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HISTORIA DE DOS CIUDADES.

Nueva York y la Ciudad de Mexico, dos ciudades secuestradas por el crimen. Pete Hamill, el autor de A Drinking Life, narra la salvacion de la primera mientras la segunda se hunde inexorablemente.

I. CIUDADES PERDIDAS

No soy arqueologo, pero llevo decenios buscando dos ciudades perdidas. Se que una vez existieron. Vivi en ellas. Una se llamaba Nueva York. La otra, Ciudad de Mexico. Durante algunos anos estuve desalentado, porque pensaba que nunca volveria a encontrarlas. Le susurraba a mis hijos sobre su esplendor perdido. O quizas en una fiesta trataba de explicar a personas desconocidas una cancion que estuviera escuchando de alguna de esas ciudades perdidas. Describia torres resplandecientes y palacios infranqueables, templos de las artes y la musica, teatros exuberantes y cafes bulliciosos, juegos de pelota y competencias de lucha en arenas atiborradas, y prolongadas caminatas confiadas entre la muchedumbre de las noches de verano. Describia ciudades donde la mayoria de sus habitantes estaban contentos y muchos incluso eran felices. Mi publico solia ser muy cortes y sonreia condescendiente. A veces se aburrian. Vivian en la realidad brutal del presente. Nada mata una conversacion como la nostalgia sin compartir.

Luego, asombrosamente, una de esas ciudades perdidas comenzo a surgir de nuevo de entre la bruma oscura. De pronto, hace unos cinco anos, aparecio otra vez Nueva York. Ahi estaba de nuevo la ciudad donde naci, la ciudad donde fui joven y crei todos los dias en el manana. Los barbaros estaban en retirada. Se estaba eliminando la capa pringosa de la maldad y el temor. Otra vez comence a pasear de noche, a mostrarle la ciudad perdida a mi esposa, que no la habia conocido durante la epoca de sus numerosas maravillas. Volvi a recorrer, como cuando era joven, el Barrio Chino y Harlem. Compre discos de Willie Colon en la Calle 135, que esta en lo que antes se llamaba El Barrio. Estuve solo en los Cloisters. ?A quien se le ocurria tomar un taxi si el metro era seguro y veloz e iba lleno de las caras de Nueva York? Una noche me sente en un muro bajo de ladrillos afuera de nuestro departamento de Manhattan a mirar pasar a la gente. Me di cuenta de que tenia mas de treinta anos sin hacerlo. Pense: se acabo. Se ha levantado el estado de sitio. Y asi otra vez, cada dia un poquito mas, iba apareciendo mi ciudad perdida.

La otra ciudad, la pobre Tenochtitlan en ruinas, sigue perdida en la bruma, hundiendose cada dia mas en los pantanos del antiguo lago.

II. LA EPOCA DE ORO

Vi la Ciudad de Mexico por primera vez a fines del verano de 1956. Tenia 21 anos y queria ser pintor. Como habia estado en la marina de los Estados Unidos, tenia los derechos constitucionales de los soldados norteamericanos, uno de los maximos logros juridicos del siglo. Los que habian servido en el ejercito tenian derecho a hipotecas baratas y becas para la universidad. Yo decidi ejercer mis derechos en la Universidad de la Ciudad de Mexico, que estaba en la carretera de Toluca, y fue el mejor ano de mi vida. Al final de ese ano, habia dejado de pintar para dedicarme a escribir, y volvi a casa para comenzar mi vida.

Eso se lo debo a Mexico. Era una ciudad de extraordinaria belleza. Vivian ahi 3.5 millones de seres humanos y en verdad era la region mas transparente del aire. El cielo era siempre de un azul reluciente y en las mananas claras se veian el Popocatepetl y el Iztaccihuatl. Aun habia trolebuses en Insurgentes. Habia automoviles y taxis y peseros en el Paseo de la Reforma, pero no tantos que hicieran falta los semaforos. Mis amigos y yo viviamos en distintos sitios: en Melchor Ocampo antes de que las vias rapidas envenenaran el aire; en una callecita llamada Bahia de Morlaco al final de Ejercito Nacional; en otro sitio cercano a un mercado de flores, cuyo nombre se ha perdido en el pasado. Mis amigos y yo teniamos muy poco dinero, de modo que ibamos a pie a todos lados. Caminabamos de manana y caminabamos de noche. Sobre todo, caminabamos sin miedo. En esa ciudad perdida, las noches estaban llenas de musica que salia de las cantinas: Cuco Sanchez y Agustin Lara, Tona la Negra y Los Tres Caballeros. ?Quien era capaz de resistir el lamento de una cama de piedra? ?O negarse a participar en el homenaje a Maria bonita? ?O no compartir la protesta contra la tirania del reloj? Entrabamos por las puertas giratorias, deciamos buenas noches y pediamos cervezas. Por supuesto, al principio eramos objeto de curiosidad, gringos raros en realidad. Pero nadie nos dijo nunca que nos fueramos. En esos bares escuchabamos discusiones sobre los meritos relativos de los boxeadores Raton Macias y Pajarito Moreno, y aportabamos nuestra tentativa predileccion por Toluco Lopez. Bebiamos Carta Blanca o Bohemia y fumabamos Negritos, y queriamos poder vivir aqui para siempre.

A veces, si acababa de llegar el cheque de la pension militar, nos ibamos por Avenida Juarez hacia San Juan de Letran, pasando cerca de hermosas mujeres relucientes que salian del Regis o el Del Prado, del brazo de hombres bajos de estatura y recios. Ibamos a ver los espectaculos de los cabarets o llegabamos a Plaza Garibaldi a beber cervezas en el Tenampa o en el Guadalajara de Noche. Si nos quedaba dinero, volviamos a casa en taxi, o nos amontonabamos en los peseros con desconocidos. Nunca sentimos peligro.

Ni lo sintio nadie mas. No era una ilusion; las estadisticas muestran que a mediados de los anos cincuenta los crimenes registrados por cada 100 mil habitantes habian descendido de 2,200 a principios de los anos treinta, a cerca de 1,400 (hoy el promedio es de mas de tres mil, con muchos crimenes que no registran los ciudadanos decepcionados). A mediados de los anos cincuenta, los mexicanos y los visitantes afortunados viviamos la epoca de oro sin saberlo. Quienes lo vivimos no somos unos viejos cursis que extranamos nuestra juventud perdida. La nostalgia es autentica. Yo lo se, estuve ahi.

Esto no quiere decir que en mi otra ciudad perdida --Mexico-- no hubiera corrupcion; ninguna ciudad del mundo ha estado libre de la corrupcion. Solo que era mas discreta, mas sutil, menos penetrante que hoy. La burocracia no. habia crecido hasta convertirse en una gigantesca cloaca, con los engranajes permanentemente atascados por demandas incesantes, agotamiento y haraganeria, capaz de funcionar solo con la grasa de la extorsion. La figura de Artemio Cruz sin duda era una presencia real; era posible encontrarlo en las cabinas del Regis. Pero parecia quedar lo suficiente de los ideales de la Revolucion para frenar el robo descarado a los pobres. Y en el trabajo habia cierta contencion. En esa ciudad perdida, ningun policia le indicaba a un automovilista que se pasara un alto para que otro policia lo parara en la siguiente esquina y le sacara una mordida. Imagino que habria extorsionadores mezquinos en la policia de los anos cincuenta, y algunos malhechores brutales, igual que en la policia de Nueva York. Es que nunca los vi. Los policias de entonces eran hombres jovenes, delgados, orgullosos de su uniforme, de su empleo y de si mismos. Su vanidad consistia en querer parecerse todo lo posible a Pedro Infante. Tampoco podria decirse que en los anos cincuenta no hubiera violencia en la Ciudad de Mexico. Insisto, no ha habido sociedad urbana sin violencia y no la hay hoy en dia. Los hombres se emborrachaban y mataban a sus esposas. Se presionaba demasiado a las mujeres y estas mataban a sus esposos. En todo el mundo, los seres humanos tienen cierto talento para enganar y matar. Treinta siglos de experiencia humana nos han ensenado que suele ser un buen principio de conducta dejar en paz a la mujer de los otros o, para las mujeres, evitar a los casados. Ese sentido comun sigue sin tomarse en cuenta y, a cierta hora de la noche, el drama erotico sabe convertirse en melodrama personal. En otros casos, no hace falta el amor para utilizar la pistola o la navaja. Cuando el alcohol se combina con los codigos del machismo, los hombres pueden morir discutiendo por el cambio que se deja en el bar. En nuestro Mexico perdido, leiamos esas noticias tristes y tontas en el Oraciones, ay, y luego mirabamos la informacion deportiva. Nuestros propios tabloides de Nueva York contaban historias con las mismas tramas familiares.

Pero en los diarios de la ciudad perdida de Mexico no habia historias de secuestros, donde los criminales fueran la propia policia. No se sabia de orejas cortadas para reforzar un argumento. No habia escalofriantes episodios de bandas enmascaradas que entraran en los restaurantes armadas de ametralladoras. No habia titulares estridentes de pistoleros abordando taxis para robar y asesinar inocentes. Los titulares mas terribles aparecieron en 1957, cuando murio Pedro Infante. Ese mismo ano, cuando murio Diego Rivera, la tristeza fue grave y luctuosa. Muchos anos despues vi dolor publico el dia en que fue asesinado Colosio. Pero cuando murio Pedro Infante, la gente salio corriendo a la calle, desesperada, agitando las manos de rabia y dolor, maldiciendo a los dioses, antiguos y nuevos. Las ancianas abrazaban a sus nietas y las estrechaban contra si. El trafico iba mas lento porque los hombre bajaban de los automoviles para comprar los diarios de titulares planideros. Las campanas no dejaban de sonar. Los hombres se emborracharon. Ese dia, en la calle, fuera del Cine Diana, vi tambien a un policia llorar.

Ese policia ya debe ser viejo o estar muerto. Si vive, ha de recordar ese dia cada que escucha a Pedro Infante en la radio o lo ve en alguna pelicula vieja en blanco y negro por television una manana de sabado. Mira su sonrisa. Escucha su cancion, como despierta a alguna mujer que duerme en una habitacion de un segundo piso. Lo mira luchar contra los villanos. Si ese policia llora ahora, seguramente sera por esa ciudad de su juventud y de la mia, cuando millones de seres humanos todavia eran tan inocentes que podian llorar por una estrella del cine.

III. LA CAIDA DE NUEVA YORK

Nueva York le llevaba mucha ventaja a Mexico en el hundimiento en la barbarie urbana. Aqui no cabe un analisis minucioso de lo que ocurrio, pero las causas estaban todas relacionadas. Lo mas importante fue el derrumbe de la produccion. Entre 1955 y fines de 1970, Nueva York perdio casi un millon de empleos en las fabricas. Esos eran los empleos de los que vivian los hombres como mi padre, que llego de Irlanda a Nueva York en 1923, con instruccion primaria. Con su trabajo en una fabrica (con el suplemento del trabajo de mi madre en un hospital, y luego como cajera en un cine), formo una familia de siete hijos, de los que yo fui el mayor. Nueva York no era una ciudad monoindustrial como Detroit. La mayor parte de esos empleos eran en fabricas pequenas, donde trabajaban unos veinte hombres y algunas mujeres; la mas grande tenia varios cientos de empleados. Estaban repartidas entre los distritos de Brooklyn, Queens y Manhattan, y en este ultimo predominaban los productores de prendas de vestir. A fines de los anos cincuenta, muchos comenzaron a huir hacia el sur de la Union Americana, donde los sindicatos eran debiles, o a lugares donde simplemente no habia sindicatos.

Al mismo tiempo, la gran emigracion de afroamericanos desde los campos del sur a las ciudades del norte cobraba fuerza. Cientos de miles de jovenes negros habian estado en el ejercito, luchando por el pais en que habian nacido; no iban a aceptar la vieja segregacion del sur profundo. Querian las luces de las ciudades. Querian instruirse e instruir a sus hijos. Querian medicos. Querian estar a salvo de los ataques nocturnos del Ku Klux Klan. En suma: querian lo que hay en las ciudades: civilizacion.

La automatizacion tambien habia llegado a las granjas del sur, donde cientos de hombres antes recogian el algodon y ahora lo hacia una maquina, con media docena de hombres para manejarla. La vida se convirtio en bregar a diario por conseguir trabajo y poder comer. Eso indicaba que para los hombres con dignidad era hora de irse. Hay que oir a Joe Williams cantar con Count Basie: Me voy a Chicago, lo siento, pero no te puedo llevar... para sentir algunas de las emociones de esa inmensa emigracion, y encontrar pistas del dano social que le hizo a las familias. Se parece un poco a la gran emigracion interna de campesinos a la Ciudad de Mexico.

Pero ahi estaba el meollo del problema: la emigracion comenzo casi en el preciso momento en que desaparecian los empleos. La consecuencia fue una pobreza fria y degradante, lejos de casa. La beneficencia publica sustituyo al trabajo. En 1955 habia en Nueva York cerca de 150 mil personas al amparo de la asistencia publica, y en 1992 la cifra habia aumentado a un millon 200,000. En algunos barrios, y en demasiadas familias, los ninos crecian sin conocer a nadie que hubiera trabajado. Demasiados de ellos crecian sin padre, conforme cada vez mas hombres vencidos o embrutecidos abandonaban a sus mujeres y a sus hijos. No deberia sorprender lo que vino despues: la drogadiccion, el alcoholismo, la violencia.

En los barrios negros, las clases medias comenzaron a huir hacia los suburbios, como sus homologos blancos. Cuando yo era joven, en los anos cincuenta, podia ir a Harlem a oir a Count Basie en el Apollo o a Ben Webster en el Small's Paradise. Una noche vi a Duke Ellington salir de un restaurante llamado Frank's, con mas abolengo que cualquier duque europeo. A mi me impresiono, pero a los chamacos negros que andaban por la calle 125 los arraso. Lo miraban como si hubieran visto a Dios (y quiza lo habian visto). Acaso tambien ellos podrian crecer y ser hombres tan valiosos y artistas tan grandes como Ellington. Quizas uno mismo podia tratar de lograrlo. El producia ese tipo de efecto en los jovenes.

Pero, a fines de los anos ochenta, cerraron Frank's y ya no estaba Ellington, ni tampoco los demas musicos, artistas y escritores, medicos y abogados que habian hecho de Harlem la capital negra de los Estados Unidos. Las calles estaban llenas de desechos humanos. Drogadictos de mirada opaca. Automoviles abandonados oxidados bajo el sol. Limosneros apoyados en los muros con letreros que decian que estaban muriendo de sida. En todas las manzanas habia cascarones de multifamiliares incendiados, quemados por sus temerosos propietarios para cobrar el seguro. Solo quedaba una figura capaz de impresionar a los jovenes con su dinero, sus coches caros, sus mujeres relucientes: el narcotraficante.

En 1990, prevalecia la sensacion de que tambien Nueva York se habia acabado. El crack, invento de algun genio malvado, habia aparecido entre nosotros; sustituia a la heroina como droga favorita de los jovenes, y atizo una explosion de violencia. Ese ano hubo mas de 2,200 asesinatos (en comparacion con los 340 de 1955) en una ciudad de 7.3 millones de habitantes (menos de los casi ocho millones de mediados de los anos cincuenta). Todos los crimenes eran horrorosos: robos, asaltos, violaciones, ataques criminales. Cundia el caos. Las pandillas de adolescentes formaban hordas peligrosas que atemorizaban a las personas en el metro, les arrancaban las joyas a las mujeres, el portafolios a los empresarios, golpeaban y a veces herian con navajas a los que protestaran. La vieja mafia, que alguna vez impuso cierto orden en el narcotrafico, perdio su poder. Se trataba del laissez faire del capitalismo salvaje en su esplendor. Con una enorme reserva de armas semiautomaticas de nueve milimetros, adolescentes narcotraficantes balaceaban a la gente durante un simple pleito por el control de una esquina. Estos hechos se hicieron tan frecuentes, que tenia que haber por lo menos seis muertos para que salieran en el periodico. Los viejos neoyorquinos anoraban los dias en que los diarios contaban como Robert habia asesinado a Wanda por acostarse con Tony.

Prevalecio el cinismo. Los ciudadanos negros y latinos comunes y corrientes pensaron que la Direccion de Policia de Nueva York estaba paralizada, compuesta por demasiados oficiales blancos de los suburbios, convencidos de que la ciudad era una selva. En muchos sentidos, tenian razon. La mitad de la corporacion policial vivia en los suburbios, algunos por motivos economicos, la mayoria para apartarse de los negros. No dejaba de repetirse: "No sirve de nada arrestar a esa gente, manana salen de nuevo a la calle". O "?por que arriesgar el pellejo por salvar a esas bestias?" Para algunos policias, el racismo se mezclaba con el miedo y la indiferencia que hacian cumplirse sus temores. Agachaban la cabeza, ignoraban el crimen todo lo posible y esperaban terminar sus veinte anos de servicio, jubilarse y trasladarse a Florida.

Para otros policias, la criminalidad de los barrios bajos y el aumento del trafico de crack eran una forma de enriquecerse. Cientos, quiza miles de policias se convirtieron en criminales uniformados. En lugar de arrestar a los grandes narcotraficantes, recibian mordidas para hacerse de la vista gorda. Los pequenos vendedores de drogas eran el blanco de los ataques. Los policias los arrestaban, les robaban sus drogas, les quitaban su dinero y luego los dejaban libres. Algunos policias corruptos utilizaban las drogas robadas para consumo propio; la mayoria las revendian a otros traficantes. En las calles, la policia pasaba en patrullas seguras por las esquinas donde se vendian abiertamente drogas. No hacian nada. Los ciudadanos honestos, comunes lo sabian, se lo contaban a los periodistas, y decian: ?Que puedo hacer? ?Llamar a un policia?

Las drogas tambien atizaron otro fenomeno en Nueva York: las hordas errantes de personas sin casa. Dormian en las puertas de los edificios, en las azoteas, en cajas de carton. Se apinaban en los tuneles del metro y debajo de los puentes. Casi todos eran hombres (el gobierno encontraba de inmediato vivienda --aunque en ruinas-- para las mujeres con ninos), y pedian limosna con actitud agresiva: "?Como que no tiene un dolar? !Dije que quiero un dolar!" En los altos de las calles, caian sobre los coches, rociaban las ventanas, frotaban trapos grasientos en el vidrio y exigian dinero. Si el conductor se negaba, golpeaban las ventanas o rayaban con un abrelatas la carroceria del automovil. Cuando comenzaron a aparecer, muchas personas de izquierda de buenas intenciones se formaron ideas romanticas sobre esas personas: eran victimas de diversas fuerzas cosmicas: el reaganismo, la avaricia, el Sistema. Pero conforme los trabajadores sociales comenzaron a informarse mejor, se dieron cuenta de que aquellos primeros analisis eran poco acertados. Un 20% de esas personas tenia graves problemas mentales; habian salido de instituciones psiquiatricas cuando los reformistas insistieron en que este tipo de pacientes deberia vivir en las comunidades reales, y no encerrado entre los muros de esas instituciones. Solo tenian que tomar sus medicamentos. Esas mujeres que llevaban montones de bolsas, esas personas trastornadas, con los ojos desorbitados, que se tambaleaban por las calles, eran los pacientes salidos de las instituciones que no tomaban sus medicamentos. El resto de las personas sin donde vivir eran alcoholicos y drogadictos. No querian ir a los albergues para personas sin techo organizados por las autoridades de la ciudad. No querian ir a rehabilitarse. Querian whisky. Querian alcohol. Querian heroina. Querian crack. Se convirtieron en un simbolo colectivo del derrumbe acelerado de una ciudad que habia sido grandiosa.

Y luego, lentamente al principio, imperceptiblemente, dia con dia, comenzo el cambio. Habia demasiados neoyorquinos --negros, blancos, latinos-- que se negaban a ver la ciudad transformada en una pelicula de John Carpenter. Si los policias no podian o no querian cumplir con su trabajo, estos ciudadanos comenzaron a organizar su propia seguridad (los musulmanes negros fueron particularmente eficaces en algunos proyectos de vivienda publica). Se reunieron con la policia y con los politicos y exigieron accion. Atosigaron a los periodicos. Se trataba de una combinacion de ciudadanos: trabajadores de todas las procedencias etnicas, madres de hijos asesinados, empresarios que veian como se iba quedando desierto el centro comercial de la ciudad. Esos empresarios podian citar como ejemplo el caso del gran almacen, Gimbel's: quebro y tuvo que cerrar por dos razones: bandas de muchachos de doce anos merodeaban en Herald Square, donde estaba el almacen, enfrente de Macy's. Esperaban a plena luz del dia, fingiendo inocencia; luego atacaban a las mujeres que iban de compras --mientras mas edad tuvieran, mejor--, las golpeaban con cinco o seis pares de punos y huian con la compra recien hecha. Eran tan eficientes como un banco de piranas. Por los mismos motivos, orilladas por los mismos temores, las personas que iban de compras tenian miedo de utilizar el metro. Cada vez mas las mujeres comenzaron a hacer sus compras por catalogo, o esperaban a que sus hijos las llevaran a algun centro comercial de los suburbios. Era un circulo vicioso: se necesitaban menos dependientes si habia menos clientes, y las tiendas, que dejaron de ser negocio, dejaron de necesitar empleados.

De modo que los amos de Nueva York desempenaron una funcion importante en el cambio que se estaba dando. La mayoria de ellos gozaba de seguridad personal; vivian en edificios bien protegidos; iban a trabajar en automoviles de lujo y sus choferes solian portar armas con licencia. En Nueva York, el secuestro nunca fue un problema (y no lo ha sido en el resto de los Estados Unidos desde principios del decenio de 1930, cuando se convirtio en un crimen federal, castigado con la pena de muerte). Los pocos secuestros ocurridos fueron obra de aficionados, atrapados de inmediato. Algunos empresarios tenian razones idealistas para participar; amaban Nueva York y querian que sobreviviera. Otros tenian un motivo mas singular y egoista: la criminalidad es contraproducente para los negocios. Es mala para las tiendas y los almacenes. Es mala para el turismo y, por lo tanto, es mala para los restaurantes, y para los teatros de Broadway, y para los hoteles. Comenzaron a presionar a los politicos, que necesitaban sus contribuciones para sus campanas. Y se empezaron a organizar planes. Se fijaron objetivos. El sector privado rehabilitaria Bryant Park, se lo arrancaria a los drogadictos y pequenos criminales. Lo mismo que la Gran Estacion Central y la Calle 42. Los empresarios ayudaron a juntar fondos para las obras de restauracion, pagaron su propia seguridad privada, obligaron a colaborar a los politicos que pensaban que no habia nada que hacer. Esos planes tomaron meses, aun anos, para dar resultados. Pero funcionaron bien. Se utilizo la inteligencia humana para ocuparse de los problemas producidos por los humanos. No hay que dejarle nada solo al gobierno. Pero algunas tareas le competen solo a el. El crimen es una de ellas.

IV. NUEVA YORK SE PONE DE PIE

El problema mas importante de Nueva York, como ahora el de la Ciudad de Mexico, era el crimen. El primer cambio importante se dio en el metro. En abril de 1990, el alcalde Ed Koch tuvo la buena idea de contratar a un policia profesional llamado William Bratton para encabezar a los cuatro mil integrantes de la policia de transito de Nueva York. Bratton era un veterano de la Direccion de Policia de Boston, un hombre de una gran inteligencia compatible con una gran vanidad. Bratton, a su vez, tuvo la sensatez de hacerle caso a un temerario policia joven de transito llamado Jack Maple, un dandy que usaba trajes hechos a la medida, corbata de mono y sombrero. Durante diez anos Maple habia sido policia de transito --los otros policias los llamaban "ratas de tunel"-- y solo tomaba en serio una cosa: acabar con la criminalidad.

Juntos idearon una solucion para el metro, asombrosa por su sencillez y sobriedad. Pensaron que si un criminal, o una banda, entraba al metro para cometer crimenes, era poco probable que pagara su boleto. Es decir, saltaria los torniquetes o abriria una puerta de emergencia y correria para alcanzar el tren. En algunas estaciones, casi nadie pagaba el boleto (se calculo que a diario no pagaban 170 mil usuarios en toda la red); simplemente entraban o saltaban con insolencia. Con Bratton, se inundaron las peores estaciones con policias vestidos de civil. Atraparon a cientos de hombres durante los primeros dias, pero no se conformaron con multarlos. Sabian que la mayoria nunca pagaria su multa. Los esposaban. Los registraban. Los arrestaban y luego buscaban sus antecedentes en la red informatica.

Los resultados los dejaron atonitos. Mientras se ocupaban de una infraccion menor --no pagar el boleto--, confiscaban pistolas, navajas y drogas. Descubrieron documentos de identificacion falsos. Lo que es mas importante, en seguida se dieron cuenta de que casi uno de cada siete arrestados por no pagar su boleto tenia otra orden pendiente de arresto. Es decir, estaban libres bajo fianza por otros crimenes mas graves, pero nunca se habian presentado al tribunal para que se siguiera el juicio. Los que no tenian antecedentes si pagaban las multas, pero perdian mucho tiempo en los tramites. Los criminales buscados fueron a dar a la carcel. De pronto, mejoro el espiritu de la policia porque sus integrantes sintieron que en verdad estaban haciendo algo contra la criminalidad mayor. Y se confiscaron en las calles pistolas, navajas y drogas. La criminalidad se redujo de manera tan drastica --mas de 60%-- que los habitantes de Nueva York estaban mas a salvo en el metro que en las calles.

La estrategia de Bratton en el metro se fundo en las teorias de "las ventanas rotas" del profesor James Q. Wilson, de la Universidad de Harvard. En marzo de 1982, Wilson y George L. Kelling habian publicado un articulo en el Altantic Monthly llamado "Reparar ventanas rotas". Bratton lo leyo y lo asimilo, y comenzo a llevar a la practica algunos de sus principios mientras estaba en Boston. En una ocasion, Wilson resumio asi su teoria:

Utilizamos la imagen de las ventanas rotas para explicar como pueden deteriorarse los barrios y llenarse de desorden y aun de crimen si nadie se ocupa minuciosamente de darles mantenimiento. Si se rompe la ventana de una oficina o de una fabrica, alguien que pase por ahi pensara que no le importa a nadie o que no hay quien se ocupe de eso. Al poco tiempo, comenzaran a lanzar piedras para romper mas ventanas. Pronto estaran rotas todas las ventanas, y entonces los que pasen pensaran no solo que nadie cuida el edificio, sino que nadie cuida la calle donde esta. Solo los jovenes, los criminales o los audaces tienen que hacer en una calle des-protegida, de modo que cada vez mas ciudadanos le dejaran la calle a esos que creen que merodean en ella. El desorden pequeno conduce a otro mayor y cada vez mayor, y quizas hasta al crimen.(1)

Algunos anos despues, Bratton llevaria a la practica estas ideas en toda la ciudad de Nueva York, cuando Rudolph Giuliani, el alcalde recien electo, lo nombro Jefe de la Policia a principios de 1994. El momento era oportuno; todas las encuestas indicaban que la criminalidad era el primer motivo de preocupacion de los habitantes de Nueva York. Giuliani era un fiscal de carrera que nunca habia ocupado un puesto de eleccion. Habia prometido en su campana hacer algo contra el crimen y escogio a Bratton como su general. La consigna de Bratton fue: Concentracion, direccion, supervision. Se deshizo de los jefes de la policia que se habian endurecido y vuelto cinicos, condicion comun a todos los policias en todas partes. Tenian que creer en su tarea, en la posibilidad de vencer en esa guerra. Reunio a un grupo de veteranos listos, duros, dedicados, entre ellos Jack Maple, y un jefe de calle de origen irlandes llamado John Timoney. Contrato a un famoso periodista de la television llamado John Miller para que los ayudara a transmitir el mensaje al publico. Juntos, formaban un grupo alegre; los hombres serios no tienen que ser solemnes. Pase algun tiempo con ellos en esos primeros meses, y me rei mas que en compania de comicos profesionales. Bajo esa risa habia una seriedad total. Libraban una guerra justa contra los malos, y estaban absolutamente decididos a ganar. Unidos, elaboraron una estrategia simple. Escribio despues Bratton:

Confiabamos en ser capaces de reducir el crimen y el desorden, pero si lo haciamos contrariando al publico, o con faltas de respeto, o con abusos, o alejando a un publico ya de por si desconfiado --sobre todo a las minorias--, entonces ganariamos la batalla pero perderiamos la guerra.

El proposito era reducir el crimen un 40% en tres anos. Casi todos los policias viejos se rieron; tambien algunos politicos, periodistas y ciudadanos. Los hombres de Bratton iban en serio. Sabian lo que habia que hacer con la violencia: 1. combatir las drogas y el narcotrafico con una furia fria, porque las drogas --en particular ese polvo blanco llamado crack-- eran el meollo del problema, causaban directa o indirectamente el 70% de los crimenes violentos de la ciudad; 2. atacar el suministro de pistolas, de la misma manera en que se perseguia a los narcotraficantes.

Para poner en marcha ese proceso se valieron de la teoria de las ventanas rotas. Estaba prohibido por ley tirar basura en las calles, beber alcohol en publico, usar las calles como retretes. Se instruyo a la policia para que hiciera cumplir esas leyes menores, y descubrieron lo mismo que Bratton y Maple habian encontrado en el metro. Los muchachos que bebian en las esquinas y tiraban botellas en la calle tambien traian drogas o pistolas. Los hombres que orinaban en la pared de alguna casa tambien eran buscados por otros crimenes mas graves. Cuando encontraban una pistola, la policia interrogaba al portador sobre el lugar donde habia comprado el arma. Sin sus pistolas, casi todos estos duros se convertian en muchachitos espantados; a menudo delataban al vendedor de pistolas, o por lo menos ofrecian un eslabon de la historia de esa pistola. Todas las pistolas se sometieron a pruebas de expertos en balistica para saber si se habian utilizado en crimenes graves.

Se hizo lo mismo con las personas que llevaban drogas consigo. Se les hacian preguntas faciles, y casi todas recibian respuesta. ?Donde compraste las drogas? ?Como se llama el que las vende? ?Donde vive? ?Donde las consigue? Las personas que consumen drogas tienen poca voluntad. Es facil someterlas, mas a menudo con pequenos gestos amables --ofrecerles un cigarrillo o un sandwich de jamon-- que golpeandolas o con amenazas. Algunas pueden convertirse en "informantes confidenciales". Esos informantes inapreciables (y a menudo despreciables) son cruciales para toda direccion de policia de cualquier ciudad grande. Ellos pueden orientar a la policia hacia criminales mas serios: asesinos, asaltantes armados, jefes de bandas de robacoches. Los policias en accion estaban descubriendo algo muy importante: prender a un hombre por orinar en la calle podia conducir al arresto de asesinos.

Ademas, tenian que perseguir a los delincuentes juveniles que estaban cometiendo una gran parte de los crimenes de la ciudad e impregnando tanto miedo en su ambiente. En Nueva York, como en cualquier otra ciudad estadounidense (y parece que tambien en la Ciudad de Mexico), los adolescentes estaban cometiendo la mayor parte de los crimenes. Si de camino a casa uno se topaba con tres personas de sesenta anos a media noche, se proseguia el camino. Si eran adolescentes los tres que se aproximaban, se sentia tension, se atravesaba la calle o se huia corriendo. No era paranoia. En los Estados Unidos, la mayor parte de los crimenes los cometen hombres de entre catorce y 17 anos. De 1985 a 1992, el indice de crimenes aumento 50% entre los jovenes blancos de sexo masculino y 300% entre los jovenes negros del mismo sexo. Las victimas de esos asesinos negros casi siempre eran otros hombres negros; recuerdo haber citado en un editorial de algun periodico estadisticas que mostraban que en 1990 mas negros habian muerto a manos de otros negros que por accion del Ku Klux Klan en todo el siglo XX.

Pero Bratton y su equipo tambien sabian por las estadisticas que no todos los hombres jovenes eran criminales. Desde los anos setenta se sabia que el 50% de los crimenes juveniles los cometia apenas el 6% de los adolescentes. Los policias los llamaron "los seisporcientos". Parte de la estrategia de Nueva York consistio en identificar y presionar a esos seisporcientos. No se requirio el servicio de detectives maestros. Casi todos los seisporcientos vivian en casa con sus mamas (los papas habian desaparecido). Casi todos eran conocidos en sus barrios y tenian sobrenombres. La mayoria "tenia fusca" (iban armados). Casi todos tenian enemigos. Los policias los detenian en situaciones de "ventanas rotas", los registraban y, si traian pistolas o drogas, los arrestaban. Al liberarlos bajo fianza, o darles libertad condicional (despues de cumplir una condena), los policias locales y los funcionarios encargados de la libertad condicional realizaban un seguimiento, acudian a la casa de estos muchachos, les recordaban que estaban marcados y que tenian que portarse bien si no querian volver a la carcel.

Los seisporcientos a menudo tambien encabezaban el pandillerismo. Los jovenes mas duros reclutaban a otros mas tiernos en su derredor, forjando unidades mas malvadas y violentas que sus integrantes por separado. En los barrios donde prevalecian las pandillas, algunos jovenes se unian a ellas en busca de proteccion. Para otros, las pandillas representaban la unica familia que hubieran tenido jamas. Era el nucleo de los seisporcientos lo que llevaba a la banda a las drogas y la violencia. Los hombres de Bratton decidieron tratar a cada pandilla como si fuera un criminal individual. El comandante del barrio tenia que conocer a cada integrante, sus caracteristicas, sus debilidades, la estructura de su familia, los nombres de sus novias y de sus amigos adultos: todo se incorporo a sus expedientes. Pero el criminal era la banda. Al atacar a los seisporcientos que formaban el nucleo la pandilla se desintegraba.

La informacion, en suma, era central en la estrategia. Una noche en un restaurante, Maple trazo la estrategia general en una servilleta. Tenia cuatro elementos:

1. Informacion exacta y oportuna.

2. Despliegue rapido de la policia.

3. Tacticas eficaces.

4. Seguimiento y evaluacion implacables.

El primer paso era reunir informacion. Los jefes superiores de la policia tenian que saber cuanto crimen habia y donde, y tenian que saberlo de inmediato. Para apoyar esta tarea, Bratton y Maple aprovecharon al maximo las computadoras, que estaban presentandose como instrumento clave de la guerra contra el crimen. Durante decadas, la ciudad se habia dividido en jefaturas de distrito, que a su vez se habian dividido en barrios. La recopilacion de estadisticas exactas de los crimenes, arrestos y crimenes resueltos habia sido un proceso burocratico lento y moroso. Muy a menudo a los jefes locales les interesaba mas protegerse y cuidar sus puestos que proteger al publico. Administraban los crimenes mejor de lo que los resolvian o evitaban. Una informacion simple requeria meses para recopilarse y tramitarse. Cuando llegaba a la oficina del jefe superior, ya era vieja. Bratton dijo despues:

Maple lo resumio mejor. Piensese en la Batalla de Inglaterra. Alemania estaba lista para invadir las islas britanicas. Los britanicos habian huido de Dunkerque y contaban solo con 450 spitfires para proteger sus ciudades, mientras que los alemanes tenian miles de bombarderos para atacar toda Inglaterra. Sin embargo, los britanicos tenian algo de lo que carecian los alemanes: un radar. Con sus muy pocos recursos, los britanicos sabian donde estaba el enemigo. Con la informacion de su radar, podian movilizar a los 450 spitfires exactamente contra los bombarderos alemanes. Una informacion oportuna, exacta; una reaccion veloz; una tactica eficaz; un seguimiento implacable, eso gano la Batalla de la Gran Bretana y asi vamos a vencer en la batalla de Nueva York.

Bratton y Maple organizaron una serie de reuniones semanales de los funcionarios superiores en el cuartel de la policia (luego fueron dos veces por semana). Su motivacion era estudiar las estadisticas de las computadoras y por eso las llamaron reuniones de compustat. Se exigia la presencia de todos los jefes de barrio, bien uniformados como gesto de respeto. Cuando algunos jefes se quejaron de no poder llegar por el trafico, Bratton organizo las reuniones a las siete de la manana. El mensaje quedaba claro: esto es mas serio que dormir muchas horas en la noche. Se reunian en una sala de actividades con 115 butacas, pero solian acudir doscientos ademas de los representantes de los fiscales de los distritos, del sistema escolar, los funcionarios de libertad condicional y algunas organizaciones especiales de la policia. El jefe y sus hombres de primer rango presidian las reuniones. Y las pantallas de las computadoras mostraban por primera vez en la epoca moderna una imagen certera del crimen en la ciudad. Las pantallas de las computadoras mostraban toda la ciudad y sus elementos por separado, e ilustraban graficamente las zonas que exigian una presencia veloz y penetrante de la policia.

"Los mapas permitieron ver donde se congregaba el crimen --explico mas tarde Bratton--. Era como pesca computarizada: ir derecho a los peces". Si el crimen aumentaba en alguna zona, se inspeccionaba a los jefes: ?que estaba pasando y quien lo estaba haciendo y que estaba haciendo la policia para combatirlo? Todos los jefes tenian que dar explicaciones. Todos tenian que responsabilizarse de su zona. Se motivaba a todos para concebir soluciones creativas. Dijo despues Bratton:

Algunos jefes lo disfrutaban, otros se sentian intimidados, otros molestos. Algunos eran eficaces y les gustaba sobresalir, otros eran buenos pero no eran eficaces, y otros no entendian. Fue un proceso en el que pronto se supo quienes eran los mejores. Si un jefe queria destacar, lo hacia en las reuniones de compustat. Por otra parte, fallar ahi constantemente era una forma de interrumpir de golpe la carrera profesional. Compustat era el darwinismo de la policia: los mas aptos sobrevivian y prosperaban.

Algunos de los peores jefes comprendieron: cambiaban o se jubilaban. Los mejores comenzaron a prosperar.

"No dejabamos de sorprendernos --recordaba Bratton tiempo despues--, algunos jefes proponian soluciones e innovaciones que no se le habian ocurrido a ninguno de los oficiales superiores. Era sensacional verlos pensar". Anadio: "Nadie perdio su puesto por no proponer algo acertado. Nadie tuvo dificultades porque aumentara la criminalidad en su barrio. Los problemas eran cuando no sabian de que crimen se trataba y no tenian una estrategia para ocuparse de el".

Bratton resumio la experiencia de compustat en cuatro niveles basicos:

Creamos un sistema en el que el jefe de la policia, con su grupo ejecutivo, primero faculta y luego interroga al jefe de barrio, obligandolo a proponer un plan contra la criminalidad. Pero eso no basta. En el siguiente nivel hacia abajo, el jefe del barrio repite la funcion del jefe superior, facultando e interrogando al jefe del peloton. Entonces, en el tercer nivel, el jefe del peloton deberia preguntar a sus sargentos: "?Que vamos a hacer aqui para ocuparnos de esta situacion?" Y por ultimo esta el sargento interpelado: "Mitchell, describame los ultimos cinco robos en su puesto"; "Carlyle, ?eso le parece chistoso, una broma? Digame de los ultimos cinco asaltos", y asi hacia abajo, hasta que toda la organizacion participe y este motivada, activa, se les haya evaluado y tengan exito. Funciona en cualquier organizacion, ya sea con los 38 mil policias de Nueva York o en Mayberry RFD.

Esta estrategia, descrita en detalle en el libro de Bratton titulado Turnaround,(2) tenia que basarse en una hipotesis: la honestidad fundamental de la propia policia. Los jefes no podian "maquillar" las estadisticas para presentar un mejor aspecto. Si lo hacian, quedarian despedidos enseguida, y no alcanzarian jubilacion. Y ningun policia podia ser corrupto. Esto no era facil, la corrupcion sigue existiendo en la Direccion de Policia de Nueva York, y en muchas otras direcciones. Pero era fundamental dejar claro a los policias y al publico por igual que la corrupcion se combatiria sin tregua. Bratton andaba por toda la ciudad, hablaba directamente con los policias a los que pasaba lista. Hizo proyectar un video en todas las oficinas de barrio. Parte del mensaje se proponia convencer a los policias honestos de que sus propias vidas corrian peligro por los actos de corrupcion. Les dijo:

Voy a tratar de cambiar la imagen que todos tienen de ustedes, pero para lograrlo necesito que trabajen conmigo. Solo puedo presentar lo que ustedes me den. Si ustedes me traen casos de brutalidad, corrupcion y deshonestidad, eso es lo que tendre que presentar. No voy a protegerlos. Si ustedes me traen casos de valentia, honestidad y trabajo duro, entonces eso es lo que yo voy a presentar. Depende de ustedes. Y si ustedes violan la ley, voy a correrlos, los voy a meter a la carcel. He trabajado demasiados anos en esta profesion, y muchos otros le han dedicado la vida, para que la deshonren unos cuantos.

Fue feroz contra la corrupcion. En un caso famoso, le quito las divisas a unos policias corruptos, y elimino para siempre sus numeros del registro de la Direccion de Policia de Nueva York, con la siguiente explicacion: "Ningun otro policia va a tener jamas un numero manchado por la corrupcion". Predico otro concepto fundamental: "los ciudadanos tienen derecho a ser respetados, mientras que los policias se tienen que ganar el respeto". En otras palabras, la guerra contra el crimen no tenia que ser brutal ni descortes. Los policias eran profesionales capacitados, con una diversidad de medios ademas de la pistola y los punos. Uno de esos medios era el sentido del humor, era posible desactivar un motin con un chiste o una burla, a partir de la nocion de que "todos estamos metidos en esto, de modo que hay que ir con cuidado antes de que alguien salga lastimado".

En otros casos, un simple gesto de cortesia podia resultar eficaz. El publico en general, despues de todo, no era el enemigo; era el mejor amigo del policia. El enemigo era el criminal. El criminal atacaba al publico en general. El policia local que se hacia amigo de los comerciantes, de los maestros de las escuelas, de los dirigentes de las comunidades, de los representantes de las iglesias, ya no estaba aislado, ponia fin a su propia soledad paranoica. Se estaba haciendo de aliados. Si trataba a esas personas con indiferencia, suspicacia o desden, estaba volviendo realidad su propia soledad. En los momentos dificiles, estaria absolutamente solo. Si extorsionaba a los comerciantes, o se hacia de la vista gorda respecto al narcotrafico, seria objeto de animadversion. Si tenia algun problema, el publico se uniria en su contra.

La presencia de Bratton comenzo a modificar las cosas para bien. Seis meses despues de haber asumido el cargo, llegaron. las primeras estadisticas. El crimen habia caido 16.8% por debajo del nivel del mismo periodo del ano anterior. Al final del primer ano, el crimen en general habia disminuido un 12.3% (mas que el objetivo "imposible" de 10%). Las balaceras disminuyeron 16.4%. Los asesinatos se redujeron 18.8%: 385 homicidios menos que el ano anterior. Bratton fijo una nueva meta: llegar al 15%. Los jefes de los distintos barrios y, lo que es mas importante, los policias de la calle --la infanteria de la guerra contra el crimen-- desbordaban entusiasmo. Para julio de 1995, los homicidios habian disminuido 31% en comparacion con el ano previo, los robos 21.9%. Los robos a casas 18.1%, el robo de automoviles 25.2% y el crimen en general 18.4%. Bratton renuncio en 1996 porque el egolatra de Giuliani queria atribuirse todo el merito del exito de la guerra contra el crimen. Pero el sistema habia quedado bien establecido. La criminalidad ha seguido disminuyendo todos los anos desde entonces, en las buenas y en las malas.

Hubo tambien otros factores, desde luego. El presidente Bill Clinton firmo la Ley Brady, que comenzo a limitar el suministro de armas automaticas. La plaga del crack comenzo a debilitarse; algunos jovenes recurrieron a la heroina, que hace a sus consumidores cabecear en vez de enloquecer por conseguir mas. Algunos decian que las pandillas de narcotraficantes habian resuelto sus diferencias y se habian organizado mejor; otros insistian en que los jovenes se habian dado cuenta del caos creado por el crack entre sus hermanos y hermanas mayores, sus mamas, sus parientes mayores. Nadie sabe con certeza lo que paso, pero el crack es una droga que esta perdiendo popularidad entre los jovenes.

Mientras tanto, una nueva oleada de inmigrantes, comprendidos unos 200 mil mexicanos, segun se calcula, tambien estaba transformando Nueva York. No habian llegado a Nueva York como criminales. Encontraron trabajo, a menudo el peor que hubiera, y trabajaron duro e insistieron en que sus hijos aprovecharan el sistema de ensenanza y mantuvieran un buen comportamiento. El abarrotero coreano trabajaba demasiado para permitir que un adolescente maleante le robara manzanas de su puesto de fruta; perseguia al ratero con un hacha. Los inmigrantes eran un buen ejemplo para muchos otros estadounidenses jovenes; si eran capaces de llegar sin dinero, sin documentos, sin hablar ingles, y comenzaba a irles bien, ?por que nos estamos haciendo dano solos? Los inmigrantes comenzaron a dar mayor cohesion social a Nueva York.

El mas importante de todos los factores de esta transformacion que no dependio de la policia fue el auge economico iniciado con la eleccion de Clinton en 1992. Crecio el mercado de valores, impulsado por las nuevas tecnologias. Surgieron empleos que antes no existian (muchos inventados por los nuevos inmigrantes, que repetian los ciclos de los judios, los italianos y los irlandeses de principios de siglo). Las nominas de beneficencia publica comenzaron a disminuir de manera sostenida: de 1.2 millones a la media actual de alrededor de 750 mil. Las familias se estabilizaron cuando los hombres, al tener empleo, se quedaban con sus esposas. Aumento el indice de titulacion universitaria de afroamericanos y latinos. Las tasas de embarazos de adolescentes --ninas que tienen hijos-- disminuyeron casi 40%. Vimos de nuevo lo que siempre habiamos sabido: el crimen no es un empleo, pero sin duda es una ocupacion.

En las calles, la vida se transformaba aceleradamente. El centro de la ciudad, libre de la sensacion de peligro, comenzo a florecer de nuevo. Fue una pauta general en casi todas las demas ciudades de los Estados Unidos, pero el avance de Nueva York iba muy por delante de cualquier otra ciudad del pais. Para los que viviamos ahi, el cambio era esplendido. Salimos de nuestras pequenas fortalezas y escondrijos, parpadeando por la luz del sol. Habia terminado el estado de sitio.

V. MI OTRA CIUDAD

Seria un imbecil pretencioso si dijera que la experiencia de Nueva York se puede repetir en la otra ciudad de mi corazon. Nueva York y la Ciudad de Mexico tienen muchas cosas en comun: una poblacion muy numerosa, un ingreso permanente de recien llegados, un lado oscuro que quiza nunca se ilumine por completo. Pero ninguna ciudad es identica a otra. Cada una tiene sus pautas historicas secretas, su geografia y sus mitos. Cada una vive su realidad economica. Todas tienen un medio ambiente distinto. Pero el ejemplo de Nueva York ofrece una gran experiencia: nunca hay que perder la esperanza.

La esperanza podria ser el meollo del asunto. Si se ama un sitio tan complicado como una ciudad, la esperanza misma podria parecer irracional. Pero como dijo alguna vez Jack Maple: "las personas razonables no transforman el mundo; el mundo lo han modificado las personas insensatas, porque con audacia se obtienen resultados acertados". Insensato significaba para el fijarse objetivos que casi todos descartarian por parecer imposibles. Si se espera hacer un jonron, a lo mejor se logra un doble. No es poca cosa. Pero se necesita un acto secreto de fe, una confianza sensata y cierto sano escepticismo. Hace mucho tiempo, Antonio Gramsci, el escritor comunista italiano, utilizo una expresion que todavia puede servir para cualquier poblador de una ciudad moderna: "Optimismo de la voluntad, pesimismo de la inteligencia".

Hay que ser optimistas para lograr cambiar las cosas para bien. La inteligencia murmura: esto nunca va a funcionar. Pero el colectivo urbano tiene que contestar: podria funcionar. En cualquier caso, hay que intentarlo. Es demasiado facil huir y abandonar. Hay que unirnos a Sisifo, empujar la roca montana arriba, sabiendo que va a rodar hacia abajo. Solo el cinico total, o

los que carecen de fe, dejarian de intentarlo.

Ahora todas las noches, mientras camino por las calles de Nueva York, pienso en la Ciudad de Mexico de cuando yo era joven. Tengo un nieto de un ano de edad. Quisiera que algun dia conociera la Ciudad de Mexico como era antes. Quiero que camine de noche por el Paseo de la Reforma, de la mano de una chica, comiendo un helado. Quiero que escuche la musica salir de las cantinas y que entre, diga buenas noches y pida una cerveza. Quiero que camine por Avenida Juarez a cualquier hora del dia o de la noche, y vea a las mujeres con sus hombres salir de los nuevos hoteles, y las librerias llenas de estudiantes mirando los libros, y una muchedumbre salir mas noche de un concierto en el Palacio de Bellas Artes, comentando la musica y no hablando de asesinatos. Quiero que camine por Lazaro Cardenas sin miedo, sabiendo que su abuelo camino por ahi una vez cuando esa calle se llamaba San Juan de Letran, y que vaya a Garibaldi y entre al Tenampa a escuchar una interpretacion de "Anillo de compromiso". Quiero que entienda el valor, la dignidad y la honestidad del mexicano comun y corriente. Si se pierde, quiero que le pregunte a un policia como orientarse sin temer por su vida. Carajo, quiero que todos los mexicanos tengan de nuevo esa ciudad, los ricos y los pobres, los jovenes y los viejos, y si, quiero que tambien la tenga mi nieto.

No es insensato esperarlo, y no es un cuento nacido de la nostalgia. Crei que mi Nueva York se habia acabado para siempre, y me equivoque. Los hombres de voluntad, honestos y valientes, pueden cambiarlo todo. Vuelve a ser tu, Mexico, mi ciudad perdida. Nosotros, tus hijos, te estamos esperando.

-- Traduccion de Rosa Maria Nunez

1 George L. Kelling y Catherin M. Coles, Fixing Broken Windows: Restoring Order and Reducing Crime in Our Communities, Simon and Schuster, 1996.

2 William Bratton y Peter Knobler, Turnaround, Random House, 1998.
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Title Annotation:TA: Mexico, New York; TT: Tales of two cities.; Mexico, New York
Author:Kelling, George L.; Coles, Catherin M.
Publication:Letras Libres
Date:May 1, 1999
Words:9325
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