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La fortuna de las ciudades, 1500-1700.

RESUMEN: Este articulo pasa revista a la evolucion economica de las ciudades de Espana entre 1500 y 1700, teniendo presente la estrecha relacion que existe entre crecimiento economico y demografico. Asimismo el trabajo tiene en cuenta la evolucion de los niveles de urbanizacion como sintoma de los periodos de diversa intensidad en la actividad economica urbana. En consecuencia, el autor examina el comportamiento de los distintos sectores de la economia urbana (finanzas, comercio, industria) intentando explicar la influencia de cada uno de ellos sobre la evolucion de la red urbana, apuntando las diferencias acaecidas tanto en el plano cronologico como en el regional.

Palabras clave: Espana, siglos XVI y XVII, ciudades, evolucion economica, red urbana, comercio, finanzas, industria.

ABSTRACT: This article examines the economic evolution of the Spanish cities from 1500 until 1700, considering the close relationship that exists between demographic and economic growth within them. The essay also takes into account the evolution of the levels of urbanization as an indication of the periods of different strength in the urban economic activity. Accordingly, the author peruses the evolution of the different sectors of the urban economy (finance, trade, industry) trying to explain the influence of each of them upon the evolution of the urban network, highlighting at the differences that occur both at the chronological and regional levels.

Key words: Spain, Sixteenth & Seventeenth Centuries, cities, economic evolution, urban network, trade, finance, industry.

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The Fortune of Cities, 1500-1700

La generacion de espanoles que leyo a Botero debio quedar no poco sorprendida al verse retratada en su famosa Descripcion como habitante de una tierra <<ni muy poblada>> ni en la que abundaran las ciudades <<muy grandes>>, (1). Juan Botero (1544-1617) habia preferido seguir en esto a Estrabon (2), de cuyas palabras destilaba por cuenta propia otras lindezas no menos impertinentes, como que la mentada cortedad de su dotacion urbana contagiaba asimismo sus virtudes civicas reduciendolas a niveles muy poco recomendables (3). La opinion de que una gran parte de Espana, por montanosa, <<se trouve sterile et desnuee de tout ce qui conserve la vie a l'homme>> perduro durante decadas; y solo algun avisado se percato de que tal fama se debia en buena parte a que los peregrinos a Santiago, <<lesquels, trecassans la Biscaie, les Astures et toute la coste marine Britannique, semee de montagnes ou infertiles ou inaccesibles, jugent toute l'Espagne de mesme nature et la font croire telle>> (4). Por el contrario:
   Quiconque voudra doncq asseoir jugement sur les Espaignes, debvra
   considerer la masse entiere, et ne s'arrester a une montaigne ou
   deux, ni mesmes a une contree, estant fort dissemblable a soy-mesme
   en divers quartiers.


Hoy sabemos, en erecto, que, al igual que Italia, la <<masse entiere>> de Iberia contemplo durante el siglo XVI un extraordinario desarrollo urbano. Entonces aumento la poblacion en su conjunto, pero quiza lo mas llamativo de este proceso fue la intensidad con que lo hizo la poblacion de sus ciudades, intensidad de magnitud desconocida hasta el fin del Antiguo Regimen (5). Fue tal vez por ello por lo que Botero decidio ocuparse en la investigacion Delle cause della grandezza delle citta, adosando estos tres libros a los diez de su celebre Razon de Estado. En aquellos, Botero atribuyo por vez primera al termino grandeza el significado que hoy tenemos por inequivoco: una ciudad es mas o menos grande no solo en virtud del <<spatio del sito, o il giro delle mura>>, sino en razon de <<la moltitudine de gli habitanti, e la possanza loro>> (6). No hay duda respecto a la primera mitad del sintagma. Respecto a <<possanza>> (lat. potentia), es poder y poderio en el Vocabulario de las dos lenguas, toscanas y castellana de Cristobal de las Casas (Sevilla, 1570) (7). Hombres, pues, y poder hacen a la ciudad grande.

Tuvo sentido en aquellas decadas finales del siglo XVI que Botero se hubiera interrogado sobre la grandeza de las ciudades. Por esto mismo no fue el unico. Pocos anos despues (1600) aparecia en Hannover la obra titulada Incrementa Vrbium: siue de cavssis magnitvdinis vrbivrn, liber vnus de la que era autor Hippolyti a Collibus o Hippolyt von Colli (1561-1612). Baio una y otra grafias se ocultaba el hijo de un exiliado italiano mas o menos coetaneo de Alberico Gentili (1552-1608), cuya familia se habia visto obligada tambien a dejar su patria a fin de seguir el credo luterano en Alemania. Hipolito nacio en Zurich y dividio su tiempo entre la universidad y el servicio a Christian I de Anhalt-Bernburg, reputado calvinista. No es descartable que hubiera conocido a Gentili, pues en algun momento compartieron impresor. Von Colli no menciona el Delle cause de Botero, si bien una y otra obras caminan en paralelo. Ambos autores comparten tambien, a la hora de explicar las causas del crecimiento de las ciudades, ciertos topicos habituales procedentes de los escritores de la Antiguedad. La ciudad ha de estar asi ubicada en lugar salubre y de aires limpios, suelo fertil, abundante en aguas; por descontado bien abastecida, con bellos edificios, vias de comunicacion siempre expeditas. Todavia mejor si dispone ademas de aguas termales, de minas ... Tanto Von Colli como Botero se adentran luego en la enumeracion de los dispositivos susceptibles de atraer poblacion, mantenerla, e incluso aumentarla. Comparecen asi colegios, academias y bibliotecas; las instituciones al servicio del principe; la presencia de casas nobles ... Que hombres e instituciones decidan tomar asiento en la ciudad y no abandonarla depende en fin de la panoplia de privilegia que seles ofrezca, tanto en el orden juridico-politico como, en especial, fiscal. Von Colli organiza estos materiales de forma a mi modo de ver mas sensata que Botero. Apoyandose en la distincion tambien clasica entre urbs y ciuitas (8) agrupa el autor los argumentos medioambientales en lo que llama la <<urbe inanima, id est, de urbis situ & aedificiis>>, para luego acometer el analisis de la <<ciuitatem, quae animata est>>. Es aqui donde comparecen las instituciones culturales y las politicas, las cortes nobiliarias o las casas mercantiles en su calidad de mecanismos susceptibles de propiciar el incrementa urbium. Von Colli alude en terminos generales al artesanado, mientras que Botero entona un sentido encomio hacia la industria:
   Non e cosa che impord piu per acrescere vno Stato, e per renderlo e
   numeroso d'habitanti, e douitioso d'ogni bene, che l'industria
   degli huomini, e la moltimdine delle arti, delle quali altre sono
   necessarie, altre commode alla vita ciuile, altre si desiderano per
   pompa, e per ornamento, altre per delicatezza, e per trattenimento
   delle persone otiose; onde ne segue concorso, e di denaro, e di
   gente, che, lauora, o traffica il lauorato, o somministra materia
   a'lauoranti; compra, vende, trasporta da vn luogo all'altro gli
   artificiosi parti dell'ingegno, e della mano dell'huomo (9).


Una vez la poblacion atraida, convenia, desde luego, consolidarla, disponiendo la ciudad al efecto una politica matrimonial ad hoc; pues, como ahora advierte Von Colli, <<propter hominum mortalitatem sine liberorum procreatione ac propagatione [ciuitas] stare non posse>>. Sabiendolo o no--mas probable esto ultimo--, el autor apuntaba asi a la necesidad de superar una de las debilidades mas acusadas del incrementa urbium, cual era la peculiar configuracion de su funcionamiento demografico (altas tasas de solteria definitiva, baja rasa de nupcialidad ...). Y asi, para que la ciudad viese aumentar su poblacion: <<Magistratus est animaduertere, ne alia coniunctio, quam ea quae est in nuptiis, iisque honeste & legitime contractis in ciuitatem recipiatur>>. No habia mas que seguir el ejemplo de Roma. El derecho de refugio contribuiria asimismo <<ad amplificandam ciuitatem>>, al igual que una politica fiscal que en los inicios de la ciudad otorgara franquicias a los pioneros. En resumen--concluye Von Colli--serian ocho las <<partes>> con que, segun el Filosofo, la ciudad debia contar; por este ordem a) matrimonios; b) labradores; c) artesanos; d) vendedores; e) trabajadores; f) soldados; g) sacerdotes; y h) magistrados. Las leyes se suponen en todo caso. Con tales mimbres podria garantizarse d incrementa urbium, tal como la historia mostraba en casos como los de Ninive, Babilonia, Mentis, Roma, Cartago, Paris, Londres, Lisboa, Venecia o Sevilla. No parece casual por lo demas que Von Colli se detenga precisamente en Hispalis--<<Seuilla vulgo vocatur>>--. De hecho no escatima la relacion de sus atributos a tenor de lo que previamente ha consignado:
   De Hispali Baeticae prouinciae vrbe, scribunt eam ambitu magna,
   visu pulchram, forma rotundam, templis celebrem, Sacerdotibus
   excultam, multis equitibus nobilem, ciuibus plenam, domibus
   insignem, hortis & fontibus amoenam, mercimoniis diuitem, artibus
   mechanicis adornatam: quid multis?


Acto seguido, sin embargo, se siente obligado replicar (<<Verum habemus nos in Germania, Gallia, Italia, quicquid Hispani scribant ...>>) con otras tantas incluso <<ampliores & populosiores>> como: Amberes, Amsterdam, Bruselas, Magdeburgo, Munich, Basilea, Florencia, Genova, Lyon ... Lo que Von Colli desde luego no se plantea son las razones de la diminutio vrbium, lo que si hace Botero, distinguiendo, a guisa de premalthusiano, entre la <<virtu generativa degli huomini>> y la <<nutritiva d'esse Citta>> (10). Dando por sentado, como hace, que la primera no ha variado en los ultimos tres mil anos, no queda sino creer que la razon del declive deba residir en el <<difetto di nutrimento, e di sostegno>>. Solo cuando la <<virtu attratiua>> de la ciudad sea capaz de vencer los eventuales defectos <<di nutrimento, e di sostegno>> podra crecer. Si no es asi vendra el declive. Botero anade al capitulo que titula <<Onde sia, che le Citta non vadano crescendo a proportione>> una precision no menos interesante: <<le Citta grandi sono molto piu che le picciole, soggette alle carestie>>. Para el es congruente que asi sea: si la gran ciudad requiere de mas espacio para sostenerse, mayor sera en consecuencia la dificultad para controlarlo.

Tendrian que pasar un par de generaciones hasta que William Petty (1623-1687) elevara el liston del anilisis del incrementa vrbium centrindolo precisamente donde Botero lo habia dado por resuelto al postular el caracter inalterable, homogeneo de la <<virtu generativa degli huomini>>. Petty (o tal vez John Graunt) se percato de que entre 1603 y 1644 se habian producido en Londres mas entierros que bautismos (363.935 frente a 330.747). Tambien comprobo que <<cada matrimonio de los de Londres producia menos ninos que los del campo>>. No cabia por ello mas remedio que deducir que <<Londres deberia haber decrecido en su poblacion>>. Pero ya que sucedia exactamente lo contrario habia que convenir en que <<era por tanto indudable que Londres se nutria de gente de fuera>>, y no solo para equilibrar el saldo, sino para inclinarlo hacia arriba (11). La variable ya no residia unicamente en la virtud nutritiva o atractiva de la ciudad, sino la generativa de la poblacion, y mas de la rural que de la propia urbana. Un siglo mas tarde la herencia de Petty alcanzaba por fina Francia y Alemania. En Francia venia de la mano de Jean-Baptiste Moheau (1745-1794) (12). En sus Recherches et considerations sur la population de la France (1778) el autor confirmo por su parte que <<los habitantes de las ciudades y los de los campos constituyen dos especies de seres humanos diferentes>>, en alusion, por supuesto, a que estos frecuentaban el matrimonio y la generacion mas que aquellos; y que para las grandes urbes resultaba esencial
   drenar en los campos sus efectivos [humanos] y bombear [pomper] su
   poblacion, sin que se produzca voluntad de retorno y sin que los
   hijos de los habitantes de las ciudades se vayan a repoblar los
   campos.


Treinta anos antes (1741) Johann Peter Sussmilch formulaba a su vez la version mas acabada de lo que hoy llamamos el <<graveyard effect>> o <<efecto tumba>> propio de la demografia urbana (13).

No habia duda: la fortaleza de las poblaciones urbanas se apoyaba en los flujos migratorios, y estos solo podian sostenerse mientras el mercado de trabajo urbano, expresion de la actividad economica en las ciudades, fuera a su vez capaz de mantener--o incrementar--su ritmo. Las ciudades espanolas crecieron durante buena parte del siglo XVI porque la <<virtud atractiva>> de su mercado de trabajo, de su actividad economica, funciono a pleno rendimiento; tanto fue asi que nunca como entre 1500 y 1600 aumento mas en ellas el caudal humano. Jan de Vries estimo que entre 1500 y 1800 pudo haber en Espana hasta 43 ciudades que en algun momento alcanzaron 10.000 habitantes (14). Ya eran 37 en 1600, cifra que, segun el autor, no se alcanzaba en 1800. Los calculos de De Vries son susceptibles de alguna rectificacion. Mi propia cuenta eleva la cifra del total de ciudades con 10.000 habitantes entre 1500 y 1800 hasta 64 (15). Entre 1500 y 1600 el catalogo estaba formado por entre 26 y 30 nucleos de poblacion para Castilla (la Nueva y la Vieja, Extremadura, Murcia y Andalucia) mas Zaragoza, Barcelona, Palma de Mallorca, Pamplona, Valencia y acaso Orihuela. El resto se incorporaron alo largo de los siglos XVII y XVIII. La Espana del siglo XVI era un territorio con una notable tasa de urbanizacion. Jan de Vries le imputa un 11,4% hacia 1600, solo por detras de los Paises Bajos, Italia y Portugal, y a considerable distancia de Inglaterra, Francia o Alemania (16). Mi cuenta eleva sin embargo dicha proporcion hasta el 14,33%.

