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Jorge Monteleone, El centro de la tierra: Lectura e infancia. Buenos Aires, Ampersand.

Jorge Monteleone, El centro de la tierra: Lectura e infancia. Buenos Aires, Ampersand, 2018, Lector&s, 222 paginas

En la primera pagina, inmediatamente despues de la dedicatoria, una cita de la banda alemana Die Toten Hosen abre el libro. Ademas de recordarnos la afinidad de Jorge Monteleone por el rock, la cita nos dice, si la traducimos, algo asi: "En dias como estos,/ Deseamos infinidad/ En dias como estos, todavia tenemos mucho tiempo, (...)/ Ningun final a la vista" (p. 5). Los temas del libro, la lectura y la infancia, se podrian entonces caracterizar como los dias evocados en la cancion: idilicos, lejanos e infinitos, capaces de conjurar la muerte. Pues se trata de un libro sobre la muerte, pero tambien sobre la felicidad: "Luego llegaba el ensueno del comienzo. Y abria los libros y comenzaba a leer. Comenzar no era hojearlo sino leer la primera pagina y continuar hacia delante llevado por la marea. Desde entonces los comienzos, como los versos recordados, me frecuentan y me asaltan, al igual que a todos los obsedidos por la lectura, y de modo invariable son el senuelo de la felicidad" (p. 125).

El centro de la tierra: Lectura e infancia es un libro que se propone como autobiografia literaria. Incluido en la coleccion Lector&s dirigida por Graciela Batticuore y compuesto de treinta y un capitulos o ensayos breves, se trata de la historia de la formacion de un lector. Este lector podria ser Jorge Monteleone o podria ser cualquiera: la reminiscencia de textos tan clasicos y universales (pero que para el lector temprano significaron experiencias intransferibles) hace que la lectura de esta biografia se vuelva una experiencia del reencuentro con lo intimo para quienes se aproximan a ella. Pues nosotros, tambien, terminamos levantando la cabeza de la lectura de vez en cuando para preguntarnos: ?como me hice lector/a?

La autobiografia de Jorge Monteleone constituye asi una invitacion al ejercicio de la memoria y una vuelta a la propia infancia: Verne, Juan Ramon Jimenez, los Looney Toons, las historietas de superheroes, Stevenson, la Billiken, Anteojito, entre otros textos y productos culturales masivos, atraviesan estas paginas de manera desordenada y aleatoria, en un movimiento de ida y vuelta y repeticiones en el que la linealidad del tiempo se desdibuja y los asaltos de la memoria se vuelven el modo de contar una historia.

Al mismo tiempo, tambien hacen su aparicion las lecturas que, con el correr de los anos, fueron expandiendo ese mundo literario primigenio, pero sin perder de vista ese origen que esta en la infancia. Neruda, Tunon, Borges, Rulfo, Proust, Aira, Dostoievski, Baudelaire, forman parte de su biblioteca y en todos ellos hay ecos de la infancia:
   Al recordar este comic [se refiere a las historietas de Gene Ahern
   que leia de nino] vuelve a mi uno de los libros mas felices de
   Cesar Aira: su ensayo Edward Lear, que contiene abundantes
   limericks (...). Entonces aquellos comics de Gene Ahern cuyo nombre
   ignoraba eran el anticipo y a la vez el resultado del nonsense que
   podia comprender en los dibujos y los poemas de Lear (p. 92).


De esta forma, a lo largo del libro, Monteleone va entretejiendo, para el relato de su devenir en lector, los recuerdos de su iniciacion literaria con vivencias personales: los momentos de su alfabetizacion en la escuela primaria, la influencia fundamental de su abuelo Rosario Favazzi, la presencia dolorosa de su madre, signada por el fantasma del suicidio (pero tambien por el recuerdo del aprendizaje de la lengua materna y de la superacion de la pagina en blanco). La apuesta del libro esta en la relacion constante entre literatura y vida: el repaso de los dias en que su abuela sufria de aterosclerosis e iba perdiendo la memoria, por ejemplo, viene unido a la rememoracion de la lectura de Pedro Paramo, que represento en ese momento tan critico un refugio: "a eso estaba acostumbrado desde chico, a salvarme con un libro o a salvar con un libro la maldicion de la hora y olvidar la muerte" (p. 31).

Sin embargo, no todo aqui pertenece al ambito de la literatura, los programas televisivos o las historietas. Entre los libros consumidos (devorados como por el demonio de Tasmania, a quien se refiere en La divergencia al hablar de su hambre de lecturas) y los relatos familiares, tambien se cuela la teoria literaria. Pero no como un discurso que se pretende didactico y que viene a formalizar las lecturas, acomodarlas en una estructura o darles un sentido; sino que se suma, como uno mas, a esos relatos que conforman el universo del lector. Algunos capitulos, ademas de dar cuenta de momentos significativos de su vida, relacionados con la lectura, vuelven sobre temas y discusiones que han ocupado un lugar preponderante en la trayectoria de Monteleone como critico. El ensayo que abre el libro, La infancia y el paraiso, es una reflexion sobre el estatuto filosofico de la infancia, en donde resuenan las ideas de Agamben (la infancia como momento en que el hombre, el infante, no hablaba) y de los romanticos Novalis y Holderlin (la infancia como paraiso). Entre ellas, se insertan las ideas del propio Monteleone:
   Cuando el yo pasa de ser infante a hablante, entra en el mundo
   simbolico, entra en la historia, pero la verdadera experiencia esta
   alli: latente. Creo algo mas, siquiera como una fe que se distrae
   del derrumbe: que la lectura le da a esa infancia un mundo, y que
   con los anos tal vez se despierta de nuevo ese mundo de la infancia
   en el acto mismo de leer (p. 15).


En El habla de las cosas, por otra parte, aparece una de las fascinaciones de Monteleone, que se repetira en varios de los ensayos subsiguientes: el mundo de la materia y de los objetos. Alli, el critico relata, de manera parecida a como lo hizo en su ponencia Lectura e infancia leida en el I Congreso Internacional CeLeHis (y en la cual este libro puede quizas encontrar una de sus raices), la manera en que Proust se refiere a sus lecturas de infancia:
   Cuando Marcel Proust recuerda los dias de lectura en la infancia,
   lo evocado es menos lo leido que las horas en las cuales el mundo
   era objeto de la atencion del nino. (...) Esa "vida" que interrumpe
   la lectura es la vida cotidiana de las acciones, los intercambios y
   la charlataneria que los adultos ocupan, pero no toda la realidad:
   no es, por ejemplo, la vida inherente a las cosas del mundo. Porque
   ellas no solo no interrumpen la lectura, sino que la intensifican
   (p. 17).


Tambien se lee en El galpon:
   Atribuyo mi aficion a tomar el partido por las cosas dando un largo
   rodeo por las palabras que se acumulan en los poemas --como decia
   Francis Ponge--a la experiencia de ese lugar, en el cual nos
   quedabamos horas y horas jugando con mi primo Hugo, donde yo leia
   todo lo que podia encontrar acumulado entre papeles viejos (...)
   (p. 175).


Una de las invenciones mas novedosas del libro es la incorporacion de largos parentesis en medio de los ensayos, quizas para suplantar las notas al pie o las notas al final en lo que estas tienen de ilegible (por la interrupcion que producen, ademas de constituir dispositivos mucho mas academicos). Por el contrario, los parentesis, de manera armonica, anaden detalles a lo que esta siendo contado en el cuerpo del texto, y en muchas ocasiones es el lugar donde aparecen la teoria y otros conocimientos enciclopedicos.

Lejos de apuntar a su formacion como intelectual, culto o letrado, esta autobiografia hace foco en lo que la infancia tiene para decir, todavia, al critico, puesto que constituye una potencia infinita que, a medida que se aleja, regresa con fuerza en las lecturas. La infancia se configura como un espacio irrecuperable pero restante, en donde solo existia el lector y aun no nacia el critico. En ese sentido, se podria afirmar sin dudas que el libro cumple con su deseo de libro infinito (a la manera de Mallarme) que busca una y otra vez el centro, el grado cero de su propia escritura: "Mi libro ideal deberia ser asi: puede comenzar en cualquier parte y ese comienzo seria aleatorio y no deberia terminar nunca o deberia recomenzar ciclicamente, de un modo igualmente aleatorio cada vez que el lector diera con el mismo capitulo" (p. 9).

Inagotable por su naturaleza heterogenea (?memorias? ?ensayo? ?diario de lecturas?) y por la increible vastedad de obras mencionadas, El centro de la tierra: Llectura e infancia se nos da como una autobiografia extrana, hibrida y magistral en donde la vida se convierte en materia literaria. Su lectura resulta amena y luminosa, gracias a la prosa de un autor que, como puede apreciarse al leer el resto su obra, dista mucho del discurso academico al que la critica nos tiene acostumbrados; por el contrario, constituye una experiencia estetica que nos reenvia al segundo postulado del romantico Friedrich Schlegel, parafraseado por Alberto Giordano en La resistencia a la ironia: notas desde (hacia) los ensayos de Borges: "Solo la literatura en estado de interrogacion y busca de si misma puede comprender reflexivamente la ley de su engendramiento" (2015, p. 103).

Para concluir, se podria arriesgar que, nuevamente debido al enorme caudal de lecturas que aparecen, el libro de Monteleone puede funcionar como un repertorio de invitaciones a leer, ya que, en muchos casos, los textos y obras referidos no solo son analizados en relacion a la propia vida sino tambien ampliamente resenados. Se incluye al final una "Lista de obras mencionadas" (p. 211), con el objeto de ofrecer una guia alfabetica para que el lector interesado pueda seguir explorando esos textos tan entranables (y, quizas, por que no, impulsarlo a armar su propia lista).

Referencias

Giordano, A. (2015). La resistencia a la ironia: notas desde (hacia) los ensayos de Borges. Variaciones Borges, 40 (1), pp. 99-113. Recuperado de http://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/Giordano.pdf

https://doi.org/10.24215/18517811e116
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Author:Regis, Juliana
Publication:Orbis Tertius: Revista de teoria y critica literaria
Date:Jun 1, 2019
Words:1804
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