Printer Friendly

Glocalidad y reforma agraria: ?de nuevo el problema irresuelto de la tierra?

Resumen

"Reforma agraria" fue una expresion magica en el mundo del desarrollo rural latinoamericano durante decadas. En los ultimos veite anos, sin embargo, se la ha considerado como un tema inviable en los escenarios de la globalizacion. El objeto del ariculo es, no tanto proponer un balance exhaustivo de lo que supuso la era reformista, como senalar sus "luces" (su contribucion a la modernizacion de las estructuras agrarias) y sus "sombras" (la situacion en que quedo un porcentaje significativo de la poblacion campesina). Mas alla de las interpretaciones convencionales, se pone enfasis en la importancia de analizar algunos de los efectos nunca previstos --sobre todo en el ambito de la redefinicion de los actores sociales-- y traer a colacion que de retorico y que de razonable hay en el argumento del obsoletismo de este tipo de medidas redistributivas, mas en un horizonte en que instituciones como el Banco Mundial estan empezando a revisar la propia nocion de reforma agraria como estrategia plausible de cara al futuro inmediato.

Palabras clave: Reforma agraria, campesinado, movimientos sociales, globalizacion.

Abstract

During decades, "Agrarian reform" was a magical expression in the world of Latin American rural development. Anyway, the last twenty years have seen how the concept has been increasingly considered a flawed path in the scenarios of globalization. This article doesn't seek to make a complete balance or the reformist era, but it pretends to show its "lights" (its contribution to the modernization of agrarian structures) and its "shadows" (the negative outcome for a representative number of peasants). Beyond conventional interpretations, it wants to stress the importance of analysing some of its unexpected effects, related overall to the definition of social actors and actresses. This is particularly necessary to state how much reasonable is the dismissing as obsolete of the distributive measures implied by the concept, and to discuss to which extent this disqualifying discourse can be just a rhetoric hiding unsaid interests. The subject has regained pertinence when institutions as the World Bank are beginning to review the notion of agrarian reform as a feasible strategy in an immediate future.

Keywords: Agrarian reform, peasantry, social movements, globalization.

**********

En los ultimos anos, son numerosas las voces que estan llamando la atencion sobre las implicaciones de la globalizacion en el mundo rural. Implicaciones que tienen que ver con la misma redefinicion de la nocion de "ruralidad" y, naturalmente, con los desafios que suponen y las sinergias que desatan --en casos como los de America Latina-- en el seno de una agricultura familiar sometida a un alargamiento sin precedentes de su hinterland. Recientemente, Luciano Martinez (2004) ha senalado en este sentido como la economia campesina ha dejado de ser parte de "una sociedad eminentemente local para pasar a pertenecer a un espacio mas amplio que pertenece a la dimension mezo o regional y se encuentra en proceso de vincularse con la dimension mas macro o global". Es ahi donde se puede hablar de glocalidad, pues "el nivel local ya no es autosuficiente", en tanto inserto "en una dinamica mas larga, mas amplia, determinada por dinamicas externas que ejercen una situacion de dominacion estructural sobre la primera" (2004:3). En realidad, ese proceso de glocalizacion viene de lejos, y en su conformacion ha jugado un rol protagonico el aparato del desarrollo --desde las financieras multilaterales hasta las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y las agencias ministeriales estatales-- por la tenacidad de sus intervenciones en aras de la modernizacion y la adecuacion de los campesinos a los parametros de las economias emergentes: si en los sesenta y setenta se insistia en la indispensabilidad de su integracion en las estructuras economicas nacionales, de los ochenta en adelante se priorizara, en el mejor de los casos, la busqueda de vias de insercion a un escenario global cada vez mas interconectado y desprotegido.

Durante decadas, "reforma agraria" fue una expresion magica en ese mundo del desarrollo. Eran los anos del desarrollismo cepalino, cuando se aseguraba por activa y por pasiva que la transformacion profunda de las estructuras agrarias constituia una condicion sine qua non del despegue economico (muy al estilo rostowniano), pues facilitaria la capitalizacion y adecuacion del campesinado a la coyuntura expansiva y reforzaria colateralmente la cohesion de unas sociedades inmersas en un proceso de construccion nacional en muchos casos hoy todavia inconcluso. Tras el colapso de ese modelo y el advenimiento del neoliberalismo como nuevo dogma de fe, la reforma agraria se esfumo de la arena politica, pasando a ser considerada como un tema obsoleto e inviable en el contexto de la globalizacion.

A tenor de estas consideraciones, en estas paginas quiero sugerir algunas lineas de reflexion, mas alla de las interpretaciones convencionales, sobre los efectos nunca previstos de las medidas reformistas --en el ambito de la redefinicion de los actores sociales en regiones de alta densidad indigena, por ejemplo, y la Sierra ecuatoriana es buena muestra de ello-- y llamar la atencion sobre la reaparicion actual (aun timida) de la reforma agraria en la agenda de las organizaciones sociales (con mayor o menor fuerza, segun el caso) y su regreso a la palestra del debate academico --en buena hora-- al tiempo que instituciones tan emblematicas como el Banco Mundial parecen revisar su ideario al respecto. Subrayo, en suma, la importancia de releer la reforma agraria treinta anos despues: releerla en toda su complejidad historica como una herramienta de comprension de la realidad; y releerla tambien como parte de un camino de busqueda de alternativas para los pequenos productores rurales glocalizados.