Semejante cuantia de poblacion urbana no puede responder sino a una correlativa fortaleza en la configuracion de las respectivas economias. No es tarea facil sin embargo averiguar cuando pudo haber arrancado el despegue, si bien es cierto que a lo largo del siglo xv confluyeron estimulos para un crecimiento de matriz netamente mercantil. Me refiero, por ejemplo, a la temprana dotacion de instituciones crediticias tanto en los territorios de la Corona de Aragon (a partir de 1401) como a la pragmatica "liberalizadora" que en 1436, y a peticion de las ciudades de Castilla, decreto
   que el cambio sea libre, y franco, asi en nuestra Corte, como en
   rodas las ciudades y villas, y lugares de nuestros Reynos y
   Senorios, y que todos cambien, y puedan cambiar sin pena, y sin
   calumnia alguna (17).


Entre 1471 y 1495 hay banqueros no solo en Valladolid, Baeza, Sevilla o Burgos, sino tambien en Aranda de Dueto o Santiago de Compostela. Las oficinas prestan, admiten depositos y cambian. Y dichas tareas tampoco serian practicables sin un cierto flujo monetario que pudiera permitirlo. En el panorama de la <<gran hambruna monetaria>> del siglo xv cupo no obstante una interesante gama de situaciones (18). Los registros genoveses (aduanas, ceca) testimonian en d ultimo cuarto del siglo XIV el paso anual de entre 400 y 800 kilos de oro sudanes, la misma cantidad que de 1500 a 1520 entraba en Lisboa. Ese oro viene de Yspania (Sevilla, principalmente; pero tambien Valencia), que aprovecha asi su envidiable posicion geografica entre Africa y Europa. Tal condicion no desaparece a lo largo del siglo xv, configurando de este modo una escena monetaria mas proxima a la de Venecia que a cualquier otra (abundancia relativa de oro). La conclusion de que Castilla (en concreto) gozo de <<una relativa abundancia>> de ambas especies (oro y plata) en un contexto general de escasez constituye sin duda un vigoroso argumento a favor de la precocidad en el despegue de sus economias urbanas (19). No deberia extranar, en tal sentido, que la geografia de los precios del trigo en Europa coloque a Valencia en zona caliente ya en 1440-1449, sin necesidad de esperar al erecto de la plata americana (1540-1549) (20). En fin, que el elan de los anos finales del 1400 estaba poniendo las bases de lo que vendria despues se deduce asimismo de la evolucion de los precios del arriendo de las aduanas de los tres obispados (Osma, Siguenza y Calahorra) que entre 1481 y 1555 articulaban los intercambios oeste-este (21). De unos 2 millones de maravedis en los anos 1480 la renta escala a 3 hacia 1500, hasta 10 por el tiempo de las Comunidades para doblarse en el bienio 1554-1555 (22).

[GRAFICO 1 OMITIR]

Los traficos parecen reflejar en todo momento tanto la importancia de Medina del Campo como <<el crecimiento del trafico entre Aragon y Castilla desde la union dinastica de ambos reinos>> [M. A. Ladero Quesada]. La homogeneizacion de los sistemas monetarios peninsulares a raiz de la pragmatica de 1497 (no por casualidad firmada en Medina del Campo) relativa a Castilla puso por su parte las bases para una mayor fluidez de los intercambios con monedas de oro y plata <<equivalente[s] a la[s] usada[s] en la mayor parte de los paises con los que existian intercambios>> (23).

Otra historia es tratar de rastrear en que medida esta creciente prosperidad pudo haber impulsado el crecimiento demografico urbano. La ausencia de fuentes lo impide como bien se sabe. El ejemplo de Andalucia, en la que durante el ultimo cuarto del siglo xv podia habitar entre el 13 y el 15% de la poblacion del reino, parece apuntar a que la recuperacion fue aqui <<muy rapida [..] y dio a aquel extremo sureno de Europa una vitalidad de la que carecieron otros paises hasta muchos decenios despues>> (24). No es menos relevante la impresion de que el aumento poblacional se localizo a la sazon en <<los nucleos de poblacion medianos y pequenos, y menos [en] las ciudades grandes>> (25), las cuales, cabe imaginar tambien, hubieron de esperar a trasponer el Mil Quinientos para que aquellas poblaciones vertieran en estas los efectivos humanos que no podian atender. ?Es aceptable, segun esto, que Sevilla hubiera pasado de 2.613 a 10.500 hogares entre 1384 y 1533? (26). Sea como fuere las bases parecian estar bien fundadas: no hubo desarrollo urbano que no viniera precedido de un ciclo de prosperidad agraria (27).

El crecimiento de las ciudades espanolas durante el Mil Quinientos hubo de producirse asi merced a los flujos migratorios procedentes del agro. Alguna prueba para Castilla ya ofrecia en 1985 Annie Molinie-Bertrand. La provincia de Segovia, sin ir mas lejos, crecio un 19,6% entre 1530 y 1590 mientras la ciudad lo hacia en un 150% desde 1525 a 1591 (28). A la altura de 1530 la poblacion urbana de Espana se concentraba ya en Andalucia y en el triangulo Burgos-Salamanca-Toledo. Fuera de el restaban, por el momento, Zaragoza, Barcelona, Toledo y Cuenca. Por encima de todas ellas se erigia Valencia; no es aventurado deducir una poblacion de entre 35 y 40.000 habitantes en 1489 de los 8.849 vecinos que entonces alojaba intramuros, que ya eran 9.879 en 1510 (29). En 1582 se decia de ella que era: <<l'une des belles, grandes et signalees villes d'Espagne, bien muree et peuplee, tant de gentils hommes que de marchans et gents qui vivent aysement du leur>> (30). Cerca anduvo de los 50.000 habitantes en 1609. Aquellas cifras hacian de Valencia a principios del siglo XVI la ciudad mas populosa de Iberia tras Lisboa. Pero mientras que su possanza demografica y economica apuntaba una cierta macrocefalia dentro de su reino, como tambien sucedia en Mallorca, Cataluna, Aragon y Navarra, tanto en Andalucia como en Castilla la Vieja la poblacion urbana compartia una distribucion bastante mas equilibrada. Estas ciudades presentaban perfiles distintos. Braudel escribio que <<siendo los movimientos de las natas y del trafico la base de la vida urbana, es natural que [la de] esta sea, ante todo, una actividad comercial>> (31). El pronunciamiento es sin embargo tan sesgado como la aparente bondad de la habitual clasificacion en ciudades leviticas, administrativas, capitales o simplemente parasitas ... No menos fortuna puede deparar a una ciudad la presencia de una corte, una universidad o un alto tribunal que la de una ceca, una feria o un centenar de telares. Y en este sentido resulta evidente que la possanza de una mayoria de las ciudades de la meseta norte residio en continuar explotando durante buena parte del Mil Quinientos el bagaje que traian del siglo anterior; a saber: el comercio de la lana, la industria panera, la actividad ferial y bancaria y conspicuos segmentos de terciario como las universidades, la administracion judicial o la ocasional presencia de la corte y de los cortesanos. Una de las rupturas de mayor trascendencia hacia la buena fortuna para las ciudades de la meseta norte se produjo cuando entre 1400 y 1500 los productores de lana aprovecharon la decision de Inglaterra de abandonar poco a poco su propia exportacion y fabricar panos. A la altura de 1420 las aduanas inglesas comenzaban ya a recaudar mas por estos que por aquella (32). Los mercaderes castellanos tomaron entonces su lugar. Un testimonio burgales de 1520 situa en 35.000 <<poco mas o menos>> las sacas <<que salen destos Reynos>> (33). Los anos alrededor del 1500 parecen haber sido los mejores de los siglos XV-XVI. A pesar de lo cual pocos argumentos parecen existir para seguir sosteniendo que las industrias urbanas padecieron desde entonces una insuficiencia cronica en el suministro de materia prima; acaso en las lanas de mejor calidad--acaso, debe insistirse--; no, desde luego, en terminos generales (34). El derecho de tanteo sobre el tercio de las lanas listas para ser exportadas que las Cortes alcanzaron de Enrique IV en 1462 conocio tan poco uso como mucho abuso. Es admisible el argumento de que con aquellas 35.000 sacas <<se podrian hacer tres panos por saca, que son cien mil panos, que valen uno con otro cinco mil maravedis, que son ciento e setenta e cinco quentos>>, que no saliendo del reino <<quedarian para el mantenimiento de las gentes>>. Pero de ahi a imputar a la exportacion de lanas la insuficiencia de la industria domestica existe un abismo. No se hacia un Flandes de Castilla asi como asi [Maximo Diago Hernando].

En cualquier caso el progreso del trafico lanero no debio ser ajeno, como en Italia, al surgimiento de instrumentos y circuitos de credito privado en cuyos origenes estuvo la necesidad de los traficantes de asegurarse el suministro de lana adelantando a los productores lo preciso para el alquiler de sus pastos. No es casual que la tarea estuviese protagonizada en Cuenca por mercaderes italianos. En Castilla la Vieja son por el contrario castellanos quienes venden o revenden a los exportadores burgaleses en las ferias de Medina del Campo. La vinculacion Burgos-Medina atane asi tanto a las ferias de pagos como a las de mercaderias. Segun el registro de la <<averia>> que el Consulado de Burgos percibia de cada embarcacion que amparaba, la exportacion de lanas progreso desde 1500 hasta un maximo de 50.000 en 1548-1549>> (35). Los <<buenos tiempos>> de Burgos y de las ciudades feriales son los que llegan hasta 1550; <<su apogeo es anterior a 1552>> [Felipe Ruiz Martin]. Luego la caida de las exportaciones es subita y brutal. No hubo que esperar, pues, a la revuelta en los Paises Bajos.

Con esta materia prima, las ciudades y villas de Espana sostuvieron una tupida red de industrias textiles. En un mercado, acaso el mas competitivo a escala europea, su actividad nutrio un amplisimo mercado domestico primero y luego americano. Respecto a este advertia la Casa de Contratacion al Consejo de Indias en 1606 como la flota de ese ano se limitaba <<solo a llevar ropa menuda que toda es de generos muy diferentes y costosos>> (36). Las Indias y la propia metropoli tiraron de la produccion alo largo de buena parte del siglo XVI, y esta tiro a su vez de los campos el contingente de trabajadores necesario para mantenerla. Las ciudades consumian y exportaban, pero mas lo ultimo que lo primero. Por cada maravedi que entre 1580 y 1587 la ciudad de Cuenca pago al risco en concepto de alcabala de los panos vendidos en la propia ciudad verso 6,3 por los que <<de todas suertes se lleuan a Medina del Campo y de Rioseco [...], e Torixa, e Alcala, e Mondexar, e Tendilla, e Pastrana>>. 2.700 panos de los 3.000 producidos encontraban demanda extramuros en 1579 (37). Un mercado local tan remoto como el de Santiago de Compostela ofrecia hacia 1600 <<panos, sedas y holandas, caniquis, cambrais y todo genero de liencos>>; la alcabala de los panos se recaudaba sobre <<panos y sedas, olandas, bretanas, calicus, liencos, estopacos y fustanes>> (38). Las escrituras notariales dan cuenta asimismo de numerosas procedencias mas o menos precisas: Londres, Courtrai, Perpinan, Irlanda, Bretana, Florencia, Francia, Palencia, Valencia, Barcelona, Logrono, Segovia, Granada, Sevilla, Cuenca, Toledo, Ciudad Real, Aragon, Frechilla, Monforte, Riaza, Ezcaray, Duenas, Torrecilla, Castromocho, Belorado ...; inevitables en fin los <<anascotes>> y las <<cariseas>>. El consumo textil se habia erigido durante el siglo XVI en el principal signo distintivo de una sociedad de nuevos ricos que pugnaban por exteriorizarlo. El cura de una aldea gallega denunciaba asi la situacion:
   Acuerdo tiempo quando los labradores vestian de sus ovejas y no
   tenian capas negras ni capotes de colores; ni ellos ni sus
   antepasados truxeron sedas ni en capas ni en ropas; ni las mujeres
   traian mantillas ni las necedades que ahora vsan. Entonces labraban
   ellos en sus propios lugares y no en los agenos, y no tenian los
   trabajos que tienen; porque en aquel tiempo pasado ni vsaban capas
   ni capotes ni cirafuelles con terciopelo, sino sus ropas nanas que
   les caian y bestian tan bien como ahora y mejor [que] lo que
   quieren vsar. Y si alguna mujer duena hijadalgo vsaba alguna capa,
   hera vna mantilla llana de dos varas poco mas. Y era por gran
   fiesta que las mas de las mujeres vsaban unas capillas coloradas
   abiertas por los lados para sacar los bracos--llamabanse p ... Y si
   alguno tenia alguna capa fuese negra o de otro color hera un hombre
   principal, y aquella servia en toda la tierra, [y] quando alguno se
   casaba la llevaba cubierta. Ni traian calcas ni las vsaban, y con
   esto los panos eran baratos y las gentes tenian que comer y no
   andaban como he dicho tan afrontados, porque he visto por mis ojos
   a labrador meterse en locura de comprar vnas cirolas coloradas y
   con terciopelo que con el precio dellas se vestia de capote y sayo
   y camisa y capatos, y despues, para las pagar, vendio una baca, que
   no tenia mas y andaba desnudo.


