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La ciudad como laberinto psicotico en El Padre Mio y Jamas el Fuego Nunca de Diamela Eltit.

En el cuento de Borges La casa de Asterion (1949), el narrador centrado en su personaje protagonico, el Minotauro, ratifica su diferencia con el humano y espera, devorado por el tedio, en el laberinto de Cnossos, el dia de su liberacion. Cuando el heroe mitico, Teseo, lo mata, cree ver en el a su salvador. Tras terminar su tarea, Teseo le dice a Ariadna: "Lo creeras, el Minotauro apenas se defendio" (70).

cito ese cuento porque en el se encuentra el Minotauro, el verdugo, que es Asterion, esperando la muerte como unica salida de la monotonia del laberinto. a partir de ese relato, Borges elabora un texto que desde la perspectiva de la grandiosidad del estilo de heroes y dioses en la epica y tragedia griegas, asume como mediocre la existencia del hombre y desarticula la categoria de la inmortalidad como infinitamente melancolica. El motivo del taedium vitae estructura la idea del laberinto borgiano, en una sola direccion, desplazando el eje de la perspectiva cristiana hacia la teogonia del mundo griego, en que la muerte era valida como coronacion de una vida noble en cuanto se cultivara la virtud, demostrada en el equilibrio de mente y cuerpo. El temple de animo es el desencanto, la nostalgia por la perdida de lo sublime en el Minotauro.

Si en el cuento de Borges el laberinto de Cnossos es un conjunto de pistas en que lo real se mezcla con lo posible para conjugar los sentidos de la muerte sacrificial de los jovenes en esquinas o recodos que recortan los infinitos espacios del palacio del Minotauro, la presencia casi secreta de los cadaveres se disimula con la estructura de multiples formas del lugar, conformado como la cita arqueologica de una ciudad en que el deseo retiene a la memoria y la muerte, consignada en los crimenes periodicos hacia los jovenes entregados como piezas sacrificiales. Terror y deseo coexisten en toda la ciudad de Atenas, amenazada por el asesinato implacable y periodico. Pero tambien Cnossos esconde la clave de la dominacion: la figura del Minotauro antropofago es usada para mitigar el odio del rey Minos contra los aqueos, por la muerte de su hijo. El laberinto, pues, esconde no solo el monstruo, tambien la muerte brutal; el resto constituira la ornamentacion y consagracion esteticas de un ser dividido entre lo monstruoso y lo divino; en que las muertes de los jovenes cada nueve anos constituiria la clave alegorica de lo ominoso y del desvario de quien se encuentra mas alla del bien y del mal. Demas esta decir que el salvaje Minotauro confirma en su cuerpo la union del hombre y la bestia; del bien y del mal, lo divino y lo humano. Es para reparar esas muertes de catorce jovenes que Teseo decide matarlo, convirtiendose en heroe.

Lo que muestra Borges es el dolor del verdugo y su incapacidad de ver al otro; en este caso, el dolor de las jovenes victimas destinadas al sacrificio. Lo que el Mito revela es la fragilidad de la vida humana y el lugar que juega dicha fragilidad en las luchas de poder. El poderoso Minos valiendose de Asterion subordina de manera criminal a los atenienses. Asi se disfraza el apetito de matar, otorgandole al crimen un sentido religioso y temible.

De ese modo, el cuento postula la simpleza final de las narraciones humanas, cuya ferocidad enclaustrada en un "laberinto" no es mas que la expresion del tedio y de la melancolia, en la que la grandeza de una construccion no es sino la expresion de la insignificancia. El ostentoso laberinto cubre el aburrimiento enorme del monstruo.

Estableciendo una correlacion con Borges, lo que encubre el laberinto de Diamela Eltit en El Padre Mio (1998) es la compleja red citadina que oculta y muestra las claves del poder en el discurso y el cuerpo de un habla psicotica, pero que impone su Verdad de una manera poetica frente a las represiones ciegas del poder del Imperio y sus tentaculos dictatoriales, centrados en el terror y en la criminalidad. De este modo el laberinto encierra a la manera de un jeroglifico el signo poetico que abre el sistema, como a la red de significaciones que portan el lenguaje y su historia.

El laberinto ha sido una de las metaforas mediante las cuales la historia de la literatura latinoamericana ha escogido sus representaciones para hablar de la dificultad de advenir a la autonomia y el libre desarrollo de las utopias que han ido generando su crudo desenlace en la historia de las modernidades y su clausura postmoderna, para dejar pasar la historia, haciendola circular, echando por tierra los escollos, las dificultades mitico poeticas, politicas e historicas que exigieran en sus articulaciones logicas la clausura de areas determinadas de la ciudad.

