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Javier Planas, Libros, lectores y sociabilidades de lectura. Una historia de los origenes de las bibliotecas populares en la Argentina.

Javier Planas, Libros, lectores y sociabilidades de lectura. Una historia de los origenes de las bibliotecas populares en la Argentina.

Buenos Aires, Ampersand, 2017 Scripta Manent, 320 paginas.

La historia de la bibliotecas en la Argentina, como senalan Alejando Parada y Carolina Sancholuz en el prologo de Libros, lectores y sociabilidades de lectura, tiene mas deudas que volumenes en su haber. Esto es cierto aun hoy, mas que una decada despues que autores como Graciela Batticuore, Jose Luis de Diego y el mismo Parada, entre otros, instalaran mediante su produccion el problema de la circulacion de los impresos y la lectura como un topico relevante en la agenda de las ciencias sociales autoctonas. Es justo, entonces, que sea un investigador de formacion en bibliotecologia quien responda al llamado y comience a llenar los muchos vacios en nuestro conocimiento del devenir historico de las bibliotecas en la Argentina.

En este libro Javier Planas (2017) regresa a un momento inaugural de esa historia, al rastrear y analizar el surgimiento, auge y decadencia de la primera experiencia de bibliotecas populares en el pais. Pero no lo hace desde un lugar estrictamente bibliotecologico, sino que incorpora elementos de las discusiones historiograficas recientes sobre el libro y el impreso en la Argentina decimononica, y fuera de ella tambien. En particular se nutre de la tradicion "chartiana" de la historia de lectura, proponiendose reconstruir lo mejor posible, mediante las fuentes disponibles, las practicas de lectura en las que incurrian los asistentes a las bibliotecas populares hace ciento cincuenta anos. Siempre citado, la labor de Roger Chartier y los demas historiadores de la lectura franceses es un faro perenne a la produccion vernacula sobre el tema, aunque a menudo no pasa de la enunciacion y el citado. En este caso, sin embargo, el nombre del historiador no es invocado en vano.

Si bien no reflejado en su indice, el libro se compone de dos partes. La primera de ellas se concentra en la creacion y expansion de las bibliotecas populares bajo el fomento de la ley 419, sancionada en 1870. La misma crea "la actual Comision Nacional de Bibliotecas Populares" (p. 17), al servicio de la proteccion y fomento de estas instituciones como un asunto de Estado. La segunda parte rastrea el devenir de dichas instituciones tras la reglamentacion de la ley 800 de 1876, que puso un punto final a la experiencia en un contexto de crisis politica y economica. Para 1895, de los 156 establecimientos presentes en 133 pueblos que se alcanzaron en el momento mas algido (p. 58), "quedaban menos de una veintena de bibliotecas" (p. 18).

El relato historiografico se concentra en el capitulo 1 para la primera parte, y el capitulo 6 para la segunda. En ambos la figura y pensamiento de Domingo Faustino Sarmiento proyecta una larga sombra, en calidad de responsable del "diseno intelectual" de la iniciativa (p. 22), e instrumental en su discontinuacion desde una banca del Senado (p. 18). Mediante el trabajo sobre un gran caudal de editoriales, articulos, ensayos y algunas controversias se reconstruye el pensamiento bibliotecologico del sanjuanino, para quien la difusion de los libros y lectura fue una verdadera cruzada. Inspirado en el hacer de su admirado Benjamin Franklin, Sarmiento persiguio la difusion de la practica de la lectura por muchas avenidas, desde su labor periodistica hasta su ejercicio en la funcion publica. Sus ideas no son presentadas como una doctrina cerrada, sino que se las reconoce en su espectro diacronico. Introduciendo en el capitulo 6 tanto los desacuerdos con la aplicacion de la ley que el mismo habia propiciado, asi como la maduracion de sus ideas. En particular, una progresiva posicion con respecto a las mujeres lectoras, que encontro al sanjuanino relajando sus prejuicios con el paso de los anos (p. 210-214).

Si debiese elevarse una critica al libro, esta seria que la reconstruccion historiografica en la primer parte aparece mucho mas enfocada que la segunda. Esto es, en parte, inherente al objeto estudiado. La discusion en torno a la ley 419, su sancion e implementacion presenta un objeto de estudio con un contorno mas definido que el devenir de las bibliotecas populares a posteriori de su derogacion. Pero el punto fuerte del analisis de Planas no descansa en su historizacion del proceso. La cual es de por si un aporte relevante, dejando asentada una cronologia bien documentada en un campo que aparece mayormente vacante. El libro destaca en la vivida reconstruccion sociologica de las practicas de bibliotecarios y lectores en el entorno de las bibliotecas, que ocupa la mayor parte del libro.

En el segundo capitulo, se explora la articulacion entre la Comision Protectora fundada por la ley 419, las bibliotecas populares y los lectores al momento de poner en vigencia la iniciativa. A partir de relatos fundacionales, se reconstruye el proceso de fundacion y reglamentacion de las bibliotecas. Planas de detiene especialmente en las cartas de lectores publicadas en el Boletin de las Bibliotecas populares, a traves de las cuales estudia lo que denomina la "sociabilidad asociativa" (p. 85) de los participantes, producto de apoyarse las instituciones sobre el "movimiento asociacionista" que prodigaba en el pais por esas decadas.

En los siguientes dos capitulos el eje analitico esta puesto en la reconstruccion de las practicas lectoras de los usuarios de las bibliotecas. En el tercero, el foco se pone en la lectura fuera de la biblioteca, es decir, la "innovacion bibliotecaria" el sistema de prestamo domiciliario (p. 100). En parte, infiere Planas, la posibilidad de llevarse el libro a casa fue una cuestion practica, producto del poco espacio con que por regla general contaban las bibliotecas populares (p. 108). Pero de fondo, esta innovacion venia a representar una decision politica sobre las practicas del lector y la circulacion del libro, en sintonia con el ideario del ideologo Sarmiento. Su predica del valor de la "lectura libre", que Planas rastrea hasta sus editoriales en el exilio chileno de los 1840, aparece como una invitacion a una lectura mas amena y distendida que se permitia relajar ante los imperativos pedagogicos que pesaban sobre la practica. "Cuando en 1872 los editores de la publicacion [Boletin de las Bibliotecas Populares] exoneraron a las malas novelas del poder insinuante con el que estaban investidas para el publico popular, no pretendian de ninguna manera relativizar las jerarquias establecidas en el ambito literario, sino elaborar una politica pedagogica con la amplitud y la potencia suficientes para acercar a las bibliotecas a la mayor cantidad posible de usuarios" (p. 244). Esta vocacion, senala el autor, es codificada en los reglamentos de las bibliotecas, y guia la seleccion de titulos que cada asociacion civil estaba en la libertad de realizar bajo el fomento de la ley 419 (p. 155)

Estos mismos reglamentos, algunos reproducidos en el mismo Boletin, son analizados en el capitulo cuatro. Alli Planas ensaya decodificarlos, extrapolando de sus normativas las practicas de lectura llevadas adelante por los usuarios en la misma biblioteca. Se explora la biblioteca como un "espacio publico", donde diversos niveles de sociabilidad se cruzan, desde el consumo particular de un lector al ofrecimiento de "lecturas publicas" a viva voz, permitiendo otro acceso al texto impreso. Como bien se senala, la misma materialidad de la biblioteca disponia los habitos y practicas que se desarrollaban dentro. Por ejemplo, el mobiliario planteaba una forma especifica de sentarse, de leer, y de interactuar con otros usuarios. La normatividad de las reglas y la performatividad que responde a la disposicion material de la institucion no solo afectaba a los lectores, sino tambien del otro lado del mostrador, a bibliotecarios. El analisis explicita que la lectura fue difundida como una practica regulada, atada por normas acerca de como y como no ejercerla. En otras palabras, las practicas lectoras fueron, y esto es particularmente cierto dentro del recinto de una biblioteca, creadas de una manera especifica por razones especificas. En este caso, la "biblioteca popular [actuaba] como filtro de lectura" que condensaba el "verdadero sentimiento de epoca" hacia la lectura como un ejercicio que debia "ilustrar" a quien la practicara (p. 247).

Los capitulos 7 y 8 expanden este analisis al periodo posterior a la derogacion de la Comision Protectora en 1876. En el septimo, se relata el destino de las instituciones y los lectores en un periodo de profunda transformacion en el mundo editorial porteno. Por aquellos anos, el mercado editorial se encontraba en medio de una revolucion producto de las ventas inusitadas de las cuales gozaba El Gaucho Martin Fierro de Jose Hernandez, primer bestseller de la literatura local (p. 143). La sincronia entre la decadencia de estas instituciones y el auge comercial del poema no se le escapa a Planas, quien senala que "las bibliotecas populares atravesaron una severa crisis en el momento mismo en que su punblico potencial y los materiales de lectura disponibles en el mercado se multiplicaban progresivamente". En el centro de ambos procesos se encuentra, como analiza Planas, los debates acerca del caracter tutelar de las bibliotecas como "filtro de la lectura" (p. 247) y los limites que definian las lecturas provechosas y las otras "insinuantes".

El capitulo 8 se detiene en un sector particular del lectorado presente en las bibliotecas, las mujeres lectoras. El Boletin de las Bibliotecas Populares deja rastro de la sociabilidad lectora de mujeres que asisten, leen, e incluso envian cartas a la publicacion. Su participacion en la institucion estuvo delimitada por el lugar que se reservaba a las mujeres en la sociedad argentina del siglo XIX. Lo publico era reino de los hombres (p. 258), y la biblioteca era un lugar publico, por lo que la participacion de la mujeres se vio circunspecta a asociaciones femeninas permitidas como las llamadas "sociedades de beneficencia". Por otro lado, "la posicion social y cultural de privilegio que este conjunto de mujeres [de las clases acomodadas] detentaba", las convertia en "potenciales formadores de bibliotecas" (pp. 258-259) y usuarios.

El analisis desplegado en el libro solo es posible a partir de una labor heuristica que provee al primero de una base firme. La articulacion entre las fuentes y la reconstruccion de las practicas es mas visible en el capitulo 5, donde el analisis de los catalogos de diversas bibliotecas populares sirve como base a una reflexion acerca de los criterios de seleccion y las practicas de los bibliotecarios. En este sentido, la obra de Javier Planas es un trabajo historiografico en el mejor sentido de la palabra, donde el trabajo sobre las fuentes permite dotar de vida a practicas que hasta entonces estaban muertas. El entramado de sociabilidades es reconstruido en base a una amplia gama de documentos, entre los que se cuentan memorias, fuentes secundarias como los escritos de Sarmiento, publicaciones periodicas, catalogos de bibliotecas y las publicaciones institucionales de bibliotecas de ciudades y pueblos al interior de la provincia de Buenos Aires. El hallazgo documental es el Boletin de las Bibliotecas Populares (1872-1875), que en tan solo seis numeros ofrece un tesoro en informacion para pensar la experiencia de las bibliotecas populares bajo el auspicio de la Comision Protectora.

El periodico, junto con el resto de las fuentes, le permiten a Planas sumergirse en el quehacer y el debate de la iniciativa de las bibliotecas populares. Reconstruirla como "la manifestacion de una articulacion entre el poder estructurante del Estado y el espacio creativo de la sociedad civil". Las bibliotecas mismas son analizadas como "recinto[s] cuya estructura condiciona las practicas de quienes lo habitan y transitan" (p. 24), y relatar las practices "de los hombres y las mujeres que trabajaron para formar esas instituciones de lectura" (p. 18). Consecuentemente, la normativizacion de las practicas lectoras es reunida y analizada, ejercida por el Estado, por intelectuales de la elite como Sarmiento o Vicente Quesada, y por la reglamentacion de las asociaciones civiles, permite reconstruir como las practicas lectoras eran concebidas y actualizadas. En este punto, el trabajo de Planas excede el interes de los preocupados por el problema especifico de las bibliotecas, y aporta a la discusion de la historia de los libros, los impresos y la lectura en nuestro pais. Una discusion, que hasta ahora, carecia de una reconstruccion tan detallada de la forma en que los lectores interactuaban con los libros en el siglo XIX.

https://doi.org/10.24215/18517811e065
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Author:Labra, Diego
Publication:Orbis Tertius: Revista de teoria y critica literaria
Date:Dec 1, 2017
Words:2249
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