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Fenomenologia de la mirada.

PHENOMENOLOGY OF THE VIEW

INTRODUCCION

La fenomenologia del cuerpo humano concibe la existencia subjetiva como una unidad integral, en donde el cuerpo se nos muestra como la expresion de una subjetividad. De acuerdo con esto, el fenomenologo considera que la operacion primigenia de dicha unidad integral es la percepcion, la cual implica el gesto, la palabra, la significacion, el sentido. La conciencia reflexiva, que nos permite la representacion cognoscitiva, valorativa, sensitiva y afectiva, acompana a la percepcion, permitiendo al cuerpo volver sobre sus vivencias y experiencias de mundo con el fin de desentranar su sentido. La percepcion y la reflexion son dos aspectos fundamentales en la constitucion de sentidos humanos.

Los significados que se derivan de las diversas percepciones poseen un valor cultural muy rico. Estos, con el tiempo, van constituyendo el paradigma perceptivo de tal o cual cultura. Por tanto, la percepcion se nos muestra como un proceso de valoracion y aprendizaje cultural, en donde los sentidos se educan y sus expresiones se aprenden. Asi, el modelo sensorial adoptado por una cultura revela su forma de tratar con el mundo. No es casualidad que los griegos definan el ser como 'permanente presencia' (ousia), ni que el credo judio empiece con las palabras 'escucha Israel'; tampoco es casualidad que en el occidente cristiano sobreabunde las imagenes y los iconos de Dios, ni que la cultura semita las censure a todas.

Los distintos modelos sensoriales adoptados por diversos grupos humanos existentes, nos dan pie para afirmar la constitucion de culturas visuales, orales, tactiles, entre otras. En este trabajo sostendre la siguiente hipotesis: la cultura occidental ha hecho enfasis en el paradigma perceptivo visual, ya que considera que el sentido de la vista es el que mas se relaciona con la racionalidad. Para los occidentales, la experiencia visual se ha constituido, a largo de la historia, en la experiencia perceptiva por excelencia. Siendo vision, el hombre occidental ha podido traducir y organizar la vastedad de sensaciones en: multiples preguntas, distintas respuestas creadoras, diversas construcciones culturales y variadas representaciones o visiones del mundo (cosmovisiones).

En los origenes de occidente, podemos observar la primacia del sentido de la vista. Edipo opta por sacarse los ojos, acto que significo reducir su existencia a la minima expresion. Platon define la razon como "los ojos del alma" y la idea como "lo visto por el alma", lo cual implica que el mundo de las ideas sea visual, es un mundo de figuras contempladas (Cruz Velez, 1970: 238-245). Aristoteles tambien desarrolla una filosofia fundada en imagenes y objetivaciones, razon por la que llega a definir al hombre y al mundo desde la vision del ser (Bubber, 1954: 23-46). No es gratuito que la verdad, meta de muchas doctrinas filosoficas, sea definida en terminos de recto mirar.

La cultura occidental acentuo mas el sentido de la vista cuando lo asocio al floreciente campo de la ciencia. En ese momento la mirada inquisitiva y penetrante del cientifico, ayudada por las extensiones opticas como el microscopio y el telescopio, se convirtio en la metafora de la adquisicion de conocimiento (1). Otro tanto hicieron las teorias de la evolucion al decretar el sentido de la vista como el sentido de la civilizacion. Se supuso que los sentidos inferiores -olfato, gusto y tacto- perdian importancia conforme el hombre ascendia en la escala de la evolucion:

existe una jerarquia sensorial de las razas humanas en la que el europeo (el hombre-ojo) ocupa el peldano superior, seguido del asiatico (el hombre-oido), el amerindio (el hombre-nariz), el australiano (el hombre-lengua) y el africano (el hombre-piel) (Gould, 1985).

En los siglos XIX y XX, la funcion de la vista se amplio mas con la invencion de las tecnologias visuales como la fotografia, la television, el cine y la informatica.

La preferencia de occidente por la vision, ha condicionado sus construcciones culturales en todos los ambitos: lenguaje, arte, filosofia, ciencia, tecnologia, religion, etc. Sobre esta base, los paradigmas sensoriales de culturas extranas fueron interpretados bajo la 'optica' del modelo visual occidental. La escritura, la lectura, los textos se han utilizado como esquemas fijos en el analisis cultural. Se creia que la cultura de un pueblo es un conjunto de textos, que el investigador intenta leer por encima del hombro de sus propietarios. Muchos investigadores no fueron mas alla de la descripcion e interpretacion visual de una cultura ajena, y por eso, no se percataron que existen objetos culturales que pierden toda su significacion original si son abstraidos de sus contextos dinamicos y transformados en objetos estaticos, observables en las vitrinas de los museos o albumes de fotografias (Ibid.: 4-5). Recordemos que los africanos y amerindios fueron considerados por los occidentales como pre-humanos sin alma porque no compartian con ellos su mismo color de piel. Las distinciones raciales -blanco, negro, amarillo, zambo, mestizo, entre otros- se hicieron a partir de percepciones visuales. Por otra parte, las culturas estructuradas en otros sentidos diferentes al de la vista, eran concebidas como primitivas o salvajes. La discriminacion femenina tambien estuvo ligada a la percepcion. Las mujeres fueron consideradas solo como aptas para desarrollar sentidos inferiores, y por eso, estaban destinadas a ambientes como la cocina, la cama o el cuarto de los ninos; mientras que las labores superiores como la erudicion, la aventura y el gobierno estaban reservadas para los ejemplares masculinos, debido a que se consideraba que solo estos poseian una vista amplia, una larga mira.

El enfasis visual hace que la explicitaciones o representaciones de la cultura giren en torno a conceptos opticos: contemplar, imagen, perspectiva, punto de vista, perfil, horizonte, cosmovision, ideas, ideas claras, reflejo, evidencia, intuicion, objeto, sujeto, texto, contexto ... Tambien hace que los conceptos derivados de otras experiencias sensoriales vayan siendo sustituidos por conceptos opticos: armonia de mundo por vision de mundo; olor a santidad por aura. Al estructurar esquemas puramente visuales para comprender otras culturas, tambien se puede pasar por alto que existen culturas que explicitan su modo de percibir el mundo a partir de complejos vocabularios no visuales (Gossen, 1974: 7).

