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La educacion de una novicia capuchina.

A pesar del gran interes que existe hoy en dia por los escritos de religiosas hispanoamericanas y el estudio de la vida conventual, uno de sus aspectos menos estudiados es el del periodo del noviciado. Este periodo se extiende desde la entrada de la novicia en el convento y la toma del velo blanco hasta su profesion oficial, cuando se convierte en la esposa de Cristo y se hace merecedora del velo negro que la distinguira para siempre como tal. El noviciado tomaba al menos un ano, tras el cual la comunidad decidia si la novicia habia demostrado las condiciones requeridas por su maestra para incorporarse al convento de por vida. Este periodo tuvo que haber infundido un gran temor en las aspirantes a religiosas. La mayoria de ellas eran usualmente jovenes entre 15 y 20 anos que habian vivido una vida piadosa y retirada en sus hogares y su traslado al convento como novicias significaba la primera vez que salian del seno de los mismos para someterse a una prueba tan importante de su caracter. Desde luego hubo muchas jovenes acostumbradas a una vida conventual --aquellas que se habian criado desde ninas dentro del claustro. Sin embargo, aun su familiaridad espacial y social con el convento y su rutina diaria no restaria importancia al noviciado como preambulo de la profesion religiosa. Las religiosas de la orden capuchina, cuyo Directorio es el objeto de este estudio, no aceptaban ninas educandas. Este documento asumia, correctamente, que la novedad del noviciado implicaba un verdadero desarraigo de la vida hogarena. (1)

Varios autores eclesiasticos tomaron la pluma para ayudar a las novicias de varias ordenes a comprender sus nuevas obligaciones y prepararlas para la vida religiosa. Asumian que en ese proceso los directores espirituales tendrian una gran influencia. En el siglo XVII novohispano el jesuita Antonio Nunez de Miranda (16181695), bien conocido por su relacion con Sor Juana Ines de la Cruz, escribio una Cartilla de doctrina religiosa (1690) para jovenes que se presume contemplaban la vida religiosa. En Espana, el franciscano Fr. Antonio Arbiol (1651-1726) dedico una obra de mas de 600 paginas, La Religiosa Instruida (1709), a estudiar y explicar todos los detalles materiales y espirituales de la vida de las religiosas, prestando especial atencion a las novicias y el periodo de noviciado. (2)

Un manuscrito que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Espana (BNE) y que data del 1744, escrito por sor Manuela de San Antonio del convento de San Bernardo en Mexico, introduce la pluma femenina en ese proceso pedagogico, explicando la Regla de su orden para sus hermanas en religion. Mas tarde, en 1774, otra pequena obra inedita dirigida a una dona Marianita, novicia en un convento que desconocemos, y que tambien se encuentra en la BNE con el titulo de "Carta espiritual anonima a la hermana Dona Maria Josefa," nos indica que el interes por orientar a las novicias seguia en pie. Ya a finales del siglo XVIII aparece otra obra en Madrid, traducida del italiano, Discursos escriturales y morales, del jesuita Cesar Calino, que se dirigia a las jovenes que deseaban ser religiosas y a las novicias. (3)

La escritura de reglas precisas para cada orden femenina y las guias de confesores de monjas en su labor de direccion espiritual fueron, pues, una preocupacion constante de la iglesia desde el siglo XIV. (4) Lo que distingue al Directorio para novicias capuchinas de Mexico de otros es que fue escrito por el capellan del convento, Cayetano Antonio de Torres. Es una obra que tomo en cuenta las caracteristicas y los fines especiales de las franciscanas capuchinas.

El convento de San Felipe de Jesus se fundo en 1666, diez anos despues que la idea fuera propuesta por el arzobispo Mateo Saga de Bugueiro. Su patrona y fundadora, Isabel Barrera, era la viuda del rico comerciante Simon de Haro. Ambos patrones buscaron la estrechez de la vida capuchina para la Nueva Espana en un siglo en el cual se valoraban el ascetismo y rigor de las ordenes "reformadas" que seguian una vida de negacion de comodidades mundanas y dedicacion a la oracion. Las fundadoras llegaron de Espana a la ciudad de Mexico tras una corta estancia en Puebla. La historia del convento fue recogida por Ignacio de la Pena en su Trono Mexicano, cronica de la fundacion que no vio la luz sino hasta comienzos del siglo XX. (5)

Tras la muerte de la religiosa electa como primera abadesa, el convento fue dirigido por treinta anos por una figura casi legendaria, Sor Lorenza Bernarda, mujer de recio caracter que guio la institucion con la rectitud que se esperaba de su instituto. Sabemos poco de Sor Lorenza Bernarda de quien, al parecer, no se escribio una biografia. Quedan varias cartas que intercambio con Ana Francisca de Zuniga, acomodada vecina de Puebla que sonaba con la fundacion de un convento capuchino en esa ciudad y quien murio sin lograrlo. En esa correspondencia la abadesa hablaba extensivamente sobre las novicias y el noviciado, lo cual nos indica cuanta importancia le dio esa fundadora a esa experiencia (Lavrin, "La celda y el siglo" 139-59).

La obra que nos ocupa hoy es un manuscrito que ha recibido poca atencion y que jamas vio la luz publica, aunque es obvio que la intencion de su autor fue la de verlo impreso con el titulo de Directorio para las Novicias de este Convento de San Felipe de Jesus, Pobres Capuchinas de Mexico (Directorio). Las 514 hojas manuscritas de un solo puno estan divididas en dos partes, la primera de las cuales tiene diez capitulos mientras que la segunda carece de ordenacion interior. Tambien carece de fecha, y al final aparece la firma de su autor: "tu mas Amante Padre, Cayetano Antonio de Torres." Es posible que este manuscrito sea una "modernizacion" o reinterpretacion muy personal de un Directorio impreso sobre la vida capuchina que menciona Josefina Muriel (203-05). Aunque la dedicacion usa el "tu" como adjetivo personal no creo estuviera dedicado a ninguna novicia en particular, sino que el autor lo utilizo de modo generico a todas sus discipulas, a quienes posiblemente "tutearia" como lo haria una persona de mayor edad a jovenes principiantes.

El autor, Cayetano Antonio Torres (1719-1787), pertenecia a la elite ilustrada criolla. En el Archivo General de la Nacion de Mexico (AGN) se encuentra un legajo con datos sobre el y su hermano, Luis Antonio, incluyendo un dictamen canonico de Cayetano Antonio, quien fue canonigo de la catedral y como doctor en teologia dictaminaba sobre la ortodoxia de escritos de caracter religioso para la Inquisicion (Ramo Inquisicion, Vol. 1126, exp. 52, fols. 355-392v). Ambos hermanos fueron educados por los jesuitas y fueron fervientes guadalupanos. Cayetano Antonio fue cancelario de la universidad, la persona que tenia la autoridad pontificia y regia para otorgar los grados academicos. Fue ademas un conocido predicador, de quien nos han quedado varios sermones funebres. Torres fallecio en 1787 y se conoce, al menos, un sermon funerario en su memoria. (6)

Es posible que la tarea que mas apreciara en su vida Cayetano Antonio fuera la de cuidar de la salud espiritual de las capuchinas de la ciudad de Mexico. Sabemos que ellas retribuian su carino. Tenemos como prueba un coloquio teatral ("Coloquio de las madres capuchinas...") representado en el convento en vispera navidena y dedicado a su querido capellan. Esta pequena obra, que permanece inedita, tiene varios personajes alegoricos. Gira precisamente alrededor de la profesion y vida de varias novicias y expone las aprensiones y dudas que las mismas tenian acerca de su profesion y su vocacion (Lavrin, Brides of Christ 310-49). (7) Los personajes son Virtud Agradecida, Buen Consejo, Recelo, Alma Conturbada y Alma Atormentada. Buen Consejo simbolizaria a Torres, quien al final calma las dudas de las novicias acerca de su destino como religiosas. En el Coloquio a Torres se le elogia como esclarecido hombre, de tantos y brillantes meritos que hubiera podido llegar a ser Papa si la Nueva Espana no estuviera tan lejos de Roma. La adulacion es sincera. Quien asi era elogiado dedico muchos anos a la direccion espiritual del convento, y en su Directorio recordaba a todas las mujeres ejemplares que habian sido sus hijas espirituales. De una de ellas, la madre Maria Leocadia conocemos una biografia. (8)

Torres cuenta al lector que habia tenido la intencion de escribir esta obra por mucho tiempo, pero sus ocupaciones como capellan del convento, y otras que no menciona pero que conocemos por sus actividades como predicador y teologo, le habian impedido poner manos a la obra. Al fin, en un momento determinado cuya fecha ignoramos, se decidio a no posponer mas ese deber. Torres explica prolijamente cuales fueron los motivos que lo impulsaron a escribir. En su opinion, la educacion de una novicia merecia el mayor cuidado porque el noviciado era un momento critico para la adquisicion de virtudes que durarian a traves de toda la vida religiosa. Su juicio seguia las normas establecidas por otros autores eclesiasticos tanto en Europa como en Nueva Espana, pero la ruta de Torres tiene un cariz jesuitico. Bajo la influencia de Torres las capuchinas de Mexico estuvieron inmersas en las practicas piadosas y el imaginario religioso de los jesuitas. Aunque carecemos de informacion sobre la fecha de escritura del Directorio, es posible que el mismo haya sido escrito antes de 1767, ano de la expulsion de la Compania, ya que Torres recomienda autores jesuitas y ofrece como modelos algunos santos de la misma orden. (9) Tambien puede explicarse el caracter inedito de esta obra precisamente por su corte jesuitico, lo que la haria non grata despues de la expulsion.

De entrada, Torres establece la importancia de la crianza en el seno familiar. Era en casa de sus padres donde se formaria la base del caracter de la nina, en el cual se habria de imprimir la "urbanidad" o modo de conducta apropiada para su sexo y estado. La nina a quien sus padres no dieran una buena crianza basada en la obediencia y el acato a la autoridad seria una novicia dificil. Quien asi llegara al convento no podria aprender perfectamente la urbanidad y disciplina religiosa que convenia tener para hacer con prontitud, asiento, y obediencia los menesteres y cosas del convento (Directorio, fol. 11). Era importante que, al aspirar a profesar, la novicia trajera consigo una solida educacion cristiana que seria pulida por su director espiritual tras la profesion. No era sencillamente cuestion de tener fervor religioso sino de cumplir con los deberes de la religion bajo la direccion de su mentor. Desde el principio de su obra, Torres distingue entre un mero confesor y un director espiritual, siendo el segundo quien realmente moldeaba a sus pupilas. La novicia tenia mucho que aprender en ese periodo y el convento y su director espiritual no debian tener que emplear su tiempo ensenandoles a las aspirantes la observancia de virtudes que ya debian haber adquirido antes de su entrada al convento. Torres confirmaba lo que la madre Lorenza Bernarda ya habia dicho anteriormente en su correspondencia con Francisca de Zuniga en 1689. La abadesa se hubiera entendido muy bien con el. Segun ella, las mejores novicias traian ya la vocacion en la sangre. La tarea de la Madre superiora era la de aquilatar el caracter de las novicias, siendo la perseverancia y la disposicion a aceptar la disciplina virtudes que habia de poseer toda aspirante a religiosa. (10)

