Printer Friendly

L'oublie de la rue: el olvido de la calle como espacio publico de encuentro.

Resumen

Objetivo. Comprender el papel de la calle como espacio publico de encuentro desde lo teorico, juridico y practico, tomando como caso de estudio a Medellin. Metodologia. Desde una perspectiva cualitativa se acude a una triple estrategia investigativa con instrumentos de la investigacion analitico-hermeneutica, documental y la observacion participante. Resultados. Se pretende determinar si la calle puede ser asumida como territorio de significacion cultural para la construccion de sociabilidades urbanas, si ello se ha reflejado en los ejercicios de planificacion territorial de Medellin y como se vive en la practica cotidiana. Conclusion. Se encuentra que si bien la calle sigue teniendo un papel en la construccion de ciudad su papel en el sistema de espacio publico de encuentro ha sido minimizado, por lo que se recomienda que las politicas publicas en la materia lo rescaten y refuercen.

Palabras clave: espacio publico, calles, vida urbana, planificacion urbana, urbanismo.

L'OUBLIE DE LA RUE: OBLIVION OF THE STREET AS A PUBLIC MEETING PLACE

Abstract

Objective. To understand the role of the street as public space of social encounter from a theoretical, legal and practical perspective, taking Medellin as a case study. Methodology. From a qualitative approach, a triple research strategy is conducted with instruments of analytical-hermeneutic, documental research plus participant observation. Results. The work aims to determine if streets can be seen as a territory of cultural meaning in order to build different kinds of urban sociability, if this has been reflected on the urban planning exercises of Medellin, and how it is lived daily. Conclusion. It was found that even though the streets continue to have an important role on the social construction of the city, their role in the public space system has been minimized, and therefore it is recommended that public policies on this matter should be oriented to rescue and reinforce them.

Key words: public space, streets, urban life, urban planning, urbanism.
[...] no hay mas calle que Junin, la mas ancha, la mas bella. Junin la
unica, la que me basta con cerrar los ojos para poblar de presencias.
(Fernando Vallejo, El fuego secreto)

Think of a city and what comes to mind? Its streets. (Jane Jacobs. The
life and Death of Great American Cities)


Introduccion

El ejercicio afirmativo de lo publico en las ciudades, cosa curiosa, no se da tanto en las formales instituciones donde convergen trajes y corbatas sino en el mas cotidiano de los espacios: la calle. Sobre el asfalto caliente retumban los pasos de marchantes que protestan; no transitan con velocidad tan solo los carros sino tambien los chismes, las habladurias, los pequenos rumores: de boca en boca la calle es telefono roto por el que la informacion fluye, deformandose, volviendo a ser, una vez y otra mas. La calle es, en sintesis, el espacio publico por excelencia donde la ciudad se da su propia forma, donde nos encontramos con el otro.

Es por ello que este articulo nace de una duda que sabe darse de las formas de la desazon. Cuando se habla de espacio publico de encuentro la categoria remite de inmediato a lugares como parques, plazas, plazuelas y centros recreativos y deportivos. Sin embargo no hay una mencion, aunque sea minima, a la calle. La pregunta, entonces, es si la calle tiene una potencialidad tan insignificante en tal sentido que no tiene lugar en ese sistema. Este escrito busca ofrecer una reflexion integral sobre esta problematica desde una triple perspectiva y una triple metodologia de investigacion, abordando a Medellin como caso esencial de estudio. Asi pues, en un primer momento, el texto ubica al lector en la discusion teorica en la que se basa el articulo intentando responder a la siguiente pregunta: ?es la calle un espacio publico de encuentro?

En un segundo momento, el analisis abandona lo teorico y avanza hacia lo juridico por lo que analizamos los tres grandes ejercicios de planificacion del territorio en Medellin (Acuerdos 62 de 1999, 46 de 2006 y 48 de 2014); la pregunta que se busca responder en este punto puede formularse asi: ?cual ha sido el papel de la calle en nuestros planes de ordenamiento territorial como espacio publico de encuentro? En un tercer momento nos vamos a la vivencia de la calle bajo una suerte de metodologia de observacion participante. Habiendo hecho un recorrido urbano por un grupo de calles, el acapite expone los resultados de la experiencia. La pregunta que busca responderse en este punto es si puede vivirse la calle como un espacio publico de encuentro. Finalmente, el texto cierra con una reflexion que, sin la pretension de ser concluyente, sintetiza la intencion perseguida.

La calle como espacio publico de encuentro: la teoria

Sostener que la calle es un espacio publico de encuentro no es una idea demasiado arriesgada ni demasiado original; nihil novum sub sole, dice el Eclesiastes y esta tesis no es ninguna novedad. Hay, en efecto, una tradicion en la teoria del espacio publico que la defiende. Lastimosamente, se trata de una discusion que no ha tenido mayor relieve dentro del habla hispana por lo que la bibliografia en nuestro idioma es cualquier cosa menos que abundante; las siguientes lineas pretenden introducir al lector en las honduras de este debate.

Naturalmente, el hilo que propongo supone la necesidad de ofrecer un marco teorico sobre la nocion misma de espacio publico. Sobre este punto muchas conceptualizaciones son posibles (CORPOCENTRO, 2005, p. 26), las cuales pueden ir desde las perspectivas que lo entienden como construccion social hasta las que lo reducen a un asunto de titularidad de dominio publico sobre uno o varios bienes. Incluso, nuestra legislacion ofrece su propia definicion al respecto en los articulos 5 de la Ley 9 de 1989 y 2 del Decreto 1504 de 1999, asumiendo que es todo un conjunto de inmuebles publicos y de elementos arquitectonicos y naturales de inmuebles privados que por su naturaleza, uso o afectacion estan llamados a la satisfaccion de necesidades colectivas.

Sin negar estas construcciones, asumimos aqui una posicion que se ubica a medio camino entre la vision habermasiana del espacio publico y las construcciones de Hannah Arendt; dos fundamentales teorias en la materia (Joseph, 1999, p. 11). Asi, entendemos que el espacio publico es tanto territorio de comunicacion como espacio para la accion: es alli donde el ciudadano actua y se encuentra con los otros en una interaccion que no se basa tanto en las identidades como en la pura presencia, en el simple hecho de estar alli, bajo un regimen de visibilidades donde cuenta ver y ser visto; por ello mismo es, ademas, un escenario de interaccion simbolica y comunicativa en donde las palabras a veces son silencios y miradas. Es un espacio de encuentro y de comunicacion, pero tambien de desencuentros, de oposiciones.

Lo que todo esto viene a decirnos es que el espacio publico es algo mas que espacio; nos lleva menos a lo fisico que a lo relacional, pues este "surge como tal en cuanto se le incorpora tiempo, y con el, relaciones entre individuos, interacciones, movimientos y cambios en el discurrir de las formas" (Herrera, 2003, p. 526).

Pues bien, esta caracterizacion del espacio publico pareciera calzarle mas a unos tipos especificos de espacios que aplican sobre todo a lo que nuestro sistema territorial en particular ha llamado "espacio publico de encuentro" y cuyos ejemplos paradigmaticos son las plazas, los parques, las plazuelas, entre otros. El problema es que en estas enunciaciones la calle no brilla, ya que es incluida dentro de un sistema de movilidad mas no de encuentro y esparcimiento. Es decir no se desconoce su papel en el espacio publico, pero se desliga por via de omision de esta categoria donde lo que prima son las relaciones de interaccion social mas que las de movilidad y trafico.

Este ultimo punto nos remite a dos grandes debates dentro del urbanismo frente a la calle. En un espectro tenemos a los modernistas para quienes la calle es, simple y llanamente, un espacio desde el cual se va de un lugar A a un lugar B, mas que un lugar para hacer vida, por lo que se arrebata a la calle del "mundo de la vida" y se instala en el del puro sistema funcional; en otro, a los posmodernistas que asumen que ella es mucho mas que eso: un lugar disenado para promover, acoger y complementar nuevos estilos de vida urbanos, reclamando asi a las calles del puro sistema para devolverlas al "mundo de la vida" (Fyfe, 1998, p. 1).

Uno de los mas conocidos defensores de la primera de estas tesis fue Le Corbusier, quien argumento que las necesidades del hombre moderno imponian el surgimiento de un nuevo modelo de calle que posibilitara el trafico brutal y rapido de miles y miles de vehiculos, sublimando la velocidad y al automovil y desplazando al peaton (Fuentes, 2006, p. 27). El corolario de esta idea fue la conocida expresion La mort de la rue: la muerte de la calle. La inquina de Le Corbusier obedecia a su consideracion de la calle-corredor como foco de infecciones, y, sobre todo, a su creencia de que esta era ya un obstaculo para el progreso al no acomodarse a las necesidades de la Era de la Maquina (Holston, 2008, p. 261); en otras palabras, se habia vuelto un organo muerto incapaz de cumplir con sus funciones (Shelton, 2011, p. 65). Uno de los puntos espaciales que hacian de la calle un medio torpe para la movilizacion eran las manzanas cuadriculadas y, por tanto, las esquinas. En efecto, los cruces de calle le restan velocidad al transito y se vuelven asi puntos peligrosos por lo que la propuesta era su eliminacion.

Tal plan llego a concretarse en Brasilia. Alli, se han perdido importantes formas de interaccion como las llamadas "sociedades de esquina" (Fyfe, 1998, p. 2) y las "sociabilidades de acera" (Holston, 2008, p. 265). De hecho, los inmigrantes que llegan a la ciudad se quejan de la ausencia de vida social en las calles dado que no se hace alli ningun tipo de vida. Y ello es asi, por cuanto en Brasilia no se posibilita el gran sistema de espacios publicos que puede estructurarse gracias al entramado de calles. En esta explicacion, argumenta Holston,
la esquina aparece como una metonimia del sistema de interacciones que
se dan en la calle entre personas, comercio y trafico. Es una
explicacion que traza una conexion entre los espacios publicos de una
ciudad y la vida publica que posibilitan las calles. (2008, p. 264)


Esto nos lleva a una conclusion: la concepcion que se tenga sobre la calle no tiene consecuencias solo en el ambito de la movilidad, sino en nuestras formas sociales y politicas en si mismas. Lo que hay tras la organizacion de las calles y su significacion politica y juridica es una concepcion arquitectonica de lo publico y lo privado; es decir el modernismo no ataca solamente un tipo especifico de lugar, sino una forma de vida publica.

Asi, llegamos a la segunda tesis que asumimos en este texto: la calle de vuelta al "mundo de la vida". Esta vision puede resumirse en la tesis que defiende David Crouch en su ensayo "The street in the making of popular geographical knowledge"; el cual pasamos a reproducir por cuanto palabras mas, palabras menos, es tambien la posicion que sostenemos en este articulo:
It is argued in this chapter that streets are themselves sites of
cultural practices, and part of our knowledge of the city because they
link sites of activity, or cultural practice, make escape possible and
are a step to somewhere else, and someone else. They connect all sorts
of sites of everyday cultural life, both spectacular and humble. People
meet in the street, and they can avoid engagement in the street.
(Crouch, 1998, p. 158) (1)


Vemos entonces que para esta linea de pensamiento la calle es un espacio publico de encuentros, de contactos, donde convergen y participan toda clase de personas, por lo que se vuelve tambien un espacio de comunicacion entre multiplicidad de actores; todos ellos, con una sena especifica y mediante una distincion a veces casi imperceptible, donde se citan intercambios informativos a traves del lenguaje de la calle (Herrera, 2003, p. 521). Es un error subsumirlas al puro espacio de la movilidad, a una cuestion de mera funcionalidad en terminos de transporte, pues semejante actitud no hace mas que negar el hecho de que es a traves de lugares como la calle en los que la sociedad urbana puede desplegar toda su potencialidad en terminos de socializacion. Y es que ya lo sostenia Lefebvre en El derecho a la ciudad: la sociedad urbana se refleja en espacios como las plazas, los cafes, los parques y, !las calles!

Este papel de la calle como espacio socializante obedece a que es en ella donde nos encontramos con el otro, con aquel que concebimos como distinto. Hagamos una comparacion entre la calle y los tradicionales "espacios publicos de encuentro" como plazas, parques, plazuelas. La existencia de un parque publico posibilita, como negarlo, la interaccion por fuera del espacio privado de la casa o del trabajo; sin embargo ello no implica necesariamente una interaccion con los otros, aquellos que no pertenecen a nuestro circulo cercano. A los parques, las plazuelas, generalmente somos convocados por algun evento o una invitacion: un amigo, un familiar, nuestra pareja, nos invita a disfrutar unas cuantas horas de su propia compania o la compania compartida de algun grupo. Por esta razon, quienes se encuentran en estos espacios son ya conocidos y los desconocidos se acercan porque tienen una relacion previa con alguno de los miembros del circulo. Y, ojo, no se niega la posibilidad (no del todo extrana) del contacto con el otro por completo ajeno. En la calle, esto ultimo, por el contrario, es casi siempre la regla. Al detenernos en un cruce de calles a la espera de que el rojo se haga verde y podamos seguir nuestro trayecto, nos vemos en la obligacion de pararnos junto a quien no conocemos y a compartir un mismo espacio con quien es nada mas que un rostro.

Corolario del parrafo anterior es que la calle es el espacio de interaccion con el distinto por excelencia donde convergen ciudadanos sin citarse, donde la convivencia se armoniza o perjudica sin planificacion que medie entre una cosa y otra. Una idea de este tipo nos remite a que las calles son producto de la vivencia de los caminantes-ciudadanos: ellas se construyen a traves de la practica y las vivencias de quienes diariamente alli confluyen. Pero ojo: que la calle sea informada por quienes la practican no debe hacernos olvidar que ella, al mismo tiempo, tambien nos da forma (Crouch, 1998, p. 162); los espacios por los que caminamos, las calles que cruzamos, influyen sobre nuestra propia vision de la ciudad y sus habitantes y sobre la manera en que nos comportamos frente a ellos, asumiendo actitudes unas veces de confianza y apertura y otras de miedo y cerrazon. De ahi que no sea extrano que se considere que "la calle se convierte en el elemento clave del Espacio Publico y en conjunto con los edificios generadores de publico, constituyen esa trama, incalculablemente rica, donde el habitante y el visitante encuentran un ideal de lo urbano" (CORPOCENTRO, 2005, p. 25).

Elaborado este marco sobre el cual apoyamos nuestro analisis, lo que procede ahora es dar una mirada a nuestros ejercicios de planificacion para dilucidar si en ellos la calle es o no un espacio publico de encuentro.

La calle como espacio publico de encuentro en el plan de ordenamiento territorial de Medellin (1999, 2006 y 2014): la norma

En este punto analizamos tres ejercicios de planificacion, a saber: el Acuerdo 62 de 1999, mediante el cual se aprobo el primer POT de la ciudad; el Acuerdo 46 de 2006, que reviso y reajusto ese primer instrumento; y, finalmente, el Acuerdo 48 de 2014, que consagra el nuevo Plan de Ordenamiento del Municipio de Medellin. En todos ellos se presto especial atencion a los componentes general y urbano, pues es el contexto de ciudad en el que estamos valorando el papel de la calle.

De la mano de estas lecturas podemos formular una tesis general: el papel que Medellin en sus planes de ordenamiento le ha dado a las calles se ubica en una zona gris, intermedia, entre la vision modernista y la posmodernista, aunque con una posible inclinacion hacia la vision funcionalista de la primera de estas corrientes. Esto se debe a que no hay una intencion expresa y manifiesta de asignarle al vehiculo y a la velocidad la prelacion en el desarrollo urbano, sino todo lo contrario; sin embargo, en la estructuracion de los planes las calles hacen parte del sistema de espacio publico relacionado con el transporte y la movilidad evitando en principio cualquier consideracion suya en el ambito del esparcimiento y el encuentro. En otras palabras, en Medellin no hemos asesinado la calle a la manera de Le Corbusier; simplemente, hemos olvidado una de sus potencialidades.

Justifiquemos, primero, que la calle aun no ha muerto. Basta para ello una revision de los imaginarios de ciudad que se han venido plasmando en los diversos planes. Comun a todos ellos es el objetivo de pensarse una ciudad en la que el espacio publico tiene un lugar privilegiado como estructurante de la ciudad, de la misma manera que se comparte un modelo de ordenamiento en el que el peaton recupera su lugar (Acuerdo 62, art. 12; Acuerdo 46, art. 13). Por su parte el nuevo POT introduce una idea que sigue estando al amparo de la misma sombra, pero con una reformulacion que la ata de manera mas estricta al modelo de movilidad cuando en el articulo 9, que consagra las estrategias territoriales, nos dice que en el nivel municipal se busca:
consolidar un modelo de movilidad que priorice al peaton y los medios
no motorizados, soportado en un sistema de transporte integrado y
multimodal, que garantice el acceso a los servicios que demanda la
poblacion en el territorio, en todas sus escalas. (Subrayado por parte
del autor)


Una idea semejante es impensable bajo el modelo de Le Corbusier. Sin embargo, la supervivencia de la calle frente a las tesis mas radicales de los modernistas no supone su aceptacion completa en el "mundo de la vida". Lastimosamente, ninguno de los ejercicios de planificacion examinados da un salto para darle una significacion juridica y politica concreta a la idea de que la calle es tambien un espacio publico de encuentro. Y ello se entiende, en ultimas, si nos fijamos que las normas nacionales tampoco lo hacen. Escudrinemos en el articulo 5a del Decreto 1504 de 1999, el cual caracteriza la composicion del espacio publico. Se hace una clasificacion que en la categoria de espacio publico artificial o construido incluye, como articuladores y de encuentro, a los parques urbanos, las plazas, las plazoletas, los escenarios deportivos y culturales, entre otros. Se concede que la enunciacion no es taxativa, pero para efectos de este texto lo que nos interesa ver es la ausencia de la calle en esa lista de lugares/ejemplos; lo que nos habla del olvido de un lugar que es precisamente uno de los mas fundamentales articuladores del espacio publico y uno de los lugares mas complejos de encuentro.

No es por eso extrano que todos los planes de ordenamiento tomen a la calle resaltando su dimension de movilidad, olvidando la de encuentro. El Acuerdo 62 habla de los espacios publicos de esparcimiento y encuentro en su articulo 128 donde consagra que: "conforman este componente del sistema estructurante urbano, las areas de esparcimiento publico y de encuentro: parques, plazas, plazoletas, espacios civicos, zonas verdes y miradores urbanos [...]". Como se ve, la calle no es siquiera mencionada. Y esto no quiere decir que se le aleje de su papel dentro de la estructuracion del espacio publico, pues el articulo 112 incluye al "sistema vial y de transporte" como estructurante urbano.

