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La historia verdadera de la escritura en Espanol en la modernidad temprana: algunas reflexiones Americanas.

LA ESCENA DE escritura de este ensayo es una caminata en la manana a lo largo del rio Charles (1). Me abro paso entre calles estrechas y tomo el camino mas cercano al agua, dejando al calor del momento la decision de cruzar--cuando, por cual puente, incluso si. Desde el lado de Cambridge veo los edificios neo-georgianos de la escuela de negocios, copiados del campus antiguo, y trasplantados a la orilla opuesta en filas ordenadas y relucientes. Se que hay "otro mundo" alli; con frecuencia vuelvo sobre mis pasos sin siquiera cruzar el rio. No obstante, cuando si sigo alguno de los puentes y me traslado al otro lado, miro atras a "mi ciudad". Todos los dias, menos los mas tempestuosos, Cambridge es doblada por el rio Charles, su horizonte se delinea dos veces, en mundos pares arriba y abajo, como los de un poema barroco. En los dias soleados los viejos edificios se contemplan a si mismos con satisfaccion; en las mananas nublosas, la ciudad suena su rostro en el espejo del agua. Sospecho que se enfada cuando el viento los vuelve arrugados. Pero puedo ver el reflejo de la auto-imagen de mi ciudad solo cuando estoy en la otra orilla, cuando mi alla se ha vuelto un aqui, y mi antiguo aqui un alla. Mientras camino, trasladandome de una orilla en otra, me hallo en dos lugares a la vez.

Anecdotas como esta entranan grandes riesgos. No solo la autorreferencia indulgente ha sido un vehiculo facil para la ironia, sino que Cambridge, Massachusetts, y sus residentes se han asegurado un nicho, justo al lado de la madrastra de Blancanieves, en el hall de la fama de los auto-contempladores. Asumo los riesgos aqui, con alguna aprehension, de forma que pueda usar la ruta de mi ejercicio como una parabola del itinerario en dos mundos de la escritura espanola durante los siglos Kyi y KV!!, particularmente la escritura de textos presentados como "historias verdaderas". Creo que la misma ruta tambien puede servir como una figura reveladora para los itinerarios de la critica y de la historia literaria, es decir, para los caminos y cruces que han dado lugar a encuentros entre estudiosos de la literatura del siglo de oro y los de la literatura latinoamericana colonial desde los anos 90 del siglo XX.

La deambulatio animae (2) como figura de itinerarios mentales era familiar para los lectores del Siglo de Oro gracias al Examen de ingenios para las ciencias (1575), donde Juan Huarte de San Juan la uso para metaforizar las divagaciones de la mas vagabunda de las facultades humanas, la imaginacion o imaginativa (3). El vinculo en tre el movimiento fisico y los procesos de la imaginacion y el pensamiento se vuelve particularmente sugestivo en el mundo extremadamente movil de las culturas de los siglos XVI y KV!! (4). Como la "companera del imperio" de la famosa formulacion del gramatico Antonio de Nebrija, la lengua castellana produjo gran parte de su discurso y de su escritura sobre la marcha (5). Muchos escritores hispanicos, como los cronistas de Indias, "vinieron a escribir" (en la maravillosa expresion de Helene Cixous) literalmente en movimiento, ya fuese de ida, moviendose entre los lugares que visitaban, o de regreso a casa. Una gran porcion de la literatura canonica de lo que se ha venido a llamar Siglo de Oro espanol lleva, junto con la obsesion por lo temporal adscrita rutinariamente al barroco, la conspicua marca tematica de la transitoriedad. Una serie de transeuntes literarios de los mas celebrados del periodo viene de inmediato a la mente: soldados imperiales (dos Garcilasos de la Vega, Hernando de Acuna, Alonso de Ercilla, Miguel de Cervantes) y clerigos itinerantes (Bartolome de las Casas, Juan de la Cruz, Teresa de Avila); caballeros ficticios, picaros, pastores, poetas-peregrinos como el de Gongora, errantes amantes bizantinos. Tampoco es sorprendente que la tematica de la transitoriedad haya engendrado lo que puede llamarse una poetica de la transgresion. La predileccion del periodo por sobrepasar los limites clasicos es proverbial: la historia literaria nos ofrece el registro no de transgresiones aisladas, de eventos unicos, sino de multiples cruces y recruces de fronteras que se vuelven a trazar continuamente y linajes literarios que se mezclan. Estos "siglos de oro" seguramente deben mucha de su deslumbrante riqueza tanto a los transitos literales de sus escritores como a sus transgresiones literarias, en suma, a la practica cultural generalizada, real e imaginada, de las distancias y de la diferencia.

Ningun corpus de obras escritas en el mundo hispanohablante de la modernidad temprana ofrece evidencia mas elocuente de esta transgresividad cronica que las que se agrupan bajo el nombre promisorio y sospechoso de historia verdadera (6). ?Por que sera que esta rubrica aparece en tantos textos y en una gama tan extraordinaria de situaciones y modos de escritura en espanol? Mi triple proposito es extraer de un topos familiar una explicacion historica nueva de esa fascinacion por las capacidades de la narrativa que promete decir la verdad; sugerir que un compromiso con la historia, ya sea "seria" o ficcional, es necesariamente un compromiso con las dos modalidades; y proponer al Quijote como la summa de esta doble obsesion de su epoca. Esta ultima propuesta implica dos afirmaciones poco convencionales que no puedo sustentar adecuadamente aqui pero que son indicadores esenciales de donde viene y hacia donde va mi meditacion sobre la "historia verdadera" (7). Primero, leo el Quijote como un libro no solo sobre ficcion y sobre la escritura de ficcion, sino tambien sobre historia y sobre la historiografia seria de su epoca. Segundo, creo que su hechura novelesca esta vinculada, no solo en un sentido general sino en formas textuales concretas, con la escritura historiografica en espanol sobre el Nuevo Mundo. Si esto es cierto, la obra maestra de Cervantes pertenece tanto al discurso de "Latinoamerica colonial" como al del "Siglo de Oro" espanol.

La historia verdadera (8), como un motivo itinerante, surge en una asombrosa variedad de textos. Predeciblemente, el nombre es aplicado a obras narrativas que hacen reclamos serios, responsables, incluso verosimiles, de veracidad. La Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana de Bernal Diaz del Castillo (titulada postumamente para su publicacion en 1632) es la mas conocida, pero en el mundo hispanico de los anos 1500 a 1700 su nombre era legion (9). Sus temas abarcan desde Espana, Europa, el Mediterraneo, Levante, el Lejano Oriente y las Indias. Si acordamos poner entre parentesis por un momento la distincion entre los terminos historia y relacion (la ultima reservada ordinariamente para narraciones mas locales), podemos traer a este grupo de "historias factuales" el inmenso numero de libros y pliegos sueltos que ofrecian recuentos de eventos historicos contemporaneos (10). Muy otro es el tipo de "historia verdadera" que se encuentra en las mas sospechosas narraciones que apuntan a la curiosidad del lector general y juegan con ella, recontando sucesos imaginarios que, de forma mas o menos convincente, alegan haber ocurrido. En esta categoria van las seudocronicas de emperadores romanos y del emperador Carlos V de Antonio de Guevara, los falsos cronicones, los Libros plumbeos, y la Historia verdadera del Rey don Rodrigo, cuyo interprete real Miguel de Luna afirmo haberla traducido de un original arabe del siglo VIH, registrado por un testigo presencial de la mitica escena de la "perdida de Espana". Aunque su travieso intento hoy nos parece parece transparente, algunas de estas "historias verdaderas" fueron consideradas autenticas por muchas generaciones de lectores hasta entrado el siglo XIX, especialmente fuera de Espana (11)--no obstante las protestas de Nicolas Antonio en el siglo XVIII--. Un tercer grupo de textos que hace serios reclamos de verdad son las historias en verso, poemas epicos basados con mas o menos firmeza en acontecimientos historicos que se sabia que habian tenido lugar. Entre ellos encontramos La Araucana de Ercilla (1569, 1578, 1589), la Austriada de Juan Rufo (1584), las Elegias de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos (1589), la Mexicana de Gabriel Lasso de la Vega (1594), y muchas mas (12). Finalmente llegamos a las "historias verdaderas" que todos los lectores toman por tales solo en el nombre: ficciones que, como Don Quijote, se basan en la empresa "historiografica" de su autor y hacen de la "historia verdadera" la metafora central para la construccion de una ficcion narrativa (13).

En la modernidad temprana, "historia verdadera" es tanto un amplio toldo como una rubrica extraordinariamente proteica, desempenado una variedad de papeles discursivos, introduciendo materias divergentes, moviendose por multiples cronologias y geografias. Su astuta etiqueta cubre todo desde el concepto epistemologico, hasta la estratagema publicitaria, la paradoja formal (por ejemplo, una historia compuesta en verso), hasta la figura pura. Visita los extensos espacios de lo que se ha llamado el cronotopo renacentista, balanceandose entre tiempos antiguos y modernos, atravesando los continentes y los oceanos de una geografia post 1492, cruzando las fronteras de generos clasicos y modernos, floreciendo en territorios liminares entre la realidad y la fantasia. Como un sello ubicuo, el termino hizo todo salvo lo que ostensiblemente debia hacer: en palabras de Charlie Brown, la historia verdadera hizo cada vez mas dificil distinguir las voces autenticas de las fraudulentas. La "historia verdadera" fue la gran travestista linguistica de la epoca: fue a todas partes travestida; su nombre ofrecia no una esencia sino un disfraz. Aun asi, en tiempos de Cervantes la etiqueta historia verdadera vendio libros. Este hecho no lo acaban de explicar ni la credulidad ni la popularidad duradera de una buena broma. Como los de otras formas de travestismo, los caprichos de la "historia verdadera", incluso cuando esta siendo parodiada, apuntan a una subyacente ansiedad cultural sobre la naturaleza de la verdad historica y sobre la capacidad del lenguaje escrito de conocerla y transmitirla (14).

Ya sea que se lo proponga o no, el sello "historia verdadera" abre una autentica caja de Pandora que la simple "historia" habia dejado sin tocar. Invocar una "historia verdadera" es a lo menos activar una dinamica de curiosidad. Asocia la historia con las acciones de descubrir, presenciar, registrar. Como la historia de una aventura cognitiva o epistemologica, la "historia verdadera" centra la atencion sobre la escena de su escritura y sobre la posicion de sujeto del historiador. Las "historias verdaderas" tienen siempre un argumento doble: son "historias de una historia", como Carmelo Saenz de Santa Maria dice en otro sentido sobre el texto de Bernal Diaz (15). Necesariamente recuentan dos historias: una, la historia de los eventos; la otra, la historia de como el autor llego a saber lo que sabe y a escribirlo, es decir, como es que el texto historico ha llegado a ser. Y como historias de una historia, las "historias verdaderas" ponen en tela de juicio, junto con la verosimilitud de personas, lugares y sucesos que detallan, el mismo privilegio autorial que invocan.

Con su progenie dispersa sobre vastas geografias reales y ficcionales, la historia textual de la historia verdadera se lee como un romance familiar de saber y escritura, en el curso del cual la autoridad de la representacion circula entre historia y poesia, historia poetica y ficcion historica, viejo y nuevo mundo, a menudo haciendo suyo mas de un territorio. Muchas voces dan testimonio de las incomodidades e incertidumbres experimentadas por ese sospechoso linaje: teoricos de la ficcion como Jacques Amyot, Torquato Tasso y Alonso Lopez Pinciano aconsejan a aquellos contemporaneos suyos del siglo Kyi que escriben romances, que se aparten de los mundos conocidos para ahorrarse las cavilaciones de los pedantes (Forcione 80). Pinciano concede (con resonancias de Borges) en la Philosophia Antigua Poetica que seria posible para dos autores producir una y la misma relacion escrita de un suceso y que una fuese historica y la otra ficcional (Pinciano 2, 9-10). El lexicografo Sebastian de Covarrubias Orozco, lamentando en su Tesoro de la Lengua Castellana o Espanola de 1611 que las verdaderas hazanas espanolas en el Nuevo Mundo eran tan fabulosas que no serian reconocidas por verdaderas por futuros lectores, especialmente extranjeros, legislaria que la historia debia ser escrita exclusivamente en prosa (Covarrubias 580).

