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La jerarquia catolica y el carrancismo: una aproximacion desde fuentes documentales eclesiasticas.

The Catholic hierarchy and Carrancismo: an approach from ecclesiastical documentary sources

INTRODUCCION

En un articulo dedicado a los exiliados por la Revolucion mexicana, Javier Garciadiego hace ver que en toda revolucion hay una serie de actores que suelen ser especialmente estudiados por la historiografia: precursores, caudillos, ideologos, entre otros, y tambien algunos que son mas bien destinados al confinamiento, si no es que incluso al olvido:
   Un par de actores presentes en las revoluciones son los exiliados y
   los llamados con- trarrevolucionarios, que forman parte de los
   grupos vencidos y que son, por mucho, los que han recibido menos
   atencion entre todos los involucrados en los procesos
   revolucionarios, seguramente por pertenecer a las elites
   --nacionales o locales--del regimen vencido. (1)


Entre ese grupo de olvidados, o casi, por la historiografia, se encuentran todavia los jerarcas mexicanos que debieron expatriarse a causa de la revolucion constitucionalista encabezada por Venustiano Carranza y que permanecieron fuera del pais entre 1914 y finales de 1918 o principios de 1919. (2)

En el presente articulo se pretende ayudar al mejor conocimiento de la situacion que vivieron estos personajes, prelados de la Iglesia catolica, por medio del estudio de su correspondencia personal, recogida de diferentes archivos. Es notoria la sensacion de persecucion en la escritura de muchos de estos documentos y, por lo mismo, un cierto tono apologetico y tambien de queja o de denuncia. Situacion explicable porque quienes escriben lo hacen juzgando el anticlericalismo imperante desde la perspectiva clerical, es decir, desde el punto de vista de quienes estaban sufriendo las consecuencias. Para reconstruir parcialmente esta vision, se ha acudido en buena parte a documentos tanto del Archivo Secreto Vaticano, como del Archivo Historico de la Arquidiocesis de Mexico y del Archivo de la Arquidiocesis de Guadalajara.

En total, estuvieron desterrados quince obispos. (3) Tambien varios vicarios generales. (4) En este estudio se analiza principalmente la correspondencia de los arzobispos de Mexico y Morelia, Jose Mora y del Rio y Leopoldo Ruiz y Flores, asi como los informes rendidos al Vaticano por otros prelados.

UNA PAZ QUE NO DURARIA PARA SIEMPRE

Al final del largo periodo en el que el general Diaz condujo los destinos del pais, la Iglesia catolica disfruto de cada vez mayores libertades, por mas que las Leyes de Reforma siguieran vigentes. Una de las consignas de los circulos liberales que comenzaron a fundarse a principios del nuevo siglo habia sido precisamente la de aplicar con todo su rigor las leyes antirreligiosas.

La libertad de la que gozaba la Iglesia le permitio fomentar la organizacion de los catolicos en diversos niveles para que se fundaran instituciones mutualistas, como los circulos de obreros catolicos y algunos sindicatos, asi como la organizacion de congresos en los que participaban obispos, sacerdotes y laicos, cuyas conclusiones iban encaminadas a establecer lineas unificadas de accion social, aunque siempre ajenas a cualquier intromision con la politica del regimen:
   Un congreso catolico [explicaba el arzobispo de Guadalajara] no es
   a la verdad una asamblea politica, ni por las materias de que se
   ocupa y los fines que se propone, ni por la calidad y el mandato de
   las personas que lo constituyen [sino mas bien] la pacifica reunion
   de catolicos distinguidos por su piedad y su saber, asi sacerdotes
   como seglares, convocados bajo los auspicios del Episcopado y en
   ejercicio de un derecho garantizado por la ley politica del pais,
   para deliberar y cooperar en la medida de sus fuerzas a la
   realizacion de los grandes fines que la Iglesia persigue en su
   benefica accion sobre la sociedad. (5)


Entre los participantes de estos congresos--especialmente en algunos laicos--subsistia la inquietud de buscar que las propuestas y conclusiones de estos trabajos no quedaran en letra muerta. Otros prelados, como don Jose de Jesus Ortiz, veian que lo que se estaba comenzando daria ciertamente frutos, aunque no en el corto plazo: "No debemos, pues, desalentarnos si los resultados inmediatos no corresponden acaso a las vivas ansias del celo. En las obras emprendidas para la gloria de Dios, no es el exito del manana lo que se nos pide, sino el trabajo del dia". (6)

De la ansiedad porque los catolicos volvieran a hacer oir su voz en el campo de la politica y, por lo tanto, de que las soluciones y alternativas que proponian a la cuestion social y a los demas problemas del pais se discutieran en la Camara de diputados, ya en los estertores del regimen porfirista nacio un partido oficiosamente catolico, con todo el apoyo de algunos obispos: el Partido Catolico Nacional. Efectivamente, para algunos prelados habia por fin llegado el momento de que los catolicos retomaran una postura activa en la politica del pais y, al menos, de que no tuvieran un veto para ello por parte de la jerarquia. A partir de su fundacion, el Partido Catolico seria senalado por otros actores politicos como una especie de apendice de la jerarquia para extender--a traves de el--su campo de accion en el terreno de la politica.

Pasadas las elecciones de 1911, en las que el naciente Partido Catolico, junto con otros partidos, habia apoyado al candidato vencedor, Francisco I. Madero, los obispos publicaron un documento congratulandose por la participacion de los catolicos: "Al felicitar pues a los catolicos que han luchado exhortandolos a continuar con denuedo y abnegacion, no podemos dejar de desaprobar la conducta de los que no han querido, pudiendo, tomar parte en las elecciones". (7) Los dirigentes del partido agradecieron este apoyo concreto del episcopado. (8)

El presidente Madero, junto con la demostracion de simpatia verdadera por la organizacion politica de los catolicos, mantuvo una politica de conciliacion hacia la Iglesia y permitio que, durante su corto mandato, esta actuara con mayor libertad incluso que bajo el gobierno de Porfirio Diaz. (9) Sin embargo, ni para el ni para los catolicos constituyo una prioridad plasmar estas libertades en leyes concretas.

El gobierno maderista, iniciado en noviembre de 1911, termino de manera abrupta tras un golpe de Estado que llevo a la presidencia al general Victoriano Huerta, quien aviesamente habia traicionado la confianza de Madero. (10) El encumbramiento de Huerta se llevo a cabo luego de negociaciones en las que intervino, en primera persona, el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, y en las cuales--se rumoraba--habia estado presente el arzobispo de la Ciudad de Mexico, Jose Mora y del Rio. (11) Sea por esta razon, sea porque detras de la reaccion emprendida por Carranza en contra del gobierno de Huerta estaban muchos de quienes habian participado en los circulos liberales que desde el final del Porfiriato abogaban por la instauracion irrestricta de las leyes anticlericales, (12) o, incluso, sea porque el arzobispo Mora se vio constantemente acusado de colaborar con el regimen huertista, el hecho es que desde los inicios del movimiento carrancista se comenzaron a dar una serie de represalias en contra de los catolicos, de la jerarquia y de las diferentes propiedades utilizadas por la Iglesia para el culto publico y demas actividades. Estos excesos no eran parte del plan acunado por Carranza, quien incluso habia solicitado a sus partidarios--en los albores mismos de su movimiento--aplazar las reivindicaciones que tuvieran en relacion con el clero, para centrarse en el objetivo de derrotar al gobierno de Huerta; (13) sin embargo, las represalias se repitieron con intensidad diferente en los territorios que iban siendo ocupados por los carrancistas.

1914: LAS PRIMERAS REPRESALIAS

El ejercito constitucionalista, cuyo lider moral era don Venustiano Carranza, habia venido avanzando desde el norte y apoderandose, ciudad tras ciudad, de las plazas que ocupaban las tropas federales leales a Victoriano Huerta. Es probable que el mismo Carranza no viera con simpatia muchas de las acciones emprendidas por militares que lo apoyaban y, tal vez, de algunas ni se enteraba, lo cierto es que el avance de esas partidas conllevo no pocos atropellos para el pueblo en general y, particularmente, para el clero.

En 1918, con el pais en calma, Carranza como presidente de la Republica y una buena parte de los obispos en el exilio, el cabildo de Guadalajara escribio un largo Memorial para informarlo de los abusos que habian sufrido durante los ultimos cuatro anos. Se ofrece a continuacion un extracto que hace referencia al verano de 1914:
   El dia 21 del mismo julio de 1914 fueron reducidos a prision todos
   los sacerdotes que pudieron ser capturados, pues la orden de
   aprehension fue general y pasaron a la penitenciaria, en
   Guadalajara, mas de cien sacerdotes de la ciudad, en medio de los
   insultos y de los tratamientos mas soeces de los aprehensores, pues
   hasta el ultimo soldado se sentia, y lo estaba, autorizado para
   vejarnos.

      El pretexto, mas bien dicho, la patrana inventada para esa nueva
   persecucion, fue, como usted lo sabe muy bien, un complot
   quimerico, que tenia por objeto ultrajarnos personalmente y
   clausurar los templos (donde debian encontrarse las armas y el
   parque preparados para llevarlos a cabo), apoderarse de las casas
   habitaciones de los rectores de las iglesias para buscar tambien
   alli el cuerpo del delito que motivaba aquellos procedimientos y
   resultar a la postre con que nueve dias despues salieran en
   libertad los presos, contra quienes no hubo ni el mas leve indicio
   de culpabilidad, ni armas encontradas en los templos, que si en
   alguno se hubiese descubierto un deposito de esta naturaleza,
   cuando menos el rector de el habria continuado en la prision hasta
   fusilarlo, o lo habrian perseguido mas tarde, si acaso entonces no
   hubiese caido en manos de revolucionarios [...].

      Declarada la inocencia de los presuntos reos, era de suponerse que
   los templos serian abiertos inmediatamente y restituidos a sus
   respectivos rectores; pues una vez cateados aquellos, hubiera o no
   delincuentes que hubiesen depositado armas en ellos, se acaba el
   pretexto de su clausura, ya que el local no podia ser delincuente,
   ni habia por que hacer al pueblo que los ha construido, para
   servirse de ellos mediante los actos del culto a que los ha
   destinado, que careciera de esos actos y declarados inculpables los
   sacerdotes, tampoco habia por que privarlos del ejercicio de su
   sagrado ministerio y del cuidado y uso de sus iglesias. Pero no fue
   asi, desde el momento que los ocuparon se dedicaron a saquearlos, y
   tuvimos el dolor de ver tiradas por el suelo las sagradas hostias
   para llevarse cuanto antes (los que iban a buscar armas y parque)
   los copones y custodias que las contenian; desaparecer, segun
   fueron dando con ellas, todas las alhajas y vasos sagrados,
   exhumados y profanados en la catedral los restos venerados de
   nuestros obispos alli sepultados, de cuyas tumbas creyeron
   seguramente sacar tesoros [...]La sola catedral perdio mas de
   ochocientos mil pesos en los objetos desaparecidos. (14)


Situaciones parecidas se repetian en los distintos lugares por donde las tropas carrancistas pasaban. Aunque es verdad que en algunos sitios no hubo mayores excesos. Por ejemplo, el obispo de Yucatan, Martin Tritschler, (15) en su visita ad limina de 1915, daba cuenta a la Santa Sede de los hechos ocurridos en su diocesis entre 1914 y 1915, y explicaba que, en cuanto supo que se acercaban los revolucionarios, se habia fugado a La Habana, lugar mas cercano desde donde podia seguir gobernando su diocesis. De acuerdo con su narracion, temeroso de sufrir las vejaciones que sabia que habian sufrido los prelados en otras partes de la Republica, se embarco hacia Cuba, en compania de cuatro sacerdotes. Despues mencionaba lo acontecido en su ausencia: el gobernador resulto ser una persona de buena educacion y nacido en Yucatan, de apellido Avila, (16) que no permitio los saqueos, asesinatos, profanaciones y sacrilegios ocurridos en otras partes de la Republica; sin embargo, casi inmediatamente se les comunico a los sacerdotes extranjeros (37 seculares y 8 regulares), que tenian cinco dias para abandonar el pais. No sirvieron los buenos oficios de muchas personas para que se modificara esa disposicion o para que se alargara el plazo: todos tuvieron que salir en el termino de cinco dias, excepto dos que estaban bastante enfermos. Ademas, se establecieron horarios reducidos para celebrar misa, se prohibio el uso de traje talar, el rezo a los difuntos en los cementerios, etcetera. Aun asi, el considera que habian sido de lo mas afortunados. (17)

La situacion que se vivia llevo al papa Benedicto XV a escribir al arzobispo de Mexico una carta en la que expresaba su preocupacion por el pais y su solidaridad:
   Al comenzar, por secretos juicios de Dios el Pontificado, hemos
   sentido no poco dolor por la tristisima guerra, que ya de tanto
   tiempo esta ensangrentando los campos de casi toda Europa; y como
   si no tuviesemos todavia bastante motivo de tristeza, nos llegan de
   apartadas regiones tales noticias de la Iglesia Mexicana que nos
   ponen en gran preocupacion. (18)


No seria la unica intervencion del pontifice en la que se interesara por lo que ocurria en el pais.

1915: EXILIO DE LOS OBISPOS Y GOBIERNO DIOCESANO EN MANOS DE LOS VICARIOS

Para 1915, la mayor parte de los obispos se encontraban desterrados. Algunos habian tenido que salir en secreto; otros habian asistido a su visita ad limina y se les disuadio de regresar. Al de Tulancingo y al de Mexico, fueron agentes del mismo gobierno quienes les indicaron que no hicieran ni el intento de ingresar al pais. Permanecieron ocultos, perseguidos y, muchas veces, fuera del territorio de sus diocesis, los obispos de Zamora, Huajuapan de Leon, Puebla, Veracruz, Cuernavaca, Colima y Chihuahua.

Ante la ausencia de los obispos, en la mayoria de los casos se hicieron cargo del gobierno de las diocesis los vicarios capitulares o quienes ostentaban el cargo de vicario general. En algunos casos, los cabildos tuvieron que acceder a presiones de los revolucionarios para designar como vicario a quien ellos proponian. El asunto fue visto con preocupacion por la Santa Sede y tratado en el consistorio del 6 de diciembre de 1914, pues se veia con recelo la posibilidad de un intento de cisma. (19)

Justo por ello, la preocupacion mayor para el episcopado mexicano y para la Santa Sede estuvo representada, paradojicamente, por un eclesiastico: Antonio J. Paredes, quien, con la simpatia de los carrancistas, se desempeno como vicario general de la arquidiocesis de Mexico entre 1914 y 1919, pues sus declaraciones a periodicos, su actitud ambigua y, sobre todo, la cercania que llego a tener con el gobierno lo hicieron mas que sospechoso.

De lo sucedido en este tiempo, da cuenta pormenorizada el arzobispo Mora y del Rio en una carta dirigida a Benedicto XV, la cual intento hacer llegar por medio de don Francisco Orozco y Jimenez, (20) arzobispo de Guadalajara residente en Roma por aquellas fechas.

La carta original se encuentra en el Archivo de la Arquidiocesis de Guadalajara, en hojas de buena clase, escrita a maquina a dos tintas, resaltadas en color rojo algunas ideas, en un latin cuidado y firmada a mano por el obispo Mora. (21) El documento contiene un amplio informe, escrito en agosto de 1916, desde San Antonio, en el que da razon detallada de algunos sucesos y constantemente intenta justificar la ausencia de los obispos que permanecian en el extranjero.

Explica como a el y al obispo de Tulancingo, mientras se encontraban en La Habana, cuando regresaban de Roma a Mexico, emisarios del gobierno les habian advertido que no intentaran regresar al pais. Relata, asimismo, como los obispos de ocho sedes, reunidos en la Ciudad de Mexico e impedidos de cualquier tipo de comunicacion con los demas,
   [...] absolutamente ciertos de los gravisimos males inminentes, que
   ya algunos habian experimentado, de comun acuerdo, una vez que fue
   aprobado tanto por los mas prudentes varones del clero y del pueblo
   fiel, como por no pocos de los funcionarios de naciones
   extranjeras, dejaron la ciudad de Mexico y se trasladaron al puerto
   de Veracruz, lugar en ese momento neutral. Luego, de ese puerto,
   dos que consiguieron buenas condiciones para pagar su pasaje,
   marcharon a Europa; los otros, en cambio, a los lugares mas
   proximos de los Estados Unidos, con tal de estar mas cerca de sus
   diocesis. (22)


A continuacion, Mora y del Rio narra la huida a Guatemala del obispo de Chiapas; la expulsion del arzobispo de Durango, lo mismo que de los obispos de Tabasco y Campeche; explica como no fueron necesarios actos concretos del gobierno para llevar a cabo estas separaciones, debido al caos imperante en toda la Republica:
   [...] han desaparecido las formas legales en la actuacion del
   gobierno, que para nada ha sido necesario un decreto formal de
   destierro cuando con los hechos este ha sido ampliamente suplido.
   De aqui que esta inicua revuelta que ha separado a los obispos de
   sus diocesis debe ser equiparada a un durisimo exilio.


Al mismo tiempo, se mostraba preocupado por lo que habia de seguir, pues en un folleto publicado a expensas del gobierno y difundido en 1914, se hablaba de acabar con la Iglesia:
   Queremos perseguir la bandada de Buitres con sotana, hasta
   aniquilarla y confundirla; hasta dejarla impotente, exanime muerta.
   No queremos solamente derrotarla: queremos acabar con ella; no
   queremos humillarla simplemente, queremos extinguirla; no queremos
   que capitule, podria resurgir; queremos desaparecerla para siempre;
   no queremos conformarnos con que abandone el territorio de Mexico,
   tenemos que perseguirla por el orbe hasta acabar con ella. Es
   guerra a muerte, sin cuartel, sin misericordia y sin perdon.


Por ello, al comprobar--a su parecer--que se habia declarado una autentica guerra contra la jerarquia, se temio que si los obispos llegaran a caer "en manos de hombres impios", los males futuros serian todavia peores. Mora anadia tambien el costo del rescate que habian tenido que pagar por algunos prelados al ser capturados por el ejercito constitucionalista. El pago mayor se dio por el obispo de Tehuantepec, quien "fue llevado a la carcel de Guadalajara con otros cien sacerdotes y por su libertad se tuvieron que pagar cien mil pesos". (23)

El arzobispo de Mexico no deja de recordar que ya habia informado a la Santa Sede de estos acontecimientos iniciados en julio de 1914, y que, en respuesta, habia recibido unas letras del Papa en octubre de ese ano, aunque fueron mas llenas de benevolencia las escritas un mes despues al obispo de San Antonio con dedicatoria a los mexicanos y, "finalmente, las que enviasteis al Eminentisimo Senor Cardenal Gibbons, el 17 de marzo de 1915. Con agradecimiento sentimos que nuestra manera de actuar habia sido aprobada por Vos en vuestras letras al obispo de San Antonio ya recordadas". (24) Por ello, sin decirlo expresamente, mostraba extraneza por el hecho de que, en junio, varios de los obispos hubieran recibido una carta del delegado apostolico, recriminandoles que prolongaran su exilio cuando la situacion del pais ya les permitia regresar y el alejamiento de sus sedes episcopales era causa de escandalo para sus fieles.

Ante ese reclamo, Mora explicaba: "no se puede culpar a los obispos de su ausencia. El clero y el pueblo fiel son muy conscientes de que hicieron cuanto pudieron y, de otra parte, ninguno de nuestros sacerdotes y fieles desconoce que la persecucion religiosa que hay ahora es la misma que hubo antes". Mencionaba, como ejemplo, las tribulaciones sufridas por el obispo de Zacatecas, quien, habiendo regresado a su diocesis, "no pudo en manera alguna instalarse en su sede episcopal, ni en algun otro lugar de la diocesis conveniente para administrarla, sino que tuvo que vagar por los montes, y ni siquiera de su diocesis, que de ningun modo pudo administrar". De manera velada, Mora manifestaba que, de haberse unido a la revolucion, iniciando asi un cisma, las cosas para ellos hubieran resultado mas llevaderas:
   Cualquier cosa que los obispos hayan hecho, o el modo en que
   anteriormente lo hacian, todo esto ha servido a estos hombres
   nefastos para sacar motivo de ultrajar y perseguir; sin embargo,
   estas cosas no hubieran tenido, ni tendrian ahora lugar, si los
   obispos mismos hubieran traicionado su oficio y seguido los
   principios de la revolucion, que Dios nos libre. (25)


Un dato de especial interes que aporta esta misiva esta relacionado con acusaciones que, en varios momentos, hicieron los revolucionarios en contra suya por haber financiado el gobierno de Huerta. Segun estas, el prelado le habria estado entregando 50 000 pesos mensuales para el sostenimiento de la campana belica contra los revolucionarios. Algunos incluso hablaban de cantidades mas fuertes. (26) Sin embargo, con toda sencillez el arzobispo expone al Papa:
   [...] sobre el dinero ofrecido al Senor Huerta, varias veces los
   obispos declararon que ellos absolutamente nada le habian dado, y
   por ningun lado los acusadores aportaron ni minima prueba. Aunque
   si es verdad que yo mismo preste al Senor Huerta 17 000 pesos de
   plata, mas no para la conspiracion, sino--habiendose esta
   consumado--para pagar el sueldo de los soldados, que si no hubiera
   sido pagado inmediatamente, se temia que la ciudad fuera saqueada
   por los soldados. Estoy preparado para, si hace falta, probar ante
   la Sede Apostolica que actue asi, y no de alguna otra manera. Pues

   un rumor calumnioso de mi auxilio prestado al Senor Huerta corrio
   de boca en boca ya antes del triunfo de la revolucion y, lo que mas
   me duele, es que el entonces Excelentisimo Senor Delegado
   Apostolico al menos haya tenido sospechas de mi. Quiza por alguna
   presuncion que le llego en contra de mi junto con el presidente del
   Partido Catolico, y de sus palabras y obras. Lo cual atribuyo al
   Reverendo Senor Paredes, cuyas informaciones suplico sean recibidas
   en la Curia Romana siempre con gran cautela, y de igual forma se
   actue.


Con este antecedente, terminaba Mora y del Rio su exposicion, suplicando a Benedicto XV que, si algo en contra de los obispos llegara a sus oidos, "ya sea de clerigos depravados o de personas incautamente enganadas", no por ello dejara disminuir su benevolencia hacia el episcopado, sino que mas bien se lo informara, lo cual atraeria gran consuelo en medio de las tribulaciones que tanto debilitaban sus animos. (27)

Tres anos antes de esta carta, el entonces delegado apostolico en Mexico, Tommaso Boggiani, habia escrito al secretario del Papa recogiendo las mismas acusaciones de las que Mora intentaba defenderse:
   Una sombra sumamente oscura ha venido a posarse sobre el Partido
   Catolico y a neutralizar gran parte de la buena disposicion que
   despertaron en muchos de ellos la prudencia y la rectitud con las
   que, en general, se habia manejado el Partido. Aludo a la
   cooperacion positiva, con consejos y dinero, de algunos de los
   principales jefes del Partido Catolico en la revolucion que hizo
   que cayera el presidente Madero, cooperacion en la que participo,
   de alguna manera, el jefe de esta Arquidiocesis. El hecho se afirma
   y se desmiente, pero, para muchisimos, ya es cierto; y cuando la
   oportunidad politica mueva a los mismos que se aprovecharon de tal
   cooperacion a restregarles en la cara a los catolicos su
   conspiracion--multiplicando, como suele suceder, las acciones de
   algunos miembros de este, y exagerando, como siempre, la gravedad
   de los hechos--, el movimiento catolico perdera sin duda la
   esperanza de alcanzar la victoria, con lo bien que habia comenzado
   y se habia conducido en el resto de sus acciones. (28)


Como se ha visto, a la postre las palabras del delegado resultaron profeticas.

1916: UN ANO MAS DE EXILIO A TRAVES DE LA PLUMA DE LEOPOLDO RUIZ Y FLORES (29)

Una amplia fuente para conocer no solo la situacion de los obispos, sino tambien su percepcion acerca de los eventos en la epoca de Carranza es, sin duda, la correspondencia del arzobispo de Morelia con distintas instancias. En efecto, ya desde esta epoca, Leopoldo Ruiz y Flores desempenaba un papel preponderante para mantener una cierta unidad entre los obispos en el exilio, al menos en cuanto a informacion, mediante un copioso intercambio epistolar. En estas cartas, ademas de una preocupacion pastoral por el bien espiritual de las almas, se alcanzan a ver juicios muy interesantes sobre la situacion politica y datos historicos de primera mano.

A principios de 1916, con cerca de dos anos de destierro, Ruiz y Flores comenzaba a sentir la necesidad de que se tomaran determinaciones mas claras respecto a su situacion y a la de los demas obispos en el exilio, con el fin de que se apresurara el retorno de estos a sus respectivas diocesis y, al no ver esa misma preocupacion en el arzobispo primado de Mexico, comenzo una discreta, pero persistente, campana para intentar sacar las cosas del silencio y la inmovilidad en la que se encontraban. Por ello, el 18 de enero escribia una carta a monsenor Giovanni Bonzano, quien, ademas de ser el delegado apostolico de la Santa Sede en Estados Unidos, ostentaba el cargo de delegado ad interim para Mexico, desde su sede en Washingon. La carta no causo efecto alguno inmediato, salvo una atenta respuesta de Bonzano:
   He recibido su apreciable carta del 18 del mes en curso, en la que
   me describe hechos y circunstancias en los que aparece de manera
   cada vez mas clara la hostilidad del general Carranza contra la
   Iglesia catolica y los obispos mexicanos. Todo esto, unido a las
   otras dolorosas noticias que se leen en los periodicos, demuestra
   que la persecucion religiosa en Mexico esta, todavia, muy lejos de
   finalizar. Y lo que es peor, no se ve ningun medio humano para
   abreviarla. En este momento parece inutil buscar dar otros pasos
   ante este gobierno de los Estados Unidos, visto que este no es ni
   siquiera capaz de defender sus propios subditos en la frontera
   mexicana. (30)


La respuesta, de alguna manera, dejaba ver que el delegado estaba enterado de todo y que, al menos en su opinion, por el momento, nada podia hacerse; ademas, se anticipaba a la posible sugerencia de que se acudiera a los buenos oficios de Estados Unidos, pais que, ante la violencia revolucionaria, "ni siquiera es capaz de defender a sus propios subditos" (esta expresion probablemente hacia referencia a la incursion de Francisco Villa en territorio estadounidense).

A partir de ese momento, para Ruiz y Flores quedaba claro que el camino para llegar al Papa no era la delegacion apostolica en Estados Unidos, por lo que comenzo un intenso intercambio de cartas con el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jimenez, exiliado en Roma, con la esperanza y el deseo de que por este conducto llegaran noticias de Mexico a la Santa Sede.

De esas cartas podemos obtener una reconstruccion muy original de lo que estaba aconteciendo en el pais:
   Lo de Mexico mas oscuro que nunca [escribia el 12 de abril]. Ahora
   ha comenzado una nueva revolucion Felix Diaz y por cartas que
   recibimos de Mexico dicen que esta creciendo diariamente y que en
   pocos dias tomaran Jalapa y Toluca. Los periodicos no cuentan mas
   que invenciones y mentiras: ya han herido, matado y cogido a Villa
   quien sabe cuantas veces, y el caso es que sigue este hombre dando
   quehacer. (31)


Junto con algunas pinceladas, quiza exageradas, de los movimientos de Felix Diaz, el obispo de Michoacan senalaba un punto importante: la guerra de desinformacion que se llevaba a cabo por medio de la prensa. (32) Ademas, describia en muy pocos rasgos la situacion, poco halaguena a sus ojos, en la que se encontraba el pais a causa de la revolucion: "Carranza sigue en el periodo preconstitucionalista, dejando que cada gobernador militar haga su voluntad y, mientras, la pobre gente sin viveres, sin dinero, sin garantias de ninguna clase y soportando una activisima propaganda de impiedad y socialismo". (33)

Parcialmente, la situacion era muy cercana a lo que describia el obispo: cada jefe militar era dueno absoluto de su plaza, y hacia de ella, de sus habitantes y del clero, lo que se le venia en gana. Jesus Silva Herzog, historiador a quien no se le puede reclamar una actitud contraria a la Revolucion, senalaba esta epoca como una de las mas desgraciadas: "los militares son los menos capacitados para las funciones de gobierno. Ellos conocen el arte de la guerra, y lo que se necesita conocer para gobernar es lo contrario, el arte de la paz". (34)

Apenas habian pasado dos semanas, cuando, de nueva cuenta, Ruiz y Flores escribia a Orozco y Jimenez, quien, en el interim, le habia expresado sus deseos de ingresar a Mexico de cualquier forma. Aunque en su larga respuesta trata tambien el asunto de un posible regreso a Mexico del prelado de Guadalajara--a quien le aconseja no hacerlo--, esta carta es de mayor relevancia que la anterior, pues senala algunos puntos de acuerdo a los que se habia llegado conjuntamente con otros obispos desterrados residentes en Estados Unidos:

De Mexico nada consolador puedo decirle: aquello es una anarquia completa envuelta en hambre y miseria que espanta. Todo el mundo dice que Carranza no podra establecer gobierno mientras no cuente con dinero para lo necesario siquiera.

Eso mismo le pasara a cualquiera que llegue a dominar la situacion. Sin dinero no se hace nada. Asi ha castigado Dios a estos hombres que sin necesidad ninguna se dedicaron al robo y al saqueo no viendo que con eso ellos mismos se labraban su ruina.

En lo moral pasa lo mismo. Con sus principios de socialismo del mas avanzado se estan rodeando de cuervos, que seran los primeros en sacarles los ojos a los que criaron y dieron alas.

La revolucion de Felix Diaz parece que prospera, y sin duda triunfaria si contaran con dinero y con la proteccion de Washington; pero ambas cosas son muy dificiles.

De San Antonio nos consultaron los hermanos [obispos] cual habria de ser nuestra conducta con la revolucion Felicista; y de comun acuerdo hemos decidido que nuestra conducta se ha de limitar a los siguientes principios:

1 Estamos dispuestos a someternos a cualquier gobierno establecido en Mexico.

2 Nos someteremos con sumision pasiva a todo lo injusto y tirano siempre que la conciencia lo permita.

3 Naturalmente contara con toda nuestra ayuda moral, en nuestra esfera, todo gobierno que nos de la leal libertad religiosa de culto y de ensenanza.

4 No nos mezclaremos para nada en ningun movimiento armado; por lo cual, si Carranza nos da esa libertad, la recibiremos con mayor gusto que de manos de otro, para que no haya mas revolucion ni desorden.

Los felicistas por conveniencia y los carrancistas por odio han publicado que los obispos estamos de acuerdo con los felicistas: ya Mons. Kelley se va a encargar de contestar a unos y a otros.

El Sr. Plancarte y yo creemos que de ninguna manera conviene que V.S.I. se venga, porque le sera imposible entrar a Mexico, y si entra, ha de ser para no poder hacer nada, comprometer a las personas que lo hospeden y exponerse a ultrajes y atropellos. (35)

Se alcanza a apreciar como algunos obispos estaban en la mejor disposicion de colaborar, dentro de su esfera, con cualquier gobierno constituido, en beneficio del pais. Asi como su conviccion de evitar alguna muestra de apoyo a cualquiera de los grupos beligerantes. Tambien se anticipaba la postura que habria de tomarse ante Carranza, quien comenzaba a afianzarse en el poder: en el momento en el que ofreciera garantias a la Iglesia, esta olvidaria cualquier maltrato y recibiria esa libertad "con mayor gusto que de manos de otro", pues significaria la consolidacion de una de las facciones, en beneficio de la estabilidad y del progreso de la patria.

Pasadas dos semanas, el senor Ruiz y Flores volvia a escribir a Orozco y Jimenez una carta en la que se puede advertir una especie de ansiedad a causa de que el pais seguia sumido en el caos. En esta, sin embargo, comienzan a aparecer nuevos datos; uno de ellos, la posibilidad no tan lejana de una intervencion en toda forma por parte del gobierno estadounidense en favor del partido carrancista:
   Hoy se suspendieron las conferencias que tenian en El Paso Obregon
   y los generales Scott y Frieston sobre la expedicion punitiva.
   Muchos creen que fueron un fiasco y que tarde o temprano se hara
   indispensable la intervencion.

      Como que Carranza no da trazas de restablecer gobierno ni orden en
   Mexico y como le falta el cimiento material y moral, a saber el
   dinero y el dominio sobre su gente, claro esta que nos estamos
   haciendo merecedores de la verguenza de que otros vengan a arreglar
   nuestras cosas.

      Wilson lo hara, pero encaminandolo todo, aun la misma intervencion
   si llega a realizarse, al triunfo de Carranza, o de los ideales de
   Carranza que son acabar con la clase media, el ejercito y el clero,
   quienes a juicio de Wilson han sido tiranos de las clases pobres,
   del 88% de los mexicanos.

      Esperemos en Dios que por donde menos se piense nos llegue el
   remedio, pero como que nada en lo humano da apoyo a esas
   esperanzas, estas tienen que ponerse solo en Dios. (36)


Por fin, en junio, en una carta mas extensa y que, en algunos momentos, tiene mas bien caracter de informe, se atreve el obispo de Michoacan a proponerle a su homonimo tapatio que, aprovechando su estancia en Roma, comunique a la Santa Sede todo lo acontecido, pues duda que este del todo enterada. Ahi, despues de explicar que varias veces el obispo Plancarte y el mismo han insistido a Mora y del Rio que informe a Roma de lo acontecido en Mexico--al menos los eventos mas importantes--, busca que monsenor Orozco haga de portavoz de sus preocupaciones: "con relacion a la Iglesia, y mas cuando haya algo notable. No se si [Mora y del Rio] lo haya hecho". (37)

Asi, preocupado por la politica carrancista, hace un resumen de algunas cosas que ya le habia comunicado antes y anade preocupaciones nuevas, con matices de mayor dramatismo: "Carranza y los suyos han continuado sistematicamente sus actos de hostilidad con el fin de debilitar y si fuera posible destruir todo lo que es culto, sacramentos, instruccion religiosa y religion". Entre estos actos, le preocupaban sobre todo los que reducian de manera exagerada el numero de sacerdotes que podian ejercer su ministerio:
   V.S.I. estara al tanto de todos los atropellos y sacrilegios
   ultimamente cometidos en Yucatan, Guadalajara, Sonora, etc. El
   gobernador de Michoacan dio orden el 4 de mayo de que salieran del
   Estado todos los sacerdotes de Morelia, debiendo quedar solamente
   uno para cada dos templos. Gracias a que el pueblo se mostro
   indignado no se llevo a cabo ese decreto, pero hay temores de que
   de un momento a otro se lleve a efecto.


Refiere tambien una campana supuestamente orquestada por Carranza y su gente para desprestigiar a los obispos:
   Por otra parte Carranza se ha propuesto desacreditar a los obispos
   y clero mexicanos, tanto en Mexico como aqui en los Estados Unidos.
   Por un lado nos niega la entrada a Mexico, como consta por mis
   gestiones con Arredondo en Washington y la respuesta dada al Sr.
   Echavarria; y por otra sus periodicos en Mexico estan diciendo que
   no volvemos a Mexico porque no queremos.


Afirmaba que, incluso, para desacreditarlos en Estados Unidos, Carranza habia esparcido la noticia de que "esta[ban] promoviendo revoluciones y que [eran] partidarios de la intervencion americana".

Por primera vez menciona una posibilidad varias veces contemplada en Mexico y que la Santa Sede llego a considerar como no tan remota: una separacion formal de los catolicos de Mexico del obispo de Roma, pues, en esos momentos, por la ausencia de sus obispos, las diocesis se hallaban gobernadas por vicarios generales y, en algunos casos, estos parecian actuar en sintonia total con el gobierno constitucionalista: "Parece que Carranza insiste en querer conseguir un cisma, o por lo menos que Roma destituya a ciertos obispos que estamos fuera de Mexico y que no somos personas gratas a la revolucion".

Terminaba su carta aconsejando que el senor Orozco se sirviera de monsenor Boggiani, quien habia sido delegado apostolico en Mexico y que ahora residia en Roma, para hacer llegar estos datos a la Sede Apostolica. Al poco tiempo de esta ultima carta, Orozco y Jimenez llegaba a la ciudad de Nueva York para iniciar su aventura de reingresar al pais; por ello, aunque recibio la carta del 1 de junio, no pudo hacer nada para informar al Papa, como le pedia Ruiz y Flores.

UN CATOLICO LIBERAL Y, AL MISMO TIEMPO, FIEL A ROMA: EL VICARIO PAREDES

Se ha mencionado ya en este articulo la preocupacion que causo a Roma y, mas todavia que a la Santa Sede, al episcopado mexicano la figura de don Antonio de J. Paredes, (38) vicario general de la arquidiocesis de Mexico entre 1914 y 1919. Hombre culto y respetado dentro y fuera de la Iglesia; companero de Leopoldo Ruiz y Flores en el Colegio Pio Latinoamericano; reconocido profesor del seminario conciliar de Mexico, con grandes dotes de negociador que le permitieron apuntalar al obispo Prospero Maria y Alarcon y mencionado como candidato a obispo cada vez que existio una sede vacante, termino convirtiendose en una pieza clave para que cesaran las represalias contra la Iglesia. (39)

Con su prelado actual--el arzobispo Mora--, Paredes habia tenido un sinnumero de desencuentros. Por ello, cuando Mora y del Rio se encontraba en La Habana impedido de regresar a Mexico, se sorprendio sobremanera al enterarse de que el cabildo habia designado a Paredes como vicario general de la arquidiocesis en el verano de 1914. En octubre siguiente, Mora se vio obligado a reconocer dicho nombramiento, a pesar de las suspicacias que guardaba respecto a su nuevo vicario. Es probable que le haya parecido un mal menor, pues en torno a Paredes se habia aglutinado la mayor parte de los canonigos, posiblemente porque no tenian mucho interes en hacer frente a las circunstancias atipicas y dificiles que se vivian. (40)

Por otro lado, los obispos exiliados, asi como la Santa Sede, se nutrian sobre todo de las declaraciones de Paredes aparecidas en la prensa mexicana que, sobra decir, en esos momentos era bastante supervisada por el gobierno. Ejemplo de estas informaciones fueron las aparecidas en El Universal, a principios de 1917, poco antes de que se conociera a cabalidad el texto de la nueva Constitucion. En ese diario se introducia una entrevista a nuestro personaje de la manera siguiente:
   Como las reformas en cuestion se refieren de manera directa a los
   ministros de cultos religiosos en materia de ensenanza, quisimos
   conocer la opinion del jefe accidental de la Iglesia en Mexico,
   para ilustrar el criterio de nuestros lectores sobre la acogida que
   ha tenido la labor del Congreso Constituyente sobre el asunto que
   nos ocupa. (41)


Las afirmaciones de Paredes--que, por ser politicamente correctas, eran bastante ambiguas--sin duda desconcertaban al gran publico catolico: "La libertad de ensenanza [afirmaba] debe estar dentro del criterio liberal que proclama la libre emision del pensamiento, sin mas restricciones, a mi juicio, que el respeto a la moral y a la paz publica. Por tanto, no se concibe que la legislacion de un pais libre se oponga a la libertad de ensenanza". Como puede verse, intentaba convencer a los diputados del Constituyente de que estaban actuando en contra de sus principios: "lo que ha acordado el Congreso Constituyente no es consecuente con el criterio que lo creo, desde el momento en que su labor en este asunto no esta de acuerdo con las ideas liberales del gobierno actual, partidario de todos los derechos del hombre y dispuesto a garantizarlos para todos". (42)

La argumentacion, aunque tendia a cuestionar la resolucion tomada (suprimir la educacion religiosa de la ensenanza y privar a los religiosos y ministros de culto de la posibilidad de ensenar), no era un cuestionamiento frontal, ni mucho menos una condena, como a algunos les hubiera gustado, sino mas bien un alegato con tintes de ingenuidad, con el cual se intentaba convencer al adversario de que no estaba siendo congruente consigo mismo. El simple hecho de alabar la ideologia liberal no dejaba de ser mal visto, y era precisamente este el camino en el que proseguiria el razonamiento del vicario general:
   Yo creo que frente a la escuela catolica debe establecerse la
   escuela positivista, la protestante, etc., de tal manera que la
   lucha sea de ideas, de credo contra credo, de doctrina contra
   doctrina, de escuela contra escuela; pero no que se dicte una ley
   que, evitando esa lucha intelectual y benefica, venga a restringir
   la libertad de conciencia y de pensamiento. (43)


?Pensaria realmente con esto influir, siquiera un poco, en la redaccion definitiva del articulo 3 o simplemente aprovechaba el foro para dar a conocer su simpatia con las ideas liberales? Es dificil saberlo, pero, en cualquier caso, sus declaraciones causaban preocupacion y escandalo: "a principios de este ano [decia el arzobispo de Mexico en referencia a las declaraciones de Paredes] le invite a que omitiera tales informaciones, pero sin resultado satisfactorio". (44)

Sobre esto ultimo, unos meses antes, en una extensa carta al arzobispo Mora, Paredes intento justificar su conducta explicando que El Universal habia alterado sus declaraciones en relacion con el articulo 3, ademas de que estas habian sido hechas antes de que se conociera la Constitucion con varios articulos antirreligiosos. Afirmaba tambien: "desde el principio les manifeste que yo no iba a hablar segun los principios catolicos, sino colocandome bajo el punto de vista liberal [y no pedi que el diario rectificara] porque ni ese, ni ningun otro periodico me admitiria la publicacion de cualquier rectificacion". (45) En esa misma carta, despues de una larga apologia de lo que habia venido haciendo, Paredes terminaba afirmando: "No estoy casado, ni enamorado del titulo de Vicario General y aunque parece que V.S.I. lo pone en duda, es para mi una carga agobiadora, que cada dia me produce mas tribulaciones". (46)

Sin duda, la presencia de Paredes durante casi cinco anos al mando de la diocesis mas importante del pais facilito el proceso de acercamiento entre la Iglesia y el gobierno de Carranza, y trajo beneficios tanto para la consolidacion del nuevo regimen como para que disminuyeran las incomprensiones hacia la Iglesia.

Cuando, en 1919, el arzobispo Mora por fin pudo volver a ocupar su sede episcopal, Paredes fue removido de su cargo como vicario general; sin embargo, conservo el de provisor de la Arquidiocesis y canonigo lectoral de la Catedral, con los que, de alguna manera, siguio participando en el gobierno de la diocesis, aunque es verdad que murio al poco tiempo. (47) Su amistad con Carranza se extiende tambien a este periodo, lo cual se desprende de la correspondencia que siguio manteniendo con el Presidente. (48)

LA CONSTITUCION DE 1917 Y LA PROTESTA DE LOS OBISPOS

En enero de 1917, cuando el Constituyente de Queretaro estaba dando los ultimos retoques a lo que seria la nueva Carta Magna, a la Santa Sede le preocupaba la situacion de algunos prelados que habian osado regresar al pais. Ejemplo de esto lo vemos en la carta de Giovanni Bonzano, delegado apostolico para Mexico, (49) al cardenal Gasparri, secretario de Estado de la Santa Sede, en la cual le explica que los obispos De la Mora (50) y Orozco--quienes habian regresado al pais--se encontraban en grave peligro de muerte y que, para intentar salvarlos, se estaba sirviendo de los buenos oficios de los embajadores en Mexico de Inglaterra, Alemania y Japon. (51)

Justo por esas fechas, el jesuita Richard H. Tierney, editor de la revista America, escribia una carta a Bonzano en donde le explicaba que la hostilidad contra los catolicos en Mexico era muy virulenta y que empeoraba cada dia; por ello, no se preveia en ese momento hasta donde pudiera llegar aquello. (52)

El 5 de febrero fue publicada en Queretaro la nueva Constitucion. A los pocos dias, en una nueva carta de Bonzano a Gasparri, el primero le comunicaba la feliz noticia de que, gracias a la intervencion del embajador ingles, el gobierno mexicano se habia comprometido a respetar la vida de los obispos Orozco y De la Mora, y que, incluso, este ultimo ya habia sido liberado; junto con esto, se veia en la necesidad de informar otros asuntos:
   [...] de Mexico llegan noticias cada vez mas tristes, a partir de
   las cuales parece claro que los que gobiernan la Republica tratan
   de intensificar la persecucion contra la Iglesia de manera
   permanente. En la Asamblea Constituyente, concluida recientemente
   en Queretaro, donde los jefes y representantes de la Revolucion
   Carrancista se habian reunido para revisar la Constitucion
   Mexicana, ha sido aprobado un articulo que, si llegara a
   ejecutarse, terminara suprimiendo a la Iglesia, convirtiendola en
   sierva del Estado. (53)


Aunque Bonzano hacia alusion al articulo 130, que, ademas de desconocer la personalidad juridica de la Iglesia, facultaba a las legislaturas estatales para fijar el numero de ministros que podrian residir en cada estado, asi como en que condiciones podrian hacerlo, no era este articulo el unico que tenia tintes claramente anticlericales, sino varios mas. (54)

Los obispos en el exilio, capitaneados por Leopoldo Ruiz y Flores, se dieron a la tarea de publicar, por primera vez desde que habia comenzado el diferendo con los carrancistas, una protesta que reprobaba tanto la Constitucion como algunos de los hechos que se habian venido dando. En sus memorias, Ruiz y Flores asienta:
   [...] se pidio el parecer de los Obispos y habia varios que creian
   prudente callar: convinimos en que nos someteriamos todos a la
   resolucion del Senor Delegado Apostolico de Washington, Mons.
   Bonzano. Y emprendimos el viaje a Washington el Senor Arzobispo
   Plancarte y yo con ese fin. Le presentamos la Protesta y la forma
   energica en el fondo, pero moderada en el lenguaje. Lo aprobo y mas
   aun, nos dijo que a su juicio era necesaria. Volvimos pues a
   Chicago y el Sr. Banegas se encargo de la redaccion que a mi juicio
   y el de muchos otros no dejo que desear. (55)


En esta protesta, despues de explicar que no intentaban promover una insurreccion armada contra la autoridad constituida ni expedian el documento con ningun afan de revancha, antes de senalar directamente la forma en la que algunos articulos aprobados danaban a la Iglesia y contravenian los derechos humanos, los obispos hacian un resumen de lo que, a su juicio, habia venido ocurriendo a partir de que los revolucionarios habian comenzado a apoderarse del territorio nacional:
   Los atropellos cometidos sistematicamente por los revolucionarios
   contra la Religion Catolica, sus templos, sus ministros, sus
   instituciones, aun las de ensenanza y simple beneficencia, algunos
   meses despues de iniciada la revolucion en 1913 y continuados hasta
   hoy, manifiestan sin que quede lugar a duda, que aquel movimiento,
   simplemente politico en su principio, pronto se troco en
   antirreligioso por mas que sus directores, para negarle tan
   ignominioso caracter, hayan apelado a multiples explicaciones cuya
   misma variedad revela su mentira. Porque ya decian que los obispos
   y los sacerdotes habiamos prestado ayuda para derrocar el gobierno
   nacional establecido en 1911; ya que habiamos sido complices del
   que se establecio en 1913; ora aseguraban que pretendiamos
   apoderarnos del gobierno de la Republica y matar para siempre la
   libertad, ora que unidos al poder publico que rigio por largos anos
   en la epoca de la paz, y confabulados con las clases acomodadas de
   la sociedad, tiranizabamos a los proletarios. No se omitian
   falsedades para explicar los sacrilegios: se acusaba al Clero de
   todo genero de vicios: se daba por cierto haberse hallado en los
   templos depositos de armas; afirmabase que habia sacerdotes y aun
   obispos dirigiendo los combates en las filas reaccionarias; se
   negaban luego los atropellos cometidos por la revolucion y se
   confesaban despues, pero atribuyendolos al ardor de los
   combatientes al entrar a sangre y fuego en las ciudades. (56)


La protesta no tuvo el efecto que se buscaba, sino mas bien el contrario, pues, senala Ruiz y Flores: "esta Protesta cayo muy mal al Gobierno Pre-Constitucional de Carranza y los suyos y sin duda prolongo el destierro de los Obispos y mas cuando se siguieron las protestas del Papa Benedicto XV y del Episcopado Americano". (57)

Efectivamente, unos meses despues, el pontifice romano habria de solidarizarse con el episcopado mexicano y hacer publica una carta en la que, mientras se lamentaba de la nueva ley, invitaba a los obispos y al pueblo fiel a ahogar el mal con abundancia de bien y aprobaba la postura del episcopado, el cual buscaba que se modificaran los articulos antirreligiosos de la Constitucion:
   Sabed, pues, que al haber protestado, firmemente conscientes de
   vuestras obligaciones, contra la injuria sin precedente que la
   Iglesia ha sufrido, y contra los danos y agravios infligidos contra
   la comunidad catolica, habeis cumplido con vuestro deber, como
   corresponde a vuestro oficio pastoral y de una manera plena merece
   Nuestra alabanza. (58)


Finalmente, exhortaba a los obispos a la paciencia, sabiendo ofrecer las molestias que el alejamiento de sus diocesis les suponia; parecia que ahora comprendia ya del todo la imposibilidad temporal de regresar a sus sedes.

La carta del Papa fue recibida con gusto por los obispos; sin embargo, las reacciones del gobierno por la protesta del pasado febrero habian sido tan fuertes, que, todavia dos meses despues de haberla recibido, guardaban sus reservas sobre la conveniencia de difundirla entre sus diocesanos por los medios disponibles. Asi se desprende de la contestacion que da Ruiz y Flores a consulta expresa de Mora y del Rio: "El Ilmo. Senor Plancarte y yo opinamos que no hay que hacer ruido con la Carta del Papa en el sentido de que nos dirijamos a los fieles colectivamente, sino que es mejor que cada uno segun las circunstancias de sus diocesis vea lo que convenga. (59)

Apenas dos dias despues, Ruiz volvia a escribir a Mora para pedirle que sometiera a consideracion de los obispos en San Antonio una cuestion novedosa: aparentemente, el presidente Carranza habia dicho que los prelados podian regresar ya al pais, lo cual lo habia sabido por carta del P. Felix Rougier; segun este, el senor Paredes habia bautizado a un nino y el Presidente habia acudido al bautizo como padrino; ahi, sin que Paredes dijera algo, el Presidente habia sido el primero en tocar el tema de los obispos y afirmar: "pueden volver; no les pasara nada. Y si algo les pasare--lo que no creo--, que pidan amparo a los tribunales". (60) Don Leopoldo, despues de referir lo anterior, senalaba lo siguiente: "VV.SS.II. veran si se entusiasman con un recado de cuarta mano, despues de todas las inconsecuencias del Sr. Carranza; por aca nos hemos quedado como antes y creemos que no conviene hacer nada hasta no tener algo mas formal".

?Que podemos inferir de estas letras? Sobre todo, que habia en Mexico una Iglesia funcionando gracias a los vicarios generales y a los vicarios capitulares. Algunos, como don Manuel Alvarado, en Guadalajara, completamente unidos a su arzobispo; (61) otros, no tanto, como se pudo ver en la figura de Antonio de J. Paredes. Por otra parte, se alcanza a ver a un Presidente que, principalmente por razones politicas, no facilitaba el retorno a sus diocesis de los obispos exiliados, pero, al mismo tiempo, no tenia enfado en aparecer publicamente como padrino en ceremonias religiosas.

1918: EL REGISTRO DE SACERDOTES EN JALISCO

En un documento ya mencionado, el cabildo y el clero de Guadalajara se dirigieron al presidente Carranza en abril de 1918, solicitando del primer mandatario, entre otras cosas:
   [...] que los derechos que la ley sanciona, sean en su caracter
   democratico, como ella lo dice, iguales para todos, y que por lo
   mismo, no estimen las autoridades como subversiva una protesta
   legal y respetuosa, cual es la de nuestro prelado y la de los demas
   senores obispos mexicanos, cuando se les reconoce a otras
   agrupaciones el derecho de hacerlas, aun duras e irrespetuosas con
   tal que no sean de caracter religioso; que cese la persecucion
   injusta con nuestro venerable prelado, quien solamente por un
   movimiento heroico de celo pastoral y unicamente por el cuidado de
   las almas, ha vuelto al pais, de donde espontaneamente se habia
   retirado por el fundado temor a los atropellos de que anteriormente
   fueron victimas otros prelados y sacerdotes que no emigraron
   durante el desenfreno que es caracteristico a toda revolucion de la
   indole de la que sufrimos en Mexico. (62)


Junto con estas, se hallaban otras peticiones tendientes a que la ley no tuviera una aplicacion diferente para los catolicos y que, concretamente, en Jalisco, cesaran de negarsele a los catolicos los derechos que la misma Constitucion promulgada les conferia.

Apenas unos meses despues de este memorial, el 3 de julio de 1918, el Congreso de Jalisco expidio una ley mediante la cual se establecia que solo podria ejercer su ministerio un sacerdote por cada cinco mil habitantes (63) y que "ningun ministro de culto religioso podra tener a su cargo un templo, ni oficiar, sin la licencia del gobierno". (64) La ley, en un principio, disponia que los superiores decidieran quienes, de entre los sacerdotes en funciones, serian los que obtendrian dicha autorizacion, pero los legisladores cayeron en cuenta que esa manera de proceder era un modo tacito de reconocer juridicamente la jerarquia eclesiastica (desconocida por la Constitucion) y, a las semanas, enmendaron el Decreto 1913, para sustituirlo por el 1927, en el cual se pedia que fueran los mismos sacerdotes quienes acudieran a registrarse ante las autoridades correspondientes.

Las protestas no se hicieron esperar y fueron multitudinarias. El Informador, en un encabezado de cuatro columnas, reportaba en la primera pagina de su edicion del 23 de julio: "Mas de diez mil personas acudieron ayer ante el Gral. Dieguez a solicitar su apoyo para la derogacion del Decreto 1913", y, ya en el cuerpo del articulo, senalaba que la multitud era tan numerosa que solo se podia asentar que sobrepasaba las diez mil almas. (65)

El general Manuel M. Dieguez, quien, en su caracter de divisionario, ostentaba el poder militar en Jalisco, se vio en la necesidad de salir a un balcon y espetar a la multitud el siguiente discurso improvisado, segun transcribe El Informador:
   Se ha dictado una Ley por el Congreso del Estado a la que el clero
   de Jalisco no quiere acatar; y esa ley, senores, se ha dictado, se
   ha promulgado y sera cumplida (fuertes manifestaciones de
   descontento, empieza la lluvia y aparecen por encima de aquel mar
   de cabezas, mil paraguas).

      No hay mas que dos caminos que seguir: uno que es el del
   acatamiento a esa ley y que ... (prosiguen las manifestaciones) y
   que se queden los sacerdotes que puedan desempenar su mision (no,
   no ...) y el segundo, que si no son mexicanos ... (si, si ...) para
   acatar las leyes que dicte el Congreso (no, no ...) entonces que
   salgan del Estado como parias, como hombres que no son ciudadanos
   ... (ruidosas negativas).

      Ya sabeis el camino: o se quedan y acatan la ley, o renuncian ...
   (es interrumpido por la griteria).

      Asi es que debeis acudir con vuestros sacerdotes, que de ellos
   depende se queden. (66)


Ante la negativa de derogar la ley o, al menos, hacerla menos gravosa, el vicario general de Guadalajara, en plena sintonia con su prelado, decreto la suspension del culto publico a partir del 1 de agosto y ordeno que ningun sacerdote acudiera a registrarse; con ello, la ley quedo practicamente en desuso, pues unicamente acudieron a registrarse una docena de ministros de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur y seis pastores bautistas. (67) Por otra parte, las protestas de los ciudadanos catolicos no cejaron y, por fin, el 4 de febrero de 1919, una nueva legislatura del estado de Jalisco abrogaria los decretos 1913 y 1927, no sin una acalorada discusion: "El clero debe someterse [argumentaba, por ejemplo, el diputado Herrera, del ala radical]. Con lo que esta pasando, se asiste a los funerales de la Revolucion y despues de esta derogacion vendran otras". (68)

En efecto, lo que temian los radicales comenzo a ocurrir: las leyes anticlericales de la Constitucion fueron ignoradas en los ultimos meses del gobierno carrancista e, inmediatamente despues, con Adolfo de la Huerta vinieron tiempos de conciliacion y tolerancia. Esto permitio a todos los obispos, que recien habian regresado a sus diocesis, dar inicio a una epoca de reconstruccion.

UNA VISION DEL PERIODO REVOLUCIONARIO EN LOS INFORMES EPISCOPALES DE 1920

En 1920, una relativa calma habia retornado al territorio mexicano. Los obispos estaban de nuevo en sus diocesis y, a pesar de que las legislaturas de algunos estados comenzaron a reglamentar el articulo 130, como habia ocurrido en Jalisco, restringiendo el numero de ministros de culto, poco a poco se normalizaba la practica religiosa dentro de esas limitaciones derivadas de la aplicacion y la interpretacion de las nuevas leyes.

En este ano, varios obispos acudieron ante el romano pontifice a efectuar sus visitas ad limina y, de los informes que entregaron a la Santa Sede, se obtienen algunos datos muy interesantes acerca de lo que habia sido la situacion de la Iglesia en los anos anteriores, asi como del estado que en ese momento guardaba el pais.

Con fecha de febrero de ese ano se situa el informe presentado por don Leopoldo Ruiz y Flores, en ese momento arzobispo de Morelia. En el relata como se prohibia, bajo severas penas, vestir de sacerdote; como los curatos que antes del periodo revolucionario servian como vivienda a los parrocos fueron--en su mayoria--confiscados por el gobierno, y como, por diversos medios, se intentaba imponer el socialismo, aunque--segun su parecer--con escaso exito. (69) Fuera del informe, a manera de introduccion, se explicaba lo siguiente: "una vez que ha pasado la borrasca revolucionaria que se desato sobre Mexico, a causa de la cual se paralizo toda la accion catolica entre los anos 1914 y 1919, los obispos y sacerdotes exiliados han podido regresar al pais y, retomando sus funciones, comienzan a reparar poco a poco las ruinas". (70)

Algo parecido se lee tambien en el documento entregado por el obispo de Leon, Emeterio Valverde y Tellez, (71) en abril de 1920:
   No obstante la cruel persecucion desatada contra la Iglesia durante
   cerca de cinco anos, de la que se derivo la expropiacion de todos
   sus bienes y la supresion de todas sus obras, principalmente las
   escuelas, y a pesar de que todavia ahora no han sido derogadas las
   leyes que atentan contra la inmunidad, la libertad y el derecho de
   la Iglesia a tener propiedades, sin embargo, en la praxis, al menos
   en el estado de Guanajuato, la fe y la piedad siguen vigentes y
   gozamos de tolerancia religiosa; de la misma manera, ha sido
   fortalecido el culto divino y algunas escuelas y otras obras
   eclesiasticas han sido reinstauradas. No asi con los bienes
   eclesiasticos, que no han sido devueltos. Pero, con el favor de
   Dios, no dudamos que reluzcan para la Iglesia dias mas felices en
   los que goce de plena libertad. (72)


En otros informes, como en el del arzobispo de Durango, Francisco Mendoza y Herrera, (73) el enfasis se ponia en las perdidas humanas y danos materiales causados por el torbellino revolucionario: "casi una cuarta parte de los habitantes de la arquidiocesis murieron [...], dos templos fueron destruidos, muchos edificios confiscados". (74) Tambien se informaba

sobre una de las leyes que, a raiz de la nueva Constitucion, limitaba las facultades de la Iglesia: "el ano anterior fue promulgada en el estado de Durango, una ley que prohibe el matrimonio canonico, el bautismo y el sepelio, si antes no se ha acudido al Registro Civil". (75)

En ese mismo sentido, se encuentra parte de lo que informaba el primado de Mexico, Jose Mora y del Rio, mostrando preocupacion por lo que consideraba obstaculos al desempeno de las funciones de la Iglesia en medio de una legislacion civil que "no reconoce a la Iglesia ninguna personalidad juridica en los asuntos favorables; en cambio, en los asuntos desfavorables, de hecho si la reconocen". (76) En este mismo informe explicaba tambien como, por medio de particulares que le rendian cuenta no solo al gobierno--como mandaban las leyes civiles--, sino tambien a el con toda diligencia--segun el canon 1516--, habia conseguido que sobrevivieran algunas instituciones de beneficencia. (77)

Cabe senalar tambien que los datos aportados varian mucho dependiendo de los gobernantes locales; asi, por ejemplo, el obispo Tritschler, quien en 1915 se congratulaba de que en Yucatan la persecucion a la Iglesia no habia tenido tintes tan lamentables como en otros lugares, ahora, en 1920, se mostraba un poco pesimista por lo que les habia ocurrido con el general Salvador Alvarado, (78) quien profano las iglesias, permitio infinidad de sacrilegios y agresiones al clero y busco, por medio de distintas leyes, limitar en lo posible la accion de la Iglesia. El informe, por ejemplo, adjuntaba un ejemplar de la ley de 1918 que reducia el numero de sacerdotes permitidos para todo el Estado a solamente seis. (79)

En estas breves noticias del obispo de Yucatan, se alcanza a apreciar un fenomeno que se repitio en distintas regiones del pais: la ferocidad o el buen trato que sufrieron los ministros de la Iglesia y muchos de los catolicos estuvieron en buena parte relacionados con el modo de ser y de pensar de los gobernantes en turno. (80) Por lo demas, en las diversas cronicas de los obispos, se alcanza a descubrir un esfuerzo por adaptarse a las nuevas circunstancias del pais para--a pesar de un orden legal adverso--conseguir que la religion catolica siguiera floreciendo en espera de mejores tiempos.

A MODO DE EPILOGO

Aunque es mas conocido el conflicto armado en defensa de la libertad religiosa que se produjo entre 1926 y 1929 como respuesta de algunos nucleos catolicos a las restricciones impuestas por el gobierno del general Plutarco Elias Calles, dificilmente se podria entender ese periodo sin acercarse, aunque sea un poco, a la situacion de los anos comprendidos entre 1914 y 1919, y, sobre todo, a las leyes restrictivas de la libertad religiosa contenidas en la Constitucion de 1917. La investigacion cabal de esta epoca, al igual que la de otros momentos de la historia de Mexico en los que se han confrontado los poderes politico y religioso, es un terreno en el que se puede todavia profundizar. Una linea que puede y debe ser tratada de manera mas extensa es la esbozada en este texto: la correspondencia y los documentos de algunos jerarcas catolicos. Ademas de los archivos aqui consultados, se encuentran muchos otros repositorios diocesanos que no han sido abiertos al publico, muchas veces por no estar clasificados. Lo mismo ocurre con la documentacion existente en otras fuentes primarias situadas en el extranjero, como los archivos del seminario mexicano en Texas, custodiados por el Center for American History, de la University of Texas at Austin, con los que trabajo Yolanda Padilla para su libro acerca de los exiliados catolicos en Texas, (81) asi como los archivos personales de Francis Clement Kelley, actualmente en proceso de ser dados a conocer por Robert Curley.

ARCHIVOS

Archivio Segreto Vaticano (asv)

Archivo de la Arquidiocesis de Guadalajara (aag)

Archivo Historico de la Arquidiocesis de Mexico (aham)

Archivo del Centro de Estudios de Historia de Mexico Carso

HEMEROGRAFIA

Boletin Eclesiastico y Cientifico, Guadalajara, 1906-1907

El Informador, Guadalajara, 1918-1919

El Universal, Mexico, 1917

BIBLIOGRAFIA

Alessio Robles, Vito, La Convencion Revolucionaria de Aguascalientes, Mexico, Instituto Nacional de Estudios Historicos de las Revoluciones de Mexico, 1979.

Banegas Galvan, Francisco, El porque del Partido Catolico Nacional, Mexico, Jus, 1960.

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Recepcion: 21/02/2018

Aceptacion: 01/10/2018

Reception: 21/02/2018

Acceptance: 01/10/2018

JUAN GONZALEZ MORFIN

ORCID.ORG/0000-0002-7278-7872

Universidad Panamericana

Departamento de Humanidades

jgonzalezmorfin@yahoo.com.mx

(1) Javier Garciadiego, Ensayos de historia sociopolitica de la Revolucion mexicana, Mexico, El Colegio de Mexico, 2011, p. 253.

(2) El mismo Garciadiego apenas esboza este destierro en la obra ya citada, ibid., pp. 267-268. Un trabajo mas extenso sobre los religiosos exiliados en Estados Unidos se encuentra en Yolanda Padilla Rangel, Los desterrados. Exiliados catolicos de la Revolucion mexicana en Texas, 1914-1919, Aguascalientes, Universidad Autonoma de Aguascalientes, 2009. Un estudio basado en fondos del Archivo Secreto Vaticano es el de Laura O'Dogherty, "El episcopado mexicano en el exilio: 1914-1921", en Hilda Iparaguirre, Massimo de Giuseppe y Ana Maria Gonzalez Luna (eds.), Otras miradas de las revoluciones mexicanas (1810-1910), Mexico, Instituto Nacional de Antropologia e Historia/Escuela Nacional de Antropologia e Historia/Juan Pablos Editor, 2015, pp. 257-282.

(3) En La Habana permanecieron Martin Tritschler, obispo de Yucatan, y Rafael Guizar y Valencia, nombrado obispo de Veracruz mientras estaba en el exilio. Jose Mora y del Rio, arzobispo de Mexico, comenzo su destierro en Cuba y luego se traslado a Estados Unidos. En este pais, con residencia principalmente en San Antonio, Chicago y Los Angeles, estuvieron los siguientes prelados: Francisco Uranga, obispo de Sinaloa; Ignacio Valdespino, de Aguascalientes; Francisco Plancarte, de Linares; Eulogio Gillow, de Oaxaca; Leopoldo Ruiz y Flores, de Morelia; Francisco Mendoza, de Durango; Jesus Maria Echavarria, de Saltillo; Juan Herrera y Pina, de Tulancingo; Miguel de la Mora, de Zacatecas; Maximino Ruiz, de Chiapas, y el abad de la Basilica de Guadalupe, Jose de Jesus Fernandez. Por su parte, Francisco Orozco y Jimenez, arzobispo de Guadalajara, paso la primera parte de su exilio en Europa, principalmente en Roma, luego se traslado a Nueva York, en junio de 1916, e ingreso clandestinamente a Mexico en noviembre de ese ano, permanecio oculto hasta que en julio de 1918 fue hecho prisionero y reenviado al exilio. Vease Yolanda Padilla Rangel, op. cit., 2009, pp. 78-142.

(4) Dos de ellos, anos mas tarde, llegarian a ser obispos: Francisco Banegas y Juan Navarrete.

(5) Jose de Jesus Ortiz Lopez, "Carta Pastoral con motivo del Congreso Eucaristico", septiembre de 1906, en Boletin Eclesiastico y Cientifico, 1906-1907, p. 326.

(6) Ibid.

(7) "Edicto de los Arzobispos de la Republica a sus respectivos diocesanos", en Archivo Historico de la Arquidiocesis de Mexico (aham), Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 150, exp. 1.

(8) Vease aham, Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 88, exp. 17.

(9) Sin ambages, se atrevio a declarar: "Considero la organizacion del Partido Catolico de Mexico como el primer fruto de las libertades que hemos conquistado. Su programa revela ideas avanzadas y el deseo de colaborar para el progreso de la Patria de un modo serio y dentro de la Constitucion". Francisco Banegas Galvan, El porque del Partido Catolico Nacional, Mexico, Jus, 1960, p. 50.

(10) Una perspectiva menos severa hacia Huerta y academicamente bien trabajada se encuentra en Michael C. Meyer, Huerta. Un retrato politico, Mexico, Domes, 1983.

(11) Jose Mora y del Rio (1854-1928): obispo de Tehuantepec, Tulancingo, Leon y, finalmente, arzobispo de Mexico. Promotor de la doctrina social de la Iglesia a traves de congresos catolicos. Fallecio en San Antonio, Texas, en su segundo destierro, durante el gobierno del general Calles.

(12) Vease Jesus Silva Herzog, Breve historia de la Revolucion mexicana. Los antecedentes y la etapa maderista, Mexico, Fondo de Cultura Economica, 2004, p. 241.

(13) Juan de Dios Bojorquez transcribe una argumentacion de Carranza en este sentido, cuando estaba por iniciarse la movilizacion constitucionalista: "?Quieren ustedes que la guerra dure dos anos, o cinco anos? La guerra sera mas breve mientras menos resistencia haya que vencer. Los terratenientes, el clero y los industriales, son mas fuertes y vigorosos que el gobierno usurpador; hay que acabar primero con este y atacar despues los problemas que con justicia entusiasman a cada uno de ustedes". Djed Borquez, Cronica del Constituyente, Mexico, Instituto Nacional de Estudios Historicos de las Revoluciones de Mexico/Instituto de Investigaciones Juridicas-Universidad Nacional Autonoma de Mexico, 2014, p. 36.

(14) "Memorial del cabildo metropolitano y clero de Guadalajara al C. Presidente de la Republica don Venustiano Carranza", Guadalajara, 6 de abril de 1918, en aham, Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 72, exp. 3.

(15) Martin Tritschler (1868-1942): arzobispo de Yucatan desde 1900 hasta 1942.

(16) Ingeniero Eleuterio Avila. Goberno Yucatan con el respaldo del ejercito constitucionalista entre 1914 y 1915.

(17) Vease Archivio Segreto Vaticano (asv), Fondo: Congregazione Concistoriale: Relationes dioecesium, fasc. 954.

(18) "Carta Pontificatum secreto de Benedicto XV al episcopado mexicano", Roma 25 de octubre de 1914, en asv, Fondo: Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 121, f. 13.

(19) Vease aham, Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 154, exp. 3.

(20) Francisco Orozco y Jimenez (1864-1936): obispo de Chiapas de 1902 a 1912, y arzobispo de Guadalajara de 1913 a 1936.

(21) Vease "Carta de Jose Mora y del Rio a Benedicto XV", San Antonio, Texas, 5 de agosto de 1916, en Archivo de la Arquidiocesis de Guadalajara (aag), Seccion: Gobierno, Serie: Obispos, Francisco Orozco y Jimenez, 1912-1918.

(22) "Carta de Jose Mora y del Rio a Benedicto XV", f. 1.

(23) "Carta de Jose Mora y del Rio a Benedicto XV", f. 2.

(24) "Carta de Jose Mora y del Rio a Benedicto XV", f. 3.

(25) "Carta de Jose Mora y del Rio a Benedicto XV", fs. 3-4.

(26) Vease Vito Alessio Robles, La Convencion Revolucionaria de Aguascalientes, Mexico, Instituto Nacional de Estudios Historicos de las Revoluciones de Mexico, 1979, pp. 459-460; Alvaro Obregon, Ocho mil kilometros en campana, Mexico, Secretaria de la Defensa Nacional, 1985, tomo 3, p. 479. Aqui, Obregon senala que la contribucion de 500 000 pesos impuesta a la Iglesia "era insignificante, si se consideraba que el clero tuvo, para apoyar el Gobierno del asesino Huerta, varios millones de pesos en metalico".

(27) "Carta de Jose Mora y del Rio a Benedicto XV", f. 6.

(28) "Carta de Tommaso Boggiani a Rafael Merry del Val", 13 de agosto de 1913, citada por Riccardo Cannelli, Nacion catolica y Estado laico: el conflicto politico-religioso en Mexico desde la Independencia hasta la Revolucion, 1821-1914, Mexico, Instituto Nacional de Estudios Historicos de las Revoluciones de Mexico, 2012, pp. 255-256. Una perspectiva igualmente critica de la actuacion de Mora, desde la vision carrancista, se encuentra en Bernardino Mena Brito, Ocho dialogos con Carranza, Mexico, Editores Unidos Mexicanos, 1964, pp. 186-187.

(29) Leopoldo Ruiz y Flores (1865-1941): obispo de Leon; despues, de Linares, y, finalmente, arzobispo de Morelia a partir de 1912. Durante el gobierno de Madero promovio la participacion de los catolicos en la vida publica. Refugiado en Estados Unidos a causa de la Revolucion, durante los primeros meses de 1917 coordino en aquel pais la redaccion de la Pastoral Colectiva, con la cual los obispos protestaron contra algunos articulos de la Constitucion de 1917, por considerar que atentaban contra la libertad religiosa. Acordo con el presidente Portes Gil los "arreglos" que dieron fin a la defensa armada emprendida por algunos catolicos entre 1926 y 1929. Fue desterrado por tercera vez en 1932, cuando fungia como delegado apostolico. Regreso y murio en la ciudad de Morelia.

(30) "Carta de Giovanni Bonzano a Leopoldo Ruiz y Flores", Washington, 24 de enero de 1916, en asv, Fondo: Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 122, f. 36: "Ho ricevuto la pregiata sua del 18 corr. nella quale mi descrive fatti e circostanze, dalle quali apparisce sempre pio chiara l'ostilita del Generale Carranza contro la Chiesa Cattolica ed i Vescovi Messicani. Tutto questo, insieme con le altre dolorose notizie che si leggono sui Giornali, dimostra che la persecuzione religiosa in Messico e ancora ben lunghi dal finire. E quel che e peggio, non si vede alcun mezzo umano per abbreviarla. Sembra ormai inutile fare altri passi presso questo Governo degli Stati Uniti, visto che esso non e neppur capace di difendere i suoi propri sudditi nella frontiera messicana".

(31) "Carta de Leopoldo Ruiz y Flores a Francisco Orozco y Jimenez", Chicago, 12 de abril de 1916, en aag, Seccion: Gobierno, Serie: Obispos, Francisco Orozco y Jimenez, correspondencia.

(32) Vease Javier Garciadiego, Autores, editoriales, instituciones y libros. Estudios de historia intelectual, Mexico, El Colegio de Mexico, 2015, pp. 111-115.

(33) Ibid.

(34) Jesus Silva Herzog, Nueve estudios mexicanos, Mexico, Imprenta Universitaria, 1953, p. 89.

(35) "Carta de Leopoldo Ruiz y Flores a Francisco Orozco y Jimenez", Chicago, 27 de abril de 1916, en aag, Seccion: Gobierno, Serie: Obispos, Francisco Orozco y Jimenez, correspondencia.

(36) "Carta de Leopoldo Ruiz y Flores a Francisco Orozco y Jimenez", Chicago, 12 de mayo de 1916, en aag, Seccion: Gobierno, Serie: Obispos, Francisco Orozco y Jimenez, correspondencia.

(37) "Carta de Leopoldo Ruiz y Flores a Francisco Orozco y Jimenez", Chicago, 1 de junio de 1916, en aag, Seccion: Gobierno, Serie: Obispos, Francisco Orozco y Jimenez, correspondencia. Todo lo que gloso a continuacion proviene de este documento.

(38) Respecto a la figura de Paredes, vease Juan Gonzalez Morfin, "Antonio de J. Paredes y el regimen carrancista: entre el colaboracionismo y el cisma", en Anuario de Historia de la Iglesia, num. 24, 2015, pp. 359-381.

(39) Vease Marta Eugenia Garcia Ugarte, "Debilidades y fortalezas de los obispos mexicanos durante la Revolucion (1910-1914)", en Libro Anual de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiastica IV (2010). La Iglesia en la Revolucion mexicana, Mexico, Minos Tercer Milenio, 2011, p. 24.

(40) En agosto de ese ano, habia escrito el dean de la catedral una exhortacion a los sacerdotes de la diocesis llena de alabanzas al vicario: "Si a la misericordia de Dios y a la proteccion de su Santisima Madre debemos la gracia de haber sufrido menores males, debido es agregar que al Sr. Canonigo Doctor Don Antonio J. Paredes, providencialmente debemos que con su celo por la Santa Iglesia y sus buenos oficios para con nosotros, no hayamos tenido que lamentar mayores amarguras, en las gravisimas circunstancias que atravesamos". "Exhorto del Dean de la catedral a los sacerdotes del arzobispado invitandoles a mantenerse unidos al Sr. Paredes", Mexico, 25 de agosto de 1914, en aham, Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 91, exp. 38.

