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La ciudad de Dertosa durante el alto imperio. La ocupacion del area suburbial del barranco del rastre.

The city of Dertosa in the Early Roman Empire. The occupation of the suburban area of the Rastre ravine

1. Introduccion (1)

El barranco del Rastre ha sido a lo largo de los siglos uno de los condicionantes naturales del urbanismo de la ciudad de Tortosa; su situacion y caracteristicas lo convierten en uno de los limites naturales del area habitada, a la vez que via de acceso a la ciudad, zona cementerial o incluso, segun se podria extraer de los ultimos descubrimientos arqueologicos, area portuaria. Las dificultades para asimilar el barranco a nivel urbanistico quedan plasmadas en su dificil integracion en la ordenacion del crecimiento de la ciudad, siendo su caracter irregular y peligroso al recoger y transportar el agua de los cerros que rodean la ciudad por su lado norte. Este hecho, asi como su tardia solucion, pues su cauce no fue completamente urbanizado hasta muy entrado el s. XIX, provoco que las violentas avenidas que siguieron recorriendolo de vez en cuando causaran diversos accidentes mortales hasta bien entrado el s. XX (Abril, 1931; Bayerri, 1935, 1960).

Situado entre los cerros del Sitjar al E y de la Zuda -donde se ubicaria un importante asentamiento iberico--en el o, el barranco desemboca en el margen izquierdo del rio Ebro en sentido oblicuo. A pesar de este caracter periferico respecto al corazon de la ciudad antigua, tanto iberica como romana, y en cierto modo tambien de la medieval, el area del Rastre es un sector particularmente rico en hallazgos y noticias arqueologicas a lo largo de los ss. XVIII, XIX y XX. En el momento en que se emprenden los primeros trabajos arqueologicos con metodologia cientifica -para lo que debemos esperar hasta los anos ochenta del s. XX, con las intervenciones en la plaza de l'Olivera y, sobre todo, en la plaza Alfonso XII, cerca de la desembocadura del barranco-, ya era conocido el uso de esta zona como espacio de necropolis de epoca romana, habiendose producido frecuentes descubrimientos de restos humanos, a menudo cubiertos por fragmentos de anfora, asi como puntuales ejemplos de sepulcros con un cariz mas monumental, como la cupa descubierta durante unas obras en la c/ Mercaders en 1973 (Miravall, 1984).

Durante los primeros anos del s. XXI la actividad constructiva y el interes cientifico motivaron el aumento de las intervenciones arqueologicas en este espacio, hasta el punto de que actualmente se trata de la zona mejor conocida arqueologicamente de la ciudad. Buena parte de este avance se debe a los trabajos del Grup de Recerca Seminari de Protohistoria I Arqueologia (gresepia) de la Universitat Rovira I Virgili, que ha centrado una de sus lineas de investigacion en el estudio del desarrollo urbano de Tortosa desde sus origenes hasta la Edad Media. En este estudio se presenta una vision actualizada de estos trabajos, poniendo de manifiesto el caracter urbano o periurbano del sector del Rastre ya durante el alto imperio.

2. Presencia de restos arqueologicos de epoca romana en el Barranco del Rastre

La investigacion efectuada en este lugar en epoca moderna, dejando de lado los hallazgos relacionados con el mundo funerario (Navarro, 2008), se inicia con el descubrimiento de estructuras murales romanas en la plaza de l'Olivera entre 1982 y 1984 (Curto et al., 1986), aunque la documentacion generada por esta intervencion es escasa. A pesar de la frecuente mencion de esta intervencion en la literatura especializada, para epoca altoimperial solo se puede asegurar la exhumacion de un muro de encofrado situado a unos 6 m sobre el nivel del mar. Este muro tiene una anchura de unos 50 cm y sigue un trazado e-o, aproximadamente el mismo que el cauce del barranco, apoyandosele varias estructuras tardias de factura mas grosera. El caracter parcial de los hallazgos -el muro de encofrado se conoce en una longitud de apenas 1,5 m-, no ha impedido que se haya interpretado como un dique relacionado con el area portuaria de la ciudad. Esta identificacion proviene de los estratos arcillosos que se le apoyan -posibles indicios de avenidas-, asi como de la abundancia de material anforico recogido en sus alrededores. De hecho, se trata de una interpretacion que sigue los parametros planteados por el historiador R. Miravall, que ya sugeria una hipotetica situacion del puerto romano en el mismo barranco del Rastre (Miravall, 1988). En cuanto a la cronologia de la estructura, sus excavadores databan el muro entre los ss. II y VI d. C. (Curto et al., 1986), de modo que si tomamos como referencia una cronologia inicial del siglo ii, podriamos relacionarlo con la segunda fase del conjunto estructural exhumado en la c/ Monteada, como veremos mas adelante. Vale la pena destacar la ausencia de tumbas bajoimperiales y tardoantiguas en la excavacion de la plaza de l'Olivera, sobre todo considerando que estas estan presentes en casi todas las excavaciones con estratigrafia romana que se han llevado a cabo en las zonas cercanas al barranco.

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Otra intervencion que ha aportado datos supuestamente relacionados con este complejo portuario fue la dirigida por E. Barrasetas en la plaza de Alfonso XII, en la que se documento un pavimento de guijarros y mortero de cal que fue datado a mediados del s. II d. C. (Barrassetas, 1988).

