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LA IRREALIZACION DE LA CONCIENCIA COMO PRESUPUESTO DE LA LIBERTAD: UNA APROXIMACION A LOS ESCRITOS SARTRIANOS SOBRE LA FENOMENOLOGIA DE LA IMAGEN.

THE UN-FULFILLMENT OF CONSCIOUSNESS AS AN ASSUMPTION OF FREEDOM: AN APPROXIMATION TO THE SARTREAN WRITINGS ABOUT THE PHENOMENOLOGY OF THE IMAGE

Introduccion

La concepcion fenomenologico existencial de la libertad humana encuentra, en la obra filosofica de Jean-Paul Sartre, tres momentos claramente discernibles.

En primer lugar, la libertad humana aparece insinuada como un problema filosofico en los escritos tempranos del treinta (L'imagination y L'imaginaire). El tratamiento que recibe la libertad en esta etapa primigenia del pensamiento sartriano es consecuencia indirecta del estudio de otras inquietudes filosoficas. Las preguntas por la imaginacion y la subjetividad terminaran desembocando en la cuestion de la libertad. En segundo lugar, en 1943, fecha en que aparece L'etre et le neant, la libertad entra a ocupar un papel protagonico en la filosofia de nuestro autor. Los planteamientos de El ser y la nada serian simplificados, en 1945, en L'existentialisme est un humanisme, en el que aclara algunos malentendidos que se seguian de la dificil lectura de la obra del 43. Finalizada la Segunda Guerra Mundial y en los albores del giro sartriano hacia el marxismo, se presenta un tercer momento, ya oclusivo de la fenomenologia de nuestro autor, en el que Sartre comienza a replantear su postura sobre la libertad. Este transito se hace patente, como un proceso de indefinicion permanente, en los Cahiers pour une morale, en los cuales se recogen diversas notas fechadas entre 1947 y 1948, las cuales estaban llamadas a integrar un tratado etico que Sartre nunca estimo listo para su publicacion.

Al diferenciar estos tres momentos en la concepcion de nuestro autor, en el presente articulo nos ocupamos del primero de ellos y, puntualmente, exploramos como la nadificacion (1) de lo real de la conciencia constituye una premisa necesaria para comprender las derivas posteriores de la filosofia sartriana. Asi las cosas, y contrario a lo que habitualmente se cree, el existencialismo fenomenologico se desarrollo progresivamente. Por esta razon, para entender la concepcion fenomenologica existencial de la libertad humana es preciso adentrarnos en los escritos sobre la fenomenologia de la imagen, en donde esta echa raices. La originalidad de este articulo, en este sentido, viene dada por la relectura de estos textos en clave del problema de la libertad humana, pues, con frecuencia, su utilizacion ha estado signada, exclusivamente, a la reflexion sartriana a proposito de la imagen.

En este orden de ideas, conviene empezar por el principio: ?cual fue el gran aporte de Sartre a la filosofia francesa contemporanea? Las voces autorizadas de Deleuze y Badiou nos parecen, en este punto, acertadas:

Deleuze siempre saludo en Sartre a aquel que habia despertado a la filosofia francesa de los anos treinta / cuarenta de su sopor academico. Veia el origen de todo en el articulo "La trascendencia del Ego", de 1937. ?Por que? Porque, en ese texto, Sartre proponia la idea--cito a Deleuze--de un "campo trascendental impersonal, que no tiene la forma de una conciencia personal sintetica o de una identidad subjetiva--cuando el sujeto, por el contrario, esta siempre constituido"--. (Badiou 403)

Al comentario suscrito por Deleuze y Badiou habria que agregarle un matiz. El merito de Sartre fue haber nadificado la conciencia, constituyendola no solo en un campo trascendental impersonal, sino, tambien, en un campo trascendental irreal. Asi, el proceso de nadificacion responde a dos esfuerzos complementarios que es posible identificar en los escritos del treinta: la descosificacion de la conciencia a traves de la fenomenologia de la imagen (irrealizacion) y la despersonalizacion de la conciencia a traves de la fenomenologia de la subjetividad (2). Esta doble nadificacion define el hapax sartriano.

De esta manera, profundizando en el primero de estos esfuerzos, el proposito de este articulo es abordar como, de la mano de la fenomenologia husserliana, Sartre afinca las bases ontologicas de la libertad humana en el campo irreal de la conciencia. Sin cosas, la conciencia, nadificada, es libre.

El desarrollo de esta hipotesis de trabajo se realizara conforme al siguiente orden: en primer lugar, analizaremos la influencia de los conceptos de intencionalidad y espontaneidad de la conciencia en La imaginacion. En segundo lugar, y a partir de Lo imaginario, delimitaremos el problema de la conciencia imaginante, los limites trazados por el determinismo y el fatalismo, para asi afirmar el primado de la libertad y sus repercusiones eticas en escenario de la conciencia realizante. En tercer lugar, centraremos nuestra atencion en el nexo entre libertad e imaginacion, el cual tiene ocasion en el campo trascendental e irreal que es la conciencia. Finalmente, esbozaremos algunas conclusiones en lo que respecta a la irrealizacion de la conciencia como presupuesto de la concepcion fenomenologico-existencial de la libertad humana.

Para cerrar esta introduccion, hay que decir que aqui se presenta el resultado de una investigacion documental que tiene por referente principal las obras sartrianas sobre la fenomenologia de la imagen. Se emplea la hermeneutica como metodo general de la investigacion, y este constituye, pues, un resultado del proyecto de investigacion doctoral en el que los autores son, respectivamente, director y estudiante.

1. Intencionalidad y espontaneidad en La imaginacion

Sartre conoce la fenomenologia siendo apenas un estudiante universitario. Entre 1926 y 1927 elabora una memoire, de casi trescientas paginas, escrita bajo la direccion de Henri Delacroix (1873-1937), y que llevaba por nombre: <<L'image dans la vie psychologique : role et nature>>. Las reflexiones sartrianas sobre la imagen serian publicadas, anos despues y con un enfasis marcadamente fenomenologico, en L'imagination (1936) y L'imaginaire: psychologie phenomenologique de l'imagination (1940). Estas dos obras deben leerse en clave del interes sartriano por descosificar la conciencia y, a la larga, por hacer de la conciencia pura libertad. Consideramos, pues, que, sin forzar el pensamiento de nuestro autor, los estudios sartrianos sobre la imaginacion anticipan, en relacion con la libertad humana, reflexiones que luego seran pulimentadas en sus escritos de madurez.

En todo caso, los primeros fundamentos onto-fenomenologicos que nos parece importante destacar aparecen delineados, a grandes rasgos, en La imaginacion. Aunque el inicio de su escritura data de 1926, esta obra seria publicada diez anos despues, y ella parte de la siguiente premisa: En ningun caso mi conciencia podria ser una cosa, porque su modo de ser en si es precisamente un ser para si. Existir, para ella, es tener conciencia de su existencia. Aparece como una pura espontaneidad frente al mundo de las cosas que es pura inercia. Podemos, pues, establecer desde un comienzo dos tipos de existencia: en efecto, las cosas en cuento inertes escapan del dominio de la conciencia; su inercia las salvaguarda y preserva su autonomia. (Sartre, L'imagination 1)

Esta idea constituye, si se quiere, el punto de partida de la primera obra filosofica sartriana (3). Es, tambien, una invitacion a descosificar la conciencia, esto es, a eliminar en ella todo residuo que pueda constituir un lastre para la libertad. La imagen no es una "cosa" que pueble nuestra conciencia. Sartre se opone aqui al cosismo materialista que insistia, para la epoca, en la fuerza de las cosas en relacion con la conciencia. Se trata, pues, de una critica explicita al pensamiento de Bergson. De esta forma, la tesis principal que se defiende en La imaginacion es: "No hay, no podria haber, imagenes en la conciencia. Pero, la imagen es un tipo de conciencia. La imagen es un acto y no una cosa" (Sartre, L'imagination 162). La imagen es el noema (sentido) de la noesis (realidad psiquica) que llamamos imaginacion. Y, como cualquier noema (pensamiento, acto, percepcion, etc.), la imagen no tiene nada de real, toda vez que su sentido noematico se reduce a ser el correlato necesario de la noesis.

Para Sartre, es claro que en la conciencia no hay nada. Las consideraciones precedentes le permiten a Sartre profundizar en un postulado husserliano que, digamoslo desde ya--y en esto coincidimos con Waldenfels (69)--, sera la piedra de toque de toda su onto-fenomenologia: la intencionalidad. Si la imagen es un tipo de conciencia y no una cosa, tenemos, entonces, que, como conciencia, "La imagen es conciencia de algo" (Sartre, L'imagination 162). La intencionalidad, como intraestructura de la conciencia, obliga a distinguir entre el ser-para-si de la conciencia de aquello en-si de lo cual se tiene conciencia. Por ello, sostiene Sartre, todo objeto de la conciencia esta por principio fuera de la conciencia y, en este sentido, es trascendente. Nada esta en la conciencia a manera de atadura, cosa, fundamento o esencia intima. Con relacion a ella, todo esta en el mas puro afuera (dehors).

De esta manera, el vacio constitutivo de la conciencia intencional sera el terreno propicio para el cultivo de la libertad. Esto nos remite a otro hallazgo fenomenologico de vital importancia para la libertad: la espontaneidad de la conciencia. La conciencia, en tanto que ser-para-si, puede definirse como pura espontaneidad. La conciencia es espontanea porque se determina por si misma a existir. Existe por si y para si, de suerte que existir, para una conciencia, es tener conciencia de que existe (Ibid. 126). Esta espontaneidad, que sobre todo se pone a prueba en la conciencia imaginante--aunque no exclusivamente en ella--, sera un rasgo distintivo de la libertad humana en su concepcion fenomenologico existencial. La conciencia es libre porque es espontanea y, al reves, es espontanea porque es libre.

La intencionalidad y la espontaneidad de la conciencia nos ponen en presencia de la nadificacion. La conciencia, vacia, no necesita de nada distinto para fundamentarse a si, y es, en consecuencia, una nada creadora. ?Adonde se dirige Sartre con todo esto? A evaluar la aplicacion de estos conceptos en el campo de la imaginacion.

Asi, ya en las ultimas lineas de La imaginacion se deja entrever la mas fundamental de las inquietudes sartrianas: la libertad. Sartre pone a prueba la intencionalidad y la espontaneidad de la conciencia en la conciencia que imagina. Advierte, en este sentido, que la conciencia imaginante, por su propia intencionalidad y espontaneidad, implica la mas absoluta de todas las libertades. De tal manera que, por principio, la imaginacion es libertad. De este modo, es posible verificar un nexo inescindible entre libertad e imaginacion. De alli la necesidad de descosificar la conciencia y asumirla como una realidad intencional y espontanea. Asi, la imaginacion, como realidad psiquica, nos permite trascender lo dado, es un intento por superar la fuerza de las cosas, es un esfuerzo por vencer lo imposible dado a traves de lo posible imaginario. Por esta razon, como afirma Sartre, "Si se sustrae, en efecto, la imagen a la conciencia, se le quita a esta ultima toda su libertad" (Ibid. 128).

Estas ideas seran abordadas, con mayor detalle, en otra obra sartriana que se deriva de sus estudios universitarios: L'imaginaire : psychologie phenomenologique de l'imagination (1940) (4).

2. Conciencia, fatalismo y determinismo en Lo imaginario

En Lo imaginario Sartre retoma, como punto de partida, el concepto de espontaneidad, para destacar, asi, el potencial creativo de la conciencia imaginante. Este potencial se sobrepone a cualquier tipo de contenido cosificante que haga del sentido noematico algo ya establecido. Por esta razon, Sartre insiste en la homologacion entre espontaneidad y libertad: "La sintesis imaginada esta acompanada por una conciencia muy fuerte de espontaneidad, podria decirse que de libertad" (Sartre, L'imaginaire 45). La conciencia imaginante nos conduce al nucleo central de la libertad.

A partir de aqui nuestro autor diferencia entre conciencias libres y conciencias encadenadas. Mientras que la conciencia imaginante es libre, la conciencia hipnagogica que se experimenta en los estados de somnolencia se encuentra encadenada y fatalmente constrenida a realizar todas sus intenciones. En el mundo imaginario de la conciencia hipnagogica no tiene sentido hablar de posibilidades y, en este sentido, la conciencia hipnagogica no es libre porque ella se situa al margen del mundo real. De esta manera, se vera aplastada por una sucesion noematica de imagenes que ella misma no puede controlar en tanto que le son fatales. Dicha fatalidad desdibuja por completo su espontaneidad y, con ella, su libertad.

En este punto de la discusion Sartre distingue dos conceptos de vital importancia para la comprension fenomenologico-existencialista de la libertad humana: el fatalismo y el determinismo. Esta diferencia es relevante puesto que, a juicio del filosofo frances, es el fatalismo--y no el determinismo--el que se opone, en terminos antinomicos, a la libertad humana:

El caracter esencial de la conciencia encadenada nos parece que es la fatalidad. El determinismo--que de ninguna manera se podria aplicar a los hechos de la conciencia--plantea que, al darse tal fenomeno, tal otro tiene que seguir inmediatamente. El fatalismo plantea que tal acontecimiento tiene que ocurrir y que es este acontecimiento futuro el que determina la serie que llevara hasta el. Lo contrario de la libertad no es el determinismo, sino el fatalismo. Hasta puede decirse que la fatalidad, incomprensible en el mundo fisico, esta por el contrario perfectamente en su lugar en el mundo de la conciencia. (Ibid. 68)

La distincion entre determinismo y fatalismo es importante porque, en suma, la libertad del ser-para-si de la conciencia solo puede verse restringida por la fatalidad. Por lo anterior, seria incorrecto afirmar que la conciencia esta determinada por la fuerza de las cosas. La fuerza de las cosas opera en un entramado de leyes causales que corresponden a otra region gobernada por el determinismo: el ser-en-si. La conciencia, de esta manera, no se deja determinar por las leyes causales de la historia, precisamente, porque se situa en ella, es decir, porque la historia solo es historia en tanto que se tiene conciencia de ella. En este sentido, no se debe confundir el ser-para-si de la conciencia con el ser-en-si de las cosas. Mientras que la conciencia esta-en-el-mundo, las cosas lo estan en-medio de el. Es por esta razon que el determinismo no puede incidir en el plano de la conciencia.

Por el contrario, como antipoda de la conciencia hipnagogica (encadenada), la conciencia imaginante, libre de cualquier tipo de fatalismo, es ella misma libertad. Al imaginar podemos tocar la imagen, jugar con ella como algo irreal, bastando para ello que nosotros mismos nos irrealicemos. Para este tipo de conciencia las imagenes lo son sin apremios ni apuros, no reclaman de la conciencia ninguna conducta, porque, senala Sartre, son "pura pasividad, esperan. La debil vida que les insuflamos proviene de nosotros; de nuestra espontaneidad" (Ibid. 162). En la conciencia imaginante se pone en juego la mayor de las libertades. La libertad del para-si que esta en capacidad de negar, radicalmente, al ser-en-si. Por ello mismo, que la libertad se experimenta, radicalmente, en la pobreza ontologica del ser-para-si.