Esta misma estructuracion se reproduce en el Acuerdo 46 de 2006, palabra por palabra, en el articulo 55 y la idea se repite y desarrolla en el articulo 166 donde se mencionan, ademas, espacios civicos, zonas verdes y miradores urbanos. En todo caso, la calle sigue ausente.

Por su parte el nuevo POT abre mas posibilidades de incluir a la calle en este sistema, aunque recaiga en el olvido de incluirla expresamente. En efecto, el articulo 97 hace una extensa y rica conceptualizacion. Alli se dice que el sistema de espacio publico de encuentro corresponde al espacio publico efectivo; es decir, de caracter permanente, cuyo uso y destinacion esta atado al uso que de el hace la colectividad y en donde interviene el hombre para su generacion y cuidado; de igual forma se hace enfasis en que debe ser un espacio para la pluralidad y la diferencia, asi como integrado a la estructura ecologica de la ciudad. Debemos resaltar que tambien hacen parte de este sistema espacios con significacion historica en la formacion de la ciudad y de sus ciudadanos.

Ademas, de la definicion, se introduce explicitamente la existencia de un mapa en el que se tiene inventariado los espacios publicos de este tipo y en el cual, claro, no hay ninguna calle; no obstante, la norma establece que periodicamente se debe actualizar la informacion a traves de acto administrativo lo cual podria ser una puerta de entrada para un posterior reconocimiento.

Ahora bien, debe abordarse en este punto un aspecto fundamental y es el relativo a la asimilacion que el nuevo POT pareciera hacer entre espacio publico de encuentro y espacio publico efectivo. En efecto, cuando define al primero lo hace valiendose del segundo: "el sistema de espacio publico de esparcimiento y encuentro, corresponde al espacio publico efectivo [...]". De aqui se deduce que si bien no todo espacio publico efectivo seria de encuentro, todo espacio de esta ultima clase si seria efectivo. Esto nos lleva a una consecuencia no del todo deseable, en caso de aceptar la idea que se defiende en este texto, y es que los indices minimos de espacio publico efectivo obligados por la ley se verian facilmente satisfechos si se contabilizan todas las calles de la ciudad. Esta consecuencia, empero, solo seria posible ante una caricaturizacion de nuestra idea. Lo que se quiere es el reconocimiento de la potencialidad que hay en las calles, asi como la asuncion de ello en terminos de cuidados y mejoras en la calidad de estas, sin que se persiga el abandono de otros espacios publicos de encuentro igualmente necesarios. Sin embargo, consideramos que si hay calles que por su importancia radical deberian ser incluidas dentro del indice con las ventajas que ello pueda traerles en terminos de adecuacion y mantenimiento.

Este articulo, pese a lo que parece, no senala solo el olvido sino que aventura interpretaciones que le dan nuevos aires a la calle. Lo que queremos decir es que ha habido y hay, en los planes de ordenamiento, orientaciones e instrumentos que pueden ayudar a que las calles tengan condiciones adecuadas para que en ellas pueda hacerse vida. Muy importantes resultan en este sentido las apuestas por la red peatonal general de la ciudad, asi como de la red caminera, que ya el Acuerdo 62 habia implementado en sus articulos 122 y 123 y que el Acuerdo 46 retomo. Sin embargo, es el nuevo POT el que da mas fuertes pautas de trabajo en la definicion de su sistema de movilidad. Alli se dice que siendo como es el peaton el actor mas vulnerable del sistema de movilidad (articulo 224, num. 1) el debe ser la prioridad, articulando asi una red peatonal que logre un equilibrio espacial y funcional en el territorio.

Esto resulta importante en la medida en que el articulo 236 introduce una serie de criterios de manejo para el sistema de movilidad no motorizada entre los que tenemos los siguientes: deben adecuarse los espacios del peaton con buenas calidades ambientales y espaciales, de tal suerte que, dado que el espacio por antonomasia del peaton es la calle, ella recibira este tratamiento; de igual forma, se ordena responder de manera complementaria a los usos comerciales y de servicios de los primeros pisos para que haya un amoblamiento urbano de buena calidad. La vitalidad de la calle depende en gran parte del fortalecimiento de la ciudad del primer piso, toda vez que asi se estimula la distraccion de los ciudadanos que caminan, lo que los llevara a mayores niveles de interaccion con otros caminantes.

Tambien se introducen criterios para el manejo de vias de trafico calmado donde se armonizara la existencia de vehiculos y peatones. Este punto se subraya especialmente pues, de cumplirse, resultara revitalizador para los barrios; y es alli donde la calle tiene un mayor valor como espacio de socializacion. Se preve introducir elementos que reduzcan la velocidad para que no sobrepasen los 30 km por hora entre los que tenemos boyas, balizas, cambios de superficie. De todas maneras la clasificacion de estas vias depende de la de "vias de servicio", es decir las que facilitan el acceso directo a las propiedades y servicios adyacentes (art. 225, num. 2, lit. d.) y de estudios que se hagan al respecto. En todo caso, se celebra esta iniciativa, pues, como se ha dicho, permitiran que los barrios y sus habitantes vuelvan a apropiarse de las calles, alli donde esta relacion se ha perdido; y a fortalecerla, alli donde continua vigente.

En sintesis, encontramos que si bien el papel de la calle en nuestros ejercicios de ordenamiento territorial ha estado expresamente asignado al de la movilidad, hay algunos elementos dentro de ellos que permiten vislumbrar oportunidades de desarrollo como espacios publicos de encuentro.

Las calles de Medellin: lo de afuera

Vista la calle como espacio publico de encuentro desde lo teorico y lo normativo, resta una mirada que nazca de la experiencia misma del caminante. El recorrido a pie no es un acto intrascendente y tras la simplicidad del movimiento hay todo un proceso de interaccion con el espacio y toda una construccion de lo publico. La marcha es una actividad concertada, construida a traves de interacciones con otros caminantes y con los diversos obstaculos que depara cada ruta; es una navegacion que mezcla movimiento y construccion de sentido, una lectura de senales que se activan tras cada paso que se da; en suma, "es el fenomeno social total por excelencia para una aprehension de los paisajes urbanos como cosas publicas" (Joseph, 1999, p. 18). Caminar para aprehender, tal cosa es la que hicimos. La validez de este analisis depende de la denuncia honesta de sus propios limites: las siguientes lineas no son mas que una lectura subjetiva de las calles recorridas, la expresion de una vivencia que pretende articularse a la vision integral que se ha querido presentar de la calle como espacio publico de encuentro.

El punto de partida fue la calle 54, en el puro centro, rebosante de gente. Son las cinco de la tarde, momento en que la ciudad entra en hora pico y cada quien va tomando su camino de vuelta hacia el hogar. Llegando a Junin, en la mera esquina donde esta desemboca en el Parque de Bolivar, una primera imagen me revela la riqueza de los encuentros en la calle: un hombre viejo de cuerpo debil camina por la via llevando una pequena carreta de metal; el trafico lo detiene por lo que espera tras un carro, gris como todos los de Medellin. No lo nota, pero su cochecito de hojalata esta ya muy cerca del vehiculo pudiendo asi rayarlo. De repente, de la nada, un hombre, con una gran sonrisa en la boca, le senala con la mano la inminencia del contacto. El viejo le responde con un saludo hecho de dedos agitados en el aire. Es la cooperacion sin protocolos, la ayuda que viene sin pedirse.

Continuo hacia Junin, hervidero de ciudadanos que caminan. El "museo en la calle" es solo uno de los ingredientes de su riqueza social. Hoy en dia, las imagenes de mujeres bailando como plumas acompanan el encuentro de lo mas diverso donde al frente de una exclusiva tienda Velez hay una pequena chaza de loteria y del Salon Versalles salen ejecutivos y estudiantes, jovenes y viejos, solitarios y parejas. Por esta calle camino hasta alcanzar la 52, avenida La Playa. La tomo en sentido oriente, subiendo por entre libros de piratas y ventas de correas desperdigadas en el suelo. En menos de tres minutos, tres tarjetas me hacen invitaciones magicas, higienicas y sexuales: el Cacique Kamakum me garantiza su trabajo en el amor; el Centro Odontologico La Playa unos dientes relucientes; y Yakusa Club un encuentro furtivo de pasion. En el cruce con la Oriental, las luces del semaforo ya en verde, cientos de caras se cruzan sin tropiezo; nadie titubea, cada quien lee los pasos de los otros y, aunque amenaza lluvia, nadie parece especialmente apurado.

En la carrera 43 doblo a la derecha y otro encuentro me detiene. Una mujer pasea con su perro, dorado y gordo, y un joven que va en sentido contrario se detiene a su paso se agacha un poco y juguetea con el perro. Hombre y mujer no se conocen, pues no hablan entre ellos, pero la imagen es de una extrana familiaridad. Sigo en sentido sur por Girardot hasta llegar a Bombona, calle 47, que nos recuerda con su nombre la sangrienta batalla de 1822 (Rodriguez, 2004, p. 20) y que aun hoy puede ser escenario del horror. Y es que en ella, subiendo nuevamente hacia el oriente, media cuadra apenas caminada, lo que presencio me llena de terror. Dos ninos indigenas van subiendo, de seguro son hermanos. Tras unos carros estacionados, muy cerca, estan sus padres. Juegan a las escondidas, aunque los ninos no lo sepan: una de esas bromas paternales en las que los adultos desaparecen para constatar la angustia de sus hijos al saberse de pronto abandonados. Sin embargo, los ninos no se inmutan. Miran a su alrededor buscandolos y al no hallarlos siguen su camino, sin una sola mueca de angustia, impasibles. Los miro y comprendo: comprendo que se saben desde siempre abandonados, que las calles son sus padres. Como se ve, este espacio es tambien teatro de encuentro con la marginalidad; quienes la transitan no pueden evitar, aunque lo quieran, saber que hay una seria problematica en nuestro modelo de sociedad: la calle nos habla no solo de encuentros, sino tambien de nuestras contradicciones mas dolorosas.

Mas tarde Bombona me lleva al Parque de Bomberos, en donde en otro tiempo hubo una estacion y ahora un gran parque. Es el barrio El Salvador. Me sorprende que haya poca gente, a comparacion del rio humano que me ha acompanado en el trayecto. Evidentemente, el sistema de calles es un espacio mucho mas frecuentado por los ciudadanos y el uso de los espacios tradicionales de encuentro depende del ocio y tiempo libre con que se pueda contar. En todo caso, alli giro a la derecha y continuo por la carrera 38. En algun punto, del colegio Tomas Carrasquilla, salen ninos de estudiar. Grandes grupos de muchachos van camino hacia sus casas, saltando y gritando mientras juegan, al tiempo que siguen caminando. La calle parece llenarse de mas vida.

Las casas de la carrera 38 tienen casi todas la misma particularidad: aunque enrejadas, las puertas estan abiertas; quien transita por la calle puede ver y ser visto, por lo que en gran cantidad de puertas grupos de hombres y mujeres se sientan muy cerca del anden a conversar. En medio de estas observaciones llego a la interseccion con la calle 40. En la esquina, por fuera de los locales, hay una mesa en la que unos seis hombres ya mayores juegan a las cartas. Algunos de los que caminan se detienen un momento para ver como va el juego. Podrian haber decidido encontrarse en alguna de sus casas, pero han renegado de la privacidad: consciente o inconscientemente han decido construir ciudad y sobre todo barrio. La calle es su espacio publico de encuentro.

En la 40 tomo en sentido oriente dos cuadras hasta llegar a la carrera 36, tan emblematica. Fue declarada, mediante Resolucion 471 de 2012, via recreativa abierta con doble sentido en su movilidad habida cuenta de un reconocimiento simple hecho por las autoridades: ante la escasa oferta de escenarios recreativos, la calle puede brindar a la ciudadania un espacio de esparcimiento y de encuentro. Asi, los domingos y festivos se habilita alli una ciclovia para que el barrio se vuelque en dos ruedas a divertirse sanamente. Los andenes son amplios y con la tarde ya hecha noche, la vida todavia no se apaga. Unas cuantas gotas me indican que es hora de volver. Tomo un bus, de vuelta al centro, que en su camino pasa nuevamente cerca de los viejos y sus cartas. La lluvia no los asusta: le han puesto al barrio una sombrilla.

Reflexion final

No son mayusculas nuestras pretensiones. Se ha querido ofrecer una vision integral de la calle, exponiendo su valiosisima potencialidad para ser un verdadero espacio publico de encuentro; verdad esta ultima que se ha venido olvidando. Lo que se busca es, pues, un reconocimiento al que se le aparejen medidas de politica publica; y es que, si bien, consciente o inconscientemente, la ciudad ha planteado medidas para que la calle no se muera y sea un espacio para los peatones, el enfoque de movilidad ha prevalecido sobre el de espacio de ciudadania. Lo que hemos querido argumentar, en ultimas, es que la calle mas que un lugar por el que transitan peatones, es el agora cotidiana en la que se relacionan e interactuan los ciudadanos.

Referencias bibliograficas

Alcaldia de Medellin. (2012). Resolucion Numero 471. Por medio de la cual se declara como via recreativa abierta, la carrera 36 entre las calles 39 y 35 del Barrio El Salvador de la ciudad de Medellin. Recuperado de http://goo.gl/tioqT9.

Concejo de Medellin. (1999). Acuerdo 62. Por el cual se adopta el Plan de Ordenamiento Territorial para el Municipio de Medellin. Recuperado de http://goo.gl/VQ0B2N.

Concejo de Medellin. (2006). Acuerdo 46. Por el cual se revisa y ajusta el Plan de Ordenamiento Territorial para el Municipio de Medellin y se dictan otras disposiciones. Recuperado de http://goo.gl/f7D34t.