Los resultados de las excavaciones de las plazas de l'Olivera y Alfonso XII, junto con la documentacion de otros restos arqueologicos de poca entidad, aparecidos generalmente fuera de contexto, asi como la geomorfologia del terreno, fueron claves para que J. M. V. Arbeloa (2000, 2008) concibiera muy acertadamente la existencia de un suburbium meridional de la ciudad de Dertosa, situado fuera de la muralla, coincidente en buena medida con los restos que presentamos en este estudio. En realidad todavia se conoce muy poco del trazado de la muralla romana de Dertosa, si bien al tratarse de una zona con abundantes hallazgos funerarios, la opinion mas generalizada ha sido considerar el Rastre como un espacio externo al pomerium.

2.1. Intervenciones en la c/ Sant Domenech

A principios del ano 2000, el gresepia efectuo diversas intervenciones arqueologicas en las calles Sant Domenech y Sant Felip Neri que, entre otros datos de epocas mas recientes, aportaron tambien evidencias de una ocupacion protohistorica del cerro de la Zuda, una colina que enmarca el margen derecho del barranco del Rastre cerca de su desembocadura. Entre los materiales recuperados en las excavaciones se encontraron ceramicas modeladas a mano y fragmentos de anfora fenicia procedente del S de la Peninsula. Este hecho, a pesar de que los materiales se hallaron en posicion secundaria, pues seguramente habian rodado desde su posicion original en la cima del cerro hasta la parte mas baja del mismo, confirmaba la existencia de un asentamiento de la Primera Edad del Hierro en este lugar, con una continuidad en epoca iberica (Diloli y Ferre, 2008; Diloli et al., 2012, 2013). Los trabajos en este espacio permitieron localizar diversas estructuras, de las cuales las mas antiguas correspondian a un potente muro de 1,5 m de anchura, localizado en la c/ Sant Domenech, con una longitud conservada de 5,40 m, continuando uno de sus extremos por debajo del convento de Sant Jaume i Sant Maties. Se trata de una estructura definida en su cara externa por dos hiladas de bloques de piedra no escuadrada, en cuya parte posterior se acumula una gran cantidad de piedra pequena y mediana, a modo de relleno, sin cara interna, apoyado en el terreno arcilloso de la ladera de la montana. Es pues de un muro de aterrazamiento que salva un importante desnivel, revistiendolo con piedra, presumiblemente asociado a una obra defensiva. Teniendo en cuenta que solo conocemos su base, el alzado original podria superar con facilidad los 3 m de altura, por aventurar una cifra que podria ser bastante mayor. Los estratos de abandono que se le apoyan, con presencia de fragmentos de campaniense a, indican que ya en el s. II a. C. su base empezaba a cubrirse de sedimento, por lo que es posible que su ereccion se pueda situar en un momento no muy anterior, tal vez a partir de mediados o finales del s. III a. C. Esta claro que se trata de una construccion iberica y por sus caracteristicas de anchura, tecnica constructiva y situacion topografica, no cabe interpretarse sino como hemos indicado, como una fortificacion avanzada disenada para proteger el nucleo ubicado en la Zuda, hasta hace poco tiempo conocido solo por datos historiograficos y por restos de ceramica fuera de contexto recuperada de los alrededores del cerro. Esta estructura, que ya habia sido amortizada en la primera mitad del s. I d. C., constituye por si sola la primera evidencia de transformacion antropica radical de la geomorfologia del Rastre, antes de la dominacion romana, con la constitucion de al menos una plataforma defensiva en la parte media de la ladera, aprovechando el cauce del barranco como foso natural (Diloli y Ferre, 2008; Diloli et al., 2011, 2013).

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2.2. Intervenciones en la cl Sant Felip Neri

En la mayoria de las excavaciones llevadas a cabo por nuestro equipo en la ladera meridional de la Zuda durante los ultimos anos, se ha logrado alcanzar niveles de ocupacion de cronologia julioclaudia, hasta el punto de que se puede hablar de una urbanizacion sistematica de este sector entre la parte superior del cerro y un limite hipotetico que, de momento, podemos ubicar entre las calles de la Merce y Nou del Vall. Una de las intervenciones mas desveladoras fue la efectuada en la c/ Sant Felip Neri (Jarrega et al., 2014) (2), localizandose los restos de cronologia romana en el extremo de una terraza constructiva, donde se han descubierto los restos de un edificio en el que se observan dos fases de ocupacion bien diferenciadas. Se conoce una primera fase con una datacion un tanto imprecisa debido a las limitaciones materiales de la intervencion, pero que podria situarse en un contexto augusteo, en un momento anterior al cambio de era, en la que destaca la presencia de un largo muro de aterrazamiento [a] en paramento de sillarejo, de 12,5 m de longitud visible, si bien su extremo este se pierde por debajo del corte del limite de la excavacion, y, a pesar de que se interrumpe, es muy posible que tambien se extendiera mas alla por su extremo oeste. Su anchura se situa en el entorno de los 50 cm y tiene una altura conservada de unos 3 m. Apoyados a este muro aparecen dos tabiques paralelos [B] y [C] con caracteristicas similares, de poco mas de 1,5 m, que desaparecen como consecuencia de un brusco recorte producido en un momento muy posterior que se extiende en sentido longitudinal. Estos muros dan lugar a tres espacios, H1, H2, y H3; los dos primeros, H1 y H2, seguramente contarian con un sencillo pavimento de tierra, mientras que H3 tenia un pavimento de guijarros y cal, formando un conjunto al que se le anaden varios muros situados al noreste, colocados en paralelo o en perpendicular respecto al muro de aterrazamiento principal [A]. Se trata de los unicos restos conservados de un mismo complejo del que posiblemente habria formado parte el edificio descrito, pero en una cota superior, y por lo tanto mas expuesto a los recortes ocasionados por la actividad constructiva de epocas posteriores, siendo asi que la parte s-se del edificio esta perdida.