En las lecturas que propongo hacer, en los textos de Diamela Eltit, El Padre Mio y Jamas el fuego Nunca (2007), el laberinto aparece como un sistema que manifiesta el impetu del Imperio y deja pistas sobre la ciudad, entre las cuales se encuentra por un lado, la memoria y la melancolia de la memoria; por otro lado, la psicosis, como el enigma propuesto al frenesi del vertigo circulante. Los signos avanzan en ambos textos en encabalgamientos silabicos. Barthes ha dicho que la cultura falologocentrica detiene y oculta la codificacion de las pistas de circulacion, volviendo ciego el vertice de la velocidad. Sin embargo, el nuevo eje de encuentro de las huellas circulantes se encuentran en la enigmatica sique, en el cuerpo y el habla del psicotico.

Su enigma cerca el movimiento, obstruye la comunicacion, pues contiene como cifra las claves de la circulacion cotidiana.

?Como lo hace? Nada mas ni nada menos que espacializando el tiempo para generar un espacio poetico en que los enunciados lineales de la lengua cultural chilena potencian en sintagmas que abren la "historia", es decir, la trama del argumento del texto en un tiempo vertical, en que de manera paradigmatica las asociaciones entre hechos similares establecen analogias, abriendo la capacidad evocadora de la memoria para romper el orden lineal, y senalando un nuevo espacio y un sentido otro, imposible, que pone en tela de juicio los significados consensuados, derribando la tirania y las filiaciones que los estructuran.

La poetica escritural de Eltit devuelve la deuda a quienes la cobran como sistema de coacciones y propuestas de jerarquias; echa por tierra las distinciones jerarquicas revelando su caracter arbitrario. El juicio analitico que se desprende del trabajo deconstructivo de su texto es definitivo, en la medida en que incluye la mirada del esquizo como tercer termino de la cadena emisor-receptor. Su verdad, aunque es parcial, no es conjetural, en cuanto sigue las leyes de los grupos y lleva las contradicciones a una resolucion logica. Es decir, lo que el ojo analitico del esquizo revela es la caducidad del contrato cultural entre las leyes del tirano y el pueblo dominado.

El laberinto no abre familia, al contrario, revela el caracter retentivo y servil de ese proyecto cultural. El laberinto chileno de la dictadura desafia al heroe (el psicotico de Conchali) con sus falsas promesas y con lo fabuloso de su apropiacion territorial, lo hace mirar la flaqueza de su cometido y la pequenez de sus actos. Enfrenta no solo a la muerte; el heroe, aqui un antiheroe, un sobreviviente psicotizado por la sociedad de su tiempo, que con su texto oral emplaza y hace jirones el discurso cultural que ha ocupado su cuerpo politico, anudandolo en las claves del exilio y la soledad.

Lo hace por medio de la repeticion obsesiva de un unico significante: la denuncia de la tirania del padre que le ha confiscado, no solo el cuerpo, sino el pais.

Bajo su conciencia que aparenta "fugarse" de la realidad, sostiene la capacidad de senalar la cifra densa y opaca de la empresa de poder que escenificara el regimen y la continuidad historica de los "nombres" que ese poder ostentara.

El heroe contemporaneo ya no es un hijo de un dios, ha perdido ese fulgor y su apetito de trascendencia. Es ahora un hombre, pero un hombre pequeno y limitado, que pierde su espiritualidad y su gloria, como un molusco, que delimita los sentidos sociales, de los cuales, no obstante, no puede liberarse, pero a los que enjuicia. a pesar de su condicion precaria, se enfrenta con los Hados de su tiempo, devolviendo su estatuto a lo reprimido, estableciendo la necesidad de ese retorno en la huella del trauma, unico camino posible como diria Freud, para instalar una pregunta sobre los sentidos, entre los cuales esta la pregunta por la nacion, la escritura de la nacion y los mitos que estas han constituido, la validez de las formas de lectura de los tropos y formas que esa escritura ha puesto en marcha, por medio de pactos entre burguesia y capital. Es una demanda que obliga a la enunciacion a realizar una suerte de duelo por lo perdido o a llevar en sus hombros la melancolia de no haber podido, no haber querido ni deseado ver mas alla de las apariencias externas.

Diamela Eltit, escritora chilena contemporanea, y autora de cerca de veinte textos desde Lumperica (1983) hasta Fuerzas Especiales (2013), ha atravesado la dictadura y la posdictadura como ciudadana testigo que ha elaborado formas esteticas para hacer frente a los dilemas que el pais ha abierto en la cultura local. Sus novelas atraviesan la pregunta sobre como puede convivir una ciudadania frente a sistemas adversos, tiranizados por el capitalismo, a traves de la deuda y los prestamos de la banca del primer mundo. como vivir encarando una hegemonia que somete, por el trabajo y el dinero, al mundo chileno, el que encarna la plusvalia de esa mercancia, cuya aura convertida en fetiche se despliega espectacular en las vitrinas de un mundo dominado por la especulacion financiera y la sedicion militar rendida ante el despotismo de la fanfarrona burguesia de clase alta.

Frente a esos dilemas, el sujeto recortado por los sistemas politicos y economicos, por el discurso social y por la subordinacion de la letra a la circulacion del capital, Diamela Eltit imagina formas de resistencia. Lo hace desde su primera novela, Lumperica, en la que a traves del dolor y la sangre, del tatuaje de la inscripcion en el socius, bajo el control panoptico de un discurso del terror administrado por la dictadura militar vigente en chile desde 1973 hasta 1989, el que cautelara calles y barrios, plazas y margenes, sitios en los que de noche una forma mujer abre una zona de descontrol, un flujo desterritorializado, como diria Deleuze. Es decir, una poetica que interroga tanto desde su discurso como desde el metadiscurso que abre las condiciones por las cuales se legitima toda enunciacion, particularmente la enunciacion de los textos culturales de la historia de chile.

Desde esos pre-textos unicos, el texto que nos ocupa construye una zona de preguntas en el libro. ?cuales son esas zonas?

Una de ellas, la mas importante aqui es la mimesis con la que se produce un relato que, situado entre la alegoria y el testimonio, transmite un habla que recortada en un sitio, mas alla de la frase, la emplaza desde un espacio transtextual que multiplica el decir y desregula la sintaxis, privandola de su papel ordenador y controlador. Hace saltar el sujeto y el predicado al abismo de la sentencia que encabalga oraciones en la fuga paratactica de la coordinacion que multiplica los ordenes y abre nuevos sitios de regulacion del decir y de los sentidos. "'Pero, deberia servir de testimonio yo. Hospitalario no puedo servir, porque ahi tienen empleada la tactica de la complicidad' (de su 'Tercera Habla')." (El Padre 18).

En el sitio eriazo de Conchali, el psicotico formula el habla desterritorializada del delirio. Este, como toda habla psicotica desentierra los ordenes dominantes, colocandolos todos ellos en un mismo paradigma de dominacion, del cual el yace expulsado, expulsado de su logica dominante y abusadora.

Porque yo fui solicitado para esos cargos y esas garantias, no el Padre mio ni el Sr Colvin que es el Sr. Luengo, que es diputado y senador. A el le ofrecieron esos cargos y esas representaciones; por eso que a mi me planearon por asesinato y enfermo mental. Se pago un dinero importante por lo mio. El canto hay que superarlo, el es Argentino Ledezma, yo lo supere a el como cantor. A mi me tienen planeado mas de veinte anos en esos asuntos. Porque yo no quise admitir que ahora, ultimamente, me fuera a pasar lo mismo que anteriormente, porque yo fui solicitado para esos cargos, ya que esto me lo planeo antes a mi (El Padre 23).

El capitalismo es entonces el gran dilema de esta primera habla, la arbitrariedad y mala practica de los que ejercen el poder en la pluralidad de sus multiples cargos y desde la retorica de la inversion, que camufla el abuso tras la figura de la modernizacion y de la usura, el lucro, que comparten de manera simultanea o sucesiva, y en las que planifican contra otros. El desalojo de este sujeto desde el poder lo situa en una epoca previa a la que cita el lugar de la enunciacion, en el anonimato, en el exilio de los centros: lo llevo a la periferia.

La borradura de la biografia, que nada tiene que ver con la del sujeto, es otro desalojo cuyo rostro es el desamparo, porque el Padre Mio constituye su domicilio en el lenguaje y en la critica politica a un poder que lejos de ser fantasmal, toma nombres: Luengo, Colvin y mas adelante, Allende, Alessandri, Pinochet.

