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Eugenia Prado. Dices Miedo.

Eugenia Prado. Dices miedo. Santiago: Editorial Ceibo, 2011

[ILUSTRACION OMITIR]

Como en algunos de sus textos anteriores, las practicas de escritura de Eugenia Prado en Dices miedo vuelven a quebrantar los canones definidos para la construccion del genero, desde la biografia a la ficha clinica, desde el interrogatorio a la confesion. Existe en este texto, sin embargo, una condicion que funciona como soporte semiotico: es la teatralidad de la escritura y la escenificacion de la letra. De forma similar a su libro anterior, Cierta femenina oscuridad, la escritura se vuelve personaje protagonico que sigue sus propias peripecias. En la novela Dices miedo, Eugenia Prado proyecta la escritura sobre escenarios que hacen de la letra un signo visual y, a la vez, reformulan a las mismas fotografias incluidas en el relato como signos susceptibles de cierta legibilidad, regidos por una lectura sucesiva y temporalmente lineal, que transitan desde la crueldad del retrato familiar hasta la crueldad del matadero. Se puede afirmar, entonces, que Dices miedo propone una escritura iconografica, a cuyo trasluz se disciernen las siluetas tanto de la letra como del retrato familiar, superpuestos llanamente sobre la escena del crimen. Asi, esta escena del crimen es tambien la escena de la escritura. Este es el sentido de la estrategia fragmentaria en este texto, donde el relato no se constituye a pedazos, como se reconstituye la escena de un crimen por medio de pruebas y evidencias, sino que tales fracciones de sentido son visiones de la letra e imagenes como pantallas.

Y es que esta operacion de visualizar la escritura tiene una motivacion clara: el crimen se hace evidente solo cuando lo vemos, cuando existe ante nuestros ojos el cuerpo del delito. No hay en Dices miedo la representacion de un crimen, sino que la escritura se representa criminal y se autoinflige su propio castigo: la escritura es la carcel formateada a traves de los signos, de los discursos y las instituciones que los sostienen: la psiquiatria, el lenguaje y la familia. Por eso el protagonista ejerce su derecho al crimen, lo desea y a la vez lo rehuye, porque el crimen es un deseo de escritura. Asesinar es escribir, dejar una huella. La mujer escribe punaladas en el pecho del amante, toma el punal como un lapiz o una pluma, traza las heridas para exponer las letras que significan el crimen: "En cada nuevo corte fuiste dibujando sacrificios sobre la fragilidad de su piel" (47), o bien, como dice mas adelante, "No detener el ejercicio constante de la letra, el puno" (99).

Y no solo el crimen desea a la herida como trazo significante, sino que tambien el deseo de asesinar posibilita la fuga ante "la logica del entendimiento", como aparataje conceptual que reprime y normaliza. La de Eugenia Prado es una escritura que se alza contra la ley, en especial, contra la ley que gobierna y rige a la escritura misma. Dices miedo se afirma sin tropiezos en el umbral inestable donde la ley no puede ser representada sino contra ella misma: escritura de la ley contra la ley de la escritura.

Existe, por lo demas, otra escena que sostiene el tinglado de esta escritura, es la escena de celos. ?Quien no ha hecho alguna vez una escena de celos? Y es que, en definitiva, los celos son la metodologia visual del amor. Asi como el crimen debe ser visto, y la escritura leida, los celos tambien se ofrecen a la mirada: "Me basto con verlos una vez y me di cuenta de inmediato" (52), casi como el verso mistraliano "El paso con otra, yo le vi pasar". Los celos construyen el amplio territorio que recorre la mirada acuciosa del amante que, bajo la perspectiva psiquiatrica, traducen su caracter obsesivo. Pero el texto de Eugenia Prado, en cambio y afortunadamente, se vuelve una efectiva reivindicacion de las obsesiones de los afectos, porque la insistencia en una forma de obsesion es ante todo la manera de resistir la terapeutica del amor y la vigilancia del interrogatorio medico. Tambien hay una relacion de celos, tal vez de amor, entre la doctora que interroga y la paciente que responde. A toda escena de celos siempre sigue un interrogatorio. Y como en todo interrogatorio, hay un dialogo de sordos en un encuentro de videntes. Alli donde la doctora pregunta sin obtener respuestas, la paciente afirma sus obsesiones y sus miedos, dice sus miedos, hasta construir un sujeto rebelde que resiste el disciplinamiento del saber psiquiatrico. Tanto es asi, que pareciera que el verdadero objeto del deseo criminal de la protagonista es el sujeto que interroga y porta el saber medico. Por fin, nos damos cuenta que los celos no se acaban con el crimen, sino que ellos mismos son signos exacerbados de su escritura, tampoco hay crimen sin celos.

De tal modo, el espectaculo de esta escritura se organiza mediante una multiple puesta en escena y una sobreabundancia de perspectivas. Tampoco sirve para la comprension del relato, y eso lo tiene claro Eugenia Prado, proponer un sujeto univoco, en primer lugar, porque el miedo, ese miedo que es "tuyo", rompe el imaginario de una presencia unitaria y clausurada; pero tambien porque el yo se enajena en el reflejo del otro, se altera en sus propias palabras, por eso el miedo, operacion fundamental de la enajenacion, no puede sino ser dicho, adquiriendo la forma de una expresion que no tiene origen en un yo, sino solo punto de llegada en un si mismo como traduccion de ese yo; por eso el miedo siempre es tuyo, nunca puede ser adoptado como expresion propia. Asi, el relato del crimen en las paginas intermedias se hace como apelacion a un otro desdoblado, a un ente esquizoide a traves del cual se recrea al si mismo. Ocurre una misma transferencia entre sujeto y escritura como entre doctora y paciente, tambien esta se desdobla y se autoinvestiga, haciendo del interrogatorio un autointerrogatorio. Es esta una forma de "psiquiatrizar el miedo" (68), contra la cual se rebela el sujeto que afirma su terror, que en definitiva escribe aceptando el reto psiquiatrico que busca culpabilizar y construir un crimen, y ante tal imposicion unilateral de significados, solo queda la posibilidad de narrarse en la forma alegre de un yo enajenado. Como dice la protagonista, "las historias personales son formas de resistencia" (52). Efectivamente hay aqui una biografia sobre el escenario de los recuerdos y el trabajo de la memoria, pero una biografia que pretende superar la ficha clinica. La manera de hacerlo que propone la novela de Eugenia Prado consiste en asumir el crimen como el asesinato de todo lo abyecto que nos conforma, matar al otro que nos habita, metamorfosear al asesino en victima. Por eso la conclusion del relato, al final de esta narracion, no puede ser otra que "crecer hacia adentro".

Las descritas son escenas de desconfiguracion, el desmontaje de la imagen y de la letra, la descomposicion del genero narrativo y del sujeto narrador que lo sostiene. Para ello, no existe mejor manera de hacerlo que mediante la violencia semiotica del crimen organizado como producto estetico.

Por Jose Salomon Gebhard

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Author:Gebhard, Jose Salomon
Publication:Taller de Letras
Article Type:Resena de libro
Date:Nov 1, 2012
Words:1260
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