Tanto por los aportes como por los vacios que se derivan de la adopcion de este paradigma sensorial, consideramos relevante llamar la atencion sobre el papel que juega la mirada en el mundo de la vida.

1. EL OJO, LA VISION Y LA MIRADA

El ojo es definido como el organo de la vision. Este organo es concreto y por eso ha servido como objeto de analisis de las ciencias naturales: anatomia, fisiologia, biologia, entre otros. El oculista que examina los ojos de un paciente los objetiva, aplica a ellos su saber y de alli saca las conclusiones acerca de su naturaleza. No obstante, a pesar de los grandes avances de la ciencia de la vision, debemos decir que ella no abarca el fenomeno de la vision en su totalidad, que los cientificos no han agotado el misterio de la percepcion visual, que el problema del como miramos aun sigue sin tener una respuesta absoluta (Barbotin, 1977: 167): "nuestros ojos de carne son mas que receptores de luces, colores, lineas; son ordenadores del mundo que tienen el don de lo visible" (Merleau-Ponty, 1977: 21).

La vision no es un organo-ojo sino el acto general y unitario que es ejecutado por los ojos. Ella es unica en su expresion concreta: dos ojos y una sola vision. Tener vision equivale a tener posicion, acceso y apertura a un sistema de seres, los seres visibles, que estan a la disposicion del ojo en virtud de una especie de contrato primordial con el mundo, el cual no es dado por nosotros mismos sino recibido: "la vision nos abre a todo lo que no es yo, a un horizonte, a un campo; y se nos da sin ningun esfuerzo, es un ejercicio pre-personal" (Ibid., 1977: 232). Esto nos lleva a decir que la vision es un acto espacial y distante (Arheim, 1976:16-17) que supone un principio de co-existencia entre el hombre y el mundo: "toda vision es vision de algo, es una relacion con el ser, una manera particular de ser-en-el-mundo, una modalidad de la existencia" (Ibid.: 236).

La mirada se nos muestra como una vision orientada. Ella nace en el momento en que interrogamos el sentido de la vista y seleccionamos del universo visual, lo que para nosotros posee significado y valor: "la mirada es la vision humana preguntandose por simisma" (Ibid.: 131-133). Esto nos lleva a afirmar que entre ver y mirar existe una diferencia esencial: "fijar la mirada es separar la region observada del resto del horizonte; es interrumpir la vida total del espectaculo; es sustituir la vision global por una local, la cual es gobernada por el sujeto a su manera. Si la vision es un acto pre-personal y general, la mirada es un acto personal y regional" (Ibid.: 240).

Los latinos supieron hacer esta distincion esencial. Para ellos la palabra mirar (mirari) significaba extranarse, admirarse ante algo o alguien. Ellos expresaron el acto de mirar como sorpresa, desconcierto, extranamiento frente a lo visto. Mirar implica detener la vista, anclarla mediante una actitud serena en virtud de la cual se suspende, se pone entre parentesis el resto del movimiento y la accion corporal.

La mirada nace en los ojos pero los trasciende. Ella es un fenomenofrontera que equidista entre lo objetivo y lo subjetivo. Podemos objetivar los ojos, tocarlos, manipularlos pero la mirada sigue siendo el hecho misterioso que, aunque visible, se nos escapa y no se deja definir en absoluto: la mirada es la expresion subjetiva de los ojos. "El cirujano puede coger el globo ocular con los dedos o con las pinzas, pero la mirada le rehuye. El estudio o analisis de un ojo vivo no da como resultado la definicion de una mirada. Esta solo se entrega a otra mirada" (Barbotin, 1977:167).

La mirada, como fijacion de nuestra intencionalidad en el campo visual, se nos muestra como una fuente de conocimiento, ya sea filosofico, artistico, cientifico, teologico ... Esta actitud disuelve el espectaculo general y rompe con la actitud natural de nuestra vision. Cuanto mas se ve, menos se mira; cuanto mas se mira, menos se ve:

el cientifico debe fijar la mirada para poder emprender un estudio sobre la vision; debe cesar de vivir la vision e interrogarse sobre ella; debe fijar la actitud reflexiva para romper la actitud irreflexiva, en la cual nos ignoramos como sujetos de un campo visual (Merleau-Ponty, 1975: 242).

Cuando miramos atamos nuestros ojos a algo a causa de no acertar a explicarnoslo. De esta manera, la mirada se nos da como un acto de analisis. Ella equivale a salir de si, a enajenarse, a alterarse, a perder la claridad de la vision general para dirigir su poder descubridor a un ser particular. Sin embargo, aunque el analisis sea su fundamento, la mirada no se agota ahi. Otra nota esencial de ella es la de reintegrar los objetos, dandonos noticias de su totalidad: la mirada es comprehensiva, es capaz de sintetizar lo analizado.

2. ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA MIRADA

A manera de sintesis, podemos decir que la mirada se nos muestra como un fenomeno que:

Selecciona y excluye: para la fijacion de la mirada, el sujeto debe escoger, dentro del vasto horizonte visual, algo que mirar. Lo propio de la mirada es operar una seleccion en la visibilidad de los objetos, definir un punto de vista excluyendo a los demas. Asi como mi mirada posada en el objeto lo hace existir para mi, a la inversa, retiro de el mis ojos para rechazarlo, negarlo, arrojarlo al campo de no-vision (Ibid.: 172-174). "Hallar el marco adecuado de un problema equivale casi a hallar su solucion. Esta estrategia puede verse perturbada si escogemos incorrectamente el marco visual de la situacion que debe mirarse" (Arheim, 1976:19-38).

Volitiva: mirar implica deseo, voluntad de mirar. Nuestra percepcion optica es una opcion que tomamos para indicarnos simbolos, expectativas de exito, obstaculos, reacciones de las cosas y posibilidades de alcanzarlas en conexion con nuestra intervencion practica (Gehlen, 1987:199-202).

Intencion-orientacion: la intencionalidad de la mirada nos designa el desde donde miramos, el como. Si varia la intencion, tambien varia la mirada aun siendo dirigida al mismo objeto. No es lo mismo, un bosque mirado con intenciones cientificas que mirado con intenciones artisticas.

Construye significado en lo mirado: ella nos permite acceder al mundo y asi penetramos en la comprension de las cosas. Mirando nos explicamos el mundo y, al tiempo le otorgamos un sentido, un significado. A diferencia del ojo, la mirada esta cargada de subjetividad. Es por esta razon que la mirada extiende su sentido segun los elementos que posea el vidente. El telescopio, la camara de video, el texto, el mapa son herramientas que influyen en el desarrollo de una mirada.

Simboliza: el acto de mirar guarda cierta equivalencia con el acto de nombrar. Al mirar nombramos y al nombrar aprehendemos. El nombrar, aunque no recoge todo el acto del mirar, se nos da como la herramienta mas idonea para extender la potencialidad de la mirada: "el mirar ahorra el tocar; el nombrar ahorra el mirar. En cada caso lo uno suple a lo otro, lo representa. El hombre recibe por el lenguaje la super-vista (vision sin-optica) del pasado y delfuturo, asicomo de lo ausente" (Ibid.: 208).

Apropiacion: ella a la vez que ordena el mundo, lo conquista y nos lo da en propiedad. Hace de las cosas nuestro haber, nos constituye en poseedores de nuestro mundo. No es casualidad que los espanoles hayan denominado las tierras conquistadas como "el nuevo mundo". Su mirada conquistadora permitio que se concibieran como sujetos ante un objeto inexplorado. Lo esencial de su mirada no fue la relacion de tu a tu, o de yo a alguien, sino de yo a algo. Las cosas se ignoraban y ellos se percibieron como los seres privilegiados para descubrirlas (desencubrirlas), sacarlas a la luz, ordenarlas y disponer de ellas.

Completa el objeto: no se conforma solo con la seccion visible, no se limita solo al material dado. La mirada es pro-vidente, ya que se incorpora extensiones no visibles como partes genuinas de lo visible; posee un alto poder de organizacion tanto en lo general como en lo particular:
   el hombre al mirar ordena el mundo. Los ojos humanos
   ven el mundo y lo que le falta al mundo para ser cuadro ...
   no podemos ver un cubo formado por seis caras y doce
   aristas, lo que vemos es una figura en perspectiva, en la
   cual las caras laterales estan semi-ocultas y la cara anterior
   absolutamente escondida. Si hablamos de cubos es porque
   nuestra mirada completa estas apariencias, suple la cara
   oculta. Nunca podemos ver un cubo segun su definicion
   geometrica; sin embargo, en nuestra percepcion operamos
   con el (Ibidem.)


Una vez senalado el nucleo significativo de la mirada y dado que no la podemos definir en absoluto, consideramos pertinente llamar la atencion sobre algunos modos de mirar que han hecho carrera en la historia cultural de occidente. Trataremos de explicitar, a grandes rasgos, la manera como occidente ha mirado el cuerpo propio, las cosas y al otro.

3. EL HOMBRE COMO SER VIDENTE: LA MIRADA AL MUNDO DE LAS COSAS

1. La mirada ingenua: tesis general de la actitud natural

Con respecto a las cosas que nos rodean, el cuerpo propio es un ser vidente y el mundo es lo que vemos. En el mundo de la vida, las cosas vistas no son unidades ideales poseidas por un intelecto; mas bien, en el habitamos las cosas y ellas se nos muestran simplemente como cosas frente a nosotros, como objetos totalmente independientes. Esta orientacion de la mirada es la que conocemos con el nombre de "actitud natural":

la actitud natural es la vida cotidiana; en ella el hombre esta en relacion con su mundo circundante representando, juzgando, valorando, sintiendo y queriendo ingenuamente. La actitud natural hace que el yo se mueva directamente hacia el mundo, alejandose de si. Es decir, el interes del hombre no esta en si mismo sino en las cosas. Dicho interes determina el sentido de su saber, es por eso que el mundo se convierte en el modelo de todo su ser. Por tanto, cuando esta actitud se refiere al yo, lo concibe como una cosa entre las cosas, como un "algo" perteneciente al mundo (Husserl, 1949: 64-66).

En esta actitud no somos conscientes ni de la subjetividad propia ni mucho menos de la subjetividad ajena, es por eso que nos entregamos a las cosas depositando en ellas una especie de "fe", en la cual escasean las preguntas. Por si mismas, las cosas se nos dan como verdaderas e incuestionables. La actitud natural nace de una actitud ingenua acritica en donde el yo cree ingenuamente en la existencia del mundo. "Esta manera de creer no es el saber de un ser consciente de algo, sino un acto de posicion en el cual se pone el mundo como existente. Esta es la tesis general de la actitud natural" (Ibid.: 68-69).

La tesis general de la actitud natural es el suelo comun de donde parten todas las miradas. Es la mirada primera que debe ser aceptada tanto por el hombre cotidiano como por el filosofo, el cientifico, el artista, el religioso. No obstante, esta tesis puede ser afirmada o negada. Veamos algunos casos donde es afirmada y, por consiguiente, la subjetividad propia, implicita en todo acto de mirar, es relegada a un segundo plano o en el peor de los casos desconocida.

2. La mirada animista o idolatrica

La mirada animista a la vez que intenta conquistar las cosas, le dona su sujeto al mundo. El sujeto queda confiscado por su propia mirada:

la vehemencia de mi deseo me pone en peligro de esclavizarme a la cosa que queria dominar. Le reconozco a la naturaleza una especie de derecho sobre mi persona. La fascinacion me arrebata el libre dominio sobre mi conducta. Mi mirada queda sujeta al mundo de lo visible (Barbotin, 1977:178-179).

Seducidos por la fe perceptiva, situamos por encima de nosotros a la naturaleza y, a la vez, invertimos la jerarquia de los seres: subjetivamos a la naturaleza y nos degradamos a la condicion de cosa entre las cosas. Esta actitud es dualista y, por consiguiente, nos arrebata nuestra esencia, pues no somos nosotros los que le damos sentido al mundo de las cosas sino el es el que nos confiere sentido:
   la mirada animista desconoce el yo y hace surgir en las
   cosas una multitud de otros, un universo de intenciones
   desconocidas, de miradas misteriosas que me rodean sin
   que yo pueda verdaderamente cruzarme con ellas (Ibidem.).


