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LIMITES DE LA LIBERTAD DE EXPRESION, FLANCOS DE LA VERDAD DE LO EXPRESADO: LA INDEPENDENCIA DE JOSE MARIA BLANCO WHITE EN EL ESPANOL.

FRONTIERS OF FREEDOM OF EXPRESSION, SIDES OF THE TRUTH OF WHAT IS EXPRESSED: THE INDEPENDENCE OF JOSE MARIA BLANCO WHITE IN EL ESPANOL

EN EL NUMERO VII de El Espanol, Jose Maria Blanco White afirmaba haberse ido de Espana "para no tener que expresar mis opiniones a medias" (30/X/1810: 64). Tal declaracion no abarca la totalidad ni la profundidad de indole personal, descrita en su autobiografia (1) y diseminada en sus Cartas desde Espana, de la razon que guio su meditada expatriacion, unida a la voluntad de deshacerse de la mascara vital que para el era su condicion de sacerdote catolico. La decision implicaba acarrear con el dolor que causaria en su entorno mas intimo romper con las bases de una educacion tradicional y enfrentarse a un porvenir del que no conocia ni el futuro inmediato. Por eso fue una determinacion largamente pensada y demorada durante decadas que algo, pero no todo, tiene que ver con el libre ejercicio de la opinion. Puede corroborarse en la multitud de paginas que lleno el autor con reflexiones personales, donde se muestra bastante mas preocupado por armonizar su pensamiento con su vida, es decir, por no vivir condicionado por las pautas de ningun grupo o creencia colectiva, que por la tension que le genera a cualquier persona honrada contemplar los limites de la libertad de expresion o brear con el espantajo de la censura.

Si de lo expuesto en sus libros pasamos a los hechos que construyen su biografia, encontraremos que, en las dificiles circunstancias politicas de los anos previos a su salida de Espana, Blanco no siempre practico la resistencia ante lo que no se quiere decir. La oda "La verdad", que leyo en honor de Godoy mientras formaba parte del Instituto Pestalozziano en 1808, iba bastante mas alla del ejercicio de asordinar el pensamiento. Que esta composicion se convirtiera en uno de los trazos de la caricatura con la que su figura se despedia del siglo XIX y comenzaba a atravesar el siglo XX, no le merma importancia ni la convierten en anecdotica. Al contrario, es un ejemplo aislado de aquello que hizo para mantener su trabajo en Madrid, alejado de las vicarias sevillanas, pagando "el tributo exigido por un poder que detestaba, pero al cual necesitaba" (Duran, 2005, p. 102).

No obstante, no siempre es un limite externo a un autor aquel que traza la frontera de lo que este quiere (o puede) expresar. En el caso de Blanco, anos despues de la experiencia de El Espanol, publicaria sus Letters from Spain, detallando los margenes de libertad que se concedio para redactarlas porque, como escritor dotado de talento y de conocimiento literario, no le faltaron formas expresivas para encauzar las cosas que queria decir. Las Cartas incidian desde el titulo en el artificio de la voz narrativa, presentando la focalizacion de la mirada tanto como el asunto observado, cosa que no se aprecia en la edicion espanola al optar por traducir Cartas de Espana, cuando su original no marca tanto el asunto ("de") como el lugar ficcional en el que se situa el narrador ("desde"). Suma a ello otros recursos narrativos, entre los que se encuentran la localizacion temporal de los textos en el pasado con respecto al momento de la publicacion; la situacion del supuesto autor, de regreso a Espana despues de un largo y voluntario abandono del pais natal; y el nombre del sujeto emisor, donde la dualidad del apelativo que adquirio en Londres se trasmuta en Leucadio Doblado. Este retorico distanciamiento, tan de moda en la epoca, iba unido a la discrecion que Blanco perseguia, explicada, en carta a su hermano Fernando (9/V/1822), como el "decente velo" (1971, p. 352) con el que cubria, en las Cartas, tanto su persona como la intimidad o el nombre de sus seres queridos. Al redactar, anos despues, su autobiografia, esta vez adoptando la forma de una carta personal dirigida al Dr. Whately (aunque en numerosas ocasiones el autor se salte el recurso amplificando la figura del receptor hacia los directos lectores para los que escribia, el publico ingles), Blanco analiza el valor que necesito, en las Cartas, para hablar de sus padres, de su formacion religiosa y de su ruptura con la tradicion hispanica, cuando comienza a narrar su salida de Espana con el temor de rememorar esa etapa, por si abria las antiguas heridas. Sin embargo, piensa, apoyandose en la preceptiva literaria, que la escritura autobiografica le librara del desgarro puesto que esta puede describir sin volver a la medula de la experiencia, puede transitar la memoria evitando la imaginacion. Es decir, su narracion no estara obligada a recrear una emocion, dedicandose nada mas (y nada menos) al recuento de lo pasado (Blanco White, 1975, p. 162).

Las reflexiones de Blanco White sobre los modos de escritura para encaminarse a unos fines comunicativos previamente fijados, tienen un anadido en la creacion de su heteronimo Juan Sintierra en El Espanol, porque este, desde su rotunda subjetividad, podra decir, con gracia y no poca malicia, todo aquello que un periodista imparcial debia evitar. Sin embargo, el recurso termina deliberadamente en paradoja puesto que la primera de sus cartas se edita en marzo de 1811, despues de que el periodico y su editor sufrieran las criticas frontales de la Junta de Cadiz y la prohibicion de la circulacion de El Espanol en los territorios americanos. El viejo apatrida se presenta, entonces, declarando que su reputacion esta menos tocada que la del editor y que, por tanto, Blanco acogera en las paginas de su periodico lo que el mismo Juan Sintierra no se atreveria a publicar bajo su nombre (El Espanol, XII, 30/III/1810, p. 451) .

El ironico baile de atribuciones se ampliara en otra carta al hilo del decreto de libertad de imprenta emitido por las Cortes y la situacion de proscripcion de El Espanol. Juan Sintierra barruntara que esa flagrante contradiccion entre la ley y la practica quiza se deba a que el "no pertenece a la nacion" (El Espanol, XVI, 30/VI/1811, p. 294), aunque no le parece razon suficiente porque si "Pertenece a ella el autor del Espanol que se vale de los pensamientos de Juan Sintierra" (El Espanol, XVI, 30/VI/1811, p. 294). Asi las cosas, no extranara que en el numero XXI de diciembre de 1811 sea Blanco el que "ha suplicado a su amigo Juan Sintierra que le escriba casi todo ese numero" (El Espanol, XXI, 30/ XII/1811, p. 220), esta vez no por asuntos relacionados con el contenido o el emisor sino para asegurar y ampliar la recepcion de sus noticias (El Espanol, XXI, 30/ XII/1811, p. 220).

Todo esto son recursos retoricos que muestran las variadas formas adoptadas por Blanco para encauzar la narracion o el pensamiento y, por supuesto, entran dentro de las modas expresivas en la epoca. Veamos ahora como encarrilaba la tension entre el deber de informar y los limites politicos, economicos y personales que marcaron su labor periodistica durante sus ultimos anos en Espana y los primeros en Inglaterra, en concreto los que atanen al Semanario Patriotico y a El Espanol.