Es dificil concebir que una parte significativa del crecimiento urbano durante d siglo XVI no obedeciera a la fuerte presencia del artesanado en general y de la industria manufacturera textil en particular (<<l'industria degli huomini, e la moltitudine delle arti>>). Lo que suele denominarse <<poblacion activa>> es en efecto particularmente elevada en ciudades como Segovia (73,7% en 1561) (39) o Cuenca (el 58% en la misma fecha) (40). El sector pudo desarrollarse ampliamente gracias a que el descenso de las exportaciones laneras hacia Flandes no se equilibro del todo con el aumento de los envios hacia Florencia y Venecia por la ruta Alicante-Livorno. Como resultado, la cotizacion de las lanas en Medina del Campo perdio fuelle a partir del maximo alcanzado en 1564 (41). En algunas zonas de Castilla la Vieja el precio cayo desde los 16 o 17 reales h arroba en 1573-1575 hasta los 12,5 por los que andaba en 1598. En anos singulares pudo escalar hasta algo menos de 15, pero en todo caso no regreso a los valores iniciales hasta pasado el 1600 (42). En el area de Cuenca se ha comprobado tambien que los <<precios [de 1592] eran casi los mismos que los de la epoca del auge del comercio en la mitad de siglo>> (43). Dado que el coste de la materia prima nunca era inferior al 40% del precio final (44), es congruente que durante la segunda mitad del siglo XVI el precio de los panos de consumo mas extendido registrara modestos, incrementos, por debajo del nivel general. Aunque no todos los panos veintenos, por ejemplo, gozaban de similar estimacion, eran iguales en calidad y se vendian al mismo precio, lo cierto es que una vara de veinteno de Segovia andaba por 24 o 25 reales a mediados de siglo (1559, 1561), por entre 28 y 33 entre 1586 y 1594, llegando a 35 en 1601. En 1603 se pagaron no obstante en Santiago 42 reales por una vara de veintidoseno fino <<de autor>>--Diego Arce de Pedrosa--y 36 por las que elaboraba un tal Diego de Soto.

Nada sabemos, sin embargo, respecto a como se movio la produccion en Toledo, Cordoba, Cuenca, Barcelona o Avila, ni siquiera de forma indirecta, como sucede por ejemplo en el caso de Amiens (45). Los registros fiscales ofrecen por lo comun magnitudes de las cantidades vendidas, que en determinados casos (Cordoba) pueden aproximarse a las efectivamente producidas (46). A falta de otros argumentos seria, pues, poco sensato no prestar atencion a la evolucion de los dineros que los gremios segovianos aportaron para la construccion de su catedral a partir de 1526 (47). En una ciudad en la que mas del 70% de la poblacion se aplicaba en actividades artesanales, y d 60% de ella a las que se movian en torno a la manufactura textil, no resulta muy arriesgado imaginar que la generosidad de los donantes tuvo algo que ver con sus ingresos y estos a su vez con los niveles de produccion y empleo. No deberia, por tanto, sorprender que las cuatro decadas que van de 1526 a 1566 lo sean de minimos que son cada vez mas minimos y de maximos que son tambien cada vez mas maximos; se aprecia luego d efecto causado por los problemas fiscales y financieros del periodo 1574-1577, abriendose a continuacion un lapso de treinta anos sin datos que, cuando se reanuda (1604), lo hace en la misma altura en la que se interrumpio. No resultaria aventurado imaginar que en el ultimo cuarto del siglo XVI la produccion se mantuvo, si bien la impresion de una cierta desaceleracion del ritmo en la decada de 1580 tampoco deberia ser descartada tanto en Segovia como en Cordoba.

Panos <<de colors contrafets als de Segovia>> se labraban tambien en Barcelona, donde tanto la capital como unas cuantas decenas de villas y lugares daban cuenta de una extendida y variada produccion textil. El impuesto llamado de la <<bolla>> gravaba en particular los tejidos de lana, y su recaudacion testimonia el incremento de la produccion a lo largo del siglo XVI con especial intensidad entre 1550 y 1570, pausa en los anos 1580 y reprise en los 1590 (48). La industria textil sedera tuvo, por su parte, algunos de sus centros mas importantes en Murcia y Valencia. Esta ultima conocio resultados espectaculares entre 1475 y 1598, tanto como para dudar de la homogeneidad de las fuentes que los sustentan (49). El salto desde 21.000 (1475) o incluso 42.292 (1512) almas hasta las casi 300.000 de fin del siglo XVI resulta a rodas luces dificil de creer, aunque tiene confirmacion en los datos de exportacion a Castilla, que en 1578-1579 triplicaban los de 1522-1523. Una vez mas el fin de siglo anuncio la llegada de tiempos menos buenos.

Las ciudades de Espana crecieron tambien durante buena parte del siglo XVI merced al despliegue de las actividades mercantiles y financieras que les eran propias. Tanto en la costa mediterranea, desde Barcelona a Malaga, como desde Gibraltar a la desembocadura del Guadiana se acumulaban los puertos. En el distrito de almojarifazgo mayor de Sevilla se contaban 31 entre la frontera con el reino de Valencia por el este y la de Portugal por el oeste. Sanlucar quedaba fuera del aludido distrito por ser de senorio, lo que no era obstaculo--antes al contrario--para erigirse como un foco de actividad mercantil de primer orden, habida cuenta de la potestad del duque de Medina Sidonia para distanciarse de las tarifas practicadas en los puertos vecinos cuando asi convenia. No en vano escogio Sanlucar la Spanish Company (1530-1585) para establecer su sede, pagando de este modo el buen trato recibido de su senor desde 1517 (50). De la precocidad del crecimiento mercantil andaluz es prueba la evolucion de las recaudaciones del almojarifazgo mayor, que apuntala la tesis del <<avance andaluz sobre otros paises europeos en el periodo ante-moderno>> (51). Sumese a ello lo que trajo el comercio con las Americas. La primera ocasion en que se arrendo el nuevo almojarifazgo de Indias (1543) lo fue por los ultimos seis meses del ano y 1.2 millones de maravedis; para el trienio 1544-1546 el fisco recaudo 12 millones; de 1565 a 1572 se remato en 71,5; en 1603 la mejor postura alcanzo 85,5; y en 1604 se coloco en 107 (52). Los <<buenos tiempos>> pudieron haber llegado aqui hasta entrado el XVII. El embajador de Inglaterra, Sir Charles Cornwallis, informo al Consejo Privado en junio de 1608 que la flota salida por aquellos dias de la bahia de Cadiz era <<the richest and best furnished that in many years have gone into those parts, and make them [los espanoles] forget the wants and miseries they have found here>> (53). Los datos de los Chaunu no desmienten esta impresion, ni siquiera en la cifra de navios ofrecida por el embajador (setenta) (54). Lo significativo de la evolucion del comercio de Indias es, en todo caso, que por mucho que nos parezcan abrumadoras e incontestables las magnitudes del incremento de los volumenes y de los navios, unas y otras palidecen ante lo que fue la multiplicacion de cualquiera de estas variables por los valores del trafico desde mediados del siglo XVI. Michel Morineau apostaba por adentrarse en las bodegas de los navios de la Carreta y abrir los fardos. Por desgracia son escasos los registros que permiten esta clase de diseccion. Los que existen confirman desde luego las impresiones de los funcionarios de la Casa de Contratacion en lo tocante a la disminucion del numero de naves y el paralelo aumento del valor de las cargazones. Conviene, pues, atender a la evolucion del almojarifazgo de Indias, acaso el indicador mas proximo para reflejar la magnitud objeto de encuesta; y lo cierto es que las recaudaciones alcanzan maximos entre 1605 y 1608. Item mas, mientras que la tasa de crecimiento anual de los volumenes fue del 1,2 entre 1566-1570 y 1596-1600, los valores se doblaron (2,4%). El analisis de estos en las flotas de 1584 y 1598 denota por su parte el peso abrumador de los productos industriales (entre el 89 y el 94%), en particular los textiles. De 1540 a 1600: <<las mercancias que se relacionan con el confort, el lujo, el estatus, las necesidades nuevas del asentamiento y el laboreo, con el nivel de vida, iran ocupando, progresivamente, una parte cada vez mas importante de la capacidad de carga de los navios >> (55). No seria ocioso tratar de averiguar que parte de esta demanda pudo ser satisfecha por la produccion hispana, en su mayor parte de matriz urbana.

La fortuna de Sevilla fue compartida, a otra escala, por supuesto, por las principales ciudades portuarias del Mediterraneo, como Barcelona, Alicante o Valencia. En la primera, y a pesar de los problemas arrastrados del siglo XV, la actividad comercial <<no s'apaga mai del tot>> a lo largo del XVI (56). El periatge es a Barcelona lo que el almojarifazgo a Sevilla. A partir de 1526 parece despertar y en 1579-1580 se acelera. Las recaudaciones mas elevadas se obtienen en 1583-1584 y 1605-1606. Tambien aqui tira de ellas la demanda americana: <<Dels quatre draps que van de aquesta terra per a dit regne [Castilla] los tres fan aqueix cami [de las Indias]>>. En Valencia la evolucion del peatge de mar permite observar <<los anos en que la prosperidad comercial y urbana pudo ser mayor>> (57). Las cifras saltan desde 6.000 a 27.250 libras anuales entre 1501-1505 y 1601-1505 (58). Como en Barcelona
   la fuerte demanda castellana, orientada sin duda a su vez hacia las
   Indias, parece volver a situarse una vez mas en el trasfondo de la
   historia de los reinos peninsulares. La prosperidad, pues, de
   Valencia en estos primeros anos del siglo [XVII], parece haber
   estado construida en primer lugar sobre la funcion de activos
   intermediarios,


dado que lo que el peatge mide no es sino un comercio de importacion. En fin, los cuarenta y cinco anos entre 1560 y 1605 <<representa[ro]n la epoca mas prospera y mas floreciente de esta actividad comercial urbana".

Un panorama no tan atractivo parece haberse dibujado no solo en la fortuna de las villas portuarias de la fachada cantabrica (Bilbao), sino tambien en la de las ciudades y villas del interior a ellas vinculadas (Burgos, Medina del Campo). Los <<buenos tiempos>> mercantiles y financieros se habian acabado aqui con anterioridad al 1600. Lo primero que comenzo a flaquear fue la exportacion de lanas, aunque los beneficos efectos de esta caida en la demanda externa no admiten duda de puertas adentro. Luego sucedio la tan mal conocida crisis de 1552, primer jalon de los varios que conocio el sistema ferial y bancario, cuya incidencia se sintio por cierto tanto en Medina del Campo como en Sevilla. No es dificil reconocer que para las ciudades y villas de Castilla la Vieja las cosas ya no siguieron siendo las mismas despues de esta fecha. Frank C. Spooner no pudo ir mas alla, en la explicacion de las causas de esta temprana crisis, de apuntar a <<une sorte d'estagnation de la vie economique, ou mieux, de reorganisation, de nouvelle orientation, lente a se decider>> (59). No es decir gran cosa. Todo pudo haber arrancado por la constitucion de una masiva demanda de credito publico a la que, a guisa de tormenta perfecta, fueron a continuacion agregandose problemas monetarios, la guerra hispano-francesa y el desajuste del sistema ferial castellano. La mera enumeracion de estos elementos lleva adjunta la tarjeta de identidad hispana. En efecto, la demanda de credito por parte de Carlos I paso de un maximo de 7 a otro de 11,5 millones de ducados entre 1536-1540 y 1551-1555. Francia, de su parte, puso tambien en marcha justamente entonces (1552) sus emisiones de deuda publica (las <<rentes sur l'Hotel de Ville>> de Paris) (60), y en 1555 el sistema fiscal consolidaba el desplazamiento de la hacienda por el credito mediante las primeras operaciones con el <<Grand Parti>> de Lyon. De otra parte, masivas cantidades de plata fueron distribuidas entre Amberes y Genova para atender los pagos del Emperador. Los 3,6 millones de pesos arribados en el quinquenio 1551-1555 mas que doblaban la cuantia del periodo precedente; otra cantidad tal hubo de esperar a 1566-1570 (61). Que los medios financieros se hubieran librado entonces <<a une orgie de speculations>> [F. C. Spooner] no carece de sentido. Sobre este escenario comparecio, a mayores, en 1552 la pragmatica que en Castilla prohibia <<dar y tomar a cambio de feria a feria, ni de las ferias para Seuilla>> (62). No parece que la veda hubiera sido instigada por el Consejo de Hacienda, que a los pocos dias denunciaba que por su causa <<los cambios se han subido y suben de cada dia a muy excessiuos precios>>, razon por la cual a su vez se habian
   desacomodado mucho los mercaderes destos Reynos, specialmente los
   naturales dellos, que por no caer en falta de sus creditos toman
   dineros a cambio de los estrangeros para fuera del Reyno syn tener
   alla respondientes; y como los estrangeros lo supplen todo bueluen
   [los cambios] de alla con mucho dano, y assy vienen a ganar ellos y
   perder los naturales (63).


Como la medida traia causa de un cierto exceso de celo laico de influencia canonica fue preciso convocar a los teologos (Melchor Cano entre ellos) para que diesen su opinion sobre el asunto (64). Mientras tanto el corralito crediticio causaba estragos. Tanto en Sevilla como en Burgos se acumularon las quiebras bancarias en 1552-1553 (65). A la <<estrecheca del dinero>> que el Emperador registraba desde Insbruck a principios de 1552, se anadia la consignada por el principe Felipe en primavera anotando la <<mucha falta de moneda>> a causa de la saca que los cuantiosos --y caros--asientos exigian.
   El sacar deste dinero destos Reynos nos ha puesto aca en gran
   estrecheca, porque se halla ya poco de contado en las ferias, y
   assy deuria Vuestra Magestad mandar--decia el hijo al padre--que
   no se de licencia para esto en ningun asiento que se hiziere,
   porque si no se remedia la cosa, yria perdida (66).


Hubo necesidad de prorrogar las ferias en 1552 y en 1553; la de mayo--de Medina--de 1554 comenzaria a su tiempo para las mercaderias y el 20 de julio para los pagos. El Principe no tenia duda en establecer la causalidad directa entre sacas y prorrogas:
   Con las sacas de moneda que Vuestra Majestad ha mandado dar, e con
   las que ha concedido el embaxador de Genoua por los cambios que
   alli ha hecho, e con lo que lleua don Juan de Figueroa, e con lo
   demas que se deue sacar sin poderse saber, asi para esas partes
   [Flandes] como para Italia, queda el Reino tan falto de moneda
   quanto nunca estuuo. E esto ha sido causa de alargar tanto los
   pagamentos de la feria de octubre del ano pasado [1552] que aun no
   son acabados de cumplir agora [junio de 1553], e los mercaderes se
   han visto en mucho trabajo e peligro, e entre ellos se tiene por
   aueriguado que si no se da alguna buena orden han de venir a
   quebrar, de que resultaran grandes inconuinientes, asi para la
   contratacion como para los gastos y prouisiones de Vuestra Majestad
   (67).


Las Cortes de 1559 atribuyeron, en efecto, directamente las quiebras de aquellos dias a las odiosas prorrogas (68). Por cierto: tambien la feria de Pascua de 1553 en Amberes (correspondiente de la de octubre en Medina del Campo) fue prorrogada. Los alzamientos bancarios continuaron por lo demas en 1554. Sir Thomas Gresham participo en algun modo de la <<orgia especulativa>> adquiriendo letras en Amberes pagaderas en reales de Castilla con los que luego volveria a casa (69). En Bruselas se habia provisto asimismo del pertinente pasaporte y licencia de saca de manos del propio Carlos I. En junio regreso a Inglaterra y partio hacia Espana. Estuvo en Villalon, en Medina del Campo y en Valladolid, desde donde escribio al Consejo Privado el 21 de noviembre antes de ponerse en camino hacia Sevilla. Desde aqui volvio a tomar la pluma cuatro dias despues. Anoto en esta segunda carta <<the great scarsity that is now through all Spayne>>, y como la presentacion de sus letras ante uno de los bancos mas anejos de la ciudad provoco su bancarrota y tras esta acaso la de sus correspondientes: <<I fere I shall be the occasione they shuld play all banke-rowte>> (70). Las quiebras continuaron en 1555, 1556, 1557 y 1558 (!27 firmas!); entre 1559 y 1575 solo se salvo el ano 1562 (71).

Por si fuera poco, la guerra con Francia (1552-1556) habia dislocado de tal forma el comercio en el Golfo de Vizcaya que el principe Felipe llego aprestar oidos a la concesion a un sindicato burgales encabezado por Miguel de Zamora del monopolio para la introduccion de mercancias francesas, atendiendo mas <<al beneficio del Reyno>> que a la prohibicion de rigor, <<porque estos Reynos no podrian pasar sin lenceria y algunas otras mercaderias de Francia>> (72). Aunque la paz se hizo en abril de 1559, al poco, sin embargo, la mar de poniente comenzo a mostrarse como un escenario cada vez menos tranquilizador, en parte, paradojicamente, como secuela de aquella paz. En 1563, desde Laredo, Juan de Penalosa, comisionado para levantar el tinglado de los diezmos de la mar recien incorporados al fisco, comentaba al respecto:
   El diezmo anda bueno y pasan mercadurias, aunque la guerra pasada
   de Francia y [el] desasosiego presente della haze que [de] alla aya
   pocas, y asi se hecha de ver aca, que si fuera como solia creo
   [que] este ano valiera esta rrenta mucho, y asi sera bueno (73).


El <<desasosiego presente>> no era otra cosa que el inicio de las Guerras de Religion en Francia y su proyeccion sobre la seguridad para la navegacion desde el Golfo de Vizcaya hasta d Canal de La Mancha (74). Luego vino la revuelta de Flandes, la toma de los puertos de la isla de Walcheren por los <<mendigos del mar>> (1572) y una casi total interrupcion de los intercambios que duro hasta 1598. Pronto la administracion de la renta que Juan de Penalosa se afano en poner a punto alcanzo su maximo. Demasiado pronto (75). En los anos por venir los traficos se desviaron del eje Burgos-Bilbao hacia el este. Los conflictos belicos entre la Monarquia Hispana y las Provincias Unidas, Inglaterra y Francia entorpecieron el comercio directo y alentaron rutas alternativas de entrada que pasaban por Bayona y San Juan de Luz. San Sebastian gano enteros como demuestran las aduanas mas proximas (Vitoria y Salvatierra)--en detrimento de Orduna y Valmaseda--.

De 1550 a 1600 las ciudades de la meseta norte sufrieron tambien alguna que otra merma en su dotacion de servicios. Por el momento la Chancilleria de Valladolid no se movio; se ha estimado que en 1519 entre dos y tres mil residentes dependian, directa o indirectamente, del alto tribunal (76). En los anos 1550 habia entre 40 y 45 abogados habilitados para actuar ante el, y en 1589 alrededor de 65. A partir de 1625 la nomina fue cayendo hasta los 20 de 1700. La mengua de actividad se confirma por el numero de ejecutorias libradas: maximo hacia 1580, minimo a mediados del siglo XVII (77). Lo que por contra si hizo dano a la ciudad y a su area de influencia fue la partida de Felipe II hacia Toledo en 1559 para luego asentarse en Madrid. La villa se habia acostumbrado a Carlos I desde que en 1518 convocara en ella sus primeras cortes. Aqui nacio Felipe II (1527). Su hermana Maria y su esposo Maximiliano la escogieron como residencia durante la regencia (1551-1554), y a ella retorno Felipe tras su regreso de Flandes. Entre 1543 y 1559 la estancia de la corte no habia conocido solucion de continuidad. En 1554 se registraron en la villa 1.617 bautismos; siguieron minimos en 1563 (1.042), 1568 (1.022) y 1576 (1.027). Todo lo mas que Valladolid pudo ganar a partir de entonces fue un 5% (1.704 bautismos en 1588).

La cercana Medina sufrio por su parte la dolorosa extirpacion del organo que hasta entonces habia sido el propulsor mas cualificado de su prosperidad, esto es, las ferias de pagos. Uno de sus historiadores de entonces, Juan Lopez Ossorio, que escribio su Historia durante el primer tercio del siglo XVII (78), comenzo por senalar en ella lo bien <<acomodada>> que estaba por tener como vecinas cuatro tan ilustres ciudades como Segovia, Avila, Salamanca y Zamora, situadas todas ellas en un radio de catorce leguas--<<que parece ser se fundaron con artificio>>--. Mas cerca todavia estaban Valladolid (ocho), Toro (nueve) o Medina de Rioseco (once), y mas lejos Palencia (dieciseis), Burgos (veintiocho) o Toledo (treintaicuatro). Por ser lugar <<libre de pecho, como hoy dia lo es, ni de otro tributo [...] muchos extranjeros y naturales del Reino se avecindaron en ella>>, por lo cual <<se fue aumentando y creciendo en vecindad y riquezas, aumento de calles y de edificios>>; tantas eran las gentes en tiempo de feria <<que no cabian en las calles y posadas>>. Lopez Ossorio calculaba que en sus mejores dias podia haber albergado Medina unos 16.000 hogares (79). Sin embargo, cuando el autor escribio su relato, poco despues de la terrible crisis de 1631, la villa sufria <<gran baja y menoscabo de vecindad y contratacion>>. El inventario de infortunios tenia para el fechas mas o menos seneras. En primer lugar consigno la decision real (1566-1567) de reagrupar en ella las ferias de pagos, paradojicamente impulsada por Valladolid y la propia Medina en detrimento de Rioseco y Villalon (80). Pura codicia que se vio retribuida por el correspondiente castigo: solo se habia mirado a la posibilidad de que <<el dinero se cambiase mas veces, y, engolosinados con esto, dejaron [los tratantes] las mercaderias, que son las que sustentan la contratacion>>. Luego vino el <<decreto>> de 1575 y el crecimiento de las alcabalas. Hoy sabemos que Lopez Ossorio no exagero el impacto de estos acontecimientos (81). El primero provoco el cese temporal de los cambios; el segundo un incremento de impuestos y una rebaja de franquicias
   que fueron causa de perderse los cien dias que la villa tenia
   francos, porque los mercaderes de Francia, Flandes, Italia,
   Florencia, Inglaterra, Portugal y otros paises [...] mandaron a sus
   factores deshacerse de las mercaderias que tenian en las lonjas y
   retirarse a sus casas. Lo mismo hicieron los naturales.


La afluencia continuo sin embargo a las ferias de pagos. Con todo, los desordenes en el calendario con los que se inauguro la decada de 1560, unidos al traslado de la corte a Madrid y a la inevitable habilitacion de esta como plaza de cambios, provoco que la escalada en la contratacion de asientos que siguio al comienzo de la guerra de Flandes pillara al sindicato genoves comodamente instalado en la corte, de donde se les hacia duro salir para atender sus ocupaciones. Por mas que Felipe II se afanara en planes de restauracion de las ferias de Medina, Madrid iba haciendose hueco poco a poco. Las letras de cambio <<a uso>> o <<a usanza>> (esto es, a cierto numero de dias vista) tomaban el lugar de las habituales de feria a feria. El tiro de gracia salio del nuevo decreto de 1596. Para entonces hacia cuatro decadas que la villa no conocia respiro. Luego vino la peste, y para cuando Lopez Ossorio concluyo su Historia no seria descabellado admitir su estimacion de 1.000 vecinos (1.897 tenia en 1597) (82), convertidos en 700 despues de la hambruna y la epidemia de 1631-1633, en la que, de nuevo segun su testimonio, desaparecieron 350 familias. No extranara que le pareciera <<imposible>> (sic) la realidad que contemplaba; con otras palabras, tambien suyas, <<un sueno>>, un mal sueno ...

Por lo demas, la suerte de Medina no fue solo de Medina. Aquella <<comodidad>> que significaba la cercania a tantas <<ilustres ciudades>> no dejo de afectarlas. <<En esa epoca [1557] mas que de Burgos dependia Valladolid de las ferias castellanas>> [Felipe Ruiz Martin], lo que es tanto como decir que los problemas no se restringieron solo a esta. Desde luego quienes mas sufrieron los problemas de las decadas iniciales de la segunda mitad del siglo XVI<<fueron las ciudades del norte de Castilla. La tabla inclusa muestra el temprano declive de la meseta norte y la resistencia de Andalucia, Murcia, Extremadura y Castilla la Nueva. Madrid sostiene a Castilla la Nueva en una region en la que unicamente ella, Toledo, Cuenca y Ocana alcanzan las 10.000 almas.