La abadesa y el padre espiritual debian tener un buen entendimiento sobre la aptitud y disposicion de las novicias, y Torres insinua que el Directorio fue producto de una consulta con la abadesa, de la cual resulto una "Instruccion" que al parecer se ha perdido. Torres opinaba que era imprescindible abrir los ojos de las novicias sobre el significado de la vida capuchina, de modo que ninguna pudiera alegar ignorancia de sus condiciones una vez dentro del convento (Directorio, fols. 15-17). Pero al mismo tiempo que amonesta a las novicias hace responsables a las monjas profesas del cuidado en la seleccion de las mismas. Asi les dice:
   Yo encargo una y mil veces, y aconsejo como unico, cierto y total
   remedio de la quietud de la union, y del mayor progreso en las
   virtudes que deben florecer al gusto de Dios en esta Santa Casa,
   que siempre se ponga sumo estudio y el mayor cuidado en la admision
   de las novicias. (Directorio, fol. 18)


Al parecer las Capuchinas tenian por muy cierto que la vida estrecha de su instituto demandaba jovenes robustas y sanas. Torres difiere. Para el, la robustez fisica no era tan importante como el caracter personal, cuyas caracteristicas fundamentales eran humildad y docilidad. La indocil, voluntariosa o terca no tenia cabida dentro de la orden por muy robusta que fuera. Torres estaba en buena compania cuando recalcaba estas cualidades. Las palabras de algunas maestras de novicias no capuchinas que han llegado hasta nosotros lamentaban el genio indocil de las doncellas a su cargo (Myers y Powell 136-39; 189-94).

Torres dividia la educacion de la novicia entre quienes la tenian a cargo: la maestra de novicias y el padre espiritual. Su descripcion de la tarea de la maestra coincide con la informacion que nos ha llegado de la pluma de aquellas que lo fueron. De entrada, la maestra instruia a las novicias en todas las rutinas de la vida interior y los ceremoniales y obligaciones del convento tal y cual la establecian las Reglas del mismo. La observancia de la Reglas era el fundamento del orden interior del convento. La maestra seria una jardinera que sabria aplicar tanto la disciplina como el amor a sus novicias:

Son plantas tiernas y recien nacidas que piden la blanda mano de una jardinera que las riegue con amor, que las enderece con suavidad si se van torciendo, que les quite mansamente los gusanitos, y otros inocentes que pueden acaso roerlas o corromperlas o el tallo o las hojas. Esto es lo que piden, y no la recia mano de una hortelana, que con dureza las pode, que con poca cautela las desarruine o que las arranque con violencia. Pero por otro lado debe considerar que estas mismas plantas tiernas las cultiva para un vergel que siempre ha de estar poblado de espinas, y de abrojos; y para que aprendan a sufrir esta vida mortificada no se deben tratar con demasiada delicadeza. (Directorio, fols. 30-31)

La responsabilidad de la maestra de novicias era hallar esa dificil armonia dentro de si misma para saber como controlar su propio caracter de pedagoga y acercarse al ideal de tener "un puno muy acertado, y una prudencia muy mesurada." Aunque Torres reconocia la importancia de la labor de la maestra de novicias en el entrenamiento de la vida dentro del convento, se adjudicaba a si mismo la importante direccion espiritual, asumiendo una posicion caracteristica del hombre dieciochesco, que no cedia la supremacia de su labor, ni concedia direccion espiritual a la maestra. A pesar de establecer el peso de su autoridad, Torres no explicita nada respecto a como desarrollaba su papel de maestro espiritual, limitandose a establecer que era labor del confesionario. En su actitud paternalista no diferia mucho de Fr. Antonio Arbiol, o de Antonio Nunez de Miranda, quienes no dejaban dudas que el director espiritual era quien llevaba las riendas de sus hijas en asuntos que trascendian la observancia de la regla o la disciplina conventual (Bravo 52-62).

A pesar de ese mutismo teorico respecto a la labor del director espiritual, la lectura de este Directorio nos ofrece una vision muy clara de lo que Torres estimaba seria la educacion espiritual de la novicia. La primera leccion que impartia a sus pupilas era la importancia de la lectura y la reflexion sobre lo que leian. El Directorio nos ofrece la lista de sus libros favoritos: La Filotea o Introduccion a la Vida Devota y el Directorio de San Francisco de Sales eran fundamentales. (11) De Sales, Torres dice que "no tiene letra que no sea de oro y con su metodo y claridad que hace de la virtud sumamente facil y asequible" (Directorio, fols. 50 y ss.).

Para que se fueran aficionando a la devocion de Maria, los sabados las capuchinas leerian a la Madre Maria de Jesus de Agreda (1602-1665), o De la Aficion y Amor de Maria (1630) del prolifico padre Juan Eusebio Nieremberg, S.J. (1595-1658) y Virtudes de la Virgen en el Templo, del cual Torres dice, "reduje yo a breve metodo para el uso de la Comunidad" (J. Tercero). La Madre Agreda (1602-1665), autora de La Mistica Ciudad de Dios (1670), fue muy popular en los conventos femeninos novohispanos. Otras lecturas recomendables serian las de Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Juan de Avila, fray Luis de Granada, Luis de la Puente, asi como el Mana del Alma del padre Paolo Segneri. (12) En estas recomendaciones hay lecturas devocionales y de educacion en la vida conventual. De ellas Torres pasa a obras didacticas de mas vuelo intelectual, como las de la Madre Agreda, y a las misticas devocionales, como las de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Su insistencia en obras de instruccion cristiana como las de Segneri y Nieremberg indican que Torres no deseaba iniciar a sus novicias en mistica, sino en devocion.