Su primera incursion en un periodico se la brindo Manuel Jose Quintana al encomendarle, junto a Isidoro Antillon, la direccion de la segunda etapa del Semanario Patriotico. En su autobiografia Blanco apunta que ambos desarrollaron su trabajo "con toda honestidad e independencia" (1975, p. 152). El marco historico y las circunstancias politicas espanolas habian propiciado una apertura hacia las ideas de los liberales, pero la libertad de prensa no estaba decretada, cualquier escrito debia someterse a la censura. Por suerte para Blanco y Antillon la decision de publicacion estaba en manos de Quintana, "que nos daba libertad total bajo su responsabilidad" (1975, p. 152). Aun asi, por juventud, por inexperiencia, por temor, por prudencia, por educacion, cualquiera sabe ya que Blanco no esgrime razon concreta alguna, practicaron una autocensura no lesiva con sus propias convicciones:
   ... no nos atrevimos a dar rienda suelta a nuestras plumas, pero
   reciprocamente nos comprometimos a que en nuestros escritos no
   apareciera nada que pudiera sonar a halagos a los hombres en el
   poder y a que el Semanario nunca fuera instrumento para enganar al
   pueblo (1975, p. 152).


La empresa de El Espanol se hizo bajo circunstancias bien diferentes, con Blanco dotado de la determinacion y la fortaleza necesarias para haber puesto distancia con todo aquello, la Iglesia, la patria, la familia, que le impedia ser dueno de su propia vida y desde Londres, bajo la garantia de las libertades publicas britanicas. Sin embargo, a juzgar por las cartas que se cruzo con Lord Holland, John Allen, Robert Southey, Charles Richard Vaughan o con el marques de Wellesley, asi como por los despachos del Foreign Office y las comunicaciones internas entre destacados responsables de la politica internacional britanica, no estuvo al margen de presiones. No pudo ser Blanco tan independiente como queria, puesto que la amistad de sus protectores ingleses tampoco fue ajena al importante papel que una publicacion como El Espanol podia jugar en el equilibrio de poder entre Francia y Gran Bretana y en el beneficioso mercado que los territorios de la America hispanica podian ofrecer al comercio britanico. Ya aviso Antonio Garnica que Blanco descubrio en Inglaterra, en lo tocante a asuntos religiosos, que la intolerancia y el acoso ante la posible disension personal "no tiene fronteras, y solo se manifiesta de forma diferente en circunstancias diferentes" (Blanco White, 1975, p. 17), ?que no pasaria, entonces, en el ambito politico, en el de los intereses nacionales, en el de los lucrativos negocios y en el de la utilidad practica que el periodismo podia prestar en cada uno de esos espacios?

El cuestionamiento de la figura de Blanco White y de la labor de El Espanol como correa de transmision de las pretensiones britanicas comenzo con las acusaciones personales y politicas que desde las liberales Cortes de Cadiz se le hicieron y continuo, posteriormente, desde posturas fuertemente conservadoras. Estas, tal cual habian hecho sus coetaneos, no dudaban en considerarlo un "Protegido y aun subvencionado por lord Holland (el sobrino de Fox), por M. John Jorge Children y por M. Ricardo Wellesley" (Menendez Pelayo, 1967, p. 800). Si la acritud ante Blanco fue la misma al principio y al final del siglo XIX, en nuestros dias, sin embargo, hay una tendencia a atenuar, o a no admitir, los cargos que de forma desabrida se le imputaban al editor de El Espanol, esto es, la vinculacion directa de su periodico con los intereses del gobierno britanico. Vicente Llorens, por ejemplo, establecia una relacion politica difusa entre el periodico y los amigos ingleses de Blanco y consideraba nula, a pesar de las suscripciones, la proteccion o la injerencia gubernamental en la empresa (2). Por su parte, para Andre Pons la evidencia de la "total concordancia de puntos de vista entre el Gobierno britanico y El Espanol" (2006, p. 68-69), al menos en los asuntos relativos a America y a partir del tercer numero del periodico, se debia a la ayuda intelectual, la influencia politica y la amistad de "los dos asesores whig" (p. 65), Lord Holland y John Allen, de Blanco. No aprecia, por tanto, intervencion directa, ni siquiera intervencion alguna, del Foreing Office en los asuntos de El Espanol aunque, curiosamente, "las tesis y la actitud de El Espanol eran las mismas que habrian sido adoptadas si el periodico hubiera recibido instrucciones directas del Foreign Office" (p. 69). Para probar tan dificil postulado, Pons recurre, como van a hacer buena parte de los mas rigurosos conocedores de su figura, al "caracter de Blanco White, a quien le importaba por encima de todo su independencia" (p. 70) y zanja las acusaciones de traicion que se le cursaron desde Cadiz apuntalando, en nuestra epoca, el cariz descerebrado que Blanco, en la suya, achaco a la politica espanola, puesto que ni liberales ni conservadores supieron ver que El Espanol no iba "en contra de los intereses de Espana" (p. 70), que tan solo defendia "en lo economico sobre todo (...) los intereses de Inglaterra; en contra de los intereses de los monopolistas gaditanos" (p. 70).

Nadie duda hoy en dia del puesto central que Lord Holland ocupo en la profunda y rapida evolucion ideologica experimentada por Blanco a partir de 1810; si ha cambiado, sin embargo, el significativo tono de chanza con el que Menendez Pelayo calificaba la relacion. Este se ha vuelto ahora mas comprensivo con Blanco que con la iracundia de las Juntas y tiene gradaciones variadas. Puede ir del "asesoramiento" senalado por Pons, a lo que Martin Murphy considera "la benigna influencia de su mentor" (Blanco White, 2010, p. 13), Lord Holland, al que se deberia tambien la idea de la creacion de El Espanol:

Aunque fue una sorpresa para el (y para Lady Holland) la llegada de Blanco a Londres en febrero de 1810, pronto se dio cuenta de que su protegido podria servir un fin util como editor de un periodico que fomentara la unidad entre Londres y Cadiz (Blanco White, 2010, p. 15).

La postura de Manuel Moreno Alonso es mas bien una defensa a ultranza en la que se decreta que la sintonia entre las posturas britanicas y la linea editorial de El Espanol no responde a connivencia alguna. Se basa para tal afirmacion, tal cual hizo Pons, en la personalidad de Blanco, que hace emanar de discutibles determinismos nacionales, "obsesiones, repentes y honestidades propias de un hispano-irlandes" (2002, p. 133), y de las insistentes declaraciones de Blanco sobre su independencia personal, todo lo cual conduce a que "no es posible dudar ni de su sinceridad ni de su buena fe" (135) o, lo que quiza sea mas dificil, a no poder "dudarse que el editor actuo en libertad de concepcion y expresion de opiniones, e incluso con honradez" (135). Si bien para Fernando Duran la independencia de Blanco White esta a salvo de las dudas que le atribuyeron "los maliciosos" (2005, p. 171) en su epoca y "los malpensados" (207) despues, su investigacion biografica va abriendo flancos en espacios que quiza se querian cerrar. Asi, si Pons estudio las suscripciones que permitieron la pervivencia de El Espanol (entre las que se encontraban la de Lord Holland, la de la embajada britanica en Cadiz, la de la empresa Gordon y Murphy y la de otras sociedades britanicas con intereses en America), Duran advierte que estas no eran exactamente filantropicas (3). La conclusion es obvia--"Estaba claro a quien beneficiaba el periodico" (160)--aunque no le conduce a una resolucion indiscutible puesto que, en la linea de Pons, Duran separa el provecho de la intromision al considerar la existencia de "pruebas de que el editor no se conducia por las ordenes de nadie" (160) (4) de ahi que las hipoteticas "instrucciones ni existieron ni hacian falta" (188).

