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Jose Tolentino MENDONCA, Hacia una espiritualidad de los sentidos.

Jose Tolentino MENDONCA, Hacia una espiritualidad de los sentidos, Barcelona: Fragmenta Editorial, 2016, 65 pp., 11 x 18, ISBN 978-84-15518-29-7; Pequena teologia de la lentitud, Barcelona: Fragmenta Editorial, 2017, 74 pp., 11 xi8, ISBN 978-84-15518-72-3.

Resenamos aqui dos breves libros de unos de los pensadores mas originales del Portugal contemporaneo. Mendonca (Madeira, 1965), es especialista en estudios biblicos (doctor por el Pontificio Instituto Biblico de Roma), ha sido profesor de la Universidad Catolica Portuguesa y director de la revista Didaskalia. En 2011 fue nombrado consultor del Consejo Pontificio de la Cultura. En 2018 fue nombrado archivista y bibliotecario de la Iglesia Catolica Romana (encargado de los Archivos Secretos y de la Biblioteca Apostolica Vaticana) y nombrado arzobispo titular de Suava (antigua Numidia, hoy Argelia). Ese mismo 2018 dirigio los ejercicios espirituales de cuaresma del papa Francisco y la Curia romana. Ha sido galardonado con numerosos premios, tambien por su obra literaria (poesia). Entre sus obras traducidas al castellano se encuentran Encontrar y poseer el tesoro escondido (Paulinas, 2011), Padre nuestro que estas en la tierra: El Padre nuestro para creyentes y no creyentes (Paulinas, 2013), Ningun camino sera largo (Paulinas, 2013).

Mendonca muestra en sus obras un gran interes por las cuestiones antropologicas y una gran sensibilidad respecto a la realidad que nos circunda. Los dos ensayos que ahora resenamos constan de breves capitulos en los que se afrontan, de una forma breve, sencilla e incisiva, diversos aspectos de la cuestion abordada. El primero de ellos, Hacia una espiritualidad de los sentidos, propone una espiritualidad que concibe los sentidos como camino que conduce y puerta que se abre al encuentro con Dios. Comienza Mendonca diciendo que la espiritualidad, que de suyo hace referencia a la interioridad, no se reduce a un ejercicio interior que implica la relativizacion o incluso la renuncia de los sentidos corporales. Asi, todavia hoy predomina, en la espiritualidad, una excesiva interiorizacion de la experiencia espiritual y un distanciamiento del cuerpo y del mundo. Lo sensorial es visto como epidermico y algo frivolo. Y eso lleva a una condicion descarnada de la vivencia de lo religioso.

Ante esto, Mendonca fija su mirada en el realismo narrativo de la Biblia. Ahi, en el nucleo de la revelacion biblica, nos encontramos con la vida que Dios ama, al mismo tiempo que no encontramos ninguna aversion por el cuerpo. Es mas, gracias al <<soplo vital>> (Gn 2,4-7) el aliento de Dios pasa a estar activo en cada ser vivo: con la creacion <<se establecio una fascinante e inquebrantable alianza: la que une la espiritualidad divina y la vitalidad terrena. ?Donde, a partir de ese momento, experimentamos mejor el Espiritu de Dios sino en el extremo de la carne hecha vida?>> (p. 13). La concepcion biblica defiende, afirma Mendonca, una vision unitaria del ser humano en la que el cuerpo no se ve nunca como un revestimiento exterior del principio espiritual o como una prision del alma, como pretenden el platonismo y sus replicas tan extendidas.

Partiendo de esta idea general, Mendonca habla del cuerpo como la lengua materna de Dios: <<anclados en la semilla divina que no solo transportan, sino que ellos mismos son, hombres y mujeres se descubren llamados a apropiarse creativamente, y con todos los sentidos, del desmesurado prodigio de la vida>> (p. 14). Asi, la sensibilidad y el asombro son camino para descubrir los pasos de Dios en nosotros mismos y en lo que nos rodea, ese amor incondicional que nos abraza continuamente. Sobre esta idea, el autor propone su mistica de los sentidos o del instante, en la que revaloriza lo ordinario, lo tangible, lugar de encuentro con Dios. Paradojicamente, vivimos en una sociedad que da una primacia total a las emociones, la informacion, las expectativas, los requerimientos. Pero lo hace de una forma que facilmente provoca fatiga y atrofia los sentidos. Por eso, urge mirar a esos sentidos de nuestro cuerpo como puerta de la presencia de Dios en el instante del mundo, desarrollarlos como deberiamos, educarnos para poder ayudar a cuidarlos, cultivarlos y refinarlos. Es necesario aprender a sentir.

A partir de las ideas expuestas, Mendonca aborda algunas patologias de los sentidos (experiencias que ya no somos capaces de afrontar bien: el sufrimiento, el luto, la rutina, el exceso de comunicacion) y propone un camino por el que unir sentidos y sentido: redescubrir el tacto, retornar al gusto, revisitar el olfato, volver a la audicion, abrir la vision. Y de aqui, un proyecto de espiritualidad: encontrar una relacion con el tiempo, descubrirse amado, una mistica con los ojos abiertos; en fin, un sentido <<nuevo>> de mistica.

En Pequena teologia de la lentitud, Mendonca comienza haciendo un analisis de la sociedad en la que vivimos, al menos en lo que respecta a la experiencia comun de los paises desarrollados: <<nuestro estilos de vida estan contaminados irremediablemente por una presion que escapa a nuestro control; no hay tiempo que perder; queremos alcanzar las metas lo mas rapidamente posible; los procesos nos desgastan, las preguntas nos retrasan, los sentimientos son un puro despilfarro; nos dicen que lo que importa son los resultados, el ritmo de las actividades se ha tornado despiadadamente inhumano. Cada nuevo proyecto es mas absorbente que el anterior y aspira a anteponerse a todo. La jornada laboral se extiende e invade la esfera privada. Pero tambien aqui hay que estar conectado y disponible en todo momento. Pasamos a vivir en un espacio abierto, sin paredes ni margenes, sin dias diferentes unos a otros, sin rituales transformadores, en un continuo obsesivo, controlado al minuto>> (pp. 7-8).

Este panorama podremos experimentarlo con mayor o menor intensidad, pero es dificil negarlo. Y la consecuencia es una perdida: a mas rapidez, mas olvido; a mas actividades, mas ficcion de omnipotencia. <<Pasamos por las cosas sin habitarlas, hablamos con los demas sin escucharlos, acumulamos informacion que no llegaremos a profundizar. (...) La velocidad a la que vivimos nos impide vivir>> (pp. 8-9). En este contexto, Mendonca propone rescatar nuestra relacion con el tiempo. Para ello es necesario una relajacion interior, una lentitud que nos proteja de la precipitacion mecanica, de los gestos ciegos compulsivos, de las palabras repetidas y banales. Esta lentitud se presenta como un antidoto contra el patron normalizado, se arriesga a trascender lo meramente funcional y utilitario, elige en mas ocasiones convivir con la vida silenciosa, registra los pequenos transitos de sentido.

La lentitud que propone Mendonca no tiene nada que ver con una forma de pereza, sino con una actitud renovada ante la vida. Con ella, lo que se busca es crecer en sentido. Por ejemplo, Mendonca anima a profundizar en el arte de lo inacabado. En un mundo obsesionado por sacar cada vez mas tiempo para acabar cada vez mas cosas inacabadas, la sabiduria vendria por aceptar que el tiempo no se estira, que es limitado y que debemos vivirlo de la manera mas equilibrada posible. Un tiempo robado a alguien que amamos por dedicarlo a otra cosa no tiene forma de ser recompensado. Sabio es el que sabe <<no acabar>> una cosa, precisamente para alcanzar otra mas profunda. Sabio es el que contempla lo inacabado no como indicador de carencia sino como condicion inexcusable del propio ser. Tanto nosotros como el mundo somos realidades inacabadas. Nuestra vida no se basta a si misma, necesitamos la mirada del otro. La vida solo alcanza su sentido en el acto de compartir y darse. He aqui una autentica teologia de lo inacabado.

En esta misma linea, Mendonca reflexiona sobre al arte de agradecer lo que no nos dan. Esta expresion tan paradojica es realmente acertada. Nuestra vida es siempre receptaculo del don: recibimos, para empezar, la vida, y despues somos continuamente acogidos y amados. En muchos sentidos somos la obra de otros, resultado de encuentros, gestos, buenas voluntades, siembras, caricias, afectos. Nos inspiramos y nos apropiamos del sentido de vidas que no son nuestras, pero que se inclinan hacia nosotros. ?Y que decir de las cosas buenas que no hemos tenido? Que es precisamente su ausencia seguramente la que nos ha permitido descubrir fuerzas insospechadas y, en cierto modo, nos ha permitido ser nosotros.

A lo largo del libro, Mendonca se fija en cuestiones como el arte del perdon, el arte de esperar, el arte de cuidar, el arte de habitar, el arte de contemplar la vida, el arte de la perseverancia, el arte de la compasion, el arte de la alegria, el arte de ir al encuentro de lo que se pierde, el arte de la felicidad, el arte de la gratuidad, ?el arte de escuchar nuestro deseo?, el arte de morir, el arte de no saber. Al acabar de leer el libro no sorprende que Mendonca lo haya llamado <<teologia>>. Y es porque la lentitud es, en la linea de la <<espiritualidad de los sentidos>>, tambien una espiritualidad, un camino que nos ayuda a redescubrirnos, a redescubrir al otro, a darnos cuenta de la presencia de Dios en uno mismo, en el otro y en todo lo que nos rodea. Es un camino para dar sentido, un camino de memoria, un camino de madurez humana y, en continuidad con ella, de madurez sobrenatural.

Los dos libros de Mendonca abordan cuestiones nucleares e intensamente presentes en nuestras vidas. Son cuestiones que afectan de un modo radical a nuestra propia identidad y a nuestra relacion con el otro. No se puede decir que sean cuestiones ignoradas, pero si que, por diversas razones, suelen estar orilladas en el dia a dia. En estos libros estan tratadas con claridad y calidez, esto es, pensando en el lector que busca, quiza sin saberlo, comprender que le pasa y encontrar una mano amiga que le ayude a transitar por el mundo que le ha tocado vivir, llenado su vida de sentido y con la ilusion de crecer entrando en comunion con lo que le rodea y con quien le rodea.
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Author:Caballero, Juan Luis
Publication:Scripta Theologica
Article Type:Resena de libro
Date:Apr 1, 2019
Words:1763
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