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FERNANDO VENEGAS ESPINOZA: Violeta Parra en Concepcion y la frontera del Biobio: 1957-1960. Recopilacion, difusion del folklore y desborde creativo.

FERNANDO VENEGAS ESPINOZA Violeta Parra en Concepcion y la frontera del Biobio: 1957-1960. Recopilacion, difusion del folklore y desborde creativo Universidad de Concepcion, Concepcion, 2017, 356 pp. ISBN 978-956-227-415-9

Esclarecido libro este que nos trae y deja Fernando Venegas Espinoza. Investigador con intereses originalmente concentrados en la historia economica, paulatinamente ha ido alargando su mirada obstinada hacia otros dominios: la microhistoria, las relaciones interetnicas en la frontera del Biobio, la biografia. La obra de marras tiene esta ultima tesitura. En once capitulos y una conclusion repasa, probablemente hasta el agotamiento de toda la evidencia disponible en este y el otro mundo, aquellos anos de promision--apenas tres--en que Violeta Parra Sandoval vivio esa, que decia su hijo Angel, "temporada surena [19], en Concepcion, llamada por algunos devotos la Atenas de America. Establecida transitoriamente con su progenie (Isabel, Carmen y el propio Angel, ademas de su nieta Titina, hija de Isabel) en esa metropoli en mayo de 1957, paso luego, merced a un contrato que le extendio la secularizada Universidad de Concepcion, bajo el rectorado de David Stitchkin, a sumergirse en el vaiven cultural de Concepcion y de su humanidad. La propia y la circundante.

Mision: recopilar y propagar el folklor de esa polis universitaria y de su hinterland, y, de paso, levantar un museo de musica y arte popular [120]. El tiempo asignado: noviembre de 1957 a octubre del ano siguiente [id.]. En realidad, el arreglo llegaba inicialmente hasta abril de 1958, pero la autoridad le sumo otro semestre. A la larga, empero, la artista extendio la relacion con la Atenas del sud hasta el verano de 1960, en que intervino con oficio mayor y genio en la Escuela de Temporada de ese ano augural, organizada, como era proverbial, por la universidad local, a iniciativa del prominente lirico Gonzalo Rojas. El contexto de la historia es, por tanto, el del ocaso del proyecto populista de Carlos Ibanez del Campo --"la escoba que no barrio" [37]--y el despuntar de la administracion conservadora de Jorge Alessandri; mientras, en lo externo, se vivia la pugna tecnologica, politica y militar entre el campo socialista y el Occidente libremercadista, aspectos a los cuales el autor consagra visible atencion; lo mismo que a la sociologia de la ciudad industrial y "proletaria" [57 y ss.]. En ese marco mundial, nacional y local, Violeta Parra desplego un quehacer febril, sufrido y feliz, tanto en los territorios aledanos a la orilla derecha del Biobio cuanto en los de su ribera izquierda, a lomo de vehiculo o bestia, cuando no a pie enjuto. Todo acreditado en infinitas notas de campo y testimonios recogidos en grabadores de cinta. Al norte de esa cuenca fluvial, la folklorista reconocio empiricamente un mundo arcaico de raiz eminentemente criolla y espanola que le era familiar; al mediodia, en cambio, brotaba ante si a raudales lo que ella entendia era y es la velada simiente "araucana", apenas presentida. La cuantia de las canciones de origen mapuche y las de linaje hispano-chileno acopiadas dan cuenta de la magnitud y alcance territorial de esta inconcebible empresa dual, matizada, entremedio, con conciertos, entrevistas, conferencias, clases y otras acciones de extension contempladas en el contrato con la Universidad de Concepcion. A la verdad, era demasiado para tan corto tiempo. Entre otras cosas incompletas, el benemerito museo quedo reducido a un deposito de piezas, partituras, registros y artefactos representativos de la cultura rural explorada, sin llegar nunca a generar un recinto museografico permanente.

El laudable mamotreto de Venegas nos trae de regreso a la folklorista en toda su filigrana artistica y personal. Aparece ante nosotros, en una reconstruccion bien ensamblada, ese poliedro biologico y espiritual que fue Violeta Parra: compiladora, militante politica, compositora, cocinera, activista cultural, amante desdichada, arregladora, docente, conferencista y perseguidora de relictos antropologicos confidenciales del bosque chileno. Tambien a la explosiva y arbitraria. Aquella que, a cada tanto, exterioriza resentimientos pasionales en contra de los sujetos "con estudios" y preparacion academica formal; que deja fuera de su escuela de cueca a cierto periodista lugareno unicamente porque le sienta mal (en tanto le da entrada a una joven vecina por la virtud contraria [caerle bien]); o la que expulsa con extrana prepotencia de ese mismo seminario a una agraciada profesora local solo por el disgusto que le inspira su forma personal, recatada en todo caso, de bailar la danza nacional. No obstante, en el argumento se impone el retrato de la artista y poeta impar que fue Violeta, cuya biografia del tiempo anterior y posterior a esta permanencia en la Frontera, el libro acrecienta senaladamente.

El doctor Venegas no extravia nunca su fe y formacion de historiador de vocacion y profesion. La tentacion, segun es tan comun ogano, hubiera sido a entrar--y quedarse--en la cronistica, prisma puesto en boga ultimamente por los intelectuales de formacion periodistica, que, leales con su metodo y tecnica disciplinaria, le conceden supremacia incontestable al recurso de la entrevista, a veces hasta la demasia. Venegas, en cambio, acude a la antigua tabla de armas de la historiografia. Lo suyo es la densidad de los libros graves, la papeleria volatil dispersa en los archivos privados y oficiales, el material hemerografico, el registro museologico, la muestra grafica y la autentica historia oral, tan distinta de la simple interviu.

Expone Venegas su reconstruccion concienzuda mediante una escritura seca, sin arabescos y experimentacion estilistica. Sobre ella puede caer el reproche de pasarse de punto en la descripcion de los acontecimientos y episodios, a veces subalternos o puramente tangenciales, concernientes al paso de Violeta Parra por la ciudad de Concepcion y su pais rural. De cualquier forma, nadie tiene derecho a quejarse, en lo que a este aspecto toca, de mezquindad de pormenores ni de liviandad en el tratamiento. No hay superficialidad en ninguna parte. Quiza exceso de seriedad ... Lo que nunca esta del todo injustificado en un escrito que se apega, como este, a las severas reglas de los fundadores griegos de la disciplina. Los pasajes relacionados a la significacion que adquiere en la ejecucion del canto campesino la afinacion "por transporte y al aire" [185] son ejemplo de ambos extremos: congestion descriptiva pero acierto cognitivo. De cualquier modo, sin estos meandros del relato habria sido imposible entender a cabalidad el peso de genero (femenino) en el arte musical de raigambre rural. Menos aun (en su pincelada erudita) la transmutacion de la Violeta de las anticuecas, propia de su etapa santiaguina y parisina, a la mas expresionista y tragica de El Gavian [343], obra enfocada en la maldad y rapacidad masculinas frente al amor incauto y rendido de la mujer, despedazada al final por el ave-de presa-macho. Aunque, sugiere, sin embargo, la misma folklorista, el ave carnicera puede muy bien ser el capitalismo [334-6].

Al cabo, trasladando el elogio exacto que Alfonso Letelier precisamente hiciera al texto musical y literario de El Gavilan, el compacto estudio de Venegas, de genuina intencion historicista, aparece enaltecido por el mismo don egeo: el de la arete.

EDUARDO TELLEZ LUGARO

Universidad de Chile-Universidad de Concepcion
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Author:Tellez Lugaro, Eduardo
Publication:Cuadernos de Historia
Article Type:Resena de libro
Date:Jun 1, 2019
Words:1268
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