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La segunda fase esta mejor datada gracias al material contenido en el relleno del aumento de cota de los niveles de circulacion del edificio, destacando la presencia de terra sigillata italica, con varios ejemplares de Conspectus 4.1, 4.4, 6.2, 14.1, 22.1, 33, etc., asi como tambien de fragmentos de ceramica de paredes finas de la forma Mayet 1 o 2, hecho que nos situa la reforma de este espacio en algun momento del primer cuarto del s. I d. C., eliminandose la pequena habitacion intermedia, quedando unicamente dos salas. En los primeros momentos posteriores a la reforma, el suelo de H1 conto con un modesto pavimento de cal, que seguramente se desgasto rapidamente por el uso. Las pequenas reformas que se documentan mas adelante no afectaron la estructura espacial, aunque demuestran que existio un cierto mantenimiento de los espacios. Este hecho es visible en el estucado del muro [C], en el que se observan varias capas de pintura. Tambien se da la formacion en H1 de un nuevo nivel de uso por encima del anterior pavimento de cal, en este caso una mera capa de tierra fina que constituye la ultima fase de ocupacion del espacio antes de su abandono.

Con el abandono del edificio, las habitaciones H1 y H2 se convirtieron en un vertedero de escombros. Es posible que el intervalo entre su abandono y el relleno de materiales constructivos no fuera muy dilatado, dado que se han recuperado varios elementos ceramicos in situ en un excelente estado de conservacion, lo que sugiere que no hubo una frecuentacion de los espacios antes de los vertidos. Entre estos destacan un par de fragmentos de la forma Ritt. 8 en terra sigillata hispanica y un vaso de ceramica africana de cocina Hayes 200, ademas de una serie de jarras comunes, una de las cuales es de probable procedencia africana. El material anforico esta representado por dos ejemplares enteros de Beltran iib, una Dressel 20, una anforita que imita en miniatura la misma forma Dressel 20 y una segunda anforita de procedencia posiblemente siciliana, pero que de momento permanece sin clasificar debido a su singularidad. Aun asi, la pieza mas destacable es un vaso en forma de cazuela hemisferica, y que cuenta con un vertedor. Es una produccion en sigillata africana a, pero de la que no se conocen paralelos en ninguna de las tipologias existentes. Hay que situar el conjunto en un horizonte amplio entre la segunda mitad del s. II d.

C. e inicios del iii d. C., que es cuando se data el abandono del edificio. Tambien se han recuperado varios enseres metalicos singulares, entre los que destaca un estrigilo de hierro, muy bien conservado, de seccion curva y con el mango doblado y soldado por su extremo al cuerpo de la pieza. Entre los escombros que rellenaban este espacio destacan una serie de fragmentos de mosaico pertenecientes a una misma composicion, formada por motivos geometricos en negro sobre un fondo de teselas blancas, que hubo de caer desde una posicion elevada, quizas como consecuencia de un desprendimiento procedente de alguna de las terrazas superiores. Aparte de la presencia del estrigilo, que podria apuntar a la posible existencia de una zona de banos en este edificio, no es posible interpretar su naturaleza funcional, mas alla del probable caracter de los espacios H1 y H2 como zona de almacen, como minimo en su segunda fase. Sea como fuere, mas alla de la interpretacion del uso del edificio, se constata la existencia de dos plataformas constructivas distintas, situadas en cotas de aproximadamente 12,80 msnm la superior y 10,20 msnm la inferior, separadas por un notable muro de aterrazamiento ya de epoca augustea.

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2.3. Intervenciones en las inmediaciones de la c/ de la Merce

Las excavaciones llevadas a cabo en 2010 en el solar contiguo a Sant Felip Neri, ubicado en la c/ de la Merce, tambien permitieron localizar una serie de estructuras murales romanas, si bien su estado de conservacion no era tan bueno como en Sant Felip. Las limitaciones impuestas por los promotores de la obra provocaron que las fases mas antiguas fueran objeto de un estudio bastante superficial, a pesar de lo cual se recuperaron tres pequenos conjuntos murales atribuibles al s. i d. C. (c1, c2 y c3), de los cuales c1 y c2 son simples agrupaciones de muros de encofrado de 48-50 cm de grosor que forman angulos rectos entre si integrados en complejos mayores que no pudieron ser excavados. El origen de estos restos se puede situar en la segunda mitad del s. I d. C. por la presencia de sigillata italica de la forma Conspectus 21.3, y las primeras producciones africanas de cocina. Debemos senalar que la orientacion de estos muros esta en relacion directa con el cauce del barranco, respecto al cual se disponen en paralelo o en perpendicular. El caracter segmentario de estos restos que, como se ha indicado, estan bastante separados los unos de los otros, asi como el hecho que no haya sido posible excavarlos en su totalidad, hacen imposible aventurar una interpretacion funcional.

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A 8 m hacia el E del segundo conjunto aparecio un tercero [c3] formado por dos muros de encofrado formando un angulo recto, de los que uno mide mas de 7 m de largo por 40-45 cm de anchura, dispuesto en sentido E-o, perdiendose uno de los extremos por debajo del corte de la excavacion.