Concejo de Medellin. (2014). Acuerdo 48. Por medio del cual se adopta la revision y ajuste de largo plazo del Plan de Ordenamiento Territorial del Municipio de Medellin y se dictan otras disposiciones complementarias. Recuperado de http://goo.gl/oZEIxL.

Congreso de la Republica de Colombia. (1997). Ley 388. Por la cual se modifica la Ley 9 de 1989, y la Ley 2 de 1991 y se dictan otras disposiciones. Recuperado de http://goo.gl/NhteVL.

CORPOCENTRO. (2005). Una aproximacion al sistema estructurante del espacio publico central. Recuperado de http://goo.gl/lzHjXu.

Crouch, D. (1998). The street in the making of popular geographical knowledge. En N. Fyfe (Ed.), Images of the Street. Planning, identity and control in public space. London, England: Routledge.

Domosh, M. (1998). Those "Gorgeous Incongruities": Polite Politics and Public Space on the Streets of Nineteenth-Century New York City. Annals of the Association of American Geographers, 88 (02), 209-226.

Fuentes, P. (2006). Mort de la rue o la introduccion de los principios del urbanismo moderno en Chile. Ejercicios de la epoca. Urbano, 09 (14), 27-33.

Fyfe, N. (1998). Introduction: Reading the Street. En N. Fyfe (Ed.), Images of the Street. Planning, identity and control in public space. London, England: Routledge.

Hamilton-Bailie, B. (2008). Shared Space: Reconciling People, Place and Traffic. Built Environment, 34 (02), 161-181.

Herrera, R. (2003). Las calles como espacios publicos. Cuadernos de Antropologia-Etnografia, 13, 513-528.

Holston, J. (2008). La ciudad modernista y la muerte de la calle. Antipoda. Revista de Antropologia y Arqueologia, 07, 257-292.

Joseph, I. (1999). Retomar la ciudad. El espacio publico como lugar de la accion. Medellin, Colombia: Universidad Nacional de Colombia - Sede Medellin.

Presidencia de la Republica de Colombia. (1998). Decreto 1504. Por el cual se reglamenta el manejo del espacio publico en los planes de ordenamiento territorial. Recuperado de http://goo.gl/60KrQt.

Rodriguez, P. (2004). Significado historico del nombre de algunas calles y carreras de la ciudad de Medellin. Medellin, Colombia: Fondo Editorial Instituto Tecnologico Metropolitano.

Scully, V. (1963). The Death of the Street. Perspecta, 08, 91-96.

Shelton, T. (2011). Automobile Utopias and Traditional Urban Infrastructure: Visions of the Coming Conflict, 1925-1940. Traditional Dwellings and Settlements Review, 22 (2), 63-76.

Wall, A. (1995). Movement and Public Space: Equipping the City for a Mobile Culture. Journal of Architectural Education, 49 (01), 22-28.

JUAN CAMILO RUA SERNA (**)

Recibido: 14 de enero de 2015

Aprobado: 2 de julio 2015

Articulo de reflexion

(*) Articulo de reflexion construido en el marco del Diplomado en Derecho Urbanistico ofertado por la Universidad de Antioquia en 2014.

(**) Politologo de la Universidad Nacional de Colombia. Abogado de la Universidad de Antioquia. Ha publicado ensayos sobre el papel de los espacios urbanos y rurales en la obra de Fernando Vallejo (2014) y sobre el lugar de la prostitucion dentro del sistema juridico colombiano (2012); en 2014 participo en el Congreso Internacional de Literatura "Medellin Negro" con una ponencia sobre la representacion de las fronteras sociales y criminales en la novela Angosta de Hector Abad Faciolince.

E-mail: juanc.rua@udea.edu.co.

(1 ) "Se sostiene en este capitulo que las calles son en si mismas lugares de practicas culturales, y una parte de nuestro conocimiento sobre la ciudad, porque unen sitios de actividad o practica cultural, posibilitan el escape y son un paso para algun lugar mas o alguien mas. Las calles conectan todo genero de sitios de nuestra cotidianidad cultural, desde los mas espectaculares a los mas humildes. La gente se conoce en la calle, pero tambien en la calle el encuentro puede evitarse". Traduccion realizada por parte del autor. Se mantiene en el cuerpo del ensayo el texto original para una mayor fiabilidad de la fuente.
COPYRIGHT 2015 Universidad de Caldas
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2015 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Serna, Juan Camilo Rua
Publication:Antropologia y Sociologia: Virajes
Date:Jul 1, 2015
Words:6826
Previous Article:El tiempo social contemporaneo desde una perspectiva acelerada.
Next Article:Estudios de vida cotidiana en arqueologia. El caso de un grupo domestico maya del periodo clasico.

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2020 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters