Printer Friendly

La canonizacion de Garcilaso de la Vega en la historia literaria de los siglos XVIII y XIX.

Garcilaso de la Vega se encuentra entre los poetas nacionales mas laureados por el siglo XVIII. Sus ecos poeticos se reconocen sin dificultad en fray Diego Gonzalez, Jovellanos, Jose Antonio Porcel, Forner, Melendez Valdes, Vaca de Guzman, Trigueros o Iglesias de la Casa. Tampoco es dificil encontrar testimonios de admiracion escritos por Nicolas F. de Moratin, Juan de Iriarte, Eugenio Gerardo Lobo, Juan Nicasio Gallego, Cadalso, Ignacio Lopez de Ayala o Pedro Montengon. Y es que para los dieciochescos Garcilaso se erigio en representante de un pasado poetico glorioso, digno de alabanza y emulacion. El culto al llamado por Fernando de Herrera "Principe de la poesia espanola" o "Principe de los poetas castellanos", segun le denomino Francisco de Medina, se funda en la valoracion de su lengua poetica, en el sentido de la imitacion clasica que advierten en su obra y en la nacionalizacion de una forma literaria, la egloga, tan prestigiada por la estetica neoclasica y sus cultivadoras. Sin embargo, curiosa y paradojicamente, en la reunion de estas tres virtudes encontro la critica decimononica (y aun la dieciochesca) razones suficientes para reprocharle su falta de originalidad y censurar la excesiva artificiosidad poetica del genero eglogico, sin por ello renunciar a reservarle un sitial privilegiado en la historia literaria nacional.

Mediado el siglo XVIII, cuando la estetica neoclasica comienza a imponer sus criterios poeticos, se apela a nuestro pasado literario en busca de modelos liricos capaces de servir de guia a los autores nacionales del tiempo presente. Ante la complicacion barroca, se impone el regreso a la sencillez de los clasicos, procedieran estos de la antiguedad griega y latina o de la Castilla del siglo XVI. Desde este punto de vista, Garcilaso simboliza el poeta llano cuya pureza linguistica y acusada sensibilidad le convierten en objeto de admiracion para los liricos del XVIII. Su obra poetica posee el doble merito de expresar el sentimiento amoroso del poeta, esto es, de reflejar su interioridad contribuyendo, al mismo tiempo, a perfeccionar la lengua castellana. En 1771 Casimiro Gomez Ortega, al dar a conocer la traduccion de la egloga primera que realizara el italiano Giambattista Conti, escribe a este proposito:
   Resplandece en esta composicion la invencion de las imagenes mas bellas y
   afectuosas que hasta ahora ha producido la fantasia de poeta alguno,
   propias de este asunto.  Que diremos del sumo juicio y discrecion que se
   advierte en la disposicion y distribucion de estas mismas imagenes, oyendo
   en boca del que canta el abandono todo lo que dice en relacion con las
   ideas de las cosas pastorales, y en la del que llora la muerte de su
   querida, los mas vivos afectos manejados ya con mayor viveza y con estilo
   mucho mas elevado por ser materia de mas excesivo dolor y, para decirlo
   asi, de inmortalidad respecto de la nueva vida a que ha pasado el alma de
   Elisa? (4-5)


El escritor dieciochesco descubre en la poesia garcilasiana una concepcion armonica de la naturaleza y un anhelo poetico de mostrarse digno del mayor encomio. Su cultivo en los ultimos decenios del XVIII supondra un retomar la tradicion clasica en un ultimo intento por refinar el genero poetico postergando el desenfado barroco e imponiendo, de acuerdo con Luzan, la belleza y la dulzura como maxima expresion del deleite lirico (La Poetica II, IV, 203-206).

