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Feminizacion del empleo y trabajo precario en las agriculturas latinoamericanas globalizadas.

The Feminization of Employment and Precarious Work in Globalized Latin American Agriculture

Feminizacao do emprego e trabalho precario nas agriculturas latino-americanas globalizadas

Introduccion

El proceso de globalizacion de las agriculturas latinoamericanas vincula a los territorios rurales del sur con los mercados de consumo en los paises del norte. Estos circuitos forman parte de cadenas productivas globalizadas que se sostienen en el trabajo precario de hombres y mujeres ademas de adolescentes y ninos de ambos sexos.

Aunque una parte del empleo agricola--fundamentalmente masculino--es permanente, el trabajo que genera la produccion de frutas, hortalizas y flores se caracteriza por una estacionalidad marcada por el ritmo de crecimiento y maduracion de las plantaciones y los cultivos en cada temporada.

El empleo temporal se ha incrementado bajo el paradigma neoliberal y ha venido de la mano con nuevos fenomenos como la feminizacion del mercado de trabajo y las migraciones estacionales tanto al interior de las fronteras nacionales como entre paises.

Estos desplazamientos afectan tanto a las relaciones entre los generos como a las formas de vida de las poblaciones involucradas.

No es la primera vez que las agriculturas latinoamericanas producen para el mercado internacional. La historia de la cana de azucar, el cafe, el cacao, el tabaco, la banana y el trigo en los paises templados, asi como de otros productos en zonas subtropicales forman parte de la historia colonial y republicana.

Hoy sin embargo no estamos frente al sistema de haciendas y plantaciones ni ante el viejo latifundio sino frente a empresas modernas de capitales nacionales y trasnacionales que se mueven en los territorios con fluidez, deslocalizando o relocalizando inversiones para nutrir las exportaciones del sur hacia el norte mientras los capitales se mueven de norte a sur y tambien de sur a sur. Al mismo tiempo, los trabajadores de ambos sexos se desplazan de zonas pobres a zonas de cultivos intensivos (Valdes, 2014). Por ejemplo, algunos capitales chilenos han comprado tierras en el estado de Sonora, Mexico; en el valle de Ica, Peru; en Neuquen, Argentina y en la zona vitivinicola mendocina, mientras capitales extranjeros como los de Unifrutti y Dole se desplazan entre distintos paises.

La movilidad del capital se acompana por la movilidad de la fuerza de trabajo: en la temporadas de la fruta llegan a Chile temporeros de ambos sexos de Peru, Ecuador, Bolivia y Colombia (Valdes, 2012, 2014; Mendoza, 2011) mientras trabajadores chilenos se desplazan en el territorio siguiendo el empleo que ofrece la fruticultura. A estos flujos se suman los campesinos mapuche (Neira, 2012) que migran a trabajar durante las temporadas igual a como ocurre con otros grupos indigenas en Peru, Ecuador, Mexico y Costa Rica (FAO, 2012a, 2012b).

La agricultura intensiva de exportacion indujo a la feminizacion de los mercados de trabajo. Considerando la masiva incorporacion actual de las mujeres a estos mercados debemos consignar el hecho de que bajo el periodo de industrializacion por sustitucion de importaciones (ISI), asi como ocurrio con la industrializacion europea, los mismos Estados contribuyeron a crear un orden de genero que situo a las mujeres en el mundo domestico--inhibiendo incluso su participacion en el mercado de trabajo--con el fin de establecer un tipo de familia "bien constituida" basada en la separacion de esferas: una masculina asociada al trabajo y otra femenina vinculada a la casa, los hijos y la familia (Valdes, 2007).

De hecho, la industrializacion incentivada por el modelo de sustitucion de importaciones se acompano por la masculinizacion del empleo. En este contexto, los regimenes fordistas se desarrollaron junto a la expansion de los sistemas de proteccion al trabajo logrados por la presion del sindicalismo y el papel que asumio el Estado de Bienestar en la regulacion de las relaciones entre capital y trabajo.

En el contexto del post-fordismo, bajo este escenario de feminizacion del mercado de trabajo, este se devaluo al reorganizarse bajo la logica de la flexibilidad laboral. De este modo, el lugar que ocupan las mujeres en estos mercados de trabajo latinoamericanos es precario no solo por la estacionalidad y la reduccion del empleo a ciertos meses al ano sino tambien por la desregulacion del contrato laboral y por la informalidad del vinculo con las empresas o con los agentes de subcontratacion (Lara y De Grammont, 2011).

El orden de genero de la sociedad salarial del siglo XX (Castel, 1997) en cambio estuvo marcado por la idea del "salario familiar y la maternidad moral" (Goody, 2000) mientras hoy los discursos de genero y las politicas publicas afirman y promueven la autonomia economica de las mujeres asi como los procesos de emancipacion de la tutela marital que las propias mujeres logran con la independencia economica, fenomeno que interpretamos--al tenor de la naturaleza de la inclusion asalariada femenina en la agricultura--como "emancipacion precaria" dadas las ausencias o limitaciones en los sistemas de proteccion social (Valdes, 2010).

En un contexto donde se cruza la "desagrarizacion" de las economias campesinas (De Grammont, 2009) con escenarios de multiempleo rural junto a migraciones y asalarizacion no solo del campesinado sino tambien de la poblacion urbana y rural sin tierra que ingresa a los empleos agricolas temporales, la pobreza rural aumenta o se mantiene (Kay, 2009), situacion que produce estrategias argumentativas de gobiernos y agencias multilaterales proclives a la participacion laboral de las mujeres como clave para superar la pobreza (CEPAL, 2007).

El aumento de la participacion laboral femenina en las actividades agricolas exportadoras se ha producido en paralelo al desmantelamiento de los dispositivos de proteccion social que caracterizaron el proceso de industrializacion sustitutiva. Ello se traduce en procesos de asalarizacion que no logran contribuir al despegue de la pobreza de las poblaciones involucradas en estos mercados de trabajo aunque el salario contribuya a mitigarla y, a veces, a que ellas puedan lograr autonomia de la tutela masculina.

Basandome en el estudio FAO-CEPAL-OIT (2012) en siete paises relacionando genero, pobreza y trabajo asalariado agricola cuyas conclusiones estuvieron a mi cargo, sumado a los estudios que hemos realizado y que estamos realizando en Chile, (1) voy a referirme a las condiciones de trabajo, las migraciones laborales y las politicas sociales para mitigar la pobreza y la vulnerabilidad social de las "temporeras".

Condiciones laborales de las "temporeras"

La presencia de mujeres en el mercado de trabajo agricola latinoamericano en ciertas epocas del ano forma parte del rostro contemporaneo de la agricultura intensiva volcada a los mercados externos. Se situan en los primeros eslabones de la cadena agro-industrial tanto en el cultivo de hortalizas, flores y frutas como en el proceso de empaque.

Asi, por ejemplo, en la produccion citricola en la provincia de Tucuman, Argentina, tienen empleo transitorio en tareas tales como seleccionadoras o clasificadoras en las plantaciones y como selladoras, tapadoras y corregidoras en los packing y puestos de control y vigilancia.

La inestabilidad laboral va de la mano con condiciones de trabajo que someten a las mujeres a estar de pie, al ritmo de tareas mecanizadas en cintas transportadoras, a un ambiente de trabajo bajo control, a jornadas continuas con poco tiempo para ir al bano y para alimentarse. No obstante, las trabajadoras de la agro-industria se rigen por la legislacion general del trabajo y no por la de los trabajadores del campo, lo que les garantiza mayor cobertura social, mas derechos y derecho a negociacion colectiva (Aparicio, 2012).

En el valle de San Francisco, Brasil, la proporcion de mujeres que trabaja en el mango es de 36% mientras en la uva trabaja un 43%. El 14% de las asalariadas tiene empleo permanente y el 86% empleo temporal con contratos que varian entre treinta y ciento sesenta y cinco dias. Alrededor de cinco mil mujeres trabajan informalmente como "diaristas", lo que suma un total de cincuenta mil mujeres en el mercado de trabajo fruticola del valle (Gama, 2012).

Brasil tiene mayores niveles de sindicalizacion que el resto de la region, mayor participacion de las mujeres en sindicatos y negociaciones colectivas asi como un mayor grado de cumplimiento de la legislacion laboral ademas de convenios colectivos que fijan el salario por zafra. No obstante y pese a su prohibicion, hay trabajo subcontratado.

En Chile las mujeres representaron el 33,6% de los asalariados temporales y el 10,3% de los trabajadores permanentes con importantes variaciones estacionales: 23% entre mayo y julio de 2006, 31,5% entre agosto y octubre, 43,3% en el trimestre entre noviembre de 2006 y enero de 2007 y 41,2% entre febrero y abril 2007, lo que evidencia la permanencia de una proporcion importante de mujeres todo el ano en el mercado de trabajo con rotaciones laborales para mantener el salario (Caro, 2012).

En el ano 2009 el 24,2% de las mujeres y el 19,7% de los hombres ganaron un salario inferior al legal; el 23% de los temporeros trabajo mas horas que las cuarenta y cinco legales; un 5,8% de las mujeres y un 4,1% de los hombres trabajaron mas de cincuenta y siete horas semanales. En el ano 2011 un 46,8% de los hombres y un 38% de las mujeres con empleo directo en las empresas no tuvo contrato de trabajo, mientras en los sistemas subcontratados esto aumento al 50% en los hombres y al 39% en las mujeres. En Chile los temporeros de ambos generos no tienen derecho a negociacion colectiva y la informalidad afecta a cerca del 40% de las temporeras.

En el valle de Ica--en la costa central peruana--donde se cultiva el esparrago, las mujeres trabajan en dos cosechas anuales: una de duracion de un mes y medio y otra de cuatro meses. Se desempenan en labores de campo como el deshierbe, el abono, la cosecha y la seleccion antes de la entrada del producto a la planta. Los hombres, que gozan de trabajo permanente, tambien realizan estas labores mas otras bajo techo mientras las mujeres se concentran en la cosecha y en la seleccion a pleno sol con temperaturas de hasta 30 grados centigrados. En las plantas se dedican al lavado en pozas (con cinco grados de temperatura); la seleccion, la clasificacion y el empaque en cajas; el congelado (con cero grados de temperatura) y el despacho. En los planteles se concentran en las primeras etapas del proceso.

En promedio, las mujeres trabajan seis meses al ano en esparragos, lo que se puede ampliar por el trabajo en la uva, los citricos, el maiz y la alcachofa. El 26,4% de los hombres y el 42,6% de las mujeres perciben un salario por debajo del legal. Un estatuto especial para los trabajadores agricolas para fomentar las inversiones los coloca en desventaja salarial frente al resto de los trabajadores (Ruiz, 2012).

En la sierra centro-norte de Ecuador la floricultura incorpora mujeres urbanas y rurales en una proporcion de 30,5% trabajadoras temporales urbanas y 52,2% rurales. Se generan mas empleos permanentes que en otros cultivos: 69,5% de los empleos de las mujeres urbanas y 47.8% de las rurales.