Es de rigor preguntarse justamente ahora en que medida el efecto Madrid afecto al sistema urbano de ambas Castillas o incluso a la generalidad de la Espana de entonces (83). En este sentido ya se ha visto que algunas de las ciudades situadas al norte del Sistema Central debieron hacer frente a dificultades que, por su precocidad y naturaleza, nada debian a lo que acontecio a partir de 1560. En Castilla la Vieja unas declinaron a partir de entonces sin aparente relacion con d erecto Madrid; otras se mantuvieron mal que bien y un par de ellas (Segovia y Palencia) sobrepasaron durante unos anos el umbral de 1600. Al otro lado del Sistema Central, Cuenca distaba--y dista--de Madrid menos de treinta leguas, y su poblacion tambien siguio creciendo hasta 1604 (84), tal como sucedio en sus hermanas de h vertiente norte, alguna de las cuales (Segovia) se hallaba por cierto todavia mas proxima a Madrid. Para la ciudad de Cuenca, en concreto, se dispone de un estudio modelico en lo que toca a su evolucion demografica. Tanto ella como Toledo, Talavera de la Reina y Ciudad Real vieron como el numero de bautismos en cada una de ellas se detenia (level off) entre 1595 y los primeros anos del 1600. En Cuenca <<la autentica crisis [demografica] golpeo entre 1603-1606, con visible descenso del numero de bautismos. En la decada de 1620 la perdida habria sido ya de entre un 15 y un 25%. Menos bautismos, y tambien menos hogares>> (85). No los causo la peste. Tampoco el traslado de la corte de Madrid a Valladolid o la expulsion de los moriscos. Al cabo la corte volvio aunque para entonces <<ya era demasiado tarde>>. Cuenca habia penetrado en la senda de la despoblacion. Siendo congruentes con los patrones del comportamiento demografico urbano descritos desde Petty a nuestros dias deberia aceptarse que <<los mecanismos de la despoblacion urbana consistieron probablemente en una desaceleracion de inmigrantes unida a la emigracion de los grupos sociales mas productivos>> (86). La fortuna de las ciudades quedaba ligada a los flujos migratorios--positivos o negativos--rurales. Entre otros, aunque de forma especial, los que se vinculaban a la industria, razon por la cual Talavera, por ejemplo, capeo el temporal mejor que Cuenca. No era cuestion de tamano: el graveyard effect funcionaba tambien en los nucleos por debajo de 10.000 habitantes (87). Hubo sin embargo un momento en torno a mediados del siglo XVII en el que la poblacion rural comenzo a despegar, a pesar de lo cual no reemprendio el camino de la emigracion a las ciudades, tal como habia hecho en el pasado. David S. Reher arguye al respecto que para entonces estas habian alcanzado el techo que permitia que el sistema agrario las nutriese de forma mas o menos regular. No fue, por consiguiente, hasta entrado d siglo XIX, cuando la agricultura conocio nuevo impulso, que d proceso migratorio pudo reanudarse.

Tampoco la generalidad de Andalucia parece haber sufrido merma significativa en su dotacion de poblaciones urbanas entre 1500 y 1600. Para empezar, ninguna otra region de Iberia podia presentar a la altura de 1600 una serie de nucleos por encima de los 10.000 habitantes como la que se extendia por d valle del Guadalquivir y zonas limitrofes. Hasta 13 villas y ciudades albergaban entonces dicha cifra de moradores y otras 4 mas le andaban cerca. Tal vez una panoplia de actividades mas diversificada que la de las ciudades al norte de Despenaperros posibilito esta circunstancia. Muchas de estas aglomeraciones acogian una proporcion muy elevada de familias involucradas en la agricultura; era el caso de Alcala la Real, Andujar, Antequera, Aracena, la propia Baeza, Ecija, Jerez de la Frontera, Lucena, Ubeda o Utrera. Impresiona el hecho de que Jerez pudiera albergar mas de 20.000 agricultores (88). Por supuesto que la suya era una actividad <<con un elevado grado de relacion con el exterior,,. Y no era el unico caso. En la parroquia giennense de San Ildefonso--<<la mas extensa, la de mayor feligresia>>--vivian en 1635 un 37 de <<jornaleros y trabajadores del campo>>, cifra identica a la de toda la ciudad en 1670 (89). Otras contaban ademas con una osamenta terciaria nada desdenable (Granada, Sevilla ...). Una conspicua actividad industrial (textil, etcetera) se localizaba en Cordoba y Ubeda, mientras la vocacion mercantil propulsaba a Sevilla, Sanlucar de Barrameda, Malaga o Cadiz. Aunque no abundan precisamente los estudios demograficos locales fundados en los registros parroquiales, lo minimo que cabe sugerir al respecto es que ninguno de los nucleos de poblacion urbana que si cuentan con ellos muestra sintoma de cansancio antes de 1587. Entonces lo hace Cordoba (90), mientras Granada todavia pasa por una decada de recuperacion entre 1587 y 1596 (91), y Jaen se tuerce en 1602 (92).

La red urbana de Andalucia aguanto hasta los mismos umbrales del 1600, y tambien resistio mejor lo que vino despues (93). Ya se ha visto que no sucedio asi en otras regiones de Castilla. Como cabia esperar, en estas aparecio pronto la reflexion sobre las causas de su despoblacion, que no en vano se dirigio de forma bien ostensible hacia lo que acontecia en las ciudades. Botero llegaba asi puntual a la cita. Jeronimo de Ceballos (1560-1644) fue uno de los espanoles que lo leyo. <<La grandeza [de un pais] consiste en la multitud de los vasallos>>--repitio--(94). A la despoblacion de su ciudad--Toledo--dedico no pocas paginas, entre otras las de un Discurso y parecer ... (95). Lo compuso a instancias del concejo a fin de que este pudiese tomar decisiones con las que restaurar la ciudad <<en el antiguo estado de gente, y trato que tenia>>. El escrito carece de fecha, pero por la similitud con otros del genero debe pertenecer al periodo 1610-1620. La sangria (sic) demografica preocupa a Ceballos sobremanera. La medicina (tambien sic) habitual al efecto (atraer pobladores) no le convence; el reparo--dice--no consiste <<en llenarla de vecinos, sino en buscar primero tracas eficazes para obligarlos [a] que no se vayan>>. Ocurre que <<los vecinos y naturales desamparan su Ciudad>>. La politica ad hoc no deberia, pues, insistir tanto en atraer moradores como en evitar la fuga. Confiar en una <<traca>> como la instalacion de una chancilleria no es reparar los danos que ha causado y causa la emigracion. Nada se lograria tampoco en el largo plazo haciendo regresar a sus casas a quienes se han ido a Madrid tras la corte, sino remediando las causas que les movieron a irse. Ceballos rechaza en fin que la multitud de habitantes sea por si sola, en si misma, el objetivo a perseguir; propugna algo asi como un sistema urbano en el cada uno de sus elementos se dote de la poblacion que su particular configuracion requiera:
   La multitud de vezinos no es remedio de la Republica, sino la
   utilidad y necesidad que dellos tiene; porque una mano con muchos
   dedos no se ternia por util ni conveniente por la muchedumbre, sino
   por su buen gobierno.


A mi entender Ceballos plantea el problema en los terminos que debe hacerse. La crisis de las poblaciones y las economias urbanas al filo del 1600 (incluso antes) tiene que ver con la atonia de los mecanismos que hasta entonces habian alentado el crecimiento de unas y otras. Tales mecanismos se desactivaron muy temprano en Castilla la Vieja, aunque no afectaron a la generalidad de su sistema urbano al mismo tiempo, pues Palencia y Segovia resistieron algo mas, en linea con Cuenca. Por el contrario, si se atiende a la evolucion de las series bautismales rurales y urbanas de las ciudades de Andalucia podra comprobarse que entre 1520 y 1749 ambas circularon por lo general a la par hasta que en el decenio 1750-1759 la poblacion rural se descolgo para dejar atras a la urbana (96). El significado de semejante comportamiento entre 1600 y 1700 puede ser objeto de dos interpretaciones. Dado que el descenso de la poblacion rural fue tan breve como modesto--desde luego en contraste con lo que al propio tiempo sucedia al norte de Despenaperros--cabria inferir que la perdida de intensidad en los mecanismos que podian haber forzado la transferencia de poblacion urbana al agro durante el siglo XVII debio ser francamente exigua, por no decir que inexistente. Las ciudades andaluzas mantuvieron, pues, el tipo porque no perdieron el caudal de funciones urbanas que traian con ellas, como si les sucedio a sus hermanas de Castilla. La segunda interpretacion que podria sugerirse es que aglomeraciones humanas como las de Andalucia, en las que una parte sustancial del vecindario--un tercio en Jaen--militaba en el sector primario, no sintieron necesidad alguna de abandonar un nicho que, mejor que otros, les garantizaba tanto la diaria subsistencia como el relevo generacional.

Como resultado, las caracteristicas mas significativas del turning-point que tuvo lugar en el transito de los siglos XVI al XVII fueron, a mi entender, dos. En primer lugar la emergencia de una inedita planta en la distribucion de la poblacion urbana que emerge con fuerza tanto en los datos del catastro de La Ensenada (Castilla) como en los del censo de Floridablanca (Espana), y que constituye ya un fenomeno familiar. Segundo: tan irreversible como fue--y sigue siendolo--el proceso de surgimiento de esta nueva planta en lo que se refiere a las areas de crecimiento urbano, lo fue tambien el declive de aquellas que antes o despues se quedaron atras y seguian sin levantar cabeza al filo del 1800. Esto ultimo fue lo que ocurrio en ambas Castillas y en Extremadura. El mapa en 1787 habia quedado mas o menos asi: el vacio urbano de la costa cantabrica se altero con la impetuosa entrada de ciudades como La Coruna, El Ferrol, Bilbao o San Sebastian. La Espana mediterranea lo hizo comenzando por Cataluna, donde a Barcelona se unieron Lerida, Reus y Mataro (esta con 9.947 habitantes). A la vieja triada valenciana (la capital, Orihuela y tal vez Jativa) se afiadieron Castellon, Elche, Alicante y Alcoy. Todas estas fueron ganancias netas; es decir: la vieja estructura urbana de los siglos XVI y XVII se doto de elementos nuevos. La misma tendencia continuo desde el reino de Murcia hasta la desembocadura del Guadiana. Caravaca, Cartagena y Lorca emergieron entonces, y de este a oeste el litoral andaluz se nutrio con Almeria, Malaga, Cadiz, San Fernando, El Puerto de Santa Maria y Sanlucar de Barrameda. En el interior ascendieron Alcala la Real, Arcos de la Frontera, Loja, Medina Sidonia, Montilla, Moron de la Frontera, Osuna, Priego, Ronda y acaso Carmona (9.911 almas). La ganancia fue neta de unos 125.000 habitantes, a pesar de algunas perdidas. Tambien se incremento la poblacion urbana de los reinos de Aragon, Mallorca y Navarra, aunque no mediante la adicion de nuevos nucleos.

Frente a estos avances la atonia fue la nota que distinguio a Extremadura. En Castilla la Nueva abandonaron el limite de 10.000 moradores Cuenca y Ocana, Toledo perdio otros 25.000 y solo Madrid registro ganancia. La poblacion urbana de Castilla la Vieja, por su parte, retrocedio desde 136.660 a 104.661 habitantes entre 1600 y 1800. Los pequenos incrementos de Burgos, Palencia, Salamanca o Zamora no bastaron para neutralizar las perdidas de Medina del Campo, Avila, Segovia o Valladolid. Dado que por el lado de las ganancias la configuracion de 1787 recoge desarrollos acaecidos a lo largo del 1700 me permitire por ahora tratar de responder al porque del lado oscuro, esto es, a insistir sobre las razones que provocaron el declive, y, en particular, por que este resulto irreversible incluso hasta mas alla del 1800 en algun caso.

Va siendo obvio que si unos nucleos de poblacion se mantuvieron o crecieron, mientras que otros parecian irremisiblemente condenados a no levantar cabeza, en ambos casos el funcionamiento del particular regimen demografico urbano debe guardar la clave explicativa de lo sucedido en uno y otro caso. Crecieron las ciudades que fueron capaces de atraer moradores, y por el contrario cayeron las que no pudieron lograrlo. La visible concentracion de los crecimientos en la costa mediterranea invita asi a relacionar lo aqui acontecido con la intensidad y precocidad de la recuperacion demografica rural y su ulterior desplazamiento hacia las urbes, o bien la permanencia y constitucion de nuevas <<agrociudades>> como las que ya existian durante el Mil Quinientos. En cualquier caso fue necesario que primero se invirtiese la tendencia negativa en el movimiento de la poblacion rural, o que tuvieran lugar notorios desplazamientos de unas regiones a otras. Uno de los casos mejor estudiados, el de Cartagena, muestra que ya durante la primera mitad del siglo XVII hubo algo de todo esto (97). En este contexto la agricultura se revelo como un valor refugio tanto en su vertiente de autosubsistencia como mercantil. Es lo que pudo haber ocurrido en Malaga o en Almeria. En la primera el balance de la natalidad fue rotundamente positivo entre 1600 y 1700, con cifras de bautismos anuales que pasan de 300 a 400 (98). En tal proceso resulto <<decisivo el flujo migratorio provincial malagueno, el procedente de otras provincias andaluzas, peninsulares y de distintos paises europeos>>. Tampoco hay duda de la <<interdependencia>> entre demografia y economia agraria de exportacion; en terminos generales se invirtio la direccion de los parametros conducentes al graveyard effect: la expansion agraria estimulo el aumento de los matrimonios, el adelanto en la edad de los contrayentes y la disminucion del celibato (99). En muchos casos las novedades de caracter mercantil del siglo XVIII se cimentaron sobre la solidez alcanzada a lo largo del XVII.

Pero en ciudades como Cuenca, Toledo o Segovia las cosas circularon de muy otra forma. Por mas que hubieran logrado retrasar unos anos la llegada de la recesion finisecular, poco despues ya no pudieron evitarlo. No creo que sea casual la coincidencia cronologica de sus respectivos declives demograficos: entre 1603 y 1606 se produce en Cuenca, Segovia se tuerce definitivamente a partir de 1605 y Palencia tras 1611. Respecto a la magnitud y duracion de lo acontecido a partir de entonces es pertinente senalar que a mediados del siglo XIX Cuenca no habia alcanzado los efectivos humanos perdidos desde entonces, y Segovia no volvio a tocar hasta 1940 el techo de poblacion que ostentaba en 1600. Algo en su interior les causaba un dano permanente, impidiendo que, como en el pasado, los flujos migratorios alimentaran su crecimiento. Apuntar hacia las vicisitudes de la industria textil como elemento clave a la hora de tratar de entender que es lo que acontecio, aqui y en otras ciudades de similar corte (Toledo, Cuenca, Avila, etcetera), parece desde luego la opcion mas sensata.

Por desgracia, y como ya se ha dicho, no es posible atisbar con un cierto rigor el curso de la produccion textil en las ciudades espanolas durante el siglo XVI. Se da por sentado el aumento de la produccion hasta mediados de los anos 1570, cuando el incremento de las alcabalas hizo que se encendieran ya algunas alarmas (100). Hubo, con todo, a partir de entonces, otros factores que pudieron haber neutralizado en parte los efectos negativos del fiscalismo. Ya me he referido a la baratura de la materia prima en razon de la caida de las exportaciones hacia Flandes, a la que al propio tiempo se anadio la creciente dificultad de acceso al mercado hispano de los <<panos de Londres>>, omnipresentes desde fines del siglo XV, como resultado de un no declarado estado de guerra a partir de 1585. Tanto la demanda domestica como la ultramarina depararon entonces una serie de buenos anos para las industrias textiles urbanas; el efecto mas inmediato de los enfrentamientos con Inglaterra y las Provincias Unidas, mas los problemas internos de Francia, fue el virtual monopolio industrial de las ciudades espanolas para su propio mercado y para el americano. Los precios pudieron contenerse porque tambien lo hizo la materia prima y los salarios nominales. Adviertase que durante este ultimo cuarto de siglo el indice de precios en Castilla la Nueva crecio al menos un 50% (101).

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Esta tendencia se quebro sin embargo con el fin de siglo. Veintenos y veintidosenos iniciaron el 1600 con sensibles aumentos. Tambien lo hizo el indice general de precios y el de las manufacturas en concreto (102). Las industrias textiles pasaban ahora por dificultades que no habian conocido desde hacia al menos dos decadas. Las contrariedades cayeron ellas en una acumulacion tan subita como intensa. Lo mas grave quiza residio en el doble efecto propinado por la apertura de los mercados ibericos. Primero Francia (1598), luego Inglaterra (1604) y finalmente las Provincias Unidas (1608) vieron abrirse sucesivamente las puertas de Espana como inmediata consecuencia de las relativas paces. Si se observa la cotizacion de la lana a partir de estos anos en adelante se comprobara el inequivoco aumento de su precio, consecuencia, por supuesto, de la reanudacion de las exportaciones. Los vellones del Monasterio de Guadalupe andaban por 22 y 23 ducados la arroba entre 1597 y 1601 y saltaron a 32 en 1602, 37 en 1603 y 40 en 1605; no bajaron de 32 hasta 1612. Hasta Florencia llego el perverso erecto de la demanda que de nuevo se habia recuperado en Francia, Inglaterra y los Paises Bajos (fieles y rebeldes).
   Io mi ricordo che quelle lane che si uendeano l'anno 1603 et 1604
   scudi 35 et 36, hoggi si uendono 40 e pio, et quelle che ualeuano
   ventotto et ventinuoue hoggi si vendono 30 et 39.


La consecuencia, anadian los diputados del Arte de la Lana en su mensaje al Gran Duque en 1619, era que <<non ha' dubio che questo alzamento ha portato et porta via l'utile>> (103).

Los <<mercantilistas>> de Toledo (entre ellos Geronimo de Ceballos) tambien sabian de que hablaban cuando propugnaban el cese de las exportaciones: la lana barata constituia el mejor combustible para echar a andar los telares de las ciudades de espana. Tres decadas mas tarde, en 1630, Jaume Damians seguia clamando contra la exportacion <<de las llanas que a[m]b tanta abundancia se cullen en los Regues de Espanya>> (104).

Al propio tiempo regresaban a Iberia, en contrapartida, las manufacturas de aquellos paises. La industria hispana quedo asi bloqueada entre los precios al alza de la materia prima y la oferta que hasta entonces se habia mantenido a raya. Pronto el risco se vio en la necesidad de reajustar la mayor parte de los arrendamientos aduaneros en vigor a tenor de las nuevas condiciones de intercambio. En julio de 1608, por ejemplo, el Consejo de Hacienda pacto un nuevo contrato para los puertos secos entre Castilla y Portugal con Enrique Alvarez Brandon que empezaria a regir en 1609 (105). Pagaria por el 40.000.000 de maravedis anuales. El ultimo arrendador (Juan Martinez de Herrera) habia ofrecido por ellos, en 1604, 64.375.000, superando los 51.500.000 pactados por el mismo Enrique Alvarez en 1600. Herrera habia quebrado. El Consejo dio por buena la rebaja ofrecida por Alvarez
   considera[n]do la gran quiebra y diminucion en que an venido estas
   rentas por falta de trato y comerzio y paces de Inglaterra y
   Francia y suspensiones de armas de Flandes, por la mayor seguridad
   con que se navegan [las] mercadurias, y que [ahora] va por mar lo
   que [antes] solia yr por tierra.


Informaciones mas precisas senalaban que hasta el momento de la paz con Inglaterra los mercaderes portugueses se abastecian de panos en Castilla, mientras que ahora lo hacian directamente en sus puertos con el viejo enemigo. Los derechos aduaneros en los puertos secos habian caido de 60 a 30 millones de maravedis entre 1601 y 1607 (106).

La penetracion de las manufacturas inglesas--y otras--no fue sin embargo un camino de rosas (107). Los primeros mercaderes ingleses que llegaron a Espana tras la firma de la paz de Somerset House encontraron no poca dificultad a la hora de colocar los panos que traian (108). El negocio no iba tal como habian previsto (<<the Trade proves nothing so beneficial as was expected>>). Las razones eran varias. Los mercaderes espanoles ya no eran los ricos de antes; incapaces de pagar al contado solo podian adquirir mercancia a credito (<<upon Days>>); no pocos quebraban antes o despues (<<many of those that have been trusted have play'd Bankrupts>>); por eso podia ser preferible volverse a casa con la mercancia que fiarse de ellos (<<some of ours have brought back their Commodities rather then they fell upon Credit>>). Senalaban, en fin, que tanto tiempo sin manufacturas foraneas les habia obligado a afanarse en la produccion, lo que ahora hacian en cantidad tal como para permitirles no depender de aquellas. Con todo, pronto encontrarian hueco ingleses y otros; y bien ancho. En 1618 Damian de Olivares se frotaba los ojos incredulo de que
   en las pazes [...] se les concediesse contratacion tan libre que
   pudiesse entrar y contaminar los tratos del Reyno, contrahaziendo y
   atajando todas las mercaderias del, de suerte que ayan atajado
   todos los tratos y oficios, y la contratacion con las Yndias, pues
   ya para ellas no se embarcan sino es mercaderias suyas (109).


Desde Cataluna, por las mismas fechas, Jaume Damians ponia en relacion directa el eventual aumento de las recaudaciones de la <<bolla [...] en lo mateix punt, ques comensaran a fabricar aquellas [robas de llana, y seda]>> y cesara el consumo de <<las robas forasteras>> (100).

Los problemas no acabaron aqui. Las industrias urbanas afrontaron tambien entonces--de modo, pues, simultaneo con los anteriores desarrollos--el inopinado aumento de los salarios nominales. Estos comenzaron a elevarse de modo apreciable desde 1602 (111). Estuviese el origen del alza en el vacio dejado por la peste atlantica, en la primera oleada de vellon, o en ambas cosas a la vez, lo cierto es que este nivel se mantuvo durante el tiempo suficiente como para solaparse con la entrada de las manufacturas foraneas y el incremento del precio de la lana. La cuenta de resultados de los hacedores de panos podia correr peligro. Damian de Olivares elaboro en 1620 un escandallo de los costes que componian la manufactura de un pano de lana. Tuvo en cuenta los de la materia prima, el esquileo, los distintos procesos de fabrica incluyendo el pago de sus derechos al veedor y por fin <<la ganancia para el hazedor>> (112). Materiales similares se conocen para 1462 y 1553 relativos a Cuenca (113). Ninguno de estos contiene, sin embargo, la aludida <<ganancia>>.

El contraste de la estructura de costes en 1620 con las de 1462 y 1553 es significativo. Dejando a un lado algunas que otras diferencias en las <<maniobras>> que presentan las fuentes, los terminos del binomio costes de manufactura/coste de la materia prima se han invertido. Ambos se han incrementado en estos anos iniciales del siglo XVII, pero los costes del trabajo mas que los de la materia prima. Los coetaneos buscaban sin embargo el remedio en una reduccion de este ultimo quiza a sabiendas de que h tendencia al alza de los salarios nominales que arranco en 1601 o 1602 no era ni tan visible ni tan facil de quebrar. En 1620 el salario nominal se mantenia en la altura que ya habia alcanzado entre 1603 y 1606. Lo mas grave, sin embargo, fue que esta elevada <<economia de las maniobras>>--sintagma con el que los ilustrados segovianos etiquetaron los costos salariales--(114) acabo consolidandose en estos niveles a causa de los tributos municipales y reales (sisas, por lo general) que gravaron a partir de entonces la cesta de la compra. Altos salarios nominales reducian el beneficio empresarial y bajos salarios reales desalentaban la emigracion a las ciudades. Tal como muestran los datos de Madrid la remuneracion de los trabajadores inicio en 1625 una tendencia que entre 1661 y 1680 habia reducido entre un 30 y un 40% su poder adquisitivo (115).

La confluencia en tan breve lapso de tiempo de tal cumulo de contrariedades resulto letal para los trabajadores, los empleadores y la economia de las ciudades mas <<activas>>. Pero lo mas grave de todo residio en que no era facil torcer su curso. Este remitia a <<factores claramente historicos, de la concreta historia politica y social del pais>> [Angel Garcia Sanz]. Se comprende asi que, como muestra el caso de Segovia, cuando hacia 1630-1639 arranque de nuevo la recuperacion demografica de los pueblos del entorno, la ciudad se antoje incapaz de ofrecer el atractivo del que dispuso en el Mil Quinientos (116). La caida a la mitad del numero de matrimonios en Toledo entre 1590-1599 y 1600-1639 es acaso el testimonio mas elocuente del subito desmantelamiento de un sistema economico-demografico que hasta entonces habia deparado excelentes dividendos (117). El cese de las corrientes migratorias fue decisivo. En Zamora el numero de matrimonios <<foraneos>> cayo desde el entorno del 15-20% en 1590-1595 a solo el 5% en 1615-1620. Algo similar vivio Valladolid (118). La misma presteza con la que ahora salian unos replicaba la que en el pasado habian utilizado otros para entrar. En los buenos anos de la primera mitad del siglo XVI, en Palencia, solo 314 vecinos de los censados en 1533 (1.429) seguian residiendo en 1548, cuando se contaron 1.208 (119).

El declive industrial modifico de forma muy sensible el perfil de un buen numero de ciudades entre 1500 y 1700, ciudades que vivieron <<una profunda agrarizacion de sus funciones economicas y probablemente tambien de su regimen demografico>> (120). Desurbanizacion y desindustrializacion caminaron de la mano. Cuenca paso de albergar en 1561 un 9,6% de vecinos ocupados en la agricultura al 29,1% en 1752 y el 37,6% en 1856 (121). En Avila el salto fue del 9,5% al 39,6% entre 1580 y 1751, mientras retrocedian tanto la industria como los servicios (122). Agricultores y ganaderos eran en Segovia el 3,7% en 1561 y el 9,3% en 1857; el sector secundario ocupaba al 75,8% en la primera fecha, pero se habia reducido a la mitad (35,5%) en la segunda (123).

En el mismo sentido villas y ciudades de ambas Castillas perdieron tambien mucho de su rol mercantil a escala regional o suprarregional. Los indicadores de la actividad comercial en su interior pierden fuelle mas temprano o mas tarde, pero dificilmente se mantienen mas alla de la decada de 1620. Se observa tanto en la meseta norte (Benavente, Medina de Rioseco, Villalon) (124) como tambien en Toledo, donde el trafico que cruzaba la puerta de Bisagra parece haberse congelado entre 1561 y 1620 para luego desplomarse hasta 1660. Igual fortuna corrieron el peso y el almotacenazgo (125). Las cuantias mas elevadas ofrecidas por el arriendo del llamado <<sitio de las tiendas>>, patrimonio del Estudio Viejo de la ciudad de Santiago, fueron las de 1609-1611 (126). Los campos parecian dar la espalda a las ciudades tanto en lo demografico como en lo economico.

No era facil encontrar remedio. Algunos contemporaneos estaban convencidos de que la osamenta de recambio con la que acaso podia mantenerse en pie el cuerpo de las republicas urbanas bien pudiera ser el sector terciario, como el ejemplo de Madrid parecia mostrar. Geronimo de Ceballos no creia que una chancilleria pudiera solucionar el declive de Toledo, pero si muchos de sus convecinos (127). En 1601 la corte se fue a Valladolid a fin de llevar un poco de oxigeno al territorio que acaso peor lo estaba pasando; la Chancilleria se movio a Medina del Campo; y Burgos acogio las ferias de pagos, reclamando ademas el asiento del Consejo de Hacienda o de la Contaduria Mayor de Cuentas. Medina, por su parte, se doto tambien de un consulado y de un tribunal de la Inquisicion (12). El experimento no funciono, si bien Juan Lopez Ossorio, autor de una celebre Historia de Medina que completo hacia 1616, atribuyo el fracaso a la brevedad del asentamiento del alto tribunal, que al poco hubo de moverse a Burgos:
   y asi se convirtio en grave dano lo que parecia provecho, porque
   todos los que pudieron y otros que buscaron modo edificaron y
   buscaron modo de otros gastos, juzgando mas permanente aquella
   merced [la chancilleria]. Y estos quedaron perdidos y la villa
   tambien, porque en seguimiento de la Real Audiencia se fueron gran
   cantidad de oficiales y gentes que hicieran falta en la villa.


Es paradojico que la misma queja suscribiera Burgos en 1606 cuando volvio a Madrid la chancilleria que desde Valladolid habia peregrinado hasta alli: <<Ha quedado [la ciudad] en peor estado que antes por el poco tiempo que ha residido y los gastos forzosos que ha habido que hacer>>, lamentaba el regimiento, que tambien anadia que tras el tribunal <<se habian ido mucha cantidad de vecinos y tratantes>> (129).

Juan E. GELABERT

Universidad de Cantabria

Correo-e: juan.gelabert@unican.es

(1.) GIL PUJOL, X.: <<Las fuerzas del rey. La generacion que leyo a Botero>>, en RIZZO, M.; RUIZ IBANEZ, J.J. y SABATINI, G. (eds.): <<Le forze del principe>>. Recursos, instrumentos y Izinites en la practica del poder soberano en los territorios de la Monarquia Hispanica, 2 vols. Murcia, 2003, II, pp. 969-1022.

(2.) CASEY, J.: Espana en la Edad Moderna. Una historia social. Valencia, 2001, p. 47.

(3.) A causa de la mentada ausencia de ciudades se apreciaba tambien una homologa insuficiencia de <<la polida y trato ciuil de ciudadanos>>. Cito por la ed. de Gerona, 1622, de la Descripcion de rodas las prouincias y Reynos del mundo en traduccion de Jaime Rebullosa.

(4.) Ambassade en Espagne et en Portugal (en 1582) de R. P. en Dieu Dom Jean Sarrazin, abbe de St-Vaast, du Conseil del tat de Sa Majeste Catbolique son premier conseiller en Artois, etc. Par Philippe de Caverel. Arras, 1860, p. 322.

(5.) DE VRIES, J.: European Urbanization, 1500-1800. Londres, 1984, pp. 39-40.

(6.) Cito por la ed. facsimil (Venecia, 1598) con epilogo de Luigi Firpo, Bolonia, 1990, p. 309. Poco despues Robert DALLINGTON (The View of Fraunce. Londres, 1604; ed. facsimil, Oxford, 1936, con introduccion de W. P. Barrett) seguia manteniendo, respecto a la grandeza, la primacia de la antiguedad: <<For I hold antiquitie to be a great honour as well to great cities, as to great Families>>; por esta razon Paris era mas grande que Londres.

(7.) Ed. de A. David Kossoff, Madrid, 1988.

(8.) KAGAN, R. L.: <<Urbs and Civitas in Sixteenth- and Seventeenth-Century Spain>>, en Buisseret, D. (ed.): Envisioning the city: Six studies in urban cartograpby. Chicago, 1998, pp. 73-108.

(9.) Delle cause, p. 210.

(10.) SCHUMPETER, J.: Historia del analisis economico. Barcelona, 1971, p. 300. La revista Population and Development Review (11, no. 2) rindio tardio tributo a Botero publicando en 1985 el libro III de Delle cause en la traduccion inglesa de Sir Richard Hawkins (Londres, 1635). Vease Poos, L. R.: <<The Historical Demography of Renaissance Europe: Recent Research and Current Issues>>, Renaissance Quarterly, 42, no. 4, 1989, pp. 794-811.

(11.) <<Natural and Political observations Made Upon the Bills of Mortality>>, en HULL, Ch. H. (ed.): The Economic Writings of Sir William Petty Togetber Witb the Observations Upon the Bills of Mortality, More Probably by Captain Jobn Graunt, 2 vols. Cambridge, 1899, I, p. 369. Existe asimismo una ed. facsimil de esta, Nueva York, 1963.

(12.) Recherches et considerations sur la population de la France, Eric Vilquin et al. (edicion y comentarios). Paris, 1994, pp. 108-109.

(13.) McINTOSH, T.: <<Urban Demography Stagnation in Early Modern Germany: A Simulation>>, Journal of Interdisciplinary History, 31, no. 4, 2001, pp. 581-612.

(14.) European Urbanization, 1500-1800. Londres, 1984, p. 29.

(15.) Estos y otros datos del genero que en lo sucesivo puedan aparecer remiten a una investigacion en curso sobre las ciudades espanolas entre 1500 y 1700.

(16.) DE VRIES: European Urbanization, p. 39. Anadase, del mismo autor, para lo que sigue, <<Renaissance Cities>>, Renaissance Quarterly, XIII (4), 1989, pp. 781-793.

(17.) Nueva Recopilacion, Ley I, tit. 18, lib. V. RUIZ MARTIN, F: <<La banca en Espana hasta 1782>>, en El banco de Espana: una historia economica. Madrid, 1970, pp. 1-192. Consigna de forma erronea el ano 1446.

(18.) DAY, J.: <<The Great Bullion Famine of the Fifteenth Century>>, Past and Present, 79, 1978, pp. 3-54.

(19.) MACKAY, A.: Moneda, precios y politica en la Castilla del siglo xv. Granada, 2006, pp. 64 y ss.

(20.) BRAUDEL, F. y SPOONER, F.: <<Prices in Europe from 1450 to 1750>>, en The Cambridge Economic History of Europe, IV. Cambridge, 1967, pp. 396-397.

(21.) Archivo General de Simancas, Contaduria Mayor de Cuentas, 1a epoca, 59, 60 y 1.316.

(22.) Mis cifras coinciden con las aportadas por LADERO QUESADA, M. A.: La hacienda real de Castilla en el siglo XVI. La Laguna, 1973, p. 116.

(23.) DE SANTIAGO FERNANDEZ, J.: Politica monetaria en Castilla durante el siglo XVII. Valladolid, 2000, pp. 29-30.

(24.) LADERO QUESADA, M. A.: <<La poblacion de Andalucia en el siglo xv. Notas provisionales>>, Anuario de Historia Economica y Social, II, 1969, pp. 479-493.

(25.) Confirmado por PONSOT, P.: <<Un cas de croissance demographique precoce: la Basse-Andalousie au XVe et au debut du XVIe<< siecle>>, Annales de Demographie Historique, 1980, pp. 143-153.

(26.) VINCENT, B.: <<Recents travaux de demographie historique en Espagne (XIVe-XVIIIe siecles)>>, Annales de Demograhie Historique, 1977, pp. 463-491.

(27.) DE VRIES: <<Renaissance Cities>>, p. 785.

(28.) Au Siecle d'Or l'Espagne et ses hommes. La population du Royaume de Castille au XVIe siecle. Paris, 1985, pp. 166-168.

(29.) SANTAMARIA, A.: <<La demografia en el contexto de Valencia. Siglo XV>>, Medievalia, 10, 1992, pp. 363-386.

(30.) Ambassade, p. 222.

(31.) El Mediterraneo y el mundo mediterraneo en la epoca de Felipe II, 2 vols. Mexico, 1953, I, p. 284.

(32.) ORMROD, W. M.: <<England in the Middle Ages>>, en BONNEY, R. (ed.): The Rise of the Fiscal State in Europe, c. 1200-1815. Oxford, 1999, pp. 19-52.

(33.) ASENJO GONZALEZ, M.: <<Propuestas que la ciudad de Burgos llevo a la Junta de ciudades con voto en Cortes>>, en NIETO SORIA, J. M. (ed.): Origenes de la Monarquia Hispanica: propaganda y legitimacion (ca. 1400-1520). Madrid, 1999, pp. 519-529.

(34.) DIAGO HERNANDO, M.: <<El problema del aprovisionamiento de lanas para la manufactura panera castellana a fines de la Edad Media>>, Anuario de Estudios Medievales, 38 (2), 2008, pp. 639-671.

(35.) CASADO ALONSO, H.: El triunfo de Mercurio. La presencia castellana en Europa (siglos XV y XVI). Burgos, 2003, p. 64.

(36.) GARCIA-BAQUERO GONZALEZ, A.: <<La Carreta de Indias en la segunda mitad del siglo XVI: el erecto especular de la nueva situacion americana,, en Las sociedades ibericas y el mar a finales del siglo XVI, IV (La Corona de Castilla). Madrid, 1998,pp. 335-357.

(37.) Archivo General de Simancas, Expedientes de Hacienda, 87.

(38.) GELABERT, J. E.: <<El funcionamiento de un mercado panero provincial: Santiago de Compostela en el siglo XVI>>, Estudis Historics i Documents deis Arxius de Protocols, X, 1982, pp. 127-143.

(39.) BENNASSAR, B.: Valladolid au siecle d'or. Une ville de Castille et sa champagne au XVIe siecle. Paris-La Haya, 1967, p. 116.

(40.) REHER, D. S.: Town and country in pre-industrial Spain. Cuenca, 1550-1750. Cambridge, 1990, p. 27.

(41.) AL-HUSSEIN, F. H. A.: <<Las ferias de Medina y el comercio de h lana: 1514-1573>>, en Historia de Medina del Campo y su tierra, 3 vols. Valladolid, 1986, II, pp. 13-42.

(42.) BRUMONT, F.: Campo y campesinos de Castilla la Vieja en tiempos de Felipe II. Madrid, 1984, p. 344.

(43.) RAHN PHILLIPS, C. y PHILLIPS, W. D.: El toison de oro espanol. Produccion y comercio de lana en las epocas medieval y moderna. Valladolid, 2005, pp. 344-345.

(44.) IRADIEL MURUGARREN, P.: Evolucion de la industria textil castellana en los siglos XIII-XVI. Factores de desarrollo, organizacion y costes de la produccion manufacturera en Cuenca. Salamanca, 1974, pp. 218 y ss.

(45.) DEYON, P.: Amiens, capitale provinciale: etude sur la societe urbaine au 17e siecle. Paris, 1967, <<Entrees en apprentisage>> y <<Aide de la saiterie>>, pp. 34 y 35.

(46.) FORTEA PEREZ, J. I.: Cordoba en el siglo XVI: las bases demograficas y economicas de una expansion urbana. Cordoba, 1981, p. 389.

(47.) GARCIA SANZ, A.: <<Castilla, 1580-1650: crisis economica y politica de "reformacion">>, en ELLIOTT, J. H. y GARCIA SANZ, A. (eds.): La Espana del Conde Duque de Olivares. Valladolid, 1990, pp. 495-515.

(48.) GARCIA ESPUCHE, A.: Un siglo decisivo: Barcelona y Cataluna, 1550-1640. Madrid, 1998, p. 122.

(49.) FRACH BEVANENT, R.: Del <<vellut>> al espolin. Estudios sobre la industria valenciana de la seda en la Edad Moderna. Valencia, 2012, p. 70.

(50.) CROFT, P.: The Spanish Company. Londres, 1963, p. vii.

(51.) LADERO QUESADA, M. A.: <<Almojarifazgo sevillano y comercio exterior de Andalucia en el siglo XV, Anuario de Historia Economica y Social, II, 1969, pp. 69-115.

(52.) GELABERT, J. E.: <<Volumenes y valores. Las aduanas de Sevilla entre 1595 y 1609>>, en Estudios de Historia Moderna en homenaje al profesor Antonio Garcia-Baquero. Sevilla, 2009, pp. 101-124.

(53.) Calendar of the Manuscripts of the Most Honourable the Marquess of Salisbury ..., vol. XX. M. S. Giuseppe (ed.). Londres, 1968, pp. 184-186.

(54.) CHAUNU, H. y P.: Seville et l'Atlantique (1504-1650), 11 vols. Paris, 1955-1959, IV, pp. 252-256 (sesenta y siete navios).

(55.) GARCIA-BAQUERO: <<La Carrera de Indias ...>>, p. 348.

(56.) VILAR, P.: Catalunya dins l'Espanya Moderna. Recerques sobre els fonaments economics de les estructures nacionals, 4 vols. 3a. ed. Barcelona, 1968, II, p. 253.

(57.) CASTILLO PINTADO, A.: Trafico maritimo y comercio de importacion en Valencia a comienzos del siglo XVII. Madrid, 1967, p. 45.

(58.) Del mismo: <<La coyuntura de h economia valenciana en los siglos XVI y XVII>>, Anuario de Historia Economica y Social, II, 1969, pp. 239-288.

(59.) L'economie mondiale et les frappes monetaires en France, 1493-1680. Paris, 1956, p. 56.

(60.) WOLFE, M.: The Fiscal System of Renaissance France. New Haven-Londres, 1972, pp. 92-94.

(61.) HAMILTON, E. J.: American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650. Cambridge (Mass.), 1934, p. 34.

(62.) DE CARLOS MORALES, C. J.: <<Mercado financiero y credito del soberano en el transito de Carlos V a Felipe II. La intervencion en los tipos de cambio mediante las pragmaticas de 1551-1557>>, Studia Historica. Historia Moderna, XXV, 2003, pp. 269-309.

(63.) Corpus Documental de Carlos V, 4 vols. Manuel Fernandez Alvarez (ed.). Salamanca, 1973-1979, III, pp. 496-515 (Carlos a Felipe; 7, octubre, 1552).

(64.) ESPEJO, C. y PAZ, J.: Las antiguas ferias de Medina del Campo. Investigacion historica acerca de ellas. Valladolid, 1908, pp. 91-92. Sobre las reuniones entre teologos, banqueros y consejeros de Castilla y hacienda, Corpus, III, pp. 570-571. Las vicisitudes de la pragmatica en cuestion: DEL VIGO, A.: Cambistas, mercaderes y banqueros en el siglo de oro espanol. Madrid, 1997, pp. 54 y ss.

(65.) RUIZ MARTIN: <<La banca>>, pp. 22-27.

(66.) Corpus, III, pp. 496-515.

(67.) Corpus, III, pp. 596-599.

(68.) ESPEJO y PAZ: Las antiguas ferias, p. 265.

(69.) BURGON, J. W.: The Life and Works of Sir Thomas Gresham, 2 vols. Londres, 1839, II, pp. 149 y ss.

(70.) Los banqueros a quienes iban dirigidas las letras que portaba Gresham eran: Anton Fugger, Gaspar Schedt, Ottavio Lomelin, Juan de Mantansse (?Matienzo?), Juan Lopez Gallo, Antonio Spinoh y Federigo Imperiale.

(71.) AL-HUSSEIN, F. H. A.: <<Las quiebras de los hombres de negocios castellanos>>, en Historia de Medina del Campo y su tierra, 3 vols. Valladolid, 1986, II, pp. 260-265.

(72.) Corpus, loc. cit., nota 50.

(73.) Archivo General de Simancas, Consejo y Juntas de Hacienda, 45 (280).

(74.) AUGERON, M.: <<Coligny et les espagnols a travers la course (c. 1560-1572): une politique maritime au service de la cause protestante>>, en CERRA M. y MARTINIERE, G. (eds.): Coligny, les protestants et la mer. Paris, 1997, pp. 155-176.

(75.) FERNANDEZ DE PINEDO Y FERNANDEZ, E.: <<Los altibajos mercantiles del Consulado de Bilbao en los anos 80 y 90>>, en Las sociedades ibericas y el mar a finales del siglo XVI. IV (La corona de Castilla). Madrid, 1998, pp. 115-135.

(76.) KAGAN, R. L.: Lawsuits and litigants in Castile (1500-1700). Chapel Hill (NC), 1981, p. 169.

(77.) Ibidem, p. 7.

(78.) RODRIGUEZ Y FERNANDEZ, I. (ed.): Historia de la muy noble, muy leal y coronada villa de Medina del Campo: conforme a varios documentos y notas a ellos pertinentes. Madrid, 1903-1904.

(79.) Ibidem, p. 400.

(80.) RUIZ MARTIN, F.: <<Las ferias de Castilla>>, en Historia de Medina del Campo y su Tierra, 3 vols. Medina del Campo, 1986, II, p. 274.

(81.) ZABALA AGUIRRE P.: Las alcabalas y la hacienda real en Castilla (siglo XVI). Santander, 2000, pp. 224-229.

(82.) MARCOS MARTIN, A.: <<Movimientos migratorios y tendencias demograficas en Castilla la Vieja y Leon a lo largo de la Edad Moderna>>, en I Conferencia Europea de la Comision Internacional de Demografia Historica. Santiago de Compostela, 1993, pp. 151-187.

(83.) RINGROSE, D. R.: Madrid y la economia espanola: 1560-1850. Ciudad, corte y pais en el Antiguo Regimen. Madrid, 1985.

(84.) REHER: Town and country, p. 26.

(85.) Ibidem, pp. 24 y 60-61.

(86.) Ibidem, p. 64.

(87.) McINTOSH: <<Urban Demography>>, p. 582.

(88.) VELA SANTAMARIA, F. J. y MARCOS MARTIN, A.: <<Las grandes ciudades campesinas de Andalucia Occidental en el siglo XVI. El caso de Jerez de la Frontera>>, en Andalucia Moderna (siglos XVI-XVII), Actas del I Congreso de Historia de Andalucia. Cordoba, 1978, pp. 403-417.

(89.) CORONAS TEJADA, L.: Jaen, siglo XVII. Biografia de una ciudad en la decadencia de Espana. Jaen, 1994, pp. 405 y ss.

(90.) FORTEA PEREZ: Cordoba, pp. 159 y ss.

(91.) VINCENT, B.: <<L'Albaicin de Grenade au XVIe siecle (1527-1587)>>, Melanges de la Casa de Velazquez, 1971, pp. 187-222.

(92.) CORONAS TEJADA: Jaen, pp. 114 y ss.

(93.) PEREZ GARCIA, J. M.: <<La evolucion de la poblacion andaluza en la Edad Moderna>>, en Andalucia Moderna (I), Actas del II Congreso de Historia de Andalucia. Cordoba, 1995, pp. 29.47.

(94.) ARANDA, F. J.: Jeronimo de Ceballos: un hombre grave para la Republica. Vida y obra de un hidalgo del saber em la Espana del Siglo de Oro. Cordoba, 2001, p. 237.

(95.) Biblioteca Nacional de Espana, Varios Especiales, C, 200-19.

(96.) PEREZ GARCIA: <<La evolucion>>, tabla 3 y grafico 2.

(97.) TORRES SANCHEZ R.: <<Decadencia demografica castellana y migracion. La emigracion hacia la periferia levantina en el transito al siglo XVII>>, en NADAL OLLER, J. (ed.): La evolucion demografica bajo los Austrias. Alicante, 1991, pp. 135-151.

(98.) RODRIGUEZ ALEMAN, I.: La poblacion de Malaga en el siglo XVII. Malaga, 2003, p. 223.

(99.) Ibidem, p. 382.

(100.) ZABALA AGUIRRE: Las alcabalas, pp. 199 y ss.

(101.) MARTIN ACENA, P.: <<Los precios en Europa durante los siglos XVI y XVII: estudio comparativo>>, Revista de Historia Economica, X (3), 1992, pp. 359-395.

(102.) Ibidem, pp. 369-370 y 389.

(103.) Archivio di Stato di Firenze, Arte della Lana, F. 447, C. 155 (8, enero, 1619).

(104.) Vot de Jaume Damians, conceller ..., Biblioteca de Cataluna, folleto Bonsoms, 5.404, f. 2.

(105.) Archivo General de Simancas, Consejo y Juntas de Hacienda, 482 (8).

(106.) GUTIERREZ NIETO, J. I.: <<El sistema fiscal de la monarquia de Felipe IV>>, en La Espana de Felipe IV, Historia de Espana dirigida por don Ramon Menendez Pidal, XXV. Madrid, 1982, pp. 257-332.

(107.) TAYLOR, H. I.: <<English Merchants and Spanish Prices about 1600>>, en Fremde Kaufleute auf der Iberischen Halbinsel, Herausgegeben von Hermann Kellenbenz. Colonia, 1970, pp. 252-264.

(108.) Memorials of Affairs of State..., 3 vols. Sir Ralph Winwood (ed.). Londres, 1725; Sir Henry Neville a Sir Ralph Winwood, II, pp. 37-38 (8, diciembre, 1604).

(109.) A la imperial ciudad de Toledo: Damian de Olivares, Apuntamientos para declaracion de su parecer, s. 14 s. f. Ha tratado de ello THOMSON, J. K. J.: <<Proto-industrialization in Spain>>, en European proto-industrialization: an introductory handbook. Cambridge-Nueva York, 1996, pp. 85-101.

(110.) Vot de Jaume Damians, f. 4. Vease al respecto de las recaudaciones de la bolla: DURAN I PUJOL, M.: <<Els arrendaments dels drets de bolla: un indicador valid per mesurar la produccion i el consum de teixits?>>, Butlleti de la Societat Catalana d'Estudis Historics, XIV, 2003, pp. 9-39. La linea ascendente en la trayectoria <<es trenca a partir deis primers anys del segle XVII, quan el valor de la recaptacio entra en un proces de caiguda tenta>>.

(111.) REHER, D. S. y BALLESTEROS DONCEL, E.: <<Precios y salarios en Castilla la Nueva: la construccion de un indice de salarios reales, 1501-1991>>, Revista de Historia Economica, XI (1), 1993, pp. 101-154; en concreto, p. 132.

(112.) Memorial de Damian de Olibares, natural de la ciudad de Toledo. El primero que dio aruitrio ..., s. f., s. l., pero con indicacion final: <<Madrid y Iulio 27. de 1620. anos>>.

(113.) IRADIEL MURUGARREN: Evolucion, pp. 217 y ss.

(114.) GARCIA SANZ, A.: <<Competitivos en lanas, pero no en panos: lana para la exportacion y lana para los telares nacionales en la Espana del Antiguo Regimen>>, Revista de Historia Economica, XII (2), 1994, pp. 397-434.

(115.) ANDRES UCENDO, J. I. y LANZA GARCIA, R.: <<Urban taxation, prices, real wages and economic growth in XVIIth century Castile: the case of Madrid>>, en XVth World Economic History Congress. Utrecht, August 3-7th, 2009.

(116.) GARCIA, SANZ, A.: <<Poblacion e industria textil en una ciudad de Castilla: Segovia, 1530-1750>>, en NADAL OLLER, J. (ed.): La evolucion demografica bajo los Austrias. Alicante, 1991, pp. 153-168.

(117.) MONTEMAYOR, J.: Tolede entre fortune et declin (1530-1640). Limoges, 1996, pp. 441-443.

(118.) MARCOS MARTIN: <<Movimientos migratorios>>, p. 167.

(119.) Ibidem, p. 183.

(120.) LANZA GARCIA, R.: <<El vecindario de 1683: una fuente inedita para el estudio de h poblacion de la Corona de Castilla>>, Revista de Historia Economica, XXIII (2), 2005, pp. 335-369.

(121.) REHER: Town and country, p. 27.

(122.) TAPIA SANCHEZ, S. de: <<Estructura ocupacional de Avila en el siglo XVI >>, en El pasado historico de Castilla y Leon, 3 vols. Valladolid, 1983, II, pp. 201-223.

(123.) PEREZ MOREDA, V.: <<La poblacion de la ciudad de Segovia en las epocas moderna y contemporanea>>, en Actas del Congreso de Historia de la Ciudad. Segovia, 1088-1988. Valladolid, 1991, pp. 721-736.

(124.) YUN CASALILLA, B.: <<Ferias y mercados; indicadores y coyuntura comercial en la vertiente norte del Duero. Siglos XVI-XVII>>, Investigaciones Historicas, 4, 1983, pp. 51-82.

(125.) MONTEMAYOR, J.: <<Une conjoncture municipale: les propios de Tolede (1540-1660)>>, Melanges de la Casa de Velazquez, XVII, 1981, pp. 183-204.

(126.) GELABERT, J. E.: Santiago y la tierra de Santiago de 1500 a 1640. La Coruna, 1982, p. 267.

(127.) El Doctor Garcia Herrera de Contreas, suplica a la Imperial ciudad de Toledo, mande ver este breve discurso, Toledo, 1618. Biblioteca de la Fundacion Lazaro Galdiano, inv. 12.340 (12).

(128.) PHILLIPS, C. R. y PHILLIPS, W. D.: <<The Castilian Fairs in Burgos, 1601-1604>>, The Journal of European Economic History, VI, 1977, pp. 413-429.

(129.) MARCOS MARTIN: <<Movimientos migratorios>>, p. 165.
TABLA I. Poblacion urbana en la Corona de Castilla (habitantes)

Regiones              1530       1561       1591

Andalucia            281.491    417.624    436.012
Castilla la Nueva     46.084     93.428    166.940
Castilla la Veja     117.361    140.524    136.660
Murcia                23.841     28.768     33.892
Extremadura            8.654     11.380     11.220
Costa Cantabrica       5.832                 7.284
Total *              477.431    691.724    784.724

* Excluida la Costa Cantabrica.

TABLA 2. Materia prima, salarios y beneficios
en la fabricacion de un pano de lana en Toledo (1620)

10 arrobas de lana              410 reales (22,3%)     410 (24%)
Esquileo                        50 reales (2,7%)       50 (3%)
Manufactura                     1.262 reales (68,5)    1.262 (73%)
<<Ganancia para el hacedor>>    121 reales (6,5%)
TOTAL                           1.843 reales           1.722
                                (volver)

TABLA 3. Materia prima y costes salariales en 1462, 1553 y 1620

                  1462      1553      1620

Materia prima    35,74%    34,51%    26,5%
Manufactura      64,24     65,47     73,5
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Author:Gelabert, Juan E.
Publication:Studia Historica. Historia Moderna
Date:Jan 1, 2012
Words:17732
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