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Fermin Toro: teoria racional de la sociedad y republicanismo civico.

RESUMEN

El presente trabajo bosqueja la Teoria Racional del Estado postulada por Fermin Toro, con el fin de comprender las condiciones de posibilidad que, segun el autor, dibujan los bordes dentro de los cuales es factible fundar un modelo de desarrollo nacional sobre bases libertarias, justas y de igualdad social. Quedan asi configuradas, segun Toro, las bases de un republicanismo civico efectivo frente a los diversos proyectos militaristas o caudillistas que han azotado a Venezuela. La investigacion muestra que frente al personalismo despota, Toro asienta las bases del civilismo republicano como proyecto politico justo.

Palabras clave: Caudillismo, civilismo, Fermin Toro, republicanismo.

ABSTRACT

The present work sketches the Rational Theory of the State postulated by Fermin Toro. The purpose is to understand the conditions of possibility that, according to the author, they draw the edges within which is feasible to found a model of national development on bases of liberty, justice and of social equality. They are formed thus, according to Toro, the bases oia civic republicanism effective front to the diverse militarist projects that have whipped to Venezuela. Opposed to the tyrannic regime, Toro just seats the bases of the republican civilian like political project.

Key words: Caudillism, civilism, Fermin Toro, republicanism.

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Fermin Toro: A Rational Theory of Society and Civic Republicanism

Fermin Toro constituye uno de los pensadores del siglo XIX venezolano que con mayor consistencia teorica procuro sentar las bases de lo que cabia entender por Estado, especialmente de cara al modo como la realidad nacional se presentaba para 1845, fecha de publicacion de las Reflexiones sobre la Ley de 10 de abril de 1834, y del proyecto de construccion nacional que precisamente estimaba Toro habria arrancado desde 1830. Resulta contrastante, por ejemplo, como frente a la concepcion de ciudadania, altamente impactado por el pensamiento ilustrado frances, sostenida por quienes firmaron el Acta de Independencia, y que sobre la base del "pactismo" --tal como algunos decian-- la secesion quedaba justificada, el pensamiento de Toro viene a oponer una vision republicana moderna y para la cual la ciudadania se concebia como una condicion fundamental para gozar de los derechos y despliegue pleno de la propia persona, goce que solo un Estado Republicano Civil, a su juicio, podia garantizar (1).

A continuacion se procura presentar la auto-denominada por Fermin Toro, su Teoria Racional del Estado, que segun el ademas delineaba los bordes dentro de los cuales era factible constituir justificadamente un modelo de desarrollo nacional sobre bases libertarias, de justicia e igualdad social. El texto principal en el cual el autor caraqueno se ocupa de tales asuntos, son precisamente sus celebres Reflexiones ..., ya citada arriba y Europa y America. Las lineas que siguen se concentraran de manera particular en el primero de los textos nombrados, sin perjuicio de que a su debido tiempo se eche mano del segundo para complementar el trazado conceptual de su autor.

LAS REFLEXIONES SOBRE LA LEY DE 10 DE ABRIL DE 1834: SU MARCO POLEMICO-INTELECTUAL

El teorico y principal promotor de la Ley de Libertad de Contratos promulgada por el Congreso venezolano el 10 de abril de 1834, fue Diego B. Urbaneja. Autor de florida prosa y candidato en las elecciones presidenciales de ese mismo ano (en la cuales resultaria vencedor Jose Maria Vargas), un periodico de la epoca, El Nacional, al realizar una semblanza de los cinco candidatos entre los cuales se encontraba Urbaneja, le califico como sigue:
   Diego B. Urbaneja. Fibra fuerte, capaz de meditaciones profundas,
   ve con claridad, juzga con lentitud y ejecuta con tacto. Apreciador
   de lo grande, real y positivo del mundo, ama el descanso y el hogar
   domestico. El bello ideal no le cautiva. Las empresas infalibles
   del bien comun le inflaman y determinan. Dificil para resolver;
   pero resuelto, constante. Dotes propias para conservar pero no para
   crear (2).


Respetado y estimado por su estatura intelectual, siendo Secretario del "Departamento de lo Interior y Justicia", en la Memoria que le tocara presentar en la Camara del Senado dentro del marco de la instalacion del cuarto congreso constitucional (25-27 de enero de 1834), presento Urbaneja una serie de alegatos favorables, para la economia nacional, en torno a la libre contratacion, y apunto a que tal libertad la consagrara el parlamento bajo el formato de ley. Asi, ajuicio de Urbaneja, "Venezuela duplicaria su capital agricola, urbano e industrial (...) y de este modo marcharia rapidamente a su engrandecimiento si el Cuerpo legislativo reformase aquellas leyes civiles que impiden en cierto modo la libre disposicion sobre la propiedad" (3). De igual modo, el autor considera que el problema de la tierra en Venezuela puede ser reparado con la inversion de capitales, que le daria a la agricultura "aquel impulso que la haria extensa, notable y floreciente". De ahi, que la salida es una que quede en manos de los individuos que libremente contratan y fijan de mutuo acuerdo "el premio o interes del dinero que se da y se recibe"; por lo cual, continua el argumento, "nada hay mas justo que dejar a cada uno en la posibilidad de comprometer y disponer libremente de sus bienes, porque nada hay tampoco mas cierto sino que ninguno sera mas cauto, mas previsivo y mas interesado que el senor en saber y calcular bien sobre aquello a que se obliga". Como se aprecia con facilidad, el caracter liberal de tal alegato es claro.