El psicotico a traves de su delirio formula su ser en el discurso politico, el que nada tiene que ver con las peculiaridades del lamento oculto del Edipo, ni con las filiaciones. Tampoco esta acompanado de alguna hija, que como Antigona, acepte dar su vida en sacrificio por el padre o los hermanos. No. El pais tiene una deuda con el y su exigua existencia. Es desde ese marginal, expuesto en el eriazo desde donde se levanta una guerra civil. Y es la calidad historica del relato, es el extasis vertiginoso de su discurso y su poder sintetico para denunciar la composicion social del pais, sus complots, sus asesinos, autodenominados presidentes, lo que sorprende a Diamela Eltit, la que esgrime la zona de enunciacion mimetica del texto.

Ella lo ve y al oirlo evoca a Beckett, el escritor irlandes que diera vida a los vagabundos, los ancianos pobres y excluidos, los enajenados del mundo capitalista e industrial. Evoca a Beckett y el habla que el construye para escribir desde el fragmentarismo y la elipsis, la ruina contenida en sujetos que apenas si poseen un lugar en el mundo, sujetos que perdieron la capacidad de construir una subjetividad plena o propia, porque son la ruina, la hilacha de un sistema mortifero en el que ellos derivan sus esquinas asfixiadas, sus galaxias deprivadas de todo, que de esa manera, demuestran sus excesos y abusos.

Entonces Diamela Eltit piensa como construir ese relato de El Padre Mio, como hacer comparecer el texto de esa historia en la Historia oficial, en el chile de 1989, fecha de cruce entre el regimen dictatorial y el inicio de la democracia concertacionista.

Como testimonio, si, dice, pero luego agrega: es-cultura y es una pena.

El Padre mio entonces se convierte en una alegoria de la cultura chilena vista desde su reverso, una escritura que desplaza el canon hasta el absurdo, mostrando su lado enfermo y malvado, su composicion abigarrada y grotesca. como alegoria, se situa mas alla de la tragedia y de lo patetico, pues no busca la lagrima, ni padece la nostalgia del hogar calido ni del nido amoroso. Es el que enjuicia al tirano, desarticulando ese significante de su poder panoptico hasta llevarlo al desalojo y exposicion materica del eriazo y esa es la segunda zona de preguntas que bordea el relato.

(...)-?sabe Ud. porque los matan?--para quedarse con las propiedades de ellos y por las personas que ocupan cargos y que representan las garantias de ocupar cargos. Ellos no son comunistas aqui. El Padre mio es comunista con la cedula de identidad, pero lo hace por negocio, ya que el Padre mio vive de la usurpacion permanentemente con el Sr. Luengo que le sirve para la Antartida. Tiene hombres influyentes que le arreglan los papeles, los archivos que ocupan cargos en el Estado. Se deshizo de ellos ya que ninguna persona que vivio con el le conviene,--por esto que le estoy conversando yo--, porque el le trabaja a la usurpacion permanentemente (El Padre 25-26).

La evocacion insistente de la usura, de la ilegalidad, de la planificacion de un asesinato oculto tras la trama social, el exilio y la deshonra son los significantes que inundan de manera paratactica el habla desenfrenada y resistente a la jerarquia del orden unido a la gramatica que impone la ley de la letra.

?Sabe por que le digo esto yo? Porque el es delegado de las Naciones Unidas y por la ley, la razon o la fuerza no puede mas que ser socialista si se ponen de acuerdo Uds. Yo tampoco soy partidario de otra cosa. Yo llevo mi existencia en estas condiciones, sabiendo lo que les estoy explicando yo. Pero por la razon o la fuerza es otro asunto de lo que representa ser delegado de las naciones Unidas, porque representan a la Administracion y al personal en general, al cual no se le ha dado cumplimiento. Esta esperando la usurpacion, una vez mas, que por la ley no ha querido solucionar hechos favorables relacionados con el compromiso bancario inclusive. Eso es lo que les converso yo. Es algo de los que oi hablar antes (El Padre 69-70).

?Que diferencia existe entre el habla de la psicosis y la de la normalidad? Acaso no sera que la norma esta enteramente codificada por discursos del poder, siendo la expresion mas comun la que se trenza con la mecanica del biopoder y con la territorialidad de los espacios economicos afines a las alianzas para no llegar nunca a confrontar el ojo del tirano. o en el caso del neoliberalismo contemporaneo, la norma buscada es aquella que no da con las estructuras que dominan los flujos economicos, para subordinar cuerpos y deseos a su eje unico. La norma seria el efecto desarticulador de la subjetividad como territorialidad que se piensa y se elabora, lo que traeria como efecto la huella perdida, el residuo o resto confirmando lo que Jean Baudrillard denomina como el extasis de la comunicacion, es decir, la astilla que mantiene una atencion servil ante la gran pantalla de la oferta mediatica de los medios de comunicacion y la gran vitrina del mercado que asegura que cada sujeto sea la plusvalia del poderoso estado capitalista.

