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Josep Soler Vidal, California: la aventura catalana del noroeste.

Josep Soler Vidal, California: la aventura catalana del noroeste, traduccion de Marti Soler, investigacion y paleografia de los documentos de Martin Olmedo, Mexico, El Colegio de Jalisco / Fideicomiso Teixidor / Generalitat de Catalunya / Libros del Umbral, 2001, 320 pp.

Hacia el Pacifico norte: Los catalanes en la ultima expansion del imperio colonial espanol (1)

Fueron en su tiempo y nos resultan hoy todavia tan sorprendentes los hechos primordiales de la expansion espanola de fines del siglo xv y principios del xvi que a menudo olvidamos que ese proceso expansivo iniciado entonces llego a ser cabalmente tricentenario. Si el primero de los grandes viajes colombinos se realizo en los anos de 1492 y 1493, tres siglos justos mas tarde navegantes y colonizadores al servicio de la corona espanola todavia se ocupaban en descubrir y demarcar las costas occidentales de la America del Norte y empenaban sus esfuerzos en fundar y tratar de sostener contra viento y marea una pequena colonia en la distante y a la sazon disputada bahia de Nutka, localizada en lo que son hoy dia litorales insulares canadienses.

Un proceso que abarco un tan amplio arco cronologico y que tuvo a la postre una dimension geografica practicamente continental no pudo producirse sino de manera discontinua, bajo muy distintas modalidades y registrar, al paso del tiempo, cambios verdaderamente esenciales en cuanto a sus condiciones de realizacion y su sentido. Pocas semejanzas pueden encontrarse, por ejemplo, entre un movimiento de expansion y conquista corno el que acaudillo Cortes en la segunda y tercera decadas del siglo XVI y esos otros movimientos, tambien de expansion y conquista, que en el curso del siglo XVIII condujeron a la fundacion del Nuevo Santander--el hoy estado de Tamauilipas--, o de la Nueva o Alta California--o sea, la California hoy estadounidense.

De uno de esos momentos diferenciados de la expansion espanola hacia los distintos confines del Nuevo Mundo trata el libro de Josep Soler Vidal que voy a comentar en las siguientes paginas: del momento de la expansion hacia la Alta California y otros puntos aun mas septentrionales. Movimiento colonizador iniciado el ano de 1V69, este que da tema al libro de Soler Vidal vino a ser ciertamente la ultima gran expansion colonial del imperio espanol.

Antes de pasar a destacar algunos aspectos del contenido del libro quisiera hacer unos cuantos senalamientos respecto de las condiciones en que se realizo ese movimiento de colonizacion que cierra el ciclo expansivo de los espanoles en el mundo indiano.

La ocupacion de la bahia de Nutka fue una avanzada de los espanoles realmente efimera. En ese punto se establecio una nueva frontera del imperio, frontera precaria, fugaz, que no llego a consolidarse. Alli el logro seria a la postre el mero descubrimiento, la develacion, el desarrollo del saber geografico y etnografico, logro que ciertamente no pudo conseguirse sin enfrentar incertidumbres, correr riesgos, padecer enfermedades como el escorbuto--el azote de los navegantes de la epocau y aun pagar una cuota de vidas humanas. Pero, como dije, aquel asentamiento de avanzada no subsistio.

En cambio, la ocupacion espanola de los territorios de la Nueva o Alta California, que tambien tuvo en principio una motivacion estrategica, si resulto en un desarrollo colonial estable, pese a que se trataba de un territorio bastante alejado respecto de las zonas nucleares de la Nueva Espana, al que dificilmente se podia acceder por vias terrestres y el que durante largo tiempo tuvo que ser abastecido tan solo por los caminos del mar.

En toda esa parte del continente americano, el avance espanol se dio como una reaccion ante la penetrante presencia de los rusos, que desde Alaska venian tras la pieles finas y en animo de establecerse en la region, y ante la renovada amenaza de los ingleses que, desde los tiempos del pirata Francis Drake, o sea, desde el ultimo cuarto del siglo XVI, habian entrevisto la posibilidad de erigir en aquellas latitudes americanas una colonia, para la que, por cierto, el mismo Drake habia dejado listo el nombre: la Nueva Albion. La estrategia espanola consistio en anticiparse a las naciones rivales, realizando un movimiento que llevara a poblar la Alta California, visitada por los espanoles desde mas de dos siglos antes, pero aun no ocupada por ellos, y yendo luego mar arriba para seguir descubriendo los litorales del continente, confiando quizas en que podria alegarse, llegado el caso, como lo habian hecho los Reyes Catolicos en el siglo XV, que el descubrimiento de tierras nuevas creaba por si mismo derechos de soberania.

Como esos avances convenian, pues, a las necesidades defensivas del imperio espanol, se llevaron a efecto bajo el entero patrocinio del Estado. No hubo en esta empresa inversion privada; por lo menos no la hubo en un principio, y por tanto no se manifestaron en ella o no tuvieron ocasion de entrar en juego los intereses particulares de los conquistadores y los colonos, esos intereses que tantas veces en la historia de la America colonial habian dado pabulo a la depredacion extrema de las poblaciones autoctonas y de sus medios de vida.

No estoy idealizando los hechos de este avance colonial tardio, tan solo puntualizo que ese ultimo movimiento de expansion fue en su origen una empresa con caracter oficial, sujeta por lo tanto a ciertos necesarios controles, encaminada a alcanzar ante todo objetivos que convenian al Estado y encomendada, en sus niveles de direccion, a un personal disciplinado, selecto y merecedor de la confianza de quienes en ese entonces iban marcando el rumbo del regimen. Sucedio, ademas, que muchas de las individualidades mas destacadas de ese personal eran catalanohablantes, lo que venia a ser un hecho ciertamente excepcional.

Dicho lo anterior, paso ya a referirme concretamente al libro de Josep Soler Vidal.

En cuanto a su conformacion dire que es un libro que fue integrado ex profeso para esta edicion. Para componerlo fueron reunidos varios textos originariamente elaborados como estudios particulares y que, segun vemos en la referencia bibliografica que viene al final del libro, en un principio se publicaron separadamente, como opusculos o corno articulos en revistas de difusion. En su primera version editada todos ellos aparecieron en catalan, por lo que sus lectores destinatarios no pudieron ser sino los hablantes de esta lengua. Aun cuando los textos reunidos se refieren a distintos hechos y distintos personajes, tenemos que ocurren aquellos y actuan estos en un espacio y un tiempo mas o menos unitarios. Una afinidad tematica enteramente manifiesta valida la decision de publicar estos textos conjuntamente, sobre lodo porque todos ellos se complementan entre si. Ponerlos nuevamente en circulacion ha sido, creo yo, una decision atinada, porque esos estudios son todavia vigentes y porque tienen rasgos que seguramente resultaran de un particular interes para quien se acerque a esta obra con la mente y el corazon abiertos, no con una actitud de condescendencia, sino simplemente con simpatia. Ofrecer, en fin, los textos de referencia traducidos al espanol es, por supuesto, ampliar el numero de sus potenciales lectores, vale decir, de sus beneficiarios.

Reconozco que estos estudios californianos que nos lego Josep Soler tienen cualidades muy apreciables y no comunes. Aunque podran advertirse en el conjunto de la obra algunas insuficiencias de informacion, al notarlas nos convendria recordar aquello de que en todo libro, por amplio, prolijo, abundoso y omni-comprensivo que sea, siempre falta todo lo que no esta contenido en el. Dos o tres inexactitudes en fechas, que bien pudieron deberse a algun lapsus calami, resultan fallas que habria que minimizar, sobre todo porque son errores que el contexto del discurso hace evidentes. Podemos estar seguros, por lo demas, de que, para redactar sus textos, el autor siempre procuro reunir informacion suficiente y consignarla con la mayor puntualidad y--ojo con esto, que es muy importante--honradez. Es cierto que ese aparato critico que no llego a elaborarse o no se preservo habria dado un sustento mas firme al dicho de nuestro autor, pero yo no lamentaria demasiado ese defecto, pues creo que las mayores virtudes del libro, los valores mas particulares de el, no derivan de la probable autenticidad documental de los datos consignados, sino de la significacion que esos datos cobraron en la conciencia del historiador.

Como ya se anticipa en el titulo que le fue puesto a la obra, los estudios acopiados se refieren a la participacion de los catalanes en ese proceso que liemos nombrado como la ultima expansion colonial del imperio espanol. Es del todo obvio que, al preparar cada uno de sus estudios, el autor estuvo menos interesado en ofrecer una vision de conjunto de ese movimiento de expansion hacia las tierras y los mares del Pacifico Norte que en identificar a los hombres que procedian del Levante espanol y de las islas Baleares, en reconstruir la trayectoria de algunos de ellos y en valorar la obra individual de unos y la obra colectiva de todos. La atencion de el se centro en cada caso en un individuo que fuera a todas luces sobresaliente: Pedro Fages, el de "Guissona, antigua villa de la Segarra", oficial de la Segunda Compania Franca de Voluntarios de Cataluna, soldado, pues, y luego gobernador de California; esforzado, cumplido en sus comisiones, informante puntual, cronista tal vez sin haberselo propuesto; Pedro Font, el franciscano aragones al que mas le daba por acumular saberes que por recitar oraciones; incansable, dispuesto siempre a sumarse a expediciones azarosas, observador acucioso de las realidades naturales y humanas que aparecian ante sus ojos, pertrechado siempre de sus instrumentos de medicion: el compas, el cuadrante astronomico, el astrolabio, el grafometro; autor de registros diarios que, aparte del enorme valor que tienen como apuntes corograficos, parecen casi tratados de etnografia; y, por sobre todo esto, visionario capaz de hacer vaticinios sobre la fundacion de futuras ciudades, como fue el caso de la de San Francisco; Juan Peres, seguramente mallorquin, "de la ribera de Palma", segun dijo fray Junipero Serra; marino de gran habilidad y no poco atrevimiento, que alcanzo a subir por el Pacifico Norte hasta el cabo que llamo de Santa Magdalena, situado hacia los 55 grados, latitud norte, altura no alcanzada hasta entonces por ningun europeo occidental, y, en fin, Pedro Alberni, catalan, aunque no sabemos de que lugar preciso; oficial de la Segunda Compania Franca de Voluntarios de Cataluna, como Fages; poblador de la bahia de Nutka, militar que, se dice, preferia los arados a las armas ofensivas, que entendio que para poblar habia que desarrollar la agricultura, que busco el trato pacifico con los indios lugarenos y que, aprendidas por el algunas palabras de la lengua vernacula, las uso para hacer una cancion y cantarselas a los nativos con la tonada de "Mambru se fue a la guerra".

Estos personajes que he mencionado son como los focos de la atencion del historiador Soler, pero al mismo tiempo son ejes en torno de los cuales giran otras personas que son catalanas tambien, que son gente de habla catalana. En los textos compilados vemos aparecer, a veces muy fugazmente, a militares como Gaspar de Portola, Fernando de Rivera y Moneada, Jose Antonio Romeu, Pablo Vicente y Esteban de Sola, Antonio de Pol, Cayetano Perera, Nicolas Soler, Jose Joaquin Moraga, Jose Antonio Jorba, Juan Puig, Miguel Pericas, Agustin Callis, Francisco Javier, Patricio, Jose Maria y Miguel Pico, entre otros; y a Miguel Constanso, que era ingeniero militar, y a Pedro Pratt y Pablo Soler, que eran medicos; y a gente de mar, como Vicente Vila, Mauricio Faulia y Manuel Quimper; a religiosos, en fin, como Junipero Serra, Juan Crespi, Francisco Palou, Rafael Verger, Fermin Francisco Lasuen y Francisco Garces, por solo nombrar a los mas conocidos.

No se puede sino decir que esta era una concurrencia notable, porque todos los nombrados, y otros que no nombramos por no alargar demasiado la lista, eran hombres que tenian una comun procedencia en el mundo iberico, el Levante peninsular, y porque, unos mas y otros menos, todos estuvieron llamados a realizar una obra fundacional trascendente. Josep Soler reconocia lo excepcional de la situacion: "Un conjunto tan importante de catalanes dedicados a una empresa comun, de caracter oficial -escribiou, dificilmente se encuentra en otro periodo de la historia de America". Y podriamos nosotros enmendarle la plana y decir: un conjunto igual de hombres levantinos es completamente seguro que no se encuentra en otro periodo de la historia de la America espanola, al menos no un conjunto que haya tenido una presencia tan multiforme y tan decisiva en un proceso de expansion colonial.

En esta "aventura catalana del noroeste" vio Josep Soler una especie de reivindicacion historica, de rectificacion de la politica de exclusion de los catalanes a la que dio fundamento la disposicion testamentaria de dona Isabel la Catolica, reina de Castilla. Circunstancias excepcionales, dice el autor que comentamos, se conjugaron "para poner la empresa [de California] en manos de naturales de las tierras de lengua catalana, los cuales habian sido excluidos de la aventura americana hasta aquel siglo".

Josep Soler escribe sobre esos catalanes porque obviamente piensa que es de justicia que queden tambien incluidos en la Historia, la de la hache mayuscula. Escribe con un cierto animo de exaltacion para dar cuenta de la indole de los hombres y del valor de su obra: los catalanes sobre los que el escribe no son hombres que hayan llegado para anatematizar a nadie ni para destruir lo establecido, sino que son "colonizadores de animo conciliador"; sus huestes no son conquistadoras, sino "civilizadoras"; fueron ellos pioneros que antecedieron a los "pioneros del Oeste de Norteamerica" y fundadores de lo que ni siquiera alcanzaron a imaginar: del que llegaria a ser uno de los mas populosos y prosperos estados de la Union Americana. No son necesariamente falseamientos lacticos estos, aunque si versiones cargadas de un cierto romanticismo.

Puesto ya a idealizar la "aventura catalana del noroeste", nuestro autor afirma que esos hombres a los que hermanaba la lengua formaron en aquellas latitudes una especie de "cofradia espiritual" que atenuaba las diferencias sociales o jerarquicas que sin duda habia entre ellos. Y he de decir que en la logica de la interpretacion adoptada por el autor, mas importante le resultaba a el mantener incolume su vision un tanto idilica que tratar de explicar, por ejemplo, las desavenencias irreductibles que se dieron entre los religiosos y los militares; entre, pongamos por caso, el mallorquin Serra, que hablaba el catalan y que se congratulaba cuando encontraba alguien con quien pudiera hablar en esa lengua, y Fages, el de Guissona, que tambien tenia el catalan como lengua madre. Los catalanes de la obra historiografica de Josep Soler tenian que funcionar en armonia para que la suya fuera una obra colectiva, casi diriamos una obra nacional.

Agregare a todo esto que, con sus estudios, nuestro autor quiso tambien reparar otra suerte de injusticia: la de la ignorancia, la del olvido. Hablando de Pedro Alberni dice: "alcanzo la fama de hombre notable, y quienes menos sabiamos de ello eramos sus propios connacionales". Quiza en esta exclamacion podamos ver, sintetizada, la motivacion profunda del historiador Josep Soler, un catalan que escribio sobre catalanes, primordialmente para catalanes y en catalan.

Estoy por terminar y no quisiera dejar la impresion de que he tratado de insinuar aqui que el catalanismo manifiesto de nuestro autor sesga su obra y la demerita. En realidad, yo considero que ese sentimiento le sirvio a el de acicate y lo proveyo de una validisima justificacion para aplicarse a la investigacion y para publicar los resultados de ella. El catalanismo de Josep Soler era, creo yo, irrenunciable, y cierto es que, en el terreno de la investigacion historica, no lo llevo a falsear los datos efe origen documental para ajusfarlos a algun esquema de interpretacion preconcebido, sino que solo lo proveyo de una plataforma de observacion, que el en ningun momento trato de ocultar o disimular. Todos los seres humanos, historiadores o no, funcionamos indefectiblemente dentro de la urdimbre de nuestros sentimientos de identidad colectiva.

De esos sentimientos no podemos despojarnos ni cuando escribimos un libro de historia ni cuando lo leernos. Si alguien pudiera convencer nos de que esta por encima de estas sensibilidades humanas pienso yo que habria que concederle el derecho de arrojar la primera piedra.

Ignacio del Rio, Doctor en Historia, Instituto de Investigaciones Historicas de la UNAM, SNI-III.

(1) Texto leido en el Orfeo Catala de la Ciudad de Mexico, D. F., el 19 de junio de 2002.
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Author:del Rio, Ignacio
Publication:Estudios Fronterizos
Date:Jul 1, 2010
Words:2988
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