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La moral ilumina al derecho comun: teologia y contrato (siglos XVI y XVII).

Morals are the guiding principle for common law*

CONTENIDO: I. INTRODUCCION.--II. LA TEOLOGIA MORAL INSPIRADA POR EL DERECHO COMUN DE LOS CONTRATOS.--II.1. LA NATURALEZA JURIDICA DE LA TEOLOGIA MORAL A INICIOS DE LOS TIEMPOS MODERNOS.--II.2. LOS TEOLOGOS, EL DERECHO DE CONTRATOS Y LA ARQUITECTURA JURIDICA DE LA VIDA CRISTIANA.--III. EL DERECHO COMUN DE LOS CONTRATOS TRANSFORMADO EN LA TEOLOGIA MORAL.--III.1. ELABORACION DE UNA DOCTRINA DE CONTRATOS BASADA EN LA AUTONOMIA DE LA VOLUNTAD.--III.2. EL ORDEN PUBLICO, LA MORAL Y LOS LIMITES DE LA LIBERTAD CONTRACTUAL.--IV. CONCLUSION.

I. INTRODUCCION

Este articulo ofrece un resumen, a partir de cincuenta citas de fuentes documentales, de mi investigacion doctoral sobre la transformacion del derecho de contratos en los tratados de los teologos catolicos al inicio de los tiempos modernos (1). El titulo de esta sintesis presenta, evidentemente, una cierta ambiguedad. Se trata, en realidad, de una imprecision voluntaria, que refleja las dos tesis que se desarrollaran en este articulo. En primer lugar estudio por que los teologos recurrieron al derecho de contratos del ius commune para elaborar una moral cristiana. Lo interesante del caso es que, a fuerza de apropiarse de los textos del derecho civil y canonico, los teologos acabaron contribuyendo a la redefinicion de esta tradicion juridica. Por eso, en segundo lugar, puntualizo la forma en que los teologos modificaron profundamente la manera tradicional de percibir los contratos, redefiniendo el ius commune a partir de la moral cristiana y del derecho natural. Una de las consecuencias mas importantes de este enriquecimiento moral del derecho de los contratos es que este es, a menudo y sistematicamente, apreciado a partir de la voluntad de los contratantes. Debido a esto, resumiendo el aporte de la teologia moral al derecho de contratos, el jesuita Pedro de Onate (1568-1646) afirmaba, a mediados del siglo XVII, que la moral cristiana restituyo a los contratantes su libertad (contrahentibus libertas restituia) (2).

II. LA TEOLOGIA MORAL INSPIRADA POR EL DERECHO COMUN DE LOS CONTRATOS

En esta primera parte planteo algunas reflexiones sobre la naturaleza profundamente juridica de la teologia moral catolica hasta inicios del siglo XX. Luego resaltare, en particular, la atencion prestada por los teologos a los problemas del derecho de los contratos.

II.1. La naturaleza juridica de la teologia moral a inicios de los tiempos modernos

El primer problema que se plantea es saber por que los teologos estan interesados en el derecho. Para un teologo del siglo XVI como el fraile dominico Bartolome de Medina (1527-1581), la respuesta a esta interrogante parece evidente. El estudio de las leyes era, por supuesto, trabajo de los juristas, pero igualmente lo era de los teologos. Para unos, la ciencia juridica se practicaba con la finalidad de establecer la paz sobre la tierra. Para los otros, ella estaba inserta en la busqueda de la vision beatifica de Dios en el mas alla (3). En efecto, la Iglesia catolica afirmaba anteriormente, en la epoca de las reformas, que solo ella detentaba el poder de las llaves (potestas clavium) para abrir a las almas las puerta del Cielo, pero a condicion de que las almas ajustasen su comportamiento a las reglas de la moral catolica. Como lo explica el jesuita Francisco Suarez (1548-1617) en el prefacio de su famoso Tratado de las leyes y Dios el legislador, la principal responsabilidad del teologo consiste en cuidar la conciencia de los hombres durante su existencia efimera sobre la tierra, que, finalmente, no es sino un largo peregrinaje hacia Dios (4). Pero la rectitud de las conciencias depende de la observancia de la ley. De alli resulta que los teologos debian saber cuales eran las reglas que los hombres debian seguir para <<pasar>> el Juicio final.

Ellos buscaron estas reglas en una multitud de fuentes normativas, como lo indica el titulo mismo de una obra que es tradicionalmente considerada como un monumento en la historia de la teologia moral: las Institutionum moralium del jesuita Juan Azor (1535-1603), concebida segun el modelo de la Instituta de Justiniano (5). La razon, el derecho natural, el derecho romano medieval, el derecho canonico, las leyes de los poderes seculares, los manuales para confesores de autores medievales, la Biblia, filosofos como Aristoteles, autores clasicos como Ciceron, historiadores como Valerio Maximo, padres de la Iglesia como Agustin, teologos como Tomas de Aquino: a partir de todas estas fuentes, los teologos trataron de determinar cuales eran los derechos y las obligaciones de los hombres en situaciones muy concretas, por ejemplo, en la contratacion de creditos o seguros, en el hecho de conservar dinero adquirido por medios ilegales, o en la suscripcion de un seguro sobre la base de informacion privilegiada.

La dialectica entre la elaboracion de reglas generales y su aplicacion concreta era tan estricta que San Alfonso Maria de Ligorio (1696-1787), el patron de los teologos-moralistas, aun en el siglo XVIII, definia a su disciplina como una especie de jurisprudencia moral (6). Despues de Ligorio, el arte de la jurisprudencia moral dependia de un cierto virtuosismo, antes que de la memorizacion de reglas. Esta creatividad era requisito de los teologos y de los confesores en particular. En efecto, la imposicion de reglas al alma tuvo lugar por intermedio del tribunal de la conciencia (forum conscientiae). Por lo tanto, los jueces de este tribunal eran los confesores y, por el contrario, los jueces de los tribunales externos no podian tener en cuenta pruebas ni presunciones. Los unicos criterios de juzgamiento ante el tribunal de la conciencia eran la verdad y la equidad. Esta verdad era revelada por el culpable mismo al confesor.

El caracter juridico de la nocion de conciencia es puesto de relieve en esta epoca. Basta recordar el prefacio del popular manual para confesores del jesuita frances Valere Regnault (1549-1623) (7). Inspirado en el modelo de las Instituia de Justiniano, Regnault explica que su manual tripartito tratara, sucesivamente, de las personas, de las acciones y de las cosas ante el tribunal de la conciencia. Segun Regnault, las cosas en el fuero interno son los pecados cometidos despues del bautismo, por ejemplo, el dano de un contratante. Entre las acciones cuenta la contricion del corazon, la confesion oral, la satisfaccion por las obras, que comprende la restitucion de una cosa poseida sin titulo, y la absolucion. Las personas son el confesor y el penitente. El confesor juega el papel de juez y puede conferir el sacramento de la penitencia y la reconciliacion. Los roles de demandante, defensor, testigo, abogado y acusador estan todos reunidos en la persona del penitente--el proceso en el fuero interior se desata por la autoacusacion de este ultimo--. Incluso si la verdad y el derecho natural debieran tener un lugar central en el juicio, el fin no es ciertamente imponer a la conciencia los ideales cristianos mas elevados. Los teologos tratan de crear una especie de disciplina juridica que deba garantizar la salvacion del alma, nada mas. Inutil es decir que esta aproximacion minimalista y juridica de la moral cristiana debia convertirse en un grave punto de critica contra la Iglesia Catolica en los escritos de Martin Lutero (1483-1546) y de otros Reformadores.

II.2. Los teologos, el derecho de contratos y la arquitectura juridica de la vida cristiana

Luego de haber considerado casos concretos que se ubicaban en el fuero interno, los teologos los integraron dentro de una teoria general de la justicia en los contratos. Como lo hacia notar el fraile dominico Tomas de Mercado (ca. 1530-1575), la virtud aristotelica de la justicia conmutativa fue para los teologos la suma de los tres principios del derecho segun Ulpiano: honeste vivere, neminem laedere, ius suum cuique tribuere (8). Al ser los contratos la version juridica de las relaciones que nacen entre las personas cuando ellas concluyen un acuerdo, los teologos se apoyaron en el derecho de contratos para determinar con precision las obligaciones que cada individuo tiene en los intercambios a fin de salvar su alma. Es asi como en el siglo XIII se puede constatar el surgimiento de tratados consagrados especificamente a los contratos, escritos por teologos como el franciscano Pierre Jean d'Olivi (1248-1298), quien ensenaba en los conventos de Montpellier y de Narbonne. Estos textos se inscriben en la tradicion de los manuales para confesores medievales, con la diferencia de que, en adelante, el derecho de contratos se trataria como un tema autonomo. Ademas, la obra de un d'Olivi testimonia un dominio indiscutible de la tecnicidad del derecho de los contratos y de un espiritu extraordinariamente liberal. A partir de una nocion muy marcada de la propiedad, d'Olivi llega a justificar muchas nuevas practicas comerciales.

El derecho privado, y el derecho de contratos en particular, permitieron a los teologos elaborar una arquitectura juridica de la vida cristiana al servicio de la jurisdiccion del fuero de la conciencia. Asi, el jesuita liones Joseph Gibalin (1592-1671) proponia, a mediados del siglo XVII, escribir un tratado cientifico sobre la equidad en todos los negocios humanos, inspirado en el derecho natural, eclesiastico, civil, romano y frances de contratos (9). Este tratado constituye la continuacion de un Traite sur l'usure, le commerce, l'equite et les coutumes du for lyonnais (Tratado sobre la usura, el comercio, la equidad y las costumbres del fuero liones), en el cual Gibalin, finalmente, no queria sino discutir sobre la usura en el espacio previsto. Gibalin, igual que sus colegas espanoles, dirigia su tratado a los confesores, pero tambien a los jueces del fuero externo. El consideraba que el derecho positivo frances podia tener fuerza coercitiva sobre el fuero interior y que, en consecuencia, un teologo estaba obligado a tener conocimientos profundos en derecho, tanto como lo habia exigido Suarez antes que el. En esta misma perspectiva es preciso senalar que en el curso de los siglos XVIII y XIX, teologos como Charles-Rene Billuart (1685-1757), llamado el Erasmo de Douai, y Mgr. JeanPaul Lyonnet (1801-1875), arzobispo de Albi, propusieron adaptar la tradicion teologico-juridica a las nuevas normas en materia de derecho privado impuestas por el derecho contemporaneo. Lyonnet, en efecto, nos ha dejado un Traite sur la justice et le droit (Tratado sobre la justicia y el derecho) y un Traite sur les contracts et les contracts speciaux (Tratado sobre los contratos y los contratos especiales), que se inspiran a su vez en autores del siglo XVI, como Lessius, y en el derecho frances codificado por Napoleon (10).

La preocupacion por elaborar una arquitectura juridica de la vida cristiana para que sirva de base a la jurisdiccion del fuero interior, nos ha dejado, pues, una herencia de mas de cinco siglos de tratamiento autonomo del derecho de los contratos por parte de los teologos. El epicentro de esta tradicion lo ocupa el imperio espanol durante su Siglo de Oro. El papel de Francisco de Vitoria (1483/1492-1546), antiguo alumno de Pierre Crockaert (Bruselas, ca. 1450-1514) en el colegio de Saint-Jacques, Paris, durante la renovacion del tomismo en Espana a comienzos del siglo XVI es ciertamente susceptible de ser revisada, pero, a pesar de ello, tradicionalmente es considerado como el fundador de la Escuela de Salamanca. Esta es asociada, principalmente, con la sintesis que tuvo lugar entre teologia y derecho a inicios de los tiempos modernos. Es un alumno de Vitoria, el fraile dominico Domingo de Soto (1494-1560)--quien tambien habia hecho una parte de sus estudios en Paris, especialmente en el Colegio Sainte Barbe--, quien reordeno el primer Traite sur la justice et le droit (De iustitia et iure). La estructura de este tratado mantiene fidelidad a su modelo, el segundo volumen de la segunda parte de la Somme theologique (Suma teologica) de Tomas de Aquino. Sin embargo, las discusiones de Soto respecto al derecho de contratos son mas elaboradas que las de su ilustre predecesor. Todos los teologos espanoles se respaldaban en el hecho de que Tomas habia dedicado relativamente pocas palabras a los contratos. Por consiguiente, ellos mismos se sentian obligados a desarrollar este tema.

Lo que me parece muy importante en la manera en que los teologos del siglo XVI abordaron el tema de los contratos es que ellos adelantaron la estrecha conexion existente entre el derecho de los bienes y el derecho de los contratos. Soto advierte que el dominium es la base y el fundamento de todos los contratos (11). Por consiguiente, el cuidado de la proteccion de los derechos de propiedad se va a reflejar en su teoria de los contratos. La razon mas solida que ampara su concepcion individualista de la propiedad va de la mano con su concepcion liberal del contrato. El lazo estrecho entre propiedad y contratos es tambien detallado explicitamente por el jesuita Luis de Molina (1535-1600) en su Traite sur la justice et le droit (Tratado sobre la justicia y el derecho). Luego de haber estudiado el derecho de las cosas, Molina entabla una amplia discusion sobre los modos de transferir diferentes formas de dominium. En este contexto, concibe al contrato como un modo particular de transferir el dominium en virtud de la voluntad del dominus. A esto Molina anade que articula su tratamiento de los contratos en dos tiempos, primero al presentar la teoria general de los contratos y, luego, concentrandose en los diferentes contratos especiales (12). Se asiste, pues, a una sistematizacion de la doctrina de los contratos al interior de un derecho privado, que es concebido dentro de una logica de conjunto. Esta sistematizacion se refleja particularmente bien en el Traite sur la justice et le droit (Tratado sobre la justicia y el derecho) del jesuita Leonardus Lessius (1554-1623) de Amberes, cuyo tratamiento de los contratos especiales esta precedido por un capitulo sobre los contratos en general (13).

Antes de proceder a un analisis de la transformacion de la doctrina de los contratos en la obra de los teologos, conviene determinar de que doctrina de los contratos eran tributarios. Esta claro que los teologos no seguian fielmente la opinion del derecho romano medieval, que consiste en decir que solo los contratos antiguos tienen fuerza compulsiva, aun cuando se inspirasen permanentemente en el vocabulario del derecho de los contratos del ius commune. Por el contrario, ellos afirmaban el principio canonigo pacta quantumcumque nuda sunt servanda, aun cuando no vacilaban en sostener que el tratamiento canonico de los contratos no coincidia totalmente con el derecho natural de los contratos. Asi, Lessius y Hugo Grocio (1583-1645) senalan que la expresion de la causa del contrato es requisito para el derecho canonico, bajo pena de presuncion de error o de fraude, no obstante que la causa pudiera estar implicita segun los principios del derecho natural (14). Para la jurisdiccion del fuero interior, el criterio ultimo para evaluar un contrato era el derecho natural. Y Lessius dice que cada contrato, aun nulo, produce una obligacion natural, esto es, una obligacion en el fuero de la conciencia, a condicion de que sea celebrado libremente por las partes que tienen la capacidad de contratar. Bajo estas condiciones, ?un contrato genera obligacion, salvo que las partes esten de acuerdo en disolverlo? El contrato, en todo caso, debia ser perfeccionado y ejecutado respetando las formas prescritas por las leyes civiles o eclesiasticas (15).

Los teologos afirmaron que las leyes civiles y el fuero externo debian conformarse todo lo posible al derecho natural y a la jurisdiccion del fuero interno. Este es el motivo por el cual Molina constata con satisfaccion que la jurisdiccion civil ha dejado de lado las distinciones sutiles, introducidas por los paganos, entre contratos nominados y contratos innominados, o aun entre convenciones nulas y convenciones antiguas, para adoptar el principio canonico segun el cual todos los acuerdos, incluso los nulos, son aplicables. Molina felicita a su pais por esta adaptacion de la jurisdiccion civil a la jurisdiccion del fuero interno (16). Habria podido felicitar tambien a muchos otros paises que en el curso del siglo XVI adoptaron este principio. Para Francia, basta hacer referencia a la Ordenanza de Villers-Cotterets (1539) o citar un pasaje de Charles du Moulin (1500-1566) segun el cual, en su tiempo, todas las leyes y teorias sobre las formas de estipulacion se habian vuelto superfluas en la practica (17). Es preciso, por lo tanto, recordar las objeciones hechas a esta victoria del principio consensualista en el curso del siglo XVI por numerosos juristas humanistas, tales como Etienne Forcadel (ca. 1519-1578), quienes experimentaron un vivo resentimiento en relacion al derecho canonico y se alegraron con la restauracion del derecho de los Digestos.

III. EL DERECHO COMUN DE LOS CONTRATOS TRANSFORMADO EN LA TEOLOGIA MORAL

En la segunda parte de este articulo, sera preciso demostrar que el derecho romano-canonico de los contratos no solamente proveyo de textos valiosos a los teologos, sino que los teologos, igualmente, alentaron a la tradicion juridica a revisar las bases de la doctrina de los contratos. Por eso, en primer termino explico como los teologos elaboraron una doctrina de los contratos apoyada en la autonomia de la voluntad y, en segundo lugar, abordo brevemente la cuestion de los limites del principio de libertad contractual segun los teologos.

III.1 Elaboracion de una doctrina de contratos basada en la autonomia de la voluntad

La concepcion romana ya habia sufrido la presion de los canonistas que formularon el principio que enunciaba que todos los acuerdos, aunque pudiesen ser nulos, debian ser revisados ante los tribunales eclesiasticos. Los teologos del siglo XVI construyeron una doctrina general de la obligacion contractual en base a esta regla. En su teoria de los contratos, afirmaban que en virtud de la contratacion el hombre recuperaba su libertad natural (libertas restituta). Por la libertad contractual, el hombre podia disponer de sus bienes como le pareciera. Podia usar de los bienes terrenales de manera tan creativa como su Creador. Si el hombre no era libre para celebrar contratos a su gusto, decia Onate, no podria ser considerado como el verdadero propietario de sus bienes, lo que seria opuesto a su destino divino (18). La creacion del hombre a imagen de Dios fue siempre concebida no solamente como un hecho, sino, igualmente, como un fin a alcanzar. Por estas acciones voluntarias, particularmente al concluir los contratos, el hombre podia ejercer su dominium sobre las cosas (19). A los ojos de teologos como Molina, la autonomia de la voluntad llevaba a la liberacion del individuo, asi como al desarrollo de una sociedad en paz (20). Asi, los teologos invertian el argumento tradicional segun el cual los romanos no habian adoptado el principio consensualista por temor a las consecuencias judiciales, al agobio de los tribunales, a la amenaza de multiples litigios y al riesgo de alterar la paz entre los ciudadanos.

El profundo estudio del consensualismo contractual lleva a los teologos a examinar sistematicamente como nace una obligacion contractual (por ejemplo, la teoria de la oferta y de la aceptacion), como se debe interpretar un acuerdo (por ejemplo, la discusion sobre la voluntad, la declaracion o la confianza legitima como base de la interpretacion del contrato; las consecuencias de las circunstancias modificadas, etcetera), como definir el caracter obligatorio de una promesa (por ejemplo, las obligaciones contractuales en tanto que deuda moral o juridica) y cual era la mejor manera de imponer los criterios consensualistas no solamente en el fuero de la conciencia sino tambien en la via de los tribunales externos (por ejemplo, el officium judias, la denunciatio evangelica, la condictio ex canone iuramenti, etcetera). Por los limites de esta sintesis solo abordo una pequena parte de esta problematica, pero remito a mi libro para un tratamiento pormenorizado.

En la mayor parte de los casos, las paradojas por resolver revelan la concepcion voluntarista del contrato. La idea clave es la del contrato como ley privada, aquella que las partes contratantes se imponen a ellas mismas (lex privata quam promittens sibi imponit). Claro que ya se pueden encontrar algunas referencias a esta idea en las discusiones romanas sobre el contrato de locacion, pero teologos tales como Juan de Lugo (1583-1660) perfilan una pieza maestra de su teoria general de los contratos al tratar esta cuestion (21). Se desarrolla toda una casuistica alrededor de la interpretacion del contrato. Como lo subraya Tomas Sanchez (1550-1610), una ley no se impone sino por la voluntad y la intencion del legislador (22). Si la obligacion del contratante es una ley privada que se impone el mismo, es necesario deducir que no tiene fuerza obligatoria sino dentro de los limites de la intencion y la voluntad del contratante. Al respecto, existe una antologia muy popular de maximas que se aplicaban en la jurisdiccion del fuero interno. El jesuita portugues Manuel Sa (1528-1596), por ejemplo, resumia la opinion comun afirmando que escapa a la obligacion contractual todo lo que hubiese sido excluido si se hubiese sabido anticipadamente (23). Aun si las leyes y los decretos emitidos por las autoridades publicas fuesen susceptibles de una interpretacion equitativa, esto es, segun las reglas de la epikeia aristotelica, seguiria, segun la opinion comun, explicada de manera muy clara por Onate, aplicandose tambien la teoria de la imprevision a los contratos (24). A los ojos de teologos como Lessius, cada obligacion contractual estaba limitada por una condicion tacita (conditio tacita) que estipulaba que el contratante seria libre de rescindir un contrato si se descubria que estaba equivocado al momento de perfeccionar y concluir el contrato (25). Al mismo tiempo, Lessius era de los que sostenia que, presionada al extremo, la logica del voluntarismo contractual podia algunas veces ir en contra del interes general. Esto porque se forzaba a un contratante a que aceptase la condicion tacita de indemnizar al otro contratante en base a la teoria de la confianza legitima en la interpretacion de los contratos (26). Finalmente, habia entre ellos quienes, como Lugo, se ponian en guardia contra la teoria de la imprevision, argumentando que la aplicacion de esta idea atentaba gravemente contra la seguridad de los contratos, el comercio y la practica del intercambio contractual (27).

Es preciso, por otra parte, que los teologos no hagan oidos sordos a los intereses de la contraparte contratante. Uno de los meritos de la teoria de los contratos segun las reglas del derecho natural y el fuero interno consiste, mas bien, en un acercamiento que podria calificarse como relacional. Esto porque toma muy en serio los derechos del destinatario de la oferta contractual al insistir en la necesidad de la externalizacion y en la aceptacion de la promesa para que pueda tener fuerza compulsiva. Al contrario de los angeles, los hombres no son capaces de adivinar los pensamientos de su projimo. En consecuencia, aun en el fuero interno, ninguna obligacion contractual puede nacer de una promesa unilateral e interna. Resumiendo la opinion comun, el jesuita y canonista Paul Laymann (1574-1635) tenia razon al hacer hincapie en la aceptacion como condicion esencial para el nacimiento de una obligacion contractual (28). En consecuencia, la opinion general negaba toda fuerza compulsiva, aun en el fuero interno, a los ofrecimientos espontaneos, esto es, a las promesas unilaterales rechazadas (pollicitationes). Incluso el derecho natural exigia la aceptacion como elemento esencial para la produccion de una obligacion contractual (29).

Contrariamente a lo que podria esperarse, los teologos no se adhieren a una concepcion religiosa de la obligacion contractual. Segun una conjetura muy difundida, los teologos basaban la fuerza obligatoria del contrato en la idea de que no mantener una promesa seria un pecado mortal y una ofensa a Dios. Se insistia en esto tan a menudo que, supuestamente, a los ojos de los teologos, el incumplimiento de un contrato equivalia a un pecado contra la obligacion de decir la verdad o de ser honesto. Ciertamente, siguiendo el Decreto de Gracian, y el canon luramenti en particular, los teologos habrian visto un pecado en la violacion de una promesa, al igual que en la violacion de un juramento. Sin embargo, la razon fundamental en virtud de la cual era indispensable mantener promesas y juramentos era otra. Segun una concepcion del contrato que es asociada, a menudo, con Grocio, aunque los teologos ya la sostenian, la promesa contractual entranaba una obligacion con la otra parte a la cual correspondia, como contraparte, la ejecucion del contrato. Para Lessius, una promesa creaba una deuda juridica (30). Esta concede a otros el derecho de exigir la realizacion de la promesa. He aqui pues el fundamento relacional y humano de la obligacion contractual, que no recurre ni a Dios, ni a la deuda moral. Y Soto dice que la palabra dada establece un lazo de confianza entre las dos partes, que nace de la justicia conmutativa y no solo de una deuda moral derivada de la verdad (31).

Antes de entrar en los limites formales y substanciales que ponen los teologos a la autonomia contractual, debo llamar la atencion, brevemente, sobre el desarrollo de una doctrina referida a los vicios del consentimiento. Sobre la base del analisis de la obligacion contractual fundada en el derecho natural, los teologos defendian la postura segun la cual todos los acuerdos son obligatorios desde que hay consenso. Pero si la voluntad esta basada en el error o influenciada por la violencia, el problema es saber si el contrato es verdaderamente deseado y, por lo tanto, si puede realizarse. Como lo subrayaria mas tarde Grocio, este problema ha dado lugar a discusiones extremadamente complejas en los escritos de los teologos. Esta complejidad es consecuencia de la oposicion entre la nueva logica de la autonomia de la voluntad y la tradicion del pensamiento filosofico y juridico respecto a la influencia del error y la violencia sobre la libertad de los actos humanos. Una solucion uniforme a este problema no se dio sino a comienzos del siglo XVII por Lessius. El argumentaba que tanto el error como la violencia daban lugar a una especie de nulidad relativa a favor del contratante que habia sufrido el dolo o la violencia. Los paragrafos siguientes no pueden ofrecer sino una aproximacion muy limitada a los problemas tecnicos que los teologos enfrentaron para elaborar una teoria de los vicios del consentimiento.

Comenzamos por el problema del temor a la violencia. Ni el derecho romano ni la filosofia aristotelica reconocian univocamente que una decision voluntaria tomada bajo la presion de la violencia o del temor fuese de hecho involuntaria. Esa es la razon por la cual la mayor parte de los teologos consideraba que no podia establecerse que un contrato influenciado por temor a la violencia fuese automaticamente nulo (irritas). La opinion comun terminaba por considerar que la coercion en los contratos convertia el contrato en anulable (irritandus) y juzgaba que, en definitiva, el acto condenable del ofensor daba al agraviado el derecho de pedir la anulacion del contrato a un juez. No obstante, habia teologos como Molina o Fernando Rebelo (1547-1608) que juzgaban que la menor contrariedad o inconveniencia comprometia ab initio la voluntad requerida para la conclusion de un contrato. Adoptando una version radical del voluntarismo contractual, ellos juzgaban que un contrato viciado por el miedo o la violencia era nulo ab initio (ipso iure). El problema de saber que grado de temor a la violencia podia ser considerado como suficiente para permitir, efectivamente, la anulacion del contrato, fue objeto de un analisis sistematico (por ejemplo, el criterio de la persona razonable; la influencia de la presion ejercida por terceros, la influencia de la violencia ejercida hacia terceros; el temor reverencial, etcetera) y, a la vez, casuistico (por ejemplo, el abuso del derecho en el proceso).

Ahora, en lo que concierne al problema del error y el dolo, la tradicion era de nuevo refractaria a dar, rapidamente, una respuesta univoca. Era, sobre todo, la diferencia existente en el derecho romano entre los contratos stricti iuris y los contratos bonnae fidei la que creaba las dificultades. Los contratos de estricto derecho basados en un error eran anulables en seguida, en tanto que los contratos de buena fe eran considerados como nulos ab initio si estaban basados en un error. Al margen del problema de la influencia del error sobre la validez de la obligacion contractual, se desarrolla tambien una discusion acerca del significado del concepto de buena fe. No obstante, siguiendo la opinion de Pierre de Belleperche (ca. 1247-1308) en la materia, los teologos acordaron al respecto que todos los contratos de bonae fidei debian ser ejecutados de buena fe, por lo que no resulto tan facil diferenciarse de la distincion romana. Finalmente, es Lessius quien lleva a una ruptura en la discusion sobre los vicios del consentimiento. El le pone termino a la diferencia entre los contratos bonae fidei y los contratos stricti iuris en lo que concernia a las consecuencias anulables del error (32). Ademas, se inclino por la anulacion (y no por la nulidad ab initio) tanto de los contratos basados en el temor a la violencia como de los contratos basados en el error (33). Se trata de una revolucion cuyas consecuencias permanecen y que obedece a la transformacion moral del ius commune.

III.2 El orden publico, la moral y los limites de la libertad contractual

Si bien los teologos desarrollaron una teoria de los contratos fundamentada en la autonomia de la voluntad y la idea del contrato-ley, ellos reconocian que habia que imponer limites a la libertad contractual. Podemos citar a Mercado, para quien la caida de Adan y la debilidad del hombre obligo a este ultimo a restringir su libertad, al someter su voluntad a las leyes (34). Aun si las partes contratantes son, en principio, libres de concluir los acuerdos de su eleccion, ellas forman parte, tambien, de comunidades politicas y religiosas. Por su naturaleza, el hombre es un animal social y politico, que no puede vivir en comunidad sino a condicion de someterse a una autoridad publica, que garantice la paz y administre la justicia. He aqui una constante en el pensamiento politico de los teologos (35). Para garantizar la paz en el seno de la comunidad, las autoridades pueden tener una razon legitima para someter la libertad contractual de los individuos a ciertas condiciones (36). Para combatir el fraude o para proteger a grupos particulares, los poderes publicos pueden, por ejemplo, prescribir exigencias formales bajo pena de nulidad. El problema de saber si tales limitaciones formales tenian igualmente aplicacion en el tribunal de la conciencia era muy sensible. Esto tocaba, en efecto, cuestiones de un orden superior, por ejemplo, la relacion entre la jurisdiccion de la Iglesia y del Estado, el papel de los confesores en la elaboracion de las leyes civiles, la interpretacion teologica de las leyes, las diferencias entre las obligaciones naturales morales y las obligaciones naturales juridicas, la relacion entre la aplicacion estricta del derecho y la razon, etcetera. Ademas, los juristas de la Iglesia y los teologos no respetaban, necesariamente, la distincion que practica la edad contemporanea entre las ramas especializadas del derecho. Asi, la discusion sobre las contradicciones formales en los contratos iba a la par con el problema de la validez de los testamentos que no cumplian con las prescripciones legales.

En general, se puede afirmar que la presion moral que ejercian el derecho canonico y la teologia sobre el ius commune condujo, en un primer momento, a un debilitamiento radical de la aproximacion formal a las reglas del derecho. Asi, en la linea del canonista el Abad Panormitain (1386-1455), hubo ciertas quejas por la supremacia de la voluntad tanto en los testamentos como en los contratos y las elecciones porque estos no cumplian con las leyes que imponian formalidades (37). El teologo de Lovaina y futuro Papa, Adriano de Utrecht (1459-1523), defendio, a partir de una interpretacion teologica de las leyes, la aplicacion racional de las reglas y formalidades prescritas en los contratos (38). De esta manera queria impedir que la aplicacion estricta del derecho llevara a la injusticia (summum ius summa iniuria). Sin embargo, los teologos admitieron progresivamente la idea de que las formalidades prescritas por los poderes publicos pudiesen restringir definitivamente la libertad contractual natural, aun desde el punto de vista del tribunal de la conciencia e incluso si el consentimiento de las partes fuese real (39). Desde Salamanca se lanzaban advertencias, senalando que el peso sobre la primacia de la voluntad llevaria a un conflicto insoluble entre la justicia de los tribunales externos y el juicio del confesor. Francisco de Vitoria temia los casos de conciencia impenetrables y la desobediencia civil (40). Por eso, preguntaba si las leyes positivas podian prescribir formalidades bajo pena de nulidad, incluso en el fuero de la conciencia. Los jesuitas retomaron esta opinion para el derecho de los contratos, pero no necesariamente para el de sucesiones.

Los teologos reconocian que la autonomia de las partes tambien podia ser restringida por otras consideraciones de tipo legal o moral. Un contrato podia ser nulo si las partes se comprometian a hacer o donar alguna cosa que estaba en oposicion a las leyes o las buenas costumbres (41). Se esperaba que los teologos pusieran limites morales severos a la libertad contractual. La realidad, sin embargo, era mas compleja. El problema de los limites materiales de la libertad contractual tocaba cuestiones dificiles: la relacion entre la condenacion de la causa y la condenacion del objeto del contrato, la diferencia (o, mejor dicho, la falta de diferencia) entre la ausencia de <<valor moral>> y la <<nulidad>> juridica, los limites entre obligaciones contractuales y cuasi contractuales, la relacion entre las buenas costumbres naturales y las buenas costumbres politicamente aprendidas, etcetera.

Los teologos concordaban bastante bien en que la causa del contrato era ciertamente pertinente para determinar el valor moral del contrato, pero era mas dificil juzgar su validez juridica. Asi, Onate explicaba que un contrato para comprar un arma con el fin de matar a una persona era moralmente repugnante, pero juridicamente valido, mientras que el contrato para matar era nulo (42). Se afirmaba que un contrato podia ser condenado sobre todo por su objeto: un contrato cuyo objeto era condenable, por ejemplo el contrato para matar o un contrato de prostitucion, no podia adquirir fuerza de obligacion solo en virtud del consenso entre las partes. La obligacion de ejecutar un acto censurable era considerada una obligacion imposible y, en consecuencia, una contradictio in terminis. Pero si una de las partes contratantes cumplia su obligacion contractual, surgia el problema de saber si la parte contraria debia tambien cumplir la suya. Supongamos que una prostituta cumplia con su oficio, ?el cliente podria, efectivamente, negarse a pagarle? La respuesta a esta cuestion fue diversa. Algunos consideraron que un hecho contrario a la moral no podia entranar una obligacion juridica, cualquiera fuera su clase. Otros afirmaban que quien habia prestado un servicio inmoral o ilegal tenia derecho a ser pagado, ya fuese en virtud del enriquecimiento indebido o de una promesa mutua cuya condicion habia sido cumplida en el pasado o lo estaba siendo en el presente. La mayor parte de los teologos concordaron en que un acto inmoral tenia un precio de mercado, de suerte que la prostituta o el asesino a sueldo tenian, en todos los casos, derecho a su salario y podian invocar una excepcion para no reponerlo una vez que el cliente hubiese pagado (43). Grocio compartia este punto de vista con teologos como Molina y fue, a este respecto, severamente criticado por Robert-Joseph Pothier (1699-1772) (44).

Al admitir que la libertad contractual estaba considerada como una clase de derecho natural subjetivo, se impone una interpretacion restrictiva de las leyes del derecho positivo que prohiben ciertos comportamientos. Esta idea emerge claramente del Traite sur les lois et Dieu le legislateur (Tratado sobre las leyes y Dios el legislador) de Suarez (45). A esto se anade que los teologos hacian una diferencia entre la categoria restrictiva de las buenas costumbres segun el derecho natural y la categoria mas amplia de las buenas costumbres segun el derecho civil (46). De este modo, garantizaban la validez de un numero de contratos que estaban, de hecho, declarados nulos por el ius commune, por ejemplo, la donacion entre esposos o la donacion de la totalidad de bienes del donante. Era suficiente proceder a semejante donacion, anadiendole un juramento. Este genero de juramento era legitimado, aunque fuese contra las buenas costumbres civiles, pero no en contra de las buenas costumbres naturales. Los teologos sostenian que este tipo de contratos no se oponia a las buenas costumbres segun el derecho natural y que, por lo tanto, eran validos ante la conciencia. Lessius criticaba, ademas, a los poderes civiles por paralizar, con una concepcion demasiado amplia de buenas costumbres, el ejercicio de virtudes como la liberalidad, el amor al projimo y la experiencia de la pobreza (47). El problema de los limites naturales de la libertad contractual era, pues, un tema politicamente sensible.

La transformacion moral del derecho romano de contratos en los escritos de los teologos es ilustrada de manera muy clara por el principio de la justicia conmutativa--el ultimo limite a la libertad contractual--. Se trata, al lado del principio de autonomia de la voluntad, del segundo gran pilar sobre el cual los teologos edificaron el renovado derecho de los contratos. Los teologos no volvieron a cuestionar el hecho de que la fuente de la obligacion contractual fuese la voluntad autonoma de las partes, pero reivindicaron un control a posteriori del equilibrio contractual, dado que un contrato debe pactarse respetando el interes de ambas partes. Los teologos y canonistas, como Martin de Azpilcueta (Doctor Navarrus, 1492-1586), afirmaban que el contrato es una institucion del derecho de gentes, que se invento para el bien de todos los contratantes implicados (48). En terminos mas modernos, el contrato es considerado como un juego, en el que todo el mundo gana, y no un juego a perdida. El control a posteriori del equilibrio contractual puede llevar a una demanda de reparacion a causa de una lesion (laesio). El defensor puede entonces decidir si desea <<restablecer el equilibrio>> del contrato o hacerlo anular con la obligacion de la restitucion reciproca. Para los teologos, la condena previa alcanzada o, para formularlo positivamente, la obligacion de respetar la justicia conmutativa deriva directamente del principio del derecho natural, segun el cual nadie puede enriquecerse a expensas de otro (49).

Fue asi que establecieron un lazo entre este principio y el septimo mandamiento biblico, que prohibe el robo, asi como el principio aristotelico de acuerdo al cual se debe tener en cuenta, en el intercambio voluntario, un equilibrio entre lo que se dona y lo que se recibe. En la practica, los teologos evaluaban este equilibrio en funcion del justo precio. En general, puede decirse que consideraban este precio como el precio del mercado de libre concurrencia, tan <<loco>> (insano), para utilizar el termino empleado por el canonista Diego de Covarrubias y Leyva (1512-1577), como pudiera ser la estimacion comun reflejada en el precio del mercado (50). El valor economico de las prestaciones era, en otros terminos, considerado en funcion de la utilidad que un bien donado ofrecia a la comunidad siguiendo las leyes de la oferta y la demanda. Lo que los teologos no aceptaban era la explotacion de preferencias y necesidades estrictamente personales. No se concebia que el precio de un pan fuese dos veces mas elevado para un pobre que para un rico, so pretexto de la utilidad de ese pan que, segun el criterio de necesidad, era dos veces mas importante para un pobre infortunado. El precio del mercado, el cual depende de evaluaciones comunes de utilidad, impide, precisamente, la explotacion de las necesidades individuales de este tipo.

Al defender el libre mercado como garantia contra la explotacion economica, los teologos iban mas lejos--tan lejos que a menudo llevaban la discusion de casos especificos (por ejemplo, el comercio con informacion privilegiada, la especulacion, la obligacion de informacion) a puntos de vista que ahora serian calificados de liberalismo extremo--. Ciertos juristas catolicos, como Arias Pinel (1515-1563), alegaron, con razon, que ellos pensaban de manera mas cristiana que los teologos. Esto es, evidentemente, ironico, ya que los teologos precisaban, en el plano teorico, los principios morales cristianos en los cuales descansaba el justo precio, en oposicion al exceso arbitrario que reprochaban al derecho romano de los contratos. Los teologos reconocian tambien que la aplicacion del principio de justicia conmutativa era diferente en el tribunal de la conciencia y en los tribunales externos. Con el fin de impedir que el retraso judicial aumente, no reconocian el derecho al recurso para adelantar el fallo en el fuero externo, sino solo cuando la decision anticipada ordenaba un pago superior a la mitad del justo precio--lo que bien visto daba un margen de accion--, lo que conducia, en el fuero interno, a un pedido de reparacion (restitutio). Via la reparacion, la justicia conmutativa podia ser restablecida y el alma del contratante que habia causado el perjuicio podia quedar a salvo. Pero el alma de los individuos no era lo unico en juego. Si los contratos no respetaban el equilibrio entre dar y recibir, la confianza (fides), en tanto base del orden juridico, quedaria debilitada, afirmaban los teologos, lo que enturbiaria la paz del orden social. A los ojos de los teologos, la paz del alma contribuia a la paz social e inversamente. El derecho de los contratos se hallaba imbricado con la teologia y la teologia imbricada con el derecho de los contratos.

IV. CONCLUSION

A modo de conclusion, conviene mencionar la constatacion que hacia Friedrich Carl von Savigny (1779-1861), uno de los padres de nuestra disciplina, en su famoso Systeme du droit romain contemporain, sobre el espiritu fundamental que impregna a las culturas juridicas occidentales: <<La religion cristiana transformo el mundo a tal punto que todos nuestros pensamientos, por mas extranos e incluso hostiles que parezcan respecto de esta religion, estan tambien dominados e impregnados por ella>> (51). La historia del derecho de los contratos que se acaba de presentar no tiene, en efecto, nada de particular, sino que es el recuento de esta transformacion de nuestros pensamientos, que derivan del derecho romano a la luz de la teologia cristiana. Se puede decir, asi, que una parte importante, aunque no exclusiva, de la reflexion sobre la naturaleza de la obligacion contractual ha nacido de la preocupacion por dirigir las almas en la jurisdiccion del fuero interno. De las estrechas relaciones mantenidas entre la teologia catolica y la tradicion romano-canonica al inicio de los tiempos modernos, emerge una doctrina de los contratos que redefinio la obligacion contractual a partir de la autonomia de la voluntad, sin dejar de lado el contexto politico, moral y espiritual en el que se inscribe la vida del hombre peregrino.

Recibido: 20/08/14

Aprobado: 05/09/14

WIM DECOCK **

* Articulo originalmente publicado en frances en Revue Historique de Droit Francais et Etranger, 2 (2013), pp. 263-281, bajo el titulo <<La morale a l'aide du droit commun. Les theologiens et les contrats (16e-17e siecles)>>.

** El autor es profesor investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Catolica de Lovaina (Belgica), director del Grupo de Investigacion sobre Formas Judiciales y Extrajudiciales de Resolucion de Conflictos (LOEWE) del Instituto Max Planck de Historia del Derecho Europeo (Frankfurt) y ganador, en el ano 2014, del prestigioso Heinz Maier-Leibnitz-Preis (DFG) de Alemania. El autor agradece a la Sociedad de Historia del Derecho de la Universidad Pantheon-Assas (Paris 2) por haberle dado la oportunidad de presentar una version anterior de este texto en su sesion del 16 de febrero de 2013. Traduccion a cargo de la doctora Margarita Guerra Martiniere (PUCP), revision integral a cargo del doctor Armando Guevara Gil (PUCP). Correo electronico: wim.decock@law.kuleuven.be

(1) Ver mi libro Theologians and Contract Law: The Moral Transformation of the Ius Commune (ca. 15001650). Leiden/Boston: Brill/Nijhoff, 2013. Alli se encontrara la copiosa literatura primaria y secundaria que consulte, asi como el analisis detallado de los temas abordados en esta sintesis.

(2) <<Unde lex naturalis, lex canonica et lex Hispaniae omnino consentiunt et innumerae difficultates, fraudes, lites, iurgia hac tanta legume consensione et claritate sublata sunt, et contrahentibus consultissime libertas restitita ut quandocumque de rebus suis voluerint contrahere et se obligare, id ratum sit in utroque foro in quo convenerint et sancte et inviolabiliter observetur. Quare ius canonicum et ius Hispaniae corrigunt ius commune, concedentes pactis nudis omnibus actionem et obligationem civilem, quam illud negabat>> (Pedro de Onate. De contractibus, Romae 1646, tom. 1, tract. 1 disp. 2, sect. 5, num. 166, p. 40).

(3) <<Theologis et iurisprudentibus communis est disputatio haec de legibus, sed diversa ratione. Nam iurisprudentes de legibus considerant, quatenus ordinant nos in commune pacem reipublicae. At vero theologi tractant de illis, inquantum ordinant nos ad aeternam illam felicitatem, quam in Dei vision sita est>> (Bartolome de Medina. In primam secundae divit Thomae, Bergomi, 1586, ad quaest. 90, intro, p. 473).

(4) <<Quoniam igitur hujus salutis via in actionibus liberis morumque rectitudine posita est, quae morum rectitudo a lege tanquam ab humanarum actionum regula plurimum pendet; idcirco legum consideratio in magnam theologiae partem cedit; et dum sacra doctrina de legibus tractat, nihil profecto aliud quam Deum ipsum ut legislatorem intuetur [...] Deinde theologicum est negotium conscientiis prospicere viatorum; conscietiarum vero rectitude stat legibus sevandis, sicut et pravtas violandis, cum lex quaelibet sit regula, si ut oportet servatur, aeternae salutis assequendae; si violetur, amittendae; ergo et legis inspectio, quateus est conscientiae vinculum, ad theologum pertinebit>> (Francisco Suarez. Tractatus de legibus et legislator Deo, Prooemium. En Opera Omnia, editio nova a Carolo Berton, Parisiis, 1859, tomo 24, pp. ix-x).

(5) Juan Azor. Institutionum moralium (Lugduni 1612), <<in quibus universae quaestiones ad conscientiam recte aut prave factorum pertinentes breviter tractantur. Omnia sunt vel ex theological doctrina, vel ex iure canonico vel civil, vel ex probata rerum gestarum narratione desumpta, et confirmata testimoniis vel theologorum, vel iuris canonici aut civilis interpretum, vel summistarum, vel denique historicorum>>.

(6) <<Est enim theologia illa moralis quasi jurisprudentia, ac scientia civilis, quae si bene definiatur, non in eo sita est, quod quispiam memoria leges omnes scriptas teneat, quamvis et id non sit extra ipsam, sed quod ubi leges nihil dicunt, norit id, quod rectum est invenire>> (Alfonso Maria de Ligorio. Theologia moralis, Bassani, 1773, tom. 1, prol. (Dissertatio prolegomena de casuisticae theologiae originibus, locis atque praestantia), part. 3 (pars apologetica), cap. 1, p. lxv).

(7) <<Institutiones [...] digessi tripartitas, pro triplice genere attinentium ad iudiciale forum: personarum, inquam, actionum, et rerum, ita ut prima pars complectatur spectantia ad personas fori poenitentialis, tanquam eas ex quibus dependet sacramenti poenitentiae usus. Sunt autem confessarius, tanquam iudex legitimus in illo foro; et peccator poenitens, tanquam reus simul et testis, adeoque advocatus accusator sui, tanquam is qui a se offensi Dei causam agat contra semetipsum. Secunda vero pars contineat spectantia ad actiones, in quibus idem usus consistit; quae sunt, quoad poenitentem quidem, contritio cordis, confessio oris et satisfactio operis. Quoad confessarium vero, absolution sacramentalis. Illaeque sacramenti poenitentiae materiam constituunt et haec formam. Tertia demum pars [...] sit de rebus, circa quas idem usus versatur. Eae autem sunt peccata poenitentis post Baptismum commissa [...]>> (Valere Regnault. Praxis foripoenitentialis ad directionem confessarii in usu sacri sui muneris. Opus tam poenitentibus quam confessariis utile, Lugduni, 1616, pr.).

(8) <<[L]a substancia de todo lo dicho lo resuelve con artificioso ingenio y suma brevedad Ulpiano en el Digesto diciendo: Tres son los preceptos o partes del derecho: el primero, vivir honestamente; el segundo, no agraviar a nadie; el tercero, dar lo suyo a su dueno. Y nosotros lo podemos en menos palabras resolver, conviene a saber: los preceptos del derecho son ser el hombre en si justo y a nadie injusto. Para lo primero sirven la prudencia, templanza y fortaleza; para lo segundo, la justicia con sus virtudes anexas y consiguientes, de que ahora no es tiempo de tratar>> (Tomas de Mercado. Suma de tratos y contratos, lib. 1, cap. 2, Sevilla, 1587, f. 9v).

(9) Joseph Gibalin. De universa rerum humanarum negotiatione tractatio scientifica utrique foroperutilis ex iure naturali, ecclesiastico, civili, romano, et gallico (Lugduni 1663), in qua negotiorum humanorum aequitas per omnes negotiationis causas, materias, formas universales ac singulares contractuum, commerciorum, atque sunallagmatoon diversa genera, ex iisque ortas obligationes, scientifice et solide explicatur, humanarum scientiarum et artium rectus ac pravus usus demonstratur, singulorum statuum, officiorum ac munerum rationes, atque adeo universa oeconomica et politica traduntur.

(10) Jean-Paul Lyonnet. Tractatus de iustitia et iure, hodiernis Galliarum legibus accommodatus/ Tractatus de contractibus in genere et in particulari, hodiernis Galliarum legibus accommodatus, juxta mentem saniorum theologorum et jurisperitorum. En J.-P. Migne. Theologiae cursus completus, Parisiis, 1841, t. 15-16.

(11) <<Enimvero dominium huiusmodi, eorumque divisio, basis fundamentumque est omnium contractuum conventorumque et pactorum, quae per commutativam iustitiam celebrantur. Ac perinde cuncta quae huic virtuti adversantur vitia, violationes quaedam sunt et corruptelae dominiorum, rerumque possessionum, quae subinde iniuriarum genera contractaque debita restitutionis beneficio repensari debent. Quinque ergo convenit de rerum dominio disputare quaestiones>> (Domingo de Soto. De iustitia et iure (ed. Facsimilar, V. Diego Carro--M Gonzalez Ordonez, vol. 2), lib. 4, proem., p. 278).

(12) <<A disputatione 124 huius secundi tractatus de iustitia dicere coepimus de translatione dominii, propria domini prioris voluntate, indeque hucusque egimus de ultimus voluntatibus. Nunc vero de contractibus est disserendum, ut intelligatur, quousque contrahentium voluntate transferatur aut non transferatur dominium, et quantum iuris ex unoquoque contractu aut quasi contractu comparetur. Prius autem dicemus de contractibus in genere, sumpto latissime vocabulo contractus, deinde vero ad singulos descendemus>> (Luis de Molina. De iustitia et iure, tom. 2 (De contractibus), tract. 2, disp. 252, col. 11, num. 1).

(13) Leonardus Lessius. De iustitia et iure, Antverpiae 1621, lib. 2, sect. 3 (De contractibus): cap. 17. De contractibus in genere; 18. De promissione et donatione; 19. De testamentis et legatis; 20. De mutuo et usura; 21. De emptione et venditione; 22. De censibus; 23. De cambiis; 24. De locatione, emphyteusi et feudo; 25. De societate; 26. De ludo et sponsionibus; 27. De deposito et commodato; 28. De fideiussione, pignore et hypotheca.

(14) <<Ratio est, quia ius canonicum, cum sit conditum ad salutem animarum, respicit obligationem conscientiae, eamque iubet impleri, nisi forte praesumat errorem vel fraudem, quam ob causam non concedit actionem ad exigendum promissum, nisi exprimatur causa cur sit promissum. Sylvester supra. Alioquin non praesumit serio et libere promissum>> (ibidem, lib. 2, cap. 17, dub. 4, num. 23, p. 198).

(15) <<Omnis contractus, etiam nudus, sponte libereque factus, si contrahentes, sint habiles, parit obligationem naturalem seu in foro conscientiae, ita ut parte invita non possis rescindere, nisi iure positivo sit irritus vel detur irritandi potestas>> (ibidem, lib. 2, cap. 17, dub. 4, num. 19, p. 197).

(16) <<Quin omnia etiam, quae de pacto nudo et vestito, et contractibus innominatis et nominatis, subtiliter potius quam utiliter de iure civili ab ethnicis hominibus inventa atque introducta sunt, aboleri deberent ut in Regno Castellae, 1. illa 3 citata, aut omnino aut magna ex parte, consentanee ad ius cononicum factum est, exteriusque forum conscientiae forum aequari deberet>> (Luis de Molina. Ob. cit., tom. 2 (De contractibus), tract. 2, disp. 258, col. 25, num. 9).

(17) <<Sed hodie in praxi hae et omnes leges et theoriae de formulis stipulationum supervacuae sunt, quia etiam extra scripturam publicam vel privatam, sive confessione partis sive testibus aut alias legitime appareat de conventione serio pacta et conclusa in re licita nec prohibita, nec inter prohibitos aut inhabiles, pro stipulatione habetur et oritur efficax actio, juxta no. in c.1, Extra de pactis, quod ita debet intelligi et restringi, et ita in utroque foro seculari et ecclesiastico observatur, nec de verborum forma aut solemnitate curatur, ita ut multorum prolixae et operosae commentationes supervacuae sint>> (Charles du Moulin. Nova et analytica esplicatio Rubricae et legum 1. et 2. de verborum obligationibus, Parisiis, 1562, nom. 42, p. 19).

(18) <<Reliquit Deus hominem in manu consilii sui Eccles. 15, 14 sine dubio inter alia, quia reliquit Deus in voluntate eius ut se obligaret, quando vellet, et sicut actiones agentium non operantur ultra voluntatem et intentionem eorum, ita operantur iuxta voluntatem et intentionem eorum. [...] Quia alias non esset homo vere et perfecte dominus rerum suarum si non posset eas dare quando, et cui vult, et quomodo vult, et obligationem etiam contrahere, quando et quomodo vult>> (Pedro de Onate. Ob. cit., tom. 2, tract. 9, disp. 29, sect. 6, num. 74-76, p. 108).

(19) <<Eninvero quia Deus hominem ad sui imaginem condidit, hoc est rationalem ac liberum, per quam rationem et voluntatem dominium habet suarum actionum. Inde factus est rerum dominus, secundum illud Genes. 1, Faciamus hominem ad imaginem et similitudinem nostram, ut praesit piscibus maris, etc. Qua utique de causa soli homini demonstravimus inter sublunares creaturas competere ut sit rei alicuius dominus. Si ergo per voluntatem constituitur dominus, per eandem potest dominium ab se quodcunque abdicare>> (Domingo de Soto. Ob. cit. (vol. 2), lib. 4, quaest. 5, art. 1, p. 309).

(20) <<Nec dubito ea ratione minuerentur potius, quam augerentur lites, hominesque liberarentur a difficili admodum harum rerum praescrutatione, prout hactenus sparsim atque involute iure civili traditae sunt>> (Luis de Molina. Ob. cit., tom. 2 (De contractibus), tract. 2, disp. 258, col. 25, num. 9).

(21) <<Promissio enim est lex privata quam promittens sibi imponit et qua se ligat, ubi ergo ex defectu animi non se ligat, non est lex nec promissio>> (Juan de Lugo. De iustitia et iure, Lugduni, 1642, tom. 2, disp. 23, sect. 1, num. 4, p. 103).

(22) <<Probatur quia omnis obligatio quae non est ex lege oritur ex privata hominis voluntate, ergo ubi deest se obligandi voluntas deficit obligatio. Tandem, quia obligatio promissionis consurgit ex lege privata, quam promittens sibi imponit, nulla autem lex obligat, nisi legislator obligare intendat>> (Tomas Sanchez. Disputationes de sancto matrimonii sacramento, Antverpiae, 1620, tom. 1, lib. 1, disp. 9, num. 5, p. 30).

(23) <<In obligatione generali, etiam cum iuramento, non veniunt ea quae non intendebas. Talia autem videntur esse quae si tune cogitasses ad ea te non obligasses>> (Manuel de Sa. Aphorismi confessariorum ex doctorum sententiis collecti, Antverpiae, 1599, s.v. obligatio, num. 2, p. 239-240).

(24) <<Sicut in simili in legibus et constitutionibus principum epikeia locum habet, ita eam in promissionibus privatorum locum habere aequum est, cum promissiones sint quaedam leges, quas sibi ipsis private imponunt>> (Pedro de Onate. Ob. cit., tom. 2, tract. 9, disp. 29, sect. 11, num. 152, p. 128).

(25) <<Unde omnis contractus solubilis iure gentium videtur habere hanc tacitam conditionem, quod contrahens stabit contractu nisi deprehenderit se graviter deceptum, id est, tali errore qui sit causa contractus>> (Leonardus Lessius. De iustitia et iure, lib. 2, cap. 17, dub. 5, num. 29, p. 199).

(26) <<Adde, nullam fore fidem contractuum inter homines, si hac ratione se possent expedire, dicendo se ficte promisisse>> (ibidem, lib. 2, cap. 18, dub. 8, num. 60, p. 225).

(27) <<Nam sicut in matrimonio et professione dicebamus propter firmitatem et perpetuitatem status, consensum exigi omnino absolutum, ita in aliis contractibus onerosis exigitur propter securitatem contractus consensus absolutus, quoties non erratur circa substantiam aut dolus ab altero contrahente non apponitur dans causam contractui. Alioquin de omni eiusmodi contractu et de eius valore ac securitate posset dubitari, quod non esset conveniens commercio humano et contrahendi usui, sed expositum innumeris periculis et litibus>> (Juan de Lugo. Ob. cit., tom. 2, disp. 22, sect. 6, num. 92, p. 24).

(28) <<Sed Sotus, Gomez, Lessius loc. cit., Sanchez lib. 1 de matrim. disp. 7, num. 24 et alli plerique contrarium sentiunt, omnem promissionem suapte natura respectivam esse, cuius proinde vis et obligatio ex alterius partis consensu, tamquam a forma sua, dependeat>> (Paul Laymann. Theologia moralis, Monachii, 1630, lib. 3, tract. 4 (De pactis et contractibus), cap. 1, num. 3, p. 371).

(29) <<Moveor quia acceptatio est de essentia omnium contractuum et altera pars omnium essentialis eorum, ut saepissime in hoc opere probavi>> (Pedro de Onate. Ob. cit., tom. 2, tract. 9, disp. 29, sect. 4, num. 45, p. 100).

(30) <<Promittere non tantum est affirmare se daturum vel facturum, sed ulterius est se obligare | alteri et consequenter ius illi tribuere ad exigendum. Unde dici solet, promissionem parere debitum>> (Leonardus Lessius. De iustitia et iure, lib. 2, cap. 18, dub. 8, num. 52, p. 223-224).

(31) <<Enimvero promittere non pertinet simpliciter ad virtutem veritatis, sed reducitur ad commutativam iustitiam. Non enim est utcumque verum asserere, sed obstringendo alteri fidem>> (Domingo de Soto. Ob. cit. (vol. 4), lib. 7, quaest. 2, art. 1, p. 630).

(32) <<Si dolus det causam contractui, et proveniat ab altera parte, vel saltem illa sit particeps doli, contractus adhuc iure naturae non est omnino irritus, tamen pro arbitrio eius qui deceptus est, (si solubilis sit) irritari potest. [...] Ob has rationes sentido esse verius, nullum esse discrimen hac ex parte in foro conscientiae inter contractus bonae fidei et stricti iuris, cum dolus causam dedit, sed utrosque aliquo modo esse validos, et parere aliquam debilem obligationem iure naturae in foro conscientiae, quae tamen dolo detecto possit elidi per eum qui deceptus est>> (Leonardus Lessius. De iustitia et lure, lib. 2, cap. 17, dub. 5, num. 29-31, p. 199).

(33) <<Itaque secluso iure positivo, verius existimo, matrimonium metu gravi contractum, esse validum, modo interveniat ultro citroque idonea materia, in qua contractus versetur, nempe personarum habilitas. Idem dico de emptione, venditione, permutatione, locatione, et similibus contractibus. Possunt tamen huiusmodi contractus sic initi, excepto matrimonio, facile irritari, voluntate eius, qui iniuriam passus est, nam potest petere restitutionem in integrum, et agere de damno illato. Excipio matrimonium, quia semel initum, natura sua est insolubile, unde iure positivo ab initio debuit irritum decerni>> (Leonardus Lessius. In I.II D. Thomae de beatitudine et actibus humanis, Lovanii, 1645 (ed. posth. J. Wijns), quaest. 6, art. 6, num. 38, p. 45).

(34) <<De arte que, dado seamos de libre albedrio natural, estamos mas cautivos de lo que pensamos, no porque se nos quite nuestra libertad y voluntad, sino porque, segun despues del pecado es suelta, es menester voluntariamente cautivarla y atarla a muchas maromas, que son estas leyes que nos ensenan no solamente lo que hemos de hacer, sino aun lo que hemos de querer. Y estamos obligados a guardarlas todas y ponerlas en ejecucion en nuestros contratos, negociando, no segun deseamos y apetecemos, sino segun ellas nos mostraren. La ley es regla de nuestra vida por do midamos y nivelemos nuestras obras>> (Tomas de Mercado. Ob. cit., lib. 1, cap. 3, f. 14v).

(35) <<Est enim homo naturaliter animal civile. Coalescere autem in unum mortalium vita non potest, nisi a publica authoritate in pace contineantur, quae quidem authoritas tum custos est reipublicae, tum et iustitiae iudex>> (Domingo de Soto. Ob. cit. (vol. 2), lib. 4, quaest. 5, art. 1, p. 309).

(36) <<Ratio est, quia sicut duo homines privati seposito omni iure positivo possunt inter se statuere certas formulas et conditiones, sine quibus contractus eorum in posterum non censeantur validi, nec obligationem naturalem possint inducere, ita respublica, quae naturaliter est superior singulorum seu cui naturaliter competit potestas in singulos potest constituere huiusmodi conditiones, et consequenter principes saeculares, in quos suam potestatem respublica transtulit>> (Leonardus Lessius. De iustitia et iure, lib. 2, cap. 17, dub. 4, num. 19-20, p. 197).

(37) <<[Antonius] dicit enim sufficere quoad forum conscientiae ut contractus teneat secundum limites iuris naturalis seu Gentium. Nam de iure naturali seu gentium sufficit solus consensus, et haec opinion mihi placet, et adduco singulare dictum Inn. in. ca. quia propter [sic], de elect., ubi dicitur quod electus est tutus in foro animae si electio sua tenuit de iuregentium, licet non fuerit servata forma tradita a iure positivo, quia illa forma est introducta propter scandala et deceptiones evitandas. Verumtamen ex quo omnia ista cessaverunt et intervenit consensus satis est is tutus quo ad Deum et tenebis semper menti illud dictum: quia valet in omni actu in quo est praetermissa solemnitas iuris positivi ut in foro animae non teneatur quis sibi de hoc facere conscientiae ex quo non intervenit ibi aliqua deceptio et adfuit consensus habentium actum explicare de iure naturali; ex quo infertur quod in foro conscientiae aequitas iuris naturalis praefertur rigori iuris positivi>> (Panormitanus. Commentaria super Decretalibus, Augustae Taurinorum, 1577, tom. 2, ad. X 1,41.1, f. 155v., num. 19).

(38) <<Lex iusta praeceptum iustum superioris laici vel ecclesiastici ligat in foro conscientia, sed ad metas solum rationis seu causae finalis quae praetenditur>> (Adriano de Utrecht. Quaestiones quodlibeticae duodecim, Parisiis, 1527, quaest. 6, art. 1, concl. 2, litt. g. f. 111r).

(39) <<Quapropter censeo potius contrariam regulam esse generaliter constituendam, scilicet, actus factos contra leges instituentes substantialem solemnitatem tanquam simpliciter necessariam ad eorum valorem, esse nullos ex defectu talis solemnitatis, etiamsi in re fiant ex vero consensu et sine ullo defectu contra legem naturale>> (Francisco Suarez. Ob. cit., lib. 5, cap. 24, num. 4, p. 522).

(40) <<Esset valde inutilis et periculosa irritatio in foro contentioso defectu solemnitatis, si non valeret in foro conscientiae. Absurdum enim est dicere quod detur in foro contentioso jus cum quo condemnentur homines, cum leges potius provideant saluti animae quam corporis>> (Francisco de Vitoria. Commentarii in IlamIIae (ed. Beltran de Heredia, tom. 3), quaest. 62, art. 1, num. 41, p. 95-96).

(41) <<Contra leges ea dicuntur fieri, in quibus promittitur aliquid quod leges prohibent, ut homicidium, furtum. Contra bonos mores fiunt, per quae datur occasio inique agendi, ut in exemplis num. 23, vel impediuntur illi mores quos expedit esse in republica bene instituta>> (Leonardus Lessius. De iustitia et iure, lib. 2, cap. 18, dub. 4, num. 24, p. 219).

(42) <<Contractum si vere fiat cum intentione se obligandi et transferendi dominium non vitiari et corrumpi in esse contractus, id est non invalidum, et irritum reddi, ex quocumque, quamlibet pravo et turpi fine ad quem ordinetur, v. gr. [...] emptio ensis ad occidendum regem vel patrem, quia hi fines contractum ipsum in sua natura et essentia non contingunt, sed sunt fines extrinseci accidentaliter coniuncti ei. Secus esset si ipsi contrahentes vellent pacisci et contractu se obligare ad occidendum regem vel patrem. Tunc enim finis ille intrinsice in obligationem ipsam cadit, et est obiectum illius, unde eam vitiat, quia contractus de re turpi esse non potest>> (Pedro de Onate. Ob. cit., tom. 1, tract. 1, disp. 4, sect. 1, num. 12, p. 105).

(43) <<Pactio et acceptio pretii ob rem turpem illicita est et peccatum antequam talis res turpis fiat. Post rem autem patratam illicitum non est petere et accipere pretium antea promissum aut institutum>> (Luis de Molina. Ob. cit., tom. 1, tract. 2, disp. 94, cols. 381-382, num. 8).

(44) <<Grocio pretende que estas promesas no son en verdad obligaciones, en tanto que el crimen no se ha cometido, y que hasta aqui aquel que ha hecho la promesa puede desdecirse, y dar una contraorden a aquel que lo ha hecho; pero que en tanto el crimen haya sido cometido, la promesa deviene obligatoria por el derecho natural y en el fuero de la conciencia; la razon es que esta promesa esta viciada en la medida en que ella es una incitacion al crimen; pero este vicio cesa cuando el crimen es cometido y consumado; el vicio de esta promesa ya no existe, nada impide que se produzca su efecto, que es obligar al cumplimiento por lo que ha hecho>> (Robert-Joseph Pothier. Tratado de las obligaciones, segun las reglas, tanto del fuero de la conciencia, como del fuero externo, Paris-Orleans, 1777, part. 1, sec. 1, art. 3, par. 6, pp. 44-45).

(45) <<In materia odiosa veba sunt restringenda quoad fieri possit intra eorum proprietates, potius quam extendenda; sed irritatio actus est valde odiosa et valde repugnans naturae, quia quodammodo aufert quoddam naturale jus>> (Francisco Suarez. Ob. cit., lib. 5, cap. 26, num. 24, p. 531).

(46) <<Duobus modis dici aliquid contrabonos mores. Uno, presse et proprie, quia videlicet est peccatum, veniale saltem, contra divinum vel humanum ius. Altero late, quia licet in se non sit peccatum, inde tamen bonis moribus quos in bene instituta republica servari decet, potest facile praeiudicium afferri, ut disp. 151 explicatum est>> (Luis de Molina. Ob. cit., tom. 2 (De contractibus), tract. 2, disp. 271, cols. 81-82, num. 14).

(47) <<Ius civile non potest impedire officia pietatis et consilia evangelica, atqui talis donatio [omnium bonorum tam futurorum quam praesentium] est officium pietatis et consilium Christi, ergo [...]. Principes saeculares non possunt aliquid statuere in praeiudicium bonorum operum et salutis animarum. Solum enim ita possunt gubernare rempublicam ad traquillitatem temporalem, ut ea gubernatio non impediat studium pietatis et media ad finem supernaturalem, sed potius subserviat et iuvet. Atqui si talis insinuatio esset necessaria in causis piis, saepe bona opera impedirentur, idque cum magno boni spiritualis daamno>> (Leonardus Lessius. De iustitia et iure, lib. 2, cap. 18, dub. 13, num. 95, p. 229, Jo. lib. 2, cap. 18, dub. 13, num. 102, p. 230).

(48) <<Ut Arist. 1 Politicurum tradit, emptio, et venditio et eadem ratione omnis alia commutatio introducta est pro communi utilitate ambarum partium, quarum altera re alterius indigent. Quod autem pro communi duorum utilitate inductum est, non debet esse gravius alteri, quam alteri, ut esset si pretium excederet valorem mercis aut e contrario>> (Martin de Azpilcueta (Doctor Navarrus). Relectio in cap. Novit de iudiciis. En Opera Omnia, Venetiis, 1601, tom. 3, not. 6, coroll. 13, num. 44-45, f. 80r).

(49) <<Quia supposita rerum divisione subintravit protinus naturale ius, in his commutationibus naturalem aequitataem servandam esse, praecipiens: non solum ut, quod tibi non vis, alteri ne feceris, sed etiam, ut in his servetur aequalitas rei ad rem, quam iustitia commutativa praescribit, et ut si violata fuerit per restitutionem resarciatur, et pacta conventa servari magna fide praecipiens, et violatores congruis esse poenis cohibendos>> (Pedro de Onate. Ob. cit., tom. 1, tract. 1, disp. 1pr., num. 10, p. 2).

(50) <<Primum, in contractibus emptionum et venditionum similibusque permutationibus, necquaquam attendi, ne constitui iustum pretium ex natura rei, sed ex hominum aestimatione, tametsi insana sit aestimatio. [...] Secundo, hinc apparet in pretii iusti aestimatione non esse considerandum quanti res ipsa empta fuerit nec quot labores pro eius acquisitione venditor fuerit perpessus, sed tantum habendam esse rationem communis hominum aestimationis>> (Diego de Covarruvias y Leyva. Variarum resolutionum libri quattuor, lib. 2, cap. 3, num. 4. En Opera omnia, Augustae Taurinorum, 1594, tom. 1, p. 244).

(51) <<Jene allgemeine Aufgabe alles Rechts nun laBt sich einfach auf die sittliche Bestimmung der menschliche Natur zuruck fuhren, so wie sich dieselbe in der christlichen Lebensansicht darstellt; denn das Christenthum ist nicht nur von uns als Regel des Lebens anzuerkennen, sondern es hat auch in der That die Welt umgewandelt, so daB alle unsre Gedanken, so fremd, ja feindlich sie demselben scheinen mogen, dennoch von ihm beherrscht und durchdrungen sind>> (Friedrich Carl von Savigny. System des heutigen Romanischen Rechts. Berlin, 1840, tomo 1, capitulo 1, par. 15, p. 53-54).
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Author:Decock, Wim
Publication:Derecho PUCP
Date:Dec 1, 2014
Words:11881
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