La naturaleza de la educacion religiosa capuchina era devocional, pero con la posibilidad de ampliar el campo afectivo-intelectual de la novicia que tuviera mayores urgencias de conocimiento, siempre dentro de la ortodoxia catolica (Nieremberg, Obras Christianas). Cabe recordar aqui a la madre Maria Marcela Soria, capuchina queretana de mediados del siglo XVIII y autora de una autobiografia espiritual, quien confesaba que sus multiples ocupaciones en el convento no le dejaban mucho tiempo para la lectura (Lavrin, "Maria Marcela Soria" 74-116). Sin embargo, no hay que imaginar un claustro poblado de frustradas Sor Juanas. (13) No se entraba a ser capuchina para recibir una educacion en letras sagradas. La absoluta mayoria de las religiosas no estaban entrenadas en teologia, y los libros que leian eran para profundizar su fe y su apego al canon catolico. No es de esperarse que los conventos capuchinos femeninos tuvieran bibliotecas comparables a las de algunos conventos de hombres. Por otra parte, si Torres menciona estas obras como lecturas pedagogicas es indudable que el convento debia tener ejemplares de las mismas. Tambien es de observarse la dependencia de obras del siglo XVII, lo que sugiere una formacion espiritual de corte tradicional sin innovaciones intelectuales.

El destino que la iglesia deparaba a las profesas capuchinas se trasluce en el texto de Torres y era el de adquirir las virtudes que caracterizaban la vida de su instituto. Pero antes de proseguir a su discusion, Torres comienza por amonestar a las novicias sobre las "tentaciones" que las esperaban en el convento. No eran estas tentaciones como las de los seculares, sino aquellas que se experimentarian en el proceso de alcanzar los objetivos de la observancia. La primera tentacion era la de echar de menos a sus padres. Torres les recuerda que el llamado de Dios implicaba sufrir el dolor de la separacion. Los beneficios de la llamada de Dios eran mas valiosos y mayores que todos los que les hubieran podido dar sus padres. Por su parte, los padres recibian mas beneficio de tener una hija en religion que de tenerla en cualquier otro estado. Una novicia que dejara el convento proporcionaria a sus padres un dolor mayor que el que hubieran experimentado al verla dejar la casa paterna. Quienes amaban a sus padres persistirian en su eleccion. Asi, Torres desterraba cualquier deseo de retorno al hogar haciendo sentirse culpable a la novicia por el dolor que sufririan los padres si fallaba en su empresa.

La segunda tentacion era la de sentirse incapaz de atenerse a la vida regimentada del convento y aceptar la nueva disciplina de actividades, comida y descanso. A pesar de cualquier instruccion preparatoria para la vida conventual, Torres comprendia que una vez dentro del mismo la novicia podia tener decepciones y dudas. Su magisterio seguramente le habria dado la oportunidad de oir confesiones de sequedad espiritual y dudas sobre la vocacion. Para persuadir a las novicias les advierte en su obra que tales sentimientos eran obras del demonio para tentarlas, recordandoles asimismo que la opcion de entrar fue propia y hecha libremente. La novicia debia tomar ejemplo de las demas religiosas y buscar consuelo en ellas. Torres revela cierta dureza en su admonicion en esta etapa: quien entre al convento, sepa a que atenerse. Ademas de observar la ejemplaridad de otras religiosas, la novicia debia leer obras como el Contemptus Mundi de Gerson para aprender a rechazar la atraccion de valores mundanos como el prestigio, poder, o amor propio. (14) La conviccion de que se debia sufrir para conseguir la vida eterna seguia la pauta de la vida estrecha y en nada se desviaba del espiritu del instituto capuchino o de la tradicion de espiritualidad del siglo XVII, que permanecia viva cuando Torres escribia.

Otra tentacion era la de creerse santa. Aqui Torres escribe con la seguridad de quien ha confesado a muchas almas. Algunas jovenes creian que con solo vestir el habito ya estarian experimentando arrobos y convirtiendose en imitadoras de Santa Rosalia. (15) Torres les ruega se desenganen respecto a esa aspiracion. El convento no era un conglomerado de mujeres "elevadas muchas varas del suelo" o "en prolijos arrebatamientos como San Pedro de Alcantara y Santa Maria Magdalena de Pazzis" (Directorio, fol. 113). Tampoco estarian sus paredes cubiertas con sangre de las disciplinas. En un parrafo magistral les advierte que supusieran que jamas llegarian al apice de la santidad. Para persuadirlas, les expone las cualidades meritorias de los santos y santas, explicandoles que aunque la novicia pudiera alcanzar los mismos grados de santidad que ellos, aun quedaba mas por hacer, ya que ni los mismos santos habian consumido todas las posibilidades de perfeccion. Torres combinaba la piedad barroca y el pragmatismo de mediados del siglo XVIII, que ya no aspiraba a arrebatos de iluminacion espiritual para las religiosas de su orden. (16) Si bien estos consejos eran aplicables a las capuchinas, sabemos que las escritoras espirituales de mediados del siglo XVIII aun seguian experimentando visiones y extasis. (17) Sin embargo, un buen director aconsejaria la observancia por encima de todo y desenganaria a sus novicias de la expectativa de convertirse en aquellos modelos extraordinarios que la iglesia misma les ofrecia como fuentes de inspiracion. De hecho, las cartas pastorales de obispos y arzobispos de los siglos XVII y XVIII siempre aconsejaban la observancia por encima de todo. En la catequesis colonial hubo un desfase entre la hagiografia que florecia en esos siglos, ofreciendo ejemplos de extrema sensibilidad religiosa, y la pastoral diocesana, que trataba de guiar a las religiosas por sendas mas practicas y menos interesadas en atletismos misticos.

A traves del Directorio Torres propone una serie de virtudes que debian ejercitarse en el claustro: mortificacion, pureza, amor de Dios, humildad, obediencia, fervor de oracion, paciencia. En un pasaje eminentemente didactico, Torres usa la alegoria de las virtudes que se encarnan en las flores, pasaje que recuerda el que alude a la jardineria y que citamos anteriormente:

Con ocasion de esta materia se explica incidentemente la variedad de las virtudes simbolizadas en las flores. En estas flores se me representan a mi otras mas bellas y de olor mas apreciable que son las virtudes, en que deben florecer las religiosas y mucho mas las Capuchinas. En la rosa, cercada toda ella de espinas, que la defienden con el encendido nacar que la adorna, se me representa la mortificacion, la pureza y el amor a Dios. En el jazmin la sencillez y simplicidad. En el nardo la ereccion y el olor del buen ejemplo en todas las virtudes. En el clavel la obediencia y la penitencia. En el amaranto la union y el ardiente fuego de la caridad fraterna. En la retama la humildad y asi de las otras. En todas estas virtudes deben florecer las capuchinas y en todas florecen, pero es preciso que sean como las flores. (Directorio, fols. 136-37)

Torres deja por sentado el hecho de que ninguna religiosa es perfecta en todas las virtudes. Conociendo la importancia de la concertacion de cualidades personales dentro de los muros claustrales, asegura a la novicia que en el convento las virtudes de las unas se unen a las de otras para hacer una unidad total a la cual cada una de ellas aporta aquello en que sobresale. Asi trataba de promover la paz interior del claustro, ya que en los conventos de ordenes menos austeras era frecuente encontrar rencillas personales y divisiones en la comunidad (M. Chowning). El conocimiento adquirido en el confesionario por el capellan Torres le permitia comprender como la comunidad religiosa necesitaba la armonia interior en la cual ninguna se sintiera ni mas santa ni mejor que la otra. A pesar de su rechazo de los extremos de la aspiracion mistica, Torres presentaba un modelo de vida en la cual la religiosa estaria empenada en una lucha contra las imperfecciones de la vida secular y en el perfeccionamiento de las virtudes personales que se entendian eran el fundamento de la vida que habian elegido.

La oracion ocupo un lugar preponderante en su didactica. Entrenado por jesuitas y usando lecturas de teologos de la Compania, Torres enfatizaba el valor de la oracion como medio de comunicacion con Dios, y recalcaba la dedicacion constante que la religiosa debe tener a esta practica. La novicia aprenderia a ofrecer todas sus acciones diarias a Dios y a tenerlo siempre en sus labios y su mente. Torres escribio un buen numero de oraciones y algunos poemas para las religiosas, dando rienda a su--mediocre--aptitud poetica. Sin embargo, lo que nos interesa no es su calidad literaria sino la utilizacion de la poesia como instrumento de devocion para sus hijas espirituales. En el Directorio Torres tambien incluyo una larga parafrasis de una oracion de San Francisco de Borja, plegarias a Jesucristo, a la Purisima Virgen, al santo Angel de la Guardia, a Santa Clara y a Santa Coleta. Los santos que proponia como objetos de devocion para sus pupilas eran San Luis Gonzaga (1568-1591), San Estanislao de Kotska (1550-1568), San Jose, y San Francisco (1181-1226). Notese que varios de ellos (Francisco de Borja, San Luis y San Estanislao) eran jesuitas. San Luis era el patron de la juventud y San Estanislao el patron de los novicios.

Aconsejando como llenar cada dia con la practica de la oracion interior, Torres establece que la oracion, en cualquier momento, es necesaria para guiar la vida cotidiana. Asimismo recomendaba la meditacion sobre varios puntos, siguiendo la didactica jesuitica. Sin embargo, si la novicia no podia ensimismarse en la meditacion, debia entender que Dios no queria que meditara, sino que trabajara. En su rutina diaria, la novicia ofreceria sus actos a Dios:

Que aun en lo mas comun y trivial como el comer se lo debe ofrecer a Dios y lo procure hacer por el motivo de alguna virtud, verbigracia: Esto por humillarse, aquello por obedecer, esto otro por mortificarse, aquello por ser pobre de corazon, lo otro por la caridad fraterna y principalmente has de aspirar en cada cosa al motivo mas alto y perfecto, que es hacerlo todo por amor de Dios. (Directorio, fol. 233) (18)

A traves de la practica de la oracion y la fiscalizacion de sus actos, la novicia llegaria a saber si su comportamiento se ajustaba a la ensenanza de su capellan. Este acto de auto-evaluacion era necesario, ya que en muchas ocasiones no tendrian el tiempo necesario para ambas cosas, la confesion y la direccion espiritual. Sin perder su autoridad, Torres concedia a la religiosa su capacidad de auto-examen en lo que seria una progresiva tecnica de conocerse a si misma y ajustarse a las exigencias de la vida capuchina.

Otro punto importante en sus consejos fue el que las novicias se atuvieran a conservar su salud corporal y no se empenaran en disciplinas que pudieran llegar a enfermarlas. Su admision a la vida capuchina habia sido para servir a la orden y servir a Dios, y una religiosa enferma no seria de utilidad ninguna a ambos. Se contentaria la novicia con saber que la vida capuchina era, en si, una vida de penitencia.

Sobre obras penales fuera de la comunidad solo haras aquellas que te permita la obediencia sin exponerte por un fervor indiscreto a perder la salud, que no es tuya, sino de la Religion que te admitio para que le sirvas en todo lo que necesita, y no es razon que se pierda lo principal, que es el util servicio de la casa y el no dar mas que hacer con enfermedades, por lo que no es tan necesario o importa mucho menos si Dios te enfermare ahora, o despues, y con esto te imposibilitares para servir, y des mas que hacer, en que te sirvan. (Directorio, fols. 241-42)

Torres permitio el uso de cilicios y escribio una oracion que diria la novicia "para ponerse los cilicios o hacer disciplina".19 En los capitulos que tratan de como prepararse para la profesion Torres vuelve a este asunto. Insiste en que las "penalidades" seran a discrecion del padre espiritual y no de la novicia, menos aun en visperas de su profesion. Asi trataba de evitar las desmedidas practicas disciplinarias que tanto elogiaban algunos hagiografos del siglo XVII. Aunque seria deseable decir que las penitencias habian sido desterradas en el siglo XVIII, los diarios de religiosas de ese siglo constatan la persistencia de actos punitivos contra el cuerpo que, debido a sus apetitos y necesidades, hacia sentir a algunas religiosas que el cuerpo era un obstaculo a sus deseos de perfeccion (Ibsen, "The High Places").

Por otra parte, Torres recalca a menudo la importancia de los ejercicios espirituales que recomienda como uno de los medios mas eficaces para alcanzar la perfeccion en la vida religiosa. Fue a traves de la practica de esos ejercicios, nos dice, que los grandes santos de la Contrarreforma lograron alcanzar su santidad. Durante la practica de los ejercicios se aplica "el alma por medio de la meditacion, de la leccion, de el recogimiento interior y exterior de potencias y sentidos" y se llega al "importante conocimiento de las verdades eternas e infalibles que pertenecen a todos, y con todos hablan igualmente" (Directorio, fols. 395-400).

El objetivo de la preparacion religiosa de la novicia era llegar a la profesion en un estado de conocimiento de lo que era la practica de la observancia y la disciplina espiritual. Torres dedica varios capitulos a la rutina de los ultimos dias antes de la profesion para que la novicia llegara a alcanzar un estado "fervoroso." A medida que se acercaba la fecha, las novicias recurririan a las oraciones que Torres les entregaba en su Directorio, asi como a los ejercicios espirituales que les recomendaba. Respecto a la profesion, recalca que la mundanidad que antes se podria haber observado en esta ocasion estaba desterrada del convento: ni musica, ni cohetes; al contrario, todo seria sencillez y humildad acompanados de una fuerte dosis de practica espiritual basada en sus recomendaciones tanto en la oracion como en el comportamiento (Directorio, fols. 408-20). Los desposorios con Jesus serian los actos mas espiritualizados de su entrenamiento. Esta recomendacion se ajustaba al espiritu de pobreza y humildad de las capuchinas, muy contrario a las ostentosas profesiones de algunas monjas en el siglo XVIII, epoca en que se pusieron de moda los atavios religiosos que hoy conocemos a traves de las pinturas de "monjas coronadas" (A. Montero Alarcon).

Torres no describio el acto de profesion en si, sino la actitud que la novicia deberia tener y guardar respecto a profesar. Posterior a la profesion vendria el "jovenado," o periodo de ajuste a su vida despues de la profesion solemne. Orgulloso de tener bajo su gobierno a las capuchinas, Torres defiende la decision de someter a las recien profesas a un "jovenado" de cuatro anos, un periodo mas largo que el de ninguna otra orden pero adecuado al caracter aspero, austero y dificil del instituto capuchino. Torres explicaba que un ano era insuficiente para aprender correctamente la vida capuchina y sus virtudes esenciales: obediencia, mansedumbre, pobreza, y caridad fraternal (Directorio, fol. 451). Admite que durante el jovenado la religiosa aprendera mucho en su trato cotidiano con las otras monjas, a quienes conocera mejor y con quienes tratara mas intimamente. Su conocimiento de la comunidad capuchina le permitiria advertir a la nueva religiosa que habria de encontrar companeras de mal genio, asperas y que la renirian sin razon. Dios, escribe, permite ese estado de cosas, tal y como habia permitido la presencia de Judas entre los apostoles. La religiosa se ejercitaria en imitar lo bueno que viera en las otras profesas, y toleraria lo que Dios le deparara en cuanto a las faltas que seguramente encontraria dentro del claustro. Torres termina su tratado con una metafora bastante popular en el siglo XVIII que comparaba el convento con un panal de abejas. Las novicias y aquellas en el jovenado aplicarian todo su tiempo a aprender a formar el panal de la virtud capuchina, imitando el artificio e ingenio de las abejas que chupan el jugo de todas las flores--ya fuera dulce o amargo--y a fuerza de su trabajo lo convierten en miel dulce y sabrosa.

El Directorio para novicias nos permite asomarnos al mundo de la practica pedagogica religiosa femenina desde la optica del director espiritual. Torres trato de facilitar la comprension del periodo mas desconcertante para la recien iniciada en la religion. Trata a las novicias de "tu" y las llama "hijas," como verdaderamente lo eran, en un estilo llano y exhortativo. Su autoridad no admite desviaciones, pero suaviza y humaniza su mensaje con la insercion de poemas y oraciones expresamente dedicados a sus pupilas. Este tratado difiere mucho de aquel escrito por el padre Antonio Nunez el siglo anterior, que en forma de dialogo imaginado iba impartiendo sus recomendaciones a las presuntas aspirantes a la vida religiosa. Torres es menos formal y su consejo esta dirigido a crear un ambiente de fervor afectivo en el cual la oracion seria el eje de la vida cotidiana y el medio de comprender las bases de la vida capuchina. Los ejercicios espirituales, la meditacion y el recogimiento que aconsejaba fueron formas de disciplina dirigida, bastante precisa en sus terminos pero carentes de profundidades teologicas. La novicia usaria esos elementos para perfeccionarse en un patron de comportamiento virtuoso que seria su objetivo en la vida claustral. En sus palabras a la novicia en visperas de su profesion Torres le advierte que, ademas de las practicas recomendadas, habra "chispitas o centellitas de devocion con que se le excite el animo en afectos de ternura" (Directorio, fol. 405). Esta enigmatica referencia a los afectos espirituales que tan frecuentemente aparecen en los diarios de religiosas del siglo xvm sugiere que Torres estaba apercibido de esa corriente emocional que nutria la vida interior de las capuchinas. Advierte a las "incipientes novicias" que, si no sienten esas luces o calores emocionales, no se desconsuelen. De hecho, deben ver en su ausencia el designio de Dios de hacerles experimentar "un sacrificio varonil, tratandola como alma perfecta, y llevandola en aquel dia de su mayor regocijo como es el de sus felices desposorios, por el camino de la Cruz" (Directorio, fol. 407). Sugiere asi que la vida capuchina es de aspereza y sacrificio como fue la de Jesus. La afectividad es femenina. El sacrificio es varonil. Aqui Torres no se desvia de la valoracion tradicional de las aptitudes de los sexos tal y como fueron vistos por la jerarquia religiosa de su tiempo. Cuando la mujer se elevaba a ciertos niveles espirituales o intelectuales, se transformaba en hombre. Este fue siempre el rasero para juzgar a la mujer dentro de la tradicion patristica cristiana. A las novicias les convenia saber que "esta suavidad y ternura," si no se experimentaban, no eran en nada necesarias, y lo que importaba era "el verdadero y solido deseo y la mas exacta aplicacion," o sea, la observancia. El director espiritual comprende las necesidades emocionales y espirituales de sus pupilas como mujeres, y les ofrece una guia apropiada para su exito como religiosas. A su vez, y ya en terminos de la relacion que se ha establecido entre ellos, les rogaba que cuando estuvieran postradas en su profesion, le pidieran a Dios por el, una peticion que reafirmaba la sutil relacion paternal que se establecia entre maestro y pupila. Recordarlo en el momento mas solemne de su vida religiosa, cuando se desposaban con Dios, fue quizas un deseo no muy ortodoxo por parte de Torres, quien se habia permitido recomendarles que olvidaran a sus padres y a su familia.

El Directorio para novicias capuchinas es un ejemplo de pedagogia espiritual enderezada a la mujer religiosa que merece ser mejor recordado que hasta ahora. Refleja las expectativas del instituto capuchino en la Nueva Espana a mediados de un siglo en el cual se creian ver vientos de renovacion politica y religiosa. En realidad, este "manual" nos revela cuan poco habia cambiado la cultura conventual femenina, que aun seguia las directivas traidas de Espana en el siglo xvii para esta orden. Los consejos pastorales del padre Torres se nutren de una espiritualidad interiorizada, pero que no permite ningun escape mistico y que trata de encaminar a las capuchinas por el sendero de un cumplimiento estricto de su regla y una disciplina devocional sin exageraciones piadosas. De hecho, esa observancia espartana dentro del claustro y ese enfoque en la oracion y la virtud religiosa serian las mismas propuestas de la reforma de la vida conventual femenina por el obispo de Puebla Francisco Fabian y Fuero y el arzobispo de Mexico Francisco Antonio Lorenzana en la decada de 1770 (Salazar de Garza; Arenas Frutos; Lavrin, Brides of Christ 275-309). Cayetano Antonio de Torres, que vivio ese periodo reformista, pudo haber compartido los canones propuestos por la iglesia episcopal. Sin embargo, era obvio que las capuchinas no necesitaron reforma alguna, ya que vivian el ideal de vida estoica que los obispos deseaban ver adoptada por otras ordenes femeninas. En su aspiracion a una direccion espiritual carente de arrobos y complicaciones interiores Torres fue hombre de su tiempo, compartiendo con otros directores espirituales los objetivos de procurar la practica de virtudes cristianas, alcanzar el amor de Dios, y vivir una sobria vida interior. (20)

Las capuchinas, bajo su direccion, no se desviarian de la tradicion que trajeron de Espana y que con tanto empeno continuaron en Nueva Espana. La metodologia de la indoctrinacion de la vida conventual siguio siendo la adhesion a la disciplina comunitaria basada en la personal, que es lo que ensena el Directorio. Esta obra es tambien un notable ejemplo de la practica de la directiva masculina de la vida religiosa femenina y del ejercicio de la autoridad del confesor sobre la confesante como medio de canalizar una vocacion que en la recepcion al convento aun se consideraba como diamante sin pulir.

OBRAS CITADAS

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Asuncion Lavrin

Arizona State University, Emerita

NOTAS

(1) Esto era particularmente importante para los capuchinos, rama de la orden franciscana aprobada en 1528, cuyo objetivo era una vida rigurosa semejante a la vida de San Francisco de Asis. Tras su independencia de los franciscanos en 1619, fueron muy populares en Europa y en Mexico, aunque alli solo fundaron conventos femeninos (ver Hernandez Sotelo; Owens).

(2) Esa atencion a las necesidades fisicas y espirituales se definio desde el siglo XII como cura monialium.

(3) Calino tambien escribio una vida de San Juan Nepomuceno, traducida al espanol en 1761.

(4) Ver Borda, Morales y Petite.

(5) Ver Muriel 199-212. Los capuchinos fueron una rama de la orden franciscana, aprobada en 1528, cuyo objetivo era una vida rigurosa semejante a la vida de San Francisco de Asis. Se independizaron de la orden franciscana en 1619 y fueron muy populares en Europa, pero no fundaron conventos masculinos en Mexico. Ver Hernandez Sotelo. Sobre la fundacion de las capuchinas en Suramerica ver Owens.

(6) Sobre los sermones funebres de Cayetano Antonio, ver Becerra Moreno et al. y Rodriguez del Toro et al. Para el sermon funebre sobre el, ver Gallardo. Katzew atribuye a los hermanos Torres la responsabilidad intelectual por la comision de una pintura de Miguel Cabrera que representa la proclamacion pontificia del patronato de la Virgen de Guadalupe en 1754.

(7) Sobre representaciones teatrales dentro del convento, ver Luciani.

(8) Ver Sor Maria Teresa. Una version de esta biografia esta en Calvo.

(9) Entre los autores que recomienda he podido identificar a Torrubia y a izquierdo. Este ultimo era su favorito, de quien decia que todo lo que escribia lo tenia muy bien digerido y explicado.

(10) Las cartas de Sor Bernarda se encuentran en el Archivo General de Indias, Mexico, 829; Lavrin, "La celda y el siglo" 139-59.

(11) San Francisco de Sales (1567-1622), quien fuera obispo de Genova en un momento historico caracterizado por la lucha entre protestantes y catolicos, desarrollo una obra de recogimiento espiritual muy cerca de la orden capuchina y muy favorecida por los jesuitas. Su Practica del amor de Dios fue publicada en 1616. El Directorio de religiosas fue traducido anonimamente del frances en 1734. Ver Uriarte 134. La primera edicion de Introduccion a la vida devota es de 1608 y se tradujo al espanol en 1618. Francisco de Quevedo esta asociado a una traduccion de esta obra en 1634, aunque se duda que fuera el traductor de la misma. Ver Carrera Ferreiro. El padre jesuita Alonso Rodriguez, quien nacio en Valladolid en 1537 y se ordeno en 1557, siguio muy de cerca Introduccion a la Vida Devota y el Directorio en sus escritos. Fue uno de los escritores didacticos mas populares de la epoca y su Ejercicio de perfeccion y virtudes cristianas (1609) era obviamente aun leido a mediados del siglo XVIII (Donnelly 16-24).

(12) El jesuita Segneri (1624-1694) tambien fue escritor popular, con otras obras de guia espiritual como El penitente instruido y El confesor instruido, que fueron reimpresas y bien conocidas en Espana y en Mexico. Luis de la Puente, S.J. (1554-1624) escribio obras como Meditaciones de los misterios ... (1605) y De la Perfeccion Cristiana (1616).

(13) Antes de su profesion la aspirante era cuestionada si habia sido obligada, en modo alguno, a entrar al convento. De este modo la iglesia confirmaba oficialmente que no habia habido presion familiar en la decision de tomar el velo. Al respecto, vease el tenor de los votos religiosos en Lavrin, Brides of Christ 81-90.

(14) Thomas A. Kempis (1380-1471), en su Imitacion de Cristo (1418) promueve la idea del desprecio del mundo. Tambien Juan Gerson (1363-1429), seguidor de la nueva ola teologica conocida como devotio moderna, que promueve la interioridad espiritual. En Espana, el popularisimo Luis de Granada (1505-1588) tradujo la obra de Kempis, de la cual hay numerosas ediciones hasta el siglo XVII. El desprecio del mundo fue un concepto muy importante para la espiritualidad contra-reformista.

(15) Santa Rosalia de Palermo. Patrona de esa ciudad. Nacio en 1130 y murio en una caverna en Monte Pellegrino en 1166. Quizas esta fuera una devocion especial de Antonio Torres o del convento.

(16) Sobre la reforma de la iglesia en la segunda mitad del siglo XVII veanse Larkin y Voelkel. La vida espiritual de las monjas de fines del siglo XVIII siguio las rutas afectivas de los siglos anteriores.

(17) Ver Lavrin, "Sor Maria de Jesus Felipa" 111-60; "La escritura desde un mundo oculto" 49-75; y Brides of Christ 331-39. Veanse tambien Ibsen 85-96 y Gunnarsdotir 364-83.

(18) Torres recomienda la oracion, especialmente la que nace del corazon, "aunque sea sin voces estudiadas, esas son las mejores" (fol. 237). Tambien sugiere que se escoja un santo cada mes, para "que el sea tu abogado, y procures imitar sus virtudes, que es en lo que consiste la verdadera devocion (fol. 239). "Al mediodia no dejes de examinar tu conciencia y tu distribucion, para ver lo que has de hecho o dejado de hacer en aquella manana y lo mismo has de hacer a la noche respecto de la tarde, si has faltado en algo le pides perdon a Dios humillandote como debes y proponiendole la enmienda con eficacia para el dia siguiente. Por lo bueno que hubieses hecho le das las gracias a Dios y le propones el siguiente practicando con mayor empeno" (fol. 240). "Este examen ha de ser escoba con que barras tu alma y el juez que te fiscalice, poniendotelo yo en mi lugar, para que te tome cuenta que debieras darme a mi, si el tiempo nos lo permitiera".

(19) Durante la disciplina la novicia diria: "Castigo mi cuerpo y lo deseo reducir a la debida servidumbre en nombre y por amor de mi Jesus, para hacer penitencia de mi culpa y domar mis pasiones." Torres escribio pequenas jaculatorias como la anterior para acompanar todos los actos de la vida diaria desde lavarse la cara por la manana hasta antes de acostarse por la noche. Mantener la oracion interior era parte de la disciplina conventual.

(20) Ver Marin, La perfecta religiosa. Marin era frances. Otra modalidad pedagogica fue la biografia de monjas ejemplares. Para la orden capuchina vease Vela.
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Author:Lavrin, Asuncion
Publication:Hispanofila
Date:Jun 1, 2014
Words:9119
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