Asi pues, justificado desde la perspectiva teorica (independientemente de la validez o no de sus conclusiones), bajo el influjo de la opinion publica del momento, y con la anuencia de la clase terrateniente venezolana, el Congreso dicto la que se llamaria Ley de 10 de abril de 1834 o Ley de libertad de contratos. Tanto Gonzalez Guinan (4), como tambien G. Moron (5), han precisado los bordes de dicha ley. Vease en las palabras del primero:

Por ella [la ley citada] se disponia: el pacto libre para hacer efectivo el pago de cualquiera acreencia, pudiendose al efecto rematar los bienes del deudor por la cantidad que se ofreciese por ellos: la ejecucion de la voluntad de los contratantes, cualquiera que ella fuese, en todos los demas contratos, asi como en el interes que estipulasen: las formalidades que debian observarse para los remates: la cesacion del privilegio de retracto y de la restitucion in integrum: la competencia de los acreedores para ser licitadores, y el derecho de definitiva propiedad (6).

Sobre la base presentada, los autores de esta ley creyeron que la prosperidad tocaria las puertas de la nacion, pues tal principio liberal parecia garantizarlo: "la riqueza publica aumentaria por la seguridad que tendria los acreedores al gozar de una entera libertad para contratar" (7); y de identica manera los propietarios contarian con los capitales necesarios para poner en marcha sus empresas agricolas. Otra, sin embargo, fue la realidad del pais para 1845, cuando aparece el texto de Fermin Toro, que desarma argumentativamente, con datos empiricos en mano, la ley del 10 de abril de 1834, que en verdad habIa terminado siendo un instrumento favorable a la usura y no de amparo o de apoyo al pretendido desarrollo.

Cabe, justamente, aqui detener la descripcion que viene exponiendose y hacer algunos senalamientos conceptuales: el modo tormentoso como se presenta toda realidad politica suele ocultar en su torbellino elementos en juego que a veces ni los propios actores distinguen. El drama y desequilibrio provocado por la ley de contratos es la expresion externa de un desajuste de fondo, que incluso en su interpretacion causa polemica aun hoy. En Venezuela, la desventura que viven los proyectos de construccion nacional esbozados luego de la Guerra Magna, se distribuyen entre el personalismo del hombre-providencia, verdadero despota regional o nacional, amparado tras la mitologia de la heroicidad militar independentista, y una elite intelectual civil (v. gr., Vargas, Toro, Urbaneja, J. V. Gonzalez ...) que capto la necesidad de replantear la sociedad venezolana visto el escenario post-independentista. Para decirlo en los mismos terminos de E. Gabaldon y J. Gamus de Wiesel:
   El siglo XIX es el escenario de la vida y las luchas de un pueblo
   que intenta caminar por vias democraticas guiado por la experiencia
   de los paises pioneros en este sistema politico pero que no lograra
   la formacion de un Estado Liberal en esta epoca. Las ideas
   liberales de amplitud y alternabilidad politica son sustituidos por
   regimenes despoticos, dentro de una sociedad donde los caudillos
   personalistas luchan por el poder a traves de la guerra. Los
   gobiernos no logran una administracion ni una burocracia que
   contrarreste los intereses particulares. Al contrario, se pacta con
   los jefes regionales a fin de garantizar el poder, favoreciendo asi
   la permanencia de unidades socio-politicas desvinculadas entre si y
   una economia precaria, vulnerable y dependiente. En fin, no se
   crean los soportes economicos y so ciales indispensables para la
   realizacion de una politica liberal (8).


En este marco, lo que en Venezuela se suele entender por liberalismo decimononico es una compleja red de elementos y postulados que si bien asumen rasgos tipicamente liberales (v. gr., el catalogo de libertades individuales, o la clara negativa a aceptar cualquier forma de intervencionismo estatal en los compromisos mercantiles pactados entre los particulares), tambien compendian otras caracteristicas que lo colocan a gran distancia del liberalismo economico europeo nacido en el siglo XVIII y que luego, ya en el siglo XIX, terminara conceptualmente enlazado sin mas con el industrialismo maquinista y el capitalismo. (9) De esta manera, "las ideas de los primeros venezolanos" --para emplear la expresion que titula uno de los trabajos del historiador E. Pino lturrieta (10)-- se articularon bajo la modalidad de proyecto de construccion nacional. El autor del presente trabajo ha sostenido en otro lugar, que semejante proyecto se comprendio como una verdadera "emancipacion mental", en contraposicion a la "emancipacion militar" que se estimaba ya concluida no solo por la concreta separacion de la antigua provincia y la metropoli espanola, sino ademas por el desmembramiento definitivo de la union grancolombiana, acontecimientos todos cuyo capitulo final quedo expresado en Venezuela mediante la Constitucion de 1830, que termina de delinear el rostro propio de la nacion venezolana (11).

Estructura doctrinal de partidos, no hubo; tampoco lineamientos teorico-politicos claramente demarcables, o que faciliten la tarea de ubicacion dentro de alguna corriente general de pensamiento politico. A partir de 1830 en Venezuela, la escena sobre la cual se montan los proyectos politicos queda abierta a una multiplicidad de tendencias, influencias y tipicidades estrictamente venezolanas, que tornan poco factible (aunque tal vez muy acomodaticio) el empeno de interpretar semejante escena en clave "liberal" o "conservadora". En realidad, los llamados "liberales venezolanos" tenian mucho de "conservadores", y estos mucho de liberales. Ello es asi por el modo especifico como se presenta la construccion de la nacion venezolana. Vale, en este sentido, el parecer de Pino Iturrieta:
   Quiza jamas se reflexione tanto sobre el destino de Venezuela como
   entonces, ni se debata con tanta entereza sobre los asuntos de la
   politica y la economia. Florecen los periodicos con redactores
   solventes y polemistas de insolita calidad. Los pequenos talleres
   de imprenta disparan los plomos sin temor al gobierno. A su vez, el
   gobierno reacciona mediante un elenco de excelentes escritores. La
   deliberacion responde a motivaciones que no se ocultan y las
   teorias sobre la sociedad reflejan una lectura laboriosa, en la
   forja de uno de los capitulos mas fructiferos de nuestra vida
   intelectual y civica. Capitulo realmente excepcional, si se coteja
   con la opacidad de campanas posteriores (12).


Es tambien dentro de esta perspectiva que aparece la figura de Fermin Toro, cuya produccion intelectual permite apreciar el tipo de republicanismo civico que el Patriciado Civil venezolano tenia en mente, especialmente si se toma en cuenta que Toro es quizas el autor cuyos planteamientos configuran una filosofia politica aplicada a la realidad venezolana que dan testimonio de lo senalado por Pino Iturrieta con respecto al caracter fructifero y variopinto de la reflexion iniciada por el Patriciado Civil venezolano acerca del proyecto politico a asumir vista la devastadora situacion dejada por la lucha independentista, que en el fondo no habia sido sino una larga y fraticida guerra civil (13).

FERMIN TORO: UNA TEORIA RACIONAL DE LA SOCIEDAD

Una de las caracteristicas del pensamiento de Fermin Toro es su franco intento de caracterizacion de la naturaleza humana como elemento fundamental de toda reflexion filosofica posterior. Es decir, Fermin Toro se conecta plenamente con el pensamiento moderno cuando estima que la comprension de la moralidad, de la eticidad y de las relaciones sociales en general pasa por la determinacion previa de los rasgos constitutivos de lo humano. En el caso concreto del autor, se pueden distinguir, ademas, elementos tipicamente naturalistas que signan de manera sustantiva su filosofia moral y su filosofia social. Es decir, Fermin Toro se esfuerza de modo especial en dar una base a lo moral y a lo etico en conformidad con un trazado previo de la naturaleza humana. Conviene, no obstante, antes de continuar especificar que se esta entendiendo aca por naturalismo, y por ello se estan entendiendo "aquellas teorias que sostienen que las condiciones de verdad son la posesion por parte de las acciones, gente, etc., acerca de las cuales se hacen los enunciados morales, de lo que, siguiendo la tradicion, llamare propiedades naturales" (14), esto es, propiedades no morales (15). Para Toro, semejantes propiedades son las pasiones y los intereses de los individuos; de ahi que para el la sociedad sea "el teatro de las pasiones y de los intereses de la humanidad" (16). Cada individuo, "desde el mas independiente filosofo hasta el mas oscuro y abyecto siervo" (Idem), tiene su propia esfera mas o menos limitada de accion, y el asunto crucial de cada uno consiste en "resolver en su favor el problema de la conciliacion del mayor provecho propio con la mayor aprobacion de los demas" (Idem). La exigencia fundamental del individuo a la sociedad es, entonces, "el doble tributo de beneficio y aprobacion" (Idem). El juego de las pasiones tiene sus propios limites, marcados por la constitucion de la naturaleza humana como tal, que al sentirse cercana a la trasgresion de aquellos detiene su avance; asi, por ejemplo, "la mas sedienta avaricia retrocede donde toca con la infamia y el oprobio" (Idem). Las pasiones se mueven u oscilan, en terminos del autor, "entre elyo y el no yo" (Idem). Pasiones e intereses "son la base de las relaciones mas extensas de la sociedad" (Idem) y su estudio es necesario para la comprension de lo social. Toro afirma:
   En efecto, el estudio de los intereses materiales conduce a la
   economia politica, y la observacion de los motivos que obran sobre
   la aprobacion que damos, o procuramos merecer, conduce al
   conocimiento de las leyes practicas de la moral. (...) El provecho
   y la aprobacion; el lucro y la legitimidad; el interes y la moral;
   he aqui la antitesis que persigue al hombre en todas las acciones
   de su vida, y de la cual no puede libertarse, pues la lleva consigo
   en la conciencia. La fuerza del interes, como externa indirecta, es
   mas inmediatamente sentida; por eso su desarrollo es mas completo y
   necesita menos de un apoyo moral. La aprobacion, como fuerza
   indirecta y refleja, es menos eficaz y puede debilitarse hasta el
   extremo, si no se auxilia con el apoyo de la moral y de la religion
   (17).


La aprobacion, en los conceptos referidos por Toro, es la expresion de un principio y un fin: este ultimo constituye el bien objeto de la sociedad, mientras que el primero es la regla moral que conduce al fin; de manera que la aprobacion universal "envuelve el deseo de la humanidad de afirmar la ley moral, unica que puede conducirla a la realizacion completa de su fin" (Idem, 117). Busca el bien por solo el bien, es el enunciado etico que formula "la suprema ley moral" (Idem, 118). Por ello la sociedad, definida en terminos de ser moral, al tender hacia la realizacion de su fin se manifiesta en una triada de elementos esenciales, a saber: la unidad, la variedad y la armonia. La unidad, primera "esencia de la sociedad", se expresa de la siguiente manera:
   Como ser moral [la sociedad] que se pone en el tiempo y mas alla
   del tiempo, tiene que gobernarse por leyes universales, absolutas y
   eternas; su objeto es unico, el bien; los medios para alcanzarle
   son varios, todos los que ofrece el mundo fisico y el mundo moral.
   La sociedad trabaja sin cesar en la mejora de su condicion, y
   atraida hacia el seno del Supremo Ser, trabaja con la conciencia de
   alcanzar su fin. En cada edad, en cada siglo presenta una nueva
   faz: su inteligencia se ilumina, su voluntad se extiende, su razon
   se eleva, y en la eternidad de su movimiento, cada paso la acerca
   mas a la perfeccion ideal, aunque nunca la realice de una manera
   absoluta. (...) la unidad social se realiza de varios modos: en la
   unidad de la nacion, como cuerpo politico (...); en la unidad de la
   legislacion, para que lo permitido y lo vedado lo sean en todas
   circunstancias, y la regla sea siempre una y universal; en la
   unidad de los principios morales, para que las nociones de lo justo
   y lo injusto no cambien con el tiempo, ni con las personas, ni con
   las cosas; en la unidad religiosa (...) (18).


La segunda esencia de la sociedad, la variedad, se expresa como "cuerpo colectivo formado por la reunion de individuos morales dotados de inteligencia y libertar" (Idem., 118). Asi, cada uno de los miembros de la sociedad posee su "esfera propia de accion", espacio en el cual cada individuo ejerce sus facultades: "el ejercicio de estas facultades no es ocasional o contingente, no nace de convenio ni de concesion gratuita (...), sino que es necesario, imprescriptible y eterno, como condicion precisa para la existencia de ser moral (...)" (Idem). Es esta la dimension de la libertad, la
   (...) la facultad de la persona moral de ser causa de sus propias
   acciones y de dirigir su actividad de la manera mas conforme a los
   fines de su existencia. La libertad ejercida por las facultades
   humanas se manifiesta en libertad de obrar y en libertad de pensar,
   o sea libertad externa y libertar interna. La primera comprende la
   libertad de estado, de ubicacion y de industria; la segunda, la
   libertad de creencia, de arte y de filosofia (19).


Ahora bien, puesto que la sociedad se manifiesta al mismo tiempo bajo los dos anteriores elementos esenciales, que a todas luces son opuestos, aun cuando su oposicion no sea excluyente sino limitante, es necesaria la aparicion, segun Toro, de la tercera esencia de la sociedad, la armonia. Esta suerte de tercer elemento sintetico, frente a los otros dos antiteticos, constituye una especie de dimension integradora que mantiene en tension permanente al cuerpo social, esto es, forzando el equilibrio social minimiza la disgregacion. Senala Toro: "sin ella [la armonia], la disociacion seria inevitable, porque o la totalidad absorberia la individualidad o esta se sobrepondria a la totalidad, resultando en ambos extremos perturbacion y desorden" (Idem, 120). Precisamente, la armonia permite la justa separacion y equilibrio de dos esferas de accion relevantes: la publica y la privada. Aqui coinciden en sintesis integradora las dos leyes morales supremas, a juicio de Toro: "Busca el bien por solo el bien", que es la ley moral de la sociedad; y "Obra de manera que tu accion pueda servir de regla para las acciones de todos", la ley para el individuo. La armonia tambien es una dimension limitativa y prescriptiva, ya que posibilita fijar la frontera de lo permitido o no, en razon de la valoracion del principio que el agente moral invoque para justificar su accion, "si este principio impide el fin de la asociacion" (la busqueda del bien por el solo bien) (Idem., 122). Finalmente,
   El gran problema de la sociedad es conservar su triple esencia. No
   hay nacion, ni gobierno, ni la dilacion, ni caracter nacional, ni
   progreso constante y uniforme si no hay unidad. No hay propiedad,
   ni emulacion, ni industrias, ni artes, ni riqueza si no se conserva
   la independencia individual. No hay verdadera asociacion, ni amor a
   las instituciones, ni fuerza en los poderes publicos ni igualdad
   racional, ni bienestar, ni contento en la nacion si no subsiste la
   armonia (20).