La reforma agraria en America Latina: ?historia de un fracaso?

La apuesta en favor de la induccion de reformas agrarias como pilar de una estrategia general de desarrollo industrialista hacia adentro, reiterada sin solucion de continuidad para la America Latina del tercer cuarto del siglo pasado por los grandes organismos internacionales, debe ser entendida en el marco de las teorias economicas al uso sobre la modernizacion de los paises dependientes (1). La reforma, se argumentaba, constituia un requisito institucional previo de cara a estimular dicha modernizacion. A traves de la reasignacion del factor tierra, habrian de mejorar los indices de produccion agraria, condicion necesaria para acelerar el crecimiento economico: "la nueva fuerza de trabajo urbana debe ser alimentada, las importaciones de alimentos deben mantenerse bajas, y las exportaciones deben aumentar para financiar las inversiones de capital desde el exterior" (Barraclough 1965:138). La reforma posibilitaria asi equilibrar la distribucion de los ingresos, elevando los niveles de consumo de las masas campesinas, dinamizando el mercado interno y aportando vias de integracion a los sectores mas excluidos del tejido social a traves de su conversion en propietarios agricolas, aspecto este especialmente relevante en aquellos paises con elevados porcentajes de poblacion indigena y campesina economicamente marginal.

Las transformaciones agrarias de esa epoca, sin embargo, no solieron estar a la altura de las expectativas sociales despertadas. Mas todavia: muchas veces las reformas contribuyeron mas bien a estabilizar y reforzar --o en su caso redefinir-- las estructuras asimetricas preexistentes. Bien fuera por la timidez de las iniciativas redistributivas, por su deliberada tergiversacion o por la puesta en funcionamiento de verdaderas contrarreformas agrarias tras avances mas o menos significativos de la equidad (es el caso de Guatemala a partir de 1954 o el de Chile tras el golpe de 1973), el caso es que el sector no reformado de la agricultura mantuvo las mejores tierras y acaparo la mayor parte de los servicios (como credito, infraestructura o riegos) destinados al agro. Los cambios inducidos, pues, no siempre incrementaron el consumo ni el mercado interno, y el vigoroso desarrollo de las grandes unidades capitalizadas termino limitando las perspectivas economicas de un subsector campesino nuevamente relegado. Podria afirmarse en trazo grueso que las reformas sirvieron para adecuar las estructuras agrarias a los requerimientos del desarrollismo periferico del momento: eso significo liquidar las relaciones de produccion "precarias" ("pre-capitalistas", en la literatura de la epoca), consolidar mercados de trabajo tipicamente capitalistas, fomentar la mercantilizacion de las economias campesinas y facilitar la generalizacion selectiva del paquete tecnologico de la revolucion verde. Actuaron, paradojicamente, como correa de transmision de lo que, con mucho acierto, Jaques Chonchol (1996) califica como la "modernizacion conservadora y excluyente" de los sistemas agrarios latinoamericanos.

Con todo, mas alla de sus limitaciones y de las criticas que les son imputables, la era reformista si estimulo en conjunto la estabilidad de la agricultura familiar, ya que supuso un "avance" del campesinado en terminos de superficie y presencia social (Ortega 1986) (2). Piensese que, al menos formalmente, las tierras redistribuidas solian ser inembargables e inalienables y que, en casos emblematicos como los de Mexico o Bolivia, la reforma plasmaba un cierto pacto entre el Estado y las organizaciones campesinas; pacto que coadyuvo a mantener un tenue clima de paz social en el medio rural o, cuando menos, facilito encauzar hacia andariveles manejables la conflictividad desatada alrededor de la lucha por la tierra. Tambien debe hacerse la lectura contraria, en el sentido de que el incumplimiento de ese pacto por parte del Estado ha generado a menudo un agudizamiento de las contradicciones y no pocos estallidos violentos (Kay 2001). La fiebre reformista alento con frecuencia el fomento de redes clientelares, aumentando la presencia gubernamental en el agro y, a traves de ella, dificultando la unidad de accion del campesinado (3). Las familias beneficiarias --ha senalado Grindle--, "se convirtieron en una clientela estable y dependiente de las agencias de reforma agraria, de unos especificos partidos politicos y del mismo Estado" (1986:160). De este modo, las reformas fueron utiles para las elites nacionales: prueba de ello es su permanencia hasta entrados los noventa como una parte del aparato legal e institucional del mismo Estado.

Del obsoletismo del reparto a la "nueva ruralidad"

La praxis neoliberal se concreto en la region de la mano del Consenso de Washington y de la consiguiente puesta en funcionamiento de tres grandes lineas de actuacion, en lo que al sector agropecuario y a las areas rurales se refiere: la liberalizacion y la desregulacion de mercados de productos e insumos antano protegidos; la liberalizacion del mercado de tierras --lo que supuso el fin del mencionado pacto del Estado con el campesinado--; y la substitucion paulatina y definitiva del paradigma de la reforma agraria por el del desarrollo rural integral (DRI). Dicha substitucion, mas trascendente de lo que pudiera parecer a simple vista, implico el abandono de la pretension de una transformacion global y estructural del sector agrario en aras de una intervencion parcial y circunscrita a determinados grupos de productores (se privilegio el trabajo con campesinos viables o potencialmente viables, excluyendo de facto a los mas pobres), abriendo de esta manera una puerta a la posibilidad de privatizar y externalizar las intervenciones en materia de desarrollo en un escenario general de replegamiento del Estado. Esto es al menos lo que se desprende de un somero analisis de lo que ha significado la praxis del desarrollo en el medio rural durante las ultimas dos decadas del siglo XX; una praxis marcada por grandes tendencias que, en mi opinion, pueden sintetizarse de la siguiente manera:

El abandono del tema --hasta entonces Prioritario-- de la distribucion de la tierra. En nombre del desarrollo rural, y asumiendo tacitamente el fin del ciclo reformista, casi todas las intervenciones han terminado eludiendo esta cuestion: los proyectos DRI, pioneros de la nueva coyuntura, ni siquiera lo mencionaban, pues la consideraban (por activa o por pasiva) como un asunto obsoleto y anticuado.

La proliferacion de nuevos agentes, muchos de ellos de caracter privado (ONG), que van a ser los responsables de implementar los proyectos concretos y substantivos sobre el territorio, llenando el vacio dejado por los poderes publicos, actuando como eslabones intermedios de la "cadena de la ayuda" (So g g e 2004) y consolidando nuevas formas de cooptacion y clientelismo (Breton 2002).

Una enorme dispersion y fragmentacion paradigmatica, pues hay tantos paradigmas de intervencion como agentes interviniendo. Ni que decir tiene que esta situacion ha generado ingentes problemas de competencia entre las agencias de desarrollo, de yuxtaposicion de iniciativas y de incapacidad, en ultima instancia, para negociar una minima agenda comun de prioridades que atender.

Relacionado con lo anterior, una sucesion y caotica convivencia de "modas" y "vaivenes" en las conceptualizaciones de lo que "debe ser" el desarrollo rural. Modas y vaivenes --desde el etnodesarrollo o desarrollo con identidad hasta el capital social, la sostenibilidad, la descentralizacion o el enfoque de genero-- que, al tiempo que fragmentan la realidad social, impiden acometer algunos de los problemas (irresueltos) que condicionan el devenir de las areas rurales (y urbanas) (4).

De la mano de las politicas neoliberales se ha incrementado la brecha de la exclusion y la pobreza; fenomeno que tiene mucho que ver con la permanencia de problemas estructurales --y el de la inequitativa distribucion de la tierra es uno de ellos-- que, ademas de alimentar numerosas espirales de violencia, situan a los pequenos productores en una posicion desventajosa frente a los desafios impuestos por la globalizacion neoliberal y uno de sus corolarios, la desestatalizacion (traducida en este ambito en la ausencia de politicas agrarias estatales).

Ante esta situacion, y muy en consonancia con el espiritu del Post-Consenso de Washington y su enfasis en explorar las vias para conseguir un "ajuste con rostro humano", en los ultimos anos se esta consolidando lo que podria ser el preludio de un paradigma interpretativo de esa nueva ruralidad: el desarrollo rural territorial. Se trata de una concepcion que, partiendo de la consideracion de los desafios que la globalizacion impone a las respectivas estructuras agrarias locales y regionales, y asumiendo la evidencia de la glocalidad como caracteristica definitoria de ese escenario a nivel microsocial, recoge algunas de las aportaciones teoricas mas significativas y recientes --de las modas, en definitiva-- a fin de intentar brindar una imagen articulada, poliedrica y holistica de la compleja y mudable realidad rural latinoamericana. Es en ese contexto donde el tema de la reforma agraria ha sido "desenpolvado" y traido nuevamente a la palestra del debate academico y politico, hecho en si mismo significativo y remarcable.

Son ya abundantes, en efecto, los documentos --oficiales u oficiosos-- en que se reconoce explicitamente el fracaso de muchas de las medidas tomadas al palio del Consenso de Washington, puesto que han incrementado la distribucion asimetrica de la riqueza y la renta, limitando en ultima instancia las posibilidades de crecimiento del conjunto de la region (Banco Mundial 2002). En esa polarizacion asimetrica, la cuestion de la tierra ocupa todavia un lugar central, pues los procesos de reconcentracion han sido de tal magnitud en la ultima decada (5), que en muchos paises --y el Ecuador es uno de ellos-- los indices de Gini de la propiedad se situan ya en valores proximos o incluso superiores a los existentes antes del inicio de las reformas agrarias. Con todo, y aun reconociendo que el problema de las reformas "clasicas" es la forma en que se lleva ron a cabo y/o el hecho de que quedaran inconclusas --aspecto este que marc a un punto y aparte en relacion a las tesis del "fracaso" y el obsoletismo dominantes hasta hace bien poco--, se continua insistiendo en que debe ser el mercado quien debe reasignar el factor tierra. Es decir, que la nueva economia institucional parece empenada en circunscribir el problema al funcionamiento irregular de los mercados, enfatizando la necesidad del fortalecimiento de las instancias de intermediacion unicamente como mecanismo capaz de corregir dicha anomalia.

Un buen ejemplo de esta postura oficialista lo encontramos en las reflexiones de Frank Vogelgesan de la CEPAL (Comision Economica para America Latina y el Caribe), autor que plantea que, dado que el medio rural se caracteriza por la presencia de mercados imperfectos, informacion asimetrica e incertidumbre --observese la huella sui generis de Stiglitz-- y que, ademas, "el comportamiento economico esta generalmente guiado por la logica de la unidad campesina, que difiere marcadamente de la manera en que opera la agricultura convencional" (?regreso, en plena glocalizacion, a planteamientos idealizados de corte chayanoviano?), resulta que "ningun regimen de derechos de propiedad [puede ser] universalmente valido", de donde se desprende que "las complejidades de los mercados de tierras rurales tienen que ser consideradas en el diseno de politicas efectivas", cosa que no habia sucedido en el proceso de aplicacion de un mismo modelo de reforma de la reforma (contra-reforma neoliberal) a contextos significativamente heterogeneos. De ahi --concluye este autor-- la pertinencia de un enfoque neoinstitucional (Vogelgesang 1998:20).

Siguiendo otra linea argumental (aunque convergente con la anterior), hay quienes responsabilizan del fracaso de las medidas liberalizadoras a su caracter contradictorio y parcial. Es el caso de Arturo Warman, uno de los art ifices del controve rtido giro de la politica agraria mexicana a inicios de los noventa; giro que --via reforma constitucional-- sirvio de punto de referencia, entre otros, a los paises andinos. Para Warman, el modelo "quedo a medio camino entre la inercia y la reforma", puesto que "el aparato institucional y su burocracia no han seguido el ritmo de las nuevas normas legales ni se han adaptado al espiritu de la reforma" (Warman 2003:94). Tanto desde el prisma de un organismo internacional (Vogelgesang) como desde el de quien tuvo responsabilidades de gestion (Warman), el caso es que nunca se cuestiona la bondad intrinseca de las medidas neoliberales sino, en todo caso, el como se ha intentado llevarlas adelante y el peso de las inercias heredadas.

La necesidad de repensar la reforma agraria y el papel del Estado

Desde el punto de vista de la hipotetica inclusion de los campesinos pobres deshauciados en nombre de la competitividad, algunos analistas llaman la atencion sobre la necesidad de impulsar, dadas las circunstancias, una nueva legislacion sobre la tenencia de la tierra; de redefinir el papel de los poderes publicos, abogando por un "rol proactivo del Estado, sobre todo en la politica de precios y la proteccion del mercado interno" (Martinez 2004:9); y de consolidar, como consecuencia de todo ello, mercados agricolas regionales (a cuyo afianzamiento deberian contribuir los procesos de integracion tipo Mercosur o Pacto Andino). Repensar la reforma agraria y el Estado en la coyuntura actual se nos antoja, asi, una tarea pertinente y necesaria de cara al diseno de posibles lineas de actuacion en el futuro. Una tarea, por otra parte, que bien pudiera articularse alrededor de varios grandes ejes tematicos:

La revision de lo que significo el proceso reformista desde la perspectiva de las transformaciones sociales y politicas de la America Latina contemporanea. Decimos esto porque la inmensa mayoria de la literatura disponible sobre el tema se limita a realizar balances de las variables estrictamente economico-productivas --labor por otra parte ineludible como punto de partida interpretativo--, aunque la reforma agraria fue mucho mas alla de todo eso. De alguna manera --y parafraseando lo afirmado por Rodrigo Montoya (1992) para el caso peruano-- es como si las reformas agrarias hubieran roto un dique enorme --en el mundo andino, el de la dominacion hacendataria secular--, provocando un desembalse inmenso, inconmensurable, cuyas consecuencias de todo orden --politicas, culturales, sociales, simbolicas, pero tambien economicas-- todavia no hemos aprehendido en toda su magnitud y complejidad.

Un tema basico, en este sentido, es el del devenir de los "nuevos movimientos sociales" que, surgidos basicamente en los intersticios de la ruralidad, dificilmente son interpretables sin tener en consideracion la significacion profunda de las reformas agrarias y la dinamica que estas acarrearon en la intermediacion del Estado con los campesinos (Veltmeyer 1997, Petras y Veltmeyer 2003). Un ejemplo emblematico lo encontramos justamente en la articulacion del movimiento indigena de los Andes ecuatorianos, referente donde los haya en la literatura especializada del resurgir de la indianidad en America Latina. Los procesos alli desencadenados a partir del desmoronamiento del regimen gamonal, de la eliminacion de las relaciones de produccion precarias --que encontraban en los huasipungos su maxima expresion-- y del establecimiento de un nuevo marco de relaciones con el Estado marcaron, definitivamente, un antes y un despues que esta en la base de la extensa redefinicion de los campesinos como indigenas, asi como de la consolidacion de un solido andamiaje organizativo en el medio rural (Guerrero 1993 y 2000); andamiaje en cuyo fortalecimiento jugaron a posteriori (ya en los anos ochenta y noventa) un rol fundamental las agencias de desarrollo estatales y privadas y que hasta el dia de hoy es, para estas, objeto preferido de experimentacion de las mas sofisticadas modas en materia de de intervencion socioeconomica sobre la realidad indigeno-campesina (6).

Siguiendo con esta linea argumental, resulta indispensable analizar y explicar por que en la inmensa mayoria de esas plataformas organizativas no se aborda de manera clara, explicita y prioritaria el tema de la reforma agraria (7). Es evidente que por debajo de las demandas de caracter estrictamente etnico e identitario subyacen reividicaciones que tienen que ver con el caracter rural de una parte importante de las bases sociales que dan soporte y aliento a esos movimientos. Pero resulta cuanto menos sorprendente que, ante los importantes procesos de reconcentracion de la tierra experimentados en los ultimos anos, esta cuestion no haya trascendido (mas alla de un modesto segundo plano) en la articulacion de los discursos y en la publicitacion de estos de cara a la intermediacion con las agencias de desarrollo. No deja de ser chocante esta situacion si tomamos en consideracion, en perspectiva temporal, lo importante que fueron las propias reformas agrarias como hito que rompio con una situacion y abrio las puertas a la consolidacion de nuevas y potentes formas de aglutinar la accion colectiva del campesinado.

?Tiene alguna relacion la predileccion mostrada por el aparato institucional del desarrollo por privilegiar la etnicidad como elemento de discriminacion positiva a la hora de canalizar sus intervenciones en el medio rural con la mencionada subordinacion del discurso campesinista / clasista por parte de los nuevos actores indigenas? En trabajos anteriores hemos tenido ocasion de constatar, para los Andes ecuatorianos, la correlacion existente entre el volumen de los proyectos (e inversiones) y la presencia de contingentes de poblacion indigena (Breton 2001 y 2002), fenomeno que esta naturalmente relacionado con el vigor y la capacidad de movilizacion mostrada por las organizaciones etnicas. Ahi queda, por ejemplo, la apuesta de organismos como el Banco Mundial a favor de los pueblos y nacionalidades indigenas; apuesta que puede ser interpretada en terminos del proyecto cultural --que si existe-- del neoliberalismo: como certeramente recuerda Willem Assies (2000:10), este ultimo trasciende en America Latina a las politicas economicas estricto senso, englobando medidas como el reconocimiento (incluso constitucional) de algunos derechos culturales de las minorias etnicas --aquellos que no ponen en entredicho el nucleo duro del patron de acumulacion-- y en el rechazo mas o menos explicito del resto (Hale 2003). Optar como se ha hecho por la via proyectista (esto es, por circunscribir el quehacer de las agencias de desarrollo --de todas ellas, publicas y privadas-- a las intervenciones concretas y substantivas --los proyectos convencionales, con todas sus limitaciones de alcance social y espacial--, dejando de lado el abordaje de cuestiones como la transformacion de las estructuras economicas y de poder) se mostro funcional con la asuncion --por parte de todos, de los donantes y de los beneficiarios de las inversiones-- de determinadas demandas de caracter etnico e identitario (en si mismas importantes, aunque insuficientes desde el punto de vista de la pobreza rural), al tiempo que facilito el archivamiento paralelo de reivindicaciones economicas mas profundas.

La revision historica del papel que jugo el Estado en el ciclo reformisma es, por lo dicho anteriormente, fundamental. Como entender la reforma agraria desde el punto de vista de la presencia del Estado y los poderes publicos en las areas rurales (que significo en el pasado y que podria llegar a significar --si es que ello es posible-- en los deseables escenarios de la integracion regional); que sentido tiene en el discurso y las demandas de los movimientos sociales y que potencialidades tendria desde la optica de generar procesos reales de distribucion de la renta y de mejora de las condiciones de vida de los sectores mas desprotegidos del medio campesino. Lejos de reivindicar, sin mas, una reedicion de los modelos obsoletos del pasado, es menester abrir una linea de reflexion sobre como tiene que plantearse una nueva reforma agraria que, asumiendo los desafios que comporta la globalizacion neoliberal, permita contrarrestar el discurso neoinstitucional en que se fundamenta la aproximacion al tema del Banco Mundial y otros organismos.

Estas inquietudes, desde luego, no son nuevas. Tal como lo han ido planteando autores como Plaza (1995), Rosenthal (1994), o Murmis (1994), entre otros muchos, se trataria de buscar vias de salida para las masas de excluidos de la nueva modernizacion del agro latinoamericano; salidas que pasan por estrategias de viabilizacion de las explotaciones familiares en el contexto del neoliberalismo. Son interesantes en esta linea las propuestas (escasamente atendidas, dicho sea de paso) articuladas por la misma CEPAL en los primeros anos noventa (1990 y 1993) en torno a la transformacion productiva con equidad. Ahi la Comision se inclinaba ya a incorporar parte de los enfoques procedentes de la orientacion neoliberal (la inevitabilidad de la globalizacion y todo lo que ello comporta), e intentar encajarla en un paradigma preocupado por los sectores sociales desprotegidos. Este planteamiento de corte neoestructuralista suponia una cierta revalorizacion de la actuacion estatal como garante del achicamiento de la brecha social, a la vez que apostaba por un mercado interno capaz de incentivar el crecimiento y por la puesta en marcha de medidas redistributivas del ingreso, aunque moderadas y restringidas a los mas necesitados. El enfasis puesto en no salir del ambito de lo politicamente correcto (que acostumbra a identificarse sencillamente con lo posible) advierte, sin embargo, del riesgo de este tipo de proposiciones. Es cierto que su clave de boveda es la nocion de que los productores marginales pueden ser incorporados al proceso de desarrollo siempre y cuando existan condiciones favorables a su participacion y a que esa participacion se canalice en actividades viables (Sunkel 1993). No es menos cierto, sin embargo, que la solucion con mayusculas para estos excluidos implica la urgente satisfaccion de demandas de mas hondo calado (Veltmeyer y O'Malley 2001). Es indispensable retomar con seriedad la oferta de oportunidades en el medio rural, tema que pasa, se quiera ver o no, con la candente cuestion del acceso a la tierra.

Ademas de indispensable, la tarea es urgente, habida cuenta el escenario de relaciones de poder en que se desenvuelven estos procesos. Retoricas aparte, y mas alla de lo que pueda implicar la profundizacion de la via mercantilista priorizada por el establisment financiero en nombre de una nueva reforma agraria para el mundo en desarrollo, lo cierto es que los subsidios agricolas previstos en los Estados Unidos para el periodo 2003-2009 seran superiores en un 80% a la media del intervalo 1996-2002 y que el promedio del 54% del precio de los productores de la Union Europea esta todavia respaldado con las ayudas gubernamentales (Jordan 2003:34). Si a eso anadimos el impacto que previsiblemente tendra --en caso de culminar el actual proceso negociador bilateral entre los Estados Unidos y cada pais-- la consolidacion de facto de una unica gran area de libre comercio en las Americas, el panorama se ensombrece en terminos de (in)seguridad alimentaria, en terminos de dependencia y, por supuesto, en terminos de descomposicion social y economica de buena parte de las areas rurales de America Latina (8). La articulacion de espacios economicos regionales y supranacionales --a modo de contra-hegemonia territorial, si se quiere--, la redefinicion del papel de los poderes publicos --ese rol pro activo del Estado a que alude Luciano Martinez-- y, en base a este, la puesta en marcha de medidas que garanticen el acceso de los pequenos productores a los medios de produccion, al capital, a la informacion y a los mercados --a unos mercados glocales donde aquellos si tengan un espacio-- son, pues, aspectos que convendria considerar seriamente si no se quiere alcanzar el escenario de "tierra arrasada" a que parece conducir el actual modelo imperante.

(1) La cuestion de la tierra, que ya habia sensibilizado a la region a causa de la experiencia de Mexico (especialmente durante el cardenismo) y, con posterioridad, de la de Bolivia (1952) y Guatemala (1952), se reavivo con la revolucion cubana, con el agravamiento de las tensiones en el medio rural y con la presion que la administracion norteamericana ejercio a fin de instrumentar medidas que conjurasen el peligro revolucionario. De ahi la inusitada promulgacion de leyes reformistas durante ese periodo: no en vano la reforma agraria era, por aquel entonces, una "condicion indispensable para contar con la ayuda economica de los Estados Unidos e inclusive de los organismos financieros internacionales" (Chonchol 1996:266).

(2) A pesar de que la casuistica es muy amplia, es recurrente la constatacion (por otra parte logica) de una relacion directa entre la magnitud de las incautaciones y el volumen de poblacion beneficiado por los repartos. Asi en Bolivia, donde la reforma alcanzo entre 1953 y 1977 al 83,4% de la superficie agricola y forestal del pais, se asigno tierra al 74,5% del campesinado. De igual manera Mexico y Peru, con un monto de tierras reformadas sobre el 40% del total, dotaron respectivamente al 43% (hasta 1970) y al 30% (hasta 1982) de sus explotaciones familiares (Dorner 1992). Mucha tierra redistribuida, por otra parte, no significa necesariamente buena tierra, de ahi los limites de las reformas en lo que atane a la reduccion de la pobreza rural. Las medidas de reparto, ademas, no solieron verse acompanadas de apoyos complementarios que permitieran reorganizar adecuadamente la pequena produccion agropecuaria (Marquez 1983:32-33).

(3) En el caso ecuatoriano, la reforma agraria desarrollada al amparo de las leyes de 1964 y 1973 redundo en una ampliacion de la superficie agropecuaria del pais del orden de cuatro millones de hectareas hasta 1984. Esa ampliacion sirvio para aliviar la presion sobre la tierra en la Sierra y se fundamento en el desmonte y posterior colonizacion de la costa noroccidental y de algunas partes de la Amazonia: de hecho, el porcentaje de entregas del Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonizacion (IERAC) en regimen de reforma agraria estricto senso no llego al 30% de las adjudicaciones (estimaciones para la decada de 1980), cuyos casi dos tercios (el 71,5 %) procedian de la ocupacion del tropico y subtropico. Si a eso anadimos que el tamano promedio de los lotes era considerablemente mas grande en los territorios colonizados (habitualmente por encima de las 30 hectareas) que en las antiguas haciendas redistribuidas (pocas veces superaban las 15-16 hectareas), salta a la vista la estrechez de la reforma desde la optica de la redistribucion real de la p ropiedad y la riqueza (Chiriboga 1987, Barsky 1988). El IERAC desmovilizo al campesinado a traves del fomento de la colonizacion y del acceso a la propiedad de los precaristas serranos; acelero los procesos de disolucion y posterior redistribucion de aquellas haciendas incapaces, por las razones que fuera, de adecuarse a las necesidades modernizantes impuestas por la coyuntura; pero garantizo la reconversion sobre las mejores tierras de buena parte de las antiguas haciendas andinas en unidades capitalizadas y orientadas al mercado urbano interior o a la exportacion.

(4) Ver Fine, Lapavitsas y Pincus (2001). Circunscritos al ambito del Ecuador resultan de interes, para cada uno de los diferentes temas, las aportaciones de Martinez Valle (1999, 2003), Breton (2005) y Cuvi, Ferraro y Martinez (2000), entre otras.

(5) Desde la puesta en marcha de las "contrarreformas" neoliberales (Mexico en 1992, Peru en 1993, Ecuador en 1994, Bolivia en 1996) que, en teoria, iban a dinamizar los mercados de tierras, incentivar la inversion de capital privado en el sector y mejorar su situacion relativa de cara a su competitividad en un mundo cada vez menos regulado desde los Estados nacionales.

(6) Estoy pensando por ejemplo en el Proyecto de Desarrollo de los Pueblos Indigenas y Negros del Ecuador (PRODEPINE), auspiciado por el Banco Mundial y que de 1998 a 2004 constituyo el intento mas ambicioso a escala continental de aplicacion sobre el terreno de las nociones de capital social y de etnodesarrollo (Breton 2005).

(7) Una notable excepcion a esta tendencia es, a escala continental, el Movimiento de los Sin Tierra brasileno.

(8) Manuel Chiriboga pronosticaba para Ecuador un efecto neutro del acuerdo de libre comercio en los productores de exportacion de banano, cacao y cafe; un efecto beneficioso en rubros como flores y algunos otros cultivos tropicales; un efecto previsiblemente perjudicial en especies que, pese a tener ventajas comparativas (caso de la palma aceitera) "estan sujetos a restricciones impuestas (...) por la presion de los productores de soya americanos"; y un efecto desastroso en items "donde hay un gran numero de productores y donde se emplean miles de ecuatorianos, hombres y muje res, como el arroz, la leche y la carne, los pollos, el maiz o la papa, para citar solo algunos". "Estos se han beneficiado hasta ahora del sistema arancelario, de acuerdos de absorcion de cosechas y de restricciones de diverso tipo a la importacion. ?Pueden estos productores competir en el contexto actual, si se eliminan tales sistemas? !La respuesta es decididamente No! Sus costos son mas altos que el de los competidores americanos, aun sin considerar los enormes subsidios que ellos reciben; no tienen un sistema de apoyo tecnologico significativo y varios costos de produccion estan muy por arriba" (la cursiva es mia) (Chiriboga 2004:13).

Bibliografia

Assies, W., 2000, "Indigenous peoples and reform of the State in Latin America", en W. Assies, G. Van Der Haar, A. Hoekema, editores, The Challenge of Diversity. Indigenous Peoples and Reform of the State in Latin America. Thela Thesis, Amsterdam, pp. 3-21.

Banco Mundial, 2002, Llegando a los pobres de las zonas rurales. Estrategia de Desarrollo Rural para America Latina y el Caribe, Departamento de Desarrollo Ambiental y Socialmente Sostenible, Banco Mundial, Washington.

Barraclough, S., 1965, "?Que es una reforma agraria?", en O. Delgado, editor, Reformas agrarias en la America Latina, Fondo de Cultura Economica, Mexico, pp. 127-145.

Barsky, O., 1988, La reforma agraria ecuatoriana, Corporacion Editora Nacional, Quito.

Breton, V., 2001, Cooperacion al desarrollo y demandas etnicas en los Andes ecuatorianos. Ensayos sobre indigenismo, desarrollo rural y neoindigenismo, FLACSO-Ecuador y Universitat de Lleida, Quito.

--, 2002, "Cooperacion al desarrollo, capital social y neo-indigenismo en los Andes ecuatorianos", en European Review of Latin American and Caribbean Studies / Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, No. 73, pp. 43-63.

--, 2005, Capital social y etnodesarrollo en los Andes, Centro Andino de Accion Popular, Quito.

CEPAL, 1990, Transformacion productiva con equidad. La tarea prioritaria del desarrollo de America Latina y el Caribe en los anos noventa, Naciones Unidas, Santiago de Chile.

--, 1993, Poblacion, equidad y transformacion productiva, Naciones Unidas, Santiago de Chile.

Chiriboga, M., 1987, "La Reforma Agraria y la modernizacion en America Latina: nuevos actores, nuevos contenidos", en Coloquio Las Sociedades Rurales Hoy, Mexico, fotocopiado.

--, 2004, "Posibles efectos del TLC sobre el sector agropecuario del Ecuador", Proyecto CESA Comercializacion, Monitoreo TCL. CESA / COSUDE, Quito.

Chonchol, J., 1996, Sistemas agrarios en America Latina. De la etapa prehispanica a la modernizacion conservadora, Fondo de Cultura Economica, Santiago de Chile.

Cuvi, M.; Ferraro, E.; Martinez, A., 2000, Discursos sobre genero y ruralidad en el Ecuador. La decada de 1990, Consejo Nacional de las Mujeres, Quito.

Dorner, P., 1974, Reforma agraria y desarrollo economico, Alianza Editorial, Madrid.

Dorner, P., 1992, Latin American Land Reforms in Theory and Practice. A Retrospective Analysis, The University of Wisconsin Press, Madison.

Fine, B.; Lapavitsas, C.; Pincus, J. [Eds.], 2001, Development Policy in the Twenty-first Century, Routledge, Londres.

Grindle, M.S., 1986, State and Countryside. Development Policy and Agrarian Politics in Latin America, The Johns Hopkins University Press, Baltimore.

Guerrero, A., 1993, "La desintegracion de la administracion etnica en el Ecuador. De sujetosindios a ciudadanos-etnicos: de la manifestacion de 1961 al levantamiento indigena de 1990", en Sismo etnico en el Ecuador, CEDIME / Abya-Yala, Quito, pp. 91-112.

--, 2000, "El levantamiento indigena nacional de 1994: discurso y representacion politica, Ecuador)", en Boletin Americanista, No. 50, ano L, pp.124-151.

Hale, Ch.R., 2003, "Does Multiculturalism Menace? Governance, Cultural Rights and the Politics of Identity in Guatemala", Journal of Latin American Studies, vol. 34, pp. 485-524.

Jordan, F., 2003, Reforma agraria en Ecuador", Ponencia presentada al Seminario Internacional Resultados y perspectivas de las reformas agrarias y los Movimientos Indigenas y Campesinos en America Latina, Un i versidad Ma yor de San Andres, La Paz

Kay, C., 2001, "Estructura agraria, conflicto y violencia en la sociedad rural de America Latina", en Revista Mexicana de Sociologia, vol. 63, No. 4, pp. 159-195.

Marquez, V.B. De, 1983, Ciencia, tecnologia y empleo en el desarrollo rural de America Latina, El Colegio de Mexico, Mexico.

Martinez Valle, L., 1999), "La nueva ruralidad en el Ecuador", en Iconos. Revista de Ciencias Sociales, Flacso-Ecuador, No. 8, pp. 12-26.

--, 2003, "Capital social y desarrollo rural", en Iconos. Revista de Ciencias Sociales, Flacso-Ecuador, No. 16, pp. 73-83.

--, 2004, "Los limites de la agricultura campesina en la nueva ruralidad", Ponencia presentada al XXV International Congress of the Latin American Studies Association, Las Vegas.

Montoya, R., 1992, Al borde del naufragio. Democracia, violencia y problema etnico en el Peru, SUR Casa de Estudios del Socialismo, Lima

Murmis, M., 1994, "Incluidos y excluidos en la reestructuracion del agro latinoamericano", en Debate Agrario, No. 18, pp. 101-133.

Ortega, E., 1986, Agricultura campesina en America Latina y el Caribe, Division Agricola Conjunta CEPAL/FAO, Santiago de Chile.

Petras, J.; Veltmeyer, H., 2003, "The Peasantry and the State in Latin America: A Troubled Past, an Uncertain Future", en T. Brass, editor, Latin American Peasants, Frank Cass, London, pp. 41-82.

Plaza, O., 1995, "Desarrollo rural y desarrollo micro-regional", en Desarrollo rural en los Andes, CAAP, Quito, pp. 115-122.

Rosenthal, G., 1994, "Reflexiones sobre el pensamiento economico de la Comision Economica para America Latina y el Caribe, CEPAL)", en Pensamiento Iberoamericano, No. 24-25, pp. 9-18.

Sogge, D., 2004, Dar y tomar. ?Que sucede con la ayuda internacional? Icaria, Barcelona.

Sunkel, O., 1993, Development from Within: Toward a Neostructuralist Approach for Latina America, Lynne Rienner, Boulder.

Veltmeyer, H., 1997, "New social movements in Latin America: The dynamics of class and Identity", en The Journal of Peasant Studies, vol. 25, No. 1, pp. 139-169.

Veltmeyer, H.; O'malley, A. [Eds.], 2001, Trascending Neoliberalism. Community-Based Development in Latin America, Kumarian Press, Bloomfield.

Vogelgesang, F., 1998, "After Land Reform, The Market?", en Land Reform / Reforme Agraire / Reforma Agraria, 1998(1), pp. 20-34.

Warman, A., 2003, "La reforma agraria mexicana: una vision de largo plazo", en Land Reform / Reforme Agraire / Reforma Agraria, 2003(2), pp. 84-94.

Victor Breton Solo de Zaldivar

Universidad de Lleida, Espana. Investigador Asociado a Flacso-Ecuador

Email: Breton@hahs.UdL.es

Fecha de recepcion: marzo 2005

Fecha de aceptacion y version final: noviembre 2005
COPYRIGHT 2006 Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Ecudar (FLACSO-Ecuador)
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2006 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Solo de Zaldivar, Victor Breton
Publication:Iconos
Date:Jan 1, 2006
Words:7036
Previous Article:Lo global y lo local en el medio rural: presentacion del dossier.
Next Article:Charles Tilly, 2000 (1998) La desigualdad persistente.
Topics:

Terms of use | Copyright © 2018 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters