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LOS ALBORES DE LA INDUSTRIA SALITRERA EN TARAPACA.

THE BEGINNINGS OF THE NITRATE INDUSTRY IN TARAPACA

La explotacion del salitre determino, de un modo absoluto, la evolucion social y politica de Tarapaca, aun percibiendo de modo marginal sus beneficios pecuniarios. La historiografia chilena reconoce su trascendencia, cimentandola en la premisa de su impacto en la remodelacion financiera del Estado desde los inicios de la guerra contra Peru y Bolivia. La historia previa, en contraste, ha sido menos atendida, centrandose en los procesos politicos asociados al frustrado monopolio peruano, vinculando su relevancia a iniciativas impulsadas en Chile sobre propiedad y politicas tributarias, una vez ratificada la conquista de la provincia (Donoso 2014:63-101; Gonzalez 2012 y 2013).

Visto en perspectiva, el paradigma del cambio de modelos arcaicos de explotacion a otros con estandares industriales ocurrio solo cuando el Estado peruano definio su posicion frente a ella, regulando la adjudicacion de terrenos, y reservandose su posterior usufructo. El periodo anterior a 1830, entendido a partir de referencias aisladas y bases documentales dispersas, se entiende en cambio como un proceso historico menor, donde la falta de regulacion tiene equivalencia simetrica a iniciativas condicionadas por sistemas de produccion y comercio ineficientes.

Esa escasez de antecedentes es la que ha supuesto la existencia de una tardia modernizacion en Tarapaca solo pocos anos antes de la conquista chilena. Su inicio, de hecho, se ha legitimado en torno a una efemeride, justificada en el interes por hacerla coincidir con el esperado resurgimiento de la industria, tras la creacion de la Compania de Salitres de Chile, en 1930. El maniqueismo derivado del aparente despacho fundacional de 18.700 quintales (860 toneladas), propuesto por Roberto Hernandez, fue reforzado por Bermudez para senalar el comienzo de su exportacion a Europa (Bermudez 1963:106; Hernandez 1930:30).

Las obras de ambos investigadores, de uso imprescindible, si bien indagan en los anos previos al hito inicial, han contribuido a reducir a un mero compendio de datos la historia previa a 1830, sin precisar el origen de las fuentes utilizadas (lo que condiciona su valor). Hernandez replica los datos publicados por Madueno, en uno de los escasos estudios del tema durante el periodo peruano (Madueno 1919:86), al tiempo que este sigue las cifras de Paz Soldan (1877:465-466).

La nebulosa que acompana los inicios de la produccion salitrera debe contextualizarse en torno a las complejidades propias de un sector en apariencia irrelevante durante el periodo colonial, al menos en comparacion a otras desarrolladas en Tarapaca (1). El salitre, en efecto, jugo un papel secundario ante la mineria argentifera, la agricultura y la pesca, que vario solo tras la promulgacion de las primeras indicaciones del gobierno peruano vinculadas a su comercio. La autorizacion dada por el gobierno en 1827 a un desconocido Juan Alma para exportarlo, marco el inicio de un periodo que acabo por posicionar los intereses del Estado sobre un recurso de importancia creciente. Ya en 1830, el ministro de Hacienda avizoraba que "las salitreras riquisimas que poseemos, y que empiezan a ser conocidas de los extranjeros, puede formar un ramo de riqueza para la nacion" (Memoria 1831:25).

Sin desconocer el enorme valor de los estudios relativos a la historia economica y social del salitre, creemos que su extraccion y procesamiento opero al margen del Estado al menos durante las cinco decadas previas a su arraigada referencia fundacional. En ese contexto, su desarrollo fue organizado en torno a unidades basicas de produccion y un numero acotado de comerciantes e intermediarios. Sin una implementacion tecnologica destinada a maximizar la produccion, hasta mediados de siglo se sostuvo en base a formatos proto-industriales, donde el elaborador no contemplaba margenes de utilidad definidos en base al valor final neto, con sistemas desregulados de pesos y medidas y, en especial, que supedito su crecimiento a la ampliacion de la oferta laboral. Esta estructura definio su caracter precario, pero tambien garantizo su continuidad por decadas, al tiempo que determino un proceso de transicion economica regional aun por analizar. Amparados en el estrecho vinculo entre el poder economico y la influencia politica, reconocidos mineros de Huantajaya aparecen, desde fines del siglo XVIII, vinculados a su explotacion, en tiempos en que la decadencia de ese mineral era evidente.

Si bien las minas de salitre del virreinato peruano, por su importancia estrategica para la fabricacion de polvora, fueron declaradas propiedad real en 1571, la corona hasta no definio sino hasta 1787 una politica respecto a que hacer con su elaboracion y comercio, quiza por la frustrada experiencia de su estanco en Espana (Sanchez 1985). Despues de reiterados intentos por traspasar su administracion a particulares, la monarquia revalido ese ano sus derechos, en el contexto de una reforma mayor que, al concentrar la venta de insumos esenciales como azogue, tabaco y polvora, busco simplificar los procesos de cobro y recaudacion de impuestos, a la par con la necesaria modernizacion de los sistemas productivos y la proteccion de los intereses financieros reales.

El monopolio tuvo en Tarapaca un efecto limitado porque la inhibicion de las faenas mineras, consecuencia del irregular abastecimiento de elementos estancados como el azogue, se confronto con la vulneracion sistematica de las normas restrictivas. La solicitud de Jose Mamani a las autoridades, en 1782, para adjudicarse unos "montes de salitre" ubicados camino a Huantajaya, estaba en directa relacion con lo que definia como "la muy necesaria demanda del elemento para el laboreo de las minas" (2). La referencia, asociada a la necesidad de explosivos en labores mineras, parece un intento por atender, por vias licitas, una demanda suplida hasta entonces por paradas e instalaciones clandestinas, tolerada por las propias autoridades como una solucion provisoria a la falta de provision fiscal (3).

Como ha senalado Rosenblitt (2014:35-66), la repercusion de iniciativas estatales del periodo no logro modificar una estructura economica orientada al mercado regional. Un informe del visitador de Hacienda, en 1785, reconocia el fracaso del monopolio de venta de la polvora en Tarapaca, donde el insumo se vendia con libertad y a un costo menor. A su juicio, el error estaba en que tanto el azufre como el salitre nunca fueron estancados y la prohibicion a su produccion y comercio no se fiscalizo de la forma debida (O.S. 1872:408).

La fabricacion de explosivos constituia un acto de desacato a la autoridad real, tanto como la estricta prohibicion de ensenar el arte de fabricarlo a la poblacion indigena. Es frecuente, sin embargo, encontrar en testamentos o en causas judiciales coloniales relatos de personas que se declaraban polvoreros, fuegueros u olleros, oficios derivados de los metodos de refinacion utilizados en la elaboracion de polvora. En tiempos de la sublevacion de Tupac Amaru, en 1781, Melchor Berrio, natural de Matilla y acusado de participar en movimientos subversivos en el interior, fue identificado como "cohetero" y trasladado en aislamiento a la isla Serrano, entonces una importante de reserva de guano frente a Iquique, con la recomendacion de asegurarlo "para que no haga polvora o componga la que ahi hubiese" (4).

Berrio era operario de un importante centro de refinamiento proximo a Pica, propiedad de Matias Gonzalez de Cossio, un prominente personaje del Tarapaca colonial. Este, a su vez, lo habia adquirido de Ambrosio de Morales en 1777, adaptando antiguos fondos destinados al beneficio de la plata de Huantajaya. En 1799, un visitador de minas registro en el interior de Tarapaca cinco paradas activas de produccion de caliche (5).

Salitre en el Ocaso del Ciclo Colonial

La interrogante respecto a si durante el siglo XVIII el salitre pudo ser utilizado en labores no asociadas a la elaboracion de explosivos sigue abierta. Hasta entonces, la nula innovacion en los sistemas extractivos y de procesamiento del caliche tuvo como consecuencia marginal (pero no menos relevante) la elaboracion de nitrato de calidad disimil, lo que debio redundar en usos y precios diferenciados. Una referencia de la existencia de indicadores de calidad en su produccion data de septiembre de 1830, cuando la Administracion de Rentas de Arica, al no disponer de normativas asociadas a unidades de peso ni elementos juridicos para determinar la tributacion a pagar por el mineral, opto por aplicar una escala de valores a partir de los tres tipos de "cocimientos" utilizados en Tarapaca para determinar su grado de pureza (6).

Si bien la clasificacion cualitativa fue desechada, la tipificacion es sugerente. Crozier ha demostrado que ya a inicios del siglo XVII europeo, el consumo del nitrato era significativo, y que su uso como fertilizante fue entonces percibido, en Alemania, como la solucion a un prolongado periodo de crisis agricola (Crozier 1997:54-55). Suponer su uso con fines similares en America es factible, aunque no existen estudios que refieran su empleo especifico en estas materias. Una antigua tesis doctoral espanola, orientada a analizar el origen y composicion quimica del recurso, senala su empleo en faenas agricolas en Peru desde el siglo XVII, pero no alude a sus fuentes de informacion (de Fiestas 1923:18). Mucho mas concreto, un documento conservado en la Biblioteca Nacional del Peru, que data de 1612, refiere al caso de una mujer, duena de haciendas en Ica, quien denuncio a un lugarteniente por su responsabilidad en la perdida de parte importante de su produccion agricola, porque, como senala, "no le echo salitre en sus solares" (7). Se trata de una referencia excepcional que puede no referir al nitrato de Tarapaca, existiendo depositos proximos, en Trujillo e Ica. Estos, no obstante, por su alta alcalinidad eran empleados solo en la elaboracion de polvora.

Las primeras evidencias de exportacion de nitrato se relacionan con el aludido Gonzalez de Cossio, quien en 1804 obtuvo un prestamo del comerciante limeno Lorenzo Robledo para explotar yacimientos salitrales de Tarapaca con destino a Chile, en sociedad con Matias de la Fuente y Sebastian de Ugarrisa. La sociedad comprometio el despacho de entre doscientos y trescientos quintales de nitrato anuales, montos que no pudieron cumplir, argumentando que "las producciones actuales hasta ahora son tan escasas que apenas costean los gastos" (8).

Los envios fueron regularizados en 1806 y se mantuvieron tras la muerte de Gonzalez de Cossio dos anos despues, cuando los restantes socios informaron a Robledo que trabajaban en un nuevo proceso para maximizar la pureza del salitre, pensando en su mayor consumo (9). La aseveracion era efectiva: en julio de 1809, el periodico Minerva Peruana, publicado en Lima, informaba la existencia al interior de la provincia de Tarapaca "de como treinta leguas de nitrato de soda", las que ya habian sido explotadas por la misma sociedad que intentaba separar la sosa para convertirlo en nitrato de potasa, con ayuda del quimico Tadeo Haenke (Billinghurst 1889:11).

Ese ano, Ugarrisa y de la Fuente enviaron 350 quintales con destino a Chile, donde el mineral era conocido como "tierra nitrosa de las costas del Peru", habilitando en Iquique algunas bodegas para su custodia (Mendiburu 1880:225). Parte de la produccion calichera de Tarapaca tuvo por destino la ciudad de Concepcion, donde a inicios de siglo se habia establecido una fabrica de jabon que utilizaba nitrato. Del compromiso inicial de envios no superiores a trescientos quintales al ano, en 1809 Billinghurst senala que en el periodo marzo 1812-enero 1813, los despachos se incrementaron a 22.723 quintales (Billinghurst 1889:12). Roberto Hernandez (1930:15), aludiendo al mismo periodo apuntado por Billinghurst, senala una produccion de 23.160 quintales, proyectando una elaboracion tentativa de 70 mil cada uno de esos anos. Sus cifras se aproximan a las de Mariano Rivero, quien en 1821 destaco la existencia en Iquique de mas de sesenta mil quintales, purificados por disolucion y cristalizacion, listos para su embarque (Rivero 1857:6). En 1825, el testimonio recogido por una publicacion cientifica alemana senalaba una produccion de 935 toneladas en Tarapaca, alrededor de 20.300 quintales, aunque sin precisar el periodo (citado en Crozier 1997:126).

El aumento de los despachos puede explicarse por el mejor aprovechamiento del caliche, por el aumento de la demanda y, fundamentalmente, por la creciente disponibilidad de medios de transporte. El britanico John Blake, que recorrio Tarapaca a inicios de los anos treinta, recordaba como una caracteristica de la zona el gran numero de animales de carga muertos en la pampa, los que eran apilados como senales de orientacion en las rutas hacia el interior (Blake 1843:7). Impulsado por comerciantes establecidos en Arica, la creciente dotacion de animales de carga tendra una incidencia clave. Tomando como referencia una negociacion para el acarreo de salitre de 1832, una mula podia soportar una carga de 13 arrobas, equivalentes a 149,5 kilos (3,25 quintales). Una recua de 31 animales podia cubrir una distancia de 15 leguas (alrededor de 72 kilometros) 48 veces al ano, transportando en cada viaje 4.836 quintales (Rosenblitt 2010:99).

El dato anterior es interesante, pues permite dimensionar una actividad que, pese al alza sostenida de su exportacion y las mejoras introducidas, veia condicionado su crecimiento tanto a la preservacion de tecnicas rudimentarias de elaboracion como a los problemas de movilidad del mineral. Frente a un eventual incremento en la demanda, la habilitacion progresiva de nuevos medios de transporte permitio sostener el mercado, pero tambien explica su estancamiento posterior por los crecientes costos asociados.

La reduccion de margenes de utilidades derivado del encarecimiento de la produccion, condicionados por el valor del transporte, tuvo directa incidencia sobre su reducido comercio a inicios de siglo, contrayendose a niveles minimos a partir de 1814, cuando las autoridades virreinales declararon la interdiccion comercial con Chile. Los puertos de Tarapaca fueron abandonados (en noviembre de 1814 Iquique y Huantajaya eran custodiados por solo treinta soldados) (10), lo que favorecio la proliferacion de corsos y contrabandistas en las costas provinciales. Retiradas las fuerzas al interior, debieron hacer frente a la insurreccion militar liderada por Julian Penaranda para combatir las tropas leales a la corona en el Alto Peru. Tras ocupar la capital provincial, Penaranda prosiguio la persecucion de enemigos, destruyendo, a modo de represalia, las instalaciones de tres paradas proximas a Negreiros, que pertenecian al ultimo subdelegado realista de Tarapaca, Manuel Almonte (Lanas 2016:409-432; Ugarte 1932:15) (11).

El levantamiento contra el dominio hispano no fue acompanado en Tarapaca de una ocupacion efectiva de las fuerzas independentistas. Por el contrario, Iquique, por su cercania a Huantajaya, se transformo en el centro del trafico ilicito de mercancias de la provincia, mientras que Pisagua se convertia en punto de embarque clandestino del salitre extraido en las inmediaciones de Negreiros. En 1819, los hermanos Pascual y Francisco Flores, comerciantes con residencia de Iquique, fueron acusados de contrabandear caliche a Chile durante la vigencia del bloqueo, logrando forjar una riqueza importante. Francisco llego a ser dueno de "una de las mas destacables construcciones del puerto", mientras Pascual, un reconocido republicano, tuvo activa participacion en el movimiento revolucionario (12).

La irrupcion de las guerras de independencia en Tarapaca afecto la continuidad de la produccion, pero no los intentos por difundir en mercados externos sus propiedades y beneficios. A fines de la decada, Pedro Fuente, originario de Tarapaca y asentado en Concepcion para trabajar en la purificacion del caliche, dio a Mariano Rivero una porcion de nitrato de soda. Una vez establecido en Europa, distribuyo parte de la muestra entre mineralogistas para verificar su composicion, al tiempo que demostro, sin mayor exito, sus propiedades en areas tan diversas como la industria quimica y la agricultura (Billinghurst 1889:13).

La Post-Independencia en Tarapaca

La independencia boliviana y el asentamiento de la institucionalidad republicana en el Peru supuso en Tarapaca el restablecimiento del orden y la reactivacion de una economica deprimida, evidenciada en el registro de solo 22 individuos en la provincia con capacidad financiera para ser validados como contribuyentes en 1825 (13).

La recuperacion tuvo como principal impulsor a Ramon Castilla, destacado militar de las guerras de independencia y futuro presidente del Peru durante dos periodos. Originario de Tarapaca, tras su designacion como subprefecto provincial en 1825, Castilla visualizo el necesario giro de la economia regional desde la mineria de plata a la explotacion salitrera, tras el inminente agotamiento de Huantajaya, solicitando a George Smith recorrer y cartografiar Tarapaca.

Smith, entonces empleado en la casa consignataria del britanico Hogdson en Iquique, inicio su trabajo en compania de Bollaert, culminando su labor en 1827. Si bien el reconocimiento de la region respondio a la necesidad de definir los limites con Bolivia para solucionar cuestiones legales entre comunidades indigenas del interior, la carta elaborada por Bollaert y Smith se transformo en la mas exhaustiva representacion de la provincia hasta entonces realizada, dando enfasis al trazado de rutas camineras y a la ubicacion de yacimientos minerales, incluyendo, por cierto, los depositos salitrales. En el corto plazo, el detallado catastro fue clave para cuantificar las perspectivas economicas de Tarapaca, generando en los anos venideros condiciones administrativas y tributarias favorables para la inversion privada y los intereses fiscales.

El excepcional trabajo de Bollaert y Smith se enmarco en una poco conocida iniciativa de las autoridades centrales por practicar el reconocimiento exhaustivo del territorio, con el objetivo de lograr una estimacion de la disponibilidad de recursos en explotacion del pais, con miras a la creacion del primer presupuesto republicano para el ano 1827. A inicios de ese ano, el prefecto de Arequipa designo al vecino Mariano Flores como Visitador General de Hacienda de Tarapaca, con la mision de realizar un catastro de las labores productivas de la provincia, y sugerir medidas que garantizasen una tributacion eficiente. Flores, propietario de estacas en Huantajaya, destaco en su informe la pobreza de la provincia, aduciendo que era el contrabando, y no la falta de produccion, el principal problema a resolver. A su juicio, complementario al establecimiento de mecanismos de fiscalizacion en la costa, resultaba esencial reconocer y dar un estatus juridico a los puertos de Tarapaca. Flores puso especial enfasis en Iquique, el de mayor movimiento de la region y que se encontraba abandonado por las autoridades, indicando que "pueden con franqueza y sin riesgo arribar buques y espeder [sic] sus articulos comerciales sin contribuir ningun derecho al Estado" (14).

La propuesta de Flores, sin mayores modificaciones, fue presentada en 1828 al Congreso por Manuel Cuadros, diputado provincial con intereses en la extraccion de guano en la isla Serrano. La iniciativa sugeria la apertura de Iquique como puerto mayor, "aunque no fuese mas que por la posibilidad de despachar por alli el mineral que se explota", refiriendo a la plata bruta, mineral sometido al pago de una importante carga impositiva en el Reglamento de Comercio de 1826 (15). Llama la atencion que el rechazo al cambio de categoria fuese argumentado en la imposibilidad de establecer en Iquique, en el breve plazo, un sistema de administracion que regulase la internacion de mercancias y previniese la descapitalizacion.

Sin perjuicio de que Tarapaca formase en ese momento parte de una negociacion iniciada entre los gobiernos peruano y boliviano, que contemplaba su eventual cesion a Bolivia (Ortiz de Zeballos 1956:35-39), la negativa pudo justificarse por la lejania y las condiciones de vida de la region. En septiembre de 1827, un informe presentado al gobierno por el Comandante General de Marina, senalaba que el cargo de capitan de puerto en Iquique estaba vacante por anos, sin que a la fecha existiese registro alguno del movimiento portuario. En 1830, cuando las exportaciones reguladas de salitre se habian iniciado, el prefecto de Arequipa comunicaba al ministro de Hacienda la dificultad para completar las plazas administrativas, por lo poco atractivo que representaba trabajar en el servicio publico en Tarapaca, "provincia extensa, de malos caminos, escasa de viveres, muy escasos estos y muy malo el temperamento" (16).

Para efectos comerciales, Iquique fue designado puerto menor en octubre de 1827, una condicion que, aunque implicaba la creacion formal de resguardos, suponia tambien una serie de restricciones que limitaba un trafico hasta entonces informal. El Reglamento de Comercio forzaba a las embarcaciones a fondear en ellos solo una vez autorizado en la aduana del puerto mayor respectivo, lo que facilitaba el control portuario pero que, al mismo tiempo, se transformaba en un estimulo al contrabando. La administracion comercial de Iquique se complejizaba por su dependencia de la aduana de Arica, vinculo que solo se formalizo en 1830, dependiendo hasta esa fecha de las autoridades portuarias de Islay, donde las naves debian efectuar los registros correspondientes (17).

La lejania de los puertos mayores se constituyo en una traba para la eventual recuperacion del mineral de Huantajaya y el despegue de la exportacion salitrera, pese a las politicas de fomento propuestas por los gobiernos del periodo para incentivar la produccion minera, las que iban desde la creacion de callanas proximas a yacimientos en explotacion hasta la exclusion del pago de contribuciones a quienes invirtiesen en nuevos emprendimientos mineros (18).

Es dificil precisar si las medidas tuvieron un impacto real en la mineria tarapaquena. Aunque el padron de contribuyentes de la region crecio a 192 individuos a fines de 1827, el incremento parece mas tener relacion con el fin de las hostilidades en la zona, que con la aplicacion efectiva de los estimulos gubernamentales. Un factor complementario tiene relacion con el papel jugado por las propias autoridades politicas. En un informe enviado a Londres desde Lima a inicios de 1827, el consul britanico denunciaba que la totalidad de los poderes civiles del Peru se regia "por el principio universal de corrupcion", institucionalizando la impunidad ante el contrabando y el soborno (Bonilla 1975:22). Tarapaca no era la excepcion, a juzgar por los reiterados casos de irregularidades que, desde inicios de la republica, involucraron a reconocidos productores que ejercian funciones publicas paralelas, asociados a desfalcos de fondos publicos y participacion en el comercio ilegal (19). A su llegada a Iquique en 1830, Darwin destaco en su diario de viaje que sus habitantes supusieron, con el arribo del Beagle, la llegada de una comitiva recolectora de contribuciones forzosas, a las que el pueblo se habria visto sometida con recurrencia los convulsionados anos posteriores a la independencia (Darwin 1945:430).

Inversiones Privadas e Intereses Publicos

Al constituirse en republica, Peru mantuvo en vigencia la normativa hispana en materias mineras, adecuando las Reales Ordenanzas de Mineria de Nueva Espana de 1783, dejando al Estado como propietario de los recursos mineros, con amplias facultades para adjudicar a particulares su explotacion. En la practica, sin embargo, el usufructo no fue regulado de forma efectiva, lo que facilito la concentracion de propiedades y la especulacion sobre los terrenos explotables (Errazuriz 1913:7).

La solicitud presentada al gobierno en 1827 por un hasta hoy desconocido Juan Alma marco el inicio de una nueva etapa en la relacion entre los productores con el Estado peruano, al solicitar expresa autorizacion al gobierno para exportar salitre refinado desde mayo de 1828 (20). El caso es interesante, no solo porque se transforma en la primera referencia que vincula la explotacion del recurso y el Estado republicano, sino porque formalizo su comercio de acuerdo a parametros fiscales. A partir de la autorizacion a Alma, quedo sometido al pago de una arancel general (cuatro centavos por quintal) y a la estricta regulacion portuaria, limitando su zarpe a los destinos informados solo desde puertos mayores, donde se haria el registro y cobro del tributo respectivo (21).

La solicitud fue presentada poco tiempo despues que George Smith comprase la parada La Noria al frances Hector Bacque, por lo que es probable que detras de Alma estuviese la intencion de consolidar un monopolio, al menos temporal.

El reconocimiento, cuyos alcances economicos desconocemos, tiene una consecuencia marginal pero no menos relevante, al crear el precedente legal basico de la propiedad fiscal del recurso. En adelante, productores y comerciantes salitreros debian seguir el camino juridico iniciado por Alma, exponiendose a ser sancionados por ejercer contrabando. Dos de ellos, Bartolome Morales de Loayza y Santiago Zavala fueron sometidos a juicio por esa causa. Morales en su defensa, sugirio que el permiso constituia la intervencion de una iniciativa que "desde siempre se practico de forma libre", y que los principales perjudicados serian los pequenos elaboradores, con quienes tenia lazos comerciales directos (22). Santiago Zavala, por su parte, definio como inconcebible el pago de una tributacion, aunque no le resultaba extrana, teniendo en cuenta la entrega de una cantidad significativa de terrenos salitrales en Tarapaca a extranjeros, apoyados en derechos de explotacion otorgados en Lima, sin atender los intereses de productores y consignatarios con mayor antiguedad (23).

El alegato de Morales deja entrever una relacion de dependencia de duenos de pequenas oficinas o paradas, expresada en la venta de su produccion a propietarios de otras, con mayor capacidad de compra. Mas destacable es el caso de Zavala, para quien la libre explotacion se confronto a la aplicacion de un marco regulatorio que escapaba a las practicas consuetudinarias, en especial a aquellas relacionadas con su concepcion de propiedad publica. La molestia de Zavala por la perdida del establishment tambien simboliza la perdida de poder de la antigua elite, relegada ante la llegada de una nueva generacion de salitreros, quienes, ademas de apropiarse de los principales suelos, rivalizaron por atender a los mismos mercados. Tanto Morales como Zavala se declaraban solo como productores, por lo que la continuidad de sus labores no se relacionaba con la demanda del mineral, cuyo flujo era controlado por mercaderes y, despues de 1821, por las casas comerciales de capitales extranjeros instaladas en Iquique o Arica.

Zavala acertaba en su alegato al senalar que el permiso a Alma fue otorgado en un ano especialmente convulsionado en la vida politica del Peru (solo en 1827 hubo cuatro gobiernos), sin perjuicio que el trasfondo de sus argumentos apuntase a validar su propia participacion en el negocio. Zabala, de hecho, ademas de sus intereses salitreros, era propietario de estacas en Huantajaya y presidia el gremio de mineros de Tarapaca. En tal condicion, en 1829 solicito al gobierno la apertura de registros para el despacho en Iquique y no en el puerto de Islay, ademas de habilitar los puertos de Mejillones y Pisagua para su embarque (24). El reconocimiento a la autoridad politica forzo la creacion de instancias para negociar y confrontar intereses en torno al salitre. De este modo, a inicios de 1830 obtuvieron aprobacion para trasladar el nitrato desde ambas caletas, con el fin de cargarlo y conducirlo hasta Iquique, en donde podia reembarcarse, despachandose los registros hacia Arica (25).

Menos favorable fue la respuesta a la decision del gobierno, en abril de 1831, de iniciar el cobro de gravamenes sobre el salitre sin indicar su trasfondo legal, los montos exigibles, y las unidades de peso a utilizar, dejando en manos del administrador de rentas de Arica una estimacion de su valor, de acuerdo a "la utilidad que reporte su industria, no debiendo gravarse aquella como un gravamen [sic] capaz de paralizar una especulacion lucrativa" (CLDO 1837 IV:30). El administrador dispuso que fuese gravado de acuerdo al grado de pureza declarado por los propios productores, diferenciando tres grados de calidad de acuerdo a su tecnica de elaboracion (26).

El cobro fue rechazado por un grupo de productores, quienes hicieron ver su ilegalidad, por no estar listado entre los minerales afectos al pago de contribuciones del Reglamento de Comercio. Una recusacion judicial interpuesta ante el ministerio de Hacienda por un grupo de mineros (entre los que destacaba Santiago Zavala, Jose de la Fuente y Jorge Smith), permitio dilatar el cobro hasta octubre de 1832, periodo en el cual la explotacion y exportacion de salitre fue liberado (27).

El impuesto del cuatro por ciento sobre un avaluo, formalizado a fines de 1832, tuvo un trasfondo singular, al constituirse en un monto acordado entre las autoridades politicas y una contraparte a quienes la norma definia simplemente como "salitreros" (CLDO 1837 IV:374). Sin distinguir entre productores y comerciantes, es probable que la opinion de estos ultimos tuviese mayor injerencia, considerando que, salvo casos puntuales, la venta del mineral se realizaba a traves de casas consignatarias. La creacion de un tributo implico, en la practica, traspasar a privados los costos de un sistema aduanero precario, pero que garantizaba su continuidad. El cobro, al ser presentado como una subvencion que permitia financiar un resguardo militar destinado a prevenir el contrabando en las caletas aledanas, se trasformo en una garantia orientada a facilitar el flujo expedito de las exportaciones.

La justificacion del cobro (forzado con la sutil advertencia de cerrarlo en caso de no contar con el financiamiento de privados), dio al negocio salitrero un impulso relevante, reflejado en el incremento de sus envios al exterior, favorecido con la promulgacion de un nuevo Reglamento de Comercio en 1833, que autorizo a los buques de bandera peruana a viajar en lastre a Iquique para transportarlo, con exclusion de plata y oro en pasta o amonedado (CLDO 1837 IV:371-372). El impacto de esta medida se refleja en los totales exportados: mientras en 1832 fueron despachados por Iquique 52.500 quintales, en 1834 la cantidad se incremento a 147.800 (Hernandez 1930:30).

Mecanismos de Produccion y Relaciones Laborales

El alza en los envios de salitre desde inicios de los anos treinta, registrados desde entonces con aparente rigurosidad por las autoridades tributarias, alude a una dinamica economica en ascenso que, sin embargo, resulta dificil de cuantificar con precision. El aumento tampoco explica las condiciones en las que se producia, y de que forma se adapto a un modelo de desarrollo comercial determinado por el consumo ascendente y el advenimiento de la economia monetaria.

Pese a que desde 1830 la internacion al Peru de equipos con fines industriales estuvo exenta del pago de contribuciones, no existen noticias de mejoras en tecnicas de produccion posteriores al referido aporte de Tadeo Haenke en 1808. Los primeros atisbos de innovacion aparecen recien a fines de esa decada, cuando el frances Alejandro Cochet, asociado con Smith, instalo en La Tirana una parada para producir nitrato de potasa con salitre sodico, a traves de un sistema de procesamiento que le llevo a formar un rustico laboratorio quimico en Iquique (28). Aunque algunos autores lo presentan como un posible timador (Bermudez 1963:131; Crozier 1993:154), Cochet reclamo el reconocimiento de ser el quien dio a conocer las propiedades del mineral en Europa, correspondiendo a su merito el valor y cuantia de exportaciones (Cochet 1841:20 y 1847:s.p.).

La propuesta del frances, al margen de las desventuras del caso, parece una innovacion excepcional que solo fue superada en 1853 por la implementacion del sistema de vapor de Pedro Gamboni, el que producia a menor costo energetico, obteniendo salitre con un mayor grado de pureza. Sin ser una creacion revolucionaria, el sistema marco un avance cualitativo determinante para un procesamiento mas eficiente del mineral a mediados de siglo.

Como una consecuencia marginal, la invencion de Gamboni dejo en evidencia el mayor problema de la incipiente industria: los altos costos de produccion derivados del valor de los insumos, lo que tenia incidencia en la calidad y cantidad producida. En 1853, Pedro King solicito al gobierno chileno autorizacion para instalar paradas en Lota, puerto proximo a Concepcion desde el que se despachaba parte del carbon empleado en las faenas. King argumentaba que era mas rentable elaborar salitre en ese lugar enviando el caliche desde Tarapaca que comprandolo refinado (Caliche I 1919:25).

Desconocemos si la solicitud de King fue acogida. La peticion, sin embargo, plantea interrogantes respecto al beneficio economico neto generado, asumiendo que los costos asociados a tecnicas de produccion basicas, sumado a los de transporte, encarecian el valor final de un insumo de demanda creciente, pero de valor oscilante. Hotelling (1931), al intentar explicar las variables que determinan el precio final de los recursos no renovables, sostuvo que la conversion de los depositos naturales a bien rentable debia contemplar el aumento de su valor de equilibrio, al mismo ritmo que la ejecucion de inversiones proporcionales a la estimacion de la demanda.

Considerando que el valor de un deposito era tambien el valor presente de sus ventas futuras, Hotelling afirmaba que los productores debian aspirar a que el precio neto del mineral aumentase al mismo ritmo que su demanda, tras deducir los costes de extraccion, atendiendo factores como su escasez y explotacion racional del recurso. Si la industria minera era competitiva, el precio neto (valor que cubria los costos asociados y dejaba el margen de rentabilidad estimado) seria igual al precio de mercado, menos el coste marginal de extraccion. En contraste, si operaba en condiciones de costos constantes, el precio neto debia ser igual al precio de mercado, menos los costes unitarios de extraccion, es decir, igual al margen de beneficio.

Una de las criticas recurrentes a la teoria de Hotelling refiere a la irrelevancia dada a las externalidades posibles de visualizar en el proceso, como los problemas derivados del surgimiento de dinamicas inestables en los precios, o la demanda especulativa. Suponiendo, para el periodo en estudio, la existencia de precios constantes y un aumento sostenido de las exportaciones, el incremento en la demanda tuvo que ser cubierta sin mediar cambios tecnologicos ni inversiones relevantes que permitieran estimar el costo constante de su elaboracion, supliendo estos factores con una alta oferta de trabajo caracterizada por la precariedad salarial. Este modelo de relaciones laborales y de produccion se mantuvo por decadas, causando un efecto adverso en la industria, al quitarle urgencia a la implementacion de cambios tecnologicos, privilegiando la asimilacion de mano de obra de bajo costo. La nula innovacion en los sistemas de extraccion y procesamiento del caliche tuvo como resultado marginal (pero no menos relevante) la elaboracion de salitre de calidad disimil, lo que debio redundar en el precio final del producto.

La ocupacion manual sostenida con salarios reducidos, ademas de pauperizar las condiciones de vida, estaba destinada a perdurar poco tiempo debido a la continua migracion a Tarapaca, de chilenos principalmente. De tener poco mas de mil habitantes en 1830, la provincia incremento su poblacion a 4.593 habitantes en 1845. Del total senalado, mas del 82 por ciento residia en el interior (Durand 1975:115-200).

La fragilidad estructural del salitre debe tambien contextualizarse en la evolucion politica de la Republica peruana de la postguerra, donde la competencia y la calidad de las politicas gubernamentales quedaban supeditadas a luchas entre facciones y la pervivencia de practicas contrarias a la consolidacion del Estado. Entre 1834 y 1877, seis de los siete principales quiebres institucionales de la republica se desarrollaron en Tarapaca. La revolucion de 1834, que enfrento a Agustin Gamarra y Jose Luis Orbegoso, fue la primera de ellas, afecto la produccion al redestinarse el uso de instalaciones a la fabricacion de polvora, y ser sometidos, tanto propietarios como trabajadores, a exacciones y reclutamientos forzosos. Como en tiempos de las guerras de independencia, la presion impulso a muchos productores a abandonar la provincia, indiferente de la opcion politica que enfrentasen. Santiago Zavala, convertido esta vez en subprefecto de Tarapaca y leal al mando de Gamarra, en junio de 1834 informaba al gobierno del fracaso por conseguir un emprestito entre los propietarios locales, "tanto por su escaso numero como por su manifiesta pobreza". Apremiado por la escasez de circulante, y con la urgente necesidad de costear el abastecimiento y transporte de tropas, Zavala logro reunir solo cuatro recuas de mulas y 444 pesos, tomando por la fuerza fondos de la capitania de puerto, tenencia de aduana y de la alcaldia de Huantajaya (29).

Es interesante constatar, sin embargo, que la merma en la produccion no tuvo impacto alguno con los montos registrados de exportacion. De acuerdo a las cifras de Paz Soldan, el mismo ano en que Zavala advertia de la ruina de Tarapaca, la cantidad exportada supero los 147 mil quintales, casi dos terceras partes mas de lo despachado el ano previo. En agosto de 1834, en momentos en que aun regia el bloqueo al movimiento portuario, el administrador de Iquique informaba que a diario arribaban cuatro o mas naves a cargarlo o a regularizar su carga proveniente de Mejillones y Pisagua, teniendo un tiempo de espera en la bahia de entre cuarenta y sesenta dias (30).

Lo que parece un sinsentido, tomando en cuenta el mencionado abandono de la produccion y el incremento de la exportacion, no fue sino consecuencia de un modelo de relaciones economicas precario, que al mismo tiempo definio un modelo de negocios excepcional. Por un lado, un nucleo de productores logro configurar un verdadero oligopolio que replico en el salitre el control que antes tuvo sobre Huantajaya. Por otro, residia en la provincia un pequeno grupo de comerciantes integrado preferentemente por extranjeros, quienes tenian reservas acumuladas y lo vendian sin mayores restricciones, amparados en su condicion de ciudadanos neutrales (Documentos 1839:4). Pequenos y medianos elaboradores, como Jose Basilio Carpio, Esteban Garcia, Manuel Flores y Mariano Loayza, entre otros, optaban por venderlo directamente a casas consignatarias (31).

William Bollaert senala que solo en 1831 se exportaron a Gran Bretana 240 mil toneladas, la mayor parte producida en las instalaciones de Jorge Smith (Crozier 1997:57-58). Aunque la cifra parece elevada, deja entrever el predominio del britanico, que inicio su trayectoria como funcionario de la Casa Hogdson y, luego, como elaborador, explotando las oficinas La Pena y Colombia. Tiempo despues crearia la sociedad Smith y Paterson, siendo quiza una de las excepciones al comerciar su produccion y, al mismo tiempo, operar como consignatario. En 1832 se instalo en Iquique una sucursal de Codan y Robertson, una reconocida firma comercial con casa matriz en Valparaiso. Un ano despues, William Wheelwright, entonces propietario del servicio de navegacion entre ese puerto y Cobija, solicito al gobierno peruano autorizacion para depositar hasta cincuenta mil quintales en ese puerto, sin necesidad de pasar por Arica, maderas y viveres para construir un deposito de salitre (32).

La proyeccion comercial de Wheelwright permite apreciar las expectativas del negocio, pero tambien su gran paradoja. Las inversiones y mejoras tecnologicas aplicadas a su elaboracion, como punto transicional hacia su mecanizacion, fueron posteriores al aumento de la demanda y de la consolidacion del comercio como el puntal del cambio hacia modelos mas eficientes de produccion. La ausencia de medios de innovacion (entendidos como la insercion de soluciones orientadas a maximizar la produccion) y la precariedad del mercado laboral estan, en el caso del salitre, directamente relacionadas.

Orientada por sistemas de produccion artesanal, la explotacion salitrera y el comercio asociado definio, durante el ciclo colonial, caracteristicas propias y homologables hasta la segunda mitad del siglo XIX. Hasta entonces, la ausencia del sentido de propiedad privada sobre los yacimientos (expresada en las escasas inscripciones notariales registradas para usufructo particular de terrenos) configuro un desarrollo limitado al ambito domestico, con niveles minimos de especializacion y mercantilizacion. La produccion, con una incidencia marginal sobre el mercado, estaba condicionada por la disponibilidad de insumos esenciales para la produccion en su entorno inmediato (Mendels 1972:241-261; Mino 1989:793-818).

Limitada a la extraccion de recursos no renovables, su precariedad estructural (propia de los mercados perifericos de la epoca) se relaciona con la cuantificacion de los beneficios generados y con las bajas expectativas ante de la extension temporal de la demanda. La recomendacion dada en 1872 por la Junta de Ingenieros al gobierno peruano de no invertir recursos fiscales en la construccion de instalaciones portuarias en Iquique, argumentando que la produccion y exportacion del mineral tenia corta duracion, asemeja sin variables al escepticismo demostrado en 1832 por el Administracion del Tesoro Publico, que, por su limitada proyeccion, desaconsejaba instalar controles administrativos permanentes en el lugar (33).

La posterior bonanza exportadora, mas que basarse en el incremento en su valor, se sostuvo en los crecientes volumenes exportados, lo que permitio compensar los altos costos asociados a su elaboracion y transporte. Sin incentivos para elaborar a una escala mayor, el retraso tecnologico de fue paralelo a la escasa innovacion en los sistemas productivos, factores extensibles tanto a la inestabilidad del mercado de capitales como a la concentracion de intereses en Huantajaya y minerales aledanos.

La explotacion salitrera no diferia de las condiciones de usufructo de otros minerales del virreinato. Centros mineros de importancia, como Cerro de Pasco o Huancavelica, hasta inicios del siglo XVIII operaron sin criterios tecnicos o cientificos que determinasen su calidad o maximizase su rendimiento, caracteristicas propias de los laboreos artesanales de otras regiones del continente (Folchi 2001:151-156). La precariedad solo fue rota con la creciente dependencia del abastecimiento de insumos esenciales para el procesamiento mineral, como plomo y azogue, que forzo una relacion estrecha entre los mineros (organizados en gremios que actuaban como medios de presion) y el Estado. Esto se tradujo en la creacion de una institucionalidad financiera (por ejemplo, bancos de rescate o instituciones de fomento) proporcional a la relevancia comercial y estrategica dada por la corona o inversores privados a los minerales explotados (Figueroa 1981:33-43; Fisher 1975:30-32).

Desde el ambito de las fuerzas productivas, la diferencia la mineria metalica tradicional con la extraccion y procesamiento del salitre descansaba en la estrecha relacion social y economica de las paradas con su entorno proximo. Mientras en Tarapaca la explotacion del nitrato se vio condicionada tanto por la rusticidad de sus faenas como por la concentracion laboral de sus habitantes en el mineral de Huantajaya y los valles agricolas del interior, en la zona central peruana la economia se organizo articulando ambas actividades, lo que facilito la inclusion de la poblacion campesina proxima en trabajos de explotacion minera (Contreras 1988:103-137). Desde el ultimo cuarto del siglo XVIII, ademas de contar con inversiones significativas de capital, la mineria en los Andes centrales logro adecuar sus estrategias de produccion, mutando hacia un mercado laboral libre que atrajo, de modo definitivo, a los operarios provenientes de un sector agricola en crisis.

Mientras las transformaciones en la mineria del centro virreinal determinaban un cambio espontaneo en los modelos de intercambio comercial y en la configuracion demografica del entorno, la protoindustria en Tarapaca, hasta los anos posteriores a la independencia del Peru, siguio fundamentando sus operaciones en la continuidad de estructuras propias de sociedades precapitalistas, evidenciadas en el contraste entre la insercion del mineral a la economia mundial con las formas de elaboracion, y las peculiares condiciones laborales asociadas a ella. El britanico John Blake definio los sistemas de produccion de las numerosas paradas de la pampa interior como "rudos y simples", atendidos por grupos integrados por tres o cuatro personas, donde el caliche era depositado en fondos de fierro calentados sobre un fogon. En el mismo espacio (un pequeno taller cercado por cactus y ramas), estaban las tinajas para las aguas madres y las bateas para el secado del producto diluido (Blake 1843:4-8). El relato no difiere, de modo alguno, a descripciones generales de las formas de produccion realizadas decadas anteriores (34) y asemeja, con exactitud asombrosa, al testimonio de Francisco Puelma (1855), quienes resalta las precarias condiciones operativas.

La falta de innovacion permite tambien deducir dos elementos distintivos de las labores salitreras hasta mediados del siglo XIX. El primero refiere a la sobreexplotacion de recursos renovables con fines energeticos, el que condicionaba la duracion temporal de las faenas. Cochet en 1841, referia al agotamiento de los bosques de la zona para su uso prioritario en la elaboracion de salitre, senalando que las paradas utilizaban raices de los arboles talados, la unica fuente energetica disponible (Cochet 1841:19).

El segundo factor tiene relacion con la percepcion de riqueza y de la materialidad de la epoca. Tomando como referencia la descripcion de bienes heredados de connotados tarapaquenos en procesos judiciales o testamentos (Aguilar y Cisternas 2013:155-195; Donoso 2006:285-330), la interrogante respecto a la magnitud comercial de la explotacion del nitrato radica en la capacidad de determinar con certeza cual era su beneficio neto, teniendo en cuenta que solo los costos complementarios a los ya elevados de transporte (que abarcan tanto el valor estimado de la fuerza laboral como el uso eficiente de los medios de provision energetica) encarecian el valor final de un producto de demanda creciente. En ese contexto, es pertinente preguntarse si el objetivo central de los pequenos y medianos productores (marginados de las operaciones mercantiles y enfrentados a una oferta creciente) era maximizar sus utilidades, o garantizar la continuidad de sus labores bajo mecanismos rudimentarios, limitando al minimo la inversion. Tanto el factor rentabilidad como el de competencia no eran constituyentes del oficio en el periodo colonial y en la inmediata transicion a la republica, configurando, en cambio, una estructura arcaica pero funcional, que sobrevivio sin grandes tropiezos hasta mediados de siglo XIX.

Conclusiones

La prolongada transicion salitrera desde el periodo colonial hacia estructuras industriales se caracterizo por la atomizacion de las labores en unidades aisladas, con escaso nivel de especializacion, geograficamente dispersas y con una incidencia marginal sobre el valormercado de su produccion. Transformada en una proto-industria ajena a los principios de proteccion y subsidiariedad creados por el Estado en los inicios de la republica en Peru sobre sectores mineros estrategicos, las faenas basaron su expansion en el usufructo extensivo e ineficiente de los calichales, manteniendo formas de explotacion inalteradas hasta avanzada la segunda mitad del siglo XIX.

Sometida a una dinamica extractiva rudimentaria, la produccion salitrera crecio bajo condiciones laborales excepcionales al no contar con nucleos poblados en su entorno inmediato, dependiendo de los continuos flujos migratorios a la region. Con una oferta de trabajo permanente, el incremento en la demanda por nitrato favorecio la creacion de un modelo basado en la ocupacion de mano de obra libre y de bajo costo, mucho tiempo antes de la abolicion de los repartimientos u otras formas compulsivas de trabajo. La proletarizacion hizo menos apremiante las inversiones en manufactura, lo que desincentivo el desarrollo tecnologico aplicado a las faenas. Esta situacion posibilito la continuidad de las labores, por los reducidos costos de produccion y el bajo riesgo asociado. La ineficiencia de los mecanismos productivos, desde el periodo colonial hasta mediados del siglo XIX (reproducidos con exactitud en cronicas escritas por viajeros con mas de un siglo de diferencia), definira las relaciones iniciales de intercambio, garantizando a los elaboradores no depender de las fluctuaciones de la demanda, y al intermediario de contar con una provision regular, acorde a las exigencias del mercado.

La proto-industria salitrera no solo pervivio al paso de la monarquia a la republica, sino tambien a la renovacion de estructuras economicas globales, a las complejas crisis politicas de post independencia, y a factores naturales. La transicion hacia procesos de mayor eficiencia en la produccion, mas que ser resultado de presiones del mercado o de innovaciones tecnologicas, fue consecuencia de la saturacion del mercado laboral evidenciado a inicios de la decada de 1840. El freno a su expansion y el inicio del ciclo de rendimiento decreciente en la produccion fue afrontado por los gobiernos del periodo con la aplicacion de beneficios tributarios y comerciales excepcionales para Tarapaca, las que dieron un nuevo impulso a la economia regional.

El quiebre paradigmatico, sin embargo, es posterior, y se relaciona con el inicio de la construccion del ferrocarril desde Iquique al interior. La obra, convertida en la primera gran inversion tecnologica asociada al salitre, creo una cadena de valor que sera determinante en la transformacion de los procesos derivados de su procesamiento y venta. Hasta entonces, la dinamica operativa en torno al salitre se sustento en relaciones economicas precarias que definieron, al mismo tiempo, un modelo de negocios excepcional forzado por la escasez del circulante y, en especial, por la paulatina adopcion de nuevos sistemas de intercambio financieros. La implementacion de estructuras y metodos del capitalismo moderno se expreso en la formalizacion de instrumentos crediticios como aval a las entregas por consignacion a las casas comerciales. Su aceptacion como medio valido de transaccion es anterior, en al menos un par de decadas, a la implementacion de una politica monetaria en forma (Romero 1946:302-341).

Durante la transicion a la republica se consolido en Tarapaca un nucleo de productores y comerciantes, conformando grupos reducidos que actuaron como intermediarios entre elaboradores y compradores mayoristas, acumulando importantes reservas, al tiempo que ejercian el comercio sin mayores restricciones, amparados en su condicion de ciudadanos neutrales, con nexos directos con representaciones consulares y autoridades locales, asumiendo practicas propias del periodo (Bonilla 1975:23-28; Webster 1839:4-14). En 1843, el Comandante de Resguardo de Iquique senalaba que era una practica arraigada el que, tras haber embarcado dos mil quintales, los exportadores dijesen que habian despachado mil, sin que nadie pudiese acreditar lo contrario (35).

Con todo, la reconfiguracion material de la estructura operativa del salitre es posterior a la reorganizacion politica del Peru, a la consolidacion de procesos economicos sostenidos en flujos y transacciones de capitales, y a la propia transformacion de la sociedad tarapaquena, a traves de la diversificacion de los sectores industrial y servicios. Los mecanismos de continuidad del salitre, en contraste, se basaron en la peculiaridad de no experimentar grandes cambios en la produccion, manteniendo rasgos rudimentarios que definieron la precariedad de su estructura. Esta practica definira, desde el periodo en estudio hasta avanzado el siglo XX, las relaciones de produccion, pero tambien las de intercambio, garantizando al elaborador no depender de las fluctuaciones de la demanda, sin influencia sobre el valor de compra sugerido por el intermediario.

Agradecimientos: El presenta articulo es resultado de las investigaciones realizadas con apoyo de los proyectos FONDECYT Regular 1170738 y UTA Mayor 5748/17. Agradezco las orientaciones de los profesores Sergio Gonzalez Miranda y Milton Godoy Orellana. Por supuesto, tambien a las asertivas criticas y sugerencias de los evaluadores.

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Registro Oficial de la Republica Peruana (ROP).

Notas

(1) Una interesante aproximacion a los inicios de la explotacion, desde las tradiciones regionales, en Gonzalez 2016:57-62.

(2) ANT, vol. 2, 6.3.1777, f. 61.

(3) BNP, doc. c792, 11.3.1795, s.f.

(4) AAA, leg. 5, p.1, 11.11.1784, f. 58.

(5) ANT, vol. 6, 21.1.1800, f. 67.

(6) AGP 1, vol. 10, doc. 839, 11.9.1830.

(7) BNP, doc. B762, 2.4.1612.

(8) AJI 2, leg. 383, p. 3, 6.2.1807, f. 9.

(9) AJI 2, leg. 383, p. 3, 24.11.1807, f. 11.

(10) AAA, leg. 12, p. 2, 19.11.1814, s.f.

(11) ANT, vol. 6, 21.8.1830, f. 174.

(12) AJI 1, leg. 1514, 18.8.1819, fs. 3-8.

(13) MHP, doc. d000374, 7.9.1827, f. 36.

(14) AGP 1, vol. 145, doc. 253, 19.8.1826, s.f.

(15) AGP 2, vol. 9, doc. 488, 17.8.1829, s.f.

(16) MMH, doc. 602, 5.9.1827, 5 de septiembre de 1827, f.1; AGP 2, vol. 10, doc. 7, 17.9.1830, s.f.

(17) Gazeta de Gobierno, Lima, 23.1.1828.

(18) ROP, 21.11.1826.

(19) Un caso relevante que involucra a connotados comerciantes salitreros, en AJI 1, leg. 1190, 12.2.1848, p. 6.

(20) AGP 2, vol. 10, doc. 272, 1.12.1829, s.f.

(21) ROP, 9.6.1826.

(22) AJI 2, leg. 6, 19.11.1829.

(23) AGP 1, vol. 30, doc. 272, 3.12.1829.

(24) AGP 2, vol. 10, doc. 793, 4.1.1881, s.f.

(25) AGP 2, vol. 15, doc. 4, 7.4.1831, f. 1.

(26) AGP 2, vol. 10, doc. 839, 16.9.1830, s.f.

(27) AGP 2, vol. 13, doc. 7, 17.9.1832, f. 3.

(28) AVM, vol. 200, 19.1.1840, f. 47.

(29) MMH, s.n.doc., 19.4.1834, s.f.; BNPM, doc. d8734, 4.6.1834, f. 3.

(30) AGP 2, vol. 35, doc. 4, 5.8.1834, f. 1.

(31) ARQ, p. 14, 28.1.1835, fs. 2-60.

(32) AGP 2, vol. 13, 26.6. - 2.12.1833, doc. 787, fs. 1-4.

(33) AGP 2, vol.13, doc. 16, 19.9. 1832.

(34) Una descripcion en ANT, vol. 6, 21.1.1800.

(35) AGR 1, vol. 26, doc. 130, 12.6.1843.

Carlos Donoso Rojas [1]

[1] Departamento de Ciencias Historicas y Geograficas, Universidad de Tarapaca. 18 de septiembre 2222. Arica, Chile. cdonoso@uta.cl

Recibido: junio 2017. Aceptado: mayo 2018.

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562018005001402. Publicado en linea: 30-julio-2018.
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Author:Donoso Rojas, Carlos
Publication:Revista Chungara. Revista de Antropologia Chilena
Date:Jul 1, 2018
Words:10611
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