En este contexto, la referencia a la poesia de Garcilaso se acompana predominantemente de apreciaciones acerca de su contribucion retorica, metrica, lexica y estilistica. La renovacion casi revolucionaria que Garcilaso llevo a cabo en los dominios retorico-semanticos, le erigen en un hito nacional que hallaba fiel reflejo en la realidad poetica del XVIII. Frente a los antiguos metros castellanos y a los estilos a ellos asociados, el poeta toledano introdujo el estilo italianizante y una imagineria de origen petrarquista basada en un lenguaje poetico rico, flexible y culto, merecedor de los elogiosos y autorizados comentarios del Brocense y Herrera. Gomez Ortega le atribuye el honor de haber sido "el autor del dialecto poetico castellano", lo cual, segun su propia definicion, consiste en "aquella eleccion y colocacion de voces de que resulta una armonia suavisima del todo diferente de la que se observa en la prosa" (5). La figura de Garcilaso se conviene asi en paradigma del comportamiento definidor del poeta dieciochesco. Siguiendo su magisterio, este ultimo aspirara a restaurar un pasado lirico esplendoroso, resultado de la obra poetica y de la voluntad reformista de un poeta espanol.

La reedicion y anotacion de sus poesias que, despues de ciento treinta anos sin reimprimirse, realizo en 1765 Jose Nicolas de Azara obedece a esa intencion ilustradora, pues al prologar las Obras de Garcilaso de la Vega declara:
   Hasta la venida de Felipe V eran muy pocos los espanoles que supiesen el
   frances. Muchos de nuestros sabios le miraban con desprecio; otros, como
   inutil y algunos con odio. Rellenos de su Aristoteles, y pomposos con las
   borlas de Salamanca y Alcala, no creian que en el mundo hubiera mas que
   saber, ni que una nacion enemiga pudiese tener buena instruccion.
   Desenganolos el trato; vieron gran copia de libros franceses y, con una
   rapidez increible, se aplicaron a traducirlos al castellano. Pero como los
   mas no calaban bien la fuerza de uno y otro idioma, hicieron un miserable
   batiburrillo de los dos [...]. Todas estas consideraciones me han hecho
   discurrir sobre los medios de atajar los progresos del mal, y a este fin me
   ha parecido lo mas oportuno renovar los escritos de los patriarcas y
   fundadores de la lengua castellana. (11-12)


Al volver la vista sobre la antigua historia literaria espanola, Azara encuentra en Garcilaso una autoridad que oponer al desconocimiento de la lengua castellana que delata a los malos traductores. La divulgacion de su poesia y la anotacion de la misma se realizan con objeto de adoctrinar sobre las ventajas de un estilo tan propio, sencillo, preciso y elegante como el garcilasiano. De ahi que la pureza estilistica y la belleza natural que le alabara Luzan en su Arte de hablar (1729) acompanen casi siempre la mencion del poeta renacentista en los siglos XVIII y XIX. La elegancia de la lengua, la dulzura y soberania de las expresiones son igualmente sublimes cualidades para el abate Lampillas, Burriel, Juan Andres, Jose Luis Velazquez o el erudito Mayans y Siscar. En todos ellos el sentimiento de admiracion deriva de un deseo, mas o menos explicito, de hallar un estilo poetico nacional de caracter culto. Se trata, por tanto, de una canonizacion retorico-linguistica de Garcilaso realizada con similar espiritu normalizador al que en 1715 declaro la Real Academia Espanola.

La Corporacion entendio que su proposito institucional consistia en "cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua castellana" evitando que el descuido y las innovaciones se instalaran de forma definitiva en la poesia espanola. De igual modo, la modelizacion de Garcilaso sirve para contrarrestar los efectos perniciosos causados por un anhelo desporporcionado de innovar en la lengua y la literatura espanolas. En este sentido, su mitificacion depende de su condicion de hombre de letras comprometido con la realidad literaria de su tiempo historico. Y asi lo ensalzan hasta convertirlo en prototipo del poeta culto, defensor del buen gusto, renovador, patriota, esto es, de lo que los teoricos e historiadores de la literatura, como ilustradores de la nacion y padres de la patria, se intitulan.

