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Fundamento y principios que autorizan el derecho de la iglesia a los bienes temporales Del CIC 17 al CIC83.

Introduccion

El conjunto de la legislacion canonica actual goza, en general, de profundas modificaciones y de un alto grado de perfeccionamiento en la tecnica juridica, en comparacion con la variada y dispersa reglamentacion anterior (1). Sobre este punto existen, sin embargo, posiciones diversas; hay quien considera que aunque el conjunto de la ley actual de la Iglesia tiene un mejor esquema que el de la legislacion anterior, la actual no es una legislacion ordenada y sistematica, tal vez porque el legislador canonico al momento de crearla haya tenido otros intereses (2); otros afirman que el Codigo mantiene un esquema antiguo, desatendiendo propuestas mas novedosas (3); sin embargo, es propio asegurar que la legislacion actual no se trata solo una simple recoleccion y reformulacion de leyes ya existentes, sino de una organizacion legal cimentada sobre elementos legislativos objetivos que muestran el deseo grande de la Iglesia de ofrecer un instrumento legislativo propio y autonomo que permita tambien a las personas morales actuar de manera organizada con miras al logro de sus fines (4).

Tanto la legislacion canonica Pio-Benedictina como la actual contienen una reglamentacion para el tema de los bienes eclesiasticos el cual aborda diversos puntos, entre los cuales se encuentra el Fundamento de la Iglesia a los bienes temporales y los Principios que rigen sobre tales bienes, aspectos que constituyen el objeto del presente estudio.

1. Fundamento del derecho de la Iglesia a los bienes temporales

Legislacion Pio-Benedictina. El CIC17, c. 100 [seccion]1 determina que: "Catholica Ecclesia et Apostolica Sedes moralis personae rationem habent ex ipsa ordinatione divina [...]". En consecuencia, la Iglesia (5) y la Santa Sede (6), son personas morales (7) por la misma ordenacion divina y no por fuerza o reconocimiento del ordenamiento juridico humano. Su Fundador y la finalidad mayor de la salvacion de las almas, la hacen una realidad especial que, aunque juridicamente se halla incorporada al mundo, trasciende el ambito meramente juridico y, sin negar esta condicion tambien presente en ella, asume una personalidad moral (8) haciendose "una sociedad plenamente constituida, dotada por su propia naturaleza y fin, de la potestad de darse leyes y aplicarlas" (9), verdadero sujeto de derechos, organismo juridico unitario y autonomo, sociedad necesaria, perfecta, soberana, visible y jerarquica (10). Al respecto A. Mostaza senala que,
   Jesucristo, en efecto, fundo la Iglesia, no solo como corpus
   mysticum, meramente interno y espiritual, sino como sociedad
   externa y visible, a la que senalo un fin propio que ha de
   esforzarse en conseguir, con plena autonomia e independencia de
   todo poder humano. Ahora bien, entre los medios que la Iglesia
   necesita para el logro de sus fines figuran, aparte de los
   puramente espirituales (gracia, ii sacramentos, etc.) los bienes
   temporales (11).


De esta forma, el derecho divino es argumento suficiente para legitimar el derecho a la propiedad de la Iglesia. Ella, como sociedad, "tiende hacia un fin preciso, el cual, a pesar de ser espiritual y sobrenatural, se persigue a traves de las vicisitudes de este mundo en un ambiente y en unas circunstancias que, ademas de los medios puramente espirituales, exigen de los medios naturales" (12).

Pero ademas del derecho divino se puede tambien invocar el derecho natural que legitima el ejercicio de la propiedad privada; en tal sentido, "de la propia naturaleza, emerge el derecho que asiste a toda asociacion, con fines honestos y utiles, de adquirir y usar los bienes materiales que le son necesarios para alcanzar sus objetivos" (13). Si a la luz del derecho natural, la Iglesia, en cuanto asociacion humana, tiene derecho a la existencia, de este se deriva el derecho a poseer bienes temporales, puesto que el derecho de asociacion conlleva y supone la facultad correlativa de poseer y adquirir aquellas cosas que le son necesarias para que pueda existir la sociedad licita y honestamente constituida y pueda cumplir sus fines propios (14).

Legislacion actual. Al igual que en la legislacion anterior, el CIC actual senala el fundamento de la Iglesia a los bienes temporales. Al respecto, el c. 113 [seccion]1, acogiendo el c. 100 de la ley anterior, dispone: "Catholica Ecclesia et Apostolica Sedes, moralispersonae rationem habent ex ipsa ordinatione divina". De esta manera, la ley actual, asi como la anterior, al considerar la Iglesia Catolica y la Sede Apostolica (15) como conjunto personas morales por derecho divino, significa que su personalidad proviene de su misma naturaleza teologica, la cual la llama a ser signo visible y eficaz de la salvacion (LG 1), cuerpo mistico, conjunto organico de personas, es decir, universitas personarum (16).

Con este planteamiento, la Iglesia pretende reservar tal condicion a determinados sujetos que tienen el origen de su personalidad no en el ordenamiento positivo, sino en la disposicion divina de su Fundador la cual trasciende tal ordenamiento; de esta forma esta norma tiene un significado en parte diverso: no solo reafirma el origen divino de la subjetividad juridica de la Iglesia Catolica y de la Sede Apostolica, sino tambien las distingue netamente de las personas juridicas internas creadas por el ordenamiento canonico (cc. 113 [seccion]2, 114 [seccion]1) (17).

"En este punto, el legislador emplea conscientemente la expresion persona moral, para distinguirla de cualquier otra persona juridica, derivada de poder o autoridad humanos" (18).

En el contexto general, el Codigo utiliza la expresion persona juridica a la de persona moral, para expresar que se trata de un termino tecnico-juridico independiente de la naturaleza sustancial que soporta tal personalidad juridica, ya sea una realidad de derecho divino, como la Iglesia Catolica y la Sede Apostolica (a las que si continua llamando personas morales) (19).

2. Principios del derecho patrimonial canonico

Legislacion Pio-Benedictina. La legislacion anterior, formula algunos principios fundamentales del derecho patrimonial de la Iglesia.

El c. 1495 [seccion]1 del CIC17 afirma que: "Ecclesia catholica et Apostolica Sedes nativum ius habent libere et independenter a civili potestate acquirendi, retinendi et administrandi bona temporalia ad fines sibi proprios prosequendos".

De esta manera, se desprenden varios principios del derecho patrimonial canonico: en primer lugar esta el hecho de que la Iglesia ejerce un derecho divino j natural sobre los bienes, que, en segundo lugar, tal derecho lo ejerce de manera libre e independiente de la potestad civil, en si y para si, sin estar sometida a ninguna otra autoridad, sabiendo que el derecho divino del cual procede, y la voluntad de su Fundador son la garantia de tal libertad e independencia (20), derecho que le pertenece, no por reconocimiento externo, sino como un derecho perfecto, verdadero, evidente e indiscutible (21), el cual incluye la libre disposicion de las cosas para que la misma propiedad no sean algo ilusorio o vacio (22).

Sin embargo, a pesar de tal independencia y libertad, en ejercicio de su autonomia, la Iglesia se reconoce a si misma en relacion con otras autoridades no eclesiasticas y, en tal virtud, acoge sus leyes en cuanto no le sean contrarias (23), con lo cual manifiesta el deseo una relacion de acogida y respeto, en espera de un tratamiento igual.

En tercer lugar, la misma norma senala que el derecho libre e independiente a los bienes lo ejerce la Iglesia ad fines sibi proprios prosequendos (1495 [seccion]1); por tanto, si ella tiene la finalidad mayor de buscar "la santificacion de los hombres en esta vida y la salvacion eterna de los mismos en la otra" (24); los bienes temporales son una ayuda importante que le permiten avanzar desde sus fines proximos, hacia la consecucion del fin mayor de la salvacion de las almas. Sobre este punto, el c. 1496 senala algunos fines proximos entre los cuales estan el culto divino, la honesta sustentacion de los clerigos y demas ministros, y los otros fines propios de ella.

Si la Iglesia mantiene una finalidad especifica en el uso de los bienes, dicha situacion resulta ser un indicador sobre el adecuado concepto de la propiedad que debe cualificar el ejercicio patrimonial que ella se reconoce a si misma.

En cuarto lugar, del c. 1495 [seccion]1 del CIC17 se deduce que, por estar sometidos al dominio de la Iglesia y constituir su patrimonio, tales bienes (25) se denominan bienes eclesiasticos, titulo reconocido en el c. 1497 [seccion]1 que dispone: "Bona temporalia, sive corporalia, tum immobilia tum mobilia, sive incorporalia, quae vel adEcclesiam universam et ad Apostolicam Sedem vel ad aliam in Ecclesia personam moralempertineant, sunt "bona ecclesiastica"'. En consecuencia, toda clase de bienes de propiedad de la Iglesia son eclesiasticos (26).

Como novedad, la legislacion Pio-Benedictina, dentro de los canones introductorios referidos a los Bienes Eclesiasticos, en el c. 1495 [seccion]1 precisa otros tres principios adicionales a los ya indicados: en primer lugar, los modos de adquirir tales bienes por parte de la Iglesia; en segundo lugar, los sujetos de dominio de dichos bienes; y, en tercer lugar, la autoridad bajo la cual dichos sujetos de dominio deben ejercer tal derecho.

En relacion con el primer punto, el c. 1499 en el [seccion]1 senala que: "Ecclesia acquirere bona temporalia potest omnibus iustis modis iuris sive naturalis sive positivi, quibus id aliis licet". De esta forma, la Iglesia puede adquirir los bienes por todos los medios justos de derecho natural o positivo que a los otros estan permitidos, derecho que ejerce no de modo arbitrario, sino segun la ley canonica, respetando la finalidad para la cual se adquieren (27).

Partiendo de los principios de libertad y autonomia que le son propios, la Iglesia reconoce las otras autoridades no eclesiasticas y acepta las normas positivas de cada estado, establecidas como medios justos para adquirir bienes, en cuanto no le sean contrarias. Este argumento autoriza el derecho a los bienes por parte de la Iglesia, pues al ser adquiridos conforme al derecho de cada nacion, se hace legitima propietaria, con lo cual ella queda validamente autorizada para ejercer sobre ellos acciones de dominio.

Ademas, el c. 1499 [seccion]2 senala como principio el titular o dueno de los bienes y al respecto indica: "Dominum honorum, sub suprema auctoritate Sedis Apostolicae, ad eam pertinet moralem personam, quae eadem bona legitime acquisiverif. De esta manera se senalan los sujetos de dominio de los bienes eclesiasticos, asi como la autoridad a la cual estos sujetos deben someterse en el ejercicio del derecho de propiedad.

Mientras la antigua literatura canonica hacia referencia a Dios, a Jesucristo, a los Santos, a la comunidad parroquial, a los pobres, incluso al Papa y a la Santa Sede como sujetos de dominio de los bienes de la Iglesia, lo cual generaba confusion teologica y juridica (28), el c. 1499 [seccion]2 aclara que los bienes eclesiasticos, adquiridos por los modos justos de derecho natural o positivo que a otros estan permitidos, tienen como sujeto de dominio la persona que los haya adquirido (29).

Finalmente, la misma norma establece otro principio y especifica que, tal dominio, se ejerce bajo la suprema autoridad de la Sede Apostolica. De esta forma, el ejercicio del derecho de propiedad de las personas juridicas publicas eclesiasticas es controlado por una autoridad mas alta, lo cual no significa que la Sede Apostolica sea el real propietario de los bienes de las personas morales. Ello seria incompatible con la verdadera nocion del derecho de propiedad; el dominio de los bienes permanece en cabeza de la persona moral titular (30), sin embargo, la Sede Apostolica puede ejercer la potestad suprema que le es propio y en ocasiones adelantar acciones sobre los bienes de las personas morales.

Legislacion actual. Al hacer un estudio comparativo entre la legislacion Pio-Benedictina y la actual se constata que entre ambas existen muchos elementos comunes en relacion con el tema que nos ocupa, al igual que novedades y diferencias (31). No se trata de desarrollar de nuevo en este apartado los elementos conceptuales ya presentados anteriormente, sino confirmar lo que el Codigo actual tomo del anterior y constatar los avances logrados en la nueva legislacion canonica.

Al igual que en la legislacion del CIC17, del fundamento de la Iglesia a los bienes temporales, se desprenden algunos principios esenciales del derecho patrimonial canonico: la Iglesia Catolica puede servirse de los bienes temporales pues goza de un derecho nativo e independiente para ello (c. 1254 [seccion]1); tales bienes son medios para alcanzar ciertos fines que a ella le son propios (c. 1254 [seccion]2); esta capacidad se confiere tambien a las personas juridicas publicas eclesiasticas (c. 1255) entre las cuales estan los Institutos Religiosos; los bienes de tales personas juridicas publicas son eclesiasticos y se rigen por la disciplina senalada en las normas canonicas (c. 1257 [seccion]1); la propiedad de tales bienes, aunque esta en cabeza de las personas juridicas publicas que son sus titulares, se ejerce siempre bajo la autoridad del Romano Pontifice (c. 1256).

En relacion con el primero de ellos, el c. 1254 [seccion]1, en sintonia con el c. 1495 de la ley anterior, e iluminado por Vumen Gentium 8, Christus Dominus 28, Dignitatis Humanae 13-14 y Gaudium etSpes 76 establece: "Ecclesia catholica bona temporalia iure nativo, independenter a civili potestate, acquirere, retinere, administrare et alienare valet ad fines sibi proprios prosequendos".

Con la afirmacion iure nativo, independenter, la Iglesia reivindica para si una verdadera potestas regiminis o iurisdictionis sobre sus bienes, sin la cual tal derecho nativo e independiente a los bienes, y servirse de ellos, seria un derecho puramente formal. Nativo quiere decir que se trata de un derecho conforme a la naturaleza de la Iglesia, nacido con ella por voluntad de su Fundador y, por lo tanto, no encuentra su origen en una concesion del poder estatal. Este derecho es tambien independiente, su ejercicio se rige por un ordenamiento juridico propio, de tal modo que seguira existiendo, incluso en la hipotesis de que el Estado u otra comunidad politica negasen su existencia (32).

Dada la naturaleza propia de la Iglesia, el Magisterio considera que este derecho es de derecho divino positivo, el cual viene proclamado en algunos textos del Concilio Vaticano (33). Jesus la fundo como una sociedad autosuficiente e independiente, lo cual implica el poder disponer de todos los medios necesarios para alcanzar su finalidad (34). En consecuencia, esta norma, tiene un fundamento universal propio, no es delegado, que incluye los modos especificos de adquisicion (35).

Desde el punto de vista del derecho natural, este derecho se funda en los derechos de asociacion y de propiedad; el primero corresponde a la Iglesia en cuanto institucion humana; el segundo, ademas de ser un derecho de toda sociedad, es una exigencia para la existencia de la Iglesia. El mismo argumento se puede aplicar a la libertad religiosa que es propia tanto de las personas individuales como de las personas juridicas; la negacion de este derecho seria contraria al derecho internacional que tutela, formalizandolo a nivel universal y regional, el derecho de las confesiones religiosas a los bienes temporales como una de las manifestaciones colectivas del derecho de libertad religiosa. Respecto al sujeto, es precisamente la Iglesia, en general, la titular de este derecho. El actual canon omite la referencia a la Sede Apostolica, presente en el c. 1495 del CIC17, lo cual se explica por una dimension de derecho internacional ya que en las relaciones entre la Iglesia y los estados, resulta mas practico considerar a la Iglesia Catolica, a la Sede Apostolica y al Romano Pontifice como un unico sujeto de derecho internacional. No cualquier ente con una finalidad religiosa podra servirse de este derecho, que corresponde propiamente a la Iglesia, sino unicamente las personas juridicas publicas que son las que actuan y poseen bienes en nombre de la Iglesia (cf. c. 116) (36).

En sintesis, la Iglesia goza de una libertad sagrada, con la que el unigenito Hijo de Dios la enriquecio, la cual fue adquirida con su sangre (DH 13); de esta libertad brota un el derecho nativo e independiente el cual supone, en principio, la no subordinacion del derecho patrimonial canonico a las leyes y a los controles estatales, ni tampoco, un desconocimiento absoluto de las exigencias legales de cada estado, sino una independencia armonizada y concretada en relacion con las posibilidades y modalidades que ofrecen las diversas legislaciones estatales, en cuanto no le sean contrarias (37). En muchos ambitos es necesaria la relacion entre la Iglesia y el Estado.

En consecuencia, el Estado y la Iglesia son independientes y autonomos, cada uno en su propio terreno. Ambos, sin embargo, aunque por diversos titulos, estan al servicio del ser humano. Tal servicio se realizara de mejor modo, en cuanto haya una sana y mayor relacion entre ellas, respetando su identidad (cf. GS 76).

Pero ademas, el derecho a los bienes tiene una finalidad establecida en el c. 1254 [seccion]2: "Fines veroproprii praecipue sunt: cultus divinus ordinandus, honesta cleri aliorumque ministrorum sustentatio procuranda, opera sacri apostolatus et caritatis, praesertim erga egenos, exercenda".

El Codigo vigente, teniendo como fuente principal el tercer paragrafo del n. 17 del decreto Presbyterorum Ordinis, reafirma tales fines en el c. 1254 [seccion]2, el cual tambien tiene como fuentes el c. 1496 del CIC17, Apostolicam Actuositatem 8, y Gaudium et Spes 42. Aunque el c. 1496 del Codigo anterior reconocia tres fines de los bienes temporales, dos especificos, referidos al culto divino y a la honesta sustentacion del clero y de los demas ministros, y uno tercero mas general referido a otros fines propios sin determinarlos, la nueva legislacion resulto mas clara y en afinidad con el pensamiento del Concilio pues establece que los bienes temporales sirven a la Iglesia para alcanzar sus fines espirituales (38) y tienen un sentido salvifico (cf. GS 76e) (39).

Ademas, el c. 1254 [seccion]2 indica, aunque no de modo exhaustivo, sino anteponiendo el adverbio praecipue los fines propios. Algunos autores consideran que el orden de presentacion de tales fines no es preferencial ni taxativo sino que se ofrecen algunos ejemplos ya que se deben atender las necesidades de cada lugar (40), otros consideran que entre tales fines existe una cierta preferencia por las obras de apostolado sagrado y de caridad, sobre todo con los necesitados (41).

Este derecho a los bienes tiene diversos fundamentos. Teologicamente, siguiendo el ejemplo de Cristo, que siendo rico se hizo pobre (2 Cor. 8,9), la comunidad eclesial debe vivir ese espiritu de pobreza, teniendo como principio el desprendimiento de las cosas materiales, las cuales solo han de utilizarse en la medida en que sean medios para que ella alcance los fines que corresponden a la mision encomendada por Jesus (42).

Desde el punto de vista eclesiologico, la Iglesia siendo a la vez, visible y espiritual, comunidad de fe, esperanza y amor, terrestre y dotada de bienes celestiales, no debe ser considerada como dos cosas distintas, sino una unica realidad compleja, constituida con elementos humanos y divinos (LG 8). Para explicar esta realidad, el Concilio propone la analogia del Verbo encarnado, segun la cual asi como la naturaleza humana ha sido asumida por el Verbo y ha quedado indisolublemente unida a El, de modo similar "la articulacion social de la Iglesia sirve al Espiritu Santo, que la vivifica, para el incremento de su cuerpo" (LG 8). Esa "misma Iglesia se sirve de medios temporales en cuanto su propia mision lo exige" (GS 76).

La posibilidad de tener y disponer de bienes temporales se justifica, por tanto, en la medida en que son necesarios para el cumplimiento de los fines eclesiales, y esa medida constituye, a la vez, el limite a tal derecho.

De esta forma, el Vaticano II confirma el derecho patrimonial de la Iglesia, pero lo refiere y lo une mas fuertemente con la mision especial y los fines que ella pretende. Ella goza de licitud y validez para poseer bienes. "En otras palabras, si los bienes no sirven a dichas finalidades, su posesion no se justifica; se debe analizar siempre el argumento sobre los bienes a la luz de criterios espirituales y teologicos, confirmando que el derecho patrimonial de la Iglesia, desde el punto de vista teologico, deriva de la mision que la Iglesia misma debe desarrollar en el mundo, es decir, la mision salvifica recibida del Senor" (43).

El fundamento juridico-canonico viene indicado en el mismo canon, el cual, al reconocer el derecho a los bienes para determinados fines, regula el contenido de dicha capacidad, expresandola en cuatro terminos que hacen referencia a las cuatro actividades esenciales en materia de derechos reales: adquirir, retener, administrar y enajenar.

Otro principio del derecho patrimonial canonico, que se encontraba en el c. 1495 [seccion]2 del CIC17, y que tuvo como fuente el decreto Perfectae Caritatis 13, se halla consagrado en el c. 1255 del Codigo actual: "Ecclesia universa atque Apostolica Sedes, Ecclesiae particulares necnon alia quaevis persona iuridica, sive publica sive privata, subiecta sunt capacia bona temporalia acquirendi, retinendi, administrando et alienando ad normam iuris". El Codigo establece que personas juridicas son sujetos con capacidad patrimonial en el derecho canonico. La Iglesia Universal y la Sede Apostolica tienen esta capacidad por derecho divino (c. 113 [seccion]1); las Iglesias particulares y las personas juridicas publicas, tienen ipso iure personalidad juridica en virtud del ordenamiento canonico (c. 114 [seccion]1). La capacidad que, en derecho, proclama este canon, opera solo en el ambito del ordenamiento canonico. Ante el derecho del estado se requiere que estas personas gocen de capacidad civil para que puedan realizar eficazmente negocios juridicos (44).

El c. 1257 [seccion]1 del CIC83 senala otro principio del derecho patrimonial canonico, presente en el c. 1497 [seccion]1 del CIC17, segun el cual: "Pona temporalia omnia quae ad Ecclesiam universales, Apostolicam Sedem aliasve in Ecclesia personas iuridicas publicas pertinent, sunt bona eclesiastica et reguntur canonibus qui sequuntur, necnon propriis statutis".

Aunque esta disposicion tambien se encontraba en el c. 1497 [seccion]1 de la legislacion anterior, al mencionar los bona temporalia los clasificaba en corporales, muebles o inmuebles, e incorporales, especificacion que no fue tenida en cuenta en la norma nueva que solo menciona bona temporalia omnia incluyendo todos los bienes sin que hubiera sino necesario especificarlos. Al darse una definicion de tales bienes, su eclesialidad viene definida en relacion con los sujetos de dominio, y no con los fines, y de igual modo, presenta una diferencia respecto a la legislacion anterior y es que no se habla mas de otras personas morales sino de personas esas otras personas son consideradas personas juridicas publicas (45), adoptando una terminologia acorde con el derecho moderno (46).

En el momento en que una persona juridica publica adquiere un bien, en caso de no provenir de otra persona de igual condicion, asume la condicion de bien eclesiastico, y conserva tal calidad mientras continue bajo el dominio de la misma o de otra persona juridica publica, por lo tanto, al salir del dominio de estas, deja de ser bien eclesiastico.

En consecuencia, los bienes de las personas senaladas en el canon, son bienes eclesiasticos, los cuales se someten a una disciplina propia. "Son eclesiasticos los bienes de los Institutos Religiosos, porque afectan a personas juridicas publicas (c. 1257 [seccion]1). No lo son, por tanto, los bienes patrimoniales de los religiosos, pese a las conexiones que puedan tener con el voto de pobreza (c. 668)" (47).

Finalmente, el c. 1256 del Codigo actual, retomando el c. 1499 [seccion]2 del anterior, dispone que: "Dominium honorum, sub suprema auctotitate Romani Pontificis, ad eam pertinet iuridicam personam, quae eadem bona legitime acquisiverit". La Iglesia subraya el criterio del destino universal de los bienes (cf. GS 69), lo cual indica una manera de concebir la propiedad privada (cf. GS 71), la cual es un derecho natural pero no absoluto. Ninguna persona juridica tiene un derecho absoluto y anarquico a la propiedad; ya que sus bienes se designan a una finalidad eclesial, quedan sujetos a la autoridad del Romano Pontifice, el cual goza de facultades especiales gracias al poder supremo de jurisdiccion que ejerce sobre toda la Iglesia. Sin embargo, este no es dueno de tales bienes; su dominio permanece en cabeza de la persona juridica que los haya legitimamente adquirido (48).

Autoridad y propiedad son dos terminos diferentes. El Romano Pontifice tiene autoridad sobre todos los bienes eclesiasticos, lo cual le permite ejercer actos de vigilancia y control respecto de los bienes que son de propiedad de las personas juridicas publicas, sobre los cuales, en circunstancias especiales, puede tomar medidas particulares llegando incluso a su enajenacion, acto que el Romano Pontifice puede ordenar no por ser dueno, sino en ejercicio de la autoridad que posee en la Iglesia.

Conclusion

Todos estos argumentos senalados, fundamentados de las normas eclesiasticas, surgen de la misma ley canonica y, apoyados en la doctrina, constituyen un elemento de interpretacion del derecho vigente en la Iglesia (49).

Aunque a primera vista pareciera que la tematica estudiada, formulada en el CIC83 resultara igual al contenido presente en el CIC17 y no existieran variaciones, sin embargo, un analisis serio permite encontrar algunas novedades generadas por el hecho de que la nueva legislacion tiene a la base algunos textos conciliares que lo enriquecen con su sentido y espiritu (50). La legislacion actual, si bien goza de un aspecto tecnico y juridico, que la hace semejante a la legislacion Pio-Benedictina anterior, es mas precisa y cuidadosa (51).

Aunque el CIC83 objetivamente tiene en muchos de sus canones una similitud con el CIC17, la mirada del Concilio le da a la legislacion actual un valor agregado nuevo, que exige leerlo con una mirada diferente a la estrictamente positivista. Afirmar que en el Codigo actual hay aspectos de la tematica tratada casi intactos e identicos en relacion con el Codigo anterior, implica desconocer el aporte conciliar, pues todo la normativa actual, aunque aparentemente resulte similar a la anterior, esta influenciada de manera novedosa por el pensamiento del Concilio. La comprension normativa del Fundamento de los bienes y de los Principios que a ellos se aplican, no debe hacerse solo desde las vertientes juridicas y economicas, pues en tal caso, se mantendria casi una identidad redaccional y de similitud entre las dos legislaciones; es necesario adicionar a la realidad juridica los aportes del Concilio Vaticano II, los cuales enriquecen el trasfondo de cada canon con elementos teologicos, eclesiologicos, pastorales y doctrinales nuevos (52).

De esta manera, existe una continuidad sustancial y una similitud estructural entre estas dos normativas, asi como diferencias importantes y novedades que marcan un avance en la ley canonica actual.

La legislacion actual debe ser entendida como una realidad fundada en normas amplias las cuales reclaman un sentido mas que funcional y operativo, pues su razon responde a la constitucion intima de la Iglesia, al derecho divino, teniendo siempre presente que, la Iglesia tiene un Fundamento que la autoriza el derecho a los bienes temporales, los cuales gozan de ciertos principios que, en su conjunto, se unen a la tarea que con tales bienes se persigue, es decir, ayudar y servir en la consecucion de los fines salvificos: sostener el culto divino, colaborar en la honesta sustentacion del clero, hacer obras de apostolado y caridad, sobre todo con los mas necesitados, pudiendo agregarse a esta lista que no es taxativa, apoyar la tarea evangelizadora y en la formacion de sus fieles (53).

Bibliografia

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(1) Cf. M. Cabreros, Nuevos Estudios canonicos, p. 454.

(2) Aunque De Paolis trata en su libro los canones del CIC83, en ocasiones hace comentarios en relacion con el CIC17. Cf. V. De Paolis, I beni temporali della Chiesa, 15: "Nel CIC 1917 non abbiamo una legislazione ordinata e sistematica sui beni: la preoccupazione del legislatore fu, per motivi storici, piuttosto di diritto pubblico: proteggere i beni ecclesiastici dalle possibili usurpazioni del potere civile".

(3) Cf. F.X. Wernz, Sus decretalium, III, nn. 1-4; pp. 1-3.

(4) Cf. A. Ottaviani, Institutions iuris pubici ecclesiastici, I, nn. 15-21; pp. 35-47.

(5) Cf. C. Corral, Diccionario de derecho canonico, 337. En sentido amplio es "la persona estructurada jerarquica, sacramental y doctrinalmente, de forma visible y permanente, creada por Jesucristo, constituida por una comunidad de fe, bajo la guia del Romano Pontifice".

(6) CIC17 c. 7: "Nomine Sedis Apostolicae vel Sanctae Sedis in hoc Codice veniunt non solum Romanus Pontifex, sed etiam, nisi ex rei natura vel sermonis contexto aliud appareat, Congregationes, Tribunalia, Officia, per quae idem Romanus Pontifex negotia Ecclesiae universae expedire solet".

(7) Cf. A. Cance--M. Arquer, El Codigo de Derecho Canonico, I, n. 117, 82-83: "La persona moral es un ser juridico, constituido por la autoridad publica, subsistente independientemente de las personas fisicas que lo componen y capaz de adquirir y de ejercer ciertos derechos. Considerada en su origen, la persona moral es de institucion divina o de institucion eclesiastica, y considerada en su naturaleza, puede ser colegial o no colegial, segun se componga de varias personas fisicas formando un solo cuerpo, o consista tan solo en un organismo juridico caracterizado por el fin especial que persigue". Cf. G. Cavigioli, Manuale di diritto canonico, 166-172; F.X. Wernz--P. Vidal, Ius canonicum, II, nn. 25-34, 29-44; E. Montero, Instituciones de derecho canonico, n. 14, pp. 11-13.

(8) Cf. R. Lopez y Lleras, Instituciones de derecho canonico, pp. 22-25.

(9) J. Ferreres, Instituciones canonicas, I, n. 38, p. 12.

(10) J. Ferreres, Instituciones canonicas, I, nn. 38.43, 12.14: "La Iglesia es una sociedadjuridica, es decir, sociedad constituida a manera de republica o Estado, dotada por su propia naturaleza y fin, de la potestad de dar leyes y de aplicarlas, o sea, sociedad cuyos miembros estan ligados con ella por vinculo de estricto deber [...]. Es tambien sociedad perfecta no solo por su propia naturaleza, sino tambien por voluntad de su divino Fundador [...], es decir, por la voluntad expresa y positiva con que le dio los medios propios de una sociedad juridicamente perfecta". R. Lopez y Lleras, Instituciones de derecho canonico, 28.31.36.36: "Ella es tambien sociedad necesaria legal pues no procede de la libre voluntad de sus miembros [...]; sino de una necesidad u obligacion [...]. Al decir que la Iglesia es una sociedad necesaria legal decimos que la necesidad de pertenecer a ella no proviene de la naturaleza del hombre, sino de la obligacion de pertenecer a ella, impuesta por voluntad de Cristo, su Fundador [...]. Es una sociedad perfecta o soberana ya que tiene por derecho propio todos los medios necesarios para la consecucion de su fin [...]. Es una sociedad visible en cuanto tiene una estructura social accesible a los sentidos externos, regida por autoridades y leyes sociales que obligan juridicamente, es decir, no solo en el fuero interno sino tambien en el fuero externo [...]. Es sociedad jerarquica ya que al ser instituida, se confieren a algunos de los miembros derechos, obligaciones y oficios que no confieren a todos los asociados, estableciendose asi una verdadera jerarquia". A. Vermeersch --J. Creusen, Epitome iuris canonici, I, nn. 7-18, pp. 10-18.

(11) A. Mostaza, "Derecho patrimonial canonico", I, 305.

(12) A. Cance--M. Arquer, El Codigo de Derecho Canonico, I, n, pp. 976, 926.

(13) A. Mostaza, "Derecho patrimonial canonico", I, 305.

(14) Cf. J. Ferreres, Instituciones canonicas, I, nn. 38-45, 12-16; R. Lopez y Lleras, Instituciones de derecho canonico, 24-38; A. Vermeersch--J. Creusen, Epitome iuris canonici, I, nn. 7-18, 10-18; F. Blanco, El Codigo de Derecho Canonico, I, 364; F. Aznar, Va administracion de los bienes, p. 68.

(15) El CIC83 c. 361, acogiendo lo dicho en el CIC17 c. 7, senala que: "Nomine Sedis Apostolicae vel Sanctae Sedis in hoc Codice veniunt non solum Romanus Pontifex, sed etiam, nisi ex rei natura vel sermones contexto aliud appareat, Secretaria Status, Consilium pro publicis Ecclesiae negotiis, iliaque Romanae Curiae Instituta". En este sentido, la Sede Apostolica debe ser entendida aqui como la Sede misma del Romano Pontifice y no los organismos singulares que ella comprende como por ejemplo las Congregaciones o los Tribunales; por su parte, el c. 204 [seccion]2 de la ley canonica actual dispone que la Iglesia Catolica es la Iglesia gobernada por el Sucesor de Pedro y por los Obispos en comunion con el. Sobre este punto Cf. L. Chiappetta, Il CIC Commentogiuridico-pastorale, I, 138, nota a pie de pagina. n. 1. Otros comentarios sobre este punto se encuentran en: Quaderni Di Diritto Ecclesiale, Codice di Diritto Canonico Commentato, 158-159; Instituto Martin de Azpilcueta, Codigo de Derecho Canonico Comentado, 142-142; A. Benlloch, Codigo de Derecho Canonico, 74; P. Pinto, Commento al Codice di Diritto Canonico, 67-68; G. Lo Castro, "Comentario", I, 772-776; The Canon Law Society of Great Britain and Ireland, The Canon Vaw, 64-65; The Canon Law Society of America, New Commentary on the Code, pp. 154-156.

(16) Cf. P. Erdo, "Chiesa e beni temporali", p. 24.

(17) Cf. Quaderni Di Diritto Ecclesiale, Codice di Diritto Canonico Commentato, 158-159. El concepto de Iglesia Catolica se encuentra en el c. 204 [seccion]2, y el de Sede Apostolica el c. 361. G. Lo Castro, "Comentario", I, 772-773. El texto latino del [seccion] 1, tomado al pie de la letra del [seccion] 1 del c. 100 del CIC17, no dice, como se lee en la traduccion espanola y en la italiana, que la Iglesia Catolica y la Sede Apostolica son personas morales, sino que tienen la indole (rationem habent) de personas morales, para significar que tal calificacion trasciende a estos entes. Mas correctamente la traduccion francesa que habla de qualita de persone morale, la inglesa de status of a moralperson, la alemana de charakter einer moralischen person.

(18) A. Benlloch, Codigo de Derecho Canonico, 74.

(19) Cf. Instituto Martin de Azpilcueta, Codigo de Derecho Canonico Comentado, 142; P. Erdo, "Chiesa e beni temporali", p. 23.

(20) Cf. F. Coccopalmerio, Riflessioni sull'identita del diritto ecclesiale, p. 35.

(21) Cf. J. Campos, Vegislacionyjurisprudencia canonica, III, 412; J. Ferreres, Instituciones canonicas, I, 16-18; A. Cance--M. Arquer, El Codigo de Derecho Canonico, I, 927; G. Vromant, De bonis ecclesiae, nn. 1-13, 1-20; J. Abbo--J. Hannan, The sacred canons, II, 704-707; Ch. Augustine, A commentary, VI, pp. 549-554.

(22) G. Vromant, De bonis ecclesiae, n. 1, 1: "Ecclesia ius habet nativum acquirendi et retinendi bona temporalia. Ex natura ipsius Ecclesiae et proinde ex iure divino prima probatio: Ecclesia a Christo Domino instituta est in societatem perfectam, i. e. in suo ordine sufficientem ac independentem, et qua talem omnibus mediis ad finem suum consequendum necessariis instructam, scil. ad cultum publicum Deo exhibendum--ad hominum sanctificationem--et quidem non una aetate, sed omnibus usque ad consummationem saeculi".

(23) Cf. J. Campos, Legislacion y jurisprudencia canonica, III, 412: "Cualquiera que desapasionadamente y con animo sereno e imparcial estudie esta cuestion desde su verdadero punto de vista, no podra menos de reconocer que la Iglesia fundada por Jesucristo tiene perfecto y evidente derecho a adquirir y poseer bienes temporales, y que si a su capacidad de adquirir y retener los que adquiera y posea pueden imponerse algunas limitaciones, estas solo pueden provenir de la autoridad de la Iglesia que usando el poder de Jesucristo transmitio a sus legitimos jerarcas, regula y reglamenta el ejercicio de aquel derecho, pero nunca ni en ninguna ocasion tales restricciones deberan su existencia y origen a la potestad legislativa del Estado civil".

(24) J. Ferreres, Instituciones canonicas, I, n. 32, 10; Cf. G. Vromant, De bonis ecclesiae, n. 1, 2.

(25) Cf. A. Cance--M. Arquer, El Codigo de Derecho Canonico, I, n. 980, 929-930: "a) Bienes corporales. 1. Los bienes eclesiasticos, en primer lugar pueden ser corporales (c. 1497 [seccion]1), es decir, pueden consistir en una cosa bien determinada perceptible con los sentidos, dotada de existencia individual, precisa, como una casa, una mesa, un campo; estos sin los bienes susceptibles de ius in re.

2. Los bienes corporales se dividen en inmuebles y muebles (c. 1497 [seccion]1), segun que consistan en cosas que, por su naturaleza, por su destino o por determinacion de la ley, no se pueden mover, como las tierras, edificios, caminos y construcciones de todo genero adheridas al suelo, las puertas y las ventanas unidas de un modo fijo a un inmueble; o bien que se presenten bajo la forma de cosas esencialmente transportables y que no estan fijas en ninguna parte, como las sillas, las estatuas, cuadros, dinero, y en general cualesquiera otros objetos que se puedan transportar de un punto a otro sin menoscabo de la cosa inmueble a que estuvieren unidos.

b) Bienes incorporales. 1. Los bienes eclesiasticos pueden ser incorporales, es decir, pueden consistir en derechos y en creditos "obligaciones y acciones" de una persona fisica o moral sobre otra persona, asimismo fisica o moral.

c) Bienes sagrados. Se han de considerar como sagrados todos los bienes muebles e inmuebles que mediante consagracion o bendicion han sido dedicados al culto divino (c. 1497 [seccion]2).

d) Bienes preciosos. Los bienes preciosos son aquellos que tienen un valor notable, artistico, historico o material (c. 1497 [seccion]2)". Cf. M. Conte a Coronata, Institutiones iuris canonici, II, n. 1034, 447-448; F.X. Wernz--P. Vidal, Ius canonicum, IV/II, n. 736, 183-185; J. Huerta, Diccionario canonico, I, 172-176; E. Alonso, "Buena administracion de bienes", en Actas del Congreso Nacional de Perfeccion y Apostolado 4, 67; A. Vermeersch--J. Creusen, Epitome iuris canonici, II, n. 819, 571-573; J. Abbo--J. Hannan, The sacred canons, II, pp. 707-708.

(26) Cf. Ch. Augustine, A commentary, VI, pp. 555-556.

(27) Cf. F.X. Wernz--P. Vidal, Ius canonicum, IV/II, n. 743, 202; A. Vermeersch--J. Creusen, Epitome iuris canonici, II, n. 821, 573-575; Ch. Augustine, A commentary, VI, pp. 557-558.

(28) Cf. L. De Echeverria, "Restriccion de las facultades de enajenar" REDC 7 (1952) 568; R. Bidagor, "Los sujetos del patrimonio eclesiastico" REDC 5 (1950) 26; V. Del Giudice, Nozioni di diritto canonico, n. 158, 409-414.

(29) Cf. F.X. Wernz--P. Vidal, Ius canonicum, IV/II, n. 739, 193-194: "Quodsi de subiecto dominii bonorum ecclesiasticorum quaeritur, inquisitio fit de subiecto inhaesionis iuris dominii, non de subiecto utilitatis in cuius favorem forte illa bona ecclesiastica sunt destinata". Cf. A. Cance --M. Arquer, El Codigo de Derecho Canonico, I, n. 975, 924-926; A. Vermeersch--J. Creusen, Epitome iuris canonici, II, n. 821, pp. 573-575.

(30) Cf. Ch. Augustine, A commentary, III, p. 173.

(31) Juan Pablo II, Constitucion Apostolica Sacrae disciplinae leges, 25 enero 1983. El nuevo Codigo difiere del anterior tanto en forma como en contenido. Tiene muchos menos canones: 1752, frente a los 2414 del anterior. Los siete libros que lo componen siguen dividiendose en partes, secciones, titulos y capitulos, pero su esquema se aleja ahora de la division tripartita que hacia el CIC17 cuando presentaba su contenido en tres grandes grupos referidos a la personas, a las cosas y a las acciones, desarrollados en cinco libros.

En cuanto a la administracion y enajenacion de bienes, el CIC83 no conservo el esquema del CIC17 que trataba de las personas y de las cosas, y que en el Libro III De las cosas, presentaba el tema de los beneficios temporales de la Iglesia, referidos a la adquisicion, administracion de los bienes eclesiasticos y los contratos, sino que dio paso a un esquema nuevo que en el Libro V trata de los bienes temporales de la Iglesia. En cuanto a los Institutos Religiosos el nuevo Codigo tambien modifico el Libro II De las Personas y lo llamo Del Pueblo de Dios. En la Parte III dedicada a los Institutos de Vida Consagrada y a las Sociedades de Vida Apostolica se senalan normas especificas para la administracion y enajenacion de los bienes.

Objetivamente la legislacion actual general sobre los bienes de la Iglesia se desarrolla en 45 canones, numero cercano a la de la legislacion anterior que lo hizo en 49; la de los bienes de Institutos Religiosos se presenta en 7 canones, igual que la codificacion anterior.

En la identidad juridica del nuevo CIC, promulgado el 25 de enero de 1983, y que entro en vigor el primer domingo de adviento de ese ano, se constata la presencia de aportes provenientes del Concilio Vaticano II, por lo tanto, aunque muchos de los canones presentes en la legislacion Pio-Benedictina conservan su identidad en la nueva legislacion, ellos resultan adicionalmente enriquecidos por muchas de las orientaciones sugeridas por el Concilio las cuales recibieron su formalizacion juridica en el Codigo; tal novedad introdujo cambios importantes en diversos ambitos del derecho eclesiastico.

(32) Cf. J.P. Schouppe, Derecho patrimonial canonico, p. 35.

(33) En este sentido, Vumen Gentium 8, ensenando la inseparabilidad de la Iglesia visible, del cuerpo mistico de Cristo, confirma que la Iglesia, si bien para cumplir su mision, tiene necesidad de los medios humanos, no esta constituida para buscar la gloria de la tierra, sino para hacer conocer, tambien con su ejemplo, la humildad y la abnegacion. El decreto Christus Dominus n. 28 afirma que los bienes materiales de los sacerdotes en el ejercicio de su ministerio, estan unidos a su sagrado deber. Los nn. 13 y 14 de la Dignitatis Humanae, subraya que la Iglesia debe gozar de tanta libertad de accion cuanto requiere el cuidado de la salvacion de los hombres, agregando que el principio fundamental en la relacion de la Iglesia y los poderes civiles es la libertad de la Iglesia, la cual es necesaria para que ella pueda realizar su mision. Por su parte, el n. 76 de Gaudium et Spes insiste en la independencia y autonomia de la Iglesia de frente a la comunidad politica, reconociendo la necesidad de una sana y mutua colaboracion.

(34) Cf. P. Erdo, "Chiesa e beni temporali", pp. 21-26.

(35) Cf. DJ. Andres, Vas formas de vida consagrada, p. 223.

(36) Cf. J.P. Schouppe, Derecho patrimonial canonico, pp. 37-38.

(37) Cf. J.P. Schouppe, Derecho patrimonial canonico, p. 35.

(38) V. De Paolis afirma que aunque no hubiera un pronunciamiento doctrinal sobre el significado de los bienes temporales de la Iglesia en el Libro V, las normas de tal libro reflejan de modo claro el pensamiento y las directivas del Concilio en el sentido de que el derecho de las personas juridicas a poseer bienes temporales deriva de su participacion en la mision que la Iglesia realiza (cc. 1255; 1256; 1257; 1273). Cf. V. De Paolis, "Temporal Googs of the Church", p. 351.

(39) En tal sentido, la constitucion Gaudium et Spes 76e, proclama que la Iglesia se sirve de las cosas temporales en la medida en que su mision lo requiere. La constitucion Vumen Gentium 8d, recuerda que aunque la Iglesia, para cumplir su mision por todas partes, tenga necesidad de medios humanos, no esta constituida para buscar la gloria de la tierra, sino para hacer conocer, tambien con su ejemplo, la humildad y la abnegacion.

(40) Cf. Erdo, P., "Chiesa e beni temporali", 26; L. Castiglione, Codice di Diritto Canonico, I, 887; Instituto Martin de Azpilcueta, Codigo de Derecho Canonico Comentado, 794-798; Quaderni Di Diritto Ecclesiale, Codice di Diritto Canonico Commentato, p. 986.

(41) El texto recuerda tres fines principales para los cuales la Iglesia adquiere bienes temporales: pobres, culto y predicacion. Aunque no son presentados en este orden; sin embargo, tal orden importa mucho pues segun los documentos antiguos, esta trilogia, formada en la Iglesia a partir del espiritu evangelico, consideraba que los pobres eran el fin primero y principal, luego aparecieron las otras necesidades. Cf. J. P. Schouppe, Derecho patrimonial canonico, 31; A. Benlloch, Codigo de Derecho Canonico, pp. 559-560.

(42) Cf. J.P. Schouppe, Derecho patrimonial canonico, 30.

(43) Cf. Y Sugawara, "Le norme sui beni", pp. 417-418.

(44) Cf. Erdo, P., "Chiesa e beni temporali", 28-31; Instituto Martin de Azpilcueta, Codigo de Derecho Canonico Comentado, 795; Quaderni Di Diritto Ecclesiale, Codice di Diritto Canonico Commentato, 986; P. Pinto, Commento al Codice di Diritto Canonico, p. 714.

(45) Cf. J.P. Schouppe, Derecho patrimonial canonico, 48-49; L. Castiglione, Codice di Diritto Canonico, I, 889; Instituto Martin de Azpilcueta, Codigo de Derecho Canonico Comentado, 796; Quaderni Di Diritto Ecclesiale, Codice di Diritto Canonico Commentato, 987-988; A. Benlloch, Codigo de Derecho Canonico, 560; P. Pinto, Commento al Codice di Diritto Canonico, pp. 714-715.

(46) La nueva ley de la Iglesia no hablo mas de las personas morales, erigidas por la autoridad eclesiastica (CIC17, c. 1495 [seccion]2), sino que en el c. 1255 habla de otras personas juridicas tanto publicas como privadas, a las cuales reconoce el derecho de adquirir, retener, administrar y enajenar bienes temporales segun la norma juridica. En relacion a estos bienes, el c. 1257 [seccion][seccion] 1-2, establece que son bienes eclesiasticos, (al igual que el c. 1497 [seccion]1 del Codigo anterior), calificativo que no se aplica a los bienes de las personas privadas, los cuales, aunque puedan tener fines eclesiasticos, se rigen segun sus propios estatutos, teniendo sobre ellos la Iglesia no un control igual al que ejerce sobre los bienes eclesiasticos, sino un acompanamiento para que cumplan el fin senalado a ellos en los estatutos de la persona juridica privada.

(47) Instituto Martin de Azpilcueta, Codigo de Derecho Canonico Comentado, p. 455.

(48) Cf. Erdo, P., "Chiesa e beni temporali", 31-34; J. P. Schouppe, Derecho patrimonial canonico, 4953; Quaderni Di Diritto Ecclesiale, Codice di Diritto Canonico Commentato, p. 987.

(49) P. Lombardia, Escritos de derecho canonico, II, p. 10.

(50) Es importante valorar en el Concilio no solo las referencias que se hicieron en relacion con los bienes temporales, sino la perspectiva como ellos deben ser entendidos e integrados al contexto eclesial. Cf. D. Faltin, "De recto usu bonorum", p. 144.

(51) Cf. V. De Paolis, "Negozio giuridico", 498.

(52) Cf. Juan Pablo II, Constitucion apostolica, Sacrae Disciplinae Leges, EV8/628.

(53) A. Benlloch, Codigo de Derecho Canonico, p. 304.

(54) Las traducciones al espanol de los documentos conciliares y postconciliares estan tomadas de la BAC, Documentos del Vaticano II, Constituciones, Decretos y Declaraciones, 1972.

P. ISMAEL ARTURO GARCERANTH RAMOS, S.J., **

* El contenido de este articulo esta inspirado en el estudio mayor adelantado por el autor al realizar su tesis doctoral en Derecho Canonico en la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma --Italia), titulada: Administracion y enajenacion de bienes temporales de institutos religiosos. Desde el punto de vista canonico y del magisterio.

** Abogado de la Universidad Catolica-Bogota, Magister en Derecho Canonico de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogota, Doctor en Derecho Canonico de la Pontificia Universidad Gregoriana-Roma, Decano Academico Facultad de Derecho Canonico, Pontificia Universidad Javeriana, Bogota.
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Author:Garceranth Ramos, P. Ismael Arturo
Publication:Universitas Canonica
Date:Jan 1, 2010
Words:9200
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