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FERNANDO PICO Y LA NUEVA HISTORIA PUERTORRIQUENA: UNA REFLEXION INTEMPESTIVA.

"Desde fuera no hay una sola critica que pruebe nada ni comprometa a nadie. Cuando atacamos el interior de una posicion, el interior de nuestra posicion, no tiramos contra el adversario sino contra nosotros mismos. Una critica efectiva es una autotortura. El resto es un juego".

Cioran, Ocaso, 2013, 294

"Eso debe ser la tradicion: un instrumento, no la perpetuacion de unos malhumores".

Borges, Textos, 2005, 262

Palabras claves y relatos maestros de la Nueva Historia

Durante la decada de los setenta del siglo pasado emergio eso que vino a llamarse Nueva Historia Puertorriquena. (1) La misma se distinguio por ofrecer renovadas perspectivas acerca del pasado puertorriqueno. Lo hizo gracias a su incorporacion de temas escasamente sondeados por los historiadores locales--referidos sobre todo a la historia economica y social--, a la consulta de fuentes inexploradas, a su uso de tecnicas de investigacion virtualmente ausentes, hasta entonces, en los estudios historicos puertorriquenos, como los metodos cuantitativos, y al empleo de enfoques novedosos, como la microhistoria. Todo esto fue posible debido al surgimiento de una generacion de historiadores deseosa de remozar el estudio del pasado. Insuflada por teorias, enfoques y conceptos provenientes de diversas corrientes intelectuales, su aportacion fue decisiva en la renovacion de la historiografia puertorriquena. Para ello, sus seguidores se inspiraron en tendencias como el marxismo--en especial en esa innovadora version que ejemplificaron historiadores como E.P. Thompson y Eric Hobsbawm--, la "escuela francesa de los Annales", la historia economica y social estadounidense--crucial en el desarrollo de la veta cuantitativista de la Nueva Historia--, y hasta corrientes intelectuales como el dependentismo latinoamericano. (2) En virtud de esa confluencia de tendencias, surgio un nuevo paradigma historiografico en Puerto Rico; gracias a el ocurrio, segun Mario Cancel, el momento dorado de la historiografia local. (3)

Como suele ocurrir al emerger un nuevo paradigma epistemologico, la Nueva Historia incorporo al estudio del pasado un conjunto de vocablos y conceptos novedosos, incluso inusuales en el mundo academico puertorriqueno. Girando, pues, en torno a palabras claves como clase, conflicto social y modo de produccion, la Nueva Historia se lanzo a trazar los derroteros de la sociedad puertorriquena. Debido a la centralidad que en esa vision se le otorgo a la economia, esta quedo transformada en lo que el sociologo Fernando Mires ha llamado un "determinante indeterminado". (4) Pero resulta que eso es precisamente lo que es una deidad: una entidad metafisica que no es limitada ni regulada por nada fuera de si misma, pero que, sin embargo, posee la capacidad de codificar y trazar los destinos de todo lo que le es externo. De tal modo, estudiar la historia se convertia en un tipo de revelacion.

Mas habria que hacer matizaciones porque lo cierto es que la Nueva Historia estuvo lejos de ser homogenea: constituyo mas bien un campo de fuerza cultural en el cual convergieron varias tendencias. Lo que no impidio, sin embargo, que existiera en ella un nucleo fuerte, constituido por aquellas versiones que adoptaron un discurso teorico duro respecto de: 1) los factores determinantes de los procesos historicos, sobre todo la economia, incluso, mas concretamente, el modo de produccion; 2) los agentes historicos protagonicos, las clases sociales, ante todo; y 3) el sentido general del devenir, esto es, del fluir del tiempo y de las acciones de los humanos a lo largo de ese transcurso, por lo que abarcaba juicios acerca de lo que habian sido los agentes historicos en el pasado, de lo que eran en el presente y de cuales debian ser sus acciones en el porvenir. Esto ultimo resulta crucial porque implica que esa palabra clave que es la clase social, en virtud de su esencia teleologica, terminaba no solo por predeterminar los comportamientos de los actores historicos--ya los trabajadores, ya la burguesia, ya los hacendados patriarcales--, sino, tambien, porque erigia una moral en torno a sus proyectadas actuaciones. (5) Eso explicaria por que en los relatos historicos en los cuales la clase social opero como palabra clave se privilegiase a aquellos grupos subalternos que, a juicio del historiador, poseian una mayor o mas elaborada "conciencia de clase", o que en virtud de su lugar en el sistema economico-social ocupaban una posicion estrategica para socavarlo e incluso para destruirlo. Por otro lado, se disminuyeron, relegaron o proscribieron esos sectores que, desde la optica del letrado, carecian de dicha conciencia, o que la poseian de manera "incompleta", "falsa", "reducida", "obnubilada" o "confundida", o cuyo lugar en la estructura economico-social supuestamente los inhabilitaba para erradicarla, como el campesinado. (6) Subalternos "enajenados", en fin, incapaces, por ende, de cumplir esas faenas historicas que estaban ya contempladas en la palabra clave a partir de la cual el historiador cumplia su tarea de investigar "la historia de los sin historia", esa "otra cara de la historia" que era, en propiedad, no la fisonomia sino la mascara o el atuendo del letrado en gesto redentor. Este, cual Moises, mas no con las tablas de la ley en mano sino amparado en los legajos del archivo y en la supuesta Verdad en ellos contenida, dirigia a una humanidad lacerada a un venturoso Tiempo Nuevo y a una luminosa Tierra Prometida. (7)

Por significativos que hayan sido tales designios entre los seguidores de la Nueva Historia, resulta una simplificacion adscribirles a todos sus practicantes similares pretensiones. Incluso, en la Nueva Historia convergieron diversos "regimenes de historicidad", es decir, variadas maneras de concebir las relaciones entre pasado, presente y futuro. (8) Para constatar algunas de esas divergencias, resultarian esclarecedoras las comparaciones sistematicas entre las figuras emblematicas de la Nueva Historia. Dicho cotejo patentizaria, por ejemplo, que entre los novohistoriadores existieron formas heterogeneas de concebir la subalternidad. Asi, para algunos de dichos historiadores el subalterno por excelencia era el obrero asalariado, sujeto social que hacia factible la elaboracion de una historia epica, cuyos heroes, obviamente, eran los proletarios. Y si bien los obreros que aparecian como protagonistas en los relatos de esos historiadores eran trabajadores vinculados al agro ya que en su mayoria laboraban en las plantaciones azucareras, ellos encarnaban la expresion mas moderna de las contradicciones sociales del Puerto Rico de la primera mitad del siglo XX. Los artesanos, por su parte, habrian entrado en un proceso de proletarizacion y creciente sujecion al orden manufacturero, por lo que su posicion estructural en el sistema economico tendia a semejarse al de los obreros caneros. (9) Aun asi, su significacion economica no comparaba con la de estos ultimos, cuya estrategica ubicacion en el proceso productivo los convertia en columna vertebral de la economia puertorriquena, transformandolos en los predestinados a enfrentar a la burguesia, a abatir al capitalismo y a emprender la construccion de la igualitaria sociedad del manana. (10) De estos fines ultimos se desprendia la importancia capital que, desde tal optica, tenia el estudio del proletariado, de ese agente social moderno que debia cumplir una mision historica, impresa de antemano por ese "determinante indeterminado" que resultaria ser la economia.

Los proletarios, en fin, eran historiables debido a que fungian como los potenciales hacedores del futuro. Como implicacion de tal logica--derivada de esa palabra clave que es la clase social--, los demas sectores subalternos quedaban reducidos a mero detritus historico ya que, debido a su posicion en la estructura economica, a su condicion "objetiva" en ella, eran incapaces de desarrollar luchas que pusieran en jaque al sistema capitalista, emprendiendo asi la construccion de la utopica sociedad del futuro. Campesinos, esclavos o artesanos ocupaban algun papel en esos relatos en la medida en que, inducidas por las transformaciones economicas, sus condiciones materiales--las "relaciones sociales de produccion" que enmarcaban su trabajo y sus vidas--tendian a definirse en sentido capitalista, por lo que el destino de dichos sectores radicaria en nutrir las filas del proletariado. Del campesino, pues, se presumia que perderia su acceso a la tierra, mutandose primero en "agregado", adquiriendo luego la condicion de "jornalero" o de "peon de hacienda"--categorias que implicaban la mercantilizacion de su fuerza de trabajo, pero que denotaban cierta sujecion a ese "feudalismo" que, alegadamente, caracterizaba la economia puertorriquena del siglo XIX--, para eventualmente terminar convertido en asalariado. Trasiego similar debian seguir los esclavos, quienes tambien acabarian sumados a la clase obrera o, a lo sumo, al artesanado citadino, por lo que en algun momento tambien engrosarian al proletariado como resultado del avance del capitalismo; de no ocurrir asi, posiblemente quedarian sumados al "lumpenproletariado" urbano.

Campesinos, artesanos, esclavos y libertos eran relevantes en dicha teleologia social en tanto que eran antecesores historicos de la clase fundamental, el proletariado. Y si bien esos predecesores sufrian explotacion, injusticias y atropellos, sus desgracias colectivas comprendian una especie de resarcimiento historico: su desaparicion como sector social conllevaria el fortalecimiento del proletariado, que potenciaria las luchas contra el capitalismo y "la explotacion del hombre por el hombre" en general. De tal suerte, este tipo de interpretacion no es sino una variante mas del metarrelato de la modernidad, de esa concepcion que preconiza el "progreso" capitalista ya que el mismo constituiria una condicion necesaria para engendrar al agente historico, el proletariado, capaz de enfrentar y derrotar al capitalismo, y, con ello, de emprender la construccion de la Utopia. Se trata de una interpretacion en la que el presente termina asordinado por el futuro, tiempo historico que opera en este tipo de concepcion como la epoca fundamental, como la primordial Era Imaginaria: ella determina tanto las nociones acerca del presente como las interpretaciones que se elaboran sobre el pasado. (11)

"Entrar y salir de la modernidad": Subalternos y resistencias cotidianas

Fernando Pico estuvo lejos de suscribir tal concepcion historica. (12) Ciertamente, hubo momentos en que tendio a aproximarse a ella, principalmente en Libertad y servidumbre en el Puerto Rico del siglo XIX, obra en la cual examina como diversos grupos sociales del Utuado de antes del cafe nutrieron las filas de los "jornaleros". (13) No obstante, lo que parecerian ser los albores del proletariado quedan refrenados por ciertas practicas sociales, propias de una sociedad "estanciera" en vias de transformacion debido a la comercializacion de la tierra, del trabajo, de la naturaleza y de las relaciones humanas, pero que retenia muchas de las solidaridades de antano. Tales lealtades, basadas en eso que antropologos y sociologos denominan "relaciones primarias"--el parentesco, ante todo--, contribuyeron a moderar los efectos perniciosos de las fuerzas economicas que propendian a la desposesion de los pequenos propietarios y de las disposiciones gubernamentales--como la "ley de la libreta"--que buscaron atar a los campesinos empobrecidos a los hacendados, asi como someterlos a la autoridad estatal.

Las interpretaciones de Pico en Libertad y servidumbre--que considero la obra maestra de la historiografia puertorriquena--sentaron las pautas de sus obras posteriores. Por un lado, en ella se privilegian esas que James Scott denomino "armas del debil", que a diferencia de las rebeldias abiertas--la revuelta esclava o la huelga proletaria, por ejemplo--se basan en las "resistencias cotidianas". (14) Desde esa obra inaugural hasta su mas reciente produccion historiografica, tales han sido las acciones que ha resaltado Pico. Y esto constituye uno de los rasgos distintivos de su obra, distinguiendola de aquella vertiente de la Nueva Historia dedicada a rastrear principalmente las instancias mas enardecidas de las luchas de los dominados. Asi, pese a la vastedad de la obra de Pico y a la centralidad que en la misma ocupan los sectores subalternos, en ella las rebeliones, las sublevaciones, las huelgas, las protestas y las demas formas de resistencia desembozada ocupan un papel mas bien marginal. Tal concepcion tiende a coincidir--y no por casualidad--con los postulados centrales de Scott, quien ha insistido en que a lo largo de la historia los subalternos han recurrido a la rebelion o a la oposicion directa y manifiesta solo en circunstancias extraordinarias; comunmente, apelan mas bien a esas "artes de la resistencia" que conllevan poner a prueba los esquemas de dominacion, en la cotidianidad, mediante artimanas, tretas, disimulos, argucias y artificios de todo tipo. (15)

Otro aspecto distintivo de Pico radica en su estudio, sobre todo, de esos que podrian considerarse subalternos premodernos o antimodernos. En efecto, en su obra ocupan espacios significativos aquellos grupos que pueden concebirse como los residuos, los despojos o los vestigios de la modernizacion, incluso esos "deshechos" de la modernidad capitalista conceptuados como "lumpenproletarios". Asi, en Los gallos peleados quienes ocupan el centro de atencion no son los jornaleros ni los pequenos caficultores--como habia sido el caso en Libertad y servidumbre y Amargo cafe, respectivamente--, quienes, si bien despojados por los poderosos--ya de su fuerza de trabajo, ya de sus cosechas--, ocuparon lugares definidos y significativos en la economia agroexportadora, sino quienes quedaron totalmente olvidados y marginados en medio del auge del cafe. (16) En ese libro Pico posa su mirada sobre aquellos grupos que ni siquiera eran explotados por los potentados, terratenientes o comerciantes, sino sobre quienes quedaron convertidos en despojos sociales, arrinconados porque no parecian cumplir ninguno de los roles que, en medio del auge cafetalero, se asignaron a los diversos componentes humanos del interior de la isla de Puerto Rico.

Vivir en Caimito, obra publicada en 1989, y El dia menos pensado, de 1994, reiteran el tema de la marginalidad social. (17) Entre ambos textos, por otro lado, existen hilos comunicantes, perceptibles en su lectura entrelineas, en las declaraciones que aqui y alla brinda el autor en ambas obras, y en la informacion--conocimiento privilegiado, sin duda--que recibimos algunos del mismo autor en esos anos aciagos en los cuales su vocacion religiosa y su sensibilidad social le llevaron a identificarse con esa otra comunidad "en vilo" que es Caimito. Ni totalmente urbana, ni tampoco cabalmente rural, debido al crecimiento de la mancha citadina, la que se fue apoderando inexorablemente de su entorno, esa pequena comunidad riopedrense funge en la obra de Pico como muestra fehaciente --incluso como evidencia vivida--de como la modernidad, en medio de sus deslumbramientos y sus ostentosas urbanizaciones, literalmente arrincona y criminaliza a quienes, alegadamente, son incapaces de--o se resisten a--aceptar los estilos de vida y los valores del Puerto Rico del "progreso", encarnado en sus fatuos pequenoburgueses y sus pretenciosas clases medias. Valorada no en calidad de "comunidad especial" --termino que, a mi modo de ver, encierra una profunda mirada paternalista o matriarcal y, por lo tanto, condescendiente--, el Caimito de Pico opera como una sinecdoque, como un simbolo que, como decia el historiador mexicano Luis Gonzalez respecto de su amado pueblo San Jose de Gracia, podria constituir la insignificancia absoluta, mas, pese a ello, podria ser la insignificancia representativa. (18) Caimito se puede concebir, por ende, como emblema de numerosas comunidades puertorriquenas contemporaneas que--utilizando los terminos del sociologo Nestor Garcia Canclini--son microsociedades "hibridas" ya que constantemente entran y salen de la modernidad. (19)

Como critica a la modernidad, en especial a su version punitiva, se puede comprender El dia menos pensado, obra en la cual Pico pretende evidenciar algunos de los fracasos mas patentes de los modelos disciplinarios contemporaneos. En este libro se argumenta que la carcel --aparato de castigo eminentemente moderno, como recalco Foucault (20)--, lejos de constituir un medio de readaptacion social--como no se cansa de invocar cierto discurso oficial--, constituye un sistema totalmente perverso ya que, en vez de rehabilitar, contribuye a magnificar la delincuencia y la criminalidad, asi como a segregar mas a quienes ya viven diversas formas de marginacion. No sirve, por ende, ni a los reclusos ni a los miembros de esa "libre comunidad" en cuya proteccion, alegadamente, se han instituido los regimenes carcelarios de las sociedades modernas. Para decirlo brevemente, entre Vivir en Caimito y El dia menos pensado existe un potente dialogo: ambas obras constituyen indignados alegatos en contra de una modernidad que, primero, margina a quienes no logran o no pueden o no quieren insertarse en las corrientes economicas, sociales y culturales dominantes; y, segundo, castiga y encierra a aquellos que violentan las legalidades de esa modernidad, la que ha sido incapaz de adjudicar equitativamente sus supuestas bienandanzas.

Las tensiones entre premodernidad/ modernidad aparecen insistentemente en la obra de Pico. De tal suerte, las oposiciones entre las tendencias modernizadoras y las resistencias que los subalternos, en la cotidianidad, oponen a las primeras quedan plasmadas, de variadas maneras, en la mayoria de las investigaciones de Pico, incluso en aquellas dedicadas a temas urbanos. (21) En estas ultimas, al igual que en las que abordan asuntos vinculados con las formas de vida rurales o las interacciones entre lo rural y lo citadino, aparece de manera insistente --si bien con frecuencia de formas veladas--el tema de las resistencias subalternas a los aires modernizadores, sobre todo a los provenientes del Estado, de los poderes facticos de la sociedad o de las fuerzas economicas. Con todo, Pico esta lejos de esa vision rosada del mundo rural que historicamente ha caracterizado a los jibaristas del patio, sean literatos, historiadores o cantantes de "nueva trova". (22) Lo que no implica que se haya mantenido totalmente ajeno a las idealizaciones o a ofrecer imagenes amables de algunos de los protagonistas de sus narraciones historicas. Muestra de esto es su libro sobre Cayey, municipio tan cercano a los afectos personales del autor en virtud de sus lazos familiares con el mismo--esto pese a ser oriundo de ese espacio fieramente citadino que es Santurce. Cayey opera en el imaginario historico picosiano--?o seria preferible decir "picosino"?--como emblema de esas solidaridades tradicionales, premodernas en muchos sentidos, afincadas en los lazos familiares y el parentesco, y que han sido fuertemente vapuleadas y debilitadas, aunque no totalmente avasalladas, por las fuerzas disgregadoras de la modernidad. Y cumple esa funcion pese a que al adentrarse en la historia moderna de Cayey el autor muestra como ese municipio tambien ha padecido los desgarramientos de la modernidad, como evidencia su narracion en torno a las agrias pugnas politicas en el mismo.

Subalternidades, teleologia y "nostalgia por el pasado"

No estimo necesario efectuar un inventario completo de la obra de Pico. Si debo puntualizar aquellos aspectos que, a mi entender, la distinguen de las obras de esos miembros de la Nueva Historia que se aproximaron al estudio del pasado a partir de esa nocion petrea de la subalternidad que es la clase social. Esta concepcion se basa en un corte horizontal al interior de las subalternidades; la de Pico se sustenta, por el contrario, en un corte vertical, que puede abarcar tanto al obrero como a esos sujetos sociales que quedan fuera de las estrictas demarcaciones, economicamente determinadas, que implican la nocion de clase social. Pico, pese a que ha intervenido de manera amplia, historiograficamente, en los predios de la subalternidad, se ha mantenido fuera de ese campo discursivo y conceptual. La suya ha sido una subalternidad, no dulce, tranquila o apacible--no ha sido modelada, en fin, a partir del jibarismo de poetas y "musicos de protesta"--, pero si ductil, maleable, elastica, sin limites estrictamente definidos. Pero, sobre todo, es la suya una concepcion alejada de los relatos teleologicos y hasta escatologicos, los que tienden a asignarles tareas--en el pasado, el presente o el futuro--a los subalternos. De las diversas investigaciones de Pico--en las que, por descontado, las clases y los sectores populares padecen desolaciones y tribulaciones--no se desprende la nocion de que quienes asi sufren tengan, por designio de alguna todopoderosa fuerza historica, que redimir a la sociedad. En su obra no percibo la concepcion de que los subalternos--ya sean esclavos, libertos, campesinos, artesanos, proletarios, marginados, mendigos, desclasados, presidiarios o hasta estudiantes universitarios--deban cargar con la titanica faena de emancipar, salvar o liberar a su propio sector social, o incluso al conjunto de la sociedad.

De lo anterior resulta que pueden coexistir variadas formas de aproximarse al pasado de los subalternos, de esos sectores que ocupan posiciones de subordinacion y explotacion. (23) Sugestionado, pues, por el analisis de Carlos Illades sobre la novela social, afirmaria que en el seno de la Nueva Historia coexistieron al menos dos vertientes de estudio de la subalternidad. La primera estaria representada por Pico, y que Illades, refiriendose a la novela social, calificaria de "descriptiva", pero que yo prefiero denominar analitica, que se centraria en la vida y las mentalidades de los agentes sociales, ateniendose a su historicidad, a sus condiciones concretas de existencia y supervivencia en el momento estudiado, sin pretender que dichos sujetos tengan una futura agenda colectiva que cumplir. La segunda vertiente seria una historiografia social ideologica, la cual, a diferencia de la anterior, tendria como prioridad identificar patrones, esquemas y fuerzas historicas que posibilitasen la elaboracion o la exposicion de "conceptos morales [o] programas", a nombre de "doctrinas reformadoras", con la intencion de "ejercer alguna influencia en el espiritu del publico". (24) De tal forma, esta ultima no distinguiria propiamente entre el "campo historiografico" y el ambito politico. Asi que, al abordar la subalternidad, la Nueva Historia oscilo entre los polos narrativos de la dimension epica de la clase social--en concreto, de la clase obrera--, por lo que destaco su activismo social y politico asi como sus determinantes estructurales--de naturaleza economica, principalmente--, y, por el otro lado, el de las "resistencias cotidianas", sustentado en una concepcion de la subalternidad que, sin negarla del todo, no se circunscribia a la version dura de esa palabra clave que es la clase social. Pico ha operado desde la segunda version. Recurriendo a las propuestas efectuadas por Eric Hobsbawm en los 1950s en torno a los movimientos sociales, se podria decir que mientras ciertos historiadores se dedicaron a estudiar los movimientos sociales modernos, los que adquirian estructura y expresion en sindicatos, uniones y partidos politicos, logrando incluso presencia en los organismos estatales, Pico ha estudiado a esos que el renombrado historiador britanico denomino "rebeldes primitivos", cuyas luchas y resistencias carecerian de los rasgos modernos de los anteriores. (25)

Por demas, su vision de la subalternidad entronca con esa expresion de la historiografia romantica que encuentra en el historiador frances Jules Michelet a uno de sus maximos exponentes. (26) Quizas ni siquiera sea mera casualidad--"las casualidades no existen ni en el Vaticano", lei o escuche en ocasion que no puedo precisar--que tanto Michelet como Pico hayan tenido un marcado interes por la Edad Media, epoca que entre numerosos pensadores, escritores y artistas ha actuado como fuente de inspiracion en virtud, precisamente, de su alegado espiritu premoderno. De tal suerte, el Medioevo y sus simbolos fueron ampliamente usados por los romanticos, muchos de los cuales eran profundamente antimodernos, antiilustrados e incluso anticapitalistas, para contraponerlos a una modernidad que arrasaba con un mundo tradicional, supuestamente ajeno a tales fuerzas destructivas. (27) Como Michelet respecto de la Edad Media y de ese ente que, con arrobo cuasirreligioso, el mismo historiador frances llamo el Pueblo, Pico se ha aproximado a la historia de los sectores subalternos desde esa vision mirifica que desarrollo acerca del pasado de Puerto Rico, alla a principios de la decada de los setenta del siglo XX, cuando se vio compelido a ensenar un curso sobre historia puertorriquena en la Universidad de Fordham. Lo cito, que sus palabras no tienen desperdicio:
   Con los estudiantes [de Fordham] aprendi a conocer a Moca asi: como
   un sitio maravilloso y legendario. [...] de los estudiantes
   cansados de los trenes subterraneos y de las guaguas del Bronx y de
   Manhattan aprendi a ver que [Moca y Ceiba y Salinas y Barceloneta]
   eran lugares hechizados; llegue a conocer en la anciana canosa y
   titubeante de la acera a una cacica exiliada de Guanami, y en el
   muchacho rockero, al heredero de palacios encantados de Camuy. Era
   la etapa de enamoramiento con la historia de mi pais. (28)


En este relato de arrobamiento, de rapto y de embeleso, pasado y presente se funden, dejando de constituir epocas discretas y distintivas, cada una con peculiares caracteristicas y signos, compenetrandose en una sola Era Imaginaria que, como el Aleph de Borges, contendria los esenciales tiempos puertorriquenos. No obstante, en esa fusion temporal efectuada por Pico esta ausente el tiempo por venir, el futuro. Sus alusiones se limitan a un pasado fantastico y al presente. En este ultimo, ademas, el subterraneo neoyorquino ostenta una presencia espectral: en la elaboracion discursiva de Pico, este emblema de la modernidad funge casi como una tetrica bestia medieval.

Anos mas tarde, dedicado de lleno a la historia puertorriquena, Pico, como Michelet, se dedico con ahinco a estudiar a los subalternos en sus multiples manifestaciones: campesinos, jornaleros, agregados, esclavos, pordioseros, pobres de solemnidad, habitantes de comunidades marginadas, presidiarios, incluso estudiantes universitarios. Siguiendo la sugerencia del estudiante Rodney Lebron Rivera, se puede alegar que Pico ha compuesto una "polifonia" de la subalternidad. (29) Y esto lo ha hecho, creo, ya que entre los subalternos identifica una serie de valores, de eticas de vida, de solidaridades y de lealtades singulares, posiblemente ausentes en otros sectores sociales. Sin reparos, se podria afirmar acerca de el lo que sobre si mismo alego Michelet: que encontro en el pueblo "una riqueza de sentimientos y una calidad humana muy raras entre las clases adineradas". (30) De ello se desprenderia la nocion, implicita en ese hermoso y revelador Prefacio de su Historia general de Puerto Rico, de que los sectores subalternos serian algo asi como la reserva moral de la sociedad puertorriquena, patente en su empecinada capacidad para enfrentar los esquemas de los grupos de poder, recurriendo como medio defensivo a las "resistencias cotidianas", a ese "fue sin querer queriendo"--el Chavo del Ocho dixit--que constituiria la esencia de las "armas del debil".

De tal suerte, las obras de Pico se pueden leer como alegorias en las cuales se efectuan invectivas en contra de los procesos de modernizacion que denigran o ultrajan a los seres humanos, de forma especial a los debiles y los subalternos. De ahi se desprende su enfasis en los lazos de solidaridad afincados no en criterios clasistas, sino en esas relaciones primarias derivadas del parentesco, las vecindades, las identidades comunitarias y las afinidades electivas, como la amistad y el compadrazgo. Dichas solidaridades, que tienden a primar en esas que son concebidas como "sociedades tradicionales"--de las cuales el Occidente medieval constituiria un ejemplo emblematico--, habrian matizado fuertemente las que, en terminos estrictamente economicos, serian "relaciones de clase". Asi, en Libertad y servidumbre Pico senala que fue frecuente que los parientes que poseian alguna tierra socorrieran a sus familiares menos afortunados, clasificados como jornaleros por carecer de acceso a la misma. De tal forma, numerosos campesinos desposeidos se libraron de la ominosa "libreta de jornalero" gracias a que sus parientes les arrendaron o les vendieron pequenos predios en condiciones favorables. En este esquema, la relacion primaria "tradicional" termina sobreimponiendose e incluso suprimiendo a lo que serian relaciones estrictamente economicas; modernas, pues. Para decirlo de otra forma, lo premoderno--conceptuado como eticamente superior--quizas no derrota, en desigual combate, a lo moderno, mas si seria capaz de zarandearlo y de eludir algunas de sus feroces dentelladas. Debido a esta perspectiva, que recorre su obra historiografica, se puede alegar que Pico exhibe un tipo de "nostalgia por el pasado". O al menos por determinados aspectos del pasado, sobre todo de aquellos que el autor considera que son superiores, desde su perspectiva piadosa, a las relaciones sociales impulsadas por la modernidad, la que habria erosionado formas de vida, mentalidades y "concepciones de mundo" menos callosas y lacerantes que las del presente.

?Un historiador conservador?

?Quiere esto decir que Pico asume una vision melancolica en torno al tiempo pasado, que en vez de una fuga utopica hacia el futuro proponga ese "volver al pasado" que suele caracterizar a las ideologias conservadoras? ?Es Pico, en esencia, un historiador conservador, cuyos trabajos en torno a las subalternidades no serian sino una mampara retorica? De ser asi, ?no ofreceria Pico una adaptacion historiografica de ese catolicismo tradicionalista, casi mistico, que apela a los "necesitados" como mera coartada para apuntalar sus conservadoras posturas sociales? ?No sera Pico, por ejemplo, sino una version criolla de Chateaubriand, uno de los fundadores del romanticismo debido, precisamente, a su catolicismo conservador, puntal de sus invectivas contra la modernidad capitalista y las corrientes democraticas que insuflaban a la sociedad francesa en las primeras decadas del siglo XIX? (31)

Al respecto, hago una afirmacion taxativa que no deje duda alguna acerca de lo que pienso. Pese a que, en efecto, percibo en su obra una suerte de anoranza por ciertas formas preteritas de vida--?y cuantos de nosotros, al menos de los que peinamos canas, estamos totalmente exentos de ello?--, lo cierto es que Pico esta muy lejos, remotamente lejos, de ofrecer una vision edulcorada, rosada o idealizada del pasado. Son varios los ejemplos que se pueden ofrecer para evidenciar que en su obra hay cuestionamientos, condenas y denuncias categoricas contra numerosos aspectos de los ayeres de Puerto Rico. Senalo someramente unos pocos de esos casos. Uno de los mas importantes es, por supuesto, sus cuestionamientos a esa elaboracion tradicional--por llamarla de alguna forma--que prevalecio durante decadas acerca del mundo rural puertorriqueno, vision en la cual se condenaba con fiereza al sector de la cana y del azucar mientras que, por otro lado, el cafetal aparecia como un espacio amable, benigno y acogedor. Esta concepcion, como han evidenciado tanto investigadores del campo historico como del literario y cultural, se sustenta en consideraciones ideologicas, razon por la cual el canaveral se construyo esencialmente como una amenaza a la identidad nacional. (32) En contraposicion, el mundo del cafe se erigio en baluarte de la puertorriquenidad. Posiblemente, Pico, mas que ningun otro intelectual de Puerto Rico del siglo XX, ha contribuido a echar por tierra este mito dicotomico acerca del pasado. Si algo demuestra su ciclo de obras en torno a la historia del cafe es que este cultivo contribuyo --para recuperar sus propios terminos--a deshumanizar el trabajo y a cosificar la naturaleza, transformando a uno y a otra en mercancias, sometidas a los vaivenes del mercado. (33) Su efecto fue la degradacion del medio natural y el envilecimiento de los campesinos y los trabajadores de aquellas regiones de la Isla donde el cafe se convirtio en mercancia de exportacion.

Otro ejemplo de la ausencia en Pico de una idealizacion conservadora del pasado lo encontramos en sus intervenciones en torno a la historia de la familia en Puerto Rico. Habra quien asuma que este constituye un tema marginal en su obra; yo percibo, por el contrario, que es un asunto que la recorre de manera persistente y que, ademas, constituye una cuestion nodal dentro de su vision sobre la evolucion historica de la sociedad puertorriquena. A veces el tema de la familia aparece en sus investigaciones explicitamente; otras, de manera implicita o hasta subrepticiamente; pero es un asunto recurrente en el conjunto de su obra. Asimismo, en ocasiones aborda este tema desde opticas antropologicas o sociologicas, mientras que otras veces lo hace desde perspectivas demograficas, recurriendo incluso a las tecnicas de la cuantificacion. Mas sea cual sea el ropaje que adopte en cada contexto particular, su aproximacion al tema de la familia ha estado marcada por el empeno de derribar una serie de mitos--estos si, de honda tesitura conservadora--que permean los debates en Puerto Rico en torno a dicha institucion, proclamada por gobernantes, lideres comunitarios, matronas y patriarcas de la puertorriquenidad, y jerarcas religiosos de toda calana como "baluarte de la sociedad". Como axioma, se argumenta que buena parte de los "males sociales" del presente--incluyendo la drogadiccion, la criminalidad, la falta de moralidad y, por supuesto, las "perversiones y las desviaciones sexuales"--son efectos de la disolucion, la degeneracion o el descarrio de la "familia puertorriquena". Es esta, sin duda alguna, una formula firmemente anclada en los credos mas conservadores, los que asumen que la familia es y debe ser la compuesta por el papa, la mama y los nenes y las nenas; es decir, esa que los manuales de Antropologia y Sociologia llaman familia nuclear. Por otro lado, dicha concepcion parte de la premisa de que en el pasado--el que nunca es debidamente identificado--existia una situacion idilica debido a que en ese entonces indeterminado si prevalecia tal modelo familiar. De tal suerte, existiria en ese pasado--mitico a todas luces--una relacion simbiotica entre familia y valores: la familia nuclear sostenia los valores y, por el otro lado, esos valores sustentaban dicho esquema familiar. Mas al derrumbarse esa relacion entre familia y valores--lo que habria, supuestamente, ocurrido en el presente--, ambos habrian quedado a la deriva. Y esto explicaria, culmina esta logica implacable, en la actual "crisis social".

Pico ha socavado esta caricatura de la historia puertorriquena, por ejemplo, mediante un cotejo de lo que seria la hipotesis de dicha vision con la evidencia que arrojan las fuentes acerca del siglo XIX en torno a las familias puertorriquenas. (34) Y lo que encuentra es que la situacion era muy disimil a la que propone esa vision idilica, propugnada por los vehementes guardianes de "los valores familiares". En la centuria decimononica habia una gran cantidad de unidades domesticas que distaban del modelo de la familia nuclear; entonces habia tambien su proporcion, nada despreciable, de "familias rotas", de grupos familiares de padre ausente y que eran encabezados por una mujer--madres, abuelas, tias o madrinas solteras--, y de otras variedades de arreglos parentales. Esta inquietud de Pico por desbancar esa percepcion sobre la familia, a brazo partido defendida por las "buenas conciencias", resulta particularmente significativa debido al valor simbolico que tiene esta institucion en el pensamiento social. En efecto, en las ideologias y las discursivas sociales esta suele operar como una sinecdoque del conjunto de la sociedad y de sus instituciones. Para iluminar esto solo habria que pensar en los usos que se han hecho del termino "gran familia puertorriquena". Asi que al socavar la idea de que en algun momento del pasado existio tal cosa como una situacion idonea en lo que a la institucion de la familia se refiere, Pico estaria asestando una certera estocada al corazon del conservadurismo puertorriqueno.

"Nostalgia del pasado", Buen Salvaje y Utopismo

Lo anterior sugiere que valorar el pasado o aspectos concretos de el no implica, inevitablemente, una vision conservadora. No lo es en la medida en que el presente no es, indefectiblemente, superior o mejor, eticamente, que el pasado. Asumir que si lo es se fundamenta en una vision ingenua o acritica del presente, o en una adhesion igualmente superficial a la idea del progreso, la que sostiene, precisamente, que lo actual, por el mero hecho de serlo, siempre es superior a los tiempos idos. Tal tipo de percepcion termina por claudicar ante el presente, por lo que tiende a sustentar el orden imperante. Por su parte, la vision conservadora radica en valorar "lo anterior" como superior por el hecho mismo de ser precedente. Esa vision concibe al presente como mera degradacion de un pasado glorioso, sano, integro o virtuoso.

A la luz de lo senalado, ?como podriamos clasificar la obra historiografica de Pico? ?Como hacerlo sin caer en reduccionismos ni en etiquetas, dado que el mismo fue tan alergico a los rotulos, los estereotipos y las formulas simplificadoras? A riesgo de caer en esos pecados--y si lo hago, que sean al menos veniales, que no capitales--, propondria que en la obra de Pico existe una tension entre, por un lado, una aproximacion analitica y racionalista al pasado, y, por otro lado, una cierta nostalgia, no hacia su totalidad, pero si hacia aspectos determinados del mismo. Y es que, como ha dicho E.M. Cioran, "nuestros suenos sobreviven a nuestros despertares y a nuestros analisis". (35) Que asi ocurra en la obra historiografica de Pico no debe extranarnos. Ello es un ejemplo adicional de esa dimension mitica que, de acuerdo a Hayden White, adopta toda gran obra historica. (36) O, para quienes abominan de este ultimo autor, podria invocar igualmente a Jorge Luis Borges, quien afirmaba: "La mitologia no es una vanidad de los diccionarios [sino] un eterno habito de las almas". (37)

De manera mas concreta, podria afirmarse que la vision de Pico de los sectores subalternos es esencialmente rousseauniana. (38) Quien haya leido con detenimiento al menos parte de su obra se habra percatado de que nuestro historiador es reacio a incursionar en abstractas consideraciones filosoficas o a dilucidar cuestiones teorico-conceptuales. En esto se diferencia diametralmente, por ejemplo, de otros novohistoriadores, quienes acunaron o emplearon conceptos de enjundia y calado; asi lo ilustran terminos como "lucha politica triangular", "Weltanschauung senorial", y hasta "modo de produccion", "feudalismo" y "economia natural". Pico, aunque aqui y alla ha hecho alguna incursion en los meandros de las grandes teorias sociales e historiograficas--Foucault incluido--, ha sido mas bien parco en sus propuestas conceptuales; incluso, ha expresado reservas en torno a las filigranas teoricas. (39) Pese a sus expresas o tacitas reticencias ante la teorizacion, resulta que Pico, como cualquier otro historiador, no esta exento de las dimensiones metanarrativas o filosoficas del discurso historico. Es por ello que percibo en su obra un dejo rousseauniano segun el cual los subalternos son seres esencialmente buenos, cuya virtud original es modificada por la sociedad y sus instituciones, tratense de las fuerzas del mercado o del Estado. De ello resultaria que a la historiografia de Pico le subyace la vision del Buen Salvaje, de ese noble y simple ser que padece, como en el relato biblico, una especie de caida. Pico, como Rousseau, concibe que existe una verdad que puede ser encontrada o revelada gracias al uso de la razon--de aqui se desprende la relevancia de la investigacion historica--, pero "hurgando tambien en el corazon del hombre simple y no corrompido, el salvaje noble, o el nino o quienquiera que fuera". De esa interaccion entre razon y humanidad se derivaria un tipo de norma etica, lo que implicaria tratar de vivir "de acuerdo a ella"; de ahi provendria esa "nostalgia por el pasado" a la que he aludido. Mas esto, apunta Isaiah Berlin, "no se distingue de lo que decian los profetas hebreos, ni de lo que ha dicho todo predicador cristiano que haya predicado contra la sofisticada corrupcion de las grandes ciudades, y el distanciamiento de Dios que ocurre en dichos lugares". (40)

Por via de Rousseau, pasando por Michelet, la vision historica de Pico queda enroscada con el cristianismo y con su relato salvifico--lo que, por supuesto, no deberia sorprender a quien conozca el trasfondo religioso de este historiador. En virtud de este sustrato piadoso, podria esperarse que de su obra se desprendiera un enfoque totalizador del devenir historico; es decir, una concepcion en la que pasado, presente y futuro quedaran, mas que entrelazados, trabados como una sola unidad en la cual el porvenir--donde se ubicaria la "salvacion"--brindase la clave para comprender el sentido general de dicha interrelacion. El arquetipo de tal tipo de esquema lo constituye, por supuesto, la concepcion judeo-cristiano del tiempo, perceptible incluso en versiones suyas alegadamente laicas, como las filosofias hegeliana y marxista de la historia. (41) No obstante, la obra de Pico esta exenta de tal figuracion del transcurrir de los humanos en el tiempo; pese a su fe religiosa, el relato redentor queda mitigado en su obra historiografica. En esto, ironicamente, Pico se diferencia de otros novohistoriadores, cuyas narraciones e interpretaciones, pretendidamente profanas y materialistas, partieron de una vision metahistorica que preconizaba un futuro de redencion y emancipacion. En dicha concepcion, ese Manana--con letra mayuscula--terminaba ofreciendo la clave para interpretar el pasado; en ella, el ayer se escrutaba desde el futuro, desde el final al cual se pretendia arribar. La obra historiografica de Pico, a mi juicio, carece de esta (pre) concepcion: responde mas bien a lo que podria llamar--si me permiten la veleidad teorizante--un historicismo humanista que trata de comprender a las sociedades y a los agentes o los sujetos historicos a partir de su radical especificidad. Y esto tiende a dejar fuera las concepciones teleologicas y escatologicas. Si acaso, su vision del futuro estaria inspirada en esa nocion de la "vida buena"--que no es lo mismo que la "buena vida"--que propuso como meta Luis Munoz Marin. (42) Esto es lo que, en mi apreciacion, mas se aproxima en la obra historiografica de Pico a una cierta vision teleologica, si bien seria, a tono con la concepcion que la inspiraria, un alarde de utopismo lite.

Por ello, como paradoja adicional, resultaria que su obra es una de las versiones mas seculares, tanto en sentido religioso como ideologico, de las producidas por la Nueva Historia. En ella no hay futuro, ni sagrado ni laico--es decir, no hay Utopia, ya Paraiso del Eden, ya Sociedad sin Clases--, que prescriba de forma imperativa la mirada hacia el pasado. Esta ultima manera de figurar la evolucion de las sociedades se cimienta en eso que Manuel Cruz designa un "pensar desde el final", que tiene entre sus premisas una identificacion previa de "quienes son los nuestros" para desde ahi construir, "remontando la corriente, la argumentacion". En este tipo de construccion historica, la "funcion exclusiva del discurso [es] la legitimacion teorica de quienes ya fueron consagrados [...] como los buenos (por ejemplo, en el sentido de atribuirles la razon historica en alguna de sus variantes)". (43) Paradojicamente, este "pensar desde el final"--aunque suele aducir su "cientificidad" o su "objetividad", o su "apego a las fuentes" o "a lo que dicen los documentos"--constituye un verdadero "fin de la historia". Lo es en la medida en que pretende cancelar o constrenir la contingencia, para lo cual se invocan "sistemas", que, segun Roger Bartra, propenden a la "rigidez". (44) Y ello conlleva prefijar los comportamientos de los agentes historicos, amparandose en criterios como las determinaciones economicas, sociales, estructurales o de conciencia. Es decir, a "determinantes indeterminados", a virtuales deidades que actuan despoticamente controlando a sus sojuzgadas criaturas.

En la obra de Pico, por el contrario, los actores de sus narraciones carecen de Grandes Faenas o de Portentosas Misiones que cumplir, por lo que sus vidas, aunque no estan indeterminadas de manera absoluta --que no es lo mismo vivir en Caimito que laborar en el cafetal utuadeno, ni ser un esclavo en una hacienda del Ponce decimononico que un comerciante con establecimiento en la "capital alterna" o en el Santurce de inicios de la centuria pasada--, no quedan, en adicion, sobrecargadas por los designios de esa suerte de demiurgo que es el historiador con infulas de Moises redimiendo al pueblo oprimido. Porque, como en el Genesis, en "la escritura de la historia" primero es el Verbo, es decir, la Palabra--escrita, en este caso--, que insufla aliento a unas criaturas cuyo barro primigenio son unas fuentes, moldeadas por un clionauta que las vivifica incorporandolas a sus relatos historicos. (45) Y de los diversos tipos de deidad, pocas resultan tan perversas como esas que, desde su creacion, lastran a sus criaturas con quehaceres y metas que deben cumplir en aras de alcanzar o construir un refulgente futuro, version laica de la Tierra Prometida; ello amen de cargar con el ya pesado fardo de enfrentar "la vida" en su propio tiempo. ?Habra, me pregunto, perversion o injusticia mayor que esta?

En ausencia de una concepcion "dura" del futuro, de una concepcion en la cual este tiempo historico actue como polo magnetico, ?quiere esto decir que Pico posee una vision trunca del devenir; que en su vision de la historia el futuro no desempena papel alguno? Se que al plantear estas cuestiones me meto en "camisa de once varas"; y aclaro que abordo estos asuntos mas como materias de discusion y hasta como provocaciones que como soluciones categoricas. Lo hago desde un enfoque que podria decirse inspirado en Constantino Kavafis, quien en su poema emblematico nos insta a disfrutar el viaje y sus aventuras, sin importar cuan pobre encontremos a Itaca, su invocado destino, al final de la travesia. Asi que a riesgo de que lo que propongo luzca insustancial o desproporcionado, de la concepcion historica de Pico se puede alegar que tiene puntos de contacto con la de un pensador tan singular como Walter Benjamin. Al igual que la de este pensador, la vision historica de Pico no resulta ser una concepcion posmoderna ya que, "lejos de estar <<mas alla de todos los relatos>> [...], constituye una forma heterodoxa del relato de la emancipacion"; en el caso de Pico, una version lite que tiene puntos de tangencia con la nocion de "vida buena" propuesta por El Vate, Munoz Marin. Asimismo, como la de Benjamin, la concepcion de la historia de Pico esta afincada en fuentes religiosas--judaicas, en el caso del pensador aleman--, y recurre tambien a "la nostalgia del pasado como metodo [...] de critica del presente". De tal forma, ambos se distinguen por un pensamiento que "no es <<moderno>> [...] ni <<posmoderno>>", consistiendo mas bien "en una critica moderna de la modernidad [...], inspirada en referencias culturales e historicas" premodernas, pero sin desatender los reclamos y las realidades del tiempo presente. (46) Esta forma de trabar los tiempos historicos tendria en Pico, como en el caso de Benjamin, el efecto de "tejer en el presente" la "tradicion de los oprimidos". (47) Y este tejido puede remitir a una concepcion del futuro sustentada en la nocion, de inspiracion religiosa, de lo que el filosofo aleman Ernst Bloch apropiadamente denomino "principio esperanza". (48)

Notas

* Una version de este texto fue leida en el homenaje a Fernando Pico auspiciado por el Archivo General de Puerto Rico el 22 de septiembre de 2015. Agradezco a la direccion del AGPR por invitarme a presentar este trabajo en tan significativa ocasion y, en especial, al homenajeado por brindarme la oportunidad de decir estas palabras, lo que constituyo un gran honor. Este texto forma parte de un trabajo mas extenso en torno a la historiografia contemporanea de Puerto Rico, que forma parte de mi libro Intempestivas sobre Clio (Puerto Rico, el Caribe y America Latina).

(1) Silvestrini, "Perspectivas", 1983; Dietz, "Puerto", 1984; Negron Portillo y Mayo Santana, "Trabajo", 1985; Garcia, Historia, 1985, esp. 40-63; Castro Arroyo, "Salvador", 1988-1989; Scarano, "Historia", 1993; Pico, "Historiography", 1999, e "Historiografia", 2012; Gonzalez, "Otra", 2005; Cancel, Historias, 2007, 17-56; y Lebron Rivera, "<<Nueva>>", [2014]. Agradezco a este ultimo que me suministrara copia de su trabajo.

(2) En torno a esas diversas corrientes historiograficas: Cardoso y Perez Brignoli, Metodos, 1977, 19-87; Fontana, Historia, 1982, 185-246; Arostegui, Investigacion, 1995, 96-148; Forastieri da Silva, Historia, 2001, 169-281; y Hernandez Sandoica, Tendencias, 2004, 151-322.

(3) Cancel, Historias, 2007, 17-56.

(4) Mires, Discurso, 1993.

(5) Entre los novohistoriadores, Angel G. Quintero Rivera y Gervasio Garcia representaron de manera mas cabal esta postura. Ver: Quintero Rivera, Conflictos, 1976; y Garcia y Quintero Rivera, Desafio, 1982.

(6) Carlos Marx mismo tenia una pesima opinion sobre el campesinado, al que en alguna ocasion califico como la barbarie dentro de la civilizacion. Para el, este sector social estaba cargado de nociones pequenoburguesas en virtud del apego del campesino a la parcela de tierra, su "medio de produccion" principal en jerga marxista--en propiedad, su principal medio de supervivencia--, lo que lo inhabilitaria para asumir posturas revolucionarias. Ironicamente, fue el campesinado, no el proletariado--que segun Marx estaba destinado a enterrar el capitalismo--, quien protagonizo las mas importantes revoluciones sociales en el siglo XX. ?Se podria considerar esto como un elocuente ejemplo de que la historia es de tal complejidad que los cientificismos cartesianos, apegados a la "razon ilustrada", resultan insuficientes para profetizar los comportamientos de los agentes historicos? ?Sera un ejemplo de que la historia misma es "irracional", es decir, que no sigue un plan o esquema predeterminado, por lo que no se deja cuadricular como querrian los geometras de la historia y de la sociedad? Sobre tales pretensiones y sus usuales desastrosos resultados, ver: Scott, Seeing, 1998.

(7) Estos senalamientos en torno al concepto de clase social se basan en mis reflexiones sobre la historiografia estadounidense sobre Mexico y que forman parte de mi libro "Muchos", 2016.

(8) Hartog, Regimenes, 2007.

(9) Quintero Rivera, "Socialista", 1977.

(10) Para un exhaustivo rastreo bibliografico de la nocion de "posicion economica estrategica" como criterio nodal acerca de los conflictos sociales, ver: Womack, Posicion, 2007.

(11) Mis senalamientos sobre los "tiempos historicos" se inspira en: Koselleck, Futuro, 1993; y Hartog, Regimenes, 2007.

(12) Existen escasos comentarios en torno a la obra de Pico; entre los pocos existentes se encuentran: Cancel, "Aproximaciones", 1998; y Lebron Rivera, "Prefacio", [2015].

(13) Pico, Libertad, 1983.

(14) Scott, Weapons, 1985.

(15) Si bien Scott articulo de forma mas acabada sus puntos de vista sobre los asuntos mencionados en Weapons, 1985, y Domination, 1990, los mismos ya se esbozan en su Moral, 1976.

(16) Pico, Libertad, 1983, Amargo, 1981, y Gallos, 1983.

(17) Pico, Vivir, 1989, y Dia, 1994.

(18) Gonzalez, Pueblo, 1972.

(19) Garcia Canclini, Culturas, 1990.

(20) Foucault, Discipline, 1979.

(21) Entre estas ultimas sobresalen: San Fernando, 2005, y Santurce, 2014.

(22) Pico, Filo, 1993, Cayeyanos, 2007, Jayuya, 2010, y Ponce, 2012.

(23) En torno a los conceptos subalterno y subalternidad, y acerca de este campo de estudio, ver: Guha y Spivak (eds.), Selected, 1988; Chaturvedi (ed.), Mapping, 2000; y San Miguel, "Descontento", 2005.

(24) Illades, Nacion, 2005, 14-15.

(25) La distincion senalada la elaboro Hobsbawm en Primitive, 1959.

(26) De Michelet, ver: Pueblo, 2005; y sobre el: Lefebvre, Nacimiento, 1974, 195-213; Fontana, Historia, 1982, 121-122; Barthes, Michelet, 1988; White, Metahistoria, 1992, 135-162; Corcuera de Mancera, Voces, 1997, 262-276; y Navalles Gomez, "Petit", 2009.

(27) Burrow, Historia, 2009, 460-461. Acerca del Medioevo en el pensamiento romantico: Berlin, Raices, 2015.

(28) Pico, Historia, 1986, 12. Italicas mias. Como perceptivamente ha indicado Rodney Lebron Rivera, los prefacios de los libros de Pico constituyen fuentes inestimables para escrutar las ideas, las concepciones y las figuraciones de este historiador. Sobre el particular: Lebron Rivera, "Prefacio", [2015]. Agradezco al autor haberme suministrado copia de este trabajo.

(29) Lebron Rivera, "<<Nueva>>", [2014], [7].

(30) Michelet, citado en: Illades, Nacion, 2005, 14.

(31) Sobre el pensamiento de este personaje en el contexto de la Francia posrrevolucionaria: Breisach, Historiography, 1994, 238 ss; y Touchard, Historia, 1999, 376-378 y 397 ss.

(32) Sobre el particular: Carrasquillo, "Reina", 2013.

(33) Pico, "Deshumanizacion", 1981.

(34) Amen de en sus trabajos academicos, Pico ha abordado diversas cuestiones sociales en sus intervenciones en la prensa escrita y en obras suyas como Mano, 1999.

(35) Cioran, Historia, 2012, 160.

(36) White, Tropics, 1986, 103-104.

(37) Borges, Atlas, 2005, 481.

(38) Sobre Rousseau y sus concepciones, ver: Berlin, Raices, 2015, passim.

(39) Pico, "Narrar", 2011.

(40) Berlin, Raices, 2015, 88.

(41) Kahler, ?Que?, 1974, 42-87.

(42) Hay elementos importantes de como se fue gestando esa concepcion en: Rodriguez Vazquez, Sueno, 2004, 438 ss.

(43) Cruz, Adios, 2015, 64. Este autor anade a continuacion que tales concepciones sirven de "caldo de cultivo" al sectarismo y al fundamentalismo. Italicas en el original.

(44) Bartra, Territorios, 2013, 109.

(45) Esta imagen, lejos de constituir un exceso posmoderno, como seguramente pensaran no pocos, esta inspirada en ese maravilloso ejemplo que emplea Carr--recuerdo: un historiador marxista--acerca de un oscuro suceso en la Inglaterra victoriana, cuando un vendedor callejero fue vapuleado por una muchedumbre furibunda. Carr usa este caso para ilustrar como es el historiador quien elabora la historia; de como el historiador, usando cual barro a las fuentes historicas, determina y elabora los "hechos historicos". El caso es referido en ?Que?, 1973, 16. Por cierto, Pico invocaba con frecuencia este ejemplo ofrecido por Carr como muestra del papel activo del historiador en la determinacion de los "hechos historicos" significativos

(46) Lowy, Walter, 2012, 14.

(47) Lowy, Walter, 2012, 142.

(48) Bloch, Principle, 1986.

Referencias

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Pedro L. San Miguel

Profesor Jubilado

Departamento de Historia

Universidad de Puerto Rico

Recinto de Rio Piedras
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Author:San Miguel, Pedro L.; Jubilado, Profesor
Publication:Caribbean Studies
Article Type:Ensayo
Date:Jan 1, 2017
Words:10017
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