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La Cueva Santa del Cabriel (Mira, Cuenca): lugar de culto antiguo y ermita cristiana.

Cueva Santa del Cabriel (Mira, Cuenca): Antique cult site and christian hermitage

1. Introduccion *

La Cueva Santa se encuentra situada en la Serrania Baja de Cuenca, sobre uno de los frecuentes barrancos de la margen izquierda del rio Cabriel, afluente del Jucar, en el limite occidental del termino municipal de Mira, Cuenca (1). El uso prehistorico de la Cueva era conocido desde antiguo, conservandose diversos materiales, entre los que destacan una serie de vasos caliciformes de epoca iberica, en el Museo de Cuenca, asi como un conjunto heterogeneo de objetos formando parte de diferentes colecciones privadas. No obstante, dada la ausencia de trabajos de investigacion sobre la cavidad y la dispersion del material recuperado, tan solo recientemente se han empezado a valorar tales ocupaciones (Moya 1998: 32 ss., 41 ss.; Moneo 2003: 169). En 2003, dentro del proyecto de carta arqueologica que venimos realizando en diversos terminos municipales de la comarca (vid. infra), se llevo a cabo el levantamiento topografico de la cavidad asi como una prospeccion superficial tanto en el interior como en el exterior de la misma (2); dichos trabajos permitieron recoger algunos materiales muy fragmentados, principalmente ceramicos, concentrados en una de las salas mas internas de la Cueva. El estudio conjunto de unas y otras colecciones nos ha permitido confirmar la importancia de esta cavidad, que proporciona una amplia secuencia ocupacional desde epoca prehistorica a la actualidad, lo que la distingue de otras cuevas del entorno, de ocupacion mas esporadica, documentandose diferentes usos de la misma, pues la Cueva fue originariamente lugar de enterramiento, convirtiendose posteriormente en santuario, si bien pudo haber tenido otras funciones mas prosaicas, como seria la de simple lugar de refugio. La prospeccion de una extensa area en torno a la Cueva nos ha permitido, asimismo, analizar la cavidad en relacion al territorio circundante.

A partir del siglo XIV hasta nuestros dias la Cueva se convierte en lugar de culto cristiano. La poca atencion de las autoridades eclesiasticas al lugar, limitandose a tolerarlo y asumirlo, ha permitido que la fiesta de la Cueva, que se celebra durante la Primavera, variando de fecha segun los pueblos, se haya conservado relativamente pura en sus raices y haya mantenido a traves del tiempo gran parte de sus caracteristicas mas antiguas, en muchos casos mediante la tradicion oral, ya que la documentacion escrita, por las razones esgrimidas, es escasa (Moya 1998: 20 s.).

2. Situacion y acceso

La Cueva Santa se situa en el denominado "Barranco de la Cueva Santa", de fachadas abruptas y fuerte desnivel, cuyas alturas oscilan entre los 875 y los 700 m. Presenta una orientacion Oeste. Esta constituido por rocas calizas de coloracion rojiza formando paredes verticales, con formaciones a modo de cubetas que se llenan en epoca de lluvia (Moya 1998: 29). Se localiza en la parte alta de este profundo barranco, a 800 m s.n.m., muy por encima del fondo del mismo, dominandose desde su boca un amplio paisaje formado por el cauce del rio Cabriel y sus fertiles orillas (Fig. 1). En sus inmediaciones, se localizaba la hoy desaparecida aldea de Fuencaliente, cubierta por las aguas al construirse en 1975 el embalse de Contreras.

La Cueva se ubica en la zona meridional de la Serrania Baja de Cuenca. Esta formacion montanosa del Sureste del Sistema Iberico en conexion con el dominio mediterraneo es un area amesetada, por encima de los 1.000 m, de componentes calizos que configuran una particular y accidentada orografia (Estebanez 1974: 15), con una importante presencia de cuevas o abrigos. El rasgo diferencial de la zona es la presencia de la Cuenca del rio Cabriel, el cual, junto con la Hoya de Contreras, es el accidente geografico mas destacado. La accion erosiva, propiciada por la escasa dureza de los materiales geologicos, ha encajado al rio en una profunda entalladura de 300-400 m de media por debajo del nivel de la meseta circundante. En sus margenes se forman meandros, cuyos arrastres y sedimentos (Bielza de Ory 1989: 186-187) crean un mosaico de pequenas vegas cuaternarias. El rio se encuentra hoy controlado por el embalse de Contreras, de numerosos brazos al estar encajonado en una zona muy accidentada.

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Asi pues, la Cueva se localiza en un valle fluvial, dentro de un paisaje compuesto por un conjunto de ramblas, pequenos cursos fluviales que discurren encajonados en profundos barrancos y algunos promontorios menores. Es una de las formaciones carsticas fruto de procesos erosivos que aparecen en los barrancos cercanos a las vertientes del Cabriel, algunas de las cuales han proporcionado materiales arqueologicos de diversa cronologia (Moya 1998: 53 ss.), tales como la Cueva Ahumada, la Cueva del Barranco de la Cueva Santa o la Cueva de la Virgen Vieja, en Mira, Cuenca, todas en su entorno inmediato. Cabe citar, ademas, las cuevas del Puntal del Horno Ciego y la Cueva Santa, Villargordo del Cabriel o la Cueva de la Fuente del Molon, Camporrobles, en Valencia, en uso durante la II Edad del Hierro como cuevas-santuario (Moneo 2003: 198 s).

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El acceso a esta cavidad se realiza desde la carretera local de Villargordo del Cabriel a Camporrobles, a traves de una pista de tierra situada a 4 km de esta ultima localidad, que lleva hasta las antiguas casas de labor del Alabu y al Pozo de la Llave, ambos enclaves localizados en un antiguo camino de herradura, una de las vias menores que comunicaba esta zona con las tierras de la margen derecha del Cabriel, que ya en el siglo XVI era conocido como Camino de Enguidanos, pues procediendo de esta localidad conquense localizada aguas arriba de la Cueva Santa, llegaba a Fuenterrobles, siguiendo hasta Utiel y Requena (Moya 1998: 81 s.). Tras pasar las casas del Alabu, el camino se bifurca en dos ramales que se unen de nuevo y llevan a lo alto de la Cueva. Desde alli, una senda conduce al pie de la cavidad. La construccion del embalse de Contreras ha cortado los caminos que comunicaban con la otra orilla del Cabriel a traves de la desaparecida aldea de Fuencaliente. Sus coordenadas son 30SXJ285851, Hoja no 26-27 (693) Utiel. Serie L, del Servicio Geografico del Ejercito de 1997. E: 1:50.000.

3. Descripcion

La Cueva Santa del Cabriel destaca sobre las restantes cuevas de su entorno tanto por las dimensiones y espectacularidad de sus salas, sobre todo la principal, como por su profundidad destacable, presentando tambien una mayor complejidad, al albergar diversas salas comunicadas entre si (Fig. 2).

La boca o entrada a la Cueva esta orientada al ocaso, situandose en una de las paredes del barranco, a cierta altura respecto al camino de acceso, cuyo desnivel se salva en la actualidad mediante una escalera metalica (Fig. 3). El acceso se realiza a traves de 6 peldanos labrados en la roca, con medidas que oscilan entre 0,20 y 0,45 m de anchura y 0,88 y 1,10 m de largo.

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Desde aqui, un angosto pasillo de 11,50 m de longitud por 1,20 de anchura lleva al interior de la oquedad, al parecer retocado a pico con posterioridad a 1787 con el fin de facilitar la entrada (Moya 1998: 30). El pasillo desemboca en una sala central (A) de planta semicircular de entre 22 y 29 m de anchura y una altura maxima de 10 m, en la que destacan, en el centro, dos grandes estalactitas y, al fondo de la cavidad, una cubeta de planta rectangular (vid. infra). La sala se comunica con otras dos salas menores (B y C), que quedan casi inundadas en epocas de grandes lluvias (1998: 30). Resulta frecuente la presencia de formaciones carsticas, gours, estalactitas y estalagmitas, aunque la accion de los explosivos que afectaron a la sala principal en los anos 1970 (vid. infra) rompio la mayoria de ellas --quedan, sin embargo, aun 12 columnas naturales de piedra uniendo techo y suelo--, y levanto todo el suelo, lo que dificulta la accesibilidad o el transito por ella, provocando la remocion del sedimento conservado, lo que, sin duda, facilito la recogida de algunos hallazgos, como las monedas, todas recuperadas en esta sala, o un colgante de hueso. A pesar de estas actuaciones, se recuperaron algunas piezas que, al parecer, todavia se hallaban in situ, como un hacha de cobre, aparecida en la base de una columna estalagmitica (Figs. 2 y 4).

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La sala B puede considerarse una prolongacion de la sala principal hacia el Este. Mide 3,50 m de largo por 4,75 de ancho y ofrece dos gateras divergentes de 5 por 3 m y 7,24 por 2,75 m de ancho, respectivamente. Delante de esta pequena sala se situa una gran columna central, que alberga el actual altar a la Virgen de la Cueva Santa. En un saliente rocoso, situado a su derecha, se ha documentado la presencia, ya mencionada, de una cubeta excavada en la roca (Fig. 5), de tendencia rectangular, de 2,50 m de largo por 0,67 de ancho y 0,14 de profundidad, que recoge el agua que se filtra por las paredes.

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Por su parte, la sala C, al Sur, queda situada a un nivel mas bajo. A ella se accede, con dificultad, a traves de un sumidero de 5,10 m de largo y 0,70 de diametro. La sala mide 6,35 por 5,50 m de largo; su altura es de 2,90 m en su parte central; ofrece, a su derecha, una prolongacion de 3,50 m de ancho, 5,36 de largo y 2,10 de alto. Ambos espacios quedan separados por una columna estalagmitica, en torno a la cual aflora la roca, que ocuparia un lugar mas o menos central, que es tambien el de mayor altura de la sala, cerca de los 3 m, reduciendose hasta los 0,62 m junto a las paredes laterales, donde se documentan abundantes piedras y de donde proceden la mayoria de los hallazgos. Presenta en su pared derecha un pasillo estrecho, de 0,70 m de anchura, con un primer tramo de 1,70, seguido de otro de 3,24 m, que desembocan en un espacio de 2,16 m de ancho, sin que podamos precisar su longitud porque acaba en un profundo sumidero. Hacia el Oeste, una gatera ascendente comunica con el exterior a traves de un tortuoso recorrido de 14,60 m de largo por 1,20 de ancho; este segundo acceso se situa a unos 28 m de distancia de la entrada principal. Ademas, un estrecho agujero, con un orificio de 0,50 m a modo de ventana, permite la comunicacion con la sala principal.

En el interior de esta sala C se hallo la mayor parte del material arqueologico, en su mayoria formado por fragmentos de vasos ceramicos pertenecientes a la II Edad del Hierro, sobre todo de tipo caliciforme, aunque tambien se hayan encontrado pequenos platos. Al parecer, un conjunto de piezas completas habria sido recuperado en el pasillo que parte de la pared derecha de la sala, donde se hallaban depositadas entre las grietas de las rocas (Moya 1998: 31) (Fig. 6). Otros materiales de diversas epocas tambien se encontraron en esta sala (vid. infra).

4. La documentacion arqueologica

4.1. Hallazgos aislados y trabajos de prospeccion superficial

Como se ha senalado, la Cueva Santa del Cabriel ha sido frecuentada desde la Prehistoria hasta nuestros dias. Cabe suponer que, durante tan extenso periodo, debieron producirse esporadicos hallazgos, aunque, seguramente por su escaso interes, nunca llegaran a trascender. Con todo, los materiales recuperados en las actuaciones incontroladas que durante las decadas de los anos 60 y 70 del pasado siglo afectaron a la cavidad, con la utilizacion, incluso, de material explosivo, provocando un dano irreparable en la misma, parecen confirmar la excelente conservacion de las evidencias arqueologicas, sobre todo por lo que respecta al uso del espacio como cueva-santuario durante la II Edad del Hierro.

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La primera "intervencion" arqueologica se realizo en los anos 60, cuando el cura de la aldea de Fuencaliente organizo, con colegiales de la localidad, uno de aquellos grupos conocidos como "Mision Rescate" que, con mas entusiasmo que oficio, "rescataban" los vestigios de nuestro pasado mas o menos remoto. Como resultado de estas visitas se hallaron unos 30 o 40 vasos caliciformes ibericos, asi como pequenos platos y restos oseos de animales. Estos materiales procedian en su mayor parte de la sala mas profunda (3), donde parece ser que estaban colocados en las grietas de la roca o entre las estalactitas; la mayor parte de tales hallazgos se disperso, aunque algunos ejemplares pasaron a formar parte de las colecciones del Museo de Cuenca (Moya 1998: 31) (4).

Mas tarde, a inicios de los anos 70, se produjo el mayor expolio que ha sufrido la cavidad, utilizando incluso cargas explosivas, lo que conllevo la desaparicion de un gran numero de recipientes ceramicos de pequeno tamano, en su mayoria protohistoricos, aunque alguno pudiera ser tambien de epoca romana (1998: 32), produciendose la remocion de los niveles estratigraficos de la cavidad.

Desde entonces, coincidiendo con el abandono de la Cueva como lugar de culto y la suspension de la romeria, la cavidad ha seguido siendo objeto de expolios de diferente entidad. Con todo, algunos de los restos arqueologicos no se han perdido, conservandose en varias colecciones particulares de la zona, debiendose su recopilacion y valoracion inicial a F. Moya (1998: 32-37; vid., igualmente, Arroyo et al. 1995: 210-212) (5), en cuya monografia sobre La Cueva Santa del Cabriel incluye, junto a los datos arqueologicos dispersos por la comarca, los historicos y etnograficos, lo que permite al autor realizar una reconstruccion de la evolucion historico-religiosa de este lugar de culto, cuyo origen, con reservas, retrotrae hasta el Neolitico.

Es a partir de los trabajos de Moya cuando la Cueva Santa comienza a ser valorada como una cueva-santuario iberica, relacionandola con las conocidas en la vecina comarca de Requena-Utiel, donde son relativamente abundantes, ya bajo la denominacion de "Cueva Santa de Fuencaliente (Mira)" (Lorrio 2001: 24; Moneo 2001: 180), tal como aparece en la documentacion conservada en el Museo de Cuenca (vid. supra), ya como Cueva Santa II (Mata et al. 2002: 326), diferenciandola asi de la Cueva Santa de Villargordo del Cabriel. Finalmente, se debe a Moneo (2003: 169) la descripcion mas extensa de esta cavidad, que incluye entre las cuevas-santuario de epoca iberica, aunque optando por la denominacion propuesta por Moya (1998), esto es, Cueva Santa del Cabriel (6).

La prospeccion arqueologica, llevada a cabo en 2003, nos ha permitido constatar el alcance de los expolios, sobre todo por lo que se refiere a la sala principal, donde en la actualidad apenas se observa en superficie resto arqueologico alguno. Las importantes alteraciones de la sala principal conllevaron la destruccion del sedimento original, parte del cual se retiro al exterior de la Cueva, donde hemos documentado la presencia de algunas escasas ceramicas. Mayor interes tuvieron los trabajos realizados en la sala mas interna o Sala C, donde la presencia de materiales ceramicos, relativamente abundantes aunque muy fragmentados, nos llevo a centrar la prospeccion superficial en diferentes zonas de la sala, con el objeto de confirmar posibles concentraciones significativas; a tal fin planteamos cuatro circulos de 3 m de diametro cada uno, distribuidos de acuerdo a los puntos cardinales (Fig. 2).

