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LAS REINAS INDIGENAS: TUCAPELA EN LAS PALABRAS A LOS REYES Y GLORIA DE LOS PIZARROS Y CLARISTA EN SAN DIEGO DE ALCALA.

EN el vasto repertorio de obras teatrales del Siglo de Oro, se pueden rastrear numerosas figuras de reinas, personaje teatral que hasta hace apenas unos anos no ha despertado especial interes entre la critica, que ha orientado su atencion especialmente hacia la figura del rey. Sin embargo, las soberanas son personajes recurrentes en el teatro aureo que permiten a los dramaturgos reflexionar sobre temas candentes en la epoca como, por ejemplo, el ejercicio del poder, la dualidad corporal del gobernante (cuerpo politico y cuerpo humano) y el subsecuente debate entre amor y obligacion.

Entre todas las figuras de reinas, resultan muy interesantes las dos unicas soberanas indigenas ideadas (1) por Velez de Guevara y Lope de Vega: Tucapela, presentada en la veleciana Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros (ca. 1631) como soberana de los territorios peruanos de Puna y Tumbez, y Clarista, reina de Gran Canaria en la lopesca San Diego de Alcala (1613).

A traves de ellas, se reflexiona, entre otras, sobre las cuestiones previamente mencionadas desde una perspectiva novedosa: la del exotismo, muy del gusto de la epoca.

El dramaturgo Luis Velez de Guevara compone Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros, tal y como explica Zugasti ("Observaciones preliminares" 59-60), por encargo de este linaje trujillano que pretende recuperar su titulo nobiliario (marquesado), perdido un siglo atras por sublevacion de Gonzalo Pizarro contra la corona espanola. Esta obra de ambientacion indiana se considera, por tanto, un drama historico genealogico de caracter propagandistico mediante el que se intenta restaurar el honor de los Pizarros a traves de su presentacion sobre las tablas como hombres de palabra, valientes conquistadores y firmes catolicos.

A esta representacion mayestatica de las figuras pertenecientes a la estirpe de los Pizarro--los hermanos Francisco y Fernando--contribuye Tucapela, cacica ideada por Velez que interactua con ambos personajes, hacia los que siente amor y odio. Se trata de una soberana indigena cuyo nombre evoca el territorio chileno de Tucapel, en el que se desarrollo en 1553 la famosa batalla de Tucapel, donde los indios mapuches derrotaron a los espanoles (Huneeus Perez 41). Esta cacica es la encargada de gobernar los pueblos de Puna y Tumbez, territorios peruanos heredados de su padre. Asi dice Tucapela:
   Es mi nombre Tucapela.
   Heredera me dejo
   de Tumbez tambien mi padre,
   que se llamo Lepovia, (2)
   que del Inca descendia
   por la linea de su madre. (vv. 724-29)


Esta informacion que transmite Tucapela a don Francisco Pizarro sobre sus origenes cumple dos funciones esenciales: 1) revelar su identidad como mujer indigena poderosa; 2) engrandecer su propia figura al presentarse como descendiente de una estirpe poderosa de incas.

Este poder de Tucapela se manifiesta, sobre todo, en su ardor guerrero, ya que decide lanzarse contra los conquistadores espanoles al ser rechazadas, tanto por Francisco como por Fernando, sus reiteradas insinuaciones lascivas. De esta forma, se muestra a la reina indigena como una mujer de actitud libidinosa, comportamiento recalcado por el dramaturgo para transmitir de manera diafana el tremendo choque cultural entre dos mundos: Tucapela se presenta como una mujer que ajusta su comportamiento a unos parametros culturales opuestos a los de los conquistadores. Para esta soberana indigena no existen ni la idea de castidad ni la opcion del matrimonio, puesto que el aspecto espiritual y legislativo que rige la union de dos personas en el Viejo Mundo no se contempla en el contexto social y cultural de la soberana indigena. Esta, junto al resto de figuras indianas, solo se mueve por sus instintos y apetencias.

Movida precisamente por un fuerte sentimiento de despecho, Tucapela reune a todo su ejercito y establece una alianza con el poderoso inca Atabaliba, personaje historico conocido tambien como Atahualpa, que fue ejecutado en Cajamarca (al norte de Peru) en 1533. Los dos poderosos indigenas se comprometen a batallar unidos contra los guerreros espanoles:
TUCAPELA   Con aquesta hazana vengo
           a tus pies; dame licencia
           que los bese y te acompane
           en la batalla sangrienta
           de estos estranjeros locos,
           del sol mariposas ciegas,
           que tengo sedienta el alma
           de su sangre en tu defensa. (vv. 2259-66)


El inca Atabaliba responde ensalzando a la soberana:
ATABALIBA   Tucapela, tu valor
            merece la misma esfera
            que ocupo. Llega a mis brazos. (vv. 2267-69)


Este valor de Tucapela que tanto admira al inca Atabaliba es uno de los rasgos destacados de la soberana indigena, manifestado tambien en el uso de un arcabuz, que emplea para intentar asesinar a Francisco. Junto al arma de fuego, la reina Tucapela tambien aparece en escena portando arco, aljaba y flechas, instrumentos de defensa y ataque caracteristicos de los personajes indigenas (acotacion al verso 637). A estos atributos se unen las plumas, otro elemento imprescindible para caracterizar la figura teatral del indio. Efectivamente, como afirma Simson: "El rasgo decisivo del indio entonces eran las plumas que todos llevaban en las comedias tanto como en las procesiones festivas. Y la mayoria de ellos tambien llevaba arcos y flechas" (171).

Mediante este caracteristico atuendo, Velez de Guevara no solo pretende reflejar claramente el origen indio de la soberana, sino que su intencion es tambien subrayar la correlacion entre esta figura femenina poderosa y America, personaje que interviene cuando desaparece la cacica huyendo de Francisco Pizarro: "Tocan clarin, abren una pena, y aparece America que la podra hacer la que hace a Sirena, con una media mascarilla dorada, y alrededor por tocado plumas rojas, y un sol en los pechos, con aljaba y flechas, y sobre un delfin tocando una trompeta" (acotacion al verso 850).

En cuanto a su personalidad, la cacica Tucapela presenta un caracter basado en la contradiccion y en los opuestos, al aunarse en su figura rasgos positivos y rasgos negativos. Uno de esos atributos positivos es el de la belleza, que deslumbra, en primer lugar, a Francisco, quien al encontrarse con ella exclama asombrado: "Pero que prodigio hermoso / de beldad barbara veo?" (vv. 637-638). De una forma muy similar reacciona su hermano Fernando, que rescata a la hermosa cacica de morir ahogada al huir de los ataques de una tribu antropofaga: " Tierna, barbara y hermosa, / puede a Venus competir / que del salado zafir / nacio a Chipre reina y diosa!" (vv. 1474-1477).

Esta referencia a Venus, diosa romana del amor, es un recurso que emplean con asiduidad los dramaturgos para subrayar la hermosura de las reinas (Cleopatra en Los tres senores del mundo, Antiopia en Las mujeres sin hombres o Diana en El rey en su imaginacion, por poner tan solo tres ejemplos). De esta forma, se enfatiza el rasgo sine qua non de toda soberana--la hermosura--y su relacion con el elemento de la divinidad debido a la dualidad corporal de toda figura regia: cuerpo humano mortal y cuerpo politico inmortal y trascendente.

Como se puede apreciar, la exclamacion inicial de Fernando Pizarro, " Tierna, barbara y hermosa!" (v. 1474), incluye atributos presentes en la intervencion previa de su hermano: " Que prodigio hermoso / de beldad barbara veo?" (vv. 637-638). En ambos casos, se evidencia una combinacion en la soberana indigena de cualidades positivas--hermosura y ternura--y cualidades negativas--barbara--:

La dualidad moral de beldad/maldad, o bien/mal, se transmite linguisticamente en los epitetos oximoronicos aplicados a Tucapela. Segun los espanoles, Tucapela es una "beldad barbara" (v. 638), "la barbara" (vv. 702, 791, 841, 2138), "mujer, aunque india sea" (v. 1455), "tierna barbara y hermosa" (v. 1474), "india notable [...] gallarda [...] infiel" (vv. 1678-80), "gentil" (v. 1978), "india bizarra" (v. 2512), y "fiera" (v. 2164). Por medio de la yuxtaposicion de los atributos positivos--bella, tierna, gallarda, notable, bizarra--con cualidades negativas--barbara, infiel, gentil, fiera--se percibe a la india como una figura contradictoria, una hibrida que encarna simultaneamente lo humano y lo bestial. (Dille 42)

Este caracter contradictorio de Tucapela se manifiesta, igualmente, en su comportamiento hacia los hermanos Pizarro. Primero, la reina indigena muestra su atraccion hacia los nuevos seres que se presentan ante ella; no obstante, tras ser rechazadas sus lascivas sugerencias por Francisco y por Fernando, parapetados en sus creencias religiosas, la soberana opta por la violencia contra los conquistadores a modo de venganza y como defensa de su tierra.

Asi pues, en la primera jornada, cuando se desmienten las impresiones iniciales de Tucapela, que juzgaba a Francisco como una divinidad--"Como eres hijo del cielo, / ningun recelo me das" (vv. 672-673)--, y tras sentirse herida por su rechazo, decide acabar con la vida del conquistador espanol: "Hombre es como los demas /, humano, pues a la calma / del sueno ha rendido el alma / [...]. / Quiero matarle y librar / con su muerte de esta ofensa / mi tierra" (vv. 754-56 y 770-72).

La reina indigena vuelve a hacer explicito este objetivo mortal en el ultimo acto, al coincidir nuevamente con Francisco (vv. 2035-38), quien la rechaza de nuevo escudandose, como se ha apuntado antes, en su religion: "Perdoname, que no puedo / hacer menos en defensa / del alma, que con huir / se vencen estas empresas" (vv. 2039-42).

Tras este suceso, Tucapela queda sola en escena lamentandose por la marcha del conquistador espanol y clamando venganza contra el, mientras contempla un retrato de la Virgen que le ha dejado Francisco en su huida. La soberana cree que se trata de su amada, por lo que se enciende en celos:
Tucapela   Despues de quitarme el alma,
           los sentidos, las potencias,
            por otra mujer se abrasa,
           por otra mujer se niega?
            Loca estoy! Estos sin duda
           son celos, pasion mas fiera
           que el amor. No mintio el falso,
           que del alma infiernos eran. (vv. 2087-94)


No obstante, a pesar de este encendido monologo, la reina indigena no puede evitar reconocer un sentimiento positivo hacia la hermosa mujer de la imagen:
Tucapela   Perdonadme, imagen bella,
           que tengo celos de vos,
           aunque siempre que os contemplan
           los ojos, templais del alma
           tantas ansias, tantas quejas.
           Parece que os ofendeis,
           y con razon, que me atreva
           a tener celos de tanta
           soberana beldad vuestra.
           Justamente contra mi
           rayos vuestros ojos flechan. (vv. 2096-2106)


Esta imagen de la Madre de Dios provoca en la cacica una extrana turbacion, en la que se mezclan el encendido arrebato de los celos con la serenidad ante la contemplacion de la bella dama. Sin embargo, a pesar de esta inclinacion de Tucapela hacia la Virgen Maria, que anticipa su conversion al catolicismo, la soberana indigena sigue dejandose vencer por su caracter violento: "Que tengo sedienta el alma / de su sangre" (vv. 2265-66). Una actitud furibunda que se remarca, en primer lugar, a traves de las palabras de la propia reina, que se refiere a si misma de manera implicita como serpiente, animal asociado al pecado y la maldad: (3) " Dejame, Espanol, que voy / vertiendo veneno!" (vv. 2163-64a). Acto seguido toma la palabra el gracioso Galvan, quien compara a la despechada y celosa Tucapela con una fiera: "Fiera / no se iguala a una mujer / despreciada" (vv. 2164b-66).

Tras una renida batalla, los espanoles resultan victoriosos y apresan a los indigenas, que son presentados en Espana ante el emperador Carlos V y su esposa, la emperatriz Isabel. A la cabeza aparece Tucapela, convencida de la verdad de la doctrina catolica y deseosa de ponerse a disposicion del emperador espanol y recibir el bautismo junto al resto de caciques y guerreros indigenas: "El bautismo / yo y los demas aguardamos" (vv. 2513-15).

Mediante esta peticion de la soberana indigena se pretende mostrar la rendicion voluntaria del Nuevo Mundo, que renuncia a su estado de barbarie, acepta la fe catolica y se somete a la recta justicia de la monarquia espanola, tal y como asevera Dille: "La legitimidad de la causa espanola se manifiesta en que los mismos indigenas confiesan sus errores pasados y voluntariamente se someten al emperador" (47).

En definitiva, la soberana Tucapela emerge en esta obra como encarnacion de los indigenas del Nuevo Mundo y como figura alegorica del territorio recien descubierto. A traves de ella se evidencia el proceso de evolucion del que es objeto las Indias, de acuerdo al criterio de los conquistadores del Viejo Mundo: el continente americano pasa de un estado de barbarie (enfatizado por el caracter depravado y violento de Tucapela) hasta un estado de civilizacion, logrado a traves de la batalla y reforzado mediante la religion (sometimiento y conversion de la soberana). Tucapela, de esta forma, representa el rendido continente, que jura lealtad a Carlos V y renuncia a la idolatria.

Asimismo, la funcion de Tucapela, de acuerdo al caracter propagandistico de la obra al que se ha aludido al inicio, es ensalzar a la familia Pizarro, representada a traves de Francisco y Fernando como leal a la corona y firme en la fe catolica. Para reforzar este encumbramiento, Velez de Guevara recurre al efectivo recurso del contraste con la indigena Tucapela: frente a la disoluta y vengativa actitud de la reina, sobresale la firmeza y lealtad de los Pizarros.

Ya por ultimo, la figura teatral de la reina indigena Tucapela aporta el tono exotico caracteristico de toda obra que presenta una trama argumental sobre el Nuevo Mundo, ademas de permitir introducir diversas referencias al proceso de adoctrinamiento y evangelizacion en el misterioso continente americano.

Por su parte, Clarista, la otra reina indigena localizada entre las obras teatrales aureas, interviene en San Diego de Alcala, comedia hagiografica de Lope de Vega que dramatiza la vida de este santo sevillano del siglo xv. Si bien esta soberana de Gran Canaria dista mucho de ser tan importante como Tucapela, pues asume un papel secundario e interviene exclusivamente en el segundo acto, desempena varias funciones relevantes y coincidentes con las de la cacica peruana.

En primer lugar, Clarista aparece en escena como una reina "barbara, toda coronada de plumas, con un arco" (acotacion al verso 1166), que persigue a un ciervo. Este atuendo--plumas y arco--marca el origen indigena de la soberana, mientras que su dedicacion a la caza enfatiza su caracter belicoso. Lope, por tanto, a traves de la soberana, situa la accion en un contexto exotico (ambientacion de caracter indiano) y violento (capacidad guerrera).

Acto seguido, como suele ser recurrente en muchas figuras regias femeninas, la soberana canaria muestra debilidad como mujer: se debate entre sus sentimientos amorosos, que la inclinan al vasallo Lisoro, y sus obligaciones como reina, que le exigen desposarse con su igual, el principe indigena Tanildo, quien cansado de sus desprecios, la nombra como fiera ("Por aqui pienso que fue, / y fue siguiendo una fiera, / como si mas fiera hubiera / que en su condicion se ve", vv. 1196-99). En mitad de una discusion de amores, adornada con un baile aborigen ofrecido por el sequito de la soberana (una vez mas, se enfatiza el ambiente exotico), aparece un guerrero que advierte de la llegada de intrusos espanoles. En ese momento, la reina vuelve a recuperar su caracter aguerrido lanzandose sin demora a la batalla:
Lisoro      Asi me dejas?

Clarista                  Que quieres?
           Los espanoles lo causan;
           que es infamia hablar de amores
           en tiempo de guerra y armas. (vv. 1382-85)


A traves de esta brevisima pero intensa presencia de Clarista, Lope resalta el paraje exotico y el pueblo hostil, liderado por la reina canaria, al que arriban los conquistadores y evangelizadores espanoles. Asimismo, el dramaturgo remarca la ardua tarea del misionero franciscano san Diego, quien logra, enarbolando la cruz y a traves de sus obras, convertir a los barbaros aborigenes de Gran Canaria, como recuerda fray Alonso: "Grande provecho hacia / entre los fieros barbaros canarios; / que a muchos convertia / con viva voz y con ejemplos varios" (vv. 1602-05).

Se puede concluir, por tanto, que la breve aparicion de Clarista en esta comedia de santos responde a la necesidad del dramaturgo de senalar el territorio hostil--Gran Canaria--, donde desempena una de sus misiones el santo franciscano, asi como la fiereza de los habitantes que en el se encuentran--barbaros aborigenes--, liderados por Clarista y alejados por completo de la doctrina cristiana.

De acuerdo a lo expuesto, se puede afirmar que estas dos reinas indigenas presentan concomitancias y desempenan funciones similares: tanto Tucapela como Clarista aparecen en escena con el atuendo caracteristico de los indios (plumas y arco), lo que permite marcar el tono exotico de las obras. Asimismo, ambas reinas son comparadas con fieras, recurso mediante el que se recalca su caracter violento. Este rasgo de hostilidad se refuerza al ser presentadas sobre las tablas, o bien en plena batalla--como sucede con Tucapela--, o bien ejerciendo la caza, que es trasunto del arte de la guerra, y lanzandose sin demora a la batalla--tal y como ocurre con Clarista--. Por ultimo, tras el fallido ataque contra los conquistadores espanoles, se produce la rendicion y redencion, explicita en el caso de Tucapela--solicita el bautismo--e implicita en el de Clarista--es fray Alonso quien refiere las numerosas conversiones de barbaros logradas por san Diego--. En ambas piezas teatrales, la barbarie, encarnada en las reinas, deja paso a la civilizacion, personificada en los conquistadores y evangelizadores cristianos, que logran el sometimiento y conversion de estas dos soberanas indigenas.

OBRAS CITADAS

Dille, Glenn F. "Introduccion." Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros, edited by William R. Manson and C. George Peale, Juan de la Cuesta, 2004, pp. 13-48.

Fournival, Richard. Bestiario de amor. Miraguano Ediciones, 1980.

Huneeus Perez, Andres. Historia de las polemicas de Indias en Chile durante el siglo XVI, 1536-1598. Editorial Juridica de Chile, 1956.

Simson, Ingrid. "Poder y amor en La aurora en Copacabana de Calderon." Deseo, sexualidad y afectos en la obra de Calderon, edited by Manfred Tietz, Franz Steiner, 2001, pp. 167-79.

Vega Carpio, Lope de. San Diego de Alcala. Edited by Thomas E. Case, Reichenberger, 1988.

Velez de Guevara, Luis. Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros. Edited by William R. Manson and C. George Peale, Juan de la Cuesta, 2004.

Zugasti, Miguel. "Observaciones preliminares y notas bibliograficas." Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros, edited by William R. Manson and C. George Peale, Juan de la Cuesta, 2004, pp. 49-86.

--. "Vision de America y de la conquista del Peru en Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros de Luis Velez de Guevara." Ecija, ciudad barroca (IV y V), Excelentisimo Ayuntamiento de Ecija, 2009, pp. 43-89.

Zuniga Lacruz, Ana. Mujer y poder en el teatro espanol del Siglo de Oro: la figura de la reina. Reichenberger, 2015.

ANA ZUNIGA LACRUZ

TriviUN--Universidad de Navarra

(1) Se califica como reina ideada a aquella soberana que emerge de una idea del dramaturgo, o bien asentada en una base historica, o bien completamente inventada. Para profundizar en esta denominacion, se puede consultar Zuniga Lacruz.

(2) Nombre tomado por Velez de la tradicion araucana, que no incaica, segun apunta Zugasti ("Vision de America" 67-68).

(3) Para profundizar en esta idea, vease Fournival 25.
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Article Details
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Author:Zuniga Lacruz, Ana
Publication:Romance Notes
Article Type:Critical essay
Geographic Code:4EUSP
Date:Jan 1, 2019
Words:3101
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