Ahora bien, las consideraciones precedentes no se pueden replicar de forma acritica y descontextualizada al campo moral. La libertad de la conciencia imaginante no es, en principio, una libertad que tenga relevancia para efectos morales. No por ello la conciencia imaginante deja de ser libre, sino que, mas bien, no puede entenderse como moralmente libre. En efecto, al adoptar una conciencia imaginante el hombre huye de lo real y de la presencia como forma de lo real. Por ello, solo mediante la creacion de un mundo ficticio es posible evadir, por ejemplo, las adversidades. Pero la fenomenologia no es promotora de una vida ficticia, sino, por el contrario, de una vida comprometida con la facticidad. Por esta razon, evasiones imaginarias de esta naturaleza, aunque libres, no pueden considerarse como morales e, incluso, habria que considerarlas como senas de mala fe.

Este no es un hallazgo menor. Es un aspecto fundamental de la concepcion fenomenologico existencial de la libertad humana, puesto que, para el Sartre de las obras del treinta (5), no tiene sentido hacer de la etica una estetica de la existencia (6). Lo imaginario, estetico, no puede codificarse en terminos morales. La moral solo encuentra sentido en el campo de la conciencia realizante:

Se puede concluir de estas observaciones que lo real nunca es bello. La belleza es un valor que nunca se podria aplicar mas que lo imaginario y que comporta la nadificacion del mundo en su estructura esencial. Por eso es estupido confundir a la moral con la estetica. Los valores del Bien suponen el estar-en-el-mundo, apuntan a las conductas en lo real y estan sometidos ante todo a lo absurdo esencial de la existencia. Decir que se "toma" ante la vida una actitud estetica es confundir constantemente lo real y lo imaginario. (Ibid. 245)

De esta suerte, las bases de la moral sartriana deben rastrearse, primigeniamente, en los escritos de la decada del treinta referidos a la fenomenologia de la imagen. No para hacer de la libertad de la conciencia imaginante una libertad moral, sino, por el contrario, para diferenciarla de la conciencia realizante. La conciencia realizante y su sentido etico noematico no pueden confundirse con la conciencia imaginante y su sentido estetico-noematico. Hacerlo no solo seria mezclar lo imaginario con lo real, sino, tambien, admitir la evasion imaginaria como moralmente justificada. Asi, mientras que la conciencia imaginante es una alternativa escapatoria que le permite al hombre librarse de la pesadez del mundo, la conciencia realizante se compromete, permanente, al estar-en-el-mundo.

De esta manera, si bien la libertad es, tambien, propia de la conciencia imaginante, no se trata, como hemos visto, de una libertad moral. Porque el terreno de la moral es el terreno de una conciencia situada en-elmundo y no, al estilo de la conciencia imaginante, de una conciencia anti-mundo. En ambos casos la conciencia es libre porque esta referida a un mundo, bien sea por estar en el, ora por negarlo. Pero, a su turno, solo tiene sentido hablar de libertad moral en el tipo de conciencia que, ademas de referirse al mundo, lo realiza.

En todo caso, la descosificacion de la conciencia es un presupuesto necesario de la libertad. La conciencia imaginante del anti-mundo y la conciencia realizante en-el-mundo son libres porque no son cosas. Al contrario, una conciencia en-medio-del-mundo, una conciencia cosificada--impensable por demas--, dejaria de ser libre--al igual que sucede con la conciencia hipnagogica--. Una conciencia cosificada no podria imaginar en tanto que, sujeta a lo dado, habria perdido la capacidad de irrealizar el mundo (7). Menos aun, tampoco podria realizar el mundo puesto que ella se encontraria en medio de un mundo yarealizado. En ambos casos, la conciencia cosificada ha extraviado su perspectiva. Esta conciencia, atascada en-medio-del-mundo, ya no puede tomar distancia de el, descuidandolo por completo. Ante la incapacidad de alejarse para realizar o irrealizar el mundo, la conciencia cosificada solo encuentra fragmentos de mundo (Ibid. 234). La conciencia cosificada anda a tientas en-medio-del-mundo, de modo tal que la perdida de distancia le impide relacionar estos fragmentos en la sintesis mundana.

Lo hasta aqui dicho nos ha permitido llegar a un lugar de no retorno. En la conciencia imaginante Sartre ha descubierto la mas radical de todas las libertades. Por ello, Sartre podra afirmar que la conciencia es libre porque es conciencia--y no cosa--:

Pero aqui se imponen varias observaciones: ante todo hay que considerar que el acto de proponer al mundo como totalidad sintetica y el acto de "tomar perspectiva" en relacion con el mundo no son mas que uno y el mismo acto. Si podemos usar una comparacion, el pintor impresionista lograra el conjunto "bosque" nenufares de la multitud de pequenos toques hechos en la tela precisamente colocandose a una distancia apropiada del cuadro. Pero, reciprocamente, la posibilidad de constituir un conjunto esta dada como la estructura primera del acto de tomar perspectiva. Basta, pues, con poder proponer la realidad como un conjunto sintetico para proponerse como libre en relacion a ella, y esta superacion es la libertad misma, porque no se podria efectuar si no fuese libre la conciencia. (Ibid. 234)

Pero, como hemos visto, la superacion de lo real no es exclusiva de la conciencia imaginante. Hay que advertir que la nadificacion como correlato de la libertad esta presente, tambien, en la conciencia realizante. Y si bien no podemos confundir la etica con la estetica o, para el caso, la conciencia realizante con la conciencia imaginante, se trata en ambos casos de conciencias libres, incluso con algunas similitudes.

En la conciencia realizante se evidencia, asimismo, un esfuerzo por rebasar (depasser) la realidad. En ultimas, porque tanto la imaginacion como la accion son noesis nadificantes que resultan de la conciencia entendida como campo trascendental descosificado. Incluso, podria afirmarse que la conciencia realizante irrealiza el mundo en el que actua tanto como la conciencia imaginante. La diferencia, entonces, radica en que la conciencia imaginante se erige como un anti-mundo, mientras que la conciencia realizante implica un estar-en-el-mundo, irrealizando al mundo en el marco de sus posibles, esto es, realizandolo. La conciencia realizante no se opone al mundo, lo realiza a traves de su irrealizacion. Por ello, es en la relacion paradojal entre el para-si y el en-si, en la realizacion irrealizadora, que tiene propiamente sentido hablar de accion etica en-el-mundo.

De cualquier manera, existe un punto de bisagra entre conciencia, libertad y mundo. Sin mundo que realizar o irrealizar, no tiene sentido hablar de libertad, puesto que la conciencia se quedaria, dijeramos, sin nada que nadificar. Asi lo expresa Sartre: "Si la conciencia es, pues, libre, el correlativo noematico de su libertad tiene que ser el mundo que lleva en si su posibilidad de negacion" (Ibid. 235). Por ello mismo, como veiamos, la libertad no es una caracteristica de la conciencia hipnagogica ni de la conciencia cosificada. En el caso de la conciencia hipnagogica la sucesion noematica, al ser fatal, le impide a la conciencia tomar posicion para-si en el mundo. Hacerlo implicaria el despertar del sueno, con lo cual la conciencia hipnagogica dejaria de ser tal. Por su parte, en el caso de la conciencia cosificada, al estar como una cosa en-medio-del-mundo, para ella solo habria fragmentos. El mundo se le habria desvanecido en simples relaciones causales de determinacion.

De este modo, tanto en la conciencia imaginante como en la conciencia realizante se hace patente el elemento definitorio de la libertad: la nadificacion espontanea. Por este motivo, al menos en esta etapa del pensamiento sartriano, la libertad debe entenderse a titulo de una nada que nadifica. La conciencia es libre en la medida en que es capaz de negar el mundo dado, bien sea para realizarlo--comprenderlo y transformarlo--mediante la accion (conciencia realizante), ora para irrealizarlo a traves de la imaginacion (conciencia imaginante).

Ahora bien, el rebasamiento del mundo a traves de la conciencia (realizante e imaginante), que es la libertad misma, no opera arbitrariamente, sino que se produce en el marco de las leyes de composibilidad (8). La conciencia se encuentra instalada en un determinado punto de vista, esto es, dentro de un marco de limites y posibilidades. Por eso, la libertad, en Sartre, no se puede confundir con la arbitrariedad, ni siquiera en el caso de la conciencia imaginante (Ibid. 234). Es el punto de vista asumido por la conciencia el que permite proponer el sentido noematico del objeto real o imaginario. Una conciencia sin perspectiva no seria, por tanto, una conciencia libre.

3. La conciencia como campo trascendental irreal

El balance, hasta aqui, no podria ser mas satisfactorio. Hemos procedido con harto cuidado para no perder de vista los detalles. En la elaboracion de una fenomenologia de la imagen, Sartre ha dado con la libertad. Las conclusiones propuestas en las ultimas lineas de Lo imaginario constituyen una critica de la imaginacion--en el sentido kantiano de la expresion--, pero, al mismo tiempo, un preludio de su fenomenologia existencia de la libertad humana. A traves de esta critica Sartre descubre la libertad como nadificacion creadora:

El analisis critico de las condiciones de posibilidad de toda imaginacion no ha llevado a los siguientes descubrimientos: para imaginar, la conciencia tiene que estar libre en relacion a toda realidad particular, y esta libertad se tiene que poder definir con un "estar-en-el-mundo" que es a la vez constitucion y nadificacion del mundo; la situacion concreta en el mundo de la conciencia tiene que servir en todo instante de singular motivacion para la constitucion de irreal. (L'imaginaire 236)

La descosificacion de la conciencia como nadificacion de lo real facilita la emergencia de un campo trascendental e irreal. La conciencia, en este sentido, se ha irrealizado. Esto no significa que la conciencia haya perdido existencia. Por el contrario, la ha ganado, pues sin lastre alguno, es plenamente. Lo irreal debe entenderse, en consecuencia, en el sentido de que la conciencia, habiendo superado lo real, ha logrado expulsar de su morada todo tipo de res (9). Sartre sostiene a este proposito que:

[...] lo irreal--que siempre es doble nada: nada de si mismo en relacion con el mundo, nada del mundo en relacion consigo mismo--tiene que estar constituido siempre sobre el fundo del mundo que niega, quedando claro que por lo demas el mundo no se entrega solo a una intuicion representativa y que este fondo sintetico pide simplemente ser vivido como situacion. (L'imaginaire 236)

Poco a poco la fenomenologia de la imagen nos ha llevado a la libertad y esta, a su turno, nos ha conducido al plano ontologico del estar-en-el-mundo. Asi, es en una realidad concreta, desde una perspectiva especifica, que la conciencia es libre. Para valernos de un termino de capital importancia en toda la filosofia sartriana: la conciencia es libre en situacion. En medio del mundo o por fuera del mundo no hay libertad posible, precisamente, porque no hay posibilidad de nadificacion.

Una conciencia asituada, en este orden de ideas, supone una contradiccion en sus terminos, pues no seria conciencia de nada, contraviniendo el principio basico de la fenomenologia y el rasgo esencial de toda conciencia: la intencionalidad. La libertad, por consiguiente, es nadificacion del mundo. En la conciencia imaginante esto se hace evidente:

Entonces podemos concluir que la imaginacion no es un poder empirico y superpuesto a la conciencia, sino que es toda la conciencia en tanto que realiza su libertad; que toda situacion concreta y real de la conciencia en el mundo esta llena de imaginario, en tanto que siempre se presenta como una superacion de lo real. (Ibid. 236)

Se trata, pues, de la nadificacion de lo real por parte de una conciencia que, asegura Sartre, "siempre esta 'en situacion' porque siempre es libre; esto es que para ella hay siempre y en todo momento una posibilidad concreta de producir irreal" (Ibid. 236).

La libertad encuentra en la conciencia imaginante su maxima expresion y, en una palabra: "el hombre imagina porque es trascendentalmente libre" (Ibid. 237). La libertad, de esta manera, es condicion ontologica de la imaginacion y, a la inversa, la imaginacion es "condicion necesaria de la libertad del hombre empirico en medio del mundo" (Ibid. 237).

La relacion reflexiva entre imaginacion y libertad se hace notoria. De esta manera, la reflexividad implica una relacion especular que de ningun modo puede entenderse en terminos circulares: el hombre imagina porque es trascendentalmente libre e, igualmente, es trascendentalmente libre porque imagina. Asi, no hay duda acerca de la importancia de la imaginacion en la concepcion fenomenologico existencial de la libertad humana. Si no fuera porque imaginamos, nuestra vida se veria apabullada por la fuerza real de las cosas (Ibid. 237).

Conclusiones

En la busqueda de las condiciones de posibilidad de la imaginacion, Sartre se encuentra con el problema de la libertad. En el camino de regreso, el filosofo frances hace de la imaginacion el paradigma de la libertad, toda vez que la imaginacion se concibe como una condicion esencial y trascendental de la conciencia.

Al llegar a este punto conviene que extraigamos algunas conclusiones.

En primer lugar, desde una perspectiva metodologica, es posible afirmar que la fenomenologia de la imagen le ha permitido a Sartre la descosificacion de la conciencia. La conciencia es una nada creadora. En esta tarea, Sartre descubre la libertad que, por antonomasia, es la conciencia imaginante. Asi, la fenomenologia de la imagen es apenas un medio para afrontar un problema aun mayor: la libertad humana. Coincidimos con Eric Marty al sostener que, en estos escritos tempranos, el verdadero problema que late en el fondo es la libertad humana. La tesis sartriana es contundente: el hombre imagina porque es trascendentalmente libre.

En segundo lugar, en los escritos tempranos a los que hemos hecho referencia se insinua una respuesta concreta a la pregunta por la libertad humana. La respuesta esta fuertemente vinculada con la intencionalidad y la espontaneidad de la conciencia. La libertad humana consiste, esencialmente, en la capacidad que tiene la conciencia de superar o rebasar la realidad (Hamel 53). El rebasamiento de la conciencia se da a partir de la nada y con la nada. Es, en suma, la imaginacion misma. Imaginamos, pues, porque nuestra conciencia, vacia de cualquier residuo cosificante, es libre. Y la conciencia es libre porque imagina, es decir, en tanto que puede nadificar lo dado.

En tercer lugar, si la nadificacion es lo propio de la libertad, habra que afirmar esta caracteristica para todas las conciencias nadificantes. La conciencia realizante tambien es libre. Aunque no debamos confundir la etica con la estetica, este es un aspecto en el que parcialmente coinciden ambas conciencias. En la accion moral el mundo tambien es nadificado. Aunque las referencias son tangenciales, no cabe duda de que, incluso desde estas obras sobre la fenomenologia de la imagen, la etica sartriana sienta sus bases en una moral en situacion. La libertad moral solo tiene sentido en-el-mundo. Una conciencia imaginaria (anti-mundo) seria libre, aunque no moralmente libre. Si se le llevase al plano etico, la conciencia imaginante actuaria de mala fe, en tanto que juzgaria las acciones morales a partir de categorias esteticas. Una conciencia cosificada (en-medio-del-mundo) tampoco seria libre. Menos aun lo seria una conciencia (hipnagogica) al margen del mundo. Asi, solo tiene sentido hablar de responsabilidad como correlato de la libertad moral en tratandose de una conciencia realizante que, comprometida con el mundo, lo nadifica en cada uno de sus actos, para comprenderlo o transformarlo, en situacion.

En cuarto lugar, las reflexiones sartrianas plantean una pregunta interesante. En el plano filosofico, ?que pensador habria hecho de su obra un esfuerzo por nadificar el mundo? ?Quien habria nadificado el mundo como condicion de posibilidad de su propia filosofia? La respuesta parece evidente: Descartes. A juicio de Sartre, nadie mejor que Descartes habria comprendido el sentido de la libertad (Sartre, La liberte cartesienne). Aunque esto lo profundizaria en un escrito de 1947, siete anos antes, en Lo imaginario, Sartre esboza el nexo existente entre su nocion fenomenologico-existencial de la libertad humana y el cogito cartesiano:

?No es acaso ante todo la duda la condicion del cogito, es decir, la constitucion de lo real como mundo y a la vez su nadificacion segun este mismo punto de vista? ?Y no coincide la aprehension reflexiva de la duda con la intuicion apodictica de la libertad? (L'imaginaire 236)

De esta manera, la libertad humana no puede desprenderse de su relacion con el cogito. El problema es que el cogito afirma demasiado. En El ser y la nada Sartre enfatizara en ello. Sin embargo, ya en sus escritos tempranos la reivindicacion y la critica al cogito aparecen delineadas. Justamente, uno de esos elementos que el cogito afirma en exceso es el Yo. La nadificacion de la conciencia no estaria completa si, habiendo expulsado las cosas de la conciencia, aun quedase algo en ella que pudiese desdibujar su caracter intencional y espontaneo. Dicho de otro modo: la descosificacion de la conciencia es insuficiente. Habra que despersonalizar la conciencia si realmente pretendemos una verdadera nadificacion (10). Seria el turno de La transcendance de l'Ego. Esquisse d'une description phenomenologique (1966).

DOI: 10.17151/difil.2018.19.32.4

REFERENCIAS

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Cesar Augusto Ramirez-Giraldo **

Escuela de Teologia, Filosofia y Humanidades, Universidad Pontificia Bolivariana, cesar.ramirez@upb.edu.co

Enan Arrieta-Burgos ***

Escuela de Derecho y Ciencias Politicas, Universidad Pontificia Bolivariana, enan.arrieta@upb.edu.co.

RECIBIDO EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2017, APROBADO EL 12 DE MARZO DE 2018

* Este articulo es resultado del proyecto de investigacion doctoral: "Pensar en y contra Sartre: critica de la concepcion dialectico materialista de la libertad humana desde el existencialismo fenomenologico de Jean-Paul Sartre", aprobado y financiado por el Centro de Investigacion para el Desarrollo y la Innovacion de la Universidad Pontificia Bolivariana.

** Doctor en Filosofia por la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellin, Colombia). Miembro del Grupo de Investigacion Epimeleia. Correo electronico: cesar.ramirez@upb.edu.co. (iD) orcid.org/0000-0001-8093-1080.

*** Doctor Summa Cum Laude en Filosofia por la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellin, Colombia). Miembro del Grupo de Investigaciones en Sistema y Control Penal. Correo electronico: enan.arrieta@upb.edu.co.

(iD) orcid.org/0000-0001-7877-7715.

(1) La expresion francesa utilizada por Sartre es "neantisation". Ella remite al verbo "neantiser". En espanol no existen palabras castizas equivalentes. Algunos especialistas en la obra sartriana, como Maristany, prefieren mantener la expresion en el idioma galo. Algunas expresiones derivadas del latin bien podrian utilizarse: nihilizacion y nihilizar. Sin embargo, pudiendo hacerlo en frances, Sartre se abstuvo de emplear latinismos. Por otra parte, y sin forzar el castellano, podriamos valernos de expresiones tales como anonadacion o anonadamiento. Algunas traducciones de las obras sartrianas optan por esta alternativa. No obstante, esta ultima opcion tampoco es satisfactoria. Por un lado, en frances existe el verbo "aneantir", el cual, al igual que anonadar, significa "reducir a nada". El sentido seria incorrecto. La neantisation no supone tanto una reduccion, sino, mas bien, una constitucion. Quizas por esto mismo Sartre no uso el verbo "aneantir" y prefirio crear el verbo "neantiser".

(2) En cuanto a la definicion de la conciencia, Sartre adopta una posicion critica respecto de Husserl. Para el frances, la conciencia no es una monada ni el conjunto de las estructuras psiquicas, sino, mas bien, cada una de las estructuras psiquicas en su particularidad concreta (Sartre, L'imaginaire). Por esta razon, es posible hablar de conciencia imaginante, conciencia realizante, conciencia perceptiva, conciencia intelectiva, etc. En todo caso, los nexos sartrianos y husserlianos a proposito de la fenomenologia de la imagen pueden consultarse en los textos de Nathalie Bittoun y de Vincent de Coorebyter.

(3) Sylvie Le Bon (1966) sostiene que la primera gran obra filosofica de Sartre no seria L'imagination (1936), sino La transcendance de l'Ego (1936). No compartimos esta idea que ha hecho carrera en la historia

de la filosofia, mas que nada, porque La trascendencia del Ego comienza a escribirse en 1934, mientras que las obras sartrianas referidas a la fenomenologia de la imagen datan, al menos en las versiones preliminares, de su tesis de grado (1926-1927). La cronologia de los escritos sartrianos puede consultarse la obra de Michel Contat y Michel Rybalka dedicada a este respecto.

(4) Para un analisis integral de esta obra puede verse el libro de Philippe Cabestan y, mas recientemente, la publicacion de Philippe Sabot.

(5) Sin embargo, como el mismo reconoceria, durante el transito de la juventud a la adultez, a finales de la decada del veinte, la propuesta moral sartriana era inescindible de la estetica: "La distancia entre la etica y la estetica tampoco puede ser absolutizada. En su adultez temprana, habiendo reconocido el absurdo de su existencia, Sartre estimaba que: "El unico objetivo de una existencia absurda era producir indefinidamente obras de arte destinadas a salir fuera de su alcance: era su unica justificacion; justificacion, por lo demas, imperfecta, que no alcanzaba a salvar los prolongadisimos periodos intermedios, que uno debia tragarse uno a uno. Era realmente una moral de la salvacion por el arte" (Sartre, Les carnets de la drole de guerre 101-102). Lo que sucedio fue que, entre 1935 y 1937, Sartre reconoceria haber dejado su optimismo burgues y rechazaria con fuerza la ascesis y los ejercicios espirituales. El arte le parecia vano y entendio, de la mano de Simone de Beauvoir, la "canallada" que implicaba hacer de la etica una estetica (Ibid. 102). No obstante, creemos que, al final de sus dias, Sartre volveria sobre esta tesis que hace del arte, especificamente de la literatura, el mas claro ejercicio de libertad. Muestra de ello seria el estudio dedicado a Flaubert. Sobre la importancia fenomenologica de la narracion en la obra sartriana puede verse el texto de Serna.

(6) El hallazgo sartriano es relevante y su impacto es evidente en la filosofia francesa contemporanea. Es, no obstante, un descubrimiento que suele pasar inadvertido. En verdad, el concepto fenomenologico existencial de la libertad humana en Sartre es bastante similar al que luego, como veremos, adoptara Foucault. Sin embargo, una diferencia abismal existe entre uno y otro. Para Sartre, la libertad, en terminos morales, no puede separarse de la situacion, pues la suya es una etica de la responsabilidad. No se trata, pues, de una etica de "la bonne conscience". Mas que nada, porque la propuesta sartriana no es, al estilo de Foucault, la de una etica concebida como una estetica de la existencia (Foucault, Une esthetique de l'existence 230). En este punto, para facilitar el dialogo intertextual con Sartre habrian de considerarse, especialmente, las obras foucaultianas de la decada del ochenta y, sobre todo, L'hermeneutique du sujet y Le Gouvernement de soi et des autres I y II.

(7) El hombre, a traves de la conciencia imaginante, puede superar su realidad. Proponer un mundo y darse un sentido mas alla de lo meramente dado es, en suma, la expresion de la libertad. Por el contrario, las cosas no imaginan. Al carecer de conciencia no pueden tomar distancia para-si respecto del mundo en medio del cual se encuentran.

(8) Aqui el pensamiento sartriano parece realizar una deriva interesante hacia el concepto de libertad en Leibniz. Para un estudio del concepto leibniziano de libertad puede verse el texto de Barba. Especificamente sobre la nocion de composibilidad puede verse la publicacion de Catherine Wilson.

(9) Recordemos que, para Sartre, la conciencia, en tanto y en cuanto deriva de la nada, es un "cogito prerreflexivo", es decir, que "solo puede ser cogitacion de algo, que no de ella misma, al precio de no ser res" (Amoros 13).

(10) Sobre la expulsion del yo de la conciencia, en la filosofia de Sartre, puede verse el texto de Ramirez-Giraldo y Arrieta-Burgos.
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Author:Ramirez-Giraldo, Cesar Augusto; Arrieta-Burgos, Enan
Publication:Discusiones Filosoficas
Article Type:Ensayo
Date:Jan 1, 2018
Words:7370
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