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La mansion del pajaro serpiente: Virgilio Rodriguez Macal.

Si bien el estilo de La mansion del pajaro serpiente --que no es otro que el quetzal, que recibe su sobrenombre debido a que su larga cola bifida y lo colorido de su plumaje dan la impresion de que arrastra dos viboras-- con su pintoresquismo y sus reiteraciones permite ubicar al escritor Virgilio Rodriguez Macal como descendiente del Popol Vuh, el tipo de sus ficciones lo afilia tambien a la cuentistica de Horacio Quiroga, quien a fines de la decada del veinte ya habia tomado a los animales de la selva como protagonistas de sus relatos. Ademas, parte importante de su estilo radica en que las cosas y los habitantes de la Mansion se invocan en la lengua del narrador cakchiquel y despues se dan los equivalentes castellanos.

En La mansion del pajaro verde la selva aparece idealizada, ajena a los anatemas que cayeron sobre ella en la narrativa criollista latinoamericana. Es el espacio donde la vida y la muerte discurren perenne y vertiginosamente: "Sabia que existian enormes peligros ocultos, los presentia, pero nunca se habia encontrado de frente con la muerte. "Pero no tardaria mucho, porque en la vida de la selva nada tarda mucho y todo dura eternamente ... La vida y la muerte corren de arbol en arbol, se arrastran por el suelo fundidas en una misma cosa y, a pesar de que todo muere, todo subsiste, todo se alimenta y perdura." En este ambito cerrado y adanico menudean las liricas descripciones del escenario donde el olfato es el sentido mas importante y la prudencia es el puntal de la sabiduria: "Todo se ve claramente, pero con una luz difusa, como si el cielo de clorofila bajara hasta el suelo una tenue neblina de esmeraldas, o como si enormes lingotes de oro fueran introducidos a la fuerza por Gij, el sol, a traves de las escasisimas goteras de aquel techo tan inmenso y murmurador ..." Aqui vive el tigre, rey de las verdes mansiones, las sordas culebras, el noble tapir, el jabali solidario, los monos alhraquientos, la comadreja, el mas bandido de los animales, el sabroso y pacifico tepezcuinte, el discreto quetzal, el perro, gran renegado porque sirve al hombre que penetra en la jungla para cazar y talar.

Rodriguez Macal sostiene, tal como haria Rafael Bernal en la decada de los cuarenta, que la selva costera no es igual a la selva de las alturas: mientras la primera es impura, la segunda es fragante y vivificadora.

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Author:Francisco Torres, Vicente
Publication:Siempre!
Article Type:Resena de libro
Date:Dec 14, 2003
Words:439
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