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Federico Gamboa: un escritor mexicano en Europa.

1. Escritor y diplomatico

Es posible que todo ensayo acerca de la obra de Federico Gamboa (1864-1939) dirigido a lectores no mexicanos deba ir precedido de una presentacion de su figura literaria e incluso intelectual, politica y diplomatica. En Mexico, su nombre ha permanecido para la critica y el publico durante un siglo gracias sobre todo a las incesantes ediciones y ocasionales adaptaciones al cine de Santa, novela "de burdel" en la que se dan la mano el testimonio de la depravacion en las calles de Mexico y la sentimental historia de una joven caida en la prostitucion. Pero Gamboa fue tambien autor de otras cinco novelas largas, de buen numero de narraciones breves y de exitosas obras de teatro que lo convertirian, a finales del siglo XIX y principios del XX, en un referente obligado de la literatura mexicana, maximo representante en su pais de la escuela del naturalismo. Es decir, el novelista por excelencia del periodo historico -bien fecundo en novelistas- conocido como "el Porfiriato".

Durante los mas de treinta anos (1877-1910) de dictadura de Porfirio Diaz, Gamboa sirvio al autoritario presidente, hacia quien sentia una autentica devocion personal, pasando de oscuro secretario de legacion en Guatemala a hombre clave para la politica exterior mexicana, como tenaz negociador tanto en Centroamerica como en Washington contra los intereses del dictador Manuel Estrada Cabrera y de sucesivos inquilinos de la Casa Blanca. Gamboa unio su suerte al general Diaz hasta el punto de, comenzada la Revolucion mexicana, desaparecer gradualmente como escritor y personaje publico. Entro en la lucha politica por un breve tiempo, manipulado por el usurpador Victoriano Huerta, y tras su fracaso marcho al exilio, para volver a Mexico anos despues y dedicarse casi en exclusiva a la ensenanza y a la Academia de la Lengua Mexicana (de la que sera elegido director en 1923).

Se puede considerar que Federico Gamboa debio a la distancia geografica buena parte de su exito como escritor. No solo porque la desahogada posicion inherente a su oficio (en un pais que hoy acredita larga tradicion de escritores diplomaticos) le diera tiempo libre para dedicarse a la escritura, sino porque vivir en el extranjero le permitia entregarse con total libertad a la creacion sin verse envuelto en las frecuentes polemicas y rivalidades que agitaban el Parnaso mexicano.

2. La autobiografia en Gamboa

Pese a este alejamiento fisico en que escribio la mayor parte de su obra, la ciudad de Mexico es el escenario absoluto de las narraciones (1) de Federico Gamboa, y su principal aportacion de modernidad a la literatura de su pais, anclada aun por entonces en el pintoresquismo y el costumbrismo romanticos, en la paz del campo y de la pequena capital provinciana. La narracion directa de la experiencia en America y Europa, asi como una prueba mas de su modernidad, la hallaremos en otro importante apartado de su obra: los escritos autobiograficos. Efectivamente, Gamboa fue el primer escritor mexicano que convirtio la autobiografia en un genero literario independiente, tanto en Impresiones y recuerdos (1893) como en los cinco tomos publicados (mas otros dos postumos) de Mi diario.

Una y otra son obras de una naturaleza distinta. Desde el punto de vista literario, Impresiones y recuerdos es, a juicio de Jose Emilio Pacheco que suscribo enteramente, el mejor libro del escritor. Se trata de unas "memorias de juventud" (el autor aun no habia cumplido los treinta) divididas en capitulos autonomos, apenas hilvanados unos con otros, donde se pasa de la narracion a pasajes descriptivos o de critica literaria, en la mejor escuela de un genero prosistico modernista por excelencia, la cronica, del que fue maestro otro autor mexicano, Manuel Gutierrez Najera (1973: 124-133), elogioso resenista de Impresiones y recuerdos a poco de su aparicion. No hay que descartar tampoco la influencia que sobre el joven escritor debio de ejercer el ambiente literario de Buenos Aires, ciudad en la que residio de 1891 a 1893, durante la hegemonia intelectual de la llamada "generacion del 80" que cultivo asiduamente no solo la novela naturalista (de la que la capital del Plata llegaria a ser principal nucleo americano) sino el memorialismo, con distinguidos representantes como Lucio Victorio Mansilla o Miguel Cane (hijo), ademas de ilustres precedentes de la generacion anterior como Domingo Faustino Sarmiento en sus Recuerdos de provincia.

Mi diario, fruto de una labor incesante de don Federico desde 1892 hasta su muerte, responde a un proyecto mas ambicioso, y tal vez por ello menos logrado. El proposito del autor es, como en el caso anterior, menos confesional que literario: escribira en Impresiones y recuerdos que "yo en cuestion de sentimientos soy un avaro; me los guardo hondo y los hago salir cuando me conviene, cuando estoy solo y cuando sufro" (Gamboa 1994: 145). Suerte de "libreta de apuntes" en un principio, Mi diario acabara transformandose en un testimonio o registro de la gente que conoce, los lugares visitados, las tareas emprendidas, todo en funcion de la cada vez mas intensa vida institucional del diarista, quien no concede gran espacio a su intimidad. Sin embargo, se preocupo mucho de elaborar literariamente estas paginas, dejando siempre correr varios anos entre el primer esbozo y la publicacion.

No he de tratar en estas paginas de todos los viajes de Gamboa. Sus periplos americanos, como representante de su pais -o, tras el triunfo de la Revolucion, como exiliado- en Argentina, Centroamerica, Estados Unidos y Cuba, son sin duda de gran interes pero inabarcables en el espacio aqui propuesto. Me interesa ahora mismo su aproximacion a un mundo tan distante como el de Europa, modelo reconocido por toda la intelectualidad y la clase politica hispanoamericana de la epoca. En busca de una vision integradora, no voy a ocuparme por separado de cada viaje ni de cada pais, y por ello dejo a continuacion un esquema cronologico de las distintas estancias de Gamboa en el Viejo Continente:

* 1891: Destinado a la legacion mexicana en Sudamerica, con sede en Buenos Aires, debe partir hacia Europa puesto que no existia comunicacion directa entre Mexico y Argentina. Conoce Londres y Paris.

* 1893: Abandona Buenos Aires. Vuelve a detenerse en Paris, camino de Mexico.

* 1909: Como diplomatico, en Francia, Alemania y Belgica.

* 1911: Embajador especial en Espana, y luego con mision en Belgica y Holanda (desde donde visita a menudo Paris). En 1913, nombrado secretario de Exteriores por Victoriano Huerta, abandona Europa definitivamente y regresa a su patria.

3. El mito y la realidad

Gamboa se dirige a Europa con mas animo de reencuentro que de encuentro. Es ciudadano de un pais en pleno proceso de modernizacion, y miembro de una clase social que recibe del otro lado del Atlantico lo mas innovador y llamativo de su cultura, su ciencia y su sensibilidad, de modo que parte ilusionado a conocer por primera vez Europa, "el anhelo de toda mi vida" (Gamboa 1994: 103). Las imagenes literarias o culturales previas condicionaran siempre las primeras impresiones de cada pais, pero en general se veran corroboradas tras su confrontacion con la experiencia directa. En este sentido, y tras el juicio mas bien sombrio que le ha producido Inglaterra, la llegada a Francia es paradigmatica de la fascinacion que el pais galo, y muy especialmente su capital, ejercian sobre todo el mundo occidental. Apenas desembarcado, el mero hecho de oir unas palabras en frances ya le produce "algo interno muy agradable", "como una caricia" (Gamboa 1994: 111). Camino de Paris, esta percepcion idealizada (por momentos, parecemos inmersos en alguna de las mas amables pinturas impresionistas de la epoca2) se ve incrementada:

?Por que la vista de la tierra francesa me alegro como si viera yo algo mio? Ello es que el gendarme y los de la aduana y los ociosos y los letreros y el restaurant en que entre a restaurarme de veras, todo lo encontre conocido, amigo, simpatico ... Subi al tren, y para que acabara yo de convencerme de que estaba en Francia, ocupaban la berlina de al lado tres o cuatro mujeres elegantes que reian [...] cuyos rostros, dentro del marco de los ventanillos, veianse picarescos y lindos, sombreados por el sombrero de paja y por los velitos de viaje (Gamboa 1994: 110-111; la cursiva es mia).

Hasta llegar a la verdadera apoteosis (al final de un capitulo en su mayor parte dedicado, curiosamente, a la experiencia en Londres): "?Que bien habre hecho en mi vida que Dios me permite conocer Paris?" (Gamboa 1994: 111). No deja de recordarnos la actitud del que fuera su buen amigo en Buenos Aires y en Francia, Ruben Dario, companero de tertulias literarias e incluso de alguna visita a un adivino (3), quien en un escrito autobiografico dejaria constancia (tal vez idealizada) de su ferviente anhelo:

Yo sonaba con Paris desde nino, a punto de que cuando hacia mis oraciones rogaba a Dios que no me dejase morir sin conocer Paris. Paris era para mi como un paraiso en donde se respirase la esencia de la felicidad sobre la tierra. Era la ciudad del Arte, de la Belleza y de la Gloria; y, sobre todo, era la capital del Amor, el reino del ensueno. E iba yo a conocer Paris, a realizar la mayor ansia de mi vida (Dario 1990: 69).

