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La herida de lo ambiguo.

Se ha afirmado el caracter sobrecargado u oscuro de la escritura de Javier Bello y ha sido este, inmediatamente, el primero en decir que tal oscuridad no tiene su origen (ni termina) en lo barroco, sino que impone relaciones y relecturas desde el romanticismo, el modernismo, el surrealismo, hasta la poesia actual. ante el espectaculo y despliegue de tal escritura alusiva, confusa, sobreabundante, cierta critica la considero hermetica, formalista, conservadora, etc., olvidando o soslayando que, ya para Sarduy, el barroco en cuanto exceso implicaba un arte revolucionario, frente al pensamiento economico (o el orden del discurso) burgues, o que para Perlongher lo neobarroco era un ejercicio de identidad y contracultura, que hacia de la escritura una piel tajeada, resistente en su tension. a proposito de la sobreabundancia y de lo que no teme llamar "enunciacion disidente" en la poesia de Javier Bello, el poeta Pedro Montealegre afirma: "El silencio, de acuerdo a esto, seria una potente forma de abundancia, lo mismo que el blanco: un referente politico que define desde antes lo literario, aunque lo literario en si evite su mencion. No hay nada que se llene para que desborde, sino que esa aparente abundancia, ese instalarse en lo (des)conocido, trasunta el pulso vindicativo de lo negado; lo abundante, entonces, seria lo no dicho, lo acallado, lo molesto, lo abyecto, que es lo mismo que decir lo asesinado, lo que no se puede nombrar, lo que no puede representarse en el escenario. Hablamos de una escritura que se instala sobre lo ya abundante, como la sombra del blanco. La escritura de Bello deviene la sombra del blanco". Evitar la via de cierta poesia "contenidista", sin dejar de ser una poesia situada al decir de Lihn, donde el horror y el cuestionamiento de una escritura frente al aparato represivo se expresa mediante un lenguaje oscuro y dificil, constituyendose, anfibologicamente, en un texto de goce en terminos barthesianos y en una ambigua erotica de la herida y de la sombra.

LA HERIDA DE LO AMBIGUO
   EL CASO DEL REFLEJO

   Los dias entrecruzados sobre ropajes que mienten,
   de cuento las garras del asno, las pezunas del alfil,
   acusan a veces un brillo, babean las mas de las veces
   la retorica fria del acantilado, su adherida destreza
   a tu signo, Lysi, que gira como una rueda quebrantando
   dentro de otra el oro de mis tormentos, los dientes
   de la turba enhiesta, la fabula negra de las tablas
   escritas por ambos lados, como melenas llorosas, como madera
   o un alma que en el agua se triza, si, aunque no lo creas
   las voces, los buenos dias, los dias perdidos,
   los labios abandonados, las cartas que doy vuelta,
   se revuelcan al calor de los disfraces, en sentido contrario
   los labios, las lavanderas, la lengua entre las unas, la lengueta
   restriegan mi amor, lo enjuagan, lo abanderan, le dicen
   cuidado con la cabeza, la lluvia siempre fracasa, la lluvia
   no es ninguna, no te creas, sobre un campo de cielos consternados
   lame la grasa de los prematuros, las bocas del desdentado, la
      lluvia
   toma conocimiento del caso del reflejo, la cuerda deja temblando
   lo que deja, sopla sobre la ceja con ganas de prolongar los
      silbidos
   entre los aparejos, la monja impropia moja los cuadernos, firma el
      hueso
   como si fuera su hijo, ?que otra cosa podria suceder?
   ?estan todos los melancolicos en casa?

   ZOZOBRA DEL ABANDERADO

   Cuando el ojo se desenfunda y somete las barbas de kril, yo
      recuerdo
   a mi madre aunque este contigo, en medio de las cosas, en la oreja
   no siento otro soplo que el miedo, otra luz que la tierra mojada,
   los surcos de pan tragandose el cangrejo, mis pies enlazados y
      torcidos,
   la raiz de la joya, el beso sin verdad, esta trenza en la trampa
   del vidrio que camina sobre sus cuatro patas,
   guarecido ya de espejos, de roperos, ya de festejos con lanzas
   el abanderado se aleja en el sillon, el enfasis lo mima detras del
      oleaje,
   recien olvidado le pregunta que sonido hay en su carne, que
      preguntas en su olor
   de grandes de Castilla, la ceniza mas fina se convierte en flor de
      herrajes
   y arroja por la espalda la pocilga. cuando el ojo cansado de oropel
   pregunta por mis huellas y se calla, cuando se acerca indecorosa
   al cerebro intemperante la madeja, este hato de las jotas quiebra
      el hacha.

   LA PUERTA DE LA ESCAMA

   ?Que quiere decir con eso de las jotas que se afilan en el lecho?
   Eso quiere decir, ?no estas de acuerdo? Un limite parece traer a la
      memoria
   el peso de los sacos, acompasadamente lejos. Te hablo de la piedra
      que nunca estuvo sola,
   te escucho en la ceniza volcada. Los sacos traen seda, traen nada,
   traen lo que dejan, lo que arrastran, al borde de la aguja y del
      agua
   abandonan su vestido de llagas, dibujan en mi mano el rostro
      enmohecido,
   lo adivinan, lo auscultan como a negras senales. Recibo sus
      guarismos, los exhibo,
   las costuras se enfilan igual que sentimientos encontrados, los
      engendros
   se llaman, se encuentran, date cuenta, en la caja hay mas preguntas
      que animales,
   doblan el paso sobre cuellos marchitos, los silbidos insisten como
      vena cortada,
   como cepos calientes en las canchas, chorros ecumenicos,
      estrabicos,
   el indice del fuego apuntando a las vestales con toda su madeja
      invertebrada,
   el adulterio de la rueda, el trance liquido, la flema de los sacos,
      las punzadas. Ay dime
   sin abrir los ojos cuantas veces llamaste a la puerta de la escama.
   ?Que quiere decir con eso del retrato? Lo mismo que padece, muchas
      gracias.

   HIJA DE LO INFORME

   Se habia exhibido con destreza a un mismo tormento del alma
   lo entredicho. Que el alma cuando se opone roza los emblemas,
      hincha el vacio
   olvidado en el cuerpo para ser lo entredicho. Ser a este lado del
      no ser
   la sustancia que cuando cae a la loza se impregna, al paso
      sorprendido salmodia y lo convence
   de tenerlo vivo frente a si, sin decir nada mas y sin oirlo. Asi
      sabe que castilla
   se encuentra apercibida por visiones que permiten los visillos
   moriscos entre las casas altas. Y las cofradias andan con antorchas
      por el poco orden
   de las alumbradas, que son deformes igual frente a una cruz de palo
      como bajo el pano
   de los devotos que casan a su hija con la Ley, la resucitan aun
      despues del miedo y sus colgajos
   siempre a puertas cerradas. De la hoguera no se vuelve, hermana,
      andan buscando
   frailecillos tiznados entre los guijarros y mujeres. Sobre todo en
      el vientre
   dicen que hay ramas nuevas, efigies en la entrana, que las cuerdas
      desfiguran
   como si fueran lanza o leno con gusanos. No seas arrogante, pero se
   valiente, no quieras dar razon al engranaje, tragate la llave antes
      que caiga
   en las manos solteras de la nieve. Se habia exhibido sin querer una
      gran madre
   levitando dormida contra las ventanas, el ojo en lo entredicho la
      objetaba, el tiempo
   la miraba sudando entre alacenas un orden que lo impio contorneaba
   como si fuera hija de lo informe. Que no puedan morir, que esten
      holgados
   al lado del susurro que los tienta y en la carne convence con
      soltura
   que este lienzo es mortaja del que muda, que esta llama cortante
      silba a solas
   su heredad extendida frente al fuego. Dime, Teresa, ?que goteras te
      alzan?


PIEDRA DE BABEL

... habia que recorrer una gran desolacion antes de llegar a algunas claridades

Jose Lezama Lima
   Goteras, silbidos, tetillas del Mar Muerto, gestos en la via
      dolorosa
   cuando los olfatos quedan clausurados, se vienen abajo, enmudecen
   los conductos, los esfinteres, narices contrastivas, vacias como
      estopa
   en los predios maritimos, entre cuerpo y Dios ojos cerrados.
   Puede desembocar en la mano una represa, la impaciencia
   de los canales desnudos ante el apuro de las corrientes
      desvestidas.
   Me veo en esos labios perdidos, en esas densas melenas que suspiran
   el nombre ardiente que en su decir olvida y en su silencio se alza.
   Alli la lengua arana madreselvas, los insectos se nublan ante el
      torniquete,
   los deseos no escatiman la distancia viva. A11i, entre nubes y
      estertores,
   la canula de los caminos tiene una cita con la tibieza.
   Pongo los labios en el filoso apego que roe la coma del contacto
   y la cortina que se borra poco a poco para dejar aparecer el rostro
   que viene a hablarme como si fuera mio, en la hora final criado de
      la luna,
   agua fugaz donde el cristal restriega su paraiso de insensato
      sueno,
   los labios de la caja en que el esposo escupe despojado
   un crepusculo cayendo sobe la rodilla nueva de su pensamiento.
   Miro la pared, la mancha de aceite, las resinas, me veo en esa hoja
   que ahoga la sangre en su color de cosa mezclada. Los olfatos se
      encapuchan,
   se aleja el desolado, el aduanero se cubre de aristas como un perro
      viejo,
   se cubre de huellas como un viejo camastro de ruedas y caballos.
   Piedra de Babel, sabe lo que escribe, y lo que no le salta al paso,
   le cierra el libro, le nubla las gafas, eclipsa la fisura en que la
      novia
   describe su cara al espejismo, en la boca de Lysi cortapisas
   mascandose a si mismas, mordisqueando los labios timadores del
      trueque.
   Mal dia para enterrar anzuelos, tengo que arder en un pais de
      sombras
   dice Zenea cuando se queda solo y pule su casa entre dos arenales.
   Mal dia para ser invitado, los olfatos se quiebran, los gestos
      repiten la nariz bajo el agua,
   el poeta camina al paredon, los lagartos se arrastran por el
      alfabeto sin sacar ni siquiera la lengua,
   la novia se tuerce atada al ouroboros, labios adoptivos del ultimo
      muro del Templo.


PLACENTA DEL RETRATO

y quedemos atados como la heredera en el vientre de su madre

W. H. Auden
   Las cosas son una en la confesion de mi madre y solamente en ella
   encuentran un rumor que las toma del pelo y las aclara, pero aun
      ante su brillo puede desdecirse
   para llover sobre los toldos de la fascinante mascarada, de paso
      convencerme
   que lo que queda del vacio es una muesca, caer en su interior igual
      que un grito
   que se desfleca poco a poco y se dilata, examinarla desde todos los
      balcones
   como se hace con un exceso o con un auto de fe en Valencia,
      contemplar cada ojo apercibido
   desde el otro corral obliga la intervencion de fuerzas invisibles,
      la placenta del pensamiento
   se enrosca sobre las trenzas de algo donde me voy hundiendo, a
      solas, Lysi, entre tus huesos
   transparentado al fin como el amor del mastil imprevisto, el subito
      tormento del barco que se aleja
   desde ambos costados a la vez y es dulce en el regusto, tan
      adentro, al encender las velas
   del ultimo sabado que pende del canal y no guarece, desvestirme
      alli en la hondura
   de pensamiento y objecion, de obra y lozania, abandonar esas
      palabras en el buche
   donde el retrato se enternece, se amilana, como las alas
      enclaustradas tras el lecho
   de piedra o la oreja en las zarzas o la rubia pezuna del cerdo, un
      aerolito de estupor
   depositado contra el friso, contra el fuego, que se asemeja a lo
      que fue pero lo hace
   como carne sin fin, como delito levitando en las alcobas del
      reverso.
   Las cosas se penetran, Lysi, hasta tu entrana, igual que el rey que
      viene a conocerlas,
   y al mirarse caer no se lamentan, triscan entre sus dedos, quedan
      resucitadas
   como venado al sol de los reflejos, como el pie que en mi madre
      justo antes
   de todo amanecer en sangre se despena, en vilo se despena, en vilo,
      en sangre.
   Mira a la muerte me dijiste, !mirala bien!, esta tan sola, tengo
      que ir a acompanarla.


LANA

me acusas a deudas, a mas rehenes

Alfredo Gangotena
   Los nuestros se escondieron, viviran, dijiste, hija de corderos.
   El rumor se trenza frente al fuego, reluce el aguacero en las
      cartas echadas,
   la prohibicion de tocar adormece el objeto a distancia, parpado
      desigual
   abre en el muro figura enmascarada, abre el ojo clematide,
   impar testigo, imagen desbordada para el cuerpo
   que pesa entre las onzas del regreso, vaga sin semilla, sin nombre
      entre las astas
   espejos ovan bajo el doble del arnes, pregunta por ti cuanto
      disuena.
   Dijiste temeras, altar sin criatura, volveras a la casa desollada,
   al idioma del torno, al codigo poroso de la bienvenida. Es cierto
   lo que reza en su aposento el acaro, es cierto, parroco del
      plancton,
   el oxido que engasta bajo el nido el nudo. Lo dice el humo, el pez,
   el exceso del galgo de la fe, el sindrome disperso de la arruga. Lo
      repite
   la piel en su tendal sobre las cosas, instrumento del cuero y de la
      lana,
   cascabeles que al simbolo retornan, irrumpen comunales, proliferan
   en el cuello falsos rojos, celestes barbaros, territorios de
      implacable destreza.
   Parece una quemadura que se despereza, parece un silo, un sol, asi
      sucede
   al centro del pan aparecido, el sexo del enjambre siempre al
      centro.
   Bajaran hasta el valle, tenderan en los oidos tripa que cebaban.
   !Habeas corpus!, corte de ademanes. !Habeas corpus!, limite del
      tiempo.

   MELAHIM

   Vienen con el viento que trae arena, los llaman cabeza de arena.
   Estan cubiertos de pelo, saltan y se posan, no se arrastran.
   No tienen sangre, rabi, consta que crujen.
   Me los comeria aunque se lamieran a si mismos.
   Del labio inferior, de la ubre del cielo
   viene esta graminea de los pajaros,
   patas de alcohol, mensaje su carta de tres dedos.
   confesiones y tortolas, codornices y apremios ilegitimos,
   lentejas para Pesaj en las huertas de Astorga,
   columnas, mercaderes, langostas del templo
   suben la escalera por la pierna coja de los corderos.
   Brasa de arcangel, demasiado hollin para morder
   la trenza de los rebanos. Demasiado el tendon, los animales de humo
   donde se sientan a hablar los parientes con mi abuelo.
   Me conformo con siete velitas, lloro
   contra la pared sobre mi brazo derecho.
   como rosa entre espinas va el rey a sus camaras,
   hijas de Salomon, como yo, de extranjera.

   ENFERMEDAD A DOMICILIO

   Que predica en su lecho mientras dice
   dame la aguja predicando
   para salir del paso, la verdad
   se tiene en pie, durisima se escurre.
   Debe trepar soltera, sepan, salta, la cur
   la curvatura de su oido.
   Sin tregua, tiene tanto que decir,
   sere escribiente a solas de su bando.
   o libro alzado o prosa de la tierra,
   sutura del copista, espejo laxo
   la viscera en la mano, la avaricia
   de unos pocos remiendos tras el trazo
   traza. Alguien canta en el fuego, es el fuego
   que quiere quemar todas sus cartas.
   La nina de Sus ojos, la judia
   y su dedo hacia Dios, es lo escrito
   mi madre con su valvula en la hoguera
   del quirofano, apunta a todos lados.
   Se arreglaba la falda, sacudio
   hija la cordillera de Los Andes.
   Estaba viva, tenia corazon, de sus encantos
   canta la eternidad, habla con la enfermera.

   ALBABETO BARUJ

   El santo y sena dice la voz que quiere amanecer, baruj le contesta
      al tendon de la noche
   en puntillas quiere amanecer, el iman tonsurado se come las unas
   hace ruido con los dedos, esperando, esperando, los nudillos
      arrugan el ultimo despues
   al paso de la suela proscrita, brasa en el cinto, las hornillas
      humean, el pantano
   interroga al levadizo inasible, al halcon las sonrisas, el gendarme
   silba prisionero, canturrea de pie en la puerta del tifon,
      prevalece
   como trance que escarcea en sus despojos, baruj le dice, acaba
   de decir y el libro nada devuelve, lo deja silbando y con su queja
   deja de hablar, la orquesta desordena deslenguados papeles, los
      instrumentos se deslien
   tras su horizonte cabizbajo, tras la coronacion sabanas altas,
      campanadas
   en una noche negra, se puede oir la sed, la pregunta gotea en su
      orificio,
   quiere amanecer, deja los instrumentos tras su dura pupila, baruj
      le contesta
   al perdulario, el enjambre votivo hojea el cuero, papel biblia,
      reina
   valera entre perlas de talco, jardines de babilonia, serafines
      incrustan
   dientes en tobillos con escamas, despues de los suplicios la lengua
      se debate
   titubea en el pecho tricornio enjaezado, lo denuncia el santo y
      sena, la devocion granate
   de la sangre sin bosque, el armisticio inunda tras el cristal la
      noria, el alfabeto escampa
   apenas saboreado, quiere amanecer, baruj le dice, espinosa
      avemaria.

   EL PAN DE CARAVAGGIO

   El fondo para la cabeza de Medusa tiene que ser verde, verde
      tambien la carne
   donde el principe sufre y el cardenal deserta. como cebo absorbido
      por la nitida niebla
   lo ambiguo se descompone igual que un objeto en el paraiso de los
      labios trenzados
   por espinas que obedecen a la mano tras los arboles. Habia un ruido
      junto al cuerpo, un aleteo
   en los pasillos sin velo. Habia un gran teatro saludando sobre la
      colina
   con el hambre de un pie que se bana. Habia el breve olfato de la
      miel en el cuchillo
   que refleja la luna. Una lente convexa enfoca la sangre casi negra
   sobre el marmol triturado de los besos. Un biombo recubierto por
      las hojas del pubis
   donde el ultimo descendiente de Heraclito juega a las cartas y
      sopla
   desmantelando el cielo de las estrellas fijas. El nieto de Tiziano
      y los cazadores de alfombras
   abierto en el cesped con la una de los camaradas del Este. como la
      novia en la arcilla
   deletrea a los dioses mordisqueados por los pigmentos. Habra tiempo
      indican los proselitos
   para mirar el orden de los planetas sepultados bajo el cuenco de
      plata.
   Por el rabillo del ojo la muerte de un muchacho mordido por un
      lagarto
   en las afueras de la ciudad del alma sin ombligo. El cadaver del
      comisario
   que flota boca abajo en el Tiber y el diente de la prostituta
      saludan a la marea
   entre los debutantes del carnaval de hilo. Seguido de lo cual en
      los mendrugos de pan sobre
   la mesa
   abren sus ojos manieristas los gusanos de la primavera.

   LADRIDO PARA GOYA

   Sin naturaleza no se puede saber por que la grande hazana
   como espejo con cadaveres ya es otra cosa alguien podria argumentar
      que no
   cuando el garrote aprieta el nino esta de chanza es parte de la
      risa
   se reparte en los campos con los calzones abajo colgado del tarot
   por leer el pliego en una reunion de hombres
   la cabeza separada del cuerpo en una rama los brazos en otra el
      caporal
   chasquea dedos muertos las mujeres dan razon los ninos trabajan
   en una zanja con los intestinos de las abuelas el ojo
   clavado al picaporte el seso al teatrillo de la razon aqui en la
      plaza
   hiede otra leyenda negra.


PASTOR DEL MAR

Estos dedos que de dedos solo tienen algunos vestigios de lluvia
   Juan Larrea

   Se llama juan, se llama jeremias, le tiene miedo al frio de las
      cosas
   hace el sortilegio de las aspas hasta que el viento borra lo que
      queda
   apenas mueca de molino para el augur que escupe sobre el alba
   toda su muerte, ojo de diamante, criaderos al sol recien paridos
   como vides electricas silban su fermento intempestivo, su primera
      catastrofe
   de este lado sin miedo de la luna, la anemona en su ley, el telon
      de las algas
   craquelan la noche y la desnudan, dibujan al pie del precipicio
   la estatua y su rigor insepulto, la pluma que pesa entre las
      dadivas
   como un trirreme en llamas tras las bodas del cielo, el pajaro en
      la boca
   insiste en perfumar los dioses calidos, cocinar un cuenco lleno de
      suplicios
   incendiar un atado con mentiras piadosas, el nacimiento de las
      viejas aguas
   cuando el brazo quiere un poco de ternura, cuando el cachorro mama
   en el flequillo la felicidad del gotario, su cielo restringido, el
      incestuoso palido
   hace sobre el mar el sortilegio, oye cada noche al desdichado,
      ningun otro barranco
   teme a su nombre de la misma manera, ese juego de manos, el eclipse
   dormido a sus espaldas como un fosil, ningun otro barranco, ningun
      otro algoritmo
   cayendo en las hornallas como un fuego sin madre.

   EPIDEMIA Y TRIZADURA

   Nacer como hubiera querido el cielo que naciera
   por segunda, por tercera vez llegar hasta la fabula
   entre las piernas la desaparicion de la persona, alumbrar
   la covacha secreta, la cabeza volcanica, la hija dorada del enigma
   muge entre las aguas, se desviste, cuidate nino de su acero
   de su carta espigada donde cena una ansiosa nacion en los espejos
   hervir los implementos, tremar con la tormenta que ha decapitado
      los enjambres
   aquel dia los pezones sahumados, la asfixia votiva de la estatua
   las trenzas aceitadas por la ebriedad del mar, tirante cada cuerda
   siete veces nacer, grano de nadie, insolado como el ojo en las
      aspas
   hijo de las alfombras y el genio meloso del almizcle
   Nacer como nacen las heridas, llenas de felicidad por la muerte
   como nace el algodon suspendido entre manos que rezan
   aqui donde no saben, aqui donde no tiemblan, una vez, otra vez, el
      sol, la trizadura
   la sabana, el forado, se me echa a llorar la cosa entre los fieles
   la cajita que dice guardate amor mio de toda tibieza
   obscena la hoja diminuta de los arboles se suicida como una
      epidemia.

   LOS ALTARES DE LA COSTURERA

   No cabe duda, no hay nada que hacer contra la muerte, los
      instrumentos
   le roban su esquirla, la distraen, le dan de comer joyas baratas.
   La invitacion del amor, la miel que abre los dedos, las liquidas
      alfombras
   que cubren el higado por siempre, la mala ventura al infiltrarse en
      los besos,
   el peso de la herida, la humedad de la herida, la visita amniotica
      del Eros,
   oscuramente la delatan. como un libro asustado, como un convidado
      de piedra,
   como el corazon donde leuda la elipse, el higado pasa el invierno
      en la boveda del artesano,
   atesora las rosas para la despedida, la imagen del tiempo que se
      despedaza
   ante la vigilia descrita por los instrumentos. Que mas le dan de
      comer, por favor no me digas,
   trenzas de laurel con miedo, encaje mordisqueado del otro lado del
      bosque,
   estrellas que repujan pasos imperiales, estigmas imperfectos,
      raciocinio.
   La muerte reticente hace su ronda, impone alli sus terminos,
      doblando las esquinas
   los muele, los mastica con cansancio mientras el higado mancha las
      paredes
   como un siglo abigarrado de distancias que vienen del Mesias,
      latitudes permanentes
   que descienden tiritando de la bola de pelo. No cabe duda alguna,
      era Castilla, era en la fiebre
   la misma corona triturada sobre el cielo de las alpujarras,
      interrogada sin defecto
   por su propia maternidad reversible, la pobre tinaja anegandose
      encinta
   sobre los baldios amoratados de la paloma. Aprovechemos de
      lamentarnos todos juntos
   ahora que estamos entre hermanos, aprovechemos de maullar la noche
      entera
   como si hubiesemos sido invitados. Ni una palabra mas, sin duda
      alguna
   no es largo, aunque tampoco tan breve, el testimonio de los huesos
      quemados
   que cantan su verguenza en los altares de la costurera. La
      invitacion del amor,
   las escenas sin traje, el higado acostado dentro de mi oreja.


GANCHO EN EL ESPEJO

bueno estoy muerta y quiero divertirme

S.T.
   Esta tarde he pensado que la muerte se acerca tambaleandose
   como un gran cargamento de higos, de luces y aceitunas,
   ataviada con dientes e insectos que frien agujas, frien dedales,
   una ignea funcion celebran los magos del esfuerzo
   para arder y calibrar la inclinacion del pubis, el arnes en el frio
      sistema de invierno,
   fantasmas aceitados entre los disfraces con que ensena su sana la
      mandibula,
   adornada de conchas y espejos, cloqueando en el pesebre de las
      tuberias,
   el magma pestanea fijo en ataud sellado.
   Lana para hilar fino trae el colchon de la muerte con su fruta
      mordida por los intensos parrocos,
   ventrilocua asusta en las esquinas del viento que despeina todo lo
      que dobla,
   el carruaje con sus vendas sin tiempo, quien entonces sin tiempo
   ayuda a pespuntear apenas las solapas, apenas las hechuras del
      numen,
   quien el tejido que Thenon eviscera esta tarde en la vena proscrita
      de la bailarina,
   el plancton que adora tu pelo, apenas tu manto de escamas,
   apenas tu cepo sin gula. Yo escribo este poema condenado por la
      succion del musgo,
   por la ascension del vientre hacia la cima insurrecta.
   Esta tarde he pensado que la muerte se acerca
   con su largo volumen de incisivos maduros que caen de la ingle a la
      celda,
   el cuerpo rojo, la joven quietisima sera un recuerdo entre las
      fosas,
   el rebano que ahuma tu rito enmascarado en los espejos.
   Me queda entre los dedos el vacio, cuanto he gobernado con fiebre,
   en la salud la enfermedad del polen, la arruga musical resquebraja
      los mudos implementos,
   la voz abre en la espina tu dolor tras el esofago,
   un litro de dervichas masturbando el eje cuando giran en claustro.
   Nupcial la muerte regurgita azumbre de senuelos lambiscones,
   la multitud rendida al agasajo de no verte mas que en suenos
   donde muerden la alfombra, donde aranan, para alumbrar apenas
      contra el pais secreto
   el sol de los venenos, el grano de la ofrenda, la muerte apenas
      tambaleandose.
   Susana entre espinas lo puede quiza decir de otra manera.

   EL MENSAJERO

   No son los diminutos silabarios de fuego detras de los que viene el
      heraldo, el heraldo esta
   muerto y fracciones de invierno lo toman de la mano para baj arle
      la fiebre antes que desaparezca
   del todo, conmovido por la persistencia de la erosion y los
      depositos metalicos, arrastrado
   hasta lo infinitesimal de la silaba por el carruaje de la unidad
      prestada. La verdad es que son
   dos, siempre son dos, de ahi la sed irreductible. Es el y su
      hermano, el y su novia de vidrio.
   Una sola trizadura los separa en el vientre, un mismo cortinaje de
      reflejos en que lo uno es uno
   y su primera version el azogue sin nadie. Entre esto y aquello hay
      algo, entre algo y la nada
   otra cosa. Detras de algunos numeros de sombra garuan los que se
      echaban de menos, al final
   del algoritmo aparecen los desaparecidos, la secuencia de las
      interrogaciones se hace infinita,
   la plataforma de las preguntas se vuelve insoportablemente pesada.
      Voces en estado solido,
   voces en estado larvario, gente que vagaba por ahi y tuvieron hijos
      y no pudieron ponerse de
   acuerdo. Los que miran el mar dentro de un libro, los que cambiaron
      sus nombres, los que
   dejaron de rezar al Dios de los acorralados, los que cargan flores
      en los brazos mientras la
   dentadura negra de los cadaveres cojea por el barranco. El heraldo
      vuela alrededor del fuego
   como una mariposa nocturna con grandes ojos de estuario, las alas
      borroneadas por las yemas
   de las victimas, el tablon al que no dejan de aferrarse. carnadas
      verdes, verdes espejismos,
   manos cortadas naufragan en el rio verde. Y el heraldo, hermana de
      la humedad y los colores,
   se santigua con el craneo abierto.


para Felipe Posada
   EL ARTESONADO DE LA SINAGOGA

   No hay nada en el baul de los muertos que no sea sospechoso de un
      pasado remoto. Las piernas
   del jardin se entreabren de derecha a izquierda como las cartas que
      aluden al alfabeto rizado.
   En el momento de deshacerse, la garganta salvaje duda si pronunciar
      la sed, la silaba madre,
   la hoguera del ultimo rey de los monos. Llena de prismas, la
      memoria reduce las posibilidades
   de acertar al color de la tribu, las desviaciones de la lengua
      vestidas en trajes de epoca juegan
   con sus genitales a la orilla del rio. como el silbo de Dios en las
      piedras del acantilado, las
   medias rasgadas suelen revivir el pulso de las festividades ajenas.
      nada yace detras de la lluvia
   que pueda repetir lo que dicen las cucharas donde falta la leche y
      la miel del reflejo. Ah las
   viejas postales y los daguerrotipos y las tarjetas de presentacion
      y los cuadernos de croquis y
   los diarios de vida abandonados en los orfanatos, como la carne
      representan un flujo continuo.
   como si se tratara de la mano que escribe, los dedos fantasmas y
      las paginas desatendidas por
   los copistas se acercan sin titubear a la frente, la manchan con
      tinta, con mosaicos en ruina,
   con humo de incendio, la aranan con todo lo que no es transparente.
      Entonces las letras se
   fugan, dejan el libro en la arena, sin mirar atras seducen a la
      estaca del pantano con el ojo
   encubierto, convencen al rostro en la almohada, pierden el rostro,
      lo arrastran entre cortinajes
   en celo, entre la ropa que ha sido declarada muerta, comprenden por
      fin que no hay espejismo
   que valga en el fuego, que no hay exterminio que no traiga consigo
      la reunion de la escama,
   la ojiva bizca y el perro de los macabeos. Abismo y celosia, el
      artesonado de la sinagoga, el
   blanco que Severo tine con cafe y Sarduy con sangre.

   CUENTAGOTAS

   El cuentagotas sonrie ante la forma despiadada como si fuera un
      golpe de muerte
   sonrie del lado donde se cierra la madre que abre los ojos del
      reves
   va y viene como la marea hasta que el iman rompe el vinculo
   anuncia el eco de luces secuestradas, huestes en la crecida del
      rio, el doble que me falta
   el lazo entre los dedos anuda una tormenta de senales
   asilados los parpados, las preguntas vienen sin ser invitadas, se
      muerden los codos
   esas sangres piadosas, estos labios que cuelgan de las astas
   noches amarradas al cuello escriben el sueno de los animales
   las escamas, los arboles desconocidos, la tierra que se acuesta con
      nadie
   entonces las tenazas se quedan con la piel, sonrien entonces
   la regalan como un recuerdo envenenado, una muerte que abotona el
      traspie
   el olfato me encubre, la mirada se ausenta ante el plagio de las
      puertas mal cerradas
   cruza el puente descalza, va y viene como la marea, el paraiso
      resbala
   sobre la estopa seca, el sabado riza las sandalias, la cicatriz se
      muda a los espejos
   figuras enlutadas, manchas en la pared, los ojos humedos tras la
      polvareda
   esta tibia borrasca, esa nieve ilusoria que procrean los arboles
   velado el pie, acimos los dedos, la marea va y viene, el traje se
      descalza
   el perro de escombros devuelve la sonrisa a su hospedaje
   la casa del sol llena de fantasmas, el mensaje sedicioso de mis
      actos, quiza
   la unica salida


SOLFEO DEL ACEITE

clenching your fist for the ones like us who are opressed by the figures of beauty

Leonard Cohen
   Puedo rastrear la voz tras la herida del paladar ambiguo
   para trasquilar el disfraz en tu partidura sin corona,
   leporina a la sombra de viejas pestanas, enjaezada de rizos y
      espuma.
   Puedo besar la red de la quijada, tu hueso de jabon, la espina
   cuando el tejado llueve su porcion de nombre, tu apuro en el
      hollejo,
   la calida aversion sometida que se deja sentir como aceite en los
      vasos,
   como podrida azucar en el huevo, el cascabel que lamen las
      cucharas, la resaca
   que filtran los nudillos afligidos como un traspie del mundo y de
      su glosa.
   Podria rebanar mi atraccion pero no puedo, yo no estoy
   mientras el nino retoza en la gasa de valva y de ballena,
   y todo lo que huele se adultera a traves del puno sin resquicio,
   esa sutura atada por tu sexo que me deja mordisquear las algas
      tibias,
   enharinado el dedo, en santidad la una, su halo debil que tirita,
   saliva en el solfeo, se estrangula con la cinta dentada.
   Podria reparar el precipicio, pero el que amo en el hojaldre se
      despeina,
   hereda y regurgita entre las armas un dorado batallon de legamo,
   el manojo de huesos que nadie ha convertido en otro abismo,
   el munon de la voz donde el pulpo recala como astuto reo sin
      tentaculo.
   Asi es, eso queda, la boca marsupial y tu pregunta sobre la
      confeccion de muecas,
   ese mueble indigesto con que el mundo se adorna y hace burla a todo
      lo acabado
   en que, de que, para que pueda rastrear la herida de lo ambiguo.


Javier Bello *

Universidad de Chile

jbello@gmail.com

* JAVIER BELLO (Concepcion, 1972). Licenciado en Literatura Hispanica por la Universidad de chile y egresado del Doctorado de Literatura Espanola Moderna y contemporanea de la Universidad complutense de Madrid. Autor de la edicion critica de la obra de winett de rokha, asi como de trabajos sobre sus companeros de generacion, antologias, encuentros de poesia, talleres (entre ellos, el taller de reescrituras del Canto General, donde participo como guia, fruto del cual se publico la antologia Desencanto personal), etc. Ha publicado La noche venenosa (Concepcion: Letra Nueva, 1987); La huella del olvido (concepcion: Letra Nueva, 1989); La rosa del mundo (Santiago: Lom, 1996); Las jaulas (Madrid: Visor, 1998); El fulgor del vacio (Santiago: Cuarto Propio, 2002), que compila los dos libros anteriores mas Los pobladores del entresueno; letrero de albergue (Huelva: coleccion de poesia Juan Ramon Jimenez-Diputacion prov. de Huelva, 2006); Espejismo (Santiago: cuadro de Tiza, 2010) y Estacion noche (Santiago: Calabaza del diablo, 2012). Los siguientes poemas han sido recogidos por su autor, como muestra de una poetica personal y forman parte de su proximo libro, Los grandes relatos.
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Author:Bello, Javier
Publication:Revista Chilena de Literatura
Article Type:Poema
Date:Apr 1, 2015
Words:5852
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