Esta practica unanimidad de la critica desaparece, sin embargo, al comentar el sentido de la imitacion que revela su poesia y, en particular, las eglogas. "Cuando el Brocense--explica Azara parafraseando al catedratico salmantino-- dio a conocer estas imitaciones de nuestro autor, hubo gentes tan insensatas que lo reprendieron porque, segun ellos, oscurecia la gloria del poeta. Creo que ahora no faltara quien discurra como entonces; pero yo sin embargo juzgo que en estas imitaciones coloco Garcilaso su mayor merito. Son muchas las razones en que me fundo, mas por ser breve me contentare con acordar lo que dice el gran critico Boileau y mucho antes habia notado el Brocense: que el poeta que no haya imitado a los antiguos, no sera imitado de nadie" (14). En efecto, Garcilaso recupero el genero bucolico tomando como principal modelo las eglogas cuarta y sexta de Virgilio, desde siempre tenidas como las mas elevadas y majestuosas de la literatura universal. El hallazgo de este y otros prestamos sirvieron en 1574 a Francisco Sanchez de las Brozas para anotar a Garcilaso y fundamentar la creacion poetica sobre la imitacion de los modelos antiguos. Pero el Divino Herrera sugirio que el poeta debia mejorar lo que tomaba prestado, por lo que no faltaron ni acusaciones de plagiario a Garcilaso ni a Herrera disputas con los literatos de Salamanca.

Los ecos de esa duda llegaron hasta el siglo XVIII, epoca en la que el debate sobre el concepto de imitacion acaparo todo el interes. A traves de los comentarios sobre la poesia de Garcilaso se discute la idea de imitacion servil y su aplicacion en el caso concreto de la egloga. Como ya sucediera en pleno Renacimiento, los eruditos dieciochescos advierten de los peligros derivados de acogerse a una imitacion en exceso servil respecto de los poetas antiguos. Llevada a sus extremos, tal concepcion de la imitacion poetica podria derivar en vulgar copia. De hecho, Porcel y Salablanca utiliza ese recurso en el Adonis como medio de asegurarse la captatio benevolentiae del lector: "He procurado imitar los mejores poetas latinos y castellanos. De estos a Garcilaso, y en especial al incomparable cordobes don Luis de Gongora [...]. Si me censurares, respondate el gran poeta copiando muchas veces mas que imitando a Homero" (11).

A este proposito, la estimacion de Garcilaso por parte de la cultura dieciochesca nos conduce hacia un incipiente historicismo de diverso signo. Mientras, de un lado, se le justifica y se acepta el atributo de clasico con que le distinguieron sus primeros comentaristas, de otro, comienza a manifestarse una actitud critica segun la cual la admiracion hacia el poeta toledano no impide juzgar--y aun cuestionar--su manera de imitar. En el primer caso, hay autores que eximen a Garcilaso de toda culpabilidad atendiendo al momento en que vivio. Azara procede asi, sobre todo porque se siente obligado dada su condicion de editor y continuador de la labor emprendida por Sanchez de las Brozas y Fernando de Herrera. En cambio, otros criticos e historiadores menos vehementes se limitan a disculparle, a pesar de que no hallan argumentos con que refutar el parecer de quienes le consideran demasiado apegado a los autores antiguos y los poetas toscanos. Desaparecido, aunque solo parcialmente, el privilegio de su intemporalidad, Garcilaso puede ser analizado conforme a criterios menos absolutos. Casimiro Gomez Ortega recurre por ello a un termino medio mas ajustado a razon:
   [...] en esta egloga [la primera] se propuso por modelos a los mas
   excelentes originales dando lugar en ella a las ideas mas bellas y a los
   pensamientos mas ingeniosos, asi suyos propios como de los escritores
   bucolicos antiguos y modernos, con tal soltura, magisterio y novedad que
   mas bien que imitacion deberia llamarse creacion propia de nuestro poeta.
   (7)


