Printer Friendly

La libertad nunca se olvida.

Los acontecimientos politicos de 1968 siguen sin aclararse y se mantienen en un nivel de oscuridad preocupante. Se trata de un problema de historia, de etica y, sobre todo, de politica. El pasado interesa, no solo como evocacion nostalgica de lo que fuimos, sino como escuela de aprendizaje, como memoria de la experiencia colectiva que permita a nuestra comunidad nacional avanzar por vias inteligentes y no repetir ciegamente sus errores.

Asi progresan las naciones. Por ensayo y error. El pais que no evalua sus experiencias y extrae de ellas las lecciones pertinentes se arriesga a repetir una y otra vez el mismo yerro. En el caso del conflicto politico de 1968, hablamos, por anadidura, de una experiencia determinante para la transformacion del viejo regimen y para la realizacion de una serie de reformas institucionales que estan en la base de la politica presente.

Hay, ademas, una lista de actitudes y estados emocionales que derivan del 68 (y su desenlace tragico) y que ayudan a explicar, al menos, parte de las dificultades que encuentra en nuestro medio, todavia hoy, la deliberacion publica racional. En la generacion politica adulta, al menos, la herida sigue abierta. La sola alusion a 1968 genera reacciones de ofuscamiento e ira en algunos politicos o, en otros, suscita una compulsion de indignacion y odio.

Esa carga emocional es un lastre para ponderar con objetividad lo que realmente ocurrio y es un factor que entrampa el progreso politico de Mexico. Hay, lateralmente, un aspecto juridico, el de las personas que cometieron crimenes de lesa humanidad y que no han sido castigadas. Subsiste, por ejemplo, el hecho formal, dictado por los jueces, de que los culpables de la matanza de Tlatelolco fueron los mismos estudiantes; dicho en otras palabras, de acuerdo al dictamen de la justicia mexicana, los estudiantes en esa noche tragica se masacraron a si mismos.

Este dictamen, vigente en Mexico, 2004, es aberrante. A lo largo de 36 anos transcurridos nunca se ha demostrado que algun estudiante haya usado un arma de fuego durante los hechos. Esta aberracion juridica, sin embargo, no ha tenido correccion de parte del Estado y tampoco ha habido en este lapso autoridad alguna que pida perdon a las victimas (en cambio, por increible que parezca, el actual secretario de la Defensa ha sugerido, !que sean las victimas las que otorguen el perdon a sus verdugos!).

El aspecto judicial es dificil de resolver en virtud de las inercias conservadoras --y complices-- que hasta hace poco dirigieron al Poder Judicial y debido a la persistencia en el cuerpo juridico de normas absurdas respecto de la vigencia de los delitos. Pero se puede avanzar en la busqueda de una verdad que permita a los mexicanos --de uno u otro signo politico-- saber lo que realmente paso y tomar medidas para que eso no vuelva a suceder.

Desde luego, las actitudes emotivas --aunque insoslayables-- no resuelven sino complican las cosas. Pienso que lo importante es que Mexico no eluda hacer un balance de 1968 y que se impida que a la postre sea el olvido el que termine por imponerse. Como en cualquier psicoanalisis, Mexico necesita "elaborar" esa experiencia, pues de no hacerlo la conducta colectiva seguira gobernada por factores no conscientes. La experiencia de 1968, no debe juzgarse --seria grave error hacerlo-- como un hecho bipolar, como enfrentamiento de dos voluntades simples que chocan en el vacio, como un "combate" entre el "bueno" contra el "malo", sino como un fenomeno complejo que involucro a muchas circunstancias y actores cuya actitud nunca fue uniforme.

Es verdad que los estudiantes enarbolaron la bandera de la libertad y la democracia y este que fue el principal contenido de su lucha. Pero no puede ocultarse el hecho de que, junto a la expresion consciente y espontanea de la protesta, hubo fuerzas que actuaron soterradamente manipulando las circunstancias para su beneficio particular (los casos mas notables fueron la intervencion del secretario de Gobernacion, del secretario privado de la Presidencia y del jefe del Estado Mayor Presidencial que usaron el conflicto para catapultar a la Presidencia de la Republica a Luis Echeverria).

Pero esas intervenciones no han sido satisfactoriamente ilustradas, aunque merecen la mayor atencion. Se ha escrito mucho sobre la dinamica de los hechos durante la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco --especialmente iluminadoras a este respecto han sido las obras recientes de Julio Scherer y Carlos Monsivais que han aportado informacion decisiva para reconstruir los hechos durante esa jornada tragica--, pero muy poco respecto del desarrollo politico del movimiento (excepcion notable: La estela de Tlatelolco de Raul Alvarez).

En los proximos dias, la editorial Cal y Arena lanzara al mercado un libro del cual soy autor con el titulo La libertad nunca se olvida. Memoria del 68, que intenta llenar algunos vacios informativos y articular una explicacion de los acontecimientos. No se trata de un mero testimonio personal, sino de un relato que informa lo ocurrido dia con dia a lo largo del conflicto estudiantil de 1968 y que aborda aspectos --sobre todo politicos-- que han sido poco atendidos por la reflexion colectiva.

En La libertad nunca se olvida (titulo tomado del memorable discurso de Miguel Eduardo Valle) he tratado de revelar la logica de los hechos y presentar, dentro de un todo coherente, el desarrollo de los acontecimientos politicos aclarando el papel que desempenaron cada uno de los actores en cada etapa. Entre aquellos estaban: el presidente de la Republica Gustavo Diaz Ordaz; el secretario privado de la Presidencia, Joaquin Cisneros Molina; el jefe del Estado Mayor Presidencial, Luis Gutierrez Oropeza; el secretario de Gobernacion, Luis Echeverria; el jefe de la Direccion Federal de Seguridad, Fernando Gutierrez Barrios; el director de Investigaciones Politicas y Sociales, Manuel Ibarra Herrera; el procurador general, Julio Sanchez Vargas; el procurador del Distrito Federal, Gilberto Suarez Torres; el lider de la Camara de Senadores, Manuel Bernardo Aguirre; el lider de la Camara de Diputados, Luis M. Farias; el secretario de la Defensa, Marcelino Garcia Barragan; el regente de la Ciudad de Mexico, general Alfonso Corona del Rosal; el secretario de la Presidencia, Emilio Martinez Manatou; el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, etcetera.

La libertad nunca se olvida ofrece al lector el resultado de una amplia investigacion que se extendio por muchos anos, en la cual participaron centenares de personas como informantes, muchos testigos presenciales de los hechos --estudiantes, lideres estudiantiles, profesores, politicos profesionales, funcionarios publicos, funcionarios universitarios, etcetera-- y que involucro igualmente la consulta de millares de materiales escritos tanto del pais como del extranjero.

Espero que este trabajo, producto de un esfuerzo extraordinario --esfuerzo mio y de muchos otros mexicanos--, arroje un poco de luz sobre la dinamica de los hechos politicos de 1968.
COPYRIGHT 2004 CISA Comunicacion e Informacion, S.A. de C.V.
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2004 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Title Annotation:comentarios sobre movimientos sociales en 1968 y Matanza de Tlatelolco
Author:Guevara Niebla, Gilberto
Publication:Proceso
Date:Oct 3, 2004
Words:1230
Previous Article:La Real Academia y el "genero".
Next Article:El unico y su propiedad: 70 anos del Palacio de Bellas Artes.
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters