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Identidades masculinas raramuris ante la migracion y la sobrevivencia.

Raramuri male identities in the face of migration and survival

Introduccion

La masculinidad suele definirse como el conjunto de atributos, valores, funciones y conductas que se suponen esenciales al varon en una cultura determinada. Los estudios de genero refieren la existencia de un modelo hegemonico de masculinidad (Connel y Messerschimdt, 2005), el cual constituye un esquema cultural socialmente construido, en el que se presenta al varon en una posicion de ventaja y dominio con respecto a las mujeres. Es a partir de este modelo que se construyen las identidades masculinas, se discrimina y subordina a las mujeres, asi como a otros hombres que no se adaptan a el (De Keijzer, 1997).

La perspectiva de genero, como senala Diaz (2014, p. 361), facilita comprender "el caracter relacional, diverso y complejo de las y los sujetos indigenas, como resultado de un proceso constante y conflictivo de la socializacion de sistemas simbolicos occidentales y las resistencias colectivas de la identidad indigena". La construccion de la masculinidad ocurre en el marco de una estructura ideologica desde donde se decide, emite y modela esa conducta. En ese sentido, se considera que los hombres construyen sus masculinidades a partir de dos ejes: uno que atraviesa las vivencias individuales y cotidianas; y otro en el que interviene la sociedad, expresada en sus instituciones fundamentales (la familia, la religion, el Estado, el mercado) (De Keijzer, 1997).

A partir de informacion historica, documental, etnografica, asi como de entrevistas a profundidad y grupos focales realizados en los campos agricolas de Cuauhtemoc, Chihuahua, durante 2010 y 2011, el presente trabajo se plantea como objetivo profundizar en los cambios y resignificacion de las masculinidades de los jornaleros agricolas raramuris, a partir de su incorporacion a los circuitos migratorios regionales y de la venta de su fuerza de trabajo al sector agroindustrial.

Se parte de la hipotesis de que las descripciones del sistema sexo/genero (Rubin, 1986) prevalecientes en las comunidades raramuris, reportadas en las fuentes etnograficas y etnohistoricas clasicas -las cuales enfatizan la flexibilidad de las relaciones afectivo-sexuales y las condiciones de relativa igualdad que priman en los espacios domesticos-, no implican una modificacion en el patron generico basado en la dominacion masculina. Partiendo de esta premisa, se considera que la integracion de la etnia raramuri a los circuitos migratorios de tipo pendular, vinculados a la agroindustria, pone en marcha procesos de intercambio sociocultural que derivan en un replanteamiento de las nociones tradicionales de genero, entre ellas las que se refieren de manera especifica a las masculinidades.

En los siguientes apartados se describen, desde una perspectiva etnohistorica, los rasgos principales del sistema sexo/genero de la poblacion raramuri. Posteriormente se identifican, a partir de una perspectiva diacronica, los acontecimientos historicos que significaron cambios en las construcciones sociales de genero, en particular aquellos que se vinculan con la integracion de la etnia raramuri a los circuitos migratorios regionales, asi como las posibilidades y limitaciones que ofrece este nuevo contexto para el establecimiento de relaciones de genero menos inequitativas.

La etnia raramuri

El pueblo raramuri pertenece, junto con los pueblos pimas, guarojios y tepehuanos, entre otros, a los denominados "grupos indigenas sonorenses" que habitan actualmente en el estado de Chihuahua, al noroeste de Mexico, en la Sierra Tarahumara. De acuerdo con el INEGI (2010), de las mas de 109 000 personas que hablan alguna lengua indigena en dicha entidad, poco mas de 85 000 pertenecen al pueblo raramuri, el cual constituye el grupo etnico mayoritario en esta region.

Antes de la conquista espanola, el pueblo raramuri se asentaba en los valles ubicados en las estribaciones orientales de la Sierra Madre Occidental y en las llanuras contiguas a este macizo montanoso (Kennedy, 1970). No obstante, tras siglos de persecuciones, escaramuzas y repliegues sucesivos, la poblacion raramuri asumio una estrategia de resistencia pasiva frente a los invasores, la cual supuso su huida hacia las regiones mas reconditas e inaccesibles de la Sierra Tarahumara (Neumann y Gonzalez, 1991). El aislamiento geografico les permitio estabilizarse demograficamente e incluso aumentar su poblacion, aunque a un ritmo menor que el de la poblacion mestiza, y al costo de una pobreza economica vinculada, sobre todo, a la baja productividad de sus tierras, misma que en los ultimos anos se ha visto afectada por fenomenos como la deforestacion, la erosion y los cambios ambientales (Rodriguez, 1999).

Actualmente, la poblacion raramuri se encuentra dispersa a lo largo de la Sierra Tarahumara, la cual forma parte de la Sierra Madre Occidental, localizada en el estado de Chihuahua, al noroeste de Mexico. El territorio de la Sierra Tarahumara se extiende a lo largo de 60 000 kilometros cuadrados, en un terreno accidentado cuya altitud oscila entre los 300 y 3000 metros sobre el nivel del mar. La principal caracteristica de los grupos etnicos que habitan este territorio es que se encuentran ubicados en asentamientos dispersos. De acuerdo con datos del Gobierno del Estado de Chihuahua (2006), de las casi siete mil comunidades que hay en la Sierra Tarahumara, 86% poseen menos de 50 habitantes y se encuentran ubicadas en lo mas recondito de la geografia serrana. Asimismo, se senala que mas de la mitad de la poblacion raramuri se concentra en rancherias donde habitan menos de cien personas.

La dispersion poblacional, aunada a las dificultades para acceder a dichos asentamientos, ha limitado la infraestructura y el acceso a los servicios por parte de este grupo etnico: 90.6% no cuenta con servicios de salud, 78.9% carece de agua entubada, 96.6% no tiene drenaje, 91.6% no posee energia electrica y 80.5% de las viviendas tienen piso de tierra. Por otro lado, el acceso a la educacion formal, escolarizada, es muy deficiente. Datos sobre la escolaridad de los raramuris indican que 43% son analfabetos, 52.7% tienen algun grado de educacion basica y 14.2% son monolingues (INALI, 2010).

La poblacion raramuri vive principalmente de la agricultura. No obstante, dadas las condiciones agroecologicas que priman en este territorio (95% de la tierra agricola es de temporal, con suelos pobres y delgados que resultan poco aptos para la agricultura), dicha actividad apenas alcanza para cubrir sus necesidades alimenticias, y en ocasiones, ni eso. A esta precaria situacion habria que sumar la incidencia de fenomenos climaticos (heladas y sequias), que en las ultimas decadas se han vuelto cronicos y han propiciado episodios de hambruna en los municipios serranos (Acuna, 2007).

El acceso limitado a los alimentos se traduce en altos niveles de desnutricion que afectan sobre todo a los ninos y que se reflejan en la tasa de mortalidad infantil mas grande de todo Mexico (23%). Esta condicion no solo afecta a la poblacion infantil, sino tambien a las mujeres, sobre todo a las embarazadas y a las que estan en periodo de lactancia. Datos del Gobierno del Estado de Chihuahua (2006) senalan que 40% de las mujeres tarahumaras tienen anemia. Esta situacion, aunada a la carencia de servicios basicos de salud, ha propiciado que las infecciones gastrointestinales, la influenza y la neumonia -enfermedades que con un adecuado tratamiento no son mortalessean la principal causa de muerte entre los indigenas tarahumaras (Gabrielova, 2007). De esta manera,

los niveles de vida en la Sierra Tarahumara son dos veces inferiores al promedio nacional, y en el caso de los municipios que albergan poblacion raramuri, tres veces inferiores a dicho promedio (Stefani y Arteaga, 1995). El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo informa, por ejemplo, que el municipio de Batopilas, Chihuahua, presento un Indice de Desarrollo Humano (IDH) de su poblacion indigena de "0.3010, cifra menor que el pais con menor desarrollo humano en el mundo, que es Niger, con un IDH de 0.3300" (PNUD, 2010, p. 31).

Las condiciones de pobreza que prevalecen en las localidades de origen de la poblacion raramuri migrante, aunadas a la intensificacion de la violencia vinculada al crimen organizado y a las limitantes que enfrentan las familias raramuris para abastecer su propio consumo, han propiciado procesos migratorios de caracter definitivo hacia las zonas urbanas de Chihuahua, Ciudad Juarez y Creel; y de tipo temporal a los campos agricolas de Sonora, Baja California, Sinaloa, Durango y Chihuahua.

El proceso de integracion de la mano de obra indigena a los mercados agricolas, como fuerza de trabajo flexible, segmentada por etnia, genero y edad, ha sido ampliamente documentado en Mexico (Lara, 1998; Lara y Carton de Grammont, 2011; Cardenas, 2014). Para el caso raramuri, sin embargo, el fenomeno reviste ciertas particularidades, entre las que destaca el establecimiento de relaciones laborales y de convivencia con otros grupos sociales como los menonitas, los mestizos o "chabochis", y otros grupos etnicos con los que comparten el espacio migratorio (Martinez y Hernandez, 2011).

El contacto con otros grupos o personas, en contextos culturales distintos al propio, conlleva inevitablemente procesos de intercambio y reconstitucion identitaria durante los cuales algunos sujetos mantienen intactos los rasgos de su cultura, en tanto que otros experimentan multiples transformaciones y adaptaciones (Raesfeld, 2006). Los encuentros y las confrontaciones interetnicas que se dan entre la poblacion migrante y la sociedad receptora suelen trastocar el sentido de etnicidad de los primeros, actuando sobre la subjetividad colectiva de los grupos culturalmente identificados con sus raices ancestrales, las cuales son actualizadas a traves de procesos complejos de resignificacion, donde los contenidos de genero estan relacionados con los contextos historicos (Diaz, 2011). A partir de este contexto, el presente trabajo pretende documentar transformaciones en las relaciones de genero y en las masculinidades de los jornaleros raramuris involucrados en este proceso.

El sistema sexo-genero raramuri

Las caracteristicas culturales del grupo etnico raramuri han sido documentadas por diversos investigadores que dan cuenta de sus particularidades (Rodriguez, 1999; Pintado, 2000; Perez, 2003). La literatura academica, sin embargo, ha explorado poco la construccion cultural de genero en el interior de este grupo etnico, y es aun mas escasa la informacion sobre la forma especifica en que se construyen y expresan las identidades masculinas, y las caracteristicas de las relaciones de genero que establecen.

Entre los pueblos indigenas, los mitos y leyendas suelen explicar algunas de las principales diferencias socioculturales que existen entre hombres y mujeres. El mito raramuri sobre el origen, sin embargo, no hace alusion alguna a diferencias u oposiciones destacadas con relacion al genero. Si acaso, el mito de origen raramuri refiere a una oposicion de tipo etnico-racial: Onoruame (el dios que es padre y madre a la vez) cocio dos figuras humanas, a la primera la doto de alma con un soplo para crear al raramuri, en tanto que a la segunda la cocio de forma inadecuada, dejandola blanda y blanca, para crear al chabochi (hombre blanco y barbudo) (Acuna, 2007). Este relato corresponde a la tendencia de la investigacion antropologica sobre la "otredad" que, en este caso, plantea que la construccion identitaria de la persona raramuri se construye de acuerdo con un sistema de categorias o atributos que se desarrollan en oposicion al no raramuri o chabochi (mestizo o criollo).

No obstante, en la cosmovision de este grupo etnico predominan algunas nociones de lo masculino y lo femenino que conviene hacer notar. El Sol, por ejemplo, se concibe como la entidad protectora de los varones; en tanto que la Luna es la de las mujeres, estableciendo con ello una dualidad por asociacion de ideas con astros de caracteristicas opuestas y complementarias (Acuna, 2007). Otra diferencia que vale la pena senalar concierne al numero de almas que los raramuris atribuyen a hombres y mujeres. Para los raramuris, la vida deviene del alma o soplo divino que Onoruame imprimio a las figuras de barro primigenias. Al hombre le otorgo tres soplos y a la mujer cuatro. Si bien no existe consenso respecto a las razones que explican esta diferencia, la mayoria de los investigadores concuerdan en que el cuarto soplo se atribuye a las mujeres porque estas son consideradas por los raramuris como seres mas fuertes y resistentes, sobre todo porque cuentan con la capacidad de engendrar un nuevo ser (Pintado, 2000; Acuna, 2007). Si bien el numero de almas no esta vinculado a diferencias de genero -ya que para los raramuris la debilidad o fortaleza de las almas depende de las relaciones de armonia con la divinidad y no de su condicion generica o biologica-, es posible apreciar la desigualdad en las relaciones de genero a partir de la forma en que se distribuye el trabajo, asi como la valoracion social y simbolica que se atribuye a las tareas asignadas a las mujeres, la cual reproduce su posicion subordinada.

Acuna (2007) reconoce las nociones que determinan los roles de genero dentro de la etnia raramuri mediante la identificacion de las actividades asignadas a mujeres y hombres a lo largo de su ciclo vital. A partir de esta revision es posible delinear algunas caracteristicas del sistema sexo-genero raramuri, es decir, el conjunto de arreglos a partir de los cuales una sociedad transforma la sexualidad biologica en productos de la actividad humana (Rubin, 1986).

De acuerdo con Acuna (2007), la identidad raramuri descansa sobre una serie de atributos, entre los que destacan: a) poseer entidad fisica (un cuerpo que posea los rasgos fenotipicos caracteristicos del grupo etnico); b) entidad espiritual (almas); c) filiacion consanguinea (en algun grado); y d) participacion sociocultural (compartir los mismos esquemas de percepcion y accion). La presencia de estos atributos permite afirmar una identidad etnica -la raramuri-, pero ademas, sirve tambien como criterio para delimitar dos maneras distintas de ser raramuri: como hombre y como mujer.

Los primeros anos de vida de los raramuris transcurren sin distinciones entre ninos y ninas. Independientemente del sexo, al recien nacido se le llama muchi; sin embargo, a los pocos dias de nacer seran llamados tewe si es nina o towi si es nino. Algunos autores senalan que es posible derivar el trato diferenciado que se le da a ambos sexos en la vida social a partir de la terminologia empleada en el parentesco durante la infancia. Y es que mientras el padre usa un termino diferente para designar al hijo (no) y a la hija (ma), la madre emplea el mismo termino para ambos (donala). De igual modo, el nino y la nina utilizan terminos diferentes para llamar al padre (ono/ mari), aunque ambos usan el mismo para llamar a la madre (nana) (Bennett y Zingg, 1978). A partir de este hecho, Acuna (2007) concluye que es muy posible que la madre cuide y trate a todos los hijos por igual, sin distincion de sexo, mientras que el padre no preste la misma atencion a la hija, que esta mas en contacto con la madre, que al hijo, con el que pasa mas tiempo.

Es hasta la segunda infancia, a partir de los diez u once anos, cuando las actividades de ninos y ninas comienzan a diferenciarse en funcion del sexo, realizando cada uno las tareas que les seran culturalmente mas apropiadas despues del matrimonio. Al respecto, es interesante apreciar como los juegos tradicionales reproducen tal diferenciacion. La rowera (carrera con lanzamiento de aro) se reserva para las mujeres, mientras que el rarajipari (carrera con lanzamiento de bola) es para los hombres; pasa lo mismo con el nakibuti (lanzamiento de palitos unidos por un cordel) que practican las mujeres, en oposicion a la ra'chuela (lanzamiento de bola) que solo juegan los hombres. Llama la atencion que los juegos de lanzamiento y punteria como el rujibara (cuatro con teja), el jubara (cuatro con palillos) y la choguira (lanzamiento con arco y flecha) son exclusivamente para varones, asi como los juegos de azar (romaya) y tambien la lucha (najarapuami). (1)

Una vez que hombres y mujeres llegan a la pubertad, se considera que estan listos para el matrimonio. Entre los raramuris la iniciativa para formar una pareja recae por tradicion en las mujeres, quienes atraen la atencion de los varones en espera de ser correspondidas. Las parejas recien formadas pueden vivir juntas por espacio de algunos meses, periodo tras el cual pueden disolver su compromiso sin dificultades ni obligaciones (Velasco, 1987). Una vez que transcurre ese periodo de prueba, y que se ha obtenido el permiso de los progenitores y de las autoridades tradicionales, la pareja inicia su vida conyugal sin que medie ceremonia o fiesta especial alguna. El matrimonio conlleva un cambio de estatus con el cual se adquieren compromisos y responsabilidades que se consideran propios de las personas adultas. Una vez casados, los jovenes raramuris seran considerados como muki, o esposa, y rejoi, o marido. Aunque el matrimonio es monogamo y existe la exigencia tradicional de fidelidad, es posible que durante la vida marital se presenten rupturas y separaciones sin que eso implique culturalmente una sancion moral o social. No existe un patron de residencia tradicional; este puede ser matrilocal, patrilocal o neolocal, de acuerdo con las condiciones economicas y las circunstancias familiares de cada pareja; aunque dadas las condiciones de pobreza que priman en las localidades de la Sierra Tarahumara, es frecuente que las mujeres inicien su vida conyugal en la casa de sus suegros.

La mayoria de los investigadores coinciden en que las relaciones afectivas y sexuales estan dotadas de cierto grado de flexibilidad (Gomez, 2009; Gabrielova, 2007; Acuna, 2007). El relajamiento del orden sexual suele ocurrir principalmente durante las fiestas, donde al calor del tesguino se flexibilizan los criterios morales y se desafian las normas sociales. Acuna y Gomez (2012) senalan, por ejemplo, que no es raro presenciar durante las tesguinadas, bromas y juegos de tipo homosexual entre los varones. Incluso es senalada la aceptacion de los llamados nawikis, homosexuales que, de acuerdo con Gomez (2009, p. 695), "se definen no solo por su preferencia sexual, sino que poseen interes por comportarse como el sexo opuesto". Asimismo, no son extranos los conflictos por infidelidades durante las fiestas. Se ha llegado a reportar, incluso, la existencia de algunos casos de poligamia (un hombre con varias esposas) y poliginia (una mujer con dos hombres) entre los raramuris (Gomez, 2009). Aunque estas conductas no suelen ser bien vistas por la comunidad, tampoco se sancionan socialmente con severidad.

Aunque en el interior de las familias se mantiene la division tradicional del trabajo, es frecuente que hombres y mujeres sepan hacer todas las actividades que realiza su companero. En el contexto de aislamiento propio de la serrania, el conocimiento y la practica de ambos conyuges con respecto a las actividades productivas y reproductivas funciona como medida preventiva para asegurar la supervivencia en caso de quedar solos por tiempo prolongado (Acuna y Gomez, 2012). Los hombres, por lo regular, se ocupan de las labores agricolas, la caza, la recoleccion y acarreo de lena, la construccion y reparacion de la vivienda. Las mujeres, por su parte, se ocupan del pastoreo y de las funciones reproductivas, como la crianza y el cuidado de los ninos, el acarreo de agua, la elaboracion de alimentos, la limpieza del hogar, el lavado de ropa, asi como la elaboracion de artesanias textiles y de ceramica.

El sistema testamentario entre los raramuris es de tipo bilateral, lo que significa que hombres y mujeres reciben herencia por igual. De hecho, es practica habitual que, aunque las tierras y los bienes se compartan durante el matrimonio, cada conyuge mantiene el derecho de propiedad sobre lo suyo, derecho que seguira acompanandoles ante una eventual separacion. Esta medida garantiza la independencia economica de los conyuges en el interior del grupo domestico (Acuna, 2007).

Pese a la posicion relativamente favorable que tienen las mujeres raramuris en sus espacios domesticos -sobre todo si se les compara con las que guardan las mujeres pertenecientes a otros grupos etnicos-, su participacion en el espacio publico esta sometida a restricciones de diversa indole. Las mujeres no tienen voz ni voto en las asambleas comunitarias y esta vedado su acceso a los cargos de representacion y autoridad. La diferenciacion de funciones y actividades por genero se aprecia de manera muy clara durante las celebraciones rituales (tesguinadas y bailes), cuando se hacen evidentes las tareas y responsabilidades que son asignadas a cada uno de los sexos, asi como sus respectivos espacios de interaccion. Existen, sin embargo, referencias actuales de la participacion de mujeres como representantes de las comunidades en cargos publicos creados por el Estado que requieren de dialogo e interaccion con los mestizos o chabochis, o incluso como gobernadoras en los asentamientos establecidos en las sociedades de acogida (Martinez y Hernandez, 2011). En cuanto a los cargos que poseen un fuerte valor simbolico, como los de owiruame (curandero) y wakiraame (cantador), estos son ejercidos principalmente por hombres, aunque suele suceder que eventualmente alguna mujer pueda llegar a ocuparlos, siempre y cuando cuente con el reconocimiento social necesario.

Como se puede apreciar, contrario a lo que pudiera pensarse (Fagetti, 2002; Bonfil y Marco del Pont, 1999), el sistema sexo-genero raramuri posee cierta flexibilidad en comparacion con el de otros grupos indigenas (Gomez, 2009). La division del trabajo, por ejemplo, no se ajusta al patron convencional que funciona en otros pueblos donde prevalece una economia de subsistencia basada en el agropastoreo. En el caso raramuri, son las mujeres quienes generalmente ejercen de pastoras. En medio de la precariedad en que viven, las mujeres raramuris mantienen cierto grado de independencia debido a que tradicionalmente se encuentran en igualdad de condiciones para heredar la tierra, poseer propiedades y tomar decisiones en el ambito domestico. (2) Asimismo, en la esfera domestica, son ellas quienes normalmente llevan la iniciativa en el matrimonio y en el divorcio o separacion. Por otro lado, si bien sigue estando bajo su responsabilidad la carga productiva y reproductiva del hogar, en caso de necesidad los roles en el interior de la familia raramuri pueden ser intercambiados.