?Y lo psicotico? Es el estallido del sentido comun, la multiplicacion de las hablas autonomas que establecen un discurso sin fronteras en el que el yo no es un eje de la enunciacion sino la combinacion de las cadenas enlazadas por el deseo o por el hambre de una pertinencia social mas amplia y favorable, sea este el mutante edificio de los poderes o la capacidad articulatoria de umbrales y discontinuidades, como hubiera planteado Foucault, la genealogia de los saberes que abre paso a la historia de occidente.

Nada mas que una reserva historica del sinsentido del pais, del borramiento de sus fronteras en que el yo/otro para el Padre Mio se enlaza de manera sospechosa con el senor colvin, que es el Sr. Luengo, que es el que suspende el medicamento que conecta la mente con el poder. Ese medicamento imaginario por el que ruega, suplica a sus interlocutoras para que todos podamos enfrentamos a la dictadura y sus ilegalidades con el fin de poder discernir mejor un lugar para abrir la democracia o algo cercano a una democracia, un modelo economico, no ladron ni asesino, como lo ve el dueno de esta habla, para no generar ya el "planeamiento", lease el control de los cuerpos y las mentes sometidas a la desesperada tarea de vivir.

El laberinto es una de las figuras de la imaginacion latinoamericana, una figura constituyente del "archivo mitico" de las formas novelisticas de Borges, Garcia Marquez y Donoso. Se trata de proponer una construccion cerrada y compleja, que puede anudarse desde la multiplicidad y la proliferacion del barroco hasta llegar a la linea sola y recta como en El jardin de senderos que se bifurcan (1944) de Borges. El laberinto espejea la construccion de la ciudad, citando la errancia, el fantasma, la nostalgia, el deseo, pero tambien, la fuga. Si el laberinto como enigma esta en la sociedad chilena desde 1973 hasta 1989, esta en estos textos de Eltit como peregrinaje por la ciudad, y tambien en los cuartos en los que se refugian los segregados del discurso social, como la pareja de Jamas el Fuego Nunca, buscando claves de articulacion de un mundo simbolico que ha quedado en el pasado y que subyace como resta en algunas hablas, entre ellas, en el delirio de ese "loco" de conchali, y en la pluralidad barroca de significantes que existen en sus tres hablas, como cita del proyecto que se ha instalado en el pais como fuerza y decreto que, suspendiendo el imperio de la letra, de la razon, de la vanguardia y de la utopia social, intercambia esos flujos para derramar sus grandes edificios, con una sociedad basada en la potenciacion de la economia, las armas y la ilegalidad.

El laberinto como conjunto de retazos de hablas, jirones de la modernidad, se articula en un dialogo mudo con el proyecto de la dictadura, para hacer germinar la escultura, como la denomina Diamela Eltit. La escultura de las ruinas y su melancolia, el trauma y los nudos patogenos de la enfermedad a la que el nuevo regimen condenara a muchos sobrevivientes.

El otro nombre "es una pena" y el discurso que lo sigue, intenta explicarlo: "jirones de diarios, fragmentos de exterminio, silabas de muerte, pausas de mentira, frases comerciales, nombres de difuntos. Es una honda crisis del lenguaje, una infeccion en la memoria, una desarticulacion de todas las ideologias. Es una pena" (El Padre 17).

El Padre Mio entonces es un jeroglifico que condensa, desde su exclusion y su aislamiento, la historia chilena, la historia de la sobrevivencia y del horror bajo el regimen dictatorial y de la carencia de sentido de toda pertenencia al lugar. Lo que resta es la marginalidad politica y la busqueda, desde la soledad y el vagabundaje, de un lugar posible para los sin patria, y su gesto politico, elaborado desde el dolor y el desamparo. Es por ello que la autora lo nombra: "el padre mio", aludiendo con el a la figura sustitutiva del heroe, del caudillo, del guerrillero romantico, del artista. La psicosis seria el estado mental que se insertara en esos anos abyectos bajo el artificio de una imagen fascista que, organizada en limitados estereotipos ocultaba su criminalidad bajo el lema: todo esta disponible, si te endeudas y ocupas la tarjeta de credito, todo esta disponible, si me obedeces. Estereotipo adoptado no solo por el Estado, sino tambien por el mercado, que lo oferta en un sueno a plazos muy cercano, en el despertar a la pesadilla.

El Padre mio es un testimonio mediatizado por la escritura de Eltit quien se oculta y se muestra en la figura de la Introduccion y de manera mas soslayada en la puntuacion, que ella otorga al habla delirante del personaje. Es el testimonio de Eltit, de una buena parte de su poetica, una poetica minoritaria, como lo ha dicho el critico Juan carlos Lertora en Una poetica de literatura menor: La Narrativa de Diamela Eltit (1993).

Pero no solo es testimonio El Padre Mio, sino tambien alegoria, red metaforica sobre el pais a los diez anos de instalada la dictadura, es el cuerpo prohibido e ilegal de la cultura del consumo y del maquillaje del terror y la muerte, El Padre Mio habla de una gloria pasada, que le ha sido arrebatada al pais, ?no sera pues, la gloria de la Unidad Popular?; ?no sera la gloria de exhibir como testimonio un cuerpo resistente aun desde la enfermedad a la ilegalidad, el despotismo, la negligencia, el terrorismo, el consumismo y la muerte?. Todas esas condiciones lo revisten del aura necesaria para converger como signo poetico en el texto, no solo como cita reparadora, sino tambien como metafora de una ausencia y una perdida , es decir como ruina y trauma, privilegiados, porque no se seducen con el espectaculo de la mercancia, no se asustan y se borran tras el artificio de la imagen de moda, no caen.

En Jamas el Fuego Nunca, la penultima novela de Eltit, el trazado multiple del significante opone dos nucleos poeticos importantes: la celula como emergencia y resta de toda batalla y una poetica de la catastrofe. Esta se lleva a cabo gracias a la metafora de la limpieza.

Curiosamente, en el mundo del chile contemporaneo, su caratula fascista y modernizadora ha llegado a proponer lo bello, lo limpio, lo joven como el cuerpo de exhibicion de la vitrina posmoderna. Para existir y no ser invisibilizados en el pais, los chilenos, subalternos del Primer Mundo, nos presentamos, limpios y perfumados como fetiches de un mundo ganador que se presenta con apariencia conquistadora ante el mercado de la metropolis.

En ese sentido, el unico trabajo que se le asigna a la protagonista de esta novela es la limpieza, la higiene de cuerpos en la antesala de la muerte. De esa manera, la narradora observa como en un laboratorio de ensayo los modos en que la vejez y el deterioro cursan sus huellas y surcos por cuerpos ancianos y enfermos, a los que solo un codigo de honor de las familias mantiene rigurosamente pulcro.

Los cuerpos debiles de los viejos sirven no solo como trabajo sino tambien como la metafora en la que se inscribe la catastrofe de manera literal, escritura sin metafora.

La narracion comienza con el recuerdo de Franco, el recuerdo de su muerte, olvidada ya en su caracter apocaliptico, en el momento en que ella y su pareja se abrian a la utopia social propia de la epoca moderna. El, un lider politico, ella una militante de izquierdas empecinados en cambiar la sociedad conservadora chilena, haciendo converger sobre ella un nuevo mito con otros origenes: el socialismo, la revolucion democratica de Allende. Estos recuerdos aparecen como parte de la exegesis del siglo xx.

Exegesis que se abre de manera paralela con una nueva inscripcion corporal: la vejez, los cuerpos viejos como excedentes o restos de una historia canibalistica de depredacion al menos en la etapa de reformulacion del pais bajo la egida militar.

La mimesis, si era problematica en El Padre mio, se vuelve ambigua en Jamas el Fuego Nunca y su ambiguedad, su paradoja, se vuelca en el quiasmo de un texto laberintico: el paseo de la narradora por el espacio para llegar a los lugares en donde asea a los viejos y enfermos residuos de su tiempo, y por otra parte, en el laberinto de los tiempos, en que se analiza la propia juventud, la subjetividad de la epoca y los errores cometidos en los anos 60 y 70, antes de la caida de allende.

Es la caida de la celula politica a manos de la dictadura, la caida del siglo y con el de algunas viejas y decadentes instituciones, como la pareja, la familia, como sistemas institucionalizados de relacion. Es la caida de la celula biologica en la cual se prepara el tatuaje, la inscripcion corporal requerida por Eltit como pago por la deuda de haber sido desbordados en una epoca que se termino y que cae, no con una explosion, como dijo T. S. Eliot, sino con un gemido.

Asi, cuerpo politico y cuerpo biologico establecen una suerte de correspondencia y dialogo cuyas senas se intercambian de una manera precisa, osea.

Mas aun, se podria decir que el cuerpo biologico, destrozado, es la mejor metafora de esa pregunta por los sentidos historicos del siglo, por la pregunta de por que no se pudo cursar el cambio social y el porque de la caida en el fascismo, la fuerza de ese fascismo, impensadamente cruel que todavia abate la historia de chile y cuyo modelo, desde un lugar fue Franco, y en otro, el neoliberalismo norteamericano y los brazos politicos de Nixon y Kissinger. La traicion de los militares y su alianza con la clase burguesa dominante, el pacto de acaparamiento de alimentos, el canibalismo delator echando por tierra el mito de chile solidario.

Pero la celula se extingue aun con otros pormenores, el regreso del conservadurismo en las relaciones personales y sociales dejando fuera las criticas de los anos 60 a la nocion de familia y la pareja, la revalorizacion machista sobre las capacidades reproductivas de las mujeres, el poder y biopoder de la Iglesia, particularmente el Opus Dei, y finalmente la muerte de la letra y el imperio tecnologico y comercial, que han conseguido hacer de este pais un prometedor centro de exportaciones y de importaciones.

La revision del siglo xx, como siglo de dos grandes guerras y una tercera guerra, no menos estruendosa, la guerra fria, que durara 40 anos de historia, ha dejado fuera cualquier campo de valores, y ha descartado cualquier utopia o esperanza de un mejor, puesto que el siglo se permitio de manera estruendosa, el crimen fatricida. De este modo, los sectores que forman parte de el y que fueran sus actores politicos y culturales se preguntan asombrados por el curso abigarrado de los acontecimientos.

Es ese crimen el que campea sin justicia ni duelo, las sabanas de la pareja, recluida como nunca antes en una pieza, donde el hombre, invalido, enfermo, depende de la mujer, como nutridora y enfermera.

La cuenta pendiente que el paga con silencio y con enojo no solo es su ineficacia politica, sino tambien la subordinacion generica a la que empujo a la mujer que lo acompana. como toda rina familiar, siempre hay un fantasma que se pudre y que clama venganza. En este caso, ese mortal espectro viene citado por la mujer, ella es la gestora de un cuerpo y la que, entre otras cosas, quisiera ser liberada: "Si, recuerdo que te lo dije. Debemos tomar una decision. Yo lloraba porque estaba aterrorizada, sabia lo que iba a suceder. Tenemos que apurarnos, llevarlo al hospital. o lo llevas tu o lo llevo yo. No, no, no, es imposible, imposible" (Jamas 32-33).

Engastado en el discurso memorioso de la narradora, este pasaje aparece impecable y sin aviso previo. Es un cambio fuerte en los planos de la narracion, pero sigiloso a pesar de que su peso semantico remece el silencio y la oscuridad como el halito de la muerte ante cualquier atisbo de vida. Pero su llegada y su desarrollo, su inesperado fin certifica la existencia de la celula y materializa sobre la base de la complicidad el pacto de una pareja en abierta crisis.

Somos, asi lo pactamos, una celula. Lo hicimos despues que se hubo de consumar la muerte, no te muevas, ni la cabeza, ni menos los brazos, no ahora, porque era una muerte que nos competia y nos desgarraba. No lo llevamos al hospital, no parecia posible. Mis suplicas, lo se, eran una mera retorica, una forma de disculpa o de evasion () No podiamos acudir con su cuerpo mermado y agonico, acezante y agonico, macilento y agonico, amado y agonico hasta el hospital, porque si lo haciamos poniamos en riesgo la totalidad de las celulas porque caeria nuestra celula y una estela destructiva iria exterminando el amenazado, disminuido campo militante. Aunque conociamos las instrucciones, no sabiamos que hacer con su muerte, donde llevariamos su muerte, como la legalizariamos, ni sabiamos tampoco como salir de la inexistencia civil para ingresar con su cuerpo muerto a una sepultura en un cortejo funerario que nos podria delatar (Jamas 66).

Es la caida de la celula la que proyecta una crisis politica llevandola hasta la inesperada maternidad: el hijo producto de la violacion es el que muere a los dos anos sin ser atendido por nadie, el hijo que el odia y quiere, porque a pesar de ser recordado como producto de violaciones y torturas, es una cita a la fertilidad de la especie, dispuesta a estallar en cualquier momento, no importa si esta todo bien o todo mal. El hijo y su proyecto de vida, impedido, abortado a los dos anos, el delirio final del hijo muerto y vivo en la mente de esa narradora, que relata integramente su destruccion y la destruccion de un cuerpo, que a la manera de un esquizo desconoce sus limites, los confunde como a los tiempos en un texto que termina con la conmovedora pregunta por la salida hacia otro tiempo mejor para reparar de algun modo el feroz siglo xx. Un tiempo en que el hijo vive en el mundo virtual del deseo.

Finalmente cabe agregar que la relacion violenta entre los generos, su lucha a muerte a pesar de la simbiosis corporal plantea otro nudo patogeno correlativo a la ciudad y sus tiempos. Ese nudo patogeno es el cuerpo, tomado en todos sus planos, el cuerpo militante, el cuerpo embarazado, el cuerpo sobreviviente y castigado por la tortura, la mala suerte, las perdidas. El hueso como el unico resto, la ultima senal sobre la que se cancela el relato que pesquisa inexorablemente los fragmentos, los detalles, los nexos de la epica vivida desde la dictadura hasta la posdictadura, abriendose paso en ese sitio para abrir un relato unico, que disemina, agudo, el horror de la sobrevivencia, el cansancio de la lucha conjunta y solos a la vez, el clima de la catastrofe ante la falta de reconocimiento, de futuro y de reparacion.

El relato y su clima angustioso perfectamente sostenido por Eltit exhibe en todos los planos que pone en escena la tension normalidad/locura, en la sobrevivencia como el drama que padece el/la testigo de un crimen. Jamas El fuego Nunca abre la pareja como nucleo afectivo y social a la par que la politica, como el escenario de la ambicion y de las pequenas traiciones y la eterna sospecha sobre el otro. Jamas el fuego Nunca concluye con la narradora psicotica que buscando un ultimo punto de fuga a su precaria historia busca salir con su hijo entre los brazos. Jamas el fuego Nunca llega en todos sus capitulos al climax del horror puesto que sabe que un malvado minotauro devorador, no el de la casa de Asterion, mas ingenuo tal vez, sino borroso y multiple, como las casas de la tortura de la cNI y su aparataje tecnologico del horror, ha instalado su sitio en su vida y que ese monstruo ha ensayado el crimen sobre sus amigos, sobre ella, sobre su pareja y su hijo.

La novela sabe que la historia pasa por los cuerpos y que el discurso no cambia facilmente. La psicosis, la fuga, es tal vez la unica respuesta a la patologia del siglo xx y a la devoracion del fascismo que gatilla en cada celula del cuerpo, no solo militar sino tambien en el odio del companero que la espera solo para satisfacer su necesidad de cuidado y alimento. Todo eso recubierto de pliegues y recovecos son el recorrido barroco de la novela. La pregunta por el genero comporta un sacrificio mas a una historia avida de sacrificios humanos.

Y tambien a la necesidad de reabrir el dilema de la memoria y el duelo, en un lugar en donde las autoridades pasean sus brillantes y pseudofelices cuerpos frente a una poblacion que aun, pese al embate del sistema del capitalismo feroz, puede sentarse y recordar.

BIBLIOGRAFIA

Baudrillard, Jean. "El extasis de la comunicacion". El posmodernismo. Ed. Hal Foster. Barcelona: Kairos, 2008.

Borges, Jorge Luis. "La casa de Asterion". 1949. ElAleph. Buenos Aires: Emece, 1982. Brito, Eugenia. Campos minados. Santiago: cuarto Propio, 1990.

Eltit, Diamela. El padre mio. Santiago: Francisco Zegers editor, 1989.

--El cuarto mundo. Santiago: Planeta, 1988.

--Jamas el fuego nunca. Santiago: Planeta, 2007.

Lertora, juan Oarlos. Unapoetica de literatura menor: la narrativa de Diamela Eltit. Santiago: cuarto Propio, 1993.

Eugenia Brito Astrosa

Universidad de Chile

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Author:Brito Astrosa, Eugenia
Publication:Revista Chilena de Literatura
Article Type:Ensayo critico
Date:Apr 1, 2015
Words:6558
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