(41) "Opinion del Vicario Sr. Paredes sobre el Art. 3 Constitucional", en El Universal, 29 de enero de 1917, p. 1.

(42) Ibid.

(43) Ibid.

(44) "Carta de Jose Mora y del Rio a Giovanni Bonzano", San Antonio, Texas, 24 de julio de 1917, en asv, Fondo: Archivio della Delegazione Apostolica en Messico, fasc. 109, f. 56.

(45) "Carta de Antonio J. Paredes a Jose Mora y del Rio", Mexico, 12 de marzo de 1917, en aham, Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 145, exp. 66, f. 1.

(46) "Carta de Antonio J. Paredes a Jose Mora y del Rio", f. 4.

(47) Segun esquela que se conserva en el Archivo de la Arquidiocesis, murio el 19 de diciembre de 1920 y sus exequias se llevaron a cabo con toda solemnidad en la catedral metropolitana. (aham, Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 117, exp. 60, f. 1).

(48) En junio de 1919, Paredes le escribio a Carranza para agradecerle el recuerdo que le habia hecho llegar unos dias antes con motivo de su santo. En esta carta se nota la veneracion mutua que existia entre ellos: "Tanta bondad que no merezco me llena de gratitud y aumenta la deuda de las innumerables consideraciones de que he sido objeto de parte de V. Entre los objetos de familia conservare como un tesoro esa pluma que V. ha usado ya en dos ocasiones y sera un lazo que hara mas irrompible mi adhesion a su persona". "Carta de Antonio J. Paredes a Venustiano Carranza", Mexico, 18 de junio de 1919, en Archivo del Centro de Estudios de Historia de Mexico Carso, Fondo: XXI, leg. 15439, carpeta 135, doc. 1.

(49) Mientras se desempenaba como delegado apostolico en Estados Unidos del 21 de febrero de 1912 hasta fines de 1922, Giovanni Bonzano fue tambien delegatus ad interim para asuntos de la Delegacion en Mexico del 22 de junio de 1915 hasta 1921.

(50) Miguel M. de la Mora (1874-1930): obispo de Zacatecas (1911) y, despues, de San Luis Potosi (1922). Desterrado en 1914, regreso a su patria en 1916, a pesar de que significaba estar en constante peligro. Repitio su faena de permanecer oculto entre los fieles de su diocesis durante el conflicto de los anos 1926 a 1929.

(51) "Carta de Giovanni Bonzano a Pietro Gasparri", Washington, 23 de enero de 1917, en asv, Fondo: Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 107, f. 19.

(52) "Carta de Richard H. Tierney a John Bonzano", Chicago, 22 de enero de 1917, en asv, Fondo: Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 107, fs. 15-16: "Later on, when the affair is over, I shall go to Washington to tell you about conditions in Mexico. They are very, very bad indeed. The hostility to religion is as great as ever, and I am afraid than the end is not yet. You will understand why I do not commit more to paper".

(53) "Carta de Giovanni Bonzano a Pietro Gasparri", Washington, 13 de febrero de 1917, en asv, Fondo: Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 107, f. 50. "Intanto dal Messico vengono notizie sempre pio tristi, dalle quali apparisce chiaro che i reggenti di quella Repubblica cercano intensificare la persecuzione contro la Chiesa e renderla permanente. Nella Assemblea Costituente, terminata recentemente a Queretaro, ove i Capi e Rappresentanti della Rivoluzione Carranzista si erano adunati per rivedere la Costituzione Messicana, venne approvato un articolo di legge, che, se verra posto in esecuzione, finira col sopprimere la Chiesa, asservendola interamente allo Stato".

(54) Por ejemplo, el articulo 3 decretaba la secularizacion de la ensenanza primaria, publica y privada; el articulo 5 prohibia los votos monasticos y las ordenes religiosas; el 27 senalaba que las iglesias no tenian derecho a poseer, adquirir o administrar propiedades, ni ejercer ninguna clase de dominio sobre alguna propiedad.

(55) Leopoldo Ruiz y Flores, Recuerdo de recuerdos, Mexico, Buena Prensa, 1942, p. 73.

(56) "Protesta que hacen los prelados mexicanos que suscriben, con ocasion de la Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos publicada en Queretaro el dia cinco de febrero de 1917", Acordada, Texas, 24 de febrero de 1917, en aham, Fondo episcopal: Pascual Diaz, caja 46, exp. 8.

(57) Vease Leopoldo Ruiz y Flores, op. cit., 1942, p. 73.

(58) Benedicto XV, "Carta Exploratum vobis, Roma, 15 de junio de 1917", en Acta Apostolicae Sedis, num. 9, 1917, pp. 376-377. Se encuentra una version en espanol en asv, Fondo: Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 108, fs. 43-46.

(59) "Carta de Leopoldo Ruiz y Flores a Jose Mora y del Rio", Chicago, 11 de agosto de 1917, en aham, Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 160, exp. 58.

(60) "Carta de Leopoldo Ruiz y Flores a Jose Mora y del Rio", Chicago, 13 de agosto de 1917, en aham, Fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, caja 160, exp. 58.

(61) Sobre Manuel Alvarado, vease Tomas de Hijar Ornelas, "Manuel M. Dieguez y Manuel Alvarado: gobierno civil y gobierno eclesiastico en tiempos de crisis. 1914-1917", en Jornada Academica Iglesia-Revolucion, Guadalajara, Departamento de Estudios Historicos de la Arquidiocesis de Guadalajara--Direccion de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara, 2010, pp. 191-220.

(62) "Memorial del cabildo metropolitano ...", exp. 3.

(63) Para dimensionar las repercusiones de la ley, cabe senalar que, en la ciudad de Guadalajara, donde, en ese momento, ejercian su ministerio cerca de 350 sacerdotes, a raiz del decreto solo podrian hacerlo 24. Vease "El Num. de sacerdotes que quedara en Jalisco estara basado en el censo de 1910", en El Informador, 25 de julio de 1918, p. 1.

(64) Jean Meyer (comp.), Anacleto Gonzalez Flores. El hombre que quiso ser el Gandhi mexicano, Guadalajara, Gobierno del Estado de Jalisco, 2004, p. 27.

(65) Vease "Mas de diez mil personas acudieron ayer ante el Gral Dieguez a solicitar su apoyo para la derogacion del Decreto 1913", en El Informador, 23 de julio de 1918, pp. 1 y 4.

(66) Ibid., p. 4.

(67) Vease Francisco Barbosa Guzman, "La azarosa vida del articulo 130 constitucional en Jalisco 1917-1932", en Nueva Antropologia, num. 45, 1994, p. 41.

(68) "Se resolvio el conflicto religioso", en El Informador, 5 de febrero de 1919, p. 1.

(69) "Informe de la visita ad limina de Mons. Leopoldo Ruiz y Flores", 29 de febrero de 1920, en asv, Fondo: Congregazione Concistoriale Relationes Dioecesium, fasc. 537, nums. 41 y 71. En relacion con el socialismo, decia, entre otras cosas: "Socialismus propagatus fuit ab ultima revolutione, sed sine fructu, nam omnes habent hic socialistas velut raptores et malefactores" (n. 124).

(70) "Introduzione", 12 de agosto de 1921, en asv, Fondo: Congregazione Concistoriale Relationes Dioecesium, fasc. 537: "Passata la bufera della rivoluzione, che si scateno sul Messico, per cui dal 1914 al 1919 venne paralizzata tutta l'azione cattolica, i Vescovi ed i preti esiliati hanno potuto rientrare, riprendendo le loro funzioni e riparando a poco a poco le rovine".

(71) Emeterio Valverde Tellez (1864-1948): obispo de Leon desde 1909 hasta su muerte en 1948.

(72) "Informe sobre la visita ad limina de Mons. Emeterio Valverde y Tellez, obispo de Leon", 4 de abril de 1920, en asv, Fondo Congregazione Concistoriale RelationesDioecesium, fasc. 438, f. 13: "Iudicium syntheticum ordinarii circa dioecesis statum: "Non obstante saeva persecutione per quinque circiter annos in ecclesiam concitata, cum expoliatione omnium eius bonorum ac reditum, et suppressione eius operum, precipue scholarum; et quamvis leges adversus Ecclesiae immunitatem, libertatem et proprietatem latae adhuc non derogaverunt; tamen, in praxi, saltem in nostro Statu civili, fides ac pietas vigent, tolerantia religiosa fruimur; ita ut cultus divinus niteat et aliquae scholae aliaque opera instaurata sint. Bono ecclesiastica nondum restituta sunt. Deo favente non dubitamus quin dies faustae elucescant in quibus Ecclesia omnimoda libertate gaudeat".

(73) Francisco de Paula Mendoza y Herrera (1852-1923): obispo de Campeche de 1904 a 1909 y arzobispo de Durango de 1909 hasta su muerte.

(74) "Informe sobre la visita ad limina de Mons. Francisco Mendoza y Herrera, arzobispo de Durango", 8 de agosto de 1920, en asv, Fondo: Congregazione Concistoriale Relationes Dioecesium, fasc. 301, f. 2: "Habitantes Archidioecesis, fere in quarta parte perierunt [...]. Due templa fuerunt destructa".

(75) "Informe sobre la visita ad limina de Mons. Francisco Mendoza y Herrera ...", f. 13: "Anno superiore data fuit in hoc Statu de Durango lex, prohibens matrimonium canonicum, baptismum et sepelium, nisi prius recuratur ad Registrum civilem".

(76) "Informe sobre la visita ad limina de Mons. Jose Mora y del Rio, arzobispo de Mexico", 12 de diciembre de 1920, en asv, Fondo: Congregazione Concistoriale Relationes Dioecesium, fasc. 507, f. 6: "Civiles Potestas nullam revera Ecclesiae personalitatem iuridicam in favorabilibus agnoscit, etsi in odiosis de facto ipsam agnoscat".

(77) "Informe sobre la visita ad limina de Mons. Jose Mora y del Rio ...", fs. 7-8.

(78) Salvador Alvarado (1879-1924): militar y politico, fundador del Partido Socialista del Sureste, gobernador de Yucatan de 1915 a 1917.

(79) Vease asv, Congregazione Concistoriale Relationes Dioecesium, fasc. 954.

(80) Esto fue una razon mas para que monsenor Gillow, arzobispo de Oaxaca, no hubiera firmado la protesta contra la Constitucion: "in vista dei danni che si seguirebbero allo Stato di Oaxaca", segun explicaba Ruiz y Flores al delegado Bonzano en marzo de 1917. "Carta de Leopoldo Ruiz y Flores a Giovanni Bonzano", Chicago, 21 de marzo de 1917, en asv, Fondo: Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 108, f. 132.

(81) Vease Yolanda Padilla Rangel, op. cit., 2009.
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Author:Gonzalez Morfin, Juan
Publication:Signos Historicos
Date:Jul 1, 2019
Words:15581
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