Lo anterior ha llevado a algunos autores a postular la complementariedad de los roles y funciones de genero en el plano practico y simbolico, sustentada sobre la base de la "conciencia de dualidad", que forma parte de la cosmovision raramuri y que se expresa bajo dos maneras distintas de estar en el mundo: como hombre y como mujer (Acuna, 2007). Esta nocion, permeada de un caracter marcadamente esencialista, niega la subordinacion de genero bajo el argumento de la "complementariedad de los opuestos" que esta presente en la naturaleza, minimizando con ello el papel de las relaciones de poder, la inequidad y la desigualdad generica entre las y los raramuris.

No obstante, el regimen patriarcal de este grupo etnico queda en evidencia al analizar la forma en que esta conformada la estructura de autoridad -y por tanto de poder- en las comunidades raramuris, en donde los cargos de representacion solo pueden ser ocupados por hombres, y en donde existe toda una serie de tareas y actividades que a lo largo del ciclo de vida estan restringidas para las mujeres, tales como la participacion en las asambleas comunales, la participacion en ciertos juegos y danzas tradicionales, y en general, en todas las ocupaciones que son propias del ambito publico y que poseen valor simbolico. De igual modo, las diferencias en el grado de escolaridad y de alfabetizacion entre hombres y mujeres que prevalecen en las comunidades no solo denotan inequidad en el acceso a las oportunidades, sino que se convierten, ademas, en una de las principales limitantes para el desarrollo de las mujeres. A todo esto, habria que agregar la carga de la violencia domestica, el machismo y el alcoholismo, que han reforzado el modelo patriarcal que predomina actualmente entre las y los integrantes de este grupo etnico.

Reconfiguracion de las identidades masculinas raramuris

Para los fines de este trabajo se entiende la masculinidad como el conjunto de atributos, valores, funciones y conductas que se suponen esenciales al hombre en una cultura determinada, y que es determinante en sus identidades, la definicion de sus roles y asignaciones (Fernandez, 2011; De Keijzer, 1997).

Si bien no es posible hablar de una masculinidad unica -ya que estas se construyen en el contexto de sistemas socioculturales concretos y con referencia a las adscripciones de clase, religion, etnia, identidad, entre otros-, es posible afirmar la existencia de una forma hegemonica de socializacion cultural del ser masculino, que esta cultural e historicamente construida, y que pese a tener sus variaciones, por clase o por etnia, se expresa en formas de organizacion, criterios de valoracion y relaciones de poder asimetricas, de indole patriarcal, que se traducen en desigualdad generica en el ambito familiar, comunitario, economico, juridico y social (Ortega, 2005).

La pertenencia etnica es uno de los principales referentes culturales que marcan diferencias significativas en la forma en que hombres y mujeres construyen sus identidades de genero. No obstante, los conceptos y valores asociados a la masculinidad y la feminidad son historicos y se forman y transforman en el tiempo, a veces influidos por factores extragenero, como la modernidad, la tecnologia, las crisis economicas y los procesos migratorios, entre otros, por lo que es necesario analizar las construcciones de genero desde una perspectiva espacial y temporal amplia que permita dar cuenta de las dinamicas de cambio y permanencia.

En este sentido, cuando se habla de masculinidades raramuris, se alude a las distintas formas en que los hombres de este grupo etnico integran definiciones, valores, creencias y significados acerca de lo que es y debe hacer un varon, asi como de la posicion que estos detentan en relacion con las mujeres.

Perez (2003) refiere dos momentos historicos en donde la construccion masculina entre los raramuris se ha visto modificada o resignificada. El primero tiene que ver con el proceso de evangelizacion, que en el caso de la etnia raramuri se hizo presente a partir de la llegada de los jesuitas en el siglo XVII. La imposicion de la religion catolica, por parte de los conquistadores espanoles, supuso la adopcion de una estructura de gobierno cuyo ejercicio de poder es de tipo jerarquico, centralizado en torno al templo, y ejercido por una sola persona; todo ello en detrimento de las formas de organizacion tradicional de tipo comunitario (Leon, 1992). No es casual que la estructura de autoridad vigente entre los raramuris hasta nuestros dias, refleje en su terminologia la permanencia de la influencia colonial y las formas de organizacion impuestas durante la dominacion espanola: gobernador, general, capitan, mayora (de mayor), alguacil, entre otros. Tampoco es casual la proscripcion que existe para que las mujeres ocupen estos cargos de autoridad en sus comunidades de origen. La adopcion del catolicismo supuso tambien la incorporacion de su curriculum explicito e implicito, el cual planteaba la exclusion de las mujeres de la vida religiosa y publica en general, asi como una concepcion instrumental de la naturaleza, escindida del ser humano y puesta a su servicio.

La influencia misionera se manifesto tambien en la adopcion de prejuicios corporales que estaban ausentes antes de la evangelizacion. Diversos investigadores senalan que el pudor que muestran actualmente las mujeres por mostrar el cuerpo -el vestido tradicional les cubre todo el cuerpo, incluida la cabeza-, no siempre fue tal. Carl Lumholtz (1994), por ejemplo, en las fotografias que tomo a finales del siglo XIX muestra a mujeres raramuris con los pechos descubiertos. Actualmente, mas del 90% de la poblacion raramuri esta bautizada por el rito catolico, lo que habla del grado de penetracion de la influencia evangelizadora entre este grupo etnico.

El segundo momento historico en el que la construccion social de la masculinidad raramuri se vio transformada se vincula a la imposicion de la figura juridica del ejido por parte del Estado. Durante el reparto agrario de 1930 el territorio indigena fue dividido arbitrariamente en varios ejidos, sin respeto a los linderos naturales y ancestrales de las comunidades indigenas, perdiendose con ello la propiedad legal de un solo territorio. Esta circunstancia derivo en la perdida de poder y control de los pueblos indigenas sobre sus tierras, aun cuando quedaron integrados como parte del ejido. Esta nueva forma de tenencia de la tierra modifico la estructura de la propiedad comunal vigente en la Sierra Tarahumara e impuso una forma de organizacion social y productiva construida alrededor de un sujeto social concreto -el ejidatario varon-, el cual fue durante muchos anos el unico sujeto de derechos agrarios, ya que la ley mexicana hasta antes de 1971 no concedia a las mujeres el derecho de ser ejidatarias por derecho propio y poseer tierras, a menos que fueran viudas o recibieran la tierra por herencia (Gonzalez, 2012). Esto significo que las mujeres no tuvieran historicamente ni voz ni voto en las asambleas ejidales y que quedaran excluidas de los procesos de toma de decisiones sociales y productivas en sus localidades. Aunque esta legislacion fue posteriormente revertida, el pleno derecho a la titularidad de las parcelas ejidales sigue siendo una deuda pendiente.

La asamblea ejidal, asi como los organos de autoridad en el interior del ejido, se convirtieron en espacios de interaccion masculina, asi como de vinculacion y contacto con la sociedad mestiza. Al paso del tiempo, los ejidatarios raramuris asumieron muchas de las actitudes y valores promovidos por los mestizos que trabajaban en la Secretaria de la Reforma Agraria (SRA), la cual, con una clara orientacion productivista, promovio durante decadas, por ejemplo, la remocion de masas forestales a partir del Programa Nacional de Ganaderizacion y la Comision Nacional de Desmontes, entre los anos sesenta y setenta, que provoco la desaparicion del 80% de las selvas humedas de Mexico (Gonzalez, 2012).

Las repercusiones de una politica de reparto agrario que no respeto la vision y cultura raramuris han sido devastadoras en terminos sociales y ambientales. Los conflictos comunitarios se multiplicaron como resultado de la formacion de grupos de poder que se fortalecieron al amparo de los organos de autoridad del ejido; se erosionaron algunas practicas

comunitarias, como la toma de decisiones por consenso, la cual fue sustituida por la votacion mayoritaria en el seno de la asamblea ejidal; y se promovio una gestion forestal que favorecio a las minorias no indigenas, marginando a los raramuris y a otros grupos etnicos de la sierra, lo que tambien ocasiono degradacion forestal, pobreza e innumerables conflictos internos. Para tener una idea del predominio del ejido, basta con senalar que la Sierra Tarahumara tiene una superficie forestal total de 7 587 127 ha, de las cuales 5 994 308 ha son de tipo ejidal y pertenecen a 360 ejidos (Gonzalez, 2012).

A partir de la revision de la literatura sobre los procesos migratorios en el noroeste de Mexico, asi como del trabajo de campo desarrollado durante 2010 y 2011 en los campos agricolas de Cuauhtemoc, Chihuahua, fue posible identificar un tercer momento historico en que las masculinidades raramuris se vieron nuevamente resignificadas. Dicho momento tuvo como marco el proceso de modernizacion agricola acaecido en las regiones aledanas a la Sierra Tarahumara, el cual inicio durante la segunda mitad del siglo XX y se profundizo durante las decadas de los ochenta y noventa con la apertura comercial y la insercion de amplias regiones agricolas del norte del pais en los mercados globalizados. Los cambios en las relaciones de genero y en las construcciones sociales vinculadas a la masculinidad, que resultaron de la incorporacion de la etnia raramuri a los mercados de trabajo desregulados y flexibles propios del modelo agroindustrial, se analizan en el siguiente apartado.

Cambios en la identidad y las relaciones de genero a partir de la experiencia migratoria

El contexto de pobreza, deterioro ambiental y abandono institucional de las comunidades ubicadas en la Sierra Tarahumara propicio, a mediados del siglo pasado, la paulatina integracion de la poblacion raramuri a los circuitos migratorios de tipo pendular que tienen por destino las zonas urbanas y los campos agricolas de la region, en los que se contratan como jornaleros durante los periodos de cosecha de fruta y verdura.

A partir de este proceso, las familias raramuris se volvieron dependientes del trabajo asalariado y de las relaciones con la poblacion mestiza. Al mismo tiempo se intensificaron la descomposicion social, la adopcion de patrones de consumo acordes con el modo de vida urbano y el menoscabo de los referentes identitarios tradicionales.

Si bien las vivencias que hombres y mujeres experimentan durante el transito y la estancia migratoria tienen elementos en comun, su impacto y la manera en que la experiencia migratoria es vivenciada estan claramente diferenciadas por genero.

En efecto, la movilidad geografica supone el intercambio no solo de tecnologias, bienes materiales y mercancias, sino tambien de ideas, normas, simbolos y diversas expresiones del espacio donde se nace y se vive; de esta manera, la migracion repercute en multiples aspectos de la vida social y cotidiana, tales como: la estructura familiar, las relaciones interpersonales, los roles de genero, las actividades productivas, los modos de vida y las identidades (Rea, 2007).

Entre los principales rasgos de la identidad que se refuerzan a partir de la integracion a los circuitos migratorios se encuentran los mandatos de genero, que en el caso de los hombres establecen la obligacion de proveer economicamente al hogar, responsabilidad que en las localidades de origen es compartida por ambos conyuges. Para muchos varones, el ingreso que generan como jornaleros les permite acatar los mandatos de genero vinculados a su rol como proveedores, mismo que en el contexto de explotacion, pobreza y vulnerabilidad de la Sierra Tarahumara resulta dificil de cumplir.

Cada ano vengo aqui a trabajar, desde hace como unos diez anos vengo con otros cinco companeros. Cuando se acaba la manzana, vamos a Sinaloa, ahi [se cultiva] el jitomate, los chiles, todo. A mi comunidad voy cada tres semanas, paso tres meses en Sinaloa, luego en la casa estoy un mes para sembrar, tengo siembra, nomas puro maiz, frijoles, papas y luego [vengo] para aca. Tengo cinco hijos, para mantenerlos es muy dificil, ahi ando batallando, trabajando para que estudien, porque los que no estan estudiados se ponen mas borrachos. El que se pone a estudiar no se pone borracho porque sabe. Entonces pues de lo [que sale] de aqui compramos pantalones y zapatos, cuadernos [...] [Miguel, 37 anos, originario de Bocoina, Chih.].

Por otro lado, en el trabajo en los campos agricolas se fortalecen y reproducen tambien estereotipos y roles de genero. En las huertas de manzana, por ejemplo, las mujeres se encuentran al margen de las actividades que demandan una mayor fortaleza fisica; tal es el caso de las labores de la temporada de pizca, una de las mas largas y mejor retribuidas del proceso productivo, en donde existe una marcada preferencia por la contratacion de varones, sobre todo durante las primeras semanas, cuando la cosecha no es voluminosa. Ademas, la carencia de servicios de guarderia y las restricciones a la contratacion de mujeres en ciertas epocas del ano, propician que en muchas ocasiones ellas deban quedarse al cuidado de los hijos y garantizar la alimentacion de las y los integrantes del grupo domestico, mientras el esposo se encuentra en los campos agricolas. Incluso en los casos donde las mujeres viajan con su grupo domestico extenso con el objetivo de vender su fuerza de trabajo como jornaleras, el cuidado de ninos y ninas queda a cargo de otras mujeres parientes o vecinas de su comunidad. Se aprecia en este caso como el mercado de trabajo agroindustrial, configurado a partir del genero, contribuye a la reproduccion de las desigualdades en el interior del hogar, al tiempo que precariza las condiciones bajo las cuales se accede al empleo.

Alejados de la dinamica social que prevalece en sus localidades de origen, y enfrentados a condiciones de vida y de trabajo extremas, algunos indigenas migrantes varones recurren al consumo cotidiano de bebidas alcoholicas. El pago por jornal les permite contar con recursos que gastan en la adquisicion de bebidas alcoholicas adulteradas que nada tienen que ver con el tesguino, bebida tradicional elaborada a base de maiz que se consume de manera ritual en la Sierra Tarahumara. Dichas bebidas, denominadas por los indigenas como "alcohol malo" o "gasolina", suelen causar estragos en la salud fisica y mental de los raramuris, sin contar los perjuicios economicos inherentes a la adiccion. Ademas del alcohol, se presenta, sobre todo entre la poblacion mas joven, el consumo de drogas como la marihuana, los solventes quimicos y otras sustancias adictivas, con las que la poblacion migrante entra en contacto a su llegada a la ciudad. En este sentido, se puede afirmar que en los espacios migratorios emergen practicas ineditas que derivan del establecimiento de nuevas relaciones sociales y la reconstruccion de las identidades que tiene lugar a partir de la interseccionalidad con elementos de desigualdad, como el genero, la etnia y la clase. Asimismo, se reproduce la denominada "masculinidad como factor de riesgo", entendida como la constitucion misma de la masculinidad y de los contenidos identitarios de los hombres en las culturas indigenas y mestizas que los hacen mas proclives a contraer ciertos tipos de enfermedades o a tener comportamientos de alto riesgo, que se traducen en accidentes, enfermedades o muerte, como consecuencia de la violencia, el alcoholismo y la drogadiccion (Nunez, 2011).

Como se puede apreciar, la integracion de elementos de la cultura dominante en el espacio migratorio ha implicado, entre otras cosas, la asimilacion de los roles genericos femeninos y masculinos tradicionales del sistema sexo/genero mestizo. A su vez, ha propiciado el reforzamiento de los elementos patriarcales contenidos en su propia cultura, asi como de estereotipos y valores masculinos, tales como: ser el mas fuerte, el mas inteligente, el que provee, el que trabaja, el que si vale, el que decide, el que tiene libertad para salir, el que puede hablar en voz alta, asi como golpear y defender su propiedad, incluidas su mujer y familia (Perez, 2003).

Otro de los aspectos que se observan como una constante, tanto en las localidades de origen como en el espacio migratorio, es la normalizacion de la violencia dirigida hacia las mujeres. Dicha violencia tiene su origen en la desigualdad que existe entre hombres y mujeres, y en la discriminacion que existe hacia ellas, constituyendo un recurso mas de la dominacion. Los hombres afirman su superioridad demostrando fuerza y control hacia las mujeres para dirigir, dominar y gobernar a traves de un proceso de socializacion que tiene como objetivo cumplir con los mandatos que se asocian a la virilidad (Martinez y Mejia, 1997). La poblacion de origen raramuri no escapa a este tipo de relaciones de dominacion/subordinacion cuya expresion mas radical es la violencia fisica, a la que se suma la economica, que forma parte de la denominada violencia estructural de genero. Aqui nos han dicho que las mukiras [muchachas] no salgan mucho para afuera [del albergue] porque es peligroso; ahi otra persona puede que las agarren alla afuera, las matan o violan; los abusadores pueden ser tarahumaras, chabochis, de todo. En el albergue nos quedamos mejor [Nazaria, 16 anos, originaria de Carichi, Chih.].

Los testimonios de violencia de genero en el interior del grupo domestico entre la poblacion raramuri son ilustrativos de la forma en que este tipo de conductas son reproducidas y de algun modo naturalizadas por hombres y mujeres raramuris desde la edad mas temprana. La gran cantidad de referencias con respecto a este tema es un indicativo de la presencia generalizada de una cultura de violencia hacia las mujeres, la cual esta sumamente extendida entre la poblacion raramuri.

A las mujeres no las tratan bien, a veces las golpean, a mi tambien [me han golpeado] nomas por celos; dice que yo anduve con tal hombre, aunque no sea cierto. Siento feo, no me escucha, a nadie le digo porque no puedo, me da pena, solo me aguanto, sera porque casi no esta conmigo en el pueblo, se va para Sinaloa a trabajar, no se cuando regrese. Ahora tengo tres meses que no lo veo, por eso vine a trabajar, para comer algo [Alicia, 26 anos, originaria de Lagunita, Uruachi, Chih.].

En la Sierra Tarahumara las autoridades tradicionales, conformadas en su mayoria por varones, suelen minimizar la violencia de genero mediante la imposicion de sanciones que no corresponden a la gravedad de la agresion. De esta forma, aunque en la cosmovision raramuri las mujeres ocupan una posicion de privilegio, respeto y complementariedad, los usos y costumbres no castigan la violencia que sus familiares o parejas ejercen en su contra.

En los espacios migratorios la incidencia o gravedad de la violencia de genero tambien esta presente, aunque con diferentes matices. A veces se observa de forma explicita, y otras tantas, enmascarada bajo formas de agresion, subordinacion o dominio que, al estar integradas a un sistema generico patriarcal, resultan menos evidentes. Tal es el caso del aislamiento social, la reclusion en el espacio domestico, las restricciones a la movilidad y la exclusion de la toma de decisiones con respecto al destino de los ingresos familiares.

Si bien es cierto que la vulnerabilidad de las mujeres puede incrementarse durante la estancia migratoria por la ausencia de lazos familiares y comunitarios que les brinden soporte, algunas encuentran apoyo en las instancias de mediacion y amparo presentes en los entornos urbanos, las cuales les permiten afrontar las agresiones y abusos por parte de sus parientes y/o conyuges. La asistencia que las instituciones gubernamentales y civiles otorgan a las mujeres victimas de violencia contrasta con la complicidad de genero presente en sus localidades de origen, donde las agresiones hacia las mujeres suelen ser toleradas e invisibilizadas por las autoridades tradicionales. Lo anterior supone cambios en la conducta de hombres y mujeres con respecto a la agresividad y la violencia, al menos en los espacios migratorios.

Aqui en el albergue hay mucha familia, ninos, mujeres; si viene alguno que quiere entrar aqui borracho a molestar o pegar, pues se le habla a la policia y se lo llevan. Aqui no debe uno de tomar, este albergue no es para tomar, es para vivir, para la gente que viene a trabajar, porque en un albergue hay mucha familia; si pasara algo aqui, no, no [pasa] gracias a que no toman [Pedro, 52 anos, Albergue Minita, originario de Baqueachi, Carichi, Chih.].

Por otro lado, la insercion de las mujeres en el mercado laboral obliga a replantear la organizacion y distribucion del trabajo reproductivo en los hogares, lo que puede dar lugar a cambios en las relaciones de dominio y subordinacion entre los generos, y, por tanto, a la reconfiguracion de las identidades de genero, entre ellas, las referentes a la masculinidad.

Tengo como 15 anos viniendo y regresando; hace poco fui a la sierra, me quede como tres semanas cultivando frijolito y maicito. Aqui [en la ciudad] las mujeres lavan, tambien a veces los hombres ayudan a lavar, tambien a lavar o a cocinar tambien. Cuando mi mujer no tiene chance, a veces cocino; cuando llego con hambre, pues a cocinar y a cenar [Pedro, 52 anos, Albergue Minita, procedente de Baqueachi, Carichi, Chih.].

Algunas mujeres refieren que la migracion, mas alla de los costos sociales y humanos que conlleva, les ha permitido ampliar sus espacios de accion y mejorar sus capacidades de negociacion, tanto en sus comunidades como dentro de sus grupos domesticos. Muchas de ellas afirman que se comunican mejor con sus parejas y que toman mas decisiones en forma conjunta que cuando vivian en sus localidades de origen. Todo ello habla de cambios en las relaciones de genero y, por tanto, en las construcciones de lo masculino y lo femenino.

Antes si era muy diferente, antes el que mandaba era el hombre nada mas, el hombre era el que decia, el que decidia que se tiene que hacer. Ultimamente ha ido cambiando, ya la mujer ya tambien puede pues actuar, ya no se deja tan facilmente de que el hombre es el que manda. Yo digo que ha cambiado, ha habido ese respeto [Samuel, 30 anos, raramuri asentado].

En este sentido, se puede afirmar que las nuevas pautas de socializacion que impone la experiencia migratoria tienen el potencial de replantear las nociones tradicionales de genero y favorecer el transito hacia modelos menos inequitativos y autoritarios.

Existen tambien elementos para afirmar que en el contexto migratorio la normatividad conyugal entre la poblacion de origen raramuri se ha flexibilizado. Una de las principales consecuencias de las practicas migratorias es que multiplican las oportunidades de conocer personas de otras localidades. En los campos agricolas es frecuente encontrar hombres y mujeres raramuris que se separaron de su primera union y que en la ruta migratoria encontraron una nueva pareja con la cual se establecen fuera de sus localidades de origen. En muchas ocasiones esta pareja es mestiza, o pertenece a otro grupo etnico, lo que implica la asimilacion de distintos valores, normas, formas de comportamiento, simbolos y significados asociados con las relaciones de genero.

Otro factor que ha generado cambios en las identidades de genero, al tiempo que ha contribuido a mitigar los efectos de la violencia de genero entre la poblacion raramuri, es la migracion definitiva y el consiguiente cambio de residencia. Actualmente existe un numero creciente de jovenes raramuris que, al iniciar su vida conyugal, deciden establecerse en las zonas urbanas adyacentes a los campos agricolas, en compania de otros parientes o parejas que tambien han migrado. Los ingresos provenientes de la venta de su fuerza de trabajo les ofrecen la posibilidad de vivir de manera independiente, rompiendo con el patron de residencia patrivirilocal, que en sus comunidades de origen suele ser fuente de presiones y conflictos, sobre todo para las mujeres jovenes.

Otro aspecto interesante que se presenta en los asentamientos raramuris urbanos es el abandono por parte de los hombres de los espacios tradicionales de autoridad. En este tipo de asentamientos es frecuente que el cargo de "gobernador" sea ocupado por mujeres. En el contexto de las sociedades de acogida, este cargo supone principalmente el desarrollo de actividades asociadas con el cuidado: salud, educacion, alimentacion y saneamiento ambiental. Las "gobernadoras indigenas", en su calidad de representantes de la poblacion raramuri, suelen llevar a cabo ante las autoridades estatales y municipales los tramites y gestiones necesarias para la dotacion de infraestructura y servicios publicos en los albergues y asentamientos donde viven. La poblacion migrante de origen raramuri recurre a ellas para solucionar problemas internos o externos, para que hablen a su nombre frente a las autoridades y funcionarios, para gestionar diversos tipos de apoyo, o para que sirvan como traductores o interlocutores frente a los mestizos. Esta tarea supone un despliegue considerable de tiempo y esfuerzo, ya que adicionalmente deben cumplir con las actividades de caracter reproductivo en sus respectivos hogares y con su labor como jornaleras en los campos agricolas. Lo anterior deriva en una carga extraordinaria de trabajo (triple jornada) que no suele ser objeto de remuneracion, situacion que las coloca en una posicion economica vulnerable, dado que, independientemente del cargo que ostentan, su situacion de pobreza es similar a la de sus representados (Martinez y Hernandez, 2011).

Por otro lado, muchos de los programas y organismos sociales que atienden a la poblacion raramuri en las ciudades canalizan sus recursos y apoyos institucionales a traves de la participacion de estas mujeres, sin considerar que la gestion de los mismos representa una responsabilidad adicional que deriva en un incremento de las cargas de trabajo, y que la asignacion de tareas vinculadas a la reproduccion (servicio, atencion, cuidado, etc.) replica, a nivel institucional, una vision estereotipada acerca de los roles que deben cumplir hombres y mujeres en el sistema tradicional de genero (Nava, 2007).

El hecho de que los hombres cedan este tipo de espacios de autoridad a las mujeres no es una concesion. Desempenar el cargo de "gobernador" en un contexto urbano, implica erogar una gran cantidad de recursos economicos y de tiempo, por lo que para muchos varones esta actividad ha perdido valor. No obstante, para las mujeres raramuris asumir el cargo de "gobernadora" constituye una oportunidad para obtener posiciones de representacion social y prestigio que en sus localidades de origen les han sido tradicionalmente negadas. Al mismo tiempo, representa un pretexto para la movilidad, asi como para el desarrollo y aprendizaje de nuevas habilidades.

Como gobernadora de la colonia si veo que [los esposos] golpean a la mujer, los mando a la carcel; ya aqui ya casi no [lo hacen], ya se controlaron. Si, por ejemplo, a media noche, ?que paso?, ?se estan peleando? pues mejor pido la patrulla, que duerman alla, y al otro dia que se arreglen. Si golpean a las mujeres, trato de platicar con ellos, hacemos reuniones, [les digo] que no deben de ser asi; tambien me ocupo de acompanar a gente que viene de la sierra a los hospitales, porque no saben decir que les duele, o a meter solicitudes para ayudar a la gente [Josefina, 38 anos, asentamiento raramuri, Cuauhtemoc, Chih.].

Como se puede apreciar, la creciente participacion de las mujeres en el ambito productivo -y por lo tanto, remunerado-, asi como en los espacios de toma de decision a nivel comunitario dentro de las sociedades de acogida, ha implicado transformaciones importantes en la dinamica del grupo domestico y en la reconstitucion de las identidades de genero. Frente a este fenomeno, las masculinidades no permanecen estaticas y asumen diversas vias, algunas de las cuales pueden derivar en el transito hacia modelos mas equitativos y menos autoritarios.

En este sentido, es posible senalar que la migracion abriga la potencialidad de alterar algunas de las asimetrias tradicionales entre hombres y mujeres pertenecientes al grupo etnico raramuri; aunque es necesario reconocer que los cambios que induce no necesariamente son siempre positivos, y que estos dependen de una serie de factores conexos contingentes a la situacion migratoria de cada grupo domestico.

Conclusiones

A pesar de que algunos investigadores (Acuna, 2007; Gomez, 2009) plantean que el sistema sexo/genero raramuri posee cierto grado de flexibilidad con respecto a la division del trabajo y las relaciones afectivo sexuales, las mujeres raramuris se encuentran inmersas en un modelo sociocultural que se caracteriza por reproducir el dominio masculino. Este modelo patriarcal descansa en varias proscripciones que sufre el mundo femenino raramuri: a nivel familiar la toma de decisiones compete unicamente a los varones; las mujeres no pueden participar en las asambleas ni asumir ningun cargo politico, y les estan vedadas las posiciones y actividades dotadas con valor simbolico. El predominio masculino de esta sociedad es visible en la competencia sanadora de los curanderos, en las danzas varoniles de matachines, pintos y fariseos, y en la mayoria de los juegos tradicionales que estan reservados solo para los hombres; tambien en la incidencia de la violencia de genero, fenomeno sumamente extendido tanto en la Sierra Tarahumara como en el espacio migratorio.

A lo largo de la historia, la construccion y reconstruccion de las masculinidades raramuris se han visto modificadas o resignificadas por la influencia de tres instancias sociales: la Iglesia con el proceso de evangelizacion que tuvo lugar en el siglo XVII; el Estado con el reparto agrario y la imposicion de la figura juridica del ejido durante el siglo XX; y el mercado agricola, cuya dinamica actual se asocia a la produccion intensiva de cultivos comerciales que demandan fuerza de trabajo de tipo estacionaria, con pocos trabajadores permanentes.

La reconfiguracion contemporanea de las masculinidades raramuris ocurre en el marco del proceso de modernizacion agricola y la profundizacion del modelo economico neoliberal que, sumado al proceso de empobrecimiento asociado a la sobreexplotacion forestal, a los cambios ambientales y a la profundizacion de la violencia estructural, entre otros aspectos, han favorecido la integracion de la poblacion raramuri a los circuitos migratorios, propiciando con ello cambios en valores, normas, formas de comportamiento, simbolos y significados asociados con las relaciones de genero.

En efecto, la migracion constituye hoy en dia una de las estrategias de reproduccion mas importantes entre los grupos domesticos raramuris, la cual les ha permitido sobrevivir al hambre endemica que se presenta en muchas comunidades de la Sierra Tarahumara. Este proceso ha dado pie a reconfiguraciones en las masculinidades raramuris, las cuales, lejos de mostrarse estaticas, se han reconstituido a partir del contacto con otros contextos culturales y de los cambios de orden socioeconomico que conllevan los procesos migratorios de tipo estacional o permanente.

A partir del trabajo realizado con mujeres y hombres, jornaleros agricolas migrantes, se puede afirmar que, aunque las masculinidades raramuris comparten algunos elementos del modelo hegemonico patriarcal -como las practicas y las significaciones que establecen las distancias jerarquicas y las relaciones de dominacion de los hombres respecto a las mujeres-, la construccion social del genero masculino en el interior de esta etnia no es homogenea. Los cambios inducidos por la migracion han dado lugar a la conformacion de diversas configuraciones de las masculinidades, las cuales obedecen a contextos socioeconomicos, familiares y culturales particulares, en los que las construcciones de lo masculino y lo femenino generan diversas practicas y formas de relacionarse desde el genero.

La asimilacion de valores, normas, significados y pautas de comportamiento ineditas, asociadas con las relaciones de genero, se aprecian en aspectos tales como: la incorporacion de las mujeres al trabajo remunerado, la reorganizacion y distribucion del trabajo domestico en los hogares, la ampliacion de la participacion femenina en los espacios de toma de decisiones comunitarios y la contencion de la violencia de genero, asociada en buena medida a las instituciones que atienden a las mujeres victimas de violencia en las sociedades de acogida.

En este sentido, vale la pena senalar que, si bien la experiencia migratoria tiene el potencial de replantear las nociones tradicionales de genero y favorecer el transito hacia modelos menos inequitativos y autoritarios, los cambios identitarios que de ella se derivan ocurren en el marco de un modelo hegemonico en el que se presenta al varon como esencialmente dominante, con componentes que emanan de la ideologia, los valores y los principios rectores del patriarcado.

doi: http://dx.doi.org/10.24201/edu.v34i2.1770

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Acerca de los autores

Beatriz Martinez Corona es doctora en Ciencias con especialidad en Estrategias de Desarrollo Agricola Regional y maestra en Ciencias en Estudios del Desarrollo Rural, ambos grados por el Colegio de Postgraduados; es licenciada en Psicologia por la Universidad Nacional Autonoma de Mexico. Ha realizado estancias de investigacion y actualizacion en la Universidad de Durham (Inglaterra) y en el Departamento de Antropologia Cultural de la Universidad de Utrecht (Holanda), asi como una estancia sabatica en la Universidad Politecnica de Madrid. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II. Es profesora investigadora del Colegio de Postgraduados, y docente en el programa Estrategias de Desarrollo Agricola Regional y en la Maestria en Gestion del Desarrollo Social. Desarrolla proyectos de investigacion en torno a genero, ambiente, transformaciones sociales y participacion de mujeres y hombres en procesos de desarrollo, analisis de politicas publicas, educacion desde la perspectiva de genero, e interculturalidad. Ha coordinado diversos proyectos de investigacion, y ha dirigido y asesorado multiples trabajos de tesis de doctorado y maestria. Ha publicado multiples articulos y libros; tambien ha colaborado en la inclusion de la perspectiva de genero en las politicas publicas. Participa en asociaciones academicas nacionales e internacionales. ORCID: http://orcid.org/00000002-0745-4270

Jose Alvaro Hernandez Flores es doctor en Ciencias con especialidad en Estrategias para el Desarrollo Agricola Regional por el Colegio de Postgraduados y licenciado en Economia por la Universidad Nacional Autonoma de Mexico. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Ha desarrollado estancias de investigacion en el Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires y en el Centro de Estudios del Desarrollo Economico y Social (CEDES) de la Benemerita Universidad Autonoma de Puebla. Actualmente se encuentra adscrito como catedratico Conacyt al Centro de Estudios Demograficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de Mexico, A.C. Entre sus principales lineas de investigacion destacan: desarrollo sustentable, estrategias de reproduccion social, y configuracion de los territorios rurales y periurbanos. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-83490505

Recepcion: 17 de julio de 2017.

Aceptacion: 20 de abril de 2018.

Beatriz Martinez Corona *

Jose Alvaro Hernandez Flores **

* Colegio de Postgraduados, campus Puebla. Direccion postal: Km 125.5 carretera federal Mexico-Puebla, 72760, Santiago Momoxpan, Puebla, Mexico. Correo electronico: beatrizm@ colpos.mx ORCID: http://orcid.org/0000-0002-0745-4270

** El Colegio de Mexico, A.C., Centro de Estudios Demograficos, Urbanos y Ambientales. Direccion postal: Carretera Picacho-Ajusco 20, Tlalpan, 14110, Ciudad de Mexico, Mexico. Correo electronico: jalvaro@colmex.mx ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8349-0505

D.R. [C] 2019. Estudios Demograficos y Urbanos

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(1) Es interesante apreciar que en algunos juegos la diferencia esta dada por el tipo de objeto que se utiliza. En el caso de las carreras, por ejemplo, las mujeres persiguen un aro y los hombres una bola. Algunas interpretaciones asocian los atributos de los objetos con las caracteristicas biologicas de los respectivos jugadores, y mas aun, con los astros a los que se vinculan (por ejemplo: mujer-luna-aro en contraposicion de hombre-sol-esfera). No obstante, algunos investigadores plantean que no existe evidencia dentro de la propia cultura que valide dichas conclusiones, por lo que en todo caso "solo podemos decir que se trata de objetos complementarios, como complementarios son los papeles del hombre y la mujer para la produccion y reproduccion de la vida social" (Acuna, 2007, p. 51).

(2) La nocion de que existe una equidad absoluta en el reparto de la tierra y la herencia de otros bienes debe ser matizada. Investigaciones desarrolladas en contextos culturales similares, donde predominan sistemas testamentarios de tipo bilateral, han podido constatar la existencia de arreglos familiares que tienden a privilegiar la herencia hacia los hijos varones. Incluso algunos investigadores (Gomez, 2009) ubican a la propiedad de la tierra como parte de las proscripciones del mundo femenino raramuri.
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Author:Martinez Corona, Beatriz; Hernandez Flores, Jose Alvaro
Publication:Estudios Demograficos y Urbanos
Date:May 1, 2019
Words:11719
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