El medico y academico de la Historia, no se hasta que punto por conviccion poetica o por mero patriotismo, aprueba la idea de imitacion compuesta que, segun propugnara Bembo, Garcilaso empleo en sus eglogas. Pero en la practica poetica, el problema consistia en que esa misma condicion podria contradecir el principio aristotelico de la verosimilitud. En terminos puramente poetico-imitativos, se producira, por tanto, una relativizacion de los valores de Garcilaso que no hace sino reflejar la vieja polemica entre antiguos y modernos.

Al decir de quienes defendieron una idea particular de la imitacion, el lenguaje sublime y elevado de los pastores garcilasianos y de las antiguas eglogas resultaba impropio de su humilde condicion y, en consecuencia, poco verosimil. La polemica suscitada tras la celebracion del certamen academico de 1780 entre Iriarte y Melendez Valdes o, mas exactamente, entre el primero y Forner, tuvo aqui su origen. Iriarte, premiado con el accesit, defendio en las Reflexiones sobre la egloga intitulada Batilo que esta clase de composicion admitia por igual un estilo sublime que otro mas ajustado a la rustica condicion de sus protagonistas. Forner, en cambio, mantenia que la recreacion aurea realizada por Melendez reproducia el canon fijado por la antiguedad clasica. Habia realizado una imitacion propiamente poetica, merito que a su panegirista se le antojo mayor que el de su oponente literario. El referente imitativo en un caso y en otro era obviamente distinto. Batilo lo situaba en las recreaciones artisticas de los poetas antiguos e Iriarte lo remitia a la representacion verosimil de la naturaleza. Para este ultimo, limitarse a remedar a Virgilio o Garcilaso significaba tanto como malinterpretar la Poetica de Aristoteles y negar la mayoria de edad de la que presumia la cultura dieciochesca.

El respeto al magisterio de nuestros mejores poetas se relaciono entonces con la idea de progreso aplicada a las bellas letras, afectando, como es logico, a la canonizacion de modelos nacionales y autoridades antiguas. Cuando se trata de estas ultimas el pudor de los criticos resulta siempre menor que cuando se alude a los autores nacionales. El distanciamiento temporal y geografico de los poetas griegos y latinos permite ciertas licencias a la hora de evaluar su merito, fundamentalmente porque su obra poetica se vincula a un estado mas primitivo de la civilizacion. La utilizacion de su poesia debe, pues, realizarse segun las expectativas determinadas por el grado de evolucion en que se halla la sociedad dieciochesca. La interiorizacion de las reglas neoclasicas autoriza al poeta y al critico a reemplazar o acomodar ciertos principios poeticos de los que Teocrito, Virgilio o Garcilaso son exponentes porque resultan inapropiados para las necesidades artisticas y sociales de otro tiempo historico.

En tales casos, el critico adopta una actitud de superioridad en relacion con el autor y la obra estudiados. Su estrategia valorativa consiste en censurar los defectos "dimanados del gusto de su siglo", como al iniciarse la pasada centuria reconoce Arrieta, sin mermar la honra ni ofender la buena memoria (Arrieta Carta 9). La critica se fundamenta sobre la base de los valores literarios y la justificacion en el tiempo de los errores. De ahi que comentando la egloga I en sus Principios filosoficos de la literatura, Garcia de Arrieta opine que es la mejor de las escritas en lenguas vulgares, pero que le hubiera parecido perfecta si su tono fuera menos culto y la expresion menos artificiosa (Principios II, 232).