Veamos ahora lo que el propio Jose Maria Blanco White dejo escrito sobre estas cuestiones ya que fue bien consciente, puesto que las acusaciones fueron publicas, de la consideracion de agente britanico en que lo tuvieron sus compatriotas. "En Cadiz", anotara anos despues en su autobiografia, "todo el mundo creia que estaba pagado por el gobierno ingles con el proposito imaginado por ellos de apoderarse de aquella ciudad y de las colonias espanolas" (1975, p. 189). La desolacion que sintio en el momento de las criticas ha remitido cuando narra su vida, no asi el afan por defender su honor. "El fin de estas memorias", senalara, "es remover las ideas falsas con respecto a mi persona" (1975, p. 229), de ahi que dedique un amplio espacio a aclarar la vinculacion de su periodico con las autoridades britanicas y las suyas con sus amigos ingleses. Para empezar, Blanco marca grados de relacion e influencia diferentes. A Richard Wellesley, no a Lord Holland, atribuye la sugerencia de la creacion de un periodico y el contacto para iniciar la empresa (182). La intervencion no pasaria de ahi, al no tener aquel "mucha influencia con su padre Lord Wellesley" (182), por lo que del "exito final no le debo nada a mi consejero" (182). La cosa cambia en el caso de Lord Holland y John Allen, estos seran considerados, dos decadas despues, "maestros" o "jueces y consejeros tan capacitados" (205) que sus "observaciones" (205) fueron "los mejores medios que tenia de perfeccionarme en mi tarea" (205). Es importante tener en cuenta que Blanco, salvo su breve paso por las paginas del Semanario Patriotico, no habia entrado en el ambito de la politica, mucho menos en las sutilezas de la politica internacional, y afronto la tarea que le esperaba en El Espanol en paralelo a un drastico cambio ideologico, de las ideas liberales de ascendencia francesa que habia mantenido en Espana, a las conservadoras y monarquicas que iba a adquirir en Inglaterra. Ademas de ello, en Londres fue descubriendo la magnitud del papel que jugaba su periodico mientras realizaba el titanico esfuerzo de sacarlo adelante aunque, en el recuento de su vida, achaque al impresor Juigne, y no a los intereses britanicos que sin embargo apostaron economicamente por la empresa (5), cualquier estrategia preconcebida:
   Entre los emigrantes franceses que residian en Londres en el tiempo
   de mi llegada habia un sacerdote llamado Juigne, que se habia hecho
   impresor. Es posible que tuviera algun previo conocimiento de este
   negocio, porque de otra manera no hubiera conseguido el exito que
   tuvo. Dulau me dirigio a este hombre como la persona idonea que no
   dudaria en aprovechar la oportunidad de publicar un periodico
   espanol en Londres. Yo desconocia completamente la importancia que
   la situacion politica de Espana y sus colonias anadian a mis
   cualidades personales para ser el editor o, para hablar mas
   objetivamente, el unico escritor del periodico (1975, p. 183).


Cuando pasa revista a esa etapa de su vida, dos decadas despues y sin que haya desaparecido del todo el animo de autodefensa, considera que no hubo "nada que torciera mi juicio, de no ser que haya dado demasiado peso a la amistad y al afecto" (1975, p. 206) de Lord Holland y Allen. Aun asi, con animo de zanjar cualquier duda sobre su autonomia intelectual con respecto a las instancias gubernamentales, esgrime el hecho de que Lord Holland estuviera en la oposicion parlamentaria "durante todo el tiempo que duro mi periodico" (1975, p. 205). El alegato no es muy solido, por eso ha servido tanto para alejar al periodico de la injerencia directa, como para establecer una de las correas de transmision entre las aspiraciones britanicas, fundamentalmente las relativas a los territorios americanos, y El Espanol, sobre todo si tenemos en cuenta, siguiendo a Duran (2005, p. 227), que Lord Holland podia ser contrario a los planteamientos internos del gobierno tory pero no eran distintas sus miras en lo referido a la politica exterior.

Como estamos viendo, los escritos de Blanco inciden en defender su independencia (en el sentido de que el creia en las cosas que escribia) y en destacar la ausencia de parcialidad que guio su actuacion periodistica. Sin embargo, ambas cosas tienen un serio correctivo, quiza no advertido por el propio autor, en el articulo que publico para contestar la prohibicion de circulacion de El Espanol en America. Ahi declaro que su periodico defendia la causa de Espana en cualquier frente con activas estrategias discursivas que no siempre coincidian con su pensamiento o con lo que consideraba la verdad de los hechos:

Examinense, si, examinense todas las paginas de mi periodico, y se vera, que en consideracion a la Espana, que no tenia otro centro que la Regencia, jamas escribi un rasgo en contra de ella: defendi su legitimidad, buscando rodeos a falta de razones: hable de ella en terminos de respeto, aun cuando cometio los mayores absurdos. Procure distraer a los Americanos de los argumentos con que la atacaban. Calle, en fin, las intrigas con que estaban queriendo impedir las cortes, por no escandalizar a las Americas, y por no destruir los medios de conciliacion que presentaban respecto a la Metropoli (El Espanol, XI, 28/11/1811, pp. 350-351).

Nada para alarmarse, de ahi que inserte tal declaracion en el periodico, puesto que la prensa del XIX no concebia la labor informativa sin mezclarla con la tarea de crear, o dirigir, una determinada opinion publica. Es necesario, entonces, atender a las cartas de Blanco para calibrar las condiciones en las que llevo a cabo la edicion de El Espanol y las intromisiones que soporto conscientemente.

En carta a Lord Holland fechada el 29 de abril de 1810, Blanco indica las particulares dificultades a las que se enfrenta al editar un periodico sobre asuntos espanoles en Inglaterra, de ahi que salude "con efusivas gracias" (Blanco White, 2010, p. 28) la suscripcion efectuada por Holland y lamente que el gobierno britanico "no parece inclinado a apoyar" (Blanco White, 2010, p. 28) su empresa. A Lord Holland, entusiasmado desde el principio con el proyecto, no le defraudara el primer numero, segun le dice a comienzos de mayo de 1810. Aprecia la "diligencia, juicio, argumento e ingenio" (Blanco White, 2010, p. 30) de Blanco y aprovecha para mostrar el punto estrategico, combatir a Bonaparte, que para el representara El Espanol. Desde ese comentario inicial, sus observaciones iran dirigiendose, en mensajes posteriores, hacia un asedio sin cuartel a las ideas francesas, compartido en proporcion ascendente por Blanco.