La mirada animista es propia del hombre en quien la distincion del yo y el no-yo es incompleta. Es el caso del artista que dialoga con las cosas y extiende sobre ellas su subjetividad. Muchos pintores han dicho que las cosas miran porque invierten los roles entre ellos y lo visible:

al pintor le hace falta admitir que el espiritu sale por sus ojos para ir a pasear por las cosas, ya que el no deja de ajustar a ellas su videncia. El hombre pinta porque ha visto. Al pintor le hace falta confesarse que la mirada es espejo o concentracion del cosmos, que la idea se abre por ella a un cosmos, que la misma cosa esta alla en el corazon del mundo y aca en el corazon de la mirada (Merleau-Ponty, 1977: 23-25).

Tambien es el caso del filosofo materialista que concibe al hombre tan solo como el resultado de procesos supra-humanos, que lo define como una pieza-cosa que esta al vaiven del sentido que viene inscrito desde afuera por el gran rompecabezas cosmico. Asi, desprovistos de nuestra subjetividad y nuestra libertad, quedamos reducidos a ser un fragmento del tiempo y el espacio, un momento en la ilimitada evolucion del universo. El filosofo materialista espera que, la naturaleza le envie el rayo de "luz natural" para poder leer en plenitud el sentido extrano del mundo de las cosas y, por ende, el sentido del hombre-cosa. La tesis natural de la fe perceptiva esta implicita en este tipo de filosofia y por eso entrana una contradiccion, ya que todo determinismo causal es fruto de un acto de conciencia, de una mirada que no puede transcenderse a si misma: "esta actitud olvida que el ser del hombre y el ser de las cosas solo tienen sentido para el hombre. Las cosas no tienen sentido para ellas ni entre si. Si no hubieran mas que cosas, nada tendria sentido" (Luypen, 1967: 26).

3. La mirada solipsista

Esta es otra variante de la mirada ingenua y representa el polo opuesto de la mirada animista. Ella pone su fe en la mirada "pura". Ya no es la naturaleza personificada la que nos dicta sus leyes, sino el "Espiritu puro", el que lee las normas que rigen el mundo. Si aquella tiene un movimiento de afuera hacia adentro, esta lo tiene de adentro hacia fuera. La mirada objetivista sigue privando al hombre de su subjetividad, pues la mirada del "Espiritu puro", no coincide con la mirada propia del sujeto. Es como si el sujeto pudiera salir de si para mirar a traves del ojo del "Espiritu", y desde alli pudiera definir absolutamente el ser de todas las cosas, incluido el cuerpo-cosa del yo y del otro: "la mirada objetivista tiende a reducir en torno a mi el mundo de los sujetos, a extinguir esas miradas que me miran, a proporcionarme la ventaja absoluta de ver sin ser visto" (Barbotin, 1977:188-189).

La mirada, al ser el sentido de la distancia por excelencia, no involucra directamente al cuerpo. Es decir, no existe un con-tacto propiamente dicho entre la mirada y lo mirado. Por eso, ella puede definir una distancia y mantenerla. Dicho en otros terminos, puede objetivar y dominar. Gracias a su estructura, la mirada objetivista ha sido erigida como el sentido absoluto de conocimiento. Podemos aventurarnos a decir que la historia del como conocemos en occidente esta marcada por una actitud objetivista y dominante: "la vision del conocimiento demanda la necesidad de estar apartado, intencion de ver desde una distancia, privilegio de mirar desde una posicion apartada. La distancia visual es lo suficientemente correctapara la ciencia" (Jenks, 3).

La mirada objetivista convierte al hombre en un "observador", en un vidente sin cuerpo capaz de comprehender exactamente, con una sola mirada, todo el universo observado. La mirada de la razon pura es una mirada de sobrevuelo, sin optica, transparente, con valor de verdad absoluta que capta todas las cosas, incluido al mismo vidente, sin llegar a comprometerse con el mundo:
   la idea de observacion implica una pasividad estudiada y
   una falta de compromiso. Es una actitud que esta resuelta a
   reducir la practica visual al comportamiento de una vision
   pura. Un teorico objetivo debe estar en la capacidad de
   contemplar, espectar, observar a distancia sin comprometer
   su subjetividad en lo observado (Ibidem).


El reduccionismo practicado por la mirada objetivista es ingenuo y tambien entrana una contradiccion en su seno, ya que todo acto de mirar, incluida la mirada del observador, implica necesariamente una referencia a la subjetividad. La vision pura es ciega y no existe. Mirar es mirar siempre algo con los ojos subjetivados. No es el ojo el que ve, "soy yo" el que ve: "es esencial a la mirada la imaginacion, la intencionalidad, el deseo. La capacidad para obtener una vision pura se convierte ella misma en una clase de ceguera" (Mitchell, 1986:15-19).

En aras de adquirir status de vidente puro y dado que los ojos humanos no eran fiables para este cometido, el observador se dio a la tarea de construirse unos ojos que registraran la realidad de una manera fidelisima y, por ende, indiscutible. Es por eso que la agudizacion del observador fue intensificada por la invencion de la perspectiva, asistida esta por el uso del espejo y de la lente. Proceso simultaneo que se popularizo por medio de la imprenta, la cual es tambien otra especie de tecnologia visual (Gombrich, 1987:142-145): "con la perspectiva, el tiempo se enlazo con el espacio en la mirada. La profundidad del cuerpo perspectivo alude a un recorrido temporal que la mirada atraviesajunto con el espacio (2)."

La perspectiva es un tipo de mirada connatural al hombre que asocia el tamano de los objetos re-presentados con la distancia que tienen respecto al punto de vista del vidente. Lo que trae de nuevo la perspectiva renacentista es el codigo matematico de lectura. La perspectiva matematizada y geometrizada, transportada a un mapa bidimensional, torna los cuerpos en figuras. Asi, la mirada humana queda aislada y ella misma se convierte en mirada objetivista. Esta nueva perspectiva nos define como observadores que espian la realidad desde un punto de vista ubicado fuera del espectaculo. La perspectiva matematizada es el caldo de cultivo para el pensamiento cartesiano descorporeizado. El positivismo trata de llevar la figura del observador hasta su limite: el observador de Comte nos da su revelacion positivista, su axioma fundamental que nos baja del cielo a la tierra: "se puede creer solo en lo que puede ser visto" (Jenks, 5-6). Con el positivismo, la copia exacta de la realidad por medio de la vision pura seguia haciendo carrera. La doctrina positivista del progreso tecnico se propuso realizar la utopia de una copia esencial del que trascendiera los limites impuestos y reprodujera en forma perfecta la realidad:

en el cientismo (positivismo) la practica constructiva se considera autonoma y el pensamiento se reduce deliberadamente al conjunto de las tecnicas de aprehension que inventa. Para el, pensar es experimentar, es reducir la realidad a fenomenos altamente trabajados en el laboratorio; los cuales no son solo registrados por los aparatos sino tambien producidos. El cientismo viene a ser una especie de artificialismo absoluto (Merleau-Ponty, 1977: 9-10).

La dictadura determinista de la mirada objetivista es ingenua porque pasa por alto la investigacion de sus fundamentos. No se da cuenta que detras del "ojo del Espiritu" hay un hombre de carne y hueso, que "contamina" la mirada pura con sus intenciones, intereses y pasiones. No se percata que el codigo positivista legisla sobre re-presentaciones humanas y no divinas:
   la mirada objetivista hace del observador una persona
   inmovil, que no parpadea y nunca esta separada de lo
   que ve. Hace del espectador un dios en quien converge el
   mundo entero. Esta actitud es ingenua porque tal tipo de
   observador es imposible (Ibid.: 8).


4. La mirada ingenua a las cosas re-presentadas

Esta mirada parte de una actitud natural doblemente ingenua porque afirma la tesis general del mundo y la prolonga al mundo cultural sin hacer ninguna clase de distincion; no discierne la diferencia esencial que existe entre una imagen presentada y una imagen re-presentada, entre la realidad y la realidad virtual: "los animales pintados el Lascaux no estan alli como la huella de un calcareo en la roca. La pintura es algo mas que un cuadro-cosa" (Ibid.: 18-20).

La imagen presentada es la que se nos da en el mundo de la vida, es la experiencia actual que realizamos con las cosas naturales, es la materia prima para la realizacion de imagenes culturales. El comercio con este tipo de imagenes fue mas evidente en antano en donde el hombre tenia una relacion mas directa con la naturaleza. En nuestro tiempo, el mundo esta sobreabundado de imagenes y el acceso mas inmediato a el se nos da a partir de imagenes culturales, imagenes filtradas por intenciones humanas, es decir, re-significadas. Hoy resulta mas dificil discernir entre una y otra. Por consiguiente, la mirada corre el peligro de ser despojada de su originalidad, puesto que gran parte de lo mirado ha sido pre-mirado: "la naturaleza ya no se ofrece a si misma libre de compromiso sensorial, de labor humana. La mayoria deformas elementales de la naturaleza esta tocada por la cultura (Ibid.: 9-10). Ninguna imagen pertenece al mundo de las cosas, ellas son representaciones que equidistan entre las cosas y el hombre, constituyen la cuasi-presencia que conforma todo el problema de lo imaginario" (Merleau-Ponty, 1977: 20).

El cambio revolucionario que produjeron los lentes en el regimen de la vision no fue percibido claramente y se produjo una confusion que no dejo diferenciar el paso de la vision a la visualizacion; confusion que fue aceptada como norma valida (Virilio, 1994:13). La verdad del "recto mirar" evoluciono a "verdad fotografica". Con la re-mirada inocentemente creemos que los aparatos nos brindan una lectura literal, en terminos de objetividad pura, de los fenomenos. No obstante, la precision de ellos siempre tendra como patron de referencia al hombre tanto en su ser creador como en su ser medidor.

5. La mirada critica

La mirada, concebida como proceso cultural de aprendizaje, nos libera del status ingenuo y nos eleva al status de videntes re-flexivos. Pero para comprender esto debemos aprender a mirar criticamente. Alli donde muchos tipos de conocimiento decretaron la mirada pura, debemos hurgar con nuestra mirada critica; debemos restituir a la mirada su esencial capacidad de asombro y curiosidad porque, como dice Heraclito, los ojos son malos testigos si estan en almas barbaras [Diels Krans].

las imagenes reproducidas re-presentan un estado de cosas, no asumen el status de representaciones literales. Ellas son meta-foricas. En la actitud natural, el simbolismo visual esta despojado de su rol metaforico y comunmente se lo reconoce como correspondencia. Los miembros de la cultura cotidiana se ven descalificados en cuanto a sus capacidades como seres interpretativos (Jenks, 13).

La mirada critica, al igual que todos los actos de mirar, nace en la actitud natural. Pero, en primer momento, no afirma ni niega la tesis general ingenua; la interroga. Es un modo de ser-en-el-mundo, que rompe con la unidad hombre-mundo e interroga los dos polos de dicha unidad: el hombre y el mundo. No sabemos de antemano cual es la naturaleza de la pregunta, esta se va haciendo en el camino y va prescribiendo el tipo de respuesta: "la relacion entre ojos y cosas es singular. De mi mirada depende que a veces me quede en lo aparente y de ella depende tambien que otras veces vaya a las cosas mismas" (Merleau-Ponty, 1966: 33-34).

La pregunta hecha por la mirada critica va orientada hacia dos direcciones: hacia la objetividad de lo visto -?que veo?- y hacia la subjetividad del vidente -?quien ve?-; hacia el mundo y hacia el ser que hace posible que dicho mundo pueda ser visto: "necesitamos interrogar la naturaleza del que ve y de lo visto, esto es, interrogar los valores e intenciones que operan en la produccion de la imagen. Estamos obligados a revelar la parcialidad, necesitamos ser reflexivos. La purificacion de la vision restringe la gran variedad de puntos de vista a una vision-tunel aceptada en la interaccion cotidiana" (Ibid.: 13-14).

La mirada critica redescubre nuestra apertura al mundo; abre todas las investigaciones que se creian cerradas, y nos muestra al mundo como un ser que todavia no ha sido agotado, como un misterio inagotable que todavia esta por mirar. Ella va mas alla de la actitud natural y se nos da como el acto humano mas idoneo para asumir la actitud re-flexiva autentica: "el filosofo debe vivir y descubrir desde si el por que de la apertura y la ocultacion del mundo. En el momento en que se pone a hacerlo aparece la re-flexion y queda abolida la discordancia manifestada en la actitud natural. Con la re-flexion, percibir e imaginar se reducen a dos modos de pensamiento y con ella ganamos el pensamiento de ver; el cual puede mostrarse como una rigurosa correlacion integrada entre mi mirada y las respuestas que ella suscita" (Merleau-Ponty, 1966: 48-49).

No obstante, para poder asumir la actitud re-flexiva se nos hace necesario que la mirada critica interrogue la subjetividad del vidente. Para lograr este cometido debemos dar un paso mas, debemos abrir nuestra mirada a un mundo que trascienda el mundo de las apariencias y de las cosas, debemos fijar nuestra mirada en la subjetividad del otro: "la re-flexion para ser autentica debe renunciar a las facilidades de un mundo con una sola entrada o de un mundo con varias entradas, todas ellas accesibles al ser que re-flexiona. La re-flexion se mantiene en la encrucijada donde se efectua el paso del yo al mundo y a los demas" (Ibid.: 199).

Para conocer la propia subjetividad, paradojicamente, debemos recurrir a la subjetividad del otro: "es necesario que la mirada se vuelva a posar en el suelo de lo sensible tal como esta en el mundo de la vida para nuestro cuerpo. Es necesario que con mi cuerpo se despierten los cuerpos asociados, las miradas ajenas que me acechan. Asi, la mirada alegre de las ciencias aprendera a sentarse en las cosas mismas y en el hombre mismo. Asi, la mirada de las ciencias llegara a ser filosofia" (Merleau-Ponty, 1977:12-13).

4. EL HOMBRE COMO SER VISIBLE: LA MIRADA AL MUNDO DE LOS OTROS

Con respecto a los otros, el hombre, ademas de ser vidente, es un ser visible: "mi cuerpo es a la vez vidente y visible. El, que mira todas las cosas, tambien se puede mirar. Gracias a la mirada del otro me puedo mirar mirando. El hombre es espejo para el hombre" (Ibid.: 16-17). La condicion humana de ser vidente-visible, ser-en-el-mundo-con-otros, fue ignorada por la re-presentacion dualista, la cual establecio una dicotomia absurda entre el yo-absoluto y todo lo otro. De esta manera, el hombre de la actitud natural no se percato de la distancia infranqueable que separa a "alguien" de "algo", y asi, sacrifico tanto la subjetividad propia como la del otro: "la mirada del otro rompe con mi afan de procurarme una mirada absoluta. Con la mirada del otro, mi universo se descentra y gravita en torno a un nuevo centro de conciencia, el cual nos comunica su propia vida, su subjetividad. La mirada del otro ensancha mi horizonte de manera inapreciable; mi mirada se siente llevada hacia la huida, en una direccion desconocida. El otro me abre el horizonte de la humanidad. Tras la mirada del otro presiento un numero ilimitado de otros hombres reales o posibles" (Barbotin, 1977:184-185).

Con la aparicion de la mirada del otro, nuestro ser experimenta una segunda apertura al mundo. La mirada propia ya no es la panoramica, lejana y distante sino una mirada cercana que, con su poder esencial de interrogar, posibilita el encuentro de miradas: "la clasificacion de las cosas parecia perfecta porque miraba la variedad autentica de las cosas desde muy lejos y muy arriba. No habia aprendido aun a mirar de cerca" (Garcia-Baro, 1999:17).

En el mundo de la vida, el cuerpo del otro, a pesar de que posea la indeclinable objetividad de un organismo, puede ser objeto de saber, ofrece una subjetividad inalienable presente en toda su totalidad, aunque con mayor fuerza en la mirada. La mirada ajena se nos da como un foco maravilloso de la epifania, de la manifestacion del otro. Es en ella donde se desvanece la objetividad para hacer sitio a la subjetividad: "la mirada del otro esta prenada de subjetividad, es por eso que no puede ser objeto de ciencia ni puede ser expresada en una sola definicion. La mirada solo puede ser encontrada por otra mirada. Ella se manifiesta en la comunicacion de dos subjetividades, es el signo y acto de una comunion inquebrantable. No hay una ciencia del otro como sujeto-mirada, solo hay una con-ciencia de la mirada del otro" (Ibid.: 168-169).

La mirada del otro es una llamada, una apelacion que nos hace el para que pasemos del ser-en-el-mundo, al ser-en-el-mundo-con-otros; del mundo subjetivo al mundo intersubjetivo. No obstante, dicha apelacion puede ser reconocida, afirmada y promovida, o puede ser negada adrede. De la actitud u orientacion de nuestra mirada depende la afirmacion o negacion del otro: "puedo afirmar al otro en su subjetividad o puedo sentirme tentado a reducirlo a sus "aspectos", a arrojarlo entre las cosas. Esta tentacion puede convertirse en necesidad si mi funcion social, de medico por ejemplo, me exige poner sobre el otro una mirada de ciencia" (Ibid.: 187).

Sin el animo de agotar el tema, demonos a la tarea de explicitar algunos modos de mirar que se nos muestran como tipologias en la vida cotidiana. Primero veamos los que niegan la subjetividad del otro, y luego los que la afirman y promueven.

6. La mirada objetivadora o conflictiva

La mirada objetivadora reconoce al otro como otro, pero se niega a la llamada de la intersubjetividad. Ella hace de la aparicion del otro una amenaza. Nos sentimos acechados por la mirada del otro porque descubrimos en ella la presencia de una libertad ajena que se nos escapa, que no podemos sacarla de nosotros mismos, que no podemos ponerla en duda ni constituirla en cosa, que destruye con el solo hecho de aparecer cualquier tentativa de mirada absoluta o de objetividad pura: "frente a la mirada del otro quedo despojado de la trascendencia propia de mi subjetividad. Mi caida original es la existencia del otro. Capto la mirada del otro como solidificacion, como alienacion de mis propias posibilidades. El otro como mirada es mi trascendencia trascendida" (Sartre, 1948: 291).

Este tipo de mirada no deriva en intersubjetividad autentica sino en el reconocimiento de la co-existencia de dos miradas solipsistas. Aqui, la mirada del otro no penetra nuestro ser, lo resbala y se posa tan solo en sus apariencias. Adrede no hace la diferencia entre la mirada a algo y la mirada a alguien. La respuesta a la apelacion del otro es una mirada petrificante que salva la libertad propia en detrimento de la libertad ajena: si yo objetivizo al otro, vuelvo a recuperar parcialmente mi mundo. La objetivacion del otro es la defensa que me libera del otro y lo confiere para mi (Ibid.: 296).

La mirada objetivadora es una extension de la mirada objetivista y, por consiguiente, nunca conducira a la experiencia de una convivencia genuina. Al unico modo de co-existencia que nos conduce es al del conflicto permanente entre contrarios, donde el "infierno son los otros" (Ibid.: 41), y donde la unica forma de afrontar dicho infierno, de recuperar la dignidad escindida por la presencia del otro, es afirmando la subjetividad propia y reduciendo la subjetividad ajena a la condicion de cosa entre las cosas. La mirada conflictiva esta determinada por un unico principio: cosifico o me cosifican. Ella tira al traste cualquier tentativa por lograr un "nosotros" autentico. En una sociedad donde el otro se expresa como infierno, la co-existencia nunca podra evolucionar a intersubjetividad autentica:

en esta forma, todas las relaciones humanas concretas estan determinadas desde el principio. El otro me rechaza y me reduce a una cosa-en-su-mundo, y yo controlo su subjetividad convirtiendolo en objeto para mi. No hay otras posibilidades. Por consiguiente, la intersubjetividad carece de sentido si se quiere que esta palabra exprese una relacion de sujeto a sujeto. Las relaciones humanas se agotan por completo con la doble posibilidad de trascender al otro o de dejarme trascender por el (Luypen, 1967:196-197).

La mirada objetivadora, a diferencia de la objetivista, es real y es la propia de una sociedad en crisis, donde los sujetos entablan relaciones basadas en el individualismo, la conveniencia y el conflicto. Una sociedad que mire el mundo solo desde esta perspectiva es decadente, pesimista y degradante, ya que la co-existencia degenera en apropiacion y manipulacion de los semejantes y del mundo al libre albedrio del que detente un minimo de poder. Objetivar equivale a no ser capaz de soportar que el otro se realice en forma personal y que escriba su propia historia. Significa negarse a vivir juntos en un mundo comun. Es una tentativa de disolver la subjetividad del otro dentro del proyecto de la subjetividad propia.

La mirada objetivadora se matiza y se convierte en el prototipo de la mirada cientifica que procura descifrar todos los enigmas que giran en torno a la subjetividad humana. La pregunta esencial de la mirada del otro es pro-puesta como objeto de investigacion. De esta manera, en cierta medida, secuestra a la persona porque intenta deliberadamente hacerle decir al otro mas de lo que el quiere dar de si. Cuando introducimos en el nuestro ojo-bisturi lo tratamos como una cosa, como algo carente de intimidad. Miramos al otro como objeto de curiosidad, como si su razon de ser consistiera en saciar nuestras ansias de ver y de saber. Asi, intentamos reabsorber su subjetividad en su fenomenalidad. El interlocutor-paciente que se queja aludiendo que no es un bicho raro, no se equivoca. El ojo de ciencia, en muchas circunstancias, se ha prestado como instrumento para expropiar la subjetividad del otro: "con la ecografia la mujer corre el peligro de ser expropiada de su poder sobre la procreacion, para confiar al ojo tecnico de la medicina el control del embarazo" [Duden].

El culto a los "aspectos" del ser humano es otra manifestacion de la mirada objetivadora. Esta experiencia ha sufrido una extension sin precedentes con la popularizacion de las tecnologias visuales. El cuerpo desnudo o semidesnudo es una posicion a la que convergen todas las miradas. Es una pornografia enmascarada que fragmenta al ser humano y nos muestra tan solo una parte sin hacer referencia a la totalidad: "la vedette es convertida en idolo expuesto por todos los medios, dado como pasto en millones de pantalla, a un sinnumero de miradas que la devoran. La dignidad de la persona queda reducida a su mera apariencia. Los maniquies vivos de la moda muestran la crueldad como el sujeto humano se ve reducido a un simple soporte desposeido de significado propio" (Ibidem).

No obstante, y por fortuna, la mirada objetivadora no es el unico modo de ser-en-el-mundo-con-otros. La apelacion, la llamada que nace en la mirada del otro para que le sea reconocida su subjetividad, puede ser correspondida afirmativamente con otra mirada que acepte y, a la vez, promueva su potencialidad. La mirada del otro puede encontrar en la nuestra, una mirada de amor: "encontrar y reconocer al otro en su subjetividad es lo que se designa como amor. Amar es querer al otro como sujeto, como libertad; es una voluntad de promocion que responde a la llamada del otro. El yo que ama desea ante todo la existencia del tu, y quiere ademas su desarrollo autonomo" (Gervaert, 58).

6.1. El reconocimiento del otro como sujeto: la mirada de amor

Si mirar las cosas es tomar conciencia de su inconsciencia, mirar autenticamente al otro es tomar conciencia de que nuestro interlocutor entrana una subjetividad, aunque diferente a la propia; que su mirada es la de un ser humano. La mirada de amor nos revela que el otro, ademas de sus apariencias, posee una interioridad a la que incesantemente le preguntamos por su modo de mirar, por la orientacion implicita en su mirada: "pregunto al otro que paisaje de valores culturales es el suyo; en que campo de referencias esteticas, morales, religiosas, se despliega su existencia; cual es la naturaleza de su ideal. Intento percibir como me mira el otro, como me evalua: ?que hombre soy para la mirada tuya?, ?en que medida me tienes en cuenta para tu existencia? El otro tambien me interroga y su cuestionamiento tambien me recreaypromueve en igual medida" (Barbotin, 1977: 205-206).

La mirada de amor ya no es la mirada lejana del observador, sino una mirada cercana que aproxima a las personas. Todos empezamos a descubrir y a configurar la mirada propia en las miradas promotoras de las personas cercanas: padre, madre, amigos, profesores ... Al tomar conciencia del otro como persona, nuestra mirada amorosa le expresa cercania, afecto, respeto y, sobre todo, apertura. Mediante la actitud del amor abrimos la subjetividad propia y le invitamos al otro a que se haga participe de ella; trascendemos el mundo propio y acudimos al otro para convidarlo a construir un mundo nuestro, un mundo humano donde las multiples subjetividades se den a la tarea de construir un proyecto comun. Desde la perspectiva del amor, el hombre es un proyecto-en-el-mundo destinado a realizarse y a convertir el mundo en un mundo humano y nuestro (Luypen, 1967: 208-210), "frente a la persona amada, frente a los hombres esclavizados delante de ti, tu libertad no puede quererse sin salir de su individualidad. El otro es tu deber, tu amor, tu fidelidad, tu invencion. El hombre no es mas que un nudo de relaciones, las relaciones son lo unico que cuentan para el hombre" (Merleau-Ponty, 1975: 463).

La orientacion del amor hace que la co-existencia evolucione a una autentica intersubjetividad, a que de la masa pasemos a la comununidad. Lejos de concebir la presencia del otro como una amenaza que pone en peligro la subjetividad propia, rompemos con el "sentirnos amenazados", y reconocemos al otro como el ser que misteriosamente enriquece nuestro mundo. La mirada de amor es la invitacion a creer, a tener fe en la humanidad; tanto en la propia como en la ajena; tanto en la real como en la posible; tanto en la pasada como en la actual y la futura. Ella estimula al otro a ser alguien y a no dejarse encuadrar en los esquemas rigidos pensados para clasificar las cosas: "el otro me interpela con su mirada y me obliga a comprender su apelacion, a no cenirme a sus apariencias sino a lo que el es por encima de ellas, recurro a su subjetividad. Es la subjetividad la que apela ante mien su mas noble expresion: la mirada. Es como si su mirada muda me dijera: se tu mismo, pero conmigo" (Ibid.: 208-210). Por consiguiente, la mirada de amor afirma y promueve. Afirma la subjetividad del otro, en tanto persona que comparte con el vidente la misma estructura humana, pero que difiere en el sentido dado a ella. Promueve al otro a que no se asuma como un ser definido, sino que se mire como un ser que encuentra su esencia en un tener-que-llegar-a-ser: "la mirada promotora mira al otro como es, pero, sobre todo, lo mira tal como cree que es capaz de llegar a ser" (Barbotin, 1977: 211-212).

La mirada de amor nace en la actitud natural pero rompe con ella y nos senala la vida como un llamado, como una vocacion a ensenar a mirar desde la actitud del amor; nos impulsa a ser "maestros". Parafraseando a Husserl, la mirada de amor nos muestra un derrotero en donde debemos ser funcionarios de la verdadera humanidad, de la intersubjetividad autentica, de pasar de la mera instruccion a la promocion, de la informacion a la formacion: "la mirada del maestro despierta a la persona a su propia libertad en un encuentro inmediato intersubjetivo, juega con la reciprocidad de las conciencias. Ella afirma al otro en su existencia y le llama a ser, le estimula a igualar su imagen real con su imagen ideal" (Ibid.: 209-211).

La mirada de amor hace del vidente -padres, amigos, cientificos, filosofos- un maestro co-responsable en la madurez de la personalidad de los otros: "los maestros se distinguen por esa maravillosa capacidad de ver al hombre con nuevos ojos, de llamarle a nuevas conquistas en si mismo. Los maestros tienen la tarea de revelar a la humanidad la grandeza que lleva en si misma sin saberlo. Tras de ellos, el hombre no aparece como antes de ellos. El hombre se ha descubierto un rostro nuevo hecho de sombras y claridades nuevas, se siente llamado a dar un sentido inedito a su existencia" (Ibid.: 215).

La mirada de amor de un maestro difiere esencialmente de la mirada de un instructor porque aquella es una experiencia vivida que primero es acto y luego se transforma en sabiduria; mientras que esta se queda solo en el concepto y con el tiempo se convierte en intelectualismo, en discurso. El maestro ve en su discipulo un companero de viaje, un tu cercano. El instructor ve un el lejano, distante. Y para que exista un encuentro verdadero se hace necesario que el yo y el otro entrecrucen sus subjetividades: "podemos acercarnos a la esencia del hombre si acertamos a comprenderlo como el ser en cuyo encuentro, en cuyo estar-dos-en-reciproca-presencia, se realiza y se reconoce cada vez el encuentro del "uno" con el "otro"." (Buber, 1954:151).

PERSPECTIVAS

La mirada no nace, se hace. Ella es un proceso cultural de aprendizaje. Por tanto, uno de los objetivos fundamentales de la educacion es el de ensenar a mirar. Toda educacion, ademas de ser critica y reflexiva, debe ser promotora. De esta manera, la mirada critica y la mirada de amor se nos muestran como condiciones a todo proyecto educativo que aspire a ser autentico.

La tarea de aprender a mirar criticamente y amorosamente, debe hacerse mas pronto que tarde porque en aprender a mirar se nos va la vida.

RECIBIDO EL 24 DE FEBRERO DE 2009 Y APROBADO EL 5 DE JUNIO DE 2009

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Miguel Angel Villamil Pineda

Universidad de San Buenaventura, Colombia, mavillamill3@hotmail.com

(1) Cfr. Classen, C. Fundamentos de una antropologia de los sentidos. En: http://www.unesco.org/issj/ rics153/classenspa.html Fecha ultimo acceso: Octubre 3 de 2008.

(2) Cfr. Andreella, F. Genealogia del ojo posmoderno. En: http://www.jornada.unam.mx./1999/ sp99/990926/sem-fabrizio.htlm. Fecha ultimo acceso: Junio 14 de 2008.
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Author:Villamil Pineda, Miguel Angel
Publication:Discusiones Filosoficas
Article Type:Ensayo
Date:Jan 1, 2009
Words:8994
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