Tal elevacion a la categoria de modelo de Garcilaso contrasta, no obstante, con las condiciones generales que el preceptista atribuye al genero. Arrieta define la egloga de acuerdo con las premisas de verdad y verosimilitud dominantes en su cultura. Pero se distancia de estos condicionantes genericos, y hasta los contradice, al nombrar a Garcilaso y otros poetas nacionales. Su aceptacion del toledano se debe a su parecido con el canon, no a que le crea canonico. Ahora bien, a fin de evitar "insultar a la nacion", como expresa en otro lugar (Arrieta Principios II, 232), prefiere discrepar sobre la egloga garcilasiana en terminos aplicables a todos los poetas de epocas pasadas: "Se puede decir que [...] solo hemos tenido poetas que hablen y copien bien, pero casi ninguno que invente" (Arrieta Principios II, 284).

Por las mismas fechas, otro preceptista, Jose Luis Munarriz publicaba traducidas las Lecciones sobre la Retorica y las Bellas Letras de Blair. En ellas hace gala de una claridad expositiva digna de mencionarse:
   Dichoso el si hubiera consultado mas la naturaleza en la composicion y
   disposicion de sus eglogas, y si presumiendo debidamente de sus fuerzas se
   hubiese entregado a la delicadeza de su ingenio y a la ternura de su
   corazon, sin ligarse a la imitacion de los antiguos. Entonces no serian a
   los ojos de un lector instruido una especie de mosaico en que se casan, a
   veces sin el mayor gusto, pasajes de autores latinos de diferente indole y
   de sentimientos no siempre analogos a sus asuntos.

      Los que confunden las preocupaciones literarias con el amor a la patria
   se escandalizarian de oir que las eglogas de Garcilaso, sin embargo de su
   merito, estan muy distantes de la perfeccion. [...] El transcurso de dos
   siglos y medio ha ensenado a conocer que ninguna de estas composiciones
   tiene unidad, que estan llenas de afectos poco determinados, de frases y
   giros nada poeticos, de versos desmayados y flojos, y de ripios miserables.
   [...] Toda composicion, cuyas partes no estan intimamente enlazadas, es por
   lo mismo defectuosa y poco interesante. (III, 371-372)


Munarriz confia en que el desengano de la opinion publica contribuya al perfeccionamiento de la poesia espanola. Apartandose de los prejuicios ideologicos que observo en Arrieta y sus seguidores, su empeno consistio en ensenar a admirar criticamente los logros del pasado sin omitir mencionar los defectos de nuestros autores mas afamados. Su idea de progreso pasa por ensenar a discernir y, sobre todo, por concienciar a los escritores de que el presente tenia mucho que aportar al perfeccionamiento de la literatura nacional.

La transcendencia de las opiniones de uno y otro preceptista se convertiran en reflejo de las actitudes propias de la valoracion garcilasiana en las primeras decadas del siglo XIX. No se discrepa acerca de su excepcionalidad en la historia de la poesia espanola, sino acerca del modo en que su poesia debe incidir en la construccion de la lirica moderna. En las cercanias del Romanticismo, los criticos espanoles mas libres de prejuicios clasicistas, sin llegar al extremo de negar a Garcilaso la condicion de clasico como hiciera Friedrich Schlegel (II, 743-744), expresan sin tapujos su disgusto hacia la egloga segunda, la menos aceptada tambien por la critica del siglo anterior, y denuncian la escasa originalidad del poeta. A Jose Marchena la segunda egloga le parece sencillamente "inaguantable" (761) y Manuel Jose Quintana le reprocha su falta de genio en el anonimo Prologo antepuesto al volumen sobre el Cancionero de la Coleccion de poetas castellanos que realizara Estala. Son sus palabras:
   El genio de Garcilaso callaba entonces, y aunque para el y para sus
   contemporaneos fuese un merito entender a los latinos y saberlos traducir,
   nosotros ahora, que estamos en un siglo menos pedantesco, quisieramos que
   este escritor, estudiando igualmente a los latinos, no los hubiera copiado
   tantas veces, y se hubiera abandonado a su feliz natural. Casi toda la
   poesia del siglo XVI es una pura imitacion. Ya griega, ya toscana, ya
   latina, en pocas partes original y nueva, se contento con seguir las
   huellas de los poetas de aquellas naciones, porque los nuestros no hicieron
   de ordinario otra cosa que imitar, mas o menos felizmente, segun su
   capacidad y genio (xvi, x-xi; sobre la autoria del Prologo ver Andioc).


Pero tanto los teoricos y criticos del Romanticismo como los decimononicos historiadores de la literatura acabaron por justificar historicamente las eglogas garcilasianas. Se concede sin discusion que Garcilaso se erija en un clasico de la literatura espanola, pero no se le canoniza en el sentido normativo del termino. La canonizacion del poeta procede de su resonancia historica y de su contribucion al debate critico-literario espanol. En otras palabras, dicha canonizacion deriva de su autorizacion en la historia de la literatura espanola. El mas comedido Quintana de la Introduccion historica a una Coleccion de poesias castellanas, evaluando la falta de unidad de sus eglogas, comenta:
   Pero estos defectos no pueden contrapesar las muchas bellezas que aquellas
   poesias contienen, y es privilegio concedido a todos los que abren una
   nueva carrera, el poder errar sin que su gloria padezca. (132)


De hecho, en el siglo XIX se reedito a Garcilaso numerosas veces y se atendio con particular interes a su biografia. La mayoria de los historiadores y criticos vincularon su agitada vida y temprana muerte con su obra poetica, segun hiciera en 1850 Fernandez de Navarrete, el mas conocido de sus biografos (119). La transcendencia historica de su figura y obra poetica dejan de cuestionarse, entre otras razones por el propio agotamiento del genero eglogico. El mismo Fernandez de Navarrete lo reconoce en su Vida del celebre poeta Garcilaso:
   El gusto de la poesia bucolica ha muerto entre nosotros que, cansados de
   tantas eglogas, letrillas y romances pastoriles como nos presentan nuestras
   colecciones de versos, miramos con prevencion cuanto despide olor a campo.
   (117)


Recordemos tambien como se quejaba Pereda en la segunda estrofa de su poema "La Primavera":
   Basta de idilios tiernos,
   basta de dulces eglogas;
   no mas pastores, Fabio;
   Fabio, no mas praderas. (I, 209)


El panegirico de Navarrete resulta fuera de lugar porque hacia tiempo que Garcilaso habia logrado el estatuto de clasico. "[...] Uno de aquellos genios Privilegiados--le habia definido en 1844 Gil de Zarate--que nacen para mudar la faz de las ciencias y las letras, fijando irrevocablemente el camino que ha de seguirse" (43). Parafraseando a Italo Calvino en su libro Por que leer a los clasicos, podemos decir que Garcilaso es un clasico porque persiste como ruido de fondo incluso alli donde la actualidad mas incompatible se impone (13-19).

A medida que avanzo el siglo XIX, Garcilaso se observo sencillamente con los prejuicios definidores de cada escuela critica. Gil de Zarate con el apasionamiento estetico-literario y sentir patriotico que presidio su Manual de literatura, Francisco de Paula Canalejas (1869) desde el krausismo y Manuel de la Revilla con la vision neokantiana dominante en su Historia de la literatura espanola (1872). El mas celebrado de los liricos renacentistas ya se habia convertido en un poeta autorizado por la tradicion literaria nacional o, lo que es lo mismo, en el primer canon en lengua vernacula de la literatura espanola.

BIBLIOGRAFIA

Arce, Joaquin. La poesia del siglo ilustrado. Madrid: Alhambra, 1981.

Aguilar Pinal, Francisco. "Poesia." En AA. VV., Historia literaria de Espana en el siglo XVIII. Ed. F. Aguilar Pinal. Madrid: Trotta/CSIC, 1996. 43-134.

