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Iglesia, sociedad y regalismo en Cuba (1685-1789).

Church, Society and Regalism in Cuba (1685-1789)

INTRODUCCION

En la historia de la monarquia hispanica del siglo XVIII absolutismo regio y regalismo van estrechamente unidos (1). El evidente proposito de la nueva dinastia por reforzar el control del Estado sobre toda instancia o espacio de poder es claro que no podia dejar de afectar a la Iglesia. En un articulo reciente, Andoni Artola sintetiza los avances de la investigacion sobre el regalismo borbonico, poniendo el acento en el interes economico-hacendistico, es decir, en el intento del Estado de incrementar su participacion en las rentas eclesiasticas, por un lado, y en el control <<ideologico>> del clero, por otro, con la idea de convertirlo en un instrument docil y eficaz de las politicas reformistas. Pero advierte tambien-- citando al mejor especialista en el tema, T. Egido--que el ejercicio del patronato por parte de la corona, lejos de tratarse de pura imposicion desde arriba, era correspondido <<desde abajo>> por el propio clero (2).

Con todo, y como ya advirtio en su dia el profesor Egido, en los estudios sobre el regalismo se mezclan a menudo dos realidades diferentes: lo que se refiere a las relaciones entre los dos <<Estados>>--la corona y el papado--, por un lado, y el ejercicio del patronato regio en el seno de la monarquia, por otro (3). Tal confusion o mezcla conlleva un cierto anacronismo historiografico, el de partir de una idea de la Iglesia que corresponde a la epoca contemporanea. Parece olvidarse asi lo mas obvio: que en la monarquia catolica del antiguo regimen, el estamento eclesiastico--clero secular y ordenes religiosas--no debe considerarse tanto como parte de una organizacion autonoma y diferenciada del Estado, sino como uno de los cuerpos que conforman esa monarquia; incluso el que, por su funcion especifica en esa sociedad sacralizada, resulta esencial para comprenderla (4). Se hace necesario, por tanto, distinguir entre regalismo como defensa de la regalia soberana frente a Roma y el ejercicio del patronato regio.

El patronato no seria otra cosa que la concrecion del ejercicio del poder real en relacion a ese cuerpo especifico de la monarquia que era el estamento eclesiastico. Ese ejercicio consistia fundamentalmente, igual que en relacion a los otros estamentos, en la distribucion de la merced o gracia regia que se otorga a cuerpos, comunidades e individuos sobre la base de derechos reales o supuestos, o sobre el merito individual, con la finalidad ultima de la busqueda del bien comun y de la justicia, es decir, del buen funcionamiento de la monarquia (5). Y, por parte de los agraciados, el patronato posibilita el recurso constante a la justicia del rey para preservar los privilegios adquiridos por la merced real. De la misma forma que el resto de los cuerpos y estamentos, el eclesiastico dependia en su misma existencia de la gracia regia; pero en este caso se otorga esa gracia en virtud del patronato que, mucho antes de la llegada de la dinastia borbonica, ya es considerado en la doctrina y en la practica como un derecho o regalia de la corona, probablemente la mas estimada de todas porque afecta a aquel cuerpo que, por su funcion, es mas importante que ningun otro para la buena marcha de la monarquia.

Por razones bien conocidas, tanto en la doctrina juridica indiana como en la propia legislacion y en la practica del gobierno en Indias, la aplicacion de ese 'derecho' en la America hispana por parte de la corona fue, si cabe, mas efectivo que en los territorios europeos de la monarquia. El recurso al rey--a traves de su representante como vicepatrono, en primera instancia, y al Consejo de Indias--como supremo valedor de la justicia y como patrono universal de la Iglesia es constante por parte de todos los componentes del estamento eclesiastico indiano--autoridades eclesiasticas, superiores religiosos y demas miembros del clero--para obtener la gracia o merced a la que se cree meritorio, y para resolver los conflictos que se dan en su seno. De esta forma, mas que de regalismo de la corona podriamos hablar del profundo arraigo en la sociedad indiana, particularmente entre los criollos, de una mentalidad regalista, como revela claramente en cada caso concreto el proceso de peticion o recurso y resolucion.

Por otro lado, en aquel sistema de antiguo regimen carecia de sentido separar gobierno politico y gobierno espiritual (mucho mas amplio que el 'eclesiastico'). La recepcion de la gracia regia llevaba implicito que los individuos o cuerpos beneficiados por ella quedaran comprometidos en la fidelidad al monarca y en el mantenimiento del buen orden de la republica, que solo se puede obtener mediante una estrecha colaboracion entre los dos gobiernos. Toda la practica del gobierno en la monarquia se hace <<en servicio de ambas majestades>>. Hablar de <<injerencias del Estado en los asuntos eclesiasticos>>, por ejemplo, es caer en un cierto anacronismo. La intervencion del Estado en cuestiones religiosas o eclesiasticas tienen, para los actores sociales contemporaneos, el mismo significado que la que ejercia en otras materias que hoy calificariamos de politicas o civiles. Y de la misma manera, el rey cuenta con la autoridad eclesiastica, nombrada por el, para lograr el unico fin comun de todo el gobierno de la monarquia (6).

Las constituciones del unico sinodo provincial celebrado en Cuba en todo el periodo colonial, en 1681, muestran esa relacion intrinseca entre gobierno civil y espiritual (lo mismo que se puede observar en todos los concilios y sinodos americanos). En la constitucion cuarta del ultimo titulo se afirma: <<no es menos la obligacion que tenemos de obedecer a la santa sede apostolica que la obediencia que profesamos a nuestro rey y senor ...>>, declarando que todas las constituciones siguen los reales mandatos y asegurando <<no ha sido nuestra intencion ni oponerse ni derogar en parte ni en todo su real patronazgo que por concesion apostolica posee en este obispado y en todas las Indias...>> (7). Antes de que los gobernantes americanos de la segunda mitad del siglo xviii publiquen sus bandos de buen gobierno, son estas asambleas eclesiasticas las que dictan normas de policia para regular las costumbres y la vida cotidiana de los subditos en los aspectos mas variados, al tratarse de cuestiones relativas al orden social normadas, en ultima instancia, por la teologia moral (8).

De la misma manera, el recurso de fuerza se utiliza habitualmente en los conflictos entre los miembros del mismo estamento, tanto del clero regular como del secular, como los demas e iguales subditos del mismo rey, ultimo depositario de la justicia, acuden en apelacion a sus tribunales (9). Tambien en este sentido, mas que de regalismo de la corona habria que hablar, en todo caso, de una sociedad impregnada de una mentalidad regalista. Cuando las monjas del convento de santa Clara de La Habana vieron peligrar su estilo de vida por una decision arbitraria del comisario general de Indias, acudieron al rey <<como unico asilo y patrono nuestro>> para que <<se les dejase vivir en la costumbre de mas de 80 anos desde la fundacion>>, logrando su proposito (10). E igual que en los casos de apelacion de subditos laicos, no son raros los casos en que esos recursos no son atendidos precisamente porque no se ajustan a derecho, y son devueltos por el tribunal real para que sigan su curso en el que corresponde a la causa o el demandante.

Por otro lado, si el llamado regalismo borbonico, en especial desde Carlos iii, fue un intento de ampliar el control del Estado sobre la Iglesia, lo fue en la misma medida en que lo pretendio con los demas estamentos y cuerpos de la monarquia--ayuntamientos, gremios, universidades ...--, generalmente con escaso exito (11). En una sociedad corporativa y jurisdiccional, el respeto a los derechos adquiridos fue siempre una limitacion decisiva a aquel intento, precisamente porque esos derechos o privilegios tenian su origen, en ultima instancia, en la merced real. Casi con la unica salvedad de esa medida extrema que fue la expulsion de los jesuitas, las que se tomaron con aquella supuesta finalidad de <<mayor control de la Iglesia>> apenas tuvieron efecto, tampoco en lo que fueron sus objetivos no confesados: frenar la acumulacion de bienes por parte de las ordenes religiosas que los poseian--que no eran todas--, hacerse con una parte mayor de las rentas de la Iglesia diocesana--el traslado de la gestion de la renta decimal a la real hacienda no dio el resultado previsto--o el control de las cofradias (12). Y aun en el caso de la expulsion de los jesuitas, no hay que olvidar el respaldo que recibio por parte de una mayoria del estamento eclesiastico y de amplios sectores de las elites, tanto en la peninsula como en America (13).

I. UN SIGLO DE RENACIMIENTO ECONOMICO Y DEMOGRAFICO

A lo largo de un siglo, desde 1680 a 1780 aproximadamente, las estructuras de la Iglesia en Cuba experimentaron un progreso espectacular, hasta el punto de justificar sobradamente la division de la unica diocesis hasta entonces existente con la creacion del obispado de La Habana al inicio de la ultima decada del siglo ilustrado (14).

Ese despliegue fue paralelo a una nueva fase en el desarrollo economico de la isla de la mano del tabaco, primero, y luego del azucar, gracias al aumento de la demanda exterior, canalizada en buena medida a traves del contrabando con las colonias no espanolas en el Caribe. Esta ultima circunstancia beneficio inicialmente a las regiones que disponian de mas facil acceso a esas colonias, la oriental (Santiago, Bayamo), el centro (Puerto Principe) y el sur de la isla (Trinidad). El tabaco continuo siendo el motor de la economia cubana en las primeras decadas del siglo XVIII, pero desde 1740, tras la creacion de la Compania de La Habana, seria progresivamente sustituido por el azucar, a la par que se desarrollaban otras actividades productivas, como los astilleros reales. Entre mediados del XVII y del XVIII, el precio de la tierra se triplico, sobre todo en las areas cercanas a La Habana.

El crecimiento economico fue paralelo al demografico, principalmente por efecto de la inmigracion: la poblacion de la isla, que era de unos 50.000 habitantes en 1650, ascendio en 1775 hasta 175.000. Junto a la creacion de nuevas poblaciones en el occidente como Santiago de las Vegas, Santa Maria del Rosario o Matanzas--a lo que contribuyo sobre todo el cultivo del tabaco, favorecido por la corona--, y la aparicion de nucleos que llegaran a ser pueblos importantes como Guanajay o Bejucal, las villas del centro de la isla como Sancti Spiritus, Trinidad y Santa Clara tambien experimentaron un importante crecimiento; la villa <<mediterranea>> de Puerto Principe contaba con mas de 12.000 almas hacia 1730, cifra que se duplicara en los siguientes cincuenta anos. Pero destaca sobre todo el crecimiento de La Habana y su entorno inmediato que, a mediados del siglo, superaba con creces los 50.000 habitantes (15). Las reformas administrativas, militares y comerciales implementadas por la corona desde 1763 supusieron un empuje decisivo a la economia de plantacion azucarera y esclavista, que marcara el futuro de la isla. En 1774 La Habana se habia convertido ya en el principal puerto comercial de las Indias, en palabras de un alto funcionario de la corte (16).

El crecimiento economico queda reflejado en el alza sostenida de los remates cuadrienales del diezmo: si en las dos primeras decadas del siglo XVIII apenas superaba la cantidad de cien mil pesos, hacia 1750 ascendia a trescientos mil y a mediados de la decada de 1780 alcanzaba el millon de pesos, de los que el 88% correspondia a la jurisdiccion de La Habana (17). Hasta una disposicion de 1777 por la que paso al control directo de la real hacienda, la renta decimal era manejada por los respectivos jueces eclesiasticos, lo que facilito la ampliacion de prebendas y beneficios a peticion del clero. Pero desde el ultimo tercio del siglo XVII se suceden, ademas, las donaciones de particulares para fundar templos, ermitas, conventos, capellanias, etc., sintoma evidente del incremento de la riqueza en el pais.

Al tratar del modo como se materializo ese despliegue de las estructuras de la Iglesia en la isla, regulares y seculares, podremos advertir el alcance de esa que hemos llamado mentalidad regalista de la sociedad criolla cubana.

II. LA FUNDACION DE NUEVOS CONVENTOS

Las primeras beneficiarias del crecimiento economico y el desarrollo urbano fueron las ordenes religiosas. En los primeros sesenta anos del siglo xviii, y a pesar de las reiteradas disposiciones de la corona para que no se hicieran mas solicitudes ni consultas de fundacion de conventos, hospicios ni beaterios en Indias, el rey dio su aprobacion a la propuesta favorable del Consejo de Indias para la fundacion de trece nuevos conventos masculinos en la isla: cinco de franciscanos -Guanabacoa, Sancti Spiritus, Trinidad, Santa Clara y Puerto Principe--, dos de dominicos (Bayamo y Guanabacoa), el de la Merced de La Habana, dos conventos hospitales de san Juan de Dios (en Sancti Spiritus y en Puerto Principe), otros dos conventos-hospitales de los betlemitas (La Habana y Puerto Principe). Tambien se aprobo el establecimiento de los jesuitas en La Habana y en Puerto Principe. Consecuentemente, el numero de religiosos se duplico en un siglo: si a finales del XVII no llegaban a doscientos, en 1778 alcanzaban los cuatrocientos, casi la mitad de ellos franciscanos, y un clara mayoria eran criollos (18).

La relativa facilidad con que los regulares consiguen la aprobacion de nuevos conventos desmiente en parte la idea, tan difundida, de la supuesta preferencia de la corona hacia el clero secular en detrimento del regular para lograr mayor efectividad en el ejercicio del patronato regio. El incremento del clero secular en la America hispana fue consecuencia del establecimiento de los seminarios conciliares en aplicacion de Trento y del acceso de mas personas a los grados universitarios, lo que dependio a su vez de una larga fase de expansion economica y desarrollo interno, cuyos principales beneficiarios fueron los espanoles criollos que, como se ha dicho, protagonizaron un <<verdadero asalto al poder>> economico, social e incluso politico (a traves de la venta de oficios, la administracion de justicia, etc.) en sus respectivas patrias (19).

Lo mismo se observa en Cuba, a pesar de que, en este caso, las autoridades podrian haber invocado en contra el argumento de la ausencia de poblacion indigena, cuya evangelizacion fue el motivo principal del establecimiento de las ordenes religiosas en America (20). De hecho, fue una de las razones aducidas por el obispo Pedro Agustin Morell de Santa Cruz (1754-1768) para dar su parecer negativo a la fundacion de nuevos conventos de franciscanos en la isla y que, sin embargo, no fue tenido en cuenta (21).

Las solicitudes eran planteadas al Consejo por los provinciales de las respectivas ordenes, que siempre esperan del rey, como maximo protector de la Iglesia y <<patrono principal de las religiones>>, que favorezca la creacion de nuevos conventos y comunidades religiosas. Pero detras de ellas se advierte siempre el interes e iniciativa de las elites locales y los particulares dispuestos a hacer las donaciones necesarias. De hecho, la mayoria de los nuevos conventos se instalan sobre un pequeno hospicio con una ermita o pequeno templo asociado a el, fundado y levantado anos antes por un donante miembro de la elite local, clerigo o laico. Esto se advierte incluso en el espectacular despliegue de los franciscanos, que no se debio tanto, como suele afirmarse, al impulso o iniciativa del obispo Lasso de la Vega (1732-1752), de la misma orden serafica; de hecho, todas las solicitudes para nuevos conventos son anteriores a su llegada a la isla y contaron con el parecer positivo de su antecesor Jeronimo Valdes (1706-1729). Algunos prelados aducian, entre otras razones, la necesidad de un convento de su orden en La Habana para recoger a los numerosos frailes de paso en La Habana hacia otros destinos, motivo que no era en absoluto inventado: el puerto habanero era escala casi obligada, durante semanas o meses, de muchos de los que pasaban de Europa a las Indias o viceversa, y la documentacion recoge los problemas que causaban a menudo estos religiosos itinerantes. Por su parte, los ayuntamientos y autoridades locales se referian siempre a la necesidad de disponer de un centro de ensenanza, de un hospicio u hospital y la falta de sacerdotes, lo que respondia a la realidad del interior de la isla, donde se hizo el mayor numero de fundaciones (22).

En 1706, fray Antonio de Florencia procurador de la provincia franciscana de Santa Helena de la Florida, a la que pertenecian los conventos de Cuba, solicitaba la fundacion de un convento en Sancti Spiritus. La orden disponia ya de conventos en La Habana, Puerto Principe, Bayamo y Santiago de Cuba. En 1703, tanto Florencia como el capitan general de la isla habian recibido una real cedula ordenando que no hicieran nuevas peticiones de este tipo, por lo que esa primera solicitud fue denegada por el Consejo. Pero diez anos mas tarde Florencia insistio, esta vez adjuntando cartas y memoriales del ayuntamiento y el procurador de la villa y del parroco de la poblacion apoyando la peticion. Disponian alli de una ermita, denominada de la Veracruz, con un hospicio anejo, establecido por la donacion de un particular. En la villa, situada a medio camino entre La Habana y Puerto Principe y a mucha distancia de las dos, no habia convento alguno, y no supondria ningun prejuicio para la real hacienda porque contaban con donantes y bienhechores, que presentaban las escrituras de las propiedades con cuyas rentas se construiria el convento y sostendria el culto; ademas, la orden franciscana habia tenido que abandonar las misiones de los Apalaches (al norte de la Florida) por los ataques de los colonos angloamericanos. Despues de obtener los informes favorables del obispo, del gobernador de La Habana y de los prelados de las demas religiones, el Consejo dio finalmente su parecer favorable, haciendo hincapie en que no veia motivos para denegarla <<siendo esta religion incapaz de bienes raices, sin poder perjudicar al comun ni a la real hacienda>> (23).

En la misma decada de 1720, y con argumentos casi identicos, los franciscanos lograron la aprobacion para fundar nuevos conventos en Guanabacoa y en Trinidad. El primero fue expresamente solicitado por el ayuntamiento de La Habana, al que muy rara vez se le negaba alguna peticion. La solicitud para el de Trinidad llevaba las peticiones de las autoridades civiles y eclesiasticas, que insistian en la falta alli de sacerdotes--en realidad no era asi, pues habia seis para una poblacion de 3.000 habitantes--y la necesidad de disponer de un centro de ensenanza. Pero el motivo que facilito su aprobacion fue el documento notarial del matrimonio Jeronimo de Fuentes Herrero y Micaela de Arbelaez por el que hacian cesion de una casa y un templo levantado recientemente por ellos, para que se estableciera alli el nuevo convento (24).

Los prelados de las ordenes muestran siempre plena confianza en conseguir su objetivo, incluso despues de ver rechazadas una primera y segunda peticion. Asi ocurrio con la solicitud del procurador general de la orden la Merced, de 1728, para fundar convento de su orden en La Habana, donde disponian hacia anos de un hospicio con tres frailes cuya demolicion habia sido exigida dos veces por la corona (en 1661 y 1673) pero burlada por el apoyo de los gobernadores y del obispo fray Jeronimo de Lara (1630-1673), mercedario, que habia dejado una pequena renta para su sostenimiento; de hecho, en 1730 contaba ya con 12 frailes. El procurador justificaba su necesidad en la recoleccion de limosnas para la <<redencion de cautivos>> y en que, <<siendo La Habana el paso de todas las Indias>>, los frailes transeuntes no tenian donde recogerse; aseguraba disponer de donaciones por 20.000 p. y se comprometia a abrir una escuela de gramatica. Las autoridades apoyaban la solicitud porque se ubicaria en el popular barrio de Campeche, con mas 6.000 personas de comunion, a las que no llegaban a atender bien los curas de la parroquia del Espiritu Santo, unas de las tres existentes en la capital, asegurando que la iniciativa contaba con fondos de particulares por valor de mas de 40.000 pesos. El obispo Lasso de la Vega, a pesar de no mostrarse especialmente partidario--a el le interesaba mas la expansion de su orden serafica--tambien juzgaba util la fundacion por la necesidad pastoral en aquel populoso barrio. El Consejo decidio en contrario y expidio orden terminante al gobernador y al obispo para la demolicion del hospicio en plazo determinado, pero aun asi la Merced logro su proposito, pues el obispo Morell informaba en 1755 de la existencia de este convento e iglesia, <<que no tiene mas de diez anos>>, ahora con mas de 40 frailes y en el que se impartian clases de gramatica, filosofia y teologia (25).

Algo parecido ocurrio con la fundacion del convento dominico en Guanabacoa. La iniciativa partio del prior del convento de san Juan de Letran de La Habana, Cristobal de Molina, un criollo limeno llegado a La Habana tras una larga y prestigiosa carrera dentro de su orden en el virreinato peruano (26). A pesar del informe favorable del gobernador, el Consejo no lo aprobo ni tampoco la segunda y tercera peticiones, esta incluso a pesar de la opinion favorable del prestigiado gobernador Francisco Cagigal; en este caso, fue el obispo Lasso de la Vega el que se opuso, interesado en la fundacion de otro de sus hermanos franciscos en la misma villa. Finalmente, el obispo Morell, presionado por el ayuntamiento de la localidad, insistio en la conveniencia de la fundacion, tras haber comprobado que los curas no eran suficientes para atender a la poblacion de casi 7.000 habitantes que habia alcanzado la villa. Adjuntaba documentos que aseguraban la disposicion de mas de 12.000 pesos de particulares para levantar el convento; y ante los informes favorables del gobernador, los demas prelados religiosos y, sobre todo, el apoyo que mostraba el ayuntamiento, el Consejo aprobo la fundacion (27).

Desde los inicios del reinado de Carlos iii las cosas cambian. Se presento solo una nueva solicitud de fundacion: la de un convento de san Juan de Dios en Guanabacoa, que no conto con la opinion favorable de las autoridades locales (28). En 1787 se fundo uno de capuchinos en La Habana, pero para enviar misioneros a Florida y Luisiana despues de que se recuperaran estos territorios de los britanicos en la guerra anterior (29).

Por otro lado, se advierte un descenso en el numero de frailes: en 1785 existian 23 conventos masculinos, que sumaban 397 religiosos, cien menos que en el censo o padron de 1775. Lo mismo ocurria con las religiosas: los tres conventos femeninos sumaban 120 monjas en 1785, treinta menos que diez anos antes (30). Parece que las oportunidades que ofrecian el crecimiento economico acelerado y los nuevos empleos en el ejercito, la marina y la administracion, ademas del clero secular, resultaban ahora mas atractivos para los jovenes criollos cubanos. Al mismo tiempo, las comunidades religiosas existentes--salvo los betlemitas, que habian acumulado una buena cantidad de bienes--empezaban a dar sintomas de agotamiento en su financiacion (31), como consecuencia de los cambios que se estaban operando en la economia con el auge de la plantacion azucarera: mientras aumentaba sin parar la gruesa decimal, las imposiciones a censo o las donaciones de particulares se reducen, los herederos de los impositores no pagan las rentas o incluso algunos de ellos ponen pleito a las comunidades para recuperar esos capitales o fincas (32).

Obviamente, en este nuevo panorama influyo tambien el giro en la politica regia hacia las ordenes religiosas. La expulsion de los jesuitas y la visita general a las ordenes en America ordenada en 1769 marcaron un punto de inflexion. La primera medida tuvo escasa repercusion en Cuba: llevaban poco tiempo alli y apenas habian conectado con la poblacion; ademas, la venta de sus fincas supuso una nueva oportunidad de negocio para las elites (33). Como es sabido, la visita general parecio justificarse en las exageradas denuncias de algunos funcionarios imperiales sobre la supuesta relajacion generalizada del clero regular en America. Pero las dos razones principales que la motivaron poco tenian que ver con eso: la extirpacion de las doctrinas jesuiticas y frenar la acumulacion de bienes considerados -superficialmente--como <<de manos muertas>>. En cuanto a lo primero, la unica denuncia que conocemos en este sentido en Cuba resulto ser falsa, fruto de un conflicto personal de intereses (34). Y en relacion a la supuesta relajacion generalizada, los informes de los visitadores recogen como 'pruebas' algunas practicas (indicadas ya en el Tomo Regio) que no tenian por que serlo, como la de administrar las propiedades del convento--no habia razones juridicas ni de otro tipo que les impidiera o aconsejaran no hacerlo--, o pasar demasiado tiempo fuera del claustro--sin considerar, por ejemplo, que muchos frailes debian desarrollar su actividad pastoral en el mundo rural--(35). A veces se maneja esta documentacion sin la necesaria critica, olvidando cosas tan obvias como, entre otras, que los visitadores, todos peninsulares y nombrados por el rey, tenian que justificar y ameritar su trabajo.

En Cuba, la visita genero algunos problemas concretos, pero en nada diferentes de los que se daban habitualmente. De hecho, no hubo medidas drasticas mas alla del traslado forzoso de algun fraile discolo: pero bastaba un caso algo llamativo para que el superior o el provincial hablara de relajacion general, <<sobre todo en la obediencia>>, y buscara el auxilio del vice patrono para recuperar la autoridad que el no habia sabido imponer (36).

En todo caso, la visita a los conventos en Cuba puso de manifiesto la buena imagen que las comunidades religiosas tenian en su entorno social, como reflejan los informes de las autoridades locales, en especial de los ayuntamientos. Asi ocurrio sobre todo con los dominicos--en lo que sin duda influyo tambien el que fuera la orden mejor conectada con las elites (37)--, con los betlemitas y con los sanjuaninos -cuyos miembros eran de extraccion social media-baja--, que cumplian una funcion social insustituible por mas que sus conventos-hospitales no fueran un dechado de orden y eficacia (38). Los franciscanos y mercedarios dieron mas problemas, en ambos casos relacionados con la tradicional pugna por el control de los conventos entre la mayoria de criollos y la minoria peninsular o entre las facciones de criollos de distinto origen, senal clara de que estas comunidades habian arraigado como una parte inherente del cuerpo social en el que estaban insertas mas que como unidades locales de una organizacion de caracter mas general o universal.

Pero la visita influyo sin duda en el descenso de vocaciones o novicios, pues se insistio mucho en el control del numero de religiosos por convento. De hecho, el gobernador Bucareli recibio la orden de que no se admitiesen mas novicios en el convento de la Merced--uno de los mas numerosos y conflictivos--, lo que su sucesor el marques de la Torre hizo cumplir al comendador mercedario en La Habana, obligandole a expulsar a los cuatro ultimos que habian entrado (39).

Tanto durante la visita general como en otras ocasiones, el prelado religioso correspondiente recurrio una y otra vez a la autoridad del gobernador para lograr su objetivo de poner orden en la comunidad, y por su parte el vicepatrono actuo, ordinariamente, con firmeza pero con prudencia y mesura, limitandose a una <<aplicacion moderada de la regalia>> (40). Asi, por ejemplo, el vicario general de los betlemitas en Mexico le suplicaba al gobernador Ezpeleta <<amparar y proteger al nuevo padre presidente [del convento habanero] en la posesion de su empleo y ulteriores operaciones, haciendo todo el uso que convenga de la potestad economica que el Rey ha depositado en el noble oficio de VS si hubiese algunos religiosos discolos que lo necesiten>>. Lo mismo pero con mas insistencia hizo el visitador de los franciscanos (41). Sin embargo, cuando el recurso a la justicia real no estaba justificado, el Consejo deniega ese amparo, como le ocurrio al ex provincial de los dominicos y ex prior del convento de La Habana, Francisco Martinez Gonzalez del Alamo, miembro de una de esas familias criollas de nivel medio-alto de las que salio una buena parte del clero regular y secular de la isla en este siglo (42).

Lo mismo que ocurrio luego durante la visita general, el publico defendio <<sus conventos>> ante cualquier pretension de la corona o de otra instancia que pudiera afectarles. Cuando en 1737 el rey pidio informacion sobre el estado economico de las comunidades religiosas de la isla para decidir si se les prorrogaba la limosna de vino y aceite, todos los que debian informar--desde el gobernador, obispo y oficiales reales hasta los ayuntamientos y <<otros sujetos de distincion>>informaron presentando unas cuentas claramente arregladas para mostrar la necesidad de mantener esa limosna (43).

El caso mas llamativo fue la cerrada defensa que hizo la entera comunidad habanera del convento-hospital de san Juan de Dios en la decada de 1730. Los celos profesionales y, muy probablemente, otros intereses no tan profesionales llevaron al primer titular del recien creado protomedicato de La Habana, Francisco Teneza, a denunciar la supuesta mala administracion del hospital por parte de la orden. Logro que el superior provincial enviara desde Mexico un visitador que, con su actuacion, puso patas arriba a la comunidad, lo que provoco la reaccion unanime de los habaneros (ayuntamiento, clero, universidad, etc.) en defensa de los sanjuaninos, con el apoyo explicito de las autoridades civiles, militares y eclesiasticas. En la carta de dos religiosos del convento quejandose del visitador califican al rey de <<superior cabeza y primer astro del sagrado orden de N.P.S. Juan de Dios>> (44).

III. EXPANSION DE LA ESTRUCTURA ECLESIASTICA DIOCESANA

Tres obispos que ocuparon la sede cubana entre 1685 y 1752 supieron aprovechar la coyuntura expansiva para dar un fuerte impulso a las estructuras humanas y materiales de la Iglesia en la isla: Diego Evelino Hurtado Velez o de Compostela (1685-1704), Jeronimo Valdes (1706-1729) y Juan Lasso de la Vega (1732-1752). Les siguieron dos obispos criollos: el dominicano Pedro Agustin Morell de Santa Cruz (1754-1768) y el cubano Santiago Jose de Hechavarria y Elguezua (1769-1788). Desde el siglo xvi, aunque la sede episcopal era Santiago de Cuba, el titular residia en La Habana, mientras que el vicario y provisor debia hacerlo en Santiago; en el sinodo provincial de 1682 se dispuso que hubiera dos vicarios, uno general con sede en Santiago y otro auxiliar o foraneo en La Habana. De modo similar a lo ocurrido con los conventos de religiosos, en la primera mitad del siglo se produjo una fuerte expansion de la estructura eclesiastica secular--curatos y parroquias--y, a la vista del incremento del diezmo, se crearon nuevas prebendas y beneficios en el cabildo catedral de Santiago.

Ya en el obispado de Compostela, hasta 1690, se levantaron siete nuevos templos en diferentes poblaciones y se fundaron veinticuatro parroquias (titulares y auxiliares), la mayoria en la jurisdiccion occidental, aunque muchas eran construcciones pobres (45). El informe de la visita de Morell da cuenta de la existencia, hacia 1755, de 19 parroquias, 25 auxiliares de parroquia y unas 20 ermitas; sumados los conventos religiosos arroja un total de 87 templos para toda la isla. El clero secular sumaba 294 presbiteros (46). Casi tres decadas mas tarde, en 1778, la isla contaba con 105 templos, 60 curatos (35 en la jurisdiccion occidental y 25 en la oriental) y 390 clerigos seculares (47). Si comparamos estos datos con los que recogen otras fuentes, es facil advertir el incremento progresivo de curatos y de clerigos hasta duplicarse su numero en un siglo. Como ocurria en el resto de la America hispana, la relacion de clerigos por habitante era en teoria satisfactoria, pero el problema era su distribucion. La creacion de nuevos curatos en los distritos del campo no fue la principal razon de este aumento, pues la gran mayoria del clero permanecia en las ciudades mas pobladas (La Habana, Puerto Principe, Santiago de Cuba y Bayamo, por ese orden), y a finales del siglo xviii habia extensos distritos rurales sin templo ni cura, aunque las grandes haciendas eran atendidas por algun sacerdote. En Santiago permanecia la catedral-- arruinada por el terremoto de 1768 y en muy lento proceso de reconstruccion--con su cabildo, y el unico seminario conciliar de la isla, el de San Basilio, aunque de existencia precaria (48). Tras la expulsion de los jesuitas se erigio en el que estos tenian en La Habana el colegio seminario de San Carlos, que se convertiria en el principal centro de formacion del clero junto con la universidad de San Jeronimo, establecida en 1728 a cargo de los dominicos del convento de san Juan de Letran de La Habana (49).

El incremento del clero secular revela la consolidacion de un amplio patriciado criollo local, de nivel economico medio, tanto en la jurisdiccion de La Habana como en Puerto Principe y en el oriente (Santiago y Bayamo). La practica totalidad de los nuevos curas procedian de este grupo social en ascenso y la gran mayoria permanecieron en sus ciudades de origen. Los nuevos conventos de religiosos multiplicaron las oportunidades de formacion de estos jovenes criollos cubanos, que siempre alegan nobleza o limpieza de sangre y, muy a menudo, los meritos de sus padres y/o abuelos en el servicio al rey en el ejercito o la administracion (50). Hasta que salieron de la universidad habanera las primeras promociones, desde mediados de la decada de 1730, los nuevos curas dispusieron de una formacion limitada; unos pocos estudiaron en las universidades de Mexico o Santo Domingo (regentada por los jesuitas); la mayoria refiere de modo generico haber hecho algunos estudios de filosofia y teologia moral, sin indicar grados ni el centro de estudios (51). Sin embargo, a partir de 1735 se multiplican los graduados de bachiller, licenciados y doctores: disponiendo ya de universidad en la isla, el obispo Lasso de la Vega exigio mayor preparacion a los candidatos (52).

El aumento de prebendas y beneficios genero competencias y conflictos entre los candidatos. Solo entre finales del siglo xvil y 1752 se crearon seis nuevas prebendas en la catedral de Santiago; su colacion y la de los beneficios parroquiales aporto un buen numero de estos conflictos (53), en los que se pusieron en juego tres elementos: los partidos o facciones formados en torno a quien manejaba los resortes del poder eclesiastico en cada jurisdiccion (La Habana y Santiago), el fuerte sentimiento de identidad criollo y el recurso constante de los contendientes y de la autoridad eclesiastica al patronato y la justicia real. Por lo que se refiere a los vice patronos, conviene advertir que esos empleos eran casi los unicos que podian presentar los gobernadores de La Habana y Santiago, sobre todo el segundo; el primero, como capitan general, se intereso mucho mas por los empleos militares y de milicias (especialmente con las reformas introducidas desde 1763). Este hecho otorgaba una especial relevancia a las relaciones entre el patriciado criollo y el gobernador respectivo, especialmente en el caso de Santiago de Cuba.

Su fuerte personalidad, su peculiar politica eclesiastica y lo extenso de su mandato (23 anos) en el periodo de mayor expansion de las estructuras de la Iglesia en la isla, hicieron del obispado de Jeronimo Valdes el mas conflictivo del siglo (54). Fue sonado el que sostuvo con los dominicos del convento de san Juan de Letran de La Habana por el establecimiento de la universidad, que fue aprobada por la corona un ano antes de su muerte y puesta a cargo de los dominicos--que la habian promovido--en contra de su vehemente deseo de establecer un colegio seminario en La Habana probablemente a cargo de los jesuitas (55). El obispo se enfrento tambien con los agustinos y los franciscanos de La Habana. Por otro lado, su politica de colocar a sus parientes y paisanos--que vinieron con el o los hizo venir mas tarde--en los principales cargos y prebendas le distancio tambien de una buena parte del patriciado criollo.

En 1707, el poderoso ayuntamiento habanero mostraba su indignacion porque Valdes no quiso dar la colacion canonica al candidato para la sacristia mayor de la parroquial, Juan de Pedraza, eligiendo en su lugar al canario Juan de Torres y Ayala, familiar del obispo y sobrino de Laureano de Torres y Ayala, que seria nombrado gobernador y capitan general al ano siguiente. Ademas de aclarar que <<este ayuntamiento debe atender a los patricios y a que los empleos eclesiasticos se provean en los mas suficientes>>, los regidores acusaban al obispo de <<faltar al cumplimiento de las leyes del Real Patronato (...). Y para que en lo adelante por respectos particulares no se atropellen las ordenes y disposiciones de VM en perjuicio de su Real Patronato y en grandisima injuria de la Republica y de sus originarios, suplica rendidamente a VM este ayuntamiento se sirva dar providentisimo remedio ...>> (56).

Unos anos despues, el prior del convento franciscano de La Habana--un peninsular que llevaba mas de treinta anos alli--le acusaba de tener verdadera pasion contra los patricios y <<naturales que son merecedores de estar recomendados a VM con el credito de virtuosos>>, y entre los que habia muchos muy bien preparados (57). Ese mismo ano, los religiosos y el clero secular de La Habana se unian para pedir al rey que se ordenara a Valdes residir en su sede de Santiago de Cuba, pues
   ... seria mas tolerable la invasion de los enemigos que su
   continuada residencia en aquella ciudad, donde se mantiene sin
   residir en su Iglesia de Cuba, proveyendo en extranos de aquella
   tierra los curatos vacantes para poner a sus familiares, haciendo
   caudal de su sangre y quitando a los hijos de aquella tierra sus
   patrimonios, siendo su fin hacer remisiones a Espana ...


Si se mantenia en La Habana, donde <<a su arbitrio quita y pone sujetos en los empleos>>, estaban dispuestos a irse ellos, pues si le hacian frente los excomul gaba (58).

En efecto, el mismo fraile Salvador Bueno escribia a la corte alarmado por el rumor que corria por La Habana de que Valdes habia propuesto para sustituir al obispo auxiliar Dionisio Resino (59), recien fallecido, a su provisor y vicario general Diego Rodriguez Aramil y a otros dos de su camarilla, <<que los tres son inbenemeritos y de relajadas costumbres>>. Seria una gran desgracia, decia, que recayera la mitra auxiliar en uno de esos y luego obtuviera la de La Habana. El buen fraile justificaba su denuncia en que <<siendo la Real Voluntad de vm tan catolica y piadosa, que para asegurar mas el acierto en la distribucion de los empleos tiene ordenado santamente que se le informe de las personas mas benemeritas de estas Indias, debemos corresponder los vasallos con igual intencion>> (60). Aunque una anotacion al margen, del secretario o del fiscal del Consejo de Indias, dice que el informante de Bueno debia de ser un agustino habanero, muy disgustados tambien con Valdes, no resulta nada extrana esta asociacion de franciscanos y clero habaneros, por la intensa insercion que habian alcanzado los frailes menores en la sociedad criolla (61).

Valdes mantuvo el control de la colacion de prebendas y, en general, del clero de Santiago de Cuba a traves de su sobrino Toribio de Lavandera (o La Bandera), al que facilito una carrera espectacular (62), y que supo moverse con mucha mas habilidad que su tio y protector para consolidar su posicion de preeminencia en la iglesia santiaguera y sumar el apoyo de las autoridades, en especial del gobernador Pedro Ignacio Jimenez (1729-1737): se decia alli que Lavandera era el autentico gobernador y vice patrono (63).

Cuando en 1719 Valdes quiso obtener el deanato para su sobrino se encontro con que lo habia ganado Pedro Agustin Morell de Santa Cruz, un joven y prestigioso abogado criollo al que el mismo acababa de ordenar de presbitero que conto con el apoyo de los gobernadores de La Habana y de Santiago (64). De algun modo Valdes se vio obligado entonces a nombrar a Morell su provisor y vicario general, pero logro que el rey ordenase su traslado a Santiago, donde habia situado de vicario auxiliar o foraneo a su sobrino (65). De esa manera los dos vicarios coincidieron en la capital oriental muchos anos (de 1721 a 1749), pero uno y otro mantuvieron una aparente concordia, cada uno controlando su propio partido.

El fallecimiento de Valdes en 1729 abrio la caja de pandora en la diocesis. De entrada, sus familiares y criados extrajeron fraudulentamente sus bienes del palacio episcopal y se pelearon entre ellos por el reparto, organizando un buen escandalo. El cabildo de Santiago, en sede vacante, aprovecho ese lamentable espectaculo para ejercer su autoridad en sede vacante y nombro al canonigo magistral Pedro Ignacio de Torres y Ayala (hermano del gobernador Laureano Torres y Ayala, muerto en 1722) como provisor y vicario general de La Habana con el encargo inmediato de averiguar lo sucedido y proceder en derecho. Torres hizo las sumarias, encarcelo a los dos clerigos mas cercanos a Valdes (66), y secuestro sus bienes (67).

La actuacion de Torres y Ayala fue inicialmente aprobada por el gobernador habanero Dionisio Martinez de la Vega (1724-1734), entre otras cosas por el prestigio del canonigo magistral, pero el clero habanero hizo llegar su protesta al Consejo de Indias, que advirtio al cabildo en nombre de rey de la necesaria <<union y conformidad en el gobierno de la diocesis que se requiere en tiempo de vacante>> y que el despacho de Torres iba <<contra lo aprobado por SM en el sinodo diocesano de ese obispado>> de no salir los prebendados de su iglesia (68).

Pero el cabildo santiaguero no se contento con la actuacion de Torres y envio a La Habana a Juan de Ayalde (69) como visitador general de la diocesis con los mas amplios poderes, con la excusa de que Valdes habia dejado inacabada su visita. Esta decision revelaba el fuerte encono del alto clero santiaguero contra el de La Habana. Pero Ayalde actuo de modo despotico: suspendio de oficio a 72 clerigos (dos tercios de los existentes en la capital), les amenazo de excomunion, impuso multas y tasas especiales por su visita, etc. Los habaneros le recusaron y apelaron al metropolitano de Santo Domingo pero Ayalde la rechazo y el cabildo los acuso de desobedientes. Asi las cosas, a peticion de los curas el gobernador Martinez de la Vega requirio repetidamente al visitador <<con la provision de las fuerzas>> para que les oyese las apelaciones, pero Ayalde tambien lo rechazo y a su vez requirio al gobernador para que le auxiliase en su visita. Martinez de la Vega envio entonces al cabildo una dura y extensa carta en la que le conminaba, en nombre del rey, <<a guardar la union y conformidad que se requiere y debe observare en todo lo perteneciente al eclesiastico gobierno, sin dar lugar a discordias y disensiones que acusen el menor escandalo, pues no puede ignorarse que desde que Vs [el cabildo] entro en dicho gobierno por muerte del Ilmo. Obispo ... han sido continuas la desunion, discordias y escandalos en esta ciudad ...>>. Lo mas grave era las muchas misas que se habian dejado de decir. De hecho, el clero de La Habana impidio la celebracion del Corpus ese ano (junio de 1731) como se acostumbraba, causando el escandalo que pretendian. Si no obedecian, el mismo expulsaria de la ciudad al visitador. Asi llego la causa de nuevo hasta el Consejo de Indias, que resolvio con el gobernador y ordeno a Ayalde conceder las apelaciones, absolver a los excomulgados y levantar la suspension (70). Todo el lio provocado por el cabildo santiaguero acabo al llegar a La Habana el nuevo obispo, Lasso de la Vega, a finales de ese mismo ano. La corte, conociendo el arraigo alli de la orden serafica y a la vista de la conflictiva situacion del clero en la isla, eligio acertadamente a un fraile franciscano (71).

Mientras tanto, en Santiago tambien se visualizo a la muerte de Valdes la division de la ciudad y del cabildo, es decir, de todo el sector criollo en dos bandos, el clientelar del chantre Lavandera y, enfrente, los que habian sido postergados en la colacion de empleos (72). En este caso, el conflicto tambien llego al Consejo de Indias. En 1735 se le pedia al obispo que informase de la situacion, ante las numerosas quejas de los enemigos del chantre por el dominio que ejercia sobre el gobernador Jimenez. En su respuesta, Lasso confirmaba la absoluta division del cabildo en dos bandos y que <<todos los beneficios y demas provisiones tocantes al real patronato son para los ahijados de Lavandera aunque vayan los ultimos>>; el no habia logrado que saliera ninguno de los que proponia en primer lugar y <<me he resignado a que esta es cruz que el Sr. me ha mandado>>; ademas, ahora se habia asociado al dean (Morell); y la correccion no cree que tuviera exito al estar tan distante. Cuatro regidores del ayuntamiento, tambien consultados, confirmaron la existencia de dos bandos irreconciliables en la ciudad por culpa del tandem Jimenez-Lavandera.

El Consejo tomo cartas en el asunto y removio al gobernador en 1737 nombrando en su lugar a Francisco Cagigal de la Vega. Y asi llego la ocasion de la venganza para los enemigos del tandem. Cagigal llevaba el encargo de residenciar a Jimenez quien, por consejo de Lavandera, se nego a <<darle algun interes>> ni <<comprarle su justicia>> a Cagigal en su juicio de residencia; este se vengo acusando al chantre y a Jimenez de provocar la division de la ciudad. El obispo Lasso, siguiendo ordenes reales, mando a Lavandera que compareciera ante el; lo hizo, pero presento recurso al Consejo de Indias adjuntando numerosos testimonios a su favor. El alto tribunal termino por aceptar parcialmente el recurso pero dejo la ultima decision en el obispo: si los testimonios adjuntados por Lavandera eran ciertos debia restituirle a su iglesia y dignidad, pero procediendo segun el dictamen de su conciencia. Finalmente, Lavandera regreso a Santiago y recupero su empleo en el cabildo (73).

Tras la caida en desgracia de Lavandera a la muerte de Valdes, tanto Lasso como Morell primaron a sus allegados para la colacion de beneficios, sin que faltara el recurso a la justicia real por los que se sintieron agraviados.

Lasso, aunque mucho menos politico que Valdes, tambien se aseguro el control de las dos vicarias (La Habana y Santiago de Cuba) con dos paisanos suyos a los que hizo venir desde la peninsula: para la primera, a Pedro Ponce y Carrasco, que seria nombrado obispo auxiliar para La Florida (74) y luego obispo de Quito; y en Santiago dejo a Manuel Calzado y Cadenas, con una brillante carrera de estudios y para el que logro en 1744 la recien creada canonjia penitenciaria (75). En 1749 logro tambien colocar a un familiar suyo en la colecturia de la catedral, por delante de otros once pretendientes del clero criollo oriental, algunos de las primeras familias (76).

El sucesor de Lasso en el obispado, Pedro Agustin Morell de Santa Cruz (1754-1768), al que ya conocemos, disponia de una buena formacion en derecho y habia ejercido de abogado. En su eleccion influyo sin duda su profundo conocimiento de la diocesis, de la que fue provisor y vicario general durante treinta anos, con Valdes y con Lasso. En la real cedula de 13 de diciembre de 1719 en la que se le confirmaba su nombramiento se le advertia que <<pusiese su especial cuidado en no permitir que ninguno de sus subditos perturbase la paz de aquella Republica, ni embarazase el buen gobierno de ella y el puntual cumplimiento de las reales ordenes>>. Durante esa larga etapa tuvieron lugar la mayor parte de los conflictos de que hemos tratado, pero todo parece indicar que supo mantenerse por encima de las facciones o partidos. Aunque gano el deanato contra la voluntad de Valdes, dejo que Lavandera manejara el reparto de las prebendas mientras el hacia meritos a un nivel mas alto. De hecho, a la muerte de Valdes fue nombrado gobernador del obispado por el cabildo en sede vacante de forma unanime. En 1731 se le presento la ocasion de hacer nuevos meritos al actuar como mediador decisivo en una rebelion de los esclavos de las minas de Santiago del Prado (El Cobre), junto a Santiago, por lo que se gano el agradecimiento real y una recomendacion para suceder al recien fallecido obispo auxiliar (77). La unica apuesta personal de Morell durante su provisorato es de 1734, justo cuando aca baba de recibir la felicitacion del rey por su actuacion en El Cobre. En un extenso memorial, recomendaba vivamente a los santiagueros Francisco Suarez Calderon y Manuel Castaneda para sendos beneficios, que habian sido postergados varias veces injustamente por el gobernador del Hoyo, remarcando que <<hay ley de que debe preferirse a los patricios>> (78).

En 1749 fue elegido obispo de Nicaragua en 1749. Su paso a la mitra de Cuba en 1754 frustro las esperanzas del entonces obispo auxiliar, Pedro Ponce y Carrasco, que habia sabido hacer su propio partido entre una parte del alto clero y la elite santiaguera. Frente a estos, Morell escogio como familiar primero y pronto como nuevo vicario y provisor a Santiago Jose de Hechavarria, entonces un joven criollo doctorado en ambos derechos y brillante catedratico en la universidad habanera, muy bien relacionado en la capital.

Entre los postergados, ya por Lavandera pero tambien luego por Lasso, el caso mas llamativo fue el de Miguel Brioso y Cervantes (79). Habiendo logrado una nueva racion que se creo en la decada de 1740, en 1752 fue nombrado juez colector de diezmos y comisionado para el cobro del subsidio--el 6% de todas las rentas eclesiasticas en sede vacante--tras la muerte de Lasso. Es muy probable que lograra la prebenda y el empleo gracias a que su padre y su hermano habian sido los responsables de la real hacienda en Santiago (80). Brioso puso gran celo en su nueva tarea, lo que le llevo a exigir a todos sus companeros del clero la relacion de sus rentas. Como no podia ser menos, muchos se resistieron. El resultado fue un extenso pleito del comisionado, en el que Brioso termino acusando a muchos de diferentes y graves irregularidades, con un recurso constante al Consejo de Indias. Llego a negarle autoridad al nuevo obispo Morell, afirmando que solo debia obediencia al rey. Al final intervino una vez mas el Consejo para zanjar la cuestion pero, como habia hecho otras veces, exigiendole al obispo que hiciera uso de sus facultades conforme a derecho para contener al comisionado, que no cesaba de remitir informes injuriosos a Madrid (81).

Santiago Jose de Hechavarria accedio a la mitra tras la muerte de Morell (82). Tipico representante de la poderosa elite cubana de la segunda mitad del siglo, con la que emparento (83), se comporto como uno mas de ellos, colaborando estrechamente con los capitanes generales ya antes incluso de iniciar su carrera hacia el obispado (84). El promotor directo de Hechavarria fue el influyente gobernador Bucareli. Aumento su merito por la exhortacion que hizo al clero con motivo de la expulsion de los jesuitas (85). Cuando sus biografos tratan de sus <<logros>> suelen olvidar que actuo siguiendo ordenes directas del rey, en concreto para que culminase algunas de las obras solo iniciadas por sus antecesores, como la Casa de Recogidas y el hospital de mujeres, y el establecimiento del Colegio seminario de San Carlos en el antiguo de los jesuitas, ademas del traslado de la parroquial mayor a la iglesia del mismo colegio, que pronto seria la nueva catedral habanera86. Convoco, tambien por orden directa del rey, y presidio el segundo sinodo diocesano de la historia de la Iglesia cubana, pero no publico sus resultados o nuevas constituciones (87).

De un perfil mas bajo que sus antecesores, Hechavarria vino a ser el simbolo y termino del progreso creciente del clero criollo cubano a lo largo de todo el ultimo siglo. Igual que sus paisanos, un buen regalista que solo concibio su gobierno como el mas fiel cumplimiento de las ordenes reales, en perfecta consonancia con la primera autoridad politica de la isla. Por lo demas, los conflictos que hemos visto se sucedieron durante la primera mitad del siglo habian finalizado, una vez que habian quedado convenientemente dotadas todas las nuevas plazas y prebendas; los unicos de alguna relevancia durante el obispado de Hechavarria tuvieron con ver con la visita general a los conventos, de la que ya hemos tratado, y en los que actuo siempre de la mano del vice patrono. La creacion del obispado de La Habana en 1789 dara ocasion a una nueva oleada de conflictos del mismo tipo, tanto en esa capital como en el oriente (88).

CONCLUSION

El sector criollo cubano medio y alto, de reciente origen peninsular, alcanzo un desarrollo significativo tanto en el oriente como en el occidente de la isla desde finales del siglo xvn. Enriquecidos por las nuevas oportunidades economicas y comerciales, y a menudo asociados al goce de algun empleo en la administracion colonial o local, esos nuevos criollos aspiraron a situar a alguno de sus vastagos en el estamento del clero, regular o secular, y lo consiguio con creces haciendo valer sus meritos, reales o supuestos, para obtener la gracia real, e invirtiendo rentas y capitales en la creacion de hospicios, ermitas, conventos y capellanias, siguiendo asi una de las modalidades de ascenso social tipicas en la monarquia hispanica del barroco.

Ese impulso propicio en la primera mitad del siglo xviii la expansion de la red conventual en la isla que se mantendra hasta el primer intento desamortizador del trienio constitucional. Los nuevos conventos proveyeron de una mediana preparacion intelectual a muchos de los que luego alcanzaran el orden sacro. Luego, con la creacion de la universidad de La Habana--la unica que hubo en la isla en todo el periodo colonial--en 1728, el numero y preparacion de los candidatos se acrecento, como advertian en sus informes a la corte las autoridades civiles y eclesiasticas.

El recurso al patronato y a la justicia real fue el instrumento ordinario utilizado por prelados, autoridades eclesiasticas y por los particulares tanto para obtener la gracia deseada como para resolver los numerosos conflictos que surgieron al interior de las comunidades religiosas o entre los candidatos en pugna por el logro de las prebendas.

DOI 10.15581/007.28.145-174

Juan B. AMORES CARREDANO

Universidad del Pais Vasco (UPV/EHU)

bosco.amores@ehu.es

(1) Cfr. Carlos Maria RODRIGUEZ LOPEZ-BREA, Secularizacion, regalismo y reforma eclesiastica en la Espana de Carlos III: un estado de la cuestion, en Espacio, tiempo y forma. Serie IV, Historia moderna, 12 (1999), pp. 355-372.

(2) Andoni ARTOLA RENEDO, Reflexiones sobre la practica del regalismo: gracia regia y alta carrera eclesiastica durante el reinado de Carlos III (1759-1788), en Hispania sacra, 65 (2013), pp. 253-282.

(3) Teofanes EGIDO, El Regalismo en Espana, en Emilio La PARRA LOPEZ y Jesus PRADELLS NADAL, Iglesia, Sociedad y Estado en Espana, Francia e Italia (ss. XVIII al xx), Alicante, 1991, pp. 193-218.

(4) Vease al respecto la sucinta obra, pero clarificadora explicacion desde la perspectiva historiografica, de Oscar MAZIN, Historia en construccion: la historiografia de tema iberico en Mexico, en Riel GUIANCE (dir.), La influencia de la historiografia espanola en la produccion americana, Madrid, 2011, pp. 77-114 (97-98).

(5) Cfr. Victoria SANDOVAL PARRA, La naturaleza juridica de la merced en la Edad Moderna, en Anuario de historia del derecho espanol, 83 (2013), pp. 325-411.

(6) En este sentido, parece apresurado hablar de <<secularizacion de la politica>> en el siglo XVIII (Carlos Maria RODRIGUEZ LOPEZ-BREA, Secularizacion, regalismo ... [ver no 1). Entre otras cosas, basta recordar la decisiva influencia en el gobierno de los confesores reales de Fernando vi, el jesuita Francisco Ravago, y de Carlos III, el franciscano Joaquin de Eleta.

(7) Sinodo de Santiago de Cuba de 1681, Madrid-Salamanca, 1982, pp. 185-186. Las constituciones estan firmadas por el obispo Juan Garcia de Palacios en La Habana, aunque la primera publicacion que se conoce es la realizada en La Habana por el obispo Diaz de Espada en 1814, que lleva esta portada: Sinodo Diocesana que de orden de S.M. celebro el Ilustrisimo Senor Doctor Don Juan Garcia de Palacios, Obispo de Cuba, en junio de mil seiscientos ochenta y cuatro.

(8) Antonio GARCIA y GARCIA, Introduccion, en ibid. Son numerosas las normas del sinodo que se refieren al trato a los esclavos, al comercio ilicito, la vestimenta, los bailes, las fiestas, el juego, etc.

(9) El recurso de fuerza era definido por los juristas castellanos del siglo xviii como el derecho natural del rey de preservar a los subditos de toda opresion y violencia, y el reciproco derecho natural de los subditos oprimidos para recurrir al rey en demanda de proteccion (Abelardo LEVAGGI, Los recursos de fuerza en el Derecho Indiano, en Anuario Mexicano de Historia del Derecho, 4 [1992], pp. 117-138).

(10) SEVILLA, ARCHIVO GENERAL DE INDIAS [=AGI], Santo Domingo, 519. Suplica del convento de santa Clara al rey, 28 de noviembre de 1719. El convento seguia la regla del monasterio de Santa Ines de Sevilla por cuyas religiosas fue fundado. Decian las monjas que <<han pretendido algunos con informes siniestros dados a nuestro padre comisario general de Indias cambiar aquella observancia introduciendo diversas novedades que solo sirven de desunion entre las religiosas y que seran totalmente incompatibles con el temperamento calido de este pais y contrarias a la fundacion y costumbre>>. Firman la suplica las 58 monjas del convento.

(11) Entre los muchos ejemplos que ofrece la bibliografia sobre el fracaso de las pretensiones del regalismo borbonico, tambien en America, vease Francisco Ivan ESCAMILLA GONZALEZ, Inmunidad eclesiastica y regalismo en Nueva Espana a fines del siglo xVIII: el proceso de fray Jacinto Miranda, en Estudios de historia novohispana, 19 (1999), pp. 47-68.

(12) La bibliografia sobre el tema es muy abundante, tanto para Espana como para America. Vease, por ejemplo, Miguel Luis LOPEZ GUADALUPE MUNOZ, Debate y reaccion a las reformas ilustradas: maniobras legales de las cofradias a finales del siglo XVIII, en Chronica nova, 29 (2002), pp. 179-216.

(13) Al respecto se puede ver, entre la abundante bibliografia sobre el tema, Inmaculada FERNANDEZ ARRILLAGA, El papel del clero en la expulsion de los jesuitas decretada por Carlos III en 1767, en eHumanista 27 (2014), pp. 169-188.

(14) Aunque de alcance limitado, una vision general de los tres primeros siglos en Eduardo TORRES CUEVAS y Edelberto LEIVA LAJARA, Historia de la Iglesia catolica en Cuba. La Iglesia en las patrias de los criollos (1516-1789), Ediciones Bolona, La Habana, 2007. Sobre la division de la diocesis, con sede en Santiago de Cuba, y la creacion del obispado de La Habana: Consolacion FERNANDEZ MELLEN, Iglesia y poder en La Habana. Juan Jose Diaz de Espada, un obispo ilustrado (1800-1832), Bilbao, 2104, pp. 23-45.

(15) Levi MARRERO, Cuba: economia y sociedad, vols. 3-8, Madrid, 1974-1982. Los primeros datos censales de toda la isla son los que recoge el informe del obispo Morell de Santa Cruz sobre su visita pastoral a la diocesis, de 1755, en AGI, Santo Domingo, 534. Para la evolucion economica y demografica entre 1763 y 1790 ver Juan B. AMORES, Cuba en la epoca de Ezpeleta (1785-1790), Pamplona, 2000, pp. 23-26 y 179-220.

(16) AGI, Santo Domingo, 1160, informe del contador general de Indias Tomas Ortiz de Landazuri, 1774.

(17) Cfr. Levi MARRERO, Cuba: economia y sociedad, vol. 8, Madrid, 1980, p. 44. AGI, Santo Domingo, 521, expediente sobre aumento de una prebenda en la catedral de Cuba, 1752. AGI, Santo Domingo, 1141, el obispo Hechavarria al rey, 18.XII.1784.

(18) AGI, Santo Domingo, 1525, padron de la isla de 1778.

(19) Guillermo CESPEDES DEL CASTILLO, Ensayos sobre los reinos castellanos de Indias, Madrid, 1999, pp. 138-145.

(20) Tras el desastre demografico que supuso la ocupacion de la isla por los europeos, la poblacion indigena residual fue concentrada en pequenos poblados: Guanabacoa, junto a La Habana, y en el oriente San Luis de los Caneyes, cerca de Santiago de Cuba, y Jiguani, en las proximidades de Bayamo. A mediados del XVIII, Guanabacoa era ya una villa de espanoles con ayuntamiento propio. En 1731, el cura de San Luis de los Caneyes afirmaba que se trataba de un pueblo de indios <<ya solo en el nombre>> (AGI, Santo Domingo, 520, Juan Rivera de Arauz al rey, 25.X.1731). Lo mismo ocurria con Jiguani.

(21) Arelis RIVERO CABRERA, Commintment Beyond Rules: Franciscans in Colonial Cuba, 1531-1842, Mission San Luis Rey (California), 2017, pp. 25-52.

(22) Asi, por ejemplo, la primera solicitud para establecer un convento de franciscanos en Santa Clara partio del cura de la localidad, Juan de Conyedo, junto con el ayuntamiento de la villa. Los regidores decian que en 41 anos que se fundo el vecindario habia aumentado a mas de 500 familias y solo habia un cura y un sacristan mayor. Conyedo, natural de la villa, habia gastado 12.000 pesos en levantar un pequeno hospicio y logro que se trasladasen dos frailes franciscos para atenderlo, ademas de administrar sacramentos y ensenar la doctrina cristiana; el ayuntamiento aseguraba que los vecinos cubririan todos los demas gastos (AGI, Santo Domingo, 520, expediente de fundacion de un convento franciscano en Santa Clara, 1731-1733).

(23) AGI, Santo Domingo, 519, expediente de fundacion de un convento franciscano en Sancti Spiritus. La fecha de aprobacion del Consejo, 20 de enero de 1726.

(24) AGI, Santo Domingo, 519, expediente de fundacion de un convento franciscano en Trinidad.

(25) AGI, Santo Domingo, 520, expediente de la fundacion del convento de la Merced en la ciudad de La Habana, 1727-1737. AGI, Santo Domingo, 534. Pedro A. Morell de Santa Cruz, informe de la visita pastoral, 1755.

(26) AGI, Indiferente, 214, no 74, relacion de meritos.

(27) AGI, Santo Domingo, 521, expediente sobre fundacion de un convento dominico en Guanabacoa, 1721-1756. La aprobacion del Consejo lleva fecha de 25 de octubre de 1756. En ese momento, en Guanabacoa, para una poblacion de unos 6.000 habitantes habia 13 presbiteros (cinco diocesanos y ocho franciscanos), pero se aducia que eran insuficientes pues los presbiteros tenian que pasar a las haciendas del campo a administrar sacramentos.

(28) AGI, Santo Domingo, 1475, informe al rey de la junta que formaron el gobernador, el intendente y el provisor vicario general, 6.II.1788.

(29) AGI, Santo Domingo, 1413, real cedula de 19.VI.1786. Nada mas llegar, a instancias del obispo los capuchinos hicieron mision en el interior de la isla con gran exito popular (AGI, Cuba, 1402, El teniente de gobernador de Puerto Principe a Ezpeleta, 1.I.1788; AGI, Cuba, 1392, el teniente de gobernador de Bayamo a Ezpeleta, 1.VI.1788).

(30) Habia nueve conventos de franciscanos: dos en La Habana, y uno en Guanabacoa, Santa Clara, Trinidad, Sancti Spiritus, Puerto Principe, Bayamo y Santiago, sumando un total de 190 frailes. Tres conventos de dominicos: el de La Habana, que tenia aneja la universidad, Sancti Spiritus y Bayamo, con 43 frailes en total. Dos conventos-hospitales de betlemitas, en La Habana y Santiago, con 25 y 6 religiosos respectivamente. Otros dos de mercedarios, en La Habana, con 20 frailes y en Puerto Principe con 16. Dos conventos-hospitales de los Hermanos de San Juan de Dios, tambien en La Habana y Puerto Principe, con 20 y 13 hermanos. Un convento agustino en La Habana con 43 frailes; y otro de capuchinos con 21, tambien en La Habana. Los tres unicos conventos femeninos estaban en La Habana: el de Santa Clara, con 90 monjas clarisas; el de Santa Catalina de Sena, con 28, y el de Santa Teresa (carmelitas) con 21 monjas (AGI, Santo Domingo, 1248. Los prelados religiosos a Ezpeleta, 10.VII.1786).

(31) El gobernador Antonio Maria Bucareli (1765-1771) escribia a su amigo el confesor real Joaquin de Eleta sobre el estado general de los conventos: <<Las comunidades se producen poco ... los franciscos viven de sus limosnas, los dominicos de pocas rentas que les dan para lo preciso, agustinos y mercedarios perecen, y jesuitas y betlemitas se disputan la opulencia de sus rentas>> (AGI, Indiferente, 1629, Bucareli a Eleta, 28.IV.1766).

(32) La situacion economica del convento femenino de Santa Clara era dramatica hacia 1786 por el exceso de religiosas en relacion a sus rentas, una buena parte de las cuales no lograba cobrar: AGI, Santo Domingo, 1142, expediente no 10. En 1786, Guillermo Mancebo Betancourt, miembro de una de las primeras familias del oriente cubano, reclamaba la herencia que su hermana dejo a una comunidad religiosa: AGI, Cuba, 1401, 17.IV.1786. Lo mismo hacia el presbitero y abogado habanero Antonio Claudio de la Luz respecto a la renuncia de su herencia que hizo un pariente suyo, fraile betlemita, a favor de la orden, aduciendo que habia sido enganado por el prelado: AGI, Santo Domingo, 1142, expediente visto en el Consejo de Indias el 22.V. 1789.

(33) Salud MORENO ALONSO, La expulsion de los jesuitas de Cuba, en Temas americanistas, 9 (1991), pp. 4047; Edelberto LEIVA y Eduardo TORRES CUEVAS, Presencia y ausencia de la Compania de Jesus en Cuba, en Jose ANDRES-GALLEGO (dir.), Tres grandes cuestiones de la historia de Iberoamerica: ensayos y monografias, Madrid, 2005. El gobernador Bucareli, a quien le correspondio gestionar la medida y el paso por La Habana de muchos expulsos de America, manifestaba a su amigo Joaquin de Eleta su satisfaccion por <<vernos redimido de un enemigo oculto>> (AGI, Indiferente, 1629, 25.IX.1767).

(34) El gobernador de la Torre recibio la denuncia de que el presbitero y catedratico Antonio de la Luz habia <<frangido>> fuera de las aulas el juramento prestado de orden del rey de detestar las doctrinas del regicidio y tiranicidio. Pero la investigacion posterior demostro que se trataba de una denuncia falsa por celos del rector de la Universidad y otros parciales suyos hacia de la Luz: AGI, Cuba, 1164, el marques de la Torre a Bernardo Hidalgo y Gato, consiliario de la Universidad, alabandole por haber resuelto el tema sin escandalo, 22.IV.1777. Esta misma politica condujo al gobernador Bucareli a cortar en seco un caso similar, anos antes: <<no debemos consentir que con el pretexto de parciales de los expulsos quiera hacerse mal a los que han adoptado sus doctrinas ni a los que se han desviado de ellas despues de que la resolucion del rey les hizo conocerlo mejor>> (AGI, Indiferente, 1629, a Joaquin de Eleta, 28.X.1769).

(35) En todo caso, la visita general fue una muestra innecesaria de autoritarismo y contribuyo a incrementar el sentimiento de agravio entre los criollos: cfr. Jaime Antonio Peire, La Visita-Reforma a los religiosos de Indias de 1769. Tesis doctoral inedita, Pamplona, 1986.

(36) En 1788 el provincial de los betlemitas se quejaba del <<lamentable estado en que se haya la disciplina regular en esta ciudad, sobre todo de la obediencia>>, queja motivada por el recurso de fuerza que habia interpuesto uno de los frailes, Juan de Casas, que su hermano y abogado Jose Manuel habia logrado llevar hasta el Consejo de Indias (AGI, Santo Domingo, 1473, expediente no 32, de 1788). Sin embargo, por esas mismas fechas el obispo Hechavarria alababa el buen estado de la comunidad betlemita habanera, como vemos mas abajo.

(37) Edelberto LEIVA LAJARA, La orden dominica en La Habana. Convento y sociedad (1578-1842), La Habana, 2007.

(38) El obispo Santiago de Hechavarria informaba que <<el caudal de los betlemitas es muy considerable, aunque consiste sobre todo en haciendas y aplican a ellas todo el redito anual de sus rentas>>; hacian muchos y grandes servicios con la atencion de pobres en su hospital y el mantenimiento de la unica escuela publica de primeras letras en La Habana, con cerca de quinientos alumnos: AGI, Santo Domingo, 1141, Hechavarria a Ezpeleta, 11.II.1786.

(39) AGI, Cuba, 1163, Felix Rodriguez de Casanova, comendador de la Merced, a Torre, 25.I.1775; contestacion de Torre, de 30.I.1775, en AGI, Cuba, 1164. No obstante, el gobernador le indicaba que diese certificado a los cuatro del motivo de su salida, para que no quedaran infamados.

(40) Asi se le indicaba a gobernador Diego Jose Navarro en su Instruccion reservada de gobierno, de 6.I.1777 (AGI, Santo Domingo, 1218).

(41) AGI, Cuba, 1408, el vicario general a Ezpeleta, 11.VII.1787. Sobre la visita de los franciscanos de Cuba: Arelis RiVERO CABRERA, Commintment Beyond... [ver n. 21], pp. 198-205.

(42) El expediente, de 1735, en AGI, Santo Domingo, 520. Encausado por su propia orden en La Habana por irregularidades y abusos, fue sentenciado a diversas penas; como en la apelacion no logro que se revocara la sentencia, huyo a Roma, donde fue tolerado por el general de la orden; paso a la corte, y consiguio que su causa fuera examinada por el Consejo de Indias, pretendiendo que el rey interviniera ante la Sagrada Congregacion romana para que impidiera la ejecucion de la sentencia. El fiscal, cuya opinion hizo suya el Consejo, pedia la devolucion de la causa al tribunal de la orden, pues <<no toca las regalias de SM y es intempestivo porque quiere valerse de la soberana autoridad de SM para que se sentencie la causa; y no parece decoroso a la real soberania y suprema persona de SM interponerla por un particular a un tribunal tan serio como el de la Sgda. Congregacion>>. Entre los Gonzalez del Alamo habia hacendados, abogados y varios clerigos, asi como el primer catedratico de medicina de la Universidad (Gregorio DELGADO GARCIA, Dr. Francisco Gonzalez del Alamo y Martinez de Figueroa, primer profesor universitario de Medicina en Cuba, en Revista Cubana de Educacion Medica Superior, 14:1 [2000], pp. 86-91).

(43) AGI, Santo Domingo, 521. Expediente sobre el estado de los conventos de Cuba, 1738-1741. El caso mas flagrante era el del convento dominico de La Habana, con 60 frailes, del que se dice que ingresa 78.770 reales al ano en reditos, capellanias, cofradias, fiestas, aniversarios y estipendios, y tiene unos gastos de 98.751 reales, pero no se mencionan los ingresos por renta de las haciendas del convento.

(44) AGI, Santo Domingo, 520. Expediente por denuncia del medico Francisco Teneza de la mala asistencia y administracion del hospital por los sanjuaninos y el maltrato a los enfermos, 1731-1739. El gobernador Guemes, en carta al provincial de Mexico de 19 de junio de 1739, rechazaba tambien esa comision, alababa a los sanjuaninos habaneros y le aclaraba que <<como para evitar estos atropellamientos tiene SM prevenido a los virreyes y gobernadores reciban bajo de su amparo a los opresos para que suspenda el prelado la fuerza y otorgue libremente la apelacion (...), y toda esta ciudad que sentia los agravios del fray Eusebio Perez [el visitador], se sustancio el recurso ...>>. El Consejo ordeno reprender seriamente a Teneza, que la causa se viera en apelacion por el provincial de la orden y que se le comunicara la decision para que el mismo Consejo tomara la determinacion final (19.XI.1739).

(45) AGI, Santo Domingo, 111, R.1, no 2, carta de Diego Evelino Hurtado al rey, 25.III.1690.

(46) AGI, Santo Domingo, 534, Pedro A. Morell de Santa Cruz, informe de la visita pastoral, 1755. Se repartia asi: 110 clerigos en La Habana, otros 23 en los partidos y poblaciones de su jurisdiccion, 40 en las Cuatro Villas del centro de la isla (Trinidad, Sancti Spiritus, Santa Clara y Remedios), 34 en Puerto Principe, y 87 en la jurisdiccion oriental (31 de ellos en Bayamo y 50 en la capital Santiago).

(47) AGI, Santo Domingo, 1525, Padron general de la isla de Cuba, 31.XII.1778.

(48) Como decia Morell en el informe de su visita, desde su fundacion en 1722 por el obispo Valdes el seminario funciono doce anos <<sin formalidad>> y luego se cerro, hasta que en 1754 recomenzo su actividad. El juez colector de diezmos confirmaba en 1750 que llevaba muchos anos cerrado y denunciaba que el obispo disponia a su voluntad del 3% de todas las rentas del obispado que le estaban asignadas (AGI, Santo Domingo, 521, Miguel Brioso Cervantes al rey, 20.V.1750).

(49) Cfr. Eduardo TORRES CUEVAS y Edelberto LEIVA LAJARA, Historia de la Iglesia ... [ver n. 14], pp. Juan B. AMORES CARREDANO y Consolacion FERNANDEZ MELLEN, La Iglesia en Cuba, 1760-1830, en Francisco Javier CERVANTES Bello, Lucrecia ENRIQUEZ y Rodolfo AGUIRRE (coords.), Tradicion y reforma en la Iglesia hispanoamericana, 1750-1840, Puebla (Mexico), 2011, pp. 323-345.

(50) Entre las relaciones de meritos del clero de Santiago de la primera mitad del siglo encontramos, por ejemplo, un buen numero de descendientes de los pobladores de Jamaica emigrados a Cuba tras la ocupacion inglesa de la isla en 1655, lo que siempre aducen como razon de merito para la obtencion de la merced real.

(51) Manejamos datos de alrededor de 200 presbiteros del periodo 1700-1785, proporcionados por fuentes varias: expedientes de eclesiasticos seculares, informe de los colectores de diezmos, oposiciones a prebendas, el informe de la visita de Morell de 1756, relaciones de benemeritos enviadas por las autoridades locales como las del gobernador Bucareli (AGI, Indiferente, 1629, Bucareli a Joaquin de Eleta, 23.X.1769) y la del obispo Hechavarria (AGI, Santo Domingo, 2228, Santiago de Hechavarria a Porlier, 1.II.1788) y mas de 50 relaciones de meritos y servicios, de facil acceso en AGI, Indiferente. Un caso tipico de las primeras decadas del XVIII seria el de Jose Sanchez Pereyra, cura de la Iglesia de Ntra. Sra. de la Soledad de Puerto Principe, que <<en su juventud se ejercito en los estudios de filosofia y teologia en Puerto Principe y en La Habana, sustentando y defendiendo en una y otra varios actos y conclusiones>>, sin mas concrecion (AGI, Santo Domingo, 519, memorial de 3.II.1731).

(52) Como le decia Bucareli a Joaquin de Eleta en 1766, <<el clero de esta ciudad esta regularmente compuesto y tienen bastante estudio desde que establecio la disciplina el sr. Lazo>> (AGI, Indiferente, 1629).

(53) En 1677 solo se habian cubierto tres canonjias y dos dignidades. En 1722 se aprobaron cuatro nuevas prebendas <<por el acrecentamiento de poblacion y riqueza y la existencia de eclesiasticos benemeritos alli>> (AGI, Santo Domingo, 520, Morell al rey, 13.VI.1735). En 1740 se creo la canonjia penitenciaria--con la que se completo el cuerpo de canonigos--y en 1752 dos nuevos racioneros o medio racioneros (AGI, Santo Domingo, 530, expediente sobre el aumento de prebendas en la catedral de Santiago de Cuba, 1722-1754).

(54) De la orden de San Basilio, fue catedratico en Alcala y provincial de su orden. Elegido primero obispo de Puerto Rico e inmediatamente despues de Cuba, desembarco en Baracoa, en el extremo oriental de la isla, en abril de 1706 y, tras una estancia breve en Santiago, llego a La Habana en mayo de ese ano. En 1707 realizo la visita pastoral llegando hasta Puerto Principe. Ademas de aprobar, como hemos visto, la fundacion de nuevos conventos de religiosos, establecio el colegio seminario de San Basilio en Santiago, la Casa Cuna y el hospital de san Francisco de Paula en La Habana. Cfr. Eduardo TORRES CUEVAS y Edelberto LEIVA LAJARA, Historia de la Iglesia ... [ver n. 14], pp. 285-352).

(55) Ibid, pp. 330-340.

(56) AGI, Santo Domingo, 519, el ayuntamiento de La Habana al rey, 30.III.1707. Pedraza era habanero e hijo del oficial real contador del mismo nombre.

(57) AGI, Santo Domingo, 519, fray Salvador Bueno al rey, 16.VIII.1716. Se quejaba Bueno de que Valdes protegia a un jesuita expulso de su orden que Luis Buitron, <<... presuntuoso, soberbio, y mal inclinado a satirizar, va diciendo por La Habana desde que llego dos anos antes que es el unico teologo>>. Bueno era granadino y habia llegado a La Habana en 1678 desde las misiones de Florida (Arelis RIVERO CABRERA, Commitment Beyond ... [ver n. 21], p. 95).

(58) AGI, Santo Domingo, 519, el ayuntamiento de La Habana al rey, 28.X.1711, y Juan de Pedraza al rey, 9.XI.1707.

(59) Resino, habanero, fue nombrado en 1705 primer obispo auxiliar de la diocesis de Cuba con el encargo de atender La Florida, que visito brevemente en 1709; fallecio en 1711. Los datos de las dos relaciones de meritos que se conocen (AGI, Indiferente, 203, no 44, de 1678; y 210, no 29, de 1693) aclaran algunos errores de sus biografos, como que estudiara en Mexico o que fuera jesuita, ademas de indicar la fecha de ordenacion, el 22 de marzo de 1670 (Episcopologio de la Iglesia Catolica en Cuba: http://www2.fiu.edu/~mirandas/obispos/obispos-portal.htm, consultado el 2 de diciembre de 2017, y Eduardo TORRES CUEVAS y Edelberto LEIVA LAJARA, Presencia y ausencia ... [ver n. 32], p. 53).

(60) Rodriguez Aramil era paisano y, segun Bueno, lo trajo Valdes para hacerlo provisor pero resulto inepto y tuvo que proponer a otro. AGI, Santo Domingo, 519, fray Salvador Bueno al rey, 4.XII.1711.

(61) Cfr. Arelis RIVERO CABRERA, Commitment Beyond ... [ver n. 21], passim.

(62) AGI, Indiferente, 241, no 34, relacion de meritos de 1755. Natural de Pola de Siero (Asturias), llego a La Habana muy joven con Valdes, tio suyo (AGI, Contratacion, 5461, no 37). Estudio el bachiller en artes en el convento dominico y paso a la universidad de Mexico donde se graduo en leyes y se recibio de abogado en aquella audiencia; regreso a La Habana y fue ordenado presbitero por Valdes, que lo nombro en 1715 su consultor y abogado de camara (desde donde, obviamente, controlaba todos los expedientes eclesiasticos). Al ano siguiente obtuvo la canonjia doctoral y Valdes lo envio a Santiago como provisor y vicario de la provincia oriental; en 1720, ascendio a chantre y comisario subdelegado de Santa Cruzada para Santiago; fue tambien rector del seminario de san Basilio muchos anos. A la muerte de Valdes sufrio una campana en su contra que provoco la separacion de sus cargos, pero gano su recurso ante del Consejo de Indias y fue restituido. Lasso le nombro visitador eclesiastico de la provincia del oriente. Siguio ejerciendo como provisor y vicario general del oriente tras la muerte de Lasso, por eleccion unanime del cabildo en sede vacante, y luego confirmado por el nuevo obispo Morell en 1754.

(63) Lavandera jugo un papel importante en la pacificacion de la rebelion de Puerto Principe contra el gobernador Juan del Hoyo en 1729-1730; en esa ocasion acompanaba al nuevo gobernador Pedro Ignacio Jimenez, convirtiendose a partir de entonces en su principal consejero. Hizo prestamos a las cajas de Santiago para el pago de la guarnicion; sufrago las fiestas de la ciudad en diversas ocasiones y pago de su bolsillo la formacion de varios criollos santiagueros que accedieron al presbiterado. En la guerra de 1749 costeo el prest de la compania de dragones de Martin Esteban de Arostegui (hermano del fundador de la Compania de La Habana) y alojo en su casa a Agustin de Jauregui (futuro virrey del Peru y cunado de Arostegui), coronel del regimiento de Almansa, unidades desplazadas a Santiago de Cuba desde La Habana (AGI, Indiferente, 241, no 34, relacion de meritos).

(64) La sorprendente carrera de Morell sugiere que pudo haber estado mediada por la venalidad, ademas de contar con el apoyo de los jesuitas, con los que se habia formado como abogado y canonista en la universidad de su patria, Santo Domingo. En 1715, con solo 21 anos se le confirio con caracter interino, a instancias de la audiencia, la canonjia doctoral de esa catedral <<por no haber otro sujeto idoneo>>, y luego confirmado por el rey. Paso a La Habana, donde fue ordenado de presbitero por Valdes en 1718; la obtencion del deanato y vicariato general al ano siguiente resultan sorprendentes, cuando Valdes lo pretendio para su protegido Lavandera. AGI, Indiferente, 228, no 10, relacion de meritos de Pedro A. Morel de Santa Cruz, 1744.

(65) AGI, Santo Domingo, 519, Morell al rey, 2.II.1732.

(66) Se trataba de Gonzalo Menendez Valdes y Pedro Lodares Alonso, los dos asturianos y llamados por Valdes en 1720 (Relaciones de meritos en AGI, Indiferente, 219, no 21, de 1724, y 225, no 29, de 1738 respectivamente). A Lodares lo envio de vicario a La Florida, donde tuvo serios problemas con el gobernador; en 1723 regreso a La Habana; desde 1725 fue mayordomo y capellan del hospital de san Francisco de Paula fundado por Valdes.

(67) AGI, Santo Domingo, 519, Torres y Ayala al rey, 8.VIII.1729.

(68) AGI, Santo Domingo, 520, expediente sobre actuacion del cabildo de Santiago de Cuba, 17291732.

(69) AGI, Indiferente, 216, no 11, 1713, relacion de meritos. Santiaguero, su padre fue regidor y alcalde en la capital oriental. Presbitero en 1691, estudio en La Habana. No aparece nunca entre los que apoyaban a Lavandera, por lo que debia de ser del partido contrario.

(70) AGI, Santo Domingo, 520, Martinez de Cagigal al cabildo eclesiastico de Cuba, 21.VI.1731, y real provision de 23.I.1732. Decia el gobernador que <<no hubo diacono ni subdiacono que atendieran al misa cantante, ni en el coro los sacerdote que deben y acostumbran acompanar esta celebracion, por cuya falta se hubieron de repartir las varas el Palio a los ninos estudiantes del colegio episcopal, acciones verdaderamente sensibles a la piedad cristiana, y no menos contra las repetidas ordenes con que todos nuestros catolicos monarcas encargan el decente culto y veneracion de tan alto Misterio, y que pueden poner en termino a esta Republica de que no quede oveja al pastor que ha de venir a cuidar de este rebano>>.

(71) Nacido en Carmona (Sevilla), fue dos veces provincial de su orden. Elegido obispo de Cuba el 19 de noviembre de 1731, llego a Santiago de Cuba el 1 de septiembre de 1732 y se mantuvo alli hasta que embarco para La Habana el 8 de diciembre. AGI, Contratacion, 5480, no 1, R.25, 30.VII.1732.

(72) AGI, Santo Domingo, 519, expediente por queja de Miguel Brioso y Cervantes, 1731-1732. Brioso acusaba al chantre Toribio de Lavandera de tener dominado al gobernador Jimenez y postergarle en la provision de empleos. Lo mismo hacia Salvador de Castro y Fonseca, en un memorial de 1732 (agi, Santo Domingo, 520).

(73) AGI, Santo Domingo, 521, <<Extracto de las quejas que ha habido contra el chantre de Cuba D. Toribio de la Bandera para la instancia que hace la ciudad de que se le promueva a otra Iglesia>>, 1731-1743.

(74) AGI, Indiferente, 245, no 13, 1757, relacion de meritos.

(75) AGI, Indiferente, 242, no 21, 1756, relacion de meritos, cuando contaba 49 anos. Estudio en el colegio de los Irlandeses y luego en el de La Concepcion <<que llaman de teologos>>, ambos de Sevilla; se doctoro en teologia en la universidad de Osuna; paso a America con 25 anos ordenado de menores como secretario de camara de Lasso, quien le ordeno de presbitero y le encargo la catedra de filosofia del seminario; obtuvo por oposicion el curato del Sagrario de la catedral, en 1735 una media racion y en 1736 catedratico de teologia moral del seminario; en 1739 consultor de la Inquisicion y visitador de la diocesis en el oriente, con estancias largas en Bayamo, Baracoa y Puerto Principe; fue el primer canonigo penitenciario tras la creacion de esta prebenda en 1742. De modo muy diferente a las relaciones de los cubanos, Calzado detalla cada uno de los ejercicios que supero en las distintas oposiciones.

(76) El gobernador de Santiago propuso en primer lugar a Martin de Palacios Saldurtum. Nacido en Santiago en 1713, fue alumno de Calzado y Cadenas en el seminario de San Basilio. Se graduo y doctoro en ambos derechos en, la universidad de Santo Domingo, ademas de recibirse alli de abogado, profesion que ejercia en Santiago. Oposito a la canonjia penitenciaria que gano Calzado, y ese mismo ano le ordeno Lasso de presbitero; tambien perdio el curato de la catedral. Un tio suyo, Pedro de Palacios fue dean (AGI, Indiferente, 233, no 19, 1749, relacion de meritos). AGI, Santo Domingo, 521, expediente sobre la colecturia de Santiago de Cuba, 1749.

(77) Con un estudiado desasimiento, Morell escribia al rey en febrero de 1732 diciendo que <<se habia enterado>> de los informes laudatorios recibidos en la corte por su actuacion en El Cobre y que los cabildos secular y eclesiastico de Santiago le proponian para obispo auxiliar de Cuba; aseguraba no desear el empleo (AGI, Santo Domingo, 519, 23.II.1732). En realidad ese obispado le hubiera supuesto un exilio indeseado por tener que trasladarse a San Agustin de la Florida. En todo caso, lo esperable era que de auxiliar pasara luego a titular de la isla, como efectivamente ocurrio mas tarde. En 1734 recibio dos reales cedulas dandole las gracias por el servicio hecho en la reduccion de los esclavos del Cobre (AGI, Santo Domingo, 520, Morell al rey, 25.I.1735).

(78) AGI, Santo Domingo, 520, Morell al rey, 1.IX.1734. Estudio en Mexico; en 1712 se ordeno a titulo de una capellania de coro de la catedral. Su hermano Tomas, tambien presbitero, fue uno de los beneficiados por Lavandera, que le dejo al frente del seminario de san Basilio como vicerrector, y luego por el gobernador Jimenez, que lo nombro capellan del castillo del Morro (AGI, Indiferente, 228, no 22, 1743, relacion de meritos). Juan del Hoyo fue el que provoco la rebelion de Puerto Principe en 1729, por lo que fue destituido. Castaneda, descendiente de uno de los primeros pobladores de Jamaica, fue cura de Santiago del Prado y luego cura rector del Sagrario (AGI, Indiferente, 221, no 107, 1731, relacion de meritos).

(79) AGI, Indiferente, 227, no 41, 1742, relacion de meritos. Licenciado en ambos derechos por Santo Domingo, fue capellan del Morro en 1728 e hizo varios servicios al ejercito y la real hacienda. Fue postergado varias veces en las presentaciones a prebendas que dominaban el tandem LavanderaJimenez (AGI, Santo Domingo, 520, memorial de Brioso, de 1.II.1740).

(80) Su padre Juan Brioso, extremeno, habia sido teniente de oficial real en Santiago de Cuba, empleo que heredo su hermano Francisco (AGI, Contaduria, 1177 y 1180). La caja de Santiago de Cuba era sufraganea y estaba a cargo de tenientes de los oficiales reales de La Habana. El empleo era entonces de los vendibles y renunciables.

(81) Informes que, de todas formas, ofrecen una gran cantidad de informacion sobre el clero en las decadas de 1730-1750. AGI, Santo Domingo, 522, expediente sobre el comisionado del cobro del subsidio eclesiastico, 1752-1757. La decision del Consejo de 1.XII.1756.

(82) AGI, Santo Domingo, 2228, provision del obispado de Cuba en su auxiliar D. Santiago de Hechavarria, 1769. Natural de Santiago, se doctoro en teologia y derecho canonico por la universidad de La Habana, donde gano con brillantez una catedra de prima; era ademas abogado y consultor del Santo Oficio (AGI, Indiferente, 245, no 5, 1757, relacion de meritos). Elegido vicario general de la diocesis en 1757 por Morell, fue nombrado obispo auxiliar en 1767 pero no salio de La Habana, pues la Florida habia pasado a manos inglesas en 1763. Realizo la visita pastoral a toda la diocesis desde enero de 1773 hasta noviembre de 1774 (AGI, Cuba, 1190 y 1202). En 1788, decidida ya la division de la diocesis y creacion del obispado de La Habana como sufraganeo del de Santiago de Cuba, fue promovido al arzobispado de Puebla de los Angeles (Mexico), donde fallecio en 1789.

(83) Caso a una sobrina suya con Sebastian Penalver, futuro conde; el regalo de boda del obispo fue de 20.000 pesos ademas de la casa palacio en que vivia en La Habana, tasada en 40.000 pesos: ARCHIVO HISTORICO NaCIONaL-MaDRID [aHN], Diversos, Documentos de Indias, 28/38, Noticias de La Habana, 28 de septiembre de 1777.

(84) El gobernador Francisco Cagigal, ya como capitan general en La Habana (1747-1760), lo tuvo como consejero (AGI, Santo Domingo, 522, expediente sobre el hospital de san Lazaro, 1756). Luego actuo como gobernador del obispado al ser expulsado Morell por los britanicos tras la conquista de La Habana, en 1762; y cuando este regreso, ya anciano y enfermo, siguio actuando como tal (AGI, Indiferente, 1629, Bucareli a Joaquin de Eleta, 28.IV.1766).

(85) AGI, Indiferente, 1629, Bucareli a Joaquin de Eleta, 7.X.1766 y 25.IX.1767. Decia de el que <<habiendose educado por el sr Lazo bebio en su escuela las santas maximas de aquel prelado, el amor al rey y la inclinacion a promover cuanto corresponde a sus reales intenciones>>. Y una vez electo dice que es <<hombre alli respetado y que conoce a la gente>> (ibid., a Eleta, 23.X.1769). El marques de la Torre, sucesor de Bucareli, escribia a este al poco de llegar a La Habana: <<el Ilmo. y yo no nos saciamos de hablar de vm, caminamos de acuerdo en todo>> (ibid., 1629, de la Torre a Bucareli, 24.XII.1771). La misma excelente relacion mantuvo con los sucesivos capitanes generales (Juan B. aMORES, Cuba en la epoca... [ver n. 15], cap. VI).

(86) AGI, Cuba, 1163, el obispo al gobernador marques de la Torre, 27.I.1774. Hechavarria redacto los estatutos del San Carlos, que inicio su andadura en 1778 (AGI, Santo Domingo, 1156, ff. 463-491).

(87) AGI, Cuba, 1164, decreto del obispo de 2.VIII.1776 convocando el sinodo. El sinodo no publico nuevas constituciones, por lo que quedaron vigentes las del sinodo anterior. Hechavarria inicio solemnemente las sesiones el 1 de abril de 1777 en la parroquial mayor, con la presencia del gobernador y vice patrono el marques de la Torre (AHN, Diversos, Documentos de Indias, 28/38, Noticias de La Habana, 28 de septiembre de 1777).

(88) Para la historia de la iglesia cubana en el periodo 1790-1830, vease Ana IRISARRI AGUIRRE, El Oriente cubano durante el gobierno del obispo Joaquin de Oses y Alzua (1790- 1823), Pamplona, 2003; y Consolacion FERNANDEZ MELLEN, Iglesia y poder ... [ver n. 14].
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Author:Amores Carredano, Juan B.
Publication:Anuario de Historia de la Iglesia
Date:Jan 1, 2018
Words:16294
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