Por lo dicho hasta ahora, cabe adelantar una hipotesis interpretativa que, a juicio de quien escribe las presentes lineas, permite alcanzar una mejor comprension de la filosofia social y politica de Toro. En la vision de este autor el ambito de politico (con todo lo que ello implica: institucionalidad, gobierno, agentes o sujetos politicos ...) no es una dimension autonoma, dotada de una racionalidad propia como si fuera una suerte mecanismo autorregulado que solo puede ser evaluado desde su interior y a la luz de las reglas de juego generadas por el mismo. Esa pretension de que lo politico solo se conoce viviendo en las entranas del monstruo y asumiendo la mascara del operador politico, esta completamente fuera de lugar en el caso de lo planteado por Toro. En tanto que el autor entiende el cuerpo politico bajo la optica de la triada expuesta (21), la base de lo politico la constituye una normatividad etica de fondo, cuyos principios regulativos, cercanos al formalismo etico kantiano, permitirian precisamente valorar todo proyecto de vida individual o social por el caracter universalizable o no al rango de proyecto humano en general. Ello daria sentido, por lo demas, a la moralidad de las costumbres, pues tal eticidad fungiria como pauta de regulacion en la cual toda sancion moral (positiva o negativa, es decir, de aprobacion o desaprobacion), quedaria enmarcada. La supeditacion de lo politico a semejante normatividad etica de fondo, favorece, a juicio de Toro, la aparicion de formatos de accion propios del "comportamiento ciudadano" de los individuos que integran la sociedad. Siguiendo la lectura hecha por T.E. Carrillo Batalla, se observa que para Toro solo mediante "la elevacion del nivel etico de la poblacion" se podra superar, por ejemplo, el manejo doloso de las finanzas publicas o la distribucion injusta de la riqueza nacional, o la discrecionalidad del Gran Jefe para repartir los cargos publicos segun la voluntad politica que dirige su causa (22). El material empirico de estas alusiones lo habia recogido Toro del Monagato. De ahi su insistencia en esa normatividad etica de fondo como base de lo politico: la sancion moral adquiria mas fuerza que la propia sancion legal o fisico-material. La apreciacion de Carrillo Batalla al respecto, es correcta:
   Toro cree poco en la sancion material fisica. En este aspecto
   difiere de los filosofos del derecho penal, que consideran es la
   sancion lo que evita en el futuro se repitan hechos delictivos. Y
   por tanto el derecho penal hace mucho enfasis en la sancion como un
   dispositivo de la defensa de la sociedad. Toro, en cambio, no cree
   en ello como un factor eficiente y considera que lo que debe es
   evitarse por la conducta de la sociedad, del pueblo y por el
   futuro, para asi evitar que se puedan cometer esos hechos. Al hacer
   enfasis en que uno de los puntos fundamentales de la Constitucion,
   tiene que ser la moralidad de las costumbres, con ello lo que esta
   afirmando es precisamente que hay que tomar medidas para que la
   moralidad general de la sociedad y la moral administrativa florezca
   en el pais, se robustezca, y levanta un muro de contencion frente a
   esos arrebatos en contra de la cosa publica (23).


Justamente es esta percepcion la que le permite a Toro, en el marco concreto que contextualiza sus Reflexiones sobre la Ley de 10 de abril de 1834, desaprobar la practica de la usura, no solo por los resultados pemiciosos a los cuales conduce (cuestion que tambien examina con gran fuerza y solidez argumentativa, digase de paso), sino ademas porque aun bajo la pretendida legalidad que la norma juridica aparenta darle, la usura no constituye una practica validamente universalizable. Las palabras de Toro son enfaticas:
   Tenemos una regla moral, verdadera y universal para juzgar las
   acciones de los hombres y un poder en la sociedad para hacer
   observar aquella regla. Ahora bien: ?Es la usura una practica
   conforme a esta ley moral que dice: Obra de manera que tu accion
   pueda servir de regla a las acciones de todos? Yo digo que no; y en
   esto no algo mas que unir mi debil voz al consentimiento unanime de
   todos los pueblos de la tierra. La usura ha sido siempre reprobada,
   y para justificar es la reprobacion universal es preciso
   considerarla de los dos modos que deben examinarse todas las
   cuestiones sociales: juzgando la por los principios de la razon y
   por los datos de la experiencia (24).


Sobre la base de la eticidad, pues, Toro construye una especie de ecuacion entre ley, derecho y moral, que apunta todavia a esferas mas gruesas, como lo son la sancion moral, la formacion de costumbres y la ensenanza popular. Vale senalar de antemano que el caracter formal aparece de nuevo en su pensamiento:
   Las leyes, se ha dicho con propiedad, forman la conciencia publica
   y entran, por decirlo asi, en la sustancia del pueblo, modificando
   su caracter y sus habitos. El derecho solo rige las acciones
   externas, pero sus principios estan fundados en la moral, que es
   una legislacion puramente interna. La ley que pone en contradiccion
   el derecho con la moral destierra de los tribunales la justicia,
   deja al juez sin el apoyo de la conciencia, establece una columna
   desastrosa entre los deberes morales y las obligaciones legales y
   corrompe al pueblo, que no vera entonces en la legislacion y en la
   judicatura sino una armazon artificial, una combinacion como
   cualquiera otra, obra de los intereses o de las opiniones de una
   epoca o de un partido, y no un sistema de principios y de verdades
   eternas e inmutables que imponen en todo tiempo obligacion y
   reverencia. La ley en esta categoria veda lo que es inmoral, sin
   consideracion alguna a la fuerza externa que le presta la eficacia.
   Esta puede faltar porque es obra de los hombres; la obligacion
   moral, jamas, porque es la ley de la humanidad (25).


No es la institucion de un "poder moral" bolivariano lo que Toro tiene en mente, ya que tal poder seda expresion circunstancial, heteronoma y regulativa desde el exterior del individuo. Toro retorna a una salida quizas poco novedosa, segun el angulo de vision de cada quien: la institucion educativa es la condicion de posibilidad del despliegue autonomo del individuo: "La educacion moral --senala el autor--, la ensenanza literaria y cientifica, las escuelas de arte, de industria y de filosofia, la instruccion politica y religiosa, todo nace y se realiza en el seno de la sociedad; y a un gobierno ilustrado no debe ser extrano ninguno de los principios que abrazan estos conocimientos". (26) Si la educacion es dejada a un lado, si se pierde de la mirada y coordinacion de tal gobierno ilustrado, entonces lo politico se desata vilmente, y el gobierno "dejada de representar dignamente la sociedad, seria una maquina inutil en lugar de un organismo necesario" (Idem). La institucion educativa se ubica en el plano operativo de la muy humana condicion de perfectibilidad. El trazado de un plan educativo nacional apuntaria, por lo tanto, en la direccion de la consecucion a futuro de mayores niveles de conciencia ciudadana, obteniendose finalmente una mayor "defensa de la libertad, de la igualdad y de las instituciones democraticas" (27). En terminos de Toro:
   Educacion. La mejora del individuo es el medio mas seguro de
   mejorar la sociedad. La educacion, la difusion de las luces, el
   conocimiento de los deberes morales, politicos y religiosos es el
   unico camino para formar verdaderos ciudadanos, hombres de
   progreso, capacidades de todo genero que pongan la nacion en la ver
   dadera senda social (28).


Ahora bien, no se agota la percepcion de Toro en un mero optimismo (ingenuo) con respecto al papel social y politico que juega la educacion: semejante concepcion lo ubicaria claramente dentro de las filas del "optimismo lirico" que el mismo autor detesta. Vale complementar lo dicho hasta aqui, con lo presentado al respecto por Toro en otro de sus textos centrales, Europa y America (1839). Alli, su autor ha sostenido que lo educativo esta integrado a una red de conceptos que forman lo que Toro enuncia como los "principios que deben llamarse de la civilizacion" y que las "Republicas americanas (...) estan obligadas a observarlos religiosamente" (29) Educacion, Imprenta, Asociaciones y Clero constituyen cuatro puntos de partida sobre los cuales "la gran mision de America" efectivamente sea una posibilidad real, no utopica. A ellos se les une, en tanto principio etico de fondo, lapercepcion de que sin libertad no hay republica, y sin religion y moral no hay libertad . El plan republicano es concreto. Noteselo tras el giro retorico que da brillo al siguiente fragmento en el cual se indica por que las Republicas nacientes estan obligadas a observar los principios de civilizacion:
   (...) porque de la organizacion de ellas [de las Republicas], de la
   fijeza de sus instituciones, de la garantia que presten de
   estabilidad y progreso, de la seguridad que gocen en sus personas e
   intereses los nacionales y extranjeros, del respeto que se tenga a
   sus leyes, del castigo que se imponga a los crimenes, de la
   dignidad, en fin, que refleje todo esto sobre nuestros nacientes
   gobiernos depende su fuerza moral (...). No hay que dudarlo: las
   turbaciones y revueltas desacreditan la causa americana a los ojos
   del antiguo mundo; y los politicos de la vieja escuela que, bajo
   diversos nombres, ocultan su odio a las formas reoublicanas, darian
   siempre este pretexto para cohonestar sus planes liberticidas (31).


Es por ello, que conviene insistir en que la Republica pensada por Toro, mas que de heroes, requiere de ciudadanos, individuos libres, autonomos y evangelicamente iguales. "La conservacion --senala el autor-- de las formas republicanas es la gran mision de America" (32). Si se retoman los cuatro principios civilizatorios --permitase decirlo asi-- se vera que, ademas de la institucion educativa percibida como se ha indicado, comprende un caracter muy alejado de toda concepcion autoritarista, personalista, pretoriana o militarista en general. La libertad de imprenta --utilizando el termino epocal del lenguaje normativo dentro del cual juegan los actos de habla de Toro--, es una "condicion primaria de todo cuerpo politico que no quiere ver perecer su libertad, su igualdad, su independencia. La imprenta reemplaza y sobrepuja en poder y utilidad a todos los grandes medios o recursos populares de la antiguedad (...)" (33) (--resaltado nuestro). Precisamente, por su "fuerza y eficacia" el despotismo "huye con sus grandes auxiliares: la ignorancia y la supersticion" (Idem). Si se trata del tercer principio, el "espiritu de asociacion" (Idem), este, ajuicio del autor, rivaliza en poder, fuerza e influencia con la imprenta: si la division es la estrategia central de todo tirano, la asociacion marcha en un sentido absolutamente contrario, la unidad. Vale destacar el senalamiento de Toro: "El dia en que se desarrolle el espiritu de asociacion en las Republicas sudamericanas, ese es el ultimo de la existencia de esos miserables tiranuelos que, con diversos nombres y a la sombra de instituciones liberales, fomentan el desorden y la anarquia y son la ignominia de los nuevos Estados" (34).

Y el cuarto principio, que aparece en coherencia con el caracter religioso asumido por Toro, el Clero, muestra la fuerza de cohesion que la religion posee, ademas de su claro talante normativo de la accion particular: "es muy dificil --a juicio del autor-- detener las consecuencias de la irreligion en la politica y en las costumbres" (Idem). Desde la optica de Toro, ese clero ha de tener unas caracteristicas claras y definidas, que lo conecte con la Republica pensada: tendra que ser"un clero ilustrado, humilde, virtuoso y pobre" (Idem). Lamentablemente, Toro no ahonda mas en su perspectiva, y por momentos parece que en el autor no hay una nitida linea conceptual que le impida mezclar, por ejemplo, iglesia con clero, o religion con iglesia. Hay aqui una via de investigacion abierta al interesado.

Asi pues, al elemento de la libertad, entendida brevemente como "independencia de la voluntad [del individuo], en tanto que puede subsistir con la independencia de todos" (35) (principio de la variedad), se le suma, por un lado, la ley, expresada como la regla universal (principio de la unidad) y, por el otro lado, el poder, "que es la fuerza racional que asegura la aplicacion de los principios" (Idem) (principio de la armonia). Estas tres dimensiones de lo socio-politico le permitirian al observador apreciar el surgimiento de los mas distintos formatos de organizacion politica y evaluar entonces su alcance. Notense las combinaciones, segun Toro:
Ley y libertad sin poder--  Anarquia
Ley y poder sin libertad--  Despotismo
Poder sin libertad ni ley-- Barbarie
Poder con liberta y ley--   Republica


La reunion, pues, de los tres elementos sociales constituye la unica Constitucion legitima: libertad, ley y poder son sus condiciones indispensables y, por consiguiente, opuestas a los nefandos principios de la politica de los tiranos (...) (36).

Queda de esta manera esbozada la concepcion teorica que de lo social presenta Toro en dos de sus principales textos. Vale cerrar este trabajo con un breve comentario final. A la muerte de Toro (22 de diciembre de 1865), J.V. Gonzalez, quien fuera companero generacional, le llamo "el ultimo venezolano". Grave frase, aunque esperada si se atiende al estilo explosivo, unas veces, y romantico, otras tantas, que caracterizan al discurso de Gonzalez. Augusto Mijares al reflexionar sobre el asunto se ha preguntado acerca del sentido de semejante dicho, y se respondio a si mismo:
   (...) la resonancia que alcanzo este cognomento se debio, no tanto
   a los meritos del ilustre desaparecido, como al terrible
   significado que implicaba aquella denominacion. El ultimo
   venezolano: es como un finis patriae que resume el desaliento, la
   renunciacion, la derrota irremediable de todo el pais, y asi fue
   aceptado y repetido, casi con paradojico entusiasmo. ?Por que? Duro
   es adivinarlo: porque aquella cancelacion derrotista reflejaba el
   sentimiento nacional, tan arraigado y unanime que durante muchos
   anos sera repetido, en las mas variadas formas, por casi todos los
   venezolanos (37).


Toro penso su teoria justo en tiempos extraordinariamente criticos: en su momento habia que construir un pais, era el tiempo fundacional de la Republica. Su actitud intelectual es una muestra de que las naciones pueden ser pensadas desde el "espiritu de la civilidad" con mayor provecho, que llevadas por el "espiritu de guarnicion". El desaliento que pregona el apelativo lanzado por Gonzalez a su colega, es una denuncia publica que procuraba mover el sentimiento nacional vista la imposicion de un modo de dirigir los destinos nacionales que mira (a la Sartre) a Venezuela como un gran cuartel, en el cual la figura personal del gran lider militar, hombre-providencia, dicta y manda sin apelacion. Frente al personalismo despota --cuyos principios no parecen ser universalizables--, Toro asento las bases del civilismo en Venezuela.

Recibido: 28-08-2006 * Aceptado: 13-11-2006

Rafael GARCIA TORRES

Universidad Central de Venezuela / Universidad Catolica Andres Bello, Caracas, Venezuela.

(1) Con el animo de contextualizar lo dicho, conviene citar lo senalado por STRAKA, T. (2005): Las alas de 1caro: Indagacion sobre etica v ciudadania en Venezuela (1800-1830). Ucab -- Fundacion Honrad Adenauer Stiflung, Caracas. pp, 242-243: "la ciudadania nace como producto de la busqueda de una forma de vida propia que le permitiera a la elite criolla disfrutar de los derechos y ventajas que el Estado espanol progresivamente le fue quitando desde el siglo XVIII, cuando con el advenimiento de los Borbones al poder, las provincias de ultramar pasaron a ser consideradas colonias en un sentido mercantilista y fisiocratico. (...) 'Agraviados', pues, por no ser tratados como iguales comienzan a luchar por su libertad, bien que al principio entendida como autonomia para comerciar o para imponer sus propias normas municipales. Pero la cosa se hace patente con el colapso de 1808. A la llora de resurgir la representatividad con la desaparicion de la corona, la Junta Central consagra la clara desigualdad entre este y el otro lado del Atlantico. Aun el Simon Bolivar de la 'Carta de Jamaica' piensa bajo tales terminos: el Rey, afirma, es el que ha roto el pacto suscrito con nuestros ancestros los conquistadores. El Acta de Independencia de Venezuela, asi como la mayor parte de los documentos de la primera hora ratifican la tesis: la "Espana Americana' no es menos que la europea, por lo que ante el desconocimiento de esta a los derechos de la primera, no hay mas remedio que separarse (...)".

(2) GONZALEZ GUINAN, F(1909): Historia Contemporanea de Venezuela (T. II). Tip. Empresa El Cojo, Caracas, pp. 338.

(3) Ibid., p. 315. Todas las expresiones siguientes entre comillas son tomadas de esta fuente, pp. 315 y 316

(4) Idem.

(5) MORON, G (1971): Historia de Venezuela: La Nacionalidad (T. V). Britanica, Caracas

(6) GONZALEZ GUINAN, F (1909): Op. cit., p. 329.

(7) Ibidem.

(8) GABALDON, E & GAMUS DE WIESEL, J (1983): "Prologo", In: El pensamiento politico venezolano del siglo XX: El pensamiento politico de la restauracion liberal (T. I, V. 1). Congreso de la Republica, Caracas. p. 45.

(9) MONTENEGRO, W (1988): Introduccion a las doctrinas politico-economicas (5, reimpr, de la 3ra. ed.). F.C.E., Mexico. p. 30.

(10) Cf. PINO ITURRIETA, E (2003): Las ideas de los primeros venezolanos. UCAB, Caracas.

(11) Cf. GARCIA TORRES, R (2005): "El republicanismo civico como proyecto politico: La Teoria del Estado en Fermin Toro". Filosofia -- Unisinos. Volumen 6, no. 2. Mayo- Agosto, Unisinos, pp. 203-212.

(12) PINO ITURRIETA, E (2003): Op. cit., p. 24.

(13) Cf. VALLENILLA LANZ, L (1952): Cesarismo democratico: Estudio sobre las bases sociologicas de la constitucion efectiva de Venezuela (3ra. ed.). Tip. Garrido, Caracas.

(14) HARE, RM (1999): Ordenando la etica: Una Clasificacion de las teorias eticas. Ariel, Barcelona. p. 71.

(15) Ibid., p. 46.

(16) TORO, F (1960): "Reflexiones sobre la Ley de 10 de abril de 1843", In: Pensamiento politico venezolano del siglo XIX: La doctrina conservadora: Fermin Toro. Presidencia de la Republica, Caracas. Para su referencia en el presente trabajo, se utilizara la siguiente sintaxis: RL 10A, [numero de pagina en arabigo].

(17) Ibid., pp. 116-117.

(18) Ibid., pp.117-118,

(19) Ibid., pp. 118-119.

(20) Ibid., pp. 121-122.

(21) Otros desarrollos de la triple esencia de la sociedad segun Toro, se encuentran en las presentaciones que del pensamiento del autor ha realizado V. Tosta en sus textos: TOSTA, V. (1950): Exegesis del pensamiento social de Don Fermin Toro. Avila Grafica: Caraeas; TOSTA, V (1954): "Fermin Toro", en: Fermin Toro (Seleccion, estudio y notas de V. Tosta). Tip. Americana, Caracas. pp. IX-XLVI; y TOSTA, V (1958): Fermin Toro: Politico y sociologo de la armonia. Imprenta Juan Bravo, Caracas-Madrid.

(22) CARRILLO BATALLA, TE (1998): Historia del pensamiento economico de Fermin Toro. Academia Nacional de la Historia, Caracas. pp. 75-76.

(23) Ibid., p. 76.

(24) TORO, F (1960): op cit., p. 130.

(25) Ibid., p. 200.

(26) Ibid., p. 123.

(27) Ibid., p. 75.

(28) TORO, F (1960): "Europa y America", In: Pensamiento politico venezolano del siglo XIX: La doctrina conservadora: Fermin Toro. Presidencia de la Republica, Caracas. p. 94.

(29) Ibid., p. 93.

(30) Ibid., p. 94.

(31) Ibid., p. 93.

(32) Ibid., p. 94.

(33) Ibidem.

(34) Ibid., p. 95.

(35) Ibid., p. 93.

(36) Ibid., pp. 92-93.

(37) MIJARES, A (1991): El ultimo venezolano y otros ensayos. Monte Avila, Caracas. p. 33.
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Author:Garcia Torres, Rafael
Publication:Utopia y Praxis Latinoamericana
Date:Jan 1, 2007
Words:7162
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