En la preparacion de la tierra, la siembra y las labores de cuidado de la planta se emplea a hombres y mujeres pero en la fumigacion solo a los hombres. Luego de un periodo de tres a cuatro meses, a esta etapa le sucede el aporque, el deshierbe y el desyeme. A los seis meses de la siembra se cosecha y para esta labor se prefiere a las mujeres.

El embalaje y la post-cosecha se realizan en empresas grandes donde trabajan hombres y mujeres pero en su mayoria son las mujeres las que manipulan las flores.

Las jornadas de trabajo comienzan a las siete de la manana; luego hay una hora para almorzar, de doce a trece; y a las diez de la noche se les proporciona un refrigerio; se termina la j ornada entre las doce de la noche y dos de la manana. Esta condicion laboral se caracteriza por el no pago de horas extras y por los descuentos del j ornal cuando no cumplen con lo pactado por dia.

En la temporada alta de cosecha y post-cosecha es donde participan mas mujeres. Los horarios se prolongan, aumenta el pago "a destajo" y la rotacion entre actividades. En esta epoca las trabajadoras permanentes tambien tienen largas jornadas aunque se les paga horas extra si cumplen con los estandares acordados.

La contratacion con intermediarios, frecuente en las grandes empresas, contempla la formacion de cuadrillas a cargo de un hombre que les paga a los trabajadores. En cuanto a cumplimiento de derecho a organizacion, salario legal y afiliacion a la seguridad social hubo un indice de incumplimiento del 60% en los dos cantones floricolas (Vasconez, 2012).

Para el cultivo de hortalizas en el estado de Sinaloa, Mexico, trabajan en forma temporal un 58% de hombres y 42% de mujeres. Dentro de los jornaleros agricolas el 9,8% son ninos y adolescentes menores de dieciocho anos y el 12,4% son ninas, lo que aumenta entre los migrantes indigenas entre ninos y adolescentes al 14,3% en los hombres y al 25% en las mujeres.

Hombres y mujeres trabajan en distintos cultivos. En el tomate rojo es donde participan mas mujeres: un 50% de indigenas que aumentan en el cultivo de la calabacita y el chile. Establecen rotaciones laborales en varios cultivos. El 93,8% de las jornaleras labora en dos cultivos y el 73,2% en tres, llegando estas mujeres a alcanzar la condicion de trabajadoras permanentes pero en distintos cultivos y empresas.

No hay negociacion colectiva para los jornaleros agricolas. Cinco de cada cien jornaleros estan en sindicatos. Hay diferencias salariales por sexo y etnia, que en general corresponde a condicion migratoria: los salarios percibidos por los hombres no indigenas se concentran en el rango de tres salarios minimos en un 45,7% mientras en las mujeres no indigenas se concentran en un 58% en el rango de dos salarios minimos. Entre los indigenas el 39,3% de los hombres y el 56,3% de las mujeres ganan dos salarios minimos.

De ciento cuarenta empresas encuestadas, cuarenta y nueve prestaban servicios de salud, treinta y tres servicios de guarderias infantiles, treinta y cinco de educacion a los hijos, cincuenta de traslado de origen a destino, correspondiendo la mayor cantidad de prestaciones a las empresas que contrataban a mas de doscientos jornaleros (Barron, 2012).

Los recolectores de cafe en Los Santos, Costa Rica--hombres, mujeres y ninos--son trabajadores informales que venden su fuerza de trabajo a cambio de una remuneracion diaria que se paga por cajuelas recogidas. Esta labor no comporta la proteccion social ni el acceso a la seguridad social a las que tienen derecho los trabajadores formales. Los recolectores de cafe solo logran tener prestaciones en salud de acceso universal, por lo que el sistema de salud subsidia al empleador que no paga cotizaciones (Fernandez, 2012).

En terminos generales, las mujeres trabajan en mas de un cultivo: las rotaciones laborales en distintas actividades y productos les permiten prolongar el tiempo de asalarizacion a varios meses anuales llegando, a lo menos una parte de las temporeras, al empleo permanente ya sea en las flores, los esparragos o las hortalizas y las frutas.

Asimismo, al analizar las trayectorias laborales, se observa la permanencia durante varios ciclos agricolas del trabajo temporal en un mismo cultivo, lo que lleva a definir a este tipo de empleo como "permanentemente temporal", cubriendose meses de inactividad en un cultivo con empleo en otro.

Estas y otras caracteristicas de las trabajadoras permitirian afirmar que se trata de una categoria laboral con identidad laboral (trabajan siempre en estas actividades) aunque precaria (lo hacen con intermitencia y no necesariamente estando sujetas a modos formales de empleo).

La situacion de las temporeras en los esparragos, las flores, las hortalizas y el cafe en Costa Rica es mas desprotegida que en los paises del Cono Sur y Brasil, asi como con mayores grados de informalidad.

En los esparragos, aunque se garantiza que la mayoria de las trabajadoras tiene contrato, esto no asegura el pago de los montos salariales legales ni el acceso a seguridad social. En las flores, las asalariadas permanentes estan mas protegidas que las temporales. En las hortalizas, los grados de informalidad y desproteccion social son altos, mientras que el cultivo del cafe se caracteriza por la informalidad generalizada. En todos estos cultivos gana terreno el salario a "destajo" lo que se acompana con altos niveles de informalidad que llegan a ser generalizados cuando no hay contratos de trabajo, como ocurre en Sinaloa, Mexico, y en Los Santos, Costa Rica.

La desproteccion y la informalidad laboral para estas trabajadoras se encuentran fuertemente enraizadas en la legislacion donde las temporeras tienen un status especial que las diferencia de otros trabajadores, como ha sido historicamente el caso de las empleadas domesticas.