La carta de John Allen de 23 de junio de 1810 tiene matices diferentes al establecer una relacion mas informativa por ambas partes. Su tono es el de un igual transmitiendo a Blanco la negativa impresion que El Espanol ha causado entre los miembros de la Junta, asi como las ideas basicas e innegociables que, con respecto a America, deberian seguirse en Espana. A saber, la derogacion de cualquier traba a la libertad de comercio y la incorporacion de los criollos en el gobierno y la administracion de sus virreinatos de origen. A partir de esas zonas inaugurales quedara clara la situacion de Blanco, al menos en lo que puede apreciarse a traves de la correspondencia. Sus amigos ingleses apoyaran, moral y economicamente, su empresa periodistica, lo pondran al tanto y, en ocasiones, intentaran neutralizar las criticas que El Espanol recibe en la peninsula sugiriendole, fundamentalmente Holland, la actitud mas oportuna para apaciguar los animos. Estas pueden ir de la conveniencia de resenar libros de los personajes mas irritados con la linea del periodico, a la recomendacion de enfocar las criticas a la Junta Central distinguiendo las actuaciones particulares de los vocales; o bien, de la invitacion a tratar determinados asuntos de la actualidad politica, a la conminacion que supone el "usted deberia exhortar", "deberia reprobar" (Blanco White, 2010, p. 85), enviada por Lord Holland el 14 de octubre de 1810, hasta la definitiva intromision, en carta de finales de ese mismo mes: Le adjunto un esbozo apresurado de algunos de los temas que supongo urgente imprimir en su proximo Espanol y reconozco que espero que su primera parte contenga mas documentos de periodicos americanos y mas materia directamente aplicable al presente estado de las cosas que las primeras 20 paginas de su ultimo numero (Blanco White, 2010, p. 113).

Hay una diferencia sustancial entre la actitud que muestra Blanco en sus cartas, empenado en recabar documentacion para ser "imparcial" (Blanco White, 2010, p. 40) ante los hechos, sobre todo los sucedidos en territorios americanos, y la de Holland, bastante mas pragmatico en cuanto a las campanas que El Espanol debia sostener. No difieren, sin embargo, en la distancia que media entre sus opiniones personales y la linea editorial que el periodico sostenia en asuntos que fueron puntos clave de su ideario. Por ejemplo, Lord Holland podra defender la necesidad de que los criollos tengan una amplia representacion en la Junta de Cadiz pero, en su correspondencia con Blanco quedara calculada la jugada no como una medida politica justa sino como un medio para tener aplacados, e incluso contentos, los animos de los americanos puesto que la distancia ocasionara que "nunca estaran todos presentes mientras se reunan las cortes en Europa" (Blanco White, 2010, pp. 94-95) y la labilidad humana hara el resto en los pocos que lleguen:

nueve de cada diez estaran hasta cierto punto influidos por el interes, el miedo, la conversacion o la nueva conexion y se dejaran llevar por la corriente de opinion popular de la asamblea (Blanco White, 2010, p. 95).

Postura esta que no debio incomodar a Blanco--pero si puede mermar la categoria de convicciones personales atribuida a las ideas que defendia en El Espanol--ya que su opinion sobre la poblacion americana respondia al nefasto estereotipo con el que se caracterizaba, salvo excepciones, a los americanos y a America, desde el siglo XVIII (6). No obstante, en la contestacion a la "Carta de un americano al Espanol" esconde sus prejuicios y declara que los comportamientos humanos son iguales bajo iguales circunstancias --"No pretendo con esto echar tacha alguna sobre el caracter de los Criollos; lo que aqui digo de esta parte de la poblacion de America, se verificaria igualmente en qualquiera otra nacion que se hallase en sus circunstancias" (El Espanol, n. XXIV, 30/IV/1810, p. 421)--. Menos de dos anos despues, en informe privado cursado a William Hamilton, subsecretario del Foreign Office, basaba el deseo (que el presuponia) de reconciliacion con Espana de los americanos, en "La natural indolencia de los indios y criollos" (Blanco White, 2010, p. 225).

Puede verse en las paginas de El Espanol que el periodico apoyo la representacion "justa" de todos los territorios hispanicos en las Cortes de Cadiz, convirtiendo el asunto en una de sus causas centrales y en uno de los ejes de su abierta critica a la politica espanola; tambien puede leerse en la autobiografia de Blanco que para el la labor de los diputados de Indias en las Cortes se redujo a haber votado y actuado "constantemente del lado de los reformadores, menos cuando habia alguien que les ofreciera dinero" (1975, p. 201). Por tanto, en este asunto, en el de considerar El Espanol un periodico que defendio a los americanos (7), no seria una sutileza innecesaria acotar estrictamente las miras del periodico a la defensa de una causa americana porque esta atentaba contra las lineas politicas de las Cortes de Cadiz, buscando, mas que beneficiar a aquellos, desestabilizar a esta.

Por su parte, la conveniencia de la ambiguedad se vuelve paradigma cuando toca hablar de la libertad de prensa. Que este sea un punto fundamental del ideario de Lord Holland, que celebre, en carta a Blanco de 9 de abril de 1813 (Blanco White, 2010, pp. 145-150), su inclusion constitucional como uno de los logros de las Cortes de Cadiz, no es obstaculo para haberle indicado a Blanco, en el comienzo de la andadura de El Espanol, el peligro que entranaria para el periodico enfrentarse a los intereses del gobierno britanico, aconsejandole, ademas, mostrar docilidad y disposicion a aceptar las directrices del Foreign Office en lo concerniente a asuntos espanoles:

Su periodico esta haciendo mucho bien y no puedo sino percibir que si nuestro gobierno realmente se volviera hostil a el, su circulacion se veria disminuida o incluso detenida y todo ese bien consecuentemente frustrado. A no ser por tanto que le hagan a usted peticiones que, si se cumplieran, frustrarian todos los buenos propositos de su publicacion, usted estaria sacrificando un bien cierto por una ruptura abierta con nuestro Gobierno. Retiren o no el pedido de 100 copias, espero que usted tendra cuidado en cualquier comunicacion que tenga con Lord Wellesley de transmitirle solidas garantias de su voluntad y afan de atender a los deseos del Gobierno y de promover el principal y original objeto de sus publicaciones de usted, a saber, una union de sentimientos y una confianza mutua entre todo lo que queda del Imperio espanol y Gran Bretana" (Blanco White, 2010, p. 72).