Aqui y en otros casos, se nos recuerda insistentemente que la frontera que separa lo historico de lo ficcional era todo menos clara. La representacion, parecen decir estas voces, es tierra de nadie, donde es mas facil pasar de un campo al otro sin darse cuenta que trazar una linea divisoria entre ellos. Y es mucho mas facil para el escritor de ficcion que su relato pase por historia, que para el mas serio cronista de mundos poco conocidos limpiar su "historia verdadera" de la acusacion de la mentira.

Muchos lectores han concluido que los trajinados binomios realidad y fantasia, hecho y ficcion, historia y poesia, son o bien neo-aristotelicos, o "naturalmente" barrocos. Pero no fue solo el redescubrimiento humanistico de la Poetica de Aristoteles lo que hizo de la verosimilitud y la maravilla las cuestiones candentes del momento (16). Mas bien, fue la vivida experiencia de nuevos mundos asombrosos y la urgente necesidad de escribir sobre ellos, tanto en Europa como en America, lo que hizo que el historiador mas responsable y el fabulador literario remaran en la misma galera. De hecho, la mayoria de los escritores de la modernidad temprana, ya fuese de ficcion o de historia, lucharon con el mismo nudo de paradojas representacionales, pues ambos, despues de todo, tenian que hacer presentes cosas "jamas vistas ni oidas" en el aqui y el ahora de la imaginacion de sus lectores. Ambos debian tratar con cosas "no aqui": la ficcion, con escenas y personajes que por definicion no estaban aqui, que no existian ni existirian nunca por fuera de las paginas de los libros; la historia contemporanea, con escenas radicalmente nuevas, "no aqui", pues la distancia fisica dramaticamente incrementada impedia que se compartiese la experiencia. Pareciera que la distancia espacial del presente fuese mucho mas inquietante que la distancia temporal del pasado remoto, quiza porque la extension geografica revelada recientemente no habia sido aun abarcada por una cadena establecida de testigos autorizados, quiza tambien porque sus asombrosas realidades no podrian ser pensadas nunca como un alla seguro, escondido en un texto venerable, pues seguian revelandose y parecian invadir de modos inesperados la propia experiencia. El escritor que se proponia historiar lo desconocido debia establecer su propia cadena de testigos y documentos, y trabajar activamente para mantener su autoridad frente a la incredulidad de sus lectores, asi como frente a la posible aparicion de otros testigos con otras historias, o de accidentes que requeririan la reescritura de toda la narracion. Esta ansiedad de transmision movio al sevillano Fernando de Herrera, poeta e historiador de la gran victoria cristiana de 1571 sobre el Islam en el Mediterraneo oriental, a desarmar a posibles criticos de su relacion de la batalla de Lepanto pidiendoles considerar "cuan incierta es la voz de la verdad, traida de partes tan remotas y de lenguas tan varias" (Herrera 248).

Mientras los escritores luchaban con la pregunta de como distinguir la "historia verdadera" de la fabula poetica, Pinciano y Covarrubias vinieron muy cerca del reconocimiento moderno de que la diferencia entre las narrativas historica y ficcional radica no en una esencia formal capaz de separar ovejas reales de cabras imaginarias, sino en un conjunto de acuerdos convencionales que gobiernan la relacion del lenguaje con el mundo en cada genero de escritura (17). La representacion historica con frecuencia se fundamenta sobre aquello que ya ha sido reconocido como un hecho; en muchos casos, relata lo ya relatado. Trabajando sin el beneficio de relaciones previas, los primeros historiadores espanoles del Nuevo Mundo tuvieron que construir las convenciones de lo real y lo verdadero desde la base de una experiencia inedita. Sus escritos testifican sobre todo la obsesion con la fundamentacion en el mundo, que es esencial a la historia. Con todo, a medida que su empresa centra su atencion en los modos en que la autoridad representacional es construida, inevitablemente pone en cuestion esa misma autoridad.

Se necesito el genio de Cervantes para ver en la historia de la historiografia tanto la huella de la produccion de ficciones como un profundo y problematico espejo de la angustia mas apremiante de su cultura. En las busquedas de sus autores personificados y de su envanecido protagonista por escribir lo real, por escribir la "historia verdadera" del yo espanol y de sus otros, Cervantes resume los triunfos y los peligros de la gran aventura cognitiva de su tiempo y su sobredeterminada agenda politica. Sin duda, Cervantes aprendio bastante de Luciano de Samosata acerca de las paradojas de la historia. Este autor griego del siglo II, mejor conocido por sus satiras, produjo dos meditaciones historiograficas, una seria (Como escribir Historia) y una burlesca (Una historia verdadera), manuales de como si y como no escribirla, que gozaron de enorme popularidad a traves de traducciones y de la imitacion de que fueron objeto durante el Renacimiento. Despues de abrir la Vera historia con la provocativa declaracion de que esta no contendra ni una onza de verdad, Luciano despliega todo el arsenal de dispositivos historiograficos convencionales: autorreferencias a la primera persona que es testigo, detalles geograficos, descripcion fisica, incluso "certificaciones notariales" de testigos de su paso por ciertos lugares. En el episodio culminante de su viaje, obtiene de una autoridad, nada menos que la de Homero, un poema que "certifica" su punto de encuentro y deja su marca en un arbol real. (18) Cervantes incorpora muchos de estos mismos trucos, en gran medida a traves de figuras autoriales sustitutas como la de Cide Hamete Benengeli y el "segundo autor". La ultima tactica se usa en el episodio en el que la novela roza mas conspicuamente la realidad historica: el relato intercalado del Capitan cautivo, cuya exactitud es finalmente validada no a traves de documentos historicos sino por un par de sonetos, y cuyo narrador testigo evoca una figura fantasmal que invita al lector a asociarla ("un tal Saavedra") con el historico Miguel de Cervantes Saavedra (Cervantes i, 486). En La Araucana, Ercilla tambien apropia el motivo lucianesco de escribir sobre las cortezas de los arboles para certificar su presencia en los lugares de Suramerica que describe (Ercilla 942-943).

Eljuego lucianesco con la verdad historica fue la forma de convertir una fuente de ansiedad--como conocer la verdad real sobre los territorios recientemente descubiertos, como calibrar el valor de verdad de las relaciones contemporaneas, como hablar y escribir de forma creible sobre el mundo--en regocijo. Con un ingenio perverso tenido de melancolia cultural, Cervantes aborda estas cuestiones dotando a sus personajes asi como a su ficcional figura autorial de una obsesion historiografica sobre la verdad de sus historias y, mas aun, dejandolos contar sus historias con palabras sacadas de las obras de verdaderos historiadores, algunos de ellos conquistadores del Nuevo Mundo (19).

En las fusiones y confusiones textuales de mundos historicos y ficcionales bajo el nombre de "historia verdadera"--en textos (Don Quijote y las cronicas del Nuevo Mundo) que se han leido como emblematicos de su momento cultural--yace una importante leccion para nosotros como criticos. Hasta muy recientemente, el mapa disciplinario sobre el cual estan localizados los estudios de la modernidad temprana peninsular y americana se ha visto como una formula para distribuir el territorio textual de la poesia y la historia. Hemos llamado a una provincia "Siglo de Oro" dando por sentado que le concierne sobre todo la literatura, el arte por el arte, literatura salida de literatura, ficcion sobre la ficcion, la imaginacion peligrosamente divorciada de una realidad que se desmorona. A la otra provincia, apodada "Latinoamerica colonial" le ha sido asignada la historia. En efecto, tanto en el lado europeo como en el americano, los intereses nacionales han favorecido principalmente la lectura patriotica de textos coloniales como documentos, ya sea de hazanas imperiales o de los nuevos origenes nacionales, aunque sea minima su conexion con el record historico. A los criticos nos ha sido dificil habitar simultaneamente dos mundos tan aparentemente diferentes; la mayoria han permanecido centrados en solo uno de ellos.

Pero la "verdad" sobre nuestra vision historico-literaria es que hemos trazado un mapa que oscurece tanto como revela. Muchos son los textos que han estado temporalmente perdidos a las comodidades del provincialismo academico. Textos que abarcan dos hemisferios y dos (o mas) culturas, como textos que intentan ubicarse en mas de un genero (algunos hacen todo lo anterior), tienden a caer entre los intersticios de esos ordenes, y por eso a ser tenidos por irrelevantes o imperfectos en relacion con las categorias y normas establecidas. Incluso la extraordinaria Araucana de Ercilla no es hasta ahora una lectura corriente en los cursos de poesia del Siglo de Oro, que tradicionalmente han preferido enfocarse en la lirica, dejando la politica y la historia a la prosa--o a los colonialistas. Una primera y obvia respuesta, a fines del siglo XX, a las predominantes "politicas del centro" de ambos campos ha sido sintonizar nuestros oidos a las voces de la modernidad temprana que se emiten desde los margenes del mundo hispanico, tanto peninsular como americano. En Espana, este enfoque descentrado, con raices en el trabajo sobre los heterodoxos de Marcelino Menendez y Pelayo y en la celebracion de la diversidad cultural de los siglos formativos de la Espana moderna de Americo Castro, significa atender a la escritura "mas alla de la literatura", como los testimonios inquisitoriales de los conversos de origen judio y musulman, o los diarios de monjas (20). Para los colonialistas, el descentramiento de anos recientes ha significado empujar los linderos mas alla de las copias barrocas de la colonia hacia espacios inexplorados allende los limites de las comunidades de lenguas romanicas, e incluso mas alla de la cultura europea del libro, para entrar en territorios anteriormente reservados a los antropologos (21).

Sin embargo, si es cierto que en este periodo las transgresiones eran una forma de vida literaria, incluso en obras escritas en el centro del centro de la cultura dominante, entonces nos urge releer la totalidad de aquello que estamos acostumbrados a pensar como el canon literario del Siglo de Oro, buscando las huellas de los cruces literales y figurativos que la doble naturaleza del mundo hispanico hizo inevitables. Cada cultura se suena a si misma en el espejo de sus ficciones. Generos como el caballeresco, la pastoril, la picaresca, la epica, la lirica y la comedia dramatizaron la comprension y la imagen ideal que los espanoles hicieron de si mismos, pues estaban obligados a localizarse en el mapa de un mundo transformado por la expansion territorial. Si queremos comprender el profundo impacto que el descubrimiento y la colonizacion tuvieron en la conciencia hispanica, no es suficiente mirar lo que los espanoles escribieron sobre el Nuevo Mundo y sus habitantes; nos urge preguntar como cambio la imagen de si mismos de los europeos en consecuencia de sus nuevos horizontes transatlanticos (22). Como estudiosos de la literatura, debemos preguntarnos que podemos aprender sobre el trabajo cultural encarnado en los generos y las obras maestras del canon espanol cuando los miramos desde el otro lado. Todos los textos del Siglo de Oro, despues de todo, fueron escritos no, como el termino podria dar a entender, en algun "tiempo antes del tiempo" sino despues de los viajes de Colon, y en gran parte despues de la marcha de Tenochtitlan. El sentido comun sugiere que estas obras, como espejos de una realidad historica, no pueden no haber reflejado los horizontes recientemente expandidos y doblados de los mundos de sus autores.

Ya sea que escojamos permanecer centrados en el Viejo Mundo o en America, o que tratemos de abarcar uno y otro mundo, si debemos reconocer que aqui y alla son deicticos particularmente resbaladizos para el periodo que estudiamos. Literalmente, tanto como en sus "paseos del alma", los sujetos hispanicos de los siglos XVI y XVII cruzaron muchos puentes, y en ambas direcciones (23). El emblema mas elocuente de este itinerario bidireccional en Cervantes es quiza el Clavileno, corcel de la Imaginacion, que nos lleva un dia a Francia, otro dia a Potosi (Cervantes 2, 341). Si yo fuese un astronauta, mi emblema podrian ser las imagenes fotograficas de nuestro planeta sacadas en la primera expedicion a la luna, imagenes que alteraron irrevocablemente la forma en que vemos el mundo. Pero como investigadora pedestre, hago mio el tropo cotidiano de la vista desde el otro lado del rio, la vista que solo se puede tener una vez se ha cruzado al otro lado. Es el lugar desde el que se puede ver no solo el propio mundo sino el modo en que este se refleja a (y reflexiona sobre) si mismo, el lugar desde el que se puede ver el propio mundo y a si mismo "de otro modo", y en el que es probable que se sea "alterado" por ese reconocimiento. Cualquier futura "historia verdadera" de la escritura en espanol en la modernidad temprana tendra que asumir esa doble imagen.

doi: 10.11144/Javeriana.cl20-39.hvee

Obras citadas

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Mary M. Gaylord es profesora del Departamento de Lenguas y Literaturas Romanicas de Harvard University. PhD en Espanol, Harvard University. Correo electronico: mgaylord@fas.harvard.edu Maria Piedad Quevedo es Profesora del Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogota. PhD Lenguas y Literaturas Romanicas, Harvard University. Autora de Un cuerpo para el espiritu. Mistica en la Nueva Granada: el cuerpo, el gusto y el asco. 1680-1750 (Instituto Colombiano de Antropologia e Historia ICANH, 2007). Correo electronico: mquevedo@javeriana.edu.co

(1) N.T.: La autora se refiere al rio que separa y une las ciudades de Boston y Cambridge, en el estado de Massachusetts, Estados Unidos.

(2) N.T.: Cursivas en el original.

(3) Ver Huarte de San Juan, Examen de ingenios para las ciencias. N.T.: Cursivas en el original.

(4) Georges van den Abbeele en Travel as Metaphor: From Montaigne to Rousseau y Steven Hutchinson en Cervantine Journeys desarrollan la conexion entre movimiento literal y figurativo.

(5) Ver Nebrija, Grammatica Castellana, 1492; El Orthografia Castellano, 1517.

(6) N.T.: Cursivas en el original.

(7) Las reflexiones de este ensayo pertenecen a un libro en preparacion. Uno de sus capitulos estudia el tropo narrativo de la historia verdadera en el Quijote de Cervantes, donde lo interpreto como reflejo de las numerosas variedades de la escritura historiografica de la modernidad temprana en Espana.

(8) N.T.: Cursivas en el original.

(9) Ver Diaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana. Sumado a la famosa Historia verdadera del rey Don Rodrigo de Miguel de Luna (Granada, 1592, 1600), claramente fraudulenta, la coleccion de libros raros de la Biblioteca Houghton de Harvard alberga un grupo de textos historicos de los siglos XVI y XVII que se anuncian como "verdaderos", registrando viajes a Tierra Santa, batallas famosas, nacimientos y muertes de la realeza, el recibimiento de embajadores espanoles en el extranjero, catastrofes naturales, apariciones de la Virgen Maria, y muchos otros. Aunque la etiqueta de relacion verdadera es aplicada con mano liberal durante este periodo a mucha escritura documental de testigos presenciales, analogos en funcion al actual periodismo escrito y de television, el termino historia verdadera es aplicado con menos frecuencia, y por lo tanto todavia habria sido un titulo provocativo para un trabajo a mayor escala de interpretacion historica.

(10) Sobre las distinciones genericas entre tipos de escritura historica sobre America, ver Mignolo, "El metatexto historiografico y la historiografia indiana".

(11) Un estudio clasico sobre las particularidades de la seudohistoriografia espanola del siglo XVI es "Don Quixote: Story or History?" de Bruce Wardropper.

(12) El estudio canonico de Frank Pierce sobre la epica del siglo de oro, The Heroic Poem of the Golden Age, presenta evidencia de un asombroso numero de ciento cincuenta poemas epicos escritos en espanol en el periodo de la modernidad temprana.

(13) Esta teoria es adelantada por Wardropper (ver nota 11).

(14) Ver Garber, Vested Interests: Cross-Dressing and Cultural Anxiety.

(15) Ver Saenz, Historia de una historia: la cronica de Bernal Diaz del Castillo.

(16) Bernard Weinberg identifica la traduccion latina de 1498 de Giorgio Valla como el primer paso importante en la reintroduccion de la Poetica en el pensamiento literario europeo (Weinberg 1,361).

(17) Algunas contribuciones centrales para esta discusion en la actualidad son: Barthes, Roland. "The Discourse of History" y "The Reality Effect"; De Certeau, Michel. The Writing of History; Herrnstein Smith, Barbara. On the Margins of Discourse: The Relation of Literature to Language; y White, Hayden. Metahistory: The Historical Imagination in Nineteenth-Century Europe. [N.T.: hay edicion en espanol: Barthes, Roland. "El discurso de la historia" y "El efecto de realidad". El susurro del lenguaje. Trad. C. Fernandez Medrano, Barcelona: Paidos, 1987. Impreso; De Certeau, Michel. La escritura de la historia. Trad. Jorge Lopez Moctezuma. Mexico: Universidad Iberoamericana, 1993. Impreso; Herrnstein Smith, Barbara. Al margen del discurso: la relacion de la literatura con el lenguaje. Trad. Elena Elorriaga. Madrid: Visor, 1993. Impreso; White, Hayden. Metahistoria: la imaginacion historica en la Europa del siglo XIX. Trad. Stella Mastrangelo. Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1992. Impreso].

(18) Ver Luciano de Samosata, "A True Story" y "How to Write History". El episodio del grabado en el arbol se encuentra en "A True Story" 333. Para las fortunas de Luciano en Espana e Italia durante este periodo, ver el exhaustivo trabajo de Michael O. Zappala, Lucian of Samosata in the Two Hesperias: An Essay in Literature and Cultural Translation. [N.T.: hay edicion en espanol de Luciano de Samosata. "Relatos veridicos". Obras. Volumen 1. Madrid: Gredos, 1981. 176-227. Impreso, y "Como debe escribirse la historia". Obras. Volumen 3. Trad. Juan Botella Zaragoza. Madrid: Gredos, 1990. 367-408. Impreso].

(19) Una de las tesis centrales de mi libro en progreso es que Cervantes puso las palabras de primera y segunda mano de Colon, Cortes, Las Casas y otros en las bocas de sus personajes, principalmente don Quijote y Sancho Panza.

(20) Ver Menendez y Pelayo, Historia de los heterodoxos espanoles; y Castro, De la edad conflictiva: crisis de la cultura espanola en el siglo XVII. Sobre las voces de las mujeres y las monjas, ver Untold Sisters: Hispanic Nuns in their Own Works; El Saffar, Ruth Anthony. Rapture Encaged: The Suppression of the Feminine in Western Culture; Kagan, Richard L. Lucrecia's Dreams: Politics and Prophecy in Sixteenth-Century Spain; y Weber, Alison. Teresa of Avila and the Rhetoric of Femininity. [N.T.: hay edicion en espanol de Kagan, Richard L. Los suenos de Lucrecia: politica y profecia en la Espana del siglo XVI. Trad. Francisco Carpio. Madrid: Nerea, 1991. Impreso].

(21) Importantes contribuciones a este trabajo son Adorno, Rolena K. Guaman Poma: Writing and Resistance in Colonial Peru; Harrison, Regina. Signs, Songs, and Memory in the Andes: Translating Quechua Language and Culture; Lopez-Baralt, Mercedes. Icono y conquista: Guaman Poma d Ayala; Writing without Words: Alternative Literacies in Mesoamerica and the Andes; y Mignolo, The Darker Side of the Renaissance: Literacy, Territoriality, and Colonization. [N.T.: hay edicion en espanol de: Adorno, Rolena. Guaman Poma: Literatura d resistencia en el Peru colonial. Trad. Martin Mur U. Mexico: Siglo XA!, 1991. Impreso; Harrison, Regina. Signos, cantos y memoria en los Andes: traduciendo la lengua y la cultura quechua. Quito/Cayambe: Abya Yala, 1994. Impreso; Mignolo, Walter D. El lado mas oscuro del renacimiento: literatura, territorialidad y colonizacion. Trad. Cristobal Gnecco. Popayan: Universidad del Cauca, 2015. En prensa].

(22) J. H. Elliott, en un estudio clasico, lo ha llamado "el incierto impacto" (Elliot 1-27). Yo creo que el impacto es muy cierto, si bien largamente inexplorado. [N.T.: hay edicion en espanol: Elliott, J. H. El viejo y el nuevo mundo 1492-1650. Trad. Rafael Sanchez Mantero. Madrid: Alianza, 1972. Impreso].

(23) Ver Femandez, "The Bonds of Patrimony: Cervantes and the New World".
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Author:Gaylord, Mary M.; Quevedo Alvarado, Maria Piedad
Publication:Revista Cuadernos de Literatura
Date:Jan 1, 2016
Words:6491
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