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LA CONSPIRADORA.

LA CONSPIRADORA Fragmento del libro La Conspiradora de Guillermo Barba, [C] 2019, Editorial Planeta. Cortesia otorgada bajo el permiso de Grupo Planeta Mexico.

VENTUROSAS CONFIDENCIAS 1808

La angustiada voz de la virreina aun resonaba en su mente mientras daba nerviosas ordenes para organizar el equipaje necesario: debio aprestarse a viajar con toda precipitacion, ya que un par de horas antes habia acudido al Palacio Real y la misma dona Ines le habia suplicado encarecidamente que la acompanase a la feria de San Agustin de las Cuevas. Entre ambas existian lazos de sincera amistad, por lo cual intento negarse a la peticion de la soberana arguyendo que su nena habia nacido apenas unos meses atras; sin embargo, entre mas se negaba, mas le insistia, mostrando una creciente afliccion que le desperto sospechas.

Entreviendo que le ocultaba algo y que el asunto debia ser de capital importancia, decidio averiguar el origen de aquella mortificacion.

--Ines--le dijo humildemente-, bien sabes que soy incondicional a tus peticiones, pero alejarme de mi nena para viajar y divertirme sera mal visto por muchas damas, haciendome blanco de sus criticas.

--Guera, te aseguro que no solicito tu presencia por diversion--dijo la virreina, conteniendo sus sentimientos.

--?Que te acongoja? Veo que escondes una pena ... Cuentame.

Abrazo carinosamente a la virreina, quien al sentir el consuelo de unos brazos amigos dejo escapar un ligero sollozo.

--En la feria necesitare tu apoyo... No puedo decirte mas.

Tomo su panuelo y enjugo las lagrimas que comenzaban a brotar de los ojos de la virreina.

--Cuentame todo; cuando compartimos la desdicha, nuestros corazones encuentran algo de alivio.

Dona Ines deseaba desahogar aquello que se le anudaba en el pecho, aunque sabia bien que debia callar. No obstante, en un impulso incontenible, comenzo a sincerarse.

--Pueden arribar malas noticias durante nuestra estancia en la feria. Es todo lo que puedo decir por el momento.

--Siempre has confiado en mi; sabes que no te defraudare.

La virreina la miro angustiada, con el corazon a punto de estallar.

--Haz de jurar que no comentaras a persona alguna lo que he de confiarte.--Esta vez ordeno.

Tras escuchar el juramento, dona Ines dio rienda suelta a sus penas, contando acerca de recientes disturbios y sublevaciones en Espana: ella la escucho asombrada y sin embargo impavida. Cuanto mas avanzaba el relato fue entendiendo que, por lo acontecido en la peninsula, el virrey y aun el virreinato mismo se encontraban al borde del precipicio. El futuro de Ines pendia de un hilo y, segun lo referido, el de toda Espana igualmente.

--Por eso requiero de tu cercania --le dijo al concluir la narracion--; mientras permanezcamos en la feria habran de arribar nuevas noticias, y de ser tan adversas como las anteriores me sera indispensable tu apoyo.

Sorprendida por tan significativa confidencia acepto acompanarla en el viaje, mismo que realizarian al dia siguiente. Y aunque profesaba especial carino a dona Ines y le preocupaba su porvenir, lo comentado tambien le producia una razonable alegria: mientras mas caos existiera en la metropoli, mayores serian las oportunidades de dar justa libertad a Nueva Espana.

Tras seleccionar los multiples vestidos, elegantes unos y campiranos otros, que debia llevar para los muy distintos eventos sociales del traslado y organizar perfectamente los baules del equipaje, dejo que Teofila, su fiel sirvienta, concluyese las maniobras. Con la ansiedad a flor de piel y sin importar lo avanzado de la noche, se dirigio a la casona de su hermana Josefa, la marquesa de Uluapa, donde se desarrollaba la semanal tertulia. No podia marcharse sin comunicar la noticia a sus companeros.

Cuando abandonaba la casa en el carruaje, los asistentes al Coliseo ya habian salido a la calle tras haber presenciado la funcion teatral de aquella noche; ensimismados en sus experiencias, muchos reian y comentaban la obra con rostros que reflejaban alegria y desenfado. Ella, sin embargo, era presa de una inquietud ingobernable; lo que debia comentar a sus cofrades parecia a todas luces trascendente y el trayecto, de tan solo una cuadra y media, le parecio interminable.

En el opulento salon, finamente decorado con gobelinos, solidos muebles de caoba y alfombras persas, los invitados ya habian concluido la cena y tras abandonar el comedor conversaban distribuidos en distintos corrillos, los varones por una parte y, al otro extremo de la estancia, las mujeres, sentadas en elegantes sillas de damasco mientras se abanicaban con gracia.

Las platicas, en especial la de los caballeros, se interrumpian cada vez que algun sirviente entraba ofreciendo cafe o conac, para evitar que se enterasen de asuntos confidenciales. Por eso, cuando el lacayo anuncio a la marquesa la llegada de Maria Ignacia Rodriguez de Velasco, la tertulia se vio interrumpida por unos segundos.

--!Guera, que sorpresa!--dijo Josefa dandole un beso de bienvenida-. Pensabamos que ya no vendrias.

--Manana muy temprano debo partir con la comitiva de los virreyes, pero antes necesito hablar con Manuel.

--?Se puede saber sobre que asunto?

--Nada importante--mintio, sabiendo que su hermana no era de guardar secretos-. Un chisme de Palacio que luego comentaremos porque ahora estoy de prisa.

Fue hasta el pequeno grupo, ubicado a un costado de una cajonera con incrustaciones de concha nacar, donde se encontraba su cunado Manuel Acevedo, marques de Uluapa, junto a fray Melchor de Talamantes, el marques de Guardiola y el abogado Juan Francisco Azcarate. Al acercarse descubrio que comentaban la lectura de un libro del filosofo frances Voltaire, prohibido por sus ideas libertarias como tantos otros.

--Soy portadora de noticias--interrumpio de subito, ansiosa, sin saludar siquiera-. Por favor, apartemonos adonde nadie nos escuche.

Discretamente, el grupo fue hacia un rincon del salon, alejandose a prudente distancia de los demas asistentes.

--La virreina me ha confiado una noticia de vital importancia --dijo con urgencia ante la mirada expectante de los caballeros-. Me ha relatado que aunque Napoleon contaba con el permiso de Carlos IV para transitar por territorio espanol y asi atacar a Portugal, ha dejado regimientos en ciudades tan importantes como Barcelona y Pamplona, con la posible intencion de apoderarse de Espana.

El asombro de los varones fue inmediato: la miraron silenciosos e intrigados. Manuel, su cunado, de corpulenta figura aunque bajo de estatura, se ajusto las gafas para observaria mejor, como acostumbraba cuando algun suceso le causaba gran interes. Su aspecto era mas descuidado que el de cualquier noble porque sus ideas republicanas lo enfrentaban al abolengo familiar, y siendo orgulloso de sus ideales, deseaba comportarse mas como plebeyo que como aristocrata.

--El rey, aconsejado por el ministro Godoy--continuo con aire de orgullo al notar que habia capturado la atencion de los varones-, se traslado con la familia real a Aranjuez, para de ahi viajar a Sevilla y huir hacia America.

--!Valgame; tal como hicieron los reyes de Portugal!--exclamo el fraile Talamantes, haciendo patente su critica.

--Pero el pueblo, al enterarse de los planes del rey, se ha sublevado contra el y muy especialmente contra el ministro Godoy, exigiendo que abdique el monarca y se corone al principe Fernando como nuevo rey de Espana.

--!Santo cielo!--exclamo el fraile Talamantes.