De hecho, este muro ya se habia documentado en una intervencion anterior efectuada en 2003.

Tambien se exhumo una esquina y parte de la estructura con la que forma angulo, con unas dimensiones visibles de 2,5 m de longitud por 50 cm de anchura, asi como el fondo de la estructura. Su alineacion coincide con la de los otros dos conjuntos. En este caso parece claro que se trata de un gran deposito de agua -un !acus-, con un acabado en forma de media cana en el fondo de su cara interna. Cronologicamente no coincidio, o lo hizo en un breve periodo de tiempo, con el de C1 y, de hecho, la vida activa de este deposito no parece haber sido muy larga, puesto que se construyo durante el primer cuarto del s. I d. C., tal y como lo indica el registro ceramico, con abundancia de sigillatas italicas y ceramica de rojo interno pompeyano, entre otros elementos contemporaneos, y parece que ya en la segunda mitad de la misma centuria estaba amortizado y cubierto. La inutilizacion del !acus culmino en una intervencion antropica que condujo a un aumento de cota de la superficie de uso de la plataforma, despues de que el conjunto conociera un episodio de destruccion con incendio.

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Aparentemente los tres complejos se apoyan sobre una misma plataforma constructiva, que habria sido constituida por encima de un aterrazamiento anterior, indicado por los restos de dos muros documentados parcialmente bajo los conjuntos C1 y C2. La similitud en cuanto a tecnica constructiva, anchura y trayectoria, hace plausible que se trate de un mismo muro, del que solo se habrian dejado al descubierto dos segmentos separados entre ellos por 18 m de distancia. Se trata de una construccion de piedras de medianas dimensiones sin escuadrar y unidas con barro, con una anchura de 70/80 cm. En un punto de su trazado se ha localizado una estructura que se le apoya, construida segun la misma tecnica, pero conservada muy parcialmente. Probablemente se trata del limite de una amplia terraza que se habria prolongado a lo largo de decenas de metros, ampliada mas tarde en profundidad para poder construir los edificios correspondientes a los tres conjuntos arquitectonicos resenados. Dado que no ha sido posible excavarlo del todo su cronologia es incierta, y dadas las relaciones estratigraficas con las otras estructuras y factores como el caracter rustico de su tecnica constructiva no puede descartarse que date de epoca republicana/tardoiberica.

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A escasos metros de estos restos, una pequena excavacion efectuada en 2008 permitio descubrir otro muro bajo la cripta de la iglesia de la Reparacio, donde el arquitecto J. Abril (1931) localizo numerosos restos de entierros tardorromanos a principios del s. XX. Este muro, situado por debajo de la cota en la que Abril encontro las inhumaciones, esta levantado en paramento de sillarejo, y por lo tanto es similar a los ya conocidos en Sant Felip Neri. Esta orientado en perpendicular al barranco, y se conoce en una longitud de menos de 1 m, debido a la modestia de los trabajos. En cuanto a su cronologia, parece que se le adosaban estratos de los ss. I y II d. C. La cota en la que aparecio es bastante baja, unos 5 msnm, de modo que debe de tratarse de una construccion realizada sobre el mismo lecho del barranco.

2.4. Intervenciones en la c/ Monteada

Entre 2006 y 2010 se efectuaron diversos trabajos arqueologicos en la calle Montcada (Diloli et al., 2010), que en sus niveles mas antiguos han permitido localizar al menos un gran edificio construido a mediados o en la segunda mitad del s. I d. C. con ciertas peculiaridades resenables. En una primera fase hallamos 6 sillares de diferentes dimensiones y con toda seguridad reutilizados -dado que no hay dos con las mismas dimensiones ni la misma forma-, colocados encima de pequenas bases de mortero de escasa entidad situadas a distancias regulares: 6,60 m de E-o y 8,40 m de N-S. Estos sillares van descendiendo de nivel de forma progresiva hacia el lecho del barranco, con un desnivel acumulado de 1,30 m entre el punto mas elevado y el sillar inferior -6,45-5,15 msnm-. A pesar de que la presencia del nivel freatico dificulto un desarrollo optimo de los trabajos, tanto las distancias entre los sillares como la disposicion topografica de los mismos inducen a pensar que se trata de un gran edificio porticado. Teniendo en cuenta la poca potencia de las bases de mortero y la inestabilidad del terreno, el alzado de este edificio no podia contar con elementos arquitectonicos muy pesados, lo que excluye el uso de materiales petreos. Los sillares funcionarian como basamentos de pilares de madera sobre los que se extenderia una estructura en material perecedero, mientras que la pavimentacion probablemente seria de tierra batida o de madera y sobreelevada del suelo.

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La segunda fase consta de una serie de 7 muros de encofrado de hormigon, con unas medidas de entre 3 y 10 m de longitud por unos 50 cm de anchura, situados a una cota similar a la de los sillares. Desgraciadamente en la mayor parte de los casos solo se conservan a nivel de cimentacion. Con todo, tanto sus dimensiones como su disposicion, con muros perpendiculares entre ellos que definen posibles ambitos mas o menos rectangulares, suponen una radical reforma del primer edificio porticado, pues las relaciones estratigraficas muestran que los muros se construyeron con posterioridad a los sillares sin que parezca posible una coexistencia de los dos proyectos, de forma que el primer edificio tuvo que ser completamente desmantelado antes de construir el segundo.

Tanto en la primera fase como en la segunda, la orientacion de las estructuras es en sentido no-se. Debemos apuntar que no se ha encontrado ninguna evidencia de pavimentaciones para la segunda fase, de forma que la localizacion de una gran cantidad de fragmentos de opus signinum en la misma cota en la que se apoyan las cimentaciones de los muros podria estar indicando el tipo de suelo de estos espacios, que tambien pudieron haber sido sencillamente de tierra, mientras que en la primera fase cabe imaginar la existencia de un tabulatum de madera, elevado del suelo. Tanto los muros como los sillares presentan una cronologia romana altoimperial, aunque los condicionantes de la excavacion dificultan formular una datacion con un alto grado de precision. La segunda fase del edificio parece poder situarse ya en el s. II d. C. El conjunto ceramico comprende varios elementos de vajilla fina y esta caracterizado por producciones de sigillata sudgalica (formas Drag. 15/17, 18, 29/37 y Ritt. 8) e hispanica (formas Drag. 27, 24/25, 29, 37). La ausencia de sigillatas africanas podria sugerir una datacion todavia dentro del s. I d. C., pero el hecho de que la fase constructiva se concrete ya en aquellos momentos induce a datar la segunda fase en un momento algo mas tardio.

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3. Posible ocupacion del Rastre en epoca tardoiberica/romana republicana. ?Una ampliacion del nucleo protohistorico?

La ocupacion del espacio durante el periodo republicano no ha sido todavia corroborada con total seguridad, si bien hay varios indicios que apuntan en este sentido. De entrada se constata, como ya se ha visto, la existencia de al menos un aterrazamiento -de funcion defensivaen la ladera de la Zuda en epoca iberica, detectado en la c/ Sant Domenech. La posible continuidad del uso de esta fortificacion a lo largo de los ss. 11 y I a. C. es por ahora desconocida, no obstante los indicios apuntan a que perderia parte de su funcionalidad antes de epoca imperial. En la intervencion que permitio su descubrimiento tambien se localizo un muro de dimensiones mas modestas -unos 60 cm de anchura- que se le apoya, y del que parten por lo menos dos muros mas, todos ellos levantados con piedras sin escuadrar unidas con barro. La cronologia de este pequeno grupo constructivo, amortizado en epoca altoimperial, plantea ciertas dudas. Se cimenta en estratos analogos a los que indican la acumulacion de desechos en el pie de la fortificacion iberica, ricos en ceramica iberica de datacion poco precisa, con la presencia de algunos fragmentos de anfora italica, uno de los cuales, perteneciente a una Lamb. 2, ya seria indicativo del s. I a. C. en caso de que se considerase con valor conclusivo.

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Por otro lado, ya se ha comentado la existencia en la c/ la Merce de dos segmentos de un muro, posiblemente pertenecientes a la misma estructura, amortizado por las posteriores construcciones altoimperiales y levantado con la misma tecnica constructiva que los muros de la c/ Sant Domenech. La imposibilidad impuesta por fuerzas externas para estudiarlo con atencion impide aventurar una datacion fiable, pero la evidencia de estructuras del s. I d. C. que lo cubren, construidas con posterioridad a su amortizacion, apuntan a una datacion anterior al cambio de era.

A estos muros de cronologia incierta hay que anadir la presencia de unidades estratigraficas aisladas, bastante alteradas, y sin relacion directa con ninguna estructura, pero con un contenido de restos de ceramica iberica y de procedencia italica republicana bastante coherente, que parece indicar un horizonte de la primera mitad del s. I a. C. En Sant Felip Neri, por ejemplo, se documenta una pre-sencia significativa de ceramica iberica, predominando los calatos y las tinajas de tipo Ilduradin como piezas mas representativas. A estas producciones ceramicas, que se situan a partir del s. II a. C., se les anade una cierta cantidad de barnices negros, entre los que predomina la ceramica de barniz negro del Circulo de la b. Este mismo tipo de materiales aparece fuera de contexto con una cierta frecuencia en las intervenciones efectuadas en el entorno de la Zuda, hasta el punto de que es dificil concretar si estan en posicion secundaria, provenientes de la parte superior del cerro, o si en realidad forman parte de una primitiva formacion de terrazas constructivas, anterior a los aterrazamientos emprendidos a partir de epoca augustea.

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Es interesante apuntar que fue en la c/ de la Merce, justo en la zona estudiada, donde en el s. XVI se recupero un tesorillo de monedas de plata procedentes de cecas proximas a Cesar durante las guerras civiles (Campo, 1984; Jarrega, 2006), lo que viene a reforzar la idea de la existencia de construcciones en sus inmediaciones ya en el s. I a. C. Por ello no se puede descartar que esta primitiva formacion de terrazas constructivas se pueda relacionar con la fundacion romana de la ciudad y, a fortiori, con la concesion del estatus municipal por parte de Cesar, e incluso con la aparicion del mismo toponimo Dertosa, desconocido antes de la epoca imperial.

