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La indisolubilidad del matrimonio: su problematica comprension actual y la importancia de una fundamentacion antropologico-juridica.

Resumen: El articulo se centra en la cuestion de la comprension de la indisolubilidad matrimonial, como problema de gran importancia practica de cara a la adecuada aplicacion de Mitis Iudex y Amoris laetitia. Se procura mostrar que no es posible una adecuada fundamentacion de la indisolubilidad del matrimonio si se prescinde del derecho y la justicia. Con ese fin se analizan brevemente algunos modos habituales de argumentar en favor del matrimonio indisoluble (basados en la relacion con los bienes del matrimonio, en el papel del amor conyugal y en la sacramentalidad); para luego evidenciar en positivo la substancia del aporte de la vision del matrimonio como relacion de justicia a la comprension de la indisolubilidad.

Palabras clave: Indisolubilidad, Matrimonio, Justicia.

Abstract: This article focuses on the issue of understanding matrimonial indissolubility, a problem of key practical importance for the appropriate application of Mitis Iudex and Amoris laetitia. It aims to show that an adequate foundation of the indissolubility of marriage is not possible when justice is ignored. To this end, the article analyzes some of the common arguments in favor of the indissolubility of marriage (the goods of marriage, the role of conjugal love, the sacramentality of marriage) so as to shed positive light on the contribution of the idea of marriage understood as relationship of justice in order to properly understand its indissolubility.

Keywords: Indissolubility, Marriage, Justice.

The Indissolubility of Marriage: Its Problematic Current Understanding and the Importance of an Anthropological-Juridical Foundation

1. DELIMITACION DEL TEMA

Al aceptar esta ponencia con el titulo que figura en el programa del Simposio --La indisolubilidad del matrimonio y su problematica actual-, no fui suficientemente consciente de la amplitud y complejidad del tema que se me proponia; si lo hubiera sido, habria sugerido un encabezamiento alternativo restringido que enunciara un objetivo mas asequible, como el que ahora he escogido.

En efecto, la centralidad, la amplitud y la actualidad del tema de la indisolubilidad del matrimonio en la vida de las familias, en la Iglesia y en la sociedad civil, saltan a la vista de tal modo que resulta inutil intentar mostrarlas. Pienso que una manera eficaz de expresarlo es decir sencillamente que lo que esta en juego en la cuestion de la indisolubilidad es el mismo matrimonio. A mi juicio, habria que redescubrir, en la vida e inseparablemente en la comprension comun y especializada, que el matrimonio o es indisoluble o no es matrimonio.

La actualidad e importancia de esta propiedad esencial de la union conyugal se ha puesto aun mas de relieve en el pontificado de papa Francisco, sobre todo en las dos asambleas del Sinodo de los Obispos por el convocadas, en la reforma del proceso de declaracion de la nulidad matrimonial mediante los motu proprio A litis Iudex y Mitis et Misericors, y en la exhortacion pastoral postsinodal Amoris laetitia. No pretendo hacer una cronica de estos anos intensos, pero es claro que la indisolubilidad ha estado permanentemente en primer plano. En este sentido, se han replanteado las mas diversas cuestiones biblicas, patristicas, historicas, magisteriales, teologicas y juridicas relativas de algun modo a ella (1); su sola enumeracion, que os ahorro por demasiado conocida, asustaria a cualquier ponente que intentara hacer honor al titulo original de esta ponencia. Sin embargo, a mi entender, existe otro dato mas significativo, que tampoco intento demostrar textualmente porque esta a los ojos de todos: la tendencia prevalente no ha sido la puesta en tela de juicio de la indole indisoluble del matrimonio, sino que mas bien, a comenzar naturalmente por el mismo Santo Padre (2), se ha manifestado repetidamente el deseo de que la renovacion del planteamiento pastoral y juridico que reclama la presente crisis de la familia, encuentre en el matrimonio la unico y verdadera union entre un hombre y una mujer para siempre, su base inmediata y fundamental. Por consiguiente, la interpretacion y aplicacion de la nueva ley procesal matrimonial, asi como toda la pastoral familiar y el rol decisivo en ella de la misericordia segun Amoris laetitia, han de fundarse en una conciencia viva de la palabra de Jesus: <<lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre>> (Mt 19,6) y en la preocupacion eclesial, constante en la historia de la Iglesia, de que esa palabra brille siempre en la vida de los fieles y de las comunidades cristianas.

A la luz de las anteriores consideraciones, he decidido acotar la tematica de esta intervencion de modo drastico, dedicandola solamente a mostrar hasta que punto es problematica la comprension actual de la indisolubilidad, y a evidenciar sumariamente el aporte de luz que puede esperarse del conocimiento del matrimonio como relacion de justicia, en lo que cabe llamar una fundamentacion antropologico-juridica, en la linea de esa <<antropologia juridica del matrimonio>> de que hablo Benedicto XVI Estoy convencido de que por esta via, que me es connatural por mi dedicacion a la filosofia del derecho y a la teoria fundamental del derecho canonico, pueden esperarse frutos duraderos en esa tarea de redescubrimiento del matrimonio que es tal vez un aspecto decisivo en la labor de llevar la Buena Nueva de la familia a la gente de hoy.

Antes de comenzar mi exposicion, permitaseme subrayar la conviccion de que las cuestiones que tocare en mis reflexiones no son refinamientos de entendidos que especulan sin preocuparse de lo que realmente pasa en el mundo, sino que, en la medida en que alcanzan a expresar algo de la verdad sobre el designio divino acerca del hombre y la mujer, poseen una gran trascendencia practica, la cual va mucho mas alla de los circulos de la canonistica. Los grandes principios sobre el derecho en la Iglesia son absolutamente necesarios para comprender la misma vida de la Iglesia y de sus hijos en su caminar terreno. En este sentido, es preciso que los canonistas potenciemos nuestra capacidad de dar razon de la juridicidad eclesial de un modo cada vez mas comprensible y atractivo, que haga ver el rol insustituible, teorico y practico, de nuestro ser expertos en las relaciones de justicia intraeclesial, haciendo ver que nuestro objeto interesa vitalmente a todos, Pastores y demas fieles, sin olvidar las multiples instituciones eclesiales, porque las personas y las instituciones son los protagonistas de esas relaciones.

2. ?POR QUE ES PROBLEMATICA LA COMPRENSION ACTUAL DE LA INDISOLUBILIDAD DEL MATRIMONIO?

Al margen de la cuestion sobre que conocimiento y aceptacion de la indisolubilidad del matrimonio se requiere para que exista realmente un matrimonio, tengo la impresion de que actualmente predomina una clave de lectura que la considera como un bellisimo ideal, que reclama una realizacion existencial en la relacion cotidiana entre los esposos, pero que se encuentra constantemente amenazado por la fragilidad humana. Al fracasar el matrimonio, se piensa que el ideal del <<para siempre>> ha resultado inalcanzable en el caso concreto. En esas circunstancias el matrimonio, con independencia de que haya o no una causa de nulidad, parece haber dejado de existir realmente, como lo muestran tanto el lenguaje comun--que, por ejemplo, acoge sin problemas el concepto de duracion del matrimonio, y facilmente enfoca como exconyuge a quienes han abandonado establemente la vida matrimonial--como las nociones usadas por no pocos canonistas--quienes, por ejemplo, identifican casi siempre el matrimonio in facto esse con la realizacion existencial del consorcio conyugal, y raras veces lo asocian con el vinculo que permanece-.

Al romperse de hecho la relacion vital, obviamente se advierte que algo queda del matrimonio contraido. No me refiero ahora a los hijos nacidos de el, ni tampoco a los deberes de ayuda mutua que subsisten entre los conyuges y respecto a la prole. Pienso en el matrimonio en cuanto tal, que parece transformarse en una suerte de ente de razon, de esa razon que se mueve en el mundo de las formalidades juridicas, o sea del vacio de un derecho positivo separado de la vida. Se trata de un ente que se percibe como carga, ya desde la crisis que ha desembocado en la separacion, y que despues se busca eliminar incluso de la esfera formal del derecho, para permitir un nuevo enlace.

En este contexto es oportuno reiterar que la comprension de la indisolubilidad es una clave decisiva para acceder a la misma idea de matrimonio. Es muy significativo el rechazo tan extendido del termino <<vinculo>> para indicar la relacion conyugal (4), asi como la motivacion recurrente que lo considera fruto de un enfoque juridico, o mejor dicho juridicista. Mas o menos explicitamente se sostiene que el matrimonio es union amorosa, no de derecho, por lo que el mismo empleo de categorias juridicas resultaria perturbador.

Late en estos planteamientos una concepcion radicalmente nueva del matrimonio, contrapuesta al patrimonio tradicional de la norma y la doctrina canonicas. Al mismo tiempo, y es lo que mas me interesa destacar, opera una vision positivista del derecho, pero ya no de un positivismo que subraya los bienes que son efectos de las leyes emanadas por la autoridad (bienes de los que se reconocia una substancia metapositiva), sino de un positivismo esceptico, que aspira mas bien a flexibilizar los preceptos y procedimientos legales de tal modo que ellos no hagan sino reflejar, lo mas exacta y rapidamente posible, la situacion de las personas y de las comunidades en cada momento de su vida. Pienso que estamos cerca del nihilismo juridico, del que tanto se habla hoy, y conviene no olvidar que esa cultura puede penetrar en el ambito juridico-eclesial mediante la desafeccion y el relativismo que acompanan a la instrumentalizacion de las normas y los procedimientos en funcion de intereses parciales desligados de lo justo.

En esta ocasion, mis reflexiones parten de la hipotesis segun la cual no es posible una adecuada fundamentacion de la indisolubilidad del matrimonio si se prescinde del derecho y la justicia. Exploro esta hipotesis en dos momentos: en el primero analizo brevemente tres modos habituales de argumentar en favor del matrimonio indisoluble; en el segundo trato de mostrar en positivo la substancia del aporte de la vision juridica a la comprension de la indisolubilidad.

Las tres lineas de argumentacion que he escogido son: 1) la muy clasica, proveniente sobre todo de la tradicion cristiana de pensamiento sobre el derecho natural, la cual se esfuerza en poner de relieve el nexo entre la indisolubilidad y los bienes del matrimonio, teniendo muy especialmente en cuenta el bien de la prole, pero tambien el de los mismos conyuges y el de toda la sociedad civil y por supuesto el de la Iglesia; 2) la linea mas reciente, ligada a diversos enfoques de indole personalista, que subraya la relacion entre la indisolubilidad y el amor conyugal; y 3) la linea, muy recurrente en la actualidad, que tiende a presentar la indisolubilidad como una consecuencia de la sacramentalidad del matrimonio.

A mi juicio, estos tres planteamientos, entre si no excluyentes, son muy valiosos, de manera que una vision global de la cuestion no puede dejar de lado ninguno de ellos. A su vez, cada uno de ellos admite multiples desarrollos, que contribuyen a iluminar la misma realidad desde diversos angulos. En esta oportunidad no quiero ni exponerlos ni mucho menos criticarlos, sino tan solo intentar mostrar un limite, comun a los tres si se consideran de modo autosuficiente, que dificulta la comprension del matrimonio como realidad inherente a las mismas personas de modo indisoluble. En mi opinion, ese limite depende, al menos en parte, del hecho de no tener suficientemente en cuenta el aspecto de justicia, o sea intrinsecamente juridico, de la relacion matrimonial, en lo cual influye de modo determinante una concepcion insuficiente del derecho, entendido como sistema legal y no como bien objeto de relaciones de justicia.

El primer argumento se basa en los grandes bienes que derivan de la indisolubilidad y en los grandes males que engendra el divorcio, calificado eficazmente por el Concilio Vaticano II como <<plaga>> (5). En nuestro tiempo, ante un matrimonio civil con divorcio que pierde cada vez mas hasta la apariencia de una relacion en principio estable, no pocas personas de buena voluntad, quiza en el pasado partidarias de la introduccion de un divorcio restrictivamente reglamentado en las legislaciones civiles, advierten la enorme trascendencia negativa del paso que se llevo entonces a cabo y que se ha demostrado decisivo para conducirnos a la profunda desarticulacion legal del matrimonio y la familia, ciertamente con no pequena influencia en el plano vital.

De hecho hay investigaciones empiricas y estudios sociologicos que muestran de muchos modos el divorcio como mal personal, familiar y social. Se trata de estadisticas e interpretaciones que no deben conducir a la desesperanza ni mucho menos a la falta de misericordia respecto al comportamiento de tantas personas, tambien bautizadas, en cuanto ellas son tambien victimas de carencias graves sobre todo en su educacion en el hogar en lo que se refiere al matrimonio y la familia. Sin embargo, no se pueden ignorar los hechos evidenciados por esos estudios, precisamente para redescubrir la grandeza del matrimonio como don (6).

Razonar en favor de la indisolubilidad desde el punto de vista de los bienes que acarrea es tambien de gran importancia desde el punto de vista salvifico: para cada uno de los conyuges el hecho de ser fiel y percibir que el otro lo es en cualquier circunstancia, como parte esencial del camino de fe y de amor de ambos, asi como la realidad de que se establezca entre padres e hijos una relacion educativa estable y con ambos conyuges como padres (a menos que no lo permitan circunstancias no imputables a estos ultimos), son bienes inestimables para la vida cristiana de los protagonistas y para la vitalidad apostolica de la familia. De este modo, en el reconocimiento y tutela de la indisolubilidad se halla directamente en juego la salus animarum, que paradojicamente los canonistas invocamos con mas frecuencia cuando se habla de los casos excepcionales en los que actualmente cabe la disolucion eclesial de matrimonios no sacramentales, tema al que aludire mas adelante.

Esta primera argumentacion, a pesar de todo su valor, encuentra un limite en las situaciones de fracaso matrimonial, cualquiera sea la culpabilidad de cada uno de los conyuges. En ese contexto los bienes naturales y sobrenaturales de la union parecen esfumarse, y en cambio se ponen en primer plano los males de una convivencia infeliz, los bienes de la separacion que pone termino a una situacion considerada insostenible, e incluso, cuando se abandona la conviccion de la indisolubilidad, los bienes de una segunda union, con la busqueda consiguiente de su reconocimiento como verdadero matrimonio. A mi entender, esta problematica pone de relieve que la fundamentacion adecuada del ligamen para siempre no puede situarse en el ambito de los efectos beneficos del matrimonio, sino que ha de alcanzar el ser mismo del matrimonio. Se trata de pasar de los argumentos de conveniencia sobre aquello que se puede lograr mediante el matrimonio a la indagacion sobre lo que el mismo matrimonio es, poniendo el enfasis precisamente en el ser de la union (7).

Ahora bien, y asi entramos en la segunda linea argumentativa, lo que es el matrimonio, y por tanto tambien su indisolubilidad, tiende hoy a ser captado en la optica del amor (8), por lo demas tan presente en el magisterio pontificio del ultimo siglo (9). No cabe duda de que el amor autentico entre hombre y mujer, que en el matrimonio llega a ser amor conyugal, es fundamental para la captacion del matrimonio. Superando la idea de que la existencia del matrimonio depende de que perdure el amor inicial y de que el consentimiento verdadero exija un suplemento de amor (10), la verdad es que la separacion entre amor y matrimonio no permite entender ni uno ni otro: el amor que un tiempo se llamo libre, esto es desconectado del matrimonio, no es verdadero amor, y el matrimonio sin el especifico acto de amor del consentimiento y sin amor conyugal en su realizacion existencial no puede ser instaurado ni vivido.

Sin embargo, fundar el matrimonio indisoluble en el amor tiene sentido solo si se piensa en la potencia del amor de Dios que, a traves del amor consensual verdaderamente libre de los novios que han hecho posible la accion de esa potencia divina, ha unido a los contrayentes para toda la vida. En cambio, si se argumenta a partir del amor conyugal, dado que este puede decaer o incluso desaparecer, se puede y se debe concebir la fidelidad para siempre como una exigencia del autentico amor conyugal, pero no se puede sostener que el vinculo sea indisoluble en cuanto ha de ser vivido por amor. En rigor es verdad lo contrario: el amor para siempre es una exigencia de la indisolubilidad. El discurso sobre el amor conyugal necesita ser completado por la consideracion del matrimonio; en este sentido, es muy significativo que la Gaudium et spes haya hecho algunas afirmaciones con un sujeto doble: el matrimonio y el amor conyugal (11). Es la misma distincion expresada por Amoris laetitia, al hablar de <<vinculo habitado por el amor divino>> (12).

En suma, el problema para basar la comprension del matrimonio indisoluble sobre el amor que se deben marido y mujer proviene simplemente del hecho de que el amor humano, tanto en su aspecto natural como sobrenatural, no es indisoluble. El vinculo conyugal, fundado como dijimos en la accion conjunta del amor divino y humano, es ciertamente un vinculo de amor, pero, sin olvidar nunca la fidelidad incondicional del amor de Dios, por desgracia no siempre hay amor actual entre los conyuges, sino tan solo amor debido. Se me perdone lo obvio de estas consideraciones, que solo pretenden hacer ver que falta algo para entender la indisolubilidad. No estamos mas que ante un caso especialmente relevante de la problematica tendencia tan extendida en la Iglesia a plantear todas las cuestiones practicas en el plano exclusivo del amor. Se olvida que la caridad es ciertamente forma de todas las virtudes, segun la famosa expresion de Santo Tomas de Aquino pero no como si las demas virtudes consistieran esencialmente en el amor, siendo por tanto absorbidas e incluso eliminadas por el, sino en cuanto la caridad las ordena al ultimo fin, dandoles por tanto el sentido ultimo, lo que implica confirmarlas y reforzarlas, no quitarlas ni minusvalorarlas.

Llegamos a la tercera linea de razonamiento fundante de la indisolubilidad, muy extendida en nuestros dias en la comprension eclesial, tanto comun como de especialistas. Se suele afirmar o presuponer que el matrimonio es verdaderamente indisoluble en cuanto es un sacramento de la Nueva Alianza, y por tanto participa del caracter irrevocable de la union entre Cristo y su Iglesia. Esta conviccion se halla estrechamente ligada al hecho de que en la Iglesia solo es absolutamente indisoluble el matrimonio rato y consumado. En efecto, la praxis de los Romanos Pontifices reconoce la disolucion tanto de los matrimonios no sacramentales, ya sean consumados o no, asi como de los matrimonios sacramentales no consumados. Se puede ciertamente afirmar con verdad que estas uniones son intrinsecamente indisolubles, porque para que opere la disolucion se requiere siempre una intervencion de la potestad pontificia. Mas al fin lo que cuenta es el hecho de que exista o no una via por la que, a pesar de subsistir un matrimonio valido, una de las partes pueda celebrar un nuevo pacto conyugal valido. Por esta razon, la indisolubilidad de los matrimonios que no son sacramentales y consumados es vista como una afirmacion teorica, mas pertinente para oponerse al divorcio en los ordenamientos civiles que para concebir la disciplina intraeclesial.

No cabe duda de que este tercer tipo de razonamiento presenta una ventaja importante respecto de los dos anteriores: el matrimonio rato y consumado es completamente indisoluble tambien en el seno de la Iglesia, y lo es no por razones de especial conveniencia o de servicio al bien de las almas (que sirven para justificar la posible disolucion de los demas matrimonios), ni tampoco por exigencias singulares del amor mutuo entre cristianos, sino por una razon teologica: el ser mismo del matrimonio de los bautizados ha alcanzado su perfeccion constitutiva mediante el primer acto conyugal. De este modo, la propiedad de la indisolubilidad, confirmada por la sacramentalidad, que a su vez llega a plenitud en la consumacion, al asumir un caracter absoluto, como realidad indisponible incluso para la autoridad suprema de la Iglesia, se revela como una dimension intrinseca del ser del matrimonio rato y consumado. Al menos este matrimonio es en cualquier caso indisoluble.

Sin embargo, esta fundamentacion sacramental no consigue integrar adecuadamente la indisolubilidad existente en el plano natural o creacional, por lo demas tan decisiva en los textos evangelicos que remiten al principio (14). En efecto, tengo la impresion de que falta una percepcion mas clara del mismo signo sacramental del matrimonio, que sigue siendo visto de modo mas bien extrinseco. Sin entrar en esta tan debatida cuestion, me parece que se cae muchas veces en una dicotomia perturbadora: por un lado, el matrimonio natural, que en rigor es tan poco real como la naturaleza humana pura (lo que existe es la dimension natural de todo matrimonio), que tiende a verse como realidad profana e inmanente; por otro lado, el matrimonio sacramental, ciertamente religioso y trascendente, pero del que no se pone suficientemente de relieve su profunda conexion con la una sola carne del principio, y mas bien se conecta con una accion o intencionalidad anadida de los contrayentes o del ministro. A los efectos que aqui nos interesan, no solo se parte siempre de la reduccion del ambito de los matrimonios absolutamente indisolubles a los que son ratos (sacramentales) y consumados, sino que incluso esta indisolubilidad parece mas efecto de una tradicion puramente disciplinar, no obstante los pronunciamientos del magisterio supremo que llegan a considerarla una verdad definitivamente ensenada (15), por lo que no pocas veces reaparece la idea de extender la potestad papal de disolucion a los matrimonios ratos y consumados. A mi juicio, esto confirma que debe profundizarse la misma indisolubilidad de cualquier matrimonio (16). De otro modo, el conjunto de la actual disciplina eclesial corre el peligro de ser visto como fruto de compromisos contingentes que al final podrian conducir simplemente a incorporar el divorcio en la Iglesia.

3. LA INDISOLUBILIDAD EN EL CONTEXTO DE LA COMPRENSION DE LA DLMENSION DE JUSTICIA INHERENTE AL MATRIMONIO COMO UNA SOLA CARNE

Exponer en positivo la conviccion segun la cual para comprender la propiedad de la indisolubilidad, y en definitiva para entender la esencia del matrimonio, es necesario adoptar una vision juridica, es decir de justicia, es tarea ciertamente ambiciosa. En esta sede, que es justamente donde he aprendido tanto sobre esta perspectiva ya desde mis estudios de licenciatura en derecho canonico1 (7), siento ademas la tentacion de callar, dando por sabido todo lo que dire. No caigo en ella porque tengo la impresion de que tanto para canonistas y juristas civiles como para cultores de otras disciplinas que se ocupan del matrimonio, una vision verdaderamente juridica del matrimonio sigue casi siempre ausente, sustituida no pocas veces por una superestructura formal que sirve para prevenir y resolver situaciones problematicas en el campo del matrimonio y la familia. No tengo aqui ninguna pretension de originalidad respecto a mis maestros y colegas. Es mas, tratare sobre todo de exponer ordenadamente algunos aspectos fundamentales de los que ellos tratan, tal vez con algun matiz nuevo, como el relativo a la misma nocion de derecho entendido como lo justo. Y hablare poco de indisolubilidad, porque creo que ella es incomprensible si no se la situa en el contexto de la esencia del matrimonio (18).

Para comprender el matrimonio y su dimension juridica la revelacion biblica nos ofrece un punto de partida verdaderamente esencial en su simplicidad: el matrimonio como una sola carne {una caro). La busqueda de la razon, sostenida por la fe, debe examinar el significado de esta expresion, referente al verdadero matrimonio como realidad experiencial universal.

<<?No han leido ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varon y mujer, y que dijo: Por eso, el hombre dejara a su padre y a su madre para unirse a su mujer; y los dos no seran sino una sola carne} De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido>> (19). Estas breves palabras de Jesus confirman la revelacion veterotestamentaria y muestran su profundidad y sus consecuencias. Tratare de evidenciar la dimension de derecho, y por ende de justicia, que esta implicita en esta ensenanza evangelica (20).

Los conyuges se hacen una sola carne mediante el acto conyugal que les une y es de suyo idoneo para la generacion de la prole. Este primer significado de la una sola carne, expresamente recordado por el canon 1061 [seccion] 1 del Codigo del 1983, es indudablemente muy iluminante, en cuanto permite identificar inequivocamente la especificidad del matrimonio, ordenado por su naturaleza a ese acto. Cualquier comprension de la union matrimonial que oscureciese esta ordenacion a ser una sola carne mediante la copula conyugal, no acogeria la esencia del matrimonio. Sin embargo, es muy importante no reducir el ser una sola carne a los actos conyugales. Al presentar Jesus la unidad de los conyuges como una realidad que Dios ha unido y que el hombre no debe separar, es claro que la nocion de la una sola carne no se limita a ciertos actos, sino que se refiere a la union permanente entre hombre y mujer. Al mismo tiempo, esta ampliacion analogica de significado evidencia que marido y mujer al ser uno en el matrimonio se encuentran ligados precisamente en la carne. Para comprender el sentido biblico de la carne, que a partir del cuerpo designa la entera naturaleza humana, conviene tener presente el misterio de la encarnacion del Verbo, que se refiere a la asuncion unitaria de aquella naturaleza, tanto en el cuerpo como en el alma. La dimension corporal es ciertamente esencial en el matrimonio, y solamente a partir de ella se puede comprender la union conyugal. Pero la dimension espiritual es igualmente esencial, porque de lo contrario no se acoge la humanidad del matrimonio. Al mismo tiempo, la referencia biblica a la carne aleja cualquier concepcion dualista del hombre, opuesta a la radical unidad espiritu-materia que caracteriza la una sola carne.

?Como es posible que el hombre y la mujer se unan tan profundamente? El modelo del intercambio de los derechos resalta la autonomia de la persona, que no viene negada ni disminuida por el matrimonio. Marido y mujer, en efecto, continuan siendo personas distintas, cada una dotada de dignidad, libertad y responsabilidad personales tambien en el ambito de su relacion conyugal. En esto aquel modelo tiene razon, pero resulta insuficiente porque coloca la union en el ambito de las prestaciones que son objeto de derechos y de deberes conyugales, como si la union se situase esencialmente en el plano del actuar comun para lograr determinadas finalidades. En cambio, la nocion de una caro en sintonia con la percepcion del sentido comun, situa el matrimonio en el plano del ser, que se manifiesta en el actuar pero no se puede reducir a el. Se actua como conyuge porque se es conyuge, y la inversion de este orden contradiria la esencia misma de la unidad entre los esposos. Se introduciria una logica contractualista de la union, que no daria razon del ser marido y mujer como identidad personal correlativa. De ahi que incluso una fundamentacion tan noble como la que se apoya en el caracter de compromiso o prome sa irrevocable que es propio del matrimonio, resulte insuficiente si no se aclara por que en este caso no existen razones que justifiquen esa irrevocabilidad. Los compromisos mas solemnes pueden ser legitimamente revocados en la medida en que cambia la situacion real en la que se formularon, de manera que las prestaciones originales que fueron pactadas como derechos mutuos dejan de tener sentido; en cambio, la indisolubilidad matrimonial significa que nunca se da esa mutacion real, por mas que todas las expectativas de la boda, verdadera boda, hayan fracasado.

Ante la dificultad de fundar el matrimonio para toda la vida en el plano del solo obrar debido, resulta natural pensar en la solucion ofrecida por el modelo alternativo de la integracion interpersonal existencial. En efecto, parece que ese modelo pone en el centro las personas del hombre y de la mujer, exaltando su unidad precisamente en cuanto personas, hasta el punto de que a veces se imagina una especie de fusion existencial. La logica de las prestaciones reciprocas cederia a la logica personalista, de total donacion-aceptacion. La dificultad de este enfoque deriva del hecho que tiende a moverse en un plano exclusivamente existencial, que en el fondo no aclara en que consiste la unidad permanente entre hombre y mujer. La integracion entre las personas es de por si vital, dinamica y ciertamente representa una exigencia del matrimonio, pero es bien diverso sostener que ella sea la esencia del matrimonio. Tan pronto como se afirma esto, se advierte el peligro de considerar que la duracion de la union dependeria de la perseverancia de las partes en su amor, y con esto desaparece la lina caro.

Las palabras del Genesis citadas por Jesus, en su simplicidad, nos indican una via segura para profundizar el sentido de la una sola carne. Ellas hablan en efecto del ser creados desde el principio varon y mujer. El dejar el hombre al padre y a la madre y unirse a su mujer aparecen como consecuencias del ser varon y mujer. Esto es ciertamente obvio, pero corresponde a una verdad antropologica que esta en la raiz de la comprension esencial del matrimonio. El hombre y la mujer se casan precisamente en cuanto hombre y mujer, segun la mutua relacion inherente a tal identidad. La union entre ellos es natural en el sentido de que se refiere a la dimension natural de la respectiva masculinidad y feminidad. Esta indole natural, remarcada por el magisterio pontificio reciente (21), debe ser entendida segun la comprension metafisica que el mismo magisterio da al concepto de naturaleza, es decir esencia como principio de operaciones. Esta comprension supera cualquier vision reductiva de lo natural, como si se contrapusiera a lo humano: hay una naturaleza humana, propia de la persona humana, de modo que ser hombre o mujer son modalidades inherentes al ser natural de la persona humana. De este modo es reconocido y valorizado el sentido propiamente humano y personal de la sexualidad y su intrinseca union con la libertad y la razon de la persona, asi como con su capacidad de amar y de comprometerse. Al mismo tiempo, la concepcion autenticamente personalista del matrimonio presupone su radicacion en la dimension natural del ser hombre y mujer, fuera de la cual es imposible aferrar en que consiste lo que es matrimonial (22).

La indole natural de la distincion sexual se ilumina ulteriormente cuando se considera la intrinseca relacionalidad de esa realidad (23). Ser hombre y ser mujer constituyen modalidades diversas y complementarias de la misma naturaleza humana, y su union es fruto de una inclinacion natural, libre y responsablemente seguida. El matrimonio actualiza lo que en la naturaleza del hombre y de la mujer esta en potencia, lo cual constituye una realidad vocacional para la gran mayoria de la humanidad. Esto no significa que el casarse constituya la unica via a traves de la cual vivir el ser hombre y mujer, porque la relacionalidad inherente a estas dimensiones admite otras realizaciones, entre las cuales posee un valor unico en el orden salvifico el celibato por el reino de los cielos. Pero es indudable que en la union matrimonial la complementariedad relacionai hombre-mujer muestra su primordial sentido natural. Por otra parte, tal sentido es de caracter dinamico, como es propio de la misma idea de naturaleza, por lo cual la consideracion de los fines del matrimonio, tanto el bien de los mismos conyuges como la procreacion y la educacion de los hijos, resulta fundamental para comprender su esencia, la cual se encuentra constitutivamente ordenada a esos fines naturales.

La autentica relacionalidad del ser hombre o mujer, que se manifiesta de tantos modos enriquecedores en todas las esferas de la vida humana, encuentra su actualizacion especifica en la una sola carne. La inclinacion o tendencia hacia la persona del otro sexo, lleva consigo, mediante el evento del pacto conyugal, a una relacion concreta, entre un hombre y una mujer, en la cual se unen plenamente las potencialidades naturales inherentes a estas identidades personales. Esto es posible gracias al hecho de que la condicion masculina y la condicion femenina, de por si relacionales, existen en la realidad de la naturaleza de las personas humanas, pero se necesita tambien el acto libre y conjunto del hombre y de la mujer que se dan y se aceptan en cuanto conyuges. La union es fruto de su libertad, pero su configuracion esencial no es modelada por tal libertad, y no subsiste en virtud de una perseverancia del libre consentimiento. La una caro supera las posibilidades inventivas y operativas de los contrayentes, porque se basa en lo profundo de la naturaleza relacionai hombre-mujer. Ellos ciertamente dan vida a su union, pero esta no se funda esencialmente sobre ningun factor escogido y preferido por ellos. El matrimonio no es unidad en ninguna cualidad de los conyuges, por mas noble y determinante que sea en la decision de casarse. La unidad del matrimonio se refiere a la masculinidad y la feminidad en cuanto dimensiones naturales, diversas y complementarias, del ser persona humana.

Pero ?en que consiste la union natural entre el hombre y la mujer en cuanto tales? ?Como los dos logran ser uno? Ciertamente no se trata de una fusion ontologica, porque las dos personas no pueden perder la incomunicabilidad propia de su ser personal, y por tanto la intransferible dignidad, libertad y responsabilidad de cada una tambien en su relacion como conyuge. La cuestion se refiere precisamente a la determinacion del modo de comunicarse, y por tanto de poner en comun el ser masculino y el ser femenino. Ante todo, debe tenerse presente que la masculinidad y la feminidad son relacionales, por lo que, presupuesta la vocacion y la decision matrimonial, estan de por si orientadas a entrar en comunion, tanto en el cuerpo como en el alma. Como modo de comunicar la masculinidad y la feminidad, es facil pensar en el amor que une a los esposos, aquel amor tan ligado al matrimonio que se llama conyugal o matrimonial. San Pablo expresa el nexo entre el amor y la una caro con gran eficacia: <<Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a si mismo>> (Ef 5,28). Dice que <<deben amar>>, y que el fundamento de tal deber reside en la profunda unidad que se ha establecido entre marido y mujer. A esta unidad, que abarca tanto el cuerpo como el alma, se refiere el mismo Pablo a proposito del acto conyugal: <<Que el marido cumpla los deberes conyugales con su esposa; de la misma manera, la esposa con su marido. La mujer no es duena de su cuerpo, sino el marido; tampoco el marido es dueno de su cuerpo, sino la mujer>> (1 Cor 7,3-4). Estos textos evidencian que el vinculo conyugal tiene una esencial dimension de justicia, en virtud de la cual el hombre y la mujer se pertenecen mutuamente y son de verdad el uno para el otro <<mi mujer>> y <<mi marido>>, de una manera permanente que sobrepasa el ambito del actuar juntos. Dado que la relacion se refiere a un aspecto tan personal como el ser hombre o mujer, ella solamente puede ser vivida mediante el amor mutuo interpersonal. Pero este amor es debido, no ya en el sentido por el cual se debe amar a toda persona humana en cuanto projimo, sino segun las exigencias especificas del vinculo conyugal. Y tales exigencias entran en el ambito de la justicia, porque presuponen una union peculiar entre el hombre y la mujer, en virtud de la cual cada uno de ellos es del otro.

Para comprender mejor este vinculo de justicia, se necesita determinar el derecho que lo funda. Si entendemos por derecho el bien de una persona en cuanto le es debido por otro (24), es fundamental determinar cual es ese bien en el matrimonio. Se podria pensar que la misma persona humana de los esposos, en la totalidad de su ser relacionai, constituye el bien conyugal, es decir, que los conyuges son derecho el uno para el otro segun una plenitud de vida que debe ser compartida. Este planteamiento presenta al menos dos problemas: la misma persona no puede constituir un derecho, un bien juridico perteneciente a otro, ya que esto contradiria su incomunicabilidad; y el supuesto bien juridico tendria una extension amplia e indeterminada como la vida de las personas en su relacionalidad. Por otra parte, el bien matrimonial no puede reducirse a un conjunto de prestaciones mutuas, las cuales no explicarian la permanencia de la union y darian lugar tambien a problemas sobre su determinacion concreta, en la medida en que tales prestaciones dependen de las circunstancias de cada situacion. Descartadas estas dos respuestas, se comprende mejor el sentido de la afirmacion segun la cual el bien en la union conyugal esta constituido por la misma relacion entre la masculinidad y la feminidad de las personas casadas. Esta tesis, que podria parecer tautologica, encierra en cambio a mi juicio una comprension realista y profunda del matrimonio, muy en linea con la nocion de la una sola carne. Tratare de analizarla brevemente y de mostrar su congruencia con la indisolubilidad matrimonial.

Desde el punto de vista del derecho, la masculinidad es ante todo un bien del mismo hombre, asi como la feminidad pertenece a la misma mujer. Se trata de bienes naturales inherentes a las mismas personas humanas, cuya juridicidad depende de la existencia de deberes de justicia por parte de los demas y de la misma sociedad, ante todo el respeto socialmente debido a la condicion masculina y femenina. Para comprender la indole esencial de tales deberes de justicia, se debe recordar que la masculinidad y la feminidad son bienes relacionales, en cuanto situan de suyo a la persona en una determinada relacion con los demas. Esta relacion conlleva sobre todo la inclinacion natural a la union con una persona del otro sexo. Cuando se da la union como fruto del concurso de la naturaleza y de la libertad, se verifica algo unico en el mundo humano: bienes naturales inherentes a dos personas, la masculinidad y la feminidad, en su relacionalidad especificamente conyugal, pasan a constituir verdaderos derechos del otro. La masculinidad del hombre en cuanto unido a la mujer se hace un bien de esta, en cuanto le pertenece y le es debida en justicia por parte de su marido. Al mismo tiempo, como aspecto inseparable de una unica union, la feminidad de la mujer en cuanto ligada al hombre pasa a ser un derecho de este ultimo, un bien suyo que le es debido por parte de la mujer. De este modo hay una verdadera comunicacion y mutua participacion entre marido y mujer, la cual en su esencia es juridica, porque implica los dos presupuestos esenciales del derecho: la configuracion de un bien como propio de una persona y la dependencia de la efectividad de tal pertenencia del actuar de los otros. El matrimonio y la familia en el fundada, resultan asi naturalmente determinados, con una determinacion esencial que es garantia de autentica vitalidad.

<<De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido>> (Mt 19,6). La primera consecuencia que Jesus saca de la verdad del principio sobre la una sola carne, se refiere a la indisolubilidad. Esto se explica obviamente en el contexto del dialogo con los fariseos, cuyo tema era precisamente la posibilidad del repudio. Pero pienso que para la misma comprension de la una sola carne, la propiedad esencial de la indisolubilidad es completamente decisiva. La union entre el hombre y la mujer no alcanza su plenitud si no compromete la totalidad tambien temporal de su masculinidad y feminidad. La comunicacion y la coparticipacion del ser masculino y femenino es inautentica si esta amenazada por la caducidad mientras los conyuges viven. Una donacion parcial de estas dimensiones no solo es injusta, de una injusticia que no desaparece en virtud del reciproco consentimiento, sino que en realidad no puede ser matrimonial, en cuanto contradice el hecho que el hombre y la mujer casados, en cuanto tales, no son ya dos. De este modo, se entiende adecuadamente la totalidad de la union, refiriendola solo a la conyugalidad, y se evita concebirla como una fusion existencial que abarcaria todas las dimensiones de la vida de los contrayentes, fusion de hecho imposible y por eso apta para presentar todo fracaso como nulidad.

Es facil admitir, sobre la base de la fenomenologia del amor humano, que la indisolubilidad es un ideal bello. La dificultad nace cuando por causas voluntarias o involuntarias, la vida matrimonial ya no existe. Es entonces cuando el vinculo puede aparecer como una realidad vacia, que existiria unicamente en un registro y en la aplicacion de una ley positiva. No obstante, es justamente en tales circunstancias cuando resuenan con toda su fuerza las palabras de Jesus: <<Que el hombre no separe lo que Dios ha unido>>, con su llamada a la reconciliacion de los conyuges y por lo tanto al mutuo respeto de su identidad relacionai, teniendo en cuenta toda su relevancia para ellos mismos, para los hijos y para la sociedad. La una caro no ha sido el mero producto de la voluntad humana: es Dios mismo, creador del hombre y de la mujer, de su relacionalidad natural, quien ha unido su ser masculino y femenino en matrimonio. Y el para siempre pertenece a la configuracion natural de tal union, a su estructura juridica esencial. Se permanece marido y mujer tambien cuando parece haber muy buenas razones para disolver tal enlace, cuando por motivos -justificados o no--se ha instaurado una separacion, o cuando se ha buscado establecer una nueva union. Es innegable que en este vinculo de justicia que resta intacto en cualquier circunstancia se descubre un misterio, que se ilumina en el contexto del plano salvifico de Dios para la humanidad en Cristo (cfr. especialmente Ef 5,21-33), pero no ha de olvidarse que la iluminacion mediante la fe presupone el diseno natural, creacional, del principio. En el acoger la indisolubilidad de la una sola carne, se toma con absoluta seriedad el ser relacionai segun justicia de la union entre hombre y mujer.

Al poner de relieve la dimension de justicia del matrimonio no se obscurece o atenua la relevancia del amor conyugal. Es la misma dinamica del amor la que presupone y se funde con la dinamica de la justicia. En efecto, el amor conyugal es verdadero si mueve a actualizar lo que es justo en las relaciones entre marido y mujer, conformandose siempre a la conyugalidad de ambos, es decir a la relacion de mutua pertenencia en la masculinidad y feminidad. A su vez ser justos en la relacion conyugal requiere el amor, porque los actos externos que se deben reciprocamente los conyuges solo pueden ser realizados de modo matrimonial mente justo si hay amor. Amor y justicia se entrelazan profundamente en este ambito: el amor indica el horizonte interpersonal de la union y la plenitud a la que esta destinada; la justicia corresponde a la estructura fundamental de la union segun la naturaleza, en la cual el hombre y la mujer, permaneciendo autonomos entre si, son realmente derecho-bien justo del otro en lo que se refiere a su dimension conyugal (es el sentido profundo del ser <<mi marido>> y <<mi mujer>>). Se puede decir que la justicia es prioritaria desde el punto de vista del fundamento, ya que la especificidad juridica de la relacion con el otro funda las exigencias de la verdad del amor conyugal, y que en cambio el amor es prioritario desde el punto de vista vital, pues empuja a vivir segun el derecho y a ir mas alla de el. Por tanto, no hay por que temer que una fundamentacion antropologico-juridica de la indisolubilidad pueda suponer un retroceso en la comprension del matrimonio, a una etapa juridicista que olvidaba el amor. El peligro es mas bien el opuesto: que la exaltacion pretendidamente personalista del amor acabe por perder de vista la esencia del matrimonio y por eso mismo del amor matrimonial y de la misma persona en su naturaleza humana.

Con este planteamiento de justicia tampoco se deja de lado o se minusvalora la perspectiva salvifico-sacramental. El tema es ciertamente vasto y dificil, pero puede bastar aqui una observacion muy sencilla. No cabe contraponer una adecuada consideracion antropologico-juridica con una consideracion religiosa del matrimonio, por la sencilla razon de que esta ultima presupone la primera. Cuando San Pablo afirma que <<gran misterio es este, pero yo lo digo en relacion a Cristo y a la Iglesia>> (Ef 5,32), se esta refiriendo a la realidad considerada en el versiculo precedente, que se mueve inequivocamente en el plano de la creacion: <<Por esto dejara el hombre a su padre y a su madre y se unira a su mujer, y seran los dos una sola carne>> (Ef 5,31, citando Gen 2,24). De ahi que una fundamentacion antropologico-juridica de la indisolubilidad sea la base indispensable de una fundamentacion salvifico-sacramental. Despojada de su aspecto de justicia, cualquier profundizacion en el gran misterio de la union conyugal corre el serio riesgo de olvidar la misma consistencia de ese misterio, es decir, en que consiste el respectivo signo y causa sacramental, lo que comporta un vaciamiento del mismo sacramento, reducido a ritos o intenciones humanas, que al ser extrinsecos respecto a la esencia del matrimonio, no pueden explicar el reforzamiento sobrenatural de la indisolubilidad. En efecto, la indisolubilidad solo puede ser potenciada si existe realmente en el plano de la naturaleza humana.

4. A MODO DE CONCLUSION

Podria parecer que todo lo expuesto es, como se suele decir, <<poco juridico>>, esto es <<poco practico>> de cara a las tareas que compete llevar a cabo habitualmente a los canonistas. Se trataria de una disertacion mas o menos convincente, pero en todo caso mas bien fuera de lugar.

Para <<defenderme>> yo haria notar que constantemente he hablado de justicia y de derecho. Es verdad que me he movido en el plano de la comprension del matrimonio indisoluble, no en el ambito de las multiples consecuencias operativas que de ahi se siguen. Lo he hecho porque estoy convencido de que el mas grave problema practico--en todas sus vertientes: moral, juridica, pastoral, etc.--con el que nos enfrentamos cotidianamente en este ambito se refiere precisamente a la comprension de lo que es el matrimonio. Y paradojicamente, somos nosotros los juristas, muy a menudo injustamente identificados como expertos en <<deshacer>> matrimonios, los que, por nuestra misma mentalidad juridica entendida en toda su nobleza, estamos mas en condiciones da aportar una vision que recupere la dimension de justicia, integrandola armonicamente con toda la riqueza vital del matrimonio y la familia.

Confieso que querria mostrar como la vision del matrimonio que tiene en cuenta lo justo debe informar la vida conyugal y familiar, siendo base necesaria de una fidelidad fecunda, y apoyo necesario para encarar y superar las crisis matrimoniales. Me gustaria tambien hacer ver que toda la pastoral familiar, incluso la que toca situaciones mas afectadas por la fragilidad (25), depende de una captacion de la dimension de justicia en el matrimonio indisoluble. Y aspiraria a extender esta consideracion a los procesos matrimoniales, y en realidad a todo el derecho y la vida familiar, tambien en el ambito civil, en el que valen los mismos criterios fundandos en la antropologia juridica de la sexualidad en el orden natural. Como es facil advertir, todo esto nos llevaria demasiado lejos: prefiero por eso concluir sosteniendo que nada hay mas practico en la esfera del derecho que una comprension adecuada de las realidades juridicas, sobre todo si la relacionalidad interpersonal que les es propia es de indole natural. El matrimonio posee hasta tal extremo esa relacionalidad natural, que Dios mediante la Encarnacion de su Hijo ha querido constituirlo signo y fuente eficaz del amor divino que dona a los esposos que de veras se quieren humanamente.

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Viladrich, P.-J., I fondamenti antropologici delFindissolubilita del matrimonio, en H. franceschi (ed.), Matrimonio e famiglia. La questione antropologica, EDUSC, Roma 2015, 143-216.

(1) Sigue siendo muy util el amplio panorama de cuestiones tratadas en el volumen editado en 1978: A. Bernardez Canton-T. Garcia Barberena (eds.), El vinculo matrimonial: ?divorcio o indisolubilidad?, BAC, Madrid '2015; asi como los articulos publicados en lus Canonicum 11 (1971). De todos modos, en estos anos no ha habido tiempo suficiente para grandes novedades en la investigacion, y gran parte del debate ha estado mas centrado en la admision a la Comunion eucaristica de los fieles divorciados y vueltos a casar civilmente, de manera que la indisolubilidad se toca de modo mas bien indirecto, preguntandose si esa admision es compatible con ella. El titulo de la reciente traduccion italiana del libro de Henri Crouzel indica claramente esta problematica: H. Crouzel, Divorziati <<risposati>>. La prassi della Chiesa primitiva (original frances: 1971), Cantagalli, Siena 2014.

(2) Baste recordar los pasajes de la exhortacion apostolica postsinodal Amoris laetitia del papa Francisco, 19 marzo 2016, en los que la indisolubilidad del matrimonio es explicitamente reafirmada: cfr. nn. 53, 62, 77, 134, 178.

(3) Cfr. Discurso a la Rota Romana, 27-1-2007.

(4) Por lo mismo, resulta tan relevante el uso de la palabra <<vinculo>> por parte del papa Francisco en Amoris laetitia, en afirmaciones de principio, de ningun modo secundarias, que se refieren a una pastoral y a una espiritualidad del vinculo matrimonial habitado por el amor (cfr. nn. 211 y 315).

(5) Cfr. Cost. past. Gaudium et spes, n. 47b.

(6) La perspectiva del don se encuentra positivamente afirmada en Amoris laetitia, n. 62, citando la Relatio Synodi de 2014, n. 19.

(7) Recientemente R-J. Viladrich ha expuesto muy lucidamente esta idea: cfr. I fondamenti antropologia delFindissolubilita del matrimonio, en H. Franceschi (ed.), Matrimonio e famiglia. La questione antropologica, EDUSC, Roma 2015, 143-216, especialmente 143-155.

(8) Cfr. por ejemplo una exposicion muy lograda: J. J. perez-soba, El amor crea vinados: un anuncio liberador, Revista Espanola de Teologia 75 (2015) 141-171.

(9) Es una constante desde la enciclica Casti Connubii di Pio XI, hasta la exhortacion Amoris laetitia del papa Francisco, en la que el amor da al documento el incipit y el tema (<<sobre el amor en la familia>>), pasando por el Concilio Vaticano II en la Constitucion pastoral Gaudium et spes, nn. 46-52, el magisterio posterior, como la enciclica Humanae vitae del Beato Pablo VI, nn. 8-9 y el amplisimo y profundo magisterio de San Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia.

(10) Contra esta idea se pronuncio el Beato Pablo VI en un celebre Discurso a la Rota Romana, del 9-11-1976.

(11) Cfr. nn. 48a y 50a.

(12) N. 315.

(13) Cfr. Summa theologiae, II-II, q. 24, a. 8.

(14) Cfr. Mt 18,4 y 8; Me 10,6.

(15) Cfr. el Discurso a la Rota Romana del 21-1-2000, en el cual San Juan pablo II afirmo: <<se deduce claramente que el Magisterio de la Iglesia ensena la no extension de la potestad del Romano Pontifice a los matrimonios sacramentales ratos y consumados como doctrina que se ha de considerar definitiva, aunque no haya sido declarada de forma solemne mediante un acto de definicion>> (n. 8).

(16) Resulta de gran importancia compatibilizar las afirmaciones del magisterio eclesiastico sobre la indisolubilidad que se refieren a cualquier matrimonio, con la praxis de la misma Iglesia que, en algunos casos, todo lo limitados que se quiera, hace excepciones a esa propiedad esencial. Algunos estudiosos, partiendo de investigaciones historicas rigurosas y conservando el mas total obsequio al magisterio eclesiastico, se han dedicado recientemente al estudio de la fundamentacion teologica y juridica de los diversos supuestos de disolucion. Sobre la disolucion del matrimonio rato no consumado, cfr. por ejemplo J. Sedano, Las incertidumbres historicas sobre la potestad pontificia de disolver un matrimonio rato y no consumado: una clave interpretativa de la formacion del vinculo matrimonial, lus Canonicum 56 (2016) 229-269. Sobre la disolucion del matrimonio no sacramental en virtud del privilegio de la fe, cfr. entre otros D. garcia HervaS, La disolucion del matrimonio <<in favorem fidei>>: elementos para una investigacion, Pontificia Universidad de Salamanca, Salamanca 2008; N. Alvarez de las Asturias--M. Parma--J. C. Conde--F. Marti, Studi sul favor fidei, lus Ecclesiae 26 (2014) 311-378.

(17) Tengo muy grabado como nuestro profesor de Derecho Matrimonial Canonico en el curso 1980-1981, el gran matrimonialista Pedro-Juan Viladrich, se esforzaba en hacernos captar desde el comienzo que el matrimonio no es el simple hecho empirico de cohabitar. Luego me han ayudado mucho sus copiosos y profundos escritos, como por ejemplo el reciente que he citado en nota 7. Aunque nunca fui alumno directo del Prof. Javier Hervada en temas matrimoniales, tampoco en la investigacion doctoral, su lectura me ha sido siempre muy iluminadora. Con una profundidad y rotundidad singulares ha ido penetrando en lo que es el matrimonio y en todos sus aspectos como un verdadero clasico, tan presente en las elaboraciones del mismo Viladrich y de tantos otros matrimonialistas, tambien colegas mios. De Hervada resulta imprescindible la coleccion de escritos llamada Una caro. Escritos sobre el matrimonio, EunsaInstituto de Ciencias para la Familia, Pamplona 2000. Profundiza especialmente en la optica que hoy me ocupa J. I. Banares, La dimension conyugal de la persona: de la antropologia al derecho, Rialp, Madrid 2005. Tambien en esa perspectiva antropologico-juridica, cfr. H. franceschi, La indisolubilidad de! matrimonio. ?Por que para siempre?, en C. Mendoza (ed.), Perspectivas de cultura cristiana, II pozzo di Giacobbe, Trapani 2014, 89-114.

(18) Una presentacion del debate canonistico en el siglo XX se encuentra en F. PuiG, La esencia del matrimonio a la luz del realismo juridico, Navarra Grafica Ediciones, Pamplona 2004.

(19) Mt 19,4-6; cfr. Gen 1,27.

(20) Sigo en sus lineas esenciales la interpretacion de la una caro como unidad en las naturalezas (o como dice a veces, en la naturaleza), propuesta por mi maestro Javier Hervada. Pienso que esta perspectiva se ilumina todavia mas cuando se conecta con la idea de derecho como objeto de la justicia, cuya centralidad ha sido percibida por el mismo Hervada en un momento posterior.

(21) Cfr. sobre todo San Juan Pablo II, Discurso a la Rota Romana, 1 febrero 2001.

(22) Sobre la vision personalista del matrimonio y sobre su relacion con el derecho, cfr. SAN Juan Pablo II, Discurso a la Rota Romana, 27 enero 1997.

(23) Una filosofia de la familia en la optica relacionai del derecho ha sido presentada por F. D'Agostino, Filosofia de la familia, trad, cast., Rialp-Instituto de Ciencias para la Familia-Universidad de Navarra, Madrid-Pamplona 2006. Una sociologia de la familia en clave relacionai se encuentra en P. DONATI, Manual de sociologia de la familia, trad, cast., Eunsa, Pamplona 2003.

(24) Este sentido tradicional del derecho como lo justo, o sea como objeto de la justicia, presente en Aristoteles y Santo Tomas y en los juristas romanos, ha sido vigorosamente repropuesto en el siglo XX por diversos autores, entre los que sobresalen Michel Villey y Javier Hervada.

(25) Remito a la nota que he escrito, Matrimonio y justicia objetiva en la comunion eclesial: un aspecto del discernimiento pastoral propiciado por Amoris laetitia, lus Canonicum 56 (2016) 731-738.

RECIBIDO: 1 DE ENERO DE 2017/ACEPTADO: 16 DE MARZO DE 2017

DOI 10.15581/016.113.006

Carlos Jose ERRAZURIZ M.

Professore Ordinario di Teoria Fondamentale del Diritto Canonico

Pontificia Universite della Santa Croce. Facolta di Diritto Canonico.

Roma

errazuriz@pusc.it
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Author:Errazuriz M., Carlos Jose
Publication:Ius Canonicum
Date:Jun 1, 2017
Words:10321
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