--Era de esperarse--sentencio Manuel en voz baja-, Godoy cuenta con muchos enemigos entre la aristocracia y el pueblo.

--Desgraciadamente--continuo ella-, las noticias llegaron en un navio sin notificar la resolucion de las revueltas, por lo que deberemos esperar el proximo embarque para conocer el desenlace. Pero todo apunta a que Napoleon arrebatara el trono a los espanoles.

Al concluir su exposicion, los varones, verdaderamente perplejos, prorrumpieron en diversos comentarios al unisono.

--A rio revuelto, ganancia de pescadores --bromeo Azcarate, riendo con esos resoplidos que le hacian parecer mas obeso de lo que era.

--No hay duda; Napoleon ha invadido a la madre patria para anexarla a su imperio--apunto Talamantes.

--Lo cual podria significar el primer paso hacia la independencia de Nueva Espana--senalo Manuel, todavia con rostro asombrado-. Hiciste bien en comentar estas noticias en circulo cerrado, es informacion reservada y en extremo valiosa.

Azcarate, que se habia mantenido pensativo, se acerco a ella y dijo en voz baja:

--Debemos entender esto como un signo divino y aprovechar tu presencia en la corte; seguro que con un poco de astucia y mana podras averiguar mas noticias de boca de los consejeros del virrey, y por supuesto, de la virreina misma.

Manuel y los otros asintieron, convencidos de que contar con oidos dentro del Palacio Real seria sumamente provechoso para la causa. --Eso es demasiado peligroso--dijo ella en voz baja, con un dejo de recelo-, ?Que podria obtener de la virreina, el virrey o cualquier cortesano que ustedes no sepan?

--Mucho mas de lo que imaginas. La prueba es que hoy has conseguido informacion tan reservada que solo la virreina la conoce. Nerviosa, clavo sus azules ojos en cada uno de los ahi presentes hasta detenerse en el mofletudo rostro de Azcarate y lo cuestiono:--?Acaso el virrey no es amigo tuyo, tanto asi que pescan juntos en las charcas de Chapultepec?

--Cierto, pero jamas ha comentado una palabra sobre asuntos reservados. Concuerdo en que ha mantenido esta informacion en absoluto secreto.

Los observo dubitativa, cavilando en las ideas vertidas por ellos.

Desplego el abanico y comenzo a refrescarse el rostro. La peticion la abrumaba y deseaba poner en orden sus pensamientos, pero le era imposible; la demanda de aquellos hombres la mantenia perturbada, indecisa.

--No tengo el temple para servirles en lo que me solicitan. Es demasiado arriesgado... No creo ser capaz.

--Ingenio no te falta; ademas, contaras con nuestro respaldo--dijo de inmediato Manuel para tratar de convencerla mientras los otros asentian.

Los cuatro varones escudrinaban con la mirada cada uno de sus gestos. La tenian acorralada, esperanzados todos en una respuesta positiva.

--?Desean que me convierta en espia y actue a dos caras, a costa de traicionar la amistad de los virreyes y aun poniendo en riesgo la seguridad de mi familia?--respondio examinando los rostros de aquellos senores.Un escalofrio recorrio su piel y el estomago se le hizo un nudo entre profundas nauseas. Los hombres continuaban observandola; parecia no tener escapatoria. El nerviosismo invadio cada palmo de su cuerpo, y sin meditarlo mas, como si un instinto despertase en sus adentros, tomo la copa de su cunado y la alzo en un brindis, aceptando la propuesta.

--Sea pues.

Sus escuchas sonrieron satisfechos y la secundaron alzando las copas para brindar al unisono.

No obstante, la Guera no lograba sonreir con sinceridad. Aunque bien entendia la importancia de su colaboracion, y que por primera vez sus acciones podrian ser determinantes para alcanzar la independencia, la sola palabra espia provocaba que su corazon se estremeciera.
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Author:Barba, Guillermo
Publication:Contenido
Article Type:Extracto
Date:May 1, 2019
Words:1935
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