente.

Y veamos, para concluir, el caso de Emporia. El pasaje que aqui recojo de esta comedia--de mayor extension que el de Symmachus y de especial interes para mi proposito--corresponde a la escena cuarta entera (16). Alli, Adelfa, la joven enamorada, discute acaloradamente con Parafron, su padre, sobre sus--segun ella--atropellados derechos. La animosa muchacha reconoce paladinamente que esta enamorada y se rebela con decision contra su padre, en quien ve encarnadas las severas normas sociales que la sofocan y le impiden satisfacer su amor.

PARAPHRON. Qui, malum! non sunt parentis dicta! Ego pro te meam contriui uitam totam, tantum ut conficerem rei quod honesto uiro locari posses. Hem, quid premii abs te fero? Totam dedecoras familiam nostram teque priuas uiro.

ADELPHE. Iam diu, bene si perspicio, priuata sum.

PARAPHRON. Tace, quam unam iudico mulierum audacissimam.

ADELPHE. Ahu ehu oi! rem uideo palam, ut inficiato minime sit opus. amo, fateor, hunc adulescentulum. Vos aecastor, magnas ut conficiatis dotes, antiquari nos domi grandes sinitis, uel opinor uerius ut ex ipsis dotibus maius uobis conficiatur foenus, et nos lapideas creditis.

PARAPHRON. Hui for tunam execran dam, ut mea senectute tam impudentem habeam filiam!

ADELPHE. Me facit impudentem necessitas. Peccaui, fateor, et id tua culpa, qui me tam grandem domi sedere facias. Monasterio me dicatam puta, quod penuria uiri uenerea siem.

PARAPHRON. Vtinam ab ineunte aetate uestalem te legissem monacam iam non fores impudica.

ADELPHE. Sic factum uellem. Vno misello usa sum adulescentulo, strenuo tamen. Illic non defuissent amatores mihi, uel si quisque, non saltem religiosi. Pater, satius nobis foret pauperi cui locari bona aetatula nuptum quam, ubi iam anus sumus factae, primorum principi.

PARAPHRON. non dolet istuc mihi minus minus mea quam causa tua. non decet adulescenti plebeio, pauperi maxime, te uxorem dare. Quod si facerem, hem, aspice quid decoris faceremus. Omnes ilico meretricem te crederent, aut auarorum me parcissimum aut fors insanire. Neque te sacerdotem fieri uelle possum inducere in animum ut credam. Quis me miserior? Te uero domi oportuerit sedere in aetatem ultimam.

ADELPHE. Haud inuita manebo, sin ad me poterit huc adulescens proficisci.

PARAPHRON. alia sum usurus diligent ia in custodienda tua pudicicia. Mortem oppetet tuus istic amator, si mihi molestus esse perget.

ADELPHE. Pater, non me tam mouet peccatum meum ac uirtus uiri, quam timeo ne funesta sit nostrae familiae, si cum istoc amatore uobis rei quicquam erit. Lacrumo, misera; in quod me, te fratremque meum conieci malum. Formidolosa mihi non est parum uirtus hominis.

PARAPHRON. Suum est ordinis illius uereri et reuereri meum. capitis ego perdam illum. Ibo statim ad tris uiros, in neruum illum duci qui iubeant. ne dubita; non perpetiar ego istuc, metu quod filiam uideam meretricem.

ADELPHE. Quin igitur me locas uiro?

PARAPHRON. Faciam ubi coacta dos sit.

ADELPHE. O, infelices mulieres, quas uirorum auaricia nos regat! Alia uestalis legitur, alia domi grandis antiquatur; paucae uiro bene locantur et tempori. Si quando natae fuero mater et mihi potestas fuat, potius quam illam uoueam religioni uel internecabo tenel lam ipso in partu uel nautarum illam tradidero coco, potius quam usquam committam filia per me quod intret reli gionem aut sedeat tam grandis domi.

PARAPHRON. Hui, te nihil quidem impudentius posset haberi!

ADELPHE. Tacebo. Aecastor non est miro simile si meretrices sumus. Primum fratres habemus quibus nihil sit ornatius, nihil impudentius. Tum clausae tenemur annos. amatores nos colunt. Lingua poscit, corpus petit. ignoscendum est, pater; uel etiam si nolis, factum quod est nullo pacto fieri infectum potest. Sin occides me, sic res est ut uides.

PARAPHRON. Iam quod te dignum est non facis. Ego quod me dignum sit in te facere conuenero. Procedunt haec omnia nimio ex ocio. Pol, aliter exercebo te, nos quae dedecoras. ibo nunc in forum, meditabor, forsitanue quempiam aduocabo mihi consultorem ex aequalibus meis, quonam pacto iniuriam hanc ulcisci ualeam.

PARAFRON. !Como, diablos! !Esas no son las palabras de tu padre! Yo he dedicado toda mi vida a buscar tu bien, a reunir la dote necesaria para que pudieras casarte con un hombre honorable. !Ah!, ?y que recibo de ti a cambio? Tu deshonras a toda nuestra familia y te privas de un esposo.

ADELFA. Mirandolo bien, hace ya un buen tiempo que estoy privada.

PARAFRON. !Callate! Creo que eres la mas atrevida de las mujeres.

ADELFA. !Ay ay ay! Veo que el asunto ha quedado al descubierto, de modo que no es necesario seguir negandolo. Estoy enamorada de este muchacho, lo confieso. Ustedes (los padres), por Castor, para amasar grandes dotes, dejan que nosotras, ya adultas, envejezcamos en casa--o mas bien, creo, para obtener un mayor redito de las dotes mismas--, y suponen que nosotras somos de piedra.

PARAFRON. !Ay, suerte maldita! !Que en mi vejez tenga yo una hija tan desvergonzada!

ADELFA. La necesidad me hace desvergonzada. He pecado, lo reconozco, y ello por culpa tuya, puesto que haces que yo permanezca en casa siendo ya adulta. Haz cuenta que estoy confinada en un convento, de modo que soy lasciva por falta de marido.

PARAFRON. !Ojala te hubiera escogido para monja desde pequena! Ahora no serias una desvergonzada.

Adelfa. Me gustaria que hubiera sido asi. Con un solo muchacho, modesto pero valiente, he tenido relaciones. Alla, en cambio, no me habrian faltado amantes; y si asi hubiera sido, al menos no me habrian faltado clerigos. Padre, para nosotras seria preferible que nos casaran jovenes con alguien pobre, a que lo hicieran con el mejor de los mejores cuando ya seamos viejas.

PARAFRON. Esto no me duele menos por mi que por ti. No corresponde que yo te entregue de esposa a un joven plebeyo, sobre todo pobre. Si lo hiciera, !ay!, imaginate que deshonra seria para nosotros. De inmediato todos creerian que eres una ramera, o que yo soy el mas avaro de los avaros, o que me he vuelto loco. Y no puedo convencerme de que quieras hacerte monja. ?Quien es mas desdichado que yo? Sera necesario, pues, que te quedes en casa hasta el fin de tus dias.

ADELFA. No me quedare de mala gana, pero siempre que el muchacho pueda venirse para aca.

PARAFRON. Voy a emplear otros medios para custodiar tu reputacion. Ese amante tuyo encontrara la muerte si es que continua fastidiandome.

ADELFA. Padre, mas que mi pecado, me preocupa la osadia del joven, que temo que pueda ser funesta para nuestra familia si es que el llega a enfrentarse con ustedes. Lloro, desdichada; a ti y a mi hermano los he puesto en el brete en que me encuentro yo. No resulta poco atemorizante para mi la temeridad del muchacho.

PARAFRON. Al de su clase social le corresponde respetar a su igual y temer al de la mia. Lo voy a aniquilar. Ire de inmediato donde los triunviros para que ordenen que sea llevado a prision. No tengas dudas; no tolerare que, por temor, tenga yo que verte convertida en una ramera.

ADELFA. Casame con alguien, entonces.

PARAFRON. Lo hare cuando haya reunido la dote.

ADELFA. !Oh, infelices mujeres, a quienes nos gobierna la avaricia de los hombres! Una es elegida para monja; otra, ya adulta, envejece en su casa; pocas son casadas bien y a tiempo. Si alguna vez soy madre de una hija y se da la ocasion, o la matare tiernecita en el parto mismo antes que consagrarla a una religion, o se la entregare a un cocinero de marineros antes que permitir que por mi entre a una religion o permanezca ya adulta en casa.

PARAFRON. !Ay, no es posible imaginarse nada que sea mas desvergonzado que tu!

ADELFA. Me callare. Por Castor, no es sorprendente que nos convirtamos en rameras. Por una parte, tenemos hermanos que son el colmo del lujo y el descaro, y, por otra, a nosotras nos mantienen encerradas durante anos. Los amantes nos expresan su amor.

La lengua pide, el cuerpo busca. Debes perdonarme, padre; y si no quieres hacerlo, ten presente que de ningun modo puede deshacerse lo que ya esta hecho. A menos que me mates, la situacion es asi como la ves.

PARAFRON. No estas haciendo lo que es digno de ti. Ya vere que es lo que corresponde que haga contigo. Todas estas cosas son resultado del excesivo ocio. Por Polux, de alguna otra manera te voy a enderezar a ti, que nos deshonras. Ahora ire al foro, reflexionare, y quizas le pedire a uno de mis camaradas que me aconseje de que modo puedo vengar esta afrenta.

CONCLUSION

La figura de la muchacha enamorada, pues, irrumpe con fuerza en la comedia humanistica, que nos muestra un tipo femenino radicalmente nuevo y distinto del de las pasivas meretrices de la comedia antigua. Es cierto que aqui vemos a una mujer todavia sometida, pero es una mujer ya en rebeldia, vigorosa, avida de goce, con los brios que muestra en la literatura amorosa del Medioevo, y que desde este momento en adelante enriquecera la escena con su pujante presencia. Estas muchachas enamoradas de la comedia humanistica latina, en efecto, anuncian ya el largo repertorio de enamoradas plenas de vitalidad y humanidad que nos ofrecera la literatura posterior europea y son testimonio de la emancipacion femenina que, a quince siglos de la que tuvo lugar en la antigua Roma, despuntaba nuevamente en el temprano Renacimiento.

BIBLIOGRAFIA

MANUSCRITOS:

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Viden, Gunhild. Women in Roman Literature: Attitudes of Authors under the Early Empire, Goteborg: University of Goteborg, Department of Classical Studies, 1993.

(1) Este articulo es resultado del proyecto Fondecyt Regular no. 1120388, titulado "Symmachus, de Tito Livio Frulovisi (comedia humanistica latina). Introduccion, texto, traduccion, notas e indice de palabras", en el que participaron Antonio Arbea (investigador responsable) y Javier Beltran (ayudante).

(2) "[...] hanno dato vita a figure femminili piu vicine a quelle che animano molte novelle dell'epoca. Le donne, anche sposate, diventano protagoniste di vicende di cui spesso esse determinano addiritura il corso [...]. [Sono] figure dotate di volonta e personalita propria e che costituiscono veramente un personaggio".

(3) Las veinte comedias de Plauto que se conservan fueron representadas por primera vez entre 215 y 184 a. c.; las seis de Terencio, entre 166 y 160 a. c.

(4) "Gynaixi kosmon he sige ferei".

(5) "Si sine uxore vivere possemus, Quirites, omnes ea molestia careremus; sed quoniam ita natura tradidit, ut nec cum illis satis commode, nec sine illis ullo modo vivi possit, saluti perpetuae potius quam brevi voluptati consulendum est".

(6) "[...] to arren pros to thely physei to men kreltton, to de khelron, kai to men arkhon, to d' arkhomenon. Ton auton de tropon avagkalon elnai kai epi panton anthropon". Sobre este asunto de la inferioridad de la mujer en Aristoteles, cf. Femenias, passim.

(7) "Varium et mutabile semper femina".

(8) A las Furias se las representaba con serpientes entrelazadas a sus cabellos.

(9) "Certe sanus eras. Vxorem, Postume, ducis?

Dic qua Tisiphone, quibus exagitere colubris.

Ferre potes dominam salvis tot restibus ullam, cum pateant altae caligantesque fenestrae, cum tibi vicinum se praebeat Aemilius pons?"

(10) "Intolerabilius nihil est quam femina dives".

(11) "Recensete omnia muliebria iura quibus licentiam earum alligaverint maiores nostri, per quaeque subiecerint viris: quibus omnibus constrictas vix tamen continere potestis. Quid si carpere singula et extorquere, et exaequari ad extremum viris patiemini? Tolerabiles vobis eas fore creditis? Extemplo, simul pares esse coeperint, superiores erunt".

(12) Entre la abundante bibliografia de que disponemos sobre este asunto, me permito recomendar especialmente el trabajo de Gunhild Viden Women in Roman Literature, que investiga con perspicacia las actitudes hacia la mujer en las obras de Tacito, Suetonio, Plinio el Joven, Seneca, Juvenal y Marcial.

(13) Agradezco al St. John's College de Cambridge, que tuvo la gentileza de enviarme una reproduccion de este codice.

(14) Folio 57v, linea 16--folio 58r, linea 2.

(15) Agradezco la valiosa participacion que tuvieron Maria Jose Branes y Javier Beltran en la traduccion de estos fragmentos de Symmaehus y Emporia.

Antonio Arbea

aarbea@uc.cl

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Author:Arbea, Antonio
Publication:Revista Chilena de Literatura
Date:Nov 1, 2014
Words:5727
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