Ni Dario ni Gamboa se diferenciaban, al fin y al cabo, de los tipicos "trasplantados" (expresion de Alberto Blest Gana) americanos en Paris. La identificacion del mexicano con la cultura y avatares parisinos y de toda la nacion francesa eran previos a su visita, aunque fuera tan solo por contacto con sus autores favoritos, y no lo abandonaran hasta su muerte. Cuando se despide de Paris, lo hace sin especial congoja, puesto que "a menos de no morir en la Argentina, estoy obligado a volver a verlo" (Gamboa 1994: 126; la cursiva es mia). Y, en efecto, sera con diferencia la ciudad mas frecuentada a lo largo de sus cuatro viajes por Europa.

Sin embargo, hasta Paris entrana algunas decepciones. El joven mexicano no tarda en registrar en su diario el aburrimiento inconfesable (y por eso aun mas grave) que le invade tras largas temporadas sin ocupacion concreta. Tampoco tarda en dar testimonio de una fastidiosa abundancia de hispanoamericanos (Gamboa 1994: 125) que, por el hecho de serlo, se creen con derecho a inmiscuirse en su vida (privandole tambien, como podemos comprender, de la excepcionalidad a veces grata que confiere el saberse extranjero). Su primera visita al Moulin Rouge, del que se convertira en cliente asiduo, incluye un juicio bastante esceptico del mitico cancan. Incluso su primera conquista amorosa en ese mismo lugar, y que merecera todo un capitulo aparte (casi una pequena novela, entre naturalista y sentimental como las del propio Gamboa) no aparta de su memoria que "la descarnada realidad estaba muy por abajo de mis ilusiones de americano, de joven y de viajero" (Gamboa 1994: 115). Su visita a la intrincada red de alcantarillas de Paris, donde es testigo de la penuria en que viven sus trabajadores, no debio de defraudar tanto a aquel buen conocedor de la denuncia social hecha por Zola como la propia visita hecha al maestro de Medan durante su segunda estancia en Paris. Pues Emile Zola se muestra ante Gamboa como un correcto anfitrion, pero distante, con una charla salpicada de lugares comunes ("... o solo revela su genio cuando escribe, o mi visita, que a mi me significa tanto, a el maldito que le importa ...") y, sobre todo, vanidoso: "... conozcole que se siente merecedor y digno de festejos y de elogios. [...] Solo leo en castellano [dice Zola] los articulos de diario en que hablan de mi"(Gamboa 1995-I: 110).

La interpretacion literaria y artistica de su experiencia sera constante en su progresivo descubrimiento del Viejo Continente: pasando por el Mediodia frances, evoca en fisonomias, paisajes, aromas y escenas el Tarascon de Daudet (Gamboa 1995-I: 105); en un bosque cercano a Saalburg, se siente al fin casi capaz de entender la musica de Wagner; pasea infatigablemente por Madrid y se le figura ir releyendo las paginas galdosianas (Gamboa 1995-V: 49, 167) que desde su adolescencia admira casi tanto como las de Zola. Y, por ultimo, su unico proyecto de viaje que queda sin realizar: la visita a Italia, "... el viaje a esa tierra de excepcion sin el cual no hay cultura completa, y que yo vengo sonando muchos anos ha ..." (Gamboa 1995-V: 55).

4. Europa ante America

Pero su admiracion por la cultura europea esta lejos de ser acritica. Gamboa no se averguenza de su condicion de mexicano o hispanoamericano (termino que siempre empleara el escritor, en lugar de "latinoamericano"), e incluso alguna vez, simplemente, de americano. Porque Gamboa debe admitir que sus anos de juventud en Nueva York lo han vacunado contra los alardes de progreso de las grandes capitales europeas, pues todas empalidecen ante la magnitud de la Quinta Avenida (Gamboa 1994: 105-106): en 1909, no encuentra mayor elogio para el hotel Adlon de Berlin que el de compararlo con los de la ciudad del Hudson (Gamboa 1995 V: 41). Este reconocimiento tal vez entrana a veces cierto pesar porque, con harta frecuencia, nuestro autor ve en Europa la unica posibilidad de salvacion frente al crecimiento mundial de la influencia yanqui, tanto en la politica como en las costumbres, (4) que sin duda el supo percibir antes que muchos. Llega alguna vez, en el colmo de la ucronia y del odio hacia el "gringo", a anhelar una alianza de las potencias europeas que destruya los Estados Unidos ...

Gamboa admira la constitucion politica de los estados del Viejo Continente por encima de la de los americanos. Concretamente, la institucion de la monarquia, garante desde su punto de vista de la estabilidad y tradicion que el diplomatico mexicano, con todo su talante conservador y aristocratico, desearia ver asentadas en su pais. En cierto modo, la figura "imperial" de Porfirio Diaz viene a sustituir para Gamboa al caudillo al que habia servido su padre, el archiduque Maximiliano de Austria, emperador de Mexico durante un breve y turbulento periodo y cuya tragica figura historica inspira al novelista una disimulada admiracion. Escribe, ya acreditado como embajador en Espana, las siguientes reflexiones:

No, no son las monarquias segun las imaginamos los americanos, porque solo tenemos de ellas ideas librescas. Cuando una monarquia es como la espanola, de vetusta cepa y de historial glorioso y dilatado, aunque aqui y alli luzca manchas imborrables para que no se nos olvide que esta hecha de carne humana y pecadora, la patina de los siglos y de las hazanas la pule y abrillanta, la transmuta en cosa muy seria y respetable que nos derrite los jacobinismos sectarios y bajunos que a modo de sarpullido nos comen la piel, por culpa de la sacrosanta democracia embustera y falsa en que hemos nacido y crecido [...]; falaz senuelo en el que finge creer y adorar nuestro continente y nosotros sus pobladores, de paso, cuando descaradamente nos llamamos "ciudadanos de pueblos libres". (Gamboa 1995-V: 161)

Sin embargo, dentro de su particular cotejo de naciones, Gamboa defendera siempre la dignidad de esas republicas hispanoamericanas frente a la arrogancia y los prejuicios de las naciones europeas. Asi como percibe los avances de estas, tambien es capaz de fijarse en la barbarie que encubren detras de su apariencia de progreso, y de hacerla notar con cierto desden en favor de su tierra natal. Asi, al relatar ciertos disturbios politicos de 1912 en Belgica: "... ?que tal si nosotros en casa hicieramos algo parecido? [...] !Nos llamarian: barbaros, canibales, pieles rojas, etcetera! ...". O al rememorar los horrores de la Comuna de Paris: "... me confirmo en lo que de mucho tiempo atras venia pensando: no hay pais de Hispanoamerica que los haya perpetrado nunca tan espantosos. [...] !Y cuenta que somos salvajes!" (Gamboa 1995-VI: 24, 40). Le irrita muy especialmente que esa especie de paternalismo nacido de la ignorancia se exhiba, incluso, en el mismo suelo americano, como anota tras haber conocido en 1930 a la pedagoga espanola Maria de Maeztu:

La impresion de siempre con estas celebridades ultramarinas, y espanolas particularmente; en el fondo, y aun en la forma, alardean de superioridad sobre nosotros, solo hablan de si mismas, y, como un favor, nos escuchan y replican exagerando, puede que involuntariamente, una especie de proteccion. !Y cuenta que todas vienen a sueldo! ... (Gamboa 1995-VII: 235)

En un orden menos excepcional que el de las turbulencias politicas, no son pocas las costumbres asentadas en Europa que se le antojan al mexicano sintomas de barbarie, entre ellas el boxeo como espectaculo (y peor aun si, como lo presencia en el Follies Bergere de Bruselas en 1913, los pugiles son senoras) o la homosexualidad tolerada en los cabarets berlineses, entre cuyos miembros distingue -para su mayor escandalo- a no pocos oficiales del ejercito. Obviamente, y como puede reconocer cualquier lector de las novelas del propio Gamboa, el mundo de los goces semiclandestinos y la sicalipsis se encontraba aun, en Mexico, en un estado muy incipiente con respecto a Europa.

5. Latinos y sajones

Hay que llamar, sin embargo, la atencion sobre el hecho de que nuestro escritor, asiduo cliente de todo tipo de locales nocturnos en Europa como en America, y dado al moralismo tan solo en una fase tardia de su obra, no identifica Paris con una Babilonia decadente, al estilo de tantos otros conservadores y moralistas contemporaneos. Se imponen aqui tanto su profunda deuda con la cultura gala como su cosmopolitismo, puesto que, al contrario que muchos trasplantados, ha tenido ocasion de conocer, con sus costumbres, lugares diferentes de Paris y Mexico. Asi pues, defiende a la capital francesa y a sus habitantes:

Lo que ocurre es que Paris, el empecatado Paris, lo mucho que hace en dicho "sector" lo hace sin tapujos ni hipocresias seudopuritanas; lo hace a cara descubierta, pero salpicando de esprit, de francas carcajadas, de burbujas espumeantes de champana, de cascabeleo de risas y refinadas desnudeces. En tanto que sus envidiosas y emulas hacen lo propio y en ocasiones hasta algo peor, a puerta cerrada, imitando a Tartufo, a la sombra nada venerable de sus Salvation Armies y de sus sociedades protectoras de animales, que al unico animal que no protegen es al hombre ... (Gamboa 1995-V: 51)

Obviamente, las "envidiosas" son las naciones germanas y anglosajonas, cuyo factor racial y cultural explica plenamente, por oposicion a la "latinidad", la actitud de Gamboa hacia unos u otros pueblos. Don Federico ama lo frances, y a un tiempo se siente orgulloso de la herencia espanola de su pais (mientras que desprecia, por cierto, el elemento indigena): con Francia y Espana llega a sonar como lugares de retiro definitivo, en el caso de que los avatares politicos le impidan regresar a Mexico. En cambio, le desagradan la tristura de ambiente y el puritanismo religioso de Inglaterra; y se estremece ante el desarrollo tecnologico de Alemania y Estados Unidos. El choque de ambas naciones, que determino el desenlace de la Primera Guerra Mundial, aparece a los ojos de Gamboa como el fatal enfrentamiento entre dos amenazas similares por su capacidad destructora y mentalidad imperialista, representadas cada una por el megalomano kaiser Guillermo II (la unica testa coronada antipatica a los ojos del diplomatico mexicano) y el amo indiscutible de la politica en el Nuevo Continente, el presidente Woodrow Wilson.

El profundo galicismo de don Federico le hizo decantarse por los aliados durante la Gran Guerra: desde sus primeras visitas a Paris se habia ido imbuyendo del dolor por la derrota francesa de 1870, con su mutilacion territorial incluida, y traza un paralelo entre el destino de la nacion gala frente a Alemania y el de Mexico frente a los Estados Unidos, precedidos antes del de Grecia (pais del arte, la belleza y la elevacion espiritual) frente a Roma (nacion guerrera y tecnologica). Subyace, por encima de la sucesion de derrotas historicas, una conviccion: "Paris es inmortal" (Gamboa 1995-V: 58), y constata entre sus impresiones de Alemania como esta nacion con disciplina de cuartel, rica, sana y culta, padece la obsesiva preocupacion de afirmarse sobre Francia, difundiendo con soterrado complejo de inferioridad toda una serie de mensajes que Gamboa sintetiza:

... Berlin es mas higienico que Paris; Goethe [escritor a quien, por cierto, Gamboa no soportaba] vale mucho mas que todos los ingenios galos; Schiller deja tamanito a Moliere; los bosques franceses no sirven ni para descalzar a los bosques teutones, y por ese tenor adjudican la palma en comparacion con lo de alla, a pensadores, artistas, artesanos, profesionales, gobernantes, funcionarios de aca ... Y en el escabroso capitulo de honestidades mujeriles, las frauen dejan untadas en los suelos a las madamas ...! (Gamboa 1995-V: 50)

6. El testimonio y la vivencia

La descripcion que facilita Gamboa de los paisajes y de las ciudades suele servir de punto de apoyo para la posterior recreacion del caracter de sus habitantes. Gamboa, en un principio, no es un gran "paisajista": en Impresiones y recuerdos y sus primeros diarios tiende mas al impresionismo, al apunte mas breve y certero que funde el detalle fisico con la intuicion moral. He aqui, por ejemplo, la evocacion de Liverpool al atracar alli su barco:

... me levante temprano; habia en el cielo bruma, en el puerto un fantastico bosque de mastiles desvanecidos, y frente a nosotros un muelle colosal, de piedra, coronado de personas con paraguas e impermeables que se empinaban para distinguir a los viajeros, y de empleados con gruesas botas y gorros de hule que arrastraban cadenas soltando de cuando en cuando, para ilustrar la maniobra, voces guturales, roncas, como graznidos de ave salvaje que huye (Gamboa 1994: 103).

Por otra parte es evidente que tanto en su obra autobiografica como en sus novelas se siente mas comodo llevando a sus paginas los contrastes del dinamismo urbano que intentando evocaciones o meditaciones sobre la naturaleza. Esta debilidad por la ciudad en movimiento, gran atractivo de sus novelas, se debilitaria con los anos hasta hacer de muchas entradas de sus ultimos diarios pesadas descripciones de monumentos, evocaciones historicas o semblanzas de personajes mas propias de una enciclopedia o guia turistica que de un artista y testigo presencial. Sin embargo, escenas y costumbres extranas para su pais, y en las que el es mas participante que mero observador, conservan toda su viveza y amenidad: asi las ya tan mencionadas estampas de la vida nocturna en Paris, Londres o Berlin, o su peculiar experiencia como paciente de una cura de aguas en Homburg, donde no faltaran los episodios humoristicos acerca de la vida cotidiana de los refinados pacientes, que intentan aparentar normalidad dentro de su estricto regimen. Leemos por ejemplo el 17 de agosto de 1909:

Los rostros de nobles y plebeyos y ricos (?donde he venido a caer?...) sin excepcion acusan ansia y resolucion de vivir; es el despotico instinto de conservacion, que salva a la especie. Algo, por no decir algos, mueve a risa el continuo correr rumbo a los retretes, disimulados entre el follaje, de tanto titulo y tanto millonario, de princesas y damas elegantes y lindas que, sin sonrojos, empujados ellos y ellas por el 'imperativo categorico' de estas aguas purgantes, se pierden tras las enramadas, muy al cabo de que todos sabemos a lo que van ... como el efecto de la salina y desagradable bebida es general e inaplazable, por convenio tacito, mutuamente nos desentendemos todos de las fugas repentinas y los risuenos reaparecimientos que las siguen (Gamboa 1995 V: 49).

Tambien contara el balneario Clara Emilia con la presencia de la mujer desenvuelta y fascinante (un poco al estilo de La mujer del perro de Chejov), potencial inspiradora de una novela que don Federico nunca llegara a escribir, como tantas otras esbozadas en las paginas de un diario que habia perdido ya su inicial razon de "cuaderno de apuntes".

Si como escritor y burgues, Gamboa atiende a la vida cotidiana, a ser "el historiador de los que no tienen historia" (consejo que le dio personalmente Edmond de Goncourt, su gran modelo de diarista), como diplomatico e intelectual esta llamado a tratar a "los de arriba", politicos y grandes personajes de la cultura. En este ultimo campo, ningun pais le proporcionara una vida de (alta) sociedad tan activa como Espana, pais al que no en vano acude como Embajador Extraordinario para agradecer su participacion en los festejos del Centenario de la Independencia de Mexico.

7. Espana y los espanoles

Como ya se ha dicho, Gamboa no se avergonzaba de su ascendencia hispanica, a diferencia de tantos compatriotas de entonces y de ahora. Mucho antes de viajar por la Peninsula Iberica, ha recibido honores espanoles (como el puesto de correspondiente de la Real Academia Espanola, con solo veintiseis anos) e incluso ha desempenado labores para el Gobierno espanol (del que fue el ano 1906 representante interino en Guatemala, sin aceptar retribucion alguna). Ya en sus primeras travesias entre America y Le Havre, las inevitables escalas en La Coruna y Santander (ciudad de residencia de dos idolos, Pereda y Galdos, que muy a su pesar tampoco llegara a conocer personalmente) le hacen anorar una larga visita a la antigua metropoli.

Gamboa pasara en Espana casi menos de un mes (20 febrero-15 marzo 1911), breve espacio que le da sin embargo para cubrir cerca de setenta paginas de diario: una proporcion insolita dentro del habitual ritmo de escritura de Gamboa, que demuestra la intensidad de sus vivencias peninsulares. Alli se codea con el mismo rey Alfonso XIII, de quien obtiene el ascenso a la categoria de embajada para la legacion espanola en Mexico; en un banquete, es capaz de reconciliar a los dos enfrentados jefes politicos Maura y Canalejas. Traba amistad con Emilia Pardo Bazan y, en Barcelona, con Pompeu Gener; saluda en la Biblioteca Nacional, con reverencia, a don Marcelino Menendez Pelayo. Y, a proposito de escritores -aunque no ya tan destacados-, es memorable la anecdota en la que Pedro Luis de Galvez (uno de los poetas "raros" de la Espana de entonces, recuperado en la decada de 1990 por el talento narrador de Juan Manuel de Prada) visita a Gamboa en su oficina de Bruselas para adularlo y, finalmente, sacarle veinte francos: un episodio que en nada desentona de la semblanza ofrecida en la novela de Prada, Las mascaras del heroe.

Y es que Gamboa, ya se trate o no de bohemios escritores, no ignora ni mucho menos a "los de abajo" (expresion que el utilizo en sus narraciones antes que Mariano Azuela). Aunque alejado de toda idea revolucionaria, atiende y denuncia las desigualdades sociales y sus truculentas consecuencias (la pobreza, el embrutecimiento, el crimen). Aunque, en lo que concierne a los desfavorecidos espanoles, las actitudes de don Federico varian con respecto a las que adopta en America, Francia o Gran Bretana. Unas veces es incapaz de sentir lastima por ellos cuando cruzan juntos el mar con rumbo a Mexico: Gamboa desaprobaba el fenomeno de la inmigracion a America, (5) y en el puerto de Santander reconoce junto al inmigrante al tipo odioso, que habra de ridiculizar en sus novelas, en que este acaba convirtiendose: el "indiano".

Invadenos [el barco] gente ordinaria en su gran mayoria; invasion de boinas y de alpargatas, de espanoles analfabetos enriquecidos en nuestra America, que aun se creen sus conquistadores y duenos, que nos miran por encima del hombro, que apestan la limpidez oceanica con el humo de sus cigarros, con el eco brutal de sus co ... rchos y p ... einetas ... (Gamboa 1994-I: 128)

Otras veces, lo que le incapacita para sentir lastima es la seduccion que ejercen sobre el el orgullo, la entereza e incluso el humor con que los espanoles afrontan su penuria economica. Es el caso de la visita de Galvez, o cierto encuentro con un pequeno vendedor de periodicos que se le acerca en Madrid:

-Compreme vuecencia los periodicos, todos hablan del senorito ... Trato Beistegui de apartarlo, pero el se opuso valiente y avispado. -?Y por que habia yo de irme? !Ca, no senor! Yo tambien quiero saludar al mexicano que el rey ha recibido ... Su hombria y su simpatica desaprension [...] hicieron que de bonisima gana me desabotonara el abrigo y le comprara toda su brazada de papeles (Gamboa 1995-V: 159).

Pero, para que se note que el carino no ciega a don Federico en su vision critica del caracter espanol (de cuya herencia en America es bien consciente, por otra parte, desde la misma semejanza entre la meseta del Anahuac y la castellana, entrevista desde la ventanilla del tren), elabora al concluir su residencia una semblanza que marca notablemente la diferencia entre el ibero y el placido y ale6gre -tambien segun las conclusiones del propio Gamboa- ciudadano belga o aleman: (6)

Tengo por principales caracteristicas del espanol [...] antes que nada, un morboso orgullo individual; luego, un increible desprecio a la muerte, clave de su valor sobradamente acreditado; una crueldad nata, sanguinaria e incurable que lo empuja a los peores excesos; patriotismo hiperestesiado, aunque defectuoso, pues la mayoria de las provincias, por causas historicas y raciales, ponen por encima de la patria grande a la patria chica (Gamboa 1995-V: 220). (7)

Del cainismo hispanico habria de sufrir don Federico una dura prueba, en carne propia y en su propio pais, cuando apenas un ano mas tarde estallaba la Revolucion. Siguio el desarrollo de los acontecimientos desde su puesto de diplomatico (la caida de Diaz y de Madero, la usurpacion de Huerta), como politico en Mexico (la dictadura de Huerta y la entrada en Mexico de los revolucionarios), y finalmente como exiliado. Ya repatriado, anciano y con la triste consciencia de ser el superviviente de una epoca pasada para siempre, don Federico tendra ocasion de tratar con mas ilustres espanoles que visiten su pais. La gran actriz Margarita Xirgu (a instancias de quien escribiria Gamboa su ultima obra teatral, Entre hermanos) o Jacinto Benavente le dispensan una amistad y admiracion correspondidas; en cambio, don Federico manifiesta sus desencuentros con Valle-Inclan y, de modo abierto y abrupto, con Felix Gordon Ordas, politico socialista y embajador de la Republica Espanola. Las notas dispersas de su diario ineditas tras su muerte apenas contienen referencias al traumatico episodio de la Guerra Civil que habria de conducir tantos espanoles a su pais, aunque es facil suponer que las simpatias de Gamboa estuvieran por los sublevados: tras la Guerra Mundial, ni en Mexico ni en Europa habia algo que le preocupara mas (aparte de la sempiterna influencia norteamericana) que el auge del socialismo.

Un importante espacio de su sentimiento de perdida quedaba reservado para sus nostalgias de esa Europa a la que ya no volvera y que tanto, como su propio pais, esta cambiando. Exiliado en Estados Unidos en 1915, admirando el mismo Museo Metropolitano de Nueva York, el unico comentario anotado es: "!Oh, mis queridos museos holandeses y belgas!". Ya de vuelta a su patria, un paseo por las antiguas fortificaciones de San Juan de Ulua no le recuerda otro lugar que el castillo barcelones de Montjuic (Gamboa 1995-VI: 249, 393). Testimonios estos ultimos de cuya autenticidad no podemos dudar: pertenecen a sus diarios postumos, y por tanto no pasaron por las pudicas revisiones a que los sometia su autor y que sin duda hubieran dado lugar a alguna digresion erudita con la que don Federico intentaria disimular su incorregible sentimentalismo: en el fondo (el mismo lo admitia, nuevamente coincidiendo con Dario), y pese a sus alardes de cientifismo naturalista, Federico Gamboa siempre fue un romantico.

SUMARIO: 1. Escritor y diplomatico. 2. La autobiografia en Gamboa. 3. El mito y la realidad. 4. Europa ante America. 5. Latinos y sajones. 6. El testimonio y la vivencia. 7. Espana y los espanoles.

BIBLIOGRAFIA

Dario, Ruben.

1990 Autobiografia. Oro de Mallorca. Madrid, Mondadori.

GAMBOA, Federico.

1994 Impresiones y recuerdos. Ed. Jose Emilio Pacheco. Mexico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

1995 Mi diario. Mucho de mi vida y algo de la de otros (7 vols). Mexico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

GUTIERREZ NAJERA, Manuel.

1973 Cuentos, cronicas y ensayos. Mexico, Universidad Nacional Autonoma de Mexico, 1992.

TENORIO TRILLO, Mauricio.

1998 Artilugio de la nacion moderna. Mexico en las exposiciones universales, 1880-1930. Trad. German Franco. Mexico, Fondo de Cultura Economica.

(1) No difiere en esto de otros autores hispanoamericanos que, alejados de su pais durante la mayor parte de sus vidas, dieron sin embargo en sus novelas testimonio aparentemente directo de la realidad nacional. Cito como ejemplos representativos al chileno Alberto Blest Gana y al argentino Carlos Maria Ocantos.

(2) Hay paises en los que le costara abandonar esa percepcion pictorica. Gamboa escribira sobre paises como Francia y Espana como ideales para habitar; en cambio, Belgica y Holanda le pareceran mas bien dignos de simple visita turistica. De aquellos obtenemos un vivaz retrato de su vida cotidiana; de estos, el recuerdo mas vivo del mexicano sera siempre el de los museos. Escribe sobre Amsterdam, por ejemplo: "Asi se me figura que ha de ser toda Holanda, una tierra llena de originalidad en pobladores, indumentaria y edificios; llena de color no obstante su clima ingrato y su media luz, un color sui generis; laboriosa y pintoresca como pocas; con paisajes y vistas que no se hallan dondequiera, pero que no convida a habitarla permanentemente" (Gamboa 1995-V: 228).

(3) El 16 de febrero de 1911, Gamboa relata como se dejo convencer por Ruben para visitar al famoso vidente Papus (Gamboa 1995-V: 146-148), cuyas dotes adivinatorias no brillan precisamente desde la perspectiva de 1938, cuando se publica dicho tomo del diario.

(4) Como muestra, su sentida anotacion del 25 de abril de 1895 (Gamboa 1995-I: 168): "!Mi Mexico se va! El vetusto Cafe de Iturbide, tan lleno de caracter y de color local, propiedad de franceses desde su fundacion, ya paso a manos yanquis, con brebajes de alla, y parroquianos de alla ...".

(5) Y en ello demuestra tambien su independencia de criterio con respecto al gobierno al que servia, ya que una de los objetivos prioritarios de la politica del Porfiriato seria el de potenciar la inmigracion europea (y, a ser posible, anglosajona), aspirando a una afluencia, nunca remotamente alcanzada, semejante a la que recibian Argentina o los Estados Unidos. Vease para mas detalles Tenorio Trillo 1998: 61-64.

(6) El belga medio es esbozado por Federico Gamboa, en la entrada del 30 de diciembre de 1911, como hombre "util y constructivo", "excesivamente laborioso", tal vez a causa del clima, "creyente y probo en su gran mayoria", de "temperamento artistico" y devoto de sus maestros, "sensual, bebedor y comelon", "democrata convencido y practicante" y, en fin, "carente de refinamiento" (Gamboa 1995-V: 292-293). En cuanto a los alemanes, aunque no elabora un retrato "general" a modo de conclusion, sus notas al entrar en el pais desde Belgica son tambien sinteticas y vigorosas: "... Adviertese [...] inequivoca prosperidad, riqueza y dicha de vivir. Herculeas las anatomias masculinas, esplendidos los colores de las mujeres, comercio abundante y prospero, abundancia de chimeneas humeantes, calles muy aseadas, espadanas y torres, movimiento, ruido y disciplina, muchisima disciplina ..." (Gamboa 1995-V: 40).

(7) Gamboa visitara personalmente Barcelona, y en sus diarios manifestara frecuentemente la preocupacion por el separatismo catalan (fugazmente aludido tambien, aunque de manera comica, en el capitulo I de la segunda parte de Santa).

Manuel PRENDES GUARDIOLA

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Author:Prendes Guardiola, Manuel
Publication:Anales de la Literatura Hispanoamericana
Article Type:Report
Date:Jan 1, 2009
Words:6427
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