El tipo de contrato que regula la relacion laboral que predomina entre las asalariadas combina el pago del salario minimo pero a esto se superpone con el salario "a destajo", lo que se traduce en una combinacion dirigida a un aumento de la productividad a partir de un monto minimo salarial. En Brasil se ha logrado elevar ese piso minimo por medio de los convenios colectivos; pero, en general, tal combinacion implica aumentar la jornada laboral por encima de las ocho horas.

Migraciones laborales estacionales

Las migraciones generadas por la alta demanda de fuerza de trabajo en la agricultura pueden asumir un caracter definitivo, lo que esta a la raiz del crecimiento poblacional en areas de agricultura intensiva--por ejemplo en el valle de Ica, Peru, y en Copiapo, Chile. Tambien puede tratarse de una migracion pendular--de ida y vuelta, como en el caso de Sinaloa, en Mexico, de las flores en Ecuador, el cafe en Costa Rica y la uva en Chile--o de una migracion circulatoria, en el caso de poblaciones desarraigadas que se desplazan entre distintos empleos temporales y diferentes territorios (Lara y de Grammont, 2011; Morales, 2014; Bada y Fox, 2014).

La crisis que enfrentan las economias campesinas e indigenas, el desempleo en zonas urbanas deprimidas y el aumento del porcentaje de las familias que son sostenidas por mujeres son factores asociados a los desplazamientos de migrantes y a la asalarizacion en la agricultura intensiva. El incremento de poblaciones moviles en busqueda de salario ha modificado las formas de vida sedentarias conformandose "territorios migratorios" (Tarrius, 2010) que hacen visibles los desplazamiento de poblaciones de una region a otra y entre paises en cada temporada agricola.

Una parte importante de las trabajadoras que vive de los salarios temporales recorre circuitos entre distintos lugares, empresas y cultivos. Se trata de una suerte de "nomadismo asalariado" asentado en la demanda por trabajo en faenas agricolas intensivas y en la pobreza en los lugares de residencia. Hombres, mujeres y familias completas alimentan temporada tras temporada la migracion laboral para realizar las tareas vinculadas a la uva, el cafe, las hortalizas, las flores y los esparragos en zonas de Chile (Valdes, 2012), Costa Rica, Mexico, Ecuador y Peru. En Argentina, dentro de los circuitos migratorios destacan la migracion a Neuquen para la manzana y a la uva vinifera de los valles mendocinos (Caro, 2013).

En Chile se ha establecido un corredor migratorio de temporeros de la fruta, especialmente de la uva de mesa, cuya frontera norte se ubica en el Valle de Copiapo, en Atacama, y la frontera sur en el rio Maule. Las migraciones estacionales se ven favorecidas por los subcontratistas de mano de obra dotados de medios de transporte y relaciones con las empresas (Valdes, 2014). Pese a la alta proporcion de temporeros chilenos que se trasladan de valle en valle procurando alargar la percepcion de salario, algunos miembros de la poblacion local de los lugares con cultivos de frutales y alta afluencia de migrantes sostienen que "ahora los temporeros no son chilenos, son mapuche y extranjeros" (entrevista a subcontratista de mano de obra en Colchagua, 2013).

Poblaciones provenientes del sur, del norte, de los paises andinos, del campo, de la ciudad y de las comunidades indigenas viajan a Atacama a fines de invierno para emplearse desde agosto en la poda de los parronales y luego en el amarre, la cosecha y, por fin, el embalaje en febrero. Muchos se quedan en el valle: por ejemplo temporeras de la zona central que un ano fueron a trabajar a la uva y que se establecieron e integraron por medio de alianzas matrimoniales con los lugarenos (Valdes, 2012).

Algunos migrantes peruanos y bolivianos de ambos sexos participan de tomas de terreno en los altos de la ciudad de Copiapo para asentar alli sus viviendas y otros migrantes forman parte de migraciones pendulares como los indigenas mapuche que, gracias al salario en la uva durante los seis meses que dejan sus tierras y familias, logran capitalizar sus predios (Mendoza, 2011; Valdes, 2014).

Los mismos copiapopinos se desplazan a los valles del sur empleandose en el packing de uva donde conviven con poblacion del sur, especialmente mapuche (Herrada, 2013). Estos temporeros migrantes que constituyen el 60% de los trabajadores estacionales del valle son hombres y mujeres que luego "bajan" en latitud a contar desde mediados de febrero para trabajar en los valles meridionales: Huasco, Elqui, Aconcagua, Maipo, y mas al sur. En el viaje a las temporadas al sur a fines de verano se les suma poblacion local e incluso del extremo norte y migrantes de los paises andinos que, al igual que los chilenos, han quedado sin trabajo. En este contingente de migrantes estacionales es importante el numero de jefas de hogar que prolongan su periodo de asalarizacion mediante el desplazamiento de valle en valle conforme madura la uva de mesa (Valdes, 2012; 2014).

En las migraciones estacionales participan mujeres que perciben el salario de manera independiente. Sin embargo, los fenomenos migratorios enraizados en areas y culturas campesino-indigenas parecen contribuir a reproducir fenomenos de subordinacion de las trabajadoras a logicas de poder y autoridad marcadamente patriarcales.

En Mexico, el 21% de los hombres y el 16,5% de las mujeres jornaleras son indigenas. Sinaloa esta entre las entidades que recibe mas migrantes. Las migraciones se conforman normalmente por familias jornaleras. El 42,1% de los hombres y el 33% de las mujeres son migrantes.

Mientras las pequenas empresas contratan mano de obra local, las grandes contratan una alta proporcion de migrantes. El 50% de ellos son contratados por las empresas en las comunidades de origen y el 25,7% a traves de "coyotes". Este 76%--resultado de la suma de ambos porcentajes y que es enganchado por patrones o contratistas--constituye mano de obra "cautiva" que no puede volver a sus comunidades en los Estados de Oaxaca, Guerrero o Veracruz antes de lo acordado con los empleadores.

Del total de recolectores de cafe en Costa Rica, entre el 50% y el 61% son migrantes a Los Santos, zona a la que concurren tres tipos de migraciones: la interna, la nicaraguense y la indigena de Panama (ngobe y bugle). Los migrantes trabajan cuatro meses al ano; el 66% son hombres y el 34% mujeres. Se trata de un trabajo informal, sin contrato y el ingreso percibido es por la cantidad de grano recogido y medido en numero de cajuelas.

Las situaciones mas precarias entre recolectores de cafe se encuentran entre los migrantes indigenas de Panama. El 71% de las mujeres y el 83% de los hombres ngobe y bugle se dedican a la recoleccion de cafe y son los hombres quienes cobran el trabajo de las mujeres y ninos, lo que pone de manifiesto que el trabajo asalariado reproduce los patrones de genero y edad de la matriz cultural indigena. Al tratarse de mujeres migrantes que a menudo se trasladan con sus familias, es comun la falta de individualizacion del salario, es decir, no son ellas sino los hombres de la familia quienes lo pactan y lo perciben.

La suma de la informalidad laboral a matrices culturales enraizadas en concepciones de genero en las que el hombre preserva el poder y la autoridad transforman el trabajo asalariado femenino, como lo afirma el estudio en Costa Rica, en trabajo practicamente "forzoso" visto bajo los parametros que persiguen la paridad entre hombres y mujeres (Fernandez, 2012). La forma que asume la migracion es individual y familiar, lo que involucra a ambos sexos y a distintas edades, comprometiendo el trabajo infantil.

Si bien las migraciones laborales obedecen a los altos niveles de pobreza y desempleo en los lugares de residencia--y en buena medida la percepcion de un salario en zonas de cultivos intensivos logra mitigar la pauperizacion que se produce en areas de poblamiento indigena marcadas por procesos de descomposicion y proletarizacion temporal--, la percepcion de estos salarios no contribuyen al ahorro sino solo a la manutencion cotidiana, como ocurre entre la mayoria de los jornaleros migrantes a Sinaloa (Barron, 2012).

Factores como el monolinguismo, el analfabetismo y la condicion etnica hacen de la poblacion migrante a Sinaloa la mas vulnerable. Expuesta a abusos y enganos de los enganchadores y contratistas, constituyen una poblacion cautiva sujeta a la finalizacion de la temporada y no gozan de capacitacion para protegerse de intoxicaciones con agroquimicos y otros riesgos laborales recurrentes. La rotacion entre empresas y cultivos tornan imposible el acceso a seguridad social y los largos traslados hacen mas probables los accidentes y muertes durante el trayecto.

En la zona de cultivo de esparragos en Peru (Ica), el 30% de la fuerza de trabajo femenina es migrante de origen serrano sur, centro andino y de la selva (Ayacucho, Apurimac, Pucallpa); pero una parte de las migrantes provienen de lugares cercanos (Ruiz, 2012). La migracion se facilita a traves de sistemas de "enganche" y de la movilidad que proveen las mismas empresas.

En parroquias de cultivo de flores en Ecuador los salarios son superiores a los de otras actividades agricolas, lo que ha contribuido a la migracion interna e internacional: el 40% de los trabajadores son migrantes a los que se les llama "los transeuntes". La migracion se origina en la costa y en la sierra central de Colombia y Peru, donde las mujeres provienen de los paramos asi como de areas pobres e indigenas. Los cuadrilleros las emplean por temporadas cortas y las trasladan a las empresas floricolas. Estas redes de cuadrilleros obstaculizan las relaciones directas con las empresas donde las contrataciones son por mas tiempo. A la sierra centro llegan colombianas y peruanas, y a las extranjeras, a diferencia de las ecuatorianas, se las emplea a destajo, lo que va de la mano con la ausencia de derechos laborales.

Las condiciones de pobreza de las migrantes hacen visible formas de supervivencia con doble anclaje: las politicas sociales y el empleo temporal en las flores. La estrategia de incorporarse a cuadrillas por tiempos cortos suele utilizarse para poder cobrar las transferencias monetarias en los lugares de residencia. Asi combinan subsidios con trabajo asalariado subcontratado.

El genero, la etnicidad, la nacionalidad y las migraciones en contextos de regimenes con intermediacion laboral--coyotes, cuadrilleros, gatos, enganchadores, subcontratistas --parecen brindar oportunidades para sobrevivir dia a dia, mas no para abandonar esta condicion de trabajador precario, entendiendo que la ruralidad, la etnicidad, el genero y la condicion de extranjera imponen peores condiciones de trabajo a las asalariadas. Es decir: porque son pobres son temporeras, lo que ofrece un universo de posibilidades limitadas donde "no es el trabajador quien elige su trabajo, sino el trabajo el que elige al trabajador" (Bourdieu, 2006: 73).

Empleos precarios y politicas antipobreza

Asi como la pobreza va de la mano con el empleo precario, el empleo precario tambien reproduce la pobreza. Entendiendo que la precarizacion del empleo se refiere no solo a la inestabilidad sino tambien a la informalidad, a las deficientes condiciones laborales y a la ausencia, debilidad o incumplimiento de las protecciones al trabajo, la mayor precarizacion es comun en las pequenas explotaciones adscritas a las cadenas productivas, aunque en todos estos paises la gran empresa tampoco es ajena a la informalidad y a las deficientes condiciones laborales.

Las situaciones de pobreza extrema e indigencia involucran a segmentos importantes de las asalariadas agricolas. La pobreza preexiste al trabajo asalariado pero se reproduce con la informalidad laboral, lo que se incrementa cuando se trata de asalariadas migrantes, indigenas y extranjeras, entre quienes se acentua la vulnerabilidad social.

La insercion de las asalariadas agricolas en la estructura social emerge de la inestabilidad salarial derivada de la inclusion intermitente y estacional en el mercado de trabajo que convive con altos niveles de pobreza en sus territorios, regiones y zonas de residencia. Sin embargo, muchas de las temporeras tienen rotaciones laborales en distintos cultivos, lo que lleva a hacerse la pregunta: "si trabajan varios meses al ano en distintos cultivos, ?por que persisten los niveles de pobreza?" La respuesta podria encontrarse en la extension que tiene el trabajo precario y las condiciones laborales que caracterizan al conjunto de las actividades agricolas que generan empleo para mujeres. El hecho de trabajar todo el ano o muchos meses no las transforma en trabajadoras permanentes.

Por constituir poblaciones vulnerables, las asalariadas temporales son virtualmente beneficiarias de politicas sociales. En todos los paises existen politicas y programas antipobreza para amortiguar estas situaciones. Las politicas sociales traducidas en programas focalizados a los que pueden acceder las trabajadoras temporales, tienden a mostrar--con matices, segun los casos en estudio--estrategias publicas de caracter asistencial antipobreza que conviven con el empleo temporal.

No obstante, las migraciones impiden el acceso de estas poblaciones a tales programas focalizados en los territorios de origen, ya que estos no operan cuando las personas abandonan su residencia habitual. Dichos programas por lo general muestran coberturas limitadas desde el punto de vista territorial y no cubren a todas las trabajadoras bajo esta condicion.

En algunos paises del Cono Sur y en Brasil existen otros dispositivos para palear la inestabilidad laboral de esta categoria social, no solo femenina. Entre ellos los seguros de desempleo y los programas inter-zafra ademas de programas con beneficios para los jornaleros como ocurre en Mexico, pero no siempre hay un acceso universal. En la mayoria de los paises andinos y centroamericanos no existen tales politicas de apoyo al desempleo estacional.

En suma, los dispositivos para palear la pobreza por las consecuencias que acarrea la asalarizacion temporal se despliegan a traves de las politicas sociales que marchan en paralelo a la desregulacion laboral y a la existencia de legislaciones laborales "especiales" para la agricultura. Esta logica dicotomica descansa entonces en dos pilares: uno social antipobreza y otro laboral desregulado o provisto de un estatuto diferente para trabajadores temporales.

De esta forma, mientras las empresas mantienen bajos salarios e informalidad en el empleo temporal, los Estados deben encarar la falta de ingresos durante parte del ano con transferencias de recursos alimentarios y monetarios para la sobrevivencia de estas poblaciones. Tal dicotomia encarnada en la coexistencia de politicas sociales compensatorias a la pobreza con el salario estacional se dan bajo una institucionalidad laboral que, en si misma, produce vulnerabilidad social, ya sea por el tipo de relaciones contractuales establecidas, ya sea porque el trabajo temporal esta sometido a normas "especiales" para favorecer la competitividad de las empresas, ya sea por la baja densidad de las instituciones fiscalizadoras del trabajo o a la casi inexistencia de sindicatos.

Es decir, los Estados crean paliativos dirigidos a poblaciones pobres y con empleo temporal pero estos mismos Estados no tienen capacidad institucional para velar por el cumplimiento de los derechos laborales al no ejercer controles sobre los empleadores para lograr una mayor formalizacion del empleo. De su lado, los trabajadores no siempre cuentan con referentes organizativos orientados a la defensa de los derechos del trabajo.

Las legislaciones del trabajo, al admitir un tipo de contrato con un piso minimo salarial que debe ser compatible con el rendimiento, contribuyen a la fragmentacion, la parcializacion contractual y el alargamiento de la jornada de trabajo cuando no favorecen directamente el trabajo a destajo.

Esta dicotomia concurre a conformar el rasgo estructural del mercado de trabajo temporal: intermitencia del empleo de la mano de una politica publica compensatoria al desempleo estacional con el fin de mitigar los altos niveles de pobreza. Esta es la situacion que viven las "temporeras", segun los estudios en siete paises.

Desde el sujeto, la asalarizacion constituye una estrategia para escapar a la pobreza y lograr mejores condiciones de vida, incluyendo la independencia de la tutela familiar o conyugal, como se evidencio para los paises del Cono Sur y Brasil. Esto aliviana las transferencias estatales hacia estas categorias sociales integradas en forma intermitente al mercado de trabajo. Sin embargo, el componente rural, etnico y campesino junto al caracter familiar de las migraciones no parece operar en el mismo sentido puesto que las asalariadas en ciertas situaciones trabajan bajo la tutela masculina, quedando el dinero bajo el control de los hombres que suelen gastarlo en alcohol y entretenciones. La asalarizacion de las mujeres en la agricultura hace visible situaciones contrapuestas. Por un lado, el acceso de las mujeres al mercado de trabajo contribuye a reducir la pobreza de los hogares y, a la vez, a elevar su estatus en la familia y la sociedad. En cambio, en otros casos, el trabajo asalariado no constituye una ruptura de la matriz cultural donde perviven el poder y la autoridad masculina. Sumando a esto, la division de trabajo por sexo en la esfera domestica hace visible el mayor tiempo de trabajo de las mujeres repartido entre el mercado y las unidades domesticas, y a veces sin una remuneracion que ellas puedan controlar.

La migracion indigena panamena al cafe en Costa Rica ilustra bien esta situacion asi como tambien la generalizada permanencia de la division del trabajo domestico, del que todas las mujeres se ocupan, determinando que trabajen mas tiempo que los hombres, que ademas estan mejor situados en el mercado de trabajo.

Vista la asalarizacion femenina desde las relaciones de genero en las familias o unidades domesticas, se hace visible la importancia que adquiere la autonomia economica en el cambio de patrones sexuados en las relaciones de poder en estos ambitos de la vida privada de las trabajadoras. Por otro lado, se pone de manifiesto la irreductibilidad de los patrones culturales marcados por la "valencia diferencial de los sexos" (Heritier, 1996), lo que podria estar asociado a la ruralidad, la etnicidad y los bajos niveles educativos que vienen de la mano de las migraciones laborales.

Mas alla de las particularidades senaladas, los estudios sobre Costa Rica, Ecuador, Mexico y Peru ponen en evidencia un hecho que parece ser bastante generalizado en la region: el que las mujeres, aunque trabajen por un salario, continuan atadas a las labores domesticas y de cuidado, lo que hace compleja la comprension de los cambios sociales. La modernizacion e internacionalizacion de la agricultura genera un tipo de empleo que convoca masivamente a la asalarizacion femenina pero la familia y la comunidad permanecen irreductibles a los cambios producidos por la modernizacion y la globalizacion en la esfera de la economia.

Por encima de las barreras culturales, las barreras en el mercado de trabajo imposibilitan sostener en forma duradera la autonomia que logran ciertas mujeres en algunos paises dada la intermitencia de salario, entendiendo que el salario es un elemento clave para establecer negociaciones en la vida privada que permitan la afirmacion del sujeto. En este contexto, los patrones culturales se muestran resistentes al cambio en la medida en que la incorporacion de las mujeres al mercado de trabajo no rompe necesariamente con las desigualdades sexuales que son producidas y reproducidas por un lado en la familia y por el otro lado en el mercado de trabajo.

Un aspecto derivado de la migracion familiar es el trabajo infantil y de adolescentes de ambos sexos que ven cercenados sus posibilidades de acceso al sistema escolar tanto por los traslados de un lugar a otro como por su inclusion en el mercado de trabajo en los lugares de migracion, como es en el caso del cafe en Costa Rica y de las hortalizas en Mexico.

Las asalariadas se desenvuelven en escenarios caracterizados por la ausencia de asociatividad laboral, lo que torna muy debil la posibilidad de desarrollo de una cultura de ciudadania laboral ante la inexistencia del actor sindical. Con excepcion de Argentina, Brasil y Ecuador (para las trabajadoras permanentes), Chile (aunque con debil incidencia) y Peru (organismos civiles y ONGs), la escasa densidad de organizaciones sociales es parte de los escenarios donde se despliegan los mercados de trabajo del esparrago, las hortalizas y el cafe.

Cuando hay organizaciones y las trabajadoras perciben un salario autonomo que les proporciona independencia, el mejoramiento de su estatus se hace extensivo al actor colectivo, en cuanto tambien se presentaron evidencias sobre la inclusion de las mujeres en el ambito sindical y la aparicion de nuevos referentes colectivos de mujeres que estarian contribuyendo a generar cambios al interior del sindicalismo. Esto atane al

Cono Sur y Brasil. No obstante, lo que caracteriza a estos mercados de trabajo es la carencia de posibilidades de negociacion de las condiciones de trabajo asi como la baja densidad sindical.

En el Cono Sur y Brasil, la generacion de puestos de trabajo en la agricultura ha creado a un nuevo actor laboral que esta contribuyendo a una reformulacion del actor colectivo, ya sea incorporando a las mujeres al mundo sindical con demandas que corresponden a su condicion de genero y clase, ya sea generando nuevos referentes en las organizaciones de mujeres.

A modo de conclusion

En terminos generales y regionales, aunque estos puestos de trabajo se hayan abierto en un escenario de devaluacion del trabajo causado por el debilitamiento de los sistemas de proteccion laboral bajo el paradigma neoliberal (Castel, 1997), el panorama laboral de las asalariadas agricolas se inscribe hoy en un escenario que merece interpretaciones complejas: por un lado hay evidencias de informalidad, precarizacion y vulnerabilidad social; por otro lado, hay casos de trabajadoras que parecen inscribirse en un proceso que da cuenta de algunas senales de incipientes transformaciones culturales y de ciertos timidos avances en la ciudadania laboral. (2)

De este proceso son ajenas las asalariadas migrantes en la medida en que migrar en familia o bajo la tutela masculina les impide a menudo construir relaciones salariales en forma autonoma privandolas de independencia y del control del dinero ganado en las temporadas. A esto se agrega que las estrategias combinadas de percibir transferencias monetarias derivadas de las politicas sociales en los lugares de residencia y migrar a las temporadas (flores en la sierra nor-ecuatoriana), tambien dificulta el desarrollo de una identidad vinculada al trabajo.

En este marco de situaciones diversas, es plausible la hipotesis sobre el peso de la ruralidad y de la etnicidad como factores inhibidores de los cambios culturales, sin dejar de lado que la condicion migratoria en si misma constituye un fenomeno que discrimina por genero, nacionalidad y etnia. Este tipo de integracion salarial caracterizada por la inestabilidad del salario asi como por importantes niveles de precarizacion e informalidad laboral se yergue como una barrera que frena una salida hacia delante para la superacion de la pobreza y el avance en la ciudadania.

Vale la pena senalar que pese al largo tiempo--de tres a cuatro decadas--de implantacion de los cultivos de hortalizas, frutas y flores, de la instalacion de los complejos industriales y de las cadenas productivas volcadas a la exportacion; no solo perdura la pobreza en las zonas fruticolas, floricolas y horticolas sino que tambien lo hacen los escenarios de baja densidad organizativa. Este conjunto de factores refuerzan la hipotesis de la presencia de una categoria de "precarizado" incluido informalmente en la economia y excluido de los derechos de la condicion salarial (Castel, 2009) sobre todo en el caso de las hortalizas, las flores y el cafe.

De ahi que tenga sentido interpretar la insercion de las mujeres en estos mercados de trabajo a la luz de nociones como "pobreza moderna o asalariada" (Bengoa, 1995), o "asalarizacion de la pobreza" (Diaz, 1991) que definen la situacion en la que se desenvuelve la vida laboral de una parte importante de las mujeres inscritas en la agricultura de exportacion.

Es por ello que este tipo de empleo hace que un segmento significativo de las asalariadas deban sostenerse incorporandose a los programas sociales antipobreza o de mitigacion del desempleo. Esto reitera el caracter y el rasgo estructural del mercado de trabajo temporal que no puede comprenderse sino a partir de la relacion entre el funcionamiento del mercado de trabajo y las politicas sociales de mitigacion de la pobreza. Aunque con baja cobertura, estos programas permiten el acceso a alimentos, transferencias monetarias o el desarrollo de actividades productivas.

Hay diferencias entre paises en las relaciones entre capital y trabajo. Por ejemplo, mientras en Chile hay inexistencia de procedimientos de negociacion colectiva, no sucede lo mismo en Argentina y Brasil, lo que contribuye a producir distintos escenarios donde el actor laboral se debilita o se fortalece. Mientras en Chile el Estatuto del Temporero en debate debilita aun mas al actor colectivo favoreciendo la legitimacion de las condiciones de trabajo adversas. (3)

No obstante, que haya diferencias entre los paises con respecto a la regulacion del trabajo agricola temporal y a la connotacion "singular" de este tipo de trabajo en las normas laborales, los estudios muestran una marcada desregulacion de estos mercados de trabajo.

Dada la gran ausencia de sindicatos, las instituciones de la sociedad civil que velan por los derechos laborales, como en el caso peruano, son clave frente a mercados desprotegidos y a poblaciones que no tienen herramientas ni capital escolar ni cultural para hacer exigibles los derechos laborales. Considerando la debilidad de las instituciones del trabajo, el refuerzo de las organizaciones de la sociedad civil adquieren relevancia como contraloria laboral y como agente de ciudadanizacion para denunciar y difundir a la sociedad y sus instituciones la desmedrada situacion de las temporeras asi como para fomentar la organizacion social.

Por ultimo, los hallazgos muestran problemas inherentes a la condicion de genero de las trabajadoras. No solo perciben normalmente salarios inferiores a los de los hombres sino que ademas en este tipo de empleo el cuidado infantil es nulo o esta debilmente resguardado por las legislaciones y existe escasa cobertura en los programas orientados a la proteccion a la infancia en contextos de permanencia de la division sexual del trabajo en la esfera domestica.

Las trabajadoras se reparten entre distintas cohortes de edades, teniendo mayor presencia en el mercado de trabajo las mujeres en edad reproductiva. Solo en casos excepcionales, como en algunos municipios del Valle de San Francisco, en los programas en Tucuman para las asalariadas del limon, en los programas--de baja cobertura--de atencion a los hijos de las temporeras en epoca estival en Chile o en las guarderias en los albergues para migrantes en Sinaloa, Mexico; las trabajadoras no suelen contar con apoyo al cuidado de la infancia, lo que haria suponer que radica en la familia, el sistema de parentesco o el vecindario.

Los menores tienen, en consecuencia, escasas posibilidades de una atencion que los prepare para el ingreso al sistema escolar o que les brinde posibilidades de instruccion y esparcimiento mientras las madres trabajan.

Para concluir, en terminos generales, las asalariadas habitan "un no lugar" (Soares, 2011) por la generalizada ausencia de proteccion social, la frecuente violacion a los derechos normados por ley, los habituales salarios por debajo del minimo legal y el silencio en que permanecen los efectos de este tipo de empleo en la salud y en las condiciones de vida de las trabajadoras del agro.

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(1.) Proyectos FONDECYT 1095007 "Familia y trabajo en la economia de exportacion: fruticultura, salmonicultura y mineria" y 1120425 "Cambio en las identidades y relaciones de genero en el ambito rural de Chile central 1940-2010".

(2.) El caso brasileno en este aspecto es notablemente avanzado. Desde la decada de 1980s existe el Movimiento de Mujeres Rurales del Nordeste (MMTR). El 65% de los miembros del sindicato rural mas grande del Valle de San Francisco son mujeres. La principal conquista lograda por las mujeres es la negociacion colectiva a partir de 1994 (Gama, 2012).

(3.) Cabe mencionarse el papel que juega la negociacion colectiva en el aumento del salario en los casos brasileno y argentino.

Ximena Valdes Subercaseaux, Geografa, Doctora en Estudios Americanos, Universidad Academia de Humanismo Cristiano --Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer (CEDEM). Correo electronico: ximena.valdes@cedem.cl. Articulo elaborado especialmente para Cuadernos de Antropologia Social a partir de la conferencia de la autora en el Instituto de Ciencias Antropologicas, Facultad de Filosofia y Letras, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, 5 de junio 2014.
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Author:Valdes Subercaseaux, Ximena
Publication:Cuadernos de Antropologia Social
Article Type:Ensayo
Date:Jun 1, 2015
Words:8766
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