Asi, pues, la presencia de restos, principalmente ceramicos, en el interior de la cavidad se reduce a la Sala C, donde se han recogido hasta 95 fragmentos de tamano muy reducido, pertenecientes a vasos de diferente cronologia (Fig. 7,1), ademas de otros dos de un recipiente de vidrio y otro de una lamina de hierro. Entre ellos, destacan 74 correspondientes a pequenos vasos a torno ibericos, fundamentalmente caliciformes y pateras, asi como algun plato y botellita. Una cronologia mas reciente la proporcionan dos fragmentos de ceramica de paredes finas y otro de terra sigillata africana de tipo A. Por su parte, otros 7 se adscriben a epoca islamica. Cabe referirse, ademas, a la presencia de 9 fragmentos de ceramica bajomedieval y moderna de Paterna y Manises, producciones de lujo que debieron usarse en las celebraciones liturgicas, aunque no deje de llamar la atencion el que fueran halladas en un lugar tan recondito de la cavidad (Moya 1998: 82). De acuerdo con los resultados de la prospeccion (Fig. 7,2), de los 98 fragmentos recuperados en total, la mayor parte se recogio en la zona mas oriental de la sala, en concreto en el circulo 2, distribuyendose el resto por los restantes circulos, con una similar presencia. El material de la Edad del Hierro aparece disperso por la parte oriental de la sala, aunque con una mayor concentracion en el circulo 2, lo que tambien es aplicable a los escasos materiales de epoca romana e islamica. Por su parte, las producciones mas modernas, se documentan igualmente en el circulo 2, aunque tambien apareciera algun fragmento hacia el lado Oeste de la sala (circulo 4).

4.2. Secuencia cultural

El conjunto de materiales arqueologicos documentados, todos ellos materiales procedentes de recogidas superficiales, no siempre controladas, permite establecer diversos momentos de uso de la cavidad, destacando principalmente los correspondientes a epoca iberica y bajomedieval-moderna. En total se han podido contabilizar 154 fragmentos o piezas, mas o menos completas, de objetos ceramicos (Fig. 7,1), generalmente vasijas, casi todas ellas recogidas en la Sala C; la mayor parte de estos materiales corresponde a la Edad del Hierro (70,3%), siguiendole en importancia los de epoca bajomedieval y moderna (20,6%), estando representados en porcentajes mas bajos los de epoca islamica (4,5%), Calcolitico-Edad del Bronce (2,5%) y epoca romana (1,9%). Tambien se han recogido, siempre en la sala principal, otros materiales, tanto de epoca prehistorica, como un colgante de hueso y un hacha de cobre, como de epoca moderna y contemporanea (Moya 1998: 35 s.), con una interesante coleccion numismatica integrada por 19 monedas, o un heterogeneo conjunto de objetos, algunos acordes con la condicion religiosa de la Cueva, como crucifijos o medallas, pero otros, como algunos casquillos de balas, relacionados con visitas esporadicas en momentos de abandono; igualmente, carentes de contexto, un craneo humano y restos de fauna sin identificar (1998: 36).

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1. Las evidencias mas antiguas se reducen a una pequena, pero significativa, muestra de materiales, integrados por un fragmento de hacha o azuela de piedra pulimentada, un hacha de cobre (Fig. 8,3), un colgante de hueso (Fig. 8,4), asi como algun fragmento informe de ceramica a mano tosca, y dos fragmentos pertenecientes a otras tantas vasijas encontradas en el exterior de la cavidad (Fig. 8,1-2), cerca del acceso actual, y quiza relacionados con limpiezas de la misma. Tales materiales podrian interpretarse como la evidencia de un posible uso funerario de la cavidad, que cabe situar entre un momento avanzado del Calcolitico y el inicio de la Edad del Bronce, sin que podamos descartar que la Cueva siguiera siendo frecuentada durante este periodo. Un craneo humano, perteneciente a un individuo adulto, probablemente varon, conservado en el Museo de Cuenca como procedente de la Cueva, podria relacionarse con dicha ocupacion.

Efectivamente, existen noticias sobre el hallazgo de un hacha o azuela de piedra pulimentada, que no hemos podido estudiar directamente, aparecida en las cercanias de la Cueva, junto al camino de acceso. Dado que se trata de un hallazgo superficial, del que se desconoce su procedencia exacta, no es posible determinar su adscripcion cronologica, pues, en las tierras valencianas, este tipo de piezas aparecen en contextos funerarios a partir del Neolitico Final o el Calcolitico Inicial, siendo habituales durante el Calcolitico Pleno (Soler 2002, II: 32 s.), aunque su uso se mantenga durante la Edad del Bronce (Jover 1998: 221). Hallazgos similares se documentan en diversas cuevas de la Serrania de Cuenca en contextos de la Edad del Bronce (Diaz-Andreu 1994: 138).

Mayor interes tiene el hallazgo, en la base de una columna estalagmitica de la sala principal, de un hacha plana de cobre arsenical (7) (Fig. 8,3), de forma trapezoidal (Monteagudo 1977: 21 ss.). De acuerdo con los indices utilizados por Lull (1983: 180 s.) para la clasificacion de las hachas argaricas, que hay que tomar como aproximados al no conservarse la pieza completa (angulo: < 0,28; exvasamiento: < 0,45; area: > 18,8), el ejemplar se incluye en el Tipo I, con angulos menores a 0,35, Subtipo MP, con areas muy pequenas inferiores a 22 [cm.sup.2] (vid., al respecto, Simon 1998: 232 s.). Presenta un pequeno talon, roto posiblemente durante el proceso de fabricacion, al eliminar el cono de vertido, quedando una superficie irregular que no se trabajaria, fenomeno observado en otros ejemplares del tipo (1998: 232) y que no debio ser un problema para su uso, al quedar dicha zona enmangada. La seccion es rectangular, aunque con incipientes rebordes, martillados pero no pulidos. El filo es abierto y convexo, presentando sus extremos ligeramente sobresalientes; presenta muestras de desgaste similares a las que ofrecen otras hachas planas, lo que seguramente cabe relacionar con una misma actividad para todas ellas; tales muestras de desgaste confirman que se trata de una pieza funcional, lo que no impide que fuera depositada como una ofrenda, posiblemente votiva. Los flancos de la pieza son ligeramente convexos. Sin llegar a presentar el aspecto rectangular de las piezas mas antiguas, de epoca calcolitica, el ejemplar de la Cueva Santa resulta muy ancho, ofreciendo por tanto una forma funcionalmente no optimizada, que implicaria una necesidad mayor de metal para su realizacion, lo que cabria interpretar como un indice de antiguedad (8), pudiendo plantear para este ejemplar una fecha que oscila entre un momento avanzado del Calcolitico y el Bronce Pleno. Es un hallazgo habitual tanto en poblados como en necropolis, estando documentada su presencia en el interior de cuevas, aunque no siempre en relacion con enterramientos (1998: 234).

Por lo que se refiere al colgante (Fig. 8,4), se trata de una pieza de hueso hallada en la sala principal. Esta formada por dos cuerpos unidos por un estrangulamiento: el superior, donde se localiza la perforacion, romboidal, y el inferior, circular y algo mayor; ofrece seccion plano-convexa. Aunque la pieza carece de paralelos proximos, su adscripcion cronologica ha podido establecerse a partir de los aspectos tecnologicos relativos a su proceso de fabricacion, observados a traves de una lupa binocular. La perforacion es bidireccional y fue realizada mediante el uso de un taladro con punta de silex. En la zona del estrangulamiento quedan restos de aserrado, para lo que se utilizo seguramente una pieza de silex. El anverso aparece pulido, proporcionando una superficie brillante, mientras que en el reverso se observan todavia las estrias de abrasion, asi como dos trazos que forman un motivo cruciforme, con un punto central ligeramente descentrado; la linea horizontal presenta una rectificacion en parte de su trazado. Tanto el punto como las lineas, muy finas, pudieran haber sido realizados con un punzon metalico, lo que cabria relacionar, quiza, con el proceso de fabricacion, vinculandolos con el calculo de la circunferencia que constituye la pieza. Presenta un ligero desgaste en la zona superior de la perforacion, por lo que parece que la pieza no tuvo un uso muy prolongado.

Cabe, aun, hacer referencia a 2 fragmentos de ceramica a mano informes aparecidos en el circulo 1, aunque en el exterior de la Cueva se hayan recuperado dos piezas que permiten reconstruir la forma completa de otras tantas vasijas, brunidas al exterior y alisadas al interior, de cocciones reductoras y pastas bien decantadas. Se trata de una ollita ovoide de borde entrante, labio recto oblicuo al interior, base plana y un mamelon o lengueta en la parte superior de la pieza (Fig. 8,1), y de una escudilla de borde saliente y base plana (Fig. 8,2). Son formas frecuentes como elementos de ajuar en las cuevas calcoliticas de inhumacion multiple del Levante peninsular (Soler 2002, II: lams. 29,49, 34,3, 47,5 y 199,7; lams. 174, 176 y 178, respectivamente), en ocasiones asociados a decoracion campaniforme (2002, II: lam. 29,49).

2. Como se ha senalado repetidamente, la ocupacion mas importante de la Cueva en epoca prehistorica se produjo durante la II Edad del Hierro, con la cavidad convertida en santuario, habiendose individualizado un numero minimo de 72 recipientes a torno adscritos a este momento, de los que, en la mayor parte de los casos, tan solo conservamos fragmentos de pequenas dimensiones, pudiendo senalarse, igualmente, la presencia de algun fragmento de ceramica a mano (Figs. 9-11,1).

En efecto, se han recogido escasos fragmentos informes de ceramica a mano, producto de cocciones reductoras y con tratamiento superficial alisado, asimilables a la Edad del Hierro. Entre ellos, dos presentan un cordon decorado con ungulaciones (Fig. 10,1-2). Como se puede comprobar en el yacimiento de Los Villares (Caudete de las Fuentes, Valencia), esta tecnica decorativa resulta muy comun entre las producciones a mano. Asi, aparece, en general, en forma de cordones aplicados, tanto en el Nivel I, fechado en un momento inicial de la Edad del Hierro o en la transicion del Bronce Final al Hierro Antiguo (Mata 1991: 190, fig. 76), pero sobre todo en el Nivel III, fechado desde mediados del siglo VI a mediados del Va.C. (1991: 151 y 193, figs. 79-81). Tales decoraciones estan asimismo presentes en el cercano poblado de Cabeza Moya (Enguidanos, Cuenca) (Navarro y Sandoval 1984: figs. 9-10). En realidad, el hallazgo de ceramicas modeladas a mano atribuibles a la Edad del Hierro son muy escasas en las cuevas-santuario (vid. algunos ejemplos en: Marti Bonafe 1990: 149, fig. 13; Martinez Perona 1992: 269), pudiendo encontrar tanto fragmentos de factura descuidada como otros mejor elaborados e incluso decorados, como los hallados en la Cueva Santa, lo que, en ocasiones, podria relacionarse con el uso dilatado de algunas cuevas-santuario (Gonzalez Alcalde 1993: 69 ss.).

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La ceramica a torno es claramente la mejor representada. Cuantitativamente, el mayor numero corresponde a vasos del tipo caliciforme, con un numero minimo de 44 ejemplares, uno de ellos decorado, cuyo hallazgo resulta muy frecuente en las cuevas-santuario ibericas (Vega 1987; Serrano y Fernandez 1992; Gonzalez Alcalde 1993; Aparicio 1997; Moneo 2003: 300). Tambien se han recuperado fragmentos pertenecientes a 16 pateras, ademas de 6 bases anilladas que pudieran corresponder tanto a caliciformes como a pateras, 5 platos de borde exvasado, uno con decoracion pintada, 3 botellas y 4 vasijas de cocina, tres de ellas completas, incluyendo 1 lebes y 2 ollas (Fig. 9).

Por ultimo, hay que mencionar una pequena mano de mortero en terracota que representa un ave y dos fragmentos de ceramica campaniense.

CALICIFORMES: Constituyen el grupo mas numeroso documentado en la Cueva Santa. Destaca el conjunto de ocho piezas completas depositado en el Museo de Cuenca, dada su conservacion (Fig. 10,3-11). Miden generalmente entre 5 y 10 cm de alto y presentan un diametro maximo de entre 8 a 12 cm, ofreciendo cierta variabilidad en su indice de profundidad, que oscila entre 1,87 y 1,71, en las formas mas achatadas, y de 1,27 a 1,18, en las mas estilizadas. En general, son vasos con borde exvasado de labio simple o engrosado, cuello concavo o cilindrico diferenciado y cuerpos de tendencia ovoide o globular. Las bases son variadas, planas o con cierta concavidad y anilladas. El tratamiento superficial suele ser espatulado, seguido, en ocasiones, de un brunido. Con una unica excepcion, carecen de decoracion. Estos vasos proceden de cocciones reductoras u oxidantes indistintamente, presentando pastas anaranjadas o grisaceas, lo que viene a coincidir con lo observado en otros yacimientos, como El Tossal de Sant Miquel (Lliria, Valencia), donde estas formas se fabrican tanto en ceramica gris como clara, predominando las primeras, con tonos que varian desde el negro al gris claro, decorandose unicamente las de coccion oxidante (Bonet 1995: 413), o El Puntal dels Llops (Olocau, Valencia), donde la mayoria de los 164 ejemplares recuperados son oxidantes, con solo 7 ejemplares grises o negros, teniendo en estos casos la superficie muy alisada y pulida (Bonet y Mata 2002: 135).

Morfologicamente, corresponden a varios de los subtipos encuadrados bajo el tipo general A.III.4 de Mata y Bonet (1992), clasificacion que seguiremos principalmente.

Una mayor antiguedad presentan dos ejemplares de perfil en S, uno de base plana (Fig. 10, 3) y otro con ligera concavidad (Fig. 10,4), que corresponden al subtipo A.III.4.2 de Mata y Bonet (1992), caracterizado por su perfil continuo y forma achatada. Se documentan en el Iberico Antiguo, como lo demostraria su presencia tanto en el poblado de El Oral (San Fulgencio, Alicante) (Sala 1995: 79 s., fig. 9, CL1-CL2) como en el Nivel III de Los Villares (Mata 1991: fig. 41, 3-5). Este tipo de vasos aparecen abundantemente en la cercana Cueva II del Puntal del Horno Ciego (Villargordo del Cabriel, Valencia), cuyo contexto se ha situado entre fines del siglo VI y el V a.C. (Marti Bonafe 1990: 160), siendo el tipo mayoritariamente documentado, con 55 ejemplares (1990: cuadros 3-11). Recogemos, ademas, dos piezas (Fig. 10, 5-6), que conservan algunos rasgos de las formas anteriores, como la base concava o su forma todavia achatada, aunque presentan otros que indican una evolucion hacia la tipica forma globular, como la tendencia cilindrica del cuello, ya indicado, o la presencia de una carena, que se puede calificar como media. A pesar de ello, seguimos englobandolos en el subtipo A.III.4.2 de Mata y Bonet (1992), encontrando vasos muy similares en la Cueva II del Puntal del Horno Ciego (Marti Bonafe, 1990, nos 7015, 7021, 7022 o 7044, por ejemplo), asi como en Cova Fosca (Ondara, Alicante), donde aparecieron junto a ceramica atica de barniz negro, datandose en el siglo IV a.C. (Gonzalez Alcalde 2002-03: 63, fig. 2), cronologia que queda corroborada por otro hallazgo similar realizado en la necropolis de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia), datado entre el 375350 a.C. (Garcia Cano 1997: 151 ss., forma 15.1).

[FIGURA 10 OMITIR]

Por otra parte, encontramos un unico ejemplar (Fig. 10,7) que pertenece al subtipo de perfil carenado, A.III.4.3 de Bonet y Mata (1992), muy similar a otro hallado en la necropolis de Coimbra del Barranco Ancho, datado en la segunda mitad del siglo IV a.C. (Garcia Cano 1997: 151 ss., forma 15.2), documentandose, igualmente, un ejemplar en el Nivel IV de Los Villares, este con decoracion impresa (Mata 1991: 81, fig. 41,15), asi como en la Cova Fosca (Gonzalez Alcalde 2002-03: fig. 2, 1), habiendose recogido en la Cueva II del Puntal del Horno Ciego unos 27 ejemplares (Marti Bonafe 1990: cuadros 3-11).