Andioc, Rene. "Ramon Fernandez siempre sera Ramon Fernandez." Insula 504 (diciembre 1988): 18-19.

Andres, Juan. Origen, progresos y estado actual de toda la literatura. Madrid: Antonio de Sancha, 1784-1806.

Azara y Perera, Jose Nicolas. Obras de Garcilaso, ilustradas con notas. Madrid: Imprenta Real de la Gaceta, 1765.

Bautista Malillos, M. T. Poesias de los siglos XVI y XVII impresas en el siglo XVIII. Madrid: CSIC, 1988 (Coleccion Cuadernos Bibliograficos, no 48).

Burriel, A. Compendio del Arte Poetica sacado de los autores mas clasicos, para el uso e instruccion de los cavalleros seminaristas del Real Seminario de Nobles de Madrid. Madrid: s.i., 1757.

Calvino, Italo. Por que leer a los clasicos. Barcelona: Tusquets, 1995.

Canalejas, Francisco de Paula. Curso de literatura general. Madrid: Carlos Bailly-Bailliere, 1868-1869.

Cano Ballesta, Juan. "Utopismo pastorial en la poesia dieciochesca: la Egloga de Tomas de Iriarte". Anales de Literatura Espanola 7 (1991): 9-23.

Cueto, Leopoldo Augusto de. "Bosquejo historico-critico de la poesia castellana en el siglo XVIII". En Poetas liricos del siglo XVIII. BAE LXI. Madrid: Rivadeneyra, 1869.

Estala, Pedro. Coleccion de poetas espanoles. Madrid: Imprenta Real, 1792-1805.

Fernandez de Navarrete, E. Vida del celebre poeta Garcilaso de la Vega escrita por D--. Madrid: Viuda de Calero, 1850.

Forner y Segarra, Juan Pablo. Exequias de la lengua castellana. Ed. J. Jurado, Madrid: CSIC, 2001.

Gallego Morell, Antonio, ed. Garcilaso de la Vega y sus comentaristas. Madrid: Gredos, 1972.

[Garcia de Arrieta, Agustin]. Carta apologetica de la Traduccion de los Principios de Literatura, de Mr. Batteux. Madrid: Imprenta Sancha, 1805.

--. Principios filosoficos de la literatura. Madrid: Sancha, 1798.

Gil y Zarate, Antonio. Resumen historico de la literatura espanola. Segunda parte del Manual de literatura. Madrid: Imprenta de Gaspar y Roig, 1851 [1844].

Gomez Hermosilla, Jose. Arte de hablar en prosa y verso. Madrid: Imprenta Real, 1826.

Gomez Ortega, Casimiro. La celebre egloga primera de Garcilaso con su Traduccion italiana en el mismo metro. Por el Conde D. Juan Bautista Conti. La da a luz con el Prologo, Resumen de la Vida del Poeta, y algunas observaciones el Dr. D--. Madrid: J. Ibarra, 1771.

Lampillas, A. Ensayo historico-apologetico de la literatura espanola, contra las opiniones preocupadas de algunos escritores modernos italianos. Zaragoza: Blas Miedes, 1782-1786.

Lista y Aragon, Alberto. Ensayos literarios y criticos por D.--, con un prologo de Jose Joaquin de Mora. Sevilla: Calvo-Rubio y cia., 1844.

Luzan, Ignacio de. La Poetica. Reglas de la poema en general y de sus principales especies. Ed. R. P. Sebold. Barcelona: Labor, 1977.

Marchena, Jose. "Discurso sobre la literatura espanola." En Lecciones de Filosofia moral y Elocuencia. Burdeos: Pedro Beaume, 1820. En su Obra espanola en prosa. Ed. J. F. Fuentes. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1990.

Mayans y Siscar, Gregorio. Rhetorica de Don--. Segunda edicion. Valencia: Jose y Tomas de Orga, 1786.

Morros, Bienvenido. Las polemicas literarias en la Espana del siglo XVI: a proposito de Fernando de Herrera y Garcilaso. Barcelona: Quaderns Crema, 1998.

Munarriz, Jose Luis. Lecciones sobre la Retorica y las Bellas Letras. Madrid: Oficina de Garcia y cia., 1800.

Palacios Fernandez, Emilio. "Los poetas de nuestro Siglo de Oro vistos desde el XVIII." En II Simposio sobre el Padre Feijoo y su siglo. Oviedo: Centro de Estudios del Siglo XVIII, 1983. II: 517-544.

Pereda, Jose Maria de. Obras completas. Madrid: Aguilar, 1974.

Quintana, Manuel Jose. Obras completas. BAE 19. Madrid: Impr. de Rivadeneyra, 1852.

Ramajo Cano, Antonio. "Para la filiacion literaria de la egloga II de Garcilaso." Revista de Literatura 58 (1996): 27-45.

Rodriguez de la Flor, Fernando. "Arcadia y Edad de Oro en la configuracion de la bucolica dieciochesca." Anales de Literatura Espanola 2 (1983): 133-153.

--. "Convencionalismo y artificiosidad en la poesia bucolica de la segunda mitad del siglo XVIII." Boletin del Centro de Estudios del siglo XVIII 9 (1981): 55-67.

Rodriguez Sanchez de Leon, Ma. Jose. "Batteux y Blair en la vida literaria espanola a comienzos del siglo XIX." Entre Siglos 2 (1993): 227-235.

--. "Las eglogas presentadas a la Academia Espanola en el certamen de 1780." Revista de Literatura 49 (1987): 473-490.

--. "Los premios de la Academa Espanola en el siglo XVIII y la estetica de la epoca." Boletin de la Real Academia Espanola 67 (1987): 395-426.

--. "Notas a proposito de la distincion idilio /egloga y genio/ingenio en las Variedades de Ciencias, Literatura y Artes (1804-1805)." Cuestiones de actualidad en lengua espanola. Salamanca: Universidad de Salamanca/ Instituto Caro y Cuervo, 2000. 355-362.

Sanchez Barbero, Francisco. Principios de Retorica y Poetica. Madrid: Impr. de la Admon. del Real Arbitrio de Benficencia, 1805.

Schlegel, Friedrich. Obras selectas. Madrid: FUE, 1983.

Sebold, Russell P. Descubrimiento y fronteras del Neoclasicismo espanol. Madrid: Fundacion Juan March/Catedra, 1985.

-- El rapto de la mente. Poetica y poesia dieciochecsas. Barcelona: Anthtropos, 1989.

Vargas Ponce, Jose. Declamacion contra los abusos introducidos en el castellano, presentada y no premiada en a Academia Espanola, ano de 1791. Madrid: Viuda de Ibarra, 1793.

Vega, Garcilaso de la. Obras de--,ilustradas con notas. Paris: Teofilo Barrois hijo, 1821.

--. Obras de--, ilustradas con notas. Paris: Impr. de Julio Didot Mayor, 1828.

--. Las obras de--, segun el texto publicado en Sevilla por Hernando de Herrera, con las notas del Brocense. Madrid: Libreria de Sanchez, 1860.

--. Sus eglogas. Cadiz, s.i.t.
Maria Jose Rodriguez Sanchez De Leon
Universidad De Salamanca
COPYRIGHT 2002 Dieciocho
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2002 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Title Annotation:TT: Garcilaso de la Vega's literary prominence in the Eighteenth and Nineteenth Centuries.
Author:Rodriguez Sanchez De Leon, Maria Jose
Publication:Dieciocho: Hispanic Enlightenment
Geographic Code:4EUSP
Date:Sep 22, 2002
Words:4499
Previous Article:La satira del letrado en el siglo XVIII Espanol.
Next Article:La obra del naturalista Guillermo Bowles y la politica editorial del gobierno ilustrado.
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters