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Jesus Botello Lopez-Canti. Cervantes, Felipe II y la Espana del Siglo de Oro.

Jesus Botello Lopez-Canti. Cervantes, Felipe II y la Espana del Siglo de Oro. Madrid: Iberoamericana; Frankfurt: Vuervert, 2016. 210 pp. ISBN-13: 978-8484899785.

En su estudio sobre Cervantes y el polemico Felipe II, Jesus Botello Lopez-Canti explora las alusiones al monarca en la obra cervantina (capitulo i), los paralelos entre la cultura archivistica del rey y la memoria bibliografica de Don Quijote (capitulo 2), la critica a burocratizacion juridica del gobierno isabelino que para el autor representa el gobierno de Sancho Panza (capitulo 3), las correspondencias entre el ultimo ciclo heroico de las aventuras de Amadis (las Serglas de Esplandian) y la vision caballeresca de Don Quijote (capitulo 4), y el intertexto coleccionista de la camara de maravillas en el episodio de la cueva de Montesinos en Don Quijote (capitulo 5). Ciertamente, este enfoque en el hijo del "rayo de la guerra," Carlos V, contrasta con la mas obvia atencion que la critica cervantista ha prestado al emperador y su constatada aficion por la cultura heroico-caballeresca. Sin embargo, si el emperador instutionaliza anacronisticamente el referente caballaresco en la Espana del siglo XVI, para Botello Lopez Canti es Felipe II quien acomete el "proceso de reactivacion" de la institucion caballeresca entre 1562 y hasta 1619--"ya en epoca de Felipe III" (19)--en el que se enmarca gran parte de la produccion cervantina. Para el autor, Don Quijote, de hecho, demuestra muy especialmente en cada una de sus partes este impulso revitalizador y su consiguiente decadencia. Por todo ello, a pesar de constitutir un referente politico mas burocratico-administrativo que simbolico o heroico, Felipe II resulta para Botello Lopez-Canti una influencia y/o presencia no suficientemente explorada en el universo cervantino.

Esta premisa resulta en varias estimulantes las reflexiones; en el capitulo segundo, por ejemplo, Botello Lopez-Canti sugiere que el contraste entre la cultural oral y la "escriturai" (96) que representan Sancho y Don Quijote resulta en la marcada inflexibilidad del caballero. Es el seguimiento literal de un referente impreso lo que "dicta" no solo su rigido seguimiento de la norma caballeresca (escrita), sino tambien la obsesiva "pulcritud linguistica" con la que constantemente interrumpe a sus interlocutores con el fin de "restaurar el orden simbolico de la escritura" (97). Asi mismo, resulta iluminador recordar que "Don Quijote es un producto de archivo" (107), y "[e]sta conciencia de archivo modela," al menos hasta cierto punto, "las paginas del Quijote" (ni). Resulta menos claro si la constante relectura literaria que hace el protagonista "mantiene" el nivel de "extranas analogias con [el archivo de] Simancas" im pulsado por Felipe II. La obsesion literaria e historica del caballero andante suele estar mas asociada con las ansias de alcanzar una significacion heroica y veracidad historica que con la obsesion burocratizadora del monarca.

El capitulo tercero recuerda como la maquina burocratica perfeccionada por Felipe II, tan util para los principios estructurales del imperio, habia empezado a pesar gravemente sobre las estructuras judiciales del pais. La referencia oral que parece servir tan poco a Sancho en su alardes novelisticos con Don Quijote resulta mucho mas productiva en su rol de gobernador. Su modelica actuacion como legislador recuerda para Botello Lopez-Canti la eficiencia del "modo de impartir justicia de los musulmanes de la epoca, que parece que Cervantes admiro profundamente" (128). Igualmente esclarecedor resulta el recordatorio de la ultima entrega del ciclo heroico de Amadis de Caula, las Serglas de Esplandian, que en el capitulo cuarto se lee como "una trayectoria epica analoga" no solo a la aventura caballeresca de Don Quijote, sino a los intentos de recuperacion de este tipo de ficcion en la corte de Felipe II (144). Dado el enorme peso que el referente de Amadis comporta para el caballero manchego, resulta sugestivo recordar como su derrumbe heroico puede tener puntos de coincidencia con el de Don Quijote. Sin embargo, existen tambien diferencias obvias en la evolucion de los dos protagonistas que no son explicadas en el capitulo; Don Quijote, por ejemplo, no tiene hijos ni sucesores, y ambas obras estan separadas por mas de un siglo (las Serglas se publican en 1510), en circunstancias historicas completamente diferentes.

En el ultimo apartado, se lee el episodio de la Cueva de Montesinos desde el punto de vista del emergente coleccionismo espanol de la camara de maravillas. Botello Lopez-Canti demuestra los indicios textuales que asocian estos dos reconditos espacios--camara de maravillas y cueva--como similares refugios de objetos semi-preciososos tan curiosos como las reliquias de santos (en el caso del Escorial) y los de un gran heroe como Durandarte (en la novela). Mientras que el autor de este capitulo se implica en un excursus sobre la melancolia de Felipe II, el lector queda con ganas de saber hasta que punto las camaras de maravillas cortesanas del momento, no solo las de Felipe II, son tan secretas y sospechosas como para ser susceptibles de ser caracterizadas (literalmente o no) como cuevas. Los muchos estudios sobre la aventura de la cabeza encantada y el coleccionismo espanol no siempre han relacionado este episodio con el de Montesinos, por ello la estimulante apuesta necesita ser justamente examinada.

El libro, que termina con un resumen a modo de conclusion, se nutre de fuentes literarias, historicas y artistico-visuales, que en cierto modo recuerda al Humanismo de las armas de Jose Antonio Maravall (1948). Como en el estu dio de Maravall, Cervantes aparece descrito como el admirador de una figura monarquica, en este caso, de Felipe II (al menos hasta 1598), y como poseedor de un gran espiritu patriotico (en obras como la Numancia). Incluso si es para luego matizarla tardiamente (despues de la muerte de Felipe II), sorprende enormemente la adscripcion que hace el autor a la "ideologia espanolista y triunfalista de un Cervantes volcado con la empresa de Inglaterra y con su rey" (80) o a la "sincera admiracion que Cervantes sentia en los comienzos de su carrera por el Rey Prudente" (89). La defensa de esta lectura de la obra cervantina--que coincide con posiciones tradicionales--provoca de hecho varias mas preguntas que respuestas, sobre todo cuando en 2016 existe un largo corpus de contribuciones criticas que han resaltado la aguda o velada censura cervantista ante diversas posiciones inquisitoriales, monarquicas, e imperialistas, en obras como la Numancia.

Toda esta critica--y su convincente contrapunto historico--queda obviada en la enfocada atencion a una pregunta concreta que sustenta el largo capitulo primero: " Por que Cervantes paso del patriotismo mas exacerbado al tono ironico, la burla, y la invectiva mas acida de sus ultimos poemas?" (83; enfasis mio). Para muchos, adscribir una posicion "exacerbadamente patriotica" a Cervantes, aunque sea temporalmente, lleva a ignorar los constantes y deliciosos claro-oscuros politicos de la sensibilidad literaria cervantina desde su primera composicion hasta la ultima. Al fin y al cabo, si se puede justificar una vision positiva mas o menos tradicional de la figura del monarca en virtud de las formulaicas descripciones que el autor hace de el (Felipe II) al caracterizarle como "David" o "Moises Cristiano" lo mismo puede decirse de las alusiones--o correcciones--mucho menos glorificadoras que se incluyen en cada texto. Por ejemplo, si en el primer soneto de Cervantes a la muerte de Isabel de Valois se describe a Felipe como "soberano, / inclito rey del ancho suelo hispano," debe recordarse que el poema termina con un ambiguo y nada glorioso terceto, que alude a la cobardia y necesidad de silencio: "en ser moral, habra de acobardarse, / ya si le va mejor sentir callando, / aquello que es dificil de decirse" (enfasis mio). A cada una de las alusiones supuestamente "positivas" de la imagen de Felipe II se pueden contraponer poco ennoblecedo res juegos de palabras o alusiones que asocian al "Alto senor" con "el yugo de la obediencia," "la deverguenza" y la desesperada situacion de no solo soldados, sino de la "gente" espanola cuya "fuerza es poca / desnuda, mal armada, que no tiene en su defensa muro o roca" (Los tratos de Argel 15-16).

Obviamente, la extrema ambiguedad cervantina permite justificar cualquier posicion critica o ideologica. Sin embargo, conviene recordar que las interpretaciones que mas convincentemente nos llevan a matizar o iluminar esa ambiguedad lo hacen a traves de solidas contextuaciones historicas y literarias. Un ejemplo de ello es el articulo de Aaron M. Kahn "Moral Opposition to Philip II in Pre-Lopean Drama (Hispanic Review 74.3 [2006]: 227-50), que lee la Numancia o Los banos de Argel como parte de un continuum cultural--en el que se inscriben obras como La tragedia del principe tirano (1580) de Juan de la Cueva--que canaliza una fuerte, plural, y poco conocida censura publica y moral a la politica de Felipe II.

Resulta quiza tambien representativo que este libro aluda solo brevemente a la novela cervantina que se inspira mas obviamente en Felipe II, El celoso extremeno. Aplicando la argumentacion critica del autor, quiza pudiera excusarse el escaso patriotismo o nacionalismo de esa novela en el hecho de que se situe en la segunda etapa "critica" (negativa) de Cervantes hacia el monarca. Ante este razonamiento, cabe preguntarse que explica esa division, y que puede ganarse--en definitiva--de colegir etapas marcadas (claramente o no) en un autor, especialmente un autor como Cervantes.

Cuando Botello Lopez-Canti senala afirma que "Seria poco prudente (y anacronico) pensar que Cervantes se esta burlando abiertamente de [...] Trento" y que "[n]o existe razon alguna para afirmar algo semejante" porque "Cervantes no es un apostata heterodoxo ni un calvinista recalcitrante" (185), debe darse cuenta de la historia de esta posicion critica. No ha habido muchos intentos de asociar a Cervantes con el calvinismo extremo, pero su mordaz burla a las posiciones ortodoxas le han situado--desde Americo Castro--mucho mas cerca de la heterodoxia que de la ortodoxia cristiana, monarquica o tridentina. Quiza se hayan exagerado las posiciones subversivas de Cervantes, pero resulta francamente dificil acusar de imprudencia o anacronismo a aquellas interpretaciones que senalen o exploren el solapado--y tantas veces ironico--cuestionamiento cervantino de los valores oficiales politicos, economicos, hasta literarios. De hecho, es desde una postura critica, juiciosa, y mediadora, como podemos seguir debatiendo productivamente la naturaleza y el alcance de la censura Cervantina. El presente libro es un perfecto vehiculo para hacerlo, dado sus muchas apuestas sugerentes y no pocas afirmaciones sorprendentes. En ultimo termino, solo la ambiguedad cervantina tiene garantizada la ultima palabra.

ANA LAGUNA

Rutgers University

alaguna@rutgers.edu

Ana Laguna earned her PhD from Purdue University in 2002 and is Associate Professor of early modern Spanish literature at Rutgers University. Her research explores the relationship among literature, politics, and the visual arts, focusing on how literature reflects prominent artistic and socio-political anxieties. She is the author of Cervantes and the Pictorial Lmagination (Bucknell UP, 2009) and of multiple articles and book chapters appearing in journals like Hispanic Review and Modern Language Notes. Her work has been awarded fellowships by (among others) the National Endowment for the Humanities, The Folger Institute, and The Program for Cultural Cooperation Between Spain's Ministry of Culture and United States Universities.
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Author:Laguna, Ana
Publication:Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America
Date:Mar 22, 2019
Words:1814
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