?Como se consigue tal fin manteniendo, o mas bien aparentando mantener, la independencia que honra a cualquier periodista? Las recetas de Lord Holland, en carta de 26 de septiembre de 1810, son diafanas: dilatando las discusiones y realizando las debidas elipsis para evitar el engorro de decir lo que se piensa y conseguir el favorable estatus de ser "del agrado y del gusto de los que estan en el poder" (Blanco White, 2010, p. 71). No extranara, entonces, que a niveles oficiales la liberrima linea editorial seguida por Blanco en el primer numero de El Espanol le hubiera causado "problemas de conciencia o si se quiere prudencia" (Blanco White, 2010, p. 362) al subsecretario del Foreign Office, segun le comunica a Charles Richard Vaughan, secretario de la legacion britanica en Espana, porque encuentra que algunos pasajes "demasiado asperos" pueden indisponer "los animos de los amigos que creemos tener en ese pais" (Blanco White, 2010, p. 362). Con el peso que da haber hecho una nutrida suscripcion al periodico, William Hamilton deja temblando la libertad de opinion que aguarda a Blanco en fecha bien temprana, puesto que el despacho entre los funcionarios britanicos data del 12 de mayo de 1810, al advertir que "Los siguientes numeros seran revisados, y por supuesto no se permitira que quede ningun pasaje ofensivo" (Blanco White, 2010, p. 362). Se ve que las cosas no estaban para bromas en medio de la campana contra Francia, mucho menos si lo que se disputaba era la ansiada mediacion de Inglaterra en el conflicto americano que la situaria, segun sus expectativas, en un lugar privilegiado en el nuevo orden trasatlantico.

Si los ingleses veian en El Espanol una eficaz arma de penetracion e influencia en el imperio hispanico, el gobierno espanol no tendra otra mira que silenciar su opinion, preferentemente en America. En medio de esa tension opuesta estaba Blanco y la resolvio claramente a favor de Inglaterra, no solo porque la opcion de la mordaza hispanica no le podria interesar a ningun periodista sino porque estaba convencido de encontrarse "en medio de la nacion mas celebre en conocimientos de politica; tengo la fortuna de oir a los hombres mas sabios, y de mas experiencia en esta ciencia dificil, que no se puede aprender bien sino en la practica, y no me ocupo de otra cosa que en consultar con ellos y transmitir sus luces a mis compatriotas" (El Espanol, VII, 30/X/1810: 86). Ahora bien, estas "luces", podian ser teoricamente irreprochables, pero no servian, ni a la Junta Central ni a la Regencia, como medidas politicas ecuanimes hacer, por ejemplo, pactos particulares, tal cual se recomendaba desde Inglaterra, y se hacia eco El Espanol, con cada uno de los gobiernos independientes que se iban declarando en America. Acuerdos que, indiscutiblemente tambien, se convertirian en lesivos para los territorios que mantenian la lealtad a la Corona. Lo curioso es que no solo con respecto a Espana la linea del periodico podia resultar inconveniente, a veces desde America tambien se lo advertian. Asi, Juan German Roscio, secretario de Asuntos Exteriores de la Junta de Caracas, en carta de 28 de enero de 1811, le indicaba con amabilidad que las cosas no se veian igual desde America, es decir, desde el escenario central de los acontecimientos, que desde Europa (El Espanol, XVI, 30/VII/1811: 296).

En la correspondencia con sus mentores britanicos, Blanco no se abandona a la queja, al contrario, se muestra pudoroso a la hora de lamentar su situacion o pedir para si mismo. Sin embargo, a Robert Southey, al que dirige cartas mas personales, le confiesa en julio de 1812 las dificultades extremas a las que lo han abocado las desavenencias con su impresor frances y las gestiones que lleva a cabo el coronel Juan Murphy, andaluz de nacimiento como Blanco y su amigo y benefactor en horas bajas, "para ver si me puede conseguir un puesto en el Foreign Office" (Blanco White, 2010, p. 300). Tambien a Andres de la Vega le deja clara su situacion:

El Gobierno espanol ha logrado atemorizar de manera a los que querian leerlo en America, que he recibido cartas de Jamayca (unico punto adonde tenia venta) de que, habiendo puesto en un calabozo a dos personas que lo llevaban al continente, ya no hay salida para los numeros. Aun quando la venta de aqui y los cien ejemplares que van a Cadiz pagan los gastos, nada me queda por un trabajo improbo, que me impide ganarme la vida de otra manera. El unico modo de que subsista este papel seria que este Gobierno tomase igual numero de ejemplares que toma a Pelletier: pero esto no lo quieren hacer sin saber la opinion de Sir Henry Wellesley y Mr. Vaughan, sobre el caracter e influxo politico de este periodico (Blanco White, 2010, p. 323).

Esa carta se escribia el 3 de agosto de 1812, un mes despues, el 8 de septiembre, Vaughan recomendaba a Hamilton "que el Foreign Office se apropie de Blanco y le mantenga perpetuamente adjunto a ustedes con un buen salario" (8) (Blanco White, 2010, p. 365), valorando el talento de Blanco, "escribe muy clara y convincentemente" (365); su idiosincrasia afin a Inglaterra, "el mismo y su amigo Vega son los unicos espanoles que yo haya conocido que consideraban los asuntos espanoles como hombres ingleses" (365); lo dispuestas que estaban las paginas de El Espanol para dar cauce a los intereses britanicos, "el Espanol [...] hace un gran bien y siempre esta listo para hacer incluso mas" (365); y lo conveniente de una intervencion en un panorama que se les antojaba desmadrado "por la impotencia e ineficacia de los espanoles gobernando su pais y dirigiendo sus recursos" (365).

Blanco habia comenzado sus traducciones e informes al Foreign Office en noviembre de 1811; en marzo del siguiente ano le habia comunicado a Hamilton su liberacion del impresor frances, lo cual lo dejaba en la conveniente situacion personal de ser dueno de su propio periodico y en la inconveniente de la desproteccion economica, por lo que mantenia "la mas perfecta seguridad en la amabilidad que usted me ha mostrado, de que si hubiera una oportunidad de aumentar el apoyo que esa administracion me ha concedido hasta ahora, usted anadira ese favor a aquellos que ya reconozco" (Blanco White, 2010, p. 217). Efectivamente, el Foreign Office resolvera los acuciantes problemas economicos de Blanco con "una especie de colocacion, que puedo calcular con una especie de pension de 250 libras por ano" (Blanco White, 2010, p. 304), segun le contaba amargamente a Southey en octubre de 1812, y una humillante forma de pago:

Se me paga del dinero del servicio secreto exactamente igual que a esos que traicionan a su pais, y si esto lo supieran mis enemigos, seria un punto zanjado para ellos, el que yo podria hacer lo que fuera por dinero. Preferiria una pension de cien libras por servicios pasados a cuatro veces ese dinero de esta manera (Blanco White, 2010, p. 304).

Diferente es la memoria que guarda, o quiere transmitir, cuando escribe su autobiografia. Ahi la pension de 250 libras, que fue "la principal ayuda recibida en medio de mis enfermedades y el medio que me ha permitido educar a mi hijo" (Blanco White, 1975: 203-204), no es algo que pueda inquietar su honor ni extender sospecha alguna sobre El Espanol:

Para concluir todo lo que creo justo y necesario decir con respecto a mi pension, declaro que en ninguna ocasion ninguna de las personas de las cuales ha dependido en distintos momentos la continuacion de esta ayuda han intentado ejercer ninguna influencia sobre mi (...) he estado tan libre de influencias como si mi principal medio de subsistencia hubiera sido una propiedad heredada (Blanco White, 1975, p. 206).

Esas son las dos versiones que el propio autor da del panorama en el que desarrollo, hasta su agotamiento en 1814, su labor al frente de El Espanol. Su esfuerzo, los asuntos que trata en su periodico y en sus cartas, el punto de vista y la vehemente defensa de los derechos americanos, no desdecira del todo que Blanco defendio asuntos en los que creia, pero parece claro, clarisimo en las cartas firmadas por los britanicos, que la correlacion de fuerzas europeas se jugaba en territorio americano y, tanto El Espanol como su editor, tenian un papel asignado en el pulso mantenido por Su Graciosa Majestad con la Francia napoleonica, no digamos en las ambiciones que el riquisimo panorama del Nuevo Mundo despertaba con el hundimiento del imperio hispanico.

En sus cartas, Blanco va dando cuenta de su afanosa recopilacion de materiales, sean periodicos americanos, libros o informes, que, junto al contacto, epistolar o personal, con espanoles y criollos, y los comentarios, mas o menos contrastados, que dejaban caer los invitados de Holland House, van formando su cambiante impresion del curso de la insurreccion americana. Siempre defendio que la extrema dureza espanola enconaba los animos americanos--"El terror puede someter las mentes por un momento; pero el odio sobrevivira a su impresion" (Blanco White, 2010, p. 216), anotaba en el informe al Foreign Office titulado "Un bosquejo de los disturbios en el reino de Mexico, desde julio de 1808"--, convencido estaba, y por eso intentaba convencer, de que "las impoliticas medidas del Gobierno espanol" (Blanco White, 2010, p. 224) eran las causantes y las avivadoras del fuego emancipador en America, necesitandose, para que las aguas volvieran a su cauce (no a un nuevo cauce), la intervencion de Inglaterra--"Nada, por tanto, puede devolver la tranquilidad sino la amistosa interferencia de Gran Bretana" (Blanco White, 2010, p. 216)--.

Sin embargo, la accion politica espanola con respecto a America no iba a variar sustancialmente. No hay mas que echarle un vistazo a la carta del duque del Infantado a Holland, fechada el 6 de abril de 1813, para hacerse una idea de los aires que corrian en las altas esferas peninsulares, dispuestas a no transigir "con nuestros insurrectos de America" (Blanco White, 2010, p. 390), con los que podia intentarse cualquier cosa menos mostrar "de masiada debilidad" (Blanco White, 2010, p. 390). No creia el duque en la predicacion de Blanco basada en la "suavidad" y la "persuasion" frente "a una gente que no quiere escuchar otras que la de su total emancipacion" (Blanco White, 2010, p. 390). En el rechazo americano a la nueva Constitucion cifraba el duque que el conflicto con los territorios ultramarinos no se explicaba desde perspectivas administrativas, ni se detenia con cambios politicos. Su conclusion era palmaria y paradojica, Blanco no tenia un buen conocimiento de los asuntos americanos, pero si planteaba con acierto sus criticas a las Cortes de Cadiz:

Le confieso que, a pesar de toda mi inclinacion a ver restablecida la buena amistad entre las provincias de America las de la Peninsula mediante la suavidad y la persuasion, no puedo compartir la opinion del senor Blanco sobre la posibilidad de exito, aunque por lo demas estoy muy satisfecho de su manera de ver los asuntos y los sucesos politicos de Espana; yo creo que si tuviera datos sobre la naturaleza, el espiritu y la direccion de la revolucion americana tan exactos como parece tenerlos de la situacion en Espana, quiza su opinion se modificara a favor del sistema adoptado por el Gobierno (Blanco White, 2010, p. 390).

Postura diferente es la de Jovellanos en carta a Holland de 17 de agosto de 1811, en los inicios de la insurreccion americana. En ella se destaca la situacion "critica; los medios, pocos; las necesidades inmensas" (Jovellanos, 1970, p. 235) en la que se encuentra Espana, lamentando la falta de reconocimiento a los esfuerzos gubernamentales. En ese contexto incluye una referencia a Blanco, sin haber leido todavia su periodico, basandose en la opinion generalizada en los circulos en los que se mueve para los que El Espanol es un foco avivador del "fuego" independentista, no bastando, ya en opinion de Jovellanos, para explicar la linea seguida por el periodico la idiosincrasia de su editor, esa "cabeza llena de la mania y cavilaciones democraticas" (235) que, sobra decirlo, iba a cambiar notablemente en breve tiempo. De ahi que la carta incluya una reflexion final sobre las posturas britanicas hacia el Nuevo Mundo:
   Tengo por tanto gran consuelo en saber de Vm. las miras beneficas
   de su gobierno hacia la Espana; pero quisiera que los comerciantes
   ingleses no las frustrasen por su codicia. En este punto, como en
   el principal de nuestra lucha, la suerte de Espana esta en manos de
   Vms. (236-237).


Las contradictorias posiciones de Blanco con respecto a America, quiza respondan a que no calibro el alcance del movimiento emancipatorio americano al estar las miras de El Espanol puestas en el ataque a la politica espanola y en los asuntos europeos, aunque los temas de los articulos del periodico puedan despistar de su objetivo editorial. Asi, en carta a Hamilton de 11 de marzo de 1812, menoscababa la entidad de los lideres de la insurgencia, no apreciaba el crecimiento de la conciencia independentista, ni la envergadura del cambio que se iba instalando en todos los puntos cardinales de la America hispanica:

La ignorancia general que prevalece entre la masa de la gente, y la falta de lideres sensatos y audaces que pudieran establecer algun sistema solido de independencia, siempre inclinara a los americanos espanoles a sus anteriores habitos de subordinacion siempre que se los libere de antiguos agravios (Blanco White, 2010, pp. 224-225).

El mismo despiste mostraba ante los codigos politicos de los americanos, por lo que, si se decretaba la independencia en Caracas, Blanco no le concedia mucho futuro al no casar, segun su particular opinion, con las costumbres hispanicas:

Estoy cada dia mas convencido de que los locos planes de independencia absoluta estan lejos de ser apreciados por la masa del pueblo; mas aun, concibo que Caracas, donde un punado de hombres los han puesto en practica, debe de estar ya harta de republicanismo. Esta en directa oposicion con los habitos e ideas generales de los espanoles de toda descripcion (Blanco White, 2010, p. 225).

En uno de los informes enviado a Hamilton, al hilo del comentario de las noticias dadas en la Gaceta de Buenos Aires entre el 5 de junio y el 31 de julio de 1812, destaca la atraccion de los americanos por "ese tipo de mimica que prevalecio en Francia durante los primeros episodios de la revolucion" (Blanco White, 2010, p. 236) e insiste en considerarla "opuesta a los habitos, maneras y caracter de los espanoles" (Blanco White, 2010: 236) aunque el coladero hacia America de ese exceso de afrancesamiento hubiera partido, segun senalaba en informe anterior fechado el 11 de noviembre de 1811, de las muy liberales Cortes de Cadiz que atolondradamente se esforzaban en "divertir a los americanos con proclamaciones filosoficas", dando alas "al partido del que mas tenian que temer" (Blanco White, 2010, p. 179).

Las "Conversaciones americanas sobre Espana y sus Indias" (El Espanol, XXV, 30/5/1812: 3-27), en la que Blanco traza un hipotetico dialogo entre un cura criollo, su sobrino, un funcionario andaluz destinado en Indias y un cacique indigena, ilustra las ideas antiliberales que el editor habia ad quirido en Inglaterra. Esta pieza ha sido tomada en alguna ocasion como un documento ilustrativo del sentir americano frente a Espana, cuando lo que en ella puede leerse es una diatriba contra la soberania popular, un diagnostico sobre las funestas consecuencias de la Independencia, un ataque frontal a los planteamientos politicos liberales, una moderada postura hacia la esclavitud y una condescendiente mirada sobre la poblacion de la America hispanica. Por tanto, no son los asuntos tratados en esta composicion literaria lo fundamental de ella, sino el efecto buscado con su disposicion en el periodico. El dialogo inaugura de forma amena el numero XXV de El Espanol para, a continuacion, una vez predispuestos incluso jocosamente los lectores, incluir copia de la flamante Constitucion de Cadiz, la mas liberal que se habia hecho hasta el momento en Europa. De no bastar con esto, la "Carta de Jamaica" de Simon Bolivar serviria para indicar cual fue el centro de los ataques de Blanco y por tanto el objetivo de su medio de expresion, porque en ella no se contempla que El Espanol pueda leerse como foco difusor del ideario americano sino como muestra de "la naturaleza de los gobiernos espanoles, sus decretos conminatorios y hostiles, y el curso entero de su desesperada conducta" (1985, p. 64) (9).

Alguna vez compartio Blanco la idea de que la senda de la civilizacion seguia su peregrinaje hacia occidente--"estoy cada dia mas convencido de que el momento ha llegado en el que las Artes, las Ciencias y la Felicidad que pronto van a desaparecer de Europa, se cobijaran en las colonias espanolas de America y alli floreceran hasta el mas glorioso estado de prosperidad" (Blanco White, 2010: 121)--, en su ideario, mas que nada para salvarse de los filosofos que apostaban por el Contrato Social. No conto con que las elites ilustradas de America tenian suenos parecidos, forjados en ideas y lecturas compartidas. No conto tampoco con que, en Espana, ni liberales ni conservadores iban a contemplar impasibles el ocaso territorial, ni a tolerar con paciencia las ansias emancipadoras de los criollos y mucho menos iban a amoldarse a los intereses britanicos para concederles un papel principal en el conflicto hispanico, por el que tanto habia abogado El Espanol. Descubrio, finalmente, que no habia voluntad de seguir las pautas marcadas por su periodico ni a un lado ni a otro del oceano. A finales de mayo de 1814, dos meses despues del regreso de Fernando VII al trono con renovados brios absolutistas, dispuesto a anular las reformas emprendidas por las Cortes de Cadiz y a desatar la represion sobre los liberales, Blanco le envia una carta personal a Hamilton considerando que su esfuerzo al frente del periodico no tenia valor alguno porque ya no conducia al logro de sus fines:

No hay partido en mi pais que un escritor bien intencionado pueda apoyar con la minima perspectiva de exito. Hasta ahora he atacado a los jacobinos espanoles, y deberia estar, en este momento, obligado a hacer lo mismo con los ciegos partidarios del antiguo regimen quienes, sin duda, estan apoyados por el grueso de la nacion. Pero lo que pudiera ganar contra estos, se volveria a favor del partido ahora vencido, quienes probablemente se aprovecharan de cualquier oportunidad de excitar a la sedicion y promover la anarquia, sus unicos recursos en el presente estado de cosas. En cuanto a las colonias, habiendosele restaurado la soberania al rey, no tienen pretexto para retirar su antigua lealtad, y deben someterse o estar [en] una disyuntiva en la que no veo que parte tomar sin chocar con mis principios de honor o de justicia (Blanco White, 2010, p. 273).

Esta decepcion no era nueva. Dos anos antes, en "Contestacion. A la Segunda Carta de un Americano al Espanol en Londres", en la que debatia el fracaso de la campana emprendida por el periodico para que el conflicto americano se resolviera por medio de la conciliacion arbitrada por Inglaterra, habia declarado que ya solo se dirigiria a los americanos, "que son los unicos que se muestran inclinados a oirme" (El Espanol, XXVIII, 30/VIII/1812, p. 285), pero lo cierto es que America y sus asuntos dejaran de ocupar espacios principales en el periodico desde mediados de 1812. En abril de 1813 justificaba su silencio aludiendo al escaso seguimiento practico de su doctrina, no a que el periodico hubiera dejado de tener lectores o escasearan las noticias:

No porque de algun tiempo a esta parte rara vez se nombra a la America espanola en este periodico, dejo de acordarme con frecuencia de aquellos paises verdaderamente desgraciados. Pero como las cosas se han puesto en terminos en que nadie puede oir razones por fuertes y poderosas que sean, y nada me es mas repugnante que el escribir por solo declamar, creo que lo mas util es interrumpir pocas veces este silencio (El Espanol, n. XXXVI, VI/1813: 328).

Si los limites de la libertad de expresion de Jose Maria Blanco White estuvieron, como puede apreciarse en las cartas cruzadas durante los anos de edicion de El Espanol, seriamente vigilados, cuando no dirigidos, los flancos de la verdad de su linea editorial se encuentran en el efecto que buscaba para la causa defendida, por lo que, al no producirse aquel, esta dejaba de tener importancia. Es Fernando Duran el que advierte que lo anotado en la Observation on heresy and orthodoxy -"libre de los compromisos literarios que me habian ocupado durante los cuatro anos precedentes al servicio de Inglaterra tanto como al de mi pais natal" (2005, p. 227)-, no es tanto una franqueza del autor sobre su situacion en los anos dedicados a El Espanol, como uno de los argumentos que Blanco esgrimia en 1835 para ganar "el favor del publico britanico" (pp. 227-228), mostrando "sus meritos patrioticos ingleses" (p. 228. Las cursivas pertenecen al texto). Quiza solo faltaria acotar que, si fueron "servicios", estos solo podrian haber sido del interes de las instituciones inglesas, porque desde Espana, en plena guerra de Independencia con los territorios americanos, no podian tomarse como una ayuda los continuos ataques de El Espanol a su politica y, desde America, los planes autonomistas del gusto europeo no colmarian ya sus miras emancipadoras.

Recibido: 08.04.16. Aceptado: 10.07.17.

REFERENCIAS

Blanco White, J. Ma. (1810-1814). El Espanol [Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de Espana]. Londres: Imprenta de R. Juigne.

--. (1971). Antologia. Vicente Llorens (ed.). Barcelona: Labor.

--. (1975). Autobiografia de Blanco White. Antonio Garnica (ed.). Sevilla: Universidad de Sevilla.

--. (1993). Conversaciones americanas y otros escritos sobre Espana y sus

Indias. Manuel Moreno Alonso (ed.). Madrid: Ediciones de Cultura Hispanica.

--. (2010). Epistolario y documentos. Textos reunidos por Andre Pons.

Martin Murphy (intro.). Oviedo: Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII.

Bolivar, S. (1985). Doctrina del Libertador. Agustin Mijares (prol.); Manuel Perez Vila (comp., notas y crono.). Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Brena, R. (2002). "Jose Maria Blanco White y la Independencia de America: ?una postura pro-americana?" [version electronica] Historia Constitucional (revista electronica), 3.

Duran, F. (2005). Jose Maria Blanco White o la conciencia errante. Sevilla: Fundacion Jose Manuel Lara.

Herrera Guillen, R. (2010). "Blanco White y America. La escision del mundo hispanico" [version electronica]. Scienza &Politica. Per unastoria delle dottrine, 43(22), diciembre.

Jovellanos, M. G. de (1970). Obras, I: Epistolario. Jose Caso Gonzalez (ed.). Barcelona: Labor.

Menendez Pelayo, M. (1967). Historia de los heterodoxos espanoles, 2a edic., vol.

II. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Moreno Alonso, M. (2002). Divina libertad: la aventura liberal de D. Jose Maria Blanco White, 1808-1824. Sevilla: Ediciones Alfar.

Pons, A. (2006). Blanco White y America. Oviedo: Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII.

VIRGINIA GIL AMATE *

* Profesora Titular del Departamento de Filologia Espanola de la Universidad de Oviedo. Investigadora del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII de la Universidad de Oviedo. Investigadora de la Unidad Singular de Investigacion en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante. Oviedo, Espana. Correo: vigia@uniovi.es

(1) La autobiografia de Jose Maria Blanco White, editada en 1845 en Londres por John Hamilton Thom bajo el titulo The Life of the Reverend Joseph Blanco White, written by himself with portions of this correspondence, la forman tres partes diferenciadas, la primera de ellas, Narrative of his Life in Spain and England, fue traducida y editada por Antonio Garnica bajo el titulo Autobiografia de Blanco White (Blanco White, 1975).

(2) "Blanco en Londres se dedico a emprender por su cuenta la publicacion de un periodico en espanol. Y como iba a tener por objeto defender la causa de Espana y la alianza con Inglaterra frente a Napoleon, creyo posible al principio obtener alguna ayuda del gobierno ingles. Pero no fue asi. Pudo contar, sin embargo, con otras asistencias. Lord Holland, las casa Gordon y Murphy y otras sociedades comerciales anglo-espanolas se suscribieron a numerosos ejemplares" (Blanco White, 1971, p. 2).

(3) "durante bastante tiempo fue rentable [El Espanol], aunque no dejase grandes beneficios; su distribucion fue mas amplia de la que gozase cualquier periodico espanol de su tiempo. Ahora bien, gran parte de su venta consistia en suscripciones, digamoslo asi, politicas, que contrataron el gobierno y las casas comerciales britanicas. En eso reside el autentico compromiso de El Espanol con los designios britanicos; en cuanto vieron la utilidad que les redundaba su mensaje lo apoyaron sin contemplaciones" (Duran, 2005, p. 159).

(4) Las pruebas aducidas son la carta que Blanco envio a Lord Wellesley el 25 de septiembre de 1810 (Blanco White, 2010, pp. 314-315), asi como la comunicacion interna entre Hamilton y Vaughan de 12 de mayo de 1810, en el que el primero senalaba "el caracter de ese hombre" (Blanco White, 2010, p. 362), en el original: "the character of the man" (Blanco White, 2010, p. 361), para aludir al estilo bronco o mordaz ("acrimonious" (Blanco White, 2010, p. 361)) que habian provocado las protestas de la Regencia. Para Duran, "El hombre era bien conocido: no se le podian dar consignas" (2005, p. 161), y bien puede ser asi o estar indicando un juicio que va mas alla de Blanco, afectando tanto a la perspectiva con la que la diplomacia britanica juzgaba la ideologia de los liberales (no otra era la tendencia de Blanco en los inicios de El Espanol), como a la idea que tenian de la idiosincrasia hispanica, puesto que el parrafo completo es el que sigue: "Usted en cambio sabe lo suficiente del caracter de ese hombre, las causas que defiende, y el pais para el que escribe, para hacer innecesario que yo anada nada mas" (Blanco White, 2010, p. 362). Efectivamente, la carta indica que Blanco ha escrito el primer numero sin control del Foreing Office y que en el futuro no volvera a consentirse que el periodico dane las relaciones exteriores britanicas, de ello dependera la suscripcion de 100 ejemplares que tenian contraida.

(5) Duran advierte que el Foreign Office pagaba al impresor 250 libras, las mismas que, una vez liberado del contrato con Juigne, recibira directamente Blanco (2005, pp. 162-163)

(6) "Los americanos descendientes de espanoles son naturalmente despiertos e inteligentes, pero les suele faltar principios morales y firmeza de caracter. Criados en un clima que invita al pleno disfrute de los placeres sensuales y sometidos a un gobierno que obstaculiza todo medio de cultivar las virtudes varoniles, las mejores clases de la sociedad hispanoamericana son superficiales y blandengues, en tanto que las clases mas bajas estan hundidas en el mas craso libertinaje [...]. Si hay un defecto caracteristico de todas las clases sociales es sin duda la habitual despreocupacion por las obligaciones morales. Seria inutil tratar de persuadir a las mejores clases de Hispanoamerica que los deberes morales se extienden a la politica y al gobierno: son incapaces de creer (y en esto hay que incluir a un buen numero de espanoles) que el peculado y la aceptacion de sobornos son males morales" (Blanco White, 1975, p. 199).

(7) Dos visiones dispares de este asunto pueden encontrarse en la defensa del "americanismo" de Blanco en la introduccion de Manuel Moreno Alonso a Jose Maria Blanco White (1993); y en el cuestionamiento del mismo en Roberto Brena (2002).

(8) En el original puede leerse: "Indeed I strenuosly recommend it to you to lay an embargo upon Blanco for the Foreing Office" (Blanco White, 2010, p. 363). Al dar la version espanola, la traductora senala que otra posible traduccion seria: "requise a Blanco" (365).

(9) Sin embargo, Roberto Brena considera que "la lucidez de Blanco y la informacion de la que disponia hicieron de El Espanol un punto de referencia obligado para los patriotas americanos" (2002, p. 3). Mas acertada parece la postura de Rafael Herrera Guillen al indicar, remitiendo a la "Carta de Jamaica", que "los heroes americanos lo saludaron [a Blanco] como ultima palabra de legitimacion sobre sus deseos independentistas" (2010, parr. 22).
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Author:Gil Amate, Virginia
Publication:Atenea (Chile)
Date:Sep 22, 2017
Words:10315
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