4. Abandono del suburbio

En ninguna de las intervenciones efectuadas en el barranco del Rastre y en la ladera meridional de la Zuda hay constancia clara de una continuidad del habitat a partir del 200 d. C.--entendiendo esta fecha como referente con un cierto margen temporal--. Los restos de Sant Domenech aparecen cubiertos por una capa de sedimento acompanada por numerosos restos entre los que destacan fragmentos de estuco pintado, opus caementicium, fracciones de mosaico y materiales ceramicos que en ningun caso sobrepasan esta fecha. El lugar en el que se han podido estudiar en mejores condiciones estos momentos finales ha sido en Sant Felip Neri, donde las piezas de ceramica han sido recuperadas en un excelente estado de conservacion, asociadas tambien a restos de materiales de construccion. Con todo, estos objetos no aportan una cronologia especialmente precisa, de forma que solo permiten corroborar este intervalo de entre finales del s. II d. C. y principios del III d. C., lo que podria concordar con el final de la fase 2 de Montcada, si bien no se puede descartar que esta ultima se prolongase todavia por algun tiempo. Lo que sigue a continuacion son practicamente dos siglos de vacio de informacion que acaba a finales del s. IV d. C., cuando se producen las primeras inhumaciones en el mismo sector del edificio de la c/ Montcada, hecho tambien constatado a partir de este momento y durante los dos siglos siguientes en los margenes de la mayor parte del barranco y en la ladera sur de la Zuda (3). A finales del s. IV d. C. el edificio de la fase 2 de Montcada esta arrasado y en algunos casos las tumbas recortan parte de la cimentacion de las estructuras precedentes. En todo el sector solo se conocen restos no funerarios de cierta entidad en la zona cercana a la catedral, en la plaza del Abside y en la plaza de l'Olivera, donde se localizaron varios muros datados entre los ss. VI y VIII d. C. que denotan una cierta complejidad constructiva. En la c/ de la Merce aparecio un segmento de muro de factura muy grosera, con piedras sin escuadrar unidas con barro, que tambien tiene que incluirse en este periodo, a pesar de que en este caso se trataria de una estructura probablemente relacionada con un complejo funerario del s. VI.

En las excavaciones de la plaza del Abside, la posible presencia de estructuras altoimperiales--no explicitadas como tales por parte de sus excavadores, Grino y Camarasa (2011)--tambien conoce un final mas o menos abrupto, como se puede deducir de la amortizacion de un posible deposito, que parece coincidir con un horizonte del 200 d. C. En este caso, un potente muro de mas de un metro de anchura levantado sobre los restos confirma la continuidad posterior del habitat en este lugar, situado posiblemente intramuros.

En el actual estado de la investigacion parece claro que una reforma urbanistica de gran envergadura puso punto y final a la ocupacion de este barrio suburbano. Ahora bien, los motivos del abandono no estan nada claros. La incursion franca del 260 es demasiado tardia para explicarlo, si es que llego a afectar a Dertosa, puesto que, ademas, hasta ahora no se conoce ningun indicio de destruccion violenta que pueda situarse claramente durante este periodo. El hecho politico que a nivel temporal concuerda mejor con el abandono del area es la victoria de Septimio Severo sobre Clodio Albino, en 197. Es verosimil que la represion contra los numerosos partidarios que Albino tenia en esta provincia contribuyera a los problemas internos de la sociedad dertosense, a pesar de que seria muy complejo atribuir solo a este hecho la desaparicion fisica de un barrio entero. Por otra parte, otros documentos reflejan las dificultades que atravesaba la ciudad en estos momentos, como la legacion que Dertosa envio a Antonino Pio, indicando una situacion de cierta gravedad ya a mediados del s. II d. C. (Genera y Jarrega, 2009). Los problemas documentados durante este periodo no son exclusivos de este municipio. Parece ser que en Tarraco, quizas en el marco de la represion llevada a termino en 197 por parte de Septimio Severo contra Novio Rufo, el gobernador provincial que se declaro partidario de Clodio Albino, rival de Severo en su pugna por el trono imperial, hubo importantes cambios que podrian explicar varias amortizaciones en el area portuaria y suburbial de la ciudad, ademas de la desaparicion de algunos establecimientos rurales (Jarrega, 2008). Este proceso culminaria en el abandono total del suburbio y su sustitucion por una extensa necropolis tardoantigua (Del Amo, 1979; Lopez Vilar, 2006). No sabemos si este proceso fue provocado o precipitado por la guerra civil entre Septimio Severo y Clodio Albino o si se inicio con anterioridad y se tendria que atribuir a otras causas, que podrian estar relacionadas con las que causaron el abandono del suburbio meridional de Dertosa.

5. Reconstruccion de un perfil topografico: un urbanismo periurbano escalonado

Si encuadramos los datos arqueologicos expuestos en un perfil topografico del barranco podemos extraer algunos datos importantes respecto a la ubicacion de las construcciones. En primer lugar debemos apuntar que el espacio mas cercano al cauce es un lugar que se evito en cierta medida, de forma que no conoce la densidad de construcciones que hay en la ladera del monte de la Zuda.

Los restos mas cercanos al cauce corresponden al edificio de la c/ Montcada, en una situacion ya en ascenso hacia la ladera del Sitjar, acompanados por algunos restos segmentarios de muros, como los conocidos a la plaza de l'Olivera y los situados bajo la iglesia de la Reparacio, cercanos al arranque de la ladera de la Zuda. Hasta ahora no se ha documentado ningun resto estructural entre los dos conjuntos, lo que refuerza la idea de que la parte inferior permanecio libre de edificaciones durante todo el periodo romano. Los datos actuales situan la mayoria de construcciones conocidas entre los 10 y los 15 msnm, en una posible primera terraza. Ademas de la plataforma en la que se ubican los muros de la c/ Montcada, la plaza de l'Olivera y la iglesia de la Reparacio, se pone en evidencia la existencia de por lo menos tres terrazas constructivas mas. La primera se situa entre el muro ubicado en el interior de la iglesia de la Reparacio y los conjuntos arquitectonicos en encofrado existentes en la calle de la Merce; la segunda entre estos conjuntos y la plataforma inferior de la c/ Sant Felip Neri, y la tercera se corresponde con la plataforma superior documentada en la misma c/ Sant Felip Neri. A partir de este esquema se observa que hay muros de aterrazamiento que todavia no han aportado datos arqueologicos y que explicarian los notables desniveles existentes entre el muro de la iglesia de la Reparacio y el conjunto de la c/ la Merce y entre este ultimo y el de Sant Felip Neri. Este urbanismo escalonado podria haberse extendido hasta la parte superior de la Zuda, donde de momento no se han efectuado intervenciones que hayan aportado datos significativos. A diferencia del fondo del barranco, en la ladera del cerro hay una densidad ciertamente importante de edificaciones, que se levantan sobre plataformas artificiales de entre 20 y 30 m de profundidad. El panorama representado en este esquema corresponde al s. I d. C., y pensamos que en parte ya era asi en el periodo augusteo, como minimo. Ahora bien, se entreve la existencia de una organizacion del espacio mas antigua, de la que son testigos los muros de datacion dudosa localizados en la c/ Sant Domenech y en la iglesia de la Reparacio, sin contar con una posible ocupacion anterior, prerromana.

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De esta forma, los aun insuficientes indicios del poblamiento de epoca republicana/tardoiberica del sector parecen apuntar a un horizonte de la primera mitad del s. I a. C., lo que podria relacionarse con el fenomeno de fundacion de ciudades romanas de nueva planta en todo el actual territorio de Cataluna en la misma epoca, como lluro, Baetulo, Ampurias romana, Iesso, Aeso (Guitart, 2006, 2010), Gerunda (Burch et al., 2000; Nolla, 2006), etc. En realidad, el escalonamiento sistematico de toda una montana empleado como solucion urbanistica de gran envergadura --asumiendo la existencia de importantes aterrazamientos en Baetulo o las soluciones empleadas para salvar el complicado relieve de Gerunda, etc.- esta muy alejado de estos ejemplos ex novo, levantados todos ellos en un lugar preestablecido y con un diseno fruto de una mentalidad puramente romana. Tampoco parece comparable con el modelo de terrazas escalonadas monumentales de inspiracion helenistica, al estilo de Tarraco. Por otro lado, Celsa, a pesar de estar levantada sobre una ladera aterrazada sobre el Ebro, despliega un urbanismo reticulado de estilo italico (Beltran-Lloris et al., 1984), todavia no documentado en Dertosa, donde no es descartable. Lo que se conoce hasta ahora del caso tortosino, con la carencia que significa no tener datos del actual barrio de Remolinos, que por sus caracteristicas orograficas podria contar con un trazado urbano sensiblemente diferente al descrito para el entorno de la Zuda, parece mucho mas cercano a aquellos casos de ciudades romanas, o 'romanizadas', que parten de un importante precedente prerromano ubicado en altura, a partir del que se va extendiendo la nueva ciudad, con mas o menos dificultades de adaptacion al terreno, como Bilbilis (Martin Bueno, 1975, 2000) o incluso en cierta medida Carthago Nova (Martin, 1995-96). En el caso de Labitolosa se trata de un nucleo fundado porperegrini romanizados, pero procedentes de los alrededores (Chasseigne et al., 2006; Magallon y Navarro, 2010). Quizas los ejemplos mas cercanos sean Saguntum, donde la planificacion urbanistica romana tiene el oppidum de Arse como punto inicial sobre el monte del Castillo (Aranegui, 2004, 2006), e Ilerda, en donde se ha observado un sistema de terrazas atribuido, como en Dertosa, a una zona extramuros situada en la ladera del cerro--denominado tambien Zuda--, en el que posiblemente se situa el nucleo iberico de Iltirta (Paya et al., 2000; Perez Almoguera, 1991).

6. Recapitulacion

La abundancia de restos constructivos altoimperiales descubiertos durante los ultimos anos en el area del Rastre no tiene que hacer perder de vista que, como se indicaba al inicio, esta zona estaba lejos de ser el centro urbano de Dertosa. Del trazado del cinturon de murallas que protegia la ciudad se conoce todavia muy poco. No fue hasta el ano 2001 cuando una excavacion en el aula mayor de la catedral hizo salir a la luz su parte superior en un tramo infimo del recorrido original. No obstante, el hallazgo permite adivinar la continuacion en direccion este-oeste, explicando en parte la forma irregular del claustro de la catedral, puesto que su ala sur emplea la muralla romana como cimentacion. Mientras que en direccion o se dirige al rio, en direccion e su trazado sigue siendo una incognita. Una hipotesis plausible hasta fechas recientes, formulada a principios del s. XX (Abril, 1931), sugeria que podria seguir una curva de nivel de la Zuda, a media altura de la ladera, posiblemente en paralelo y a la altura de las actuales calles de la Merce, San Felip Neri o del Vall. Con los datos disponibles gracias a las intervenciones arqueologicas aqui expuestas se puede rechazar esta hipotesis puesto que es segura la inexistencia de fortificacion romana alguna entre las calles de Sant Felip Neri y Nou del Vall. Tampoco en las excavaciones de la c/ Montcada se han localizado restos de muralla, pero este hecho era del todo esperable, puesto que en el espacio comprendido entre las calles Nou del Vall y Montcada nos encontramos justo con el cauce del barranco, la parte mas profunda, y por lo tanto el lugar menos indicado para construir una muralla, que quedaria completamente dominada desde la altura superior de la muy cercana colina del Sitjar.

Otra razon que explica el caracter suburbial de la zona es la proliferacion de tumbas de inhumacion a partir de finales del s. IV d. C. Hasta ahora no se conocen tumbas mas antiguas, pero si varias muestras de epigrafes funerarios altoimperiales--reutilizados en construcciones y sepulcros tardoantiguos--, que sugieren la existencia de sepulcros de los ss. I y II d. C. en un lugar cercano. Dadas las circunstancias, el trazado de la muralla se tendria que buscar en una cota mas elevada, siguiendo quizas el recorrido de la c/ Costa de Capellans, ya muy cerca de la parte superior de la Zuda y en la base del castillo medieval. Muy posiblemente la ancha estructura andalusi documentada recientemente en la plaza del Abside de la catedral, interpretable como una fortificacion, y que concordaria con esta direccion, podria estar apoyandose sobre un tramo de la muralla romana (Grino y Camarasa, 2011). No esta de mas recordar la cita del geografo al-Hymiari (ss. XIII-XIV) segun la cual la muralla de epoca califal se construyo sobre una fortificacion mas antigua, que no puede ser sino la muralla romana (Jarrega, 2006, 2009). Respecto a los limites del suburbio no se puede aventurar todavia ningun dato seguro, mas alla de los que imponen los accidentes naturales y lo poco que se conoce respecto al limite amurallado de la ciudad. Por el e el limite maximo estaria en el mismo rio Ebro, mientras que por el N estaria en el trazado de la muralla, bordeando la catedral medieval y seguramente la parte superior de la Zuda. La penetracion del area edificada hacia el e y hacia el S es totalmente desconocida. En la c/ Montcada, el limite sur de la excavacion arqueologica alcanza la base del cerro del Sitjar, en un punto en el que se documenta la presencia de estructuras romanas. No hay motivos para pensar que la ladera N del Sitjar no conociera un fenomeno de urbanizacion parecida a la de la ladera s de la Zuda durante la misma epoca, aunque este ultimo extremo no pasa de mera hipotesis dado que se trata de un sector arqueologicamente muy poco conocido. En todo caso las intervenciones realizadas en la parte superior del Sitjar no han permitido documentar hasta ahora muestras de ocupacion de epoca romana.

Por lo que respecta a aspectos funcionales de este suburbio situado alrededor del barranco del Rastre, debemos apuntar que a partir de los anos 80 del s. XX empezo a relacionarse este arroyo intermitente con la actividad portuaria de la ciudad (Curto et al., 1986; Miravall, 1988; Barrassetas, 1988). Pensamos que el descubrimiento en la c/ Montcada del almacen porticado --horreum--, dividido en varias naves paralelas, refuerza la idea de una relacion estrecha entre el barranco del Rastre y el area portuaria de la ciudad. El abandono del suburbio en torno al 200 d. C. no implicaria el fin de la utilizacion del puerto, puesto que el flujo de importaciones de todo el Mediterraneo sigue siendo constante a lo largo de los ss. IV, V y VI d. C., como se ha comprobado repetidamente en el curso de las excavaciones.

Las causas de este abandono todavia no estan claras. A partir de finales del s. IV d. C. esta area se convierte en una extensa necropolis, en un fenomeno paralelo al que se documenta en Tarraco, donde el abandono del suburbio fue seguido del establecimiento de una necropolis tardoantigua. La ladera meridional de la Zuda no volvera a ser urbanizada plenamente hasta la ocupacion musulmana, mientras que, por su parte, el cauce del barranco del Rastre no lo sera hasta los ss. X-XI.

DOI: http://dx.doi.org/ 10.14201/zephyrus201576121139

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JORDI DILOLI FONS *, RAMON FERRE ANGUIX *, RAMON JARREGA DOMINGUEZ ** y JORDI VILA LLORACH *

* Grup de Recerca Seminari de Protohistoria i Arqueologia (gresepia)-urv. Avda. Catalunya, 35. 43002 Tarragona. Correo-e: jordi.diloli@urv.cat; r.ferre@hotmail.es; jordivilallorach@gmail.com

** Institut Catala d'Arqueologia Classica (icac). Placa Rovellat, s/n. 43003 Tarragona. Correo-e: rjarrega@icac.cat

Recepcion: 7/05/2015; Revision: 6/07/2015; Aceptacion: 8/09/2015

(1) Este trabajo se enmarca en el proyecto Adaptacion al medio y evolucion sociopolitica de las comunidades asentadas en el valle del Ebro desde el Bronce final hasta epoca romana (har2012-33395), subvencionado por el mineco y desarrollado bajo la direccion de J. Diloli Fons.

(2) Tambien Diloli, J.; Ferre, R.; Jarrega, R. y Vila, J.: "Nuevas aportaciones para el conocimiento de la antigua Dertosa. La excavacion de la calle Sant Felip Neri". En Actas XVIII Congreso Internacional de Arqueologia Clasica (Merida, 2013), en prensa

(3) Navarro, S.: Les necropolis romanes de Dertosa (Tortosa, Baix Ebre). Trabajo de Investigacion inedito presentado en 2008 en el Master Interuniversitario en Arqueologia Clasica URv-UAB-iCAC.
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Author:Fons, Jordi Diloli; Anguix, Ramon Ferre; Dominguez, Ramon Jarrega; Llorach, Jordi Vila
Publication:Zephyrus
Date:Jul 1, 2015
Words:8937
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