Aun asi, el tipo mas abundante y mas generalizado durante los siglos IV/III a.C. es el subtipo A.III.4.1.2 de Bonet y Mata (1992), que corresponde al caliciforme de cuerpo globular de tamano pequeno (Fig. 10,8-9), que tendera a evolucionar hacia la estilizacion, al invertirse la relacion entre el diametro maximo de boca y la profundidad del vaso, evolucion que queda representada por uno de estos ejemplares completo (Fig. 10,10), que llega a mostrar el menor indice de profundidad, tan solo 1,18, y se caracterizara por una mayor proporcion de cuello, adoptando un perfil de gran estilizacion, tipico, segun Aranegui y Pla (1981: 82), de momentos avanzados, ya del siglo II a.C.

Este vaso, elemento de ajuar mayoritario de algunas cuevas-santuario (9), es igualmente una pieza muy abundante en ambientes domesticos, habiendose documentado su presencia en algunos poblados del entorno de la Cueva Santa, como el de Cabeza Moya (Navarro y Sandoval 1984: fig. 41,554) o El Molon de Camporrobles (Valencia) (Lorrio 2001: fig. 4,8), destacando el numero de hallazgos en otros, como en El Puntal dels Llops (Bonet y Mata 2002: 135), Castellet de Bernabe (Lliria, Valencia) (Guerin 2003:188 s.) o en El Tossal de Sant Miquel (Bonet 1995: 413, fig. 211), asentamientos cuyos inicios se establecen entre finales del siglo V y principios del IV a.C., manteniendose hasta inicios del siglo II a.C. (Bonet y Mata 2002: 213 ss.). Todo ello nos lleva a establecer que este tipo se desarrolla plenamente a partir del siglo IV a.C., siendo la principal forma documentada en el Nivel IV de Los Villares (Mata 1991: 81, fig. 41) asi como en El Puntal (Salinas, Alicante) (Sala 1995: 161, fig. 24, CL1). Ademas, se encuentra formando parte de ajuares funerarios en las necropolis conquenses de Las Madrigueras, en Carrascosa del Campo (Almagro-Gorbea 1969: fig. 38, 133), de donde procede un ejemplar de ceramica gris de la tumba XXXVII, fechada a mediados del siglo IV a.C., y Olmedilla de Alarcon, con una pieza pintada (Mena 1984: fig. 43, 149).

Tambien se pudiera relacionar con el tipo de caliciforme un pequeno fragmento de borde exvasado, que presenta decoracion pintada por ambas caras: al interior, una banda de la que surgen los caracteristicos dientes de lobo, y, al exterior, circulos concentricos (Fig. 10,11), recordando un ejemplar documentado en "la tienda del alfarero" del yacimiento iberico de La Alcudia (Elche, Alicante) (Sala 1992: fig. 21, E-56), cuyo conjunto ceramico se encuadra en el momento de transito del siglo II al I a.C. (1992: 198).

PATERAS: Otro de los recipientes mas numerosos entre el material recogido es la patera, que corresponde al tipo A.III.8.2, variante 2 de la clasificacion de Mata y Bonet (1992). Se trata de platos de borde entrante y tamano pequeno, con un diametro menor de 15 cm y mayor de 5. Suelen presentar el pie anillado, semejante al de los caliciformes, coccion oxidante y un tratamiento superficial alisado o espatulado, seguido, como en el tipo anterior, de brunido (Fig. 10,12). Este recipiente se documenta desde el Iberico Pleno, al resultar imitaciones de las formas 24, 25 y 21/25 de Lamboglia, aunque perdurara hasta epoca tardia (Sala 1995: 172 s.; Bonet y Mata 2002: 136; Guerin 2003: 192).

Asi, este tipo aparece a partir de fines del siglo V a.C., documentandose entre el material de El Puntal (Sala 1995: 127, fig. 27, tipo P3), en territorio contestano, siendo durante la centuria siguiente cuando alcance un alto porcentaje frente a las pateras de mayor tamano (1995: 231, grafica 17). Finalmente, la presencia de estas pateritas entre el material de "la tienda del alfarero" de La Alcudia (Sala 1992: figs. 25 y 26), corrobora la perduracion del tipo hasta epoca tardia.

En el yacimiento de Los Villares, solamente se conoce un ejemplar procedente del Nivel III (Mata 1991: fig. 47, 5), mientras que son abundantes en el Iberico Pleno o Nivel IV (1991: fig. 48, 1-9). Asi mismo, hay que senalar la presencia de una paterita, con decoracion pintada, en la Cueva II del Puntal del Horno Ciego, procedente del Estrato II (Marti Bonafe 1990: fig. 8, no 7083), lo cual nos corrobora, una vez mas, la perduracion durante los primeros momentos del Iberico Pleno del uso de esta cavidad.

Algunos autores han senalado una posible asociacion entre el caliciforme y las pateras en contextos cultuales, entre los siglos IV y II a.C. (Martinez Perona 1992: 270), asociacion, por otra parte, que es manifiesta tanto en El Castellet de Bernabe (Guerin 2003: Dpto. 2, fig. 37) como en El Puntal dels Llops (Bonet y Mata 2002: Dpto. 4, fig. 65), donde hay que destacar, sobre todo, la presencia de microvasos en el Departamento 14, estancia de claro ambiente domestico y privado en la que se realizarian ceremonias de caracter religioso (2002: 87, fig. 99).

PLATOS DE BORDE EXVASADO: Se han hallado cinco platos, fragmentados en su parte inferior, con borde exvasado que se une al cuerpo, hemiesferico, por una marcada carena (Fig. 10,13). Corresponden al tipo A.III.8.1 de Mata y Bonet (1992), en su variante 2, de tamano pequeno. Estos ejemplares presentan un tratamiento superficial espatulado, aunque suele ser frecuente que aparezcan pintados, como un fragmento, que podria relacionarse con este tipo y que ofrece, a modo de decoracion, una banda de color castano-vinoso. Este tipo de plato aparece ya en la fase del Iberico Antiguo; asi, se podria relacionar con ejemplares aparecidos en El Oral, aunque dentro de la categoria de ceramica gris (Sala 1995: fig. 10, tipo P3), o con algun otro documentado en El Castellet de Bernabe (Guerin 2003: 61, figs. 89-90), procedente de los niveles antiguos del poblado, fechados en la segunda mitad del siglo V a.C. (2003: 189). Igualmente, esta forma, aunque de manera escasa, se registra en el Nivel III de Los Villares (Mata 1991: fig. 43, 13-15), siendo mas abundantes durante el Iberico Pleno (1991: 83, fig. 46), frecuencia que se constata, del mismo modo, en El Puntal dels Llops, apareciendo asociados a las formas anteriormente analizadas (Bonet y Mata 2002: figs. 50, 66, 99). El tipo perdurara hasta epoca tardia, como atestigua el hallazgo de tipos similares entre el material de "la tienda del alfarero" de La Alcudia de Elche (Sala 1992: 104, fig. 57, tipo 2).

BOTELLITAS: Junto a los tipos anteriores, aparecen botellas de pequeno tamano, que, funcionalmente, se han relacionado con actividades de aseo personal, religioso o funerario (Mata 1991: 93). Unicamente se han recogido dos pequenos fragmentos de boca, con borde exvasado y un corto cuello corto destacado o indicado, que presentan, como las producciones anteriores, una superficie engobada y cuidadosamente espatulada (Fig. 10,14-15). Corresponden al tipo A.IV.1 de Mata y Bonet (1992), aunque, dado su estado de conservacion, desconocemos a que variante se adscribirian, ya que pueden presentar tanto un perfil de tendencia globular como quebrado.

Este tipo de contenedor aparece en el yacimiento de Los Villares solo en el Nivel IV (Mata 1991: fig. 49), siendo muy escaso tanto en El Castellet de Bernabe (Guerin 2003: figs. 25 y 86) como en El Puntal dels Llops (Bonet y Mata 2002: fig. 64). Esta misma tonica se repite en El Tossal de Sant Miquel, donde destacamos dos piezas en el departamento 15 (Bonet 1995: 108, fig. 41), a las que se sumaria algun otro hallazgo (1995: fig. 21, 99-D.6; fig. 78, 2378-D.40; fig. 114, 2378-D.102; fig. 132, 0315-D118).

CERAMICA DE COCINA: Dentro de esta categoria cabe incluir un lebes y dos ollas.

Entre el material depositado en el Museo de Cuenca encontramos una pieza que parece responder a un tipo de lebes de mediano tamano, sin pie, de produccion oxidante, con tratamiento superficial engobado en la parte superior, mientras que la inferior muestra un alisado realizado por un objeto punzante que ha dejado huellas visibles en su zona inferior (Fig. 10,16). Corresponde al tipo A.II.6.2 de Mata y Bonet (1992), resultando muy similar a algun ejemplar documentado en el Nivel IV de Los Villares (Mata 1991: fig. 36). En realidad, aunque el lebes es una forma de amplia cronologia, como atestigua su documentacion en el poblado de El Oral (Sala 1995: fig.7), sera durante el siglo IV a.C. un tipo muy abundante (1995: 159, fig. 23), apareciendo en estos momentos, por primera vez, el realizado en ceramica tosca, como se constata en El Puntal (1995: 177, fig. 28, tipo L2), produccion en la que podria encuadrarse nuestro ejemplar, muy similar, por otra parte, a este. Esta variante de lebes resulta una forma poco representada en los yacimientos edetanos encuadrados en el Iberico Pleno, donde predominan los ejemplares provistos de pie (Bonet 1995: 411; Bonet y Mata 2002: 131 s.; Gue rin 2003: 185).

La Coleccion conservada en el Museo de Cuenca incluye, ademas, dos ejemplares de ceramica tosca, correspondientes a ollas de cocina (Bonet y Mata 1992: tipo B.I.2). Muestran bordes exvasados y cuerpo de tendencia globular, ademas de un tamano mediano (Fig. 10,17-18). Se caracterizan por presentar una pasta tosca con desgrasante grueso que les proporciona un aspecto poroso, pues sus superficies apenas aparecen alisadas.

Este tipo se conoce desde el Iberico Antiguo, aunque resulta muy escaso con una mayor frecuencia a partir del siglo IV a.C. (Sala 1995: 177, fig. 29). Este hecho se comprueba en Los Villares, donde se documentaron algunos ejemplares en el Nivel III, siendo muy abundantes ya en el Iberico Pleno (Mata 1991: 103, figs. 58 y 59), al igual que en El Puntal dels Llops o en El Tossal de Sant Miquel (Bonet 1995: 431; Bonet y Mata 2002: 141 s.).

Por otra parte, aunque no es un hallazgo habitual en las cuevas-santuario, se puede citar un importante conjunto en la Cova dels Pilars (Agres, Alicante), donde se relacionan con su utilizacion como recipientes de almacenamiento (Grau 1996: 92), encontrando, igualmente, algun ejemplar en la Cueva II del Puntal del Horno Ciego (Marti Bonafe 1990: figs. 4 y 12).

MANO DE MORTERO: Se trata de una pieza maciza de arcilla, con dos apendices, tipo A.V.2 de Mata y Bonet (1992). Presenta la base amplia y achatada, dividiendose el vastago central en dos brazos o apendices, que, en este caso, adoptan forma de ave (Fig. 10,19). Hay que mencionar un ejemplar muy similar en las necropolis de Coimbra del Barranco Ancho; es una macita con apendices rematados en protomos de aves aparecida en la tumba 63 de la necropolis del Poblado, que se fecho en la primera mitad del siglo III a.C. (Garcia Cano 1997: fig. 84, no 5649). El hallazgo de este tipo, aunque remite claramente a cronologias encuadradas en el Iberico Pleno, no es muy frecuente en los asentamientos analizados, donde encontramos apenas uno o dos ejemplares (Guerin 2003: fig. 41, 83; Bonet y Mata 2002: fig. 58, 3054; fig. 85, 8024; Mata 1991: 95, fig. 51, 9), numero que se eleva ligeramente en El Tossal de Sant Miquel (Bonet 1995, fig. 18, 187-D. 4; fig. 69, 0386-D.25; fig. 80, 184-D.41; fig. 130, 5508-D.116).

CERAMICA CAMPANIENSE: A pesar de que el siglo III a.C. esta ampliamente representado por el material iberico documentado en esta Cueva, no es lo mismo en lo que se refiere a las importaciones. Tan solo se han recogido dos fragmentos de campaniense del tipo A, aunque la fragmentacion de ambas piezas, una de ellas es un fondo que presenta el pie roto (Fig. 11,1), dificulta precisar tanto su forma concreta, como su clara adscripcion cronologica, que se encuadra en la general de esta produccion, es decir entre el siglo III y el I a.C. No obstante, el hallazgo de este tipo de ceramica, que nos facilitaria la interpretacion del uso de estos lugares durante esos momentos, es muy escaso, documentandose en alguna cueva-santuario, como en las cercanas de los Mancebones o Cerro Hueco (Requena) (vid. Gonzalez Alcalde 1993: 69 ss.; Moneo 2003: 187).

3. En cuanto a la presencia de material de epoca romana, se han recogido dos fragmentos de ceramica de paredes finas. Se trata de la parte inferior de un cubilete que presenta un fondo ligeramente concavo y paredes de tendencia rectilinea, y de un pequeno fragmento de galbo, ligeramente curvo, decorado con tres puntos en relieve, ambos productos de cocciones reductoras y con un tratamiento superficial externo engobado (Fig. 11,2-3). Apesar de las caracteristicas similares que ofrecen ambos fragmentos, no podemos descartar que se trate de dos vasos distintos, ya que el fragmento de base parece corresponder a la forma XIV de Mayet (1975: 52, no 172-176), que engloba vasos cilindricos, lisos, de paredes verticales y fondo plano, encuadrados en epoca augustea. La falta de ejemplares, correspondientes a este tipo, decorados nos lleva a plantear que el otro fragmento perteneciera a un vaso distinto, aunque de tipologia incierta, ya que decoraciones a la barbotina aparecen sobre variadas formas, cubriendo una amplia cronologia. En primer lugar, la forma I de Mayet (1975: 24 s.), que reune vasos fusiformes, suele aparecer decorada con pequenas perlas apenas en relieve, datandose entre el 150/25 a.C.; posteriormente, tambien en epoca augustea, volvemos a encontrar vasos decorados con pequenas perlas dispuestas formando espirales (1975: 57, forma XXII, no 199), para ser muy frecuente en vasos encuadrados entre epoca de Tiberio hasta los flavios, que corresponden a la forma XXXVII (1975: 73).

[FIGURA 11 OMITIR]

Ademas, hay que senalar el hallazgo de un pequeno borde de terra sigillata africana del tipo A (Fig. 11,4), correspondiente al tipo Hayes 14b, fechado entre el 150/200 d.C. (Py 1993: 172).

4. Procedentes de recogidas superficiales, se han documentado diversos fragmentos, siete en total, que se pueden relacionar con el uso de la cavidad durante epoca islamica. Todos ellos se han recuperado en la Sala C, distribuidos por su zona oriental. Son pequenos fragmentos de ceramica comun, productos de cocciones reductoras, de apariencia muy tosca, con superficies apenas alisadas que les confiere un aspecto poroso. Hay que destacar, junto a la boca de una jarra, un pequeno fragmento de un borde de jofaina, cuyo interior aparece recubierto por un barniz monocromo de color verde, asi como otro pequeno borde con decoracion pintada en oxido de hierro, y varios fragmentos informes de ceramica de cocina con decoracion acanalada o incisa (Fig. 12), constituyendo un lote ceramico que puede encuadrarse en un periodo comprendido entre los siglos IX /XII d.C.

[FIGURA 12 OMITIR]

Es interesante resaltar la presencia de fragmentos con decoracion acanalada (Fig. 12,1-2), que parecen corresponder a las conocidas como "ollas valencianas" (Bazzana 1986: 93 ss.), tipo muy bien documentado en diversos yacimientos de la zona, como en El Molon, donde se ha identificado un asentamiento islamico encuadrado entre la segunda mitad del siglo VIII e inicios del X d.C. (Lorrio y Sanchez de Prado 2004: 161 ss., fig. 8), pudiendo, tambien, citar su hallazgo en una cueva de ganado localizada en el lugar de Tejeda la Vieja (Garaballa, Cuenca) (Martinez 2002: 25 s.). En cuanto al fragmento con decoracion peinada (Fig. 12,3), es dificil precisar su encuadre cronologico, al tratarse de motivos decorativos que habitualmente combinan trazos ondulados multiples con otros rectos, de amplia cronologia, pues se documentan desde la tardoantiguedad y durante epoca islamica, y que encontramos realizados sobre recipientes de variada tipologia (Bazzana 1984: 335, fig. 52; Gutierrez 1996: 156 s.). A pesar de ello, podemos indicar el hallazgo, en el poblado de El Molon, de recipientes de cocina con decoraciones incisas basadas en motivos multiples realizados con un peine, que produce surcos de mayor o menor profundidad (vid. Martinez 1992: 10). Una cronologia mas avanzada presentarian las tecnicas de decoracion pintada con oxido de hierro o el bano de barniz del fragmento de jofaina (Fig. 12,4), tecnicas que comienzan a finales del siglo X, desarrollandose plenamente en el XI d.C. (Bazzana 1984: 333); por ultimo, el fragmento de jarra (Fig. 12,5) no proporciona datos cronologicos claros, al ser un tipo de larga perduracion formal (Rosello 1978: 38).

5. A partir del siglo XIV se constata una nueva fase de uso de la cavidad, que vendria corroborada por el hallazgo de un importante y homogeneo lote ceramico que corresponde a producciones lujosas de los talleres Paterna-Manises, correspondiendo a escudillas con cubierta estannifera blanca, total o parcial. En primer lugar, encuadrandose entre fines del XIII y principios de la centuria siguiente, hay que citar algun fragmento, aunque muy deteriorado, decorado, al interior, en verde-manganeso (Fig. 13,1). Ademas, ya en mayor numero y con una mejor conservacion encontramos una serie de escudillas decoradas en azul al interior (Fig. 13,2-3), sien do un tipo de produccion que tiene sus inicios a comienzos del siglo XIV y que evolucionara hasta alcanzar la etapa clasica durante la segunda mitad del XIV y primera del XV. En algunas de ellas encontramos decoraciones de medias hojas, que suelen disponerse radialmente, siendo un motivo adoptado, desde las primeras producciones (Mesquida 2002: lams. 6 y 7), de otros procedentes de aquellas ceramicas pintadas en azul y dorado, y que seguira empleandose con exito hasta la primera mitad del siglo XV, cuando a las medias hojas se anaden trazos complementarios que acentuan el efecto de rotacion (2002: lams. 26-28).

[FIGURA 13 OMITIR]

Encontramos, tambien, escudillas, con o sin orejetas, igualmente con cubierta estannifera, pero en este caso con decoracion de reflejo metalico o incluso combinando la decoracion azul y el reflejo. En cuanto a las primeras, presentan simples motivos geometricos combinados con temas vegetales, como tallos formando roleos (Fig. 13,4-5), motivos que caracterizaran esta produccion hasta los tres primeros cuartos del siglo XV (Martinez Caviro 1982: 110 ss.). Por otra parte, las que tienen decoracion de azul y reflejo, presentan fundamentalmente el motivo decorativo conocido como "rosa gotica" (Fig. 13,6), fechado en el tercer cuarto del siglo XV, apareciendo pintadas en azul cobalto o en cobalto y oro, mezclandose con otros motivos (1982: 142 s.). Es una produccion documentada tanto en Manises como en Paterna, donde aparecen escudillas similares fechadas entre la segunda mitad del XV y primera mitad del XVI (Mesquida 2001a: 81, ficha 111).

Junto a estas producciones es interesante destacar el hallazgo de un candil de pie alto (Fig. 13,7). Se conserva el platillo inferior, de base plana con cavidad conica, con senales de quemado, y parte del vastago o peana que sustentaria la cazoleta, actualmente perdida. Presenta vidriado en melado. Corresponde a la Serie 6.1 de Rosello (1978: 48 ss.), siendo un tipo que se fecha a partir del siglo XIII, destacando piezas muy similares en Valencia durante el siglo XIV (Pascual y Marti 1987: 608, lam II, 16). Ademas, encontramos un fragmento de perfil moldurado que podria corresponder a parte de una lampara (Fig. 13,8); aparece vidriada en melado al exterior, conservando restos de quemado en la superficie plana. Se trata de piezas formadas por un pie de paredes inclinadas convergentes, un vastago con varios cuerpos y un platito superior, que serviria de soporte para un candil o cirio (Pascual y Marti 1987: 602, Serie H; Mesquida 2001b: 130).

Tambien cabe citar la presencia de recipientes de ceramica comun con goterones de vidriado melado al exterior, que podrian corresponder a la base de un mortero (Fig. 13,9), serie 13 de Rosello (1978: 74 ss.), asi como a una aceitera (Fig. 13,10), serie 4 de Rosello (1978: 40 ss.), siendo ejemplares muy bien representados entre la ceramica de Valencia durante el siglo XIV (Pascual y Marti 1987:604, lam II, no 8-9 y 11-13).

De la Sala A proceden un conjunto de monedas de los reinados de Enrique IV, los Reyes Catolicos, Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y del Gobierno Provisional, pudiendose observar una mayor concentracion en torno a los siglos XV a XVII (con 3, 6 y 5 ejemplares), faltando piezas del XVIII y con solo 3 ejemplares del siglo XIX.

5. Fuentes literarias y etnograficas

5.1. Fuentes literarias y cartograficas

Los documentos literarios y cartograficos conservados sobre la Cueva Santa de Mira permiten establecer una aproximacion al conocimiento de este santuario, principalmente desde el siglo XVI, aunque, dado el escaso interes de las autoridades civiles y eclesiasticas, no es mucha la documentacion escrita sobre el lugar. Estos datos proceden, en su mayor parte, de las visitas pastorales y del libro de cuentas de esta ermita, que se conserva en la parroquia de Mira (Moya 1998: 140 ss.).

En efecto, la documentacion mas antigua que se conoce en la actualidad sobre este santuario corresponde al ano 1583. Se trata de una visita pastoral a la Villa de Mira donde, en un listado de ermitas, aparece citada la Cueva Santa. Mayor informacion se tiene del siglo XVIII, a partir de las visitas pastorales, en las que lamentablemente no se describe en detalle el santuario, limitandose a senalar los mayordomos existentes y las limosnas ofrecidas (1998: 140 ss.). De tal informacion parece desprenderse una cierta precariedad relativa al mantenimiento de la ermita, destacando las escasas limosnas y la poca gente que pasaba por alli de forma habitual. Por su situacion y lejania, no fue una ermita por la que las autoridades eclesiasticas mostraran un gran interes, sin que se plantearan mejoras de instalaciones o de acceso, siendo la mas destacada la sustitucion, en 1708, de la antigua imagen de culto por otra mas moderna.

Fechado en 1787, se conserva, en la Biblioteca Nacional (Mss. 7298), un documento remitido por el parroco de Mira, D. Francisco Xavier Canizares, a D. Tomas Lopez de Vargas Machuca, geografo y cartografo de Carlos III, para el proyecto de Diccionario Geografico espanol, en el que se da informacion sobre la ermita, datos que serian tenidos en consideracion por el propio Tomas Lopez a la hora de representar topograficamente la Cueva Santa como una ermita, en su mapa Regni Valenciae Tabula:

"... un santuario intitulado Ntra. Senora de la Cueva Santa al medio dia de esta villa y dos leguas y media distante de ella, donde es tradicion que se aparecio una imagen de Maria Santisima poco despues de la expulsion de los moros, aunque no hay escrito alguno que los compruebe; es celebre por la mucha devocion que le tienen estos circunvecinos pueblos, que concurren en procesion a visitarlo en sus determinados dias y fuera de ellos a cumplir sus votos y novenas con otros bien distantes. Esta en una montana aspera a las caidas del rio Cabriel en un alto penasco, cuya entrada, que esta al pie de la pena hacia el poniente, tendra de ocho a diez varas de longitud, cinco palmos de alta y una vara de ancha, en piedra viva; pero dentro hay una grande cueva en cuyo centro esta el altar con una imagen de Ntra. Senora, donde se dice misa, con la singularidad de que el agua que esta destilando continuamente se convierte en una piedra muy dura de que estan cubiertas todas sus paredes y formados muchos hermosos pilares que parecen estar hechos para sustentarla de la que a porfia evitan a fuerza de golpes y llevan todos por devocion, imita el marmol con la diferencia de estar algo parda".

En el siglo XIX los documentos que aluden al santuario de la Cueva Santa son mas escasos, ya que se reducen practicamente a la descripcion de la cavidad dada por Pascual Madoz en su diccionario de 1848. En esta noticia, la mayor novedad la constituye la alusion a dos habitaciones para el ermitano y los que van de romeria, asi como la existencia de dos altares. El primero de ellos realizado en yeso y situado en el centro de la sala principal entre dos estalactitas y el segundo, a su izquierda, en una formacion rocosa y dedicado a San Marcos. Tambien alude a la existencia de una segunda cueva mas pequena en el interior de esta cavidad, a la que nadie se ha atrevido a entrar, y en la que es necesaria la luz artificial para ver los objetos que contiene; asi como a la costumbre del ermitano de labrar algunas columnas para dirigir sobre ellas el agua filtrada.

Del siglo XX se tienen las descripciones de la cavidad que aparecen en la Enciclopedia Ilustrada Espasa de 1913, donde se menciona que en su interior se venera la imagen de la Virgen. Por su parte, en las ediciones de esta misma Enciclopedia de 1918 y 1932 se recoge la presencia de dos altares, pero no se dice que este la imagen de la Virgen. Por ultimo, Perez Ramirez (1995) incluye a la Cueva Santa entre los "Santuarios Marianos de CastillaLa Mancha, diocesis de Cuenca".

5.2. Fuentes etnograficas

Un tema intimamente ligado a la naturaleza sacra de la Cueva Santa lo constituyen las creencias populares sobre el caracter magico de ciertos elementos naturales procedentes del interior de la misma, como son los fragmentos de estalactitas y estalagmitas, o el agua, a la que se ha atribuido un poder sanador (Moya 1998: 63 s.).

Ya desde el siglo XVIII se documenta la costumbre generalizada por parte de los peregrinos y fieles de llevarse parte de estas formaciones geologicas, pues se consideraba que las piedras tenian una funcion protectora contra las enfermedades, hechizos y malos espiritus, o contra las tormentas, malos "nulaos" y sus manifestaciones, como pedriscos o rayos. De esta forma, las piedras se guardaban en el interior de la casa y/o se colocaban en las ventanas, balcones y puerta de la vivienda mientras duraba la tormenta (1998: 61).

En relacion al agua procedente del interior de la cueva, tradicionalmente se ha considerado que poseia un poder salutifero o magico, habiendose ligado el contenido de sus cubetas con un fin sanador, como son la curacion de las enfermedades de los ojos o de las heridas, sin olvidar su caracter bendito, por lo que era costumbre santiguarse con ella al entrar a la Cueva (1998: 63). Ademas, existia la costumbre de lavar o proceder a la inmersion de los ninos en los estanques para sanarlos de las enfermedades comunes, de hernias y torceduras, o bien como promesa de la madre ante una razon particular, lo que se ha relacionado con ritos de fertilidad (1998: 63 s.).

Este caracter sanador de la Virgen de la Cueva Santa tambien queda puesto de manifiesto a traves de sucesos que han dado lugar a leyendas milagrosas (1998: 87). Incluso, esta cavidad se ha relacionado con ritos agrarios de propiciacion de las lluvias, como evidencian las procesiones y visitas colectivas a la cavidad en epoca de sequia, asi como los Mayos dedicados a la Virgen de la Cueva, pues se ha considerado como protectora de los campos y del ganado (1998: 64).

6. La II Edad del Hierro: la cueva como lugar de culto

La documentacion etnografica, literaria y cartografica, junto al hallazgo de materiales arqueologicos procedentes del interior de la cavidad, permite interpretar la Cueva Santa como una cueva-santuario con una larga perduracion de uso, que se remontaria, al menos, a la II Edad del Hierro, retomandose como lugar de culto a partir de la Baja Edad Media para mantenerse, sin solucion de continuidad, hasta nuestros dias.

La Cueva debio utilizarse como lugar de enterramiento durante una epoca que cabe situar entre un momento avanzado del Calcolitico y el Bronce Pleno, aunque pudo seguir siendo frecuentada de forma esporadica hasta el inicio de la Edad del Hierro. No obstante, sera durante el Iberico Pleno, es decir entre fines del siglo V o inicios del IV, hasta el siglo II a.C., cuando la cavidad adquiera el sentido de santuario. Ello viene sustentado por un conjunto de materiales (Fig. 10), entre los que hay que destacar una importante presencia de vasos caliciformes de variadas formas, desde los achatados caracteristicos de los siglos VI-V a.C. hasta otros que, desde perfiles mas globulares y dotados de pies anillados, van a ir evolucionando, a partir del siglo IV, hacia variantes mas estilizadas, caracteristicas ya de momentos mas avanzados. Ademas, asociadas a ellos, encontramos pequenas pateras, platitos y botellitas, es decir, un conjunto de microvasos muy frecuentes en espacios sacros. Son recipientes que pudieron contener ofrendas o haber constituido, ellos mismos, la ofrenda votiva y que, posteriormente, hubieran variado su funcionalidad primaria, ya que de forma reiterada se senala una posible utilizacion, sobre todo, de los caliciformes, e incluso de las pateras, como recipientes destinados a la iluminacion, dada la presencia de pequenos agujeros junto al borde, que servirian para su suspension, asi como, en ocasiones, senales de haber estado sometidos a la accion del fuego, lo que no puede determinarse con claridad en nuestros ejemplares, lamentablemente muy fragmentados. Junto a este lote, muy homogeneo en sus caracteristicas formales, encontramos ceramica de cocina, quizas utilizada como vasos de almacenamiento, asi como, por otra parte, una maza de mortero con apendices zoomorfos, en forma de cabeza de paloma, ave tradicionalmente identificada con una divinidad femenina (Olmos 1989).

El uso de la Cueva como santuario podria haber se prolongado durante le siglo II a.C., dada la presencia de ceramica campaniense del tipo A (Fig. 11,1) y de los tipos mas evolucionados de caliciformes (Fig. 10,10).

6.1. Ritos y divinidades

En epoca iberica, el caracter sacro de esta cavidad queda evidenciado por su ubicacion topografica en un lugar de dificil acceso, como es un barranco, y su orientacion al ocaso; asi como por la presencia de cubetas para recoger el agua y de dos grandes estalactitas a modo de betilos en la sala central, espacio que pudo funcionar como el sancta santorum propiamente dicho.

Ademas, el hallazgo en el interior de la cavidad de materiales arqueologicos, en su mayoria vasos caliciformes que aparecieron depositados en la sala mas profunda, tal vez a modo de posible favissa, permite comparar esta oquedad con otras cuevassantuario ibericas, que funcionalmente se han vinculado con el desarrollo de ritos de purificacion y de paso de clases de edad (Moneo 2003: 386 ss.).

Este tipo de cueva-santuario aparece bien documentado en epoca iberica, extendiendose desde el noreste hasta la Alta Andalucia, pero penetrando en Badajoz (2003: 299 ss.). Es frecuente su localizacion en lugares de dificil acceso, como barrancos, estando formadas por una o varias salas en las que son frecuentes los procesos de meteorizacion hidrica que dan lugar a la aparicion de formaciones carsticas, estalactitas y estalagmitas, a menudo emplazadas junto a balsas, lagos y gours. Tambien, en ocasiones, pueden aparecer estructuras de caracter sacro, como un betilo asociado a un altar en la cueva de la Cocina, Valencia (Pericot 1945).

En el interior de estas cavidades, los materiales arqueologicos aparecen depositados tanto en lagos y gours como en los huecos de las estalactitas, entre los intersticios de las rocas y/o en los recodos que forman las paredes. Se trata, por lo general, de vasos caliciformes, la mayoria intencionalmente rotos siguiendo algun ritual, aunque tambien es frecuente el hallazgo de fragmentos de ceramicas aticas, kylikes y skyphoi, e ibericas, como pateras, platos, cuencos, oenochoi, anforas, tapaderas y ollas, a las que se ha atribuido un uso sacro como contenedores de ofrendas. En ocasiones tambien aparecen exvotos de bronce y terracota que representan figuras humanas y animales, elementos de adorno, ademas de restos oseos de animales, ovicapridos y lechones fundamentalmente, que se han relacionado con el desarrollo de banquetes rituales, con los que tambien se ha querido vincular la presencia de ollas y ceramica de cocina (vid. Moneo 2003: 377 ss.).

A este tipo corresponderian, entre otros, los casos de la Olla o del Sumoi, en Tarragona (Vega 1987), el Murcielago, en Castellon (Palomar 1986), la Cocina, Noguera (Aparicio et al. 1983a; Aparicio 1997; Serrano y Fernandez 1992: 23 s.), Merinel (Martinez Perona 1992), el Barranc dels Llops (Aparicio et al. 1983; Serrano y Fernandez 1992: 23), Barranco Fondo (Gil-Mascarell 1975: 291 ss.), la Sima del Infierno, las Palomas y la Cueva Santa de Enguera, en Valencia (1975: 309; Serrano y Fernandez 1992: 20), Els Pilars (Grau 1996, 2000), la Cueva del Moro (Grau 2000) y la Pinta, en Alicante (Gil-Mascarell 1975), o los Hermanillos, en Murcia (Hernandez Carrion y Gil 1997).

Los ritos de iniciacion vinculados a cuevas cuentan con una tradicion muy antigua, habiendose relacionado con las fratrias de jovenes guerreros de origen indoeuropeo cuyo sustrato caracteriza a las zonas septentrional y occidental de la Peninsula Iberica (Almagro-Gorbea 1996b). De esta zona procede la documentacion mas antigua de este tipo de practicas, como evidencia el hallazgo de depositos votivos de armas de inicios o mediados de la Edad del Bronce en cuevas del Norte, como en Cuevasulla, Ogarrio y Entrambasaguas, en Santander, y Tucela, Forcas, en Orense (Almagro-Gorbea 1996b: 46), los mas tardios del Bronce Final de Pontons, La Roca del Frare, La Llacuna, en Barcelona (Masach 1975: fig. 5) y la Font Mayor, en Tarragona (Vilaseca 1969), asi como calderos encontrados en las cuevas Lobrega y Cabarceno, en Santander, y Lois, en Leon (Schubart 1961), y la tradicion de las "pedras formosas" o saunas castrenas relacionados con ritos iniciaticos del Noroeste peninsular (Almagro-Gorbea y Molto 1992; AlmagroGorbea y Alvarez-Sanchis 1993; Almagro-Gorbea 1994). Pero, tambien en el Suroeste, la referencia de Justino (44,4,1) a los curetes evidenciaria la existencia de fratrias iniciaticas de guerreros que vivian al margen de la sociedad y que segun dicho relato mitico habrian sido los primeros habitantes del saltus Tartessorum antes de que Habis llegara a ser el primer rey ordenador de Tartessos (Bermejo 1982: 73; Almagro-Gorbea 1996a: 50 s.).

De esta forma, se puede plantear que estos ritos de iniciacion en cueva pasaron, aunque no sin cambios, al mundo iberico, donde se desarrollarian fun damentalmente desde el siglo V-IV a.C., momento en que la anterior monarquia sacra fue sustituida por otra heroica de caracter guerrero, mas afin a estos ritos (Moneo 2001, 2003: 301). Incluso, cabe suponer que estas cavidades en el proceso de incipiente jerarquizacion del territorio sirviesen de centro aglutinador y gravitacional funcionando como lugar de atraccion y de culto colectivo de los poblados de alrededor, aspecto este que, como veremos, pudo haber sido el caso de la Cueva Santa. Tambien estos ritos pudieron complementarse y derivaron hacia otros relacionados con la sannatio y con rituales agrario-pastoriles que habria que relacionar con la extension de la agricultura, cuya practica ha llegado hasta la actualidad.

Estos ritos de iniciacion en cueva ofrecen conocidos paralelos protohistoricos y en el mundo clasico documentandose entre diversos pueblos de tradicion indoeuropea como los hititas (Jacob-Rost 1966), germanicos (Hofler 1973), celtas (Dumezil 1942) y balto-eslavos (Ridley 1976), asi como en el Mediterraneo Oriental, en el Sur de Francia y el Egeo, en Creta, y entre algunos pueblos italicos.

En el Sur de Francia, en la ultima fase del Bronce Final, y principalmente a fines de la Edad del Hierro, empiezan a documentarse cuevas con formaciones carsticas, estalactitas, estalagmitas y gours, asociadas a la deposicion de materiales sacros y votivos. Un ejemplo lo constituye la cueva de Balme-Rouge, en Cesseras, Herault, donde, proxima a una estalactita rodeada de gours, se hallaron ceramicas, algunas de ellas con restos de huellas de telas en sus concreciones como si hubiesen sido recubiertos de este material antes de su ofrenda (Rancoule et al. 1985: 120, 148), ademas de un broche de cinturon, fibulas y restos oseos de animales, ovejas y cabras fundamentalmente, que serian ofrecidos a la divinidad (1985: 148). Tambien en la Cueva de las Hadas, en Montpeyroux, en las proximidades de una estalactita y un flujo de agua se encontraron diversos materiales. Estos consisten en ceramicas a mano de fines de la Edad del Bronce y, especialmente, ceramicas campanienses, pateras recortadas en su base, pequenos vasos, oenochoi, fibulas y monedas depositadas sobre fondos de vasos que habian sido cuidadosamente recortados y puestos boca abajo (Garcia 1993: 55).

En el Mediterraneo, en el Egeo, este tipo de cuevas relacionadas con ritos iniciaticos se documenta en Creta desde epoca prepalacial (Faure 1964: 196; Rutkowski 1972: 121 ss.). Tal es el caso de la cueva de Eileithyia de Amnisos, cuyo interior ofrece una estalagmita rodeada de un murete de piedras que se ha interpretado como una estatua natural de culto o betilo (Faure 1964: 84), junto a diversas cubetas o gours rellenos de agua. En esta cavidad los materiales votivos, como ceramicas, aparecieron depositados en el interior de una sala mas pequena a la que se llegaba desde la sala principal (1964: 85). La cueva de Lera, en Akrotiri, presenta cinco salas con abundante formacion carstica de entre las que destaca una, con 3 estalactitas, que constituiria el santuario propiamente dicho. En el interior de esta cavidad, los materiales fueron depositados en torno a un lago o lanzados en una zona de dificil acceso (1964: 141).

Tambien la cueva de Hermes, en Melidoni, estaba constituida por dos salas con filtraciones de agua, una balsa, y formaciones estalagmiticas que parecen representar figuras humanas, que se han relacionado con el culto a Hermes y Maia, quienes recibirian libaciones y sacrificios (1964: 135). El nombre de esta cueva evidencia, por si misma, su vinculacion con el dios Hermes, habiendose considerado este una divinidad ctonica asociada a la cria del ganado y a la formacion de jovenes en la palestra y a ritos de iniciacion de fratrias originariamente guerreras (Combet-Farnoux 1980: 140 ss.).

Otro ejemplo lo constituye la cueva de la Osa, en Akrotiri, que consta de dos salas. En una de ellas se documenta, en el centro, una estalagmita con forma de oso y una cubeta de agua. En su interior se hallaron vasos pintados, una figura femenina desnuda, pequenas cabezas de terracota interpretadas como representaciones de la diosa Artemis (Faure 1964: 45 s., figs. 4 y 5) y dos placas de terracota de Apolo y Artemis cazadora acompanada de una cierva (1964: 145), divinidades ambas relacionadas con los ritos iniciaticos de clases de edad (Dowden 1989; Bierl 1994: 81 ss.).

Tambien la cueva de Dikte o de Ida se ha considerado como lugar de nacimiento, cria, muerte, sepelio y resurreccion de Zeus (Calimaco, Himno a Zeus 6, 46-47; Apolonio de Rodas II, 1236-1237; III,134; Hesiodo, Teogonia 483-484, Porfirio, Vida de Pitagoras 17), ademas de sede de la fratria de los curetes, estando vinculada a los ritos iniciaticos de clases de edad (Faure 1964: 120 ss.). Consta de dos ambientes principales. Uno, al exterior, donde se situaron grandes bloques interpretados como soportes de estatuas o tripodes (1964: 100), y un altar rectangular, en torno al que se hallaron exvotos y restos oseos de animales, depositados en las fisuras de la roca. El segundo ambiente lo constituye la propia cueva. En su interior, un posible temenos y un altar de cenizas donde se llevaron a cabo los sacrificios y se arrojaron las ofrendas (1964: 104, 107).

En el mundo italico, en Etruria, cuevas-santuario asociadas a ritos de paso se documentan al menos desde la Edad del Bronce, si no antes, en epoca neolitica (Edlund 1987: 49). Su existencia queda justificada por la presencia de fratrias de hombres guerreros, como los lupercales (Alfoldi 1974: 86 s.; Ulf 1982) o los Hirpi Soriani (Virgilio, Eneida 11,785788; Servio, Ad Aeneida 11,785; Plinio, Historia Natural 7,19), aunque estas practicas se asocian, igualmente, a los dispositivos documentados en el interior de las cuevas, como cubetas, lagos o manantiales. Gran interes ofrece la cueva del Lupercal, situada bajo la pendiente occidental del Palatino, principal nucleo originario de la ciudad de Roma (Dumezil 1987: 28). Esta cueva se encontraba asociada a una fuente y era considerada de caracter cosmico y ctonico por ser entrada al Mas Alla, lo que explica su relacion con fratrias guerreras asociadas al lobo, los luperci o lupercales (Blazquez 1977: 143 s.). Tambien los Hirpi Soriani tenian por sede una cueva con aguas sulfureas situada en Roma, cerca de la via Flaminia, en el monte Soracte consagrado a los Mani (Mastrocinque 1996: 148). Estos Hirpi, segun evidencia su nombre, estaban vinculados al lobo (Hirpi=lobo) y a (Apolo) Soranus, dios de caracter infernal.

En consecuencia, la asociacion antro-agua-fuego puede considerarse comparable al rito que parece evidenciarse en algunas cuevas-santuario ibericas, pudiendo establecerse una semejanza entre estas cuevas y la Cueva Santa del Cabriel.

Pero, tambien, hay que considerar la importancia que estas oquedades asumian como representacion del vientre materno donde hay que volver para renacer a la otra vida (Dacosta 1991: 46), habiendose relacionado, en general, con la entrada al mundo subterraneo, a las entranas de la tierra donde los hombres establecian contacto con los dioses subterraneos (Schumacher 1993: 73; Rutkowski 1972: 306; Dacosta 1991: 46). Asi mismo, la presencia de flujos de agua o dispositivos relacionados con su recogida permite senalar el caracter del agua como produccion subterranea en contacto con el mundo de los difuntos (Thevenot 1968: 201), por lo que gozaba de un poder curativo, fecundador y kourotrophos, estando asociada al crecimiento de los jovenes y a su entrada a la madurez (Dowden 1989: 123) y, con ello, al concepto de muerte-renacimiento caracteristico de los ritos de iniciacion (Gennep 1981).

Mas dificil resulta poder precisar el tipo de divinidad que regiria esta cueva-santuario. En este sentido ofrece gran interes la estalagmita a modo de pilar que preside la parte central de la cavidad en cuya base, en una gran grieta a modo de recodo, se recogio un hacha de cobre. La pieza podria haber formado parte de un enterramiento, aunque dada su procedencia, en el interior de una columna estalagmitica, mejor cabria su interpretacion como una ofrenda votiva (Figs. 2, 4 y 8,3).

Este hallazgo, de gran importancia, permitiria interpretar esta formacion como una imagen de culto, un betilo o massebah semejante a los documentados en otras cuevas-santuario ibericas, como la cueva votiva hallada en La Albufereta de Alicante (Rubio 1986) donde se representan troncos de arboles huecos en su interior que han sido considerados como ashera (Blazquez 1983: 206), pudiendose relacionar con un culto funerario a los Rephaim (Lagrange 1905: 199; Xella 1987: 150), esto es, a los antepasados heroizados del monarca cuya memoria no ha de ser olvidada ya que, alojados en el mundo subterraneo, su figura perviviria y se manifestaria a traves de este pilar sagrado asegurando a la poblacion la salud, la fecundidad animal y humana y la fertilidad agraria (Caquot 1960: 81 s.; Caquot et al. 1974: 465 s.; Fantar 1970: 17 s.; Olmo 1981: 413; Xella 1987: 159).

Estos Rephaim del mundo oriental pueden considerarse semejantes a los Lari romanos, a quienes se ha atribuido un caracter agreste (Lavagne 1988: 637), pero que, en origen, son los dioses del mundo subterraneo que se identifican con los dii parentes o antepasados heroizados (Coarelli 1983: 271) y, de forma general, con los dii Manes, que son los difuntos familiares en sentido generico colectivo, cuyo culto debe realizarse al exterior del poblado (1983: 272 s.).

Tambien en Grecia estan vinculados a los santuarios relacionados con los ritos de clases de edad y los funerarios, como en Megara y Brauron, donde la cueva con los restos de Ifigenia, interpretada como una heroina, constituyo el primitivo nucleo de culto del santuario dedicado a Artemis-Ifigenia (Kondis 1967: 166; Dowden 1989: 45 s.).

Estos pilares, ademas, se han relacionado con una divinidad femenina, como ocurre con Artemis en Matinea, donde se hallo un pilar de marmol del siglo III a.C. con su nombre (Fougeres 1896: 149, no 15), o el caso de Astarte en Pafos (Lilliu 1959: 74; Manneville 1939: 899 s.). En la Cueva Santa, la vinculacion con una divinidad del tipo de la Astarte fenicia quedaria confirmada a traves de algunos elementos simbolicos, como el acceso a la entrada de la cavidad (Fig. 3), cuya forma recuerda las conocidas laminas de pizarra y plata que se han denominado "ojos de Astarte'". En efecto, estas laminas se caracterizan por ofrecer la representacion de dos ojos y se documentan en diversos santuarios ibericos, como La Algaida, en Cadiz (Corzo 1991: 402), Alhonoz, Sevilla (Lopez Palomo 1979: 251 ss., lam. 4; id. 1981: lam. II), Collado de los Jardines (Alvarez-Ossorio 1941: lams. CXLVI/2191, 2193 y 2196; CXLVII/2228; CCCLXVIII/2283) y Castellar de Santiesteban, Jaen (Lantier 1917: lam. XXVIII/1-7), El Recuesto, Murcia (Lillo 1981: 27 s., Rec. I/6 y 8) y el deposito votivo del Cerro de Castelo de Garvao, Portugal (Beirao et al. 1985), pudiendose relacionar con la gran divinidad femenina simbolizada y representada como diosa de los ojos (Crawford 1957). Igualmente, se conoce una de estas piezas formando parte del "tesoro" celtiberico de Salvacanete (Cuenca) (Raddatz 1969: Taf. 53,30), conjunto que ha sido interpretado como un deposito votivo (Blazquez y Garcia-Bellido 1998; Arevalo et al. 1998), aunque Fernandez Nieto (1999) haya planteado una interpretacion diferente, al considerar el conjunto como la vajilla sagrada de uno de los oppida celtibericos participantes en una fiesta federal comun que tendria lugar en el valle de Santeron, verdadero santuario, donde en nuestros dias se alza una ermita, que actuaria como sede de las reuniones federales de las poblaciones celtibericas localizadas en su entorno (vid. infra).

Ademas, en esta cueva-santuario se hallo una pequena maza de mortero en terracota con la representacion de un ave (Fig. 10,19), lo que refuerza esta interpretacion, pues resulta bien conocida la aparicion de utensilios con este tipo de figuras exentas en las necropolis ibericas, como la de Toya, Jaen, de donde proceden dos vasos con tapadera con asidero ornitomorfo (Pereira 1999), o en los santuarios, como Alhonoz, Sevilla (Lopez Palomo 1981: fig. 23), y en El Tossal de Sant Miquel, Valencia, donde formando parte del deposito votivo se encontro una paloma de terracota (Bonet 1995: fig. 33; Bonet y Mata 1997: fig. 4), representaciones que se han interpretado como simbolo de una divinidad femenina (Olmos 1989). En todo caso esta divinidad no seria sino una Diosa-Madre indigena ancestral, que podria ser asimilada a la Astarte fenicia, la Tanit punica o la Artemis-Hecate griega, con quien se ha relacionado la cueva-santuario de Salchite, en Murcia (Lillo 1983).

Pero, en un momento indeterminado, es posible que a esta divinidad femenina se uniese otra masculina (10), con la que habria que relacionar, tal vez, la formacion rocosa con una especie de hornacina documentada en la sala principal emplazada frente a la anterior, en la que se situo un altar dedicado a San Marcos (Moya 1998: 94). Esta dedicacion a San Marcos, al parecer de epoca moderna, de entre fines del siglo XVIII y 1845, y por decision de la Villa de Mira, de cuya Iglesia Parroquial dependia la ermita de la Cueva Santa, puede considerarse de gran interes, pues hay que tener en cuenta que el origen latino del nombre Marcus es Marticus, forma que queda ligada a Mars-Marte, dios de la guerra al que se ha atribuido tambien un caracter agrario (Dumezil 1987: 223 ss.) (11).

En consecuencia, esta cueva-santuario de Mira situada en un barranco, resulta muy similar por sus caracteristicas a las cuevas-santuario ibericas relacionadas con ritos de purificacion y paso de clases de edad, sin excluir otros agro-pastoriles y relacionados con la sannatio. Estos ritos se asociarian seguramente a una divinidad femenina ancestral, celeste y ctonica al mismo tiempo, a la que podria haberse incorporado, en un momento indeterminado, una deidad masculina cuya union permitiria la renovacion de las fuerzas de la sociedad y de la naturaleza.

6.2. La Cueva Santa en su territorio

La realizacion de las cartas arqueologicas de los terminos municipales de Villargordo del Cabriel, Fuenterrobles y Camporrobles (Valencia), y de prospecciones sistematicas selectivas en los de Aliaguilla y Mira (Cuenca), que se complementara en breve con la realizacion de la Carta Arqueologica de este ultimo termino -trabajos que venimos realizando desde 2002-, nos permite abordar el estudio territorial de la Cueva Santa del Cabriel (12), aunque reducido a la margen izquierda del Cabriel, donde se localizan los terminos citados (Fig. 14).

Si durante el Calcolitico y el inicio de la Edad del Bronce algunas de las cuevas abiertas en los barrancos del Cabriel, entre ellas la Cueva Santa, fueron utilizadas como lugar de enterramiento, seguramente multiple (Molina-Burguera y Pedraz 2000), apenas tenemos noticias sobre el caracter de las visitas que durante la Edad del Bronce se realizaron a la Cueva, en cualquier caso poco importantes, como demuestra el que unicamente se hayan documentado dos fragmentos de ceramica a mano tosca atribuidos con reservas a este periodo, sobre todo teniendo en cuenta que se conocen una decena de yacimientos de esta epoca localizados en un radio de 10 km.

Mayor informacion tenemos de la II Edad del Hierro (Fig. 15), principalmente por lo que se refiere al periodo comprendido entre los siglos Vy II a.C., pudiendo destacar la practica ausencia de poblamiento en un radio de 8 km alrededor de la Cueva, con la unica excepcion de dos lugares de habitacion en su entorno mas proximo (3 km): las Casas del Alabu, un asentamiento en llano de reducida extension localizado en el antiguo camino de Enguidanos, por el que todavia hoy se accede a la Cueva, y el Castillejo del Pajazo, pequeno poblado fortificado que controlaria el antiguo camino entre Cuenca y Requena que comunicaba ambas margenes del Cabriel. Igualmente interesante es la localizacion, a algo mas de 6 km en linea recta de la Cueva Santa, de la Cueva II del Puntal del Horno Ciego (Marti Bonafe 1990), localizada en un barranco de la margen izquierda del rio y, como aquella, sin asentamientos conocidos en su entorno mas inmediato.

[FIGURA 14 OMITIR]

[FIGURA 15 OMITIR]

A partir de los 9 km se observa un importante poblamiento, con numerosos asentamientos en llano de tamano pequeno, junto a un numero reducido de poblados fortificados en altura, que se concentra, hacia el Noreste, en torno a los humedales de Camporrobles, claramente jerarquizados por el asentamiento de El Molon, un pequeno oppidum ocupado desde los inicios de la Edad del Hierro hasta mediados del siglo I a.C. (Lorrio 2001), con el que se relaciona una cueva-santuario (Moneo 2001); hacia el Este-Sureste, en relacion al curso alto del rio Madre, en torno a la localidad de Fuenterrobles, territorio que cabe considerar jerarquizado por la presencia del importante oppidum de Los Villares (Caudete de las Fuentes) (Mata 1991), donde se localiza la ceca iberica de kelin (Ripolles 2001: 109 ss.); y, hacia el Sur-Sureste, en las estribaciones orientales de la Sierra del Rubial, con una serie de yacimientos en llano localizados en el entorno del importante area artesanal del Moluengo, en cuyas proximidades se situa una nueva cueva-santuario, la llamada Cueva Santa de Villargordo del Cabriel (Fletcher 1975: 1154). El numero de poblados que podian haber frecuentado la Cueva Santa debio ser aun mayor, sobre todo si tenemos en cuenta la atraccion que cabria esperar respecto a los nucleos de poblacion de la margen derecha del Cabriel, zona de la que existe mucha menor informacion, dada la ausencia de prospecciones sistematicas. A pesar de las accidentadas riberas que el rio ofrece en su tramo medio, existen diferentes pasos que conectan ambas margenes, teniendo su principal zona de transito en el entorno de la Hoya de Contreras. Efectivamente, a traves de la cuenca del rio Madre se llega a los llanos de Villargordo del Cabriel, que constituyen la parte occidental de la meseta de Requena-Utiel, accediendo a las ramblas que jalonan y salvan el agudo desnivel de la zona (300 m). La parte alta del Barranco de la Vid nos lleva al tramo final de la rambla de Canalejas, que desemboca en el rio Cabriel cerca de los vados del Rabo de la Sarten y del Pajazo, todo bajo el control visual de los yacimientos del Castillejo del Pajazo, Villargordo del Cabriel, Valencia, y el Cerro del Castillo, Minglanilla, Cuenca. Desde la zona de los llanos de Villargordo del Cabriel accedemos tambien al amplio valle del Moluengo, que conecta con el paraje de Casillas del Cura, una interesante area artesanal iberica, y al vado de la Ponseca y Vadocanas (Martinez Valle 2001: 146-150). Mas al norte, los vados adecuados para carros escasean, aunque en el paraje de la Fuencaliente, localizado junto a la Cueva Santa, existian zonas vadeables para monturas o en pequenas embarcaciones a traves del rio; de todo ello no queda rastro al estar bajo el actual nivel de las aguas del Embalse de Contreras. Por ultimo, el llamado Camino de Enguidanos conecta la Comarca de Requena-Utiel con las margenes del Cabriel, al Norte de la Cueva Santa, donde se localiza el importante poblado de Cabeza Moya (Enguidanos, Cuenca) (Navarro y Sandoval 1994).

Esta dispersion geografica de los yacimientos situan a la Cueva Santa en un punto central respecto de los asentamientos de la Edad del Hierro localizados en la zona, pudiendo defender para ella un caracter que excederia el puramente local. De modo que, como hemos senalado mas arriba, la Cueva Santa del Cabriel puede haber servido de centro aglutinador y gravitacional de la comarca, al menos desde un punto de vista simbolico, pudiendose interpretar como un lugar de atraccion y de culto colectivo de los poblados de alrededor.

La existencia de un territorio practicamente vacio de poblacion en el entorno de la Cueva se documenta igualmente en epoca romana, aunque algo mas matizado, al documentarse algunas villae en la zona inmediatamente al Norte de la localidad de Villargordo del Cabriel, o en las inmediaciones de la aldea de la Fuencaliente, donde al parecer se habria localizado una de estas villae (Exp. Museo de Cuenca 1974/31; Moya 1998: 48), junto a la fuente de aguas termales que habia en el valle y que con el tiempo daria nombre al lugar (1998: 46). Este mas que probable caracter sagrado de la zona, al menos durante la II Edad del Hierro, encuentra su correlato en la tradicion popular segun la cual el extenso territorio que rodea a la Cueva Santa conformaba un espacio sagrado, cuyos limites desconocemos, aunque incluia los barrancos y las tierras de labor de los alrededores de la Cueva, extendiendose hacia el Este mas alla de las Casas del Alabu (1998: 49 s.). Esta "Tierra Santa", como era denominada en los siglos XVIII y XIX, estaba protegida contra todo mal, lo que influia, incluso, en el precio de las tierras de labor alli situadas. Diferente es el modelo previo a la Edad del Hierro, ya que, como hemos visto, en epoca calcolitica solo conocemos algunas cuevas de enterramiento en alguno de los barrancos del Cabriel, mientras que durante la Edad del Bronce se conocen varios poblados y alguna posible cueva de enterramiento en un radio de 10 km en torno a la Cueva.

La revision de algunas cuevas-santuario valencianas permitiria plantear la existencia de modelos semejantes, configurandose el santuario como el lugar de culto local de los poblados localizados en su entorno, cuyas distancias oscilarian entre 5 y 10 km, aunque a veces pudieran ser incluso mayores (vid., al respecto, Moneo 2003: 306, figs. V.16 y V.17). Dicho modelo encontraria su correlato en una serie de fiestas y celebraciones todavia hoy vigentes, en las que el santuario aparece como omphalos o centro organizador del territorio y de las poblaciones en estructura radial y, desde identicos planteamientos, recientemente estudiadas por Fernandez Nieto (1999) y Fernandez Ardanaz (1999 y 2000), vinculandolas con antiguas tradiciones prerromanas de tipo celtico. Destaca, por su proximidad con la zona de estudio, la fiesta del Santeron (Algarra, Cuenca), cuya celebracion, tradicionalmente el lunes de Pentecostes, congrega a siete comunidades distintas del area nororiental de la provincia de Cuenca y del Rincon de Ademuz (Valencia), situadas en un radio de entre 6-8 km, cuyo centro es la ermita del Santeron o de la Virgen de Santeron, localizada en un valle, en medio de una pradera. Para Ferrnandez Nieto (1999: 191) la voz *santeron pudiera relacionarse con el celtico *santeros "lugar que esta en medio o en el centro de", siendo, por tanto, equivalente de *medionemeton, esto es, el santuario que ocupa el centro, proponiendo interpretar algunas de las practicas de la festividad actual como una reliquia de antiguos ritos celtibericos (1999: 194 ss.). Siguiendo a Fernandez Nieto (1999: 199), Santeron habria sido el santuario comun de 7 pequenos oppida celtibericos, que integrarian una federacion, modelo que parece coincidir con el observado en la Cueva Santa, tanto por lo que respecta al panorama de la Edad del Hierro -aunque en el caso del Santeron carezcamos de informacion respecto de este periodo-, con el interes de estar documentada la presencia de elementos de cultura material de clara filiacion celtiberica en la zona de estudio (Lorrio 2001: 167 s.), como por lo observado en epoca moderna y contemporanea, pues la Cueva queda enmarcada en el centro de un territorio, teniendo alrededor las villas de Mira, Camporrobles, Fuenterrobles, Villargordo del Cabriel, Minglanilla, La Pesquera y Enguidanos, y aunque no haya noticia de que las poblaciones de Minglanilla y Enguidanos hayan participado en la fiesta, si lo hay, en cambio, sobre la aldea de la Fuencaliente de Mira y de Venta del Moro (Moya 1998: 83). En este sentido, no esta de mas recordar el caracter aglutinador que ha tenido la Cueva en epocas mas o menos recientes, siendo durante mucho tiempo el nexo de union de toda una comarca (1998: 21).

Un comentario merece la presencia, durante la II Edad del Hierro, de 4 cuevas-santuario en la zona, que vienen a sumarse a la Cueva de los Mancebones, la Cueva del Cerro Hueco, la Cueva de los Angeles (Requena, Valencia) o la Cueva del Collado de la Plata (Aliaguilla, Cuenca), cuyo estudio conjunto excede los objetivos de este trabajo (vid., para todas ellas, Moneo 2003: 169 y 197 ss.). La Cueva del Molon se ha relacionado (Moneo 2001: 179 s.) con ritos de iniciacion y purificacion de los habitantes del poblado del mismo nombre. Mas dificil resulta valorar el caso de la Cueva Santa de Villargordo del Cabriel, aunque se haya vinculado a ritos de paso de clases de edad (Moneo 2003: 198). A pesar de no relacionarse directamente con ningun asentamiento (Mata et al. 2002: 315), su accesibilidad y la localizacion de varios de ellos en su entorno inmediato permiten su diferenciacion del modelo representado por las dos cuevas restantes. Ciertamente, tanto la Cueva Santa del Cabriel como la Cueva II del Puntal del Horno Ciego se localizan en espacios de dificil acceso en sendos barrancos de la margen izquierda del Cabriel, en parajes abruptos, sin asentamientos de ningun tipo en sus proximidades. La Cueva II del Puntal del Horno Ciego es una cavidad con un doble acceso a traves de una entrada natural orientada al Sur-Sureste y un agujero de 1 m de diametro abierto en la boveda; consta de una sala circular de 5 por 4,5 m y 4 de altura, con pequenas galerias y grietas (Marti Bonafe 1990).

No obstante, los materiales recuperados en ambas cavidades parecen sugerir dos momentos de uso diferentes, aunque ambas llegaran a convivir durante algun tiempo. La Cueva II del Puntal del Horno Ciego ha proporcionado abundantes materiales que han sido fechados entre los siglos VI-V a.C. (Marti Bonafe 1990: 160), aunque, como se ha analizado (vid. supra), algunos de los tipos que encontramos en esta cavidad se encuadran principalmente en contextos del siglo IV a.C., como los caliciformes de perfil globular o las pateritas, todo lo cual nos lleva a plantear la prolongacion del uso de esta cueva como santuario a inicios del IV a.C. Por su parte, la Cueva Santa parece haber estado en uso entre la segunda mitad del siglo V a.C., coincidiendo con el final de la Cueva II del Puntal del Horno Ciego, perdurando de forma continua, al menos, hasta el II a.C., aunque el momento de mayor auge corresponda con el siglo IV y III a.C. Resulta tentador ver en su diferente cronologia, al menos por lo que se refiere a los momentos de maximo esplendor, la posible suplantacion de una respecto de la otra, pues recordemos su proximidad relativa, unido a sus caracteristicas similares en muchos aspectos, que parecen sugerir ritos semejantes. Las envidiables condiciones de la Cueva Santa del Cabriel, tanto por lo que respecta a las caracteristicas de la cavidad (dimensiones notables, presencia de agua, etc.) como por su emplazamiento, dominando un amplio paisaje, podrian ser la explicacion de la importancia alcanzada por la Cueva Santa, en detrimento de la Cueva II del Puntal del Horno Ciego, y que justificaria, al menos en parte, la continuidad en su uso hasta nuestros dias.

7. Los siglos oscuros

Apenas disponemos de informacion que nos permita determinar con claridad la funcionalidad de la Cueva durante el principado y la epoca romana imperial. El hallazgo de dos fragmentos de paredes finas (Fig. 11,2-3), ambos posiblemente de epoca augustea, y un fragmento de terra sigillata africana del tipo A (Fig. 11,4), fechado entre finales del siglo I y el siglo II d.C., a los que cabria anadir las referencias a posibles materiales de epoca romana procedentes de los expolios (Moya 1998: 32), contrasta abiertamente con el panorama documentado para epoca prerromana, lo que parece sugerir que la Cueva pudo haber caido en desuso a partir del cambio de era, por mas que Moya (1998: 48) haya planteado la continuidad en el uso cultual de la cavidad ligado a una Gran Madre semejante a la Magna Mater de los romanos (13). Con todo, no podemos descartar dicha posibilidad, dado que los hallazgos procedian de una sala de dificil acceso alejada de la entrada, de la que procederia asimismo la mayor parte del material prerromano recuperado, tratandose ademas de "vajilla fina", poco acorde con usos mas prosaicos de la cavidad. En cualquier caso, la utilizacion de cavidades como lugar de culto en epoca romana es suficientemente conocida, como lo atestiguan casos como los de la Cueva de la Camareta, en Agramon-Hellin, Albacete (Gonzalez Blanco et al. 1993), la Cueva Negra de Fortuna, en Murcia (Gonzalez Blanco et al. 1993), la llamada Cueva de Roman, en Clunia, Penalba de Castro, Burgos (Palol y Vilella 1987: 129 ss.) o la Cueva del Puente, en orduna, Burgos (Abasolo y Mayer 1996) (14).

En realidad, la presencia de material romano en algunas cuevas-santuario valencianas (vid. Gonzalez Alcalde 1993: 73, 2002-03: 77) confirmaria que estas siguieron siendo visitadas durante los primeros siglos de la era, tratandose siempre de hallazgos menos numerosos que los protohistoricos precedentes, en concreto terra sigillata hispanica, fibulas y, en menor medida, pateras y copas, asi como, en alguna ocasion, monedas de epoca imperial. No obstante, la presencia de materiales de epoca romana, sobre todo ceramicos o de vidrio, en el interior de cuevas, admite otras interpretaciones, no siempre faciles de determinar, pudiendose considerar, a veces, como evidencia del uso funerario de la cavidad (Lorrio y Montero 2004: 110).

Con la caida del Imperio romano se produjo un clima de inestabilidad, que se vio acentuado con la llegada de los visigodos hacia el ano 460 y la posterior invasion arabe. Pese a carecer de evidencias, se ha planteado que, en esta epoca, la Cueva seguiria siendo frecuentada como lugar de culto, debido al arraigo y pervivencia de las antiguas costumbres, e incluso de las divinidades (Moya 1998: 69 ss.) (15).

Tras el vacio de informacion durante el periodo tardoantiguo, es tambien muy escasa la que tenemos de epoca islamica, aunque durante mucho tiempo la franja de tierra que se extiende desde el rio Cabriel hasta Requena fue lugar de correrias o de vandalismo, tanto de tropas cristianas como musulmanas, lo que provocaria el despoblamiento de la tierra y, que, posiblemente, la Cueva Santa fuese abandonada, pudiendo haber servido, tal vez, como abrigo o lugar para protegerse de las inclemencias del tiempo (1998: 73 s.). La unica informacion que poseemos se reduce al hallazgo de algunas toscas ceramicas islamicas fechadas entre los siglos IX y XII (Fig. 12), que no permiten sino apuntar que la cavidad siguio siendo visitada durante esa epoca, quiza simplemente haciendo las veces de cueva-refugio de algunas de las poblaciones pastoriles que habitaron las tierras cercanas de la Serrania Baja Conquense, como seria, al parecer, el caso de la "cueva de ganado" de Tejeda la Vieja, con una dilatada ocupacion, pero en la que estan ausentes recipientes de caracter suntuario (Martinez 2002: 22 ss.). No obstante, y como ocurriera en epoca prerromana y romana, todo el material recuperado procede de la Sala C, la mas profunda, sin que haya noticias sobre su hallazgo en la Sala A, la mas apta como refugio, si bien, dadas las alteraciones sufridas en esta zona, poco se pueda avanzar en ese sentido.

8. La tradicion cristiana: la cueva como ermita

A partir de la reconquista de la zona, que culminaria con la toma de Requena en 1239, la Cueva seria de nuevo frecuentada, remontandose las primeras referencias sobre el tema al siglo XIV, momento en que paso a convertirse en un santuario mariano, recuperandose como lugar de culto (Perez Ramirez 1995: 362; Moya 1998: 76), lo que se ha interpretado como el medio de sacralizar un paisaje que era considerado como pagano (Aldea et al. 1975: 2205). Este tipo de santuarios aparece bien documentado en diversas partes de la Peninsula Iberica y se han relacionado con la implantacion popular del culto a Santa Maria (Moya 1998: 75 ss.) (16). Un ejemplo lo constituyen los santuarios de la Cueva de la Virgen de Tejeda, en Garaballa, o el de Ntra. Senora del Pilar de Altarejos, vinculados, como ella, a la Diocesis de Cuenca (Perez Ramirez 1995). En ambos casos, se trata de cavidades o abrigos mas o menos profundos que fueron convertidos en santuarios cristianos.

De esta forma, desde el siglo XIV, y principalmente en los siglos XVI y XVII, la presencia de documentos escritos sobre la Cueva Santa, junto al hallazgo de materiales arqueologicos como un interesante y homogeneo lote de vasijas ceramicas que remiten a las mas lujosas producciones de los talleres de Paterna y Manises (Fig. 13,1-6), como serian las escudillas esmaltadas decoradas en azul y reflejo metalico, a las que se ha atribuido un caracter liturgico (Moya 1998: 82), junto a lamparas de aceite de variados tipos (Fig. 13,7-8), permiten establecer un uso de la cavidad como ermita cristiana, alcanzando durante dicho periodo su mayor apogeo, lo que confirmarian igualmente los hallazgos numismaticos.

Posteriormente, vendria la decadencia, coincidiendo con el inicio o el auge de otros santuarios marianos, principalmente el de Ntra. Senora de Tejeda, muy popular a partir del XVII hasta nuestros dias, y, mas tarde, el de Ntra. Senora del Remedio en la Sierra de Negrete, en Utiel. Ya en el siglo XVIII solo realizaban la visita a la Cueva las poblaciones de Fuenterrobles, Camporrobles, Villargordo, Venta del Moro y sus aldeas (17), Mira, con sus caserios de Fuencaliente, junto al rio, asi como La Pesquera, unico municipio de los citados que se localiza en la margen derecha del Cabriel (1998: 83). Los ritos practicados por los habitantes de estas poblaciones incluian visitas en forma de rogativas para pedir lluvia en anos de sequia, y una romeria. Esta tenia lugar en primavera, como documentan los casos de Mira, celebrada el 25 de abril, o el de Fuencaliente, el 3 de mayo, La Pesquera, el 1 de mayo y Fuenterrobles, el 15 de mayo, y en ella participarian todos los miembros de la sociedad (1998: 83 s.).

A pesar de la decadencia citada, es la documentacion de los siglos XVIII y XIX la que permite establecer una aproximacion a los dispositivos, ritos y divinidades a las que se rendia culto. De esta manera se conoce como, a la entrada de la cavidad, se coloco una campana con el fin de llamar a los fieles a las celebraciones religiosas (1998: 94) mientras que, en el interior de la sala principal que constituia el sancta santorum de epoca iberica, en una de las grandes columnas estalagmiticas, se situo un altar a la Virgen y otro a San Marcos, este ultimo en el hueco de una formacion rocosa, ademas de un pulpito (1998: 93 s.). De los altares, el de la Virgen era el principal y ocupaba el centro geografico de la cavidad. De la imagen de culto se conoce la existencia de un tipo antiguo, que no se conserva en la actualidad, denominada como la "Virgen Vieja" (1998: 104). Con respecto a ella, se ha planteado que se trataria de una Virgen Negra (1998: 207), sin que haya noticias sobre su origen. Esta imagen, maltratada por la humedad del lugar, fue sustituida por otra, que se costeo con las limosnas que daban los devotos de los pueblos vecinos, lo que implicaba unos derechos y obligaciones sobre la misma (1998: 103, 109). Otras modificaciones a las que se vio sometido este santuario implicaron un aumento de su extension, pues se incorporo al lugar de culto la amplia explanada existente al exterior, a la entrada de la Cueva, donde se situo una mesa de yeso y barro para "sacar" a la Virgen en los dias de fiesta (1998: 97). Tambien se incluyeron las tierras proximas, donde se construyo una casa con pozo, que fue utilizada como albergue de los peregrinos que visitaban el lugar y como vivienda del ermitano.

9. La tradicion de la romeria

A principios del siglo XX, la continuidad de uso de la Cueva por parte del actual pueblo de Fuenterrobles, permite la reconstruccion del ritual de la romeria llevada a cabo por estas poblaciones. Esta romeria duraba un dia y consistia en la visita a la Cueva donde estaba colocada la imagen de la Ntra. Senora de la Cueva. Los vecinos acudian en carros engalanados con ramas de madrono, murta o romero, para asi mostrar a su llegada al pueblo que se habia cumplido con el ritual de visitar la Cueva (Moya 1998: 65), o a la grupa de caballos, como en el caso de los mozos que se lucian o llevaban con ellos a sus novias (1998: 88). Una vez en la cavidad se celebraba una misa en el interior, finalizada la cual se sacaba al exterior la imagen y se colocaba en la explanada donde habia una mesa de obra de piedras y yeso, para cantarla los Mayos, pequenas composiciones populares recitadas por un solista, acompanado de un coro y de musica, que constaban de varios versos en los que se alababa y ensalzaba a la Virgen, pidiendola salud para los seres humanos y proteccion y lluvia para los campos. De ellos, el mayor interes lo ofrece el Mayo antiguo de Fuenterrobles (1998: 120 ss.), pues por primera vez aparece una referencia al nombre de la Virgen a quien se rendia culto en la Cueva, esto es a Santa Catalina, que aparece asociada a una blanca paloma, al Sol, a la Luna y a flores, como nardos, claveles, azucenas y rosas. Despues de estos Mayos, la romeria continuaba con una comida campestre, tras la que se partia de vuelta al pueblo de Fuenterrobles. Este regreso iba escalonado con varias paradas en los caserios, como en la Casa del Alabu, en la Casa de la Vina, la Casa Nueva, y, por ultimo, en la cruceta de Fuenterrobles. Desde aqui se iba rezando el rosario hasta llegar a la Iglesia del pueblo.

La romeria se ha visto modificada a causa del paso del tiempo, llegando, incluso, a dejar de realizarse durante algunos anos. Sin embargo, puede considerarse de gran interes pues perpetua un ritual muy antiguo cuyo uso se extiende hasta la actualidad. La imagen de la Virgen permanecio en la Cueva hasta inicios de los anos 30, depositandose tras la Guerra Civil en la ermita de Fuencaliente (1998: 85); con posterioridad, tan solo Fuencaliente, Fuenterrobles y la Pesquera mantuvieron la tradicion. Con la construccion del pantano de Contreras, los habitantes de Fuencaliente se dispersaron, trasladandose la mayor parte a Picassent (Valencia) y llevandose con ellos la imagen de la Virgen (1998: 157), aunque algunas de las poblaciones cercanas hicieran una reproduccion de la misma para ser llevada en procesion hasta la ermita. En la actualidad tan solo Fuenterrobles realiza la romeria.

10. Valoracion

El analisis de esta cueva permite establecer un uso ritual que cabe remontar a un momento avanzado de la Edad del Cobre o el Bronce Pleno, posiblemente como cueva sepulcral de enterramiento, quizas colectivo, fenomeno bien conocido en el Levante peninsular (Soler 2002), y del que se conocen algunos ejemplos a pocos kilometros de la Cueva Santa, en el Barranco de la Vid (Villargordo del Cabriel, Valencia) (Molina-Burguera y Pedraz 2000). Con este uso cabria relacionar principalmente un colgante de hueso y un hacha de cobre, esta encontrada en el interior de una columna estalagmitica, lo que permite plantear su caracter votivo. Lo mismo cabe plantear de un fragmento de hacha o azuela pulimentada aparecida, al parecer, en los alrededores de la Cueva, cuya datacion, no obstante, pudiera ser mas antigua, asi como de dos vasijas a mano recuperadas en una oquedad del exterior de la cavidad, junto al acceso. La presencia de un craneo humano en el Museo de Cuenca procedente, al parecer, de la Cueva, podria confirmar tal funcionalidad, aunque dada su larga secuencia de uso, no siempre, necesariamente, como santuario, no podamos afirmarlo categoricamente.

Ya en la II Edad del Hierro, el periodo mejor conocido, la Cueva paso a ser utilizada como un santuario semejante a otras documentadas en el mundo iberico, y de las que se conocen algunos ejemplos en la vecina Comarca de Requena-Utiel (Moneo 2003: 197 ss.), quedando vinculada a los ritos de paso de clases de edad de las poblaciones proximas. Este caracter quedaria confirmado por su dificultad de acceso, su relacion con el agua y el ocaso solar, la sala principal o sancta sanctorum con estalactitas a modo de betilos, y el hallazgo de materiales arqueologicos, en su mayoria vasos caliciformes asociados a otros microvasos (pateras, platos o botellas), como contenedores de ofrendas u ofrendas en si mismos, que aparecieron depositados en la sala mas profunda, a modo de favissa. El estudio de estos ritos de paso en el mundo iberico (2003: 393 ss.) permite establecer que su desarrollo incluiria una visita periodica a la cavidad, tal vez a modo de procesion, y determinadas practicas, que tendrian como fin la formacion de los jovenes guerreros, la renovacion periodica de las clases de edad, y, por consiguiente, de toda la sociedad (2003: 395). Estas celebraciones tendrian lugar en el equinoccio de primavera, momento que coincidiria con el renacer de la naturaleza, de los campos y animales, por lo que tradicionalmente se ha considerado como un rito de comienzo del Ano Nuevo (Dumezil 1987: 352; Moneo 2001: 179). Parece que la Cueva habria ejercido, durante este periodo, de centro aglutinador, desde un punto de vista simbolico, de la comarca, lo que confirma su posicion central, por lo que cabria considerarla como un lugar de atraccion y de culto colectivo de los poblados de alrededor, distribuidos en varios nucleos practicamente equidistantes de la Cueva.

Este uso de la Cueva como lugar sacro en epocas posteriores es dificil de interpretar, pudiendo haber continuado en epoca romana, y, tal vez, hasta la invasion arabe, produciendose, en este caso, una evolucion del culto, las divinidades y ritos desarrollados. No obstante, el hallazgo de algunos fragmentos de "vajilla fina", fechados entre finales del siglo I a.C. y el siglo II d.C., admite otras interpretaciones, pues no puede descartarse su uso esporadico como lugar de enterramiento, fenomeno del que se conocen algunos ejemplos de epoca romana y que debio ser mas habitual de lo que el registro arqueologico permite vislumbrar (Lorrio y Montero 2004: 105 ss.). En este sentido, cabe recordar el hallazgo ya citado de un craneo humano, de cronologia incierta, aunque posiblemente deba relacionarse con la ocupacion prehistorica, sin que se pueda descartar su adscripcion a momentos mas avanzados, ya de epoca historica. Por su parte, el conjunto de materiales atribuidos al periodo islamico antiguo, posiblemente haya que relacionarlo con el hecho de que esta cueva fuera utilizada simplemente como refugio, ya como visita esporadica de gentes, quiza marginadas por la sociedad, ya con la finalidad de guardar ganado, al ser utilizadas por pastores.

En el siglo XIV, esta cavidad se convirtio en una ermita cristiana, lo que coincide con la implantacion popular del culto a la Virgen Maria (Moya 1998: 75). En este momento, los ritos podrian ser considerados como una continuacion de los de epoca anterior, ya que consisten en una procesion en la que cobran gran importancia los "mozos", y en el desarrollo de practicas agrarias de propiciacion de las lluvias y otras de caracter sanador, como evidencian las fuentes etnograficas (vid. supra).

Pero, ademas de los ritos, tambien se produciria una evolucion de las divinidades. De este modo, resulta logico pensar que la Diosa Madre indigena ancestral, que protegia la cueva como lugar de enterramiento, pasase a ser identificada en epoca iberica con una divinidad del tipo de la Astarte fenicia, la Tanit punica, o, mejor, de la Artemis-Hecate griega, divinidad esta ultima con la que, en Grecia, llego a identificarse la Ashtoreth/Astarte fenicia (Bonnet 1996: 95). Mas tarde, con la romanizacion de la Peninsula Iberica, esta divinidad probablemente seria asimilada a su equivalente romana, Iuno (Dumezil 1987: 299 ss.; Roca 1981: 814 ss.). En efecto, en este sentido hay que tener en cuenta que, en Roma, cerca del Tigillum Sororium (Coarelli 1983: 11 ss.), se situaban los altares de Ianus Curiatus (Curiatius, relacionado con la Curia, por lo que verifica las cualidades militares) y Juno Sororia (Sororia, femenina, diosa de la pubertad) (Dumezil 1987: 66 n.1, 303 s.) que favorece las cualidades reproductivas de las mujeres (Torelli 1984: 110); una y otra divinidad conectadas con ritos iniciaticos puberales (Latte 1960: 97, 133) y con las infracciones relativas al coniugium y a la familia (Torelli 1984: 106).

Esta divinidad, Iuno, puede considerarse similar, si no equivalente, a la Diana de Segobriga (Almagro-Gorbea 1996c), divinidad que se relaciona con otras divinidades semejantes de Andalucia y el Suroeste, y con Ataecina-Proserpina, su equivalente en la Hispania celtica (Garcia-Bellido 1991; Abascal 1995; Almagro-Gorbea 1997).

Con la cristianizacion, estas divinidades sufrieron un proceso de sincretizacion que daria lugar, en la Cueva Santa de Mira, al culto de Santa Catalina, como parece evidenciar el Mayo mas antiguo de Fuenterrobles (Moya 1998: 126 s.), documento que permite ver, a traves de la etimologia, la evolucion que sufrio el nombre de las divinidades. De esta forma, hay que senalar que Catalina proviene del griego Aikaterine, y este de Hekaterine/Hecateria, derivado del nombre de la diosa Hecate. A su vez, los romanos relacionaron este nombre con katharos (puro) y cambiaron su epigrafia de Katerina a Katharina, que significa pura, inmaculada, sin cruce (http://forum.softpedia.com/showthread.php?threadid=1830).

En el santoral cristiano, la Virgen y Santa mas antigua conocida que lleva este nombre es Catalina de Alejandria, que vivio a fines del siglo III (Clugnet 2004). otras figuras posteriores son Santa Catalina de Siena (a. 1347-1380) y Santa Catalina de Genova (a. 1447-1510), conocidas por su poder de sanacion y dedicacion a los enfermos, que celebran su onomastica el 29 de abril y 9 de septiembre, respectivamente (Gardner 2004). Con estas ultimas, quizas, se podria relacionar el culto cristiano mas antiguo desarrollado en la Cueva Santa del Cabriel. Pero, es precisamente el caracter puro e inmaculado de la diosa ancestral asimilada a la Virgen y Santa, del que probablemente derivara, en el caso de la Cueva Santa, el culto a la Inmaculada Concepcion. Esta imagen tiene el interes de ofrecer algunos simbolos que se pueden relacionar con las divinidades paganas. Tal es el caso de la corona de estrellas o la Luna que, al parecer, se situaban a sus pies antes de ser restaurada, elementos ambos que se han relacionado con el caracter celeste y ctonico de la Astarte fenicia (Bonnet 1996) o la Hecate griega (Farnell 1977: II, 503 ss.).

En relacion a la existencia de una divinidad masculina en la Cueva, solamente se tiene la documentacion reciente de un culto a San Marcos. Sin embargo, en epoca iberica, esta posible divinidad quiza se podria relacionar con la formacion rocosa documentada en el interior de la sala principal, situada frente a las dos grandes estalactitas. Esta figura pudo actuar como "paredro" de la diosa, de la misma forma que la diosa Hecate tenia como paredro (?) o hermano (?) a Apolo Hekatos (Parada 1993).

En consecuencia, el estudio de la Cueva Santa del Cabriel permite establecer una aproximacion a los rituales desarrollados hoy en dia en los santuarios, los cuales podrian haber sido una continuacion de antiguos cultos que, con las logicas modificaciones consecuencia de la evolucion, se han mantenido hasta llegar a la actualidad. Por ultimo, este trasfondo filologico e ideologico, contrastado con el de otros santuarios, abre una importante linea de investigacion en la actualidad.

Recibido: 06-09-2005

Aceptado: 19-09-2005

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NOTAS

* Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto de investigacion BHA2003-08222 Meseta-Mediterraneo. De la Edad del Bronce a la aparicion de la escritura. Tradiciones culturales, intercambios y procesos de transformacion, financiado por la DGICYT del Ministerio de Ciencia y Tecnologia y fondos FEDER.

(1.) Agradecemos al Dr. Martin Almagro Gorbea los comentarios sobre diferentes aspectos de este articulo. Tambien a Da Concepcion Rodriguez, Directora del Museo de Cuenca, y a D. Juan Manuel Millan, Tecnico de dicha institucion, por facilitarnos el estudio del material alli depositado. A los Dres. Salvador Rovira e Ignacio Montero quienes realizaron el analisis metalografico del hacha. Igualmente, a la Dra. Carolina Domenech, por la clasificacion de las monedas, a la Dra. Feliciana Sala y al Dr. Jose Luis Simon, por las sugerencias relativas a las ceramicas de importacion y al hacha de cobre, respectivamente, a D.a Concepcion Navarro, por sus interesantes aportaciones sobre el material bajomedieval y moderno, y a D.a Virginia Barciela, por las sugerencias sobre aspectos tecnologicos del colgante de hueso. La topografia de la cavidad fue realizada por D. Guillermo Molina y D. Tomas Pedraz, debiendose a este la realizacion de la documentacion cartografica que incluimos en el trabajo.

(2.) Esta prospeccion se encuadra dentro del proyecto de investigacion sobre "El poblamiento de la zona oriental de la Baja Serrania Conquense y el Noroeste de la Comarca de Requena-Utiel desde la Prehistoria a la Edad Media", dirigido por A.J. Lorrio y cuyo equipo esta integrado por A. Mayanos, G. Molina, J. Nadal, T. Pedraz, S. Pernas y M.a D. Sanchez de Prado. Este proyecto incluyo la prospeccion arqueologica de los terminos municipales de Mira, Aliaguilla (Cuenca), Camporrobles, Fuenterrobles y Villargordo del Cabriel (Valencia).

(3.) En este momento, posiblemente, fue cuando se "exploro" por vez primera esta cavidad pues existia la leyenda, inventada para que nadie entrase alli, principalmente los ninos, en la que se contaba que unos novios habian entrado a ese lugar y habian desaparecido (Moya 1998: 31, n. 1).

(4.) El Museo de Cuenca conserva algunos "Materiales procedentes de 'Cueva Santa', Fuencaliente de Mira" (Expediente 1977/3), que cabe relacionar con esta intervencion: 13 vasijas a torno, en su mayoria piezas completas, que incluyen 10 caliciformes y 3 ollas, de epoca iberica (no inv. 77/3/1 a 13). El ingreso incluye un fragmento de lampara, otro de candil de pie alto, y otro de mortero, de epoca moderna, asi como dos monedas de bronce, una indeterminada y otra acunada en 1870. Ademas, un fragmento de aceitera y un craneo humano. (Vid. Figs. 7,1; 10,3-10, 16-18; 13,7-10).

(5.) Se trata de un conjunto heterogeneo de materiales, incluyendo desde un fragmento de hacha o azuela pulimentada, un colgante de hueso y un hacha de cobre, que cabe relacionar con las primeras ocupaciones de la cueva, hasta un conjunto de 17 monedas que abarcan desde el siglo XV al XIX. Con todo, lo que mas abunda son los restos ceramicos, en general muy fragmentados, que incluyen ceramica a mano, un importante lote de restos de vasijas y una maza de mortero de epoca iberica, dos fragmentos de ceramica campaniense, y un conjunto de los talleres Paterna-Manises de epoca bajomedieval y moderna. (Vid. Figs. 7,1; 8; 10,1-2, 19; 11,1; 13,1-6).

(6.) No obstante, la existencia de varias denominaciones referidas a la misma cavidad habria generado cierta confusion sobre la posible existencia de una segunda cueva, diferente de la actual ermita, y de la que procederian los materiales del Museo de Cuenca (Moneo 2003: 169).

(7.) Dimensiones: Long.: 7,05 cm; ancho max.: 3,67 cm; ancho talon: 1,68 cm; grosor: 0,8 cm; peso: 96,7 gr. Analisis metalografico (PA 11501):
Fe     Ni     Cu     Zn     As     Ag      Sn     Sb      Pb     Bi

0,00   0,41   98,1   0,00   0,95   0,047   0,00   0,079   0,00   0,00


(8.) A partir del estudio de los ejemplares valencianos, Simon (1998: 235) ha senalado la mayor antiguedad de los modelos mas rectangulares, macizos y con una diferencia entre filo y talon escasa, mientras que los ejemplares cuya relacion filo-talon esta a favor del primero, serian mas modernos.

(9.) En la Cueva II del Puntal del Horno Ciego, el caliciforme de cuerpo globular es minoritario, solo 13 ejemplares, frente a los tipos de perfil en S o carenado, 55 y 27 ejemplares, respectivamente. Su presencia se circunscribe al Estrato II (Marti Bonafe 1990: nos 7014, 7030, 7045, 7046), no apareciendo ya en niveles inferiores, donde unicamente se documentan las otras formas citadas. La presencia generalizada de este tipo de caliciforme en contextos del Iberico Pleno permitiria plantear que el uso de esta cavidad se mantendria hasta un momento avanzado del siglo IV a.C., momento en el que la Cueva Santa estaria ya en pleno funcionamiento.

(10.) Esta incorporacion de una divinidad masculina a otra femenina, representadas ambas por estalactitas o concreciones, aparece bien documentado en el mundo Egeo de Creta., como en la cueva de Hermes, en Patsos, con estalactitas y concreciones en forma humana o animal, donde los hallazgos muestran como a la diosa de las serpientes de tradicion minoica se une, desde el Minoico Reciente, una divinidad masculina de caracter guerrero y agrario con quien se ha relacionado una figura masculina de bronce portando una lanza que se ha identificado con Reshef (Faure 1964: 137 ss.).

(11.) En este sentido resulta interesante senalar como, en Roma, los templos de Marte se situaban al exterior del ciudad, como el Campus Martis con un altar o ara Martis in campo, que se ha relacionado con los rituales funerarios de los reyes y generales (Coarelli 1984: 62; Torelli 1984: 107 s.), asi como con ritos iniciaticos de los salios (Dumezil 1987: 216).

(12.) Tales prospecciones completan la informacion recogida en trabajos precedentes centrados exclusivamente en el poblamiento de epoca iberica (Mata et al. 2001 y 2002). En 2005 hemos realizado la Carta Arqueologica del termino municipal de Mira, cuyos resultados no modifican el panorama propuesto.

(13.) Los trabajos de prospeccion y la revision de los materiales pertenecientes a diferentes colecciones ha permitido matizar lo senalado por Moya (1998: 48), toda vez que algunas de las piezas esgrimidas para apoyar dicha continuidad, como seria el caso de algunos fragmentos de vidrio, corresponden en realidad a un momento mas reciente.

(14.) En este sentido, puede plantearse como hipotesis que, en lo que respecta a los ritos y divinidades, se produjera una evolucion. De esta forma, cabe pensar que la diosa indigena ancestral, Astarte-Hecate, pasaria a ser asimilada con una divinidad del tipo de la Diana-Iuno romana, mientras que un dios semejante a Marte representaria a la divinidad masculina. Ademas, cabe suponer que primaran los aspectos agrarios, estando ligados a la fertilidad de la tierra, ya que seria la principal preocupacion de las villae agricolas documentadas en esta epoca en el curso del Cabriel, como la que, al parecer, existia en las proximidades de Fuencaliente, hoy anegada por el pantano de Contreras (Exp. Museo de Cuenca 1974/31; Moya 1998: 48).

(15.) En efecto, este redescubrimiento o frecuentacion de antiguas cuevas-santuario ibericas aparece bien documentado en otras zonas de la Peninsula Iberica, como en la Cueva del Caball, en olocau, Alicante, a cuya entrada existia una escultura de caballo a la que rendian culto los moros y cristianos, que fue mandada destruir por el Papa Calixto III (Escolano, Decadas II: 357). Ademas, esta perduracion de las manifestaciones religiosas se pone de manifiesto a traves del II Concilio de Braga celebrado en el 572, el III Concilio de Toledo, canon 16 (a. 589) en el que se manda que se persiga y erradique la idolatria, o los mas tardios del XII Concilio de Toledo, canon 11 (a. 681) y XVI Concilio de Toledo, canon 2 (a. 693), en los que se prohibe venerar las piedras, fuentes y arboles.

(16.) No obstante, existe una tradicion oral segun la cual no seria la Virgen Maria la que se venera en la Cueva, sino otra Virgen, otra Santa, noticia que resulta sugerente relacionar con la aportada por el Mayo que Fuenterrobles dedica a la Virgen de la Cueva, en la que se identifica con Santa Catalina (vid. infra) (Moya 1998: 76 s.).

(17.) Todas estas poblaciones pertenecen en la actualidad a la provincia de Valencia, aunque hasta mediados del siglo XIXlo hicieran a la de Cuenca, adscripcion administrativa y eclesiastica que se mantiene en el caso de Mira y La Pesquera.

Alberto J. LORRIO *, Teresa MONEO **, Fernando MOYA ***, Sara PERNAS *, Ma. Dolores SANCHEZ DE PRADO *

* Departamento de Prehistoria. Universidad de Alicante. 03080 Alicante. alberto.lorrio@ua.es

** Departamento de Prehistoria. Universidad Complutense. 28040 Madrid. teresamoneo@telefonica.net

*** Cronista Oficial. Ayuntamiento de Fuenterrobles. Plaza del Retiro, 1. 43314 Fuenterrobles (Valencia).
Figura 7.- Sala C. Clasificaciones porcentuales del total
del material ceramico documentado en las diferentes colecciones
existentes (1) y del material ceramico recogido
en cada uno de los circulos prospectados, segun su
adscripcion cronologica (con indicacion del no de fragmentos)
(2).

1

                Museo Cuenca   Col. Particulares   Prospeccion

E. Bronce                              2                2
E. Hierro            13               21               74
Romano                                                  3
Islamico                                                7
Bajomed./Mod.         4               19                9

2

    E. Bronce Indet.   E. Hierro   Romano   Islamico   Moderno

1          2               3                    1
2                         65          3         5         6
3                          5                    1
4                          1                              3

Nota: Tabla derivada de grafico de barra.
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Article Details
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Author:Lorrio, Alberto J.; Moneo, Teresa; Moya, Fernando; Pernas, Sara; Sanchez de Prado, Ma. Dolores
Publication:Complutum
Article Type:Report
Date:Jan 1, 2006
Words:25241
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